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George Eastman

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. Fotografías / Photographies

. Biography (Original English)

Biografía
(Versión en Español) - Fuente CIA Kodak

Niñez

George Eastman nació el 12 de Julio de 1854 en la aldea de Waterville, N.Y., hijo de María Kilbourn y George Washington Eastman. Su más remoto antepasado, Roger Eastman, llegó de Inglaterra en el barco "Confidence" en 1638, habiendo desembarcado en Salisbury en la Bahía de Massachusetts, Estados Unidos.

No había cumplido 6 años de edad George, cuando su padre vendió el vivero que tenía, y la familia se cambió a Rochester de modo que él pudiera dedicar todo su tiempo a su Eastman Commercial College establecido allí.

Dos años después de haberse cambiado, murió el Sr. Eastman, y la familia compuesta por su esposa, George y sus dos hermanas mayores, atravesó tiempos muy duros. La familia quedó casi en la pobreza. La señora Eastman en su lucha para mantener a sus hijos en la escuela, tuvo que aceptar huéspedes en su casa.

George continuó en la escuela hasta la edad de 14 años. Aunque era un chico estudioso, ciertamente no destacó por sus resultados escolares. Era un buen jugador de baseball y después de clases actuó como "catcher" estrella por varias temporadas en un buen equipo amateur de jóvenes. Ya desde sus días de escuela mostraba tendencias hacia el comercio. Un compañero de instrucción religiosa trató de obtener de George un rompecabezas que había hecho con el alambre de unas agujas de tejer "pero no se iba a poder" como quería aquel chico, es decir, quería obtenerlo regalado, y finalmente tuvo que pagar diez centavos por el acertijo.

A los 14 años, la pobreza obligó a George a abandonar la escuela. Con sombría determinación juró sacar a su familia de sus dificultades financieras y ayudar a su hogar. Logró un puesto como mensajero en una compañía de seguros por tres dólares a la semana. Era limpio y cumplido en su trabajo.

En las mañanas después de encender la estufa, barría los pisos y colocaba las escupideras en posición correcta para evitar que las personas que las usaban tuvieran la menor posibilidad de errar el tiro y manchar el piso. A las cinco de la tarde la emprendía de regreso a pie a su casa, distante una milla, para ayudar a su madre en los quehaceres domésticos. Un año más tarde ya era "office boy" en otra compañía de seguros y por su propia iniciativa obtuvo más trabajo para desempeñarlo en su casa, se hizo cargo del archivo de pólizas y aún expedía pólizas. Logró un aumento a cinco dólares por semana.

La lucha en su hogar se hizo más difícil y la paga del chico no era suficiente para solventar los gastos, pese a los ingresos que dejaban los huéspedes. Estudiaba contabilidad en casa por las noches para obtener un trabajo mejor pagado. En 1874 después de trabajar cinco años en seguros, y cuando contaba 20 años de edad logró obtener un puesto como empleado menor en el Rochester Savings Bank.

George Eastman siempre fue frugal y ahorraba, aún desde que tenía el exiguo trabajo de tres dólares a la semana. Con su nuevo y espléndido salario de ochocientos dólares pudo ahorrar tres mil dólares en los siguientes siete años, dinero que usó para iniciarse en el negocio fotográfico. En una libreta de notas llevaba cuenta cuidadosa de sus ingresos, ahorros y gastos.

Penurias de un Aficionado

Contaba 24 años de edad cuando decidió tomar unas vacaciones que mucho necesitaba. En la contabilidad del banco había trabajado mucho y muy duro hasta altas horas de la noche y algunas veces hasta las primeras horas de la madrugada. Había leído sobre Santo Domingo y planeaba ir allá. El maquinista que trabajaba en el sótano del banco le dijo que debería tomar fotografías de su viaje. Esta sugestión, hecha al azar, inició a George Eastman en la fotografía.

Compró un equipo fotográfico con toda la impedimenta de los días de la placa húmeda. La cámara era tan grande como una caja de jabón y necesitaba un pesado tripié, el cuarto oscuro era una tienda de campaña que debería ser lo suficientemente grande para que pudiera operar en ella al extender la emulsión sobre las placas de vidrio antes de la exposición, y posteriormente para revelar las mismas. Llevaba productos químicos, tanques de vidrio, un pesado porta-placas, una damajuana; en total, el equipo completo era "carga para un caballo", como él mismo lo describió. Las lecciones para aprender a tomar fotografías con ese equipo, le costaron cinco dólares.

Nunca llegó a hacer el viaje a Santo Domingo pero cuando estuvo más diestro en el difícil arte de la fotografía con placa húmeda, se fue a la Isla Mackinac a fotografiar el puente natural que hay allí. El garrafón de vidrio lleno de nitrato de plata, necesario para sensibilizar sus placas tenía que ser hermético y había que evitar una posible rotura, así que lo envolvió apretadamente con su ropa interior para protegerlo durante el viaje. Esto resultó mal para su espíritu ahorrativo porque después de todas sus precauciones, se salió el líquido y tuvo que comprar ropa interior nueva. Un grupo de turistas curiosos se acomodó en el puente posando para la fotografía y para observar a George Eastman cómo colocaba y enfocaba su cámara, cómo entraba y salía "a gatas" de su tienda para sensibilizar sus placas, alistándolas para la fotografía. Era un día cálido, pero el grupo fascinado, permaneció allí durante toda la larga e intrincada operación y esperó ansioso a que saliera de su vaporizante tienda oscura, con la placa revelada. Estaba observando su placa terminada cuando se le acercó uno del grupo y le preguntó por el precio de la placa. Eastman repuso: "No está en venta. Soy sólo aficionado". Encolerizado su interlocutor le reprochó: " Entonces por qué permitió que estuviéramos bajo el sol por media hora mientras maniobraba? ¡Joven tonto! Deberían colgarle una etiqueta que dijera que es usted un aficionado".

La fotografía absorbió por completo a George Eastman, quien se empeñó en simplificar el complicado proceso. Leyó en revistas británicas que los fotógrafos estaban haciendo sus propias emulsiones de gelatina. Las placas recubiertas con esta emulsión retenían su sensibilidad una vez que secaban, en contraste con las placas húmedas que debían exponerse de inmediato. Valiéndose de una fórmula publicada en uno de esos magazines británicos, empezó a hacer sus propias emulsiones de gelatina. Al principio, quería simplificar la fotografía para su propio placer, pero pronto empezó a ver posibilidades de fabricar placas secas para el mercado. Leyó todos los periódicos técnicos sobre fotografía de que pudo echar mano y aprovechó consultar gratis en las librerías la Enciclopedia Británica como fuente de conocimiento para sus experimentos.

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Trabajaba en el banco durante el día y experimentaba por la noche en la cocina de su madre. Mezclaba y cocía las emulsiones todas las noches durante la semana y el sábado en la noche se acostaba y dormía hasta el lunes en la mañana, despertando únicamente para tomar sus alimentos. Relataba su madre que algunas noches terminaba tan cansado que no se desvestía y dormía sobre una cobija en el suelo, junto a la estufa de la cocina. Los primeros tres años de sus experimentos fotográficos fueron los más duros e inclementes de su dura vida de trabajo.

El miedo a la pobreza que soportaban su amada madre y sus dos hermanas, una de las cuales estaba paralítica por la polio, mantenía fija en él una firme decisión. Esta decisión de ganar dinero para ayudar a su familia fue lo que le impulsó sin tregua en la nueva aventura de la fotografía. Tan fuerte era esta determinación y tan profundo era el amor por su madre que ambas cosas formaron el móvil de gran parte de su vida.

El Nacimiento de una Compañía

En abril de 1880, George Eastman alquiló el tercer piso de un edificio en la calle State de Rochester y empezó a fabricar placas secas para la venta. Revisando un motor de segunda mano que valía 125 dólares y que había localizado gracias a un anuncio en un periódico, cavilaba sobre su valor: "En realidad sólo necesito un caballo de fuerza. Este es de dos caballos de fuerza, pero quizá el negocio crecerá hasta poder utilizarlo en toda su capacidad. Vale la pena el riesgo, y creo que me lo llevaré."

Encontró dificultades y las venció. Vio de frente el fracaso completo cuando en una ocasión, resultaron malas sus placas secas que ya estaban en manos de los distribuidores. Las recogió todas pero no pudo reponerlas con placas secas buenas sino hasta después de agotadores experimentos y de un viaje a Inglaterra para saber en qué consistía el defecto que habían sacado sus emulsiones.

En Busca de la Sencillez

Eastman pronto pudo dedicar su atención al desarrollo de nuevos productos con objeto de simplificar la fotografía. Encaminó sus experimentos al empleo de una base más ligera y más flexible que el vidrio. Lo primero que probó como soporte para la emulsión fue el papel, usándolo en forma de rollo el cual se encontraba en un porta rollos para uso de las cámaras ordinarias, en la misma forma en que se usaban los porta placas para vidrio.

En aquel entonces, Eastman no tenía idea de la aplicación de los materiales fotográficos para uso de los aficionados, cosa que había de ser tan importante para él uno o dos años más tarde. En un principio su idea era solamente sustituir las placas pesadas que estaba haciendo y que eran usadas principalmente por los profesionales para retrato. Los primeros anuncios sobre la película, publicados en 1885, decían: "En breve se introducirá una nueva película sensible que se cree resultará un substituto económico y conveniente de las placas secas de vidrio tanto para la fotografía en exteriores como para trabajos en estudios". Este sistema de fotografía empleando porta rollos servía en los aparatos que se usaban entonces y tuvo un éxito inmediato; pero el papel no resulto un portador satisfactorio completamente para la emulsión porque sucedía que el grano del papel se reproducía en la impresión final. Eastman trató de sustituir el papel por una película de colodión pero no pudo hacer una película de colodión que fuera lo suficientemente fuerte para soportar la emulsión.

Entonces recurrió a recubrir el papel, primero, con una capa de gelatina soluble y con una segunda capa de gelatina sensible a la luz e insoluble. Después de la exposición y del revelado, la gelatina que contenía la imagen era despegada del papel, transferida a una hoja de gelatina clara y barnizada con colodión.

Parece que en ese tiempo dio un giro inesperado el modo de pensar de Eastman, el cual cambió la dirección de su trabajo y estableció las bases sobre las cuales se fundó su buen éxito en la fotografía. En una ocasión dijo: "Cuando empezamos con nuestras placas de fotografía en películas, creímos que todos los que usaban placas de vidrio adoptarían la película, pero descubrimos que el número de personas que hizo el cambio fue relativamente pequeño y que para hacer negocio en grande tendríamos que llegar al público en general".

Fotografía para Todos

Para llegar al público en general decidió fabricar un nuevo tipo de cámara, ésta fue introducida al mercado en Junio de 1888 y fue la primera cámara Kodak. Era una cámara de tipo de cajón, ligera y de tamaño pequeño, cargada con un rollo de la película desplegadle y con suficiente longitud para tomar 100 exposiciones. El precio de la cámara ya cargada era de 25 dólares e incluía su estuche y una correa para el hombro. Después de haber expuesto el rollo, la cámara se enviaba a Rochester, donde se sacaba la película, se revelaba, se imprimían las copias y se cargaba con un nuevo rollo por 10 dólares.

Este fue un cambio radical en fotografía. El porta rollos se ajustaba al sistema existente de fotografía. La cámara Kodak vino a crear un mercado enteramente nuevo y convirtió en fotógrafos a personas que no tenían conocimientos especiales del asunto y cuyo único móvil era el deseo de tomar fotografías. Cualquiera podía "oprimir el botón" y la compañía del Sr. Eastman "hacía el resto". Eastman continuó sus esfuerzos para desechar la base del papel. Contrató a un joven químico quien hizo soluciones de nitrocelulosa en varios solventes y quien llegó a producir una hoja de película que tenía la necesaria fuerza y flexibilidad. En agosto de 1889 se lanzaron al mercado los primeros rollos de película transparente de Eastman. Se logró fabricarlos extendiendo una solución de nitrocelulosa sobre una mesa de cristal de 200 pies de largo por 42 pulgadas de ancho, que una vez seca se le recubría con un sub-estrato de silicato de sosa para hacer que adhiera la emulsión, y después se recubría con la emulsión de gelatina. Era transparente y sin grano y podía durar como soporte permanente para el negativo, con lo cual se hizo innecesaria la operación de despegue. Podía producirse en tiras de 200 pies de largo.

Esta película flexible y transparente de George Eastman, unida al aparato construido simultáneamente por Thomas Edison en feliz combinación hizo posible el cinematógrafo. En 1891 se logró una mejoría más para la película transparente para aficionados al colocarla en carretes, de modo tal que la cámara se pudiera cargar a plena luz del día.

Ya la cámara no tenía que enviarse a Rochester para ser cargada nuevamente; los rollos de película podían comprarse ya casi en cualquier parte. Las cámaras para la nueva película todavía fueron simplificándose más. En 1895 se puso en el mercado una cámara de cajón de tamaño de bolsillo. La cámara Kodak plegadiza de bolsillo estaba dotada de un fuelle que la hacía plegadiza. En 1900 se lanzó al mercado la primera cámara Brownie, diseñada para niños y que se vendía por 1 dólar.

El desarrollo de la fotografía a base de rollo de película produjo una situación muy diferente de la que existía antes. Hasta el advenimiento de la cámaras Kodak y Brownie, el fotógrafo tenía que ser un artífice más o menos hábil; tenía que revelar sus propios negativos y hacer sus propias copias y, por necesidad tenía que ser una persona interesada en los aspectos técnicos del tema. Los nuevos fotógrafos que usaban las sencillas cámaras de rollo, ya no tenían el menor problema sobre técnica de fotografía, ni les interesaban los detalles de su artesanía; solamente tenían que preocuparse por tomar fotografías de los sujetos que les interesaban. La fabricación de película se convirtió en una operación industrial, en tanto que del acabado fotográfico se encargaron miles de pequeños establecimientos en todo el mundo que contaban con las instalaciones necesarias para revelar películas en cantidad y para hacer sus copias al fotógrafo.

Durante toda su vida, George Eastman estuvo profundamente interesado en los adelantos técnicos de la fotografía; pero su preocupación mayor siempre fue crear un método simplificado por medio del cual el público en general pudiera obtener resultados satisfactorios. Este principio básico representó su más grande contribución a la fotografía. Charles Greeley Abbott dijo una vez: "Fue una revolución en la fotografía provocada por la devoción de un empleado de banco aficionado".

En 1923 se puso en el mercado la película de 16 mm. asociando a ella todo el proceso de la cinematografía amateur. Esta introducción tuvo semejanza a la introducción de la cámara Kodak. Se proporcionaba la película lista para ser cargada a la luz del día en una cómoda cámara portátil y después de expuesta se devolvía a la compañía donde se revelaba por el proceso de inversión y se entregaba lista para proyectarla en el hogar. Tomar película de cine en 1924 ya no era más difícil que tomar instantáneas en 1889 con la innovación de Eastman; y se repetía aquello de "oprima el botón".

Eastman siempre estaba ansioso de alcanzar un progreso similar en la fotografía a color. Ordenó que se hicieran trabajos sobre muchos procesos. El primer proceso Kodacolor de 1928 (No confundirlo con la actual película de color del mismo nombre) casi llenó sus exigencias. Hizo posible que cualquiera pudiera tomar fotografía de cine a color en película de 16 mm. El proceso que Eastman inició, continuó hasta que la fotografía a color se convirtió en algo casi tan fácil y sencillo como la fotografía en blanco y negro.

El Dr. C.E.K. Mees, autoridad reconocida mundialmente en materia de fotografía y cuyo negocio fue adquirido por Eastman para que pudiera encargarse de su laboratorio de investigaciones dijo: "El Sr. Eastman se describió a sí mismo como 'fotógrafo amateur'. Ocasionalmente algún escritor olvidando la historia del sujeto, escribe desdeñosamente sobre 'científicos amateurs'. Posiblemente el crítico cree que la palabra 'amateur' es sinónimo de principiante, en vez de calificar como en realidad ocurre, a la persona que hace las cosas por el placer de hacerlas. Los hombres hacen las cosas por muchas razones: para ganar el pan, para obtener riquezas y lujos, para llegar al poder, para ganar la aprobación de sus congéneres, pero las cosas mejor hechas son las que se hacen por el placer de hacerlas".

El Legado Fotográfico de George Eastman

La fotografía que él encontró como un arte difícil y especializado, la convirtió de modo que cualquiera pudiera tomar fotografías con una cámara sostenida en la mano y simplemente oprimiendo un botón. A todos nosotros nos convirtió en fotógrafos. Es más, ensanchó enormemente el alcance de la fotografía al grado de rivalizar con la invención del tipo movible de Gutemberg, como el medio más fácil de comunicación para la enseñanza y difusión de conocimientos. Convirtió la fotografía en hábil sirviente de la medicina, la ciencia y la industria, la educación y también del arte y el entretenimiento. En las investigaciones médicas, la cámara se ha convertido en "compañera inseparable del microscopio". El cinematógrafo de lapsos de tiempo, con tramos de película tomados a intervalos de minutos u horas, aceleran en la pantalla el lento fenómeno de la división de células; el desarrollo de las células del cáncer, para su observación y análisis. El sensible electrocardiógrafo ofrece un registro fotográfico del funcionamiento del corazón, con el cual se pueden conocer sus condiciones. En la medicina, los Rayos X han ido mucho más allá del simple examen de una pierna rota. Ahora se usan para el descubrimiento, en sus etapas primeras, de la tuberculosis, para diagnosticar el estado del corazón, para el estudio del funcionamiento de los órganos internos humanos.

En la ciencia y en la industria, la cámara es el ojo registrador para observación y medida. Con la magia de la fotografía, el científico puede explorar y medir la luz de la superficie del sol, puede calcular la cantidad de ozono en la atmósfera terrestre, puede determinar velocidades del viento o la hora y el sitio de un terremoto distante y puede decir con precisión al apostador cuál de los caballos fue el que ganó la carrera.

La fotografía muestra el agrupamiento de átomos lo mismo en el acero que en la suave seda, descubre el misterio de la elasticidad de una liga de hule o de la cuerda de un reloj, explica el porqué del ondulado permanente de una dama. Los Rayos X pueden penetrar e inspeccionar el corte seccional de partes estructurales de un avión para descubrir fallas. Puede ver lo que existe en el interior de una momia Egipcia de tres mil años de edad sin que se toquen las envolturas, y descubrir que un gran Faraón sufría piorrea. La cámara es el medio indispensable de registro en la astronomía. El telescopio y la cámara se internan al infinito a registrar cosas que están más allá del alcance de nuestra mente, para localizar nebulosas que se hallan a 500 millones de años-luz de distancia, de las cuales, la luz que nos llega hoy en la noche, posiblemente inició su viaje hacia nosotros cuando nuestra tierra era todavía un cuerpo gaseoso de sustancia estelar desorganizada. El azote moderno del criminal es la fotografía y podemos advertirle: "Por ella te aprehenderán si no tienes cuidado". A las gemas se los toman sus "huellas digitales" para su absoluta identificación, con las placas ultravioletas o infrarrojas se pueden descubrir falsificaciones y alteración de documentos, el espectrograma puede dar el registro fotográfico de los rayos de luz de la mancha más pequeña hallada en la ropa, para establecer la conexión entre el acusado y su crimen.

Es así como este amateur de Rochester con su genio inventivo, simplificó el familiar cine arte, entretenimiento y educación por medio fácil y realista, por un vehículo tan nuevo para registro y difusión de los hechos y la ficción, que todavía estamos asombrados de su efecto universal en nuestra vida moderna.

George Eastman era una persona reticente y eludía la publicidad. Es paradójico que de una persona como George Eastman, cuyo nombre es sinónimo de fotografía, se hayan tomado menos fotografías y sean menos conocidas, que de cualquier otro de los hombres destacados de su tiempo. Podía caminar por la calle principal de su ciudad sin ser reconocido. Pero habiendo carecido de muchos placeres en su vida de rudo trabajo durante su juventud y su edad media, en lo últimos años se dedicó a perseguir las cosas de que se había privado, como la música, las flores, las pinturas y la vida al aire libre. Vivía por su filosofía: "Lo que hacemos durante nuestras horas de trabajo, determina lo que tenemos; lo que hacemos en nuestras horas de asueto, determina lo que somos". Era inclemente competidor, duro y práctico en los negocios; era gentil y bondadoso en su hogar o en la práctica de las diversiones al aire libre. Era un artesano con las herramientas y gustaba de trabajar como carpintero y haciendo reparaciones en su sencilla cabaña de caza que tenía en Carolina del Norte. Mientras efectuaba un trabajo de plomería, un invitado le dijo en una ocasión: "Se ve que con eso te diviertes en grande", a lo que George respondió: "Prefiero limpiar bien una junta de plomo, que cualquier otra cosa que yo sepa". Para muchas excursiones de caza y pesca y para sus safaris en el Africa, organizaba minuciosamente todo su equipo de campaña, diseñando y haciendo cada uno de los empaques y su contenido. Cada artículo iba numerado, ajustado a su espacio y peso y cada uno debería tener cuando menos dos usos. Era un cocinero experto -sus recetas eran tan precisas como fórmulas químicas- y siempre se hacía cargo él de cocinar y personalmente producía platillos especiales, postres y pasteles. Tenía coraje y fe. Durante un safari en Africa, permaneció a pie firme cuando un rinoceronte se lanzó a la carga contra él, y lo filmó calmadamente hasta corta distancia. Su cazador blanco disparó a sólo quince pasos y la bestia cayó a cinco pasos del inmóvil camarógrafo Eastman. Cuando se le hizo notar que podía haber perdido la vida por cualquier cosa que hubiera salido mal, tranquilamente repuso: "Bueno, uno tiene que confiar en su organización". En sus visitas anuales a Europa estudió metódicamente las galería de arte con un amigo experto, llegando a ir en bicicleta de un lado a otro. Así que cuando pudo gastar en obras maestra, había aprendido lo suficiente para decir: "Yo nunca compro una pintura sino hasta que 'la he vivido' en mi casa". El resultado es que la suya, es una de las mejores colecciones privadas de pinturas.

La Visión de un Pionero

George Eastman no era presuntuoso, era un hombre modesto. Era inventor, tecnólogo, un organizador y un ejecutivo con visión, un ciudadano patriota y un filántropo. El solo fue el factor más grande para hacer de la fotografía una ciencia que ha contribuido grandemente al progreso del mundo y un nuevo arte de valor incalculable para la diversión y la educación del mundo. Cuando ocurrió su muerte, en 1932, un editorial del periódico New York Times, dijo: "Eastman fue un factor decisivo en la educación del mundo moderno.

De lo que obtuvo a cambio de sus grandes dones a la raza humana, generosamente dio para su bien: impulso a la música, dotes para el aprendizaje, apoyo a la ciencia en sus investigaciones y enseñanzas buscando al mismo tiempo promover la salud y aminorar los padecimientos humanos, ayudando a los de abajo en su lucha hacia la luz, haciendo de su ciudad un centro de las artes y glorificando a su patria ante los ojos del mundo".

Biography (English version)
- Fuente CIA Kodak

He was a high school dropout, judged "not especially gifted" when measured against the academic standards of the day. He was poor, but even as a young man, he took it upon himself to support his widowed mother and two sisters, one of whom was severely handicapped.

He began his business career as a 14-year old office boy in an insurance company and followed that with work as a clerk in a local bank.

He was George Eastman, and his ability to overcome financial adversity, his gift for organization and management, and his lively and inventive mind made him a successful entrepreneur by his mid-twenties, and enabled him to direct his Eastman Kodak Company to the forefront of American industry.

But building a multinational corporation and emerging as one of the nation's most important industrialists required dedication and sacrifice. It did not come easily.

Boyhood

The youngest of three children, George Eastman was born to Maria Kilbourn and George Washington Eastman on July 12, 1854 in the village of Waterville, some 20 miles southwest of Utica, in upstate New York. The house on the old Eastman homestead, where his father was born and where George spent his early years, has since been moved to the Genesee Country Museum in Mumford, N.Y., outside of Rochester.

When George was five years old, his father sold his nursery business and moved the family to Rochester. There the elder Eastman devoted his energy to establishing Eastman Commercial College. Then tragedy struck. George's father died, the college failed and the family became financially distressed.

George continued school until he was 14. Then, forced by family circumstances, he had to find employment.

His first job, as a messenger boy with an insurance firm, paid $3 a week. A year later, he became office boy for another insurance firm. Through his own initiative, he soon took charge of policy filing and even wrote policies. His pay increased to $5 per week.

But, even with that increase, his income was not enough to meet family expenses. He studied accounting at home evenings to get a better paying job.

In 1874, after five years in the insurance business, he was hired as a junior clerk at the Rochester Savings Bank. His salary tripled -- to more than $15 a week.

Trials of an Amateur

When Eastman was 24, he made plans for a vacation to Santo Domingo. When a co-worker suggested he make a record of the trip, Eastman bought a photographic outfit with all the paraphernalia of the wet plate days.

The camera was as big as a microwave oven and needed a heavy tripod. And he carried a tent so that he could spread photographic emulsion on glass plates before exposing them, and develop the exposed plates before they dried out. There were chemicals, glass tanks, a heavy plate holder, and a jug of water. The complete outfit "was a pack-horse load," as he described it. Learning how to use it to take pictures cost $5.

Eastman did not make the Santo Domingo trip. But he did become completely absorbed in photography and sought to simplify the complicated process.

He read in British magazines that photographers were making their own gelatin emulsions. Plates coated with this emulsion remained sensitive after they were dry and could be exposed at leisure. Using a formula taken from one of these British journals, Eastman began making gelatin emulsions.

He worked at the bank during the day and experimented at home in his mother's kitchen at night. His mother said that some nights Eastman was so tired he couldn't undress, but slept on a blanket on the floor beside the kitchen stove.

After three years of photographic experiments, Eastman had a formula that worked. By 1880, he had not only invented a dry plate formula, but had patented a machine for preparing large numbers of the plates. He quickly recognized the possibilities of making dry plates for sale to other photographers.

Birth of a Company

In April 1880, Eastman leased the third floor of a building on State Street in Rochester, and began to manufacture dry plates for sale. One of his first purchases was a second-hand engine priced at $125.

"I really needed only a one horse-power," he later recalled. "This was a two horse-power, but I thought perhaps business would grow up to it. It was worth a chance, so I took it."

As his young company grew, it faced total collapse at least once when dry plates in the hands of dealers went bad. Eastman recalled them and replaced them with a good product. "Making good on those plates took our last dollar," he said. "But what we had left was more important -- reputation."

"The idea gradually dawned on me," he later said, "that what we were doing was not merely making dry plates, but that we were starting out to make photography an everyday affair." Or as he described it more succinctly "to make the camera as convenient as the pencil."

Eastman's experiments were directed to the use of a lighter and more flexible support than glass. His first approach was to coat the photographic emulsion on paper and then load the paper in a roll holder. The holder was used in view cameras in place of the holders for glass plates.

The first film advertisements in 1885 stated that "shortly there will be introduced a new sensitive film which it is believed will prove an economical and convenient substitute for glass dry plates both for outdoor and studio work."

This system of photography using roll holders was immediately successful. However, paper was not entirely satisfactory as a carrier for the emulsion because the grain of the paper was likely to be reproduced in the photo.

Eastman's solution was to coat the paper with a layer of plain, soluble gelatin, and then with a layer of insoluble light-sensitive gelatin. After exposure and development, the gelatin bearing the image was stripped from the paper, transferred to a sheet of clear gelatin, and varnished with collodion -- a cellulose solution that forms a tough, flexible film.

As he perfected transparent roll film and the roll holder, Eastman changed the whole direction of his work and established the base on which his success in amateur photography would be built.

He later said: "When we started out with our scheme of film photography, we expected that everybody who used glass plates would take up films. But we found that the number which did so was relatively small. In order to make a large business we would have to reach the general public."

Advertising

Eastman's faith in the importance of advertising, both to the company and to the public, was unbounded. The very first Kodak products were advertised in leading papers and periodicals of the day -- with ads written by Eastman himself.

Eastman coined the slogan, 'you press the button, we do the rest,' when he introduced the Kodak camera in 1888 and within a year, it became a well-known phrase. Later, with advertising managers and agencies carrying out his ideas, magazines, newspapers, displays and billboards bore the Kodak banner.

Space was taken at world expositions, and the "Kodak Girl," with the style of her clothes and the camera she carried changing every year, smiled engagingly at photographers everywhere. In 1897, the word "Kodak" sparkled from an electric sign on London's Trafalgar Square -- one of the first such signs to be used in advertising.

Today, company advertising appears around the world and the trademark "Kodak," coined by Eastman himself, is familiar to nearly everyone.

The word "Kodak" was first registered as a trademark in 1888. There has been some fanciful speculation, from time to time, on how the name was originated. But the plain truth is that Eastman invented it out of thin air.

He explained: "I devised the name myself. The letter "K" had been a favorite with me -- it seems a strong, incisive sort of letter. It became a question of trying out a great number of combinations of letters that made words starting and ending with 'K.' The word 'Kodak' is the result." Kodak's distinctive yellow trade dress, which Eastman selected, is widely known throughout the world and is one of the company's more valued assets.

Thanks to Eastman's inventive genius, anyone could now take pictures with a handheld camera simply by pressing a button. He made photographers of us all.

Benefiting the Employee

Beyond his inventive genius, Eastman blended human and democratic qualities, with remarkable foresight, into the building of his business. He believed employees should have more than just good wages -- a way of thinking that was far ahead of management people of his era.

Early in his business, Eastman began planning for "dividends on wages" for employees. His first act, in 1899, was the distribution of a substantial sum of his own money -- an outright gift -- to each person who worked for him.

Later he set up a "Wage Dividend," in which each employee benefited above his or her wages in proportion to the yearly dividend on the company stock. The Wage Dividend was an innovation, and represented a large part of the distribution of the company's net earnings.

Eastman felt that the prosperity of an organization was not necessarily due to inventions and patents, but more to workers' goodwill and loyalty, which in turn were enhanced by forms of profit sharing.

In 1919, Eastman gave one-third of his own holdings of company stock -- then worth $10 million -- to his employees. Still later came the fulfillment of what he felt was a responsibility to employees with the establishment of retirement annuity, life insurance, and disability benefit plans. With these benefits, and the Wage Dividend, employees could confidently look forward to a more secure future.

Carl W. Ackerman, a biographer, writing in 1932, said: "Mr. Eastman was a giant in his day. The social philosophy, which he practiced in building his company, was not only far in advance of the thinking during his lifetime, but it will be years before it is generally recognized and accepted."

Giving Away His Fortune

Eastman is almost as well known for his philanthropy as he is for his pioneering work in photography. In this field, as in others, he put the direction of an enthusiastic amateur to work.

He began giving to nonprofit institutions when his salary was $60 a week -- with a donation of $50 to the young and struggling Mechanics Institute of Rochester, now the Rochester Institute of Technology.

He was an admirer of the Massachusetts Institute of Technology because he had hired some of its graduates, who had become his best assistants. This admiration, after thorough study, was translated into a handsome gift to M.I.T., eventually reaching $20 million. It was given anonymously from a "Mr. Smith," and for several years the identity of mysterious "Mr. Smith" was speculated about, even finding expression in a popular M.I.T. song.

Dental clinics were also of great interest to Eastman. He devised complete plans and financial backing for a $2.5 million dental clinic for Rochester. He then started a large-scale, remedial dental program for children. Dental clinics were also given to London, Paris, Rome, Brussels and Stockholm.

When asked why he favored dental clinics, he replied, "I get more results for my money than in any other philanthropic scheme. It is a medical fact that children can have a better chance in life with better looks, better health and more vigor if the teeth, nose, throat and mouth are taken proper care of at the crucial time of childhood."

Eastman loved music and wanted others to enjoy the beauty and pleasure of music. He established and supported the Eastman School of Music, a theatre, and a symphony orchestra. "It is fairly easy to employ skillful musicians. It is impossible to buy appreciation of music. Yet without a large body of people who get joy out of it, any attempt to develop musical resources of any city is doomed to failure," he said. So his plan had a practical formula for exposing the public to music -- with the result that the people of Rochester have for decades supported their own philharmonic orchestra.

Interest in hospitals and dental clinics had grown with Eastman's work and study of the field. He promoted and brought to fruition a program to develop a medical school and hospital at the University of Rochester, which became as nationally prominent as the university's music school. Rochester is filled with Eastman landmarks that contribute to the enrichment of community life.

His sincere concern for the education of African Americans brought gifts to the Hampton and the Tuskegee Institutes. One day in 1924, Eastman signed away $30 million to the University of Rochester, M.I.T., Hampton and Tuskegee. As he laid down the pen he said, "Now I feel better."

In explaining these large gifts, he said, "The progress of the world depends almost entirely upon education. I selected a limited number of recipients because I wanted to cover certain kinds of education, and felt I could get results with those named quicker and more directly than if the money were spread."

Eastman often made the beneficiary match his gift in some way, so the institution would have the confidence of standing on its own. For him, great wealth brought the greater opportunity to serve.

Leisure Hours

Eastman was reticent and shunned publicity. It seems paradoxical that the man whose name is synonymous with photography should have fewer photographs taken of him than many other outstanding leaders of his time. He could walk down the main street of Rochester without being recognized.

Eastman lived his philosophy, "What we do during our working hours determines what we have; what we do in our leisure hours determines what we are." A tough competitor, hard-bitten and practical in business, he was gentle and congenial at home or in the field of outdoor enjoyment

In his yearly visits to Europe, he toured the art galleries methodically -- even cycling from place to place. By the time he could afford masterpieces, he had learned enough to say, "I never buy a painting until I have lived with it in my home." The result: his home became the showplace of one of the finest private collections of paintings.

The Vision of a Pioneer

He was a modest, unassuming man... an inventor, a marketer, a global visionary, a philanthropist, and a champion of inclusion.

Eastman died by his own hand on March 14, 1932 at the age of 77. Plagued by progressive disability resulting from a hardening of the cells in the lower spinal cord, Eastman became increasingly frustrated at his inability to maintain an active life, and set about putting his estate in order.

"Eastman was a stupendous factor in the education of the modern world," said an editorial in the New York Times following his death. "Of what he got in return for his great gifts to the human race he gave generously for their good; fostering music, endowing learning, supporting science in its researches and teaching, seeking to promote health and lessen human ills, helping the lowliest in their struggle toward the light, making his own city a center of the arts and glorifying his own country in the eyes of the world."
 
Fotografías / Potographies
 
 
 
 

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