Homero (en griego μηρος
Hómēros) fue un poeta y rapsoda griego antiguo al que
tradicionalmente se le atribuye la autoría de las principales épicas
griegas —La Ilíada y La Odisea—, la épica menor cómica
Batracomiomaquia
(«La guerra de las ranas y los ratones»), el corpus de los
himnos homéricos, y varias otras obras perdidas o fragmentarias
tales como Margites. Algunos autores antiguos le atribuían el
Ciclo Épico completo, que incluía más poemas sobre la
Guerra de Troya así como poemas tebanos sobre Edipo y sus hijos.
En todo caso, no cabe duda que es el pilar sobre el que se apoya la
épica grecolatina y, por ende, la literatura occidental.
En la figura de Homero confluyen
realidad y leyenda, la tradición sostenía que Homero era ciego, y
varias ciudades jónicas reclamaban ser su lugar de nacimiento, pero
por lo demás su biografía es una hoja en blanco. Entre los
investigadores hay considerable debate sobre si Homero fue una
persona real o bien el nombre dado a uno o más poetas orales que
cantaban obras épicas tradicionales.
Se ha cuestionado repetidamente si el
autor de La Ilíada y La Odisea fue el mismo poeta,
pues sí suele estarse de acuerdo en que la Batracomiomaquia,
los himnos homéricos y los poemas cíclicos son posteriores a estos
dos poemas épicos. Sin embargo, en la antigüedad clásica no sólo no
existían estas dudas sino que se consideraban sus dos obras
principales (La Ilíada y La Odisea) como relatos
históricos reales.
Homero (Esmirna 725 a.C.):
Nada seguro se sabe sobre su vida. Muchas ciudades se disputaron el
honor de ser su patria. Existe una tradición que le supone ciego,
pero este detalle es puramente legendario. Fue jonio, es probable
que naciera en Esmirna, viviera en Quíos y muriera en Ios. Heródoto
supone que vivió hacia 850 a. J.C.; nadie ha rebatido esta fecha. Se
le considera autor de la Ilíada y de la Odisea, que suman, entre las
dos, 27.800 versos. Los himnos homéricos y la Batracomiomaquia, que
también le fueron atribuidos, son posteriores. La gloria de Homero
fue inmensa. Ningún poeta ha sido objeto de una admiración tan
constante y tan ferviente.
La cuestión de la autoría:
Quizá la hipótesis más verosímil y equilibrada sea la de suponer que
existió realmente, hacia el siglo IX, un poeta creador o refundidor
que dio forma literaria y unidad a unos relatos, orales y
probablemente también escritos, que circulaban por Grecia desde
hacía siglos. Los elementos básicos de estos relatos vienen, pues,
dados por una tradición, pero parece advertirse la mano de un poeta
individual que da cuerpo a este conglomerado. Este poeta del siglo
IX debió ser conocido con el nombre de Homero, pudo ser ciego -éste
es el significado de su nombre en griego-, pues los ciegos solían
dedicarse al oficio de aeda, y quizá natural de Esmirna (lugar donde
se funden los dialectos eolio y jónico, lo cual explicaría las
características de la lengua homérica).
Homero -
J.Jex Martin
Poeta épico, autor de los dos más antiguos monumentos de la
literatura griega, la Ilíada y la Odisea. Nada se sabe sobre su
vida: tanto su nombre, la fecha y lugar de nacimiento, como su
propia existencia, han sido objeto de disputa desde la más lejana
antigüedad. Su nombre, que en griego significa [en griego moderno]
rehén, quizá sólo sea un sobrenombre. De cualquier forma, se
ha situado su existencia entre 1200 y 600 a.de J.C., aunque muchos
eruditos estén ahora de acuerdo en que vivió en la segunda mitad del
siglo VIII, alrededor de 725-700 a.de J.C. En la antigüedad, no
menos de doce ciudades reclamaban haber sido su cuna, pero es la
isla de Quíos, en la costa de Asia Menor, la que sigue aún hoy
siendo la favorita. En el siglo II a.de J.C. había varios
investigadores que sostenían que había habido dos Homeros, uno el
que había escrito la Ilíada, y otro, el autor de la Odisea. Estas
opiniones estuvieron en el inicio de la famosa "cuestión homérica".
Eruditos de los siglos XVIII y XIX creen que Homero o sus múltiples
equivalentes vivieron antes de que se hubiera inventado la escritura
y que el poeta o poetas habrían tenido que componer oralmente, e
inventar poemas sólo en estrofas cortas que les permitieran un
rápida memorización. Desde luego, la tradición oral de poemas no se
ha perdido, como lo atestiguan los poetas iletrados que se encuentra
aún en Yugoslavia y Chipre, capaces de componer poemas bien
estructurados y tan largos como los 12000 versos de la Odisea. La
temática de Homero es la Guerra de
Troya, que tuvo lugar a finales del siglo XIII o comienzos del
XII a.de J.C., y que hoy se considera un acontecimiento histórico y
no un mito. Que Homero conociera o no este remoto período de la
primitiva civilización micénica, explica mejor la tradición oral de
la poesía épica. Sin embargo, a pesar de la oscuridad que rodea el
período existencial de Homero, y a sus métodos poéticos, nada mitiga
su fama. Los antiguos griegos le llaman simplemente "El Poeta" y le
miraban con la más alta reverencia, y los siglos posteriores han
seguido haciendo lo mismo, a pesar de que hayan existido algunos
quisquillosos detractores.
La Ilíada:
La Ilíada (15000 versos) es un poema que dramatiza un único
incidente de la Guerra de
Troya, el de la disputa entre Agamenón, comandante en jefe de
las fuerzas griegas, y Aquiles, príncipe de Pitia, el mejor de los
guerreros griegos. Comienza la querella con un incidente al parecer
trivial, cuando Agamenón se apodera del botín de guerra de Aquiles,
la joven Briseida, pero pronto tendrá la disputa un desenlace
desesperadamente trágico. Aquiles no quiere combatir al lado de
Agamenón y se retira con sus fuerzas de la batalla. La subsiguiente
derrota de los griegos a manos de los troyanos no puede ser evitada
ni siquiera con un llamamiento de Agamenón a proseguir el combate, y
sólo cuando Patroclo, el amigo de Aquiles, pide combartir con el
ejército de éste, le relevan los griegos de su promesa. Patroclo
hace retroceder a los troyanos, pero es muerto al pie de las
murallas de la ciudad por Héctor, el héroe troyano. La renuncia de
Aquiles a su cólera, su violenta venganza sobre Héctor, y la
magnánima devolución del cuerpo de Héctor a su anciano padre Príamo
para que lo entierre, son la conclusión de este poema incomparable.
A través de él ha ido el poeta introduciendo sutilmente dentro de la
trágica historia de la ira de Aquiles innumerables referencias a la
Guerra de
Troya en su conjunto, a veces en forma de simbólicas
yuxtaposiciones, lo que hace que el poema añada atmósfera a la
tragedia. Los personajes son intensamente vivos, especialmente
Aquiles, Agamenón, Ayax, Helena, Paris, Héctor y Andrómaca, e
incluso los menos importantes han sido esbozados con la grandeza que
corresponde a sus papeles. El poema tiene una construcción magistral
sobre la estructura de los llamados libros dramáticos (I, VI, IX,
XVI, XVIII, XXII, XXIV), que se refieren a Aquiles. En los demás
libros emplea una forma "épica" más sencilla, con poemas sobre la
guerra. Aunque el material es en alguna forma primitivo, el poema en
sí mismo puede considerarse como una obra de arte de alto nivel
estético, por supuesto dentro del clímax de una larga tradición
griega en al poesía épica. (J.Jex Martin)
La cólera de Aquiles:
Las primeras palabras de la obra: Canta, oh diosa, la cólera del
Pelida Aquiles... se refieren a la disputa entre este héroe y el
jefe del ejército griego, el rey Agamenón. Este ha capturado a la
hija de un sacerdote de Apolo como prisionera de guerra, y cuando el
padre va a rescatarla, Agamenón insulta al anciano. Para vengarse el
sacerdote implora a Apolo que como castigo desate una plaga sobre
los griegos. Agamenón libera a la joven pero en su lugar rapta a la
esclava de Aquiles, Briseida. Aquiles abandona a los sitiadores,
cuya situación empeora porque pierden a su mejor guerrero.
Difusión inicial esencialmente
oral:
El texto no era fijo, sino que estaba sujeto a las inevitables
variaciones de un recitado memorístico: de ahí, por ejemplo, las
llamadas fórmulas épicas o clisés que se repiten
continuamente (Hera "la de los ojos de novilla", Apolo "el que hiere
de lejos", etc.), para permitir un margen de seguridad al rapsoda,
que así puede llenar un fragmento de verso con una fórmula
consagrada, cuando le falle la memoria. El mismo desarrollo
argumental sólo se explica teniendo en cuenta que el tema de estos
cantos era perfectamente conocido del auditorio y que el aeda no
tiene que situar la narración dentro de un contexto general, ni
describir la totalidad de los hechos. Termina sin que la ciudad sea
tomada, porque el público conocía muy bien la historia y su
desenlace y sólo se interesaba por el desarrollo épico de unas pocas
escenas pormenorizadas.