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Aunque "Cuando los muertos nos despertemos"
plantea una confrontación con el egoísmo artístico, no hay
ninguna razón para ver el drama como la amarga autocrítica del autor.
Rubek no es ningún autorretrato. Pero algunos de los investigadores de
Ibsen le consideran como el portavoz de los conceptos artísticos del
autor mismo. Rubek dice en otro lugar que el público solamente se fija
en la "verdad" real exterior de su descripción de las personas. Lo que
no entiende la gente es la dimensión escondida de estos retratos de
personas; todos los agentes impulsores oscuros escondidos tras las
altivas fachadas burguesas respetadas. En su juventud Rubek se había
inspirado en una visión idealista de una forma superior de la existencia
humana. La experiencia de la vida le ha convertido en un desvelador
desilusionado de las personas, que en su opinión describe la vida tal
como es. Lo animal gobierna a la persona, en la versión de Rubek de "La
bête humaine" de Zola, y describe los cambios en su arte en esta forma:
"Inventaba lo que veía con mis propios
ojos a mi alrededor. Tenía que incluirlo (....) Y surgiendo de las
grietas de la tierra un torbellino de personas con caras de animal bajo
el rostro. Mujeres y hombres — tal como les conocí en la vida misma".
Es comprensible que algunos
investigadores de Ibsen no hayan resistido la tentación de ver paralelos
entre vida y obra, considerando este drama como la autocrítica
despiadada del escritor. Como he mencionado, "Cuando los muertos nos
despertemos" no tiene ninguna base autobiográfica. El parentesco entre
Rubek y su autor tendría que buscarse, en su caso, a un nivel más
profundo — en la materia conflictiva que Ibsen al final de su vida veía
como un problema general e importante en la existencia humana.
Ibsen como psicólogo
En las obras del anciano escritor nos
encontramos con una serie de personas que atraviesan conflictos
similares. Juan Gabriel Borkman sacrifica su amor por su sueño del poder
y la gloria de su obra. "Solness el constructor" destruye la vida y la
felicidad de sus próximos, para exponerse como el artista célebre de su
profesión. Y Hedda Gabler interviene soberanamente en los destinos de
otros para llevar a cabo su sueño de libertad e independencia propias.
Estos ejemplos de personas que persiguen su meta, teniendo que pisar a
otros irremediablemente, son todos sacados de la última década de su
obra. Ibsen desvela mediante su análisis psicológico las fuerzas
negativas en las mentes de estas personas (los llama "demonios",
"ogros"). Las descripciones de los personajes en estas últimas obras
dramáticas son extremadamente complicadas, cosa que es muy
característica en todas sus obras posteriores al "El pato silvestre"
(1884). En los últimos 15 años de su obra literaria Ibsen desarrolla su
maestría dialéctica y su forma dramática peculiar — en la que el
realismo, el simbolismo y la profundidad psicológica convergen. Es por
esta fase de su obra literaria que le han llamado un "Freud en el
teatro" — con o sin justificación. En todo caso es un hecho que Freud y
una serie de psicólogos han podido usar las descripciones de los
personajes de Ibsen para ilustrar sus propias teorías o servir de
fundamento para el análisis de carácter. Es sobre todo conocido el
análisis que hizo Freud de Rebekka West en "La casa Rosmer" (1886), un
caso que trató en 1916 con otros tipos de carácter "que se hunden debido
a la prosperidad". Freud considera a Rebekka como una víctima trágica
del complejo de Edipo y de un pasado incestuoso. El análisis dice quizás
más sobre Freud que sobre Ibsen. Pero la influencia de Freud y del
psicoanálisis en general ha sido considerable en el criterio del
dramaturgo noruego.
Este interés por Ibsen como psicólogo
podría fácilmente ocultar otros aspectos esenciales de su arte. Su
presentación de la existencia humana ha sido situado en una clara
perspectiva social e ideológica . Quizás sea justamente esto que es la
esencia de su arte — y lo convierte en poesía existencial, con
horizontes hacia muchos aspectos de la existencia. Esto vale en realidad
para todo lo que escribió, incluso antes de que llegara a ser un
dramaturgo conocido a nivel internacional en el período de los 1880.
"Una poesía desesperada"
La obra literaria de Ibsen representa una
clara reflexión poética sobre la necesidad del ser humano de vivir en
otra forma de la que realmente hace. Por eso, hay un profundo trasfondo
de desesperación, pasión y añoranza en su poesía. "Una poesía
desesperada" llamó Benedetto Croce a estos relatos de personas que viven
en constante esperanza y se consumen por la añoranza de "algo más" de lo
que la vida les ofrece.
Justamente la distancia entre lo que
desean y lo que es posible lograr es motivo tanto de lo trágico como de
lo cómico en muchos casos de la vida de estos personajes. Ibsen mismo
pensaba que era efectivamente en la contradicción entre voluntad y
posibilidad que su obra estaba realmente arraigada. En 1875, haciendo
una mirada atrás de sus 25 años como escritor, afirma que la mayor parte
de lo que había escrito se había tratado sobre la "contradicción entre
la capacidad y la ambición, entre la voluntad y la posibilidad". En esta
relación contradictoria opinaba que "veía la tragedia y comedia de la
humanidad y del individuo a la vez". Una década más tarde creó la unión
tragicómica entre el sacerdote Rosmer y su profesor destartalado Ulrik
Brendel. Estos dos hombres, que representan el reflejo mutuo del otro,
terminan ante un abismo en el que solamente ven la soledad y falta de
sentido total de la vida.
En las 12 obras contemporáneas — desde
"Los Pilares de la sociedad" (1877) hasta "Cuando los muertos nos
despertemos" (1899) nos introduce constantemente dentro de un tipo
similar de entorno social. Las condiciones de vida de sus personajes
están marcadas por una burguesía sólida y bien establecida. Pero a pesar
de esto, el mundo en el que viven está amenazado — y es amenazador.
Porque resulta que es un mundo en movimiento, los antiguos valores y
anterior interpretación de la vida ya no son fijos. El movimiento crea
trastornos en la vida de cada uno y amenaza el orden social establecido.
Es aquí donde podemos ver que este proceso tiene un aspecto tanto
psicológico como social e ideológico. El motor que pone todo en marcha
es la necesidad de cambio, cosa que surge
en la consciencia de cada uno. En este sentido, Ibsen es obviamente un
autor de ideas. Esto no quiere decir que su tarea principal como
dramaturgo fuera usar el teatro con fines didácticos — ni para un debate
ideológico abstracto. (Algunos de sus críticos, tanto en su tiempo como
después, han formulado esta acusación contra él, y es obvio que Ibsen de
vez en cuando ha sentido la tentación didáctica). No obstante, lo más
importante sigue siendo que el punto de partida para la descripción de
los personajes de Ibsen son las nociones que tienen los mismos
personajes sobre lo que hace merecer la pena vivir — sus valores y su
comprensión de la vida. Las nociones de las que disponen ellos mismos
para describir sus posturas pueden ser difusas, y su auto-comprensión
puede ser intuitiva y deficiente. Un buen ejemplo de ello es la
descripción de Ellida Wangel sobre su atracción ambivalente hacia el mar
en "La dama del mar" (1888). Pero en la consciencia de Ellida se ha
venido madurando desde hace mucho tiempo un anhelo hacia una vida más
libre, con otros valores morales y sociales que los que representan la
existencia burguesa del doctor Wangel. Y esta confesión origina oleajes
que la sacuden tanto a nivel psicológico como social.
"Los conflictos humanos"
La mejor característica del procedimiento
dramático de Ibsen la ha expresado en realidad él mismo, en la crítica
de una obra de teatro en 1857:
"No es la lucha consciente de ideas que
pasan por nuestra mente, como tampoco sucede en la realidad; sino que lo
que vemos son los conflictos humanos, y entremezclados en el trasfondo
ellos, están las ideas, luchando, siniestras o victoriosas".
Esto toca indudablemente el fundamento de
los requisitos exigidos por Ibsen al arte dramático: Debería unir en una
forma lo más realista posible lo psicológico, lo ideológico y lo social.
En sus mayores logros es justamente la síntesis orgánica de estos tres
elementos la médula del drama de Ibsen. En realidad quizás lo logra en
una minoría de sus dramas, como en "Espectros", "El pato silvestre" y "Hedda
Gabler". Resulta interesante, sin embargo, que él mismo — al contrario
de todos los demás — consideraba "Emperador y Galileo" como su obra
maestra. Podría ser una indicación del énfasis que ponía a lo
ideológico, no como reflexión, sino como conflictos entre
interpretaciones de la vida. Ibsen opinaba que había hecho un relato
totalmente "realista" del conflicto interior del descarriado Julián).
Supongo que la verdad es que el personaje de Julián está demasiado
marcado por ideas que el autor mismo había pensado, lo que denominó sus
"visión positiva del mundo". Su éxito como dramaturgo lo logró Ibsen
cuando siguió en serio otro procedimiento, el que ha descrito en torno a
la obra "Hedda Gabler" (1890).
"Lo esencial para mí ha sido describir a
seres humanos, sentimientos humanos y destinos humanos basados en
ciertas condiciones y posturas sociales".
Ibsen tardó varios años tras "Emperador y
Galileo" en orientarse en esta dirección. A los cinco años después del
gran drama histórico y de pensamiento llegó "Los Pilares de la sociedad"
— el inicio de la reputación europea de Ibsen como dramaturgo.
El triunfo internacional de Ibsen
En 1879 Ibsen lanzó a Nora Helmer al
mundo con la exigencia de que también una mujer debería tener la
libertad de desarrollarse como persona adulta, independiente y
responsable. El dramaturgo tenía ya 50 años, y es ahora cuando llega a
ser realmente conocido fuera de los países nórdicos. "Los pilares de la
sociedad" le había abierto las fronteras alemanas, pero es con "Casa de
muñecas" y "Espectros" (1881) que se sitúa a la vanguardia europea en
los años 1880.
"Casa de muñecas" muestra lo que llegó a
ser una pauta constante en las obras siguientes, fase en la que
cultiva el así llamado "realismo crítico". Es el individuo que queda en
oposición con la mayoría, con la autoridad opresiva de la sociedad. Nora
lo dice así: "Tendré que mirar quién tiene razón, la sociedad o yo".
Como he mencionado antes, es el individuo que se libera intelectualmente
del pensamiento tradicional — y por lo tanto, surgen los conflictos. En
un período corto, alrededor de 1880, parece que Ibsen consideraba con
relativo optimismo la posibilidad de que el individuo pudiera vencer por
sus propias fuerzas. Parece que Nora puede tener una posibilidad real de
ganar la libertad e independencia que sale a buscar — en su muy incierto
futuro. Se le podría acusar a Ibsen de haber tratado con demasiada
facilidad los problemas con los que una mujer divorciada y sin recursos
iba a afrontar en la sociedad de aquel entones. Pero es el problema
moral que le preocupa como dramaturgo, y no el práctico ni el económico.
Un éxito asombroso
A pesar de las perspectivas dudosas de su
futuro, Nora ha servido en una serie de países como objeto de
identificación para mujeres que luchan por la liberación e igualdad de
derechos. En este sentido es seguramente el más internacional de los
personajes de Ibsen. A pesar de esto, es un éxito asombroso. El público
burgués ha acogido con entusiasmo a esta mujer que abandona a su marido
e hijos, rompiendo con la misma institución básica de la sociedad
burguesa: La familia.
Esto apunta también hacia lo que fue la
base del éxito internacional de Ibsen: Sacó a la vista en el escenario
las divergencias profundas y los problemas acosadores de la familia
burguesa. El hogar burgúes podría aparentar éxito social
superficialmente — y por ende, representar el reflejo de la sociedad
sana y estable. Pero Ibsen dramatiza los conflictos ocultos en esta
sociedad, justamente abriendo las puertas a las habitaciones secretas y
privadas del hogar burgués. Muestra lo que puede esconderse tras las
fachadas impecables: La doble moral, falta de libertad, traición y
estafa. Y una constante in-seguridad. Fueron estos aspectos de la vida
burguesa que preferentemente no se debían mencionar en público, al igual
que el padre Manders quería que la señora Alving reprimiera su lectura y
todo lo demás amenazante en el ambiente de Rosen-vold ("Espectros"). En
la misma forma, los representantes de la sociedad en "La casa Rosmer"
presionan a Rosmer para hacerle silenciar que él — el sacerdote — ha
renunciado a la fé cristiana.
Pero Ibsen no se reprimió — y sus obras
dramáticas pusieron a la vista fenómenos de la vida contemporánea.
Irrumpía la tranquilidad de la vida burguesa recordándole que habían
llegado a sus posiciones de poder sosteniendo ideas completamente ajenas
a la tranquilidad, el orden y la estabilidad. La burguesía misma había
traicionado sus ideas de libertad, igualdad y fraternidad — y sobre todo
después del año revolucionario 1848 se había convertido en defensora de
lo tradicional. No obstante, se sabe que existía una oposición liberal
dentro de la burguesía — e Ibsen se afilió abiertamente a ella en sus
primeros dramas contemporáneos modernos. Fue este movimiento para la
libertad y el progreso el que consideró como verdadera postura
"europea". Ya en 1870 había escrito al crítico danés Georg Brandes que
era necesario volver a las ideas de la gran revolución francesa, de
libertad, igualdad y fraternidad. Los conceptos deberían tener un nuevo
contenido de acuerdo con las necesidades de la época. Y en 1875 escribe
— esta vez también a Brandes:
"¿Porqué Vd. y los que tenemos una
postura europea estamos tan aislados en nuestros países?"
A medida que Ibsen fue envejeciendo tuvo
ciertos problemas con algunas manifestaciones de la forma de liberalismo
que en parte exageraba el derecho soberano del individuo de desarrollo
personal, y en parte hizo un ajuste radical de las normas y valores del
pasado. En "La casa Rosmer" señala los peligros de un radicalismo basado
en normas morales enteramente individuales. Es obvio que Ibsen enfatiza
aquí que la cultura europea está basada en una tradición moral inspirada
por el cristianismo. El autor parece dar a entender que hay que
continuar basándose en ella, aunque se haya renunciado a la fe
cristiana. Esta parece la confesión que hace Rebekka West.
Pero al mismo tiempo es este drama, al
igual que "Espectros", un ajuste doloroso con la falta de alegría, con
lo que aniquila la felicidad, justamente en los ambientes en los que la
tradición cristiana-burguesa ha oprimido a la gente. Estas dos obras
abarcan, a pesar de su pesadumbre, una cálida defensa de la felicidad y
la alegría de vivir — en contra de la postura de la sociedad burguesa
del deber, la ley y el orden.
Fue en los años 1870 que Ibsen se orientó
hacia su postura "europea". Y aunque vive en el extranjero, elige
consecuentemente ambientes noruegos como escenario de sus dramas
contemporáneos. Por lo general nos encontramos en un pueblo noruego de
la costa, el tipo de pueblo que Ibsen mismo conoció tan bien tras su
infancia en Skien y su adolescencia en Grimstad. El pasado del joven
Ibsen le ha proporcionado una vista aguda para las contradicciones
sociales y conceptuales de la vida. En este tipo de pueblo, como pueblo
típico noruego de la costa, las estructuras y contradicciones sociales
son mucho más aparentes que en sociedades más grandes. Fue en las
localidades pequeñas que Ibsen tuvo sus primeras experiencias dolorosas.
Había visto como las convenciones, tradiciones y normas podían ejercer
un control negativo del individuo, creando temor y angustia ante el
desarrollo natural de la vida y el gozo. Este es el ambiente de
"Espectros", como lo vive la señora Alving. Hace que las personas "teman
la luz del día", como afirma ella.
Fue precisamente en este tipo de ambiente
que Ibsen en su juventud había formado la base de su obra literaria y
posterior fama mundial. Fue en un ambiente noruego reducido, siendo
autor y dramaturgo inseguro, donde había tenido la tarea de crear un
nuevo arte dramático noruego. Empieza con esta perspectiva nacional.
Pero al mismo tiempo se orienta desde el principio hacia la tradición
teatral europea.
Los años de aprendizaje de Ibsen
Desde la óptica de la historia del
teatro, Ibsen continúa desde principios de los años 1850 la línea de dos
autores muy diferentes entre sí, el francés Eugène Scribe (1791-1861) y
el alemán Friedrich Hebbel (1813-1863). El joven Ibsen estuvo vinculado
al trabajo práctico diario del teatro durante 11 años, con lo cual tenía
que estar bien enterado de todas las obras dramáticas actuales de
Europa. Trabajaba con la instrucción de obras nuevas, al mismo tiempo
que tenía obligación de escribir para el teatro.
De Scribe pudo aprender como se debía
construir la intriga interna del drama en secuencias escenográficas
motivadas por la lógica. Hebbel le dio un ideal de como se podía
construir el drama en la dialéctica actual de la vida misma, para que
fuese así un dramatismo de ideas de su tiempo. El esfuerzo pionero de
Hebbel fue que trasladó los conflictos ideológicos de su tiempo al
teatro, creando un "drama de problemas" que apunta hacia delante. Mostró
como un dramaturgo moderno también podía aplicar la técnica
retrospectiva de la tragedia griega.
De modo que Ibsen estuvo en estrecho
contacto con el arte del escenario durante un período largo y continuo.
Sus seis años en el teatro de Bergen (1851-57) y los siguientes
cuatro-cinco años en el teatro de Cristianía (1857-62) fueron una
escuela dura, pero le proporcionaron una gran visión acerca de los
medios y posibilidades del teatro.
Durante un viaje de estudios a Copenhague
y Dresden en 1852, dió con una obra dramática que acababa de salir en
Alemania. Fue "El Drama Moderno" de Herrmann Hettner (1851). Este cambio
de programa para un teatro nuevo y actual dejó huellas profundas en el
desarrollo de Ibsen como dramaturgo. También en Hettner encontramos
influencias importantes de Scribe y Hebbel, combinadas con un interés
fervoroso por Shakespeare. Ibsen aprendió también de otros autores, en
primer lugar de Shiller y los dos daneses Adam Oehlenschläger
(1779-1850) y Johan Ludvig Heiberg (1791-1860).
El aprendizaje de Ibsen fue largo —
aproximadamente 15 años — con un trabajo teatral que posteriormente
caracterizó como "aborto provocado repetido diariamente", y con una
presión de producir que resultó en intentos titubeantes en muchas
direcciones diferentes. Experimentó algunas victorias artísticas, pero
muchas más derrotas. Muy pocos creyeron que tuviera condiciones para ser
algo más que un autor teatral accidental con cierto talento.
A pesar de toda la inseguridad titubeante
de estos años, nos encontramos ante un joven autor muy decidido a
perseguir sus objetivos. El objetivo es claramente nacional. El y su
amigo y colega Bjørnstjerne Bjørnson (1832-1910) han elaborado un
programa común para su actividad. En 1859 constituyen La Sociedad
Noruega, un organismo para el arte y cultura noruegas. Ibsen se preocupa
sobre todo del papel del teatro en el intento de la joven nación noruega
de encontrar su propia identidad. En este trabajo de "construcción
nacional" buscaba materia de la edad media del país — y es allí donde
logra más como dramaturgo. Esto está muy claro en la obra que marcó el
fin del largo aprendizaje de Ibsen, "Los Pretendientes al Trono" de
1863. La acción tiene lugar en la Noruega del siglo XIII, un período con
conflictos internos desgarradores para el país. Pero la perspectiva de
Ibsen también es la Noruega de los años 1860, cuando permite al rey
Haakon Haakonssøn manifestar su gran pensamiento de unidad nacional:
"Noruega fue un reino, será un pueblo.
(...) ¡todos serán uno en adelante, y todos serán conscientes de que son
uno!"
"Los Pretendientes del Trono" representan
el triunfo artístico de Ibsen, pero tuvo que esperar un par de años más
para ser reconocido como uno de los autores más importantes de la
nación. Esto sucede en 1866 cuando publica "Brand". — "Los Pretendientes
del Trono" marca el final de su estrecha relación con el teatro noruego.
Fue también su representación de despedida, ya que a partir de ese
momento inicia su larga estancia en el extranjero. Durante los años
siguientes da la espalda al teatro en primer lugar, y busca un público
lector.
Los grandes dramas de ideas
Los dos grandes dramas de lectura, "Brand"
(1866) y "Peer Gynt" (1867), surgieron en realidad de la relación
problemática que Ibsen tenía con su patria. Los acontecimientos
políticos de 1864 hizo que Ibsen perdiera su fe optimista en las
posibilidades futuras de la nación. Incluso empezó a dudar si sus
compatriotas tenían justificación histórica para existir como pueblo
propio.
Lo que anteriormente había tratado como
un problema de identidad nacional, fue para él ahora una cuestión de la
integridad personal del individuo. Ya no era suficiente basarse en un
remoto tiempo histórico de grandeza, mostrando la continuación de la
vida de la nación. Ibsen abandona la historia y plantea lo que él
entiende como el problema principal de su tiempo: Un pueblo solo podrá
levantarse culturalmente a través de la fuerza de voluntad del
individuo. "Brand" es más que nada un drama acerca de que cada uno debe
seguir el camino de la voluntad para realizarse como persona verdadera.
Es también el único camino a la libertad auténtica — para el individuo
y, por ende, para la comunidad.
Las dos obras gemelas "Brand" y "Peer
Gynt", que son bastante diferentes entre sí, enfocan todo el tiempo el
problema de la personalidad. Ibsen dramatiza el conflicto entre el
entrar de modo oportunista en una actuación falsa — y el comprometerse a
una exigente tarea vital. En "Peer Gynt" el autor ha creado con gran
acierto artístico una escena que demuestra esta situación conflictiva.
Es la escena en la que el envejecido Peer Gynt se ve obligado a hacer un
ajuste de cuentas consigo mismo — camino a casa a su punto de partida
noruego. Empieza a verse a si mismo como el que ha sido en su vida, y en
la mencionada escena recoge una cebolla de la tierra. Mirando atrás su
vida desperdiciada, empieza a pelar la cebolla. Cada capa representa un
papel diferente que ha jugado. Pero no encuentra ningún centro. Tiene
que admitir que ha llegado a ser un" nadie", y que no tiene ningún "yo".
"Tan extremadamente pobre puede un alma
volver a la nada en la niebla gris. Tú, tierra deliciosa, no te
enfurezcas por haber pisado tu hierba en vano. Tú, sol delicioso, has
rociado con tus rayos lucientes una cabaña deshabitada. No había nadie
dentro para calentar y entonar — el dueño, dicen, estaba siempre lejos
del hogar....
Peer es la persona débil, sin voluntad,
el opuesto a Brand. Pero justamente en la descripción de Ibsen de la
"desintegración" de la personalidad en una serie de papeles diferentes,
han visto algunos historiadores del teatro el presagio de una imagen
modernista de la persona. El investigador británico de dramas Ronald
Gaskell lo dice así: "Peer Gynt inaugura el drama de la mente moderna",
y continúa: "Si se puede decir que el surrealismo y el expresionismo en
el teatro tuviera una sola fuente, esta fuente sería indudablemente Peer
Gynt".
En este sentido, este drama temprano de
Ibsen — por muy noruego y romántico que sea — tiene su lugar esencial en
la historia del teatro, aunque no está escrito para el escenario.
Justamente "Peer Gynt" ha demostrado que Ibsen sigue siendo un autor
vivo y actual también en esta época moderna. Por lo tanto, no son
solamente sus dramas contemporáneos que le han convertido en una de las
personalidades más destacadas de la historia del teatro. Aunque serán
estas obras las que tiene en mente el investigador sueco de dramas
Martin Lamm cuando afirma:
"El drama de Ibsen es la Roma del drama
moderno; todos los caminos conducen hasta y desde allí".
A pesar de que Ibsen se distanció de su
fundamento noruego en los años 1870 y se convirtió en "europeo", estuvo
profundamente marcado por el país que abandonó en 1864, al que volvió
como anciano famoso. No fue fácil volver a su patria. Los largos años en
el extranjero y la larga lucha para ganar aceptación había marcado sus
evidentes huellas. En el período en el que terminó su obra literaria
expresó que realmente no sentía ninguna felicidad por el destino de
aventura que había forjado. Se sentía sin hogar — aún en su patria.
Pero justamente el antagonismo en Ibsen
entre lo noruego y lo extranjero (con una cultura más libre)
probablemente le ha marcado más que ninguna otra cosa como persona y
autor. Su posición independiente en lo que llamó "los ambientes
culturales amplios y libres", le aportó la perspectiva clarificante de
la distancia. Y la libertad. No obstante, al mismo tiempo lo noruego en
él creó el anhelo de una vida más libre y feliz. Este es el anhelo por
el sol en el mundo literario de este autor serio. Nunca denegó su
carácter noruego. Hacia el final de su vida dijo a un amigo alemán:
"El que me quiera entender del todo tendrá que conocer
Noruega. La naturaleza grandiosa, pero severa, que rodea a las personas
que viven allí en el norte, la vida solitaria, aislada — muchas de las
granjas quedan muy distanciadas una de otra — les obliga a
desinteresarse por los demás, y ocuparse exclusivamente de sí mismos.
Por eso son introvertidos y serios, cavilan y dudan — y muchas veces
pierden el ánimo. En nuestro país en una de cada dos personas hay un
filósofo. Además están los inviernos largos y oscuros con niebla densa
que cubren las casas — ah, ¡cuanto añoran el sol!"
Peer Gynt
"Somos, le dicen, las
palabras que debiste pronunciar. Tu silencio tímido nos condena a morir
disueltas en el surco". Camino de la montaña de su aldea, se desata la
tempestad sobre él; la voz del viento le dice: "Soy la canción que
debiste entonar en la vida y no entonaste, por más que, empinada en el
fondo de tu corazón, yo esperaba una seña tuya". Camino de la montaña,
el rocío que, ya pasada la tempestad, humedece la frente del viajero, le
dice: "Soy las lágrimas que debiste llorar y que nunca asomaron a tus
ojos: ¡necio si creíste que por eso la felicidad sería contigo!". Camino
de la montaña, dícele la yerba que va hollando su pie:(6)
"Soy los pensamientos que debieron
morar en tu cabeza; las obras que debieron tomar impulso de tu brazo;
los bríos que debió alentar tu corazón". Y cuando piensa el triste
llegar al fin de la jomada, el "Fundidor Supremo" —nombre de la justicia
que preside en el mundo a la integridad del orden moral, al modo de la
Némesis antigua,— le detiene para preguntarle dónde están los frutos de
su alma, porque aquéllas que no rinden fruto deben ser refundidas en la
inmensa hornaza(7) de todas, y sobre su pasada encarnación
debe asentarse el olvido, que es la eternidad de la nada.
¿No es ésta una alegorías propia para hacer paladear por vez primera lo
amargo del remordimiento a muchas almas que nunca militaron bajo las
banderas del Mal? ¡Peer Gynt! ¡Peer Gynt! tú eres legión de legiones. |