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Heráclito de Efeso

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El realismo en las ideas de Platón - Textos sobre Filosofía - ¿Qué es la dialéctica? - Heráclito según Julián Marías

Heráclito de Efeso alcanzó su madurez sobre el año 504 a de Cristo. Algunos dicen que fue discípulo de Jenófanes aunque el tono crítico, con que Heráclito lo trata, no sugiere una relación formal de maestro-discípulo. Podemos aceptar que estaba en la mitad de su vida a finales del siglo V y que su actividad filosófica más destacada había cesado hacia el año 480 a de Cristo.
Sobre la vida de Heráclito existe una gran proliferación de ficción biográfica. Diógenes nos dice que rehusó componer leyes para los efesios, prefiriendo jugar con los niños en el templo de Artemis. Muchas de las anécdotas pretendían ridiculizarle y la mayoría son producto de helenistas resentidos con aire de superioridad. Así, por ejemplo,  lo acusan de misantropía; de vegetarianismo y de hidropesía por su afirmación de que es muerte para las almas el convertirse en agua. Se le conocía también por ser un oscuro propositor de enigmas y se nos transmite que esta afición le costó la vida, ya que los médicos, a los que parece criticar en una de sus máximas, no hicieron nada para salvarle. Se afirma también que se enterró el mismo en estiércol porque había dicho que los cadáveres valen menos que el estiércol.
De todo este anedoctario únicamente se puede aceptar como seguro lo siguiente: nació y vivió en Efeso. Procedía de una familia aristocrática y estuvo en malas relaciones con sus conciudadanos.
Timón de Fliunte, el escritor satírico del siglo III, denominó a Heráclito como enigmático (ainiktés). Esta denominación, justa sobre su estilo, dio origen, más tarde, al epíteto de el oscuro (Cicerón). Otra calificación corriente en el período romano fue la de el filósofo llorón, juicio trivial basado en su idea de que todas las cosas fluyen como ríos; (Platón, en el Crátilo (440 c) afirma que los que creen en el flujo son como gentes de catarro), y, también, en la conocida atribución de melayjolía (Teofrasto) con lo que Heráclito quiso significar impulsividad y no la melancolía entendida en su sentido posterior.

ACERCA DE SU OBRA

Los biógrafos e historiadores antiguos de filosofía supusieron que todos los presocráticos escribieron uno o más libros y, por ello, dieron por supuesto que Heráclito escribió uno, sobre el cual, Diógenes, nos dice que su titulo era: Sobre la naturaleza. Estos títulos se le asignaban normalmente a las obras escritas por aquellos a quienes Aristóteles, y los peripatéticos, denominaron como filósofos naturales y no hay porque considerarlos auténticos en todas los casos. La afirmación de que su obra estaba dividida en tres secciones (universo - política - teología) sugiere que Diógenes, al escribir esto, siguió una colección de sentencias, hechas en Alejandría, y que seguía un análisis estoico de las partes de la filosofía.
Diels sostiene que Heráclito no escribió un libro seguido sino que simplemente adujo una serie de opiniones cuidadosamente formuladas. Es posible que esto sea correcto ya que los fragmentos transmitidos tienen un marcado aspecto de declaración oral, expuesta de una forma concisa y chocante y, por tanto, fácil de recordar. No dan la impresión de ser extractos procedentes una redacción continúa. El único óbice a este punto es la existencia de una sentencia ( relacionada con el Lógos ) de estructura complicada, que se asemeja mucho a la introducción escrita hecha a un libro. Por todo ello, es posible que cuando, Heráclito, adquirió fama de sabio se hiciera una colección de sus declaraciones más famosas componiéndose para ello un prólogo especial. De todas formas, las fragmentos que poseemos fueron en su mayor parte mas apotegmas verbales que partes de un tratado discursivo.
En algunos textos se sugiere también que Heráclito formó escuela y que sus discípulos, los heracliteos, eran adictos a la lectura de su obra. Incluso Platón y Aristóteles hablan sobre este asunto. Sin embargo esto no parece más que una conjetura ya que, a Heráclito, no se le conoce ningún seguidor destacado hasta Crátilo, contemporáneo de Platón, quien desarrolló un heracliteismo degradado, exagerando y combinando la creencia de Heráclito en la inevitabilidad del cambio.

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DIFICULTADES DE INTERPRETACIÓN

Ya hemos señalado que Heráclito tenía fama de ser oscuro. Pues bien, a la propia dificultad que implica el entender sus propias citas, hay que añadir también los testimonios que se nos han transmitido acerca de su pensamiento. Estos testimonios podrían resumirse de este modo:

  1. Platón y Aristóteles (auténticos gurus de la filosofía griega) pusieron escaso empeño en penetrar en la real significación del pensamiento de Heráclito.
    Platón menciona a Heráclito pocas veces y cuando lo hace, lo lleva a cabo de un modo humorístico e irónico, insistiendo, sobre todo, en una de sus opiniones más trillada y peor entendida, es decir, aquella que dice que todas las cosas fluyen (panta rei). Lo  curioso del caso es que Platón, (según Aristóteles), estuvo influenciado, en su momento, por Crátilo (seguidor de Heráclito) y sus ideas sobre el cambio. Es evidente que, o bien Crátilo ya había adaptado a su propio pensamiento (modificándolas) tales ideas, o Platón interpretó incorrectamente la concepción de Heráclito sobre el cambio. Y es que, como veremos más adelante, para  Heráclito no era tan importante la idea del cambio, como la idea anversa de la medida inherente al cambio, y, por tanto, la estabilidad subsistente.

  2. Por su parte, Aristóteles, aceptó la interpretación platónica e incluso la exageró aún más. Aristóteles ataca a Heráclito por haber negado el principio de contradicción cuando afirma que los opuestos son lo mismo. El problema es que Aristóteles no se paró a pensar que cuando Heráclito afirma esto no quería decir que los opuestos fueran lo mismo, es decir, idénticos; sino que estaban esencialmente separados o que pertenecían a un único complejo.

  3. Por otro lado, Teofrasto, de quien depende toda la tradición doxográfica posterior, basó su interpretación de Heráclito en Aristóteles.

  4. A su vez, los estoicos deformaron aún más la versión, ya que adoptaron a Heráclito como su máxima autoridad en cuestiones físicas. Aunque es cierto que, en algunos aspectos, desarrollaron bien sus ideas, sobre todo, en lo que se refiere a su ideal de vivir de acuerdo con la naturaleza; lo cierto es que, otras veces, readaptaron sus opiniones a sus propias y especiales exigencias, como por ejemplo sucede con al atribución a Heráclito de la ecpyrosis, es decir, la consunción periódica de todo el mundo mediante el fuego.

EL PENSAMIENTO DE HERÁCLITO

Suele situarse a Heráclito en oposición a Jenófanes y también a Parménides. A pesar de todo coincide con Jenófanes en la total superación que ámbos manifiestan ante el politeismo antropomórfico, así como en el reconocimiento de la unidad de todo ente, ya que ambos piensan que es propio del sabio reconocer que todo es uno. Pero esta coincidencias desaparecen desde el momento en que Jenófanes identifica lo uno con la divinidad inmóvil. Y es que Heráclito no ve en el mundo ( ni fuera de él ) ningún ser permanente sino cualidades contrarias conexionadas entre sí, asi como el paso de unos contrarios a otros en un eterno vencer y ser vencidos, aunque la sangre, como veremos, nunca llegue al río. Y es que, según Heráclito, el enfrentamiento de contrarios y el devenir del mundo no implica que este sea un caos sino todo lo contrario, es decir, un kosmos. Y no es un caos porque existe el Logos (al que Heráclito identifica con el fuego) que permite que todo lo que sucede en el mundo, aún habiendo lucha y enfrentamiento entre los elementos contrarios de la naturaleza, sea fruto de la proporción, del orden y de la medida.

EL LOGOS Y LOS OPUESTOS

Según Heráclito, los hombres deberían tratar de comprender la coherencia subyacente en las cosas. Esta coherencia está expresada en el Logos, el elemento ordenador de todas ellas.

¿Cual es el significado del Logos?

El concepto de Logos tiene, en Heráclito, el significado general de medida y proporción. Esto implica que, para Heráclito, el universo está dispuesto según un plan o medida que hace que todas las cosas, aparentemente diversas, sean realmente una. El logos es quien explica la existencia de tal coherencia que permite que las cosas, en apariencia plurales, se encuentre en realidad unidas en un complejo coherente del que los hombres mismos constituyen una parte. En este contexto, Heráclito, tilda de almas bárbaras a todos aquellos que no son capaces de entender el lenguaje de los sentidos o que no pueden interpretarlo correctamente sino que se dejan engañar por sus manifestaciones superficiales. Al mismo tiempo el logos no es una mera idea sino el constitutivo real de las cosas, coextensivo con el fuego, y, por tanto, elemento cósmico primario lo que no quiere decir que Heráclito creyese, al modo de los milesios, que tal principio era el origen de donde procedía todo. En Heráclito el universo siempre habría así y, en él, el fuego ( identificable con el logos ) es elemento primario en el sentido de ser el responsable de que los elementos naturales, aún siendo contrarios y enfrentados entre sí, funcionen de modo coherente y equilibrado.

¿Cual es el significado de los opuestos?

Según Heráclito en el mundo es algo fundamental la existencia de los opuestos así como la unidad esencial de los mismos. Existen multitud de textos que ejemplifican esta idea de Heráclito. Tal ejemplificación podría resumirse del modo siguiente:

  1. Las mismas cosas producen efectos opuestos sobre clases distintas de seres animados. Asi, por ejemplo, el mar es saludable para los peces pero para los hombres es insalubre.

  2. Aspectos diferentes de una misma cosa pueden justificar descripciones opuestas. Esta parece ser la interpretación más correcta aplicada a la expresión el camino abajo y arriba es uno y el mismo, aunque Teofrasto le dió a la expresión un sentido cosmológico que es aceptado por algunos tratadistas modernos (Capelle). Hipólito, sin embargo, una fuente muy fidedigna en relación a Heráclito, la consideró como una mera ilustración de los opuestos y no como una metáfora cosmológica. En este sentido, deberíamos pensar en un mismo camino, al cual denominan camino hacia arriba los que lo ven desde abajo, y camino hacia abajo los que lo ven desde arriba. Vlastos afirma que esta interpretación es una banalidad.

  3. Ciertas realidades solo son comprensibles si se reconocen sus opuestos. Esto sucede, por ejemplo, con la salud o el descanso que solo tienen sentido si se reconoce la existencia de sus opuestos la enfermedad y el cansancio.

  4. Ciertos opuestos estan enlazados de un modo esencial porque se suceden mutuamente sin más. Así sucede, por ejemplo, con el calor y el frío o con el día y la noche, padre e hijo.

En definitiva, según Heráclito, tendemos a considerar la realidad como formada por elementos como separados unos de otros y como opuestos unos a otros, es decir, como una realidad desconexionada y diversa. Pues bien, esa desconexión y diversidad es algo meramente accidental ya que la razón nos muestra que se encuentra íntimamente conexionada formando un todo. Ello significa que, según Heráclito, no existe una división realmente absoluta entre lo que consideramos como elementos opuestos.

Ahora bien el que los opuestos formen una unidad no implica que no exista la pluralidad diferente y encontrada. Cuando Heráclito habla de las cosas tomadas en conjunto se está refiriendo a los opuestos formando un todo continuo (día-noche-frío-calor). Esos opuestos no conviven, sin más, sino que luchan y se enfrentan entre sí. Lo que sucede es que en esa lucha ningún elemento acaba por imponerse y anular al otro, sino que es una lucha racional (lógos) en donde lo que prima es el orden, la proporción y la medida. En este sentido, cada uno de los opuestos podría expresarse, según Heráclito, en términos de dios ya que todos ellos están impregnados por el rector de la armonía cósmica (logos). En este sentido, Heráclito, contrapone la visión sintética de las cosas por parte de la divinidad (para él no existe realmente la separación entre los opuestos) frente a la visión caótica de los humanos.
Según Heráclito el mundo, como un todo, está, por tanto, intimamente conexionado aunque esta conexión sea invisible y no se nos muestre a primera vista. Pero lo cierto es que, gracias al equilibrio entre los opuetos, el complejo funciona armonicamente. Y es que si el equilibrio entre los opuestos no se mantuviera, por ejemplo, si el calor comenzará en su lucha con lo frío, (o el dia con la noche), a imponerse el uno sobre otro, de tal forma que lo hiciera desaparecer, entonces el complejo (universo) se destruiría. Sucede lo mismo que si alguien tensiona la cuerda de un arco de tal forma que la fuerza de los brazos se impone a la forma del arco; es evidente que, en este caso, el arco se rompería porque uno de los opuestos (la fuerza de lo brazos que tensiona el arco) se habría impuesto a la forma del arco, anulándolo en sus funciones.

LA DISCORDIA ENTRE OPUESTOS CAUSA DEL CAMBIO

La guerra o discordia es una metáfora que emplea Heráclito para expresar el cambio en el mundo. Esta guerra es la que se produce entre opuestos ( calor - frío - día - noche - salud -enfermedad - guerra - paz ) por lo que cabe inferir que el cambio en el mundo, según Heráclito, se debería a esta lucha entre opuestos. Heráclito define la guerra o discordia como díke, el camino señalado o regla normal de comportamiento. Este modo de expresarse es una corrección a Anaximandro el cual decía que, las cosas se pagaban mutua pena y retribución por su injusticia, por su alternativa usurpación en los procesos del cambio natural. Esto implicaba, claro está, que en un momento determinado, la guerra se paraba.
Pues bien, para Heráclito si la discordia cesara, el vencedor en cada lucha establecería un dominio permanente sobre el vencido con lo que el mundo quedaría destruido. Ahora bien:

¿Significa esto que la discordia y la guerra entre los elementos opuestos es total y sin ningún tipo de interrupción?

Con otras palabras:

¿Defendía Heráclito que el cambio en la naturaleza era algo continúo y que no existe nada permanente?

Para responder a estas cuestiones deberían analizarse aquellos textos en donde aparece  la expresión, machaconamente repetida, y referida a Heráclito, de la imagen del rio fluyente. En este contexto, habría que señalar lo siguiente:

  1. Según autores como Platón, Aristóteles,Teofrasto y los doxógrafos, Heráclito, defendería la existencia de una absoluta continuidad en los cambios de la naturaleza ya que, según él, todo estaría, como un río, en un continúo flujo. Aristóteles llega a señalar algo que ya está implícito en Platón, es decir, que Heráclito pensaba que no existía nada permanente sino que, incluso lo que parecía ser estable, experimentaba también cambios invisibles. Es posible que en esta imagen del río fluyente y continuo, Platón, se viera influenciado por las exageraciones de Crátilo quien creyó que no se podría uno sumergir dos veces en el mismo río. Es el mismo Aristóteles  quien nos dice que estas ideas de Crátilo influyeron grandemente en Platón. Parece, por tanto, que ni Platón ni Aristóteles nos transmiten el auténtico pensamiento de Heráclito. Y es que Heráclito a través de la imagen del río lo que realmente quiso transmitir es la unidad que depende de la conservación de la medida y del equilibrio en el cambio

  2. ¿Es posible que Heráclito hubiera pensado que, por ejemplo, una roca o un caldero de bronce experimentan en sí mismos cambios continuos? No parece probable que defendiera este tipo de ideas ya que él defendió una positiva confianza en los sentidos siempre que se utilizaran de modo inteligente. Pues bien, en este contexto, lo lógico es suponer que, tanto la roca como el caldero, sufren cambios producidos por el uso y por el paso del tiempo; pero, en tal caso, tales cambios serían absolutamente perceptibles. Es cierto que Meliso llamó la atención sobre el hecho de la realidad del cambio en algunas cosas que parecen estables, como por ejemplo, el hierro que se desgasta por la fricción de los dedos.  Ahora bien, eso no quiere decir que Meliso estuviera pensando ( lo mismo debió pasar con Heráclito ) que el cambio, por ser invisible, fuera también continuo: siempre que los dedos frotan un caldero de bronce se produce un desgaste por fricción en una parte invisible del hierro; pero cuando no se frota  ¿qué motivos se podrían aducir para pensar que el caldero sigue cambiando?

  3. Parece, por tanto, que el punto de vista, tanto de Meliso, como de Heráclito, debíó ser el de que los sentidos nos muestran que cualquier cosa, aun cuando aparentemente sea estable, está sujeta a cambios pero siempre que sean deducibles. Y lo cierto es que un cambio continuo, (algo que Platón le atribuye a Heráclito), no es deducible en muchos objetos aparentemente estables.

  4. Ahora bien, el que Heráclito niegue que el cambio sea algo continúo no quiere decir que no defendiera la existencia del movimiento y del cambio en la naturaleza. La existencia del cambio y del movimiento son ideas esenciales en el pensamiento de Heráclito. Ahora bien, el cambio no es algo caótico y sin sentido sino el fruto de la racionalidad y el orden cósmicos. Si se analizan aquellos textos en donde Heráclito habla del movimiento, por ejemplo, de un río es de destacar que lo que prima no es el movimiento continuo del mismo sino la imagen de que la unidad y estabilidad del mismo ( río ) dependen de la regularidad del flujo de las aguas que lo forman. Con ello se quiere hacer ver, por un lado, que existe un equilibrio entre los constitutivos opuestos del mundo, y, por otro, que debería rechazarse la idea de que cada cosa se comporta individualmente como un río. Los objetos de la naturaleza, (una roca, una montaña, etc) se nos presentan a los ojos como realidades momentáneamente estáticas. Ahora bien, según la teoría de la discordia de Heráclito, esos objetos acabarán por cambiar. Pero lo harán de una forma proporcional y equilibrada de tal modo que terminarán por contribuir a mantener el proceso armónico de los constitutivos del mundo.

Ahora bien: ¿cuáles son los opuestos de la roca y de la montaña (tierra)? ¿En qué sentido son algo estático? ¿Por qué terminarán por cambiar?
Para poder contestar todas estas cuestiones debemos analizar la concepción que Heráclito tenía acerca del Cosmos.

El MUNDO EN HERÁCLITO

Heráclito afirma que el cosmos, como totalidad, podría ser descrito como fuego en el sentido de que, cuando una determinada cantidad se extingue se vuelve a encender una parte proporcional al extinguido en otra parte. Todo el cosmos estaría ardiendo a la misma vez y siempre lo estuvo y siempre lo estará. No existe, por tanto, en Heráclito, una cosmogonía como en los milesios, ya que el fuego no es una materia prima original de la que procede todo como sucedía, por ejemplo, con el agua de Tales. Para Heráclito el fuego es la fuente continúa de los procesos naturales: de su región parece proceder la lluvia que es fuente del mar. Este se convierte en tierra, y, ésta, en lugares y momentos distintos, se convierte en agua. Son las tres masas ( fuego-tierra-mar ) más importantes del mundo. Pues bien, en un momento concreto, esos elementos serían estáticos (como lo eran la roca y la montaña de los ejemplos anteriores) y estables.

¿Cómo comienzan a cambiar?

Según Heráclito si una cantidad de tierra se disuelve en mar, otra equivalente de mar se disuelve en tierra y lo mismo acontece entre el mar y el fuego. Esta parece ser la interpretación que se desprende de los textos . Ello implica, al margen de la literalidad de tales textos, que la medida, el orden y la proporción son elementos que rigen el proceso de cambio en la lucha de los contrarios. Ningún elemento se impone sobre al otro anulándolo; y es que, en esta lucha, no existen vencedores ni vencidos absolutos sino luchadores (opuestos) que ceden parte de las posiciones que ganan. Este parece ser, por tanto, el sentido de aquellos textos en donde Heráclito destaca las ideas de proporción y medida. Tales ideas aparece descritas con toda claridad cuando Heráclito hace referencia, por ejemplo, al intercambio del oro y de las mercancías, en donde viene a decir que, del mismo modo que, en tal intercambio, no se produce una situación en la que todas las mercancías se conviertan por absorción en oro, hasta el punto de que todo sea oro y nada mercancías; Ali también en el cosmos, sus tres elementos fundamentales ( tierra, mar, fuego ), aún estando enfrentados y en discordia, no se imponen unos sobre otros buscando su desaparición sino que, únicamente, intercambian sus elementos. En definitiva, el cosmos se encuentra regido por un logos (fuego) el cual personifica la regla de la medida del cambio y que, de algún modo, controla la materia, ejerciendo sobre ella una función directiva.

LOS CUERPOS CELESTES

En relación con los cuerpos celestes, ningún fragmento transmite de forma clara el pensamiento de Heráclito. Diógenes Laercio es quien conserva una versión más completa al señalar lo siguiente:

  1. Los cuerpos serían, según Heráclito, cubetas sólidas llenas de fuego alimentado por las exhalaciones húmedas procedentes del mar las cuales le servían de combustible. Es de suponer que esta era la forma en que, según Heráclito, el agua se convertía en fuego.

  2. Al mismo tiempo, sin aducir causa alguna que no fuera mecánica, explica los eclipses y las fases de la luna por la desviación, en su giro, de las cubetas. Diógenes constató que Heráclito no dijo nada sobre la constitución de dichas cubetas, por lo que es probable que se limitó a adoptar mitos populares ya que sus sólidas cubetas nos recuerdan el mito de que el sol navegaba cada noche de oeste a este sobre un cuenco dorado en torno a la corriente del océano. 

  3. Heráclito decía también que el sol es nuevo cada día en el sentido de que su fuego se vuelve a llenar cada noche con exhalaciones enteramente nuevas. También aquí podemos observar como las ideas de medida y proporción son esenciales en el pensamiento de Heráclito. Existe un texto en donde díke, que personifica la regularidad, la proporción y la medida, impide que el sol sobrepase sus medidas y, con ello, que se acerque demasiado a la tierra.

  4. La idea del orden y regularidad del cosmos físico es aplicada por Heráclito al ámbito del mundo humano en tanto en cuanto éste es parte de este orden general: del mismo modo que, dentro de la naturaleza, aún existiendo elementos contrarios que luchan entre sí, nunca uno de ellos acaba por imponerse totalmente al otro, anulándolo; lo mismo debería suceder, en el ámbito de lo humano, en donde aun existiendo ideas contrarias y enfrentadas entre sí, no, por ello, deberían imponerse unas sobre otras. Hasta la llegada de los sofistas, con su división entre physis y nomos, esta idea seguirá estando presente en Grecia.

EL MUNDO HUMANO EN HERÁCLITO

Heráclito no sintió únicamente interés por investigar el mundo de la naturaleza sino que pensaba que tanto la vida del hombre como sus instituciones estaban íntimamente ligadas al mundo natural que les rodeaba. Por ello, afirma que la sabiduría consiste precisamente en ser consciente de este hecho, es decir, en entender el modo en que opera el mundo aunque, deje entrever que el único ser completamente sabio es dios que, Heráclito,  no identifica ni con los dioses antropomórficos de Homero ni con un un dios al que haya que rendir culto, pero que, si se asemeja al dios Zeus convencional. Tanto el fuego como el logos son coextensivos con este dios, e, incluso, manifestaciones suyas.
Las opiniones de Heráclito sobre el hombre y sus instituciones no las concibe al margen del mundo natural ya que, según él, todas las cosas estarían regidas por las mismas leyes. 

Entre las ideas de Heráclito sobre el hombre y sus instituciones serían de destacar las siguientes:

  1. Mientras Anaxímenes, como ya hemos visto,  identificaba el alma con el aliento - aire; Heráclito la concibe como algo que estaría hecha de éter ígneo, es decir, fuego. Piensa que el alma nacería de la humedad con lo que estaría señalando que, del mismo modo que con el firmamento, el alma sería mantenida como tal gracias a la humedad y que acabaría por ser destruida cuando se convierte totalmente en agua. Es curioso notar que cuando describe el alma es como si estuviera enumerando las relaciones existentes entre las tres masas (mar, tierra, agua) que formarían el mundo. Un alma excesivamente humedecida, por ejemplo, por el exceso de bebida, hace que su dueño se comporte como un niño. 

  2. Heráclito coloca explícitamente al entendimiento en relación con el alma y ésta, que pude moverse por todas las partes del cuerpo, según sus necesidades, tiene unos límites inalcanzables. Con esto parece que quería expresar no tanto que la capacidad intelectiva del hombre fuera absoluta, sino que, en cuanto es una porción representativa del fuego cósmico, abarcaría una vasta extensión. 

  3. Al mismo tiempo, para Heráclito, el alma era como un fragmento adulterado del fuego cósmico y con poder directivo, lo que implica que, de algún modo el cuerpo sería regido por el alma. Vlastos niega todos estos presupuestos cósmicos del alma ya que, según él, debió ser común la observación de que el calor estaba asociado al cuerpo vivo, mientras que el cuerpo muerto y sin alma se asociaba al frío. Pues bien, sobre esta base, y, sin necesidad de grandes reflexiones, podrían deducir el carácter ígneo del alma y no, precisamente a partir del fuego cósmico , como hace Heráclito.

  4. La  vigilia, el sueño y la muerte estarían en relación con el grado de ignición del alma. Durante el sueño le parece al hombre que la oscuridad está iluminada. Esta luz es engañosa ya que es una luz individual y propia que suplanta a la verdadera luz del logos común a todos. Heráclito también pensaba que el hombre durante el sueño estaría en contacto con la muerte ya que alma-fuego ardería débilmente y estaría casi extinta; por ello, según Heráclito, en la mayoría de los aspectos, el que sueña se parece a un hombre muerto. El sueño sería, pues, un estado intermedio entre la vida y la muerte, es decir, durante el sueño el alma estaría parcialmente separada del mundo (fuego) con lo que su actividad disminuye sensiblemente.

  5. El alma, en tanto manifestación del fuego, sería una realidad  física y, por ello, es de suponer que Heráclito negaba toda dimensión espiritual de la misma. En estado de vigilia, la conexión con el exterior estaría suministrada por un contacto directo, con lo circundante, es decir, con el fuego exterior, a través de los sentidos. En este sentido, el alma sería un producto más de la naturaleza que mantiene contacto con el logos (fuego). Según Sexto, durante el sueño el contacto se produce a través de la respiración que inhalaría, dado que las almas proceden del agua, humedad para seguir viviendo. Pero al no ser tan intensa la inhalación, como cuando está despierta, se hallaría en un estado semejante a la muerte. Según Aecio (en quien se nota reflejos estoicos) las almas se nutren de exhalaciones internas y externas: las internas procederían de la sangre y otros líquidos del cuerpo, mientras que las externas serían las que se absorben mediante la respiración. Por su parte, Calcidio, le atribuye a Heráclito una opinión completamente distinta a la de Sexto. El alma solamente tendría contacto con la razón cósmica durante el sueño por estar libre de la interrupción de los sentidos. Es evidente que todas estas ideas referidas a la  razón cósmica no proceden de Heráclito sino que son estoicas, y el resto de la interpretación es evidentemente platónica.

  6. Heráclito afirma también que algunas almas  (virtuosas) no se convierten en agua a la muerte del cuerpo, sino que sobreviven para unirse definitivamente al fuego cósmico. Hemos visto como, para Heráclito, la muerte de las almas consistía en convertirse en agua. Existe sin embargo algún texto en donde parece sugerirse que ciertas almas sobreviven a la muerte y se convierten en démones (vigilantes de vivos y muertos) lo que sería un desarrollo de un pasaje de Hesíodo. La clave de esta creencia estaría en la cita en donde se dice que las almas muertas en combate son más puras que las que perecen de enfermedad. Según Heráclito ello se debería a que las almas de los hombres enfermos estarían húmedas debido a que sus poseedores estarían en estado semiinconsciente y semejante al sueño, mientras que los muertos en batalla habrían sido eliminados en la plenitud de su actividad anímica (fuego).  De esta forma, las almas de los enfermos pierden con la muerte tranquila su último residuo de fuego y se convierten en acuosas para dejar de existir como almas; por su parte, las almas de los caídos en combate continúan siendo ígneas y, por tanto, libres de convertirse en agua. Por todo ello, al abandonar el cuerpo se vuelven a unir con el fuego cósmico; si bien, antes de llegar a este estado puede ser que sigan siendo démones sin cuerpo durante algún tiempo. Aquí, Heráclito, seguiría el patrón de Hesíodo. Todo esto no quiere decir que Heráclito defendiese la supervivencia individual eterna en calidad de fuego etéreo, ni que tal realidad individual se  insertase posteriormente en otro cuerpo, al modo de la teoría de la trasmigración de Pitágoras. No puede olvidarse que para Heráclito las porciones de fuego estarían intercambiándose continuamente con los otros elementos del cosmos para contribuir asi a su orden y estabilidad.

RELIGIÓN ÉTICA Y POLÍTICA

En relación con la religión, la ética y la política, el pensamiento de Heráclito era el siguiente:

1.- En asuntos de religión, Heráclito, siguió a Jenófanes en su crítica al antropomorfismo e idolatría de la religión tradicional. Según él las prácticas de la religión convencional son necias e ilógicas, aunque, a veces, apuntan accidentalmente hacia la verdad. De todos modos, parece que no rechazó toda idea de divinidad como puede verse en algunos textos. Señala también que los misterios no serían del todo despreciables si se celebraran correctamente; y es que, según Heráclito podrían conducir indirectamente al Logos. Es el caso de las fiestas Leneas en honor a la vida (Dionisos) y a la muerte (Hades). La implícita identificación de estos dos opuestos impediría, según Heráclito, que el culto sea vergonzoso del todo. Es importante hacer notar, sin embargo, que es difícil que los participantes en estas fiestas comprendieran el significado de lo que hacían, al menos antes de que Heráclito se lo revelara. Es curiosa también la identificación que Heráclito parece hacer entre su estilo oscuro y oracular con el método que adoptaba Apolo en sus pronunciamientos délficos.

2.- Por lo que se refiere a la ética sus consejos tienen forma gnómica y son semejantes a los de sus predecesores. A veces los expresa con gran sinceridad lo que explica que no cayese nada bien a sus conciudadanos. Sus consejos éticos (comparables a las máximas délficas del conócete a  tí mismo) tienen una significación clara: se fundamentan en sus teorías físicas ya que, según Heráclito, solo entendiendo la norma central del mundo puede un hombre llegar a ser sabio. Es la primera vez que encontramos, en la historia de la filosofía, enlazadas ética y física.
Por otro lado, Heráclito, niega tajantemente la opinión - generalizada desde Homero - de que al individuo no se le puede imputar responsabilidad por sus actos. Heráclito afirma que el hombre debe buscarse a si mismo y que su destino está determinado únicamente por su carácter, lo que implica que es el propio responsable de sus actos y no el producto de poderes caprichosos (destino, dioses).

3.- En cuanto a la política parece que sus ideales fueron antidemocráticos: un solo hombre vale para mi tanto como 10.000 si es el mejor. De todas formas lo esencial de su pensamiento, en política, se centra en la necesidad de respetar la ley pero en el sentido siguiente: las leyes humanas están nutridas por la ley divina universal (cósmica)  que concuerda con el Logos. Hay que seguir esas leyes ya que son el producto de hombres sabios con almas ígneas que tienen clara la relación existente entre hombre y cosmos.

Heráclito, hijó de Blosón (según algunos de Heraclón) de Éfeso. Tuvo su acmé en la Olimpiada 69. Llegó a hacerse sumamente altanero y desdeñoso, como se deduce también con claridad de su libro, en el que dice: el conocimiento de muchas cosas no enseña a tener inteligencia, pues, de ser así, hubiera enseñado a Hesíodo, a Pitágoras y hasta a Jenofonte y Hecateo....Acabó por convertirse en un misántropo; se retiró del mundo y vivió en los montes, alimentándose de hierbas y plantas. Convertido por esta causa en un hidrópico, bajó a la ciudad y en enigmas le preguntaba a los médicos si ellos serían capaz de convertir en seco el  tiempo lluvioso. Cómo éstos, no le entendían, se enterró en un estercolero en la esperanza de que, con el calor del estiercol, se iba a evaporar la hidropesía. Como ni aún así lo consiguió, murió a la edad de 60 años
Diógenes Laercio, IX 1

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