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José Garibaldi

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. Giuseppe Garibaldi: el guerrero sin fronteras de la independencia

J
osé Garibaldi: Entre dos mundos -
Pedro Godoy P director@cedech.cl


A Garibaldi se le visualiza apenas como un relámpago en la epopeya de liberar e integrar Italia.

Tal proceso -insuficientemente estudiado en las aulas chilenas- posee, en el guerrillero camisa roja, su artífice romántico y triunfal. Tras aquella figura, por cierto están el ideólogo Mazzini, el diplomático Cavour y el monarca Víctor Manuel I. ¿Pero por qué se manifiesta que el personaje, amén de héroe del Viejo Mundo, lo sea del Nuevo? ¿Es libertador e integrador en el Nuevo? ¿U opera en otra trinchera quizás alucinado por la "libertad" -hoy democracia y DDHH- y desdeña la trascendencia de conservar la integración o de reimponerla?. El siglo XIX sorprende a Italia fragmentada en repúblicas urbanas y en reinos regionales. El Imperio Austrohúngaro por otro lado, ejerce dominación sobre comarcas norteñas y su tutoría es evidente sobre todo el país. El mensaje de Dante y de Maquiavelo en orden a integrar la nacionalidad italiana y expulsar a los invasores, es acción política de los "mazzinianos". Su brazo armado de mayor nombradía será el notable nizano. En 1835 participa en el alzamiento por la unidad y contra la opresión de Viena. Al fracasar aquel conato, huye, refugiándose en su natal Niza. En toda Italia el brote nacionalista libertador ha sido aniquilado.


¡A SUDAMERICA!

De Niza, Garibaldi, se desplaza a Marsella. De allí atraviesa el Atlántico con destino a Río de Janeiro.

En Brasil es testigo de la repercusión de la revolución de 1830, que conmueve a Francia, poniendo punto final a la Restauración. Tal hecho obliga al Emperador Pedro I, a abdicar en beneficio de su hijo, quién asume como Pedro II. No obstante, se insurrecciona Río Grande del Sur, que anima afanes republicanos y balcanizadores. Es la revolución de Farrapos, insurgencia de los andrajosos, según estigmatiza al movimiento la prensa. A tal alzamiento, encabezado por el "gaúcho" Bento Gonzalvez, se unen los emigrantes italianos incorporados a la logia ultramarina de la Joven Italia. Dedicados al comercio de cabotaje, la tarea la efectúan mientras mercadean en un pequeño barco que bautizan "Mazzini". Estos "carbonari" simptizan el movimiento farrouphila (nombre dado a los separatistas sureños por la monarquía de Braganza). Obtienen patente de corso para contribuir a consolidar, desde el mar, la República de Piratinin. (Estado escisionista que asocia a Porto Alegre y Río Grande del Sur en territorio de Brasil). Los integradores en Europa operan como desintegradores en nuestra América.

GUERRA, AMOR Y MAR

El comandante de la nave es José Garibaldi, en aquel momento proscrito y condenado a muerte en su país natal. Aplastado el brote republicano y desmembrador, el barco protagoniza una fuga rocambolesca, que incluye, entre otras peripecias el encarcelamiento y posterior evasión de su capitán de Argentina. Retorna clandestinamente a Brasil. Es allí donde convierte en esposa a Ana María Ribeiro da Silva. Testigos los describen así: él, alto, colorín, barbudo y de treinta años. Ella, cabellos negros, ojos vivaces, tez morena y veintiañera.

La guerra, reiniciada entre el Brasil de Pedro II y la insurrecta república farrophila, supone nuevas aventuras. Algunas amargas, otras gratas: como la alianza conyugal anotada. Extinguida la insurgencia, Garibaldi y Anita, cruzan la frontera asilándose en Uruguay. Allí, contraen matrimonio en el templo de San Francisco. El osado corsario se transforma, por un instante, en pacífico ganadero. Alivia la derrota domiciliándose vecino al mar. El Atlántico es la ventana que le permite asomarse a Italia. Está consiente que al otro lado del océano hay faena pendiente.


URUGUAY

En aquel entonces Juan Manuel de Rosas, jefe supremo de la Confederación Argentina, anhela reaglutinar los fragmentos del Virreinato del Plata. Programa la anexión de la Banda Oriental como entonces se conoce al Uruguay. Con el objeto de contribuir a la defensa de lese Estado tapón el joven Garibaldi moviliza 700 voluntarios. Misión: defensa de Montevideo. Utiliza, en la confección del uniforme la única tela disponible: paño escarlata. Lo usan para sus mamelucos los matarifes. Ver desfilar la brigada garibaldina con vestuario de aquel color, origina el asombro ciudadano. Desde entonces se emplea la expresión, primero despectiva y después enaltecedora, de camisas rojas. Nuevamente el futuro unificador de Italia opera oponiéndose al programa rosista que apunta a atenuar la fragmentación del ex virreinato.

Siempre atraído por el mar, organiza la escuadra uruguaya. Con ella enfrenta a la flota de Rosas, capitaneada por Guillermo Brown. De esas proezas deriva que Uruguay le confiere el rango de almirante.

No obstante, la situación en la patria de origen lo inquieta. A esta altura, la prensa ha difundido a los cuatro vientos las hazañas de Garibaldi en Sudamérica, Los líderes del "Risorgimento" urgen su retorno.


REGRESO A CASA

Así pone fin a su periplo en el Nuevo Mundo.

Acompañado de 73 camisas rojas marcha a la magna gesta europea. Allá serán apodados como "gauchos".

Constituyen, de hecho, una secta. Dialogan en castellano, mezclado con vocablos y giros lusitanos, usan poncho, vincha y chiripá. Cuando vivaquean, beben mate amargo. Son las marcas indelebles que ha estampado, en el caudillo y su entourage, el Brasil sureño y el Río de la Plata. Su mujer Anita y la familia, también están allí, en aquella otra guerra.

Ella lo acompañará siempre compartiendo la alegría de la victoria y la tristeza de los reveces. No presencia la culminación de la campaña. En 1849, durante la defensa de Roma, enferma. En la retirada fallecerá cerca de Ravena. Se le sepulta apresuradamente en el bosque. Sus últimas palabras, anotadas en portugués, son despachadas a su esposo. Merecen el bronce: "En la hora del combate no pienses en mí, ni en nuestros hijos, sólo piensa en la patria" Ella ha insistido en participar en aquella, su tercera guerra. En los episodios bélicos, motiva la admiración de la tropa por sus condiciones de amazona y por su coraje.

Garibaldi, según atestiguan sus Memorias, siempre la conservará en su corazón. Del mismo modo jamás olvida a Brasil, Argentina, y Uruguay.


GRATITUD ITALICA

En Roma, el monumento ecuestre al gaucho Garibaldi -desintegrador aquí y unificador allá- en sólido bronce domina la ciudad. Está en la cumbre del Gianicolo, con su estampa pampera, poncho y vincha. Al contemplarlo lo sentimos emparentado a Don Segundo Sombra y a Martín Fierro, es decir, al Cono Sur. Nos preguntamos: ¿Y Anita, dónde está?. La gratitud italiana es imprevista y sublime. Ella no ocupa ninguna cumbre. Está en un discreto parque arbolado, para evocar a su país natal, con palmeras. Allí entre el verde de los jardines y el cielo azul galopa, pistola en mano en brioso corcel. Es todo movimiento y belleza. Quizás sea una de las estatuas más bellas por el fervor romántico que fluye de su figura.

Los sudamericanos, al visitar París suelen congregarse bajo el Arco de Triunfo. Escrutan el granito para, entre decenas de nombres esculpidos, encontrar el de Francisco Miranda. También en la capital de la latinidad ocurre algo parecido. No somos pocos los que no hemos descansado hasta encontrar a la criolla garibaldina enamorada. Desde la cima y sobre un potro la protege su hombre: José Garibaldi, el héroe de dos mundos cuya brújula política está estragada en el Nuevo Mundo, pero funciona de modo correcto en el Viejo. No advierte que nuestro Mazzini es Bolívar y que nuestra América requería la integración tanto como la Italia de entonces.


Giuseppe Garibaldi: el guerrero sin fronteras de la independencia

Muchos aventureros cruzaron mares, desiertos y selvas para llegar a lugares nunca imaginados ni conocidos, cada uno en busca de un sueño... pero pocos han llegado tan lejos en su anhelo de libertad para los hombres y el suelo que éstos habitan como Garibaldi. Combatiente fiero y tenaz, luchó en cuanta gesta independentista surgía a través de sus viajes interminables. Un viajero siempre en búsqueda de su ideal: la libertad.

De marinero a capitán
Nació el 4 de julio de 1807 en Niza (Italia). Hijo de un pescador, pasó toda su juventud navegando. En 1824 José Garibaldi, su padre, parte de Niza, su ciudad natal, a bordo del bergantín Costanza con destino a Odesa. El joven Garibaldi viaja como grumete. Después de tres años de navegación, en 1827 se embarca como "segundo" en la nave Córtese con destino a Ta-ganrog. Son los años de la revolución griega contra Turquía y de la consiguiente crisis oriental. Las aguas griegas están infestadas de buques corsarios. Al año siguiente, habiendo enfermado durante el viaje de retorno, es desembarcado en Constantinopla, de donde regresa a Niza.

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En 1831 decidido a continuar la carrera del mar. Un año más tarde obtiene la licencia de Capitán de Segunda Clase. Por 1832 a su llegada a Taganrog a bordo de la nave Clorinda, es arrestado bajo acusación de "grescas callejeras"; sin embargo todo queda en la nada después de la intervención de la esposa del gobernador. Al año siguiente, regresa a Taganrog donde toma contacto con un emisario de la logia "Joven Italia", dirigida por Giuseppe Mazzini, que pretendía la unificación del pueblo italiano dentro de una república autónoma, a la cual adhiere. Por entonces, Italia –que desde el fin del imperio romano se había convertido en teatro de rivalidades y hasta en un literal campo de batalla entre las potencias europeas de entonces por el dominio de codiciados territorios y reinos como los de Florencia, Pisa, Génova, Venecia y Nápoles- no había logrado la anhelada unificación.

De manera que creció y maduró respirando beligerancias y conspiraciones, lo que unido a su naturaleza inquieta y justiciera, hizo que se exacerbaran en él sus cualidades innatas, luego de conocer la obra y el pensamiento del socialista francés Saint-Simon.

Su viaje a América

El descendiente del príncipe regente de Portugal, don Juan, se había escabullido a Brasil huyendo de las invasiones napoleónicas y nombrado a su hijo emperador de Brasil, bajo el nombre de Pedro I, quien a su vez abdicó en 1831 a favor de su vástago, Pedro II, con apenas seis años de edad. Esa infantil regencia estuvo plagada, no es para menos, de no pocas etapas de agitación, ansias libertarias e ideas republicanas, en especial en buena parte de los hacendados de las regiones brasileñas del sur, hastiados de sustentar el boato de la corte, y empeñados en la abolición de la esclavitud.

Es en medio de este torbellino cuando Garibaldi no duda en ponerse a disposición de los republicanos, no solo en Brasil, sino además en Uruguay y Perú. Serán 12 años de su vida en los que luchará y se enrolará en un sinnúmero de acontecimientos bélicos, siempre al lado de los combatientes por la libertad y la independencia.

En 1835 con nombre falso (Giuseppe Pane) vuelve a embarcarse. Presta servicio como enfermero voluntario durante una epidemia de cólera y luego parte rumbo a Brasil. Allí se pone en contacto con la filial de la "Joven Italia"; en sociedad con Luigi Rossetti trata de organizar un comercio de fideos entre Río y la zona de Cabo Frío. En ese ínterin se produce la revuelta de la provincia de Río Grande do Sul contra el Imperio de Brasil y Garibaldi, deseoso de entrar en acción, obtiene algunas "patentes de corso".

En 1837 prepara una nave, la Mazzini e inicia una guerra de corso contra Brasil. La primera incursión no tiene demasiado éxito; perseguido por brasileños v uruguayos es herido de gravedad durante un combate. Su buque logra escapar y remonta el río Paraná hasta llegar a la ciudad argentina de Gualeguay donde es operado y se repone. Allí lo mantienen prisionero bajo palabra de honor; sin embargo intenta escapar y cuando lo capturan es torturado.

Imprevisiblemente al año siguiente lo liberan y parte hacia Montevideo. Allí vuelve a encontrarse con Rossetti en cuya compañía se dirige al Estado de Río Grande do Sul. En la Lagoa dos Patos, Camacuá, toma a su cargo la dirección de un astillero naval y vuelve a la guerra de corso contra los brasileños hasta que, en el año 1839 siguiendo a la flota de Río Grande, llega a Laguna, en la provincia brasileña de Santa Caterina rebelde, también, al Imperio. En 1840 la guerra toma un curso desfavorable para los riograndinos que son rechazados y sufren una serie de reveses. En Laguna, Garibaldi conoce a Anita Ribeiro y la lleva consigo.

En 1841 Anita le da el primer hijo: Menotti. En este mismo año Garibaldi decide pedir una licencia; la obtiene y regresa a Montevideo donde, de inmediato, se pone al servicio de la República. Uruguay se está desangrando a causa de una guerra civil entre el partido "colorado" que tiene al general Rivera como líder, y el partido "blanco" guiado por el general Oribe, apoyado por la Argentina. Garibaldi, que lucha al lado de los "colorados". Allí recibe el encargo de guiar una flotilla que, remontando el Paraná, deberá llegar a la rebelde provincia argentina de Entre Ríos. Alcanzado por la flota enemiga, es derrotado en la batalla de Costa Brava pero logra escapar junto a un puñado de compañeros sin ser capturado. El curso de la guerra es favorable a los "blancos" quienes, en 1843 sitian la ciudad de Montevideo.

Al mando de una "Legión Italiana" Garibaldi combate por mar y por tierra. Se produce, entonces, la intervención franco-británica en apoyo de Montevideo, y en 1845 una flota anglo-franco-montevideana remonta el río Uruguay rumbo a la ciudad de Salto; las ciudades controladas por los "blancos", o argentinas, son atacadas y, en parte, saqueadas. En1846 Garibaldi libra, en Salto, su más célebre batalla sudamericana, la de San Antonio de Salto, obteniendo una estrepitosa victoria.

La fama de sus hazañas no demora en cruzar el Atlántico y llegar a Europa, y en especial a la aún desmembrada Italia, en muchos de cuyos salones la noticia del momento era el buen hacer de Giuseppe Garibaldi como militar y estratega.

La vuelta a casa

El año 1848 era el marcado, por la historia o su destino, como el de su regreso, y con un objetivo central que sellará los próximos 30 años de su vida: la unificación italiana. Lucha pues en Lombardía contra el ejército austriaco, en lo que muchos historiadores consideran el primer paso hacia la señalada unión que llevará adelante de 1859 a 1870 Víctor Manuel II de Saboya, rey de Piamonte-Cerdeña, gracias al apoyo de uno de sus más brillantes ministros, un político que, según historiadores, estaba dotado de una voluntad enérgica e invencible: Camilo Benso, conde de Cavour.

Su intento de hacer retroceder a los austriacos no prosperó y debió refugiarse primero en Suiza y posteriormente en Niza. A finales de 1848, sin embargo, el papa Pío IX, temeroso de las fuerzas liberales, abandonó Roma, adonde se dirigió Garibaldi junto a un grupo de voluntarios.
Aunque Garibaldi no pudo entrar en Roma y él y sus hombres terminaron refugiados en San Marino, nadie duda de que este episodio constituye uno de los más épicos y recordados pasajes del llamado Resurgimiento Italiano. Los especialistas aseguran que tanto Víctor Manuel como Cavour, temerosos de perder lo logrado, fueron quienes lograron detener el avance de Garibaldi, cuando este iba ya camino a la Ciudad Eterna.

Después de haber establecido sus cuarteles en Rieti, Garibaldi y los suyos emprenden el camino de Roma, amenazada por tropas francesas y napolitanas que tratan de devolver al Papa su trono. Garibaldi combate con heroísmo: el 30 de abril derrota a los franceses y en el mes de mayo enfrenta a los napolitanos en Palestrina y en Velletri. De regreso en Roma defiende a la ciudad que está asediada por los franceses; no acepta la capitulación y se retira con pocos miles de voluntarios para seguir la lucha. Perseguido por cinco ejércitos, se refugia en San Marino después de una épica retirada. Lo acompañan Anita, embarazada, y unos pocos hombres y desde allí espera poder trasladarse a Venecia. Se embarca en Cesenatico pero, al ser perseguido, se ve obligado a desembarcar en Magnavacca; ayudado por varios amigos logra huir y es en esas circunstancias cuando Anita, extenuada y presa de fiebre altísima, muere. Garibaldi logra escaparse de los austriacos sólo por un milagro. Regresa a su patria, pero es arrestado y obligado a exiliarse. En noviembre llega a Tánger. Corre el año 1850 y permanece allí unos pocos meses. Parte hacia los Estados Unidos, establece su residencia en Nueva York y trabaja en Staten Island, en la fábrica de velas de Antonio Meucci.

Un amigo genovés, Francesco Carpaneto, se reúne con él y, juntos, parten hacia el Perú. Al mando de una nave realiza varios viajes. En 1852 se dirige hacia Cantón. Un año más tarde, después de una larga navegación, regresa al Perú. Vuelve a Nueva York y toma conocimiento de la nueva situación planteada en el Píamonte. Decide regresar a Italia y lo hace comandando la nave de su viejo amigo Antonio Figari. En 1854 En el mes de febrero llega a Londres. Allí se encuentra con Mazzini y tiene ocasión de conocer a los más prestigiosos líderes de la izquierda europea. Por fin, regresa a su Niza natal.

En 1854, Cavour, el primer ministro piamontés, creyó que si le permitía volver a Italia, Garibaldi se alejaría del republicano Mazzini. Para ello, le concedió el mando de las fuerzas piamontesas en lucha con las austriacas. Venció en Varese y Como, ambas en mayo de 1859, y entró en Brescia al mes siguiente, con lo cual el Reino de Lombardía se apropió del Piamonte. Durante el desarrollo de esta campaña, Garibaldi (cuya amante, Battistina Raveo, le da una hija) conoce a la joven marquesa Giuseppina Raimondi.

Conseguida la paz en el norte del país, Garibaldi se dirigió a Italia central. Víctor Manuel II, rey piamontés, dio al principio su apoyo a un ataque contra los territorios papales, pero a última hora le pareció demasiado peligroso y le obligó a abandonar el proyecto. Garibaldi aceptó la renuncia y se mantuvo fiel, pero la cesión de Niza y Saboya a Francia por parte de Cavour y Víctor Manuel le pareció un acto de traición y decidió actuar por su cuenta. Como por el norte un acuerdo era imposible, decidió forzar la unificación conquistando el Reino de Nápoles, bajo soberanía borbónica.

En 1860 se casa con Guiseppina Raimondi, de quien se separará inmediatamente después. Vuelve a Caprera; más tarde regresa a Turín persiguiendo un vano intento: evitar que Niza sea cedida a Francia. En tanto, se está gestando la expedición a Sicilia: casi mil doscientos hombres se embarcan en Quarto, se detienen en Talamone, desembarcan en Marsala (quedan apenas mil voluntarios). Siguen cinco meses de guerra durante los cuales Garibaldi conquista Sicilia; entra entonces en el continente, toma la ciudad de Napóles y derrota a los Borbones en la batalla del Volturno. La izquierda quería tratar la cesión del sur y Víctor Manuel II, pero Garibaldi, después de mucho pensarlo, llama a un plebiscito cuyo resultado es que la gran mayoría vota por la anexión. Después del famoso encuentro con el Rey (el llamado "Encuentro de Teano") Garibaldi regresa a Caprera.

Un luchador con ideales

En 1861 se proclamó el nuevo Reino de Italia, pero desde sus inicios Garibaldi se mantuvo en la oposición, pues Roma continuaba siendo ciudad papal. Con la consigna de «Roma o la muerte», intentó durante años luchar contra el poder pontificio, sin demasiado éxito, hasta que en 1862, en la batalla de Aspromonte, cayó herido y fue hecho prisionero. En su retiro, se dedicó a la escritura de relatos de aventuras y de sus memorias. La conquista de Roma, su gran deseo, no pudo realizarlo personalmente.

En 1862 año, siendo Vicepresidente de la "Sociedad Nacional de Tiro al Blanco", cumple un triunfal viaje por Italia septentrional, viaje que culmina en Trescore; con un puñado de voluntarios proyecta invadir el Trentino partiendo de la cercana Sarnico. Interviene el ejército, se producen arrestos en masa, hay muertes callejeras. Desde Caprera, a la cual regresa en compañía de unos pocos amigos, vuelve a partir rumbo a Sicilia e inicia, de esta manera, la empresa que terminará en Aspromonte, donde será herido y tomado prisionero. Transcurrido cierto tiempo en la cárcel de Varignano (La Spezia), Garibaldi vuelve a su isla.
Viaja a Londres en 1864, ciudad en la que es recibido con incomparable entusiasmo. Se proyecta una expedición a Europa Central que no llega a concretarse. En 1866 Italia, mediante la alianza firmada con Prusia, declara guerra a Austria. Al mando de sus voluntarios, Garibaldi lleva adelante la dura campaña del Trentino que termina con la victoriosa jornada de Bezzecca.

Al año siguiente realiza un viaje de propaganda electoral por el Veneto; pero Garibaldi ya está proyectando su intento de marchar sobre Roma pues está convencido de que la ciudad se apresta a rebelarse contra la autoridad papal. Después de una breve permanencia en Ginebra, ciudad en la que se está llevando a cabo el Congreso por la Paz, Garibaldi parte rumbo a las fronteras del Estado Pontificio para reunirse con sus voluntarios allí concentrados. Es arrestado en Sinalunga y conducido a la prisión de Alessandria. Luego es trasladado a Caprera. A pesar de la vigilancia ejercida por una escuadra, Garibaldi logra burlarla y huye; se presenta entonces en la ciudad de Florencia (capital del Reino desde 1865) para retomar la conducción de sus voluntarios. Comienza así la campaña del Agro Romano que termina con la derrota de Mentana y el triste regreso a territorio italiano. Al término de un breve período de cárcel, regresa una vez más a Caprera, donde permanecerá por espacio de dos años durante los cuales se dedica a escribir sus primeras novelas:
Para 1869 hace ya varios años que vive en la isla con Francesca Armosino que le da tres hijos; Clelia, Rosa y Manlio. Permanece en la isla hasta 1870 año en que, después que los acontecimientos de la guerra franco-prusiana han llevado a la liberación de Roma y a la caída del Imperio de Napoleón III, ofrece sus servicios a la República francesa. Parte hacia Francia, país en el que asume el mando del Ejército de los Vosgos; combate contra los prusianos y los derrota en las sangrientas jornadas de Dijon.

El final de una leyenda

Sus biografías refieren que, no obstante, una vez que sus objetivos habían sido cumplidos, la vida encontró a un Garibaldi huérfano de un proyecto vital al que entregar sus fuerzas y empuje. Estaba, además, en precaria situación económica.
Su hostilidad hacia el gobierno italiano le hizo rechazar la pensión que le fuera concedida.

En 1871 resultó elegido diputado de la Asamblea de Burdeos, y cuatro años después accedió a aceptar un escaño de diputado en el Parlamento italiano. Cuentan que su entrada en el Congreso fue triunfal, y que recibió, tanto del monarca como de los miembros de la cámara, un gran reconocimiento a sus esfuerzos.

Retirado, pasó los últimos años de su vida terminando de redactar sus memorias y relatos de sus vivencias y aventuras, para la posteridad. Se había vuelto a casar, en 1880, con Francisca Armosino, con quien, a pesar de su avanzada edad, tuvo otros tres hijos.

La muerte lo sorprendió un caluroso mes de julio, en 1882, a los 75 años. Aunque quizá no estaba completamente consciente, se había convertido, para siempre, en una leyenda, en un personaje mítico que aunque algunos pudieran considerar el aventurero protagonista de poemas y novelas, fue en verdad un recio héroe de carne, hueso y nervios, como pocos en su época, y en todos los tiempos.

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