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290408 -
1904

Nace Salvador Dalí, el 11 de mayo en la calle Monturiol de Figueras.
Se le da el mismo nombre que a otro hijo nacido diez años antes y que
murió en 1901 a la edad de 7 años de meningitis. Este hecho será
traumático en su Biografía y en sus conversaciones nos hablará del
otro-yo, esto le crea gran desestabilidad emocional al tener que
llevar de pequeño flores a una tumba que tiene su nombre
1911
Acude a la edad de siete años a la escuela publica del maestro Traiter
cuyos métodos no son nada pedagógicos.
1912
A pesar de tener un padre republicano, federal y laico envía al joven
Salvador a la escuela religiosa de los Hermanos de la Doctrina
Cristiana. En este año ya tiene su primer estudio en la azotea de su
casa, entre otras cosas hace una reproducción en barro de la Venus de
Milo.
1914
Pasa a cursar Bachillerato en los Hermanos Maristas donde se hace
famoso por sus excentricidades y falta de afición a los estudios. Ese
mismo año cae enfermo y sus padres le envían a Casa de los Pichot,
familia de pintores y músicos, amigos de la familia y en el Moli de
la Torre descubre el Impresionismo francés, el Puntillismo, la obra de
Modesto Urgell y Fortuny, accede a la revista "L’Espirit Nouveau"
donde ve reproducciones de los cuadros cubistas de Juan Gris.
1919
Se lleva a cabo la primera exposición de su obra en el Teatro de
Figueras, donde unos años después se construirá el Museo Dalí.
1921
Muere su madre Felipa, acontecimiento que hunde a toda su familia en
la tristeza y que causará dos reacciones muy contradictorias en años
posteriores, por un lado le lleva a afirmar que "Me era totalmente
necesario alcanzar la gloria para vengar la afrenta que representó
para mí la muerte de mi madre, a la que adoraba religiosamente". Eso
fue después que años antes el grupo Surrealista le impusiera, como a
todos sus miembros, rechazar públicamente su pasado, su familia y sus
amistades. Para ello Dalí presenta un cuadro con la forma de un
Sagrado Corazón sobre el que escribe "Yo escupo sobre mi madre". Esto
provoca la ira de su padre que le expulsa del hogar en 1929, año del
incidente.
También
en 1921 viaja a Madrid con su padre y su hermana para hacer el ingreso
en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Dalí se aloja en
la Residencia de Estudiantes donde aparece vestido de luto con unas
patillas largas y melena, viste pantalones bombachos de cazador y en
las piernas lleva unas bandas que en Cataluña se llaman "mulataire"
que usaban los excursionistas y cazadores.
Acude
asiduamente al Museo del Prado y entra en contacto con la obra de
Freud. Es aceptado en el grupo de la Residencia formado entre otros
por Lorca, Buñuel, Moreno Villa, etc., cuando ven en su habitación un
cuadro en estilo cubista. Cambia en su pintura y en su forma de pensar
que se traduce en su forma de vestir: se corta el pelo y se lo peina
engominado, desaparecen las patillas y viste trajes de corte inglés,
aunque este cambio fue adoptado contradiciendo la opinión de sus
compañeros, pues el aspecto de Dalí llamaba la atención y en ocasiones
provocaba enfrentamientos y altercados que le ponían nervioso, pero
que divertían terriblemente a Buñuel.
1923
Es expulsado de San Fernando por apoyar a la cátedra vacante a Vázquez
Díaz.
1924-25
Acude a las clases de la Academia Libre, fundada por Julio Moisés y
sita en el pasaje de la Alhambra. Ese verano expone en la Galería
Dalmau y la críticia es unánime en elogios hacia el pintor de 21 años.
1925-26
Es readmitido en San Fernando. El 11 de abril y hasta el 28 de ese mes
lleva a cabo su primer viaje a París con su "Tieta" y su hermana,
Buñuel les recibe en la capital francesa y le presenta al grupo de
Españoles que reside en la ciudad y consigue ver a Picasso. De regreso
en Madrid, en junio se niega a ser examinado de Historia del Arte "por
tres ignorante catedráticos". Este hecho hace que le expulsen
definitivamente de la Real Acaemia de San Fernando. A partir de ahora
el escándalo y la excentricidad presiden su vida.
1929
Se marcha nuevamente a París, en esta ocasión para rodar junto a Luis
Buñuel Un perro andaluz.
Presenta su primera Exposición en París prologada por Andre Breton. En
verano vuelve a Cadaqués donde recibe la visita de Luis Buñuel, el
matrimonio Magritte y el matrimonio Eluard. Es el primer encuentro
entre Dalí y Gala y deciden no volver a separarse. Pinta el retrato de
Paul Eluard, El gran masturbador y Los placeres iluminados.
Desarrolla en varios escritos el método paranoico-crítico y pinta
conforme a él.
Dalí tenía 25 años cuando conoció a la rusa Gala, esposa del poeta
Paul Éluard, 10 años mayor. Estuvieron juntos hasta el final
1930
Se presenta La Edad de Oro. La Liga de Patriotas se manifiesta contra
la película y se destruyen los cuadros que decoran el vestíbulo de
Dalí, Miró, Tanguy y Max Ernst. Ilustra el Segundo Manifiesto
surrealista.
1933
Se marcha a New York con Gala. Expone en la Galería Julien Levi y a su
regreso a París es expulsado del movimiento surrealista a lo que Dalí
responde "No podéis expulsarme porque Yo soy el Surrealismo".
1936-39
Vive en Italia durante la Guerra Civil Española. Recibe con frialdad
la muerte de García Lorca y pinta entre otros Venus de Milo con
Espejos, El Enigma de Hitler. Nuevo viaje a Estados Unidos. Escándalo
en relación a la modificación del escaparate de los grandes almacenes
Bonwit-Teller. Cuando estalla la II Guerra Mundial, se instala en
Arcachon y cuando los alemanes invaden Francia, se traslada a España,
va a ver a su padre y sigue camino hacia Lisboa para viajar hasta
Estados Unidos donde reside hasta 1948.
1948
Regresa a España y se produce una vuelta al clasicismo en su obra.
Pinta las primeras obras religiosas, las dos versiones de Madonna de
Port Lligat. Escribe el manifiesto místico donde explica el arte
nuclear. Dalí esta cada día más marcado por una necesidad de destacar
y acentúa su excentrismo y su interés por el dinero y el poder.
1959
Inicia su ciclo de pintura histórica con El sueño de Cristóbal Colón.
1966
La Galería de Arte Moderno de New York le dedica la mayor
retrospectiva a un pintor vivo. Su obra y su vida empieza a ser todo
especulación y una vez más en busca de la notoriedad se proclama
contrario a la comercialización del arte. No se interesa por la
pintura que le es contemporánea.
1970
Publica Dalí, por Dalí. Ya han comenzado las obras para construir el
Museo Dalí de Figueras.
1974
Se inaugura el Museo Dalí de Figueras, coronado por una gran cúpula
geodésica obra de Pérez Piñero, es su segundo museo pues en 1971 se
inauguró otro en Cleveland, Ohio.
1979
Con motivo de su 75 cumpleaños se celebra una retrospectiva en el
Centro Pompidou de París, será uno de los últimos acontecimientos
públicos a los que acuda el pintor, siendo ya miembro de la Academia
Francesa de Bellas Artes.
1982
Gala muere el 10 de Octubre, Dalí abandona la pintura y su actividad
pública se reduce.
1989
El 24 de Enero muere Dalí en su castillo de Pubol y es enterrado al
día siguiente en el teatro-museo de Figueras
Gala, Ángel y Demonio La Musa perfecta
- Silvia Munt
Cuando se
habla de Gala flota siempre una eterna pregunta, una incógnita
inquietante que parece imprescindible descifrar para seguir adelante…
¿Era Gala un ángel o un demonio? Si pensamos, por ejemplo, en
Picasso,
Virginia Woolf, Einstein, Bill Clinton, Isadora Duncan, Frida Khalo,
Alma Mahler, Baudelaire, Warhol, o incluso el Papa, nos encontramos
con que casi todos los individuos interesantes lo son porque coquetean
con el ángel y el demonio que llevamos dentro. Gala, obviamente,
también se nutrió de su ángel y de su demonio para elaborar su
personaje y para dar altura a su oficio, el de musa. Porque era la
musa por excelencia, entendiendo que las musas deben ser intensas y
frívolas, religiosas y amorales, deben saber amar y ser amadas, deben
ser mujeres excitantes que despierten todo lo que está dormido, que es
mucho, sobre todo cuando hablamos de hombres geniales como con los que
Gala tuvo la suerte o la perspicacia de encontrarse.
Leda atómica, 1949. Fundación Gala-Salvador Dalí
Gala nace en
Kazán en 1894, aunque su infancia transcurrió en Moscú. Gala era una
niña hipersensible que padecía ataques de risa histéricos y que, según
ella dice, estaba enferma de los nervios. Se cría en una familia
conflictiva, con unas relaciones problemáticas, posiblemente
incestuosas, en un entorno económicamente precario, en un país muy
duro, con una climatología severa y una escena política llena de
adversidades. Rusia es un país trágico y profundo y éste es el marco
en el que Gala toma conciencia de la potencialidad de la vida interior
como reacción a un panorama desalentador. La sensibilidad de Gala
encuentra refugio en la familia Tsvétaeva, una familia culta que vive
para el arte. Las hermanas Tsvétaeva le muestran un camino artístico,
le enseñan la alternativa de la literatura como arma para sobrevivir.
Pero en seguida descubre que ella no tiene el talento creador de las
Tsvétaeva aunque, como ellas, necesita del arte para soportar la
existencia. Es entonces cuando crea su propio oficio, que consistirá
en reconocer al artista y estimularlo. Gala ya está preparada para
encontrarse con Paul Éluard.
En 1912, en el sanatorio de Davos (Suiza), Gala conoce a Éluard, un
adolescente frágil y tuberculoso que empieza a escribir sus primeros
poemas. Gala reconoce al artista, al creador, incluso en este estadio
tan primerizo, y concreta en él todo su potencial, uniendo así sus dos
pasiones: el arte y el amor por un hombre. Desde París, Gala escribe a
Éluard confesándole su absoluta dependencia y su amor incondicional.
Poco a poco irá mutando para convertir a la mujer romántica que era en
la mujer surrealista por excelencia; será la mujer de todas las
libertades: la libertad de creencia, la libertad de opinión, la
libertad de imaginación, la libertad cultural, la libertad sexual. Es,
por tanto, la primera mujer surrealista, en tiempo y en importancia,
ya que será la pareja de tres de sus máximos representantes: Éluard,
Max Ernst y Dalí. Y es eso, curiosamente, lo que llevará a Gala a no
ser bien vista por los surrealistas más puritanos y dogmáticos como
André Breton. Gala es la bruja, con todo lo que comporta de referente
extraordinario, perverso y esotérico. Es una mujer culta, con una
opinión propia y fundamentada y que muchas veces no es la misma que la
de sus contemporáneos. Pero a ella le da igual. No se somete a la
sociedad y no se deja intimidar.
En cuanto a la libertad sexual, a pesar de lo que se quiere hacer
creer, es Paul Éluard quien empuja a Gala a tener una vida sexual
abierta y desinhibida. Éluard es un hombre con sus propias obsesiones
que necesita mucho del sexo, del sexo con otras mujeres e incluso con
otros hombres, y Gala juega el papel que su marido le pide que juegue,
fiel a su concepto de entrega absoluta. Es él quien la invita a tener
relaciones con otros hombres, basta con leer sus cartas. Estas cartas
maravillosas que Éluard le escribe a Gala durante casi treinta años,
hasta su muerte, nos muestran el gran amor que los une, su gran
complicidad e incluso dependencia, y a la vez la imposibilidad por
parte de Gala de soportar la libertad que ellos mismos desean.
Después de unos años de matrimonio, Gala, primero empujada por los
fantasmas de Éluard, y cada vez más por su propia soledad, comienza a
relacionarse con los grandes hombres del surrealismo, amigos de Éluard,
como Max Ernst o Giorgio De Chirico; artistas que, según numerosos
testimonios, disfrutaban de una creatividad más rica y más interesante
cuando se relacionaban con ella. Gala se distancia paulatinamente de
Éluard y es en esta situación de soledad y desesperanza cuando Dalí
les invita a Cadaqués.
Era el año 1929 y para intentar evocar lo que debía ser el encuentro
de estos dos personajes lo mejor es remitirnos a las palabras del
propio Dalí: “Gala salió del coche, con el rostro displicente, en el
mismo instante en que yo estallaba en una de mis crisis de risa. Con
su intuición de médium, comprendió el significado exacto de mi risa.
Mi carcajada no era escepticismo; era fanatismo. No era frivolidad;
era cataclismo, abismo y terror. Gala me escuchó. Me adoptó. Fui su
niño, su hijo, su amante, me abrió el cielo y los dos nos sentamos en
las nubes, lejos del mundo. Me dijo: ¡NIÑITO MÍO! No nos separaremos
nunca”.
Gala abandona la existencia desahogada que tanto le había costado
alcanzar para comenzar desde cero, con un muchacho joven,
extravagante, desconocido, incomprendido y desheredado con quien se
instaló en una barraca de pescadores de cuatro metros cuadrados en
Port Lligat. Tendrá que ponerse a trabajar para superar esta situación
si quiere conseguir su objetivo: que Dalí pueda llevar a término su
obra. Es una época en la que ella le abre las puertas de París y
recorre las calles para vender los cuadros y las ideas de su amado
creador. A cambio, es cierto, lo empuja a trabajar con mucha
exigencia, cosa que Dalí nunca le reprochará.
Gala busca todas las formas posibles para que la obra de Dalí pueda
materializarse y también lo anima a escribir. El libro L'amour et
la memoire, que el editor francés se negó a publicar dado el
contenido obsceno de los poemas, llegó finalmente a imprenta gracias a
los esfuerzos de Gala, que imprimió el libro personalmente. Gala
también se encarga de crear el Zodíaco, un grupo de mecenas que
compran las obras de Dalí de manera rotativa, permitiendo que la
preocupación por el dinero pueda dar paso a la tranquilidad y a la
efusividad creadora. Pero hay que tener muy presente que la influencia
que ejerce Gala sobre Dalí no se limita sólo a un nivel meramente
económico o práctico. Dalí absorbe a Gala. Entroncando con la teoría
daliniana que expresa el deseo de comerse a los seres queridos para
asimilarlos, podríamos decir que Dalí fagocita a Gala y con ella toma
posesión de sus creencias, de sus filosofías. Gala selecciona buena
parte de la biblioteca de Dalí, mostrándole así el camino hacia un
mundo que fascina al pintor. Dalí entra en contacto con el mundo de lo
invisible, con el mundo del esoterismo, de la “verdad” entendida como
intuición y no como pensamiento empírico. Gala llega al extremo de
convencer a Dalí para que estudie la técnica de la pintura de los
maestros clásicos, aportándole una maestría que el pintor le reconocía
siempre que tenía ocasión.
La voluntad de alejarse de los conflictos bélicos que sacudían Europa
en 1940, y la necesidad de encontrar un refugio donde Dalí pudiera
llevar a término su tarea, hacen que la pareja se embarque hacia Nueva
York. Es un momento especialmente pletórico para Gala. Como desagravio
de todo su pasado, hará que se pague lo más caro posible al artista.
Crea un imperio de marketing, inventando el concepto de Dalí
como marca registrada.
La estrecha relación tanto personal como profesional que comparten
Gala y Dalí durante sus primeros veinte años no será la misma que en
sus últimos años de convivencia. Otra vez, la historia se repite; el
hombre se le escapa, pero en esta ocasión es diferente. Dalí necesita
un entorno que lo halague, unas criaturas que lo sorprendan y Gala
comienza a requerir la tranquilidad de una pareja más discreta. Es por
eso por lo que sin desvirtuar, sin romper su relación, también
comienzan a tener necesidades eróticas diferentes. Dalí es un voyeur,
necesita de un espectáculo que le entre más por la vista que por el
cuerpo y Gala necesita el amor del hombre, el amor pasional que busca
desesperadamente con los diferentes amantes que va encontrando hasta
el final de sus días. Los dos mantienen vidas paralelas que los
alimentan para poder volver al matrimonio más fuertes, más amantes,
con energías renovadas que les permitirán sobrevivir hasta el final de
sus días.
No creo necesario hablar de la etapa más decadente de Gala y Dalí.
Tuvieron una vejez difícil, yo diría que muy dura porque vivieron al
límite, exprimieron la vida hasta sus últimas consecuencias y, en
estas circunstancias, la vejez se les hizo insoportable. Es posible
que Gala cayera en su propia trampa, obsesionándose por el dinero, con
verdadero terror de verse algún día arruinada. Pero es cierto que toda
su energía, toda su inteligencia y toda su pasión las encauzó de una
forma coherente hacia las dos cosas que le importaban: el amor vivido
con la máxima pasión y el arte como medicina para soportar la
existencia.
Se podrán decir muchas cosas de Gala, su crueldad hacia los enemigos,
su intransigencia con los colaboradores comerciales, su competitividad
con el sexo femenino… pero nunca se podrá decir que no quiso por
encima de todas las cosas a su marido, a su niño, a su pequeño Dalí.
Vivió para él, también es verdad que vivió de él, pero para eso tuvo
que anularse, para entrar en lo más íntimo del espíritu del hombre
creador. Sólo puedo sentir fascinación por los momentos sublimes que
Gala y Dalí vivieron como amigos, como pareja, como colegas, aunque
después hayan tenido que pagar el precio altísimo de su propia
decadencia. Pienso que Gala enalteció el concepto de musa. Después de
Gala, el sentido de la palabra musa ya no volverá a ser el mismo. Gala
era la auténtica musa. Inspiró, excitó, divirtió, dio confianza,
estimuló a los hombres que tuvo a su lado de una manera superlativa,
genial.
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