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050409 -
Rafael Vicente Correa Delgado
Ecuador
Presidente de la República
Duración del mandato: 15 de Enero de 2007 - En funciones
Nacimiento: Guayaquil, provincia de Guayas , 06 de Abril de 1963
Partido político: Alianza PAIS
Profesión: Economista
Resumen
Ecuador eligió en noviembre de 2006 presidente de la
República a un economista cuya carrera política, verdaderamente
fulgurante, sólo arrancó en abril de 2005 con su nombramiento
como ministro de Finanzas por el mandatario saliente, Alfredo
Palacio, labor fugaz que preludió su aspiración presidencial al
frente de la Alianza PAIS. Tachado de populista de izquierdas y
visto a sí mismo como un "socialista cristiano", Correa triunfó
con el perfil del candidato antisistema y con un programa
centrado en un proceso constituyente para vencer a la "partidocracia",
en la prioridad del gasto social sobre el pago de la deuda
externa y en el aumento del control estatal sobre la industria
petrolera. Un plantel de promesas que no pierde de vista un reto
básico: conseguir agotar el mandato electoral de cuatro años que
inicia el 15 de enero de 2007, lo que no ha logrado ningún
presidente en el turbulento país andino desde 1996.
Biografía
1. Un economista sin partido pero de ideas críticas con el
neoliberalismo
2. Efímero ejercicio de ministro como trampolín de una ambición
presidencial
3. Perfil y programa de un candidato de izquierda
4. Victoria electoral a dos vueltas frente al multimillonario
Noboa
1. Un economista sin partido pero de ideas críticas con el
neoliberalismo
Hijo de un hogar de clase media baja y profundas convicciones
católicas formado por los señores Rafael Correa Icaza (ya
fallecido) y Norma Delgado Rendón, realizó los estudios
primarios y secundarios en el Colegio San José La Salle de su
Guayaquil natal. El joven pasó la infancia y la primera juventud
en la parroquia o barrio de Pedro Carbo, donde se introdujo en
el movimiento Boy Scout y colaboró con los padres lasallistas en
actividades culturales y religiosas. Como catequista o como
escultista, el muchacho realizó numerosas salidas fuera de la
urbe portuaria, las cuales le permitieron conocer otros aspectos
geográficos y humanos del Ecuador. Era un católico creyente y
practicante, característica que mantuvo al hacerse adulto.
Sus buenas calificaciones escolares le hicieron merecedor de una
beca con la que en 1982 pudo matricularse en la Facultad de
Economía, Administración y Auditoría de la Universidad Católica
de Santiago de Guayaquil (UCSG). Mientras cursó la carrera
trabajó de asistente de cátedra y fuera de las aulas como
especialista industrial en el Centro de Desarrollo Industrial
del Ecuador (CENDES), un organismo adscrito al Ministerio de
Industrias. Asimismo, estuvo al frente de la Asociación de
Estudiantes de la facultad, función que le condujo a presidir
durante un año, en 1986, la Federación de Estudiantes de la UCSG
y la Federación de Estudiantes Universitarios Particulares del
Ecuador (FEUPE).
En julio de 1987 obtuvo la licenciatura con una tesis titulada
Evaluación de los programas de apoyo al sector informal en
Guayaquil, trabajo que recibió una mención especial del tribunal
académico, y con el título de economista en la mano se dispuso a
emprender una carrera profesional. Antes, sin embargo, destinó
un año a realizar labores de voluntariado en la misión que los
lasallistas tenían en Zumbahua, poblado del cantón Pujilí de la
provincia de Cotopaxi, a 3.600 metros de altitud, donde ayudó a
aplicar proyectos de desarrollo rural para las comunidades
indígenas. Él mismo, recordando aquella experiencia como una de
las mejores de su vida, ha explicado que en Zumbahua tanto
arrimaba el hombro en los trabajos del campo como daba clases de
matemáticas elementales y organizaba microempresas agrícolas.
//Correa
junto a su esposa Anne Malherbe y su hijo Miguel//
De vuelta a Guayaquil, su alma máter le contrató para que
dirigiera las finanzas universitarias y de paso para que
impartiera docencia como profesor asociado de Economía en su
antigua facultad. Lejos de acomodarse en estos puestos
académicos, administrativo el uno y lectivo el otro, con el fin
de esmerar su formación para poder aspirar a realizar su sueño
–que según él ya tenía entonces- de alcanzar un día la
Presidencia de la República, en 1989 se apuntó a un concurso
nacional de merecimientos para hacerse con sendas becas de
posgrado ofertadas por el Gobierno de Bélgica y la Agencia de
Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID); ganó
las dos, y como sólo podía disfrutar una se decantó por el
destino europeo. Fue el inicio de un bienio de formación en la
Universidad Católica de Lovaina-la-Nueva, un centro íntimamente
ligado al humanismo renacentista, que concluyó en junio de 1991
con la obtención de su primer máster en Economía. En Bélgica
conoció a su futura esposa, Anne Malherbe, con la que iba a
tener tres hijos: Sofía, Anne Dominique y Rafael Miguel.
En 1992 Correa comenzó una trayectoria profesional
como docente de su especialidad, pero dejando abierta la puerta
a la consecución de nuevos méritos formativos. De profesor
asociado en la UCSG pasó, en 1993, a profesor titular del
Departamento de Economía de la Universidad San Francisco de
Quito (USFQ), casa de estudios privada donde iba a ejercer con
interrupciones en los próximos 12 años, como director
departamental y como profesor de las asignaturas de
Macroeconomía, Microeconomía, Economía Cuantitativa, Desarrollo
Económico y Economía Empresarial.
Hasta 1993 fungió también de directivo en el Ministerio de
Educación y Cultura (MEC) del Ecuador, con competencias
administrativas en programas de mejora del sistema educativo
nacional financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID). Correa no guarda una grata experiencia de su paso por el
proyecto MEC-BID: unos meses después de iniciar esta labor en
Quito, denunció un caso de corrupción interna y como represalia
sus superiores le rescindieron el contrato. "Casi aniquilan mi
vida", afirma en la página web montada con motivo de su
candidatura presidencial en 2006. Sin embargo, sus vínculos con
las aulas no se vieron afectados. En 1997 recaló en Illinois,
Estados Unidos, para redondear su currículum académico en el
Departamento de Economía del campus de Urbana-Champaign de la
Universidad de ese estado, donde en mayo de 1999 obtuvo una
segunda maestría y en octubre de 2001 se sacó el doctorado. De
Estados Unidos se trajo también el bagaje del idioma inglés,
cuyo conocimiento sumó al que ya tenía del francés.
A finales de 2001 Correa se reincorporó a la USFQ en calidad de
director del Departamento de Economía. En los cuatro años
siguientes consolidó su perfil dando clases como profesor
visitante en tres centros de Quito, la unidad académica de la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), la sede
del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
(ITESM) y la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB), y otros
tantos de Guayaquil, la Universidad Estatal, la Universidad
Católica de Santiago (UCSG) y la Escuela Superior Politécnica
del Litoral (ESPOL). Fue ahora también cuando adquirió
experiencia como asesor sobre economía ecuatoriana, en especial
la consultoría de prospectiva y riesgos, de diversos organismos
y entidades, entre los que se citan el Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Japan Bank for
International Cooperation (JBIC) y la Asociación Ecuatoriana de
Agentes de Carga y Logística Internacional (ASEACI).
Asimismo, escribió un buen número de artículos de análisis de
las actualidades económicas del Ecuador y el conjunto del
subcontinente que fueron publicados por universidades y revistas
especializadas. Que el economista era un fuerte detractor del
modelo neoliberal lo traslucían ya los títulos de algunos de sus
trabajos, como Más allá de la economía autista; economía y
humanismo, El sofisma del libre comercio y Canje de deuda: todo
en función de los acreedores. Sus amonestaciones fueron también
directas a la gestión y las políticas de los últimos presidentes
ecuatorianos, los democristianos Jamil Mahuad Witt y Gustavo
Noboa Bejarano, y el ex coronel Lucio Gutiérrez Borbúa, las
cuales fueron puestas en la picota en trabajos como Ecuador: de
absurdas dolarizaciones a uniones monetarias y Lo mismo de lo
peor: la política económica del Gobierno de Lucio Gutiérrez.
Idéntico tono crítico, que podía considerarse de izquierdas,
presidía un libro publicado en 2004, La vulnerabilidad de la
economía ecuatoriana: hacia una mejor política económica para la
generación de empleo, reducción de la pobreza y desigualdad.
2.
Efímero ejercicio de ministro como trampolín de una ambición
presidencial
Aunque albergaba inquietudes políticas y en sus años de
estudiante ya había mostrado aptitudes para el liderazgo, Correa
tuvo un encuentro bastante tardío con la profesión de político a
través del corto, pero decisivo, puente de la alta función
gubernamental. La oportunidad que iba a dar un vuelco fenomenal
a su trayectoria se la brindó en abril de 2005, cuando
continuaba dando clases en la USFQ, el recién inaugurado
presidente de la República, Alfredo Palacio González, quien le
reclutó para un puesto de su Gabinete de las mayores relevancia
e importancia: la titularidad del Ministerio de Economía y
Finanzas. La confianza de Palacio se la había ganado Correa tras
prestarle asesoría económica a lo largo de su ejercicio como
vicepresidente de la República con Lucio Gutiérrez, desde enero
de 2003.
Palacio, otro servidor público sin vínculos partidistas –en su
caso, cardiólogo de profesión-, tomó posesión el 20 de abril
como presidente constitucional con el aval del Congreso para
sustituir a Gutiérrez, luego de ser éste declarado cesante en el
cargo en medio de una caótica revuelta social cuya espoleta fue
una arbitraria renovación de los magistrados de la Corte Suprema
de Justicia. Palacio era el séptimo presidente ecuatoriano y el
tercer vicepresidente desde 1997 llamado a asumir la jefatura
del Estado por la caída, forzada desde la calle, de otros tantos
cabezas del Ejecutivo aupados al mismo a través de elecciones
democráticas, pero rápidamente enfrentados a la ira popular por
su gestión corrupta y autoritaria, sus medidas de ajuste liberal
de una economía en crisis, y sus extralimitaciones en el
ejercicio del poder institucional.
Una serie de pecados imperdonables para una población
empobrecida y crecientemente hastiada por el incumplimiento
sistemático de demasiadas promesas populistas de contenido
social, y que se asociaban respectivamente a Abdalá Bucaram
Ortiz (destituido por el Congreso por "incapacidad mental" en
febrero de 1997), a Jamil Mahuad (puesto en fuga por una asonada
de indígenas y militares en enero de 2000), y, ahora mismo, como
resultado de la llamada rebelión de los forajidos, a Lucio
Gutiérrez, el último mandatario caído en desgracia. La mudanza
presidencial entre Gutiérrez y Palacio apaciguó los ánimos de
una población encolerizada con sus gobernantes y con los
políticos en general, pero no atajó el profundo malestar de
fondo, que podía dar lugar a nuevos estallidos en cualquier
momento.
El 21 de abril de 2005, con los rescoldos de la furibunda
algarada de Quito aún calientes, Correa se integró en un
Gobierno formado íntegramente por personalidades apartidistas,
tecnócratas y funcionarios, y cuyas tareas perentorias habían de
ser, por una parte, la revisión de la normativa sobre la
explotación petrolera por concesionarias privadas y de las
negociaciones de los tratados de liberalización comercial, y,
por otra parte, el pago de la "deuda social" mediante una
redistribución presupuestaria en beneficio de las áreas de
salud, educación y protección social. Se trataba de un cambio de
rumbo que sin embargo no ponía en cuestión ni la dolarización de
la economía, vigente desde la presidencia de Mahuad (y cuya
entrada en vigor activó la insurrección que tumbó a aquella
administración), ni los compromisos asumidos ante los acreedores
de la voluminosa deuda externa. En política exterior, Palacio
quería mantener el convenio con Estados Unidos, vigente hasta
2009, que hacía de la Base Aérea de Manta, en la provincia de
Manabí, una instalación militar de uso conjunto, pero sin que
ello tuviera que entrañar la participación del Ecuador en el
controvertido Plan Colombia, destinado al combate del narco-terrorismo
imperante en el país vecino.
El primer cometido gubernamental de Correa, si se exceptúa el
trabajo realizado en el MEC entre 1992 y 1993, estuvo
caracterizado por la determinación de imprimir un viraje a la
izquierda en el rumbo económico del Ecuador y por la brevedad
(duró menos de cuatro meses), como resultado de ver frustrado
aquel deseo. Nada más jurar su cargo, el economista confirmó que
el dólar estadounidense iba a seguir siendo la divisa nacional
del Ecuador, aunque consideró "el mayor error" en la política
financiera del país la adopción de dicha medida en enero de
2000. Si bien admitió que "a largo plazo" el esquema monetario
podría revertirse, recalcó que del mismo era "muy difícil
salir", y que el Gobierno no tenía vocación de "suicida". Una
profesión de pragmatismo continuista que, empero, fue simultánea
al anuncio de la eliminación del Fondo de Estabilización,
Inversión Social y Productiva, y Reducción del Endeudamiento
Público (FEIREP), el cual colectaba el excedente de los ingresos
de Petroecuador, la compañía estatal de hidrocarburos, y
destinaba el grueso del mismo al pago de las deudas públicas
interna y externa. Con los recursos del FEIREP, el Gobierno,
aseguraba Correa, podía cubrir necesidades fiscales y programas
sociales.
Para el ministro, la política petrolera de los gobiernos
precedentes había sido "desastrosa" y había "rayado en la
traición a la patria". En cuanto al FEIREP, le parecía un
mecanismo que favorecía los intereses de los compradores de
bonos de deuda pública al fijar por ley un porcentaje de la
renta petrolera para el pago de aquella. En junio, el Congreso
aprobó la supresión del FEIREP y su reemplazo por la Cuenta
Especial de Reactivación Productiva y Social, Desarrollo
Científico-Tecnológico y de la Estabilización Fiscal (CEREPS),
que establecía una nueva distribución de la financiación, con
una reducción de la partida destinada a la recompra de deuda
pública desde el 70% al 35%. La activación de la CEREPS, más los
avisos de Correa de que el Ecuador, en caso de iliquidez fiscal
–perspectiva no en ciernes gracias a los elevados precios del
petróleo- dejaría de privilegiar el pago de la deuda sobre sus
"obligaciones internas", y sometería a referéndum el Tratado de
Libre Comercio (TLC) en vías de negociación con Estados Unidos,
despertaron recelos en los organismos multilaterales de crédito
y en instancias de poder económico de Estados Unidos.
De un día para otro, Correa garantizaba el cumplimiento por el
Estado de todos sus compromisos de deuda y se afanaba en
clausurar algunas reglas liberales del juego con la negativa a
aceptar "ninguna insinuación" del FMI sobre la política
económica del Gobierno y a aparcar un "plan económico soberano"
que iba a impedir la conversión del Ecuador en una "colonia" del
mismo Fondo. Correa adquiría popularidad y fama de lenguaraz a
marchas forzadas, y a comienzos de junio elevó muchas cejas al
presentarse en Zumbahua, provisto de poncho y sombrero, para
anunciar disimuladamente su propósito de convertirse en
postulante a la Presidencia en 2006.
Esta acción incrementó las críticas de quienes le acusaban de
coquetear con el populismo, de montarse en la creciente ola de
rechazo popular al TLC y de pretender convertirse en el nuevo
candidato outsider, el valedor de las clases marginadas y el
fustigador de las élites dirigentes. En otras palabras, el
ministro ambicionaría desempeñar el rol ya jugado en el pasado
reciente por los ex presidentes Bucaram y Gutiérrez, por más que
tuviera un recorrido vital harto disímil y no simpatizara
precisamente con ellos. La emergencia de aspirantes
presidenciales rompiendo los tradicionales esquemas de los
partidos encontraba terreno abonado en un sistema político
seriamente desprestigiado y debilitado. Cabía decir incluso que
las elecciones presidenciales de 2006 eran una competición
completamente abierta por la ausencia de favoritos y la
naturaleza apartidista e interina del oficialismo de turno,
donde cualquier político con los suficientes carisma, ambición y
empuje, y con los imprescindibles fondos de campaña y plataforma
de apoyos, podía irrumpir y dar la campanada.
No por casualidad, a partir de la sorpresiva visita a la
comunidad indígena, Correa potenció su discurso de sabor
decididamente izquierdista. Así, denunció la existencia de una
"conspiración interna y externa", impulsada por acreedores y
bancos, que perseguía desestabilizar al Gobierno y hacer
fracasar su plan de atención a los sectores sociales, y propuso
una "nueva arquitectura financiera donde se vuelva impostergable
la creación de un tribunal internacional de deuda". La bofetada
recibida a últimos de julio en Washington del Banco Mundial, que
desestimó su petición de un préstamo de 100 millones de dólares,
precipitó su dimisión el 4 de agosto. El economista declaró que
su continuidad en el Gabinete era "insostenible" tras haber
"perdido la confianza" de Palacio en relación con sus gestiones
con el Gobierno de Venezuela para la compra de bonos de deuda
ecuatoriana por valor de 300 millones de dólares y sobre una
serie de acuerdos en materia energética.
Según Correa, Palacio había sucumbido a las presiones de un
"círculo oscuro" de asesores que le advertían contra una
"asociación" del Ecuador con el presidente venezolano, Hugo
Chávez, y su ideología bolivariana. El secretario de
Comunicación de la Presidencia explicó que Correa había
incumplido su obligación de "mantener permanentemente informado"
al presidente de los avances y resultados obtenidos en materia
económica. Además, el Ministerio de Economía notificó a la
prensa que Correa había enviado una carta al presidente del
Banco Mundial, Paul Wolfowitz, demandando una explicación por la
negativa del crédito.
Cese decidido por el entorno presidencial o poco menos que
fabricado por su protagonista, para tener las manos libres de
cara a las elecciones generales del año siguiente, el caso fue
que la salida de Correa del Gobierno fue muy mal acogida por
movimientos sociales como la Confederación de Nacionalidades
Indígenas del Ecuador (Conaie), que interpretaron aquella como
un frenazo del Ejecutivo a sus políticas de vocación social. Las
amenazas de una "insurrección popular" no fueron del todo vanas,
ya que en las semanas y meses siguientes Palacio hubo de
afrontar una cadena de protestas, movimientos huelguísticos y
acciones de sabotaje de la producción de Petroecuador en las
provincias amazónicas de Orellana, Sucumbíos y Napo, cuyos
habitantes acusaban al Gobierno de incumplir sus compromisos de
inversión pública en las infraestructuras locales. Esta ola
contestataria impulsada por trabajadores indígenas y apenas
contenida por las sucesivas declaraciones del estado de
excepción hizo bandera también del rechazo al TLC con Estados
Unidos. Y por si no tuviera suficientes frentes abiertos,
Palacio entabló un áspero forcejeo con el Congreso al rechazar
éste su plan de llegar a la convocatoria de una Asamblea
Constituyente a través de un referéndum nacional.
3.
Perfil y programa de un candidato de izquierda
Mientras Ecuador se adentraba en el enésimo período de
inestabilidad, Correa no perdió el tiempo en la preparación de
su postulación presidencial. El 4 de diciembre de 2005 formalizó
su precandidatura "independiente" en un acto celebrado en la
UASB. Con el anuncio de que en 2007 iba a expedirse la "partida
de defunción de la partidocracia tradicional", el economista
arrancó una campaña proselitista trufada de declaraciones
públicas, giras provinciales, discursos –en un aceptable
quechua, según sus oyentes- a comunidades indígenas y viajes al
extranjero, donde buscó el contacto con miembros de la extensa
diáspora de emigrantes. Es lo que caracterizó sus
desplazamientos a Estados Unidos, España e Italia.
Las visitas realizadas en el ámbito latinoamericano tuvieron, en
cambio, un cariz más político, de indicación o confirmación de a
dónde se dirigían sus simpatías continentales. En enero de 2006
asistió en La Paz a la toma de posesión presidencial del líder
indígena socialista Evo Morales, cuyo triunfo electoral en
Bolivia le parecía "la demostración del gran giro hacia lo
social que está tomando América Latina respecto del caduco
sistema neoliberal". Ese mismo mes no dejó de acudir a la sexta
edición del Foro Social Mundial, en Caracas. En marzo siguiente,
en calidad de invitado especial al igual que en su
desplazamiento a La Paz, presenció en Santiago la asunción de la
socialista Michelle Bachelet como presidenta de Chile. Y en
agosto fue recibido por el argentino Néstor Kirchner en la sede
del Gobierno en Buenos Aires, y cenó con Chávez en Caracas luego
de impartir en la Universidad Bolivariana de Venezuela una
conferencia titulada nueva política económica para
Latinoamérica. Además, en febrero, participó en La Habana en el
VIII Encuentro Internacional de Economistas, y el 13 de agosto
envió una carta de felicitación a Fidel Castro con motivo de su
octogésimo aniversario.
Correa reconoció ser un amigo y un gran admirador de Chávez, con
quien compartía un nacionalismo de izquierda y neoconstitucional,
el rechazo a cualquier integración mercantil con Estados Unidos,
fuera mediante un tratado bilateral ("botaremos el TLC al tacho
de basura de la historia, pues no es un tratado de libre
comercio, es un bobo aperturismo y claudicación de la soberanía
nacional") o a través del Acuerdo de Libre Comercio de Las
Américas (ALCA), así como una valoración negativa del presidente
George W. Bush. Cuando Chávez, en septiembre, arremetió contra
el estadista norteamericano en la Asamblea General de la ONU
identificándole con el Diablo, Correa opinó que "llamar diablo a
Bush es ofender al Diablo, porque éste podrá ser malvado, pero
es inteligente", y añadió que el mentado se trataba de un
presidente "tremendamente torpe que ha hecho mucho daño a su
país y al mundo". Sin embargo, insistió en que una cosa era la
Administración Bush y otra Estados Unidos, "un país al que
quiero mucho", tras haber vivido cuatro años y haberse sacado
allí dos títulos académicos. A su entender, Ecuador y Estados
Unidos debían tener unas relaciones de "mutuo respeto".
Correa no se oponía a la Ley de Promoción Comercial Andina y
Erradicación de la Droga (ATPDEA), un instrumento estadounidense
que concedía preferencias arancelarias a las importaciones de
los países de la región comprometidos en la lucha antidroga,
pero no estaba dispuesto a ligar su prórroga a la aceptación del
TLC. También afirmó que un gobierno suyo estrecharía los lazos
con Venezuela, Bolivia y Cuba, y por el contrario no renovaría
con Estados Unidos el acuerdo sobre la base de Manta ("Si soy
presidente en el 2009, primero me cortan la mano antes que
renovar ese contrato"). En cuanto a la polémica sobre las
operaciones en el país de la Occidental Petroleum Corporation (Oxy),
Correa hizo suya la exigencia de la CONAIE de que Petroecuador
rescindiera a esta compañía estadounidense el contrato para la
extracción de crudo en la Amazonía ante el cúmulo de violaciones
de la Ley de Hidrocarburos que se le imputaban. Cuando en mayo
el Gobierno ecuatoriano declaró caducado el contrato con Oxy y
su homólogo estadounidense, como represalia, suspendió las
negociaciones sobre el TLC, algunos comentaristas señalaron que
Correa y otros aspirantes presidenciales que habían hecho de
este doble no un estandarte programático se habían quedado cojos
de reivindicaciones.
A lo largo de la precampaña y la campaña, Correa negó
insistentemente ser el "candidato del chavismo" en Ecuador y
rechazó el calificativo de "bolivariano", unos epítetos que
difícilmente podía esquivar habida cuenta de las tomas de
postura arriba comentadas, que parecían prefigurar, si tomaba
posesión del Palacio de Carondelet, un alineamiento geopolítico
con el eje liderado por Caracas. Con más vehemencia aún
desmintió que Chávez estuviera financiándole, algo que daban por
seguro todos los observadores. Preguntado en entrevistas por el
líder de la zona con el que se sentía más identificado, su
respuesta fue que con el argentino Kirchner, "por su
pragmatismo, porque llegó sin levantar expectativa alguna, y ha
levantado a la Argentina de la destrucción menemista". Correa se
veía a sí mismo como un "socialista con fuentes cristianas, no
marxista", y como un "humanista cristiano de izquierda" que
creía en una ideología "de amor y no de odio", y que soñaba "con
un Ecuador sin miseria, con un Ecuador sin niños en la calle,
donde todos y todas, sin opulencia, pero con dignidad y con
elementales niveles de bienestar, puedan vivir feliz".
Aunque derrochaba desparpajo y una confianza en sí mismo que
para sus detractores no era otra cosa que arrogancia, Correa
necesitaba, obviamente, una organización política propia, un
partido que endosara su candidatura y sostuviera su proyecto de
"revolución ciudadana" y "cambio radical", capaz de contender
con agrupaciones orgánicas como el Partido Renovador
Institucional Acción Nacional (PRIAN) de Álvaro Noboa Pontón, el
Partido Sociedad Patriótica 21 de enero (PSP) de los hermanos
Lucio y Gilmar Gutiérrez, y el derechista Partido Social
Cristiano (PSC), que seguía estando liderado por el ex
presidente republicano (1984-1988) y ex alcalde guayaquileño
(1992-2000) León Febres-Cordero. Las del PRIAN y el PSC, en
particular, eran dos maquinarias proselitistas bien engrasadas
por una abundante financiación de origen empresarial.
Con la implicación de representantes de una amplia variedad de
colectivos y sectores de la sociedad civil, Correa puso en
marcha la Alianza Ciudadana del Ecuador, que rápidamente pasó a
denominarse Alianza PAIS, expresión que como acrónimo
significaba Patria Altiva i Soberana. El movimiento político fue
lanzado formalmente en Quito el 19 de febrero de 2006 con un
"festival cívico" que sus organizadores definieron como el
"semillero de la nueva patria". El 29 de julio, dos centenares
largos de delegados provinciales de la Alianza PAIS reunidos en
Asamblea Nacional oficializaron la candidatura de Correa, que
fue proclamada el 5 de agosto en Palestina, Guayas, y registrada
ante el Tribunal Supremo Electoral (TSE) dos días después.
Como compañero de binomio y candidato a la Vicepresidencia
Correa escogió a Lenín Moreno Garcés, un antiguo funcionario de
la administración del Estado que en la actualidad dirigía una
fundación dedicada a la investigación y la promoción del humor
como fuente de salud y bienestar emocional, tema sobre el que
había publicado varios libros. Fuera de la Alianza PAIS salió a
respaldar la candidatura de Correa el Partido Socialista-Frente
Amplio (PS-FA), formación de izquierda moderada que procedía de
la fusión una década atrás del Partido Socialista Ecuatoriano
(PSE) y el Frente Amplio de Izquierda (FADI), y que desde
octubre de 2005 estaba liderado por Guadalupe Larriva González.
El Plan de Gobierno 2007-2001 de la Alianza PAIS enumeraba cinco
ejes programáticos o "revoluciones" con las que acometer la
"transformación radical del Ecuador" y "construir el país que
soñamos", "un país alegre, optimista, propositivo, donde no haya
nadie sin futuro", "un país solidario y comprometido con las
angustias de sus habitantes dentro y fuera de sus fronteras". En
primer lugar estaba la revolución constitucional y democrática,
que pasaba por la inmediata convocatoria de una Asamblea
Nacional Constituyente vía referéndum para reformar el Estado en
un sentido descentralizador y mejorar las instituciones del
sistema democrático.
El enemigo a batir aquí era el "poder mafioso de la
partidocracia". Puesto que el Congreso estaba "moribundo" y la
Asamblea Constituyente ya se encargaría de "estructurarlo
profundamente", la Alianza PAIS no iba a presentar candidatos a
diputado. La decisión resultaba insólita, ya que Correa, de
ganar, afrontaría un proceso constituyente con un Legislativo
potencialmente hostil hasta el último escaño, salvo que
negociara con los mismos partidos que ahora descalificaba. En
segundo lugar, no podía faltar una revolución ética, que
supondría un "combate frontal" y una "lucha a muerte" contra la
corrupción y la evasión fiscal, y el establecimiento de
mecanismos de transparencia en la administración pública.
En tercer lugar, Correa proponía una revolución económica y
productiva, para acabar con un "esquema económico perverso que
privilegia la especulación financiera, que beneficia en extremo
a los acreedores del país". Para ese fin, se ejecutarían
políticas públicas activas, de fomento de la inversión, la
producción y el empleo ("500.000 puestos de trabajo generados"),
así como la "modernización integral" del Instituto Ecuatoriano
de Seguridad Social (IESS), un generoso programa de subsidios
para la adquisición de vivienda ("160.000 familias con
escrituras"), una reforma agraria, una "política energética
soberana" centrada en el fortalecimiento de Petroecuador, la
extensión del control estatal a todas las etapas de la industria
hidrocarburífera y la revisión de los contratos con las
compañías adjudicatarias, y también una "política soberana de
deuda externa", que por ejemplo no vacilaría en reestructurar el
servicio de la deuda, o incluso declarar una moratoria en el
pago de la misma, si el Gobierno necesitaba ese dinero para
cubrir necesidades domésticas.
En otras palabras, la Alianza PAIS preconizaba "un cambio
radical en el modelo económico porque el neoliberalismo ha
fracasado; hay que pasar de una economía rentista, financiera y
descontrolada, a una economía que apoye al sector productivo y a
la generación de empleo, sobre todo a través de la economía
popular". Por si a alguien le quedaban dudas, Correa enfatizó
que un Gobierno aliancista respetaría la dolarización, que a fin
de cuentas había traído estabilidad monetaria, aunque él se
lamentaba de que el Estado hubiese perdido la herramienta de la
depreciación para relanzar las exportaciones y corregir el
déficit comercial, no quedándole más opción que subir los
aranceles a las importaciones. Por último, el Plan de Gobierno
contemplaba una revolución educativa y de la salud, y una
revolución por la dignidad, la soberanía y la integración
latinoamericana, que entre otros puntos preveía consultar en
referéndum a la ciudadanía sobre el futuro de un TLC cuya firma
ahora, en los términos negociados con Estados Unidos,
significaría un "suicidio social" para el Ecuador.
Aunque para él, el ex presidente Lucio Gutiérrez no era sino un
"traidor" y un "corrupto", no podían dejar de observarse
similitudes en los discursos preelectorales del economista y del
antiguo militar: como Correa, Gutiérrez ganó las elecciones de
2002 incidiendo en su patriotismo desinteresado, su condición de
valedor de mestizos, indígenas y pobres, su intolerancia con
toda forma de corrupción, los llamamientos a "refundar" el país
y la promesa de virtualmente todo lo que los electores querían
oír. Incluso en la indefinición ideológica se asemejaban, ya que
uno y otro aseguraban estar por encima de los encasillamientos
doctrinales, si bien es cierto que Correa fue menos ambiguo en
este punto desde el momento en que aceptó la etiqueta
izquierdista.
4.
Victoria electoral a dos vueltas frente al multimillonario Noboa
Según los sondeos de intención de voto, Correa, que escogió el
color verde manzana como distintivo de su candidatura, se pasó
toda la precampaña y parte de la campaña a remolque de León
Roldós Aguilera, candidato conjunto de la Red Ética y Democracia
(RED) y la Izquierda Democrática (ID), de perfil
socialdemócrata, y del prianista Noboa, magnate de la industria
bananera y, más allá de las imprescindibles arengas sociales,
sensible a los intereses de la derecha proempresarial, los
acreedores de deuda y las multinacionales. Ambos eran unos
políticos curtidos en estas lides, con otros dos intentos
presidenciales, aunque infructuosos, cada uno (Roldós, además,
era un antiguo vicepresidente de la República, llegado al puesto
en 1981 de resultas de la muerte en accidente aéreo de su
hermano, el presidente Jaime Roldós Aguilera). Pero para finales
de septiembre, el aliancista ya les había adelantado, una
remontada espectacular si se tenía presente que apenas un año
atrás no tenía ni programa, ni partido ni plataforma de apoyos.
El ascenso de Correa tuvo mucho que ver con unas técnicas
proselitistas que dentro y fuera de Ecuador fueron calificadas
de demagógicas. Unos eslóganes que reflejaban voluntarismo y
optimismo (pasión por la patria, porque otro país es posible),
un repertorio de canciones pegadizas y, sobre todo, el efectista
logotipo animado de un cinturón restallando a la voz de "¡dale
correa!", en fácil aprovechamiento metafórico del apellido del
candidato, conformaron una puesta en escena triunfalista donde
el aspirante presidencial se deshacía en sonrisas, exudaba
dinamismo juvenil y vislumbraba un futuro luminoso para el país.
Con Roldós desfondado por no poder competir en exuberancia
mediática, la carrera electoral quedó reducida a un duelo entre
Correa y Noboa. El líder del PRIAN, muy fuerte en su bastión de
Guayas y en general bien acogido por el electorado costeño,
situó a los ecuatorianos ante la disyuntiva de elegir entre el
"populismo comunista de Correa" (exactamente lo mismo que había
imputado a Gutiérrez en 2002) y la "libre empresa que yo
represento". A Noboa no parecía preocuparle el posible efecto
boomerang de su propio populismo desaforado, sus aspavientos
religiosos ("yo soy el héroe de Dios") y su estilo mesiánico, al
estilo de Bucaram, del que en el pasado había sido acólito. Para
los medios internacionales, lo que acontecía en Ecuador era una
pugna entre un "populismo de izquierdas" y un "populismo de
derechas".
Correa devolvió las descalificaciones a su adversario,
acusándole, por ejemplo, de "explotar a los niños en sus
plantaciones de plátanos" y de ser un "oligarca que no paga
impuestos". Pero además encontró tiempo para sembrar continuas
polémicas: denunció a Mahuad ante el Ministerio Fiscal por
"delitos de lesa humanidad"; advirtió a Febres-Cordero, en tanto
que "cabeza de la partidocracia", que la Asamblea Nacional
Constituyente iba a traer "el fin de la impunidad"; fustigó a
Roldós por desligarse, tan sólo horas después de haberlo
firmarlo con él el 10 de agosto, de un acuerdo que les
comprometía, en caso de ganar las elecciones, a convocar el 16
de enero de 2007, es decir, al día siguiente de la toma de
posesión, una consulta popular para la instalación de la
Constituyente; y desairó al Gobierno colombiano al opinar que la
guerrilla de las FARC no tenía naturaleza terrorista.
En la recta final de la campaña el ímpetu de Correa se desinfló
en beneficio de su inmediato perseguidor, Noboa. Las últimas
encuestas seguían poniendo al aliancista en cabeza con un máximo
del 30% de los votos, un porcentaje más que insuficiente para
ser proclamado ganador en la primera vuelta, donde se exigía el
50% más uno de los votos o bien superar el 40% y sacar una
ventaja de 10 puntos al segundo más sufragado. De hecho, desde
la restauración democrática de 1979, ningún candidato se había
proclamado presidente en la primera vuelta. El 15 de octubre no
se rompió esta tradición, pero saltó una sorpresa: Noboa quedó
primero con el 26,8% y Correa segundo con el 22,8%.
Descalificados para la segunda vuelta fueron Gilmar Gutiérrez
(17,4%), León Roldós (14,8%) y la socialcristiana Cynthia Viteri
Jiménez de Villamar (9,6%). En las elecciones al Congreso,
clamorosamente ignoradas por la Alianza PAIS, los partidos más
votados fueron el PRIAN (28 escaños), el PSP (23), el PSC (13) y
la coalición RED-ID (13).
La reacción inmediata de Correa fue bramar contra el "verdadero
atraco" de que había sido objeto, incluso, según él, con la
complacencia de la misión de observadores de la Organización de
Estados Americanos (OEA); sólo la "manipulación" de un buen
número de votos en blanco que habían sido computados como votos
válidos a favor de otras candidaturas le había impedido ser el
ganador en una sola vuelta. Caída en saco roto la denuncia,
Correa solicitó la "unión" tras su candidatura y así conseguir
el 26 de noviembre "un triunfo contundente de la ciudadanía para
evitar que el país siga en las manos de los mismos de siempre y
se convierta en una gran hacienda bananera".
El llamado del aliancista encontró eco: su opción fue respaldada
por la CONAIE, el partido indígena Movimiento de Unidad
Plurinacional Pachakutik-Nuevo País (MUPP-NP) y la ID. Los
gestos populistas, los insultos y las advertencias arreciaron a
medida que se acercaba la segunda vuelta: Noboa alertó del
riesgo de una "guerra civil" y la conversión del Ecuador en
"otra Cuba" si el "bacalao mentiroso" y el "diablo comunista" se
imponía en las urnas, mientras que Correa acusó al hombre más
adinerado del país de tener de su parte a las "mafias" del TSE y
expresó su temor a una "repetición" del fraude cometido en la
primera vuelta, cuando le "robaron ocho puntos".
El 26 de noviembre de 2006, la incertidumbre sobre quién iba a
ser el próximo presidente del Ecuador a partir del 15 de enero
de 2007 se zanjó a favor de Correa al recibir el economista un
contundente 56,7% de los votos. En su primera conferencia de
prensa tras la votación, el político izquierdista se proclamó
presidente electo y aseguró que había ganado "el afán de cambio"
en una "jornada histórica". También reafirmó que la Asamblea
Constituyente era "inclaudicable" y manifestó su disposición,
forzada por la tenencia de su lado de sólo un reducido número de
diputados -que ni siquiera eran de su partido-, a dialogar con
las agrupaciones políticas para alcanzar aquel objetivo "con las
menores fricciones". El 4 de diciembre el TSE declaró presidente
electo a Correa, que días después asistió en la ciudad boliviana
de Cochabamba, por invitación del Gobierno de Evo Morales, a los
actos de la II Cumbre de la Comunidad Sudamericana de Naciones.
- CIDOB
(Cobertura informativa hasta 10/12/2006)
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