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Néstor Kirhner, al amo del feudo - Parte 1

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Parte 1 / Parte 2

040109 - Tribuna - Daniel Osvaldo Gatti - Biografía no autorizada de N Kirchner

PARTE 1 - Introducción
PARTE 2 - Historia de "Bombón" y Alicia
PARTE 3 - El día que nació el Estilo K
PARTE 4 - Cuando Ramón Granero ayudó a Néstor Kirchner a ganar la Gobernación

El libro "Kirchner, el Amo del Feudo", que resulta muy difícil de conseguir porque su única edición se agotó en los kioscos de diarios y no hubo reposición, cuenta los secretos más increíbles del enigmático Señor K. Acá lo publicamos completo para lectura online

Su autor, Daniel Osvaldo Gatti, nació en Basavilbaso, provincia de Entre Ríos, fue militante de las Agrupaciones Juveniles del Peronismo Bonaerense, fue un preso político entre 1977 y 1982. En 1984 se radicó en la provincia de Santa Cruz y, desde el humor gráfico, siguió su pasión por la política. Con Héctor Barabino, conduce A los Cuatro Vientos y Séptimo Día, dos programas radiales de vasta audiencia en Río Gallegos.

INTRODUCCIÓN

Parte 1

Néstor Carlos Kirchner nació un 25 de febrero de 1950, en Río Gallegos, una ciudad por entonces de 6.000 habitantes. Su nombre se ajustaba a una larga tradición de hombres de la familia, quienes portaron alguno de los nombres del primer Kirchner que llegó a la Patagonia, a principios del siglo 20. Su padre, empleado de Correos, donde llegó a tesorero, se llamaba Néstor, hermano de Carlos, Delia y Zulema, descendientes de Carlos Kirchner y Margarita Kaenel. El primer Carlos se radicó como comerciante de Ramos Generales, y desde su comercio trabó relación con los sectores que detentaban el poder real en la provincia de Santa Cruz. Su nombre está inscripto como aportante a las autoridades y cuerpos de seguridad, en tiempos en que los ganaderos optaron por armar policías y una Guardia Blanca, para terminar con los peones, como ya habían terminado con los nativos tehuelches. La proclama de los huelguistas lo incluyeron en el listado de los comerciantes a boicotear, por su defensa incondicional de los postulados de la Sociedad Rural y la Liga Patriótica. "Para contrarrestar, debidamente, los injustos ataques a las autoridades del territorio y de la Nación... ", el 11 de enero de 1922, se constituye la Unión Cívica Radical del Territorio, y Don Carlos Kirchner rubrica el acta que es la continuidad por otros medios de la defensa de los mismos intereses, los propios. A la costumbre de recibir los nombres de sus antepasados no escapó su hermana, Alicia, quien lleva el agregado de Margarita, por la abuela Kaenel. Su tercer nombre es Antonia. Estudió y se recibió de Asistente Social, y en los recesos entre funciones gubernamentales, y aprovechando a su cuñada en el Congreso, obtuvo el Doctorado. La figura del abuelo Kirchner quedó en lo profundo de la memoria de chicos que hoy son hombres maduros y todavía se estremecen al recordar las mensuales humillaciones a la que eran sometidos sus padres. La de un hombre alto, enfundado en un pesado abrigo gastado, quien invariablemente golpeaba con su bastón las puertas de sus viviendas para reclamar el pago del alquiler, usurero gozoso, sabía que faltaban algunos días para que cobraran y sólo por el placer de escuchar sus excusas, los visitaba el primer día de cada mes. La misma impronta, la de su nieto, pero con traje de saco cruzado y anteojos de cristales verdes, llegaba a las de los clientes morosos para llevarle los bienes adquiridos. Su perfil de nariz pronunciada, el remolino en la coronilla y los ojos saltones le valieron el apodo de Lupín, como el famoso personaje de historietas infantiles, su derivativo, Lupo, mostraba que el apodo tenía variantes que daban en la tecla con la verdadera personalidad. Otros apodos sólo quedaron relegados a las voces en sordina. Tordo, Cuervo, Cara con Mango, Flaco, ninguno quedó, sólo Lupín, un apodo que definía mucho más que un aspecto físico de su portador, se convirtió en identidad política, en las formas que adoptó el manejo de la cosa pública y sirvió para que el tradicional y conservador diario La Opinión Austral, en cada viraje hacia el oficialismo, pasara a denominarse, popularmente, Lupinión Austral. Cuando Lupín incorporó a sus primeros discursos públicos de campaña para intendente de Río Gallegos, la advocación a los pioneros, todos recordaron al abuelo Carlos, quien sostuvo la posición de eliminar de raíz las luchas obreras, y quien sobre las osamentas de los peones, en las fosas comunes, se forjara una palabra que atravesará toda la historia de Santa Cruz: miedo. Sin entender esta matriz de los santacruceños, y en particular de éste, es muy difícil comprender cómo se logró construir un feudo en pocos años. # Néstor niño Las fotos de la etapa escolar lo muestran con todos los atributos físicos conocidos: alto, narigón, luciendo el corte de la época -a la americana-, y los también típicos pantalones cortos hasta las rodillas, acompañados por medias tres cuarto, gruesos marcos negros en los anteojos que intentaban corregir la posición de sus pupilas. Sus maestros lo tienen presente como un niño inteligente pero apocado, vulnerable a las bromas, que prefirió refugiarse en la protección que le brindaban chicos más grandes, con los que compartió los picados en "la canchita", como llamaban a un baldío de la calle Pasteur. "Cuando empezó el secundario, se integró a otros grupos, pero a los del barrio no nos olvidó", cuenta un amigo, al recordar a los integrantes del grupo de la infancia, refiere nombres que aparecerán siempre en las cercanías de Kirchner, como Oscar 'Cacho' Vázquez, proveniente de San Julián, o Juan Carlos Has. Un viejo profesor cuenta que en el colegio secundario era líder de "un grupito quilombero, de discutir por pavadas o de caprichoso", y una docente refiere un enfrentamiento con Lupín cuando, junto a otros jóvenes, enfrentó una disposición interna que establecía el 7 como la nota que habilitaba para participar en los juegos intercolegiales. Para el Diputado 25, seudónimo del profesor Emilio García Pacheco, un periodista conservador que se convirtió en seguidor y publicista de Kirchner, el Lupo no era un buen alumno. # En La Plata La política se transformaba en un poderoso imán para quienes partían a estudiar; provenientes de familias de clase media acomodada, que emparentaban sus actividades con la de los estados nacional y provincial, y desde una pequeña capital de provincia que, con pocos años de experiencia como tal y siempre alterada por intervenciones y golpes de Estado. El radicalismo, así como también el todavía proscripto peronismo, los sumaron a sus agrupaciones juveniles. El Kirchner que llegó a La Plata, y a las habitaciones de El Castillo, se dejó crecer el pelo, alto, flaco y desgarbado, mantuvo su costumbre de ser poco afecto a cuidar su indumentaria, se convenció que el peronismo era el camino para la revolución en ciernes, y se integró a la Juventud Peronista, encuadrándose en la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN), en la agrupación de la Facultad de Derecho. El Castillo era la denominación de una casa alquilada por un veterano estudiante, quien luego de algunos años de jolgoroio, se aplicó al estudio y concluyó, rápidamente, su carrera de abogado, Néstor Osvaldo Peña, alias Tussi. Él proveyó a El Castillo de un televisor y esto atraía comprovincianos, quienes en muchos casos sólo la veían en las vidrieras de un comercio, durante las escasas horas de transmisión del Canal 9 local. Peña ya era cabrero y gritón, y compensaba la baja estatura con el respeto que infundía la diferencia de edad. Si el Boca Juniors de sus amores perdía, la transmisión de fútbol obligatoriamente se cambiaba por el Mundo del Espectáculo u otra programación de cine. Casi toda la generación de políticos radicales y peronistas actuales pasó por esa casa. De El Castillo partían los santacruceños a jugar algún partido de fútbol y una anécdota apoyada en pruebas, relata que "enfrentando a un equipo de residentes peruanos, tan habituales en aquellos tiempos en las universidades, Lupín, luego de un encontronazo, se calentó y comenzó a insultar; los trató de 'negros de mierda', de 'muertos de hambre' y otras linduras, hasta que un morocho fibroso, le pidió que parara con las agresiones. Lupín lo invitó a pelear al costado del campo, y aceptado el convite, el Lupo le dio la espalda y empezó a caminar al lateral" (el ex estudiante platense se ríe e imita el tranco desgarbado de Kirchner). "Cuando movió los brazos así (imita el braceo), el peruano lo agarró, lo levantó y lo tiró al suelo, dándole patadas en el culo; Lupín nos pidió ayuda, nosotros nos reíamos y yo aproveché para sacar esta foto, con una cámara que siempre llevaba... por supuesto que la foto la tengo duplicada y guardada". Otro veterano estudiante platense, cuenta historias del Gobernador (hoy Presidente) y sigue sin comprender cómo aquel tipo, objeto de todas las bromas, llegó a ser lo que es. Las bromas giraban sobre la nariz y los ojos, pero como Lupín siempre tuvo problemas para pronunciar las fricativas, se las arreglaban para mandarlo a comprar las pizzas, y que tuviera que sorporar las chanzas invariables del vendedor. Es que el Lupo las eses y las zetas las convierte en jotas. "En lo que no cambió es en su manía por los dólares. A La Plata le llegaba el giro de la familia y el Lupo salía disparado a comprar dólares, y en esa época nadie se calentaba demasiado por las cotizaciones, pero él sí, cada tanto los contaba y calculaba las ganancias con el precio que aparecía en el diario". Un sobreviviente, con el que circunstancialmente compartió un departamento, rememora un costado insólito de Lupín: "Una noche, me despertaron los gritos roncos de una persona, cuando terminé de despertarme, me di cuenta que provenían de muy cerca, era el Flaco, que imitaba a Perón con una escoba de micrófono; le dije que se dejara de romper las pelotas, y el tipo nada, seguía con el discurso, prendí la luz y ahí estaba, escoba en mano, poniendo la otra mano como el Viejo y totalmente dormido, es que Lupín era sonámbulo y yo no lo sabía". La militancia universitaria era compartida con otro riogalleguense, Rafael Flores, alias Rafa, hijo de un empleado bancario y popular arquero de fútbol, y de una señora Sureda que, como el abuelo de Kirchner, estaba entre los descendientes de los pioneros. Uno de ellos, José Sureda, está entre los fundadores del peronismo provincial; otro Sureda, militar, fue abatido por la guerrilla; su tía Ángela fue asesora del primer gobernador de la dictadura, en 1976, intendente del Proceso y dirigente radical en la naciente democracia de los '80. Rafa recuerda que Lupín se abrió de la FURN, por disidencias, y para cuando, en abril de 1973, se unen al Frente de Agrupaciones Eva Perón, de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), para conformar la JUP (Juventud Universitaria Peronista) platense, el Lupo ya no militaba, al menos en el frente universitario. El tabicamiento de las estructuras conspira contra la tarea de encontrar referencias de continuidad en la militancia de Kirchner en las agrupaciones de superficie de Montoneros, salvo sus propias expresiones frente a un auditorio donde se encontraba Miguel Talento; allí habló de sí mismo como fundador de la JUP. Al menos en La Plata, su ámbito de militancia, esto está descartado por un integrante de la Mesa de Agrupaciones, quien dio a conocer la unidad de la FURN con FAEV, en la nueva Juventud Universitaria Peronista: el propio Rafael Flores. Tampoco alguno de los participantes de la trifulca a golpes de estas agrupaciones, el día de la liberación de los presos peronistas de la U9, recuerdan al flaco santacruceño. Los riogalleguences que fueron a La Plata luego del '73, rememoran que Lupín se quedaba comiendo salchichas, cuando se sabía que en el comedor universitario habría algún acto. Los militantes setentistas de Gallegos, no lo reconocen como un par. A pesar de la escasa población de la ciudad, que atentaba contra el tabicamiento de estructuras, se dieron una organización férrea y lograron una mínima estructura militar, con condiciones de seguridad interna aceptables. Al consultar a cuadro y militantes de base de la regional 7 de la JP, el nombre de Kirchner no es reconocido como integrante, sólo lo recuerdan ocasionando problemas. El 8 de enero de 1974, la UB Abal Medina, que aglutinaba a los militantes de superficie de la M, en Gallegos, organizó una campaña del juguete, junto a la Juventud Radical, que tenía como atractivo una maratón radial en LU14 Radio Operativo Cóndor, como se denominó en aquellos años a la actual Radio Provincia del Estado. Los juguetes se iban a repartir en los barrios periféricos, pero un grupo de mujeres y niños armó un gran lío bajo la conducción del joven Lupín, que gritaba "Montoneros, carajo", e impulsaba a tomar los juguetes antes del reparto. "Se armó un terrible escándalo que nos arruinó todo el trabajo", recuerda, indignado, un militante de la JP. "Cada vez que aparecía por la ciudad, se metía en patoteadas de este estilo, se llegó a discutir si lo hacíamos boleta". Al periodista Alfredo Leuco, hablando sobre el uso para fines políticos del avión sanitario de la provincia, le dijo:
"(...) y esa ley, Alfredo, le puedo asegurar que yo la sufrí, yo fui preso en el gobierno de Isabel, por la 20.840, cuando derrocaron a Jorge Cepernic en Santa Cruz, en el '74 (...)". Ni las crónicas periodísticas, ni los trabajos de investigación de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, que tratan temas como la participación de la juventud en los años '70 y comentan la militancia juvenil peronista previa y posterior a la intervención al gobernador Jorge Cepernic, dan cuenta de la militancia o de la cárcel que se adjudica. Siempre frente a periodistas que no conocen de sus defecciones, sostuvo que "Cuando Reutemann corría correras, yo estaba preso". Acerca de el Lole, hay pruebas de que corrió, con dispar suerte en la Fórmula Uno; pero de las cárceles de Kirchner, sólo las que crea su imaginación. Los pasos posteriores a su defección de la FURN, se pierden y sólo la autoreferencia lo ubica militando en las agrupaciones revolucionarias del peronismo.

Historia de "Bombón" y Alicia

Parte 2


“Yo fui preso con Isabel en el ’74, cuando derrocaron a Jorge Cepernic, fui preso en el ’75, por la 20.840, fui preso en el ’76 y fui preso en el ’77, por contrario a una ley de tipologías abiertas...”, sostuvo Néstor Kirchner por Radio del Plata, vía telefónica, tratando de justificar el uso del avión provincial para impedir la derogación de la Ley 20.840. Rafa Flores sólo recuerda una prisión, la ordenada por el coronel Calloni, jefe de Área y primer responsable del gobierno de la dictadura en Santa Cruz. El coronel Alberto Calloni tuvo una larga trayectoria en los tiempos del plomo, luego de su paso por Santa Cruz prestó servicios en el sospechado EAM 78, el organismo que administró la organización del mundial de fútbol en la Argentina, y en la intendencia de La Matanza, donde protagonizó un sonado escándalo con la compra de semáforos. Casado con una santacruceña estanciera, que no desconocía la historia pionera de los Kirchner y los Sureda, se integró a la sociedad local. De allí que la relación con los dos detenidos por su orden, fuera considerada “afectuosa” por Flores. “El trato siempre fue de Doctor y el interrogatorio lo realizó el propio Calloni, sin esposas ni capuchas, nos preguntó por nuestra presencia en el acto del 25 de mayo de 1973 y si habíamos visto estandartes de Montoneros”. Luego de confirmar su presencia en la plaza y la de los estandartes, Calloni les pidió disculpas por no detenerlos en el cuartel, aduciendo falta de espacio y que los debería alojar en la Unidad Penal Federal 15, de la ciudad. Pocos días antes había nacido Maximiliano, el primer hijo de Néstor y Cristina. Con ironía, Flores dice que fue tan cordial el trato, que le chocó la frialdad de los carceleros de la U15. Tres días después, quedaron en libertad y para Rafa, esa prisión sólo es la referencia de donde estaba cuando leyó de un tirón, el Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento. El buen trato que recibieron Néstor y Rafa sólo se puede referenciar en las relaciones familiares de los detenidos, ya que los militantes de la Regional 7 de la JP, quienes sufrieron persecuciones y cárcel en ese período, recuerdan a Calloni como el usual milico represor de la dictadura, quien con el tiempo llegaría a dirigir el Centro de Residentes Santacruceños en la Capital Federal, ya en democracia, en días de Arturo Puricelli.
# Lupín tiene novia Antes, en La Plata, él conoció a otra estudiante de Derecho, tres años menor, nacida el 19 de febrero de 1953, simpatizante de la JP, con la que formó pareja. Cristina Elizabeth Fernández sostiene la teoría del flechazo entre la bonita morocha y el desgarbado sureño. En un programa radial local, comentó que presentarlo a la familia no fue fácil y que allí comenzó a tratar de que Kirchner, como lo llama hasta en la intimidad, se vistiera mejor, “al menos que combinara los colores en sus prendas”. A los seis meses, 9 de mayo de 1975, la pareja se casó y todo indica que se despojaron de las utopías revolucionarias. Los ingresos de la joven familia provenían de un puesto de “ñoqui” en el Ministerio de Bienestar Social. Kirchner terminó su carrera y con Cristina embarazada, volvió a Gallegos; ella demoraría otros dos años en recibir su título. Otro que retornaba al pago con su diploma en Abogacía era Rafa Flores. Integrado a la vida social, el joven abogado abrió un estudio en calle 25 de Mayo 264; la etapa de aprendizaje real la cubrió con consultar en el cercano estudio de “Gogo” Pérez Gallart y se pulió al asociarse al Dr. Domingo Ortiz de Zárate, apodado Chacho, renombrado abogado que integró el Tribunal Superior de Justicia hasta la dictadura. La actividad legal de Kirchner se especializó en la asesoría a comercios locales y como apoderado de empresas. Automotores de Dios, La Opinión Austral, LU12, el comercio de electrodomésticos Bercon y la financiera Finsud, fueron algunos de los que contrataron sus servicios, a los que agregó la gestión de cobro y recupero. El rescate de televisores, pianos, bicicletas, etc., le ganó el odio de muchas familias que, por siempre, tendrían presente su figura y la de sus laderos, llevándose un bien de su casa. Fue el caso de Henry Olaf Aaset, alias Pilin, quien de niño vio, con lágrimas en los ojos, cómo Lupín le secuestraba el televisor. La inquina le quedó y ya de grande, abogado, desde el Frente Grande, trataba de “mafioso” a su colega, Gobernador, sabiendo todos el origen de su bronca. Luego, algo ocurrió en la vida de Pilín, quizás le devolvieron el viejo y enorme aparato o sólo vió el filón frente a sus ojos, pero se convirtió en el actual abogado personal de Kirchner, en su representante ante el Consejo de la Magistratura y en defensor de cuanto funcionario fuera acusado, entre ellos de
quienes golpearon salvajemente a los caceroleros el 26 de abril de 2002. No sólo el niño Aaset sufriría al abogado Kirchner, los descalabros provocados por la Circular 1.050, de José Alfredo Martínez de Hoz, fueron aprovechados por Lupín para engrosar su patrimonio inmobiliario, aprovechando su posición en Finsud, lo que le permitía comprar las deudas hipotecarias o hacer las ofertas en los remates. Esto fue así al extremo que su estudio se asemejaba más a una inmobiliaria, hacia finales de la dictadura, que al prestigioso estudio del que se ufanaría 20 años después, ante los medios nacionales que le preguntaban, asombrados, por la gran cantidad de viviendas que aparecieron en la declaración de bienes de su esposa, presentada ante el Senado. Hacia 1980, alguien intentó vengarse por mano propia y un hombre, con pasado militante, lleno de bronca por las penurias de un amigo, arrojó una molotov en el frente del estudio; a pesar su fallecimiento, los familiares prefieren mantener la reserva de su nombre. Con el ascenso de su cuñado, “Bombón” Mercado a la conducción del SUPE (Sindicato Único de Petroleros del Estado), filial Austral, los ingresos se incrementaron por los clientes que arrimaba al estudio para alquilar viviendas. El sector petrolero actuaba como regulador del mercado inmobiliario, por los altos precios que pagaban, y la garantía de pago de las empresas. Desde su lugar, “Bombón” acercaba a los ejecutivos e ingenieros de YPF y de las contratistas. Llegaron tiempos de bonanza también para Alicia Margarita, la hermana, quien venía sufriendo los desaguisados económicos y financieros de su esposo. “Bombón” venía de fracasar y endeudarse en Caleta Olivia y en Río Turbio, la venta de autos y los créditos tomados para la fabricación de zeppelines de gas y la venta de repuestos no anduvieron como lo esperaban, la vida agitada del marido desbarrancaba todos los esfuerzos. Gente de buen tomar y con años de Patagonia, recuerdan una de estas historias del inefable “Bombón”. Alicia tenía una coqueta boutique con maniquíes en la vidriera. Volviendo de parranda, “Bombón” traía de la zona de las casas de tolerancia a las chicas y, junto a un amigo, decidieron hacerle una broma a los mineros que esperaban el colectivo que los llevaba a la mina. Ingresaron al local, apagaron las luces y reemplazaron a los maniquíes por las chicas, desnudas, luego iluminaron la vidriera.
Los mineros se agolparon contra el vidrio, hasta que la llegada del móvil se los llevó a su labor. A la nochecita el comentario del pueblo llegó a los oídos de Alicia, quien nunca más abrió el comercio. Con Kirchner en el Gobierno, otro descalabro, esta vez del Supermercado Super-Supe, obligó a “Bombón” a irse del gremio y de la casa. Con el país avanzando hacia la democracia, junto a Jorge Chávez, el Negro, se convirtieron en asesores legales de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), viajando una vez por mes en el avión de Lade (Líneas Aéreas del Estado), hasta la cuenca donde daban información a los trabajadores, quienes los recuerdan apoyados en la escalera del viejo cine del Turbio. Llegaban nuevos tiempos y la imagen del usurero debía cambiarse por otra. Pero Río Turbio, formaría parte de sus pesadillas en el futuro.

El día que nació el Estilo K

Parte 3


Con la llegada de la democracia, en el peronismo tres líneas internas se disputaron la conducción: ** la ortodoxa, de Félix Ríquez, apodado el Puma; ** una que lideró el joven abogado oriundo de Perito Moreno, Arturo Antonio Puricelli, quien sumó a veteranos de la militancia interna como Amador Iglesias, y a sobrevivientes de las agrupaciones juveniles de los ’70; y ** otra con Néstor Carlos Kirchner al frente, llamada lista Blanca. Las elecciones fueron el 3 de julio de 1983. Puricelli sumó a Rafael Flores, Francisco Toto, Mauricio Mariani, Marcelo Cepernic, Omar Muñiz, etc. El grupo lupinero venía reuniéndose desde octubre de 1981 en el garaje de la vivienda de Jorge Punjabi, junto a Ramón Salazar, el Pelado Varizar, Cacho Vázquez, Alicia Kirchner y su esposo Armando Mercado, José Ángel de Dios, y otros. Allí nació la Agrupación Ateneo Juan Domingo Perón. Una de las apariciones públicas iniciales de la agrupación fue en un acto de recordación de la memoria del General, en el cementerio local, bajo el paraguas protector de viejos militantes como Nélida Cremona de Peralta y Manolo López Lestón. Nélida Cremona y su esposo, Hugo Peralta, eran una buena cobertura frente a los militares porque sus nombres, acompañados de su firma, estaban al pie de la nota remitida a los servicios en la que se denunció a Orlando Stinermann, alias Alemán, como un integrante de Montoneros. El Alemán era un viejo militante de la resistencia peronista, de aquellos que Perón recordaba por su nombre, asociado a Envar El Kadre y los inicios del foquismo. El 18 de abril de 1982 la agrupación estrenó la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, la segunda en la ciudad desde el 24 de marzo de 1976. El lugar elegido para su emplazamiento fue una importante y humilde barriada de Río Gallegos, el barrio Nuestra Señora del Carmen, donde se asentaban quienes llegaban a Santa Cruz buscando un trabajo en la administración pública o en la construcción. Un militante de aquellos días, el Dr. César Amaya, escribió en una columna periodística del semanario La Tarde: “(...) la agrupación Ateneo Juan Domingo Perón, era el resplandor de lo que fuera la tendencia; había un juramento de marchar a la reconstrucción del Movimiento Peronista en la horizontalidad que preconizó Perón en sus mensajes últimos (...), se proponía ganar la calle con ideología y capacitación intelectual permanente (...)”. Con los años, Amaya emigraría a las huestes de Puricelli, sosteniendo que “(...) el justicialismo hecho poder tiene la mala costumbre de corromper a sus propios ideales y doctrina, se vuelve gorila (...)”. En verdad, la diversidad ideológica siempre acompañó a las estructuras lupineras; muchos de sus integrantes sostuvieron un discurso de acuerdo a postulados del peronismo de derecha y en las actuaciones posteriores, esto se iría marcando. Armando Mercado, alias Bombón, por ejemplo, era un ladero incondicional de Diego Ibáñez, en el Supe. Una anécdota muestra lo variopinto de la agrupación. En el Nº 7 de la revista Sur, de agosto de 1979, dirigida por los hermanos César y Roberto Arizmendi, un joven contador público nacional, José Ángel De Dios, futuro militante del Ateneo, sostuvo: “(...) fue uno de los momentos emocionales más difíciles que me tocó vivir, no fue nada comparable a lo ya vivido”, y no hablaba de un gran amor juvenil, ni de su pionera experiencia sexual, ni de un diálogo con un filósofo, sino de su encuentro con el teniente general Jorge Rafael Videla, de visita en Río Gallegos. La estructura principal del Ateneo estaba en la ciudad capital, pocos punteros en el interior. En tanto, los viajes de Néstor Kirchner a la Ciudad de Buenos Aires lo acercaron a los editores de la revista Línea. Por esto no debe sorprender que, en ocasión de la presencia de Ítalo Argentino Luder en Río Gallegos, la columna de la Blanca, con Lupín a la cabeza, llegó hasta el escenario al grito de “Isabel Conducción / lo demás es traición”. Y, luego, sacudieron la tarima hasta que Luder habló algunas palabras laudatorias hacia la ex Presidente. Las contradicciones se mantendrían a lo largo de la historia de construcción de poder de Kirchner, quien fue un férrero defensor de la utopía revolucionaria o un posmoderno globalizado que recomendaba a los periodistas leer a Francis Fukuyama, cuando lo interrogaban sobre la extrema dureza del primer ajuste, en los albores de su administración. En la elección interna del 3 de julio de 1983, la lista Blanca salió 3ra. entre tres participantes. Sin embargo, el grupo se mantuvo unido, con más incorporaciones que defecciones. Un importante afluente fue la denominada “banda Cordobesa”, un grupo de militantes estudiantiles de Tupac, la agrupación del frente universitario Vanguardia Comunista. Los primeros en refugiarse en Gallegos de la cruda represión del general Luciano Benjamín Menéndez, fueron César Arizmendi y su compañera, la abogada Alicia de los Ángeles Mercau, apodada Sissí; luego, sus camaradas y colegas, Jorge Chávez, Angelina Abbona y su esposo, Mengueche Mengarelli. También otro más perejil, como Edgar Sánchez, hermano de Gorrión Sánchez, senador por Córdoba, en su paso arrepentido al PJ. El ingreso al peronismo de la “banda Cordobesa” trajo un plus, ya que, luego de algunos años de cárcel durante la dictadura, otro cordobés de la Vanguardia Comunista llegó a Gallegos, el abogado Carlos Alberto Zannini, alias Chino. La incorporación de Zannini fue la que más frutos rendiría al emergente árbol lupinero. El Chino venía precedido por su historia personal, sus dotes de organizador y todo el bagaje que le ganó el respeto de sus compañeros de militancia en Córdoba. Sin los condicionamientos de la ideología y con el estómago reforzado, Zannini se convirtió en una pieza imprescindible del armado de estrategias para alcanzar el poder, y consolidarlo. Así, 18 años después, desde uno de sus múltiples cargos, el de presidente de la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, habló de sí mismo como un peronista de toda la vida. Todos sabían en el acto universitario de la Unidad Básica más representativa del Frente para la Victoria Santacruceña, que el Chino mentía, pero ya tenía mucho peso como para contradecirlo. El chamuyo de Elías Semán, abriéndoles la cabeza; el coraje de Roberto Luis Cristina; el hijo de Luis Días Salazar en el vientre torturado de Esther, se mueren cada día en El Vesubio, mientras la “banda Cordobesa” pasea sus abultados vientres en las 4x4 que les regaló el poder. De esa UB saldrían otros elementos de gravitación, como Juan Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka; Héctor Aburto, y fundamentalmente quien fuera cadete en su estudio, luego su chofer personal y más tarde, ladero incondicional, Fernando Ulloa Igor, alias Rudy. Cuando la democracia inició su marcha en Santa Cruz, el peronismo colocó a Arturo Antonio Puricelli y a Patricio Toto en la Gobernación. En tanto, el bloque en la Cámara de Diputados provincial se encolumnó detrás de Rafael Flores. La mano derecha de Puricelli, en el gabinete, y en la reconstrucción de una estructura partidaria propia, fue Amador Iglesias. Para abrir el juego, le ofreció cargos a sus adversarios partidarios y Kirchner fue designado presidente de la Caja de Previsión Social. Néstor Kirchner no podía dejar pasar esta oportunidad y con sus hombres se hicieron cargo, rápidamente, del organismo y comenzaron a crear una estructura de Delegaciones en el interior de la provincia, donde sus punteros encontraron la base para el despliegue de los Ateneos. Una clave fue no separar lo propio de lo partidario ni de lo institucional. Como en un Estado dentro del Estado, anunció obras, la Casa del Jubilado, planes de financiación, etc. Cuando él percibió que ni Puricelli ni Amador Iglesias avalaban ese “cortarse solo”, denunció la no recepción de los aportes previsionales y el desfinanciamiento de la Caja de Previsión, prometiendo presentar una denuncia penal. Puricelli lo renunció pero la Blanca ya había colocado a muchos de sus hombres. # Lupo intendente El poder interno de Arturo Puricelli era inmenso, como corresponde a la relación entre quien detenda el poder y la Santa Cruz del funcionarato. Para enfrentarlo se requería que las otras dos fuerzas internas se unieran para dar pelea, los Ateneos y el MRP. Bajo la conducción de Rafael Flores se había conformado, en 1985, el Movimiento Renovador Peronista, con un veloz desarrollo en el interior de la provincia que, sumado al trabajo de Kirchner en Gallegos, podría dar batalla a Puricelli. Las conversaciones se sucedieron hasta que, sentados todos alrededor de una mesa de restaurante, acordaron ir juntos. Kirchner-Flores era la fórmula para la candidatura al gobierno provincial, y Carlos María Laffitte, alias el Francés, candidato a la intendencia de la capital provincial. Flores, con el acuerdo alcanzado, se presentó ante sus hombres para recibir su aprobación pero lo único que obtuvo fue un rechazo de la mesa ejecutiva del MRP. El Rafa cuenta, hoy día, que “la oposición más fuerte vino de la Agrupación Eva Perón, de Pico Truncado”. Los jefes de la Agrupación Eva Perón –Sergio Acevedo, alias el Negro; Ariel Arnold, alias Chiquito; y Federico Laissen- no le ofrecieron opción: si se concretaba la unidad con el Ateneo, de Kirchner, ellos se iban del MRP. Flores sostiene que no tuvo alternativa porque el flanco norte del MRP se movía con la dinámica de Acevedo, Arnold y Laissen.

En otra cena en el mismo restaurante, Flores le anunció a Kirchner el rechazo de sus bases al acuerdo, y Kirchner se enfureció. Sus acompañantes lo observaron y, de pronto, anunció que pondría en práctica su plan B, resignando por cuatro años la lucha por el sillón de Gregores. Así que daría una doble batalla local, en Gallegos, por la conducción del partido y la candidatura a intendente. Flores se comprometió a allanarle el camino, aportándole sus votos, a cambio de que Kirchner lo ayudase en la contienda provincial. Este acuerdo tampoco prosperó porque Laffitte quiso pelear por la intendencia de Gallegos y se negó a bajar su candidatura. Algunos militantes del Ateneo recuerdan aquel momento: “El Cuervo estaba quebrado y hablaba de dejar la política, la Bruja compartía su posición; entre todos lo sacamos del pozo y logramos que volviera a trabajar”. Pelear en Gallegos por el partido y por la candidatura a intendente no era un objetivo inalcanzable. Las formas que adoptó el quehacer político de Arturo Puricelli dejó una abundante cantidad de heridos internos; entre ellos, los allegados a Amador Iglesias, percutado del Ministerio Secretaría General cuando estalló el escándalo del millón de dólares que involucraba a la empresa constructora Gotti, a funcionarios provinciales y al Banco de la Provincia de Santa Cruz. En la elección interna provincial, Puricelli impuso su voluntad y el candidato a gobernador fue Jaime Del Val. Pero Kirchner ganó la candidatura a intendente de Gallegos y se quedó con el Consejo partidario local. Entonces, con el trabajo facilitado por el sello partidario, se determinaron varios ejes de acción. Kirchner trabajó personalmente en el armado de un frente y se presentó como un candidato amplio, despojado de los símbolos del peronismo, solicitando la ayuda de Dios y prometiendo recrear el espíritu pionero. El dejar de lado los símbolos partidarios tenía que ver con una estrategia personal y con una lectura de los resultados de la elección legislativa de 1985, la única contienda electoral que ganó, alguna vez, la UCR santacruceña. Se organizó una labor de timbreo para frenar las intenciones de Puricelli-Del Val de restarle el voto peronista, mientras la militancia inscribió en un padrón especial a los extranjeros (básicamente chilenos) que, en Santa Cruz, se encuentran habilitados a votar para intendente. Fue uno de los trabajos que más tiempo llevó a los militantes ya que al convencimiento de la orientación del voto se le agregaba el trabajo de gestión de los documentos y la inscripción en un registro especial. La estructura de propaganda quedó en manos de Cristina. En los volantes y trípticos que se repartieron se observaba un logotipo, refritado de elecciones en provincia de Buenos Aires, que representaba un óvalo con tornillos que esquematizaba las viejas chapas de numeración de las viviendas, con la leyenda Kirchner 87, y acertaron con un jingle pegadizo. Cuando Del Val aún no terminaba de acordar su fórmula, Lupín obtuvo la foto más buscada del momento. Durante el lanzamiento del Frente Municipal de Río Gallegos, se fotografió con Ramón Granero, alias Bochi, del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), que poseía un caudal electoral propio; con Roberto Arizmendi, del Partido Intransigente; y con Romero, de la Democracia Cristiana. Las encuestas y la sensación popular hablaban de un holgado triunfo lupinero en Gallegos, y de la candidata Ángela Sureda, de la UCR, en la provincia. Kirchner estaba eufórico. Si se concretaban los sondeos, tendría su lugar de despegue y eliminaría, en el mismo acto, a uno de sus competidores internos, ya que Sureda es tía de Rafael Flores, y la Constitución provincial contenía una cláusula que impedía la consanguinidad en quien reemplazara a un gobernador en su único mandato permitido. La derrota repercutiría, además, sobre Puricelli y su delfín, Del Val, a quien en sus actos masivos en Gallegos no permitió subir al palco. En el futuro, Kirchner eliminaría estas dos restricciones constitucionales, abriendo la posibilidad de su propia reelección indefinida y el camino a un sucesor de su propia familia. El 7 de septiembre de 1987, los primeros escrutinios revelaron que los rumores tenían asidero, muchos votos peronistas se volcaron a la UCR, y entre el electorado del padrón de extranjeros, que tanto contribuyeron a engrosar los militantes de Lupín, el voto también se fugaba hacia la UCR. A última hora, los votos de Río Turbio consolidaron un escaso margen a favor de Del Val, y la última mesa de Gallegos indicó que Kirchner era el nuevo intendente, por un puñado de votos más que el contador público nacional Roberto López. La mayoría del Concejo Deliberante quedó en manos de la UCR. Lupín, quien siempre refleja en el cuerpo los miedos, durante las últimas y angustiosas horas, luego del cierre de los comicios, sufrió varios desmayos. Ricardo Jaime Del Val y su gente llegaron primero a la esquina de Roca y San Martín, en Gallegos, para los festejos; rezagado –y ya medianamente repuesto- arribó Kirchner, abrazados sobre el capó de una camioneta, ambos agradecieron y saludaron. Una sonrisa nerviosa no lograba cambiar la imagen desencajada de su rostro. Esa noche, Lupín empezó a dibujar estrategias para llegar al sillón de Del Val.

Cuando Ramón Granero ayudó a Néstor Kirchner a ganar la Gobernación

Parte 4


El acto de entrega del mando fue planificado como una continuidad de la campaña. “Hay que demostrar una forma de hacer y vivir la política”, decía Néstor Kirchner, la barrabrava estaba preparada para hacerse oír cuando el guión lo indicaba, y los invitados fueron seleccionados. Uno de ellos fue Jorge Cepernic, el gobernador de 1973, quien pagó con años de cárcel sus ideas. De Marcelo, su hijo, como intendente saliente, recibió Kirchner el mando comunal. Marcelo Cepernic, inteligente, introvertido, pasó por el municipio sin altisonancias pero con una obra recordada por su honestidad y el aporte a la infraestructura básica de servicios, extendidos al máximo posible. Él logró el convenio con las Fuerzas Armadas para la sesión de tierras que encorsetaban la ciudad y tuvo logros en materia de integración barrial y apoyo a la cultura. Cepernic provenía de las filas de Puricelli, hasta la construcción del MRP, en 1985, del que participó, y aquel acto, antes de escuchar a Kirchner, dejó en claro su beneplácito por entregar el cargo a otro peronista. La respuesta de Kirchner fue desencajada, atacó con dureza injustificada la gestión de Cepernic mientras los barrabravas presentes batían el parche de la vendetta contra quienes habían sido sus rivales domésticos. Juan Manuel Cepernic, hijo de Marcelo, recuerda aún hoy, con dolor, la angustia conque la familia retornó a su hogar aquella jornada. Kirchner se trepó, aquel día, a una frase que repetiría a lo largo del tiempo: “El Estado promotor debe suplir al Estado benefactor”. Los bombos hicieron vibrar el salón mientras Oscar Vázquez, alias Cacho, juraba como secretario de Gobierno; luego Ramón Alberto Lascano, alias Tito, en Obras Públicas y Ubanismo; Luis Salvidia, en Hacienda; y la más aplaudida de todos fue Alicia Kirchner, en la flamante Secretaría de Promoción Social. En tanto, el demócrata-cristiano Hugo Gárdes, asumió en la Secretaría General. Lupín se encargó de dejar en claro, a los integrantes del Frente Municipal, que el jefe era él; y luego inició su tarea preferida: cooptar cuadros ajenos. Para ello generó el Consejo de Planeamiento, Asesoramiento y Consulta, conducido por su esposa Cristina; y por el arquitecto Julio De Vido, y sólo para los considerandos, integró a las restantes fuerzas del Frente. Desde entonces –y se convirtió en una constante de la gestión de Kirchner- nunca una fuerza política dejó de perder hombres y mujeres a manos del irresistible manejo de “la cosa pública” que impuso K. Por ejemplo, con el Frente Municipal, perdieron su existencia en Gallegos como partidos, el Intransigente y la Democracia Cristiana. Kirchner comenzó ajustando las cuentas del municipio. Para esto eliminó alquileres que pagaba la intendencia, destruyó la red de centros de integración barrial de su antecesor, desarmó la estructura de Cultura –también obra de Cepernic-, y le pidió a Alicia que recreara todo eso pero con otra orientación, apuntalando así la estructura política propia. No había dinero en el tesoro municipal para hacer grandes anuncios; entonces, el 22 de diciembre de 1987 sacó a la calle a todo el personal a lavar las veredas de la calle Roca, el centro comercial de Gallegos. Se dice que en persona, escondido detrás de un tapial, controló la operación que marcaba su estilo a los empleados municipales. Ejecutó una gestión prolija, bien controlada por la mayoría UCR en el Concejo Deliberante y con una interesante tarea del Tribunal de Cuentas que le obligó a informar, regularmente, de los ingresos y egresos. Además, ejecutó pavimentación de calles, construcción de veredas, mejora de la iluminación de las calles y levantó varios gimnasios municipales en los barrios. En tanto, el gobierno provincial era caótico. Pero antes de cargar sobre Jaime Del Val, tendría que superar escollos internos. Los concejales Jorge Chávez, alias Negro –hombre de la “banda Cordobesa”- y Juan Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka, de la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, plantearon sus disidencias con el estilo personalista de Kirchner y crearon la COP (Corriente de Opinión Peronista). Lograron sumar a Mónica Kuney, Mario Metaza, Edgar Sánchez, Carlos Guardo (peronista muy a la derecha que participó del derrocamiento de Cepernic, en los ’70), y otros. La COP inició alianzas con otras agrupaciones peronistas. Una de ellas reunía a Olaf Aaset, alias Pilín, el chico que vió como Lupín se llevaba el televisor de su casa (ver Capítulo 1); Javier Pérez Gallart y Gabriel Pérez Rassetti, alias Pajarito; además de dirigente de ATE, como Jorge Rivolta; e históricos del PJ como Norberto Ferrantes, alias Madurga; y Pocho Manrique. Chávez llegó al Sur huyendo de los militares, y en 1980 ingresó como asesor legal en el Ministerio de Asuntos Sociales. En 1984 arribaría, siguiendo a la “banda Cordobesa” un camarada que lo había salvado de caer prisionero, Carlos Alberto Zannini, alias El Chino, quien sí había estado preso luego de que lo atraparan en la ex confitería El Molino. En 1987, Zannini llegó a la Secretaría de Gobierno municipal; aunque –dicen- coincidía con los planteos de Chávez. También dicen que intentó irse a vivir de su profesión en Comodoro Rivadavia, en El Chubut, pero los fracasos lo impulsaron a volver a Kirchner. # Carga sobre Del Val La gobernación de Jaime Del Val, poco a poco, se transformó en una corte donde política, sexo y poder eran fermentos del desastre anunciado. En 1989, Del Val sufrió una embolia cerebral y fue derivado a la Ciudad de Buenos Aires. Su vice, Ramón Granero, alias Bochi, intentó gobernar manteniendo la estructura que dejó Del Val, mientras la inflación hacía estragos en la coparticipación federal y el dólar escalaba las nubes, dificultándose afrontar la masa salarial de la sobrepoblada administración pública. El regreso de Del Val mostró a un hombre agobiado por la enfermedad, con parte de su cuerpo paralizado y dificultades en el habla, propia de una persona que no terminó su proceso de recuperación. Granero sabía que los votos ganados con su actuación como diputado provincial se diluían junto a Del Val. Las conspiraciones de Rafael Flores, por un lado, y de Néstor Kirchner, por el otro, comenzaron a resultarse simpáticas. En la Nación, la tormenta liberal exigía reordenar los estados provinciales y esto resultó terrible para Del Val, el único gobernador que se jugó por Carlos Menem en 1988, en un escenario de conflictividad social en aumento por el cerco financiero que se cerraba sobre Santa Cruz. “Del Val fue a la Casa Rosada a pedir plata y le entregaron balas de goma y un curso de capacitación de la policía provincial en la represión de motines”, me reveló un ministro del gobernador, que había ingresado a la Casa de Gobierno eludiendo manifestantes, todos de la Administración Pública. Señaló a los policías, que lucían chalecos antibalas nuevos, sobre gastados uniformes. También nuevos eran los cascos con visera y las cananas con cartuchos de balas de goma y granadas lacrimógenas. Con armamento reluciente y actitud de combate, los policías parecían distintos a los que se intuían cercanos a los manifestantes porque su salario se encontraba atado al éxito de la manifestación. Con los funcionarios escapándose hacia el patio de la vecina jefatura policial, donde a su vez había una puja interna, durante la tarde, y vía un memorando con una firma falsificada, se ordenó tirar. Hasta una embaraza sufrió los balazos de goma y los gases. La represión se terminó tan rápida como empezó, al llegar los diputados, en tropel, a la Legislatura. La policía se escudó en el memo falso y los funcionarios del gabinete provincial se refugiaron en Dolores Ávila, secretaria Legal del Ministerio Secretaría General, todos buscando un responsable para entregar a los diputados. Ávila, a quien llamaban “la Doctorcita”, era la "novia secreta” del gobernador enfermo; más adelante, cuando él se divorció, fue su esposa. Aquella tarde fue señalado como culpable José Tapia, alias Pepe, el único de quien nadie esperaba una orden de represión, aparente firmante del memorando represor. Ávila, Caíto Del Val –hijo del gobernador- los diputados UCR López y Quintar, junto a Kirchner, intentaron convencerlo a Tapia de que aceptara la culpa, prometiéndole una interpelación legislativa breve y sin problemas. Kirchner, quien preparaba el golpe institucional contra Del Val con la herramienta del juicio político, temía que la dirigencia del sindicato de empleados públicos Apap, controlado por las asambleas donde la izquierda encontraba eco a su propuesta de movilización y lucha, aumentara la apuesta porque con más confrontación había peligro de intervención federal, donde suponía que se candidateaba Puricelli. Tapia se mantuvo firme y, entonces, Del Val lo culpó y lo echó del ministerio por “inútil”. Es curioso: Tapia siguió caminando, tranquilo, por las calles de Gallegos y nunca nadie le dijo nada porque nadie había creído en las imputaciones. Flores y Kirchner querían la caída de Del Val para eliminar a la estructura de Puricelli y a su cuñado, el senador nacional Pedro Molina; la fecha propicia parecía el mes del Mundial 1990, que se jugaría en Italia. El bloque UCR era liderado por Ernesto Cruz, alias Sinatra, según los columnistas políticos, quien se sumó a la propuesta de juicio político porque creía que todo el descalabro del PJ lo pondría a tiro de la Gobernación. Antes de avanzar con el juicio político, la nueva coalición le exigió integrar un gabinete con sus hombres, ejecutar algunos ajustes fiscales y, luego, que pidiera licencia. Del Val resistió, confiado en que Carlos y Eduardo Menem lo apoyarían en contra del quiebre institucional, pero no consiguió más que declaraciones de prensa. En la Cámara de Diputados provincial se reunieron pruebas, bajo la conducción de Cristina Fernández de Kirchner, miles de fojas apuntalaron ocho cargos, maniobras en la Subsecretaría de Pesca, la enfermedad del gobernador y la utilización de medios provinciales para realizar mejoras en su estancia. Del Val, por consejo de Puricelli, disolvió por decreto la Legislatura y llevó la cuestión a la justicia. Pero la Cámara de Diputados había tomado sus previsiones, designando como camarista a una secretaria del Tribunal Superior de Justicia, Laura Patricia Ballester de Muratore. La camarista, por su antigüedad, subrogó en el Tribunal Superior de Justicia y cuando la nulidad llegó a esa instancia, su voto y el de la Dra. Clara Salazar, dejaron en minoría al Dr. Castro Dassen. El conflicto de poderes llevó al Ministerio del Interior a enviar a Jorge Díaz Martínez, un catamarqueño vinculado a los Saadi, como amigable componedor. Díaz Martínez descendió en Gallegos y se encontró con un amigo, Armando Mercado, alias Bombón, cuñado de Kirchner y aún hombre del Supe, quien no se despegó de la sombra de Díaz Martínez, quien de inmediato comprobó la soledad de Jaime Del Val, y decidió convencerlo que lo mejor era aceptar el juicio y entregar el poder a Ramón Granero. A los riojanos en el poder federal no pareció importarles qué ocurría en la lejana Patagonia. El mismo día en que los Granaderos a Caballo expulsaban a Zulema Yoma y a sus hijos de la Quinta de Olivos, Del Val reclamó en la Cámara de Diputados su derecho a defensa en juicio y denunció las presiones de Granero, Kirchner y Flores, y la falsificación de sus certificados de salud. El juicio político a Del Val tuvo todos los ingredientes de un show mediático que no conmovió demasiado a la población. Las intrigas, golpes de efecto y campañas de prensa se producían con un ojo puesto en el sillón de la Rosadita, y en la contienda electoral que se venía. Se acumularon miles de fojas, los abogados actuaban como tales y algunos cobraban con oportunas asesorías brindadas por el enjuiciado antes de que le suspendieran la firma. Los militantes de la alianza Kirchner-Flores-Granero vs. los de Del Val, colmaron las graderías mientras los funcionarios y ex funcionarios daban testimonio. A la salida de una sesión, Del Val, con un aspecto físico ya mejorado, cargó contra los periodistas que trabajaban en el área: “Con algunos periodistas habría que hacer jabón”. Joaquín Pérez, alias el Vikingo; y Miguel Coiffman, alias el Ruso, militantes del MRP, colgaron la noticia en todas las teletipos de agencias de noticias. Crónica le dedicó casi media página y las organizaciones judías enviaron notas de queja. Del Val comenzó a asumir que se desbarrancaba, y el menemismo le retiró el salvavidas prometido y que aún no le había arrojado.
El juicio político terminó con la destitución de Del Val como gobernador de la provincia de Santa Cruz, con el voto afirmativo en siete cargos: 1. Ejecución con equipamiento oficial de una obra de aprovechamiento hidráulico en su estancia. 2. Incumplimiento inexplicable de los dispositivos de la Ley Provincial de Pesca. 3. Incumplimiento de la Ley Provincial de Emergencia 2.077. 4. Extracción de fondos depositados a plazo fijo en violación a las normas vigentes y en función de hacer valor la influencia que el cargo le confiere, en el Banco de la Provincia. 5. Falta de cumplimiento en lo preceptuado en la Ley 2.070. 6. Dictado del Decreto 806/88. 7. Autorización de contraer un empréstito de US$ 430 millones. Por la negativa se votaron los restantes cargos: 1. Incapacidad física y mental. 2. Injustificable omisión en la cobertura de importantes cargos provinciales. 3. Proyecto ecológico en San Julián. 4. Situación de riesgo técnico del Banco de la Provincia. 5. Manejo discrecional e irregularidades en la distribución del Bono Solidario. Con el vicegobernador Granero en el poder, la sucesión quedó en manos de la nueva vicepresidente 1ra. de la Cámara de Diputados, Cristina Fernández de Kirchner. # El acuerdo Ramón Granero, alias Bochi, a cargo de la gobernación, designó, el 31 de mayo de 1990, ministro de Gobierno al abogado Héctor Icazuriaga, quien pertenecía al MRP de Rafael Flores. Icazuriaga, apodado El Chango de Chivilcoy, fue criticado porque pronunció un discurso propio de alguien que llega para quedarse y no de alguien transitorio: “Mi agradecimiento al Sr. Gobernador y a todos aquellos que han entendido que, quien les habla, era la persona idónea para ocupar la cartera”.

En verdad, Del Val aún estaba suspendido transitoriamente por 30 días. La anécdota le dejó, para siempre, a Icazuriaga el mote de El Idóneo. En esos 30 días, el gabinete se fue conformando entre los tironeos de las facciones, cada líder quería ubicar a su gente en las áreas estratégicas. Abundaban las anécdotas de acuerdos que eran rotos cuando, a último momento, Kirchner solicitaba ese cargo para su gente y todo se empiojaba. La negociación se extendió más allá de la destitución de Del Val. Hacia el mes de julio, el MRP logró designar a Daniel Cámeron en el Ministerio de Economía; el Frente para la Victoria Santacruceña ubicó a Alicia Margarita Antonia Kirchner en el Ministerio de Asuntos Sociales, y a Julio De Vido en la conducción de Vialidad Provincial, junto a Barletta, Palacios y Vargas. Cristina era la vicepresidente 1ra. del Legislativo y su embarazo no le impidió sesionar hasta la madrugada del 6 de julio, cuando nació Florencia, su 2da. hija y la consentida de Kirchner. En la Secretaría General asumió Félix Ríquez, alias Puma; y en Educación, la dirigente del MID, Martha Crowe. Flores no estuvo de acuerdo con lo de Ríquez y le ordenó a El Idóneo no asistir a la ceremonia. El gabinete nació mal pero las finanzas provinciales estaban peor y el 7 de julio, Santa Cruz ingresó a una virtual cesación de pagos. Cristina tenía 36 años y el día que nació Florencia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación convalidó el fallo del Tribunal Superior de Justicia santacruceño, y terminó con las posibilidades de retorno de Del Val al gobierno, que gestionaban Daniel Peralta y Mario Aramburu. Varias agrupaciones justicialistas hicieron públicas sus objeciones a lo actuado: el Movimiento de Unidad Peronista, las UB Joaquín López, 20 Verdades, Ateneo Liberación, Restauración Peronista y la Corriente de Unidad Peronista, ex Corriente de Opinión, de Jorge Chávez. Puricelli seguía tejiendo contra la coalición Kirchner-Flores-Granero y creó la Liga de los Intendentes, presidida por Charo Sandoval, de la localidad de Los Antiguos. # Tiros en el Salón Blanco En septiembre de 1990, los sueldos eran una preocupación de trabajadores y funcionarios santacruceños, que cobraban en dos cuotas, licuadas por la inflación. En la policía provincial, por más que hasta los suboficiales cobraban el 100% de su salario, se exigía una recomposición del 56%. Y lo hicieron saber a la plana mayor y al sindicato de empleados públicos Apap, su oficioso representante en las negociaciones con el gobierno.

El Idóneo fue a un acto a entregarle a la Policía los vehículos oficiales que se les habían quitado a otras reparticiones, en cumplimiento de medidas de ajuste. El Idóneo anunció que los porcentajes que se estudiaban para el aumento salarial serían los mismos que recibirían todos los empleados públicos, muy por debajo del 56% solicitado por los uniformados. En ese contexto ocurrió la renuncia del comisario Gottfrid y su reemplazo por el comisario general Pedro Zerbo. Luego, en la madrugada del viernes 28, el Salón Blanco de la Casa de Gobierno fue baleado por un grupo de policías que irrumpió disparando. Cristina Fernández había hecho pública su renuncia a la Vicepresidencia 1ra. de la Cámara pero ante la ausencia de Granero, fue informada de los graves sucesos. Ella narró al semanario Para Ti, en esos días, que su esposo, Néstor Kirchner, el intendente de Gallegos, estuvo listo de inmediato para ir a la Casa de Gobierno pero ella se tomó su tiempo para maquillarse. Kirchner insistió en que era una emergencia, y ella dijo que le respondió: “Mirá, pueden desembarcar los marines pero yo a la calle sin perfume no salgo”. Por entonces, ella usaba Rumba. El sereno de la Casa de Gobierno estuvo a punto de ser baleado. Los policías se llevaron el retrato del abrazo de Puricelli y Del Val, que estaba en la galería de fotos de los gobernadores, simbolizando la única vez que un gobernador electo cedió a otro electo, el sillón de la calle Alcorta. Luego, esos policías marcharon a reunirse con sus compañeros, quienes se autoacuartelaron en las comisarías y destacamentos. El comisario Zerbo renunció y en su reemplazo asumió el comisario mayor Horacio Guardo. El patrullaje urbano quedó en manos de Gendarmería, mientras Guardo negociaba con los autoacuartelados, lo que ocurrió hasta el 1º de octubre, cuando se anunció un aumento del 21,6% y que casi no se investigaría lo ocurrido. Pero la fotografía de Puricelli y Del Val no regresó al Salón Blanco. La justicia frenó los paros docentes y, a pesar del descontento por el pago en cuotas de los salarios, la Apap comenzó a desnudar las contradicciones internas que sólo se resolverían a comienzos de la gestión Kirchner, con quien coincidía su secretario general, Rafael Agulló. En tanto, los hombres de Kirchner se preparaban para romper con Flores y Granero, y así llegar con el menor costo posible a los comicios de septiembre de 1991. A Kirchner le preocupaba no dejarle ningún margen a Bochi, no fuese que éste quisiera consolidar algún liderazgo; a la vez, procuraba controlar a la UCR que balconeaba la situación que describía como el resultado de las internas peronistas. Así, se trabaron en la Legislatura casi todos los proyectos que envió el Ejecutivo, y la realidad financiera ahogó a Santa Cruz. El año 1990 es recordado en la provincia como el año cuando los estudiantes pasaron de grado por decreto. Con el Ministerio de Economía sin dinero y sin resultado en las negociaciones por las deudas que la Nación e YPF mantenían con la provincia de Santa Cruz por regalías de hidrocarburos, Granero tenía pocas posibilidades de éxito. Tampoco podía ajustar los gastos en personal porque eso le permitiría reagrupar fuerzas a Puricelli, quien aún esperaba una intervención federal. Así, Granero, un hombre que había sido felicitado por la Nación luego de liquidar el parque automotor mucho antes que Adolfo Rodríguez Saá hablara de ello, que había obtenido una Ley de Emergencia que lavó el Legislativo provincial, y que fue invitado a sumarse al PJ y buscar un escaño nacional, pasó su gestión buscando dinero que... nunca consiguió. El 1º de mayo de 1991, leyó el tradicional mensaje a la Cámara y, dos días después, renunció.

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