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Justamente, este conflicto separa hombres que en la
oposición habían estado unidos, como
Sarmiento
y Alberdi;
este último se convierte en el ideólogo de la Confederación e,
indirectamente, serán sus ideas las que manejará en el futuro
Hernández. Los rosistas no cejan en su intento de recuperar el poder
hasta 1856 en que las tentativas de Flores y Costa terminan en la
matanza de Villamayor por orden del gobernador Pastor Obligado. Pero
antes, en 1854, el oficialismo vence a Lagos en El Tala, y
Hernández, a raíz de un duelo, abandona las filas. En ese mismo año
de 1856, según informa Beatriz Bosch (La Prensa, 1964), se lo
encuentra en Paraná trabajando como empleado de comercio. Otros
biógrafos (Chávez) lo sitúan en Buenos Aires hasta 1858, y a partir
de entonces en Paraná; Chávez, incluso, lo hace colaborar en La
Reforma Pacífica, diario creado en 1856 y dirigido por Nicolás
Calvo, jefe del Partido Reformista (confederacionista y federal,
llamado "chupandino"), hecho que Beatriz Bosch pone en duda. Es
lógico suponer, no obstante, que ya sea desde Paraná, ya desde
Buenos Aires, simpatizaba con ese partido y que aún pudo colaborar
desde lejos si en realidad no lo hizo desde cerca. El reformismo
combatía contra el mitrismo, a cuyos partidarios se designaba con el
mote de "pandilleros".
Los conflictos entre la confederación y Buenos Aires llegan a un
grado extremo y se produce la Batalla de Cepeda, en la cual
Hernández pelea como capitán. Triunfo de Urquiza, quien llega hasta
San José de Flores.
A continuación Hernández se retira del ejército y obtiene el cargo
de oficial de contaduría, pasando poco después a ser taquígrafo del
senado.
En Paraná lo bautizan "Matraca" que le dura hasta 1873 que empiezan
a llamarlo "Martín Fierro".
Asiste a la convención reformadora de 1860, donde conoce a
Sarmiento. Pero en la próxima vuelta el triunfo es de Bs. As; es
en Pavón y la derrota de Urquiza es inexplicable; en sus filas
revistan José y Rafael Hernández.
Disueltos los poderes de Paraná, Hernández se dedica al periodismo,
en el Argentino, como tantos otros célebres argentinos.
El 8 de junio de 1863 se casa con Carolina del Solar. En el mismo
año es asesinado Angel Vicente Peñaloza,
mítico montonero riojano, lo cual motiva una serie de artículos de
Hernández recopilados con el título de Vida del "CHACHO" violento
ataque a Sarmiento.
Posteriormente (febrero de 1867) se lo ve en Corrientes como
ministro del gobernador López, federal y urquicista. Permanece allí,
ocupando diversos cargos, hasta que López es derrocado en 1868 por
fuerzas mitristas, ante la pasividad de Urquiza. Redacta el Eco de
Corrientes y es decidido partidario de López Jordán, que asiste al
gobernador López en la defensa de su gobierno. Desde ese diario
combate la candidatura presidencial de Sarmiento pero ello no
le impide trasladarse a Bs. As donde fundará el diario El Río de La
Plata, decidido a oponerse a ese gobernante y cuyo programa parece
un anticipo del Martín Fierro.
El diario sale durante ocho meses. Presumiblemente en octubre de
1870 regresa a Paraná para unirse a López Jordán.
En 1872 regresa a Bs. As. vía Montevideo, luego de estar prófugo
junto a López Jordán de una guerra declarada por Entre Ríos,
preocupado por la peste del 71 ya que su familia residía en ese
lugar. Allí recibe la visita de Antonio Lussich, que le muestra
versos en "estilo campero".
El 28 de noviembre sale el poema que luego aparece en forma de
folleto editado por la imprenta "La Pampa". A pesar de esto sigue su
pelea con Sarmiento, huye a Montevideo donde se reencuentra
con López Jordán; y Sarmiento pone precio a sus cabezas:
$100.000 la de López Jordán y $1.000 la de Hernández.
En 1879 es elegido diputado provincial y edita La Vuelta Del Martín
Fierro.
En 1881 publica su Instrucción del Estanciero, y en 1885 es elegido
senador.
El 21 de octubre de 1886 murió en Belgrano. Sus últimas palabras
dirigidas a su hermano Rafael fueron: Buenos Aires. Buenos Aires...
Obras
Martín Fierro.
Una nueva conciencia. - Un folleto humilde en cuya portada puede leerse" El
gaucho Martín Fierro, por José Hernández", fue impreso en la Imprenta de La
Pampa en 1872. Siete años después la librería del Plata presenta la primera
edición, adornada con diez minas, de la vuelta de Martín Fierro, del mismo
autor. Entre ambas un‚ éxito de público, que no había tenido antecedentes en
él Río de la Plata, ni por su extensión, ni por su composición social. En
"Cuatro palabras de conversación con los lectores", que encabeza la Vuelta,
Hernández informa que de la primera parte de su poema se han sucedido once
ediciones, con un total de 48000 ejemplares. Anuncia, al mismo tiempo, que
del presente folleto se tiraron 20.000 ejemplares.
El hecho, que no dejó de despertar la perplejidad de sus contemporáneos,
altera con un solo impulso la relación entre las obras que hasta ese momento
habían sido escritas en la Argentina (o por argentinos) y para las que los
románticos Echeverría y Gutiérrez habían propagandizado el
nombre de literatura nacional. Ida y Vuelta de Martín Fierro confirmaban a
la vez la popularidad de una forma (que luego se denominará gauchesca), la
oportunidad de una denuncia sobre la condición social del gaucho, y la
transformación literaria del saber y la experiencia rurales.
Cada una de estas tres líneas existían antes de Martín Fierro por separado
y, en ocasiones, precariamente entrecruzadas. Pero su confluencia en el
poema de Hernández produce un efecto nuevo, a la vez literario e ideológico.
Podría agregarse: de ideología literaria, porque Martín Fierro -propone, en
una estructura formal que no es la del realismo del siglo
XIX, una representación realista. Cómo se produce esta
alquimia en la escritura de un periodista y político de segunda fila,
militante casi siempre en el bando de la derrota?
Hay que presuponer en Martín Fierro un nuevo tipo de conciencia. La mera
yuxtaposición de las tres líneas enumeradas no podría haber producido ni la
perdurabilidad estética ni la fuerza de su denuncia. O para decirlo más
precisamente: que la fuerza de sus contenidos sociales provenga
especialmente de su sorprendente ajuste verbal y narrativo, induce a pensar
que José Hernández modifica, a veces de modo radical, tanto la tradición en
la cual proyecta inscribirse, inaugurada por Hidalgo, como la denuncia que
compartía con Diego Gregorio de la Fuente, con Nicasio Oroño, con Vicente
Quesada, con Emilio Castro. Las flexiones particulares del programa social
-las veremos enseguida- parecen anunciar la peculiar inscripción de su poema
en la gauchesca, están destinadas a confirmar, al mismo
tiempo, una comunidad cultural con el conjunto de saberes, decires y
creencias rurales: la "sabiduría del pueblo", reivindicada en el Martín
Fierro en oposición a la "ciencia" urbana: Porque esto tiene otra llave Y el
gaucho tiene su ciencia.
Como palanca central de esta conciencia más intensa de lo rural literario y
sociológico, en el Martín Fierro se elige un lenguaje. No se mimetiza
ingenuamente por el acopio de interjecciones y modismos, ni por la
prolijidad lexicográfica de acciones, costumbres, comidas y diversiones, con
una jerga rústica que hablada por los gauchos significaría el alma de "lo
gauchesco". La lengua del Martín Fierro está constituida por un conjunto no
demasiado abigarrado de peculiaridades fonéticas, un puñado de arcaísmos y
Americanismos y una sintaxis que elude la subordinación. Se define
esencialmente por el sistema de metáforas (Hernández fue consciente de ello,
como lo demuestra en sus prólogos), por el sistema de connotación, por los
desplazamientos de la ironía.
El Martín Fierro, construyéndose a partir de las convenciones de la
poesía gauchesca, las modifica por la recolocación de esas formas
en una nueva ideología literaria y por la explicación de un programa social.
Se ven enseguida los cambios operados en la convención y los desplazamientos
de sentimientos, ideas, actitudes y enunciados. De este modo el material del
poema, al organizar un sistema de ideas, una retórica, un saber rural y una
lengua, se inscribe en la tradición gauchesca de Hidalgo a
Ascasubi, pero diferenciándose de ella. Al mismo tiempo
retoma los temas que Hernández haba expuesto en sus artículos en El Río de
la Plata, proporcionándoles una fuerza demostrativa que se genera en las
peripecias de la narración y en la perfecta representación literaria. Un
nuevo tipo de conciencia sobre el gaucho (y no sólo sobre sus desdichas,
sino más globalmente sobre lo rural) se impone al público culto después de
la publicación del Martín Fierro, Y es, precisamente, este nuevo tipo de
conciencia la que gana a sus oyentes rurales, los destinatarios de aquellos
ejemplares del folleto que, según la versión ya clásica, lo compraban en las
pulperías, entremezclado con cajas de velas y latas de sardinas.
Vida del "CHACHO" .
"La Pampa".
La Vuelta Del Martín Fierro.
En 1881 publica su Instrucción del Estanciero.
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Cronología en el contexto cultural argentino -
Jorge
Eduardo Padula Perkins |
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Las
referencias a José Hernández han estado siempre vinculadas al
protagonista de su máxima obra poética. Tanto es así que al
informar sobre su fallecimiento un diario de La Plata titulaba:
"Ha muerto el senador Martín Fierro".
Esto es así debido a que "ha sido el más
grande cultor de la poesía gauchesca, y su Martín Fierro está
considerado por muchos críticos como la obra maestra de la
literatura argentina" (Loprete 418). Hernández resume, en
efecto, enseñanzas, saberes, reflexiones, vivencias,
sentimientos, emociones, razonamientos, deducciones y
conclusiones del pensamiento del hombre común de su época y
lugar, al punto que constituye para algunos un compendio de
características cuasi filosóficas.
En este sentido Hernández no solamente a sido
un pensador social y político, sino también un hábil recopilador
de la sabiduría popular.
Pero Hernández no limitó su actividad a las
letras, ni restringió su pluma a la poesía. Se forjó en las
faenas camperas, tomó las armas, fue oficial de la contaduría de
la Confederación, taquígrafo del Senado en Paraná, secretario
privado del general Pedernera durante su vicepresidencia,
ministro del gobernador correntino Evaristo López, librero,
impresor, legislador bonaerense en ambas Cámaras y fecundo
periodista.
Martínez Estrada sintetiza su personalidad
señalando que "Hernández es cuatro cosas, por la naturaleza de
su ser, de su carácter: militar, periodista, político y poeta.
Las cuatro manifestaciones activas de su psique corresponden a
un mismo tipo extravertido, y tres, —militar, periodista y
político— por igual al combatiente" (48).
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1834 |
José Rafael Hernández, tal su nombre completo, nació en la
chacra de Pueyrredón (antiguo caserío de Pedriel), propiedad de
su tía materna Victoria Pueyrredón en el actual partido
bonaerense de San Martín, el 10 de noviembre de 1834.
Fueron sus padres don Rafael Hernández y doña Isabel Pueyrredón.
Recibió el bautismo en la parroquia de la Catedral del Norte,
hoy Basílica de la Merced, en la ciudad de Buenos Aires, el 27
de julio de 1835.
Desde entonces su vida apareció marcada por el entorno político
de la época. Fermín Chávez resume la situación del siguiente
modo: "La madre pertenecía a una familia de filiación unitaria y
era prima hermana de Juan Martín de Pueyrredón, por lo cual José
resulta primo segundo del pintor Prilidiano Pueyrredón. El
padre, en cambio, militaba en el partido federal, al igual que
sus hermanos Eugenio y Juan José Hernández, este último muerto
durante la batalla de Caseros" (9).
Tempranamente quedó al cuidado de su tía Victoria, llamada "mamá
Totó", mientras sus padres solían pasar largas temporadas en
estancias del sur de la Provincia. Pero sus tías debieron
emigrar por razones políticas y José fue dejado al cuidado de su
abuelo paterno, José Gregorio Hernández Plata, que vivía en una
quinta de Barracas sobre el Riachuelo. |
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1841 |
A
los seis años José Hernández comenzó sus estudios en el Liceo
Argentino de San Telmo, dirigido por Pedro Sánchez. Desde 1841
hasta 1845 se formaría conforme a los hábitos y reglamentos de
la época, en lectura y escritura, doctrina cristiana, historia
antigua, romana y de España, aritmética, dibujo y gramática
castellana. Amén de ello, Chávez señala: "Por un aviso de "La
Gaceta Mercantil", publicado el 27 de agosto de 1845 y en
ediciones posteriores, tenemos conocimiento de que ese año José
Hernández cursaba todavía en las aulas del Liceo de Pedro
Sánchez y que las clases habituales habían sido aumentadas con
otras de francés, geometría y geografía, a las que concurrían
"gratis y en premio los alumnos que por su capacidad y ejemplar
conducta se han hecho acreedores a tal distinción". Los alumnos
beneficiados así por el maestro Sánchez -que acababa de
trasladar su escuela a Reconquista 221- sumaban veintidós y
entre ellos figuraban Francisco y Juan José Urquiza, José
Mariño, Teófilo Ezeiza, Manuel Badía, Nicolás Rivero y José
Hernández" (Chávez 10). |
|
1843 |
Falleció la madre de José Hernández |
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1846 |
José Hernández se siente afectado por una dolencia física, al
parecer del pecho, por la que le fue prescripto un cambio de
clima, debió abandonar las aulas hacia 1846 y fue llevado por su
padre, que trabajaba como mayordomo en establecimientos
ganaderos de Rosas, a la pampa bonaerense donde se recuperó.
Chávez (ibid., p. 11) refiere del siguiente modo aquellos días:
"Es así como, a los doce años de edad, Hernández entra en
contacto directo con el gaucho y con sus tareas de todos los
días, en una época caracterizada par la intensa actividad de los
saladeros. Su hermano Rafael lo dice en una de sus clásicas
páginas sobre la juventud de aquél: "Allá en Camarones y en
Laguna de Los Padres se hizo gaucho, aprendió a jinetear, tomó
parte en varios entreveros y presenció aquellos grandes trabajos
que su padre ejecutaba y de que hoy no se tiene idea. Esta es la
base de los profundos conocimientos de la vida gaucha y amor al
paisano que desplegó en todos sus actos" (Chávez 11).
Así recogió una visión acabada y de primera mano de la realidad
del hombre de la campaña, donde fue uno más y pudo "captar el
sistema de valores, lealtades y habilidades que cohesionaban a
la sociedad rural" (Gramuglio, 2). |
|
1853 |
A
los 19 años de edad, en 1853, ingresó en las filas del ejército
e intervino en la represión del levantamiento del coronel
Hilario Lagos contra el gobierno de Valentín Alsina, estando
bajo las órdenes de los coroneles Pedro Rosas y Belgrano y
Faustino Velazco y resultó vencido en San Gregorio, el 22 de
enero de ese año. Al año siguiente actuó nuevamente, esta vez
como teniente, contra las fuerzas de Lagos en la batalla de El
Tala, donde su bando resultó victorioso. |
|
1856 |
En
efecto, en 1856 Hernández había optado por alinearse al Partido
Federal Reformista, que propiciaba la incorporación de Buenos
Aires a la Confederación presidida por Urquiza con sede en Entre
Ríos.
En coincidencia con su pensamiento político inició ese mismo año
sus lides periodísticas. "Su vinculación al periódico La
Reforma Pacífica, dirigido por Nicolás Calvo, cuando éste
sólo contaba 22 años, señala el despertar de su pasión por los
problemas espirituales y sociales que agitaban al país". (Pagés
Larraya 51).
La Reforma Pacífica (Buenos Aires) era el medio del nuevo
partido a cuyos integrantes el oficialismo porteño denominaba
despectivamente "chupandinos" por su supuesta afición a la
bebida. A su vez los separatistas, partidarios de Valentín
Alsina y Bartolomé Mitre, recibían de sus adversarios el mote de
"pandilleros" porque, a decir de éstos, se manejaban siempre en
grupos o pandillas. Auza señala que: "La Reforma Pacífica no
nacía como un diario favorable a la tendencia urquicista en
Buenos Aires, ni mucho menos con la misión de sostener las ideas
de algunos federales de las provincias sobre la cuestión de la
separación de la ciudad portuaria. El diario representaba los
intereses de un grupo porteño cuyos miembros, siendo ante todo
porteños, querían y aspiraban a la nacionalidad, pero no del
modo, ni con los procedimientos o el programa que se auspiciaba
desde Paraná y, mucho menos, en el que se propiciaba desde San
José" (Auza 159). |
|
1858 |
Después de haberse batido a duelo con otro oficial, por razones
políticas, abandonó las filas de la milicia y emigró a Entre
Ríos en 1858. Se radicó en Paraná, Entre Ríos, en donde trabajó
como empleado de comercio y ocupó un cargo en la Administración
Nacional.
"Testigos de la época lo describen sencillo y conservador,
hablando con voz estentórea, arrebatado por los avatares de la
política pero con tiempo para detenerse en el mercado, donde se
pasaba escuchando los dichos y chistes gauchescos de los
carniceros, que entonces eran todos criollos de pura cepa y de
indumentaria campera" (Gramuglio 2).
Sedano Acosta lo refiere a su vez asegurando que: "Era un bello
tipo de criollo: corpulento, vigoroso, atezado, de pelo lacio,
de voz potente, probada en las faenas del campo y en las de la
ciudad, ágil de cuerpo y de ingenio" (192). |
|
1859 |
Participó en la batalla de Cepeda con el grado de capitán, bajo
las órdenes del coronel Eusebio Palma en las huestes de la
Confederación, que resultan triunfadoras sobre las fuerzas de
Buenos Aires.
A su regreso a Paraná, ese mismo año, se desempeñó como
taquígrafo del Congreso y remitió desde aquella ciudad, por
entonces capital de la Confederación, sus colaboraciones para
"La Reforma Pacífica". Posteriormente José Hernández publicó
artículos en El Nacional Argentino de Paraná (Entre
Ríos). |
|
1860 |
Aún como federal urquicista, Hernández se adhería a la posición
integracionista del presidente Derqui con la esperanza de un
futuro de pacificación y progreso y aseguraba en 1860 en un
artículo:
"Porque los viejos partidos han muerto ya y los partidos nuevos
que se levantan a impulsos de necesidades nuevas y de una vida
comercial y civilizada, no les prestarán su apoyo.
En nuestra época, las necesidades de la sociedad son otras y
otros los fines a que se dirige.
Las causas son nuevas, las ideas son nuevas, los propósitos lo
son también y no es posible armonizarla con las causas, ideas y
propósitos viejos; ni es posible ni cuerdo olvidar lo que
corresponde a la sociedad de hoy, para sostener lo que pertenece
a una sociedad que pasó"(Auza, 122).
En una de sus últimas notas, el 11 de octubre de 1860, Hernández
defendía su independencia periodística y política señalando:
"Escribimos en este diario como lo haríamos en otro cualquiera
para manifestar y sostener nuestras ideas y nuestras creencias
políticas, que nunca hemos sometido ni someteremos jamás a ideas
o creencias extrañas.
Escribimos porque nuestra calidad de argentino nos da derecho
pleno y hasta cierto punto nos impone el deber de tomar
ingerencia legítima en la política de nuestro país. Escribimos
en este diario porque podemos hacerlo con libertad, con una
independencia que cuadra a nuestro carácter..." (Auza, 123). |
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1861 |
El
17 de setiembre de 1861 Los ejércitos de la Confederación y del
estado de Buenos Aires se enfrentaban en la batalla de Pavón.
Hernández, con el grado de capitán, actuó en el bando
confederado al mando de Urquiza y resultó vencido, más que por
la capacidad bélica de su adversario (Mitre) por la falta de
convicción puesta en la acción ordenada desde Paraná por el
presidente Derqui. Sería esa actitud de Urquiza la que le
significaría el desprecio de muchos comandantes del interior del
país, entre ellos el coronel López Jordán a quien se atribuye la
responsabilidad ideológica de su asesinato.
En noviembre del mismo año José y Rafael Hernández (su hermano)
participaban en la batalla de Cañada de Gómez, donde también
resultaban vencidos por las tropas mitristas.
Mientras se organizaban focos de resistencia federal en el
interior del país, bajo la conducción del general Angel Vicente
Peñaloza, el coronel Felipe Varela, el general Ricardo López
Jordán y otros, Derqui presentaba su renuncia y emigraba a
Montevideo, Pedernera declaraba acéfalo el gobierno nacional y
Mitre era designado presidente provisional. En mayo de 1862 fue
electo definitivamente presidente par el Congreso que a su vez
elegía a Marcos Paz como vicepresidente. |
|
1863 |
El
8 de junio de 1863 José Hernández se casó, en la catedral de
Paraná, con Carolina González del Solar. Desde el 12 de octubre
del año anterior el general Bartolomé presidía la República.
Meses después Hernández funda y redacta El Argentino,
periódico que sumaría su esfuerzo a El Litoral, redactado
por Evaristo Carriego, en la defensa del ideal federal
provinciano.
El 12 de noviembre del mismo año el general Ángel Vicente
Peñaloza, que se había rendido a una partida del comandante
Ricardo Vera, es asesinado y decapitado y su cabeza es exhibida
ante el pueblo en una pica, en una plaza de Olta, La Rioja.
La noticia de esta muerte conmueve Las fibras más íntimas de
Hernández quien desde El Argentino hace la apología del
"Chacho" (apodo con el que era conocido Peñaloza) al tiempo que
anatematiza a sus enemigos políticos:
"ASESINATO ATROZ. El general de la Nación Don. Ángel Vicente
Peñaloza ha sido cosido a puñaladas en su lecho, degollado y
llevada su cabeza de regalo al asesino de Benavídez, de los
Virasoro, Ayes, Rolta, Giménez y demás mártires, en Olta, la
noche del 12 del actual.
El general Peñaloza contaba 70 años de edad; encanecido en la
carrera militar, jamás tiñó sus manos en sangre y la mitad del
partido unitario no tendrá que acusarle un solo acto que venga a
empañar el valor de sus hechos, la magnimidad de sus rasgos, la
grandeza de su alma, la generosidad de sus sentimientos y la
abnegación de sus sacrificios.
La historia tiene para el general Peñaloza el lugar que debe
ocupar el caudillo más prestigioso y más humano y el guerrero
más infatigable.
El asesinato del general Peñaloza es la obra de los salvajes
unitarios; es la prosecución de los crímenes que van señalando
sus pasos desde Dorrego hasta hoy.
Que la maldición del cielo caiga sobre sus bárbaros matadores.
Los millares de argentinos a quienes el general Peñaloza ha
salvado la vida, rogarán por él." (Pagés Larraya, l51).
Varias notas que durante el mes de noviembre de 1863 aparecen en
El Argentino fijan su posición después de la muerte de
Peñaloza.
Publicó también Hernández una semblanza del "Chacho", que en
diciembre de 1863 aparecía como folleto con el título de "Vida
del Chacho. Rasgos biográficos del general Dn. Angel Vicente
Peñaloza", que decía: "Vamos a escribir, a grandísimos rasgos,
la vida de este héroe sencillo y modesto, a bosquejarla con la
brevedad con que nos lo permite el carácter y aún el objeto de
esta publicación.
Pocos habrá, quizá, que conozcan una existencia extraordinaria,
como la de este caudillo valiente, generoso y caballeresco, que
ha sido actor en las escenas más notables del drama de nuestras
luchas civiles y a quien sus perversos enemigos han pintado como
el tipo de la ferocidad y encarnación del crimen" (Pagés
Larraya, 168).
Y comentaba, entre otras cosas, que: "No creemos necesario
detenernos mucho para recordar a nuestros lectores, la
resistencia heroica que el general Peñaloza hizo por el espacio
de muchos meses al ejército que después de Pavón envió el
general Mitre al interior y que fue a ensangrentar el suelo de
las provincias. Aún están vivos eses hechos en la memoria de
todos y todos saben que ante su prestigio, su actividad y su
arrojo, únicos elementos de que podía disponer, fue a
estrellarse todo el poder de las huestes invasoras, políticas de
ese partido, cuya ambición es su único fin, el asesinato su
único medio" (Pagés Larraya, 180). |
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1867 |
En
1867 se traslada a Corrientes y colabora con el gobierno de
Evaristo López. Chávez señala que: "Poco después de su arribo a
Corrientes, Hernández es designado (el 7 de marzo de 1867)
Fiscal Interino del Estado, en sustitución del doctor Tomás J.
Luque, que había renunciado. El correspondiente decreto del
gobernador López expresa que aquél ocupará el cargo ‘con goce de
sueldo y prerrogativas que le acuerda la ley’" (Chávez, 39).
Allí escribe José Hernández en El Eco de Corrientes.
Chavez asevera que "Desde las columnas del El Eco de Corrientes,
cuya redacción pasa a integrar, el poeta debe sostener ardorosa
polémica con el diario opositor La Esperanza, que aprovecha para
atacarlo en su condición de funcionario oficial" (39).
Entre tanto en Buenos Aires la cuestión de la capital hacía
perder a Mitre popularidad y daba origen a la división de su
partido en dos fracciones: Los que seguían sus principios
—convertir a Buenos Aires en capital de la República— se
denominaban "nacionalistas" y sus opositores, encabezados par
Adolfo Alsina, fueron llamados "autonomistas", porque defendían
el localismo porteño y la autonomía de la provincia de Buenos
Aires. En el lenguaje político los últimos fueron apodados
"crudos" y los nacionalistas "cocidos", o bien alsinistas y
mitristas respectivamente.
Antes de que Mitre terminara su mandato, el pueblo se agitaba
con los preparativos de la próxima elección presidencial. El
partido nacionalista sostenía la candidatura del ministro de
Relaciones Exteriores, Rufino de Elizalde y el autonomista
propiciaba a su jefe, el doctor Adolfo Alsina. Como una
transacción entre las tendencias opositoras surgió la
candidatura de Domingo Faustino Sarmiento (Ibáñez, 204-211). |
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1868 |
Hernández publicó varias editoriales en El Eco de Corrientes
con las iniciales J. H. o con su nombre completo. Así lo hizo el
31 de marzo de 1868 con el título "¿Hasta cuándo?": "¿A dónde va
ese círculo exaltado de Buenos Aires que ha logrado hacer,
aunque pocos, calurosos prosélitos en todos los ámbitos de la
República, a dónde va en su afán de dotar al país con un
presidente cuyos antecedentes políticos y cuyo carácter personal
son una amenaza viva para la paz y la quietud de sus habitantes?
¿Ha escrito acaso en su bandera la palabra de muerte para toda
la Nación e intenta convertirla en un vasto cementerio?
Hacen sesenta años no interrumpidos que los hijos de esta
tierra, nacen al estruendo de los cañones, se forman en medio
del bullicio de las batallas, encallecen sus manos empuñando la
lanza y el sable y sienten encanecer sus cabellos entre el humo
de los combates. Las legiones argentinas han recorrido el suelo
americano en todas direcciones dejando tras de sí regueros de su
sangre generosa, apilados los cadáveres de sus hijos y marchando
siempre adelante, con el arma al brazo y atento el oído a la voz
de los clarines.
¿A dónde van esas masas armadas a prisa, dirigidas por generales
más o menos hábiles, vencidos hoy, vencedores mañana, pero sin
conquistar jamás para sí un día de reposo? Cada vara de nuestro
suelo recuerda un episodio sangriento, se liga a la historia
trágica de un combate, cada vara de tierra es una tumba.
¡Hemos de marchar siempre chapaleando sangre separando solícitos
los cadáveres de nuestros hermanos que obstruyen nuestro paso y
caminando a la ventura en medio de las tinieblas de la anarquía
y sin más luz que el resplandor rojizo de los cañones!
Los pueblos tienen derecho a la paz, al reposo, al sosiego,
después de sesenta años de vida en los campamentos, en que han
devorado sinsabores, apurando todas las amarguras que brinda la
desgracia.
¿No se sienten conmovidos los autores de la anarquía en
presencia de estas multitudes sacrificadas bárbaramente en
holocausto de sus ambiciones bastardas, a la vista de esas
hermosas campiñas donde blanquean los huesos de tantos millares
de hijos de esta desgraciada República, al contemplar esos
pueblos empobrecidos, aniquilados por la guerra civil y sentadas
sobres sus escombros las viudas, las madres, los huérfanos como
la imagen de la desolación?
Aunque tienen serenidad para buscar un rincón donde reunirse
tranquilos y tratar de que la destrucción se complete y de que
las matanzas sigan.
Quince años de lucha sin tregua, fueron necesarios para
conquistar un dogma: LA LIBERTAD.
Veinticinco de combates fueron precisos para fundar un
principio: LA LEY.
Qué se busca ahora?
Fundar un Gobierno que haga de la libertad una mentira y de la
ley una farsa.
Remover esas dos grandes conquistas, que son el fruto de una
batalla de medio siglo, para sentar en su lugar, el imperio de
un círculo, para sustituir a la ley de voluntad de unos cuantos
y para hacer que empecemos de nuevo el tan trillado camino de
las luchas fratricidas.
Pero debemos tener fé en que esas tentativas no han de alcanzar
su éxito.
El país ha de saber oponerse a esos manejos de los anarquistas y
su voluntad ha de ser una valla que ha de contener el ímpetu de
sus pasiones tantas veces funestas.
Si la anarquía, que intenta levantar de nuevo su cabeza, es
vencida en la próxima lucha electoral, desaparecerá de entre
nosotros, dando lagar al imperio del orden, de las instituciones
y dejando abierto y franco el camino del porvenir.
¡Dios proteja la causa de los Pueblos! J. Hernández" (El Eco
de Corrientes N° 166).
De El Eco de Corrientes se editaron 186 ejemplares y cesó
el 26 de mayo de 1868 porque el día 27 estalló un movimiento
sedicioso mitrista que derrocó a Evaristo López. El gobernador
fue arrestado y sus ministros perseguidos.
"Hernández debió abandonar también un cargo menor
pero altamente significativo: El de maestro de gramática en la
Escuela de San Agustín" (Chávez, 42). Agrega Chávez que:
"Después de su salida de Corrientes, el periodista y maestro se
radica por algunas semanas en Rosario, donde tenía algunos
familiares y bienes. En esa oportunidad, su amigo Ovidio Lagos
lo invita a colaborar en su diario La Capital, que
todavía no tiene un año de existencia" (42).
Chávez nos afirma que "había razones harto suficientes para que
ambos periodistas estrechasen los lazos de su espíritu junto con
las ataduras que da la lucha política misma. Los dos, federales
erguidos frente al centralismo que la burguesía portuaria venía
organizando desde hacía años. Ambos, formados en las duras
luchas de una existencia penuriosa; los dos emigrados porteños
después de las persecuciones de 1857, pertenecientes a un mismo
partido: el chupandino. Una misma vocación, junto a las prensas
y casi un mismo estilo" (42).
El 21 de julio se publicaba un artículo en el
que Hernández desarrollaba un ataque el programa de Sarmiento
(Domingo Faustino) de introducir métodos y maestros
norteamericanos, de acuerdo con su concepto de civilización y a
riesgo de modificar las tradiciones pedagógicas nacionales.
Decía:
"Es un destino bien amargo el de esta pobre República. Esto se
llama ir de mal en peor.
Mitre ha hecho de la República un campamento. Sarmiento va a
hacer de ella una escuela.
Con Mitre ha tenido la República que andar con el sable a la
cintura.
Con Sarmiento va a verse obligada a aprender de memoria la
anagnosia, el método gradual y los anales de Da. Juana Manso.
Estas son las grandes figuras que vienen a regir los destinos de
la patria de Alvear y San Martín!
Pero, ¿ Consentirá el Congreso, consentirán los hombres
influyentes de la República, consentirá el país en que un loco,
que ya ha fulminado sus anatemas contra el clero y contra la
religión, que ha dicho que va a nombrar una mujer para Ministra
de Culto, que es un furioso desatado, venga a sentarse en la
silla presidencial, para precipitar al país a la ruina y al
desquicio ? No lo creemos; esperamos que el patriotismo y la
reflexión no nos hayan abandonado del todo y que antes que
consentir en semejante escándalo, tendrán bastante energía para
decirle al partido de los anarquistas 'hasta aquí no más', y al
loco predilecto de los perturbadores, que se vuelva a su
destierro político, a estudiar los diversos métodos de las
escuelas americanas" (Chávez, 45).
El 12 de octubre de 1868 asume la presidencia
de la Nación Domingo Faustino Sarmiento al tiempo que hace lo
propio como vicepresidente Adolfo Alsina.
A mediados de noviembre de 1869 José Hernández
se establece en Buenos Aires. El 6 de agosto aparece el primer
número de El Río de la Plata, diario que enarbola
fundamentalmente banderas de autonomía municipal, abolición de
contingentes de fronteras y elección popular de jueces de paz,
comandantes militares y consejeros escolares.
Pagés Larraya (ibid., p. 55) describe al medio
y su actitud política:
" Diario de combate en hora de bullentes
pasiones políticas, El Río de la Plata se caracterizó por su
tono equilibrado y por la ausencia de ataques personales,
recurso que por entonces era tan habitual en la prensa y
bordeaba casi siempre lo calumnioso. Salta a luz El Río de la
Plata a menos de un año de la asunción del mando presidencial
por parte de Sarmiento y combatía su gobierno con serenidad, a
la par que atacaba con más violencia al partido liberal de
Mitre, entonces en la oposición. Pero más que la crítica de lo
contingente el periódico de Hernández procuró afrontar los
problemas fundamentales y no resueltos de la nacionalidad"
(Pagés 55).
Hernández se ocupará en El Río de la Plata
del tema social que luego desarrollaría en abundancia en su
poema: el gaucho.
Beatríz Sarlo desglosa esa problemática del
siguiente modo: "Allí (en El Río de la Plata) publicó una
serie de artículos que constituyen algo así como el cañamazo de
ideas que el Martín Fierro elaborará literariamente: el problema
de las fronteras con el indio y su defensa, la iniquidad de que
ésta repose exclusivamente sobre el habitante pobre de la
campaña que es arrancado de su hogar para ser arrojado al
fortín, convertido en una suerte de prisionero, desecho por la
indigencia y mortificado por la arbitrariedad de las autoridades
militares y civiles". Es el gobierno, afirma Hernández, el que
‘convierte al gaucho en matrero, en delincuente, en asesino’"
(Sarlo 3).
El vocablo gaucho era justamente, para los
sectores intelectuales y la élite gobernante, sinónimo de
delincuente. Pérez Amuchástegui afirma: "La conciencia
antigaucha de los intelectuales se universalizó después de
Caseros; Urquiza perdió el apoyo de la élite en tanto adoptó
actitudes gauchescas. Después de Pavón, cuando se inicia la
estructura nacional de la triunfante oligarquía paternalista, la
voz 'gaucho' y sus derivados se reserva para las huestes del
Chacho Peñaloza y sus pares. Y cuando ya no quedan mas 'gauchos
montoneros' se aplica la notación despectiva de 'gaucho' a los
'bárbaros' de la campaña que, en un país ávido de europeizarse,
pretenden mantener formas anquilosadas de tradicionalismo
criollo. Para esta época serán gauchos esos 'salvajes' que sólo
sirven para seguir a Felipe Varela o a los Taboada, según el
bando..." (229).
La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay era también un
mecanismo para la extirpación formal y material del gaucho
mediante las conscripciones forzosas. Pagés Larraya indica que
si bien los artículos de Hernández aparecidos en El Río de la
Plata no han sido firmados, resultan claramente
identificables por los siguientes elementos: "a) Se trata de
artículos editoriales, que siempre escribía el director del
periódico, en este caso Hernández. b) Hay coincidencias con los
temas tratados por Hernández antes y después de El Río de la
Plata. c) Hay coincidencias estilísticas. d) Hay repetición
exacta o próxima de expresiones suyas usadas en otros lugares"
(56). |
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1869 |
El
19 de agosto de 1869 Hernández publicaba en El Río de la
Plata el artículo titulado "Hijos y entenados" en el que
sostenía: "Tiempo es ya que los
gobiernos empiecen a preocuparse de aplicar al mal remedios
eficaces, para garantirnos de sus invasiones y se deje de girar
perpetuamente en derredor de un círculo vicioso [. . .].
"¿Qué se consigue con el sistema actual de los contingentes?.
Empieza por introducirse una perturbación profunda en el hogar
del habitante de la campaña. Arrebatado a sus labores, a su
familia, quitáis un miembro útil a la sociedad que lo reclama,
para convertirlo en un elemento de desquicio e inmoralidad.
"Parece que lo menos que se quisiera fomentar es la población
laboriosa de la campaña o que nuestros gobiernos quisieran hacer
purgar como un delito oprobioso el hecho de nacer en el
territorio argentino y de levantar en la campaña la humilde
choza del gaucho. [. . .].
"Es la campaña, pues, fuente de nuestra riqueza y de nuestro
porvenir económico y social, la que necesita de garantías, de
medidas liberales y protectoras. Es necesario desarrollar su
industria, fomentar la población nacional, escudar al ciudadano
contra los atentados de la fuerza. [. . .].
"Nosotros nos pronunciamos no sólo contra el atentado que
envuelve la reglamentación actual del servicio de fronteras,
sino contra la ceguedad que así nos arrastra al precipicio y así
desconoce nuestros más fundamentales intereses." (Pagés Larraya,
197ss).
El 22 de agosto Hernández insertaba en El
Río de la Plata la nota que llevaba por título el
interrogante ¿Qué civilización es la de los matanzas? en la cual
con la dureza de su prédica social señalaba, entre otros
conceptos:
- "La frontera, decíamos debe ser guardada
por tropas de líneas, organizadas por medio de enganche.
Este es el medio legítimo de custodiarlas y de su adopción
no se resiente ningún principio, no se afecta derecho
alguno."
- "Los ejércitos de fronteras no sólo deben
tener armas: deben estar además munidos de instrumentos de
trabajo".
- "No sólo deben salvar a la campaña de las
invasiones de los indios sino que deben fructificar la
tierra que pueblan, apropiándola a su existencia y
bienestar.
- Ofrezca el gobierno esas ventajas
positivas y no le faltarán brazos que contraer a la defensa
y a la colonización de las fronteras. Si nuestros gauchos,
si los que vagan hoy sin ocupación y sin trabajo obtienen
además del salario correspondiente un pedazo de tierra para
improvisar en él su habitación y los instrumentos
necesarios, se le liga más y más a la defensa de la línea
fronteriza, porque ya no serán sólo los intereses extraños
los que ampararía sino sus propios intereses.
- La experiencia ha demostrado el absurdo
de las combinaciones hasta hay adoptadas para arrebatar a
los indios el señorío del desierto.
- La idea de llevarles una guerra ofensiva
para exterminarlos, que algunos han emitido en la prensa y
hasta en opúsculos que se han impreso bajo la protección
oficial, no ha dado los resultados con que soñaban los
autores. Y decimos felizmente, porque si eso hubiese tenido
lugar habría sido para mengua de nuestros gobiernos, que no
habrían descubierto un medio más en armonía con nuestros
sentimientos humanitarios y cristianos de neutralizar el mal
y hacer al salvaje mismo partícipe de los beneficios de la
civilización.
- Nosotros no tenemos el derecho de
expulsar a los indios del territorio y menos de
exterminarlos. La civilización sólo puede dar los derechos
que se deriven de ella misma" (Pagés Larraya, ibid., p. 206
ss).
El 1° de setiembre de 1869 El Río de la
Plata publicaba un artículo titulado: "La división de la
tierra" que entre otros conceptos aseveraba:
- "Los gobiernos que no deben tener ni aún
la inspiración de ser propietarios, se empeñan entre
nosotros, en arrebatar las grandes empresas de progreso, a
la acción fecundante del individuo y en vez de buscar el
restablecimiento del equilibrio industrial, introducen de
esta manera una honda perturbación en la marcha económica de
la sociedad.
En vez de despojarse de falsas atribuciones devolviéndolas
al pueblo a quien pertenecen, nuestros gobiernos se arrogan
facultades monstruosas, estableciendo privilegios y
monopolios odiosos en favor del que está encargado
precisamente, como ya lo hemos dicho, de asegurarnos los
beneficios de nuestras libertades institucionales. [. . .]
La sociedad no hace de los gobiernos agentes de comercio, ni
los faculta para labrar colosales riquezas, lanzándolos en
las especulaciones atrevidas del crédito. La sociedad no
podría delegar, sin suicidarse, semejantes funciones, que
son el resorte de su actividad y de su iniciativa. [. . .]
Las tierras en poder del fisco, no aumentan la renta del
Estado, cuyo fundamento está en el impuesto y en la
población. [. . .]
Por medio de la subdivisión de la tierra se atrae una
población, cuyo espíritu emprendedor se excita en una lucha
profícua y estimulante.
En esta provincia, que tiene en su contra el flagelo de los
indios y donde se agita como un problema insoluble la
cuestión de fronteras, el medio de resolver en pocos años
esta cuestión sería el de fomentar la población industriosa,
llevar al desierto las locomotoras del progreso, que
traerían a su regreso a nuestros mercados los pingües
productos que regala la tierra, a los que la abonan y
cultivan." (Pagés Larraya, 193ss).
En N° 92, se publica un extenso artículo
titulado "Islas Malvinas. Cuestiones Graves", en el que
Hernández señala:
- "Los argentinos, especialmente, no han
podido olvidar que se trata de una parte muy importante del
territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias
desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad
luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva
organización. [. . .] Deber es muy sagrado de la Nación
Argentina, velar par la honra de su nombre, por la
integridad de su territorio y por los intereses de los
argentinos. Sus derechos no prescriben jamás." (Destéfani,
98s).
|
|
1870 |
El
11 de abril de 1870 estalla en Entre Ríos un movimiento
revolucionario encabezado por el general Ricardo López Jordán,
que se venía gestando desde cinco años antes.
Urquiza es asesinado por considerárselo traidor a la causa
federal.
En Buenos Aires comenzaron a ser vigilados los nombres de la
oposición, entre ellos Hernández que había sido ministro de
campaña de Evaristo López y como tal (10 agosto 1868) había
refrendado el nombramiento de "Brigadier de la Provincia de
Corrientes" para López Jordán. Decide entonces clausurar El
Río de la Plata, el 22 de abril de 1870 y en su último
editorial dice:
- "No queremos asistir en la prensa al
espectáculo de sangre que va a darse en la República...
No hemos aprendido a cortejar en sus extravíos ni a los
partidos ni a los gobiernos y antes de hacernos una
violencia a que no se someta la independencia y rectitud de
nuestro carácter, preferimos dejar de la mano la pluma que
hemos consagrado exclusivamente al servicio de las legítimas
conveniencias de la Patria. Dejamos de escribir el día en
que no podemos servirla." (Chávez, 52).
|
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1871 |
A
fines de 1870 Hernández se incorporó a las filas del ejército
jordanista compartiendo la derrota de Ñaembé el 26 de enero de
1871.
Posteriormente emigró junto con López Jordán a Santa Ana do
Livramento, en territorio brasileño, donde permaneció desde
abril de 1871 hasta principios de 1872. |
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1872 |
Luego viajó a Uruguay en donde habría hecho alguna incursión
periodística, posiblemente en "La Patria", según Piccirilli
(ibid., p. 329s), para regresar más tarde a Buenos Aires
amparado en una amnistía de Sarmiento y publicar el célebre
poema gauchesco: El gaucho Martín Fierro.
El Martín Fierro señala la culminación del género
gauchesco en la literatura en el Río de la Plata. Fue creado y
publicado en dos partes: El gaucho Martín Fierro (1872) y
La vuelta de Martín Fierro (1879).
Según Loprete, "El poema recoge algunas fuentes folklóricas
(diálogos entre gauchos, ciertas combinaciones estróficas),
fuentes gauchescas autóctonas (semejanzas con algunos otros
poemas gauchescos, en versos o pasajes), y fuentes románticas
(antecedentes de Echeverría y su Cautiva, color local, rebeldía,
exaltación del bandido, algunos rasgos estilísticos,
reminiscencias de personajes de la literatura española...)"
(Loprete, 422).
"Martín Fierro" es un gaucho que vive feliz con su mujer e hijos
hasta que las autoridades lo apresan arbitrariamente para
destinarlo a la frontera, donde vive en un fortín en donde es
víctima de un sistema corrompido y cruel. Decide huir, pero al
regresar a su tierra se encuentra con su rancho destruido y su
familia desaparecida. Entonces se hace malo y pendenciero, es
perseguido por vago y en una pelea ocasional conoce a Cruz, otro
gaucho perseguido que pelea en su favor y junto con el cual
deciden irse a buscar refugio entre los indios. |
|
1873 |
A
mediados de 1873 López Jordán invadió Entre Ríos y el gobierno
de Sarmiento puso precio a su cabeza y la de sus colaboradores.
Hernández en su condición de tal buscó refugio nuevamente en
Montevideo, donde reinició sus tareas periodísticas el 1° de
noviembre de ese año en La Patria, que dirigía Héctor
Soto, hijo de Juan José Soto, el editor de La Reforma
Pacífica, su primer periódico en que Hernández iniciara sus
lides en la prensa. |
|
1874 |
En
agosto de 1874 compartió con Soto la dirección del periódico y,
tras un breve paso por Buenos Aires, regresó a Montevideo y
asumió la dirección y redacción de La Patria.
En 1874 Mitre y Alsina, los jefes de los dos principales
partidos políticos, se disputaban el mando futuro del país,
aunque ambos eran resistidos en buena parte de las provincias
por su condición de porteños. La actividad del interior
favoreció las aspiraciones del doctor Nicolás Avellaneda
—Ministro de Justicia e instrucción pública de Sarmiento— nacido
en Tucumán.
La candidatura de Avellaneda logró la adhesión de diez
provincias, por lo que Alsina retiró la propia y dispuso
apoyarlo con su partido Autonomista.
De la fusión entre el partido Nacional de Avellaneda y el
Autonomismo de los "crudos" de Alsina, surge una nueva expresión
política: el Partido Autonomista Nacional (PAN).
En medio de gran tensión política, las elecciones se efectuaron
el 14 de abril de 1874. Como se señaló, el triunfo correspondió
a la fórmula encabezada par el doctor Avellaneda, seguido del
doctor Mariano Acosta para el cargo de vicepresidente.
En las filas de la revolución mitrista para oponerse a la
asunción de Avellaneda del 24 de setiembre de 1874 se
encontraban viejos enemigos del Chacho, de López Jordán y de
Evaristo López. Arredondo, Baibiene, José C. Paz y otros
simbolizaban la política que Hernández combatía desde 1857. Por
eso el gran antisarmientista habrá de luchar esta vez por la
legalidad representada en Sarmiento y Avellaneda (Chávez, ibid.,
p. 68).
En ese marco tratará también de neutralizar los intentos del
mitrismo por llevar a sus filas a elementos jordanistas y con
ese motivo publica varios artículos en La Patria. |
|
1875 |
El
1° de enero de 1875 suspende su aparición La Patria de
Montevideo y Hernández regresa poco después a Buenos Aires en el
marco de la política conciliadora de Nicolás Avellaneda que
había asumido la presidencia de la Nación el 12 de octubre de
1874 secundado por Mariano Acosta como vicepresidente.
A mediados de 1875 Hernández publicó la segunda edición de su
Vida del Chacho, recopilación de sus notas periodísticas
aparecidas en El Argentino de Paraná, en 1863.
También publicó trabajos en La Libertad, El Bicho
Colorado y Martín Fierro (estos últimos de carácter
humorístico o sátira política). |
|
1877 |
En
1877 Hernández fue candidato a senador bonaerense por el Partido
Autonomista, pero luego se retrajo de la actividad partidaria
ante la conciliación de su sector con los mitristas.
Al año siguiente se asoció con Rafael Casagemas en la "Librería
del Plata", más tarde totalmente de su propiedad. |
|
1879 |
En
1879 fue diputado por la segunda sección electoral en la
Legislatura de la provincia de Buenos Aires y un año más tarde
obtuvo la presidencia de la Cámara.
Ese mismo año se conoce la segunda parte del poema gauchesco:
La vuelta de Martín Fierro. En ella, al cabo de un tiempo el
personaje regresa a la civilización y cuenta su vida en las
tolderías, las costumbres aborígenes, una epidemia en la que
muere su amigo Cruz, , la matanza de un indio que maltrataba a
una ‘cristiana’ y la huida con ella. El posterior encuentro con
sus hijos que narran también sus aventuras, parte en donde
aparece el Viejo Vizcacha. |
|
1880 |
Poco antes de terminar el mandato de Avellaneda dos candidatos
se presentaron para reemplazarlo, el gobernador bonaerense
Carlos Tejedor y el general Julio Argentino Roca, Ministro de
Guerra. Este último contaba con el apoyo de Avellaneda y de
todas Las provincias con excepción de Buenos Aires y Corrientes.
Junto con Hipólito Yrigoyen, Jacinto Varela y otros, Hernández
fundó un Club de la Juventud Porteña, en adhesión a la
candidatura de Roca, quien resultó triunfador en las elecciones
por amplia mayoría.
Tejedor no aceptó el resultado del comicio y dispuso una
movilización de milicias tras lo cual debió sufrir el sitio de
la ciudad por parte de las tropas nacionales y se produjeron
intensos combates los días 20 y 23 de junio de 1880.
Hernández se negó a tomar parte en las luchas y se ocupó de
organizar, junto con Carlos Guido y Spano, el auxilio de los
heridos por medio de la Cruz Roja.
El 12 de octubre de ese mismo año asumió la presidencia Julio
Argentino Roca.
Hernández abogó desde la Legislatura por la federalización de la
ciudad de Buenos Aires, orientándose en el autonomismo nacional
y en consecuente oposición a Leandro N. Alem.
Así, en la sesión del 19 de noviembre de 1880 Hernández decía
que "el diputado Alem desconoce la marcha de su partido, la
legalidad del Congreso, la conveniencia pública de esta
cuestión..." (Manacorda, 51). |
|
1881 |
José Hernández fue vocal del Consejo General de Educación y
senador provincial de Buenos Aires, electo en 1881 y reelecto en
1885.
En 1881 Hernández escribió la Instrucción del Estanciero
editado por Casavalle. Esta obra es una especie de manual
destinado a transmitir a los hombres de campo experiencias y
conocimientos en materia rural, naturaleza de los campos
bonaerenses, pastos, construcciones rurales, ganado vacuno,
marcas y señales, cría del ganado caballar, ganado lanar y
manejo de personal. El tomo puede ser considerado, además, como
un manual de cultura gaucha, "civilización del cuero" como se la
ha denominado, con interesantes elementos de juicio para
comprender la época. |
|
1882 |
Con el gobernador Dardo Rocha trabajó en el proyecto de
fundación de la capital bonaerense. Si bien resulta lógico
interpretar la nominación por la proximidad ribereña, algunos
estudiosos sugieren, basándose en la tradición oral, que la
denominación de "La Plata" estaría también vinculada al segundo
apellido de su abuelo. La fundación tuvo lugar el 19 de
noviembre de 1882 y se sirvió un asado preparado por Hernández. |
|
1884 |
En
1884 compró una quinta en Belgrano, en donde comenzó a residir
desde entonces, progresivamente alejado de su actividad como
legislador. |
|
1886 |
El
12 de octubre de 1886 asumió la presidencia de la Nación Miguel
Juárez Celman.
José Hernández falleció el jueves 21 de octubre de 1886 atacado
par una afección cardíaca. Sus biógrafos coinciden en señalar
como sus últimas palabras: "¡Buenos Aires! ¡Buenos Aires!". Sus
restos descansan en el cementerio de la Recoleta. |
-
Rivera señala que "José Hernández puede
servir muy bien como paradigma del escritor en el que
militancia política, estilo de vida, quehacer periodístico y
creación literaria forman todavía un sistema perfectamente
coherente y solidario, pero en el que la "faena de la pluma"
(inclusive el oficio abundantemente ejercido) tiene un peso
especifico aun relativo desde el punto de vista de la
creación de medios materiales de subsistencia, acaso por el
signo mismo con que son asumidas esas faenas" (326)
- Siguiendo a Loprete (122-4) podemos
sintetizar algunos de los pensamientos críticos más
destacados sobre el Martín Fierro:
- Leopoldo Lugones y Ricardo Rojas fueron
los críticos argentinos que revalorizaron el poema ante la
opinión pública, y lo convirtieron en materia de interés
académico y universitario.
- Lugones, en El Payador (1916), lo
elevó en su jerarquía artística, si bien intentó vanamente
considerarlo como epopeya, al modo de los clásicos, quizás
llevado por un honrado interés argentinista de situar al
poema dentro de la gran línea universal de poemas épicos,
desde los tiempos homéricos.
- Rojas (Los gauchescos), por su
parte, fue el maestro que lo llevó a la cátedra
universitaria. A partir de este ejemplo, el Martín Fierro
ha sido objeto de permanente estudio en los centros
universitarios de la Argentina, de América y de Europa.
- Jorge Luis Borges (El Martín Fierro,
1953) le ha dedicado interesantes meditaciones, ha
reconocido aspectos inadvertidos del poema, pero lo ha
incluido sorpresivamente, con una tesis peculiar, dentro del
género novelesco: el Martín Fierro sería, para él,
una novela en verso.
- Ezequiel Martínez Estrada (Muerte y
transfiguración de Martín Fierro, 1948), ha efectuado un
valioso y profundo análisis, aunque discutido en algunos
aspectos, adentrándose en interpretaciones psicológicas y
sociológicas del autor y de la realidad argentina, a través
del texto mismo del poema.
- Angel H. Azeves (La elaboración
literaria del "Martín Fierro", 1960), ha examinado con
minuciosidad y certera técnica crítica, las fuentes del
poema y sus relaciones con lo folklórico, lo gauchesco, la
poesía tradicional española y americana y el movimiento
romántico de la época.
- Eleuterio F. Tiscornia (en sus ediciones
anotadas y en La lengua del Martín Fierro, 1930) ha
especializado su interés en la lengua del poema,
reconociendo los antecedentes, en la poesía americana y
española, del vocabulario y las expresiones del poema,
aunque con una insistente preocupación por enraizar la obra
dentro de la tradición clásica española.
- En cuanto al propio Hernández, nos ha
dejado en el producto mismo, y en su correspondencia,
irrefutables testimonios de que el poema tenía una
intencionalidad social:
"Yo he conocido cantores
que era un gusto el escuchar;
mas no quieren opinar
y se divierten cantando;
pero yo canto opinando
que es mi modo de cantar".
- Más explícito e incontrovertible aparece
este designio de Hernández en una famosa carta a José Zolio
Miguens, que precedió a la primer edición, en la cual dice:
"No le niegue su protección (al poema), Ud. que conoce bien
todos los abusos y todas las desgracias de que es víctima
esa clase desheredada de nuestro país".
- El Martín Fierro es la obra de la
literatura argentina que más estudios ha provocado, y al
mismo tiempo, es la obra que más ediciones y más
traducciones en lenguas extranjeras ha motivado.
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|
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José Luis Gómez-Martínez
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