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. Discurso de Gettysburg

260610 - Nació el 12 de febrero de 1809 cerca de la localidad de Hodgenville (Kentucky). Tras cambiar de lugar de residencia en varias ocasiones con sus padres, después de vivir unos años en Indiana se independizó y se trasladó a Luisiana en 1831.

Poco más tarde llegó a Illinois y se instaló en New Salem, una comunidad recién creada a orillas del río Sangamon, donde trabajó en la construcción de una línea ferroviaria y en una tienda. Se ganó el respeto de sus vecinos y fue elegido capitán de su compañía en la guerra mantenida en 1832 contra los indios sauk (sac), liderados por Halcón Negro. Un año más tarde se le eligió jefe de correos, pero tenía que aumentar sus ingresos realizando peritajes y desempeñando otros empleos. Simultáneamente empezó a estudiar Derecho.

Político y abogado

Perteneciente al Partido Whig, Lincoln fue elegido miembro de la Cámara de Representantes (cámara baja parlamentaria) del estado de Illinois en 1834, y ocupó su escaño hasta 1841. Pronto destacó como uno de los líderes del partido y formó parte del grupo que propuso y logró trasladar la capital del estado a Springfield, donde él se estableció en 1837. Comenzó a ejercer la abogacía en 1836 y no tardó en alcanzar gran reconocimiento por su honradez y eficacia.

A pesar de haber nacido en un estado donde se reconocía y ejercía la práctica esclavista, Lincoln se oponía a la esclavitud y en 1837 fue uno de los dos miembros de la cámara baja de su estado que firmó una protesta contra ella. Elegido miembro del Congreso estadounidense en 1846, ejerció como diputado en la Cámara de Representantes federal desde el año siguiente hasta 1849 y destacó por sus abiertas críticas a la Guerra Mexicano-estadounidense y por la formulación de un plan para la emancipación gradual de la esclavitud en el distrito federal de Columbia. Sin embargo, no se incluyó entre los abolicionistas, ya que inicialmente respetaba el derecho de los estados a resolver sus propios asuntos, y se dedicó simplemente a evitar que se difundiera la esclavitud.


Reconocimiento nacional

Finalizado su mandato como congresista federal, en 1849 regresó a Springfield para continuar ejerciendo su profesión. Pero en 1854, debido a su asombro ante la aprobación de la Ley Kansas-Nebraska, que, promovida por el senador Stephen Arnold Douglas, permitía la implantación de la esclavitud en el noroeste, decidió retornar a la política. Mostró claramente su oposición a la anulación del Compromiso de Missouri (que permitió en su momento la inclusión de dicho estado en la federación estadounidense conservando la práctica esclavista), para lo que argumentó que aquélla norma, acordada hacía más de 30 años, había sido una medida equivocada porque la esclavitud era injusta en sí misma.
 

En 1855 se presentó como candidato al Senado federal, pero tras comprobar que no podía ganar, apoyó a Lyman Trumbull, un demócrata que también se oponía a la Ley Kansas-Nebraska. Ingresó en el recién constituido Partido Republicano un año después, y en 1858 fue de nuevo candidato al Senado contra Douglas. En un discurso expuesto en la convención anual republicana predijo el triunfo final de la libertad. Comenzó entonces una serie de debates con Douglas acerca de esa cuestión y, a pesar de que perdió las elecciones finalmente, dicha confrontación dialéctica, en la que Lincoln defendía la preeminencia del Congreso respecto de la práctica esclavista, le valió el reconocimiento de buena parte de la opinión pública del país.
 

Elección presidencial y crisis de secesión

en 1860, cuando los republicanos nominaron a Lincoln candidato a la presidencia en una plataforma de reivindicación antiesclavista, éste inició una campaña que incluía la reforma arancelaria. Tuvo por rivales electorales a los demócratas Douglas y John C. Breckinridge, y a John Bell, del Partido Constitucional de la Unión (creado ese año y desaparecido tras aquellos comicios), ganó por una amplísima mayoría y fue elegido presidente.

 

En el mes de diciembre de 1860, inmediatamente después de su elección, Carolina del Sur inició los primeros pasos para separarse de la Unión (nombre por el que pasó a ser conocido el conjunto de territorios que permaneció fiel al orden constitucional y federal estadounidense). Dos meses más tarde otros seis estados sureños (Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas) se habían añadido a la secesión. El todavía presidente James Buchanan, declarando que la separación era ilegal pero que él no tenía poder para oponerse a ella, prefirió apoyarse en el Congreso para buscar un acuerdo. Sin embargo, el éxito de este esfuerzo dependía de Lincoln, el presidente electo, que estaba abierto a hacer concesiones pero se negaba a permitir cualquier posible expansión de la esclavitud. Tras fracasar varios intentos de compromiso, en febrero de 1861 se instauró en el sur el gobierno de los denominados Estados Confederados de América.
 


Ulisses Grant y Abraham Lincoln

Presidente

Cuando prestó el juramento para la toma de posesión presidencial el 4 de marzo de 1861, Lincoln se enfrentaba a una Confederación hostil, la cual, decidida a expandirse, amenazaba a los fuertes federales sureños, el más importante de los cuales era Fort Sumter (transcrito habitualmente en español asimismo como fuerte Sumter), situado en la ciudad de Charleston, en Carolina del Sur. Con el deseo de no ofender a los estados sureños que aún no se habían separado de la Unión, Lincoln se negó al principio a emprender acciones decisivas. Sin embargo, finalmente hubo de acudir en ayuda de la guarnición sitiada. Esta fue la chispa que en abril de ese año marcó el inicio de la Guerra Civil estadounidense. Cuando Lincoln reclutó a 75.000 voluntarios, los estados del norte respondieron con entusiasmo, pero el resto de los estados sureños (Virginia, Arkansas, Tennessee y Carolina del Norte) se unió en los días finales de ese mes y a lo largo del siguiente a los secesionistas.

(Lincoln junto al General Ulysses Grant, en la foto de la derecha)
 

Liderazgo militar

en su calidad de máximo responsable militar, Lincoln tuvo grandes dificultades para encontrar generales capacitados. Tras la derrota de Irvin McDowell en la primera batalla de Bull Run, que tuvo lugar en julio de 1861, el presidente eligió para ponerse al frente del Ejército de la Unión a George B. McClellan, quien a su vez fue sustituido por John Pope. Cuando éste fue derrotado en agosto de 1862 en la segunda batalla de Bull Run, el presidente recurrió una vez más a McClellan; a pesar de su victoria obtenida un mes después en la batalla de Antietam, el general dudó tanto que al final Lincoln tuvo que destituirle. Su sucesor, Ambrose E. Burnside, fue vencido a finales de ese año en la localidad virginiana de Fredericksburg, por lo que hubo de ceder el mando a Joseph Hooker, quien a su vez resultó derrotado en mayo de 1863 en Chancellorsville, también en Virginia.

Lincoln designó a George G. Meade, quien pese a obtener dos meses más tarde una importante victoria en Gettysburg no pudo continuar en la misma línea. Insistiendo en su determinación de encontrar un general que pudiera derrotar a la Confederación, en 1864 entregó el mando del Ejército de la Unión a Ulysses S. Grant, quien gracias a sus victorias posteriores pudo allanar el triunfo de sus tropas.
 

Emancipación

Lincoln comenzó en 1861 a realizar un prudente programa antiesclavista mediante la promulgación de las leyes llamadas de Confiscación (que otorgaba la liberación a los esclavos utilizados por los confederados con fines militares) y de la que abolió la esclavitud en el distrito federal de Columbia.

 

El proceso culminó en julio de 1862, cuando comunicó a su gabinete que pensaba dictar la Proclamación de la Emancipación, pero tuvo mucho cuidado para suavizar la aplicación de la misma en los estados fronterizos, que fueron excluidos específicamente. La Proclamación no se hizo definitiva hasta el 1 de enero de 1863. Promulgada por el presidente en su calidad de comandante en jefe en momentos de rebelión armada, liberaba incluso a los esclavos de las regiones dominadas por los insurgentes y autorizaba la creación de unidades militares compuestas por negros. Para consolidar los efectos de tal medida, en 1864 aconsejó la incorporación de una enmienda antiesclavista a la Constitución de Estados Unidos. La enmienda no fue añadida sino tras la reelección de Lincoln, cuando hizo uso de todos los poderes de su cargo para asegurar que en 1865 se aprobara en la Cámara de Representantes.

Habilidad política
 

Lincoln quiso mantener la armonía entre los dispares elementos de su partido y para ello permitió la representación de todos ellos en su gabinete. Asimismo dio reconocimiento público a los antiguos miembros del Partido Whig al nombrar a William Henry Seward secretario de Estado (ministro de Asuntos Exteriores), y a Edward Bates fiscal general (ministro de Justicia), pero extendió también sus invitaciones a antiguos demócratas, al tiempo que supo satisfacer a los estados fronterizos incluyendo en el gobierno a algunos de sus políticos más significativos.
 

Reelección

en 1864, varios republicanos descontentos intentaron evitar la nueva nominación de Lincoln, pese a lo cual éste consiguió obtener la aprobación oficial de su partido, a pesar de que algunos extremistas habían elegido previamente como candidato del partido al general y explorador John Charles Frémont. Sin embargo, la nueva nominación de Lincoln no acabó con los problemas políticos. Molesto con su Proclamación de Amnistía (diciembre de 1863), que pedía la restauración de los estados insurgentes si el 10% de su electorado juraba lealtad, el Congreso aprobó en julio de 1864 la Ley Wade-Davis que establecía condiciones más duras y exigía la aceptación al 50% de los votantes. Cuando Lincoln se negó a firmar esta ley tuvo que enfrentarse a los ataques de algunos radicales.

No obstante, en noviembre de 1864, Lincoln fue reelegido triunfalmente presidente de Estados Unidos.

Su éxito en las urnas le permitió establecer la política que dio en llamarse de Reconstrucción. Con ella pretendía readmitir en la Unión a los estados secesionistas sin imponerles represalias innecesarias. Para acallar las críticas de los conservadores, se reunió en febrero de 1865 con los representantes de la Confederación en Hampton Roads (Virginia) y demostró la imposibilidad de una paz negociada. Sin embargo, los radicales tampoco quedaron satisfechos. Debido a la exigencia de éstos de otorgar el sufragio a la población negra, Lincoln no consiguió que el Congreso aceptara el gobierno de miembros electos del estado de Luisiana que él mismo había organizado. Además, tras la caída de Richmond (la capital confederada) el 3 abril de ese año, alarmó a sus críticos invitando a la Asamblea Legislativa confederada de Virginia a revocar la orden de secesión. Su política de Reconstrucción, sin embargo, había estado determinada por las necesidades militares. En cuanto el general confederado Robert E. Lee se rindió el 9 de abril de 1865 en Appomattox, Lincoln retiró la invitación a los virginianos. Nuevamente volvió a demostrar lo cerca que estaba de los radicales sancionando derechos políticos limitados para la población negra.
 

Asesinato

Pocas semanas después anunció públicamente su apoyo al derecho limitado de sufragio para la población negra en Luisiana. Ante la posibilidad de que los negros adquirieran el derecho a voto, el actor John Wilkes Booth, decidido partidario de la causa confederada (y hermano del también actor y gerente teatral Edwin Booth), disparó a Lincoln el 14 de abril de 1865, cuando éste se encontraba en un palco del Teatro Ford, en la ciudad de Washington. El presidente murió al día siguiente y fue sucedido por su vicepresidente, Andrew Johnson.
 

La ciudad de Lancaster recibió en su honor el nombre de Lincoln en 1867, cuando se convirtió en capital del estado de Nebraska.


*"Abraham Lincoln" Enciclopedia Microsoft® encarta® en línea 2002 - http://encarta.msn.es © 1997-2002 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

 

Selección de frases

 

¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los hacemos amigos nuestros?


Suavizar las penas de los otros es olvidar las propias.

 

Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.

 

Recuerda siempre que tu propia resolución de triunfar es más importante que cualquier otra cosa.

 

¿Por qué no tener confianza en la justicia del pueblo? ¿Hay en el mundo esperanza mejor o que pueda igualarla?


Mejor es callar y que sospechen de tu poca sabiduría que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello.

 

Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son.

 

Quien tiene el derecho de criticar debe tener el corazón para ayudar.

 

La demagogia es la capacidad de vestir las ideas menores con la palabras mayores.

 

Dios prefiere a la gente corriente, por eso ha hecho tanta.

 

Es más fácil reprimir el primer capricho que satisfacer a todos los que le siguen.

 

Yo no se quien fue mi abuelo; me importa mucho más saber quien será su nieto.

 

Voy despacio, pero jamás desandando lo andado.

 

Medir las palabras no es necesariamente endulzar su expresión sino haber previsto y aceptado las consecuencias de ellas.

 

Es difícil hacer a un hombre miserable mientras sienta que es digno de sí mismo.

 

El hombre nunca ha encontrado una definición para la palabra libertad.

 

Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.

 

Así como no sería esclavo, tampoco sería amo.

 

Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otro sin su consentimiento.


La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo.


Discurso de Gettysburg

El Discurso de Gettysburg, el más famoso discurso de Abraham Lincoln, fue pronunciado en la Dedicatoria del Cementerio Nacional de los Soldados en la ciudad de Gettysburg, en Pensilvania, Estados Unidos de América, el 19 de noviembre del 1863, cuatro meses y medio después de la Batalla de Gettysburg durante la Guerra Civil Norteamericana. Aunque el cuidadosamente redactado discurso de Lincoln era secundario con los otros discursos del día, ha sido considerado con posterioridad como uno de los más grandes discursos en la historia de la humanidad. Invocando los principios de igualdad de los hombres consagrado en la Declaración de Independencia, Lincoln redefinió la Guerra Civil como un nuevo nacimiento de la libertad para los Estados Unidos de América y sus ciudadanos.

Lo que era considerado como el Discurso de Gettysburg ese día no era el breve discurso pronunciado por el Presidente Lincoln, sino el discurso pronunciado por Edward Everett. Everett era un reconocido diplomático y académico considerado como el mejor orador de su época.

El discurso de Everett tenía 13,609 palabras y duró dos horas. En contraste, las breves palabras de Lincoln resumieron la guerra en dos o tres minutos, en diez oraciones, y en menos de 300 palabras.

Las pocas palabras selectas de Lincoln resonaron a través de la nación y a través de la historia, desafiando la propia predicción de Lincoln de que el mundo notará poco, ni mucho tiempo recordará lo que decimos aquí. Mientras que hay poca documentación de los otros discursos de ese día, las palabras de Lincoln, que citamos a continuación en una traducción al español son consideradas como uno de los grandes discursos en la historia.

El texto:
Hace ochenta y siete años nuestros padres dieron vida en este continente a una joven nación concebida sobre la base de la libertad y obediente al principio de que todos los hombres nacen iguales.

Ahora nos hallamos empeñados en una dura guerra civil que decidirá si ésta o cualquier otra nación así concebida puede o no subsistir mucho tiempo. Estamos reunidos en uno de los campos de guerra donde se ha librado esta contienda. Hemos venido aquí para dedicar una parte de este campo como lugar de reposo eterno de los que dieron sus vidas para que subsista nuestra nación. Es muy natural y muy justo que así lo hagamos.

Pero, en un sentido más amplio, hablando con toda exactitud, no somos nosotros quienes pueden consagrar, dedicar y bendecir este campo ya bendito. Son los mismos soldados heroicos que lucharon en él –así los caídos como los sobrevivientes- quienes ya lo han consagrado con su conducta, mucho mejor que pudiéramos hacerlo nosotros.

Nuestra pobre aportación nada puede añadir o quitar. El mundo no hará gran caso de lo que aquí digamos, ni retendrá por mucho tiempo la memoria del homenaje nuestro. Pero, en cambio, jamás podrá olvidar lo que hicieron los bravos soldados que se batieron aquí, en Gettysburg.

Nosotros, los que vivimos, tenemos la obligación sagrada de continuar y terminar noblemente la obra que comenzaron los que aquí sucumbieron. Ahora nos corresponde a nosotros dedicarnos por entero a la gran empresa que todavía está inconclusa, para que seamos dignos de los venerados muertos, para que tomemos de ellos la misma devoción a la causa por la que dieron la suprema prueba de afecto, para demostrar que no entregaron en vano sus vidas, que nuestra nación, colocada bajo el amparo de Dios, conocerá siempre la libertad tras este nuevo bautismo de sangre, y que
el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo jamás desaparezca de la Tierra - Abraham Lincoln, 19 de noviembre de 1863


LA GRAN BATALLA de Gettysburg, de la que durante tres días del mes de julio de 1863 fueron teatro las calles y alrededores de dicha pequeña población del Estado de Pennsylvania, resolvió el giro que habría de tomar la Guerra Civil. El Congreso decidió convertir en cementerio nacional el campo de batalla en que cayeron tantos valientes. El Presidente Lincoln fue desde Washington a hacer la dedicación del cementerio. El discurso que pronunció, con ser tan breve, constituye una de las más elocuentes declaraciones del credo democrático que se hayan expresado jamás.

Texto orginal en inglés:
Four score and seven years ago our fathers brought forth on this continent, a new nation, conceived in Liberty, and dedicated to the proposition that all men are created equal.

Now we are engaged in a great civil war, testing whether that nation, or any nation so conceived and so dedicated, can long endure. We are met on a great battle-field of that war. We have come to dedicate a portion of that field, as a final resting place for those who here gave their lives that that nation might live. It is altogether fitting and proper that we should do this.

But, in a larger sense, we can not dedicate -- we can not consecrate -- we can not hallow -- this ground. The brave men, living and dead, who struggled here, have consecrated it, far above our poor power to add or detract. The world will little note, nor long remember what we say here, but it can never forget what they did here. It is for us the living, rather, to be dedicated here to the unfinished work which they who fought here have thus far so nobly advanced.

It is rather for us to be here dedicated to the great task remaining before us -- that from these honored dead we take increased devotion to that cause for which they gave the last full measure of devotion -- that we here highly resolve that these dead shall not have died in vain -- that this nation, under God, shall have a new birth of freedom -- and that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth.


 

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