Biografías
Leonel Antonio Fernández Reyna

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República Dominicana Al día

Fuente CIDOB - Nació el 26 de diciembre de 1953, Santo Domingo, Distrito Nacional
Se formó en centros escolares de Nueva York y cursó la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), por la que se doctoró con honores en 1978 con una tesis titulada El delito de opinión pública. En la Escuela de Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas recibió el premio J. Humberto Doucudray como el alumno más destacado de su promoción.

Inquieto desde su juventud por la problemática social y atraído por las ideas progresistas, ingresó en un comité de base del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que dirigía el veterano político izquierdista Juan Bosch. En 1973 acompañó a Bosch, que entretanto había evolucionado hacia postulados más moderados, cuando se separó del PRD y fundó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), una fuerza al principio calificada de marxista pero que terminaría ubicándose en el centro del espectro político, si acaso con concesiones al progresismo.

En la década de los setenta Fernández se destacó como líder estudiantil; ocupó la Secretaría General de la Asociación de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UASD y participó activamente en las agitaciones reivindicativas contra el régimen derechista de Joaquín Balaguer.

Dentro del PLD ocupó sucesivamente los cometidos de responsable de circulares, secretario de comité de base, miembro del Comité Central (1983), miembro del Comité Político (1990) y secretario de Asuntos Internacionales y de Prensa. Asimismo dirigió la revista Política, Teoría y Acción y colaboró en las tareas editoriales de Vanguardia del Pueblo, el órgano de prensa del partido. En su vida profesional privada, además de la docencia, ha ejercido la abogacía, especializándose en Derecho Civil, en diversos tribunales de la República.

En 1994 fue elegido para acompañar al octogenario Bosch como candidato a la vicepresidencia en las elecciones del 16 de mayo, pero éstas fueron ganadas fraudulentamente por Balaguer, líder histórico del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que obtuvo su sexto mandato cuatrienal desde 1966.

De cara a las nuevas presidenciales del 16 de mayo de 1996, adelantadas justamente tras alcanzar Balaguer y la oposición un Pacto por la Democracia para superar la crisis política y reformar la Constitución, Fernández fue designado candidato del PLD y recibió el apoyo del casi nonagenario Balaguer, desairando al postulante de su propio partido, el vicepresidente Jacinto Peynado, con el objeto de impedir la victoria del popular dirigente del PRD, el socialdemócrata José Francisco Peña Gómez, más que probable ganador en 1994 de no haber mediado las manipulaciones.

En la primera vuelta Fernández quedó en segundo lugar tras Peña Gómez con el 38,9% de los sufragios, pero en la segunda del 30 de junio operó el inopinado pacto Balaguer-Bosch, los dos patriarcas de la política dominicana hasta la víspera enemigos inveterados, y Fernández pudo imponerse con el 51,2%. El 16 de agosto tomó posesión de su mandato cuatrienal como primer presidente del PLD y formó un gobierno de coalición con el PRSC.

Esta alianza, que recibió el nombre de Frente Patriótico Nacional, otorgaba una ajustada mayoría de 63 escaños en la Cámara de Diputados de 120 miembros, de los cuales el PLD sólo aportaba 13. La Comisión Electoral constató una participación masiva y que las elecciones habían tenido un desarrollo ejemplar, muy diferente de la escandalosa edición de 1994.

Fernández encontró al asumir una situación social y económica difícil por la conjunción de la parálisis administrativa, debido a la corrupción, que afectaba gravemente al suministro de algunos servicios básicos, y la realidad tradicional de pobreza e injusticia social. Sin concesiones populistas y con estilo tecnocrático acometió un programa clásico de austeridad cuyos ejes eran la reducción del gasto público y la privatización de la industria azucarera y del servicio eléctrico, que en este caso se consideró como la única solución para corregir las crónicas deficiencias en el suministro.

También impulsó una campaña anticorrupción, que sin embargo pronto encontró sus limitaciones al apuntar al entorno de funcionarios y políticos leales al balaguerismo, el mismo que le había brindado la victoria en las urnas. Conforme a los planteamientos del libre mercado su Gobierno aprobó la construcción de nuevas zonas francas y exenciones para atraer los capitales extranjeros. La devaluación del peso en un 8,5%, decidida en julio de 1998, debía tener el efecto de favorecer las exportaciones al exterior.

No obstante, la falta de apoyos parlamentarios -los diputados socialcristianos tendieron a alinearse con el PRD durante la legislatura- impidió la salida adelante de buena parte de los proyectos de Fernández, tanto los económicos ya mencionados como la reforma de la Constitución para eliminar la limitación de los mandatos presidenciales a uno y poder optar a la reelección, siguiendo la pauta de otros mandatarios latinoamericanos.

Por otro lado, el fuerte crecimiento de la economía (el PIB aumentó el 8,2% en 1997, el 7% en 1998 y el 8,3% en 1999, los mejores registros de todo el continente), gracias a los ingresos del turismo y las remesas enviadas por los dominicanos en el exterior, creó mucho empleo y trajo una subida de los salarios, pero también encareció los precios de los alimentos y combustibles, efecto especialmente notable para las extensas capas populares que no percibieron como equitativas las ganancias de la nueva prosperidad. La impopularidad del programa económico de Fernández generó varias olas de revueltas en 1998 y 1999 que fueron reprimidas con severidad por las fuerzas de orden público.

En el terreno electoral este malestar se manifestó inapelablemente. En las legislativas del 16 de mayo de 1998 el PRD, beneficiado en añadidura por la corriente de simpatía que había producido la muerte de Peña Gómez días atrás, se hizo con la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados (aumentada a los 149 miembros) con 83 escaños, en tanto el PLD se quedó con 50, frustrando las esperanzas, no ya de obtener una mayoría suficiente para sacar adelante los presupuestos sin componendas, sino de mantener el tercio de diputados en ambas cámaras del Congreso que le facultaba para ejercer el veto presidencial a las decisiones parlamenterias de la oposición.

En política internacional Fernández desarrolló un perfil alto, sintiéndose cómodo en un terreno sobre el que ya había asesorado en su partido y que le granjeó una unánime respetabilidad. Interesado en mejorar las relaciones diplomáticas en todas las direcciones, intensificó la cooperación con España (el presidente del Gobierno, José María Aznar eligió la República Dominicana como destino de su primer viaje al continente en septiembre de 1996), participó en las cumbres Iberoamericanas anuales y asistió como invitado a la de presidentes centroamericanos celebrada en San José, Costa Rica, el 8 de mayo de 1997, en la que también estuvo presente el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, con quien el presidente dominicano se iba a reunir en la Casa Blanca con carácter privado el 10 de junio de 1998.

Entre el 5 y el 7 de noviembre de 1997 la capital dominicana fue el escenario de una cumbre especial con los presidentes de los cinco estados centroamericanos, más los de Panamá y Belice, dedicada a estudiar el inicio de negociaciones sobre un Tratado de Libre Comercio de bienes, servicios e inversiones entre el país caribeño y el istmo. Definido con suma rapidez, el TLC fue firmado por Fernández y sus colegas en la misma ciudad el 16 de abril de 1998 y entró en vigor el 1 de enero de 1999.

Ámbito de actuación de Fernández especialmente relevante fue el Caribe, donde la República Dominicana ha estado poco integrada, tanto multilateralmente como a título bilateral con unos estados geográficamente muy vecinos. Fernández participó en la 18ª Cumbre de la Comunidad del Caribe (CARICOM), organización económica hasta entonces estrictamente anglosajona, el 8 de julio de 1997 en Montego Bay, Jamaica, y del 20 al 22 de agosto de 1998 acogió en Santo Domingo una cumbre especial del CARIFORO o Foro del Caribe de los Estados ACP (Asia, Caribe y Pacífico), esto es, signatarios de la Convención de Lomé IV establecida en 1989 con la entonces Comunidad Europea para la recepción de la ayuda concedida por el Fondo de Desarrollo Europeo (FDE).

El CARIFORO surgió para coordinar estas ayudas en un entorno de cooperación e integración regional justamente a raíz de la participación de la República Dominicana (y Haití) en Lomé IV, dado que el país hispano no pertenece al CARICOM y la Secretaría de este organismo ya no era suficiente para monitorizar los recursos del FDE destinados a la región.

En este encuentro, que coincidió con el quinto centenario de la fundación de la capital dominicana, Fernández firmó un tratado de libre comercio con el CARICOM y además sostuvo una histórica reunión con el dictador cubano Fidel Castro, que asistía a la cumbre a título de observador, lo que selló el restablecimiento de relaciones diplomáticas, anunciado el 11 de diciembre de 1997.

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Fernández participó también en los trabajos de la Agenda para Las Américas, la Iniciativa inaugurada en 1994 a instancias de Estados Unidos para crear una vasta área de libre cambio continental en 2005, en el Centro Carter de Atlanta, y el 17 de abril de 1999 volvió a captar la atención del hemisferio al dirigir en Santo Domingo la II Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), foro que integra a 25 países ribereños y que en aquella ocasión sentó las bases para un área de libre comercio propia.

También mejoraron los siempre difíciles tratos con Haití, el otro país en que se divide la isla de La Española, a pesar de que su Gobierno practicó una política continuista con respecto al trato dispensado a los inmigrantes haitianos clandestinos, esto es, expulsiones periódicas con pocas contemplaciones al otro lado de la frontera (que han afectado también a dominicanos de raza negra). Así, en junio de 1998 realizó en Puerto Príncipe la primera visita de un presidente dominicano en 62 años.

El malestar social apuntado en las legislativas de 1998 volvió a pasar factura al PLD en las presidenciales del 16 de mayo de 2000, que fueron ganadas por el candidato del PRD, Hipólito Mejía Domínguez, sobre el oficialista Danilo Medina, justo con el doble de votos. El 16 de agosto Mejía relevó a Fernández en la suprema magistratura. El mandatario saliente reconoció en su despedida su fracaso en la solución del problema eléctrico (los prolongados apagones se habían sucedido en las últimas semanas en Santo Domingo y otras ciudades), pese a la entrada de capital privado en las diversas empresas de distribución de la Corporación Dominicana de Electricidad.

Hombre con notable haber intelectual, Fernández es doctor en Derecho magna cum laude y se expresa con fluidez en francés e inglés. Desde finales de los años setenta ha participado en cursos y seminarios dentro y fuera de su país, ha impartido docencia en la UASD, en la Universidad Estatal y en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), así como conferencias en la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Estados Unidos.

Ha escrito artículos sobre temas de comunicación, cultura, historia y derecho y tiene publicados tres libros, su antigua tesis doctoral, convertida en manual jurídico, más Los Estados Unidos en el Caribe: de la Guerra Fría al plan Reagan y Raíces de un poder usurpado, éste un análisis crítico del proceso electoral de 1990 que otorgó la victoria a Balaguer. Pertenece asimismo al grupo de reflexión política Círculo de Montevideo, que anima el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti.

Actualización
El 16 de Mayo del 2004 fue elegido nuevamente presidente de su país, al derrotar a Rafael Hipólito Mejía Domínguez

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