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Biografías |
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Contenidos disponibles en
español y en inglés - Availables resources in spanish and english Juan Ramón Jiménez se entregó por completo a la poesía a lo largo de su vida. Gracias a su vocación, exigencia y tenacidad, se convirtió en el máximo exponente del modernismo lírico en España, junto a los hermanos Manuel y Antonio Machado; en el maestro de las jóvenes vanguardias de los años veinte y treinta del siglo XX, y en el poeta postmoderno insuperable de los años cincuenta. Nace el 23 de diciembre a las 12 de la noche de 1881, en Moguer, un pueblecito de la provincia de Huelva, cerca de las minas de cobre de Río Tinto y de las marismas del Guadalquivir. Un lugar muy blanco y reluciente por la luz intensa del sol, de calles estrechas y limpias. Era y sigue siendo una aldea de labradores y marineros, cercana al mar y rodeada por la campiña, donde se cultivan viñedos, fresas, maíz... Juan Ramón fue el más pequeño de una familia adinerada que lo consintió y le permitió soñar y divertirse usando su imaginación. De niño prefería jugar solo y sentía fascinación con la belleza del campo, los cambios de estación y de la luz durante el día. Tenía un calidoscopio a través del cual le gustaba mirarlo todo, porque le parecía que las cosas se alteraban, adquiriendo una consistencia mágica. Le fascinaban la luz y los juegos con la realidad que esta le proporcionaba; de esa forma, las cosas transformadas le parecían otras. Creía, por ejemplo, que había dos pimientas en la casa de enfrente a la suya: la que veía desde su balcón y la que miraba desde abajo del tronco, porque debido a la luz, le parecían distintas y así las concebía (Véase «XVI, La casa de enfrente». Platero y yo). Esta capacidad para soñar y crear un mundo maravilloso en los poemas fue una constante durante toda su vida. Asimismo sentía gran aversión hacia las cosas feas, que él relacionaba con la muerte y con la tristeza. Fea era la violencia, las fiestas donde las personas perdían la dignidad a causa del vino, la brutalidad hacia los animales, y la torpeza de los seres humanos al destruir la belleza natural. Desde pequeño se sintió llamado a combatir estas injusticias, creando con su imaginación y su poesía un mundo donde las cosas fuesen restituidas a su verdad y a su forma natural: «Dónde está la palabra, corazón, que embellezca de amor al mundo feo; que le dé para siempre —y sólo ya— fortaleza de niño y defensa de rosa» (Belleza, 1923). Fuerza y belleza, pero sin perder la inocencia y la espiritualidad: esa sería su meta. Juan Ramón era capaz de captar detalles que a la mayoría pasaban desapercibidos y presentarlos en su obra como formas de ideal. Así por ejemplo se fijaba en la pequeña flor del camino a la que dedica un pasaje de Platero y yo, o en la «hojita verde con sol», protagonista de otro texto. Esa extraordinaria capacidad para captar los detalles más nimios le hacía asimismo sufrir más que otras personas. La muerte repentina de su padre, por ejemplo, una madrugada, cuando apenas tenía 19 años le sobrecogió y llenó de ansiedad. Se imaginó que él mismo era quien moría, o que iba a morir en cualquier momento, igual que su padre; por eso debió ser ingresado en un hospital psiquiátrico en Francia donde permaneció varios meses. A partir de entonces sintió pavor de la muerte y quiso vivir cerca de un médico. Desde los quince años comenzó a escribir poemas; abandonó sus estudios de Derecho para dedicarse a la poesía. Conoció a los escritores más influyentes de su tiempo, como Rubén Darío, Valle-Inclán, Unamuno, Manuel y Antonio Machado, José Ortega y Gasset, Pío Baroja y Azorín, entre otros muchos, y junto a ellos se formó en el krausismo, en boga entre los intelectuales de aquella época. Estas ideas se resumían en una recta actitud moral frente a la sociedad, frente al trabajo, y frente al arte, hasta el punto de que muchos de estos pensadores y artistas estuvieron dispuestos a dar la vida por sus ideales. Juan Ramón demostró en su vida y en su obra esa dedicación completa a vivir y trabajar dentro de unos altos principios éticos y estéticos. Para el poeta andaluz, los valores morales formaban parte de los componentes estéticos de pureza y rigor. Fue una persona exigentísima para consigo mismo y para con los demás. Leía sin descanso, tanto a los escritores, poetas y filósofos españoles, como a los extranjeros. La vasta biblioteca de su padre en Moguer le era muy familiar, así como la colección de libros del doctor Lalanne en Francia, y la del doctor Simarro en Madrid. Además de leer, escribía constantemente sus ideas, en aforismos y prosas; y sus impresiones líricas en poemas. Aquellos años de juventud entre Moguer, Sevilla, Francia y Madrid le permitieron adquirir una sólida formación que le prepararía para escribir su obra mejor; por eso y para eso trabajaba sin descanso. No obstante, la poesía era su forma natural de vida y los poemas fluían de su pluma con una facilidad inusitada, no exenta de constante pulimento. Así, comenzó a publicar, libro tras libro, durante estos primeros años, influido principalmente por Bécquer y Espronceda. Ninfeas, Almas de violeta, Rimas, Arias tristes, Jardines lejanos y Pastorales serán sus libros de juventud. En todos ellos el poeta se recrea en la belleza del campo, en deseos amorosos imposibles, en sueños y alucinaciones. En los textos de esta primera época puede apreciarse una predisposición a la melancolía. Después seguirán otros muchos libros (véase la cronología y la bibliografía de este monográfico) en los que Juan Ramón va dejando constancia de sus sensaciones, del paso de las estaciones, del goce con las cosas sencillas, de sus temores, ansias y amores. Sus poemas son como una guía espiritual o el diario de una persona sensible atravesada de sensualidad, espiritualidad y anhelo de perfección. Como Antonio Machado y Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez creía que los símbolos irían desentrañando verdades profundas y misteriosas que sólo la poesía podía desvelar. Así, la conciencia del misterio se impone en numerosos poemas donde el poeta de Moguer presenta las interrogantes primeras, que pueden resumirse en el intento de captación de lo eterno en el instante: «Quisiera clavarte, hora, igual que una mariposa, en su corazón… ¿Adónde irás, hora mía, mariposa no prendida?» (Estío, 1915). En los años que pasó en Moguer (1905-1911) escribió numerosos libros de poemas, pero quizá sea Platero y yo el texto con el que obtuvo fama inmediata, ya que se tradujo rápidamente a treinta idiomas. El libro está formado por estampas de su pueblo en las que el poeta va retratando tanto las cosas hermosas del entorno moguereño como las injusticias o la pobreza e ignorancia de la gente, transformadas gracias a su escritura en momentos idílicos, y Moguer en el paraíso de su imaginación. Puede verse cómo el poeta se concentra en las cosas sencillas que lo rodean y ahonda en ellas hasta encontrar lo esencial de las mismas: «¡Cómo está la mañana! El sol pone en la tierra su alegría de plata y de oro; mariposas de cien colores juegan por todas partes, entre las flores, por la casa —ya dentro, ya fuera— , en el manantial. Por doquiera, el campo se abre en estallidos, en crujidos, en un hervidero de vida sana y nueva» (XXV «La primavera», Platero y yo). |
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En 1911 Juan Ramón se marcha a vivir a Madrid para estar en contacto con las ideas y los poetas importantes de aquel momento. Es entonces cuando conoce a la que luego será su mujer, Zenobia Camprubí Aymar. Hija de un ingeniero español y de madre puertorriqueña, Zenobia le parecía una mujer distinta de las chicas españolas, por sus viajes y sus estudios. Conocía perfectamente el español y el inglés, ya que había pasado varios años en Estados Unidos. Colaboraron juntos en varias traducciones del inglés al español del poeta Rabindranath Tagore. Juan Ramón se enamoró perdidamente de ella, que era lo opuesto a él: una mujer práctica, alegre, resuelta y emprendedora. Para Zenobia, él era un ser excepcional, un poco ensimismado, muy apasionado y ardiente, y con la ilusión y capacidad de entrega de un niño desprotegido. Sin darse cuenta, también se enamoró de él, y era consciente, como más tarde expresó en uno de sus Diarios, de que lo necesitaba para vivir tanto o más que él a ella. (Diario I de Zenobia Camprubí, pág. 77). Se casaron en Nueva York el 2 de marzo de 1916. A su regreso a España, el matrimonio estableció su residencia en Madrid, y Juan Ramón se dedicó por entero a escribir y preparar lo que él consideraba «su obra en marcha». Publicó El diario de un poeta recién casado (1917), libro que abre una nueva etapa en la obra de este poeta, ahora mucho más densa y concentrada. Poesía desnuda, dedicada exclusivamente a lo esencial. Durante unos años escribe sin descanso numerosos libros de poesía y prosa, y más tarde se dedicará principalmente a corregir y reorganizar lo ya escrito y publicado, y a traducir junto a Zenobia la obra de Tagore, Shakespeare y otros. Son dos décadas de entrega completa a lo que Juan Ramón llamaría «el trabajo gustoso». El poeta no quería salir de casa, ni tener visitas; trabajaba muchas horas diariamente y era Zenobia la que se encargaba de resolver las cuestiones prácticas y materiales, y de pasar a máquina sus poemas. Además, a él le molestaban mucho los ruidos, por lo que se mudaron de casa varias veces. Por su dedicación e intransigencia se ganó la antipatía de muchos intelectuales y artistas, que creían que era un poeta exquisito que vivía de espaldas a la realidad. Pero se equivocaban al pensar así, ya que él mismo demostró (véase por ejemplo su libro Guerra en España, publicado póstumamente. Barcelona: Seix Barral, 1985), que estaba muy preocupado por todo lo que ocurría; conocía los libros que se publicaban, colaboraba en revistas, y se enteraba, por Zenobia o por la prensa, de la situación política del país y del resto del mundo. Empezada la Guerra Civil, Juan Ramón fue amenazado varias veces y temió por su vida. En agosto de 1936 consiguió un pasaporte diplomático y marchó con su mujer a Estados Unidos como embajador cultural de España. Los siguientes veinte años Juan Ramón y Zenobia vivieron en Cuba, Estados Unidos y Puerto Rico y ya no regresaron a España. Pero Juan Ramón vivió pensando constantemente en su patria, en su familia, y en su pueblo natal (Diario I de Zenobia Camprubí, pág. 47). Cuando escuchaba el español u oía cantar flamenco lloraba de emoción. Nunca logró superar su condición de exiliado (Diario I de Zenobia Camprubí, pág. 40). Su estado anímico a veces no le permitía trabajar, por lo que sufría depresiones constantes que obligaban a internarlo en hospitales de Estados Unidos y Puerto Rico. Como a Miguel de Unamuno, a Juan Ramón le dolía España y la llevaba en el corazón, y quería encontrarle algún sentido al mundo, ya que pensaba que el dios de las religiones positivas era ilusorio. Juan Ramón creía que los símbolos le permitirían entrar en el secreto del universo, y es durante este período cuando concibe la poesía como arma para desentrañar los misterios del cosmos. Su obra pasa a ser ahora autobiográfica, en el sentido de que habla abiertamente de su vida personal, de sus amistades e incluso de sus enemigos. En ella el poeta se pregunta por el significado del mundo. De este período son sus extensos poemas «Tiempo» (1941) y «Espacio» (1941-1954), que constituyen un diario espiritual y un intento por parte del poeta de explorar la relación del hombre con el universo. En este sentido, la búsqueda de Dios se convertirá asimismo en un anhelo constante. Creía, con Spinoza, que Dios existía, pero como fuerza de la naturaleza, o como algo inconcebible para los seres humanos. Siguiendo las ideas de este filósofo, creó un «dios/conciencia» a su imagen y semejanza, sustituto de esa fe que necesitaba para vivir: «Dios del venir, te siento entre mis manos, / aquí estás enredado conmigo, en lucha hermosa / de amor, lo mismo / que un fuego con su aire. / No eres mi redentor, ni eres mi ejemplo, / ni mi padre, ni mi hijo, ni mi hermano: / eres igual y uno, eres distinto y todo; / eres dios de lo hermoso conseguido, / conciencia mía de lo hermoso.» («La trasparencia, Dios, la trasparencia», Animal de fondo, 1949). Fue una persona genuina que expresó siempre lo que pensaba y sentía, aunque eso le acarreara problemas, e incluso contradicciones en su poética y en su vida. Por ejemplo, después de crear un dios y vivir para y por la poesía, indicó más tarde que sólo presentía el universo como hueco, y a Dios como algo ajeno e incomprensible: «Y en el espacio de aquel hueco inmenso y mudo, Dios y yo éramos dos» («Espacio», 1954). El 25 de
octubre de 1956, tres días antes de la muerte de Zenobia, le fue
otorgado el Premio Nobel de Literatura. Poco después murió, el 29 de
mayo de 1958. Los féretros de ambos fueron trasladados desde Puerto Rico
al cementerio de Jesús de Moguer. La vida y obra de Juan Ramón Jiménez
son testimonio de un ser excepcional que se dedicó por completo a vivir
de acuerdo a unos rigurosos principios éticos y estéticos. Destacó como
uno de los mejores poetas del modernismo, de las vanguardias y del
postmodernismo en el mundo occidental, dejando una poesía de alta
espiritualidad, un consuelo en el mundo material circundante. Nació en Moguer (Huelva), en 1881, en el seno de una familia de cultivadores y exportadores de vinos. A los once años fue alumno interno en el colegio de los jesuitas del Puerto de Santa María (Cádiz)Su infancia, según él mismo cuenta, está marcada por ventanas y puertas (“aquella casa vieja de grandes balcones”) por las que se asomaba a ver el mundo, la vida. El mundo real parece reducirse para el niño Juan Ramón a algo contemplado desde una ventana, desde la distancia: algo de lo que él no participa. En la Andalucía extremadamente clasista de finales de siglo, Juan Ramón tenía que ser un niño aislado, sin contacto verdadero con su ámbito externo: “De esos dulces años recuerdo que jugaba muy poco, y que era gran amigo de la soledad”. Tal inseguridad le durará ya toda su vida, y así puede verse en una carta a Juan Ramón de su prima María en que le dice que era “un niño de los que sabían ponerse enfermos a tiempo para salirse con todos sus gustos y ganarse todos los mimos y hacer siempre su santa voluntad”. La presencia del mar supuso siempre una referencia de luz y de belleza: una maravilla más contemplada que vivida. Es inevitable ver en todo esto el germen de un futuro mundo poético: el mundo de un solitario y apasionado contemplador. De los sentimientos y emociones de su infancia, algunos perdurarán y se agrandarán hasta convertirse en obsesiones que habían de modelar una vida y una obra. La soledad, a que tan frecuentemente hace referencia, puede determinar el también tantas ocasiones señalado amor a sí mismo, la constante introspección manifestada en ese afán de anotar en cada momento la reacción emocional de su espíritu ante la belleza contemplada.
En su adolescencia partió hacia Sevilla para estudiar Derecho, aunque se
interesó más por la poesía y la pintura —inicia su aprendizaje en este
arte en un taller neoimpresionista sevillano—. La carrera, iniciada por
imposición paterna, quedó sin acabar en este intento y en otros
posteriores. De todas formas, el hecho de pertenecer a una familia
acomodada libera al Juan Ramón adolescente de las preocupaciones y
trabajos de “labrarse un porvenir”. La familia del poeta, “culta,
tradicionalista y conservadora”, no se opuso a su vocación y le
alentó en sus aspiraciones. Su decisión de dedicarse por completo a la
poesía pudo tomarla porque la economía familiar se lo permitía y porque,
ya en Sevilla, de adolescente, la lectura de Bécquer le había puesto en
contacto con ella. Por la poesía había dejado sus estudios,
contraviniendo la voluntad de su padre.
En abril de 1900se traslada a Madrid, donde vive un
periodo de exaltado anarquismo. Este viaje se debe en Sin embargo, sólo resiste en la capital dos meses: “Me sentí muy enfermo y tuve que volver a mi casa.” Llegado el verano regresa a Moguer, en parte con el resquemor por los estudios de Derecho colgados, en parte por la neurosis depresiva que arrastrará toda su vida. Se produce entonces un hecho que le marcará profundamente, tanto en su aspecto humano como en el poético: la muerte de su padre (“... inundó mi alma de preocupación sombría”). Desde ahora el temor a la muerte se convertirá no sólo en tema poético básico, sino también en un problema mental que irá acompañado de fuertes depresiones durante muchos años de su vida. Por esta enfermedad, que, aunque Juan Ramón nos habla de “embolias coronarias”, parecía más psíquica que física, es internado en la primavera de 1901 en el sanatorio de Le Bouscat, dirigido por el doctor Lalanne. Aquí tuvo el poeta importantes contactos con la poesía francesa —parnasianos y simbolistas—, que ya conocía, y escribe su libro Rimas, que aparecería en Madrid en 1902. Tuvo, además, en Francia amores diversos, que darán lugar después a algunas de sus mejores poesías eróticas, amores que han sido profusamente documentados. El carácter enamoradizo de Juan Ramón Jiménez durará hasta que en 1913 conoce a Zenobia Camprubí (En la foto de la derecha, con J. R. Jiménez), y estos continuos, intensos y frustrados amores quedarán maravillosamente reflejados en toda su primera etapa poética. Su sentimiento de enfermedad —“este corazón que no acompañaba a mis piernas”—, ya no le abandonará nunca. Pero fue precisamente la enfermedad la que le permitió dedicarse de lleno a lo que le gustaba: “Mi vida es todo poesía. No soy un literato, soy un poeta que realizó el sueño de su vida. Para mí no existe más que la belleza.”
Una nueva crisis le lleva en 1905 a Moguer, donde pergeña Platero y yo, a la vez que sigue escribiendo poemas amorosos, inspirados en gran parte en el simbolismo francés, entre ellos uno de los más conseguidos: El viaje definitivo. El trienio 1905-1907 es duro para el poeta: a la crisis psicológica depresiva se une el progresivo descalabro económico de la familia. Vuelve a Madrid en 1911, sobre todo por la insistencia de Ramón Gómez de la Serna, en cuya revista “Prometeo” habían ido apareciendo varios poemas suyos, pero del que se irá distanciando al atraerle más el ambiente intelectual de la Residencia de Estudiantes que los “juegos” vanguardistas de Ramón. Se instalará en la Residencia en 1913, convirtiéndose en uno de sus principales animadores. Como hemos dicho más arriba, conoce en 1913 a la catalana Zenobia Camprubí, de quien se enamora profundamente. Ella lo rechaza, pero Juan Ramón Jiménez insiste; le dice —mentiras de todos los enamorados— que todas las amadas de sus poemas son fruto de su imaginación y posiblemente le inspira el mejor libro de poemas de amor «raté», que escribirá Juan Ramón Jiménez, Estío. Finalmente, como en tantos otros momentos de su vida, conseguirá su propósito, ya que la cultísima Zenobia le acepta. El año 1916 será decisivo para su vida y poesía: viajan juntos a Estados Unidos para casarse y Juan Ramón le promete el libro de amor más hermoso que se haya escrito, propósito sólo cumplido parcialmente en Diario de un poeta recién casado, ya que en este viaje el poeta redescubre el mar, que pasará a ser uno de sus más importantes símbolos poéticos, hasta el punto de que él mismo cambiará posteriormente el título a este libro por Diario de poeta y mar. Esta obra supone la frontera entre las dos grandes etapas en que suele dividirse su obra. Con él se abre el pórtico de la poesía pura y de la intelectualización de la lírica que origina la dificultad de ser entendida por muchos lectores. Al mismo tiempo entra en contacto con la poesía anglosajona, no en vano su mujer es la mejor traductora de Rabrindanãth Tagore, y pasa a ser un poeta reconocido y admirado. Tras su vuelta a Madrid encabeza todos los movimientos de renovación poética; dirige las revistas más cuidadas de nuestra literatura, y anima a todos los que después serán los grandes poetas del 27. Posiblemente su libro Eternidades (1918) sea uno de los libros poéticos más influyente de este siglo en lengua castellana. Pero el carácter de nuestro poeta es gratamente generoso, aunque no menos rencoroso; es descrito por Cernuda, posiblemente con acierto, como un Dr. Jeckill y Mr. Hyde. El homenaje a Góngora, en que se negó a participar, y unos equívocos sobre la colocación de uno de sus poemas debajo de otro de Unamuno le trajeron fuertes desavenencias con un grupo que, no sin razón, consideraba “suyo”. Tras su famosa conversación con José Bergamín, en la que intenta insultar, ante el enfado de éste, a los componentes del 27 como “mariconcillos de playa”, el distanciamiento se acentúa. Otros hechos significarían la ruptura definitiva con el grupo. Uno de ellos fue el telegrama grotesco de Luis Buñuel y Salvador Dalí, enormemente cruel para un hombre tan sensible como Juan Ramón Jiménez: “Amigablemente. Te felicitamos por tu Platero y yo. Es el burro más burro de todos los burros que hemos conocido”. También la discusión sobre la poesía pura (tenida por él como única poesía posible) y los cambios políticos que trajeron una “impureza” a la poesía, concretada en el hecho de que sus antiguos “discípulos” tomaron en 1935 como nuevo maestro a Pablo Neruda para que dirigiera la revista “Caballo verde para la poesía”. Fue en esa revista donde el gran poeta chileno publicó su Manifiesto de la poesía impura, contrario a la poesía pura encabezada por Juan Ramón Jiménez[1]. Entre 1918 y 1923 publicó Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919), Poesía (1923)y Belleza (1923), además de la Segunda Antolojía (1898-1918)[2], publicada en 1922. De 1921 a 1927 edita una serie de revistas en las que recoge parte de su obra en prosa y verso, además de dar a conocer la de otros escritores afines. De 1925 a 1935 publica sus Cuadernos, en los que da a conocer todo o casi todo lo que escribe en ese periodo. En estos Cuadernos, además de poemas, incluye cartas, retratos líricos de escritores y recuerdos literarios. Los seres humanos, casi inexistentes en sus poemas, son aquí observados con una penetración a veces malintencionada. Son figuras en que dibuja con hábiles palabras al mito del arte o la cultura. Coincidiendo con la publicación de sus Cuadernos, Juan Ramón Jiménez intensificó su actitud recelosa y solitaria. Al estallar la guerra civil, el papel del poeta siempre estuvo a la altura de las circunstancias: abrazó la causa republicana, y acogía en su casa a los niños huérfanos, para cuyo cuidado destinó sus ahorros cuando abandonó España en 1936, al ser nombrado en agosto agregado cultural de la Embajada de España en Washington. Fue invitado a pronunciar unas conferencias en la Universidad de Miami. El triunfo del general Franco le llevó a quedarse definitivamente en América y a recorrer varios de sus países y universidades, logrando el reconocimiento de gran poeta. El exilio tuvo que repercutir claramente en su obra, aunque él no fue nunca un hombre político —en el sentido estrecho de la palabra—. Es perfectamente comprensible que ese destierro le ayudase a separarse aún más de la realidad, a enclaustrarse en su mundo ideal, despreocupado ya totalmente de una realidad que, para facilitarle más su aislamiento, lo expulsaba lejos con su fealdad, con su inhabitable estructura social. Vive en Puerto Rico, su casi segunda patria; en La Habana, en Florida, en Washington y, a partir de 1951, cuando las fuerzas y el corazón vuelven a jugarle malas pasadas, se instala definitivamente en Puerto Rico. En estos años escribe los de sus libros más definitivos de su última etapa: La estación total (1946), Romances de Coral Gables (1948), Animal de fondo (1949), Dios deseado y deseante (1949) y el largo poema Espacio (1954). El año 1956 tendrá para él una doble cara: la concesión del premio Nobel de Literatura y la muerte de Zenobia, hecho del que el poeta ya no se recuperará (la importancia de Zenobia en su vida es casi imposible de cuantificar, dado el carácter neurótico y depresivo del poeta). Dos años después, en una desolación total, fallece en Puerto Rico.
Juan Ramón Jiménez (1881-1958)
belonged to the group of writers who, in the wake of Spain's loss of her
colonies to the United States (1898), staged a literary revival. The
leader of this group of modernistas, as they called themselves,
Rubén Darío, helped Juan Ramón to publish Almas de violeta (Souls
of Violet), 1900, his first volume of poetry. The years between 1905 to
1912 Ramón Jiménez spent at his birthplace, Moguer, where he wrote
Elejías puras (Pure Elegies), 1908, La soledad sonora (Sonorous
Solitude), 1911, and Poemas mágicos y dolientes (Magic Poems of
Sorrow), 1911. His early poetry was influenced by German Romanticism and
French Symbolism. It is strongly visual and dominated by the colours
yellow and green. His later style, decisive, formally ascetic, and
dominated by white, emerges in the poetic prose of his delicate
Platero y yo (Platero and I), 1914, and is fully developed in
Diario de un poeta recién casado (Diary of a Newly-Wed Poet), 1917,
written during a trip to the United States, as well as in Eternidades
(Eternities), 1918, Piedra y cielo (Stone and Sky), 1919,
Poesía (Poetry), 1923, and Belleza (Beauty), 1923. In the
twenties, Ramón Jiménez became the acknowledged master of the new
generation of poets. He was active as a critic as well as an editor of
literary journals. In 1930 he retired to Seville to devote himself to
the revision of his earlier work. Six years later, as the result of the
Spanish Civil War, he left Spain for Puerto Rico and Cuba. He remained
in Cuba for three years and, in 1939, went to the United States, which
became his residence until 1951, when he moved definitely to Puerto
Rico. During these years Juan Ramón taught at various universities and
published Españoles de tres mundos (Spaniards of Three Worlds),
1942, a book of prose portraits, and several collections of poems, among
them Voces de mi copla (Voices of My Song), 1945, and Animal
de fondo (Animal of Depth). The latter book, perhaps his best,
clearly reveals the religious preoccupations that filled the last years
of the poet's life. Selections from most of his works were published in
English translation in Selected Writings of Juan Ramón Jiménez
and Three Hundred Poems, 1903-1953. Ramón Jiménez died in Puerto
Rico in 1958. From Nobel Lectures,
Literature 1901-1967, Editor Horst Frenz, Elsevier Publishing
Company, Amsterdam, 1969 This autobiography/biography
was first published in the book series Les Prix Nobel. It was
later edited and republished in Nobel Lectures. To cite this
document, always state the source as shown above. Juan Ramón Jiménez died on May 29,
1958. Spanish poet who was awarded the Nobel
Prize for Literature in 1956. Jiménez made his birthplace Moguer in
Southern Spain famous by his series of prose poems of a young writer and
his donkey, PLATERO Y YO (1914, Platero and I), one of the classics of
modern Spanish literature. Jiménez's early poetry was ornamental,
romantic, and often filled with dreams of love. During his second period,
from 1917, he wrote "naked" poetry, in which the images were reduced to
their essence. A central theme in Jiménez's work was the oneness and
beauty of the world. ¡Intelijencia, dáme
Juan Ramon Jiménez was born as the son of
Victor Jiménez, a banker, and Purificación Mantecón y Lopez Parejo. He
spent his childhood and adolescence in Moguer, an area of exceptional
beauty. Later Jiménez celebrated its people and landscape in his works.
Jiménez started to write early poetry, composing his first works at the
age of seven. He attended a Jesuit Academy in Cádiz and then studied law
at the University of Seville, showing there an interest in painting.
However, Jiménez soon abandoned his studies, and also stopped painting,
to devote himself entirely to writing. In 1900 Jiménez was invited to Madrid by
the poets Francisco Villaespesa and Rubén Darío, who had seen his verses
in Vida nueva, a Madrid review. He became a member of the
modernist literary circles and founded two literary reviews, Helios
(1902) and Renacimiento (1906). Helios appeared for only one year,
but it has much cultural-historical importance due to Jiménez's work.
When Jiménez's father died in 1900, he
fell into a depression and returned to Moguer. His preoccupation with
death lasted the rest of his life. Poetry, the experience of beauty,
became for him a means of struggling against nothingness. To recover
from his first bout of mental illness, Jiménez was sent to a sanatorium
in France. Between the ages 24 and 31 he published nine volumes of
poetry. Later he also revised early verses, trying to find perfection of
expression, but knowing he would never reach it. Among the early
collections were ALMAS DE VIOLETA, NINFEAS, both from 1900, RIMAS
(1902), ARIAS TRISTES (1903), JARDINES LEJANOS (1904), and PASTORALES
(1905). The works reveal the poet's mastery of metaphor and skill in
capturing impressionistic images of nature. Impressionism also
fascinated him in painting and he often listened Beethoven's VIth
symphony and piano sonatas. From 1905 to 1911 Jiménez lived in Moguer
and wrote several collections of poetry. In ELEGÍAS PURAS (1908) and
BALADAS DE PRIMAVERA (1910) Jiménez continued to experiment with
different meters. He moved to Madrid in 1912, translated with the
American Zenobia Camprubí the work of the Hindu poet Rabindranath Tagore,
and wrote the popular Platero and I. Platero follows the poet on
his trips to town and to countryside, its silent company is a contrast
to the poet's ecstatic linguistic observations. After Platero's death he
visits its grave and asks, "do you still remember me?" - it is the
donkey who is supposed to remember, not the poet. In 1916 Jiménez sailed in pursuit of
Zanobia Camprubi to New York, and married her. This was the first
crucial sea voyage in his life - the second happened in 1948. The sea
led his thoughts to nothingness and the cold depth beneath the changing
surface. The trip led to publication of DIARIO DE UNA POETA RECIÉNCASADO
(1918), in which he used free verse and concentrated form. Many verses
from this period sound almost like prose. ETERNIDADES meant a new
direction in Jiménez's literary production. He decided to return to the
simplicity of his earlier poetry, In BELLEZA (1923) he contemplated the
writer's relationship to beauty. Jiménez worked from the 1910s for the
next twenty years as a critic and editor at various literary journals in
Spain. His influence was seen on the early works of Vicente Aleixandre,
and on others; in the 1920s Jiménez also met in Madrid the young
Federico García
Lorca, who studied law at the university. From 1923 to 1936 Jiménez
did not publish any books of new poetry. After the outbreak of the
Spanish Civil War, the Republican government appointed him honorary
cultural attaché to the United States. He remained abroad from 1939,
when Franco's forces won control of Spain. In 1951 Jiménez settled with
his wife in San Juan, Puerto Rico, where he lectured and gave classes at
the university. However, he never considered himself a writer in exile,
but a servant of poetry. In 1956, the same year he won the Nobel Prize,
his wife died. Jiménez never recovered and died in San Juan on May 29,
1958. Jiménez's poetic output was immense. His
better-known works include SONETOS ESPIRITUALES 1914-1915 (1916), PIEDRA
Y CIELO (1919), POESÍA, EN VERSO, 1917-1923 (1923), POESÍA EN PROSA Y
VERSO (1932), VOCES DE MI COPLA (1945), ANIMAL DE FONDO (1947). LA
ESTASIÓN TOTAL (1946), which appeared in Buenos Aires, was ignored in
Spain. Jiménez's last book was DIOS DESENDO Y DISEANTE (1949, God
Desired and Desiring), a testament and identification with all that is
beautiful and creative in nature. As a Platonist, Jiménez believed in a
universal consciousness that existed apart from individual consciousness.
Colors and music were central to his work. In one poem Jiménez compared
music to a "naked woman, running wildly in a clear night." Las mil torres el mundo, contra un
ocaso de oro, For further reading:
Encyclopedia of World Literature in the
20th Century, ed. by Steven R. Serafin
(1999, vol. 2); Self and Image in Juan
Ramón Jiménez by J.C. Wilcox (1986);
Word and Work in the Poetry of Juan Ramón
Jiménez by M. Coke-Enguidanos (1982);
Vida y obra de Juan Ramón Jiménez
by G. Palau de Nemes (1974, 2 vols.); Juan
Ramón Jiménez by H.T. Young (1967);
Circle of Time by P.
Olson (1967); La obra en prosa de Juan
Ramón Jiménez by M.P. Predmore (1966);
Estudios sobre Juan Ramón Jiménez
by R. Gullón (1969); La segunda época de Juan
Ramón Jiménez by A. Sánchez-Barbudo (1962);
The Selected Writings of Juan Ramón Jiménez
by H.R. Hays (1957) Selected works: ALMAS DE VIOLETA, 1900 NINFEAS, 1900 RIMAS, 1902 ARIAS TRISTES, 1903 JARDINES LEJOS, 1904 PASTORALES, 1905 ELEJÍAS PURAS, 1908 ELEGÍAS INTERMEDIAS, 1909 OLVIDANZAS, 1909 BALADAS DE PRIMAVERA, 1910 LA SOLEDAD SONERA, 1911 POEMAS MÁGICOS DOLIENTES, 1911 MELANCOLÍA, 1912 LABERINTO, 1913 PLATERO Y YO, 1914 - Platero and I -
Harmo ja minä ESTÍO, 1915 SONETOS ESPRITUALES 1914-1915, 1916
DIARIO DE UN POETA RECIÉNCASADO, 1917
POESÍAS ESCOGIDAS (1899-1917), 1917 ETERNIDADES, 1918 PIEDRA Y CIELO, 1919 SEGUNDA ANTOLOGÍA POÉTICA
(1899-1918), 1922 POESÍA, EN VERSO, 1917-1923, 1923
BELLEZA, 1923 UNIDAD, 1925 OBRA EN MARCHA, 1929 SUCESIÓN, 1932 POESÍA EN PROSA Y VERSO, 1932
PRESENTE, 1934 I (HOJAS NUEVAS, PROSA Y VERSO), 1935 CANSIÓN, 1936 LA ESTACIÓN TOTAL CON CANCIONES DE
NUEVA LUZ, 1936 POLÍTICA POÉTICA, 1936 VERSO Y PROSA PARA NIÑOS, 1937 CIEGO ANTE CIEGOS, 1938 ESPAÑOLES DE TRES MUNDOS, 1942 ANTOLOGÍA POÉTICA, 1944 VOCES DE MI COPLA, 1945 LA ESTACIÓN TOTAL CON LAS CONCIONES
DE LA NUEVA LUX, 1946 ANIMAL DE FUNDO, 1947 DIARIO DE POETA Y MAR, 1948 (new
version of Diario de un poeta reciéncasado) ROMANCES DE CORAL GABLES (1939.1942),
1948 DIOS DESENDO Y DISEANTE, 1949 - God
Desired and Desiring Fifty Spanish Poems, 1950
TERCERA ANTOLOJÍA POÉTICA, 1957 EL ZARATÁN, 1957 Selected Writings, 1957 LA CORRIENTE INFINITA 1903-1954, 1961 POR EL CRITISAL AMARILLO 1902-1954,
1961 EL TRABAJO GUSTOSO 1948-1954, 1961 Three Hudred Poems 1903-1953, 1962
EL MODERNISMO: 1962 CARTAS 1898-1958, 1962 PRIMERAS PROSAS 1890-1954, 1962 LA COLINA DE LOS CHOPOS 1913-1928,
1965 Forty Poems, 1967 Lorca and Jiménez: Selected Poems,
1973 ISLA DE LA SIMPATÍA, 1981 TIEMPO Y ESPACIO, 1982 - Time and
Space LA REALIDAD INVISIBLE (1917-1920,
1924), 1983 - Invisible Reality GUERRA EN ESPAÑA, 1936-1953, 1985 Stories of Life and Death, 1986
Space and Time: A Poetic
Autobiography, 1987 Light and Shadows, 1987
The Complete Perfectionist, 1997 |
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