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Biografías |
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"Tengo diez mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir!”. Howard Winchester Hawks vino a este mundo el 30 de mayo de 1896 en Goshen (Indiana). Sin duda, nos encontramos ante uno de los nombres más influyentes en la historia del cine americano y, por extensión, mundial. Maestro de todos los géneros, fue sin duda en la comedia donde logró sus resultados más óptimos. Fue siempre un abanderado de la independencia del cineasta, para lo que llegó a fundar su propia productora en 1950, la Winchester Pictures.
Howard Hawks llegó al mundo del cine por pura casualidad, como tantos otros personajes clave de este arte. Hawks decantó sus estudios hacia la Mecánica, pero fue esta labor la que por azar le hizo entrar en contacto con los estudios, pues ejerció su oficio durante dos veranos en la Famous Players-Lasky. El cine pronto le sedujo por completo. Participa en la Primera Guerra Mundial y, a la vuelta del conflicto, ejerce diversos y pintorescos oficios como piloto de automóviles de carreras, modelista en una factoría de aviones y piloto aeronáutico. Pero será de nuevo en la Famous Players-Lasky donde encuentre su lugar, llevando a cabo funciones de asistente de Guión. De esta labor surgió la costumbre de Hawks de supervisar personalmente todos los guiones de sus películas, puesto que comprendió que eran el elemento clave de un buen trabajo.
Howard Hawks es contemporáneo de los miembros de la llamada Generación perdida, compuesta por nombres como John Dos Passos, Francis Scott Fitzgerald, William Faulkner, y Ernst Hemingway. La filmografía de Hawks está ligada a la obra de Hemingway; también a Raymond Chandler y, sobre todo, a William Faulkner, su guionista habitual. Por tanto, Hawks es un cineasta unido de forma indisoluble a la literatura, aspecto clave para explicar la calidad de toda su obra. William Faulkner, premio Nobel en 1949 y Pulitzer en 1955, llegó al cine buscando el dinero y el renombre que no podría alcanzar jamás con su obra impresa. Faulkner escribió el guión de seis películas, aunque es muy probable que participara en muchas más. De esos seis títulos, cinco son obra de Hawks: Vivamos hoy, The Road to glory, Tener y no tener, El sueño eterno y Tierra de faraones.
A mediados de los años veinte, Howard Hawks comienza por fin su carrera como cineasta. Primero en 1924, cuando firma su primer guión completo, Tiger Love, y un año después dirigiendo su primera película, The Road to Glory (El camino de la gloria). Hasta ocho títulos dirigió Hawks durante la época del cine mudo, pero su gran salto lo daría con la llegada del sonoro, con una serie de películas memorables y ya históricas. La mayor virtud de Hawks fue, sin duda, su gran capacidad para afrontar todos los géneros. Así, se pueden nombrar auténticas joyas en cada uno de ellos: en la comedia, La fiera de mi niña; en cine negro, Tener y no tener; el musical, Los caballeros las prefieren rubias; en la ciencia-ficción, La cosa; y en cine épico, Tierra de faraones. Únicamente le faltó llevar a la gran pantalla aventuras de capa y espada, género que se alejaba enormemente de su visión del mundo. No obstante, es único en la comedia, de la que se valió para plasmar la guerra entre los sexos, nudo gordiano de su filmografía
Fue un director muy productivo, puesto que llevó a cabo el rodaje de 39 títulos en solitario y de otros cuatro en colaboración. La calidad de su obra guarda una regularidad sorprendente y envidiada por tantos otros. Junto a la productividad considerable, otra de sus cualidades fue la de saber conectar con el público. De hecho, la inmensa mayoría de sus obras fueron también éxitos en taquilla. Hawks, para colmo, siempre luchó por la independencia del artista, de ahí que se mantuviese alejado de la industria. Esa fue la principal causa por la que sólo se le nominó en una ocasión para el Oscar al mejor director. Fue en 1941 por El sargento York, pero la estatuilla recayó en ¡Qué verde era mi valle!, título de su gran amigo John Ford. Aún así, la Academia se vio obligada a concederle un Oscar especial por los servicios prestados en 1974. A partir de 1960, Howard Hawks había ido disminuyendo su producción, siendo El Dorado su última gran apuesta por el cine.
Sus películas incluyen títulos como: La escuadrilla del amanecer (1930); Scarface, el terror del hampa (1932), la mejor descripción de la época de Al Capone que se haya rodado; La comedia de la vida (1934); La fiera de mi niña (1938), para muchos la mejor comedia de la historia, con unos apoteósicos Katharine Hepburn y Cary Grant; o Luna nueva (1940). Hawks fue el responsable de reunir por primera vez a la pareja Humphrey Bogart y Lauren Bacall en Tener y no tener (1945) y, posteriormente, en El sueño eterno (1946). Otro de los habituales en su cine fue John Wayne, con películas como Río Rojo (1948), Río Bravo (1959), El dorado (1967) y Río Lobo (1970). Todas ellas muestran a Hawks como un maestro del western. Otros títulos que no se pueden dejar de lado son: El sargento York (1941); Bola de fuego (1941); La novia era él (1949); Me siento rejuvenecer (1952); y Los caballeros las prefieren rubias (1953).
Howard Hawks murió relativamente joven, el 26 de diciembre de 1977 en Palm Springs (California). Sin su obra sería imposible entender el cine del siglo XX. Fue, sin discusión alguna, uno de los grandes. Chapeau |
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