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Néstor Kirhner, al amo del feudo - Parte 2

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Parte 1 / Parte 2

PARTE 5 - Un día, Julio De Vido se enojó con Néstor Kirchner
PARTE 6 - Miguel Bonasso sufre de desinformación o amnesia PARTE 7 -  Apuntes sobre el flamante ‘progresismo’ del Presidente
PARTE 8 - Lo que la Flacso no sabe / no quiere saber
PARTE 9 - Cuando tesselli y Kirchner hicieron temblar la mina


Un día, Julio De Vido se enojó con Néstor Kirchner

Parte 5


En Río Gallegos, al frente de su disciplinada tropa, en 1991, Néstor Carlos Kirchner se preocupaba por acordar candidaturas en el interior provincial. Kirchner se perfilaba como un férreo conductor político de un sector reducido en militantes, que se había engrosado con la gestión municipal. Con un Concejo Deliberante donde estaba en minoría, y ejerciendo control sobre sus actos de gobierno, Kirchner apareció prolijo y actuando con rapidez cuando alguno de sus muchachos “se excedía”. Así, Tito Lascano partió al exilio en Punta Arenas y el Pelado Varizat se alejó de su cargo cuando un edificio en construcción se derrumbó siendo él secretario de Obras Públicas, a la vez que Maestro Mayor de Obras del edificio en cuestión. Otra denuncia fue por la compra de estacas para forestación, que el concejal UCR Felipe Silva calificó como “muy caras”, unos $ 70.000 (US$ 70.000), compradas a quien no estaba en el padrón de proveedores del municipio.

Además, las estacas estaban secas. Para Carlos Zannini, secretario de Gobierno, se trató de una denuncia política de un opositor. Para Cristina Fernández, un negocio donde no se podía sospechar de ella o su marido, ya que se trataba de una suma menor a la de los tapados de piel que tenía en su ropero. Con una capacidad de trabajo que superaba a la de sus militantes más aguerridos, Lupín se presentaba a informar a los jefes de Unidades Básicas y de agrupaciones, dos veces por semana acerca de los avances en el interior; luego, la cita obligada era en el café Caravelle, donde Kirchner le solicitaba que cada uno, mano a mano, le informara de la situación en cada sector, mientras bebía whisky Criadores, café cortado, y fumaba sin descanso. Uno de los mayores interrogantes era quién lo reemplazaría en la intendencia. Su hermana Alicia estaba entre sus anhelos, pero no crecía en las encuestas. Con mejores números aparecía el arquitecto Julio De Vido, reconocido por su breve gestión en Vialidad Provincial en los días del acuerdo político con Ramón Granero. El 12 de abril de 1991, se realizó un acto en el cine Carreras, la escenografía era celeste y blanca, y con grandes letras blancas se leía “1er. Congreso FVS-MRP-Grupos Independientes Kirchner Gobernador”. Rudy Ulloa y los punteros movilizaron más de 1.000 personas, muchos quedaron afuera porque las primeras filas se llenaron de funcionarios municipales y candidatos al hueso que se arrojara. Felipe Ludueña, un aliado de Kirchner, de la derecha peronista ortodoxa, amigo de Diego Ibáñez e impulsor de la intervención federal al gobierno de Jorge Cepernic, en los ’70, fue el orador inicial. Rafael Flores, luego, realizó un mea culpa del pasado inmediato. Rudy Ulloa Igor dirigía los cantos contra Arturo Puricelli y la UCR. Entre los presentes estaba Carlos Lemarchand, un intendente UCR que ese día cambió de bando, al frende de una nueva agrupación: Movimiento de Acción Piedrabuenense. Luego se nombró a Chiquito Arnold, el candidato a vicegobernador, y los aplausos fueron pocos. No muchos más recogió un nervioso De Vido cuando fue presentado como el candidato a intendente de Río Gallegos. Titubeante y con la voz nerviosa, su discurso nunca tomó vuelo. La barra no lo acompañó. Los motivos quedarían en evidencia algunos días después. En la noche siguiente, De Vido le entregó una plaqueta de la Municipalidad de Río Gallegos al boxeador Locomotora Castro, por su campaña personal, y los silbidos de la popular colmaron el Hispano Americano. Luego, la laguna María la Gorda se cubrió con los volantes de De Vido, en un repudio a su candidatura que encabezaba Rudy Ulloa Igor, chofer de Kirchner y quien ya manejaba los aparatos movilizadores del Frente para la Victoria. Detrás de Rudy se encolumnaron los militantes de mayor peso y la candidatura de De Vido fue reemplazada por la de Manolo López Lestón, un anciano peronista, tío de Kirchner, quien fue llevado, en un desgaste inútil, a una elección que se había dado por perdida. De Vido reunió a su escasa tropa y acusó a Kirchner de “autoritario y absolutista”, palabras que volaron hasta los oidos de Lupín, quien lo mantuvo bajo castigo hasta diciembre de aquel año. Kirchner había entendido que Julio De Vido no era representativo hacia adentro del PJ y que en Gallegos había nacido un nuevo fenómeno, que se paseaba en un automóvil antiguo, con una gran boina en el techo y enormes bigotes en su frente. Con escasos seguidores, un tipo bonachón, bigotudo y afable en serio, se convirtió, de la noche a la mañana, en el candidato de la gente: Alfredo Martínez, alias Freddy, sería el intendente de Gallegos por ocho años. # ¿Cómo hace De Vido las cuentas? El 2do. semestre de 1991 es imborrable para los santacruceños por varias razones. El conflicto con Chile, por Lago del Desierto y la poligonal, que dejaba en manos trasandinas una porción importante de territorio, se instaló definitivamente. Luego de unos titubeos frente al accionar de la Comisión 9 de Julio – Soberanía, a quienes veían como un grupo de nacionalistas trasnochados, Néstor Kirchner y Rafael Flores tomaron partido por hacer frente a las decisiones de Menem y de la Cancillería. Las expresiones de Bernardo Neustadt, en una entrevista a Patricio Aylwin, indignaron a todos los sureños: "(...) que por dos metros más o dos metros menos de tierra, nuestro país no sería más rico ni más pobre (...)”. Los Hielos Continentales se convirtieron meses después en una bandera para Kirchner, ya gobernador de la provincia de Santa Cruz. A instancias de su mujer, Cristina, aceptó que esta era la oportunidad de convertirse en una referencia nacional, al menos en los medios de comunicación. Cristina Fernández de Kirchner se encargó del trabajo mediático, y del legislativo –junto a Flores-, marcando uno de sus principales enfrentamientos con Menem, y el inicio de una estrategia de construcción de poder. Las privatizaciones y el sistema de reducción de puestos de trabajo, comenzaron a afectar al sector petrolero y al minero; Santa Cruz vio partir a más de 10.000 personas detrás de la zanahoria de elevados montos cobrados en concepto de retiros voluntarios. Menem avanzó en la reducción de cuarteles militares, y con los uniformados se marcharon sus familias, entre ellas numerosas trabajadoras docentes. Con la crisis financiera y económica instalada, en la madrugada del 13 de agosto de 1991, la erupción del volcán Hudson, del lado chileno de la Cordillera de los Andes, cubrió el 40% del territorio santacruceño con cenizas. El silicio tapó Los Antiguos y la mitad de sus pobladores debió ser evacuada, el resto optó por quedarse a resistir. Desde los Andes a la costa atlántica, la ceniza mató a 1,5 millón de ovejas y a las plantaciones de frutas finas; los ríos se quedaron sin peces, el agua potable que salía de los grifos era color marrón y las viviendas no resistieron el peso del polvo acumulado en sus techos. El viento llevó las cenizas hasta Río Gallegos y aún hasta la Ciudad de Buenos Aires. Entonces, la ceniza atrajo la atención de las autoridades nacionales, que decidieron visitar la zona más afectada y concretar los acuerdos que trabajaron Pipeta Porto y Goyo Fernández, con el apoyo de Arturo Puricelli y el senador Pedro Molina, ya enrolados en el menemismo. El Acuerdo de Puerto Deseado no sólo alivió a las finanzas provinciales sino que marcó el futuro de los próximos mandatos y fue la base anhelada por el constructor del feudo.

El Acuerdo abarcó varias cuestiones: 1. Reconocimiento y cobro de regalías de petróleo mal liquidadas, que estaban en juicio desde el gobierno de Puricelli, por US$ 480 millones. 2. Entre del 10% sobre la venta de las áreas centrales en la provincia. 3. El compromiso de asignar US$ 32 millones para viviendas. 4. Aporte no reintegrable de US$ 10 millones para la asistencia a los productores agrícolas y ganaderos, como también de asistencia social a los afectados por el fenómeno del Hudson. 5. Convenio pre-acuerdo de la provincialización de los puertos. 6. Convenio de pesca. Además, se avanzó en preacuerdos globales para la compensación de deudas entre la Nación y la provincia, y entre el Banco Central y el Banco de la Provincia de Santa Cruz. Ya de regreso a su banca, luego de entregar el poder a Kirchner, el diputado provincial García, y sus ministros, publicaron el 30 de abril de 1992 una solicitada de una página en el diario La Opinión Austral, dando cuenta de sus actos de gobierno. La realidad demostró que entre el balance de situación que publicó el ministro Julio De Vido, con números a diciembre de 1991, y la solicitada de abril de 1992, no existían demasiadas contradicciones, sólo que el gobierno de Kirchner nunca más publicó los números de la provincia, y 10 años después mintió con grosería sobre estos datos, fundamentalmente en el rubro de las deudas que encontró al inicio de su gestión. Pero ya el diputado Chicho García no le refrescaría la memoria porque estaba de su lado, asesorando al bloque del oficialismo, y su ministro Tussi Peña ocupaba el sillón de secretario de Estado de Seguridad. La deuda publicada por De Vido alcanzó los US$ 380 millones, y se dedujo, del estado contable, que US$ 120 millones correspondían a compensación de deudas y créditos con el Estado Nacional, con una conclusión anticipada en el acuerdo, favorable a la provincia de Santa Cruz y con créditos en su favor que nunca fueron informados por Lupín Kirchner. Otros US$ 100 millones de deuda se trataban de financiación documentada de obras públicas, algunas con vencimiento a los cuatro años y con vías presupuestadas de aportes de fondos específicos para su pago. Las deudas del Banco de la Provincia de Santa Cruz con el Banco Central estaban en vías de condonarse a partir del pre-acuerdo por las cenizas del Hudson, y en el marco de la negociación global de los fondos por regalías mal liquidadas. La restante deuda –con proveedores, prestadores y trabajadores de salud- fue paralizada por la Ley de Emergencia de Kirchner, y cancelada en los dos primeros casos con bonos a 16 años. La deuda salarial nunca fue reconocida en su totalidad. Lo cierto es que, al momento de asumir Kirchner la Gobernación de Santa Cruz, los trabajadores cobraban en dos cuotas sus salarios, y la 1ra. medida que adoptó Kirchner fue el secuestro del medio aguinaldo y el sueldo de diciembre de 1991, medida que le permitió “hacer caja” y avanzar en una estrategia de sumisión de las estructuras que él denominaba “las corporaciones”. Lejos de las mentiras de los US$ 1.000 millones de deuda, cuatro meses de atraso en los salarios y dos aguinaldos, Kirchner encontró una provincia que se posicionó en más de $ 4 por cada $ 1 de deuda. A los $ 480 millones del acuerdo por regalías (US$ 480 millones), se les debía sumar $ 35 millones (US$ 35 millones) por la venta de las áreas centrales de petróleo y “otros $ 40 millones (US$ 40 millones) de otros créditos como los $ 12 millones (US$ 12 millones) de impuestos a los sellos que sentenció la Corte Suprema de Justicia de la Nación el 27 de diciembre”.

Miguel Bonasso sufre de desinformación o amnesia

Parte 6


A comienzos de diciembre de 2001, con la estructura judicial totalmente controlada y la información de que al gobierno de Fernando De la Rúa le quedaba poca vida política, Néstor Kirchner decidió tomar previsiones. El escenario más que posible de caos y caída en las recaudaciones no debía afectar sus propios proyectos de pelear la Presidencia de la Nación, labor a la que le dedicó los dos años anteriores, ni los dineros de la provincia de Santa Cruz en el exterior, reducidos a US$ 536 millones, por entonces depositados en un banco de Luxemburgo. La generosa obra pública, tampoco podía ser afectada, significa demasiado peso y demasiados pesos. Con información privilegiada, puso a salvo su propio dinero de los alcances del corralito y permitió que quienes manejaban dinero dentro del esquema de financiamiento del Frente para la Victoria Santacruceña, hicieran lo propio. La información llegó a un importantísimo empresario, quizás el único que le pueda discutir, de igual a igual, en materia de manejo de dinero, un lugar en el mundo económico. Kirchner hizo así una muestra de su predisposición a incorporarlo a las filas propias. Hoy, el empresario sabe que le debe un favor. El hombre que quería ser Presidente y ministro de Economía, a la vez, diseñó un esquema de presupuesto reducido, sin afectación de fondos externos pero con vía libre de disponibilidad en sus manos, y un ajuste cercano a los $ 20 millones que recaerían, otra vez, sobre los salarios.

En el Ministerio de Gobierno, el ministro Julio Miguel De Vido, y José Salvini, convocaron a los gordos de la CGT local: Raúl Belluschi (Uocra), Omar Campos (gas), José Castro (Upcn), y otros, quienes escucharon la línea gubernamental de boca de quien es el nexo con los sindicatos. Lo hicieron más por ambición política que por voluntad de Kirchner. De Vido y Salvini les explicaron que se darían de baja algunos plus salariales, como riesgo de caja, informática, vivienda de médicos hospitalarios y comisarios trasladados, el pago de pasajes a jubilados y pensionados, y una fuerte reducción en las asignaciones familiares, que en la provincia de Santa Cruz se pagaban con coeficiente 4. Según el relato de uno de los presentes, los sindicalistas lograron morigerar los alcances del ajuste y que sólo la reducción del 25% en las asignaciones familiares evitó poner en riesgo el pago de los salarios públicos provinciales en tiempo y forma. El vicepresidente 1ro. de la Cámara de Diputados provincial, Héctor Icazuriaga, gobernador interino ya en esos días por las continuas ausencias de quien era precandidato presidencial, informó que los alcances del Decreto 2.348/01, evitando mencionar la inclusión de los pasajes de los jubilados. Ya habría tiempo... además, les adeudaban los dos últimos años. El ajuste, en términos de presupuesto provincial, era irrisorio, poco menos de $ 20 millones contra $ 750 millones previstos, pero en el bolsillo de los trabajadores públicos santacruceños representaba entre un 25% y un 50% de descuento en sus ingresos de bolsillo. Entonces, mientras Kirchner se sumaba a Víctor De Gennaro en el reclamo de firmas para obtener una ley que atendiera a los más indefensos, en la Nación, se quedaba en su provincia con la asignación por cónyuge, reducía en un 25% las asignaciones por hijo, familia numerosa y escolaridad, eliminando además la doble asignación que se debía pagaba en enero de cada año. La medida provocó un rechazo generalizado en la población pero sólo algunos hacían escuchar sus protestas, a través de anónimos mensajes que ponían al aire algunos programas radiales no financiados por el Gobierno provincial. La protesta mediática buscó los micrófonos de A los 4 Vientos, por FM Abril; La Parada, por FM Tiempo; Zona Pública y Séptimo Día, por LU 12. El canal de TV oficial sólo informó acerca del decreto y las culpas de De la Rúa; los informativos de Canal 2, dependientes de una productora que comanda Claudio Miniccelli, alias Mono, cuñado de De Vido, tuvo igual actitud. En cuanto a los diarios, actuaron según la pauta publicitaria estatal. Tiempo Sur, que no está en ella, aunque alguna vez lo estuvo, brindó toda la cobertura necesaria y mantuvo el tema en sus páginas; La Opinión Austral jugó al equilibrio; Prensa Libre ignoró la protesta; y El Comunitario, de Rudy Ulloa, felicitó la “previsibilidad del gobierno”. Tal como fue previsto por Kirchner, el quiebre institucional y los 36 muertos del 20 y 21 de diciembre de 2001, amortiguarían la ira de los damnificados; pero no anticipó que las jornadas nacionales de protesta provocarían los cacerolazos y escraches que en los municipales santacruceños prendió de inmediato. Los municipios debían adherir a la medida de ajuste salarial provincial, y sólo hubo vacilaciones en el Concejo Deliberante de Caleta Olivia. No tenía sentido oponerse porque la provincia giraría las partidas a los municipios, descontando el recorte de los Aportes Extraordinarios por Déficit, fondos para el pago de la masa salarial que resulta la gran tenaza de todo gobernador para impedir rebeldías de intendentes. Con la coparticipación municipal de impuestos y las regalías por petróleo y gas, congeladas a los niveles del Censo Poblacional 1981, incumpliendo la legislación que obliga a la actualización de los montos sobre la base de los nuevos censos y sus aumentos poblacionales, Kirchner impuso su voluntad a los intendentes de Santa Cruz. Además, no coparticipó nunca los ingresos extraordinarios en concepto de regalías mal liquidadas. Únicamente Río Gallegos puede escapar, a veces, a la mano de hierro. Pero la gestión del arquitecto Héctor Aburto, entre diciembre de 1999 y febrero de 2002 generó tanto déficit municipal ($ 40 millones) y tanta corrupción, que quedó sin autonomía. Aburto era un militante de la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, muy cercano a Kirchner, y no dudó en apoyar el recorte, al igual que los concejales justicialistas Juan Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka; Carlos Sancho; Mario Metaza y un tal Cremades. El secretario general del sindicato de municipales, Edgar Geréz, un dialoguista amigo de Aburto, ya había sido superado por sus bases en enero de 2001, cuando el intendente no renovó los contratos laborales porque quería las vacantes para sus militantes, que lo administraban para ingresar al municipio luego de ocho años de UCR en Río Gallegos. Los municipales llegaron a la quema de neumáticos y el encadenamiento a las columnas de alumbrado público. Ahora, comenzaron a trabajar en una movilización para arrancarle un No al Ajuste al diminuto Aburto. El 28 de diciembre, cuando se cobraba el medio aguinaldo en el cajero automático del palacio comunal, comenzaron los cabildeos, y Aburto y sus colaboradores ordenaron el alerta cuando de varias camionetas comenzaron a descargar cubiertas de neumáticos. La policía miraba de lejos, mientras por una puerta lateral comenzaron a ingresar los militantes de choque a la municipalidad. Otro grupo, más numeroso, se autoconvocaba en la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, bajo la responsabilidad de Rudy Fernando Ulloa Igor, esperando directivas. Kirchner estaba de viaje, como siempre. Detrás de la reja, Martín Aburto, padre del intendente, comenzó a increpar a los manifestantes, hasta que debió buscar refugio por los insultos y piedras que le llovieron. Ex ferroviario de YCF, Martín Aburto se dedicó a la construcción en la época cuando su hijo fue el responsable de las obras públicas del municipio y de la provincia. Otro de los convocados fue el director de Tránsito, Juan Carlos Gómez, hombre dedicado a las artes marciales y de naturaleza violenta. Provocó a los manifestantes hasta que, luego, ingresó al municipio rodeado por el secretario de Desarrollo Comunitario, Jorge Ferreira; Miryam Aguiar, Juan Carlos Has y otros integrantes de la guardia permanente de Kirchner. La policía intentó avanzar con una autobomba para apagar las llamas pero un piquete les advirtió que no se lo permitiría por lo que puso marcha atrás. Rodeados, ahumados, histéricos por los petardos, a las 18:00 Aburto ordenó aceptar que un grupo ingresara a dialogar, con la garantía de los concejales opositores Marcelo Saá, Jorge Cruz y Bubby Austin. Carlos Edgar Sánchez había llegado a secretario de Gobierno por recomendación de Carlos Zannini y del ya mencionado Chávez, apodado el Negro, otro integrante de la Banda Cordobesa. En Córdoba, durante su juventud, Sánchez había quemado gomas, ahora debía apagarlas. Sánchez fue disidente con Chávez en la Corriente de Opinión Provincial, que cuestionó la metodología de Kirchner para conducir los ateneos y UB. Sin embargo, la propiedad de un Registro Automotor que le consiguió su hermano, el senador apodado Gorrión, lo calmó y volvió a Kirchner. Sánchez juró en su puesto a principios de diciembre de 2001 y al día siguiente se había marchado a aguas tropicales a tratar de resolver problemas sentimentales, en base al bronceado más tradicional. Su humor no estaba para humo ni petardos, pero los días de calma le brindaron la serenidad para dialogar con los delegados y prometer elevar sus inquietudes; sólo les pidió que cesaran con los petardos que explotaban debajo de la ventaja de su despacho.

También dijo que perdía dinero con esa ingrata función pública. Hubo varios cuartos intermedios y reuniones, hasta las 22:30, cuando Aburto le comunicó al informativo de Canal 2 que no negociaría con nadie. Más llamas, manifestantes y funcionarios. Irrumpió en escena la diputada nacional Mónica Kuney, y su esposo, Ricardo Pincheira, quienes prometieron nuevos contactos telefónicos con Kirchner, quien según sus dichos, volaba en el avión sanitario provincial rumbo a Río Gallegos. A las 2:00 del día 29, la diputada Kuney llamó al celular de la delegada Griselda Cuirolo, para informarle que el comisario Ojeda y algunos hombres uniformados se acercarían al municipio para cubrir la salida de los funcionarios y de los militantes municipales porque, según Kuney, tenian miedo de salir solos. Los policías cubrieron las retiradas mencionadas pero, a la vez, comenzaron a secuestrar los vehículos particulares de los manifestantes, en particular las camionetas en que se habían trasladado neumáticos. Luego, comenzaron con los interrogatorios y amenazas contra los manifestantes que buscaban baños o kioscos. Kirchner seguía desaparecido y solamente aparecía la diputada Kuney. Tiempo después se supo que Kirchner nunca fue a Río Gallegos sino que su avión bajó en El Calafate, y fue a dormir en la residencia que construyó su esposa, Cristina. El último llamado de Kuney a Cuirolo, fue a las 4:30, la diputada nacional apagó su celular y no volvió a intentar comunicarse, como sí lo había prometido. Sin cambios transcurrió toda la jornada y el piquete se mantuvo hasta las 20:30 cuando una nueva asamblea decidió el levantamiento de la
medida hasta nuevo aviso y la búsqueda de otras variantes de lucha. Luego de las fiestas navideñas y de Año Nuevo, la comisión de lucha comenzó a preparar un cacerolazo.

Apuntes sobre el flamante ‘progresismo’ del Presidente

Parte 7

El jueves 24 de enero de 2002, se difundió la fecha de la 1ra. convocatoria. Durante los días previos, los llamados telefónicos a las radios alentaban a la movilización de los municipales, a quienes se les sumó el gremio docente y el de los trabajadores del privatizado Banco de Santa Cruz que afrontaban una rebaja salarial. También sectores de la administración pública provincial y del Frente de Unidad Trabajadora. Con la lentitud santacruceña, el inicio del acto, previsto para las 20:00, terminó produciéndose a las 21:00. Los del Frente de Unidad y los de la combativa Lista Negra, de la Asociación de Trabajadores del Estado, aportaron los equipos de sonido y las cuerdas de seguridad. Ellos tenían experiencia en estos quehaceres. La policía apostó algunas motocicletas a 100 metros, para desviar el tránsito, y sería su única aparición durante el ciclo de manifestaciones. Por el micrófono desfilaron trabajadores municipales, vecinos indignados con el intendente, Héctor Aburto, y con sus concejales, representantes de organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, de jubilados, mineros desocupados, médicos que no aceptaron que la Caja de Servicios Sociales les redujera, en forma unilateral, sus acreencias; y, por supuesto, gente apresada en el Corralito. La moción de seguir manifestando cada viernes, a la misma hora, fue aprobada por 600 personas. También la de constituir una Asamblea Permanente del Cacerolazo, con reuniones abiertas a realizarse en la sede del gremio docente, Adosac. Cuando alguien nombraba a un funcionario, las cacerolas quedaban abolladas, y siguieron sonando cuando se mocionó marchar a Casa de Gobierno, aunque con recomendaciones de mantener la calma y no provocar algún incidente. De contramano, por Avenida Roca, de Río Gallegos, la cerrada columna se detuvo en el edificio del Tribunal Superior de Justicia, que tenía una única ventana iluminada, la que ocupaba su titular, Carlos Zannini, el Chino. Dos ateridos agentes de policía los vieron llegar a la Rosadita, y los escucharon gritar: “Se va a acabar / se va a acabar / esa costumbre de robar”. Otra pareja de policías los escuchó, luego, en la residencia del gobernador Néstor Kirchner, quien como era costumbre en los últimos años, no se encontraba en Río Gallegos. Adentro de la residencia, la mamá de Kirchner y su hija, no entendían cómo podían ser acusados de semejantes irregularidades. Luego, las familias manifestantes se dirigieron a la intersección de Roca y San Martín, cantaron el
Himno Nacional y retornaron a sus hogares para cenar. Para los canales de TV, la movilización no existió. El diario La Opinión Austral publicó un recuadro. Su rival, Tiempo Sur, le dedicó un mayor espacio ya que sus propios directivos habían participado de la marcha. La 2da. marcha lo encontró al gobernador Kirchner con más reflejos, junto a Alicia Kirchner y a Héctor Icazuriaga, alias El Idóneo, organizó un acto de desagravio en la puerta de la Rosadita, mientras la marcha cacerolera se aproximaba al lugar, y algunos insultos partieron de las veredas oficialistas, ocupadas por los incondicionales del poder. La presencia de la guardia civil de Kirchner y de matones en actitudes más agresivas, obligó a los caceroleros a evitar pasar por la Casa de Gobierno, y marcharon hacia las viviendas de los funcionarios y de los comunicadores oficialistas. Las residencias de Zannini, de Icazuriaga, de Lázara Báez, del Bicho Ocampo, y del diputado Muratore y Sra. (o sea Laura Ballester, jueza del Tribunal Superior de Justicia), y las sedes de La Opinión Austral, los canales 2 y 9, y la radio y el periódico de Rudy Ulloa, sufrieron escraches. En cada caso, sin embargo, la gente de la Asamblea protegió vehículos, jardines y viviendas, y sólo permitió algunos timbrazos. Cada viernes, el panorama era similar. Pero la concurrencia comenzó a menguar por el frío y por la ausencia de los partidos políticos, algo resentidos por la consigna “que se vayan todos”. También influyó la presencia de la guardia pretoriana de Kirchner, la ausencia policial (en cierta ocasión, durante un escrache a la casa de Icazuriaga, un patrullero quedó frente a una columna que avanzaba; velozmente giró en U y se alejó de contramano), y algunos atentados como el que sufrieron el vehículo y la vivienda del matrimonio Rodríguez Palermo, participante de la Asamblea. # La arenga El intendente Aburto se caía por el peso de su propia corrupción, imparable. A días que un escándalo de orden privado terminara con el sostén que le brindaba Kirchner, el gobernador convocó a sus adeptos, incluyendo a los más díscolos, a un acto en el Comando del Frente para la Victoria Santacruceña. Unas 600 personas se reunieron para escuchar a Kirchner, aunque en la prensa se afirmó que eran 1.500; y algunos colaboradores del gobernador dejaron filtrar fragmentos del discurso, amenazador hacia los caceroleros.

Recuerdo haber tenido una copia en mis manos y discutir si convenía o no poner la cinta en el aire, lo que finalmente hicimos en A los Cuatro Vientos, por FM Abril, porque las amenazas y la incitación a la violencia tenían una entidad superior a cualquier operación de prensa, cuando provenían de la boca de Néstor Kirchner: “¿¡¡Cómo puede ser, compañeros!!? Que los compañeros, a veces, se queden callados y permitan este tipo de cosas. ¡¡Hay que salir a defender!! No podemos permitir que agredan la municipalidad ni más ninguna estructura que corresponda a nosotros. Somos muchos, salgamos a la calle ¡¡y se terminó con este tema!! (...) pero tenemos que salir con todo. ¿Cómo vamos a permitir que haya 4 ó 5, esos dirigentes del FUT que sacan 200 votos por elección, o cuatro tipos que no representan a nadie, que salgan a descalificar y a agredir? ¡Compañeros! No hay que permitir este tipo de cosas. ¡¡Hay que defender con fuerza y con orgullo!! Basta. Si van a ir a la casa de un compañero a agredirlo o a molestarlo, vamos a ir 200 ó 3000 ó 500 ó 1.000 a la casa de ellos, esto que quede absolutamente claro”. Los funcionarios con militancia anterior, miraban burlones. Kirchner siguió: “¿¡¡Cómo puede ser que ustedes!!?... Justo yo me fui a Calafate... pero ¿cómo puede ser?... “ Ya había hablado del Frepaso, de la UCR y del FUT, pero decidió una vuelta de tuerca: “Se terminó, compañeros. ¡Tenemos que salir al frente! Si son 100, nosotros vamos a ser 2.000 ó 3.000. Pero, ¿cómo puede ser, compañeros, que nos dejemos atropellar así? No se puede mirar al costado en este tema. ¡Tenemos que estar todos juntos! Yo se los pido, encarecidamente”. Las amenazas de Kirchner provocaron muchos comentarios. Los abogados Dino Zaffrani y Javier Pérez Gallart, se presentaron ante la justicia con gente de la Asamblea Permanente del Cacerolazo, denunciándolo por incitación a la violencia. La causa fue a manos del juez Santiago Lozada, quien la envió al fondo de sus archivos. Luego, los domicilios de los dirigentes del Frente de Unidad Trabajadora fue el tema que abordaron unos volantes anónimos, con fotografías de viviendas y recibos de salarios de Miguel del Plá y de Ricardo Mercado, y de sus esposas. La municipalidad, el Consejo Provincial de Educación y la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Cruz, encargaron a distintas imprentas su propia versión. El costo no fue elevado ya que, al menos dos imprenteros que sostienen su actividad con trabajos para el Estado, los hicieron sin cargo. # La pesada El 25 de abril de 2002, la sesión comenzó puntual en la Legislatura provincial. El tema fue el tratamiento del presupuesto santacruceño.

Los recortes centrales eran las reducciones en las asignaciones familiares y la incorporación al ajuste provincial de algo que aún no había sido anunciado por el gobernador Kirchner ni por sus funcionarios: la suspensión del pago del pasaje anual a los jubilados, aún cuando no se abonaba desde hacía dos años. Por 1ra. vez, las barras no fueron separadas sino mezcladas. Entonces, los sindicalistas docentes, los militantes del Frente para la Victoria Santacruceña, los caceroleros y los empleados públicos compartían las gradas. Algo no andaba bien y la sospecha la corroboraba la ausencia de gente de Rudy Ulloa, lo que suponía una falta de conducción en la hinchada oficialista. Sin embargo, los pasillos, las escaleras y las oficinas cercanas se fueron llenando de militantes del FVS y contratados. En el acceso se vio a Enrique Meyer, subsecretario de Turismo; en el recinto, a Nelson Periotti, presidente de Vialidad Provincial; a Juan Carlos Gómez y Héctor Silva, de Tránsito de la Municipalidad; a Francisco Mansilla, alias Batata; a Pablo Grasso, director de la Casa de la Juventud; a Marta Delucci, secretaria de la Producción; a Jorge Ferreira, secretario de Desarrollo Comunitario; a Pedro Ayunta y Patricia Cocco, del Consejo Provincial de Educación, entre otros que se mezclaban con patovicas de traje oscuro. La crónica del matutino Tiempo Sur lo relató así: “Somos de seguridad de la Cámara’, se identificaban. Según pudo comprobar este medio, no lo eran. Pero su maciza presencia impedía el ingreso de los jubilados”. Los jubilados querían reclamar que no les recortaran sus pasajes. Entonces, Roberto Giubetich, diputado provincial UCR, le solicitó al comisario de la Cámara que se le permitiese el acceso a un grupo de jubilados encabezados por Miguel Pascual, vocal en la Caja de Previsión, e ingresaron entre aplausos y silbidos. Abrió el fuego Omar Muñiz, del Movimiento Federal Santacruceño, con un pedido de tratamiento sobre tablas de un pedido de informes al Tribunal de Cuentas sobre los ingresos en concepto de regalías y las inversiones realizadas. Habló más de una hora pero su pedido no tuvo tratamiento por la oposición del oficialismo. Luego se llegó al Presupuesto 2002 de Santa Cruz, que no sólo contenía los ajustes sino la posibilidad del uso discrecional, por parte del gobernador Kirchner, de los depósitos en el exterior de la provincia. Mariela Arias, cronista de Tiempo Sur, lo relató así: “A la voz ‘Que se Vayan Todos’, la nutrida concurrencia integrada por la Asamblea del Cacerolazo, representantes del gremio docente, vecinos, trabajadores municipales, público en general, eran el corrillo de fondo mientras hablaba los diputados. ‘El bloque del PJ va a sostener la votación del despacho de comisión’, anunció la diputada informante del oficialismo, Judith Forstmann, enfundada en un traje de hilo color rojo. Entre el ruido, cada vez más fuerte de las cacerolas, la caletense que presidía la Comisión de Presupuesto, intentaba hacerse escuchar a los gritos. En tanto, Héctor Icazuriaga, quien presidía la sesión tratando de mantener la compostura, pero cada vez más nervioso, sólo atinaba a decir: ‘Continúe diputada’, cuando los gritos aumentaban al ritmo de ‘Devuelvan los pasajes, Devuelvan los pasajes’. Forstmann hizo una deslucida presentación del proyecto de Presupuesto porque, lejos de fundamentar los recortes, leyó artículo por artículo lo ya aprobado. El error de la diputada fue cuando empezó a dirigirse a la concurrencia y trató de conquistar la atención de las mujeres. La única representante femenina de la Legislatura sólo obtuvo, como respuesta, un batir de cacerolas. Héctor Di Tulio corrió mejor suerte que Forstmann porque mantuvo su posición del día anterior y adelantó su voto por la negativa, haciendo hincapié en la distribución de los recursos de la provincia, las diferencias de los ingresos por habitante en cada localidad y habló de no aceptar ‘las imposiciones del FMI’. Pero cuando Roberto Giubetich inició la fundamentación del voto negativo del bloque UCR, fue interrumpido y poco después de las 16:00, la sesión se transformó en un ring-side. El dirigente gremial Ricardo Mercado salió a un pasillo y entonces fue golpeado por un militante del Centro del Carmen mientras la muchedumbre se agolpaba en la puerta mientras Eduardo Di Pierro, del FUT, agarró el micrófono de la presidencia, dejada vacante por Icazuriaga, y gritó: “Le están pegando a Mercado, le están pegando... “. Cortaron la luz y el recinto quedó a oscuras durante 20 minutos de gritos, golpes y confusión”. Por la puerta lateral izquierda, a espaldas del estrado de la Presidencia, se accede a un recinto que se encontraba colmado de personas que insultaron y agredieron a Ricardo Mercado; un diputado de la UCR dice que vio la escena y corrió hacia ese lugar. Icazuriaga, apenas comenzó la escaramuza, gritó ‘La sesión pasa a un cuarto intermedio’, bajó el martillo y salió por la puerta lateral derecha, ubicada detrás de él. Esto fue lo que le permitió a Di Pierro tomar el micrófono. Una mujer, María Teresa Aguilar, recibió un golpe con un jarro cuando se fue encima de una cacerolera con la que había estado intercambiando insultos. La cronista Mariela lo relató con dramatismo: “La cara chorreada de sangre le manchó el chaleco al fotógrafo que la ayudó”. A otro fotógrafo le robaron su cámara, aunque luego fue devuelta por los patovicas.

Icazuriaga, encerrado en la oficina del bloque del FVS, comprendió que la situación presionaría a sus propios diputados y llamó a Oscar Vázquez, alias Cacho, y le pidió que hablara con Rudy para que trajera a su gente, pero Cacho le explicó que la gente de Rudy estaba cabrera porque a ellos también los afectaba el ajuste y que no defenderían “a tipos que cobran 5 lucas”. Fuentes confiables aseguran que Icazuriaga, desesperado, le prometió un asado, carne y canilla libre, y libertad de acción para lo que se estaba “charlando”, propuesta que Cacho le llevó a Rudy. Antes de que se cumpliesen dos horas, los muchachos de Rudy caminaron la cuadra que separa a la Legislatura de la Casa de Gobierno e ingresaron a presión al recinto, donde Omar Muñiz llevaba una hora fundamentando su voto negativo. El oficialismo se llenó de sonrisas con el arribo de los refuerzos. Muñiz había recordado, con acierto, que la Cámara de Apelaciones, presidida por Chávez, el Negro, había aceptado los amparos contra las reducciones salariales, explicando que el Gobernador no se encuentra autorizado, por el artículo 3 de la Ley 2.347, a reducir las asignaciones familiares; pero que Kirchner dijo que dado que el Legislativo se encontraba en receso, él tenía facultades extraordinarias. Sin embargo, aclaró Muñiz, al momento de firmarse el fallo, la Cámara de Diputados había prorrogado las sesiones extraordinarias hasta el 20 de diciembre de 2001. Pero la voz de Muñiz fue tapada por los bombos de Los Muchachos Peronistas y el griterío “Se siente / Se siente / Lupo Presidente”. En la crónica de Mariela, se lee: “Luego de Giubetich, fundamentaron Alberto Bianchi (Frepaso), Omar Lada (UCR), Omar Fernández (UCR), entre los bombos y los deseos de la Presidencia del actual gobernador. Cuando, otra vez, decidió hablar Judith, los insultos de las 16:00 se transformaron en gritos de ‘Ídola, ídola’; el público cacerolero se había retirado y las gradas se encontraban colmadas de militantes del Frente para la Victoria Santacruceña. En ningún momento, desde la desordenada conducción de la Vicepresidencia 1ra. de la Cámara, el diputado Icazuriaga solicitó retirar cacerolas o superbombos. El oficialismo respondió a las “descalificaciones y acusaciones de Muñiz” y obtuvo 13 votos positivos (aunque en el PJ se abstuvieron Almendra y Barreto), contra 7 votos negativos, y hubo un ausente. Así se aprobó el Presupuesto provincial para este año. Lo demás es historia”. Sin embargo, la historia continuaba porque varios dirigentes de la Adosac y algunos caceroleros no podían salir del edificio porque afuera los aguardaban los militantes de Rudy. Sólo la presencia del fiscal Vivanco llevó algo de calma, aunque debió esforzarse ante Icazuriaga para que éste exigiera seguridad policial para garantizar el retiro de los caceroleros. Varios de ellos descubrieron que el automóvil de Miguel Del Plá había sufrido la represalia de la que ellos habían zafado.

Lo que la Flacso no sabe / no quiere saber

Parte 8

El 26 de abril de 2002, además del habitual cacerolazo de los viernes a las 20:00, estaba programado el acto de apertura de la Feria Provincial del Libro, en Río Gallegos, capital de Santa Cruz. La presencia de Néstor y Cristina Kirchner obligó a la concurrencia en pleno de quienes se desempeñaban en la administración pública provincial y municipal, para el habitual besamanos. Los invitados especiales eran dos periodistas: Miguel Bonasso, de Página/12, un hombre de vasta trayectoria en la política, a quien ya se presentaba como el coordinador de prensa de la campaña de Kirchner; y Alejandro Apo, de AM Continental, con programa propio los sábados por la tarde, que retransmitía LU12, con gran éxito de oyentes. La hora de la apertura del evento coincidía con la cita que, a cinco cuadras de distancia, hacían los caceroleros; entonces, los de Kirchner tomaron la decisión de adelantar lo suyo, no fuese cosa que los protestones se infiltraran en el segmento pago de Crónica TV ya contratado por la Gobernación. Los responsables de la seguridad provincial se pusieron en marcha mientras se descargaban, en los depósitos del Centro Cultural, las festivas matracas armadas en los talleres de la Municipalidad de Río Gallegos. La policía santacruceña amojonó con conos fosforescentes el ingreso al predio y las balizas de patrulleros y motocicletas le dieron un toque inusual a la tarde de la ciudad, mientras se bloqueaban las puertas laterales del complejo, con trancas de madera y alambre en los picaportes. Pasando el portal de acceso, se llegaba a un salón derivador donde los guardianes más presentables le hacían el aguante al jefe del operativo, Mario Vidal. La ceremonia tuvo el esplendor de la ocasión, y el matrimonio Kirchner estuvo presente y se retiró de acuerdo a lo planificado, cuando un centenar de caceroleros, a cinco cuadras, comenzaban con su menú de los viernes "Contra el ajuste y la corrupción". La convocatoria había mermado, demostrando el agotamiento de la modalidad elegida para protestar. Además, ese día faltaron a la cita los delegados municipales porque en algún punto de la cadena de llamados telefónicos, alguien informó que se suspendía el mitin, y ellos aprovecharon la noche de frío y llovizna helada para quedarse con sus familias en sus hogares.

Probablemente -especulan algunos luego de lo ocurrido aquella noche- alguien que conocía, de antemano, lo que se desencadenaría, no quiso verse, cara a cara, con los delegados de los empleados municipales. Desde la esquina de la confitería Mónaco, los parroquianos habituales seguían, con indiferencia, la evolución de la asamblea cacerolera. Entre ellos, el Charo Sandoval. Uno de los oradores recordó que Sandoval, ex intendente de la localidad de Los Antiguos, se había integrado el día anterior a la patota que había ingresado tan vehemente a la Cámara de Diputados, a cambio de un asado con canilla libre y carne a destajo. El orador pidió un escrache para Sandoval. Los caceroleros lo identificaron, del otro lado del frente vidriado, y Sandoval, con un gesto de pánico dibujado en su rostro, se puso su campera y, escoltado por los mozos del Mónaco, se refugió en la cocina. Luego, uno de los caceroleros mocionó ir hasta el Centro Cultural, y el acuerdo fue unánime. Mientras se armaba la columna, otro cacerolero mocionó hacer, de paso, un escrache a la radio FM de Rudy Ulloa Igor, quien había liderado la patota que ingresó al Legislativo el día anterior. La columna era encabezada por el viejo Ford Falcon de Dipi Di Pierro, dirigente del FUT, preparado con bocinas en el techo. De la columna se marcharon los engripados y los caceroleros anti-escrache, que decidieron quedarse tomando un café en el Mónaco. En la columna permaneció una mayoría de mujeres, algunos con sus hijos; no faltaba quien llevara una bicicleta a la rastra, como era el caso de Milagros Pierini, una militante por los derechos humanos a quien todos cargaban por el bochiche del timbre de su rodado. No faltaban algunas parejas de jubilados, aún enojados por el episodio del día anterior en Diputados; dirigentes docentes del gremio Adosac; también trabajadores mineros que cumplían tareas en el puerto, algún periodista y un damnificado por el corralito/corralón que pensaba quedarse revisando libros en la Feria. El Centro Cultural tenía las puertas bloqueadas, mucha seguridad privada en su interior y los destellos de un flash delató que alguien quería retratar a los caceroleros, quienes pidieron, a los gritos, la presencia de Bonasso y de Apo, pero ellos no aparecieron. Algunas mujeres golpearon con sus llaves las estructuras de aluminio de los ventanales pero como no hubo respuesta desde el interior, comenzó la retirada. Un agente de seguridad, quitó la tranca de una puerta de acceso, para habilitar el ingreso de la turba y algunos caceroleros amenazaron con adentrarse en la Feria pero la decisión fue no caer en trampa alguna y la columna siguió su marcha. Menos el del corralito/corralón, quien se quedó comprando libros.

Los manifestaron bordearon el complejo ferial, encontraron el ingreso principal cerrado, retrocedieron algunos metros y encararon por la calle Errázuriz, paralela a la San Martín, hacia la FM de Ulloa. Desde allí se vio su Chevrolet Corsa color verde, estacionado sobre la vereda y un acompañante que, dejando la puerta abierta, corrió hasta el edificio de la radio y luego regresó a su asiento, mientras el vehículo patinaba en el apuro por irse. FM Comunitaria ocupa un edificio público que le fue cedido, en la esquina de Errázuriz y Belgrano, en Río Gallegos. Allí también funciona la redacción y administración del diario El Comunitario, de distribución gratuita. El inmueble se encuentra detrás de un pequeño jardín, protegido con rejas blancas y cámaras de video. Los caceroleros se agruparon frente al portón y el director de la FM, Miguel López Igor, salió a su encuentro, señalando el portón abierto; los caceroleros gritaban "Se va a acabar / Se va a acabar / Esa costumbre de robar..." Primo de Rudy Ulloa Igor, Miguel tenía el curioso privilegio de ser el único funcionario condenado por peculado, porque aceptó confesar su delito y la condena en suspenso. Los jueces no tuvieron alternativa y debieron cumplir con su deseo. López Igor hizo gestos hacia los manifestantes tratándolos de "cagones", mientras el Corsa verde ya se había estacionado en la esquina opuesta. Luego de un rato, los caceroleros se dieron por satisfechos y decidieron retirarse; entonces se apagó el alumbrado público y, desde la calle Belgrano, aparecieron más de 200 hombres con palos, hierros y mangueras. El jefe del operativo, Mario Vidal, señaló a Miguel Del Plá y a Mercado: "Ahí están los zurdos". Un grupo de patoteros se adelantó para detener el Falcon de Di Pierro pero el viejo automóvil logró ponerse en marcha y sólo alcanzaron a abollarle le techo y el baúl del portaequipajes. Los caceroleros estaban sorprendidos, abundaban los gritos y las corridas; también los golpes, sobre un pavimento mojado y una oscuridad hostil. A Luis González, el mítico Angelito Negro de ATE, no lo reconocieron como un cacerolero hasta que un matón lo golpeó con una manguera en la cabeza y la paliza la impidió el propio Vidal. En verdad, por 2da. vez en 15 días Vidal evitaba una golpiza a González, por el respeto que su coraje le ganó aún entre los soldados de Kirchner.

Había tres grupos de atacantes: los de choque, los que cubrían sus espaldas y los que, subidos a algunas camionetas, corrían a los caceroleros que huían. Los trofeos de guerra -un redoblante, un bombo y una bandera argentina- fueron introducidos en la FM Comunitaria. La bandera se la quitaron a una pareja de chicos menores de edad, que fueron apaleados. La golpiza continuó unos 100 metros porque en el cruce de Errázuriz y Alvear apareció una camioneta de la policía local, con balizas y laterales pintados con el número del móvil, que observó la escena a paso de hombre y se alejó. Las camionetas perseguían a los caceroleros dispersos, detrás de los golpeadores se arrastraba el Angelito Negro, auxiliados por dos de la columna que prefirieron no correr: un empleado municipal y el autor, quien cubría el evento para una FM. Sin embargo, al llegar a la plaza San Martín, se detuvo una camioneta blanca, conducida por el karateca Juan Carlos Gómez, con varios hombres en la caja, que bajaron a seguir pegándole al Angelito, que sólo atinaba a putearlos, mientras el autor le recordaba a Gómez su rol de funcionario público. Quizás por eso o porque en la plaza había demasiada iluminación, los matones regresaron a su camioneta y se marcharon. Luis González aún no pagó el asado que aquella noche le prometió al autor, en gratitud por la ayuda. Al fin, los tres llegaron hasta el automóvil de González, estacionado sobre la avenida Roca. Cuando el conductor se recuperó, enfilaron hacia la Casa de Gobierno, en cuyos jardines parte de la patota ya brindaba con cajas de vino que repartía el tesorero del Frente para la Victoria, Raúl Copetti, funcionario público. Los tres fueron a la seccional 1ra. a radicar la denuncia policial. Advertidos, los de la patota que portaban armas fueron enviados a El Calafate, a mostrarse en el casino y así obtener su coartada. Gómez fondeó su camioneta blanca en un taller de confianza, no sin antes llevar a su gente a apedrear el frente del diario Tiempo Sur.

Cuando Tasselli y Kirchner hicieron temblar la mina

Parte 9

A mediados de 1999, los intereses de Néstor Kirchner confluyeron con los de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), y quien era el socio de ambos, el empresario Sergio Tasselli, con el objetivo de "terminar con los zurdos en YCRT" (Yacimientos Carboníferos de Río Turbio). El 22 de septiembre, los afiliados debían elegir a la conducción sindical y la Lista Negra amenazaba con desplazar a los amigos de Kirchner y de Tasselli. La Lista Negra postulaba a Luis Héctor González para secretario general, un luchador imposible de comprar, que erizaba el pelaje de los sindicalistas amigos de Kirchner y de Tasselli. Cuando González, un riojano curtido, asomó en los socavones, los mineros cumplieron el rito de bautizarlo, para siempre, Angelito Negro. Para explicar qué significa González en Río Turbio hay que ir más atrás, hasta José Salaya, quien intensificó su trabajo en la mina cuando el Proceso de Reorganización Nacional ya estaba irremediablemente desorganizado. Salaya politizó a un grupo de trabajadores del carbón, entre quienes estaban Angelito Negro y Jorge Gerardo Rivolta, un operario de electromecánica de minas, en la playa de Mina 3. Rivolta es chaqueño, llegó a Turbio en los '70, terminó el secundario y cuando se casó, la empresa le dio un Quoncet, las típicas casas del complejo minero que parecen un medio caño de chapas. El trabajo de Pepe Salaya apuntaba a terminar con la intervención en la seccional de ATE de Urbano Peralta, prueba de un acuerdo de años entre el sindicalista Juan Horvarth y el almirante Emilio Massera. Una asamblea multitudinaria barrió con Peralta y propuso, para integrar la comisión, a Angelito Negro y a Rivolta, para sorpresa de ellos mismos. Entonces, se dedicaron a estudiar su función sindical y comenzaron exigiendo, aún durante el gobierno militar, una ambulancia permanente en el yacimiento... y obtuvieron varias... Ambos se terminaron de convencer de que eran fuertes cuando en 1983, el candidato justicialista a gobernador, Arturo Puricelli, de camino a un acto, se detuvo en el local gremial para pedirles que nominaran a un candidato a diputado nacional por Santa Cruz. Sorprendidos, aceptaron la propuesta, y Rivolta impulsó a un profesor suyo en la enseñanza secundaria, el ingeniero Ghiano, quien pasó un período en la Cámara de Diputados de la Nación, sin pena ni gloria. Rivolta, luego, fue el referente del peronismo de Río Turbio y su capacidad de liderazgo lo llevó hacia arriba, pero alejándose de Salaya y de Angelito. Ocurrió que en la interna 1984/1985 de ATE, la Agrupación Anusate, de Víctor De Gennaro, se convirtió en Lista Verde, para enfrentar a la Lista Azul, de Horvarth; y Rivolta se sumó a la Azul. Previsor, ingresó un hombre a la Lista Verde, por si algo fallaba. Lo importante era que el topo fuese agradecido. Y Edgardo Depetri no falló en ese reconocimiento porque, aún cuando Víctor De Gennaro se opuso, sostuvo a Rivolta hasta que éste pudo saltar de la Lista Azul a la Lista Verde. Técnico minero nacido en la provincia de Santa Fe, Depetri ingresó, luego al Consejo Directivo Nacional de ATE, y más tarde a la conducción de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Al igual que Néstor Kirchner, él tiene una imagen en la Nación, donde es un referente de Anusate y de la Agrupación Germán Abdala; y otra en la provincia de Santa Cruz, donde es un sindicalista convencional, como Rivolta, cafierista en 1988 y menemista en 1989. Rivolta, vinculado a Arturo Puricelli porque éste había designado a su pareja, Sandra Cruz, también dirigente de ATE, en la obra social Pami; cuando ocurrió la concesión de la mina de carbón ingresó al Frente para la Victoria, de Kirchner. Enfrentado a Rivolta, Depetri, Kirchner y Tasselli se encontraba Angelito Negro González, quien resistió a los embates y cesantías. Entonces, aprovechando que un congreso sindical llevó hasta Río Gallegos a De Gennaro y Depetri, se formalizó una alianza para derrotar a la Lista Negra. Tal como ha ocurrido casi siempre durante la gestión de Kirchner en la provincia de Santa Cruz, el trabajo sucio fue encomendado a Julio De Vido, quien logró que 200 militantes del Frente para la Victoria completaran una ficha y se incorporaran al padrón electoral de ATE en Río Turbio para descontar la ventaja que la Negra le llevaba a la Verde. El 11 de agosto de 1999, los 200 soldados de De Vido fueron incluidos en un padrón diferente al que había presentado el 9 de julio el delegado electoral del Consejo Directivo Provincial de ATE, Marcelo Zacarías, para el período de exhibición para tachas e inclusiones. Los militantes provenían de la empresa Servicios Públicos Sociedad del Estado, y de los ministerios de Gobierno y de Economía. La Lista Negra intentó frenar la maniobra pero las autoridades de ATE no se mostraron resolutivos, y Angelito Negro se presentó ante los medios de comunicación para denunciar la lista y obtuvo que 129 de los 200 soldados de De Vido renunciaran a su afiliación, según lo comunicó Rivolta al delegado electoral Zacarías; otros sostienen que eran de Servicios Públicos Sociedad del Estado que, cuando pidieron y no obtuvieron que Kirchner ratificara la orden de De Vido, abandonaron la tarea. Pero hubo 72 nuevos afiliados que De Vido logró mantener porque le respondían directamente, de los que 48 fueron a votar. La Lista Negra perdió por un voto y las impugnaciones aún duermen –según podrá constatarlo el ministro de Trabajo, Carlos Tomada- en la cartera laboral. # El comienzo Durante su campaña a gobernador, Kirchner prometió que levantaría una super-usina generadora de energía eléctrica a carbón para garantizar la continuidad de la producción en la mina de Río Turbio. En verdad, el objetivo hoy es más modesto: convertir a Río Turbio en un pueblo turístico cordillerano, sin minas y sin mineros. En el ínterin ocurrieron hechos. La Ley 23.696 de Reforma del Estado, sancionada en 1989, declaró a Yacimientos Carboníferos Fiscales, sociedad sujeta a privatización o concesión. El Decreto 988, del 7 de mayo de 1993, dispuso la concesión integral por un plazo de 20 años del complejo carbonífero, ferroviario y portuario. La Resolución 567, del Ministerio de Economía y de Obras y Servicios Públicos de la Nación, llamó a licitación pública para la concesión por 10 años de YCF, con opción a otro período igual, pero el Estado seguiría siendo el propietario de la infraestructura, los inmuebles, los materiales, los equipos y los muebles y útiles de YCF. La Resolución M.E. Nº 1.416 del 25 de noviembre de 1993, dejó sin efecto la licitación, por inconveniencia económico-financiera de la única oferta declarada admisible. La Resolución M.E. Nº 1.417 concretó un nuevo llamado a licitación pública nacional e internacional, la que también fue rechazada por inconveniente, dado su excesivo nivel de subsidios solicitados. El 22 de febrero de 1994, la Subsecretaría de Energía de la Nación declaró desierto el proceso licitatorio de concesión de YCF. Luego, el consorcio integrado por Iate S.A., Eleprint S.A., Dyop S.A. y la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza, presentó un recurso jerárquico, a fin de que se reviera la decisión adoptada por la Comisión Asesora de Privatización, reduciendo sus pretensiones de subsidios. El 24 de febrero, el entonces senador nacional PJ-Santa Cruz, Pedro Molina, informó a la salida de la reunión de gabinete semanal que el entonces presidente Carlos Menem había considerado una “prioridad” resolver la concesión de YCF. El 25 de febrero, se leyó en los diarios nacionales que el gremio que nucleaba a los mineros no compartía esas gestiones realizadas por el entonces gobernador Kirchner, el intendente de Río Turbio y el senador Molina, designado Coordinador de la Gestión. Los trabajadores mineros preferían que YCF continuase en manos del Estado Nacional, según el secretario general Angelito Negro González. La Resolución M.E. Nº 609 del 5 de mayo de 1994, con la firma del entonces ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo, hizo lugar al recurso y preadjudicó YCF a YCRT S.A. (Yacimiento Carbonífero Río Turbio Sociedad Anónima). El Decreto 979/94 adjudicó, a partir del 1º de julio de 1994, y por el término de 10 años, la concesión integral del yacimiento y de los servicios ferroportuarios con terminales en Punta Loyola y Río Gallegos, a YCRT S.A. Con un subsidio equivalente a US$ 22,5 millones anuales, el empresario Sergio Tasselli inició el trabajo de vaciamiento de la concesión, incumpliendo las cláusulas de producción e inversión, hasta que las puebladas de Río Turbio y las movilizaciones de sus obreros terminaron con su presencia al frente de la empresa en abril de 2002. Para lo uno y lo otro tuvo la complicidad de una Comisión de Fiscalización de la Concesión, integrada, entre otros, por el polifuncional integrante del equipo Kirchner, el ingeniero Daniel Cámeron, y por los sindicalistas de ATE, Rivolta y Depetri. Taselli arribó cuando la mina tenía una planta laboral de 1.331 empleados, y el subsidio de US$ 22,5 millones. Cuando la devolvió, empleaba a 800 personas, lo que probablemente mejoró la eficiencia pero provocó problemas laborales en las localidades de Río Turbio y 28 de Noviembre. El 1º de mayo de 2002 YCRT regresó a manos del Estado Nacional, cuando la conflictividad otra vez era muy complicada, y así Eduardo Duhalde le quitó un peso a Kirchner, quien era un socio político y futuro candidato presidencial de la Casa Rosada. Tasselli se llevó hasta los tubos de oxígeno y acetileno de la mina. Pero esta historia tiene otros episodios interesantes, como el gran conflicto de 1994.

FIN

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