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John M Keynes
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. Vida y obra
020409 - Economista inglés que ha ejercido gran influencia sobre la ciencia
económica burguesa actual; fue profesor en la Universidad de
Cambridge, presidente de una gran compañía de seguros inglesa, autor
de varios trabajos sobre problemas generales de la teoría económica,
de la teoría del dinero y de la circulación monetaria.
El libro más
difundido de Keynes es el titulado “Teoría general de la ocupación,
el interés y el dinero” (1936), en el que se expone la teoría del
capitalismo regulado”. La esencia de la teoría keynesiana estriba en
que el Estado burgués, con el fin de conservar y consolidar el
régimen capitalista, debe intervenir activamente en la vida
económica y asegurar elevadas ganancias a los monopolios
capitalistas más importantes. Para ello, a juicio de Keynes, hay que
fundar y ampliar empresas capitalistas a cuenta del presupuesto
estatal, hay que prestar ayuda financiera a los monopolios. No es
pequeño el papel que confiere Keynes al desarrollo de las industrias
de guerra con el fin de aumentar el empleo de la población y
disminuir el crecimiento del paro forzoso. Para llevar a cabo estas
medidas, Keynes y sus partidarios proponen elevar los impuestos que
pagan los trabajadores, intensificar más aun el trabajo de los
obreros.
Desde el punto de vista de Keynes, las crisis económicas
pueden superarse regulando la circulación monetaria. Para que se
eleve la ocupación y se amplíe la producción, propugnaba Keynes que
el Estado asegurara el incremento de la rentabilidad del capital
disminuyendo el salario real de los trabajadores, redujera el tipo
de interés, recurriera a la inflación, mantuviera una política de
militarización de la economía a costa de los recursos estatales,
aumentara los gastos con otros fines no productivos. Entendía Keynes
que el Estado burgués puede reducir el paro forzoso si se regula el
consumo, la inversión de capital en la producción y el nivel del
tipo de interés. Keynes y sus partidarios (el inglés Beveridge, los
norteamericanos Hansen, Chase y otros) se han manifestado como
apologistas del capitalismo monopolista de Estado. Los keynesianos
creen que para aumentar la producción y el empleo de los obreros hay
que asegurar altas ganancias y elevar el consumo no productivo de
los capitalistas. Al mismo tiempo, propugnan que el Estado burgués
utilice a los desocupados en obras publicas, que han de contribuir a
que se incorpore fuerza de trabajo adicional y a que aumente la
demanda de artículos de consumo. La idea de Keynes sobre la
organización de trabajos públicos obligatorios encontró su
aplicación práctica más completa en la Alemania hitleriana. Ahora
bien, el que los capitalistas, según recomiendan los keynesianos,
aumenten el consumo personal de artículos de lujo no puede provocar
ningún aumento significativo de la demanda ni, por tanto, puede
influir seriamente en el volumen de la producción. Bajo el
capitalismo, los consumidores fundamentales son las masas
trabajadoras, y sólo es posible aumentar en gran escala la demanda
de bienes de consumo elevando el bienestar de las amplias masas
populares, cosa que el keynesianismo no prevé. Carecen de base
científica las tentativas de los keynesianos en el sentido de
explicar por motivos psicológicos las crisis de superproducción, las
fluctuaciones de los precios en el mercado, etc., así como el
asignar al tipo de interés un papel extraordinario en la economía
del mundo capitalista. Las concepciones económicas de Keynes figuran
en la base de la teoría de la “economía dirigida”, teoría difundida
en el mundo capitalista y que han incorporado también a su arsenal,
los socialistas de derecha y los revisionistas.
Vida y obra
Con John Maynard Keynes (1883-1946) aparece
la respuesta del siglo XX, a las grandes figuras que habían dado forma y
dirección a la ciencia económica durante los siglos XVIII y XIX. Su
trabajo ha sido ampliamente criticado pero su influencia se dejó sentir
muy pronto, proporcionó respuesta a las cuestiones candentes de la época
que la economía política convencional dejaba en gran parte sin resolver.
En los libros de texto escritos en la década de 1930 no se encuentra un
tratamiento sistemático de la macro que trate de la determinación de los
grandes agregados de la renta y el empleo. En los textos de 20 años
después, este tratamiento ocupa un lugar destacado junto al de la
microeconomía, la teoría monetaria, la política pública, tributación,
los gastos del gobierno y el comercio internacional y las finanzas. Su
influencia no se limitó a los países de habla inglesa, sino que se
extendió por todo el mundo no comunista, más, por los países muy
desarrollados que se enfrentaban a problemas similares de estabilización
económica. Pero también por los países subdesarrollados en tanto en
cuanto se iban preocupando por el comportamiento de sus rentas dentro
del marco del crecimiento económico. Aunque la teoría del crecimiento es
muy poskeynesiana, procede del modelo de pensamiento macro relacionado
con Keynes.
Keynes realizó su obra él solo, su
pensamiento era algo más que una extensión lógica del legado científico
del pasado y proporcionó soluciones para las necesidades de aquella
época, en mayor medida de los que podría decirse al respecto, en cuanto
a los que realizaron la revolución marginalista.
Bertrand Russel influyó sobre el
primer trabajo de Keynes sobre la teoría de la probabilidad y la
filosofía de George Moore influyó en su forma de vida y en una actitud
no conformista en cuanto a desafiar a las doctrinas aceptadas y a los
convencionalismos. Con relación a su economía política, estuvo en su
primera fase moldeada por
Marshall y
Pigou. La
ruptura posterior de Keynes con el pensamiento de sus primeros maestros,
significó también una ruptura con la actitud reverente de Marshall hacia
la corriente principal de la tradición de la economía política inglesa.
Mientras Marshall había contemplado con reverencia a
Ricardo y a
Mill y había
intentado vincular su propio pensamiento con el de ambos, Keynes admitía
la afinidad de sus propias ideas con las de los "Principios de economía
política" de Malthus y con las de otros escritos no ortodoxos que ponían
en duda la suficiencia de la demanda. La esencia del pensamiento de
Keynes difiere de la de Ricardo, pero existe una similitud en cuanto a
sus realizaciones intelectuales, ya que ambos construyeron una imponente
estructura de pensamiento que, aunque abstracta y general, respondía a
las condiciones de su época; ambos pensamientos estaban destinados a
influir en la política de una forma que afectaría a la suerte de su
propio país, por no decir a la del mundo, y estaban construidos mediante
unas pocas variables que integraban las distintas partes del edificio.
Todos los escritos importantes de
Keynes sobre economía estuvieron instigados por los problemas económicos
de su época y fueron como intentos de desarrollar principios generales,
de los que deducir soluciones para dichos problemas. Su primer libro
Moneda india y finanzas de 1913, contiene un análisis del patrón
monetario conocido en el nombre de gold-excange standard (patrón
oro de cambio), bajo el que todos los países fijan su moneda con
respecto a un país que siga el patrón oro. De este trabajo procede el
interés de Keynes por la economía monetaria, que le duró toda su vida.
El gran conocimiento que tenía del patrón oro de cambio, le colocó en
una posición privilegiada cuando empezó a utilizarse este, ampliamente,
en la década de 1920.
"Tratado sobre la reforma monetaria"
Obra escrita en 1923, en el período
de entreguerras, tras los desórdenes monetarios que la
Primera Guerra había
dejado detrás de sí, contiene un ataque contra un objetivo, rompe con la
larga tradición que consideraba como algo evidente por sí mismo la
deseabilidad del patrón oro. En su opinión, las condiciones que habían
apoyado al patrón oro en el siglo XIX había sufrido profundos cambios.
Por otra parte, ensalzó el ideal de los precios estables, no siempre
compatible con unas tasas de cambio también estables. Si hubiera que
escoger entre unos precios estables y unas tasas de cambio estables,
Keynes habría preferido los primeros. Señaló que un país que se somete a
la disciplina del patrón oro compromete su libertad para seguir una
política interior independiente. Si hay inflación en otro lugar
cualquiera, y especialmente en una nación importante, ello será causa de
que aquel país aumente su oro y de que la inflación se extienda también
dentro de sus fronteras; la deflación en otro lugar del mundo, tendría
los efectos opuestos. Las autoridades monetarias siguen de hecho, bajo
el patrón oro, políticas que apoyan las operaciones de éste o que evitan
algunas de sus consecuencias. Es decir, que el patrón oro no es
automático, sino que requiere que se le dirija, es decir, que le ocurre
lo mismo que si se llevara a cabo una política de dinero dirigido bajo
la cual a las tasas de cambio les estaría permitido variar más
libremente que si estuvieran adheridas al oro. Keynes publicó en aquella
época un folleto,
El fin del "Laissez Faire", que elevaba el debate a un más alto
nivel y que ponía de manifiesto la necesidad de administrar y controlar
la economía.
"Tratado sobre el dinero"
Obra en dos volúmenes que aparecieron
en 1930. Contiene una exposición detallada de la teoría y de la política
monetaria, su impacto fue limitado debido a que fue eclipsada por su
Teoría general de 1936. La posterior dirección del pensamiento de
Keynes está indicado por su actitud crítica frente a la teoría
cuantitativa del dinero y la de los saldos en efectivo y por su apoyo a
las teorías que estudian dicho tema desde el punto de vista de la renta.
Para desarrollar una teoría de los precios y sin olvidar el tipo de
interés, tomó como punto de partida, no la cantidad de dinero, sino el
movimiento de las rentas monetarias ganadas por la producción de bienes
de consumo y de bienes de capital y gastadas en el consumo y la
inversión. En esta obra, Keynes intenta analizar la relación
ahorro-inversión, relación que reaparecería, en forma diferente, en la
Teoría general. Las aportaciones del Tratado son:
El análisis de los motivos para retener dinero,
La preferencia relativa del público por mantener sus haberes en una
forma más o menos líquida, y
Los beneficios anticipados del nuevo
capital.
Estas ideas alcanzaron plena madurez
en la Teoría general, en la que la primera aparece con el título de
clasificación de los motivos para conservar el dinero, la segunda, con
el de preferencia por la liquidez y la tercera con el de eficacia
marginal del capital. El Tratado no considera la función de consumo.
Arroja luz sobre las relaciones existentes entre el dinero, los precios
y los tipos de interés, pero no contiene una teoría de la determinación
de la renta nacional, que sí se encuentra en la Teoría general. En esta
obra, Keynes realiza una síntesis del Tratado y unía este análisis
dentro del marco de una teoría de la producción.
En diferentes contextos, renueva su
petición de dirección y control, y amplía la idea al campo internacional
al proponer que se instaure una autoridad monetaria supranacional de un
tipo similar a la organización creada en
Bretton Woods 25 años más
tarde. Reitera lo expresado en anteriores artículos periódicos, acerca
de las indeseables consecuencias del movimiento incontrolado de capital
a través de las fronteras internacionales. Señala que las inversiones en
el extranjero se hacen como consecuencia de los que los tipos de interés
sean más altos en el exterior. Pueden no conducir a ajustes en forma de
mayores exportaciones de mercancías, debido a que el movimiento de éstas
refleja disparidades más bien en cuanto a costes, que en cuanto a tipos
de interés. Las inversiones en el exterior pueden ser causa de que suban
los tipos de interés en el interior, pueden frustrar la reducción del
desempleo en el interior y pueden requerir el asumir riesgos no
garantizados. A fin de evitar la desviación de fondos de la inversión en
el interior al exterior, Keynes sugiere condiciones diferentes para
ambas, un subsidio en el primer caso y un impuesto en el segundo.
Durante la década de 1930, se volvió también aprensivo respecto a los
efectos del libre comercio sobre un país como Inglaterra que
difícilmente equilibraba la balanza de pagos ya que sus importaciones
superaban en gran medida a las exportaciones. Sugirió que en lugar de
permitir verse forzada a una deflación o a una disminución de los
salarios, debería llevar a cabo una política de protección mediante
tarifas. En un artículo publicado en 1933 va más lejos, indicando que
una política de mayor autosuficiencia y aislamiento económico podría
reducir los costes de ajuste intolerables en caso contrario.
Entre las grandes figuras del pasado
Keynes destaca a Malthus y a
Jevons. Son los
que más dejaron sentir su influencia sobre el trabajo de Keynes y con
los que sus doctrinas o métodos estuvieron más hermanados.
"La teoría general"
La
teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, fue la obra
cumbre de Keynes, publicada en 1936. La reacción inicial a este trabajo
no fue universalmente favorable, pero gran parte de la esencia de su
pensamiento pasó pronto a formar parte de la doctrina económica
normalmente aceptada. Durante la II Guerra, publicó un pequeño tratado
titulado Cómo pagar la guerra en 1940, en el que desarrolló el
concepto del "bache inflacionista" propuso préstamos forzosos, unas
veces descritos como ahorros forzosos y otras como pagos diferidos para
financiar la guerra. Posteriormente representó a
Inglaterra en la
conferencia de
Bretton Woods en 1944, en la que se debatió el proyecto
de creación del
Fondo Monetario Internacional y del
Banco Mundial y
también en otras negociaciones internacionales. Abogó por una
organización financiera internacional con importantes posibilidades de
expansión monetaria. Su plan no fue adoptado en aquel momento pero sí
llegó a realizarse parcialmente más tarde.
El capitalismo libera de la época
moderna, que
Adam Smith había
anunciado, cuya victoria había sido proclamada por
David Ricardo y que Karl
Marx había
intentado destruir, fue transformado por Keynes. Cuando publicó esta
obra el mundo estaba sufriendo todavía el masivo desempleo de la gran
depresión. La desesperanza se extendía respecto a un orden económico que
dejaba a tantos hombres sin trabajo. La economía política convencional
aconsejaba nuevas deflaciones, bajas de salarios y restricciones
presupuestarias, pero todos estos remedios demostraban no hacer sino
agravar la enfermedad, en lugar de aliviarla. Se oían voces que
anunciaban el derrumbamiento del capitalismo y que proclamaban el
cumplimiento de las predicciones de
Karl Marx. Keynes indicó el camino para
una solución diferente y su trabajo proporcionó un marco teórico que
contenía tanto un diagnóstico de las enfermedades económicas principales
de la época, como sugerencias para su curación. Su pensamiento fue
conquistando gradualmente la opinión económica y, bajo su influencia, el
pleno empleo se convirtió en un objetivo que fue explícitamente apoyado
por los gobernantes de muchos países y buscado mediante las políticas
propuestas por él. En las décadas que siguieron a la
Segunda Guerra, las
depresiones se convirtieron en los países muy desarrollados en suaves y
cortas recesiones, transformación que muchos observadores han atribuido
a la efectividad de la economía keynesiana.
En la evolución del pensamiento de
Keynes las ideas expresadas en la teoría general representan un
desplazamiento desde la estabilización de los precios como objetivo de
la política pública, a la estabilización de la renta y del empleo a
altos niveles. La esencia de esta obra se puede resumir así: La renta
nacional es igual a la suma de los gastos de consumo e inversión. Una
renta nacional de subempleo indica que los gastos son deficientes. Entre
los gastos de consumo e inversión, los de consumo son más pasivos y
tienden a variar como respuesta a las variaciones de la renta. Las
variaciones de la renta están originadas por las variaciones de la
inversión, a las que reflejan en forma ampliada. El gasto de inversión
está determinado por la relación existente entre la tasa de retribución
de la inversión esperada y el tipo de interés. El tipo de interés
refleja la preferencia del público por mantener parte de sus haberes en
forma líquida. El gasto deficiente, es decir, insuficiente para generar
el pleno empleo, puede ser aumentado mediante el estímulo del consumo y
de la inversión. La inversión privada puede ser complementada mediante
la inversión pública, o sea, por el gasto compensatorio de las
autoridades públicas, que dará por resultado una "economía
compensatoria" y la socialización parcial de la inversión.
Keynes construyó esta teoría con la
ayuda de un instrumento analítico:
En primer lugar, la función de
consumo o propensión al consumo, es decir, la relación funcional entre
el consumo y la renta. Formulado en forma media o marginal y tiene su
contraparte en la propensión al ahorro, siendo la suma de ambas
propensiones igual a la renta o unidad. La relación entre el consumo y
la renta se supone bastante estable, y no fija, y ello facilita las
predicciones acerca de las cantidades que los consumidores desembolsarán
de las diferentes e hipotéticas rentas.
En segundo lugar, el multiplicador,
inversamente relacionado con el ahorro, y definido como el inverso de la
propensión marginal al ahorro, el cual indica la forma que una variación
de la inversión origina una variación múltiple del gasto de consumo y,
por lo tanto, de la renta. Para una propensión al consumo determinada,
el multiplicador hacía posible calcular las variaciones de la renta
producidas por las variaciones de la inversión.
El tercer elemento del instrumento
analítico de Keynes es la relación entre el ahorro y la inversión,
considerada nuevamente en la Teoría general. En el tratado el ahorro y
la inversión son considerados como desiguales, en ésta son descritos
como iguales por definición, al ser descritos ambos cono la diferencia
existente entre la renta y el consumo durante el mismo período. Sin
afectar a la esencia del argumento de Keynes, muchos intérpretes de su
pensamiento prefieren, sin embargo, una diferente formulación, en la que
se distingue entre el ahorro ex- ante o planeado y el ahorro ex-post o
realizado. En esta interpretación, mientras el ahorro expost es
definido, al igual que la inversión, como la diferencia entre la renta y
el consumo del mismo período, con lo que el ahorro y la inversión son
por definición iguales entre sí, el ahorro exante es considerado como la
diferencia entre el consumo de un período y la renta del período
precedente. El ahorro ex- ante puede ser menor o mayor que la inversión;
en el primer caso, la renta y el ahorro se elevarán consiguientemente
durante los períodos siguientes hasta que el ahorro ex -ante, el ahorro
ex-post y la inversión sean iguales entre sí cuando se alcance la renta
de equilibrio. En el segundo caso, la renta, y con ella el ahorro,
bajarán durante los períodos siguientes hasta que hayan descendido hasta
el nivel de equilibrio.
La cuarta parte del instrumento
analítico de Keynes lo constituye el incentivo a invertir, que refleja
las variaciones de la eficacia marginal del capital o tasa de
rendimiento esperada de las diferentes sumas de inversión, y el tipo de
interés. Este análisis adjudica un lugar prominente al papel
representado por las expectativas y subraya el carácter volátil de las
inversiones, cuyas fluctuaciones afectarán a su vez, a la renta.
Coordina la decisión de inversión con el cuerpo central de la teoría
microeconómica al interpretar dicha decisión en función del principio
de maximización. Si disminuyen los rendimientos marginales esperados,
conforme aumentan las sumas dedicadas ala hipotética inversión, los
rendimientos serán maximizados mediante un gasto de inversión cuya tasa
marginal de rendimientos sea igual al tipo de interés. Si se realizan
gastos mayores, el coste será superior a los rendimientos y si son
menores los inversionistas no agotarán las oportunidades para conseguir
rendimientos por encima del coste.
Keynes se adhiere a la teoría de la
preferencia por la liquidez para interpretar el interés, teoría
monetaria que explica el fenómeno en función del dinero, a diferencia de
las teorías "reales", como la teoría de la preferencia de tiempo o la
teoría del interés-productividad. Desde aquel punto de vista, el tipo de
interés está relacionado funcionalmente con la cantidad de dinero en
efectivo que el público desea retener disminuyendo los tipos de interés
conforme suben los supuestos saldos en efectivo. La función de
preferencia por la liquidez refleja los diversos motivos para retener
dinero en efectivo: motivos de especulación inducen a los hombres a
preferir el dinero en metálico a los valores cuando, en contraste con la
opinión reinante en el mercado, esperan que los precios de los valores
vayan a bajar o, lo que es lo mismo, que el tipo de interés vaya a
subir. Las autoridades monetarias, al dotar al público de mayores saldos
en efectivo, pueden hacer que el tipo de interés descienda, estimulando
con ello un mayor volumen de inversión. La trampa de la liquidez, pone
un límite a esta oportunidad porque una vez que el tipo de interés ha
llegado a un nivel muy bajo, el posterior aumento de los saldos en
efectivo no podrá ya seguir haciéndolo bajar. A este bajo nivel, los
poseedores de valores creerán que lo único que puede esperarse es un
aumento de los tipos de interés o una disminución de los precios de los
valores, y estarán por ello, dispuestos a vender valores a las
autoridades monetarias a los precios reinantes, a fin de mantener el
tipo de interés como está. Por lo tanto, la pretensión de enfrentarse a
una depresión mediante una política puramente monetaria puede resultar
un fracaso y deberá recurrirse a la política fiscal.: obras públicas o
reducciones de impuestos.
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