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El veterano dirigente socialista batió nuevamente a Chirac en las
presidenciales de 1988, tanto en la primera vuelta del 24 de abril,
por el 34,1% de los votos contra el 19,9%, cuando resultó
perjudicado por la concurrencia de Raymond Barre por cuenta de la
UDF, como en la segunda del 8 de mayo, por el 54% contra el 45,9%.
El 10 de mayo, de acuerdo con sus prerrogativas, Mitterrand nombró
primer ministro al socialista Michel Rocard, y como confirmación del
renovado empuje socialista, el 5 y 12 de junio la alianza RPR-UDF,
presentándose con la lista común Unión del Reagrupamiento y el
Centro (URC) el algunas circunscripciones, perdió en la legislativas
al caer al 37,6% de los votos y los 257 escaños. Estos comicios
tuvieron visos de humillación para Chirac, ya que el RPR, con sus
126 diputados, fue superado por la UDF en cuanto a número de
escaños, no obstante haberle aventajado en porcentaje de votos, con
el 19,8.
Chirac fue reelegido alcalde de París el 19 de marzo de 1989 y
presidente del RPR el 11 de febrero de 1990, y de nuevo el 7 de
marzo de 1993. Cuando la Unión por Francia (UPF), la nueva
confederación electoral formada por el RPR y la UDF -ahora presidida
personalmente por Giscard- en junio de 1990, venció contundentemente
en las legislativas del 21 y 28 de marzo de 1993 con el 39,4% de los
votos y 460 de los 577 escaños (de los que el 20,3% y 247,
respectivamente, correspondieron al RPR), Chirac decidió no ser
primer ministro por tercera vez y cedió el cometido a su
correligionario y amigo personal Édouard Balladur, a fin de preparar
esmeradamente su cita con las presidenciales de 1995.
Chirac exigió tras la primera vuelta de las legislativas la dimisión
de Mitterrand, pero ante las amenazas del jefe socialista de nombrar
un primer ministro de la UDF se apresuró a aclarar que nadie
discutía "el derecho del presidente a terminar su mandato".
3. Llegada al Elíseo en 1995: en busca de la nueva grandeur
El 4 de noviembre de 1994 Chirac dimitió como presidente de RPR (el
secretario general, Alain Juppé, se hizo cargo del puesto
interinamente hasta su confirmación en octubre de 1995) y lanzó
oficialmente su candidatura al Elíseo. Comenzó a modular su discurso
hacia los postulados del gaullismo original de progreso económico
con justicia social, cohesión nacional, Estado fuerte y nacionalismo
en el exterior. También incluyó en sus propuestas el mantenimiento
de un franco fuerte, la corrección de la "fractura social", tras
años de prácticas económicas liberales, y una política de empleo
activa. Clamorosamente, la cuestión de la construcción europea quedó
relegada a un oscuro segundo plano.
La irrupción, no esperada y para algunos, ingrata, de Balladur en la
contienda electoral puso en algunos apuros a Chirac, que por culpa
de la división del voto conservador quedó detrás del socialista
Lionel Jospin en la primera vuelta del 23 del abril, con el 20,8% de
los sufragios. Sin embargo, en la segunda ronda del 7 de mayo la
unidad del voto más una fulminante recuperación en los sondeos
permitieron a Chirac imponerse con el 52,6%.
El 15 de mayo dimitió como diputado en la Asamblea Nacional, el 16
como alcalde de París y el 17 asumió la Presidencia de la República
en sustitución de Mitterrand con un mandato de siete años. Al día
siguiente nombró primer ministro a Juppé, cuyo plan de austeridad
económica, incluyendo alzas impositivas para reestructurar la
cobertura social y la congelación de los salarios de los
funcionarios, apoyó sin ambages.
Chirac debutó con una reafirmación neogaullista en la política
exterior francesa, sobre la que proyectó su acusada personalidad. El
13 de junio de 1995 anunció la reanudación, con carácter temporal,
de las pruebas nucleares en el Pacífico Sur, generando un notable
revuelo internacional que daño su popularidad dentro y fuera de
Francia, y el 29 de enero de 1996, tras seis detonaciones, anunció
que Francia ya estaba en situación de simular los tests en el
laboratorio y por lo tanto de suscribir el Tratado de Prohibición
Total de Pruebas Nucleares (CTBT).
Asimismo, en julio de 1995 endureció la postura ante los serbios de
Bosnia con el envío de una Fuerza de Reacción Rápida para la defensa
de los efectivos de la ONU, y a finales de agosto con la
participación de la aviación francesa en los bombardeos de la OTAN
que precipitaron el final de la guerra civil en la antigua república
yugoslava. El 14 de diciembre de ese año París fue el escenario de
la solemne firma (en realidad, una mera rúbrica de lo suscrito en la
ciudad estadounidense de Dayton el 21 de noviembre anterior) del
acuerdo de paz para Bosnia-Herzegovina, por los tres presidentes
implicados, el serbo-yugoslavo Slobodan Milosevic, el croata Franjo
Tudjman y el bosniomusulmán Alija Izetbegovic.
El 5 de diciembre de 1995 Chirac comunicó el progresivo retorno de
Francia a las estructuras militares de la OTAN, de las que estaba
ausente desde 1966 por decisión del general de Gaulle, lo que
eliminó los últimos impedimentos técnicos para la participación
gala, con un gran dispositivo militar, en las operaciones bélicas y
de pacificación de la Alianza en Kosovo a partir de marzo de 1999,
luego de fracasar unas negociaciones de paz en Rambouillet, cerca de
París, que fueron supervisadas por él personalmente.
En este capítulo, Chirac se sumó a los dirigentes occidentales
partidarios de la máxima dureza con Milosevic, al que en octubre de
1996 había recibido en el Elíseo. Ello quebró el tradicional vínculo
de Francia con el Estado yugoslavo (Belgrado rompió las relaciones
diplomáticas el 25 de marzo de 1999, un día después del inicio de
los bombardeos aliados), si bien la derrota militar, luego electoral
y finalmente el derrocamiento de Milosevic en el alzamiento popular
de octubre de 2000 devolvió la normalidad diplomática.
Desde el inicio de su mandato, Chirac cursó varias visitas a Oriente
Próximo, destacando por su carácter histórico las realizada a Líbano
en abril de 1996 y a Israel en octubre de 1996, donde, en el curso
de una gira regional, protagonizó un inusual incidente, abroncando a
los policías israelíes que en un exceso de celo trataban de
separarle de la multitud palestina que le aclamaba.
Estas visitas buscaron subrayar la independencia de la diplomacia
francesa en un proceso de paz conducido básicamente por Estados
Unidos (mientras duró aquel, ya que la segunda intifada palestina y
el estado bélico casi permanente que se instaló en los territorios
autonómos y ocupados hicieron añicos una década de negociaciones y
acuerdos) y, como contrapeso del eje con Israel potenciado por la
superpotencia americana, mostraron un matiz proárabe y propalestino
evidente.
Por ejemplo, el Gobierno israelí tachó de parcial la interpretación
por el Elíseo del levantamiento palestino iniciado en septiembre de
2000, a cuya reconducción Chirac trató de contribuir convocando en
París, el 4 y el 5 de octubre, una reunión de urgencia entre el
presidente Yasser Arafat y el primer ministro Ehud Barak.
Chirac realizó sus primeros encuentros oficiales con el presidente
ruso Borís Yeltsin en París el 20 de octubre 1995, con el
estadounidense Bill Clinton tres días después en la sede de la ONU
en Nueva York, con motivo de la 50ª Asamblea General, y con el
primer ministro británico John Major en Londres el 6 de noviembre de
1995. Su primer acto exterior fue para con el canciller alemán
Helmut Kohl en Estrasburgo el 18 de mayo de 1995.
Bien pronto quedó de manifiesto que las relaciones franco-alemanas
se resintieron por la falta de sintonía entre ambos líderes, tanto
en el proceso de construcción europea como en la coordinación de las
políticas de defensa, irritando a Kohl, por no haberle sido
consultado, el anuncio por Chirac el 22 de febrero de 1996 de la
profesionalización y la reducción de las Fuerzas Armadas francesas.
Asimismo, Chirac estrenó visitas oficiales a Alemania el 25 de
octubre de 1995, a Estados Unidos el 31 de enero de 1996 (primera de
un presidente francés desde 1984), a Rusia el 19 de abril de 1996 y
a China el 15 de mayo de 1997.
Por otro lado, ha sido el anfitrión de destacadas reuniones
internacionales, entre las que se destacan: el Consejo Europeo de
Cannes, el 26 y 27 de junio de 1995; la 22ª Cumbre del G-7, en Lyon
del 27 al 29 de junio de 1996; la adopción del Acta Fundacional
sobre las relaciones OTAN-Rusia, en París el 27 de mayo de 1997; la
II Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del Consejo de Europa, en
Estrasburgo el 10 y 11 de octubre de 1997; la 20ª Conferencia
Franco-Africana, en París el 27 y 28 de noviembre de 1998; y, la
cumbre fundacional del Nuevo Partenariado para el Desarrollo de
África (NEPAD), en París el 8 de febrero de 2002.
En la Cumbre del Consejo de Europa en Estrasburgo sostuvo un
encuentro trilateral con Yeltsin y Kohl del que salió un acuerdo
para crear un nuevo eje de cooperación Francia-Rusia-Alemania con
cumbres anuales, que él presentó como una iniciativa para frenar la
influencia de Estados Unidos en Europa. Ahora bien, las relaciones
con Moscú se enfriaron luego a raíz de la segunda campaña militar
rusa contra la república secesionista de Chechenia, desde septiembre
de 1999, a la que Chirac no ahorró críticas.
El encuentro con el nuevo inquilino del Kremlin, Vladímir Putin, en
París el 29 de octubre de 2000 en la víspera de la VI Cumbre Unión
Europea-Rusia, sirvió para superar discrepancias, encontrando los
líderes en el rechazo tajante a la impugnación por Estados Unidos
del Tratado sobre Antimisiles Balísticos (ABM) de 1972 para
desarrollar sin estorbos su sistema de Defensa Nacional Antimisiles
(NMD), estrategia que juzgaron lesiva para los esfuerzos
internacionales contra la proliferación nuclear, un buen asidero
para reponer el diálogo franco-ruso en su nivel anterior.
4. Liza con Alemania por la reforma de la UE
El 11 de junio de 1997 Chirac recibió en París al nuevo primer
ministro británico, el laborista
Tony Blair,
y el 30 de septiembre de 1998 al canciller alemán electo, el
socialdemócrata
Gerhard
Schröder, con el que celebró la 72ª Cumbre Franco-Alemana en
Potsdam los días 30 de noviembre y 1 de diciembre. El presidente
galo, que había tenido su última diferencia con Kohl en mayo de 1998
en torno a la adopción de euro como el nombre de la moneda
común europea, se avino a recomponer el eje franco-alemán con
Schröder, que compartía la tesis de concluir la reforma de las
instituciones de la UE antes de proceder al ingreso de una docena de
estados de Europa central y oriental a partir de 2004/2005.
En la cumbre bilateral celebrada en Berlín el 27 de junio de 2000,
Chirac, por otra parte receptivo a las posturas de dureza contra
Austria por la formación de un gobierno de coalición entre los
populares de Wolfgang Schüssel y la extrema derecha de Jörg Haider,
preconizó una "gran transición" de la UE a partir de la Conferencia
Intergubernamental de Niza, consagrada a la reforma pendiente de las
instituciones, en lo que resaltó el papel vertebrador del "grupo
pionero", esto es, Francia y Alemania.
Su petición de clarificar el reparto de competencias nacionales y
comunitarias se interpretó como un esfuerzo de conciliar los nuevos
ímpetus supranacionales provenientes de Alemania con el
irrenunciable concepto francés de la soberanía nacional. Por lo
demás, su defensa en la práctica de un modelo de construcción
europea de dos velocidades marcó el abandono de sus
anteriores reticencias y prudencias ante una organización tal como
la había conformado Mitterrand. Pero, más todavía, el 9 de febrero
de 2001, durante una cumbre franco-británica con Blair en Cahors,
rompió un tabú de la diplomacia gala al vislumbrar una UE
funcionando como una "federación de estados-nación".
El alarde moderadamente federalista de Chirac causó sorpresa
general, ya que se situaba en las antípodas de las esencias
originales del gaullismo -las cuales aseguraba atesorar el partido
soberanista y euroescéptico Reagrupamiento por Francia (RPF),
formado en noviembre de 1999 por Charles Pasqua, antiguo colaborador
suyo en el gobierno de 1986-1988 antes de disentir y finalmente
romper con el RPR, siguiendo la pauta del soberanista liberal
Philippe de Villiers, al frente del Movimiento por Francia (MPF)
desde 1994- y sobrepasaba las declaraciones al respecto hechas por
el PS.
Pero además, se producía cuando aún resonaban los ecos de las
escaramuzas libradas en los Consejos Europeos de Biarritz y Niza en
el segundo semestre de 2000, cuando Francia ostentó la presidencia
de turno de la UE. La sumamente espinosa reforma de las
instituciones comunitarias, imprescindible para dar acomodo a la
docena de estados solicitantes en los primeros años del nuevo siglo,
se ventiló en Niza en un consejo con una duración excepcional: del 8
al 11 de diciembre.
Chirac sostuvo en la ciudad mediterránea un duro rifirrafe con
Schröder a propósito del reparto de votos en el Consejo de la UE
para la toma de decisiones que precisan de mayoría cualificada, ya
que el canciller aspiraba a que Alemania se diferenciara de los
demás estados grandes atendiendo a su mayor peso demográfico.
El presidente se negó en redondo a conceder esta primacía germana,
argumentando la condición de Francia de país fundador de la
Comunidad y hasta la posesión de armas atómicas como un elemento de
superioridad cualitativo. Finalmente, se impuso la posición francesa
de mantener la paridad de votos (29 ahora) con Alemania, Italia y el
Reino Unido, tal como quedó expuesta en la declaración anexa al
Tratado firmado por el Consejo de Ministros el 26 de febrero de
2001.
En el Consejo de Biarritz, el 13 y 14 de octubre de 2000, Chirac, no
obstante los comentarios ardientemente europeístas que iba a
realizar al cabo de poco, se encargó de acotar los vislumbres de una
organización con preeminencia de lo supranacional sobre lo
intergubernamental al rechazar que la nueva Carta de los Derechos
Fundamentales de la Unión Europea, embrión de una hipotética
Constitución Europea, tuviera fuerza jurídica vinculante mediante su
incorporación al Tratado de la Unión.
5. La segunda e inversa cohabitación con Jospin
En el plano interior, al poco de asumir, Chirac hubo de desdecirse
de varias de sus promesas electorales y reconoció que sin resolver
previamente el problema del déficit presupuestario no se liberaría
dinero suficiente para sufragar las políticas de empleo. El caso es
que la muy impopular reforma de la Seguridad Social presentada por
Juppé, que generó una vasta protesta social y dos huelgas generales
del sector público antes de terminar 1995, le salpicó en los sondeos
de opinión.
En esta tesitura, el 21 de abril de 1997 convocó elecciones
legislativas anticipadas para los días 25 de mayo y 1 de junio, con
la esperanza de revalidar una mayoría suficiente, pese a que la
alianza RPR-UDF ya gozaba de una mayoría abrumadora en la Asamblea
Nacional, y afrontar con tranquilidad los retos del futuro
inmediato.
No obstante, el electorado emitió contra Chirac una sanción
imprevista y otorgó la victoria al PS de Jospin, que se convirtió en
primer ministro el 3 de junio. Los partidos del Gobierno sumaron el
29,9% de los sufragios y 242 escaños (el 15,7% y 134 para el RPR),
los más flojos resultados de una mayoría presidencial desde 1959.
Chirac, primer presidente de la V República que convocaba unas
legislativas sin una crisis de Gobierno que las justificara y luego
las perdía, se encontró, pues, con una cohabitación que se auguraba
incierta, habiendo de escuchar demandas de dimisión por provocar una
situación que a nadie agradaba.
Ahora bien, en uno de sus inveterados lances acomodaticios, el 10 de
junio se aprestó a salir en defensa del nuevo primer ministro en su
cuestionamiento de los mecanismos de disciplina a aplicar a la
futura moneda común europea, además de sentirse vindicado con la
propuesta del dirigente socialista de imprimir un giro social a la
construcción económica europea.
En cuanto a la política interna del bloque de centro-derecha,
vapuleado en las elecciones regionales y cantonales, el 23 de marzo
de 1998 rompió su silencio sobre los polémicos pactos de algunos
dirigentes regionales de la UDF con el FN, calificando de racista y
xenófobo a este partido y criticando duramente a sus inesperados
aliados.
En lo que se refirió a la crisis ideológica del RPR, escenificada en
el congreso del 31 de enero y 1 de febrero de 1998, Chirac movilizó
a sus incondicionales para frustrar la propuesta del presidente del
partido desde el 6 de julio de 1997, Philippe Séguin, de
modernizarlo y desvincularlo de las prácticas corruptas, cambio que
los chiraquianos equipararon con la asunción de los
planteamientos liberales de la UDF y la desvirtuación de las
peculiaridades gaullistas, lo que, en su opinión, conduciría a la
fusión de ambos partidos.
Dirigente de una tendencia del neogaullismo en su acepción más
social y reacia a los dogmas liberales, Séguin, como Pasqua, había
pedido el no en el referéndum del 20 septiembre de 1992 sobre
el Tratado de Maastricht; si bien la dirección del RPR dio la
libertad de voto a los afiliados, Chirac, Juppé y Balladur
recomendaron hacerlo en sentido afirmativo.
En agosto de 1998, Chirac, semanas después de desatarse un
entusiasmo en el país desconocido desde la Liberación en 1944 por la
victoria de la selección nacional en el Campeonato Mundial de Fútbol
celebrado en casa -euforia que, siempre atento a las oportunidades
de cara a la galería, él se aprestó a capitalizar-, vio estrecharse
el cerco judicial en derredor por el caso de los empleos ficticios
gestionados por el Ayuntamiento de París, al descubrirse que su
firma como alcalde había validado algunos contratos de militantes
del RPR, los cuáles se habrían beneficiado del salario
correspondiente a un trabajo no desempeñado.
Los fundados indicios y sospechas de que Chirac estaba al tanto de
estas irregularidades, relacionadas con la financiación ilegal del
RPR, dieron pie a exigencias de procesamiento, pero el 11 de enero
de 2000 el Tribunal de Apelación de Versalles dictaminó que, según
la Constitución, el jefe del Estado es penalmente irresponsable y
sólo puede ser procesado por el Alto Tribunal de Justicia por el
supuesto de traición a la patria.
Algo más tarde, el 24 de septiembre, Chirac volvió a errar con una
apuesta de tipo electoral, cuando se sometió a referéndum una
reforma constitucional para recortar el mandato presidencial de los
siete a los cinco años. Aunque la iniciativa salió adelante con el
73% de los votos afirmativos, Chirac no obtuvo la expresión de apoyo
popular que esperaba al alcanzar la abstención el 70%. La consulta
era del todo innecesaria, ya que tanto el RPR como el PS habían
asumido la reforma y su aprobación por la vía parlamentaria estaba
sobradamente garantizada.
6. Un año político en clave preelectoral
Desde la presidencia de la UE en el segundo semestre de 2000, Chirac
acentuó su primacía en la conducción de la política exterior
francesa, tomando la delantera a Jospin en posicionamientos de
calado y con un ojo siempre atento a su imagen pública, pues en 2002
tocaba una doble cita con las urnas, presidencial y parlamentaria, y
nadie dudaba que acudiría de nuevo a la primera lid.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 de la organización
Al Qaeda contra Nueva York y Washington, Chirac fue el primer
mandatario europeo que visitó al presidente
George W. Bush, el 18 de septiembre, para expresarle sus
condolencias por las víctimas y ofrecerle la "total colaboración" de
Francia en la estrategia de respuesta militar en el seno de una
coalición mundial contra el terrorismo, aunque Estados Unidos
prefirió las intervenciones por su cuenta sobre las acciones
multilaterales con mandato de la OTAN, donde Francia y los demás
aliados europeos invocaron la autodefensa colectiva.
Así refrenada la alerta de combate inicial, la contribución gala a
la campaña militar en Afganistán en octubre de 2001 contra la red
terrorista del saudí Osama bin Laden y el régimen talibán afgano
consistió en el envío, vía Uzbekistán, de un contingente de
retaguardia para asegurar el estratégico aeropuerto de la ciudad
norteña de Mazar-i-Sharif y de algunos comandos para ayudar a los
estadounidenses en misiones de rastreo e interceptación por tierra.
En otro orden de cosas, en el verano de 2001 retornaron al primer
plano los sumarios sobre las sinecuras en el ayuntamiento parisino,
la adjudicación irregular de viviendas sociales por la misma
corporación, y el pago entre 1992 y 1995 con fondos de dudoso origen
de viajes privados de Chirac y su familia. La hija y consejera de
comunicación del presidente, Claude, fue llamada a testificar por el
juez instructor del sumario de los viajes y durante unas semanas se
creyó que la primera dama, Bernadette Chirac, podría ser también
citada.
En su discurso a la nación el día de la fiesta nacional del 14 de
julio, Chirac rebatió las "insinuaciones" y "calumnias" de las que
eran objeto su familia y su círculo de allegados, apuntó al PS como
instigador de las investigaciones judiciales en curso y rechazó que
los magistrados pudieran llamarle a declarar. Como hiciera el
Tribunal de Apelación año y medio antes, el Tribunal de Casación
zanjó en octubre que el jefe del Estado gozaba de inmunidad penal
mientras durara su mandato presidencial.
7. Abrumadora reelección en 2002 con regusto de victoria pírrica
El 11 de febrero de 2002 Chirac presentó su candidatura a la
reelección y desgranó las propuestas de su programa, que, reflejando
lo que decían las encuestas sobre la jerarquía de preocupaciones de
los franceses, estaba coronado por los temas de la delincuencia y la
inseguridad ciudadana. El líder neogaullista prometió una
"tolerancia cero" con los delincuentes, la reforma del sistema
judicial y la dotación de más medios a las fuerzas del orden.
En lo económico, propuso una política de reactivación fundada en
recortes sustanciales de los distintos tramos del impuesto sobre la
renta y del impuesto de actividades económicas, y en la exoneración
de cargas sociales a los empresarios que contrataran a jóvenes. La
semana laboral de 35 horas establecida por Jospin sería respetada,
pero como regulación estrictamente voluntaria y particular de cada
empresa, para no dañar las iniciativas privadas de mayores cotas de
trabajo y producción.
Chirac no convenció a dos líderes del centroderecha, François Bayrou,
presidente de la UDF y del principal de sus componentes, la
democristiana Fuerza Democrática (FD), y Alain Madelin, presidente
de Democracia Liberal (DL, el antiguo Partido Republicano de Giscard,
que abandonó la UDF en 1998), de que no presentaran sus candidaturas
presidenciales, aunque tampoco les presionó en demasía, ya que nadie
imaginaba en la primera vuelta del 21 de abril un escenario de voto
tan fraccionado como para poner siquiera en peligro el paso a la
segunda vuelta de los dos postulantes principales del centroderecha
y la izquierda.
Y sin embargo, lo que sucedió fue más perturbador y espectacular:
con el 16,9% de los votos, Le Pen, que maximizó los beneficios de su
campaña contra los inmigrantes y la clase política con las
habituales soflamas xenófobas, chovinistas y antieuropeas,
descabalgó a Jospin para la segunda ronda, sumiendo al PS en la
mayor humillación electoral de su historia. Chirac sólo superó en
tres puntos al jefe del FN y registró el más bajo resultado obtenido
por un candidato cabecero desde la instauración del voto
presidencial directo en 1965.
Aunque pírrica, la victoria de Chirac frente a Le Pen el 5 de mayo
estaba asegurada, y sólo faltaban por conocer los porcentajes. Así,
se dio la extraordinaria paradoja de que el presidente en ejercicio
con menos apoyo popular en la V República iba a arrasar en el
ballotage gracias al respaldo masivo de sus opositores políticos
para frenar a un tercer candidato en discordia, que era percibido
como un peligro para la democracia.
Todas las fuerzas del gobierno de la izquierda plural que
tenía los días contados -socialistas, comunistas, verdes, radicales
de izquierda y los soberanistas de izquierda de Jean-Pierre
Chevènement, éste un detractor furibundo del actual jefe del Estado-
llamaron a votar por Chirac en la segunda vuelta con distintos
grados de acrimonia y resignación, pero como una "reacción
republicana espontánea" que no admitía dudas sobre lo que se jugaba
el país y lo que procedía hacer.
Satisfecho de que se aceptara su llamada al cierre de filas táctico
en torno a su candidatura, Chirac diseñó una estrategia con atención
preferente a las legislativas de junio, que había que ganar también
para zafarse de la fastidiosa cohabitación con las izquierdas y
desarrollar su proyecto de presidencia reforzada, adquiriendo
atribuciones en política interior, fundamentalmente en la seguridad
pública, y copando el protagonismo en las políticas exterior y de
defensa.
Sin pérdida de tiempo, el 23 de abril se anunció la creación de la
Unión por la Mayoría Presidencial (UMP), concebida no meramente como
una alianza entre el RPR y la UDF para la presentación de listas
electorales conjuntas, sino como el embrión de un gran partido
unitario del centroderecha al servicio del presidente (Chirac, se
entiende). El proyecto venía fraguándose desde hacía meses e implicó
al RPR, la DL y dos fuerzas hasta entonces pertenecientes a la UDF,
el Partido Radical de François Loos y el Partido Popular por la
Democracia Francesa del ex ministro de Exteriores Hervé de Charette.
Sólo la familia política de Bayrou declinó unirse y optó por
mantener a flote la sigla de la UDF.
Mejorando los pronósticos, el 5 de mayo Chirac se deshizo de Le Pen
con un apabullante 82,2% de los sufragios (sobre una participación
del 79,7%) y al día siguiente, usando su atribución constitucional,
aceptó la dimisión de Jospin, sobre la mesa desde la noche de la
primera vuelta, y nombró primer ministro a uno de los dirigentes de
la DL más próximos al Elíseo y entregados al proyecto UMP, el
presidente regional Jean-Pierre Raffarin. El 7 de mayo tomó posesión
el gabinete, de equilibrio entre el RPR, la UDF y la DL, pero con
predominio de los chiraquianos de confianza y la presencia añadida
de algunos nombres independientes con poso intelectual.
El 16 de mayo Chirac prestó juramento de su segundo mandato, por
cinco años esta vez, confiado de poder trasladar los ecos de su
renovación triunfal a la composición de la Asamblea Nacional.
Ciertamente, los comicios del 9 y el 16 de junio de 2002 redondearon
el éxito de Chirac al recibir la UMP una confortable mayoría
absoluta de 357 escaños con el 33,7% de los votos. Un éxito, eso sí,
un tanto fortuito y mermado de legitimidad política, ya que el
malestar de la ciudadanía con las instituciones y los dirigentes de
la V República seguía intacto, siendo la mejor prueba la abstención
registrada en la segunda vuelta del día 16, el 39,3%, altísima para
los estándares franceses.
A mayor abundamiento, el efecto Le Pen tocó techo y el FN,
perjudicado por el sistema mayoritario, no obtuvo ningún escaño al
encontrar bloqueado el ballotage en sus circunscripciones más
fuertes por las listas comunes del centroderecha. Así las cosas, el
17 de junio Raffarin fue confirmado al frente del Gobierno por
Chirac.
El presidente francés está en posesión de la Gran Cruz de la Legión
de Honor, la Gran Cruz de la Orden Nacional del Mérito, la Cruz al
Valor Militar, la Gran Cruz del Mérito de la Orden Soberana de
Malta, la Medalla de la Aeronáutica y la Orden de Servicios a la
Patria de Rusia. Es igualmente caballero del Mérito Agrícola, de las
Artes y las Letras, de la Estrella Negra, del Mérito Deportivo y del
Mérito Turístico. Ha escrito los libros Discours pour la France à
l´heure du Choix, La Lueur de l´espérance: réflexion du soir
pour le matin (1978), Une nouvelle France, réflexion 1
(1994) y la France pour tous (1995).
(Última
actualización: 25 junio 2002) |