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Nicolás Guillén

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Nicolás Cristóbal Guillén Batista, que más tarde firmará sus versos simplemente como Nicolás Guillén, nace en la provincia de Camagüey el 10 de julio de 1902, el mismo año en que la República de Cuba inicia su vida como país independiente, por lo que puede decirse que el poeta nace con su patria, a la que su destino y su canto estarán íntimamente ligados en sus luchas, afanes, y esperanzas. Hijo de padres mulatos, el joven Guillén llevará al nacer  el mestizaje blanquinegro en sus venas, que será la síntesis de la cubanidad y que le dará, al mismo tiempo, la materia prima de su canto.

En Camagüey recibe la educación primaria
de la época, profundamente marcada por el catolicismo. Esta formación devota, junto a las ideas igualitarias de su padre, senador de Camagüey por el partido liberal, serán la semilla que sembrará en su mente, desde muy joven, ese sentido de justicia y solidaridad que servirá de alimento a su poesía y a sus actos durante todas las etapas de su vida. A la edad de 15 años, y cuando se hallaba en el difícil paso de la infancia a la adolescencia, pierde a su padre, asesinado por soldados del régimen conservador durante las contiendas de la guerra civil de 1917.

El joven Guillén debe sufrir el dolor de este cercenamiento espiritual y enfrentarse a los desafíos de la vida librado a sus propias fuerzas, pero la poesía viene pronto en su auxilio. Por este tiempo cursa los estudios de secundaria en el Instituto de Bachillerato de Camagüey y asiste, al mismo tiempo, a las lecciones de preceptiva literaria que dictaba en horario nocturno el profesor Tomás Vélez, clases que le permiten ahondar en el conocimiento de los autores del Siglo de Oro español —Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Cervantes—, y le proporcionan elementos de análisis y un sentido del ritmo y del rigor formal que no lo abandonará.

A los 16 años aprende el oficio de tipógrafo y consigue trabajo como tal en el periódico El Nacional, ocupación que desempeña simultáneamente con sus estudios de bachillerato en el instituto público de su ciudad en cuyas aulas empieza a escribir sus primeros versos. Publica sus primeros poemas a la edad de 18 años en la revista local Camagüey Gráfico.

Sus creaciones pronto trascienden el ámbito provinciano y son reproducidas en la revista Castalia de La Habana cuyas páginas acogían las producciones de la más joven promoción de poetas. Esta temprana actividad literaria le permite ser incluido en la abigarrada compilación Poetas jóvenes de Cuba, que realiza el director de Castalia, Paulino G. Báez en 1923.

A los 18 años de edad termina el bachillerato y viaja a La Habana para cursar estudios de derecho, que pronto se ve obligado a abandonar por carecer de los medios económicos que le permitan mantenerse. En la capital empieza pronto a trabajar como periodista en el diario Las Dos Repúblicas y asiste los viernes por la noche a la tertulia iconoclasta del café Martí. Esta experiencia le permite entrar en contacto con las tendencias renovadoras del postmodernismo y adquirir una visión crítica diferente del quehacer poético. Su situación económica, sin embargo, se hace cada vez más precaria y, luego de dos años de estudio, se ve forzado a regresar a Camagüey.

En la provincia se dedica al periodismo y a la vida bohemia, trabaja como periodista en el diario El Camagüeyano y funda la revista de poesía Lis, de la que aparecen dieciocho números. Durante aquellos años reúne los poemas escritos hasta entonces bajo la influencia todopoderosa de Rubén Darío en un libro titulado Cerebro y corazón, que nunca llega a publicar por pudor crítico, ya que su experiencia habanera de 1921-22 le evidenciaría, de algún modo, que se habían registrado signos renovadores en la poesía cubana desde los inicios de la segunda década.

Al cabo de cuatro años obtiene el cargo de mecanógrafo en la secretaría de la gobernación y, gracias a este trabajo, logra regresar a La Habana y proseguir su actividad artística y literaria en la capital. Por aquellos años empieza a colaborar con el suplemento literario dominical de El Diario de la Marina, publicación en la que da a conocer las nuevas formas de expresión procedentes de las diversas tendencias artísticas y literarias surgidas de las vanguardias europeas que en la isla apenas empezaban a cultivarse.

A la edad de 27 años rompe su silencio de un lustro y publica en un semanario local sus Versos de ayer y de hoy, suerte de antología de su obra anterior y de su transitoria fase vanguardista, que le sirve de entrada a los círculos literarios habaneros. La búsqueda vanguardista de Guillén pronto va a rendir sus frutos al publicar en El Diario de la Marina en 1930 y dentro de la sección Ideales de una raza un suplemento que contenía los poemas de su primer libro, Motivos de son, versos que se convierten pronto en un verdadero acontecimiento cultural en la isla ya que con ellos se da inicio a una nueva etapa de la poesía cubana, en la que la palabra adquiere caracteres inconfundiblemente autóctonos y rasgos específicamente nacionales. En estos versos el pueblo negro, secularmente preterido, aparece retratado con su dicción y vocabulario peculiares dentro del molde rítmico folclórico del son, formando una serie de magníficas estampas que lo sitúan como protagonista fundamental e insoslayable de la cultura y el sentimiento de la isla.

Un año más tarde, y cuando Guillén aún no arribaba a los 30 de su edad, publica su segundo libro Sóngoro cosongo, que desde la onomatopeya de su título, muestra el propósito explícito del poeta de plasmar en la poesía las raíces africanas de su isla con su ritmo y con su voz. Este libro le vale el reconocimiento de la crítica como precursor de la llamada poesía negra antillana, hallazgo lírico que el poeta no abandonará en adelante pero que se irá inclinando, cada vez más, a lo social debido a los acontecimientos políticos que suceden en torno suyo.

Este cambio resulta fácilmente perceptible en su siguiente libro, West Indies Ltd., publicado cinco años más tarde, cuyo irónico título en inglés es ya una denuncia de la explotación sufrida por el archipiélago antillano. En estos versos, percutientes y sonoros, el poeta se mantiene fiel a su hallazgo de lo poético cubano pero acentuando su incursión en el dominio de lo social, de tal manera que la protesta, que apenas se esbozaba en Sóngoro cosongo, termina por transformarse en la rebeldía de la charanga de Juan el Barbero cuyo ritmo y cuya letra ya no invitan al baile sino a la lucha frontal y definitiva que ha de suprimir la injusticia secular y trazar un futuro de esperanza y libertad para la isla:

Las cañas —largas— tiemblan
de miedo ante la mocha.
Quema el sol y el aire pesa.
Gritos de mayorales
restallan secos y duros como foetes.
De entre la oscura
masa de pordioseros que trabajan,
surge una voz que canta,
brota una voz que canta,
sale una voz llena de rabia,
se alza una voz antigua y de hoy,
moderna y bárbara:
—cortar cabezas como cañas,
¡chas, chas, chas!
Arder las cañas y cabezas,
subir el humo hasta las nubes,
¡cuando será, cuando será!

Los méritos y reconocimientos alcanzados por su obra en el ámbito nacional e internacional permiten que Guillén logre obtener un trabajo en el departamento de Cultura del Municipio de La Habana, cargo en el que, sin embargo, no permanece mucho tiempo pues su vinculación con la revista Mediodía, órgano de expresión de los escritores de izquierda, lo convierte en persona non grata para el gobierno, que lo destituye de su cargo e inicia un juicio en su contra en el que resulta finalmente absuelto. Este incidente solo ha de servir para que el poeta reafirme su solidaridad con los oprimidos del mundo y con la causa de la lucha obrera, cuya bandera será la suya en adelante. Esta toma definitiva de partido viene a ser ratificada por un acontecimiento internacional, la guerra civil española cuyo eco de dolor y muerte es sentido de manera muy honda por el poeta, quien expresa su solidaridad con la República amenazada en el poemario España. Poema en cuatro angustias y una esperanza.

En 1937 viaja a México, país en el que publica su libro Cantos para soldados y sones para turistas, texto en el que, sin descuidar el lenguaje poético, apela a la conciencia de los trabajadores convertidos en soldados que defienden intereses ajenos para que vuelvan los ojos hacia su origen proletario y se solidaricen con los intereses de su pueblo y de su clase. Estos poemas muestran cómo la poesía puede brindar testimonio de su momento histórico sin menoscabar el arte.

De México parte a España para participar en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, viaje que realiza en compañía, entre otros intelectuales, de Octavio Paz y de Alejo Carpentier y, luego de participar en diversos actos, prosigue con la delegación de intelectuales latinoamericanos hacia París pero retorna pronto a España para permanecer al lado de los defensores de la República. Desde Madrid publica numerosas crónicas sobre España que son reproducidas por la revista Mediodía en Cuba.

En 1938 regresa a Cuba y desarrolla hasta 1944 una intensa actividad cultural y política que incluye los cargos de redactor del diario Hoy, coeditor de la revista Gaceta del Caribe, y el puesto de miembro del Comité Nacional del Partido Comunista.

En 1945 parte a Venezuela invitado por la asociación de escritores de ese país e inicia una gira de tres años por Latinoamérica que lo llevará de Colombia a Argentina, pasando por Perú, Chile, Brasil y Uruguay. La resonancia alcanzada por su obra convierte a Guillén en una de las principales voces de la poesía viva de su tiempo y su nombre adquiere cada vez mayor presencia en el ámbito de la cultura internacional, situación que le permite prolongar su periplo por ciudades como París, Praga, Moscú, Sofía, Budapest y Nueva York.

A su regreso a Cuba es detenido y llevado a un grotesco juicio en el que se lo acusa de subversión a causa de las sátiras políticas que publicaba en el diario Hoy y en las que denunciaba, con humor e ironía, hechos y personajes concretos de la actualidad nacional e internacional. Finalmente es absuelto junto a los demás colaboradores del diario Hoy, pero el periódico es clausurado por el gobierno. Publica entonces su Elegía a Jesús Menéndez, representante de los obreros del azúcar que había sido asesinado por esbirros de la dictadura de Batista y viaja como delegado de Cuba a Santiago de Chile para participar en el Congreso Continental de la Cultura. En el país austral es sorprendido por el suceso de la toma del Cuartel Moncada que lo condena indirectamente a un largo destierro que se prolonga hasta 1959, año en que, con el triunfo de la revolución cubana, regresa al país.

Las experiencias ganadas durante los viajes incesantes que realiza en este período son recogidas en el libro La paloma de vuelo popular, publicado en la colección Poetas de España y América, que dirigía Rafael Alberti.

En este libro los temas de la injusticia, la esclavitud y el colonialismo, simbolizados en el trabajo de los obreros en los cañaduzales, asumen un primer plano no solo por la denuncia que encierran sino porque los mismos parecen, por fin, llegar a término ante el inminente advenimiento de un reino de justicia y fraternidad. Con el triunfo de la revolución el poeta es convertido en un símbolo nacional del carácter popular que la revolución desea imprimir a su gobierno. Asume la presidencia de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y reemprende su vida itinerante, pero ahora como embajador extraordinario del servicio de relaciones exteriores de Cuba. Durante este período visita, entre otros países, Brasil, Chile, Francia, la URSS, Checoslovaquia y Hungría.

En 1964 publica su libro Tengo, texto en que, desde su título, el poeta sigue brindando testimonio de su apoyo a la revolución, pero no para cantar como antaño sus promesas sino para festejar sus logros: «[...] Tengo, vamos a ver, / tengo el gusto de andar por mi país, / dueño de cuanto hay en él, / mirando bien de cerca lo que antes / no tuve ni podía tener. [...]».

Continúa viajando por países de Latinoamérica y Europa oriental. En 1968 publica El gran zoo, libro en que Guillén parece estar de vuelta de todos los artificios y aventuras de su tiempo pues, con un estilo sucinto y juguetón, nos muestra la riquísima gama de seres maravillosos que pueblan la geografía latinoamericana —el Aconcagua, ciclón, el mar Caribe— como si se trataran de animales mitológicos enjaulados en un fantástico e imaginario jardín zoológico. Por esta época su salud empieza a verse quebrantada por su extraordinaria actividad itinerante y en 1971, cuando estaba a punto de cumplir los 70 años, sufre graves trastornos cardiacos que lo llevan a ser internado durante un largo periodo en el hospital. Como consecuencia de esta enfermedad su salud queda quebrantada y, en adelante, tendrá que llevar una vida más reposada que lo obliga a restringir su actividad diplomática y limitarse, únicamente, a la creación poética que sigue desarrollando incesantemente desde su retiro en La Habana. Al llegar a su décimo séptimo aniversario recibe múltiples homenajes y la UNEAC publica el primer tomo de sus obras completas. Aparecen también los libros La rueda dentada y el misceláneo volumen El diario que a diario.

En 1978 publica Por el mar de las Antillas anda un barco de papel: poemas para niños mayores de edad. Al llegar a su décimo octavo aniversario recibe el doctorado honoris causa de la Universidad de Burdeos y la Orden José Martí, máximo reconocimiento honorífico de su país. La UNEAC publica en dos volúmenes la compilación de su Obra poética completa. En 1983 recibe el Premio Nacional de Literatura de Cuba y seis años más tarde, en 1989, muere después de una larga enfermedad.

 

 Sobre Nicolás Guillén - Biblioteca José Martí- Salvador Bueno

Los conquistadores españoles bautizaron aquel lugar con el nombre de Santa María del Puerto Príncipe. Después se le dio el nombre de Camagüey, de raigambre indígena. Allí nacería Nicolás Guillén el 10 de abril de 1902. Toda su obra creadora está destinada a la confirmación de una auténtica poe- sía cubana de hondo sentido popular. Afincado en nuestro pueblo, hombre de pueblo, concibió por especial merecimiento de su quehacer, la producción de una lírica hecha de procedencia española y africana. Percibían sus lectores desde sus primeros libros aquel vibrante colorismo, la musicalidad sandunguera, el ritmo de fuente africana y los elementos folklóricos. Todos estos rasgos fundamentales quedaron no olvidados sino integrados raigalmente a su posterior poesía social.

De tal modo, el poeta camagüeyano arribaba a una esencial poesía que sintetizaba nuestra nacionalidad. Revisando su trayectoria no podemos excluir sus rasgos negros o mulatos de los españoles, ya que se ha logrado un fenómeno que Fernando Ortiz llamó transculturación. Palpita en sus composiciones poéticas algo propio, particular, que reconocemos como lo cubano, pues transparenta nuestra identidad, la singular personalidad del pueblo cubano.

Desde su despierta adolescencia, escribió sus iniciales composiciones que salieron en revistas de provincias, desde El camagüeyano gráfico, la manzanillera Orto siguiendo hasta la habanera Castalia. 1922 resulta un hito significativo: Ingresa en la Universidad Nacional para obtener el diploma de abogado. Los sonetos "Al margen de mis libros de estudio" reflejan su desaliento, la depresión de su frustrada experiencia. Retorna a su ciudad natal. Funda la revista Lis, término derivado del modernismo, lo que no impide encontremos páginas que demuestran la madurez y agudeza de sus observaciones.

Decide la preparación de su primer libro, Cerebro y corazón, con cuaren-ta y seis piezas. Un buen número acoge la temática amorosa, los menos, ciertos acentos de religiosidad, y reflexiones filosóficas que no se apartan de aquellas empleadas por don Ramón Cam-poamor. Captamos el influjo de la lectura de Darío y de Bécquer, finalmente, desistió de su publicación. ¿Por qué? Quizás serían las dificultades económicas inevitables. También pueden achacarse al hecho de que el jovenzuelo atisba que dichas composiciones revelan que las había dejado atrás: Estaba ya con otros objetivos.

Durante cinco años guarda silencio. Suspende sus colaboraciones. Durante el año 1927, Ángel Augier encuentra poemas de este período de transición. Disponen de evidentes rasgos de la vanguardia. Había vuelto a la capital. Conoce a gentes de su generación que forman tertulias y asumen actitudes nuevas ante las creaciones artísticas y literarias. Creaba relaciones de amistad con Gustavo E. Urrutia quien publica en el Diario de la Marina su sección "Ideales de una raza". En ella incluye una página que entrega Motivos de son (1930). Apuntó más tarde José Antonio Fernández de Castro:

Recuerdo el día en que aparecieron. Todo el pequeño mundo intelectual mejor de Cuba, se ocupó de ellos. Unos en pro. Otros en contra. Y en prueba de que expresaban el alma musical del pueblo cubano, tan teñida de negro, es que al poco tiempo, se cantaban en todos los lugares del país, con distintas músicas, pues los compositores nativos se dieron en el acto a interpretar los nuevos poemas de Guillén [...].

Dichos ocho poemas-son, le dieron fama en todo el país, muchos amigos y también muchos enemigos. No era temática a la que podía darse publicidad. Mejor era no hablar de esos temas; muchos negros y muchos blancos reaccionaron con iracundia, aunque por distintas causas. La prosodia estaba tomada de la manera de hablar de negros, mulatos y blancos habaneros.

Búcate plata,
búcate plata,
popque no doy un paso má:
etoy a arró con galleta,
na má.

Los Motivos... fueron musicalizados por relevantes compositores: Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla, Eliseo y Emilio Grenet. Si el descubrimiento del poema-son brotó por el impulso dado por conjuntos musicales típicos, como el Sexteto Habanero, así regresaba al ámbito musical. De ahí la profunda vinculación de música y poesía que es fundamental esencia en la creación guilleneana.

Songoro cosongo (poemas mulatos) surge en 1931. No ha concluido aún el estruendo de Motivos de son cuando le sigue de cerca esta obra mucho más elaborada, con una técnica mucho más perfecta. Le precede un prólogo del autor:

Diré finalmente que estos son unos versos mulatos. Participan acaso de los mismos elementos que entran en la composición étnica de Cuba, donde todos somos un poco níspero. ¿Duele? No lo creo. En todo caso, precisa decirlo antes de que lo vayamos a olvidar. La inyección africana en esta tierra es tan profunda, y se cruzan y entrecruzan en nuestra bien regada hidrografia social tantas corrientes capilares, que sería trabajo de miniaturista desenredar el jeroglífico.

Y mucho acentuaba su importancia, la carta que le escribiera a su autor don Miguel de Unamuno el 8 de junio de 1932 tras saludarlo como "Señor mío y compañero":

No he de ponderarle la profunda impresión que me produjo su libro, sobre todo Motivos de son. Me penetraron como a poeta y como a lingüista. La lengua es poesía. Y más que vengo siguiendo el sentido de la música verbal de negros y mulatos. [....] Usted habla, al fin del prólogo, de "color cubano". Llegaremos al color humano universal e integral. La raza espiritual humana se está siempre haciendo. Sobre ella incuba la poesía.

Su poema "Llegada", acentúa su profunda intención: "Traemos / nuestro rasgo al perfil definitivo de América". Los indicios reciamente sensuales quedan sobrepasados por "Mujer nueva" donde la negra, mujer nueva viene "coronada de palmas / como una diosa recién llegada [...]".


Guillén y Pablo Neruda

Considerado como culminación de su etapa negrista, Songoro cosongo incorpora poemas que sobrepasan esta temática. Asoma la actitud antim-perialista, en "Caña": "El yanqui sobre el cañaveral". Por otra parte, "La canción del bongó" recalca la mixtión de las dos razas, las dos culturas, lo africano y lo español que van uno al lado del otro: "porque venimos de lejos / y andamos de dos en dos".

West Indian Ltd. (1934 ) inaugura una nueva etapa. Puede estimarse como una síntesis de lo logrado anteriormente, que se abre a estructuras y contenidos nuevos. La atención autoral traspasa los límites de la Gran Antilla y fija su mirada en las otras que forman las llamadas "Indias occidentales". El extenso poema homónimo habla de la Pointe-a-Pitre, de Kingston, de los explotados hombres con distinto color de piel, y los otros, yanqui o francés, que se aprovechan de su labor. La ironía se vuelve sarcasmo.

La circunstancia histórica recrudece la condición del pueblo cubano. Guillén
publica en México Cantos para soldados y sones para turistas (1937). La dictadura castrense utiliza a los soldados como instrumentos. Combatir la tiranía no estaba dirigida contra los soldados que formaban parte del pueblo: "No sé por qué piensas tú, / soldado que te odio yo, [...]".

Yo creo que con la poesía revolucionaria ha ocurrido algo semejante a lo que ocurrió con la llamada poesía vanguardista hace diez o doce años: Es decir, hubo un gran número de personas que jamás habían sido poetas, que creyeron ver en aquel movimiento una magnífica ocasión para sentirse tales. Me parece que estamos en tiempo de que decurse de una vez esta etapa de remoción, que aún anda por el cartelesco, por lo que sólo es mala propaganda, sin preocupación popular y, desde luego, sin la más remota emoción poética. El poeta puede hacer revolución, pero al mismo tiempo debe hacer poesía, esto es hacer arte. Con esa preocupación es que he "tratado de construir mi libro". (febrero de 1937).

1937, año crucial. El poeta cubano edita en México y en Valencia, España, Poema en cuatro angustias y una esperanza. Ha ocurrido el alzamiento fascista, los pueblos de todo el planeta apoyan la causa republicana. Guillén con Juan Marinello, Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez y Leonardo Fernández Sánchez conforman la delegación cubana que concurre al Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura en Madrid, Valencia y Barcelona bajo los bombardeos enemigos. Aunque la obra señala cuatro angustias y una esperanza, esta predomina sobre las otras. Con un propósito tan universal, sus versos responden al carácter culto que se esparce por toda la obra, escrita antes de su visión directa y personal de la tragedia que vivía el pueblo español, lo que no obstaculiza su virtuosismo formal.

Por un decenio no edita ningún libro, El son entero, como "suma poética" de 1929 a 1946, lo publica en Buenos Aires la editorial Pleamar. Su última sección la ocupan los poemas hasta ese momento inéditos que lleva el título del libro. Incluye poemas antológicos con una señal simbólica como ocurre con "Guitarra" y "Ébano real"; un recuento de un reciente periplo por América del Sur: "Son venezolano", "Una canción en el Magdalena", otros, de amor como "Rosa tú, melancólica", y referido a la muerte: "Iba yo por un camino". Indudablemente, la aparición de este tomo contribuyó grandemente a la mayor difusión y valoración de la creación guilleneana. Textos musicales completan este volumen, enriquecido por los dibujos del pintor cubano Carlos Enríquez.

Desde 1953, el poeta vive en el destierro, impedido de regresar a su patria regida por la dictadura de Batista. Cuando vuelve en enero de 1959 trae como obsequio La paloma de vuelo popular (1958) fresco aún de las prensas bonaerenses. Antes de este período azaroso publicó en la modesta imprenta de Felito Ayón Elegía a Jesús Menéndez (1951) en el papel de bagazo como había hecho tres años antes su Elegía a Jacques Roumain. Este "oratorio revolucionario" está dedicado al "general de las cañas". Los más diversos recursos usa el poeta, hasta las cotizaciones bursátiles, los versículos al modo bíblico, el "Son del soldado", etcétera. Cada una de las siete secciones de esta magna elegía posee valores propios. A partir del hombre concreto, el dirigente azucarero conquista una estatura insólita que profetiza la nueva época por la que ha muerto para exclamar: "Mirad, he aquí el azúcar ya sin lágrimas".

Testimonio de la victoria revolucionaria de 1959, con las experiencias de la lucha armada, del enfrentamiento ante las asechanzas del imperialismo y la solidaridad mundial sin olvidar el afán de la justicia y la liquidación del racismo, es "Tengo" (1964). Exacto el título escogido: Expresadas en las técnicas tradicionales, romances y décimas, siempre con acento de modernidad que caracteriza su creación, el poeta camagüeyano maneja la sátira con la agilidad y certeza propias de su estro.

Mostrando la juvenilia de su espíritu una faceta nueva, ¿nueva?, transparenta El gran zoo (1967). Bestiario múltiple, diverso e insospechado; donde las habituales piezas están acompañadas por el Aconcagua, el ciclón, el ku klux klan (KKK), la bomba atómica, siempre con la gracia, el tono sarcástico. Nadie duda que es fruto de un ánimo juvenil.

Para corresponder a las felicitaciones que recibía por su feliz arribo a la setentañía entregó a la prensa dos obras: La rueda dentada y El diario que a diario. Los dientes de la rueda habrían de tener en cuenta no sólo lo popular, inevitable en nuestro poeta. Asimismo lo íntimo, tan recatado como es, que nos ofrece interiores la sección "Vivencias": "Pienso en mis largos días sin camisa ni sueños [...]". La sección "Salón independiente" presenta los artistas plásticos más preferidos y cercanos.

El diario que a diario emerge de una curiosa perspectiva de lo que es, o puede ser, el periodismo. Con un propósito cinematográfico sostenido, mantenido, por la agudeza irónica que conocemos ya, pero utilizado para captar el proceso histórico que percibe según pasamos las páginas, salta la sonrisa cuando no una fresca carcajada, sin excluir el picor sarcástico, cáustico.

Todos los que fuimos amigos entrañables de Nicolás Guillén guardamos como un tesoro la imagen de su figura, de sus gestos, de sus palabras. Recordamos cómo era su relación con los niños, cómo se le hacía suave su voz y tiernos sus ademanes. Varias veces a lo largo de su creación le atrae el tema de los niños. Todo llega a su clímax en Por el mar de las Antillas anda un barco de papel (1978), subtitulado "Para niños mayores de edad". Adivinanzas y canciones, poemas con ternura y vivacidad con el ritmo que domina como maestro. Al nuevo amiguito lo invita a jugar, y el retozo y la alegría cunden por doquier.

Recién egresado de la universidad asistí al triste homenaje rendido al poeta Miguel Hernández quien tras indecibles sufrimientos acababa de morir en una cárcel franquista. Intelectuales distinguidos y relevantes que allí hablaron entre ellos estaba Nicolás Guillén. Después conversé un rato con el autor de Sóngoro cosongo. Sabía de la importancia de su obra, de su trascendental contribución a la poesía cubana. Me acogió amablemente. A partir de este instante quedamos como buenos amigos. Cuando en la modesta imprenta de Felito Ayón en la calle Empedrado apareció la primera edición en papel de estraza de su Elegía a Jesús Menéndez salí orgulloso con un ejemplar dedicado.

Pasaron muchas cosas después. No pudo regresar a su patria en 1953 dada la situación que atravesaba el país. Conocí de sus viajes y sus triunfos. Cuando regresó en enero de 1959, fui a visitarlo, me entregó un ejemplar de sus Elegíes antillaises, traducción de Claude Couffon, con uno de aquellos dibujos con los que ornaba sus palabras de amistad cariñosa. Era exactamente el 12 de febrero de 1959. ¡Cuántas veces estuvimos juntos en aquel bregar cotidiano de enfrentamientos, victorias identificadas con la causa de nuestro pueblo! Con frecuencia me llamaba por teléfono y teníamos sabrosas conversaciones. Estampaba sus palabras ahora con afectos para Salvador y Ada. Reiteradamente mi mujer y yo comentábamos este intercambio que personalmente teníamos con aquel inmenso creador de poesía.

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Biography - Nicolás Guillén - Source Answers

The Cuban author Nicolás Guillén (1902-1989) was one of the most famous writers in Latin America. His poetry showed that he was one of the greatest innovators in Latin American verse. Guillén introduced the Hispanic world to Afro-Cuban folk and musical forms.

Nicolás Guillén was born on July 10, 1902, in Camagüey, Cuba. He was one of six children of mulatto parents. Guillén received his early education in his native Camagüey. His father, who was involved in provincial politics, was murdered when Nicolás was 17. After his father's death he helped support his family by working as a typesetter. He completed his secondary schooling in just two years and began publishing poetry which reflected the prevailing influence of Modernism in the journal Camagüey Gráfico.

In 1920 Guillén went to Havana to study law but was forced by economic restraints to return home. In 1921 he returned to Havana and managed to complete one year of formal study at law school. During this period he became actively interested in writing through his association with the literary circles of the capital. He returned to Camagüey in 1922 where, with the help of his brother, he founded the literary journal Lis and worked as the editor of a local newspaper from 1922 to 1926.

Early Work

In 1926 Guillén again returned to Havana, where he worked as a typist. In the late 1920s he began writing for a special Sunday newspaper section - "Ideales de una Raza" - of the Diario de la Marina devoted to aspects of Black life. It was in this Sunday supplement that he launched his literary career with the publication on April 20, 1930, of Son Motifs. Guillén's slim collection of eight poems describing the lives of Blacks in Cuba's urban slums had an electrifying effect on both whites and Blacks who saw in it the genesis of an authentic Cuban art form. The poems were based on the son, an Afro-Cuban dance which was popular at the time and symbolized the dual ethnic/ racial makeup of the island. Although these poems explored a variety of urban situations among poor Blacks - the search for money, tension between Blacks and mulattoes, "passing" - they presented these themes from a festive, musical perspective. The poems in Son Motifs were soon set to music by composers such as Eliseo Grenet and Silestre Revueltas.

Guillén's next book, Sóngoro Cosongo (1931), was longer (it contained 15 poems) and represented a step toward artistic maturity. Although he continued to develop the themes and styles of his first book, the folkloric and picturesque elements were subordinated to capture more authentically the violence and cynicism of ghetto life. In many ways this book is reminiscent of the themes introduced by Langston Hughes in the United States with his Fine Clothes to the Jew (1927). In this second book Guillén focused slightly more attention on problems of general national concern. This was noted in the subtitle "Mulatto poems, " which clearly indicated Guillén's concern with what was properly the national essence.

Change in Style

The collection of poems West Indies Ltd (1934) marked a turning point both in Guillén's poetic techniques and in his political ideology. Here Guillén universalized his concern for the common man by expanding his vision to include all the marginated peoples of the Caribbean. For example, the poem, which gives title to the collection enumerates a long list of evils which plague the Caribbean, many of which are attributed to U.S. economic imperialism.

During the 1930s Guillén worked as a journalist for the liberal newspaper Meiodía and became increasingly involved in politics. He joined the Communist Party in 1937, the same year he made his first trip out of Cuba to attend a congress of writers and artists in Mexico. In 1937 he also traveled to Spain to attend the Second International Writers Congress for the Defense of Culture, where he met writers such as Octavio Paz, Pablo Neruda, Langston Hughes, and Ernest Hemingway, among others. In 1937 he published two books: Songs for Soldiers and Songs for Tourists and Spain:Poem in Four Anguishes and One Hope. In these collections, Guillén increasingly turned to more universal themes and motifs and abandoned temporarily his exploration of Afro-Cuban life. Thus in Spain he decried the evils of fascism and poetically called upon the soldiers of Cortés and Pizarro to return and fight the evils of the modern era. Similarly Song for Soldiersis a moving indictment of militarism.

In 1947 Guillén published The Entire Son, a book which marked the integration of his earlier stages into a universalist apprehension of man's social dilemma. This was followed by The Dove of Popular Flight - Elegies (1958), a collection of poems written in exile from Cuba which focuses directly on social issues of the 1950s. Here Guillén treated contemporary political material in an explicit and forceful way. Typical of his political bent are poems such as "Elegy for Emmett Till" and "Little Rock" (both U.S. racial confrontations), whereas "My Last Name" is a mythological search for his African heritage. Published in 1964, I Have represented the culmination for the poet of the revolutionary process and evinced a sense of satisfaction. Later collections such as The Big Zoo (1967), The Serrated Wheel (1972), and particularly The Daily Diary (1972) show that Guillén continued to mature and was capable of producing verse which is ironic, humorous, and yet ever faithful to his artistic vision which embraced the condition of the common man.

Apart from the poetry already mentioned, Guillén wrote hundreds of essays for newspapers, many of which dealt with racial problems in Cuba. An anthology of these articles was published in 1975 under the title Hurried Prose. In 1953 he was awarded the Stalin Prize in Moscow. After the Cuban revolution in 1959, he served in a variety of diplomatic and cultural missions. In 1961 he was named National Poet of Cuba and became president of the Union of Cuban Writers and Artists.

Robert Marquez and David McMurray edited Man-making Words:Selected Poems of Nicolas Guillén's in 1972. Man-making Words was a collection of the Afro-Cuban poet's works ranging from his early experimental political poetry to his mature descriptions of the socio-historical and everyday life of his beloved Cuba. Broadening the significance of Guillén's poetry, Ian Isidore Smart wrote Nicolás Guillén, Popular Poet of the Caribbean (1990), protraying the breath and richness of the artistic ability of the poet.

Further Reading

Dennis Sardinha's The Poetry of Nicolás Guillén (1976) offers a good general introduction to his work and contains considerable information about his life; Frederick Stimson's The New Schools of Spanish American Poetry (1970) has a full chapter dedicated to Guillén in addition to a good bibliography; The introduction to Robert Márquez and David Arthur McMurray's Man Making Words (1972) also offers a good biographic overview of his life and works with a good discussion of his poetry of social protest; An excellent study of Guillén in relation to the poets of Negritude is found in Martha Cobb's Harlem, Haiti, and Havana:A Comparative Critical Study of Langston Hughes, Jacques Roumain and Nicolás Guillén (1979; Wilfred Cartey's Black Images (1970) has a chapter related to the poetry of Guillén which deals with the Black experience; Lorna V. William's Self and Society in the Poetry of Nicolás Guillén (1982) defines Guillén's racial identity and evaluates his sociopolitical views as they are expressed in his poetry; Keith Ellis' Cuba's Nicolás Guillén:Poetry and Ideology (1983) is the most comprehensive literary study of the totality of the poet's work to date. It contains an extensive bibliography. Also see Twentieth-century Latin American poetry:a bilingual anthology, edited by Stephen Tapscott (Univ of Texas Press, 1996).

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