El libro "Kirchner, el Amo del Feudo", que resulta muy difícil
de conseguir porque su única edición se agotó en los kioscos de
diarios y no hubo reposición, cuenta los secretos más increíbles
del enigmático Señor K. Acá lo publicamos completo para lectura
online
Su autor, Daniel Osvaldo Gatti, nació en Basavilbaso, provincia
de Entre Ríos, fue militante de las Agrupaciones Juveniles del
Peronismo Bonaerense, fue un preso político entre 1977 y 1982.
En 1984 se radicó en la provincia de Santa Cruz y, desde el
humor gráfico, siguió su pasión por la política. Con Héctor
Barabino, conduce A los Cuatro Vientos y Séptimo Día, dos
programas radiales de vasta audiencia en Río Gallegos.
INTRODUCCIÓN
Parte 1
Néstor Carlos Kirchner nació un 25 de febrero de 1950, en Río
Gallegos, una ciudad por entonces de 6.000 habitantes. Su nombre
se ajustaba a una larga tradición de hombres de la familia,
quienes portaron alguno de los nombres del primer Kirchner que
llegó a la Patagonia, a principios del siglo 20. Su padre,
empleado de Correos, donde llegó a tesorero, se llamaba Néstor,
hermano de Carlos, Delia y Zulema, descendientes de Carlos
Kirchner y Margarita Kaenel. El primer Carlos se radicó como
comerciante de Ramos Generales, y desde su comercio trabó
relación con los sectores que detentaban el poder real en la
provincia de Santa Cruz. Su nombre está inscripto como aportante
a las autoridades y cuerpos de seguridad, en tiempos en que los
ganaderos optaron por armar policías y una Guardia Blanca, para
terminar con los peones, como ya habían terminado con los
nativos tehuelches. La proclama de los huelguistas lo incluyeron
en el listado de los comerciantes a boicotear, por su defensa
incondicional de los postulados de la Sociedad Rural y la Liga
Patriótica. "Para contrarrestar, debidamente, los injustos
ataques a las autoridades del territorio y de la Nación... ", el
11 de enero de 1922, se constituye la Unión Cívica Radical del
Territorio, y Don Carlos Kirchner rubrica el acta que es la
continuidad por otros medios de la defensa de los mismos
intereses, los propios. A la costumbre de recibir los nombres de
sus antepasados no escapó su hermana, Alicia, quien lleva el
agregado de Margarita, por la abuela Kaenel. Su tercer nombre es
Antonia. Estudió y se recibió de Asistente Social, y en los
recesos entre funciones gubernamentales, y aprovechando a su
cuñada en el Congreso, obtuvo el Doctorado. La figura del abuelo
Kirchner quedó en lo profundo de la memoria de chicos que hoy
son hombres maduros y todavía se estremecen al recordar las
mensuales humillaciones a la que eran sometidos sus padres. La
de un hombre alto, enfundado en un pesado abrigo gastado, quien
invariablemente golpeaba con su bastón las puertas de sus
viviendas para reclamar el pago del alquiler, usurero gozoso,
sabía que faltaban algunos días para que cobraran y sólo por el
placer de escuchar sus excusas, los visitaba el primer día de
cada mes. La misma impronta, la de su nieto, pero con traje de
saco cruzado y anteojos de cristales verdes, llegaba a las de
los clientes morosos para llevarle los bienes adquiridos. Su
perfil de nariz pronunciada, el remolino en la coronilla y los
ojos saltones le valieron el apodo de Lupín, como el famoso
personaje de historietas infantiles, su derivativo, Lupo,
mostraba que el apodo tenía variantes que daban en la tecla con
la verdadera personalidad. Otros apodos sólo quedaron relegados
a las voces en sordina. Tordo, Cuervo, Cara con Mango, Flaco,
ninguno quedó, sólo Lupín, un apodo que definía mucho más que un
aspecto físico de su portador, se convirtió en identidad
política, en las formas que adoptó el manejo de la cosa pública
y sirvió para que el tradicional y conservador diario La Opinión
Austral, en cada viraje hacia el oficialismo, pasara a
denominarse, popularmente, Lupinión Austral. Cuando Lupín
incorporó a sus primeros discursos públicos de campaña para
intendente de Río Gallegos, la advocación a los pioneros, todos
recordaron al abuelo Carlos, quien sostuvo la posición de
eliminar de raíz las luchas obreras, y quien sobre las osamentas
de los peones, en las fosas comunes, se forjara una palabra que
atravesará toda la historia de Santa Cruz: miedo. Sin entender
esta matriz de los santacruceños, y en particular de éste, es
muy difícil comprender cómo se logró construir un feudo en pocos
años. # Néstor niño Las fotos de la etapa escolar lo muestran
con todos los atributos físicos conocidos: alto, narigón,
luciendo el corte de la época -a la americana-, y los también
típicos pantalones cortos hasta las rodillas, acompañados por
medias tres cuarto, gruesos marcos negros en los anteojos que
intentaban corregir la posición de sus pupilas. Sus maestros lo
tienen presente como un niño inteligente pero apocado,
vulnerable a las bromas, que prefirió refugiarse en la
protección que le brindaban chicos más grandes, con los que
compartió los picados en "la canchita", como llamaban a un
baldío de la calle Pasteur. "Cuando empezó el secundario, se
integró a otros grupos, pero a los del barrio no nos olvidó",
cuenta un amigo, al recordar a los integrantes del grupo de la
infancia, refiere nombres que aparecerán siempre en las
cercanías de Kirchner, como Oscar 'Cacho' Vázquez, proveniente
de San Julián, o Juan Carlos Has. Un viejo profesor cuenta que
en el colegio secundario era líder de "un grupito quilombero, de
discutir por pavadas o de caprichoso", y una docente refiere un
enfrentamiento con Lupín cuando, junto a otros jóvenes, enfrentó
una disposición interna que establecía el 7 como la nota que
habilitaba para participar en los juegos intercolegiales. Para
el Diputado 25, seudónimo del profesor Emilio García Pacheco, un
periodista conservador que se convirtió en seguidor y publicista
de Kirchner, el Lupo no era un buen alumno. # En La Plata La
política se transformaba en un poderoso imán para quienes
partían a estudiar; provenientes de familias de clase media
acomodada, que emparentaban sus actividades con la de los
estados nacional y provincial, y desde una pequeña capital de
provincia que, con pocos años de experiencia como tal y siempre
alterada por intervenciones y golpes de Estado. El radicalismo,
así como también el todavía proscripto peronismo, los sumaron a
sus agrupaciones juveniles. El Kirchner que llegó a La Plata, y
a las habitaciones de El Castillo, se dejó crecer el pelo, alto,
flaco y desgarbado, mantuvo su costumbre de ser poco afecto a
cuidar su indumentaria, se convenció que el peronismo era el
camino para la revolución en ciernes, y se integró a la Juventud
Peronista, encuadrándose en la Federación Universitaria para la
Revolución Nacional (FURN), en la agrupación de la Facultad de
Derecho. El Castillo era la denominación de una casa alquilada
por un veterano estudiante, quien luego de algunos años de
jolgoroio, se aplicó al estudio y concluyó, rápidamente, su
carrera de abogado, Néstor Osvaldo Peña, alias Tussi. Él proveyó
a El Castillo de un televisor y esto atraía comprovincianos,
quienes en muchos casos sólo la veían en las vidrieras de un
comercio, durante las escasas horas de transmisión del Canal 9
local. Peña ya era cabrero y gritón, y compensaba la baja
estatura con el respeto que infundía la diferencia de edad. Si
el Boca Juniors de sus amores perdía, la transmisión de fútbol
obligatoriamente se cambiaba por el Mundo del Espectáculo u otra
programación de cine. Casi toda la generación de políticos
radicales y peronistas actuales pasó por esa casa. De El
Castillo partían los santacruceños a jugar algún partido de
fútbol y una anécdota apoyada en pruebas, relata que
"enfrentando a un equipo de residentes peruanos, tan habituales
en aquellos tiempos en las universidades, Lupín, luego de un
encontronazo, se calentó y comenzó a insultar; los trató de
'negros de mierda', de 'muertos de hambre' y otras linduras,
hasta que un morocho fibroso, le pidió que parara con las
agresiones. Lupín lo invitó a pelear
al costado del campo, y aceptado el convite, el Lupo le dio la
espalda y empezó a caminar al lateral" (el ex estudiante
platense se ríe e imita el tranco desgarbado de Kirchner).
"Cuando movió los brazos así (imita el braceo), el peruano lo
agarró, lo levantó y lo tiró al suelo, dándole patadas en el
culo; Lupín nos pidió ayuda, nosotros nos reíamos y yo aproveché
para sacar esta foto, con una cámara que siempre llevaba... por
supuesto que la foto la tengo duplicada y guardada". Otro
veterano estudiante platense, cuenta historias del Gobernador
(hoy Presidente) y sigue sin comprender cómo aquel tipo, objeto
de todas las bromas, llegó a ser lo que es. Las bromas giraban
sobre la nariz y los ojos, pero como Lupín siempre tuvo
problemas para pronunciar las fricativas, se las arreglaban para
mandarlo a comprar las pizzas, y que tuviera que sorporar las
chanzas invariables del vendedor. Es que el Lupo las eses y las
zetas las convierte en jotas. "En lo que no cambió es en su
manía por los dólares. A La Plata le llegaba el giro de la
familia y el Lupo salía disparado a comprar dólares, y en esa
época nadie se calentaba demasiado por las cotizaciones, pero él
sí, cada tanto los contaba y calculaba las ganancias con el
precio que aparecía en el diario". Un sobreviviente, con el que
circunstancialmente compartió un departamento, rememora un
costado insólito de Lupín: "Una noche, me despertaron los gritos
roncos de una persona, cuando terminé de despertarme, me di
cuenta que provenían de muy cerca, era el Flaco, que imitaba a
Perón con una escoba de micrófono; le dije que se dejara de
romper las pelotas, y el tipo nada, seguía con el discurso,
prendí la luz y ahí estaba, escoba en mano, poniendo la otra
mano como el Viejo y totalmente dormido, es que Lupín era
sonámbulo y yo no lo sabía". La militancia universitaria era
compartida con otro riogalleguense, Rafael Flores, alias Rafa,
hijo de un empleado bancario y popular arquero de fútbol, y de
una señora Sureda que, como el abuelo de Kirchner, estaba entre
los descendientes de los pioneros. Uno de ellos, José Sureda,
está entre los fundadores del peronismo provincial; otro Sureda,
militar, fue abatido por la guerrilla; su tía Ángela fue asesora
del primer gobernador de la dictadura, en 1976, intendente del
Proceso y dirigente radical en la naciente democracia de los
'80. Rafa recuerda que Lupín se abrió de la FURN, por
disidencias, y para cuando, en abril de 1973, se unen al Frente
de Agrupaciones Eva Perón, de las FAR (Fuerzas Armadas
Revolucionarias), para conformar la JUP (Juventud Universitaria
Peronista) platense, el Lupo ya no militaba, al menos en el
frente universitario. El tabicamiento de las estructuras
conspira contra la tarea de encontrar referencias de continuidad
en la militancia de Kirchner en las agrupaciones de superficie
de Montoneros, salvo sus propias expresiones frente a un
auditorio donde se encontraba Miguel Talento; allí habló de sí
mismo como fundador de la JUP. Al menos en La Plata, su ámbito
de militancia, esto está descartado por un integrante de la Mesa
de Agrupaciones, quien dio a conocer la unidad de la FURN con
FAEV, en la nueva Juventud Universitaria Peronista: el propio
Rafael Flores. Tampoco alguno de los participantes de la
trifulca a golpes de estas agrupaciones, el día de la liberación
de los presos peronistas de la U9, recuerdan al flaco
santacruceño. Los riogalleguences que fueron a La Plata luego
del '73, rememoran que Lupín se quedaba comiendo salchichas,
cuando se sabía que en el comedor universitario habría algún
acto. Los militantes setentistas de Gallegos, no lo reconocen
como un par. A pesar de la escasa población de la ciudad, que
atentaba contra el tabicamiento de estructuras, se dieron una
organización férrea y lograron una mínima estructura militar,
con condiciones de seguridad interna aceptables. Al consultar a
cuadro y militantes de base de la regional 7 de la JP, el nombre
de Kirchner no es reconocido como integrante, sólo lo recuerdan
ocasionando problemas. El 8 de enero de 1974, la UB Abal Medina,
que aglutinaba a los militantes de superficie de la M, en
Gallegos, organizó una campaña del juguete, junto a la Juventud
Radical, que tenía como atractivo una maratón radial en LU14
Radio Operativo Cóndor, como se denominó en aquellos años a la
actual Radio Provincia del Estado. Los juguetes se iban a
repartir en los barrios periféricos, pero un grupo de mujeres y
niños armó un gran lío bajo la conducción del joven Lupín, que
gritaba "Montoneros, carajo", e impulsaba a tomar los juguetes
antes del reparto. "Se armó un terrible escándalo que nos
arruinó todo el trabajo", recuerda, indignado, un militante de
la JP. "Cada vez que aparecía por la ciudad, se metía en
patoteadas de este estilo, se llegó a discutir si lo hacíamos
boleta". Al periodista Alfredo Leuco, hablando sobre el uso para
fines políticos del avión sanitario de la provincia, le dijo:
"(...) y esa ley, Alfredo, le puedo asegurar que yo la sufrí, yo
fui preso en el gobierno de Isabel, por la 20.840, cuando
derrocaron a Jorge Cepernic en Santa Cruz, en el '74 (...)". Ni
las crónicas periodísticas, ni los trabajos de investigación de
la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, que tratan
temas como la participación de la juventud en los años '70 y
comentan la militancia juvenil peronista previa y posterior a la
intervención al gobernador Jorge Cepernic, dan cuenta de la
militancia o de la cárcel que se adjudica. Siempre frente a
periodistas que no conocen de sus defecciones, sostuvo que
"Cuando Reutemann corría correras, yo estaba preso". Acerca de
el Lole, hay pruebas de que corrió, con dispar suerte en la
Fórmula Uno; pero de las cárceles de Kirchner, sólo las que crea
su imaginación. Los pasos posteriores a su defección de la FURN,
se pierden y sólo la autoreferencia lo ubica militando en las
agrupaciones revolucionarias del peronismo.
Historia
de "Bombón" y Alicia
Parte 2
“Yo fui preso con Isabel en el ’74, cuando derrocaron a Jorge
Cepernic, fui preso en el ’75, por la 20.840, fui preso en el
’76 y fui preso en el ’77, por contrario a una ley de tipologías
abiertas...”, sostuvo Néstor Kirchner por Radio del Plata, vía
telefónica, tratando de justificar el uso del avión provincial
para impedir la derogación de la Ley 20.840. Rafa Flores sólo
recuerda una prisión, la ordenada por el coronel Calloni, jefe
de Área y primer responsable del gobierno de la dictadura en
Santa Cruz. El coronel Alberto Calloni tuvo una larga
trayectoria en los tiempos del plomo, luego de su paso por Santa
Cruz prestó servicios en el sospechado EAM 78, el organismo que
administró la organización del mundial de fútbol en la
Argentina, y en la intendencia de La Matanza, donde protagonizó
un sonado escándalo con la compra de semáforos. Casado con una
santacruceña estanciera, que no desconocía la historia pionera
de los Kirchner y los Sureda, se integró a la sociedad local. De
allí que la relación con los dos detenidos por su orden, fuera
considerada “afectuosa” por Flores. “El trato siempre fue de
Doctor y el interrogatorio lo realizó el propio Calloni, sin
esposas ni capuchas, nos preguntó por nuestra presencia en el
acto del 25 de mayo de 1973 y si habíamos visto estandartes de
Montoneros”. Luego de confirmar su presencia en la plaza y la de
los estandartes, Calloni les pidió disculpas por no detenerlos
en el cuartel, aduciendo falta de espacio y que los debería
alojar en la Unidad Penal Federal 15, de la ciudad. Pocos días
antes había nacido Maximiliano, el primer hijo de Néstor y
Cristina. Con ironía, Flores dice que fue tan cordial el trato,
que le chocó la frialdad de los carceleros de la U15. Tres días
después, quedaron en libertad y para Rafa, esa prisión sólo es
la referencia de donde estaba cuando leyó de un tirón, el
Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento. El buen trato que
recibieron Néstor y Rafa sólo se puede referenciar en las
relaciones familiares de los detenidos, ya que los militantes de
la Regional 7 de la JP, quienes sufrieron persecuciones y cárcel
en ese período, recuerdan a Calloni como el usual milico
represor de la dictadura, quien con el tiempo llegaría a dirigir
el Centro de Residentes Santacruceños en la Capital Federal, ya
en democracia, en días de Arturo Puricelli.
# Lupín tiene novia Antes, en La Plata, él conoció a otra
estudiante de Derecho, tres años menor, nacida el 19 de febrero
de 1953, simpatizante de la JP, con la que formó pareja.
Cristina Elizabeth Fernández sostiene la teoría del flechazo
entre la bonita morocha y el desgarbado sureño. En un programa
radial local, comentó que presentarlo a la familia no fue fácil
y que allí comenzó a tratar de que Kirchner, como lo llama hasta
en la intimidad, se vistiera mejor, “al menos que combinara los
colores en sus prendas”. A los seis meses, 9 de mayo de 1975, la
pareja se casó y todo indica que se despojaron de las utopías
revolucionarias. Los ingresos de la joven familia provenían de
un puesto de “ñoqui” en el Ministerio de Bienestar Social.
Kirchner terminó su carrera y con Cristina embarazada, volvió a
Gallegos; ella demoraría otros dos años en recibir su título.
Otro que retornaba al pago con su diploma en Abogacía era Rafa
Flores. Integrado a la vida social, el joven abogado abrió un
estudio en calle 25 de Mayo 264; la etapa de aprendizaje real la
cubrió con consultar en el cercano estudio de “Gogo” Pérez
Gallart y se pulió al asociarse al Dr. Domingo Ortiz de Zárate,
apodado Chacho, renombrado abogado que integró el Tribunal
Superior de Justicia hasta la dictadura. La actividad legal de
Kirchner se especializó en la asesoría a comercios locales y
como apoderado de empresas. Automotores de Dios, La Opinión
Austral, LU12, el comercio de electrodomésticos Bercon y la
financiera Finsud, fueron algunos de los que contrataron sus
servicios, a los que agregó la gestión de cobro y recupero. El
rescate de televisores, pianos, bicicletas, etc., le ganó el
odio de muchas familias que, por siempre, tendrían presente su
figura y la de sus laderos, llevándose un bien de su casa. Fue
el caso de Henry Olaf Aaset, alias Pilin, quien de niño vio, con
lágrimas en los ojos, cómo Lupín le secuestraba el televisor. La
inquina le quedó y ya de grande, abogado, desde el Frente
Grande, trataba de “mafioso” a su colega, Gobernador, sabiendo
todos el origen de su bronca. Luego, algo ocurrió en la vida de
Pilín, quizás le devolvieron el viejo y enorme aparato o sólo
vió el filón frente a sus ojos, pero se convirtió en el actual
abogado personal de Kirchner, en su representante ante el
Consejo de la Magistratura y en defensor de cuanto funcionario
fuera acusado, entre ellos de
quienes golpearon salvajemente a los caceroleros el 26 de abril
de 2002. No sólo el niño Aaset sufriría al abogado Kirchner, los
descalabros provocados por la Circular 1.050, de José Alfredo
Martínez de Hoz, fueron aprovechados por Lupín para engrosar su
patrimonio inmobiliario, aprovechando su posición en Finsud, lo
que le permitía comprar las deudas hipotecarias o hacer las
ofertas en los remates. Esto fue así al extremo que su estudio
se asemejaba más a una inmobiliaria, hacia finales de la
dictadura, que al prestigioso estudio del que se ufanaría 20
años después, ante los medios nacionales que le preguntaban,
asombrados, por la gran cantidad de viviendas que aparecieron en
la declaración de bienes de su esposa, presentada ante el
Senado. Hacia 1980, alguien intentó vengarse por mano propia y
un hombre, con pasado militante, lleno de bronca por las
penurias de un amigo, arrojó una molotov en el frente del
estudio; a pesar su fallecimiento, los familiares prefieren
mantener la reserva de su nombre. Con el ascenso de su cuñado,
“Bombón” Mercado a la conducción del SUPE (Sindicato Único de
Petroleros del Estado), filial Austral, los ingresos se
incrementaron por los clientes que arrimaba al estudio para
alquilar viviendas. El sector petrolero actuaba como regulador
del mercado inmobiliario, por los altos precios que pagaban, y
la garantía de pago de las empresas. Desde su lugar, “Bombón”
acercaba a los ejecutivos e ingenieros de YPF y de las
contratistas. Llegaron tiempos de bonanza también para Alicia
Margarita, la hermana, quien venía sufriendo los desaguisados
económicos y financieros de su esposo. “Bombón” venía de
fracasar y endeudarse en Caleta Olivia y en Río Turbio, la venta
de autos y los créditos tomados para la fabricación de
zeppelines de gas y la venta de repuestos no anduvieron como lo
esperaban, la vida agitada del marido desbarrancaba todos los
esfuerzos. Gente de buen tomar y con años de Patagonia,
recuerdan una de estas historias del inefable “Bombón”. Alicia
tenía una coqueta boutique con maniquíes en la vidriera.
Volviendo de parranda, “Bombón” traía de la zona de las casas de
tolerancia a las chicas y, junto a un amigo, decidieron hacerle
una broma a los mineros que esperaban el colectivo que los
llevaba a la mina. Ingresaron al local, apagaron las luces y
reemplazaron a los maniquíes por las chicas, desnudas, luego
iluminaron la vidriera.
Los mineros se agolparon contra el vidrio, hasta que la llegada
del móvil se los llevó a su labor. A la nochecita el comentario
del pueblo llegó a los oídos de Alicia, quien nunca más abrió el
comercio. Con Kirchner en el Gobierno, otro descalabro, esta vez
del Supermercado Super-Supe, obligó a “Bombón” a irse del gremio
y de la casa. Con el país avanzando hacia la democracia, junto a
Jorge Chávez, el Negro, se convirtieron en asesores legales de
ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), viajando una vez
por mes en el avión de Lade (Líneas Aéreas del Estado), hasta la
cuenca donde daban información a los trabajadores, quienes los
recuerdan apoyados en la escalera del viejo cine del Turbio.
Llegaban nuevos tiempos y la imagen del usurero debía cambiarse
por otra. Pero Río Turbio, formaría parte de sus pesadillas en
el futuro.
El
día que nació el Estilo K
Parte 3
Con la llegada de la democracia, en el peronismo tres líneas
internas se disputaron la conducción: ** la ortodoxa, de Félix
Ríquez, apodado el Puma; ** una que lideró el joven abogado
oriundo de Perito Moreno, Arturo Antonio Puricelli, quien sumó a
veteranos de la militancia interna como Amador Iglesias, y a
sobrevivientes de las agrupaciones juveniles de los ’70; y **
otra con Néstor Carlos Kirchner al frente, llamada lista Blanca.
Las elecciones fueron el 3 de julio de 1983. Puricelli sumó a
Rafael Flores, Francisco Toto, Mauricio Mariani, Marcelo
Cepernic, Omar Muñiz, etc. El grupo lupinero venía reuniéndose
desde octubre de 1981 en el garaje de la vivienda de Jorge
Punjabi, junto a Ramón Salazar, el Pelado Varizar, Cacho
Vázquez, Alicia Kirchner y su esposo Armando Mercado, José Ángel
de Dios, y otros. Allí nació la Agrupación Ateneo Juan Domingo
Perón. Una de las apariciones públicas iniciales de la
agrupación fue en un acto de recordación de la memoria del
General, en el cementerio local, bajo el paraguas protector de
viejos militantes como Nélida Cremona de Peralta y Manolo López
Lestón. Nélida Cremona y su esposo, Hugo Peralta, eran una buena
cobertura frente a los militares porque sus nombres, acompañados
de su firma, estaban al pie de la nota remitida a los servicios
en la que se denunció a Orlando Stinermann, alias Alemán, como
un integrante de Montoneros. El Alemán era un viejo militante de
la resistencia peronista, de aquellos que Perón recordaba por su
nombre, asociado a Envar El Kadre y los inicios del foquismo. El
18 de abril de 1982 la agrupación estrenó la Unidad Básica Los
Muchachos Peronistas, la segunda en la ciudad desde el 24 de
marzo de 1976. El lugar elegido para su emplazamiento fue una
importante y humilde barriada de Río Gallegos, el barrio Nuestra
Señora del Carmen, donde se asentaban quienes llegaban a Santa
Cruz buscando un trabajo en la administración pública o en la
construcción. Un militante de aquellos días, el Dr. César Amaya,
escribió en una columna periodística del semanario La Tarde:
“(...) la agrupación Ateneo Juan Domingo
Perón, era el resplandor de lo que fuera la tendencia; había un
juramento de marchar a la reconstrucción del Movimiento
Peronista en la horizontalidad que preconizó Perón en sus
mensajes últimos (...), se proponía ganar la calle con ideología
y capacitación intelectual permanente (...)”. Con los años,
Amaya emigraría a las huestes de Puricelli, sosteniendo que
“(...) el justicialismo hecho poder tiene la mala costumbre de
corromper a sus propios ideales y doctrina, se vuelve gorila
(...)”. En verdad, la diversidad ideológica siempre acompañó a
las estructuras lupineras; muchos de sus integrantes sostuvieron
un discurso de acuerdo a postulados del peronismo de derecha y
en las actuaciones posteriores, esto se iría marcando. Armando
Mercado, alias Bombón, por ejemplo, era un ladero incondicional
de Diego Ibáñez, en el Supe. Una anécdota muestra lo variopinto
de la agrupación. En el Nº 7 de la revista Sur, de agosto de
1979, dirigida por los hermanos César y Roberto Arizmendi, un
joven contador público nacional, José Ángel De Dios, futuro
militante del Ateneo, sostuvo: “(...) fue uno de los momentos
emocionales más difíciles que me tocó vivir, no fue nada
comparable a lo ya vivido”, y no hablaba de un gran amor
juvenil, ni de su pionera experiencia sexual, ni de un diálogo
con un filósofo, sino de su encuentro con el teniente general
Jorge Rafael Videla, de visita en Río Gallegos. La estructura
principal del Ateneo estaba en la ciudad capital, pocos punteros
en el interior. En tanto, los viajes de Néstor Kirchner a la
Ciudad de Buenos Aires lo acercaron a los editores de la revista
Línea. Por esto no debe sorprender que, en ocasión de la
presencia de Ítalo Argentino Luder en Río Gallegos, la columna
de la Blanca, con Lupín a la cabeza, llegó hasta el escenario al
grito de “Isabel Conducción / lo demás es traición”. Y, luego,
sacudieron la tarima hasta que Luder habló algunas palabras
laudatorias hacia la ex Presidente. Las contradicciones se
mantendrían a lo largo de la historia de construcción de poder
de Kirchner, quien fue un férrero defensor de la utopía
revolucionaria o un posmoderno globalizado que recomendaba a los
periodistas leer a Francis Fukuyama, cuando lo interrogaban
sobre la extrema dureza del primer ajuste, en los albores de su
administración. En la elección interna del 3 de julio de 1983,
la lista Blanca salió 3ra. entre tres participantes. Sin
embargo, el grupo se mantuvo unido, con más incorporaciones que
defecciones. Un importante afluente fue la denominada “banda
Cordobesa”, un grupo de militantes estudiantiles de Tupac, la
agrupación del frente universitario Vanguardia Comunista. Los
primeros en refugiarse en Gallegos de la cruda represión del
general Luciano Benjamín Menéndez, fueron César Arizmendi y su
compañera, la abogada Alicia de los Ángeles Mercau, apodada
Sissí; luego, sus camaradas y colegas, Jorge Chávez, Angelina
Abbona y su esposo, Mengueche Mengarelli. También otro más
perejil, como Edgar Sánchez, hermano de Gorrión Sánchez, senador
por Córdoba, en su paso arrepentido al PJ. El ingreso al
peronismo de la “banda Cordobesa” trajo un plus, ya que, luego
de algunos años de cárcel durante la dictadura, otro cordobés de
la Vanguardia Comunista llegó a Gallegos, el abogado Carlos
Alberto Zannini, alias Chino. La incorporación de Zannini fue la
que más frutos rendiría al emergente árbol lupinero. El Chino
venía precedido por su historia personal, sus dotes de
organizador y todo el bagaje que le ganó el respeto de sus
compañeros de militancia en Córdoba. Sin los condicionamientos
de la ideología y con el estómago reforzado, Zannini se
convirtió en una pieza imprescindible del armado de estrategias
para alcanzar el poder, y consolidarlo. Así, 18 años después,
desde uno de sus múltiples cargos, el de presidente de la Unidad
Básica Los Muchachos Peronistas, habló de sí mismo como un
peronista de toda la vida. Todos sabían en el acto universitario
de la Unidad Básica más representativa del Frente para la
Victoria Santacruceña, que el Chino mentía, pero ya tenía mucho
peso como para contradecirlo. El chamuyo de Elías Semán,
abriéndoles la cabeza; el coraje de Roberto Luis Cristina; el
hijo de Luis Días Salazar en el vientre torturado de Esther, se
mueren cada día en El Vesubio, mientras la “banda Cordobesa”
pasea sus abultados vientres en las 4x4 que les regaló el poder.
De esa UB saldrían otros elementos de gravitación, como Juan
Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka; Héctor Aburto, y
fundamentalmente quien fuera cadete en su estudio, luego su
chofer personal y más tarde, ladero incondicional, Fernando
Ulloa Igor, alias Rudy. Cuando la democracia inició su marcha en
Santa Cruz, el peronismo colocó a Arturo Antonio Puricelli y a
Patricio Toto en la Gobernación. En tanto, el bloque en la
Cámara de Diputados provincial se encolumnó detrás de Rafael
Flores. La mano derecha de Puricelli, en el gabinete, y en la
reconstrucción de una estructura partidaria propia, fue Amador
Iglesias. Para abrir el juego, le ofreció cargos a sus
adversarios partidarios y Kirchner fue designado presidente de
la Caja de Previsión Social. Néstor Kirchner no podía dejar
pasar esta oportunidad y con sus hombres se hicieron cargo,
rápidamente, del organismo y comenzaron a crear una estructura
de Delegaciones en el interior de la provincia, donde sus
punteros encontraron la base para el despliegue de los Ateneos.
Una clave fue no separar lo propio de lo partidario ni de lo
institucional. Como en un Estado dentro del Estado, anunció
obras, la Casa del Jubilado, planes de financiación, etc. Cuando
él percibió que ni Puricelli ni Amador Iglesias avalaban ese
“cortarse solo”, denunció la no recepción de los aportes
previsionales y el desfinanciamiento de la Caja de Previsión,
prometiendo presentar una denuncia penal. Puricelli lo renunció
pero la Blanca ya había colocado a muchos de sus hombres. # Lupo
intendente El poder interno de Arturo Puricelli era inmenso,
como corresponde a la relación entre quien detenda el poder y la
Santa Cruz del funcionarato. Para enfrentarlo se requería que
las otras dos fuerzas internas se unieran para dar pelea, los
Ateneos y el MRP. Bajo la conducción de Rafael Flores se había
conformado, en 1985, el Movimiento Renovador Peronista, con un
veloz desarrollo en el interior de la provincia que, sumado al
trabajo de Kirchner en Gallegos, podría dar batalla a Puricelli.
Las conversaciones se sucedieron hasta que, sentados todos
alrededor de una mesa de restaurante, acordaron ir juntos.
Kirchner-Flores era la fórmula para la candidatura al gobierno
provincial, y Carlos María Laffitte, alias el Francés, candidato
a la intendencia de la capital provincial. Flores, con el
acuerdo alcanzado, se presentó ante sus hombres para recibir su
aprobación pero lo único que obtuvo fue un rechazo de la mesa
ejecutiva del MRP. El Rafa cuenta, hoy día, que “la oposición
más fuerte vino de la Agrupación Eva Perón, de Pico Truncado”.
Los jefes de la Agrupación Eva Perón –Sergio Acevedo, alias el
Negro; Ariel Arnold, alias Chiquito; y Federico Laissen- no le
ofrecieron opción: si se concretaba la unidad con el Ateneo, de
Kirchner, ellos se iban del MRP. Flores sostiene que no tuvo
alternativa porque el flanco norte del MRP se movía con la
dinámica de Acevedo, Arnold y Laissen.
En otra cena en el mismo restaurante, Flores le anunció a
Kirchner el rechazo de sus bases al acuerdo, y Kirchner se
enfureció. Sus acompañantes lo observaron y, de pronto, anunció
que pondría en práctica su plan B, resignando por cuatro años la
lucha por el sillón de Gregores. Así que daría una doble batalla
local, en Gallegos, por la conducción del partido y la
candidatura a intendente. Flores se comprometió a allanarle el
camino, aportándole sus votos, a cambio de que Kirchner lo
ayudase en la contienda provincial. Este acuerdo tampoco
prosperó porque Laffitte quiso pelear por la intendencia de
Gallegos y se negó a bajar su candidatura. Algunos militantes
del Ateneo recuerdan aquel momento: “El Cuervo estaba quebrado y
hablaba de dejar la política, la Bruja compartía su posición;
entre todos lo sacamos del pozo y logramos que volviera a
trabajar”. Pelear en Gallegos por el partido y por la
candidatura a intendente no era un objetivo inalcanzable. Las
formas que adoptó el quehacer político de Arturo Puricelli dejó
una abundante cantidad de heridos internos; entre ellos, los
allegados a Amador Iglesias, percutado del Ministerio Secretaría
General cuando estalló el escándalo del millón de dólares que
involucraba a la empresa constructora Gotti, a funcionarios
provinciales y al Banco de la Provincia de Santa Cruz. En la
elección interna provincial, Puricelli impuso su voluntad y el
candidato a gobernador fue Jaime Del Val. Pero Kirchner ganó la
candidatura a intendente de Gallegos y se quedó con el Consejo
partidario local. Entonces, con el trabajo facilitado por el
sello partidario, se determinaron varios ejes de acción.
Kirchner trabajó personalmente en el armado de un frente y se
presentó como un candidato amplio, despojado de los símbolos del
peronismo, solicitando la ayuda de Dios y prometiendo recrear el
espíritu pionero. El dejar de lado los símbolos partidarios
tenía que ver con una estrategia personal y con una lectura de
los resultados de la elección legislativa de 1985, la única
contienda electoral que ganó, alguna vez, la UCR santacruceña.
Se organizó una labor de timbreo para frenar las intenciones de
Puricelli-Del Val de restarle el voto peronista, mientras la
militancia inscribió en un padrón especial a los extranjeros
(básicamente chilenos) que, en Santa Cruz, se encuentran
habilitados a votar para intendente. Fue uno de los trabajos que
más tiempo llevó a los militantes ya que al convencimiento de la
orientación del voto se le agregaba el trabajo de gestión de los
documentos y la inscripción en un registro especial. La
estructura de propaganda quedó en manos de Cristina. En los
volantes y trípticos que se repartieron se observaba un
logotipo, refritado de elecciones en provincia de Buenos Aires,
que representaba un óvalo con tornillos que esquematizaba las
viejas chapas de numeración de las viviendas, con la leyenda
Kirchner 87, y acertaron con un jingle pegadizo. Cuando Del Val
aún no terminaba de acordar su fórmula, Lupín obtuvo la foto más
buscada del momento. Durante el lanzamiento del Frente Municipal
de Río Gallegos, se fotografió con Ramón Granero, alias Bochi,
del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), que poseía un
caudal electoral propio; con Roberto Arizmendi, del Partido
Intransigente; y con Romero, de la Democracia Cristiana. Las
encuestas y la sensación popular hablaban de un holgado triunfo
lupinero en Gallegos, y de la candidata Ángela Sureda, de la
UCR, en la provincia. Kirchner estaba eufórico. Si se
concretaban los sondeos, tendría su lugar de despegue y
eliminaría, en el mismo acto, a uno de sus competidores
internos, ya que Sureda es tía de Rafael Flores, y la
Constitución provincial contenía una cláusula que impedía la
consanguinidad en quien reemplazara a un gobernador en su único
mandato permitido. La derrota repercutiría, además, sobre
Puricelli y su delfín, Del Val, a quien en sus actos masivos en
Gallegos no permitió subir al palco. En el futuro, Kirchner
eliminaría estas dos restricciones constitucionales, abriendo la
posibilidad de su propia reelección indefinida y el camino a un
sucesor de su propia familia. El 7 de septiembre de 1987, los
primeros escrutinios revelaron que los rumores tenían asidero,
muchos votos peronistas se volcaron a la UCR, y entre el
electorado del padrón de extranjeros, que tanto contribuyeron a
engrosar los militantes de Lupín, el voto también se fugaba
hacia la UCR. A última hora, los votos de Río Turbio
consolidaron un escaso margen a favor de Del Val, y la última
mesa de Gallegos indicó que Kirchner era el nuevo intendente,
por un puñado de votos más que el contador público nacional
Roberto López. La mayoría del Concejo Deliberante quedó en manos
de la UCR. Lupín, quien siempre refleja en el cuerpo los miedos,
durante las últimas y angustiosas horas, luego del cierre de los
comicios, sufrió varios desmayos. Ricardo Jaime Del Val y su
gente llegaron primero a la esquina de Roca y San Martín, en
Gallegos, para los festejos; rezagado –y ya medianamente
repuesto- arribó Kirchner, abrazados sobre el capó de una
camioneta, ambos agradecieron y saludaron. Una sonrisa nerviosa
no lograba cambiar la imagen desencajada de su rostro. Esa
noche, Lupín empezó a dibujar estrategias para llegar al sillón
de Del Val.
Cuando
Ramón Granero ayudó a Néstor Kirchner a ganar la Gobernación
Parte 4
El acto de entrega del mando fue planificado como una
continuidad de la campaña. “Hay que demostrar una forma de hacer
y vivir la política”, decía Néstor Kirchner, la barrabrava
estaba preparada para hacerse oír cuando el guión lo indicaba, y
los invitados fueron seleccionados. Uno de ellos fue Jorge
Cepernic, el gobernador de 1973, quien pagó con años de cárcel
sus ideas. De Marcelo, su hijo, como intendente saliente,
recibió Kirchner el mando comunal. Marcelo Cepernic,
inteligente, introvertido, pasó por el municipio sin
altisonancias pero con una obra recordada por su honestidad y el
aporte a la infraestructura básica de servicios, extendidos al
máximo posible. Él logró el convenio con las Fuerzas Armadas
para la sesión de tierras que encorsetaban la ciudad y tuvo
logros en materia de integración barrial y apoyo a la cultura.
Cepernic provenía de las filas de Puricelli, hasta la
construcción del MRP, en 1985, del que participó, y aquel acto,
antes de escuchar a Kirchner, dejó en claro su beneplácito por
entregar el cargo a otro peronista. La respuesta de Kirchner fue
desencajada, atacó con dureza injustificada la gestión de
Cepernic mientras los barrabravas presentes batían el parche de
la vendetta contra quienes habían sido sus rivales domésticos.
Juan Manuel Cepernic, hijo de Marcelo, recuerda aún hoy, con
dolor, la angustia conque la familia retornó a su hogar aquella
jornada. Kirchner se trepó, aquel día, a una frase que repetiría
a lo largo del tiempo: “El Estado promotor debe suplir al Estado
benefactor”. Los bombos hicieron vibrar el salón mientras Oscar
Vázquez, alias Cacho, juraba como secretario de Gobierno; luego
Ramón Alberto Lascano, alias Tito, en Obras Públicas y Ubanismo;
Luis Salvidia, en Hacienda; y la más aplaudida de todos fue
Alicia Kirchner, en la flamante Secretaría de Promoción Social.
En tanto, el demócrata-cristiano Hugo Gárdes, asumió en la
Secretaría General. Lupín se encargó de dejar en claro, a los
integrantes del Frente Municipal, que el jefe era él; y luego
inició su tarea preferida: cooptar cuadros ajenos. Para ello
generó el Consejo de Planeamiento, Asesoramiento y Consulta,
conducido por su esposa Cristina; y por el arquitecto Julio De
Vido, y sólo para los considerandos, integró a las restantes
fuerzas del Frente. Desde entonces –y se convirtió en una
constante de la gestión de Kirchner- nunca una fuerza política
dejó de perder hombres y mujeres a manos del irresistible manejo
de “la cosa pública” que impuso K. Por ejemplo, con el Frente
Municipal, perdieron su existencia en Gallegos como partidos, el
Intransigente y la Democracia Cristiana. Kirchner comenzó
ajustando las cuentas del municipio. Para esto eliminó
alquileres que pagaba la intendencia, destruyó la red de centros
de integración barrial de su antecesor, desarmó la estructura de
Cultura –también obra de Cepernic-, y le pidió a Alicia que
recreara todo eso pero con otra orientación, apuntalando así la
estructura política propia. No había dinero en el tesoro
municipal para hacer grandes anuncios; entonces, el 22 de
diciembre de 1987 sacó a la calle a todo el personal a lavar las
veredas de la calle Roca, el centro comercial de Gallegos. Se
dice que en persona, escondido detrás de un tapial, controló la
operación que marcaba su estilo a los empleados municipales.
Ejecutó una gestión prolija, bien controlada por la mayoría UCR
en el Concejo Deliberante y con una interesante tarea del
Tribunal de Cuentas que le obligó a informar, regularmente, de
los ingresos y egresos. Además, ejecutó pavimentación de calles,
construcción de veredas, mejora de la iluminación de las calles
y levantó varios gimnasios municipales en los barrios. En tanto,
el gobierno provincial era caótico. Pero antes de cargar sobre
Jaime Del Val, tendría que superar escollos internos. Los
concejales Jorge Chávez, alias Negro –hombre de la “banda
Cordobesa”- y Juan Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka, de la
Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, plantearon sus
disidencias con el estilo personalista de Kirchner y crearon la
COP (Corriente de Opinión Peronista). Lograron sumar a Mónica
Kuney, Mario Metaza, Edgar Sánchez, Carlos Guardo (peronista muy
a la derecha que participó del derrocamiento de Cepernic, en los
’70), y otros. La COP inició alianzas con otras agrupaciones
peronistas. Una de ellas reunía a Olaf Aaset, alias Pilín, el
chico que vió como Lupín se llevaba el televisor de su casa (ver
Capítulo 1); Javier Pérez Gallart y Gabriel Pérez Rassetti,
alias Pajarito; además de dirigente de ATE, como Jorge Rivolta;
e históricos del PJ como Norberto Ferrantes, alias Madurga; y
Pocho Manrique. Chávez llegó al Sur huyendo de los militares, y
en 1980 ingresó como asesor legal en el Ministerio de Asuntos
Sociales. En 1984 arribaría, siguiendo a la “banda Cordobesa” un
camarada que lo había salvado de caer prisionero, Carlos Alberto
Zannini, alias El Chino, quien sí había estado preso luego de
que lo atraparan en la ex confitería El Molino. En 1987, Zannini
llegó a la Secretaría de Gobierno municipal; aunque –dicen-
coincidía con los planteos de Chávez. También dicen que intentó
irse a vivir de su profesión en Comodoro Rivadavia, en El
Chubut, pero los fracasos lo impulsaron a volver a Kirchner. #
Carga sobre Del Val La gobernación de Jaime Del Val, poco a
poco, se transformó en una corte donde política, sexo y poder
eran fermentos del desastre anunciado. En 1989, Del Val sufrió
una embolia cerebral y fue derivado a la Ciudad de Buenos Aires.
Su vice, Ramón Granero, alias Bochi, intentó gobernar
manteniendo la estructura que dejó Del Val, mientras la
inflación hacía estragos en la coparticipación federal y el
dólar escalaba las nubes, dificultándose afrontar la masa
salarial de la sobrepoblada administración pública. El regreso
de Del Val mostró a un hombre agobiado por la enfermedad, con
parte de su cuerpo paralizado y dificultades en el habla, propia
de una persona que no terminó su proceso de recuperación.
Granero sabía que los votos ganados con su actuación como
diputado provincial se diluían junto a Del Val. Las
conspiraciones de Rafael Flores, por un lado, y de Néstor
Kirchner, por el otro, comenzaron a resultarse simpáticas. En la
Nación, la tormenta liberal exigía reordenar los estados
provinciales y esto resultó terrible para Del Val, el único
gobernador que se jugó por Carlos Menem en 1988, en un escenario
de conflictividad social en aumento por el cerco financiero que
se cerraba sobre Santa Cruz. “Del Val fue a la Casa Rosada a
pedir plata y le entregaron balas de goma y un curso de
capacitación de la policía provincial en la represión de
motines”, me reveló un ministro del gobernador, que había
ingresado a la Casa de Gobierno eludiendo manifestantes, todos
de la Administración Pública. Señaló a los policías, que lucían
chalecos antibalas nuevos, sobre gastados uniformes. También
nuevos eran los cascos con visera y las cananas con cartuchos de
balas de goma y granadas lacrimógenas. Con armamento reluciente
y actitud de combate, los policías parecían distintos a los que
se intuían cercanos a los manifestantes porque su salario se
encontraba atado al éxito de la manifestación. Con los
funcionarios escapándose hacia el patio de la vecina jefatura
policial, donde a su vez había una puja interna, durante la
tarde, y vía un memorando con una firma falsificada, se ordenó
tirar. Hasta una embaraza sufrió los balazos de goma y los
gases. La represión se terminó tan rápida como empezó, al llegar
los diputados, en tropel, a la Legislatura. La policía se escudó
en el memo falso y los funcionarios del gabinete provincial se
refugiaron en Dolores Ávila, secretaria Legal del Ministerio
Secretaría General, todos buscando un responsable para entregar
a los diputados. Ávila, a quien llamaban “la Doctorcita”, era la
"novia secreta” del gobernador enfermo; más adelante, cuando él
se divorció, fue su esposa. Aquella tarde fue señalado como
culpable José Tapia, alias Pepe, el único de quien nadie
esperaba una orden de represión, aparente firmante del memorando
represor. Ávila, Caíto Del Val –hijo del gobernador- los
diputados UCR López y Quintar, junto a Kirchner, intentaron
convencerlo a Tapia de que aceptara la culpa, prometiéndole una
interpelación legislativa breve y sin problemas. Kirchner, quien
preparaba el golpe institucional contra Del Val con la
herramienta del juicio político, temía que la dirigencia del
sindicato de empleados públicos Apap, controlado por las
asambleas donde la izquierda encontraba eco a su propuesta de
movilización y lucha, aumentara la apuesta porque con más
confrontación había peligro de intervención federal, donde
suponía que se candidateaba Puricelli. Tapia se mantuvo firme y,
entonces, Del Val lo culpó y lo echó del ministerio por
“inútil”. Es curioso: Tapia siguió caminando, tranquilo, por las
calles de Gallegos y nunca nadie le dijo nada porque nadie había
creído en las imputaciones. Flores y Kirchner querían la caída
de Del Val para eliminar a la estructura de Puricelli y a su
cuñado, el senador nacional Pedro Molina; la fecha propicia
parecía el mes del Mundial 1990, que se jugaría en Italia. El
bloque UCR era liderado por Ernesto Cruz, alias Sinatra, según
los columnistas políticos, quien se sumó a la propuesta de
juicio político porque creía que todo el descalabro del PJ lo
pondría a tiro de la Gobernación. Antes de avanzar con el juicio
político, la nueva coalición le exigió integrar un gabinete con
sus hombres, ejecutar algunos ajustes fiscales y, luego, que
pidiera licencia. Del Val resistió, confiado en que Carlos y
Eduardo Menem lo apoyarían en contra del quiebre institucional,
pero no consiguió más que declaraciones de prensa. En la Cámara
de Diputados provincial se reunieron pruebas, bajo la conducción
de Cristina Fernández de Kirchner, miles de fojas apuntalaron
ocho cargos, maniobras en la Subsecretaría de Pesca, la
enfermedad del gobernador y la utilización de medios
provinciales para realizar mejoras en su estancia. Del Val, por
consejo de Puricelli, disolvió por decreto la Legislatura y
llevó la cuestión a la justicia. Pero la Cámara de Diputados
había tomado sus previsiones, designando como camarista a una
secretaria del Tribunal Superior de Justicia, Laura Patricia
Ballester de Muratore. La camarista, por su antigüedad, subrogó
en el Tribunal Superior de Justicia y cuando la nulidad llegó a
esa instancia, su voto y el de la Dra. Clara Salazar, dejaron en
minoría al Dr. Castro Dassen. El conflicto de poderes llevó al
Ministerio del Interior a enviar a Jorge Díaz Martínez, un
catamarqueño vinculado a los Saadi, como amigable componedor.
Díaz Martínez descendió en Gallegos y se encontró con un amigo,
Armando Mercado, alias Bombón, cuñado de Kirchner y aún hombre
del Supe, quien no se despegó de la sombra de Díaz Martínez,
quien de inmediato comprobó la soledad de Jaime Del Val, y
decidió convencerlo que lo mejor era aceptar el juicio y
entregar el poder a Ramón Granero. A los riojanos en el poder
federal no pareció importarles qué ocurría en la lejana
Patagonia. El mismo día en que los Granaderos a Caballo
expulsaban a Zulema Yoma y a sus hijos de la Quinta de Olivos,
Del Val reclamó en la Cámara de Diputados su derecho a defensa
en juicio y denunció las presiones de Granero, Kirchner y
Flores, y la falsificación de sus certificados de salud. El
juicio político a Del Val tuvo todos los ingredientes de un show
mediático que no conmovió demasiado a la población. Las
intrigas, golpes de efecto y campañas de prensa se producían con
un ojo puesto en el sillón de la Rosadita, y en la contienda
electoral que se venía. Se acumularon miles de fojas, los
abogados actuaban como tales y algunos cobraban con oportunas
asesorías brindadas por el enjuiciado antes de que le
suspendieran la firma. Los militantes de la alianza
Kirchner-Flores-Granero vs. los de Del Val, colmaron las
graderías mientras los funcionarios y ex funcionarios daban
testimonio. A la salida de una sesión, Del Val, con un aspecto
físico ya mejorado, cargó contra los periodistas que trabajaban
en el área: “Con algunos periodistas habría que hacer jabón”.
Joaquín Pérez, alias el Vikingo; y Miguel Coiffman, alias el
Ruso, militantes del MRP, colgaron la noticia en todas las
teletipos de agencias de noticias. Crónica le dedicó casi media
página y las organizaciones judías enviaron notas de queja. Del
Val comenzó a asumir que se desbarrancaba, y el menemismo le
retiró el salvavidas prometido y que aún no le había arrojado.
El juicio político terminó con la destitución de Del Val como
gobernador de la provincia de Santa Cruz, con el voto afirmativo
en siete cargos: 1. Ejecución con equipamiento oficial de una
obra de aprovechamiento hidráulico en su estancia. 2.
Incumplimiento inexplicable de los dispositivos de la Ley
Provincial de Pesca. 3. Incumplimiento de la Ley Provincial de
Emergencia 2.077. 4. Extracción de fondos depositados a plazo
fijo en violación a las normas vigentes y en función de hacer
valor la influencia que el cargo le confiere, en el Banco de la
Provincia. 5. Falta de cumplimiento en lo preceptuado en la Ley
2.070. 6. Dictado del Decreto 806/88. 7. Autorización de
contraer un empréstito de US$ 430 millones. Por la negativa se
votaron los restantes cargos: 1. Incapacidad física y mental. 2.
Injustificable omisión en la cobertura de importantes cargos
provinciales. 3. Proyecto ecológico en San Julián. 4. Situación
de riesgo técnico del Banco de la Provincia. 5. Manejo
discrecional e irregularidades en la distribución del Bono
Solidario. Con el vicegobernador Granero en el poder, la
sucesión quedó en manos de la nueva vicepresidente 1ra. de la
Cámara de Diputados, Cristina Fernández de Kirchner. # El
acuerdo Ramón Granero, alias Bochi, a cargo de la gobernación,
designó, el 31 de mayo de 1990, ministro de Gobierno al abogado
Héctor Icazuriaga, quien pertenecía al MRP de Rafael Flores.
Icazuriaga, apodado El Chango de Chivilcoy, fue criticado porque
pronunció un discurso propio de alguien que llega para quedarse
y no de alguien transitorio: “Mi agradecimiento al Sr.
Gobernador y a todos aquellos que han entendido que, quien les
habla, era la persona idónea para ocupar la cartera”.
En verdad, Del Val aún estaba suspendido transitoriamente por 30
días. La anécdota le dejó, para siempre, a Icazuriaga el mote de
El Idóneo. En esos 30 días, el gabinete se fue conformando entre
los tironeos de las facciones, cada líder quería ubicar a su
gente en las áreas estratégicas. Abundaban las anécdotas de
acuerdos que eran rotos cuando, a último momento, Kirchner
solicitaba ese cargo para su gente y todo se empiojaba. La
negociación se extendió más allá de la destitución de Del Val.
Hacia el mes de julio, el MRP logró designar a Daniel Cámeron en
el Ministerio de Economía; el Frente para la Victoria
Santacruceña ubicó a Alicia Margarita Antonia Kirchner en el
Ministerio de Asuntos Sociales, y a Julio De Vido en la
conducción de Vialidad Provincial, junto a Barletta, Palacios y
Vargas. Cristina era la vicepresidente 1ra. del Legislativo y su
embarazo no le impidió sesionar hasta la madrugada del 6 de
julio, cuando nació Florencia, su 2da. hija y la consentida de
Kirchner. En la Secretaría General asumió Félix Ríquez, alias
Puma; y en Educación, la dirigente del MID, Martha Crowe. Flores
no estuvo de acuerdo con lo de Ríquez y le ordenó a El Idóneo no
asistir a la ceremonia. El gabinete nació mal pero las finanzas
provinciales estaban peor y el 7 de julio, Santa Cruz ingresó a
una virtual cesación de pagos. Cristina tenía 36 años y el día
que nació Florencia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación
convalidó el fallo del Tribunal Superior de Justicia
santacruceño, y terminó con las posibilidades de retorno de Del
Val al gobierno, que gestionaban Daniel Peralta y Mario
Aramburu. Varias agrupaciones justicialistas hicieron públicas
sus objeciones a lo actuado: el Movimiento de Unidad Peronista,
las UB Joaquín López, 20 Verdades, Ateneo Liberación,
Restauración Peronista y la Corriente de Unidad Peronista, ex
Corriente de Opinión, de Jorge Chávez. Puricelli seguía tejiendo
contra la coalición Kirchner-Flores-Granero y creó la Liga de
los Intendentes, presidida por Charo Sandoval, de la localidad
de Los Antiguos. # Tiros en el Salón Blanco En septiembre de
1990, los sueldos eran una preocupación de trabajadores y
funcionarios santacruceños, que cobraban en dos cuotas, licuadas
por la inflación. En la policía provincial, por más que hasta
los suboficiales cobraban el 100% de su salario, se exigía una
recomposición del 56%. Y lo hicieron saber a la plana mayor y al
sindicato de empleados públicos Apap, su oficioso representante
en las negociaciones con el gobierno.
El Idóneo fue a un acto a entregarle a la Policía los vehículos
oficiales que se les habían quitado a otras reparticiones, en
cumplimiento de medidas de ajuste. El Idóneo anunció que los
porcentajes que se estudiaban para el aumento salarial serían
los mismos que recibirían todos los empleados públicos, muy por
debajo del 56% solicitado por los uniformados. En ese contexto
ocurrió la renuncia del comisario Gottfrid y su reemplazo por el
comisario general Pedro Zerbo. Luego, en la madrugada del
viernes 28, el Salón Blanco de la Casa de Gobierno fue baleado
por un grupo de policías que irrumpió disparando. Cristina
Fernández había hecho pública su renuncia a la Vicepresidencia
1ra. de la Cámara pero ante la ausencia de Granero, fue
informada de los graves sucesos. Ella narró al semanario Para
Ti, en esos días, que su esposo, Néstor Kirchner, el intendente
de Gallegos, estuvo listo de inmediato para ir a la Casa de
Gobierno pero ella se tomó su tiempo para maquillarse. Kirchner
insistió en que era una emergencia, y ella dijo que le
respondió: “Mirá, pueden desembarcar los marines pero yo a la
calle sin perfume no salgo”. Por entonces, ella usaba Rumba. El
sereno de la Casa de Gobierno estuvo a punto de ser baleado. Los
policías se llevaron el retrato del abrazo de Puricelli y Del
Val, que estaba en la galería de fotos de los gobernadores,
simbolizando la única vez que un gobernador electo cedió a otro
electo, el sillón de la calle Alcorta. Luego, esos policías
marcharon a reunirse con sus compañeros, quienes se
autoacuartelaron en las comisarías y destacamentos. El comisario
Zerbo renunció y en su reemplazo asumió el comisario mayor
Horacio Guardo. El patrullaje urbano quedó en manos de
Gendarmería, mientras Guardo negociaba con los autoacuartelados,
lo que ocurrió hasta el 1º de octubre, cuando se anunció un
aumento del 21,6% y que casi no se investigaría lo ocurrido.
Pero la fotografía de Puricelli y Del Val no regresó al Salón
Blanco. La justicia frenó los paros docentes y, a pesar del
descontento por el pago en cuotas de los salarios, la Apap
comenzó a desnudar las contradicciones internas que sólo se
resolverían a comienzos de la gestión Kirchner, con quien
coincidía su secretario general, Rafael Agulló. En tanto, los
hombres de Kirchner se preparaban para romper con Flores y
Granero, y así llegar con el menor costo posible a los comicios
de septiembre de 1991. A Kirchner le preocupaba no dejarle
ningún margen a Bochi, no fuese que éste quisiera consolidar
algún liderazgo; a la vez, procuraba controlar a la UCR que
balconeaba la situación que describía como el resultado de las
internas peronistas. Así, se trabaron en la Legislatura casi
todos los proyectos que envió el Ejecutivo, y la realidad
financiera ahogó a Santa Cruz. El año 1990 es recordado en la
provincia como el año cuando los estudiantes pasaron de grado
por decreto. Con el Ministerio de Economía sin dinero y sin
resultado en las negociaciones por las deudas que la Nación e
YPF mantenían con la provincia de Santa Cruz por regalías de
hidrocarburos, Granero tenía pocas posibilidades de éxito.
Tampoco podía ajustar los gastos en personal porque eso le
permitiría reagrupar fuerzas a Puricelli, quien aún esperaba una
intervención federal. Así, Granero, un hombre que había sido
felicitado por la Nación luego de liquidar el parque automotor
mucho antes que Adolfo Rodríguez Saá hablara de ello, que había
obtenido una Ley de Emergencia que lavó el Legislativo
provincial, y que fue invitado a sumarse al PJ y buscar un
escaño nacional, pasó su gestión buscando dinero que... nunca
consiguió. El 1º de mayo de 1991, leyó el tradicional mensaje a
la Cámara y, dos días después, renunció.
Parte 1 /
Parte