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DIFICULTADES DE INTERPRETACIÓN
Ya hemos señalado que Heráclito tenía
fama de ser oscuro. Pues bien, a la propia dificultad que implica el
entender sus propias citas, hay que añadir también los testimonios
que se nos han transmitido acerca de su pensamiento. Estos testimonios
podrían resumirse de este modo:
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Platón y
Aristóteles (auténticos gurus de la filosofía griega)
pusieron escaso empeño en penetrar en la real significación del
pensamiento de Heráclito.
Platón menciona a Heráclito pocas veces y cuando lo hace, lo
lleva a cabo de un modo humorístico e irónico, insistiendo, sobre todo,
en una de sus opiniones más trillada y peor entendida, es decir, aquella
que dice que todas las cosas fluyen (panta rei). Lo
curioso del caso es que Platón, (según Aristóteles), estuvo
influenciado, en su momento, por Crátilo (seguidor de Heráclito)
y sus ideas sobre el cambio. Es evidente que, o bien Crátilo ya
había adaptado a su propio pensamiento (modificándolas) tales ideas, o
Platón interpretó incorrectamente la concepción de Heráclito
sobre el cambio. Y es que, como veremos más adelante, para Heráclito no
era tan importante la idea del cambio, como la idea anversa de la
medida inherente al cambio, y, por tanto, la estabilidad
subsistente.
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Por su parte, Aristóteles, aceptó
la interpretación platónica e incluso la exageró aún más. Aristóteles
ataca a Heráclito por haber negado el principio de contradicción
cuando afirma que los opuestos son lo mismo. El problema es que
Aristóteles no se paró a pensar que cuando Heráclito afirma esto no
quería decir que los opuestos fueran lo mismo, es decir,
idénticos; sino que estaban esencialmente separados o que
pertenecían a un único complejo.
-
Por otro lado, Teofrasto, de quien
depende toda la tradición doxográfica posterior, basó su interpretación
de Heráclito en Aristóteles.
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A su vez, los estoicos deformaron
aún más la versión, ya que adoptaron a Heráclito como su máxima
autoridad en cuestiones físicas. Aunque es cierto que, en algunos
aspectos, desarrollaron bien sus ideas, sobre todo, en lo que se refiere
a su ideal de vivir de acuerdo con la naturaleza; lo cierto es
que, otras veces, readaptaron sus opiniones a sus propias y especiales
exigencias, como por ejemplo sucede con al atribución a Heráclito de la
ecpyrosis, es decir, la consunción periódica de todo el mundo
mediante el fuego.
EL PENSAMIENTO DE HERÁCLITO
Suele situarse a Heráclito en
oposición a Jenófanes y también a Parménides. A pesar de todo coincide con
Jenófanes en la total superación que ámbos manifiestan ante el politeismo
antropomórfico, así como en el reconocimiento de la unidad de todo
ente, ya que ambos piensan que es propio del sabio reconocer que todo
es uno. Pero esta coincidencias desaparecen desde el momento en que
Jenófanes identifica lo uno con la divinidad inmóvil. Y es que
Heráclito no ve en el mundo ( ni fuera de él ) ningún ser
permanente sino cualidades contrarias conexionadas entre sí, asi como el
paso de unos contrarios a otros en un eterno vencer y ser vencidos, aunque
la sangre, como veremos, nunca llegue al río. Y es que, según Heráclito, el
enfrentamiento de contrarios y el devenir del mundo no implica que este sea
un caos sino todo lo contrario, es decir, un kosmos. Y no es
un caos porque existe el Logos (al que Heráclito identifica
con el fuego) que permite que todo lo que sucede en el mundo, aún habiendo
lucha y enfrentamiento entre los elementos contrarios de la naturaleza, sea
fruto de la proporción, del orden y de la medida.
EL LOGOS Y LOS OPUESTOS
Según Heráclito, los hombres deberían
tratar de comprender la coherencia subyacente en las cosas. Esta coherencia
está expresada en el Logos, el elemento ordenador de todas ellas.
¿Cual es el significado del Logos?
El concepto de Logos tiene, en
Heráclito, el significado general de medida y proporción. Esto
implica que, para Heráclito, el universo está dispuesto según un
plan o medida que hace que todas las cosas, aparentemente diversas, sean
realmente una. El logos es quien explica la existencia de tal
coherencia que permite que las cosas, en apariencia plurales, se
encuentre en realidad unidas en un complejo coherente del que los
hombres mismos constituyen una parte. En este contexto, Heráclito, tilda de
almas bárbaras a todos aquellos que no son capaces de entender el
lenguaje de los sentidos o que no pueden interpretarlo correctamente sino
que se dejan engañar por sus manifestaciones superficiales. Al mismo tiempo
el logos no es una mera idea sino el constitutivo real de las
cosas, coextensivo con el fuego, y, por tanto, elemento cósmico
primario lo que no quiere decir que Heráclito creyese, al modo de los
milesios, que tal principio era el origen de donde procedía todo. En
Heráclito el universo siempre habría así y, en él, el fuego ( identificable
con el logos ) es elemento primario en el sentido de ser el responsable de
que los elementos naturales, aún siendo contrarios y enfrentados entre sí,
funcionen de modo coherente y equilibrado.
¿Cual es el significado de los opuestos?
Según Heráclito en el mundo es algo
fundamental la existencia de los opuestos así como la unidad
esencial de los mismos. Existen multitud de textos que
ejemplifican esta idea de Heráclito. Tal ejemplificación podría resumirse
del modo siguiente:
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Las mismas cosas producen efectos
opuestos sobre clases distintas de seres animados.
Asi, por ejemplo, el mar es saludable para los peces pero
para los hombres es insalubre.
-
Aspectos diferentes de una misma cosa
pueden justificar descripciones opuestas. Esta
parece ser la interpretación más correcta aplicada a la expresión el
camino abajo y arriba es uno y el mismo, aunque Teofrasto le
dió a la expresión un sentido cosmológico que es aceptado por
algunos tratadistas modernos (Capelle). Hipólito, sin embargo,
una fuente muy fidedigna en relación a Heráclito, la consideró como una
mera ilustración de los opuestos y no como una metáfora
cosmológica. En este sentido, deberíamos pensar en un mismo camino,
al cual denominan camino hacia arriba los que lo ven desde abajo,
y camino hacia abajo los que lo ven desde arriba. Vlastos
afirma que esta interpretación es una banalidad.
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Ciertas realidades solo son
comprensibles si se reconocen sus opuestos.
Esto sucede, por ejemplo, con la salud o el descanso que
solo tienen sentido si se reconoce la existencia de sus opuestos la
enfermedad y el cansancio.
-
Ciertos opuestos estan enlazados de un
modo esencial porque se suceden mutuamente sin más.
Así sucede, por ejemplo, con el calor y el frío o con el
día y la noche, padre e hijo.
En definitiva, según Heráclito, tendemos a
considerar la realidad como formada por elementos como separados unos
de otros y como opuestos unos a otros, es decir, como una realidad
desconexionada y diversa. Pues bien, esa desconexión y diversidad es algo
meramente accidental ya que la razón nos muestra que se encuentra
íntimamente conexionada formando un todo. Ello significa que, según
Heráclito, no existe una división realmente absoluta entre lo que
consideramos como elementos opuestos.
Ahora bien el que los opuestos formen una
unidad no implica que no exista la pluralidad diferente y
encontrada. Cuando Heráclito habla de las cosas tomadas en conjunto
se está refiriendo a los opuestos formando un todo continuo
(día-noche-frío-calor). Esos opuestos no conviven, sin más, sino que luchan
y se enfrentan entre sí. Lo que sucede es que en esa lucha ningún elemento
acaba por imponerse y anular al otro, sino que es una lucha racional (lógos)
en donde lo que prima es el orden, la proporción y la medida. En este
sentido, cada uno de los opuestos podría expresarse, según Heráclito, en
términos de dios ya que todos ellos están impregnados por el rector
de la armonía cósmica (logos). En este sentido, Heráclito, contrapone la
visión sintética de las cosas por parte de la divinidad (para él no existe
realmente la separación entre los opuestos) frente a la visión caótica de
los humanos.
Según Heráclito el mundo, como un todo, está, por tanto,
intimamente conexionado aunque esta conexión sea invisible y no se nos
muestre a primera vista. Pero lo cierto es que, gracias al equilibrio
entre los opuetos, el complejo funciona armonicamente. Y es que si el
equilibrio entre los opuestos no se mantuviera, por ejemplo, si el calor
comenzará en su lucha con lo frío, (o el dia con la noche), a imponerse el
uno sobre otro, de tal forma que lo hiciera desaparecer, entonces el
complejo (universo) se destruiría. Sucede lo mismo que si alguien
tensiona la cuerda de un arco de tal forma que la fuerza de los brazos
se impone a la forma del arco; es evidente que, en este caso, el arco se
rompería porque uno de los opuestos (la fuerza de lo brazos que tensiona el
arco) se habría impuesto a la forma del arco, anulándolo en sus funciones.
LA DISCORDIA ENTRE OPUESTOS CAUSA DEL CAMBIO
La guerra o discordia es una
metáfora que emplea Heráclito para expresar el cambio en el mundo.
Esta guerra es la que se produce entre opuestos ( calor - frío
- día - noche - salud -enfermedad - guerra - paz ) por lo que cabe inferir
que el cambio en el mundo, según Heráclito, se debería a esta lucha
entre opuestos. Heráclito define la guerra o discordia como díke,
el camino señalado o regla normal de comportamiento. Este modo
de expresarse es una corrección a
Anaximandro el cual decía
que, las cosas se pagaban mutua pena y retribución por su injusticia,
por su alternativa usurpación en los procesos del cambio natural. Esto
implicaba, claro está, que en un momento determinado, la guerra se
paraba.
Pues bien, para Heráclito si la discordia cesara, el vencedor
en cada lucha establecería un dominio permanente sobre el vencido con lo que
el mundo quedaría destruido. Ahora bien:
¿Significa esto que la discordia y la
guerra entre los elementos opuestos es total y sin ningún tipo de
interrupción?
Con otras palabras:
¿Defendía Heráclito que el cambio en la
naturaleza era algo continúo y que no existe nada
permanente?
Para responder a estas cuestiones deberían
analizarse aquellos textos en donde aparece la expresión, machaconamente
repetida, y referida a Heráclito, de la imagen del rio fluyente. En
este contexto, habría que señalar lo siguiente:
-
Según autores como Platón,
Aristóteles,Teofrasto y
los doxógrafos, Heráclito, defendería la existencia de una absoluta
continuidad en los cambios de la naturaleza ya que, según él, todo
estaría, como un río, en un continúo flujo. Aristóteles
llega a señalar algo que ya está implícito en Platón, es decir, que
Heráclito pensaba que no existía nada permanente sino que,
incluso lo que parecía ser estable, experimentaba también cambios
invisibles. Es posible que en esta imagen del río fluyente y
continuo, Platón, se viera influenciado por las exageraciones de
Crátilo quien creyó que no se podría uno sumergir dos veces en el
mismo río. Es el mismo Aristóteles quien nos dice que estas ideas
de Crátilo influyeron grandemente en Platón. Parece, por tanto, que ni
Platón ni Aristóteles nos transmiten el auténtico pensamiento de
Heráclito. Y es que Heráclito a través de la imagen del río lo
que realmente quiso transmitir es la unidad que depende de la
conservación de la medida y del equilibrio en el cambio
-
¿Es posible que Heráclito hubiera pensado
que, por ejemplo, una roca o un caldero de bronce experimentan en sí
mismos cambios continuos? No parece probable que defendiera este
tipo de ideas ya que él defendió una positiva confianza en los
sentidos siempre que se utilizaran de modo inteligente. Pues bien,
en este contexto, lo lógico es suponer que, tanto la roca como el
caldero, sufren cambios producidos por el uso y por el paso del
tiempo; pero, en tal caso, tales cambios serían absolutamente
perceptibles. Es cierto que Meliso llamó la atención sobre el
hecho de la realidad del cambio en algunas cosas que parecen estables,
como por ejemplo, el hierro que se desgasta por la fricción de
los dedos. Ahora bien, eso no quiere decir que Meliso estuviera
pensando ( lo mismo debió pasar con Heráclito ) que el cambio,
por ser invisible, fuera también continuo: siempre que los dedos
frotan un caldero de bronce se produce un desgaste por fricción en una
parte invisible del hierro; pero cuando no se frota ¿qué motivos se
podrían aducir para pensar que el caldero sigue cambiando?
-
Parece, por tanto, que el punto de vista,
tanto de Meliso, como de Heráclito, debíó ser el de que
los sentidos nos muestran que cualquier cosa, aun cuando aparentemente
sea estable, está sujeta a cambios pero siempre que sean deducibles. Y
lo cierto es que un cambio continuo, (algo que Platón le atribuye
a Heráclito), no es deducible en muchos objetos aparentemente
estables.
-
Ahora bien, el que Heráclito niegue que
el cambio sea algo continúo no quiere decir que no defendiera la
existencia del movimiento y del cambio en la naturaleza.
La existencia del cambio y del movimiento son ideas esenciales en el
pensamiento de Heráclito. Ahora bien, el cambio no es algo caótico y sin
sentido sino el fruto de la racionalidad y el orden cósmicos. Si se
analizan aquellos textos en donde Heráclito habla del movimiento, por
ejemplo, de un río es de destacar que lo que prima no es el movimiento
continuo del mismo sino la imagen de que la unidad y estabilidad del
mismo ( río ) dependen de la regularidad del flujo de las aguas
que lo forman. Con ello se quiere hacer ver, por un lado, que existe un
equilibrio entre los constitutivos opuestos del mundo, y, por otro, que
debería rechazarse la idea de que cada cosa se comporta individualmente
como un río. Los objetos de la naturaleza, (una roca, una
montaña, etc) se nos presentan a los ojos como realidades
momentáneamente estáticas. Ahora bien, según la teoría de la
discordia de Heráclito, esos objetos acabarán por cambiar. Pero lo
harán de una forma proporcional y equilibrada de tal modo
que terminarán por contribuir a mantener el proceso armónico de los
constitutivos del mundo.
Ahora bien: ¿cuáles son los opuestos de la
roca y de la montaña (tierra)? ¿En qué sentido son algo estático? ¿Por qué
terminarán por cambiar?
Para poder contestar todas estas cuestiones debemos analizar la concepción
que Heráclito tenía acerca del Cosmos.
El MUNDO EN HERÁCLITO
Heráclito afirma que el cosmos, como
totalidad, podría ser descrito como fuego en el sentido de que,
cuando una determinada cantidad se extingue se vuelve a encender una parte
proporcional al extinguido en otra parte. Todo el cosmos
estaría ardiendo a la misma vez y siempre lo estuvo y siempre lo estará. No
existe, por tanto, en Heráclito, una cosmogonía como en los milesios,
ya que el fuego no es una materia prima original de la que procede todo como
sucedía, por ejemplo, con el agua de Tales. Para Heráclito el
fuego es la fuente continúa de los procesos naturales: de su
región parece proceder la lluvia que es fuente del mar. Este
se convierte en tierra, y, ésta, en lugares y momentos distintos, se
convierte en agua. Son las tres masas ( fuego-tierra-mar ) más
importantes del mundo. Pues bien, en un momento concreto, esos elementos
serían estáticos (como lo eran la roca y la montaña de los ejemplos
anteriores) y estables.
¿Cómo comienzan a cambiar?
Según Heráclito si una cantidad de tierra
se disuelve en mar, otra equivalente de mar se disuelve
en tierra y lo mismo acontece entre el mar y el fuego.
Esta parece ser la interpretación que se desprende de los textos . Ello
implica, al margen de la literalidad de tales textos, que la medida,
el orden y la proporción son elementos que rigen el proceso de
cambio en la lucha de los contrarios. Ningún elemento se impone sobre
al otro anulándolo; y es que, en esta lucha, no existen vencedores ni
vencidos absolutos sino luchadores (opuestos) que ceden parte de las
posiciones que ganan. Este parece ser, por tanto, el sentido de aquellos
textos en donde Heráclito destaca las ideas de proporción y medida.
Tales ideas aparece descritas con toda claridad cuando Heráclito hace
referencia, por ejemplo, al intercambio del oro y de las mercancías,
en donde viene a decir que, del mismo modo que, en tal intercambio,
no se produce una situación en la que todas las mercancías se
conviertan por absorción en oro, hasta el punto de que todo sea
oro y nada mercancías; Ali también en el cosmos, sus tres
elementos fundamentales ( tierra, mar, fuego ), aún estando enfrentados y en
discordia, no se imponen unos sobre otros buscando su desaparición sino que,
únicamente, intercambian sus elementos. En definitiva, el cosmos se
encuentra regido por un logos (fuego) el cual personifica la regla de la
medida del cambio y que, de algún modo, controla la materia, ejerciendo
sobre ella una función directiva.
LOS CUERPOS CELESTES
En relación con los cuerpos celestes,
ningún fragmento transmite de forma clara el pensamiento de Heráclito.
Diógenes Laercio es quien conserva una versión más completa al señalar
lo siguiente:
-
Los cuerpos serían, según Heráclito,
cubetas sólidas llenas de fuego alimentado por las exhalaciones
húmedas procedentes del mar las cuales le servían de combustible.
Es de suponer que esta era la forma en que, según Heráclito, el agua se
convertía en fuego.
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Al mismo tiempo, sin aducir causa alguna
que no fuera mecánica, explica los eclipses y las fases de la
luna por la desviación, en su giro, de las cubetas. Diógenes
constató que Heráclito no dijo nada sobre la constitución de dichas
cubetas, por lo que es probable que se limitó a adoptar mitos
populares ya que sus sólidas cubetas nos recuerdan el mito
de que el sol navegaba cada noche de oeste a este sobre un cuenco
dorado en torno a la corriente del océano.
-
Heráclito decía también que el sol es
nuevo cada día en el sentido de que su fuego se vuelve a
llenar cada noche con exhalaciones enteramente nuevas. También aquí
podemos observar como las ideas de medida y proporción son
esenciales en el pensamiento de Heráclito. Existe un texto en donde
díke, que personifica la regularidad, la proporción y la medida,
impide que el sol sobrepase sus medidas y, con ello, que se
acerque demasiado a la tierra.
-
La idea del orden y regularidad
del cosmos físico es aplicada por Heráclito al ámbito del mundo
humano en tanto en cuanto éste es parte de este orden general: del
mismo modo que, dentro de la naturaleza, aún existiendo elementos
contrarios que luchan entre sí, nunca uno de ellos acaba por imponerse
totalmente al otro, anulándolo; lo mismo debería suceder, en el
ámbito de lo humano, en donde aun existiendo ideas contrarias y
enfrentadas entre sí, no, por ello, deberían imponerse unas sobre otras.
Hasta la llegada de los sofistas, con su división entre physis
y nomos, esta idea seguirá estando presente en Grecia.
EL MUNDO HUMANO EN HERÁCLITO
Heráclito no sintió únicamente interés por
investigar el mundo de la naturaleza sino que pensaba que tanto la vida
del hombre como sus instituciones estaban íntimamente ligadas al
mundo natural que les rodeaba. Por ello, afirma que la sabiduría
consiste precisamente en ser consciente de este hecho, es decir, en entender
el modo en que opera el mundo aunque, deje entrever que el único ser
completamente sabio es dios que, Heráclito, no identifica ni con los dioses
antropomórficos de Homero ni con un un dios al que haya que rendir culto,
pero que, si se asemeja al dios Zeus convencional. Tanto el fuego como el
logos son coextensivos con este dios, e, incluso, manifestaciones suyas.
Las opiniones de Heráclito sobre el hombre y sus instituciones
no las concibe al margen del mundo natural ya que, según él, todas las cosas
estarían regidas por las mismas leyes.
Entre las ideas de Heráclito sobre el
hombre y sus instituciones serían de destacar las siguientes:
-
Mientras
Anaxímenes, como ya hemos
visto, identificaba el alma con el aliento - aire; Heráclito la
concibe como algo que estaría hecha de éter ígneo, es decir,
fuego. Piensa que el alma nacería de la humedad con lo que
estaría señalando que, del mismo modo que con el firmamento, el alma
sería mantenida como tal gracias a la humedad y que acabaría por
ser destruida cuando se convierte totalmente en agua. Es curioso
notar que cuando describe el alma es como si estuviera enumerando
las relaciones existentes entre las tres masas (mar, tierra,
agua) que formarían el mundo. Un alma excesivamente humedecida, por
ejemplo, por el exceso de bebida, hace que su dueño se comporte como un
niño.
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Heráclito coloca explícitamente al
entendimiento en relación con el alma y ésta, que pude moverse por
todas las partes del cuerpo, según sus necesidades, tiene unos límites
inalcanzables. Con esto parece que quería expresar no tanto que la
capacidad intelectiva del hombre fuera absoluta, sino que, en cuanto es
una porción representativa del fuego cósmico, abarcaría una vasta
extensión.
-
Al mismo tiempo, para Heráclito, el alma
era como un fragmento adulterado del fuego cósmico y con poder
directivo, lo que implica que, de algún modo el cuerpo sería regido
por el alma. Vlastos niega todos estos presupuestos
cósmicos del alma ya que, según él, debió ser común la observación de
que el calor estaba asociado al cuerpo vivo, mientras que el cuerpo
muerto y sin alma se asociaba al frío. Pues bien, sobre esta base, y,
sin necesidad de grandes reflexiones, podrían deducir el carácter ígneo
del alma y no, precisamente a partir del fuego cósmico , como
hace Heráclito.
-
La vigilia, el sueño y la
muerte estarían en relación con el grado de ignición del
alma. Durante el sueño le parece al hombre que la oscuridad está
iluminada. Esta luz es engañosa ya que es una luz individual y propia
que suplanta a la verdadera luz del logos común a todos.
Heráclito también pensaba que el hombre durante el sueño estaría en
contacto con la muerte ya que alma-fuego ardería
débilmente y estaría casi extinta; por ello, según Heráclito, en la
mayoría de los aspectos, el que sueña se parece a un hombre muerto. El
sueño sería, pues, un estado intermedio entre la vida y la
muerte, es decir, durante el sueño el alma estaría parcialmente separada
del mundo (fuego) con lo que su actividad disminuye sensiblemente.
-
El alma, en tanto manifestación del
fuego, sería una realidad física y, por ello, es de suponer que
Heráclito negaba toda dimensión espiritual de la misma. En estado de
vigilia, la conexión con el exterior estaría suministrada por un
contacto directo, con lo circundante, es decir, con el fuego exterior, a
través de los sentidos. En este sentido, el alma sería un producto más
de la naturaleza que mantiene contacto con el logos (fuego). Según
Sexto, durante el sueño el contacto se produce a través de la
respiración que inhalaría, dado que las almas proceden del agua, humedad
para seguir viviendo. Pero al no ser tan intensa la inhalación, como
cuando está despierta, se hallaría en un estado semejante a la muerte.
Según Aecio (en quien se nota reflejos estoicos) las almas se
nutren de exhalaciones internas y externas: las internas
procederían de la sangre y otros líquidos del cuerpo, mientras que las
externas serían las que se absorben mediante la respiración. Por
su parte, Calcidio, le atribuye a Heráclito una opinión
completamente distinta a la de Sexto. El alma solamente tendría
contacto con la razón cósmica durante el sueño por estar libre de la
interrupción de los sentidos. Es evidente que todas estas ideas
referidas a la razón cósmica no proceden de Heráclito sino que son
estoicas, y el resto de la interpretación es evidentemente platónica.
-
Heráclito afirma también que algunas
almas (virtuosas) no se convierten en agua a la muerte del cuerpo, sino
que sobreviven para unirse definitivamente al fuego cósmico.
Hemos visto como, para Heráclito, la muerte de las almas consistía en
convertirse en agua. Existe sin embargo algún texto en donde parece
sugerirse que ciertas almas sobreviven a la muerte y se
convierten en démones (vigilantes de vivos y muertos) lo que
sería un desarrollo de un pasaje de Hesíodo. La clave de esta creencia
estaría en la cita en donde se dice que las almas muertas en combate
son más puras que las que perecen de enfermedad. Según Heráclito
ello se debería a que las almas de los hombres enfermos estarían
húmedas debido a que sus poseedores estarían en estado semiinconsciente
y semejante al sueño, mientras que los muertos en batalla habrían
sido eliminados en la plenitud de su actividad anímica (fuego). De esta
forma, las almas de los enfermos pierden con la muerte tranquila
su último residuo de fuego y se convierten en acuosas para dejar de
existir como almas; por su parte, las almas de los caídos en combate
continúan siendo ígneas y, por tanto, libres de convertirse en agua. Por
todo ello, al abandonar el cuerpo se vuelven a unir con el fuego
cósmico; si bien, antes de llegar a este estado puede ser que sigan
siendo démones sin cuerpo durante algún tiempo. Aquí, Heráclito,
seguiría el patrón de Hesíodo. Todo esto no quiere decir que Heráclito
defendiese la supervivencia individual eterna en calidad de fuego
etéreo, ni que tal realidad individual se insertase posteriormente en
otro cuerpo, al modo de la teoría de la trasmigración de
Pitágoras. No puede olvidarse que para Heráclito las porciones de
fuego estarían intercambiándose continuamente con los otros
elementos del cosmos para contribuir asi a su orden y estabilidad.
RELIGIÓN ÉTICA Y POLÍTICA
En relación con la religión, la
ética y la política, el pensamiento de Heráclito era el
siguiente:
1.- En asuntos de religión, Heráclito,
siguió a Jenófanes en su crítica al antropomorfismo e idolatría de la
religión tradicional. Según él las prácticas de la religión convencional son
necias e ilógicas, aunque, a veces, apuntan accidentalmente hacia la verdad.
De todos modos, parece que no rechazó toda idea de divinidad como puede
verse en algunos textos. Señala también que los misterios no serían
del todo despreciables si se celebraran correctamente; y es que, según
Heráclito podrían conducir indirectamente al Logos. Es el caso de las
fiestas Leneas en honor a la vida (Dionisos) y a la muerte (Hades). La
implícita identificación de estos dos opuestos impediría, según
Heráclito, que el culto sea vergonzoso del todo. Es importante hacer notar,
sin embargo, que es difícil que los participantes en estas fiestas
comprendieran el significado de lo que hacían, al menos antes de que
Heráclito se lo revelara. Es curiosa también la identificación que Heráclito
parece hacer entre su estilo oscuro y oracular con el método que adoptaba
Apolo en sus pronunciamientos délficos.
2.- Por lo que se refiere a la ética
sus consejos tienen forma gnómica y son semejantes a los de sus
predecesores. A veces los expresa con gran sinceridad lo que explica que no
cayese nada bien a sus conciudadanos. Sus consejos éticos
(comparables a las máximas délficas del conócete a tí mismo) tienen
una significación clara: se fundamentan en sus teorías físicas ya
que, según Heráclito, solo entendiendo la norma central del mundo
puede un hombre llegar a ser sabio. Es la primera vez que encontramos, en la
historia de la filosofía, enlazadas ética y física.
Por otro lado, Heráclito, niega tajantemente la opinión - generalizada desde
Homero - de que al individuo no se le puede imputar responsabilidad por sus
actos. Heráclito afirma que el hombre debe buscarse a si mismo y que su
destino está determinado únicamente por su carácter, lo que implica que es
el propio responsable de sus actos y no el producto de poderes caprichosos
(destino, dioses).
3.- En cuanto a la política parece que sus ideales fueron
antidemocráticos: un solo hombre vale para mi tanto como 10.000 si es el
mejor. De todas formas lo esencial de su pensamiento, en política, se
centra en la necesidad de respetar la ley pero en el sentido siguiente: las
leyes humanas están nutridas por la ley divina universal
(cósmica) que concuerda con el Logos. Hay que seguir esas leyes
ya que son el producto de hombres sabios con almas ígneas que tienen
clara la relación existente entre hombre y cosmos.
Heráclito,
hijó de Blosón (según algunos de Heraclón) de Éfeso. Tuvo su acmé en la
Olimpiada 69. Llegó a hacerse sumamente altanero y desdeñoso, como se deduce
también con claridad de su libro, en el que dice: el conocimiento de muchas
cosas no enseña a tener inteligencia, pues, de ser así, hubiera enseñado a
Hesíodo, a Pitágoras y hasta a Jenofonte y Hecateo....Acabó por convertirse
en un misántropo; se retiró del mundo y vivió en los montes, alimentándose
de hierbas y plantas. Convertido por esta causa en un hidrópico, bajó a la
ciudad y en enigmas le preguntaba a los médicos si ellos serían capaz de
convertir en seco el tiempo lluvioso. Cómo éstos, no le entendían, se
enterró en un estercolero en la esperanza de que, con el calor del estiercol,
se iba a evaporar la hidropesía. Como ni aún así lo consiguió, murió a la
edad de 60 años
Diógenes Laercio, IX 1 |