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Eugene Luther Gore Vidal

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. De cómo los estadounidenses llegamos a ser tan odiados
. Biógrafo oficioso de los Estados Unidos

Eugene nació en West Point, Nueva York, el 23 de Septiembre de 1925. Hijo de Eugene Vidal y Nina Gore. Nació en la famosa academia militar de los Estados Unidos donde su padre era instructor aeronáutico. Posteriormente, Vidal adoptaría como nombre propio el apellido de su abuelo materno, Thomas P. Gore, quien fuera senador demócrata por Oklahoma.

De niño le llevaron a Washington D.C., donde estudió en el colegio St. Albans. Su abuelo Gore estaba por entonces ciego, y el joven Vidal le leía en voz alta, además de ejercer frecuentemente como su guía, lo que le dio acceso a los corredores del poder (algo poco usual para un muchacho). El aislacionismo del senador Gore ha sido desde entonces una de las bases fundamentales de la filosofía política de Vidal, quien siempre ha sido crítico con lo que él percibe como «imperialismo americano».

Tras su graduación en la Phillips Exeter Academy, Gore se alistó en la reserva del ejército norteamericano en 1943.

Durante gran parte de los últimos años del siglo XX, Vidal ha dividido su tiempo entre Ravello, Italia, en la Costa Amnalfi, y Los Ángeles, California. En 2003 vendió su casa de Ravello, y ahora pasa la mayor parte de su tiempo en Los Ángeles. En noviembre de 2003 murió su pareja de toda la vida, Howard Austen.

Gore Vidal es socio honorario de la National Secular Society.

A los 21 años publicó su primera novela, Williwaw, basada en sus experiencias como militar en el destacamento de la bahía de Alaska. Fue un libro bien recibido por la crítica. Unos años más tarde, su novela La ciudad y el pilar de sal (The city and the pillar), en la que hace una cándida aproximación a la temática gay, causó tal controversia que el diario New York Times se negó a publicar revisiones de sus siguientes libros. El libro estaba dedidado a J.T., quien, según algunos rumores publicados en una revista, Vidal se vio forzado a admitir que se trataba de su amante en St. albans Jimmie Trimble, a quien se refiere claramente en el libro. Trimble había muerto en la batalla de Iwo Jima el 1 de junio de 1945, y Vidal aseguraría que fue la única persona a la que había amado. Al mismo tiempo que aumentaban las ventas por sus novelas, Vidal trabajaba en obras de teatro, películas y series de televisión como guionista. Dos de estas obras, The Best Man y Visit to a Small Planet fueron grandes éxitos en Broadway y fueron luego adaptadas en películas que también tuvieron mucho éxito.

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A principios de la década de 1950, y usando el pseudónimo de «Edgar Box», escribió tres novelas de misterio cuyo protagonista era el detective ficticio Peter Sergeant.

La productora MGM contrató a Vidal como escritor en 1956. En 1959, el director de cine William Wyler le requirió para trabajar sobre le guión de la película Ben-Hur, escrito por Karl Tunberg. Vidal aceptó trabajar con Christopher Fry para adaptar el guión a condición de que la MGM le liberara de sus dos últimos años de contrato. A pesar de ello, la muerte del productor Sam Zimbalist provocó complicaciones a la hora de establecer los títulos de crédito. El gremio de guionistas resolvió el problema con el nombramiento de Tunberg como único guionista de la película, negando el mérito tanto a Vidal como a Fry. Charlton Heston se mostró muy descontento con la presunta homosexualidad de una escena (homosexualidad cuidadosa y deliberadamente velada) que Vidal reclamaba haber escrito, y negó que éste tuviera un papel significativo en la creación del guión.

(Gore Vidal fotografiado por Carl Van Vechten)

En la década de 1960, Vidal escribió tres novelas de mucho éxito. En 1964 publicó la meticulosamente documentada novela Juliano, que trataba sobre el emperador romano apodado «el Apóstata»; en 1967 escribe Washington D.C., centrada en la política durante la era de Franklin Delano Roosevelt; por último, publica en 1968 una inesperada comedia satírica sobre la transexualidad llamada Myra Breckinridge.

Tras dos obras de poco éxito: Weekend (1968) y An Evening with Richard Nixon (1972), y la extraña novela semi-autobiográfica Dos Hermanas, Vidal se centraría principalmente en sus obras de ensayo y en dos tendencias diferentes en sus novelas: la novela histórica relativa a la historia americana como Blurr (1973), 1876 (1976), Lincoln (1984), Imperio (1987), Holliwood (1989), La edad de oro (2000), y una nueva incursión en el mundo antiguo: Creación (escrita en 1981 y publicada en versión extendida en 2002). También creó algunas divertidas y con frecuencia despiadadas invenciones satíricas como Myron (1975, una secuela de Myra Breckinridge), Kalki (1978), Duluth (1983), En directo del Gólgota (1992) y La institución smithsoniana (1998).

Vidal volvió a escribir de forma ocasional para el cine y la televisión, incluyendo un telefilm sobre Billy el Niño con Val Kilmer, y una mini-serie sobre Lincoln. También escribió el guión original para la controvertida película Calígula, pero posteriormente su nombre fue suprimido por el director, y el actor principal reescribió el guión cambiando el tono y la temática del mismo. Irónicamente, en un intento fallido por restaurar la visión original de Vidal durante la postproducción, la película terminó convirtiéndose en algo que ni Vidal ni Brass o McDowell habían imaginado.

Es posible que, contrariamente a sus propios deseos, Vidal sea más respetado como ensayista que como novelista. Sus escritos versan principalmente sobre política, historia y temas literarios. Ganó el «National Book Award» en 1993 por Estados Unidos (1952-1992), de la cual se publicó luego una secuela extendiendo la historia hasta 2000 llamada El último imperio. Desde entonces, Vidal ha publicado varios panfletos altamente críticos con la administración Bush-Cheney, así como el texto sobre los «padres fundadores» de América Inventando una nación. Ha publicado también unas memorias con buena acogida por el público: Memoria (Palimpset) (1995), y según algunas informaciones trabaja en una continuación de las mismas.

En los años 1960, Vidal se trasladó a Italia, actuando en un cameo en la película de Federico Fellini Roma. Sus posturas políticas liberales están bien documentadas, y en 1987 escribió una serie de ensayos titulados Armageddon, donde exploraba los vericuetos del poder en la América contemporánea, y donde critica de forma despiadada al ex-presidente Ronald Reagan, al cual describe como «El triunfo del arte de embalsamar».

En agosto de 2004, el diario The New York Times informaba que Vidal, de 79 años, vendía la villa italiana que había sido su residencia durante 30 años por motivos de salud, y que se mudaba de forma permanente a su casa de Los Ángeles

Actividad política

Además de su abuelo, Vidal tiene otras conexiones con el Partido Demócrata; su madre, Nina, se casó con Hugh D. Auchincloss Jr., quien luego se convertiría en padrastro de Jacqueline Bouvier Kennedy. Vidal es también primo de Jimmy Carter. Vidal asegura que él y Al Gore (antiguo vicepresidente de los Estados Unidos) son primos lejanos, aunque las investigaciones genealógicas no han podido determinar ningún lazo de parentesco entre ellos.

Vidal se considera a sí mismo como un reformista radical cuya intención es la vuelta al republicanismo puro de inicios de los Estados Unidos. Como estudiante apoyó al movimiento America First (que se oponía a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial), aunque al contrario que otros seguidores de este movimiento, Vidal continuó afirmando tras la guerra que los Estados Unidos no deberían haberse involucrado en este conflicto (actualmente opina, sin embargo, que la ayuda material a los aliados fue una buena idea). También ha sugerido que el presidente Roosevelt incitó a los japoneses a atacar a los Estados Unidos para tener un «casus beli» que le permitiera entrar en la guerra. Así mismo cree que este presidente disponía de información previa sobre este ataque.

En su actividad política, Fue candidato demócrata al Congreso de los Estados Unidos en 1960 por Nueva York (presentándose en aquella ocasión bajo el slogan «You'll get more with Gore», «Conseguirás más con Gore»). En estas elecciones perdió el escaño por escaso margen en el distrito de Hudson River, tradicionalmente republicano. A pesar de no resultar elegido, alcanzó en su distrito el mayor porcentaje de voto para el partido demócrata en 50 años. De 1970 a 1972 fue uno de los presidentes del Partido Popular de los Estados unidos, y participó en 1982 en las elecciones primarias para el senado del Partido Demócrata por California, consiguiendo el segundo puesto de una lista de nueve y obteniendo medio millón de votos. En aquella ocasión se presentaba respaldado por celebridades como Paul Newman y Joanne Woodward.

Vidal se vio envuelto en la controversia por su relación con Timothy McVeigh. Ambos se intercambiaron correspondencia mientras McVeigh estaba en prisión, y Vidal creía que McVeigh había tenido complices que le habrían involucrado en el atentado terrorista de Oklahoma. También sugirió que el ataque podría haber sido llevado a cabo por el mismo FBI para conseguir leyes antiterroristas más duras. En otra entrevista, Vidal dijo que Timothy McVeigh provocó este atentado como respuesta contra los Estados Unidos, alegando que el FBI espiaba y asesinaba a norteamericanos.

Puntos de vista sobre el 11-S

Vidal es tremendamente crítico con la administración Bush, del mismo modo que antes lo fuera con anteriores gobiernos cuya política exterior fuera considerada por él como expansionista. Frecuentemente ha expresado un punto de vista en diferentes entrevistas, ensayos y libros según el cual los americanos «estamos ahora gobernados por una junta de hombres del Pentágono y petroleros como ambos presidentes Bush, Cheney, Rumsfeld, etc». Asegura que durante muchos años, este grupo y sus asociados han tratado de hacerse con el control del petróleo en Asia central (tras, siempre según su punto de vista, haber conseguido tomar el control efectivo del petróleo del Golfo Pérsico en 1991). En concreto, y acerca de los atentados terroristas del 11-S, Vidal escribe que estos ataques (de los cuales asegura que las autoridades norteamericanas tenían noticias previas de su inminencia), justifican políticamente los planes que ya tenía el gobierno estadounidense en agosto de 2001 para invadir Afganistán en octubre de aquel mismo año.

Vidal discute sobre la falta de defensas, incluyendo el retraso por parte de la fuerza aérea en enviar los cazas para interceptar a los aviones secuestrados, comparando este retraso con el tiempo que cabría esperar tras haberse informado de un secuestro. «Si estos fallos se hubieran debido a la incompetencia», dice, «se deberían haber juzgado en los tribunales militares para destituir a los responsables máximos». En lugar de esto, sólo se efectuaron un número limitado de investigaciones sobre cómo los fallos potenciales de las agencias federales podrían haber permitido que estos ataques sucediesen. Esto, concluye Vidal, abre la posibilidad de que, de hecho, el gobierno hubiese permitido que ocurrieran los ataques, con el fin de capitalizar o catalizar los acontecimientos y encubrir lo que hubieran sido unos muy discutibles fines políticos y agruparlos bajo el nombre de Guerra contra el Terror.

Gore Vidal, un hombre interesante - Vicky Pelaez

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son muy buenos. Hay quienes luchan años y son aún mejores. Pero hay los que luchan toda la vida. Esos son imprescindibles” - Bertold Brecht

En la sociedad contemporánea donde la mentira y los mitos reemplazan a la verdad, y los filósofos ya no tratan de transformar la sociedad sino acomodarse a los requisitos del mercado libre, los hombres como el escritor norteamericano Gore Vidal se convierten en detonadores de las consciencias adormecidas. El vive en el medio ambiente norteamericano - el alma mater de la ilusión- donde asumir el camino de la verdad requiere mucho conocimiento y coraje para desafiar al sistema que destruye todo y a todos los que se atreven a desafiar el orden establecido.

Gore Vidal, quien el pasado 23 de Septiembre cumplió ochenta años en medio del silencio de los medios, es uno de los raros intelectuales norteamericanos de mente y espíritu abiertos, que aman la verdad más que todo lo que les rodea. Pertenece a la misma generación de autores como Norman Mailer, Truman Capote y Jerome Salinger. En sus 22 novelas, cinco obras de teatro, decenas de guiones de televisión, en más de 200 ensayos y su libro de memorias, jamás traicionó su consigna de objetividad, ni su verdad histórica.

Algunos lo llaman la conciencia de Estados Unidos, otros lo consideran educador e informador imparcial de la sociedad, los terceros lo estiman como un implacable destructor de las mentiras y mitos, pero la mayoría de sus admiradores e inclusive sus críticos lo presentan como un hombre de letras que escribe desde las entrañas de Norteamérica, las que conoce como la palma de su mano.
 

Jamás se corrompió a pesar de estar rodeado desde su infancia por ricos, poderosos y famosos de su país. Era amigo de John F. Kennedy, se codeó con Tennessee Williams, Clan Auchincloss, Jackeline Bouvier Kennedy y con muchos otros que estaban detrás del poder. Su padre, Eugene Vidal fue un famoso deportista norteamericano, graduado en West Point quien en los Juegos Olímpicos de Antwerp (1920) ganó el séptimo lugar en decatlón. En la época del presidente Franklin Roosevelt, papá Eugene Vidal llegó a ser Secretario de Aviación. Su madre, Nina Gore pertenecía a la “crema y nata” de la sociedad norteamericana.

Eugene Luther Gore Vidal nació un 23 de Setiembre de 1925 en West Point. Debido a las relaciones tumultuosas entre sus padres y su posterior divorcio, Gore Vidal pasó su infancia y adolescencia con su abuelo paterno, Thomas P. Gore, un senador populista demócrata de Oklahoma ciego. Debido a la ceguera de éste, Gore se convirtió en sus ojos y oídos ayudándole en su despacho del Congreso. Así se convirtió en un acusioso observador de la dinámica política estadounidense, y descubrió desde muy temprana edad los secretos del poder o como él dice “la telaraña” del poder real que siempre le causó repulsión. En su adolescencia cambió su nombre por Gore Vidal con el cual llegó a ser reconocido.

Gore Vidal inicialmente creyó en la posibilidad de un poder alternativo y entonces fue elegido como co- presidente del Partido del Pueblo (People’s Party) de tendencia progresista en los años 1968 – 1972 Posteriormente, entendió que el sistema norteamericano jamás aceptaría un tercer partido. También fracasó en su intento en 1982 de ser elegido senador por California con el propósito de reformar su país desde arriba.

Su camino al poder fue cerrado pero su sendero literario fue despejado para su talento. Escribió su primera novela Remolino” a la edad de 21 años que tuvo cierto éxito. Con su segunda obra, la novela de ficción, La Ciudad y el Pilar de la Sal (1948) estremeció a la opinión pública porque estaba dedicada al tema tabú de aquella época: el homosexualismo. Gore Vidal nunca ha escondido su preferencia sexual y declara que todos los seres humanos, igual como sus aficiones, nunca son idénticas. Dice que lo que vale no son las preferencias de cada individuo sino lo que aporta a su sociedad en su capacidad creativa.

Gore Vidal luchó y lucha por los postulados de la República tratando de despertar a los norteamericanos frente al “proceso de destrucción de la democracia en América” que en su opinión comenzó desde los primeros años de la promulgación de la constitución. Fue implacable durante su entrevista con Jerry Brown, transmitida por People Radio el 8 de Julio de 1996, donde hizo un análisis del poder en los Estados Unidos. Dijo que el poder realmente no está en las manos del gobierno sino pertenece al uno por ciento de la población que posee un 70 por ciento de toda la riqueza del país: “Los clanes de Rockefeller, de Mellons, McHughs, DuPoint no necesitan ser gobernantes elegidos, simplemente ellos contratan gente para administrar este país, sus corporaciones, como también contratan el Congreso y finalmente compran al presidente”.

En la opinión de Gore Vidal, los mismos poderosos cambian presidentes en otros países cuando ven sus intereses económicos en peligro. Mientras vivía en Guatemala fue testigo del golpe de estado al presidente Jacobo Arbentz en 1954, auspiciado y dirigido por el secretario de estado John Foster Dalles y su hermano, jefe de la CIA, Allen Dulles quienes tildaron a Arbentz de comunista por atreverse a que Guatemala compre la tierra que la United Fruit Company ocupaba, y para el cual trabajaron los hermanos. Los que escuchan o leen a Gore Vidal quedan perplejos por su memoria, su conocimiento de detalles históricos y su envidiable capacidad analítica. Para él la ideología del anticomunismo norteamericano y ahora del anterrorismo ha sido siempre una cobertura para los intereses económicos de los poderosos. Según explica, los intentos de asesinar a Fidel Castro fueron motivados por la pérdida de casinos en la isla, las que aportaban millones de dólares de ganancia a la mafia de New Orleans y Chicago. Dice que de allí provenía el dinero para las elecciones presidenciales. Relata que con la ayuda de este dinero fue elegido John F. Kennedy y llegó al poder su hermano Robert, y que su trágico final comenzó cuando trataron de controlar la mafia con fines personales.

Gore Vidal se opuso a la guerra en Vietnam y la denunció como una obra imperialista. En sus obras nunca ha dejado de fustigar el sistema carcelario de EE.UU donde la justicia, se pierde tras barrotes. Se pronuncia contra el dogmatismo religioso que constituye, dice, un paso hacia la dictadura y el retorno a la Edad de Piedra. Calificaba el ascenso al poder de Ronald Reagan como “el triunfo del embalsamador”.

Es un crítico implacable del gobierno de George W. Bush, de quien manifiesta: “no hay ni mínimo de verdad en lo que él dice. En su obra, “Dreaming War, Blood for Oil” hace preguntas lógicas sobre los acontecimientos del 9-11 nunca respondidas por el gobierno. Entre ellas, por qué la Fuerza Aérea norteamericana no cumplió con la ley que su padre Eugene Vidal hizo aprobar según el cual los aviones de guerra deben intervenir entre cuatro a cinco minutos siguientes al descubrimiento de un secuestro aéreo. En su opinión, “la guerra injusta contra Irak por el oro negro hará perder a los norteamericanos su espíritu y acelerará el colapso económico. Quizás este colapso económico finalmente salvará a Norteamérica de sus líderes dando paso a una reforma radical y liberando el mundo de la guerra”.
Por esto y mucho más es urgente conocer a fondo la obra y el pensamiento de Gore Vidal. Se llevarán una sorpresa.


Biógrafo oficioso de los Estados Unidos - Susana Yappert - syappert@ciudad.com.ar

 

Eugene Luther Vidal (su nombre verdadero) nació en 1927 en la Academia Militar de West Point y pasó su infancia en Washington DC. Su apellido es un apellido de poder. Primo del ex candidato presidencial Al Gore, nieto del famoso senador Thomas Gore y él mismo candidato dos veces a ese cargo por el Partido Demócrata, sacando en 1960, 70.000 votos más que el futuro presidente Kennedy, de quien fue asesor, amigo y cuñado puesto que era hermanastro de Jackie Bouvier.
Cuando tenía 10 años, sus padres se divorciaron, se fue a vivir con su abuelo y cultivó una pésima relación con su madre. Desde muy pequeño encontró motivos para la trasgresión, quemaba objetos, robaba relojes y se negó a ser educado en Harvard como su familia se lo había impuesto. De hecho es un autodidacta que no asistió ni a ésa ni a ninguna universidad, aunque fuera conferencista en varias.
Admite que su "debut sexual fue a los 11 años". Su primer amor fue Jimmy Trimble, se conocieron en el internado de Saint Albans en Washington cuando tenían 12 años. Jimmy murió en 1945, combatiendo contra los japoneses. En su libro autobiográfico, Palimpsest, confesó que después de esta tragedia sólo se dedicó a cultivar "un millar de breves y anónimas relaciones" hasta 1950, año en que conoció a su actual pareja, Howard Austen. Y aunque Gore confiesa que "el sexo no ha jugado ningún papel en esta relación", puesto que hay que separar el afecto del placer sexual, ambos reservaron una fosa juntos en un cementerio de la capital estadounidense, lindante a la tumba del antiguo amor de Vidal.
Aun así, hace décadas que vive con Howard, a quien dejará todo su dinero. Una relación soldada con una fórmula extraña si atendemos a los comentarios del Vidal público: "Uno no se casa con quien ama", "todos somos bisexuales" o "siempre estuve "más interesado en lo que pasa en el Congreso de mi país que en el sexo".
Arrogante, vanidoso y asiduo invitado en los media de EE. UU., no deja de ser un americano. En realidad jamás reniega de ello, aunque sí se ocupa de decir que él es un norteamericano diferente, de alta sociedad. Siente su orgullo de clase, y se le nota.
De un modo u otro, Gore Vidal estuvo muy cerca de las figuras que han definido los EE. UU. del siglo XX. Y se siente el hombre autorizado para hablar de su clase dirigente.

Vidal, un apellido de poder

"El sexo es política"

El habló abiertamente de su homosexualidad cuando pocos se atrevían a hacerlo, y apuntó a la excesiva e hipócrita moralina norteamericana. Pero su gusto por los hombres no fue revelado nada más que para desafiar a su aristocrático entorno.
Instaló el debate de la sexualidad de un modo muy peculiar. "El sexo es política" -avanzó- y con esta frase construyó uno de los ejes vertebrantes que le servirían para contar la historia de su país. Su Contrahistoria.
Así fue que se ocupó de la homosexualidad de George Washington, o de la de Abraham Lincoln, al tiempo que metió la sospecha sobre las preferencias sexuales de Richard Nixon o del senador McCarthy, entre otros. Convengamos que haber sostenido que los padres de la patria fueron gays no fue poca cosa. Las enemistades llegaron como abejas al polen y en términos prácticos comenzó a tener dificultades para publicar en su país. Pero no apagó su ponzoñosa pluma. Siguió y se ocupó uno por uno de los miembros del panteón patrio hasta llegar al calenturiento Bill Clinton, quien -en una actuación patética ante su familia y ante el pueblo norteamericano- tuvo que pedir disculpas públicamente por haber tenido "relaciones impropias" con una pasante de la Casa Blanca.
"El sexo es política", repitió entonces.
Sus detractores intentaron banalizar sus comentarios, acusándolo de estar "obsesionado por el sexo como todo gay", tal como acusó una revista norteamericana alguna vez. Pero sus revelaciones no fueron triviales y mucho menos comentarios maliciosos de marica. El sexo le sirve a Vidal para hacer centro en uno de sus núcleos temáticos, donde abrevan dos cuestiones centrales de su derrotero intelectual: la moral norteamericana y la sexualidad.
La sexualidad como problema y como camino que conduce al conocimiento del americano medio. Esa misma estrecha moral que -en parte- lo forzó a una suerte de exilio en Italia, donde vive desde hace más de 30 años.
Gore Vidal es un escritor prolífico y multifacético. Ensayista, teatrólogo, guionista de célebres filmes de Hollywood (como Ben Hur), novelista e historiador. Cuando tenía 21 años se editó su primer libro, "Williwaw", y cuando cumplió 23 publicó la que se considera la primera novela gay norteamericana: "La ciudad y el pilar de sal" (1948).
Años más tarde hizo la primera de sus ocho novelas históricas, "Juliano" (1964), y luego editó un texto que fue best-séller, "Myra Breckinridge", la historia de un transexual.
Su libro "Sexualmente hablando" (1999) es una de sus piezas más acabadas en lo que a sexualidad se refiere. Allí pasa revista a las ideas que han atravesado a esta problemática durante los últimos 40 años. Cuestiona la religión y las leyes de entrometerse en la vida privada de los individuos, como a todos los conservadores que se han empeñado en sostener ideas "policíacas" en torno del sexo. Afirma respecto del sexo que la única norma debiera ser la ausencia de toda norma y denuncia que el "80% de la actividad sexual en EE. UU. tiene que ver con la regulación de nuestra moral privada".
Considerado por muchos uno de los principales intelectuales defensores de la causa gay, es también un viejo defensor de cualquier orientación sexual y de la pornografía.

Contra el Imperio

Otra de las obsesiones de Gore Vidal es el poder. Hay una serie de ensayos que lo incluyen que se inaugura con "Patria e Imperio" y se cierra con "Dreaming War" (2003) y una serie de novelas que tocan el corazón político americano que incluye "Crónica Americana", "Lincoln", "Empire" y "Washington DC".
Su Contrahistoria de los EE. UU. culmina -como no podía ser de otro modo- con los atentados a los EE. UU. Vidal desarrolla una hipótesis conspirativa que una vereda de críticos calificó de "hereje" y otra vereda decide si ignora o se somete a la ley de la demanda. El texto ya es best-séller. Y ya es una patada en donde más duele a la administración Bush. El escritor directamente acusa al gobierno no sólo de haber estado en conocimiento de la realización de los atentados, sino de su responsabilidad en el conflicto entonces desatado a nivel planetario.
Vidal siempre se siente muy cómodo ante una cámara encendida. Le encanta el show. Y cada vez que puede denuncia ante los medios masivos la ilegitimidad del gobierno de George Bush. Para él, el actual presidente de los EE. UU. arrebató el triunfo a quien había obtenido la mayoría de votos, y extiende su ácido al Tribunal Supremo, que manifestó en la puja su total adhesión a la "extrema derecha" encarnada hoy en el clan de Texas.
"No hay que esconderse ante las verdades incómodas -dijo- y no hay que subestimar nunca las posibles consecuencias. Nosotros seguimos sufriendo los efectos de viejas decisiones, que garantizaron un imperio concentrando el poder en manos de potentados e intocables: piense en la sentencia de la Corte Suprema dictada en noviembre del 2001, que ignoró el veredicto popular adjudicando la presidencia al derrotado. Una decisión puramente imperial... La política norteamericana -señala- es básicamente un asunto de familia, como en la mayor parte de las oligarquías. Cuando se le preguntó al padre de la Constitución, James Madison, cómo demonios podía el Congreso hacer algo de provecho si el país tenía ya 100 millones de habitantes y sus representantes elegidos pasaban de medio millar, Madison respondió: "No hay que preocuparse, la ley de hierro de la oligarquía siempre prevalece". Esos padres fundadores, que tanto nos gusta citar, sentían tal terror y aborrecimiento por la democracia que se inventaron el Colegio Electoral para sofocar la voz del pueblo de la misma forma que el Tribunal Supremo ha sofocado la de los votantes de Florida en la última elección presidencial...".
Luego de los atentados a las Torres Gemelas dice una y otra vez "no entiendo cómo todavía tenemos la desvergüenza de hablar y hablar de democracia". El episodio -según él- fue un bumerán y desenmascaró la personalidad total del presidente. Cuando Bush pidió plenos poderes no osó compararlo con Hitler y advirtió sobre el debilitamiento de los poderes de los ciudadanos bajo un "estado policial". "¡¡¡Qué horror -vociferó- darle plenos poderes a esa gente...!!!".
Estas respuestas dadas por el Estado norteamericano al terrorismo -señala- sólo precipitan a la república en "otra fase de destrucción progresiva, donde nuestra forma de democracia es el soborno, a la mayor de las escalas... No somos una democracia y no tenemos nada que ofrecer al mundo en lo que se refiere a ideas políticas o a medidas políticas...".
Obviamente siempre fue un crítico feroz al respaldo de EE. UU. a Israel y condenó las invasiones sucesivas de EE. UU. a Afganistán e Irak: "No se me ocurre que pueda salir nada bueno de un país que se siente tan en posesión de la verdad que está dispuesto a imponer, de grado o por la fuerza, su sistema de vida al resto del mundo".
Se ganó los calificativos de "antisemita", "proterrorista " y "antipatria", adjetivos que no le quitan para nada el sueño a quien gusta patear el avispero. Pero el ataque de Gore no es sólo saña con padre e hijo Bush. Su participación activa en la política y desde su tribuna de intelectual siempre dijo lo mismo: "No provoquemos. Ese es el mensaje que yo creo que debo transmitir acerca de la política de EE. UU. El problema está en la provocación permanente en la que incurre EE. UU., que en general no obedece más que a la más completa ignorancia... Yo soy un protestante auténtico, así que protesto por tanta ignorancia. Y ésa es mi opinión, nada popular, desgraciadamente...".


De cómo los estadounidenses llegamos a ser tan odiados - Entrevista a Gore Vidal - Por Marc Cooper
Weekly (5-11 de julio de 2002)
- Tomado de Resumen Latinoamericano 165, agosto 17 de 2002

Escritor prolífico, legendario crítico de la sociedad estadounidense y gran conocedor de la historia y del sistema político de su país, Gore Vidal piensa que ha llegado la hora de que "echemos para atrás el imperio": "No le está haciendo bien a nadie. Nos ha costado billones de dólares, lo cual me hace pensar que solito se va a reducir, no va a haber suficiente dinero para mantenerlo".

Amigo de presidentes, directores de cine y artistas, además de pariente de miembros de la elite estadounidense, Vidal no ha dejado de escandalizar a los poderosos de su país desde hace cinco décadas. El título de su último best-seller da una idea de la razón: La guerra perpetua para la paz perpetua: de cómo llegamos a ser tan odiados.

Puede que sea el último republicano con "r" minúscula de Estados Unidos. Gore Vidal, ahora de 76 años, ha dedicado su vida a criticar los impulsos imperialistas de Estados Unidos y -a través de dos docenas de novelas y cientos de ensayos- ha argumentado tempestuosamente que Estados Unidos debería de retroceder a sus raíces más jeffersonianas, que debería de dejar de meterse en los asuntos de otras naciones y en los asuntos privados de sus propios ciudadanos.

Ese es el hilo que corre a través del último best-seller de Vidal –una extraña recopilación de ensayos, publicada tras el 11 de septiembre, titulada La guerra perpetua para la paz perpetua: de cómo llegamos a ser tan odiados. Para contestar a la pregunta respecto al subtítulo, Vidal propone que no tenemos ningún derecho a rascarnos la cabeza sobre lo que motivó a los perpetradores de los dos mayores ataques de terror en nuestra historia, el bombardeo de 1995 en la Ciudad de Oklahoma y el holocausto de las torres gemelas del pasado septiembre.

Vidal escribe: "Es una ley de la física (aún estaba en los libros la última vez que consulté) que en la naturaleza no hay acción sin reacción. Lo mismo parece ser verdad en la naturaleza humana -esto es, en la historia-". La "acción" a la que Vidal se refiere es al exceso de confianza de un imperio estadounidense en el extranjero (ejemplificado con un cuadro de 20 páginas con 200 aventuras militares en el exterior desde el fin de la Segunda Guerra Mundial) y un floreciente Estado policiaco en casa. La inevitable "reacción", dice Vidal, es nada menos que las sangrientas obras de Osama bin Laden y Timothy McVeigh. "Cada uno estaba enfurecido", dice, "por los imprudentes asaltos de nuestro gobierno hacia otras sociedades" y hacia la propia sociedad estadounidense, y, por lo tanto, los "provocaron" y respondieron con horrenda violencia. Algunos podrían tomar lo anterior como una sugerencia de que Estados Unidos podía haber esperado que sucediera el 11 de septiembre. Así que cuando me encontré con Vidal en la casa que mantiene en Hollywood Hills (aún reside la mayor parte del tiempo en Italia), la primer pregunta que le hice fue:  

Marc Cooper: ¿Estás argumentando que, de alguna manera, los 3 mil civiles que murieron el 11 de septiembre merecían su destino?

Gore Vidal: No creo que nosotros, el pueblo estadounidense, merecíamos lo que sucedió. Tampoco nos merecemos el tipo de gobierno que hemos tenido en los pasados 40 años. Nuestros gobiernos nos han acarreado esto por sus acciones en todo el mundo. Tengo una lista en mi nuevo libro que le da una idea al lector sobre lo ocupados que hemos estado. Desafortunadamente, sólo recibimos desinformación de The New York Times y otros lugares oficiales. Los estadounidenses no tienen idea de la magnitud de las travesuras de su gobierno. La cantidad de ataques militares que hemos llevado a cabo en contra de otros países sin haber sido provocados, desde 1947-48, asciende a más de 250. Se trata de ataques mayores en todos lados, desde Panamá hasta Irán. Y ni siquiera es una lista completa. No incluye los lugares como Chile, ya que esa fue una operación de la CIA. Sólo enumeré los ataques militares. A los estadounidenses, o no se les dicen estas cosas o se les dice que los atacamos porque ... bueno ... Noriega es el centro de todo el narcotráfico mundial y tenemos que deshacernos de él. Así que matamos algunos panameños en el camino. De hecho, matamos a bastantes. Y enviamos nuestra Fuerza Aérea. Panamá no tenía una fuerza aérea. Pero se veía bien tener a nuestra Fuerza Aérea ahí, ocupada, volando en pedazos a los edificios. Después secuestramos a su líder, Noriega, un ex hombre de la CIA que trabajó fielmente para Estados Unidos. Lo arrestamos. Lo llevamos a juicio en una corte estadounidense que no tiene jurisdicción sobre él y lo encarcelamos -nadie sabe por qué-. Y se suponía que eso iba a finalizar el comercio de las drogas porque lo habían satanizado en The New York Times y en el resto de la prensa imperial. [El gobierno] se aprovecha de la relativa inocencia de [los estadounidenses] o, para ser más precisos, de la ignorancia. Probablemente por eso, desde la Segunda Guerra Mundial no se ha enseñado geografía -para mantener a la gente en la oscuridad sobre dónde estamos haciendo estallar cosas-. Porque Enron las quiere hacer estallar. O Unocal, la gran compañía de gasoductos, quiere que tenga lugar una guerra en algún lugar.

"Y la gente en los países que son receptores de nuestras bombas se enojan. Los afganos no tenían nada que ver con lo que le pasó a nuestro país el 11 de septiembre. Pero Arabia Saudita sí. Parece que Osama estaba involucrado, pero realmente no lo sabemos. Cuando entramos a Afganistán para tomar el lugar y bombardearlo, le preguntaron a nuestro general en mando cuánto tiempo se tardarían en encontrar a Osama bin Laden. Y el general en mando se mostró sorprendido y dijo, bueno, pues esa no es la razón por la que estamos aquí. ¿Ah no? Entonces de qué se trataba todo esto? El asunto era que los talibanes eran personas muy, muy malas y que trataban a las mujeres muy mal, ves. No están en la onda de los derechos de las mujeres; y nosotros deberíamos de estar con Bush, porque él va a quitarle a las mujeres las burkas de las cabezas. Bien, pues de eso no se trataba. "De lo que en realidad se trataba -y no conseguirás esto en ningún lugar ahorita - es de arrebatar los recursos energéticos. Hasta ahora, el Golfo Pérsico ha sido nuestra principal fuente de petróleo importado. Fuimos allá, a Afganistán, no para atrapar a Osama y vengarnos. Fuimos a Afganistán, en parte porque los talibanes -a quienes habíamos instalado en la época de la ocupación rusa- se estaban volviendo demasiado locos y porque Unocal, la compañía californiana, había hecho un negocio con los talibanes que consistía en un gasoducto para obtener el petróleo de la zona del Caspio, la reserva más rica en petróleo en la Tierra. Querían obtener ese petróleo a través de un gasoducto que cruzara Afganistán hacia Pakistán a Karachi y de ahí trasladarlo en barco a China, lo cual traería enormes ganancias. La compañía que pudiera hacer el negocio haría una fortuna. Y verás que todas estas compañías se remiten a Bush o a [Dick] Cheney [el vicepresidente] o a [Donald] Rumsfeld [el secretario de Defensa] o a alguien más en la Gas and Oil Junta [la Junta del Petróleo y el Gas, se refiere al grupo que controla al gobierno (N.R.)], la cual, junto con el Pentágono, manda en Estados Unidos. "Habíamos planeado ocupar Afganistán en octubre, y Osama, o quien sea que nos pegó en septiembre, lanzó un ataque. Ellos sabían que íbamos para allá. Y esta era una advertencia para agarrarnos desprevenidos, desequilibrarnos. En este contexto se puede explicar por qué lo primero que hizo Bush después de que nos pegaron fue ir con el senador Daschle y rogarle que no se llevara a cabo una investigación del tipo que en cualquier país normal hubiera tenido lugar1. Cuando atacaron Pearl Harbor, en 20 minutos el Senado y la Casa Blanca ya tenían lista una comisión conjunta. Roosevelt les ganó, porque sabía por qué nos habían atacado, así que constituyó su propia comisión. Pero nada de esto debía salir a la luz pública, y no lo ha hecho".  

Marc Cooper: Aun así, cuando uno lee el cuadro de las intervenciones militares en su libro y concluye que, efectivamente, el gobierno estadounidense es una "fuente de maldad" -por decir una frase-, ¿no puede concebir que también hay otras fuerzas malignas? ¿No puede imaginarse, por ejemplo, fuerzas de oscurantismo religioso, que actúan independientemente de nosotros y que pueden hacernos cosas malas, nomás porque son muy malvadas?

Gore Vidal: ¡Oh sí! Pero escogiste el grupo incorrecto. Escogiste a una de las familias más ricas del mundo -los bin Laden-. Son muy cercanos a la familia real de Arabia Saudita, lo cual nos ha metido en la trampa de actuar como el guardaespaldas de la familia real en contra del pueblo saudita -pero la familia real es más fundamentalista que el pueblo-. Así que estamos lidiando con una entidad poderosa, si se trata de Osama. "Lo que no es cierto es que gente como él nomás aparece de la nada. El estadounidense promedio piensa que regalamos miles de millones [de dólares] en ayuda al extranjero, cuando, de entre los países desarrollados, somos los que menos aportamos. Y la mayor parte de lo que damos se destina a Israel y un poco a Egipto.

"Estuve  en Guatemala cuando la CIA estaba preparando su ataque al gobierno de Arbenz [en 1954], quien fue un presidente electo democráticamente, ligeramente socialista. Su Estado no tenía ingresos; su mayor creador de ingreso era la United Fruit Company. Así que Arbenz puso un pequeñísimo impuesto sobre los plátanos, y Henry Cabot Lodge se paró en el Senado y dijo que los comunistas habían tomado Guatemala y que debíamos actuar. Fue con Eisenhower, quien envió a la CIA, y derrocaron al gobierno. En su lugar, pusimos a un dictador militar, y no ha habido otra cosa que derramamiento de sangre desde entonces. "Si yo fuese un guatemalteco y tuviese los medios para aventarle algo a alguien en Washington, o en cualquier lugar donde estuviesen los estadounidenses, estaría tentado a hacerlo. Especialmente si hubiese perdido a toda mi familia y hubiese visto cómo mi país vuela en pedazos porque United Fruit no quería pagar impuestos. Esta es la manera en que operamos. Y es por eso que llegamos a ser tan odiados".  

Marc Cooper: Se ha quejado durante décadas de la erosión de las libertades civiles y la conversión de Estados Unidos de una república a lo que llama un imperio. Lo que ocurrió tras el 11 de septiembre, la Ley Patriótica (USA Patriot Act), ¿simplemente nos han empujado más por ese mismo camino o se trata de un viraje en el rumbo?

Gore Vidal: La segunda ley de la termodinámica siempre manda: todo está en constante desgaste. Eso también le sucede a nuestra Declaración de Derechos (Bill of Rights2). La actual junta que está a cargo de nuestros asuntos, una que no fue electa legalmente, sino que fue puesta en mando por la Suprema Corte para cumplir con los intereses de los cabildeadores del petróleo, el gas y la defensa, ha usado primero a la Ciudad de Oklahoma y ahora al 11 de septiembre para desgastar aún más las cosas.

"Por lo que se refiere a la Ciudad de Oklahoma y a Tim McVeigh, él también tenía sus razones para llevar a cabo su sucia tarea. Millones de estadounidenses estuvieron de acuerdo con su argumento general, aunque nadie, creo, está de acuerdo con volar en pedazos a niños. Pero los estadounidenses instintivamente saben cuándo el gobierno se sale de los rieles, como lo hizo en Waco y Ruby Ridge. Nadie ha sido electo presidente en los últimos 50 años a menos de que estuviese en contra del gobierno federal. Así que el gobierno debería de meterse a la cabeza que no sólo es odiado por los extranjeros cuyos países ha destrozado, sino también por los estadounidenses cuyas vidas han sido destruidas.

El movimiento Patriótico en Estados Unidos estaba basado en personas que huyeron de sus granjas familiares. O tuvieron padres o abuelos que huyeron. Tenemos millones de ciudadanos estadounidenses inconformes que no les gusta cómo están manejando el lugar y no ven sitio alguno donde puedan prosperar. Pueden ser esclavos. O recoger algodón. O la actividad que sea la más reciente cosa incómoda qué hacer. Pero 'no van a participar en la acción', como dijo Richard Nixon".  

Marc Cooper: Y, sin embargo, los estadounidenses parecen bastante susceptibles a un tipo de 'club del enemigo-del-mes' patriotero que emane de Washington. Dice que millones de estadounidenses odian al gobierno federal, pero alrededor del 75% de los estadounidenses dicen que apoyan a George W. Bush, especialmente respecto al asunto de la guerra.

Gore Vidal: Espero que no creas esas cifras. ¿No sabes cómo estas encuestas son amañadas? Es sencillo. Tras el 11 de septiembre, el país estaba realmente en shock y aterrorizado. [Bush] hace una pequeña danza de guerra y habla acerca de ejes del mal y acerca de todos los países que va a perseguir. Y cuánto tiempo va a tomar, dice con una sonrisa feliz, porque representa miles de millones, billones para el Pentágono y para sus amigos petroleros. Y significa recortar nuestras libertades, así que todo esto es muy emocionante para él. El está reaccionando, bombardeando Afganistán. Pues podría haber estado bombardeando Dinamarca. Dinamarca no tuvo nada que ver con el 11 de septiembre. Y tampoco Afganistán, al menos los afganos no tuvieron nada que ver.

"Así que aún preguntan, ¿apoyas al presidente? ¿Lo apoyas mientras él nos defiende?

"Eventualmente se darán cuenta".

Marc Cooper: ¿Quiénes son ellos? ¿El pueblo estadounidense?

Gore Vidal: Sí, el pueblo estadounidense. Le hacen estas rápidas preguntas. ¿Lo apruebas? Oh, sí, sí, sí. Oh, sí, él voló en pedazos todas esas ciudades con nombres raros que estaban por allá. "Eso no quiere decir que les guste. Escucha mis palabras. El dejará su oficina siendo el presidente menos popular en la historia. La junta ha hecho demasiados destrozos.

"En cuanto les pegaron, estaban sospechosamente preparados con el Patriot Act. Listos para levantar el habeas corpus, el privilegio de abogado-cliente. Estaban listos. Lo cual significa que ya tienen su Estado policiaco. Nomás toma un avión a donde sea hoy y estás en las manos de un arbitrario Estado policíaco".  

Marc Cooper: ¿No quiere tener ese tipo de protección cuando vuela?

Gore Vidal: Una cosa es ser cuidadoso, y sí queremos que las aerolíneas tengan cuidado contra los ataques terroristas. Pero esto es una alegría para ellos, para el gobierno federal. Ahora tienen a todos, porque todos vuelan.  

Marc Cooper: Entremos en una de sus materias favoritas, los medios estadounidenses. Algunos dicen que han hecho una labor mejor que la normal desde el 11 de septiembre. Pero sospecho que no se la cree.

Gore Vidal: No me compro el cuento. Una parte del año vivo en Italia. Y me entero más sobre lo que está pasando en Medio Oriente al leer la prensa británica, la francesa, hasta la italiana. Todo por acá está sesgado. Ver a Bush hacer su pequeña danza de guerra en el Congreso ... sobre los 'malhechores', y este 'eje del mal' -Irán, Irak y Corea del Norte-. Pensé, ni siquiera sabe lo que significa la palabra 'eje'. Alguien se la acaba de dar. Y la prensa ni siquiera lo cuestionó al respecto. Esta es una declaración tan descuidada. Luego se le ocurren como una docena más de países que podrían tener 'gente malévola', que podría  cometer 'actos terroristas'. ¿Qué es un acto terrorista? Lo que sea que él piense que sea un acto terrorista. Y nosotros vamos a ir tras ellos. Porque nosotros somos buenos y ellos son malvados. Y nosotros 'los vamos a atrapar'.

"Cualquiera que pudiera pararse y dirigir ese discurso al pueblo estadounidense no es un idiota, pero está convencido de que nosotros somos unos idiotas. Y no somos unos idiotas. Estamos intimidados. Intimidados por la desinformación de los medios, la sesgada visión del mundo, y por los atroces impuestos que subsidian esta permanente máquina de guerra. Y no tenemos ninguna representación. Sólo las compañías están representadas en el Congreso. Por eso sólo el 24% de los estadounidenses votaron por George W. Bush".  

Marc Cooper: Sé que odiaría llevar esto al nivel ad hominem, pero permítamelo un momento. ¿Qué con George W. Bush, el hombre?

Gore Vidal: Te refieres a George W. Bush el porrista. Esa es la única cosa de alguna relevancia que hizo en su vida. Estaba involucrado en un equipo de béisbol.  

Marc Cooper: Le pertenecía.

Gore Vidal: Sí, era suyo, comprado con dinero de otras personas. Dinero de gente petrolera. Así que en realidad nunca ha trabajado, y muestra muy poca capacidad para aprender. Que lo hayan puesto como presidente y que la Suprema Corte estuviese segura de que había ganado era tan insultante como cuando su padre, George Bush, nombró a Clarence Thomas en la Suprema Corte -se hizo simplemente para burlarse de los liberales-. Y luego, cuando escogió a Dan Quayle como su vicepresidente, mostró un enorme desprecio por el pueblo estadounidense. Se trataba de alguien tan claramente no calificado, como Bush Padre lo era para ser presidente. Porque Bush Padre, como le dijo Richard Nixon a un amigo mío cuando fue electo [imita a Nixon], "Es un pelele, un absoluto pelele, no hay nada ahí. Es el tipo de persona que asignas para hacer cosas". Así que el desprecio hacia el pueblo estadounidense se ha hecho más evidente con los dos Bushes que con todos los presidentes anteriores. A pesar de que muchos de ellos sentían el mismo desprecio, eran más listos escondiéndolo.  

Marc Cooper: ¿Debería Estados Unidos simplemente empacar a sus militares de todos lados y regresarlos a casa?

Gore Vidal: Sí. Sin excepción. No somos el policía del mundo. Y no podemos ni siquiera ser policía de Estados Unidos, excepto para robar dinero del pueblo y generalmente para crear un caos. Muchas veces y en muchas partes del país, se percibe a los policías, y de manera correcta, como el enemigo. Creo que es hora de que echemos para atrás el imperio -no le está haciendo bien a nadie-. Nos ha costado billones de dólares, lo cual me hace sentir que solito se va a reducir porque no va a haber suficiente dinero para mantenerlo.  

Marc Cooper: Usted se llama a si mismo uno de los últimos defensores de la república estadounidense contra el imperio estadounidense. ¿Aún tiene aliados? Es decir, no tenemos una oposición muy creíble en este país, ¿verdad?

Gore Vidal: A veces me siento como si fuera el último defensor de la república. Hay bastantes mentes legales que defienden la Declaración de Derechos, pero no parecen ser muy vigorosos. Tras el 11 de septiembre, hubo un silencio cuando una tras otra de estas leyes draconianas, realmente totalitarias, se establecían.  

Marc Cooper: Entonces, ¿cuál es la salida? En los ochenta llamaba a la creación de un nuevo tipo de convención constitucional populista. ¿Aún cree que esa es la solución?

Gore Vidal: Pues es la menos sangrienta. Porque habrá problemas, grandes problemas. Los locos se juntaron para lograr la enmienda para un presupuesto equilibrado (balanced budget amendment) y consiguieron que la mayoría de los estados estuvieran de acuerdo con una convención constitucional. El senador Sam Ervin, quien ya falleció, investigó qué pasaría en tal convención, y aparentemente todo sería posible. Una vez que nosotros el pueblo estemos reunidos, así como lo requiere la Constitución, podemos hacer lo que sea, podemos echar a todo el Ejecutivo, el Judicial, el Congreso. Podemos poner a un lama tibetano. O transformar al país en un gran centro de Cientología. "Y los liberales, claro, son los más lentos y los más estúpidos, porque no entienden sus intereses. Los de la derecha son los malos, pero saben lo que quieren -el dinero de todos los demás-. Y saben que no les gustan los negros y que no les gustan las minorías. Y les gusta joderse a todos los que estén en el camino.

Pero ya que sabes lo que quieres, estás en una posición más fuerte que aquellos que sólo pueden decir: 'Oh no, no debes hacer eso'. Debemos tener libertad de expresión. ¿Libertad de expresión para qué? ¿Para estar de acuerdo con The New York Times?

"Los liberales siempre dicen: 'Si hay una convención constitucional, quitarán la Declaración de Derechos'. ¡Pero ya lo hicieron! Se fue. Prácticamente no queda nada de ella. Así que si ellos, los famosos "ellos", resultaran ser la mayoría del pueblo estadounidense y no quisieran la Declaración de Derechos, entonces, yo diría, hagámoslo. Simplemente aventémosla por la ventana. Si no la quieres, no la tendrás".

Traducción: Tania Molina Ramírez

NOTAS

1. En varias ocasiones, el presidente George W. Bush y el vicepresidente Dick Cheney le pidieron al líder de la mayoría demócrata en el Senado, Thomas Daschle, que no se investigara sobre el 11 de septiembre. El argumento de Cheney era que la comunidad de inteligencia estaba tan involucrada en los acontecimientos posteriores al 11 de septiembre que no deberían de desviar su atención. (N.T.)

2. El Bill of Rights estadounidense se compone de las primeras 10 enmiendas a la Constitución, ratificadas en diciembre de 1791. Durante los debates del Congreso Constituyente, muchos argumentaban que así como estaba redactada la Constitución, se abría el camino hacia una tiranía del gobierno central. Thomas Jefferson escribió que una declaración de derechos es "a lo que todo pueblo tiene derecho contra todo gobierno en la Tierra". El Bill of Rights dice, entre otras cosas, que no se podrá obligar a ninguna persona a responder de un delito castigado con la pena capital u otro infame delito si un Gran Jurado no lo denuncia o acusa, a excepción de los casos que se presenten en las fuerzas de mar o tierra o en la milicia nacional cuando se encuentre en servicio efectivo en tiempo de guerra o peligro público; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal. El Bill of Rights también señala que en toda causa criminal, el acusado gozará del derecho a ser juzgado rápidamente y en público por un jurado imparcial del distrito y estado en que el delito se haya cometido; así como de que se le haga saber la naturaleza y causa de la acusación, de que se le caree con los testigos que depongan en su contra, de
que se obligue a comparecer a los testigos que le favorezcan y de contar con la ayuda de un abogado que lo defienda. (N.T.)

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