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Vicente Fox Quesada

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México Al día - Entrevista a Vicente Fox

Trayectoria empresarial con salto a la política
Personalización de la alternativa al PRI
Propuestas de Gobierno para una mudanza histórica
Desbloqueo del marco jurídico para Chiapas
Un presidente en la picota por las inercias socioeconómicas
Fluctuaciones en las relaciones exteriores de México

1. Trayectoria empresarial con salto a la política
Segundo hijo de la vasca emigrada Mercedes Quesada y del ranchero descendiente de irlandeses José Luis Fox, se crió con sus ocho hermanos en la hacienda familiar, el Rancho San Cristóbal, en el municipio de San Francisco del Rincón del estado de Guanajuato. Recibió su formación escolar en centros religiosos del estado y del Distrito Federal; su acendrado catolicismo le llevó a considerar el sacerdocio, pero, siguiendo los deseos de sus padres, en 1960 inició la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Iberoamericana (UIA) en México D.F.

Los malos resultados académicos frustraron su titulación, pero el muchacho lo compensó con una ética del trabajo y el triunfo personales. Comenzó una fulgurante carrera en la sucursal para México y Centroamérica de la multinacional Coca-Cola, de suerte que en el curso de una década pasó de ser supervisor de reparto, trabajo que le obligaba a realizar continuos viajes por carretera por todo el país, a, en 1975, presidir la propia compañía regional.

Obtuvo un diploma en Alta Gerencia de Empresas por la Universidad de Harvard y en 1979 abandonó la firma para dedicarse a los negocios privados, primero como agricultor y luego al frente del Grupo Fox, un conjunto de empresas de alimentación agropecuaria, exportación de verduras congeladas, piensos y calzado de estilo vaquero. Sus éxitos empresariales le abrieron las puertas de la Cámara de Comercio Mexicano-Americana y de la Asociación de Industriales del Estado de Guanajuato, de la que fue elegido vicepresidente.

Desde mediados de los años ochenta mostró un interés creciente en el desarrollo social y cultural de su estado. Entre otras actividades, fundó el Patronato de la "Casa Cuna Amigo Daniel", dedicado a la acogida de huérfanos, y promovió el Patronato Educativo Loyola y el Instituto Lux de León. Su participación en la política profesional arranca formalmente en 1988. El 1 de marzo de ese año ingresó en el Partido de Acción Nacional (PAN), formación derechista y católica fundada en 1939, bien representada entre los terratenientes y la burguesía industrial, y durante medio siglo la única fuerza de oposición digna de llevar ese nombre al hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Fox fue nombrado secretario de Finanzas del Comité Directivo Estatal del PAN en Guanajuato y en los comicios del 6 de julio salió elegido diputado federal por León, función que desempeñó hasta 1991. Su mentor político y candidato frustrado en las presidenciales de 1988, Manuel Clouthier Rincón, le incluyó como secretario de Agricultura en su gabinete alternativo, una suerte de ejecutivo paralelo de oposición meramente nominal, según el modelo anglosajón del shadow cabinet.

La muerte de Clouthier en accidente de tráfico el 1 de octubre 1989 probablemente galvanizó el activismo político de Fox. En 1991 perdió las elecciones a gobernador de Guanajuato, que fueron consideradas fraudulentas por sus partidarios, pero en la siguiente edición, el 28 de mayo de 1995, batió al priísta Ignacio Vázquez Torres con el 58% de los sufragios. Aupado el 26 de junio siguiente al mando de uno de los cuatro estados (de los 31 que integran México, más el Distrito Federal) entonces controlados por el PAN, Fox combinó las críticas durísimas al Gobierno federal con una gestión de tipo liberal y modernizador, centrada en el desarrollo de la educación, el incentivo a la actividad privada y la atracción de inversiones foráneas, generando un notable crecimiento económico. Si bien estaba en minoría parlamentaria, Fox pudo gobernar gracias a los pactos suscritos con la oposición.

Ya en 1997 manifestó su aspiración a la Presidencia de la República (habilitada desde la reforma constitucional de 1993, que levantó la prohibición de optar al puesto a los hijos de mexicanos no nativos); el 10 de julio de 1999 anunció formalmente su candidatura y el 7 de agosto siguiente cesó como gobernador de Guanajuato; finalmente, tras imponerse el 12 de septiembre en las elecciones internas del PAN, la nominación de Fox fue proclamada el 14 de noviembre. La automarginación en todo el proceso del candidato presidencial del PAN en 1994 y uno de sus máximos dirigentes del partido, Diego Fernández de Cevallos, suscitó comentarios sobre una falta de unanimidad entre los panistas en torno a la figura de Fox y sus métodos heterodoxos para la captación de votos.

2. Personalización de la alternativa al PRI
En la intensa campaña de las elecciones del 2 de julio de 2000, unánimemente consideradas las más cruciales en la historia del país, luego de 71 años de hegemonía y predominio del PRI, al plantearse una posibilidad seria de recambio político gracias a las reformas decisivas del titular saliente, Ernesto Zedillo Ponce de Léon, Fox explotó su imagen de panista atípico, con un populismo, un estilo directo y una virulencia verbal contra sus contrarios que no se ajustaban al perfil del derechista tradicional.

Su candidatura fue respaldada por activistas civiles agrupados en una Asociación de Amigos de Fox, cuya militancia heterogénea superaba el marco partidista -de hecho, funcionó como una estructura paralela a la oficial del PAN- e integraba a diversos colectivos comprometidos con el final de la hegemonía del PRI, como antiguos compañeros en la Coca-Cola y la universidad, intelectuales, amas de casa, trabajadores y empresarios, esto es, una importante representación de las clases bajas, medias y medias-altas, con un fuerte componente urbano.

A medida que se confirmaban las posibilidades de victoria de Fox sobre el candidato oficialista, Francisco Labastida Ochoa, la maquinaria del PRI multiplicó las descalificaciones personales, en torno a su supuesta financiación por terceros y su porte de vaquero tosco e inexperto; nunca carente de pugnacidad, Fox contraatacó con llamamientos a sepultar la "dictadura priísta", mientras que los oficiales de campaña incidieron en sus virtudes de hombre honesto, sincero y transparente. Para avalar esta intachabilidad, Fox publicó su patrimonio personal.

Por otra parte, Fox propuso al tercer candidato en discordia, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ex alcalde de Ciudad de México y líder del centroizquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), un pacto de renuncia con el objeto de concentrar en él todo el voto opositor; Cárdenas rechazó la petición y confirmó que iba a participar en la lid, pero ello no fue óbice para que la candidatura del panista continuara engrosando las adhesiones de renombrados intelectuales y simpatizantes del PRD e incluso de sectores críticos del PRI. Como organización, el PAN formó con el Partido Verde Ecologista Mexicano (PVEM) una Alianza por el Cambio (AC) por la que también expresó interés el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM).

Días antes de la jornada electoral, que coincidía con el 58 cumpleaños de Fox, la oposición denunció algunas irregularidades, como el intento de compra de votos por oficiales del PRI. Las encuestas vaticinaban un virtual empate técnico con Labastida. Sin embargo, con una participación superior al 65%, Fox resultó vencedor con un inesperado 42,5% de los votos, seguido por Labastida con el 36,1% y por Cárdenas con el 16,6%. Ajustándose al procedimiento, el Tribunal Federal Electoral proclamó oficialmente a Fox presidente electo el 3 de agosto.

Superando sus previsiones en las legislativas, la AC se alzó con una simbólica mayoría simple en la Cámara de Diputados, donde ganó 213 de los 500 escaños con el 38,2% de los votos (si bien, con 209 actas, el PRI le arrebató al PAN la primacía en la liza individual de partidos por un único escaño). El partido de Fox venció igualmente en los comicios a los gobiernos de los dos estados en juego, Guanajuato, que retuvo, y Morelos, que conquistó. En el Senado federal, empero, el PRI siguió ostentando una sensible mayoría de 60 escaños, seguido por el PAN con 46. Estos resultados suponían que el PRI iba a ser imprescindible para sacar adelante las reformas legales prometidas por Fox, muchas de las cuales exigían la reforma de la Constitución.

Al parecer, una parte significativa del triunfo de Fox descansó en la captación del voto útil de electores en teoría más próximos al PRD, lo que explicaría el pobre resultado cosechado por Cárdenas. En cualquier caso, las elecciones reflejaron la decidida apuesta por el cambio de buena parte de los mexicanos. El histórico resultado no tardó en ser reconocido por el PRI y Zedillo, que llamó a sus huestes a realizar una transición ordenada y que ofreció toda su colaboración al presidente electo, para lo que ambos sostuvieron un primer encuentro al día siguiente. Fox, que recibió mensajes de felicitación de todo el mundo, anunció un "gobierno de transición, plural e incluyente".

 

 

3. Propuestas de Gobierno para una mudanza histórica
Ubicado él mismo en el "centro izquierda ligero", y en cualquier caso en el ala menos conservadora del PAN, Fox llegó al poder con la promesa de acometer una ambiciosa y radical reforma del Estado, la economía y la sociedad mexicanos, para subsanar las rémoras y déficits democráticos tras siete décadas de hegemonía priísta. Una tarea formidable en la que, reconoció, iba a encontrar múltiples dificultades.

El mandatario electo propuso un "desarrollo económico con rostro humano", no sometido a los dictados neoliberales, que asegurara un crecimiento equilibrado y sostenido, entre el 5% y el 7% anual, que concediera oportunidades a la iniciativa empresarial, las inversiones foráneas y el ahorro privado como instrumentos generadores de empleo, precisando la meta de crear 1.300.000 puestos de trabajo, y que favoreciera el acceso de las extensísimas capas empobrecidas (alrededor de 45 millones de mexicanos sobre una población total de 98 millones) a la muy desigualmente repartida riqueza nacional.

Contemplaba reformas estructurales que mejorasen la competitividad de la economía, aunque en la campaña desmintió que fuera a privatizar íntegramente Petróleos Mexicanos (PEMEX, emblemática empresa que, no obstante, ha cedido paulatinamente diversas sucursales al capital privado) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Éstas eran las últimas ramas productivas que quedaban en manos del Estado luego de una década de privatizaciones realizadas en las administraciones de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y Zedillo (1994-2000).

Su agenda incluía otras máximas preocupaciones sociales, como la corrupción generalizada, el narcotráfico, el crimen organizado y la delincuencia común, todas los cuáles prometió combatir con implacabilidad. Su compromiso de democratizar y vigorizar la vida social mexicana se fundamentaba en una profunda reforma educativa, la profesionalización de las administraciones públicas, medidas para asegurar el federalismo y el equilibrio de poderes del Estado (empezando por una limitación de la todopoderosa institución presidencial), y el impulso de la participación de la sociedad civil sin exclusiones flagrantes, para lo que propuso crear las figuras del plebiscito y el referéndum.

Todavía en esta línea, ofreció una Comisión de Transparencia para investigar los magnicidios y otros graves delitos ocurridos en las últimas décadas, concretamente la brutal represión de estudiantes en 1968 bajo la presidencia del autoritario Gustavo Díaz Ordaz. Con respecto al conflicto de Chiapas, estancado en su reconducción negociada desde febrero de 1996, cuando se firmaron los luego no aplicados Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígenas, Fox se declaró dispuesto a un arreglo que pasaría por una reunión personal y sin intermediarios con los dirigentes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y la concesión de autonomía efectiva a las comunidades indígenas.

Sobre política exterior, además de su proximidad a Estados Unidos de sobra conocida, Fox expresó su deseo de continuar la cooperación tradicional con Cuba, pero sin cuestionar la actitud inaugurada por Zedillo de exigir un mayor respeto de los Derechos Humanos. Empero, en el medio año en que ejerció de presidente in péctore, Fox no incluyó al país caribeño en su gira de presentación por Estados Unidos, Canadá, Latinoamérica y Europa, como había sido tradición en los presidentes electos del PRI. Su propuesta de ampliar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), según el modelo del mercado común europeo, a la libre circulación de personas, fue acogida con frialdad en Washington y con patente rechazo en Ottawa.

4. Desbloqueo del marco jurídico para Chiapas
El 2 de diciembre de 2000 Fox prestó juramento como presidente de México para los próximos seis años, en una ceremonia a la que asistieron 19 jefes de Estado y de Gobierno y en un clima de euforia popular. En sus discursos habló de construir una "democracia genuina" y de entablar diálogo y entendimiento con todos los actores políticos, económicos y sociales del país, para "continuar la transición después de la alternancia". El gabinete que formó incluía personalidades de trayectoria y talante ideológico dispares, para no ofrecer una "simbiosis abusiva" entre el partido del presidente y su gobierno, en clara ruptura con el corporativismo del que habían abusado los priístas.

Al día siguiente de asumir, Fox ordenó el principio de la retirada del Ejército de Chiapas, anunció el envío inmediato al Congreso del proyecto de ley sobre Derechos y Cultura Indígenas elaborado por la Comisión Parlamentaria de Concordia y Pacificación (COCOPA) y firmó en Oaxaca con la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Mary Robinson, un acuerdo comprometiendo al Estado mexicano con el respeto de las libertades y los derechos fundamentales. También se comprometió a facilitar la puesta en libertad de los presos del EZLN. Este conjunto de iniciativas satisfizo las demandas de la guerrilla, que sin más dilación aceptó volver a la mesa de diálogo.

Ahora bien, para enero de 2001 las previsiones optimistas sobre el pronto desenlace negociado del conflicto chiapaneco ya eran cuestionadas por la negativa de diputados de todos los partidos, del PAN inclusive, a aprobar el texto de la COCOPA a menos que se introdujeran en él enmiendas y correcciones en un sentido más restrictivo de las demandas de los neozapatistas. El presidente fue receptivo al escepticismo y las presiones de los sectores conservadores y pidió una "señal" al líder del EZLN, el célebre Subcomandante Marcos, antes de emprender el diálogo cara a cara.

La respuesta del guerrillero fue convocar la Marcha por la Dignidad Indígena, más conocida como zapatour, una comitiva pacífica de varias decenas de zapatistas desarmados encabezada por él mismo y los 23 comandantes del EZLN que, custodiada por voluntarios del Congreso Nacional Indigenista (CNI) y representantes de la sociedad civil, comenzó en Chiapas su itinerario a través de doce estados el 24 de febrero y se presentó en olor de multitudes en Ciudad de México el 11 de marzo.

Dentro de esta pugna por el control de la iniciativa política y la publicidad mediática, Fox ofreció a Marcos una recepción en persona y el denominado Plan Puebla-Panamá, un proyecto de desarrollo de los estados sureños de México a través de la integración en las economías centroamericanas, pero el subcomandante respondió con una doble negativa y exigió que se aprobara la ley contemplada en los Acuerdos de San Andrés.

Fox salió con buen pie de estas expectantes jornadas en las que el EZLN acaparó la atención internacional. En primer lugar, la alocución el 28 de marzo de una comandante indígena encapuchada ante la Cámara de Diputados, evento cuyo simbolismo necesario para la consolidación de un clima de confianza y la reparación de una exclusión histórica nadie ignoraba, fue posible gracias a los votos de todos los partidos principales excepto el PAN, donde el conservadurismo y la hostilidad al EZLN de dirigentes como Fernández de Cevallos contrastó con la flexibilidad y la buena disposición del presidente. Tras esta entrada sin precedentes en la sede del poder legislativo nacional y las garantías recibidas de la COCOPA, Marcos se dio por ampliamente satisfecho y ordenó la retirada del zapatour, suscitando el elogio de Fox a la "dignidad" y la "gran altura" mostradas por el dirigente del EZLN.

El 25 de abril, luego de cinco años de demora, el Senado aprobó por unanimidad la Ley sobre Derechos y Cultura Indígenas, pero en una versión retocada que limitaba el marco de la autodeterminación y arrojaba algunas ambigüedades sobre los mecanismos para hacerla efectiva. Esta revisión a la baja del proyecto de ley, que prosiguió el 28 de abril en la Cámara de Diputados con 386 votos a favor y 60 en contra su alambicado proceso de refrendo y reglamentación por todas las cámaras legislativas del Estado federal, fue calificada de "burla" por el EZLN y denunciada por doquier como una interpretación torticera por los diputados de los partidos mayoritarios. La propia COCOPA exigió a Fox que vetara el texto legal antes de continuar el trámite parlamentario.

El asunto evocaba el temor de la clase política mexicana a que la reforma de cinco artículos de la Constitución, no aplicable hasta ser validada por al menos 16 de los 32 parlamentos estatales, abriera la puerta a reclamaciones independentistas, conflictos de jurisdicción entre las autoridades federales e indígenas, o pleitos por el usufructo de las tierras y los recursos naturales.

Haciéndose eco del desconcierto y la controversia reinantes, 1 de mayo Fox reconoció que, efectivamente, la ley indígena no contemplaba aspectos centrales de la autodeterminación de las comunidades indígenas y la explotación colectiva de los recursos naturales. Con todo, cuando la ley fue aprobada por 16 estados (los necesarios para poder entrar en vigor), Fox la ratificó y ordenó su promulgación, el 15 de agosto, pese a que los congresos de una decena de estados (incluido Chiapas) se manifestaron en contra.

5. Un presidente en la picota por las inercias socioeconómicas
Fox tomó posesión de la Presidencia cuando el país estaba a punto de cerrar un excelente año económico. En 2000 la economía creció el 7%, el doble que el año precedente, y, dato muy notable, lo hizo sin recalentamiento de los precios; antes al contrario, la inflación descendió del 16,6% al 9,5% en los doce meses computados. El peso estaba estabilizado frente al dólar, el Banco Central había aumentado sus reservas monetarias y el descenso de los ingresos del petróleo por los bajos precios internacionales se había compensado en parte con el relanzamiento de las exportaciones no petroleras.

Esto formaba parte del legado de Zedillo, pero en el último trimestre del año ya se detectaron las consecuencias negativas de la deceleración económica en Estados Unidos, interacción automática desde el momento en que el poderoso vecino del norte es el cliente de -nada menos- el 89% de las exportaciones y el proveedor del 73% de las importaciones de México.

Para Fox era absolutamente prioritaria la reforma del sistema fiscal, consistente, entre otros puntos, en la aplicación de un IVA único del 15% sobre los alimentos y los medicamentos, con el objeto de aportar a las arcas públicas 14.000 millones de dólares suplementarios hasta 2006 y así aliviar los compromisos derivados de las deudas del Estado, que entre montantes internos y externos sumaban los 150.000 millones de dólares. La necesidad era tanto más perentoria cuanto que la renta petrolera estaba achicándose y el nivel de ingresos fiscales del Estado estaba muy lejos del exhibido por las economías más desarrolladas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la que México es miembro.

La reforma precisaba la enmienda de la Constitución y, por ende, la mayoría de dos tercios en el Congreso para su aprobación. En el primer semestre de 2001 el presidente intentó reunir los apoyos necesarios al proyecto del Gobierno, pero las resistencias de muchos diputados del PRI y el PRD, que arguyeron el temible impacto social del encarecimiento de los productos de primera necesidad, lo empantanaron hasta final de año, cuando Fox hubo de plegarse a una versión más modesta. Así, el 31 de diciembre de 2001 el Congreso aprobó tres leyes en materia de fiscalidad que dejaron fuera el polémico punto del IVA sobre alimentos y medicinas.

Una suerte no mejor corrieron los proyectos para regular las relaciones laborales, modernizar la función pública y expandir la participación del capital privado en el sector energético, que precisaban igualmente de sendas enmiendas constitucionales. En el caso de PEMEX, a la parálisis del proceso legislativo se le añadieron, en septiembre de 2002, las implicaciones penales y laborales del escándalo sobre el presunto desvío de 123 millones de dólares de la compañía a la campaña del PRI en las elecciones de 2000, ya que la petición de desafuero contra tres diputados priístas que al mismo tiempo eran líderes sindicales en el gigante empresarial (130.000 asalariados) indujo a los afectados a convocar una huelga de la plantilla con la reivindicación de subidas salariales del 15%.

La clara defensa de sus intereses corporativos disoció, una vez más, a estos dirigentes de la vieja guardia sindical de los cuadros intermedios de trabajadores, que demandaban incrementos en sus nóminas más moderados, facilitando la intervención negociadora de Fox y la remoción, a finales del mes, de la amenaza de los paros.

El presidente mexicano cumplió su primer año en el poder presentando un balance globalmente positivo, que puso el acento en: la estabilidad monetaria; la elevación de las reservas de divisas, hasta los 30.000 millones de dólares; la continuación de la senda descendente de la inflación, hasta terminar el año con una tasa histórica del 4,4% (la más baja desde 1968), y de los tipos de interés; el control del déficit público, que con el 0,7% del PIB se desvió mínimamente de las previsiones del Gobierno; y, el vigoroso aumento de la inversión extranjera directa.

Fox aseguró que el país gozaba de la confianza de los operadores económicos internacionales, y esa era la mejor señal para encarar con optimismo el futuro inmediato, no obstante el severo impacto de la crisis estadounidense, la demora en la puesta a punto de las reformas estructurales prometidas y la inamovilidad del problema de la pobreza. En el ámbito de los derechos políticos y civiles, reivindicó el disfrute por México de una etapa de pluralismo y de libertades sin precedentes, pero también reconoció que quedaba mucho por hacer en la lucha contra la corrupción y la criminalidad, fenómenos que se mostraban con la impunidad habitual.

Por activa y por pasiva, sobre la cuestión tangible del bienestar económico Fox ha pedido tiempo y paciencia a los mexicanos, quienes, según se desprende de las encuestas de opinión, están menos interesados en los planes de liberalización sectorial, considerados por el presidente ineludibles para el desarrollo nacional, que en la mejora sustancial de su nivel de vida. En los primeros meses de 2002 el presidente restó importancia, presentándola como una coyuntura pasajera, a la recesión del 0,3% del PIB con que cerró 2001 e intentó darle la vuelta a otro dato contundente arrojado por los análisis no gubernamentales, que más de 500.000 puestos de trabajo se habían destruido desde diciembre de 2000, a pesar de suponer otros dos incumplimientos, y muy flagrantes, de sus compromisos electorales.

Las imputaciones de falta de liderazgo, de inconsistencia en los diversos frentes de actuación gubernamental, de una dedicación excesiva a las cuestiones internacionales y, sobre todo, de no realizar lo prometido, han seguido lloviendo a lo largo de 2002 sobre Fox, presionado por un lado, sobre todo desde los empresarios privados, para que avance decididamente en las reformas estructurales, y por el lado opuesto para que no se eche en brazos del "neoliberalismo". Los fuertes regateos desde el propio partido del presidente y las disonancias entre miembros del Ejecutivo, sobre todo en política exterior, han sido otros tantos aspectos que alimentan estas críticas a Fox.

El 2 de julio de 2001, coincidiendo con su 59 cumpleaños y el primer aniversario de su victoria electoral, el presidente mexicano contrajo matrimonio civil por sorpresa y en la más absoluta intimidad con una estrecha colaboradora desde que llegara al Gobierno de Guanajuato en 1995, Martha Sahagún Jiménez, que últimamente se había desempeñado como portavoz del Gobierno federal. Para ambos se trataron de las segundas nupcias: Sahagún obtuvo la nulidad de su primer matrimonio en 2000, mientras que Fox estaba divorciado de Lilian de la Concha desde 1991. Según medios locales, la intención del ferviente católico fue obtener también la anulación de su matrimonio religioso, pero ante la negativa de la autoridad eclesiástica optó por formalizar su relación con Sahagún por lo civil. La pareja reúne siete vástagos, los cuatro hijos adoptados por Fox con su primera esposa, y los tres hijos biológicos de Sahagún.

6. Fluctuaciones en las relaciones exteriores de México
(Epígrafe en previsión)

(Última actualización: 25 octubre 2002) Actualización

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