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130910 - Winston Leonard Spencer Churchill, nació el 30 de
noviembre de 1874, en el palacio de Blenheim, en Oxfordshire,
Inglaterra. Hijo de Lord Randolph y Lady Randolph Churchill, de
origen norteamericano, cuyo nombre de pila fue Jennie Jerome.
Los
detalles de su nacimiento son un tanto obscuros. Unas versiones
dicen que su madre tuvo un parto prematuro causado por pasear en una
calesa en terreno abrupto y otras dicen que dio a luz durante una
fiesta.
(Ver:
Escenarios posibles de una Tercera Guerra
Mundial)
La familia Churchill pertenecía a la
era victoriana, aristócratas unidos a la nobleza inglesa por lazos
sanguíneos. Lord Randolph fue jugador y bebedor, con un carácter
voluble e incontrolable y apasionado por la política. Contrajo
sífilis a los 46 años y murió luego de sufrir una parálisis
corporal. Unos expertos atribuyen su muerte a condiciones
neurológicas como epilepsia, esclerosis múltiple, la enfermedad de Lou Gehrig, alcoholismo crónico o un tumor cerebral. Sus hijos
Jennie, Jack y Winston, debieron padecer las consecuencias de la
enfermedad de su padre. Su madre, norteamericana, era muy atractiva
y dedicada a una intensa vida social.
Winston pasó una infancia totalmente
ignorado por sus padres. Fue su niñera, Everest, quien le dio el
calor humano que todo niño necesita. Fue internado en Harrow, donde
se educaban los aristócratas de su época. Tuvo pasión por la
historia y los idiomas pero nunca se le notó un gran talento
intelectual. Hablaba tartamudeando y ceceando.
Como estudiante fue malo rebelde y
prejuicioso contra la educación tradicional inglesa. Su primera
autobiografía, "My early life", es una dura aunque divertidísima
denuncia de esa educación. Al final, no habiendo calificado para
ingresar a la Universidad, optó por la carrera de las armas, aunque
no con poco esfuerzo. Luego de tres intentos, consigue ingresar en
la Real Academia Militar de Sandhurst. El año en que muere su padre
es asignado al 4to Regimiento de Húsares, reservado para los hijos
de la nobleza que podían financiarse varios caballos de polo.
A finales de 1895, durante los cinco
meses de vacaciones de invierno, no pudo costear la temporada de
caza y decidió viajar a Cuba en busca de emociones, cuando los
guerrilleros cubanos luchaban contra los españoles. Gracias a las
relaciones familiares logró la aprobación de España para ir a la
Habana como cronista del londinense The Daily Graphic. Una vez en
Cuba fue recibido como toda una personalidad y fue presentado a un
joven teniente, hijo del Duque de Tetuán llamado Juan O'Donnel que
hablaba inglés perfectamente.
En Cuba conoció los placeres del ron,
los habanos y la siesta después de almuerzo, que se convertirían en
parte de su existencia. Al regresar de su aventura en Cuba, dijo de
los españoles: "No hago reflexión alguna sobre su valor, aunque sí,
que están bien versados en el arte de la retirada..." y luego,
"Pienso que el resultado de todo eso, será la intervención de
Estados Unidos..." El joven Winston de 21 años daba las primeras
muestras de ser un profeta.
Sufrió de numerosas enfermedades,
tales como erisipela, neumonía, fractura del fémur, forunculosis,
luxación del hombro, gripe, apendicitis, fiebre tifoidea, angina de
pecho, conjuntivitis, hernia inguinal, espasmos arterio-cerebrales,
arteriosclerosis, faringitis, bronconeumonía, ictericia, obstrucción
arterial, osteoporosis y varios episodios de accidentes
cerebrovasculares. Su familia fue de alcohólicos y depresivos, como
su padre y dos de sus hijos, Randolph y Sarah. Aunque Winston
fumaba, bebía y gustaba de la buena comida, nunca se le vio
totalmente ebrio en público. Las convalecencias de sus numerosas
enfermedades las ocupaba escribiendo.
En 1896, Winston acompañó a su
regimiento a la India donde de nuevo vio acción militar en su papel
de periodista, durante un levantamiento indígena en la frontera del
noroeste. El libro donde narra su experiencia, La historia de la
Fuerza Expedicionaria de Malakand se convirtió en un tremendo éxito
popular en la Metrópoli y le lanzó a una carrera como autor que
duraría el resto de su vida.
Desarrolló su doble papel de soldado
y corresponsal en
Egipto y Sudán. En Sudáfrica se hizo célebre su
valor durante el rescate de un tren blindado emboscado por los Bóers,
los rebeldes independentistas blancos, también escapando de una
prisión militar de los rebeldes.
En 1900 regresó a Inglaterra y se
lanzó a la vida política. A la edad de 25 años fue elegido, por
primera vez, miembro parlamentario del partido conservador. Durante
su vida sirvió bajo seis soberanos y llegaría a convertirse en uno
de los políticos más grandes de todos los tiempos.
En 1908, cuando era Presidente de la
Cámara de Comercio, se casa con Clementine Hozier, con quien tiene
tres hijos.
Cuatro años después de su elección
parlamentaria, se pasó al Partido Liberal. Su posición dentro de su
partido de vio deteriorada por declaraciones hechas en el
parlamento, tal como cuando dijo que si él fuera un Boer, seguiría
luchando por su causa. Eso enojó a muchos de sus correligionarios y
deterioró su imagen dentro del partido.
Después de que los Liberales
vencieran las elecciones de 1906, Winston se convirtió en ministro
de Comercio, labrándose una reputación como campeón de la reforma
social y del derecho de los trabajadores, incluyendo el
establecimiento de un salario mínimo fijo.
Luego fue Ministro de Interior, cargo
que utilizó para impulsar la reforma del Servicio de Prisiones y una
iluminada política de devolución en Irlanda que le granjeó la
enemistad tanto de los unionistas de línea dura como de los
republicanos extremistas.
La
Primera Guerra Mundial no
sorprendió en absoluto a Winston. De todos los miembros del
Gobierno, fue él quien mostró una mayor decisión, como Primer Lord
del Almirantazgo, a la hora de proceder a la movilización naval en
previsión de una declaración de guerra.
En medio de la guerra, tuvo que
presentar su dimisión tras ser responsabilizado por los errores
cometidos durante la campaña de Gallipoli contra
Turquía, aliada de
Alemania, y que en los Dardanelos ocasionó la muerte a miles de
soldados británicos y australianos. Pasa a servir en el frente
francés en 1916.
Tras servir en el Frente Occidental,
regresó como Ministro de Municiones y utilizó su dinámica energía
para romper el estancamiento de la campaña militar. Se ocupó de
cuestiones fuera de su inmediata competencia siendo responsable del
desarrollo del primer tanque usado en el campo de batalla.
Sin embargo, fue durante la década de
los 30 cuando Winston comenzó a hacer realidad su destino.
Asesorado por amigos en el servicio de inteligencia y consciente de
la humillación del pueblo alemán tras la
Primera Guerra Mundial, Winston adquirió una clara conciencia del ascenso de
Adolfo Hitler y de la
amenaza que suponía.
A comienzos de los años 30 sufre
derrotas políticas en el Parlamento, vuelve a la literatura como
cronista de la Primera Guerra. Luego es nombrado Ministro de
Finanzas y sigue una línea recesiva que resulta en un desastre para
la economía inglesa.
En 1935 advirtió a la Cámara de los
Comunes sobre la importancia de proteger a los gobiernos libres y a
la civilización occidental del constante avance del autoritarismo y
del despotismo realizando continuados llamamientos en favor del
rearme en medio del titubeo político reinante.
Cuando
Neville Chamberlain perdió la
confianza del pueblo inglés después de que
Adolfo Hitler ocupara Polonia, Winston regresó al Ministerio de la Marina. Mientras las tropas
nazis avanzaban a través de Europa, Winston se erigía en el único
hombre en quien la nación podía depositar su confianza.
En mayo de 1940, tras la dimisión de
Chamberlain se convierte en Primer Ministro. Más tarde, Winston
recordaría ser consciente de una profunda sensación de alivio. " Me
sentía como si estuviera caminando con el destino y que toda mi vida
anterior no hubiera sido sino una preparación para este momento y
esta prueba."
Su cuartel general estaba en un
búnker subterráneo en el corazón de Londres junto al parque de Saint
James. En la sala del gabinete donde Winston se reunía con sus
ministros y secretarios de Estado había un cartel donde se podía
leer: "Por favor, comprenda que no existe depresión alguna en esta
casa y que no nos interesa la posibilidad de la derrota."
Durante momentos claves de la
Segunda Guerra Mundial, Winston demostró ser un maestro de la diplomacia así como un
estratega militar. Hizo uso de su instintiva creencia en la unión
de los pueblos anglófonos para atraer a
Estados Unidos hacia la alianza
militar contra
Alemania. Con esto marcó su punto culminante como
estadista, y cuando
Adolfo Hitler invadió la
Unión Soviética, su respuesta
fue rápida e inequívoca. Dejando aparte su anterior y apasionado
anticomunismo, abrazó a Stalin y le incorporó a la Gran Alianza.
En mayo de 1940, encomendó
personalmente una misión de alto secreto de mantener a la
España de
Francisco Franco fuera de la contienda mediante una campaña de sobornos y
corrupción. Para financiarlo, Churchill ordenó el depósito de 10
millones de dólares en la cuenta de un banco suizo en Nueva York.
En 1941 reasume el cargo de Primer
Lord del Almirantazgo y conoce a
Franklin D. Roosevelt. Manipuló a Roosevelt, a quien indujo a la guerra ocultándole lo que le convenía
y dejándole saber lo que podría ser usado en su propio beneficio, es
decir el ingreso de
Estados Unidos en la guerra.
Fue un artífice de la victoria
aliada, aunque el costo para Inglaterra fue el perder su imperio.
Al finalizar la contienda, perdió las elecciones, aunque fue
reelegido en 1951. En esa oportunidad apuntó sus baterías contra la
nueva amenaza: la
Unión Soviética.
En 1951, Churchill era una sombra de
su pasado y estaba acabado, pero regresó al Parlamento, aunque debió
dimitir en favor de su fiel secretario Anthony Eden.
Durante el invierno de 1960,
Churchill era una sombra, casi una caricatura de lo que fue. Ese
año, James Cameron, una de las grandes figuras del periodismo
británico, se encontró con Winston en el transcurso de una cena
ofrecida por Lord Beaverbrook, el viejo aliado de Churchill y
magnate de la prensa, en su residencia de la Costa Azul. Winston
fue llevado semi despierto a la mesa por varios criados, donde
procedió a quedarse dormido. Tras la cena, alguien le colocó un
cigarro en la boca y se lo encendió. Para Cameron, cuya generación
sintió fascinación por Churchill, todo aquello le pareció un gesto
ritual carente de dignidad.
Cada generación continuará realizando
su propia evaluación de la trayectoria de Churchill. Unos le acusan
de oportunista, otros de imperialista y un buen número, de arrogante
rayando en lo intolerante. Sin embargo, resulta difícil encontrar a
alguien que le niegue el éxito de haber derrotado a
Adolfo Hitler.
Sufrió un tercer ataque cerebral y
murió nueve días después, el 24 de Enero de 1965 en Londres a la
edad de 90 años.
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