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Frida Kahlo

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Biografía (Español) - Fuente Psikeba - Dolor y arte: Frida Kahlo - Adriana Wenger (
adriana_wenger@yahoo.com.ar)

Transgresora, valiente, feroz, herida, desafiante... imágenes que se suceden y nos golpean de Frida Kahlo. Su pintura es su testimonio: de su lucha, de su sér - con acento como escribía el poeta César Vallejo - enclavada en su tierra y en el tiempo que le tocó vivir.

Nació en el año 1907, pero identificada con el nuevo México le gustaba decir que había nacido con la Revolución Mexicana.

Su padre fue Guillermo Kahlo, descendiente de judíos húngaros; nació en Alemania. A los 19 años viaja y se instala en México, casándose en segundas nupcias con Matilde Calderón. La tercera de las hijas es Frida, será "la preferida" de su padre.

Guillermo Kahlo aprende el arte de la fotografía de su suegro, instalándose como fotógrafo profesional. Esta actividad funcionará para Frida como un razgo que ella extrae y que será eje de su pintura: la serie de auto-retratos que se suceden a lo largo de toda su obra. Con su padre se adentró en el conocimiento de la arqueología y el arte de México y también en la técnica de la fotografía. Las minúsculas pinceladas en el retocado de fotografías pasó a formar parte de su estilo. Frida dijo que sus cuadros eran como las fotografías hechas por su padre para servir como ilustración de calendarios; ella pintaba los calendarios que se encontraban dentro de su cabeza.

Un profundo amor y admiración la unía a su progenitor. En cambio, a su madre la definía como fría, calculadora y fanaticamente religiosa. Una de sus obras se titula "Mi nana y yo" y está representada allí la nana indígena que la amamanta y Frida en sus brazos con cuerpo de niña y rostro de mujer grande. No hay contacto a nivel de la mirada, los ojos de Frida miran adultos y profundos hacia adelante. La nana se vuelve la encarnación mítica de las raíces mexicanas, grande, morena, nutriente, emparentada a la tierra, pero también amenazadora, enigmática con su rostro máscara de piedra de Teotihuacan y los ojos vacíos y fijos.

Esta presentación de Frida no es arbitraria o meramente biográfica. Remarca la manera de presentarse de la pintora. Un cuadro sobre sus orígenes representa los abuelos maternos rodeados de símbolos mexicanos y los paternos en relación al océano, la procedencia de otro continente. La composición del cuadro está jugado a la manera de un árbol genealógico, y Frida está representada como una niña de tres años, de pie en el jardín de la Casa Azul de Coyoacán sosteniendo la cinta que enlaza a sus progenitores y abuelos.

Un accidente brutal marca su vida. En 1925 teniendo l8 años viajaba en un camión - que se usaba como transporte público en aquella época- junto a su amigo Alejandro Gómez Arias regresando a Coyoacán despues de haber asistido a la celebración de la independencia mexicana de España. Un tranvía embiste al camión en la mitad curvándose éste más y más hasta estallar en muchos pedazos mientras el tranvía seguía avanzando.

Una de las barras de hierro del tranvía atravieza a Frida de un lado a otro, a la altura de la pelvis. Ella dice: "a mí el pasamanos me atravezó como la espada a un toro". "Perdí la virginidad". Sexo y muerte se entrelazan.

Durante un mes estuvo entre la vida y la muerte, con la columna vertebral rota, la clavícula, las costillas, la pelvis, la pierna y el pie derecho fracturados en diversos lugares.

Encuentro con lo real que marca su vida dividiendo un antes y un después. Se rompe la cubierta imaginaria, las cosas pierden espesor, cuerpo, quedando al desnudo un mundo desprovisto de sentido. La pintura funcionará como marco.

Un año después le escribe a Alejandro:

"¿Por qué estudias tanto? ¿Qué secreto buscas? La vida pronto te lo revelará. Yo ya lo sé todo, sin leer ni escribir. Hace poco, tal vez unos cuantos días era una niña que andaba en un mundo de colores, de formas precisas y tangibles. Todo era misterioso y algo se ocultaba; la adivinación de su naturaleza constituía un juego para mí. ¡Si supieras lo terrible que es alcanzar el conocimiento de repente, como si un rayo dilucidara la Tierra! Ahora habito un planeta doloroso, transparente como el hielo. Es como si hubiera aprendido todo al mismo tiempo, en cosa de segundos. Mis amigas y mis compañeras se convirtieron lentamente en mujeres. Yo envejecí en algunos instantes, y ahora todo es insípido y raso. Sé que no hay nada detrás, si lo hubiera lo vería..."

Ese planeta doloroso, yermo, desolado aparecerá en su obra pictórica pero también la fiereza de una fuerza férrea de presentificarlo y en ese movimiento - vía sublimación - ir más allá de él.

Después del accidente estuvo en cama durante tres meses y aparentemente sana padecía grandes dolores en la columna, el pie derecho y un cansancio constante. Al año es nuevamente internada y recién allí le descubren una fractura en la vértebra lumbar que determina el uso de varios corsés de yeso durante meses. Es allí que empieza a pintar.

A los seis años de edad Frida había tenido poliomielitis en la pierna derecha, la misma que años después sería castigada en el accidente. La niña alegre, travieza se vuelve introvertida. En esa época construye la fantasía de una amiga imaginaria, de la cual habla en su diario explicando el origen del autorretrato doble: "Las dos Fridas":

..."con el dedo dibujaba una "puerta". Por esa "puerta" salía en la iamginación con gran alegría y urgencia. Atravezaba todo el llano que se miraba, hasta llegar a una lechería que se llamaba "PINZON"... Por la "o" de PINZON entraba y bajaba impetuosamente al interior de la tierra, donde "mi amiga imaginaria" me esperaba siempre. No recuerdo su imagen ni su color. Pero sí sé que era alegre, se reía mucho, sin sonidos. Era ágil y bailaba como si no tuviera peso alguno. Yo la seguía en todos sus movimientos y le contaba, mientras ella bailaba, mis problemas secretos. ¿Cuáles?. No recuerdo."

Años después sometida a la inmovilidad para combatir el aburrimiento y olvidar el dolor empezó a pintar:

"Creí tener energía suficiente para hacer cualquier cosa en lugar de estudiar para doctora. Sin prestar mucha atención empezé a pintar". Condenada a un reposo absoluto realiza una operación de sustitución que le abrirá una puerta al mundo, a los otros. Esa "o" que en su infancia era una puerta que accionaba para reunirse con su amiga imaginaria es el marco del cuadro.

Su padre tenía una caja de pinturas al óleo, pinceles y paleta ya que le gustaba dibujar y pintar paisajes.

"Desde niña, como se dice comúnmente, yo le tenía echado el ojo a la caja de colores. No sabría explicar el por qué. Al estar tanto tiempo en cama, enferma, aproveché la ocasión y se la pedí a mi padre. Como un niño, a quien se le quita un juguete para dárselo a un hermano enfermo, me la "prestó". Mi mamá mandó a hacer con un carpintero un caballete...si así se le puede llamar a un aparato especial que podía acoplarse a la cama donde yo estaba, porque el corset de yeso no me dejaba sentar. Así comencé a pintar mi primer cuadro."

Frida dijo que se pintaba a sí misma porque era el motivo que mejor conocía. En principio lo diría así : había una necesariedad en que su pintura pasase por allí.

Toda obra de arte en su universalidad persiste por apresar un real que en la particularidad de sus bordes no cesa de producir goce.

Se le atribuye a Diego Rivera haber contado un diálogo con Picasso donde el genial pintor le decía después de mirar detenidamente una obra de Frida: "Mira estos ojos: ni tú ni yo somos capaces de nada así".

En una oportunidad Frida refiriéndose al momento en que empezó a pintar, le dijo al crítico de arte Antonio Rodríguez: "Desde entonces mi obsesión fue recomenzar de nuevo pintando las cosas tal y como yo las veía, con mi propio ojo y nada más".

Pintándose a sí misma pintó sobre la mujer, sobre el dolor, la soledad, sobre México, su fauna, sus tradiciones, sus habitantes - como alguien dijo: "la más mexicana de los mexicanos" -.

La pintura fue parte de su lucha, de su decisión de dar batalla a la inmovilidad de su convalescencia mientras era sometida a diversas operaciones y a un dolor en muchos períodos intolerable no sólo por cuestiones físicas, sino también por las penas de amor.

La pintura fue una manera de inventarse, profundamente conectada con la vida, con la alegría, con el humor, con las raíces de México, pero también fue un modo de exorcizar el dolor y de hacer tolerable la desesperación.

Así como fueron sus inicios siguió pintando sus autorretratos, mirándose en el espejo. El ángulo en muchos de ellos incluso es el que permite ahorrar movimientos, probablemente por la dificultad y el dolor que le acarreaban. De hecho, llegó a pintar colgada de un aparato para estirar su columna.

Una disgresión teórica ubicando algunos elementos, sin pretender una exposición exhaustiva.

La pintura tensó ese vaivén del i(a) cuerpo propio en relación al i'(a) imagen del otro. En el estadio del espejo la sanción del A permite al infans la decantanción de ese movimiento identificatorio donde el infans anticipa jubilosamente en la imagen del otro la coordinación motriz y la armonía de la que carece. Dentro de la dialéctica del narcisismo este movimiento es constitutivo del yo y fundamentalmente del registro de lo imaginario en los tiempos instituyentes.

¿Podríamos pensar que en este caso se produce una vuelta a los tiempos instituyentes? No exactamente.

Pero sí podemos plantear que el trauma, la inmixión de lo real fue tan brutal que produjo un aplastamiento de lo imaginario.

La pintura en ese vaivén permite un armado, la extracción de un quantum de dolor y también la recreación del espacio donde las cosas vuelvan a tener espesor. La sanción del Otro en este caso en relación a la obra artística sostiene el marco.

Frida nunca llegó a hacer realmente una representación del accidente ya que según dijo era demasiado "complicado" e "importante" como para poder reducirlo a una imagen.

Un dibujo que realiza un año después -"Accidente", 1926- de trazos cortados y desiguales que trasuntan angustia y la utilización de un exvoto del arte popular al cual le hace unos pequeños retoques, aluden al mismo. Los exvotos son cuadros a la manera de ofrendas donde se relata un suceso, se acompaña de una inscripción y la imagen de la Virgen o el santo al cual se agradece la salvación.

Es decir, un dibujo y por otro lado una obra terminada de la cual se apropia, pero no hay una producción personal sobre el hecho mismo.

Pero en un sentido podemos decir que no ha pintado otra cosa que su cuerpo desnudo y herido. Cuenta su amigo Alejandro Gómez Arias que después del choque lo primero que hace es buscar a Frida. Continúa: "Algo extraño pasó. Frida estaba completamente desnuda. El choque desató su ropa. Alguien del camión, propablemente un pintor, llevaba un paquete de oro en polvo que se rompió, cubriendo el cuerpo ensangrentado de Frida y anunció:"¡La bailarina,la bailarina!" Por el oro sobre su cuerpo rojo y sangriento, pensaba que era una bailarina".

Una de sus obras más representativas en este punto es "La columna rota", 1944. Una columna jónica, rota en varios lugares sustituye su columna, un corsé la sostiene recortándose sobre la desnudez de sus pechos, el cuerpo herido y la radical soledad es retomada en el suelo yermo y agrietado, los clavos lastiman su cuerpo en un sufrimiento infinito al modo de un mártir cristiano. En su diario escribe: "La esperanza, conteniendo la angustia; la columna rota y la visión inmensa, sin caminar, por la extensa senda... moviendo mi vida, hecha de acero".

Frida dijo haber tenido dos accidentes graves en su vida, el choque del tranvía y el otro, su encuentro con Diego. Diego Rivera, el genial muralista mexicano con quien se casó, se divorció y se volvió a casar.

Ser la mujer de Diego fue un motor en la vida de Frida. Diego fue su hombre, su niño, su amante, su amigo, su obsesión, su todo. Relación pasional, controvertida de dos titanes.

Construyó un personaje para Diego y para representar teatralmente en la escena del mundo. Por elección y también porque le gustaba a Diego adoptó el "mexicanismo" que a su vez era valorado entre los intelectuales comprometidos con la revolución. Elegía cuidadosamente sus vestidos, sus aretes coloniales, sus collares precolombinos de jade. Trenzaba y peinaba el pelo adornándolo con peinetas, flores.

Frida lo dijo así: "En otra época me vestía de muchacho, con el pelo al rape, pantalones, botas y una chamarra de cuero, pero cuando iba a ver a Diego me ponía mi traje de tehuana".

La ropa fue un lenguaje, parte de la creación de un estilo que se entrelazó a su pintura. El traje de tehuana adquirió una consistencia tal, que a veces lo pintó solo, representándola. A medida que su físico se fue deteriorando, más cuidado y esmero ponía en su arreglo personal. La envoltura debía velar ese real.

Su alegría, su tristeza, su maternidad frustrada, sus celos por las infidelidades constantes de su marido se tradujeron en motivos de sus cuadros. Dice Diego Rivera: " Por otra parte es la primera vez en la historia del arte que una mujer ha expresado con franqueza absoluta, descarnada y, podríamos decir, tranquilamente feroz, aquellos hechos generales y particulares que conciernen exclusivamente a la mujer".

Particularmente sangrientos, chocantes son los cuadros realizados en Detroit después de un aborto. Se razga el velo y emerge lo siniestro que acecha particularmente en la obra de Frida. Lo sangriento, lo sacrificial que se hunde en la tradición azteca aparece en el cuadro, salpicando más de una vez el marco.

Frecuentemente se ha señalado los lazos entre parir y el acto de la creación estética, incluso científica. Esta relación es explícitamente comentada por Frida: "Mi pintura lleva dentro el mensaje del dolor... La pintura me completó la vida. Perdí tres hijos... Todo eso lo sustituyó la pintura. Yo creo que el trabajo es lo mejor".

Por momentos Frida amplió su dolor y sufrimiento exponiéndolo cual un ícono cristiano y a la vez ancestral.

Según testimonios de amigos Frida utilizaba su sufrimiento para obtener ascendiente sobre los seres que quería y para suscitar la atención, no de una manera lastimera, sino desafiante. Según opiniones médicas algunas de sus operaciones habrían sido innecesarias.

Pero también es innegable que su vida se inclinó hacia un progresivo deterioro físico.

La pintura le permitió crear, trazar un borde que cual filigrana enlazase el adentro y el afuera, una torsión, y en ese recorrido el corte, la obra que ya desprendida brilla con luz propia.

En 1953, un año antes de su muerte, Lola Alvárez Bravo organiza en su Galería de Arte Contemporáneo la primera exposición exclusiva sobre Frida en México. Faltando muy poco para la inauguración su salud empeoró de forma tal que los médicos le prohibieron concurrir. Sonaban los teléfonos en la Galería: ¿estaría presente?. Frida hizo llevar su cama de cuatro columnas, enorme, con el esqueleto de Judas suspendido en la parte inferior del dosel y ese último día reacomodaron los cuadros para darle un lugar en la exposición. LLegó en ambulancia en medio del sonar de las sirenas y trasladada a su cama, lujosamente ataviada con ropas mexicanas recibió y saludó a cada uno de sus amigos, cantó y bebió. Seguramente había recibido una importante cantidad de drogas para poder participar.

Cuenta Lola Alvarez Bravo : "Les pedimos a las personas que circularan", críticos, amigos, otros, "una verdadera turba".

Todos los pintores lisiados de México estuvieron presentes saludando a Frida, dice el relato de Andrés Henestrosa: "María Izquierdo llegó sostenida por amigos y familiares, porque era inválida. Se inclinó para besar a Frida en la frente. Goitia, enfermo y fantasmal, surgió de su choza en Xochimilco con su ropa de campesino y larga barba, del mismo modo como Rodríguez Lozano, quien estaba loco. Estuvo presente el Doctor Atl. Tenía ochenta años, una barba blanca y muletas, pues una de sus piernas había sido amputada poco tiempo antes. No obstante, no se veía melancólico. Se agachó sobre la cama de Frida, riéndose bulliciosamente de algun chiste pronunciado frente a la muerte. El y Frida se burlaron del pie inexistente del pintor, y dijo a la gente que no lo consideraran con compasión, pues le volvería a salir otro, mejor que el anterior. Afirmó que la muerte sólo existe si uno deja de imbuirle un poco de vida. Fue como un desfile de monstruos, como Goya, o más bien como el mundo precolombino con su sangre, mutilaciones y sacrificios".

Frida en su cama fue cuadro, pero también punto luminoso de un espéctaculo colorido, brillante y macabro, como fue su obra.

En su diario personal escribió poemas que ilustran algunas de sus cuadros. El último en un lugar separado es "El árbol de la esperanza". Pintó este autorretrato en 1946, después de haberse operado de la columna en Nueva York.

En una carta a una amiga le escribió que era "el resultado de la jija operación". El día y la noche, bajo la luna Frida vestida con un traje rojo de tehuana, un corsé en la mano como un trofeo y otro que apenas asoma, sostiene una bandera con la incripción que le dá nombre a la obra y que provenía de una canción.

La otra mitad del cuadro bajo un sol ardiente es una mujer acostada en una camilla de hospital con dos heridas abiertas, con la misma forma de las "cicatrizotas" que le habían quedado a Frida después de la intervención. El sol en la tradición azteca se alimenta de sangre humana.

El poema dice así:

"La Vida callada...

dadora de mundos.

Venados heridos

Ropas de tehuana

Rayos, penas, Soles

ritmos escondidos

"La niña Mariana"

frutos ya muy vivos,

la muerte se aleja,

líneas, formas, nidos,

las manos construyen

los ojos abiertos

los Diegos sentidos

lágrimas enteras

todas son muy claras

Cósmicas verdades

que viven sin ruidos

Árbol de la Esperanza

mantente firme."

Nota:

- Los escritos de Frida pertenecen a su diario personal que no ha sido publicado en su totalidad.

Obras de consulta:

"Frida: Una biografía de Frida Kahlo", Hayden Herrera. Grupo impresa, S.A., 1993, México.

"Kahlo", Andrea Kettenmann. Taschen.

Adriana Wenger es miembro (A.M.E.) de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, de donde fue extraido el presente artículo. Actualmente dicta el Seminario: El esquema óptico: El fenómeno del doble. La agresividad. El viraje del espejo plano.
El e-mail de la autora es: adriana_wenger@yahoo.com.ar

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Biography - Fuente Artchive - Edward Lucie-Smith

 

"In 1953, when Frida Kahlo had her first solo exhibition in Mexico (the only one held in her native country during her lifetime), a local critic wrote: 'It is impossible to separate the life and work of this extraordinary person. Her paintings are her biography.' This observation serves to explain both why her work is so different from that of her contemporaries, the Mexican Muralists, and why she has since become a feminist icon.

"Kahlo was born in Mexico City in 1907, the third daughter of Guillermo and Matilda Kahlo. Her father was a photographer of Hungarian Jewish descent, who had been born in Germany; her mother was Spanish and Native American. Her life was to be a long series of physical traumas, and the first of these came early. At the age of six she was stricken with polio, which left her with a limp. In childhood, she was nevertheless a fearless tomboy, and this made Frida her father's favourite. He had advanced ideas about her education, and in 1922 she entered the Preparatoria (National Preparatory School), the most prestigious educational institution in Mexico, which had only just begun to admit girls. She was one of only thirty-five girls out of two thousand students.

"It was there that she met her husband-to-be, Diego Rivera, who had recently returned home from France, and who had been commissioned to paint a mural there. Kahlo was attracted to him, and not knowing quite how to deal with the emotions she felt, expressed them by teasing him, playing practical jokes, and by trying to excite the jealousy of the painter's wife, Lupe Marin.

"In 1925, Kahlo suffered the serious accident which was to set the pattern for much of the rest of her life. She was travelling in a bus which collided with a tramcar, and suffered serious injuries to her right leg and pelvis. The accident made it impossible for her to have children, though it was to be many years before she accepted this. It also meant that she faced a life-long battle against pain. In 1926, during her convalescence, she painted her first self-portrait, the beginning of a long series in which she charted the events of her life and her emotional reactions to them.

"She met Rivera again in 1928, through her friendship with the photographer and revolutionary Tina Modotti. Rivera's marriage had just disintegrated, and the two found that they had much in common, not least from a political point of view, since both were now communist militants. They married in August 1929. Kahlo was later to say: 'I suffered two grave accidents in my life. One in which a streetcar knocked me down... The other accident is Diego.'

"The political climate in Mexico was deteriorating for those with left-wing sympathies, thanks to the reactionary Calles government, and the mural-painting programme initiated by the great Minister of Education Jose Vasconcelos had ground to a halt. But Rivera's artistic reputation was expanding rapidly in the United States. In 1930, the couple left for San Francisco; then, after a brief return to Mexico, they went to New York in 1931 for the Rivera retrospective organized by the Museum of Modern Art. Kahlo, at this stage, was regarded chiefly as a charming appendage to a famous husband, but the situation was soon to change. In 1932 Rivera was commissioned to paint a major series of murals for the Detroit Museum, and here Kahlo suffered a miscarriage. While recovering, she painted Miscarriage in Detroit, the first of her truly penetrating self-portraits. The style she evolved was entirely unlike that of her husband, being based on Mexican folk art and in particular on the small votive pictures known as retablos, which the pious dedicated in Mexican churches. Rivera's reaction to his wife's work was, however, both perceptive and generous:

Frida began work on a series of masterpieces which had no precedent in the history of art - paintings which exalted the feminine quality of truth, reality, cruelty and suffering. Never before had a woman put such agonized poetry on canvas as Frida did at this time in Detroit.

"Kahlo, however, pretended not to consider her work important. As her biographer Hayden Herrera notes, 'she preferred to be seen as a beguiling personality rather than as a painter.' From Detroit they went once again to New York, where Rivera had been commissioned to paint a mural in the Rockefeller Center. The commission erupted into an enormous scandal, when the patron ordered the half-completed work destroyed because of the political imagery Rivera insisted on including. But Rivera lingered in the United States, which he loved and Kahlo now loathed. When they finally returned to Mexico in 1935, Rivera embarked on an affair with Kahlo's younger sister Cristina. Though they finally made up their quarrel, this incident marked a turning point in their relationship. Rivera had never been faithful to any woman; Kahlo now embarked on a series of affairs with both men and women which were to continue for the rest of her life. Rivera tolerated her lesbian relationships better than he did the heterosexual ones, which made him violently jealous. One of Kahlo's more serious early love affairs was with the Russian revolutionary leader Leon Trotsky, now being hounded by his triumphant rival Stalin, and who had been offered refuge in Mexico in 1937 on Rivera's initiative. Another visitor to Mexico at this time, one who would gladly have had a love affair with Kahlo but for the fact that she was not attracted to him, was the leading figure of the Surrealist Group, André Breton. Breton arrived in 1938 and was enchanted with Mexico, which he found to be a 'naturally surrealist' country, and with Kahlo's painting. Partly through his initiative, she was offered a show at the fashionable Julian Levy Gallery in New York later in 1938, and Breton himself wrote a rhetorical catalogue preface. The show was a triumph, and about half the paintings were sold. In 1939, Breton suggested a show in Paris, and offered to arrange it. Kahlo, who spoke no French, arrived in France to find that Breton had not even bothered to get her work out of customs.

"The enterprise was finally rescued by Marcel Duchamp, and the show opened about six weeks late. It was not a financial success, but the reviews were good, and the Louvre bought a picture for the Jeu de Paume. Kahlo also won praise from Kandinsky and Picasso. She had, however, conceived a violent dislike for what she called 'this bunch of coocoo lunatic sons of bitches of surrealists.' She did not renounce Surrealism immediately. in January 1940, for example, she was a participant (with Rivera) in the International Exhibition of Surrealism held in Mexico City. Later, she was to be vehement in her denials that she had ever been a true Surrealist. 'They thought I was a Surrealist,' she said, 'but I wasn't. I never painted dreams. I painted my own reality.'

"Early in 1940, for motives which are still somewhat mysterious, Kahlo and Rivera divorced, though they continued to make public appearances together. In May, after the first attempt on Trotsky's life, led by the painter Siqueiros, Rivera thought it prudent to leave for San Francisco. After the second, and successful attempt, Kahlo, who had been a friend of Trotsky's assassin, was questioned by the police. She decided to leave Mexico for a while, and in September she joined her ex-husband. Less than two months later, while they were still in the United States, they remarried. One reason seems to have been Rivera's recognition that Kahlo's health would inexorably deteriorate, and that she needed someone to look after her.

"Her health, never at any time robust, grew visibly worse from about 1944 onwards, and Kahlo underwent the first many operations on her spine and her crippled foot. Authorities on her life and work have questioned whether all these operations were really necessary, or whether they were in fact a way of holding Rivera's attention in the face of his numerous affairs with other women. In Kahlo's case, her physical and psychological sufferings were always linked. in early 1950, her physical state reached a crisis, and she had to go into hospital in Mexico City, where she remained for a year.

"During the period after her remarriage, her artistic reputation continued to grow, though at first more rapidly in the United States than in Mexico itself. she was included in prestigious group shows in the Museum of Modern Art, the Boston Institute of Contemporary Arts and the Philadelphia Museum of Art. In 1946, however, she received a Mexican government fellowship, and in the same year an official prize on the occasion of the Annual National Exhibition. She also took up teaching at the new experimental art school 'La Esmeralda', and, despite her unconventional methods, proved an inspiration to her students. After her return home from hospital, Kahlo became an increasingly fervent and impassioned Communist. Rivera had been expelled from the Party, which was reluctant to receive him back, both because of his links with the Mexican government of the day, and because of his association with Trotsky. Kahlo boasted: 'I was a member of the Party before I met Diego and I think I am a better Communist than he is or ever will be.'

"While the 1940s had seen her produce some of her finest work, her paintings now became more clumsy and chaotic, thanks to the joint effects of pain, drugs and drink. Despite this, in 1954 she was offered her first solo show in Mexico itself - which was to be the only such show held in her own lifetime. It took place at the fashionable Galeria de Arte Contemporaneo in the Zona Rosa of Mexico City. At first it seemed that Kahlo would be too ill to attend, but she sent her richly decorated fourposter bed ahead of her, arrived by ambulance, and was carried into the gallery on a stretcher. The private view was a triumphal occasion.

"In the same year, Kahlo, threatened by gangrene, had her right leg amputated below the knee. It was a tremendous blow to someone who had invested so much in the elaboration of her own self image. She learned to walk again with an artificial limb, and even (briefly and with the help of pain-killing drugs) danced at celebrations with friends. But the end was close. In July 1954, she made her last public appearance, when she participated in a Communist demonstration against the overthrow of the left-wing Guatemalan president Jacobo Arbenz. Soon afterwards, she died in her sleep, apparently as the result of an embolism, though there was a suspicion among those close to her that she had found a way to commit suicide. Her last diary entry read: 'I hope the end is joyful - and I hope never to come back - Frida."

Biography 2 - Fuente PBS

With slim sable brushes, Frida Kahlo painstakingly rendered her bold unibrow and mustache in dozens of self-portraits. This same Frida also shaved three years off her age, claiming 1910 to be the year she was born in Coyoacán, Mexico, instead of 1907.

Vanity? Hardly. Frida, always her own favorite model, was not about preserving youthful beauty so much as identifying herself with Mexico, her beloved homeland. Frida's "acquired birth year" just so happens to coincide with the outbreak of the Mexican Revolution (1910) and the overthrow of President Porfirio Diaz.

If her glaring lie seems jarring and incongruous – disturbing, even, in the face of her usual unabashed candor – reflect for a moment on the juxtaposed images that characterize her paintings. Frida never allowed apparent facts – her own birth certificate, for instance – to get in the way of a higher truth; the truth in this case being that she and modern Mexico were inextricably bound in both revolution and renaissance.

An understanding of Frida Kahlo, the person as well as the paintings, requires a setting aside of conventional thoughts – and dates, as the case may be. At the same time, paradoxically enough, it requires the context of history. She was a revolutionary artist born amidst political chaos in her homeland; born in the year of its own bloody rebirth, give or take a couple years. That image, according to the artist, is more truthful than fact itself. It would be quibbling to disagree.

 An Unconventional Union

No matter whether she was in Paris, New York or Coyoacán, she clothed herself elaborately in the Tehuana costumes of Indian maidens. As much as Frida's country defined her, so, too, did her husband, the celebrated muralist, Diego Rivera. If Mexico was her parent, then Rivera – 20 years her senior – was her "big-child." She often referred to him as her baby. She met him while still a schoolgirl and later, in 1929, became the third wife of a man who gaily accepted the diagnosis of his doctor that he was "unfit for monogamy."

Needless to say, theirs was an unconventional and problematic, if passionate, union that survived numerous affairs (on both their parts), separations and even a divorce in 1939 and subsequent remarriage in 1940. Their love proved hardy, like the roots in Frida's painting "The Love Embrace." But Frida's hold on Diego as a husband was tenuous. Marriage was hardly a salve for the suffering that had characterized Frida's young life – a horrific trolley car accident left her broken as a youth and debilitated throughout much of her adulthood. Diego's incorrigible philandering – once with Frida's own younger sister, Cristina – only exacerbated her pain. "I suffered two grave accidents in my life," she once said, "One in which a streetcar knocked me down … The other accident is Diego."

As a couple, the Riveras remained childless; this, as much as Diego's infidelities, was a source of great anguish for Frida for whom Diego was everything: "my child, my lover, my universe."

As individual artists, the pair was wildly productive. Each regarded the other as Mexico's greatest painter. Frida referred to Diego as the "architect of life." Each took a deep, proprietary pride in the other's creations, drastically different as they were in habit and style.

 On a high scaffold in the outdoors, the driven Diego painted for days on end. He loved painting as obsessively as Frida loved him, rendering grand public murals with political themes. Frida, meanwhile, was often immobilized in a cast in her bed, or confined to a hospital room, either anticipating a surgery or recovering from one. She alternately languished and painted intensely personal works. About a third of her entire body of work – about 55 paintings – consists of self-portraits. In some, she stares out, willfully impassive, her face mask-like; in others, graphic depictions of her internal bodily organs reveal corresponding states of mind. She shied away from nothing, revealing – indeed, reveling in – the indignity of heartbreak, as well as the gut-wrenching pain of abortion and miscarriage.

Diego, a social realist, actually welled up with tears of pride when Picasso once admired the eyes in a painting of Frida's. And he wrote this glowing recommendation to a friend about an early exhibition of her work: "I recommend her to you, not as a husband but as an enthusiastic admirer of her work, acid and tender, hard as steel and delicate and fine as a butterfly's wing, loveable as a beautiful smile, and profound and cruel as the bitterness of life."

Frida the Surrealist?

Although Frida's work, often fantastic and sometimes gory, has been described as surrealism, she once wrote that she never knew she was a surrealist "until André Breton came to Mexico and told me I was one." ("The art of Frida Kahlo is a ribbon about a bomb," Breton wrote, admiringly.) However, Frida eschewed labels. Diego argued that Frida was a realist. Her principal biographer, Hayden Herrera, seems to agree, writing that even in her most enigmatic and complex painting, "What the Water Gave Me," Frida is "down to earth," having depicted "real images in the most literal, straightforward way." Like much of Mexican art, Frida's paintings "interweave fact and fantasy as if the two were inseparable and equally real," Herrera adds.

"Really I do not know whether my paintings are surrealist or not, but I do know that they are the frankest expression of myself," Frida once wrote. "Since my subjects have always been my sensations, my states of mind and the profound reactions that life has been producing in me, I have frequently objectified all this in figures of myself, which were the most sincere and real thing that I could do in order to express what I felt inside and outside of myself."

 A Lust for Life

Frida, the person and her art, defy easy definition. Rather, they lend themselves to ambiguous description. Often volatile and obsessive, Frida was alternately hopeful and despairing. She loved dancing and crowds and flirtation and seduction – and was often miserably lonely, begging friends and lovers to visit, not to "forget" her. She had a ferocious and often black sense of humor, as well as a sharp command of wit and metaphor. She took great pride in keeping a home for Diego and loved fussing over him, cooking for him and bathing him. She delighted in pets – mischievous spider monkeys and dogs – and adored children, who she treated as equals. She loved nonsense, gossip and dirty jokes. She abhorred pretension. She treated servants like family and students like esteemed colleagues. Frida Kahlo embodied alegría, – a lust for life. She valued honesty, especially to self.

She once wrote to a former lover (who allegedly had jilted her because of her physical infirmities), "you deserve the best, the very best, because you are one of the few people in this lousy world who are honest to themselves, and that is the only thing that really counts."

When Frida Kahlo died at the age of 47 on July 13, 1954, she left paintings, each of which corresponds to her evolving persona, as well as a collection of effusive letters to lovers and friends, and colorfully candid journal entries. All are irrefutable evidence that her life was nothing less than a quest to be honest to herself – 1910 birthday and all.

Obras / Works

Self portrait

My birth

Two nudes in the forest

Frida and Diego Rivera

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