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T.
S. Eliot: poeta de entreguerras
Biografía - José
L. Caramés
Lage -
Thomas Stearns Eliot nació en St. Louis, Missouri,
Estados Unidos, el 26 de septiembre de 1888.
Fue el menor de seis
hermanas y dos hermanos. De ascendencia europea y calvinista, sus
antepasados británicos llegan al siglo XVII y a la región de Somerset,
emigran a Nueva Inglaterra, Boston en el año 1669.
De familia acaudalada, su padre,
Henry Ware Eliot (1843-1919) se dedica a los negocios y, a la banca.
Su madre, Charlotte Champe Stearns Eliot (1843-1929) de familia de
raigambre, descendiente de los primeros colonos de Massachussets,
trabajó como docente, desempeñando actividades filantrópicas y
escritora de biografías (la de su suegro al que tenía alta
consideración) y poeta, parece influir en su hijo. Disfruta, además,
de la compañía de una niñera irlandesa y católica, de nombre Annie
Dunne, a la que tenía un especial cariño.
De adolescente, practica el
deporte de la vela y se hace amigo de los pescadores locales
que le van a inspirar para escribir algunos cuentos como “A Tale of a
Whale” y “The Man Who Was King” ambientados en el Pacífico Sur.
Asiste como estudiante a la
Smith Academy de St. Louis desde el
año 1898 hasta el 1905, institución fundada por su abuelo. Destaca,
desde el comienzo de sus estudios en todo lo que hace, desde la Lengua
y Literatura Inglesas hasta el griego, obteniendo premios y menciones
honoríficas. En el año 1905, aconsejado por uno de sus profesores,
publica en la revista literaria de la Academia, dos poemas titulados
“A Fable for Feasters” y “To Be Shown to Others´Eyes”.
En el curso académico 1905-1906 y,
coincidiendo con el último curso del bachillerato antes de la
universidad, estudia en la Milton Academy, escuela muy
selecta y de inspiración religiosa unitaria, también ubicada en
Massachussets. Estudio con gran éxito Latín, Historia y Física.
En otoño del año 1906 entra en la
Universidad de Harvard, lugar de privilegio tanto religioso
(unitarios) como intelectual (élites) y sitio de entrenamiento para
dirigir el país. En su familia tiene miembros importantes como un
primo de su abuelo llamado Charles WIlliam Eliot que era el
representante y promotor de la Metafísica harvardiana. En esta teoría,
se rechazaba la categoría de autoridad en materia religiosa, es decir,
el pecado entendido a la manera tradicional que exigía la Redención
para aproximarse más a una especie de materialismo defensor de la
Nación y de las ideas de progreso y bienestar. Quizás, estas ideas van
a influir en nuestro artista, en cuanto a su actitud hacia un tipo de
sensibilidad social muy abstracta, cierta complacencia por lo
convencional y cierto elitismo o pretenciosidad
cultural que empapaba a la buena sociedad bostoniana.
En Harvard estudia griego,
literatura inglesa, alemán, historia medieval e historia del arte. Más
adelante en su licenciatura (1906-1909) ampliará conocimientos sobre
la literatura francesa y alemana y, la historia de la filosofía.
Además, relacionará a la literatura inglesa con las literaturas
europeas, sobre todo con la latina t la renacentista europea.
En sus estudios se va a inclinar
por la obra de Dante y la de John Donne y su poesía metafísica. En
1907 publica algunos poemas en la Revista universitaria de Harvard,
The Harvard Advocate.. La experiencia le va
a introducir en los simbolistas franceses como Rimbaud, Verlaine,
Corbiére, etc. que le van a dejar una huella profunda, sobre todo en
cuanto a su técnica tan experimental e introductora de ideas
innovadoras en el Arte.
En el año 1909 comienza sus
estudios de postgrado en la Graduate School of Arts and
Sciences. Allí elige para sus estudios materias del tipo de la
Historia del Teatro inglés, Crítica Literaria e Historia de la
Filosofía. Al finalizar el año y, una vez obtenido el título,
marcha a la Universidad de la Sorbona en París, influido por el
movimiento simbolista.
En la universidad francesa asiste
a las clases de Henri Bergson y Alain Fournier. Se especializa en el
poeta italiano Dante y escribe , además de viajar a Munich y a Italia.
A mediados del mes de septiembre de 1911 vuelve a Harvard
matriculándose en el Doctorado de Filosofía. La va a hacer sobre F. H.
Bradley y su conocimiento y experiencia. Su trabajo se publicará un
año antes de su muerte en el año 1964. Estudia, además de la Filosofía
francesa y alemana, religión, haciendo hincapié en el Hinduismo y el
Budismo, además del Sánscrito.
En el período que pasa en Harvard
es nombrado profesor ayudante de la asignatura de Filosofía. Conoce a
Bertrand Russell (1872-1967), profesor visitante en la universidad y,
después de obtener una beca de ampliación de estudios, viaja hasta la
universidad alemana de Marburg. Debe abandonar pronto el territorio
alemán, estamos en el año 1914, pues la Primera Guerra Mundial va a
comenzar.
Se traslada a Londres, mes de
agosto de 1914 y allí, al cabo de unas semanas conocerá a Ezra Pound
(1885-1973) que ayudará a introducirse en los ámbitos literarios
británicos y con algunos manuscritos de sus obras, como por ejemplo,
The Waste Land. El curso académico de 1914-15 lo pasa en
la Universidad de Oxford, Merton College, en donde completa su Tesis
Doctoral y sigue con sus estudios de filosofía clásica.
A finales de 1915 enseña francés,
alemán e historia en una escuela de bachillerato pero parece que la
profesión de maestro no es lo suyo. En este año contrae matrimonio con
Vivien Haigh-Wood, amiga de una de sus hermanas. En el año 1930 su
esposa contrae una enfermedad mental y comienzan a
vivir separados. fallece en 1947. Prefiere la banca a la enseñanza y,
en el año 1917, entra a formar parte del Lloyds Bank de Londres.
Aquí permanece 9 años, trabaja en la Revista The
Egoist y escribe de manera constante.
En 1917 se publica
Prufrock and Other Observations; publica en la editorial de
Virginia Woolf y su marido, Hogarth Press; en el año 1920 publica
Gerontion, la colección de ensayos críticos The
Sacred Wood y a comienzos de 1922, empieza a escribir The
Waste Land que se editará en 1922 y que lo
consagrará como gran escritor.
Durante el período de 1917 a 1925
, Eliot sufre de un colapso nerviosos y viaja a Lausana en donde se
psicoanaliza. En 1927 se hace británico. En el año 1956 nuestro poeta
le propone matrimonio a Valerie Fletcher, su secretaria, que llevaba 8
años trabajando con él. Se casaron en enero de 1957.
En 1943 toma forma de libro su
pieza maestra The Four Quartets. cada cuarteto es un
poema completo y algunas partes ya habían sido publicadas años antes.
después de la Segunda guerra Mundial, vuelve a escribir teatro con
obras tan importantes en la Literatura del Siglo XX como The
Cocktail Party (1949), The Confidential Clerk (1953),
The Elder Statesman (1958).
Caso aparte merecen sus libros de
crítica, muy pragmática. Escribe The Sacred Wood ( 920)
en donde sobresale el ensayo titulado Tradition and the
Individual Talent. En este libro el poeta
señala que las influencias que pueda tener un creador le servirán
siempre para mejorar lo que ya hay escrito y hacer una tradición
propia que rompa con la anterior. Quizás, esto esté claro en su obra,
dada su capacidad intelectual que era mucha
Escribe también The
Use of Poetry y The Use of Criticism
que aparecen en 1933. Aquí se recopilan
muchas de las clases y conferencias que dio en Harvard.
También escribe unos volúmenes sobre Sociología, quizás aquí
haya que ver la influencia de su madre y hermana.
Thoughts After Lambeth
(1931), The Idea od a Christian Society
(1939) y Notes Towards the Definition of Culture
(1948). Además, tenemos que
mencionar a su Dante, de 1929.
El máximo reconocimiento le llega
con el Premio Nobel de Literatura y con la Orden del Mérito que le
otorgó el rey Jorge VI en el año 1948. Un año antes de su muerte, su
país le concede también la medalla presidencial de la libertad.
En 1959 viaja con su esposa a
Nassau en las Bahamas por causa de su enfermedad, un enfisema. En 1964
cae profundamente enfermo pero, parece un milagro, se recupera hasta
la Navidad del año 1965 en la que cae otra vez enfermo y fallece el 4
de enero de 1965.
T. S. Eliot: poeta
de entreguerras -
Harold Alvarado Tenorio -
Fuente
Poéticas
La primera mitad del siglo XX conoció tres guerras como nunca antes
había vivido el hombre: la llamada Gran Guerra, la Civil Española y
la Segunda Guerra Mundial. Pero los cincuenta años precedentes,
gracias a la Pax Victoriana y la Entente Cordiale, habían producido
en los europeos una alucinante euforia acerca del futuro. Desde la
Guerra Franco-Prusiana de 1870, la vieja Europa no había tenido
agitaciones sociales de gran importancia, y las conflagraciones se
creían confinadas a las zonas marginadas de Asia, Africa o América
Latina. A Thomas Stearns Eliot le tocó vivir, y ser testigo, del fin
de una época donde el hombre de Occidente hundió su alma en un mundo
sin Dios, para encontrarse, luego, sumido en una fe laica, sin
esperanza.
Twenty years largely wasted, the years of l'entre deux guerres
Nacido en San Luis en 1888, descendía de un zapatero que emigró a
Boston. Su abuelo paterno había estudiado teología en Harvard y no
sólo fue partidario de los estados norteños durante la Guerra de
Secesión, sino que escribió varios volumenes sobre temas didácticos
y morales, aparte de ser el fundador de la Iglesia Unitaria de San
Luis y de la Washington University, de la que fue canciller. Su
padre hizo estudios en esa universidad y llegó a ser presidente de
una industria local. Su madre, hija de un comerciante de Boston,
redactó un extenso poema dramático sobre el martirologio de
Savonarola y una biografía sobre su suegro.
Fundada como un lugar para comerciar sobre el Mississipi y el
Missouri, San Luis estuvo sucesivamente bajo el dominio de las
coronas francesa y española hasta cuando pasó a formar parte de los
Estados Unidos. Cazadores franceses, tramperos canadienses,
barqueros, indios, esclavos y mestizos fueron sus primeros
habitantes. Al nacer Eliot, era una próspera y corrupta ciudad
comercial de medio millón de habitantes y tenía uno de los sectores
residenciales más lujosos del mundo, con numerosos parques adornados
con estatuas de Colón, Shakespeare, Humbolt o Schiller. Incendios,
inundaciones, tornados y epidemias la asolaron durante el siglo
pasado: un incendio consumió el puerto; el cólera causó la muerte
del 20% de la población; un ciclón destruyó 8500 de sus edificios.
En el tercer Cuarteto, Eliot recuerda su infancia al lado del río:
Poco sé de dioses, pero creo que el río
es un fuerte dios oscuro -hosco, indómito, intratable,
paciente en cierto grado, reconocido desde un principio
como frontera;
útil, de poco fiar, como un comerciante;
luego, sólo un problema para quien erige puentes.
Resuelto el problema, el dios queda olvidado
por aquellos que habitan ciudades, siempre, sin
embargo, implacable,
con sus eternas estaciones e iras, destructor.
recordando
a los hombres aquello que olvidan. Sin honor, desfavorecido
por adoradores de máquinas, esperando, no obstante,
observando, esperando.
Su ritmo estaba presente en la alcoba del niño,
en el lozano ailanto de abril,
en el olor de las uvas en la mesa del otoño
y el vespertino círculo de la luz de invierno
Hizo estudios en San Luis y se trasladó a Boston para estudiar por
tres años en Harvard College, junto a Irving Babbit y George
Santayana.
Boston era, a comienzos de siglo, una ciudad cosmopolita donde más
de un tercio de sus seiscientos mil habitantes eran extranjeros.
Siendo uno de los centros manufactureros más importantes, no había
dejado de destacarse por sus artistas, escritores, museos, salas de
concierto, bibliotecas y centros de educación. Su museo de Bellas
Artes exhibe, desde entonces, una buena colección de estatuaria
griega y otra de cerámica y pintura japonesa. La biblioteca pública
albergaba cerca de un millón de volumenes, e incluía unos siete mil
en portugués y español y otros tres mil de y sobre Shakespeare,
además de una extensa colección sobre etnología y antropología. El
M.I.T., la Universidad de Boston, el Conservatorio de Música de
Nueva Inglaterra y la Universidad de Harvard eran sus más notables
instituciones de educación superior. Había diecisiete salas de
teatro, una orquesta sinfónica, otra filarmónica y una compañía
estable de ópera. Boston fue el más importante centro de la
literatura de los Estados Unidos en el siglo XIX. Revistas como
North American Review y Atlantic Monthly, junto a los diarios Boston
Herald, Boston Globe, Evening Transcript y Post, son testimonio del
vigor de su literatura y periodismo durante los años de juventud del
poeta.
En 1910 Eliot se mudó a París para estudiar, literatura francesa y
filosofía con Alain Fournier y Henri Bergson en la Sorbona.
"El predominio de París era indisputable, -recuerda Eliot- la
poesía, es verdad, estaba de alguna manera en eclipse; pero había
allí una enorme variedad de ideas. Anatole France y Remy de Gourmont
aún exhibían sus enseñanzas y ofrecían a los jóvenes cierto
escepticismo que podían abrazar o repudiar; Barrés vivía en la cima
de su influencia y reputación. Péguy, más o menos bersoniano y
católico y socialista, se había vuelto importante, y la juventud era
distraída por Gide y Claudel. Vildrac, Romains, Duhamel
experimentaban con versos que parecían esperanzados, aunque fueron
siempre, pienso, defraudantes. Algo se esperaba de Henri Franck, el
tempranamente desaparecido autor de La danse devant l'arche. En la
Sorbona, Faguet era una autoridad para ser atacada violentamente;
los sociólogos Durkheim y Lévy-Bruhl sostenían nuevas doctrinas;
Janet era el gran sicólogo; en el Colegio de Francia, Loisy
disfrutaba de su escandaloso prestigio; y sobre todos ellos flotaba
la figura de araña de Bergson…"
París vivía uno de sus gloriosos momentos: La Belle Epoque, el París
de los sueños de grandeza de una burguesía que olvidaba los años
difíciles y que estaba encantada de tener una Ciudad Luz donde
albergar, en sus espléndidos salones, a zares, emperadores, reyes,
marajás, los príncipes y las princesas, los nuevos ricos, los
banqueros, los apaches y los anarquistas. Una época de gloria que
duró sólo catorce años: entre la Exhibición Universal y el estallido
de la Gran Guerra.
Todo había comenzado con el fin del pesimismo, y la creencia de que
el siglo que se iniciaba sería de la felicidad y prosperidad que
ofrecían los nuevos inventos y descubrimientos: la electricidad
dejaba sumidas en el olvido las noches alimentadas con velas y
carbón mineral; la clase obrera obtenía mejores condiciones de vida,
el transporte masivo y el crecimiento de la población aseguraban el
progreso de la "civilización", y una creciente clase media que se
regocijaba con el ascenso al trono de Inglaterra de Eduardo y
Alejandra y con los viajes del Orient Express y el North Start
llevando a cuestas las familias reales de Rusia, España, Portugal o
Bélgica. Viajes, salones, cenas y fiestas que serían retratadas para
siempre por Marcel Proust en A la recherche du temps perdu y por
D'annunzio en Il piacere. El mundo, en fin, del fiasco de Panamá,
del aumento de las enfermedades venéreas, del escándalo Deyfrus y el
proceso a Wilde, de Toulouse-Lautrec, del Molino Rojo, el Casino de
París, el Gato Negro, los filmes de Edwin Porter, los ballets de
Daighilev, la música de Manhler y el tango.
En el otoño de 1911 Eliot regresó a Harvard Graduate School y estuvo
allí por tres años estudiando sánscrito y filosofía hindú. De ese
año data la composición de The love song of J. Alfred Prufrock y el
inicio de la redacción de su trabajo de grado Experience and the
objects of Knowledge in the Philosophy of F. H. Bradley que concluyó
en 1916, pero nunca presentó para la obtención del título de doctor.
Bradley fue el primer interés filosófico de Eliot y sin duda el
pensador que más influiría en su obra, especialmente en los Cuatro
Cuartetos, y en su proceso de conversión religiosa, esa especie de
escepticismo, a medio camino entre la resignación y la desesperanza,
que hizo a Borges "conservador", en un continente donde la mayoría
de sus colegas se adscribieron al marxismo y la revolución.
F. H. Bradley usó como tema central de su obra el viejo y nuevo
contraste entre la apariencia y la realidad. En Appearance and
Reality la experiencia es sólo apariencia por ser irracional,
contradictoria e incomprensible y estar basada en las relaciones,
que son inconcebibles. Así, lo aparente es una acumulación de
impresiones ilógicas y autocontradictorias de tiempo, espacio,
cambio y casualidad, donde existe una fisura entre el objeto y el
sujeto, entre "lo mío" y "aquello". Bradley opone a lo aparente un
absoluto donde se "reconciliarían" esas contradicciones, absoluto
que sólo podemos alcanzar mediante la experiencia inmediata, donde
realizamos todos nuestros raciocinios, voluntades y sensaciones. De
allí la importancia del fragmento de un texto de Bradley que Eliot
cita en las notas a The Waste Land:
"Mis sensaciones externas no son menos privadas para mi mismo que
mis pensamientos o mis sentimientos. En ambos casos mi experiencia
queda dentro de mi propio círculo, un círculo cerrado al exterior;
y, con todos sus elementos por igual, cada esfera es opaca a las
demás que la rodean… En resumen, considerado como una existencia que
aparece en un alma, el mundo entero para cada cual es peculiar y
privado de esa alma."
Imposibilitado para alcanzar lo absoluto, al hombre sólo queda un
camino en la filosofía bradleiana: repetir los actos tratando de
romper nuestras apariencias y las de otros. Vamos de irrealidad a
irrealidad. El hombre no puede resistir el peso de lo real.
A los diecinueve años, en Harvard, Eliot descubriría al poeta
francés Jules Laforgue, a través The Symbolist Movement in
Literature del crítico inglés Arthur Symons. Para los simbolistas,
la totalidad de la realidad empírica es la imagen de un mundo de
ideas sólo asible mediante las correspondencias que el símbolo
establece entre los objetos; imágenes que pueden evocar por las
ideas que representan, así sean distantes entre sí. El simbolismo
supone que siendo imposible expresar algo válido sobre la realidad,
usando la conciencia, el lenguaje puede descubrir, dando paso a la
iniciativa de las palabras, automáticamente, relaciones entre ellas.
Del simbolista Laforgue usó Eliot para sus primeros poemas, los
publicados en Harvard Advocate y que incluiría en Prufrock and Other
Observations. Laforgue empleó en sus textos una fina ironía que
venía del lenguaje de las canciones populares, la charla de los
cafés y el argot de las ciudades, sin abandonar la rima y el ritmo,
pero versificando libremente en sus poemas evocativos y memorosos.
Para Laforgue, mucho de lo que habitualmente aceptamos por real no
existe, así busquemos significados últimos en la hueca apariencia y
el tiempo cíclico. Para él, sólo eran reales los momentos de intensa
experiencia.
En Las tres voces de la poesía, Eliot sostiene que el poema en
primera persona del singular, poema lírico o "versos meditativos",
corresponde a la voz del poeta que "habla consigo o con nadie".
Luego, al referirse al proceso de la creación, sugiere que al poeta
parece sólo interesarle expresar, "con un oscuro impulso", su
historia, sus connotaciones, su música: "está oprimido por una carga
que debe dar a luz para sentirse aliviado, está obsesionado por un
demonio contra el cual se siente impotente, porque sus primeras
manifestaciones no tienen rostro, ni nombre, ni nada; y las
palabras, el poema que compone, son una especie de exorcismo contra
el demonio". En esa lucha para expresar y abolir el demonio que
demanda al poeta expresarse -el mundo ofrecido como novedad-, el
poema se construye, en el caso de Eliot, a partir de referencias
menos gramaticales que sicológicas. Una búsqueda que lleva a la
mente al encuentro de lo perdido a través de las varias presencias
de lo inmediato. "La única manera de expresar la emoción, en una
forma artística, es la de encontrar un objetivo correlativo"
-escribió Eliot en Hamlet and his Problems-; "en otras palabras, una
serie de objetos, una situación, una cadena de acontecimientos que
habían de constituir la fórmula de esa particular emoción, de modo
que cuando los hechos externos, que deben acabar en experiencia
sensorial, se produzcan, surja de inmediato, la emoción".
En 1915 contrajo matrimonio con Vivien Haigh-Wood, luego de haber
estudiado, por algunos meses, en Menton College, filosofía griega.
Vivien era, según Osbert Sitwell, al momento de conocer a Eliot, una
joven más simpática que hermosa, hipersensible, y con un sentido del
humor que llegaba a veces a la crueldad. Sus padres pertenecían a la
clase media alta de la sociedad Eduardiana. Según Ackroyd, Eliot
llegó virgen al matrimonio y Vivien fue para él una revelación
sexual como emocional. Durante un tiempo trabajó en Highgate Junior
School enseñando francés, latín matemáticas, pintura, natación,
geografía, historia y baseball. Luego entraría a la sección de
comercio exterior del Lloyd's Bank Ltd y más tarde a Faber & Faber,
como editor. Hablando de su empleo bancario y su experiencia como
maestro, dijo: "Conozco por experiencia que ese trabajo bancario de
9:15 a 5:30, y una vez cada cuatro semanas el sábado entero, con dos
semanas de vacaciones al año, era menos malo, comparado con la
enseñanza en la escuela".
A
pesar de las expectativas de Eliot por su matrimonio, esas nupcias
fueron el error de su vida. A poco de casarse Vivien diría a sus
amigos que aun cuando él era bien parecido y de buenos modales,
había engañado su imaginación. Los meses siguientes fueron para ella
de constantes enfermedades nerviosas que se prolongarían por el
resto de sus días. "Pobre Tom Eliot, casado con la hija de una
casera", dijo Roy Campbell a Russell Kirk.
The love song of J. Alfred Prufrock es el canto de un ser escindido
entre la pasión erótica y la timidez, un poema sobre la frustración
de vivir en un "mundo irreal". Eliot ha puesto como epígrafe a este
poema unos versos de Dante, donde la llama que representa a Guido
Montefeltro, al ser invitada a identificarse, responde:
Si yo creyese que dirijo mi respuesta
a persona que vuelve al mundo,
Esta llama dejaría de agitarse.
Pero como nadie regresó de este fondo
Nadie vivo volvió, si es verdad lo que oigo,
Sin temor a la infamia, te responderé.
Guido está en el octavo foso, del octavo círculo, por mal consejero.
Quien habla en Prufrock ofrece también consejo.
El poema abre con un "vamos, pues, tu y yo". ¿Quiénes son este tu
objetivo y ese yo subjetivo? Parece que tu fuese la dama con quien
yo tendrá una cita, pero avanzando aprendemos que no es otro que su
parte escindida, con quién no está en armonía. Es la hora del té y
la tarde tiene un carácter inusual que viene del estado de ánimo de
quien habla. Ve la tarde bajo una mesa de operaciones, anestesiada,
inactiva para no sentir dolor, dolor producido por amor. Sabremos
luego la hora de la visita y el camino que tomará por calles
sórdidas que conducen a tediosos interrogantes, mientras allá, las
mujeres vienen y van hablando de un pintor italiano.
La imagen de la niebla, como un gato que pasa su lomo sobre las
vidrieras de las ventanas, ofrece otro reflejo del estado de ánimo
de Prufrock: sus deseos terminan en inercia, piensa en posponer el
presente, ya habrá un futuro, un momento propicio para la vida y el
amor. Y estando conforme, el siguiente fragmento aumenta en tensión
al preguntar: ¿Seré capaz de molestar al universo?, mientras
asciende en la escalera queriendo recular y se ve calvo y
almidonado.
En el momento cuando Prufrock se halla casi en la habitación donde
las mujeres van y vienen hablando de Miguel Angel, rememora las
épocas que ha conocido, su vida medida en cucharitas de café, vida
vivida sin control de si que señala la ilegitimidad de sus
presunciones para perturbar el orden aceptado. A medida que se
acerca a ellas crece la intimidad: voces, ojos, brazos que van
colocándole en el punto justo de ese orden establecido,
clasificándole, sin que se decida a aceptar o negar el formulismo
que le clasifica o a romper con el pasado. Y estando dispuesto a ser
juzgado, sabe que no es un profeta -como Juan el Bautista- (el héroe
de Salomé, de Wilde). Su calvicie crece, su cabeza es presentada en
un plato. Vuelve al pasado para buscar las causas del fracaso, la
imposibilidad de comunicarse con la amada, la necesidad de
comprenderse a si mismo, conversando de tu a tu y como Lázaro,
regresar de entre los muertos y decir lo que quería decir.
Sabe que no es Hamlet, sólo un áulico, un bufón que envejece y debe
subir el doblez a los pantalones. Las sirenas no cantarán para él.
Las ha visto cabalgando la mar. No será amado, el mundo es demasiado
para él, su escindida personalidad, medio frívola, medio tímida,
debe ahogarse, porque como dice Montefeltro "nadie ha regresado de
este fondo".
Leonard Unger ha dicho que Prufrock es símbolo del aislamiento
individual en nuestro tiempo, de la imposibilidad de comunicación a
que estamos sometidos. Según el crítico, hay antecedentes del tema
en los cuentos Moralités Legendaires de Laforgue, especialmente en
la titulada Hamlet, donde retocó con ingenio e ironía la figura del
alienado príncipe. Un pasaje de la versión laforguiana del monólogo
del cementerio dice:
"Ah! A mi me gustaría a partir mañana y rebuscar por todo el mundo
los más dramáticos procesos de embalsamamiento. Aquellas gentes
también fueron humildes comparsas de la historia, que aprendían a
leer, se retocaban las uñas y encendían cada noche la sucia lámpara;
pueblo que sentía amor, glotón, vano, amigo de lisonjas, de
apretones de manos, de besos, que pasaban la vida chismorreando en
la plaza y que decía: ¿Qué tiempo tendremos mañana? Ya está aquí el
invierno… Este año no hubo ciruelas."
Como en las telas de Edward Hooper, un mundo en crisis está
retratado, en Prufrock, en lugares comunes de desolación, sugiriéndo,
más que narrando, el drama de los seres del siglo XX, solos en su
cansancio y abandono de sí, esperando nada del destino, asomados en
mangas de camisa a ventanas sin horizonte; viviendo en estrechos
callejones, en sucios bares y hoteles de una noche; comiendo en
restaurantes con el piso lleno de aserrín; personalidades definidas
por la mezquina realidad que les circunda.
Prufrock es un Hamlet moderno cuyas actitudes coinciden con las
ideas de Bradley. La disposición de su ánimo, la conciencia de si y
el sentimiento personal, se continúan e identifican con el mundo
exterior. "La identidad de una persona -ha escrito Unger- la define
su propio mundo y es tan difícil zafarse de lo uno como de lo otro",
y concluye: "La huida de Prufrock desde la fea realidad hacia lo
bello e ideal, su ensoñadora visión de las sirenas, tan sólo se
mantiene durante corto tiempo, hasta que humanas voces despierten y
nos ahoguemos".
"Con inocencia, con cuanto entusiasmo, los europeos de 1914
respondieron a las llamadas de las alarmas, -dice el redactor de The
Columbia History of the World-. Nadie previó ni siquiera los
contornos del desastre que se avecinaba, y la mayoría recibió la
guerra como una patriótica aventura. Después de una década de duras
crisis y de una ascendente carrera armamentista, había creído en un
posible arreglo final, pero tras las décadas de paz habían olvidado
cómo era una guerra y sólo unos pocos sospechaban que una guerra
moderna podía multiplicar los terrores de los conflictos recientes.
Los europeos fueron a las batallas con algo parecido a la
exultación, orgullosos de su patriotismo y seguros de su causa,
convencidos de un victorioso fin en corto tiempo. Fue la última
ocasión, en nuestra civilización, que una guerra pudo ser asumida de
esa forma."
A finales de 1914, en sólo unos cuantos meses los ejércitos
británico y francés habían perdido millares de sus hombres. Las
jóvenes élites de sus ejércitos habían sido diezmadas. En las
trincheras, húmedas y llenas de ratas, millones de soldados
hacinados combatían, entre la monotonía y la muerte, frente a las
poderosas ametralladoras, los bombardeos de los zepelines y el gas
venenoso de los alemanes. Guerra que en una sola batalla, la de
Somme, dejó, entre muertos, heridos o capturados a medio millón de
ingleses, e hizo pensar a Clemenceau que había sido muy compleja
para dejarla pelear sólo a los soldados, y exclamar a Kipling:
"¿Quién nos devolverá a nuestros niños?".
La guerra no sólo transformó a los individuos sino que produjo un
nuevo estado, luego de décadas de liberalismo teórico y práctico. El
"estado guardián" se convirtió en el movilizador de hombres y
propiedades, en el supremo rector de la vida económica, en el censor
de la expresión y el manipulador de las conciencias. La libertad
individual quedó lesionada. Mientras los civiles sacrificaban las
comodidades sufriendo privaciones, los soldados padecían temores
diurnos y nocturnos aliviados apenas por la camaradería, pero todos
vivieron bajo la amenaza de una muerte inminente. La propaganda mudó
al hombre. La propagandocracy pasó de la melancólica frase "ama a tu
país y defiéndelo", a una temible y realista: "odia a tu enemigo y
mátalo".
El "viejo orden" se fue desmoronando con una vertiginosa rapidez. El
Zar abdica en marzo; en noviembre, los bolcheviques derrotaban a
Kerensky. Para el otoño de 1918 todo había caído en el caos: el
armisticio era firmado en noviembre, imponiendo a Alemania una paz
humillante. En Versalles, en junio de 1919, el mapa de Europa había
cambiado drásticamente.
Los próximos poemas de Eliot serían concebidos entre las noticias de
este mundo repulsivo. Las matanzas, sin sentido ni paralelo, habían
conmovido a fondo las creencias del pasado y envejecido a los
jóvenes. Todos estaban hastiados, desilusionados, ansiosos de
olvidar un pasado atroz pero incapacitados, al tiempo, para ver el
futuro. Sólo querían vivir un presente que les hacía olvidar la
posibilidad de otra guerra. El jazz fue la música de estas
desolaciones.
El matrimonio de Eliot y Vivien continuaba entrando en un túnel sin
salida. Bertrand Russell, que les conocía desde antes del
matrimonio, dedica algunos fragmentos del primer capítulo del
segundo volumen de su autobiografía, a la pareja. En julio de 1915
cenó con ellos:
"Esperaba -dice- que ella fuese terrible, desde su misteriosidad,
pero no estuvo tan mal. Es frívola, un poco ordinaria, atrevida,
llena de vida -una artista creo que dijo él, -pero había pensado en
ella como una actriz. El es exquisito y apático; ella dice que se
casó con él para estimularle, pero no cree poder lograrlo.
Obviamente él se casó para ser estimulado. Creo que ella se aburrirá
de él pronto."
Y en noviembre anota:
"Es divertido cómo he llegado a quererle, como si fuera mi hijo. Se
ha convertido en mucho más hombre. Tiene una profunda y
desinteresada devoción por su mujer, y ella está realmente enamorada
de él, pero tiene impulsos de crueldad hacia él de tiempo en tiempo.
Es un tipo de crueldad dostoyesquiana, de esas que no aparecen todos
los días. Cada día pongo mejor las cosas entre ellos, pero no puedo
abandonarles ahora, y por supuesto estoy muy interesado. Ella es una
persona que vive en el filo de un cuchillo, y terminará como una
santa o un criminal -no sé en cual todavía. Es capaz de ser ambos."
A medida que Eliot exploraba en la filosofía de Bradley, fue
encontrándose con las doctrinas del cristianismo y los Upanishads
sobre la naturaleza última de la realidad y la existencia. Según el
cristianismo, la vida verdadera y la existencia real están más allá
de este mundo y sólo pueden realizarse en un ámbito perfecto y
absoluto, el de Dios. Aunque sometido al fin físico, el hombre está
destinado a una vida eterna, espiritual. Al despreciar esta promesa
de salvación, que sólo se alcanza a través de Cristo, nos perdemos
en vanas alternativas que llevan a laberintos de dolor, y esperando
señales del cielo, no vemos la luz del redentor que está siempre
frente a nosotros. Quizás en la vejez lleguemos a saber que había un
camino, pero lo sabemos tarde, cuando, como dice el Duque Vicencio,
disfrazado de confesor, al condenado Claudio, la vida no merece ser
cuidada porque pasa como una siesta, un ensueño entre la juventud y
la vejez.
Eliot colocó estos versos como epígrafe a Gerontion (1920), el
primero de sus poemas donde se hacen notorias sus nacientes
preocupaciones religiosas.
Gerontion es un anciano a punto de morir, el ensueño paródico de The
Dream of Gerontius, poema del obispo J.H. Newman, cuyo tema es la
muerte del protagonista y su posterior comparecencia ante Dios y
descenso al Purgatorio. En el Gerontion de Eliot alguien sufre la
doble agonía de no poder ni amar en vida, ni revivir,
espiritualmente, tras la muerte.
Eliot propone en este poema la abolición de la idea romántica "todo
pasado fue mejor". El pasado, para el protagonista, como para
nosotros y nuestra decente civilización, no es de utilidad alguna,
es algo ilusorio que enseña tarde la sabiduría, cuando no podemos
usar de ella. Gerontion no ha conocido el amor, que podría darnos
nueva vida, ni la fe en Cristo, que nos habría dado la esperanza
para vivificar el espíritu. Ahora, a punto de morir, "pensamientos
de un cerebro seco en una seca estación", no hemos de encontrar
ninguna de las dos. El sacramento de la primavera, encarnado en
Cristo, ha sido pervertido por Silvero, cuya devoción por la última
cena se ha convertido en adoración a las porcelanas de Limoges; por
Hakagawa, adorando tizianos; por la Madama, convertida en Medium, y
por la Fraulein, su clienta, símbolos de depravación de la devoción,
"vacías lanzaderas (que) tejen el viento".
"Una tensión intelectual reside al fondo de The Waste Land como de
Gerontion" -afirma Russell Kirk. "Mas que poemas personales o poemas
sociales, son poemas filosóficos. Rompiendo con los confines de la
filosofía, Eliot está buscando fuentes en el conocimiento y el amor
que permitan a la pareja comulgar integramente, permitiendo que de
las aglomeraciones pasemos a las comunidades. Gerontion no conoce al
Otro; Eliot es afortunado al sospechar que el Otro es conocible,
aunque aún no lo sea".
Roto el imperio Austro-húngaro, las nuevas naciones se debatían en
luchas intestinas; Alemania estaba en ruinas, enfrentando una
eventual revolución comunista; Francia estaba postrada
espiritualmente; Italia luchaba entre dos facciones, los comunistas
y los fascistas; Inglaterra tenía dos millones de desempleados. Pero
otros hechos habían también afectado las vidas cotidianas. Cuando F.
Scott Fitzgerald publicó This Side of Paradise, madres y padres se
dieron cuenta de lo que había estado sucediendo desde el fin de la
guerra. "Ninguna de las madres victorianas -dice-, y la mayoría lo
eran, sabían como estaban acostumbradas sus hijas a ser besadas".
Una de las heroínas de la novela confiesa: "He besado a docenas de
hombres. Supongo que besaré a muchos más todavía", y otra comenta a
un joven: "Oh, apenas una persona de cada cincuenta tiene una
vaguísima idea de lo que es el sexo. Estoy atiborrada de Freud y de
todo eso, pero es tremendo que todo el verdadero amor que existe en
el mundo esté compuesto por un noventa y nueve por ciento de pasión
y una pequeña soupçon de celos".
Dios había muerto, como previamente lo advirtieron Nietzche y
Dostoievski. La guerra, el deporte, la ciencia y el automóvil habían
terminado por hacerle invisible. Toda una generación -sostiene
Frederick Lewis Allen-, había sido afectada por el espíritu de "hay
que beber, comer y gozar porque mañana moriremos". Millones de
hombres habían experimentado el horror de la cercanía de la muerte y
la moral del "libre amor". Legiones de ellos se dedicaron al deporte
como una manera de ocupar sus almas y sus cuerpos en algo menos
preocupante que tener que pensar en el futuro. A mediados de 1920
había, sólo en Estados Unidos, unas cinco mil canchas de golf y unos
dos millones de practicantes, que gastaban unos quinientos millones
de dólares. Si se quería "triunfar" en los negocios, había que hacer
algún deporte. Pero asistir a competencias deportivas, más que
participar en ellas, fue el descubrimiento de la década. Todo el
mundo menudo de los capitalistas supo cómo explotar la manía de la
gente por los espectáculos deportivos. El fútbol, el béisbol y el
boxeo fueron, desde entonces, los dioses del fin de semana.
La ciencia, a pesar de las iglesias, se convirtió en el sumo rector
de la vida de quienes presumían de intelectuales. Pero no sólo
ellos. Hombres y mujeres del común se encontraron frente a nuevas
máquinas y aparatos producidos en laboratorios e incluso, estaban
dispuestos a creer que la ciencia podía lograr cualquier cosa. Los
periódicos ofrecían información constante sobre la hipótesis
planetesimal y la constitución del átomo, la vida del hombre en las
cavernas, el funcionamiento de lo electrones, las glándulas
endocrinas, las hormonas, las virtudes de las vitaminas y el efecto
de los reflejos y la sicosis en la vida diaria. Se oía hablar de la
existencia de una teoría de la evolución: éramos residentes de un
pequeño e insignificante planeta en medio de una multitud de
galaxias dispersas en el espacio infinito; nuestra conducta dependía
en gran medida de nuestros cromosomas y de las glándulas de
secreción internas; un bantú obedecía a impulsos similares a los que
motivaban a un francés o un alemán; el sexo era la cosa más normal
del mundo y lo más importante en la vida. La sicología, con Freud,
Adler y Jung, poseía la clave de los sueños y podía explicar
nuestros desequilibrios emocionales. Y el automóvil: siete millones
de Lexingtons, Maxwells, Briscoes, Templar, Dodges, Biucks,
Chevrolets, Cadillacs o Hudsons recorrían ya los Estados Unidos.
La publicación de The Waste Land causó de inmediato una revolución
poética paralela en importancia a la producida por el surrealismo.
Dividido en cinco partes y 433 versos, fue originalmente el doble de
extenso. Ezra Pound le redujo a su dimensión actual. A él está
dedicado, usando unas palabras de Arnaut Daniel. Fue publicado, sin
notas, poco antes de Eliot cumplir los treinta y cinco años. Cuando
iba a ser publicado en libro, se le pidió que agregara unas notas
explicativas, lo cual hizo, lamentando luego que ellas alcanzaran,
entre académicos, más prestigio que el propio texto. Lo cierto es
que poco ayudan para sentir el poema y en algunos momentos
desconciertan al lector. De poco nos sirve saber a quien había
saqueado Eliot, o de donde proceden las citas, alusiones o
imitaciones de treinta y seis autores y más de cuatro lenguas que le
fueron incorporados.
Sustituyendo el modo narrativo por un procedimiento cinematográfico,
Eliot hizo en The Waste Land una síntesis del helado mundo
contemporáneo; una visión de Europa y en particular de Londres, "el
punto culminante de su visión infernal" según Northrop Frye. Pero es
además, expresión de una nostalgia del orden universal que había
aprendido en sus lecturas sobre la historia romana y en especial, en
esa apariencia de cielo e infierno que es la Divina Comedia.
Como él mismo sostiene en las notas, "el plan y buena parte del
simbolismo del poema" le fueron sugeridos por la leyenda del Graal,
que leyó en el libro de Jessie Weston, From Ritual to Romance. Según
Ernest Robert Curtius, la versión original de la leyenda habla de un
joven héroe que llega a un país estéril donde se han agotado todas
las fuentes y se ha marchitado la vegetación. El señor del país, el
Rey Pescador, reside en un misterioso castillo cuyos caballeros
reciben alimento corporal y espiritual cada vez que se muestra el
milagroso vaso del Graal, a quien están relacionados la lanza y el
cáliz. El héroe debe curar al Rey Pescador y salvar el país, pues la
aridez de la tierra es causada por la dolencia del rey: la pérdida
del vigor sexual.
La lanza y el cáliz, en la simbología anterior al cristianismo eran,
sexualmente, lo masculino y lo femenino y aparecen vinculados a
otros dos símbolos mágicos: la espada y la llave. Para Curtius, la
decadencia de sus simbologías les ha reducido a las figuras de la
baraja: las setenta y ocho piezas del Tarot están distribuidas en
cuatro de ellas: corazón=cáliz; diamante=lanza; pica=espada;
trébol=llave.
El rey Pescador es un genio o demonio de cuya vitalidad depende la
fertilidad de la tierra. El Pez es otro símbolo de la vida. En
tiempos arcaicos, los peces solo podían ser obtenidos con destino a
determinados rituales y los iniciados debían consumirlos para
participar de la vida de los dioses en festines que se realizaban
los viernes, el día consagrado a Astarté y luego a Venus. Durante la
diáspora, la costumbre fue adoptada por los judíos y así pasó a los
antiguos cristianos.
En otras versiones de la leyenda del Graal, los caballeros llegaban
a la Capilla Perilous, contemplaban la copa, la lanza, la espada, la
piedra, y si tenían la audacia de preguntar, podían recibir
respuestas que sanarían las heridas del Rey Pescador, y la tierra
desolada sería regada de nuevo. Para Hugh Kenner "el hombre que ha
preguntado qué significan uno u otro de esos restos puede
convertirse en un agente de regeneración. El pasado existe en
fragmentos precisamente porque a nadie importa qué significan; hay
que juntarlos y revivirlos en la mente. En un mundo -afirma-, donde
sabemos mucho y estamos convencidos de tan poco".
En las versiones más cercanas de la leyenda se sincretizan antiguos
cultos de la vida con misterios cristianos que formaban parte de
tradiciones esotéricas. Según Curtius, el obispo Hipólito incluye en
sus Philosophunema un escrito polémico contra los "herejes" Naasenos,
que combinaban el mito iránico del primitivo hombre celeste y su
hijo ("hijo del hombre"), con el culto a Attis y la fe en Cristo, a
quien se atribuía la misión de llevar a término el proceso cósmico
de la redención. Para ellos, el principio de perfección era la
gnosis de los hombres, pero la gnosis de Dios era la perfección
perfecta. Algunos de sus misterios eran los de la procreación
carnal: "Cuando los hombres han sido iniciados en estos -transcribe
Wendland-, deben abstenerse durante un tiempo y ser iniciados en los
grandes y celestes misterios… pues esta es la puerta del cielo y la
casa de Dios, donde había sólo el buen Dios, en cuya casa no debe
ingresar ningún impío".
El tratamiento que Jessie Weston dio a la leyenda parece haber
permitido a Eliot vislumbrar, en la experiencia sexual, las posibles
simbologías del Rey Pescador y su tierra baldía. En el poema, el Rey
Pescador es el arquetipo de lo masculino y en él se funden las
distintas voces del texto. Es él quien habla incluso cuando irrumpe
Tiresias, permitiendo expresarse al otro sexo y sugerir las
consecuencias que se derivan del ver y no ver. Experiencias de
Tiresias que coinciden con la idea, posterior, de Eliot, según la
cual la consumación de una pasión en un gran amor puede redimirnos
del sexo como animalidad. La pasión serían los placeres que ofrece
la carne, y el gran amor, la divina vida espiritual.
En The Waste Land Eliot ha invertido los significados de los mitos
de la vegetación. Quienes habitan la tierra baldía, como en Pedro
Páramo, temen volver a la vida. El sexo y la ausencia de fe les ha
anulado el deseo de revivir.
Nacer de nuevo, regenerarse, es un cruel proceso. Así comienza The
Burial of the Dead, primera parte del poema: la muerte total, para
la mayoría, es preferible al dolor de renacer desde la confusión que
el deseo y la memoria deparan. Luego habla una mujer, Marie, que
conversa con alguien mientras toma café en un hotel de los Alpes y
recuerda, con sufrimiento, el pasado reciente, símbolo de la
situación de Europa en esos años. Cuando ella calla, una voz
fantasmal pregunta qué podía nacer de nuevo en la tierra baldía, si
llegada la vejez, nada puede "el hijo del hombre" decir, ni
adivinar, pues nada le ha dejado la experiencia. La voz nos invita a
buscar cobijo bajo una roca roja donde nos enseñará el miedo en un
puñado de polvo, y veremos cosa diferente a nuestra sombra. Luego la
memoria del deseo nos conduce hasta un jardín de jacintos y a una
muchacha, símbolos del amor perdido. Y hace su entrada Madame
Sosostris con su baraja donde no puede ver el futuro. Debemos temer
la muerte por agua (la que da vida), dice. No encontrará la carta
del ahorcado, no podrá leer en el Dios moribundo, en Cristo. Pero
quizás ha conjurado las miles de almas de los muertos en las
batallas que ahora cruzan el puente de Londres, con los ojos fijos a
sus pies. Cadáveres plantados por la muerte y que sólo el perro "el
amigo del hombre" puede desenterrar.
En A Game of Chess el sexo es el germen de la muerte; la vida, como
sexo, es esterilidad. Un tocador nos recibe con una aparente riqueza
que recuerda los salones de tocado de Cleopatra. Pero no. Es sólo la
habitación de una joven frívola, rica, aburrida y neurótica que ha
encontrado en los cosméticos la fantasía necesaria para ganar un
gran amor. En la pared cuelga una reproducción de la metamorfosis de
Filomela, como símbolo de la reducción de la mujer a una mercancía.
Filomela, hermana de Prókne, hijas de Pandión, rey de Atenas, había
sido violada por su cuñado Tereo, rey de Tracia, quien le corta la
lengua para que no le delate. Pero Filomela teje su desgracia en una
túnica e informa a Prókne, quien decide con aquella asesinar a su
hijo y ofrecerlo a Tereo como cena. Descubiertas, Tereo quiere
castigarles, pero los Dioses les transforman en pájaros. Filomela
será ruiseñor, Prókne golondrina y Tereo abubilla. La mujer de los
años veintes, aunque violada, no logra convertirse en Filomela.
En este boudoir la mujer está "encantada" por los marchitos muñones
del tiempo, por formas fantasmales que se asoman al cuarto cerrado,
por pasos que se arrastran en la escalera mientras ella busca, en
una vacua conversación, que es un solo, un calmante a sus oscuros
temores. Nada le satisface, ni siquiera la música de jazz. Piensa
-dice ella- y él responde:
Creo que estamos en un callejón de ratas
Donde los muertos perdieron sus huesos
Es con esta dama de corazones que hablamos de adulterio y abortos.
El juego de ajedrez que practica la mujer moderna es su ruina; el
poder mítico de su vagina está atrofiado por los estériles momentos
de gratificación que le ofrece la satisfacción de un apetito que no
puede ser saciado sólo con la carne; el "amor", así entendido, es
vaciedad. Y el mesero entonces repite: Apuren por favor es hora de
cerrar. La joven del bar, como la del boudoir, bebe las horas, los
días y los años en vano.
Al salir del bar, en The Fire Sermon, nos encontramos con el Támesis,
sucio río que no purifica los desperdicios de la vida cotidiana ni
las cenizas de la lascivia. Ni gloria ni regocijo nos son ofrecidos.
Nos convertimos en el hermafrodita Tiresias, testigo impotente de
arduas copulaciones sin amor ni castidad, sin placer ni
remordimiento. Contra esta degradación Eliot propone encontrar una
verdadera ciudad de amor y gracia. Alcanzamos a oir el eco de las
voces de los niños que cantan el Graal, pero el Rey Pescador, el
pescador de hombres, arroja sus palabras a un sucio canal detrás de
una gasolinera. La muerte enseña la faz, los huesos han sido
arrojados a un desván, "pisoteados año tras año por la pata de la
rata". Y cuando la señora Porter y su hija lavan sus pies con agua
de Seltz escuchamos el canto del ruiseñor, que reintroduce el tema
de la violación de Filomela, para dar la voz a Tiresias "viejo de
arrugados pechos femeninos", y a la mecanógrafa que espera a su
purulento amante para ejercer el sexo, equiparando estas relaciones
con las de la reina Isabel y el conde de Leicester. Según Esperanza
Aguilar este fragmento del poema incluye complejas alusiones: los
versos de The Fire Sermon indicarían la imposibilidad de llegar a un
centro, al verbo, mediante el ascetismo propuesto por Agustín y
Buda. "Por lo menos -sostiene Aguilar- se afirma la imposibilidad de
alcanzar la reconciliación de cuerpo y espíritu y que todas las
tentativas conducirán a fracasos y desilusiones".
El próximo movimiento, Death by Water, es un llamado a abandonar la
lujuria. Tiresias se ha convertido en el fenicio Phlebas, que parece
evocar al joven Emis de Eis to epinion de Kavafis, -a quien Eliot
había publicado en el segundo número de The Criterion, junto a
Hofmannsthal, Lévy-Bruhl y Proust-, y que afirma que todo aquel
viciado por la lascivia, perecerá ahogado, como había anunciado
Madame Sosostris. El agua de mar da muerte a los excesivos de la
carne, mientras el agua de lluvia ofrece, en cambio, salvación. El
agua, como símbolo de redención, no existe en el desierto de What
the Thunder Said.
El ser ha fracasado en la búsqueda del amor (El jardín de rosas) y
en su búsqueda de la fe (La Capilla Perilous). La obcecación de
Tiresias le impide ver que tras la muerte hay posibilidad de
salvación, un acceso a la vida verdadera. Muerto dos veces, se ha
negado a la gracia. Ahora, en la Capilla, todo es desolación y ruina
pues el agua salutífera no ha caído y sólo vendrá si quien visita el
lugar puede entender lo que dice el trueno, las palabras mandatos
del Sermón del Buda: Datta (Da); Dayadhvam (Simpatiza); Damyata
(Gobierna).
Datta significa renunciación. Si es en la vida sexual para fecundar,
debemos renunciar al ser y encarnar momentáneamente en otro. La
lujuria puede gestar descendencia pero ella será como esos
murciélagos con cara de niños del poema. Más que procrear, el acto
de dar o renunciar debe significar la subordinación a una autoridad
largo tiempo olvidada y postergada.
Dayadhvam indica amor, lealtad y olvido de las ambiciones
personales. Todos nos engañamos aparentando humildad al querer
reconocer el ser de los demás. Necesitamos de verídicos actos de
caridad para vencer el egoísmo moderno de la autosuficiencia.
Damyata es el lugar donde nos abstenemos de la voluntad y el
apetito; el verdadero gobierno de si debe ejercerse a través de la
autodisciplina y la persuación del otro, no mediante la fuerza o la
habilidad.
Para Eliot sólo hemos aprendido -como Tiresias- a pedir y no a dar
amor. Hemos levantado, de esa manera, los muros de nuestras
soledades, prisiones de orgullo que nos niegan la posible
comprensión y comunicación con el otro. Para salvarnos hay que
aprender a dar, gobernando nuestros apetitos físicos y espirituales.
Somos una civilización decadente, pues como Baudelaire, buscamos con
afán y angustia estados de decaimiento en los cuales gozar
voluptuosamente, seducidos hacia el abismo a donde conduce el Spleen
et Idéal. Nuestra alma es estéril, como la musa de Mallarmé.
Este contorno en decadencia produce en el ser una sensación de
irrealidad que no es mera ficción, sino otra manera de ser. El
hombre y la mujer modernos se han familiarizado con esta
transrealidad que hace desaparecer el presente, las ciudades se
esfuman, sólo vemos escombros y un montón de imágenes rotas. La
tierra baldía está yerma y agostada como nuestro tiempo. Lo
masculino y lo femenino son engaño, otra irrealidad. Como en el
espantoso Tlön borgiano, en la tierra baldía de Eliot "una dispersa
dinastía de solitarios ha cambiado la faz de la tierra".
Para Curtius el poema está animado por las dos grandes obsesiones
del alma: el amor sexual y la muerte. Eros y Thanatos son las
divinidades ante las cuales "ora, se lamenta, pregunta y sacrifica"
el alma moderna.
"En nuestro tiempo -concluye-, con toda su desesperanza, su mortal
cansancio, un tiempo que ha perdido la confianza en si mismo y
recuerda, avergonzado, la música, la leyenda, la belleza de eras
anteriores, a las que apenas si se atreve a evocar. Todo lo grande
lo degrada a una vulgaridad contorsionada en muecas. Creyó que la
guerra podría elevarse al heroísmo. Pero todo lo que de ella queda
es la trivialidad y ociosidad de la vida cotidiana a la que se
reintegra el desmovilizado. De la magia y la mántica ancestrales,
todo lo que este tiempo ha sabido sacar es una sucia cartomancia;
del navegante fenicio ha hecho un esmirnota mal afectado que
comercia con pasas en Corinto.
El poema de Eliot es un lamento sobre la miseria y angustia de este
tiempo."
Entre 1922 y 1943, "veinte años desperdiciados, años de l´entre deux
guerres", Eliot publicó numerosos ensayos, varias comedias y tres de
sus más notables poemas: The Hollow Men; Ash Wenesday y Four
Quartets. Durante este largo período editó The Criterion y vivió
angustiosos problemas económicos y conflictos emocionales. Se sabe
que varios de sus amigos, Pound entre ellos, crearon un fondo para
recaudar dinero y ayudar financieramente al poeta, pagando algunas
de las cuentas para cuidar su salud, agobiada por el estéril trabajo
en Lloyd´s Bank y los conflictos con su primera esposa. En 1925
ingresó a una nueva editorial que luego se llamaría Faber & Faber.
Según Frank Morley, él era la persona indicada para una empresa como
esta. "No volvió a usar su abrigo negro -dice. Su rostro,
habitualmente pálido por el exceso de trabajo, podía verse ahora
sobre un oscuro traje de calle pero sin abandonar la cautela del
banquero… Uno de sus apodos era elefante, porque nunca olvidaba. No
era capaz de luchar por alguien a quien otro editor publicaría; pero
podía luchar por alguien a quien ningún otro pondría atención". Ese
mismo año, cumplidos los diez de su matrimonio, Eliot comenzó a
comentar a sus amigos sobre la posibilidad de una separación
definitiva de su esposa. La salud de Vivien estaba totalmente
destruida y había estado yendo y viniendo de diferentes casas de
reposo tanto en Inglaterra como en el continente. Durante uno de
esos viajes, en Roma, Eliot sorprendió a sus acompañantes
postrándose ante La Pietá de Miguel Angel, gesto que interpreta
Ackroyd como uno de los más significativos respecto a su creciente
fe religiosa. En junio de 1927 se hizo bautizar en la iglesia de
Finstock de Costwalds. Para noviembre, se había hecho ciudadano
inglés. Un año más tarde, al publicar los ocho ensayos que componen
For Lancelot Andrews se declaró "Clásico en literatura, Monárquico
en política y Anglo-católico en religión", un anacrónico, aunque es
verdad que los opuestos a aquellos, el romanticismo, el liberalismo
y la secularización estaban dando muestras de extinción. La
separación definitiva de Vivien llegó con el año 1932, al aceptar
Eliot la cátedra Charles Eliot Norton en Harvard. Ella moriría, en
enero de 1947, a la edad de cincuenta y ocho años.
La vida social inglesa, que tanto atrajera a Eliot, era para
entonces de una insoportable frivolidad. Mary de Inglaterra, abuela
de Elizabeth II, llamó a este nuevo mundo la Cafe Society. Los
nobles y los ricos habían decidido negar toda moral y pretendían
creer que nada en este mundo merecía ser tomado en serio. "La Cafe
Society -recuerda José Luis Villalonga- puso de moda el divorcio, la
pederastia y los viajes al extranjero. El adulterio se tornaba,
entre gentes bien nacidas, en un deporte que convenía practicar
según las reglas del arte, como el box, el jumping o el cricket. La
Cafe Society hizo mucho por el mejoramiento de las condiciones de
vida de sus mujeres. Ellas tuvieron acceso a las bebidas fuertes, al
tabaco y a los placeres hasta entonces inéditos del amor físico. Esa
revolución de las costumbres penetró bajo los techos más ilustres".
Y para demostrar la radicalidad de esos cambios, narra esta
anécdota: "Un viejo Lord, honrando una noche con sus servicios a una
esposa que hasta entonces había permanecido indiferente, se
inquietó, sorprendido: What´s the matter, darling? Se siente usted
mal? La esposa preguntó por qué. Y la respuesta fue: Porque usted se
mueve".
Entre la Marcha sobre Roma y el ascenso de los fascistas en Italia y
el fin de la Guerra Civil Española y la invasión a Polonia por los
alemanes, miles de burócratas, asesores técnicos y políticos
profesionales entraron a ocupar los lugares de los aristócratas de
antaño. Luego de los tratados de Versalles, St. Germain y Neuilly,
los de Locarno y París y el colapso de la Bolsa de Nueva York,
vendría el progreso que protagonizaban las industrias del automóvil,
la aviación, la electricidad, las comunicaciones, y los químicos,
cambiando las economías de los paises triunfadores, la calidad de
vida y creando -una confianza en el futuro-, de peligrosos matices.
Porque nadie creyó que el mundo estallaría de nuevo en pedazos. La
guerra había sido ganada, según Wilson, para garantizar la
democracia y ello parecía posible. En Francia e Inglaterra la
Inteligencia decidió declararse entre la apatía y la simpatía,
fanática, por el comunismo. Entre tanto, Hitler y Mussolini se
hacían al poder y harían la guerra.
The Hollow Men describe la vacuidad de la vida moderna: los hombres
van al amor o la fe sin resolver nada. Viven en una pasiva
resignación, son los muertos-vivos. Esa vacuidad en la vida la veía
representada Eliot en las ideas expuestas en algunos de los libros
de sus contemporáneos como Wells, Shaw o Russell, volumenes que
representan a su mente, según afirma Kirk - "aquella parte del
presente que está ya muerta". Pero también consideraba hombres
huecos a los políticos, con sus medidas a la búsqueda del bienestar
o la paz, y que conducían, inexorablemente, al fracaso.
Al publicar Ash Wenesday, el proceso de conversión religiosa de
Eliot se completa y evidencia. De nuevo, el hombre aparece sumergido
en una desesperación causada por la lucha entre la carne y el
espíritu.
Four Quartets, "donde los muertos hablan a los vivos", aparecieron
en libro en mitad de la Segunda Guerra Mundial. Como había sucedido
con Prufrock, algunos de los Cuartetos se convirtieron en un alivio
en medio de las masacres y la propaganda de guerra.
Frye ha propuesto un "método audiovisual" para leer el poema.
Trazaríamos una línea horizontal en una página, luego una vertical
de igual extensión de manera que corte a aquella en cruz, después un
círculo, donde estas líneas serán los diámetros, y luego un círculo
más pequeño dentro de aquel. La línea horizontal es el tiempo de
Heráclito, a donde nadie baja dos veces; la vertical, la presencia
de Dios "que desciende al tiempo, cruzándolo en la Encarnación,
creando un lugar silencioso donde el mundo gira". La cima y el fondo
de la vertical son las metas del camino de arriba y el camino de
abajo; las mitades del círculo mayor las visiones de plenitud y
vacío, y las del inferior, el mundo de la inocencia y la
experiencia. Bajo esta está la accesis, o noche oscura del alma de
San Juan de la Cruz.
Cada poema tiene cinco secciones divididas en dos partes, a
excepción del último, de manera que poseen, en gran parte, la misma
estructura e idéntico movimiento narrativo. En ellas la lírica
alterna con la meditación y la prosa. Los nombres de cada fragmento
provienen de casas o lugares que simbolizan la decadencia, tema que
aparecía en Gerontion en una deprimente casa de alquiler y en The
Waste Land, en la arruinada capilla. En The Family Reunion (1939)
hay unos versos que parecen resumir el simbolismo de los Cuartetos.
Cuando el hijo mayor regresa al hogar advierte los efectos del paso
del tiempo:
I am the old house
With the noxius smell and the sorrow before morning,
In wich all past is present, all degradation
Is unredeemable
Tres de los textos reciben su nombre de antiguas mansiones de campo
inglesas "en las que pervive la tradición de los siglos": Burnt
Norton en Gloucestershire, donde había vivido un antepasado del
poeta, Sir Thomas Eliot; East Coker, de Somerset, cerca del mar,
desde donde partió a América el zapatero Andrew Eliot; Little
Gidding, en Huntingdom, que sirvió para el retiro de Nicolas Ferrar.
The Dry Salvages son unas rocas, con un faro, al noroeste del Cabo
Ann, Massachusetts, donde primero se establecieron algunos de sus
antepasados.
Parece que Eliot usó de la disposición de los libros bíblicos para
componer los asuntos de los Cuartetos: el hombre habita un jardín,
cae luego en un desierto o en un caos simbolizado por el diluvio y
al fin es devuelto al Paraíso, al agua que da vida. Paraíso que
también es una ciudad incandescente que brilla con oro y piedras en
donde el árbol de la vida es el fuego y la rosa dantescas. Otra
lectura sugiere que los Cuartetos simbolizan el cuaternio arcaico de
tierra, agua, aire y fuego que para el cristianismo son Dios Padre,
Dios Hijo, la Virgen y el Espíritu Santo, cuya mutabilidad en el
tiempo se mantiene en los simbolismos anuales de Otoño, Invierno,
Primavera y Verano, a los que se opone la idea estable de la
Eternidad Inmóvil.
El tiempo, substancia de los Cuartetos, nos enfrenta al presente,
luego de un pasado incomprendido y un futuro incierto. Ni pasado ni
futuro hay en el ser. Solo un presente que podría darnos luz y
certeza para ingresar en el cosmos y percibir el motor inmóvil,
redimiéndonos, como en el Bagavadgita, mediante la inacción que
conduce hasta ese momento cuando la "realidad universal y el yo" se
identifican. Concepción esta de Eliot que recuerda cómo para
Schopenhauer, "la forma de aparición de la voluntad es solo el
presente, no el pasado ni el porvenir: estos no existen más que para
el concepto y por el encadenamiento de la conciencia, sometida al
principio de razón. Nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el
futuro; el presente es la forma de toda vida". Idea que continuaría
la tesis de Marco Aurelio donde "quien ha mirado lo presente ha
mirado todas las cosas; las que ocurrieron en el insondable pasado,
las que ocurrirán en el porvenir".
Otro de los asuntos centrales del poema es la imposibilidad de
comunicación. Mientras el Ser y el Otro no hayan recibido la visión
de la gracia y sentido el motor inmóvil toda "comunicación" es una
condena: las palabras se agrietan bajo el esfuerzo por "decir", los
signos quedan rotos, la vida es una insoportable pugna con las
palabras y sus significados; la obra, un dato más en las historias
literarias; la poesía "no importa"; el antagonismo entre religión y
belleza es insuperable; "todo poema es un epitafio":
Y toda frase
Y toda sentencia justa (donde toda palabra está en su lugar,
Guardando su sitio para servir de apoyo a otras,
La palabra ni modesta ni ostentosa,
Un cómodo comercio de lo antiguo y lo nuevo,
La palabra común, exacta, sin vulgaridad,
La palabra formal, precisa, pero no pedante,
Los perfectos consortes danzando juntos)
Cada frase y cada sentencia es un fin y un principio,
Todo poema es un epitafio.
Este antagonismo entre poesía y religión convierte a los Cuartetos
en un texto que es producto de las contradicciones que pugnan en el
alma de un atormentado, uno que entiende el sufrimiento como camino
hacia la consagración. Para Curtius, si un poeta como Eliot vuelve a
oír el eco de un mundo desaparecido hace ya mucho tiempo, no es
porque sea un mista o un sacerdote, sino un poeta que es a la vez un
hombre de nuestro tiempo, que sabe de nuestros desgarramientos, del
ajetreo de nuestras vidas cotidianas, de la fealdad de nuestras
ciudades, de la prostitución que produce el esnobismo. En un mundo
así, el alma no puede renunciar a sus deseos, a sus esperanzas.
"Esta alma -afirma- no es propia solo de nuestro tiempo, sino de
todos. Y cuando su voz no encuentra eco en la turbamulta de los
días, aplica su oído a la concha marina, en la que resuena el canto
de edades remotas, para oír allí la voz de su anhelo".
La poesía "religiosa" de los Cuartetos, es, de acuerdo a su
estructura, una música pausada, reflexiva, con un ritmo sin
disonancias o sorpresas, ni hímnica ni confesional. Son textos de
gravedad emocional donde el poeta piensa en sí y en el otro con un
tono nada desesperado o implorante. Es la conversación de un
espíritu que piensa y sufre. "Como fruto del sufrimiento el arte es
un fenómeno moral" -ha escrito Walter Muschg. "Es inconcebible un
gran poeta sin grandeza moral. El sufrimiento es su consagración,
que también en tiempos desprovistos de nobleza, sin magia y sin Dios
lo separa de los hombres y lo conduce a la soledad, para que se
encuentre a si mismo".
Como Tolstoi y Kafka, Eliot pudo resolver este conflicto apenas
refugiándose en la idea de un reencuentro con la divinidad. Su
exilio voluntario, su conversación al catolicismo inglés y su
poesía, muestran cómo fue un iluminado en un siglo de avaricia. Si
Tolstoi renuncia al mundo luego de haber "gozado" de él, a los
ochenta y dos años, Kafka vivió, como Eliot, en un estado de
impureza. Sus demonios, la infinita culpa del hombre que asumían
como propia, mostraron a sus lectores cómo sus pesadillas serían
realidad: en sus obras los hombres, las casas, las conciencias, el
sexo, el amor y los gobiernos son devastados por el polvo del
tiempo.
En su poesía Eliot ha recorrido un camino, que en el siglo XX,
condujo al hombre de Occidente a una necesidad de creer, sin
certidumbre ni esperanza. El anhelo de los hombres huecos. Dios, que
estuvo entre nosotros, no volverá. También nosotros desconocemos
nuestro ser o si, acaso, somos. Nada parece ofrecernos salvación.
Vivimos y habitamos un mundo sin Dios, sin libertad, sin amor. Somos
el hombre de la edad de la miseria, sin ayer ni mañana.
T.S. Eliot murió el 4 de enero de 1965.
DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS
T.S.Eliot nació en 1888 en Saint Louis, Missouri, Estados Unidos y
murió en 1965 siendo ciudadano británico. Además de su poesía,
desarrolló una importantísima obra crítica y teórica
Libros publicados
Poesía
Entre otros:
* Prufrock y otras observaciones, 1917
* Poemas, 1920
* La tierra baldía, 1922
* Los hombres huecos, 1925
* Poemas de Ariel, (1927-1932)
* Miércoles de ceniza, 1930
* Cuatro cuartetos, 1943
Ensayo
* Notas para la definición de la cultura
Teatro
* La piedra,
* Asesinato en la catedral, 1935
Premios y distinciones
* Doctor Honoris Causa, nombrado por un gran número de universidades
de todo el mundo
* Premio Nobel de Literatura, 1948.
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