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Sobre Nicolás Guillén (Español)
Biografía. Nicolás Guillén -
Cuba 1902-1989
(Español) - Fuente
Centro Virtual
Cervantes
Nicolás Cristóbal Guillén Batista, que más tarde
firmará sus versos simplemente como Nicolás Guillén, nace en la
provincia de Camagüey el 10 de julio de 1902, el mismo año en que la
República de Cuba inicia su vida como país independiente, por lo que
puede decirse que el poeta nace con su patria, a la que su destino y
su canto estarán íntimamente ligados en sus luchas, afanes, y
esperanzas. Hijo de padres mulatos, el joven Guillén llevará al
nacer el mestizaje blanquinegro en sus venas, que será la síntesis
de la cubanidad y que le dará, al mismo tiempo, la materia prima de
su canto.
En Camagüey recibe la educación primaria
de la época, profundamente marcada por el catolicismo. Esta
formación devota, junto a las ideas igualitarias de su padre,
senador de Camagüey por el partido liberal, serán la semilla que
sembrará en su mente, desde muy joven, ese sentido de justicia y
solidaridad que servirá de alimento a su poesía y a sus actos
durante todas las etapas de su vida. A la edad de 15 años, y cuando
se hallaba en el difícil paso de la infancia a la adolescencia,
pierde a su padre, asesinado por soldados del régimen conservador
durante las contiendas de la guerra civil de 1917.
El joven Guillén debe sufrir el dolor de este
cercenamiento espiritual y enfrentarse a los desafíos de la vida
librado a sus propias fuerzas, pero la poesía viene pronto en su
auxilio. Por este tiempo cursa los estudios de secundaria en el
Instituto de Bachillerato de Camagüey y asiste, al mismo tiempo, a
las lecciones de preceptiva literaria que dictaba en horario
nocturno el profesor Tomás Vélez, clases que le permiten ahondar en
el conocimiento de los autores del Siglo de Oro español —Quevedo,
Góngora, Lope de Vega, Cervantes—, y le proporcionan elementos de
análisis y un sentido del ritmo y del rigor formal que no lo
abandonará.
A los 16 años aprende el oficio de tipógrafo y
consigue trabajo como tal en el periódico El Nacional,
ocupación que desempeña simultáneamente con sus estudios de
bachillerato en el instituto público de su ciudad en cuyas aulas
empieza a escribir sus primeros versos. Publica sus primeros poemas
a la edad de 18 años en la revista local Camagüey
Gráfico.
Sus creaciones pronto trascienden el ámbito
provinciano y son reproducidas en la revista Castalia de La
Habana cuyas páginas acogían las producciones de la más joven
promoción de poetas. Esta temprana actividad literaria le permite
ser incluido en la abigarrada compilación Poetas jóvenes de
Cuba, que realiza el director de Castalia, Paulino G.
Báez en 1923.
A los 18 años de edad termina el bachillerato y
viaja a La Habana para cursar estudios de derecho, que pronto se ve
obligado a abandonar por carecer de los medios económicos que le
permitan mantenerse. En la capital empieza pronto a trabajar como
periodista en el diario Las Dos Repúblicas y asiste los
viernes por la noche a la tertulia iconoclasta del café Martí. Esta
experiencia le permite entrar en contacto con las tendencias
renovadoras del postmodernismo y adquirir una visión crítica
diferente del quehacer poético. Su situación económica, sin embargo,
se hace cada vez más precaria y, luego de dos años de estudio, se ve
forzado a regresar a Camagüey.
En la provincia se dedica al periodismo y a la vida
bohemia, trabaja como periodista en el diario El Camagüeyano
y funda la revista de poesía Lis, de la que aparecen
dieciocho números. Durante aquellos años reúne los poemas escritos
hasta entonces bajo la influencia todopoderosa de Rubén Darío en un
libro titulado Cerebro y corazón, que nunca llega a
publicar por pudor crítico, ya que su experiencia habanera de
1921-22 le evidenciaría, de algún modo, que se habían registrado
signos renovadores en la poesía cubana desde los inicios de la
segunda década.
Al cabo de cuatro años obtiene el cargo de
mecanógrafo en la secretaría de la gobernación y, gracias a este
trabajo, logra regresar a La Habana y proseguir su actividad
artística y literaria en la capital. Por aquellos años empieza a
colaborar con el suplemento literario dominical de El Diario de
la Marina, publicación en la que da a conocer las nuevas formas
de expresión procedentes de las diversas tendencias artísticas y
literarias surgidas de las vanguardias europeas que en la isla
apenas empezaban a cultivarse.
A la edad de 27 años rompe su silencio de un lustro
y publica en un semanario local sus Versos de ayer y de hoy,
suerte de antología de su obra anterior y de su transitoria fase
vanguardista, que le sirve de entrada a los círculos literarios
habaneros. La búsqueda vanguardista de Guillén pronto va a rendir
sus frutos al publicar en El Diario de la Marina en
1930 y dentro de la sección Ideales de una raza un
suplemento que contenía los poemas de su primer libro, Motivos de
son, versos que se convierten pronto en un verdadero
acontecimiento cultural en la isla ya que con ellos se da inicio a
una nueva etapa de la poesía cubana, en la que la palabra adquiere
caracteres inconfundiblemente autóctonos y rasgos específicamente
nacionales. En estos versos el pueblo negro, secularmente preterido,
aparece retratado con su dicción y vocabulario peculiares dentro del
molde rítmico folclórico del son, formando una serie de magníficas
estampas que lo sitúan como protagonista fundamental e insoslayable
de la cultura y el sentimiento de la isla.
Un año más tarde, y cuando Guillén aún no arribaba a
los 30 de su edad, publica su segundo libro Sóngoro cosongo,
que desde la onomatopeya de su título, muestra el propósito
explícito del poeta de plasmar en la poesía las raíces africanas de
su isla con su ritmo y con su voz. Este libro le vale el
reconocimiento de la crítica como precursor de la llamada poesía
negra antillana, hallazgo lírico que el poeta no abandonará en
adelante pero que se irá inclinando, cada vez más, a lo social
debido a los acontecimientos políticos que suceden en torno suyo.
Este cambio resulta fácilmente perceptible en su
siguiente libro, West Indies Ltd., publicado cinco
años más tarde, cuyo irónico título en inglés es ya una denuncia de
la explotación sufrida por el archipiélago antillano. En estos
versos, percutientes y sonoros, el poeta se mantiene fiel a su
hallazgo de lo poético cubano pero acentuando su incursión en el
dominio de lo social, de tal manera que la protesta, que apenas se
esbozaba en Sóngoro cosongo, termina por transformarse
en la rebeldía de la charanga de Juan el Barbero cuyo ritmo
y cuya letra ya no invitan al baile sino a la lucha frontal y
definitiva que ha de suprimir la injusticia secular y trazar un
futuro de esperanza y libertad para la isla:
Las cañas —largas— tiemblan
de miedo ante la mocha.
Quema el sol y el aire pesa.
Gritos de mayorales
restallan secos y duros como foetes.
De entre la oscura
masa de pordioseros que trabajan,
surge una voz que canta,
brota una voz que canta,
sale una voz llena de rabia,
se alza una voz antigua y de hoy,
moderna y bárbara:
—cortar cabezas como cañas,
¡chas, chas, chas!
Arder las cañas y cabezas,
subir el humo hasta las nubes,
¡cuando será, cuando será!
Los méritos y reconocimientos alcanzados por su obra
en el ámbito nacional e internacional permiten que Guillén logre
obtener un trabajo en el departamento de Cultura del Municipio de La
Habana, cargo en el que, sin embargo, no permanece mucho tiempo pues
su vinculación con la revista Mediodía, órgano de
expresión de los escritores de izquierda, lo convierte en persona
non grata para el gobierno, que lo destituye de su cargo e inicia un
juicio en su contra en el que resulta finalmente absuelto. Este
incidente solo ha de servir para que el poeta reafirme su
solidaridad con los oprimidos del mundo y con la causa de la lucha
obrera, cuya bandera será la suya en adelante. Esta toma definitiva
de partido viene a ser ratificada por un acontecimiento
internacional, la guerra civil española cuyo eco de dolor y muerte
es sentido de manera muy honda por el poeta, quien expresa su
solidaridad con la República amenazada en el poemario España.
Poema en cuatro angustias y una esperanza.
En 1937 viaja a México, país en el que publica su
libro Cantos para soldados y sones para turistas,
texto en el que, sin descuidar el lenguaje poético, apela a la
conciencia de los trabajadores convertidos en soldados que defienden
intereses ajenos para que vuelvan los ojos hacia su origen
proletario y se solidaricen con los intereses de su pueblo y de su
clase. Estos poemas muestran cómo la poesía puede brindar testimonio
de su momento histórico sin menoscabar el arte.
De México parte a España para participar en el II
Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura,
viaje que realiza en compañía, entre otros intelectuales, de Octavio
Paz y de Alejo Carpentier y, luego de participar en diversos actos,
prosigue con la delegación de intelectuales latinoamericanos
hacia París pero retorna pronto a España para permanecer
al lado de los defensores de la República. Desde Madrid publica
numerosas crónicas sobre España que son reproducidas por la revista
Mediodía en Cuba.
En 1938 regresa a Cuba y desarrolla hasta 1944 una
intensa actividad cultural y política que incluye los cargos de
redactor del diario Hoy, coeditor de la revista Gaceta
del Caribe, y el puesto de miembro del Comité Nacional del
Partido Comunista.
En 1945 parte a Venezuela invitado por la asociación
de escritores de ese país e inicia una gira de tres años por
Latinoamérica que lo llevará de Colombia a Argentina, pasando por
Perú, Chile, Brasil y Uruguay. La resonancia alcanzada por su obra
convierte a Guillén en una de las principales voces de la poesía
viva de su tiempo y su nombre adquiere cada vez mayor presencia en
el ámbito de la cultura internacional, situación que le permite
prolongar su periplo por ciudades como París, Praga, Moscú, Sofía,
Budapest y Nueva York.
A su regreso a Cuba es detenido y llevado a un
grotesco juicio en el que se lo acusa de subversión a causa de las
sátiras políticas que publicaba en el diario Hoy y en las que
denunciaba, con humor e ironía, hechos y personajes concretos de la
actualidad nacional e internacional. Finalmente es absuelto junto a
los demás colaboradores del diario Hoy, pero el
periódico es clausurado por el gobierno. Publica entonces su
Elegía a Jesús Menéndez, representante de los obreros
del azúcar que había sido asesinado por esbirros de la dictadura de
Batista y viaja como delegado de Cuba a Santiago de Chile para
participar en el Congreso Continental de la Cultura. En el país
austral es sorprendido por el suceso de la toma del Cuartel Moncada
que lo condena indirectamente a un largo destierro que se prolonga
hasta 1959, año en que, con el triunfo de la revolución cubana,
regresa al país.
Las experiencias ganadas durante los viajes
incesantes que realiza en este período son recogidas en el libro
La paloma de vuelo popular, publicado en la colección
Poetas de España y América, que dirigía
Rafael Alberti.
En este libro los temas de la injusticia, la
esclavitud y el colonialismo, simbolizados en el trabajo de los
obreros en los cañaduzales, asumen un primer plano no solo por la
denuncia que encierran sino porque los mismos parecen, por fin,
llegar a término ante el inminente advenimiento de un reino de
justicia y fraternidad. Con el triunfo de la revolución el poeta es
convertido en un símbolo nacional del carácter popular que la
revolución desea imprimir a su gobierno. Asume la presidencia de la
UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y reemprende su vida
itinerante, pero ahora como embajador extraordinario del servicio de
relaciones exteriores de Cuba. Durante este período visita, entre
otros países, Brasil, Chile, Francia, la URSS, Checoslovaquia y
Hungría.
En 1964 publica su libro Tengo,
texto en que, desde su título, el poeta sigue brindando testimonio
de su apoyo a la revolución, pero no para cantar como antaño sus
promesas sino para festejar sus logros: «[...] Tengo, vamos a ver, /
tengo el gusto de andar por mi país, / dueño de cuanto hay en él, /
mirando bien de cerca lo que antes / no tuve ni podía tener. [...]».
Continúa viajando por países de Latinoamérica y
Europa oriental. En 1968 publica El gran zoo, libro en que
Guillén parece estar de vuelta de todos los artificios y aventuras
de su tiempo pues, con un estilo sucinto y juguetón, nos muestra la
riquísima gama de seres maravillosos que pueblan la geografía
latinoamericana —el Aconcagua, ciclón, el mar Caribe— como si se
trataran de animales mitológicos enjaulados en un fantástico e
imaginario jardín zoológico. Por esta época su salud empieza a verse
quebrantada por su extraordinaria actividad itinerante y en 1971,
cuando estaba a punto de cumplir los 70 años, sufre graves
trastornos cardiacos que lo llevan a ser internado durante un largo
periodo en el hospital. Como consecuencia de esta enfermedad su
salud queda quebrantada y, en adelante, tendrá que llevar una vida
más reposada que lo obliga a restringir su actividad diplomática y
limitarse, únicamente, a la creación poética que sigue desarrollando
incesantemente desde su retiro en La Habana. Al llegar a su décimo
séptimo aniversario recibe múltiples homenajes y la UNEAC publica el
primer tomo de sus obras completas. Aparecen también los libros
La rueda dentada y el misceláneo volumen El diario que
a diario.
En 1978 publica Por el mar de las Antillas anda
un barco de papel: poemas para niños mayores de edad.
Al llegar a su décimo octavo aniversario recibe el doctorado honoris
causa de la Universidad de Burdeos y la Orden José Martí, máximo
reconocimiento honorífico de su país. La UNEAC publica en dos
volúmenes la compilación de su Obra poética completa. En 1983
recibe el Premio Nacional de Literatura de Cuba y seis años más
tarde, en 1989, muere después de una larga enfermedad.
Sobre Nicolás Guillén
-
Biblioteca José Martí-
Salvador Bueno
Los
conquistadores españoles bautizaron aquel lugar con el nombre de
Santa María del Puerto Príncipe. Después se le dio el nombre de
Camagüey, de raigambre indígena. Allí nacería Nicolás Guillén el 10
de abril de 1902. Toda su obra creadora está destinada a la
confirmación de una auténtica poe- sía cubana de hondo sentido
popular. Afincado en nuestro pueblo, hombre de pueblo, concibió por
especial merecimiento de su quehacer, la producción de una lírica
hecha de procedencia española y africana. Percibían sus lectores
desde sus primeros libros aquel vibrante colorismo, la musicalidad
sandunguera, el ritmo de fuente africana y los elementos
folklóricos. Todos estos rasgos fundamentales quedaron no olvidados
sino integrados raigalmente a su posterior poesía social.
De tal modo, el poeta camagüeyano
arribaba a una esencial poesía que sintetizaba nuestra nacionalidad.
Revisando su trayectoria no podemos excluir sus rasgos negros o
mulatos de los españoles, ya que se ha logrado un fenómeno que
Fernando Ortiz llamó transculturación. Palpita en sus composiciones
poéticas algo propio, particular, que reconocemos como lo cubano,
pues transparenta nuestra identidad, la singular personalidad del
pueblo cubano.
Desde su despierta adolescencia,
escribió sus iniciales composiciones que salieron en revistas de
provincias, desde El camagüeyano gráfico, la manzanillera Orto
siguiendo hasta la habanera Castalia. 1922 resulta un hito
significativo: Ingresa en la Universidad Nacional para obtener el
diploma de abogado. Los sonetos "Al margen de mis libros de estudio"
reflejan su desaliento, la depresión de su frustrada experiencia.
Retorna a su ciudad natal. Funda la revista Lis, término derivado
del modernismo, lo que no impide encontremos páginas que demuestran
la madurez y agudeza de sus observaciones.
Decide la preparación de su primer
libro, Cerebro y corazón, con cuaren-ta y seis piezas. Un buen
número acoge la temática amorosa, los menos, ciertos acentos de
religiosidad, y reflexiones filosóficas que no se apartan de
aquellas empleadas por don Ramón Cam-poamor. Captamos el influjo de
la lectura de Darío y de Bécquer, finalmente, desistió de su
publicación. ¿Por qué? Quizás serían las dificultades económicas
inevitables. También pueden achacarse al hecho de que el jovenzuelo
atisba que dichas composiciones revelan que las había dejado atrás:
Estaba ya con otros objetivos.
Durante cinco años guarda silencio.
Suspende sus colaboraciones. Durante el año 1927, Ángel Augier
encuentra poemas de este período de transición. Disponen de
evidentes rasgos de la vanguardia. Había vuelto a la capital. Conoce
a gentes de su generación que forman tertulias y asumen actitudes
nuevas ante las creaciones artísticas y literarias. Creaba
relaciones de amistad con Gustavo E. Urrutia quien publica en el
Diario de la Marina su sección "Ideales de una raza". En ella
incluye una página que entrega Motivos de son (1930). Apuntó más
tarde José Antonio Fernández de Castro:
Recuerdo el día en que
aparecieron. Todo el pequeño mundo intelectual mejor de Cuba, se
ocupó de ellos. Unos en pro. Otros en contra. Y en prueba de que
expresaban el alma musical del pueblo cubano, tan teñida de
negro, es que al poco tiempo, se cantaban en todos los lugares
del país, con distintas músicas, pues los compositores nativos
se dieron en el acto a interpretar los nuevos poemas de Guillén
[...].
Dichos ocho poemas-son, le dieron
fama en todo el país, muchos amigos y también muchos enemigos. No
era temática a la que podía darse publicidad. Mejor era no hablar de
esos temas; muchos negros y muchos blancos reaccionaron con
iracundia, aunque por distintas causas. La prosodia estaba tomada de
la manera de hablar de negros, mulatos y blancos habaneros.
Búcate plata,
búcate plata,
popque no doy un paso má:
etoy a arró con galleta,
na má.
Los Motivos... fueron musicalizados
por relevantes compositores: Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla,
Eliseo y Emilio Grenet. Si el descubrimiento del poema-son brotó por
el impulso dado por conjuntos musicales típicos, como el Sexteto
Habanero, así regresaba al ámbito musical. De ahí la profunda
vinculación de música y poesía que es fundamental esencia en la
creación guilleneana.
Songoro cosongo (poemas mulatos)
surge en 1931. No ha concluido aún el estruendo de Motivos de son
cuando le sigue de cerca esta obra mucho más elaborada, con una
técnica mucho más perfecta. Le precede un prólogo del autor:
Diré finalmente que estos son
unos versos mulatos. Participan acaso de los mismos elementos
que entran en la composición étnica de Cuba, donde todos somos
un poco níspero. ¿Duele? No lo creo. En todo caso, precisa
decirlo antes de que lo vayamos a olvidar. La inyección africana
en esta tierra es tan profunda, y se cruzan y entrecruzan en
nuestra bien regada hidrografia social tantas corrientes
capilares, que sería trabajo de miniaturista desenredar el
jeroglífico.
Y mucho acentuaba su importancia, la
carta que le escribiera a su autor don Miguel de Unamuno el 8 de
junio de 1932 tras saludarlo como "Señor mío y compañero":
No he de ponderarle la profunda
impresión que me produjo su libro, sobre todo Motivos de son. Me
penetraron como a poeta y como a lingüista. La lengua es poesía.
Y más que vengo siguiendo el sentido de la música verbal de
negros y mulatos. [....] Usted habla, al fin del prólogo, de
"color cubano". Llegaremos al color humano universal e integral.
La raza espiritual humana se está siempre haciendo. Sobre ella
incuba la poesía.
Su poema "Llegada", acentúa su
profunda intención: "Traemos / nuestro rasgo al perfil definitivo de
América". Los indicios reciamente sensuales quedan sobrepasados por
"Mujer nueva" donde la negra, mujer nueva viene "coronada de palmas
/ como una diosa recién llegada [...]".
|

Guillén y Pablo Neruda |
Considerado como culminación de su
etapa negrista, Songoro cosongo incorpora poemas que sobrepasan esta
temática. Asoma la actitud antim-perialista, en "Caña": "El yanqui
sobre el cañaveral". Por otra parte, "La canción del bongó" recalca
la mixtión de las dos razas, las dos culturas, lo africano y lo
español que van uno al lado del otro: "porque venimos de lejos / y
andamos de dos en dos".
West Indian Ltd. (1934 ) inaugura una
nueva etapa. Puede estimarse como una síntesis de lo logrado
anteriormente, que se abre a estructuras y contenidos nuevos. La
atención autoral traspasa los límites de la Gran Antilla y fija su
mirada en las otras que forman las llamadas "Indias occidentales".
El extenso poema homónimo habla de la Pointe-a-Pitre, de Kingston,
de los explotados hombres con distinto color de piel, y los otros,
yanqui o francés, que se aprovechan de su labor. La ironía se vuelve
sarcasmo.
La circunstancia histórica recrudece
la condición del pueblo cubano. Guillén
publica en México Cantos para soldados y sones para turistas (1937).
La dictadura castrense utiliza a los soldados como instrumentos.
Combatir la tiranía no estaba dirigida contra los soldados que
formaban parte del pueblo: "No sé por qué piensas tú, / soldado que
te odio yo, [...]".
Yo creo que con la poesía
revolucionaria ha ocurrido algo semejante a lo que ocurrió con
la llamada poesía vanguardista hace diez o doce años: Es decir,
hubo un gran número de personas que jamás habían sido poetas,
que creyeron ver en aquel movimiento una magnífica ocasión para
sentirse tales. Me parece que estamos en tiempo de que decurse
de una vez esta etapa de remoción, que aún anda por el
cartelesco, por lo que sólo es mala propaganda, sin preocupación
popular y, desde luego, sin la más remota emoción poética. El
poeta puede hacer revolución, pero al mismo tiempo debe hacer
poesía, esto es hacer arte. Con esa preocupación es que he
"tratado de construir mi libro". (febrero de 1937).
1937, año crucial. El poeta cubano
edita en México y en Valencia, España, Poema en cuatro angustias y
una esperanza. Ha ocurrido el alzamiento fascista, los pueblos de
todo el planeta apoyan la causa republicana. Guillén con Juan
Marinello, Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez y Leonardo
Fernández Sánchez conforman la delegación cubana que concurre al
Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura en
Madrid, Valencia y Barcelona bajo los bombardeos enemigos. Aunque la
obra señala cuatro angustias y una esperanza, esta predomina sobre
las otras. Con un propósito tan universal, sus versos responden al
carácter culto que se esparce por toda la obra, escrita antes de su
visión directa y personal de la tragedia que vivía el pueblo
español, lo que no obstaculiza su virtuosismo formal.
Por un decenio no edita ningún libro,
El son entero, como "suma poética" de 1929 a 1946, lo publica en
Buenos Aires la editorial Pleamar. Su última sección la ocupan los
poemas hasta ese momento inéditos que lleva el título del libro.
Incluye poemas antológicos con una señal simbólica como ocurre con
"Guitarra" y "Ébano real"; un recuento de un reciente periplo por
América del Sur: "Son venezolano", "Una canción en el Magdalena",
otros, de amor como "Rosa tú, melancólica", y referido a la muerte:
"Iba yo por un camino". Indudablemente, la aparición de este tomo
contribuyó grandemente a la mayor difusión y valoración de la
creación guilleneana. Textos musicales completan este volumen,
enriquecido por los dibujos del pintor cubano Carlos Enríquez.
Desde 1953, el poeta vive en el
destierro, impedido de regresar a su patria regida por la dictadura
de Batista. Cuando vuelve en enero de 1959 trae como obsequio La
paloma de vuelo popular (1958) fresco aún de las prensas
bonaerenses. Antes de este período azaroso publicó en la modesta
imprenta de Felito Ayón Elegía a Jesús Menéndez (1951) en el papel
de bagazo como había hecho tres años antes su Elegía a Jacques
Roumain. Este "oratorio revolucionario" está dedicado al "general de
las cañas". Los más diversos recursos usa el poeta, hasta las
cotizaciones bursátiles, los versículos al modo bíblico, el "Son del
soldado", etcétera. Cada una de las siete secciones de esta magna
elegía posee valores propios. A partir del hombre concreto, el
dirigente azucarero conquista una estatura insólita que profetiza la
nueva época por la que ha muerto para exclamar: "Mirad, he aquí el
azúcar ya sin lágrimas".
Testimonio de la victoria
revolucionaria de 1959, con las experiencias de la lucha armada, del
enfrentamiento ante las asechanzas del imperialismo y la solidaridad
mundial sin olvidar el afán de la justicia y la liquidación del
racismo, es "Tengo" (1964). Exacto el título escogido: Expresadas en
las técnicas tradicionales, romances y décimas, siempre con acento
de modernidad que caracteriza su creación, el poeta camagüeyano
maneja la sátira con la agilidad y certeza propias de su estro.
Mostrando la juvenilia de su espíritu
una faceta nueva, ¿nueva?, transparenta El gran zoo (1967).
Bestiario múltiple, diverso e insospechado; donde las habituales
piezas están acompañadas por el Aconcagua, el ciclón, el ku klux
klan (KKK), la bomba atómica, siempre con la gracia, el tono
sarcástico. Nadie duda que es fruto de un ánimo juvenil.
Para corresponder a las
felicitaciones que recibía por su feliz arribo a la setentañía
entregó a la prensa dos obras: La rueda dentada y El diario que a
diario. Los dientes de la rueda habrían de tener en cuenta no sólo
lo popular, inevitable en nuestro poeta. Asimismo lo íntimo, tan
recatado como es, que nos ofrece interiores la sección "Vivencias":
"Pienso en mis largos días sin camisa ni sueños [...]". La sección
"Salón independiente" presenta los artistas plásticos más preferidos
y cercanos.
El diario que a diario emerge de una
curiosa perspectiva de lo que es, o puede ser, el periodismo. Con un
propósito cinematográfico sostenido, mantenido, por la agudeza
irónica que conocemos ya, pero utilizado para captar el proceso
histórico que percibe según pasamos las páginas, salta la sonrisa
cuando no una fresca carcajada, sin excluir el picor sarcástico,
cáustico.
Todos los que fuimos amigos
entrañables de Nicolás Guillén guardamos como un tesoro la imagen de
su figura, de sus gestos, de sus palabras. Recordamos cómo era su
relación con los niños, cómo se le hacía suave su voz y tiernos sus
ademanes. Varias veces a lo largo de su creación le atrae el tema de
los niños. Todo llega a su clímax en Por el mar de las Antillas anda
un barco de papel (1978), subtitulado "Para niños mayores de edad".
Adivinanzas y canciones, poemas con ternura y vivacidad con el ritmo
que domina como maestro. Al nuevo amiguito lo invita a jugar, y el
retozo y la alegría cunden por doquier.
Recién egresado de la universidad
asistí al triste homenaje rendido al poeta Miguel Hernández quien
tras indecibles sufrimientos acababa de morir en una cárcel
franquista. Intelectuales distinguidos y relevantes que allí
hablaron entre ellos estaba Nicolás Guillén. Después conversé un
rato con el autor de Sóngoro cosongo. Sabía de la importancia de su
obra, de su trascendental contribución a la poesía cubana. Me acogió
amablemente. A partir de este instante quedamos como buenos amigos.
Cuando en la modesta imprenta de Felito Ayón en la calle Empedrado
apareció la primera edición en papel de estraza de su Elegía a Jesús
Menéndez salí orgulloso con un ejemplar dedicado.
Pasaron muchas cosas después. No pudo regresar a su
patria en 1953 dada la situación que atravesaba el país. Conocí de
sus viajes y sus triunfos. Cuando regresó en enero de 1959, fui a
visitarlo, me entregó un ejemplar de sus Elegíes antillaises,
traducción de Claude Couffon, con uno de aquellos dibujos con los
que ornaba sus palabras de amistad cariñosa. Era exactamente el 12
de febrero de 1959. ¡Cuántas veces estuvimos juntos en aquel bregar
cotidiano de enfrentamientos, victorias identificadas con la causa
de nuestro pueblo! Con frecuencia me llamaba por teléfono y teníamos
sabrosas conversaciones. Estampaba sus palabras ahora con afectos
para Salvador y Ada. Reiteradamente mi mujer y yo comentábamos este
intercambio que personalmente teníamos con aquel inmenso creador de
poesía.