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¿Quién es Doris lessing?
111007
- La británica Doris Lessing gana el Nobel de
Literatura
* Su obra está impregnada de reminiscencias africanas, feminismo
y compromiso político
* 'El cuaderno dorado' hizo de ella un icono de la lucha por la
liberación de la mujer
* Es la undécima mujer que recibe el preciado galardón de las
Letras
* El premio se entregará junto al resto de los galardones el 10
de diciembre en Estocolmo
ESTOCOLMO.- La escritora británica Doris Lessing, cuya obra está
impregnada de reminiscencias africanas, feminismo y compromiso
político, ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura
2007.
La autora recibirá el galardón como transmisora de "la
experiencia épica femenina", que ha descrito "con escepticismo,
pasión y fuerza visionaria" la división de la civilización,
anunció la Academia Sueca.
Se trata de una de las "decisiones más meditadas que hemos
tomado jamás", dijo el director de la Academia, Horace Engdahl,
tras dar a conocer el veredicto.
La autora había estado en las quinielas de los favoritos al
Nobel desde hacia décadas, aunque últimamente su nombre se había
difuminado algo en esas listas, debido precisamente a la
cantidad de tiempo que llevaba figurando entre los candidatos.
Con esta decisión, la Academia Sueca convierte a Lessing en la
undécima mujer que recibe el preciado galardón. La antecesora
inmediata de la literata británica fue la austríaca Elfriede
Jelinek, en 2004, y la primera que lo recibió fue la chilena
Gabriela Mistral, en 1945.
Nacida el 22 de octubre de 1919 en Kermanshah (actual Irán) de
padres británicos, y criada en la entonces Rhodesia (actual
Zimbabue), Lessing ha plasmado buena parte de su experiencia
autobiográfica africana en su obra. Así lo hizo en sus comienzos
con 'The Grass is singing' (Canta la hierba), publicada en 1950,
y en buena parte de su obra posterior, impregnada por las
esencias del continente africano, donde ha pasado parte de su
vida.
En 1962 publicó la novela que la lanzó a la fama internacional,
'The golden notebook' (El cuaderno dorado), y luego consolidó su
fama con una serie de títulos de temática africana, como 'African
histories' (1964).
Su compromiso político le llevó a criticar abiertamente a los
gobiernos racistas de Rhodesia y Sudáfrica, lo cual le supuso el
impedimento de entrada a esos países. Su última obra, publicada
este mismo año, es 'The Cleft' (La hendidura).
Lessing sucede en la nómina de los Nobel de Literatura al turco
Orhan Pamuk, ganador del premio el año pasado. El galardón está
dotado con 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de
euros/1,5 millones de dólares) y se entregará junto al resto de
los premios el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de su
fundador, Alfred Nobel, durante una ceremonia en Estocolmo
presidida por los Reyes de Suecia.
170207
- ¿Quién
es Doris lessing? - Charo Alonso
Doris Lessing: la primera víctima de la guerra es la verdad
“Diminuta, enérgica, sobria, el cabello encanecido, levemente
ondulado sujeto en la nuca, una blusa blanca y una falda azul
oscura. Es la dignidad y la fuerza de una campesina”, así nos la
describe Charo Alonso en este comentario sobre el desobediente
discurso pronunciado por Doris Lessing cuando recibió el premio
Príncipe de Asturias. Irán, Rhodesia, la lucha comunista,
Inglaterra, la risa de África diezmada por el sida, el
martirizado Afganistán, el calvario checheno, los derechos de la
mujer, el “sanguinario” Sr. Bush, el prepotente Blair, su visión
de Pakistán, Viginia Woolf, la España musulmana, el eterno Al
Andalus... todo esto y mucho más forma el cuerpo de este
discurso deslumbrado por el mundo, desobediente al miedo y a la
injusticia.
Diminuta, enérgica, sobria, el cabello encanecido levemente
ondulado sujeto en la nunca, una blusa amplia y una falda azul
oscura. Es la dignidad y la fuerza de una campesina. Doris
Lessing tiene ochenta y dos años y es bella, sincera y directa,
el rostro desnudo enmarcado por una hermosa mano enérgica con la
que acentúa su rápido discurso y donde brilla un anillo de
plata. Eterna candidata al Nobel, recibe el Príncipe de Asturias
de las Letras 2001 "por su talla literaria y por su apasionada
lucha por la libertad" según un jurado que en la convocatoria
anterior premió a Augusto Monterroso con un galardón que año
tras año está adquiriendo más trascendencia y que Lessing recibe
con serenidad y agradecimiento. Única mujer premiada en esta
edición, las fotos del evento se solazan en la llamativa
diferencia de altura entre la escritora británica y el Príncipe
de Asturias al que Lessing le llega a la altura del codo. Pero
su voz es la más alta; las declaraciones públicas de Doris
Lessing a propósito de este galardón son un grito valiente y
sostenido. El mismo que ha marcado la vida y la obra de una de
las principales autoras del siglo xx cuya lucidez y compromiso
con la causa de la mujer y el Tercer Mundo le vetan ese Nobel
que tan pocas veces le corresponde a una mujer y que sólo Nadine
Gordimer consiguió cuando la política mundial decidió acabar con
el apartheid.
Nacida en Irán y criada en Rhodesia, país al que su padre,
oficial de la primera guerra mundial, llevó a la familia
engañado por la idea de una granja próspera, Lessing supo desde
niña rebelarse contra la injusticia del colonialismo, contra una
madre autoritaria que mataba serpientes a balazos y que
pretendía hacer de su hija una inglesa formal y pudiente, y
escapó de las convenciones con un primer matrimonio y un
compromiso político del que no se separaría. Valiente e
independiente, Doris Lessing dejó su Rhodesia injusta con un
niño, un manuscrito –Canta la hierba– y una identidad de
luchadora comunista que vivió con fuerza años comprometidos en
los que se convirtió en una figura literaria y ética en
Inglaterra. Autodidacta, Lessing ha escrito novelas, cuentos,
textos periodísticos, teatro y ha participado en una ópera con
el compositor Phillip Glass, además de recorrer el mundo
comprometida con todo tipo de causas sociales. Amante de los
gatos, metódica y trabajadora –de ocho a una escribe, el resto
le pertenece a una ama de casa que no rechaza ninguna tarea–
Lessing mira al auditorio que llena el Aula Magna de la
Universidad de Oviedo con ojos interrogantes. Es correcta y
amable, hermética y profundamente seria, tiene la firmeza de la
certeza y la solidez de la valentía.
Su último libro publicado en español, África ríe, es una
reflexión sobre su originaria Rhodesia, ahora Zimbabwe, asolada
por el gobierno de un presidente "lunático" marcado por la
corrupción y las mentiras. Diezmado por el sida, Zimbawe es para
Lessing la representación de los países mal gestionados a los
que el mundo civilizado prefiere no mirar, un lugar abandonado
ahora que la atención internacional está puesta en otro extremo
del mundo que también conoce muy bien Doris Lessing, quien
publicó recientemente un libro sobre Afganistán aún no traducido
al español, titulado El viento lleva nuestras palabras.
Lessing escuchó esta queja de un soldado afgano que luchaba
contra los invasores rusos: nadie ayudó a un pueblo fuerte y
valeroso que contribuyó a la caída de la Unión Soviética. Según
la autora, "la invasión rusa fue una tragedia para los afganos y
una tragedia para los rusos como lo había sido antes para los
ingleses". Una tragedia que se extiende durante treinta años de
guerras hasta hoy: "Ahí está Estados Unidos que puede justificar
su ataque, y Afganistán, un país pobre, huérfano y patético
bombardeado por el país más poderoso del mundo." Doris Lessing
participó en un proyecto llamado Ayuda Afgana, y gracias a su
conocimiento de la lengua parsi pudo hablar con los luchadores y
con las mujeres encerradas en sus casas. La autora sabe que en
las actuales circunstancias este libro será muy pertinente, pero
que no responderá al nuevo clima de amistad con Rusia que acalla
las protestas occidentales ante los crímenes del gobierno de
Putin en lugares como Chechenia.
Autora de libros casi periodísticos donde la denuncia es una
constante y el viaje una forma de conocimiento, Doris Lessing ha
cultivado la novela realista, la autobiografía –"la literatura
ha de ser autobiográfica y, al mismo tiempo, no serlo. Uno
escribe basándose en sus experiencias, pero eso no quiere decir
que sus libros sean autobiográficos"–, el teatro, la creación
colectiva, multidisciplinaria, que reconoce "muy estimulante", y
la ciencia ficción con trasfondo social. Pero es su acertada
visión del mundo de las mujeres y su capacidad de denuncia lo
que se destaca en su amplia trayectoria en un momento en el que
faltan intelectuales comprometidos en el convulsionado mundo en
el que vivimos. "Los escritores dedicamos mucho tiempo a pensar
y a veces adivinamos lo que va a pasar. A veces tropiezas con la
verdad por accidente. Lo sorprendente es que ustedes crean que
yo sé más que ustedes."
Por primera vez una sonrisa ilumina su rostro. Sus manos
acompañan un discurso firme: "Lo que me fascina de las mujeres
jóvenes es que no tienen ni idea de lo que es no estar muertas
de miedo por quedar embarazadas. Y que se han liberado de la
esclavitud de lavar. La ciencia ha ayudado a la mujer. La mujer
no tenía derecho a la propiedad privada y lo ha conseguido todo
con los movimientos feministas, el movimiento feminista en el
siglo xix era un trabajo muy duro." Defensora de los derechos de
la mujer, Lessing reivindica la lucha a favor de la mujer
africana, que a menudo goza de unas leyes muy liberales pero que
no las conoce y vive en una situación denigrante. Participante
de cuantas conferencias y coloquios requieren su polémica
presencia, Lessing levanta ampollas entre las feministas al
afirmar que tienen que hacer un trabajo más duro y al negarse a
aceptar la supuesta bondad natural de la mujer: "No hay ninguna
evidencia para pensar que las mujeres sean más bondadosas o más
amantes de la paz." Su última polémica se produjo cuando criticó
a la enseñanza pública inglesa por defender la idea de que los
niños son más violentos que las niñas. "Los niños responden a lo
que esperamos de ellos. Si les enseñamos que los niños son los
que hacen las guerras y las niñas las que estudian más vamos a
conseguir eso mismo. Lo que no me gusta es esa cultura de
envilecer a los hombres, de denigrarlos continuamente." Lessing
vuelve a sonreír: "Los ingleses somos una cultura histérica."
Su legendaria lucidez no elude una actualidad candente. Tacha a
Bush de "sanguinario" y critica a Blair por no haber preguntado
a los ingleses su postura acerca del conflicto. "Si miramos el
Corán, el Profeta dice que debemos vivir y dejar vivir. Claro
que hay gentes que se comportan como Gengis Khan. Dice la
historia que los pueblos de Khan salieron del desierto porque no
pudieron dar de comer a sus caballos y que cuando vieron esas
ciudades tan bellas decidieron destruirlas. Somos como una
tribu, siempre odiamos algo." La división del mundo responde
para Lessing a lo más terrible de la guerra: la falta de la
verdad. "No nos están diciendo la verdad. Algunas personas
sabían que iban a ocurrir los atentados del 11 de septiembre.
Blanco y negro, se trata de una visión polarizada por la guerra,
porque las culturas árabes no son iguales. La primera víctima de
la guerra es la verdad. Y si hay una manera de encontrar la
verdad es yendo a buscarla."
Doris Lessing sí ha ido detrás de la verdad. En Pakistán su
trabajo con las mujeres le descubrió que una gran mayoría de sus
interlocutoras estaban felices con su vida y sólo un diez por
ciento amargadas y rebeldes por su situación secundaria. Aunque
ella se considera incapaz de llevar una vida de confinamiento en
el hogar, Lessing defiende el derecho de esta mayoría de mujeres
de elegir una opción vital que responda a su religión y a sus
principios y afirma lúcida y sensata que no ve cómo podemos
protegernos del terrorismo y que hay cosas peores que una guerra
–"excepto ahora si eres afgano"–, como la contaminación y la
degradación de la vida moderna.
Doris Lessing no es una intelectual comprometida con grandes
causas que usa los problemas del Tercer Mundo como recurso
demagógico. Profundamente conocedora de la sociedad inglesa que
describe críticamente en sus novelas, Lessing defiende la
enseñanza pública, la asistencia social y la atención a los
ancianos en un país donde el estado del bienestar se sacrificó
por mor del thatcherismo. Sus ancianas viudas en "La buena
vecina", "Si la vejez pudiera", denuncian una situación caótica
en la que pierden los más débiles, los niños, los ancianos y las
mujeres condenadas al trabajo duro. La antigua luchadora
comunista –mi hermana, una excelente conocedora de la obra de
Lessing, afirma que la protagonista de "El cuaderno dorado",
Anna Wolf, es más Doris Lessing que la retratada en sus dos
tomos de memorias, auténtico mosaico de la historia de este
siglo pero que arroja una luz sabiamente matizada acerca de la
propia autora– batalla con las grandes causas –la mujer, el
Tercer Mundo, la política del "Gran Juego"– y las luchas diarias
de una autora que no para de observar, vivir y trabajar con
constancia: "Encontrar talento para escribir es extremadamente
común, pero no hay disciplina." En un mundo donde se aprecia el
éxito fácil, el escritor no es para Lessing un triunfador
social, sino alguien con un trabajo duro que vive una vida muy
aburrida, que necesita estar de un humor plano y no sucumbir a
la dispersión ni ir regando sus emociones. ¡Aunque sabe que
Salman Rushdie sale todas las noches!
Recuerda Lessing que Virginia Woolf afirmaba que para escribir
sólo hacen falta papel y lápiz. Para ella lo fundamental es la
observación, la reflexión y el trabajo duro y diario. Lessing
transmite al público su rigor y su seriedad, no hay concesiones,
sólo una hermosa sonrisa que brilla como el anillo de plata de
una mano que enmarca continuamente un rostro pensativo. Se
despide rápidamente y muestra un delicioso gesto de jovialidad:
unos zapatitos rojos de terciopelo vivos e infantiles, zapatitos
planos de caminata con los que se aleja entre la nube de
fotógrafos rumbo al siguiente acto, pequeña y rápida.
Ella es la estrella de estos premios, ella y su sencillo atuendo
de ceremonias donde sólo destaca su formidable presencia
diminuta y un anillo de plata. El suyo es el discurso más
comentado, un alegato a favor de la cultura humanística, de la
convivencia entre las diferentes identidades. Lessing, que ha
vivido en Irán, que conoce el colonialismo inglés en África, que
participó en las luchas feministas y en la utopía comunista que
preconizaba un mundo más justo e igualitario, se convierte en la
voz del mestizaje y en un recordatorio vivo del intercambio de
religiones, países y culturas. Su discurso es un canto a la
cultura, esa misma cultura que reivindican los obreros ingleses
que piden bibliotecas para sus centros de trabajo, esa misma
cultura que se nutrió de tres religiones distintas y no
distantes para enriquecerse mutuamente en la España medieval,
esa España que ahora le otorga su galardón más preciado: "Cuando
me siento pesimista por la situación del mundo, a menudo pienso
en aquella época, aquí en España, a principios de la Edad Media,
en Córdoba, en Granada, en Toledo, en otras ciudades del sur,
donde cristianos, musulmanes y judíos convivían en armonía;
poetas, músicos, escritores, sabios, todos juntos, admirándose
mutuamente. Duró tres siglos. ¿Se ha visto algo parecido en el
mundo? Lo que ha sido puede volver a ser." Con un gesto
interrogante, la sonrisa esperanzada vuelve a brillar en un
rostro que lo ha visto todo y que se enfrenta al público con
insólita sinceridad y con firmeza. Y vuelve a su sitio, rápida y
enérgica, en medio de los aplausos de la sala... la ceremonia
protocolaria ha vestido sus pies de elegante charol negro, pero
mientras se aleja de la tarima seguimos viendo, vivos y veloces,
sus hermosos zapatos de terciopelo rojo.
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