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. Félix Luna y la defensa del mito

051109
- Juan Carlos Antón

Murió un hombre apasionado por la Historia. Félix Luna: historiador, compositor, abogado, político, falleció a los ochenta y cuatro años tras padecer una larga enfermedad

Escribió alrededor de treinta libros y dirigió la revista Todo es historia, un verdadero éxito editorial de más de cuarenta años de duración. Se alegraba de que los argentinos hubieran aprendido a vivir en democracia y no quieran más gobiernos de facto.

Descendiente de una familia con más de 400 años en el país, Félix Luna fue el gran profesor de historia de los argentinos. Abogado, político, compositor de música -La Misa Criolla, Alfonsina y el Mar-, Luna se hizo famoso por su revista "Todo es historia" y por la gran cantidad de libros que publicó: más de treinta, la mayoría referidos a las idas y vueltas de la historia argentina.

Nació en Buenos Aires, Argentina, el 30 de septiembre de 1925. Hermano de seis mujeres, desde muy pequeño debió cumplir con las exigencias propias de las familias de esa época: estudiar una carrera, formar una familia y trabajar.

"Era un excelente alumno de Literatura, Historia y Geografía pero muy negado para la Matemática. Tanto es así que me dieron el diploma de secundario en marzo porque me habían bochado en esa materia en diciembre", recordó en una de las innumerables entrevistas que ofreció en su vida.

Es que a Falucho, tal como le decían sus familiares y amigos, le gustaba hablar. Se sentaba en su escritorio en la oficina del microcentro, en Reconquista, a media cuadra de la avenida Córdoba y recibía a la prensa, a los colaboradores de la revista y a sus amigos. Siempre estaba secundado por su hija Felicitas. Ella fue su mano derecha en los últimos años. El alma que conectaba a don Félix con las nuevas tendencias.

Su padre era riojano y fue quien le inculcó el gusto por la política. "El venía de una vieja familia de La Rioja, que por luchas políticas tuvo que emigrar a Corrientes. De mi mamá, que era ama de casa, heredé la vocación por el orden", recordó.

Estos primeros años se caracterizaron por la disciplina pero también por el amor: "Ellos tenían muchas expectativas depositadas en mí y yo no quería defraudarlos. De pequeño la única travesía importante eran algunos viajes solo que hacía a San Luis, a la chacra de unos familiares".

Luna era el único varón de siete hermanos. No jugaba al fútbol y su mayor ambición era el estudio. "Éramos una familia de clase media acomodada, yo no debía andar con los chicos en la calle", decía. Veraneos de tres meses en Mar del Plata, libros y más libros fueron las claves de su infancia.

ABOGADO

Paradójicamente quien se haría famoso como historiador, nunca cursó la carrera de Historia. "A los que tenían mis condiciones en esa época se los hacía estudiar Derecho", se justificaba Luna. Se recibió en la Universidad de Buenos Aires, donde tuvo una destacada labor política, convirtiéndose en presidente de la Juventud Radical.

Luna padeció el primer peronismo, que de alguna manera lo marcaría a fuego. "Estuve tres meses en la cárcel de Olmos por repartir volantes a favor de una huelga ferroviaria. Nos condenaron por "atentar contra la seguridad del Estado" , ironizó.

A pesar de los problemas, Luna terminó sus estudios y siguió su profesión hasta 1958 -"era muy malo como abogado", admitía- y gracias a sus contactos, obtenidos en su militancia, logró convertirse en consejero de las embajadas argentinas en Suiza, primero, y Uruguay, después, una vez que asumió el gobierno Arturo Frondizi.

Cayó Frondizi y lo sufrió en carne propia. Hasta lloró. "Estaba junto con muchas otras personas en la residencia de Olivos cuando lo derrocaron (en febrero de 1962). Era el político más completo de su época, un hombre brillante", recordaba con cariño.

Por esos años, Luna se casó con una mujer riojana -Felisa Raquel- con quien tendría tres hijas. Rodeado de mujeres, sin embargo, reconoció que nunca fue capaz de desentrañar el alma femenina. "Ellas son un verdadero misterio", decía.

PERIODISTA

A Luna le gustaba escribir más que la diplomacia y tras la caída de Frondizi logró entrar al diario Clarín. Allí trabajó como editorialista y más tarde en el suplemento de cultura. Hacia 1967 fundó su propia revista "Todo es historia", que con los años se convertiría en un verdadero clásico del periodismo argentino -e incluso tendría su formato televisivo y radial-.

El mismo era conciente del papel de su revista en la llamada "moda de la Historia" que luego se extendería con otros escritores -notablemente, con Felipe Pigna (colaborador de Todo es historia en alguna época)-. "Creo que la influencia de nuestra revista ha ido creando, sin proponérmelo y sin tratar de ser un gurú, un movimiento historiográfico en gente que escribe para el público", señaló.

La publicación trató los grandes temas -golpes militares, peronismo, crisis económicas- pero nunca descuidó hechos puntuales como crímenes o asesinatos.

"Mostramos que un crimen famoso también forma parte de la historia, al igual que la moda o un personaje menor", dijo. Tanto fue el éxito que hace dos años cumplió cuatro décadas ininterrumpidas de estar en los kioscos.

Paralelamente, Luna se consagró con libros que se transformaron en best sellers: "Los Caudillos", "Perón y su tiempo", "El 45" y sobre todo "Soy Roca" son algunos de los textos que le otorgaron celebridad.

Al respecto, En una entrevista que concedió a La Prensa, señaló: "No me interesó nunca escribir para los colegas sino para la gente que -como yo- quería la historia. Por eso mi profesión de periodista, que ejercí durante años, me ayudó bastante para enseñarme cómo se puede escribir algo para que la gente quede enganchada. Ese fue el criterio con el que escribí mis libros. Desde que comencé a escribir historia lo hice con el principio y con las ganas de que se difundiera".

Otro de sus grandes éxitos editoriales fue "Breve historia de los argentinos", que incluso fue editado en inglés. Al describirlo, reconoció: "Es posible que el intento de resumir el curso de cuatro siglos argentinos en quince capítulos sea demasiado ambicioso. Pero ya se sabe que la historia es infinita... En este libro no hay muchos nombres ni muchas fechas; tampoco se abunda en batallas, pactos o hechos políticos. Traté más bien de describir cómo se fue haciendo nuestro país, desde sus cimientos fundacionales y a través de las grandes etapas de su formación. El propósito ha sido el mismo que animó la mayor parte de mi obra: divulgar nuestro pasado". Con ese estilo narrativo ameno y suelto, Luna cautivaría a los lectores.

Pero, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué ese afán por traer al presente hechos que a simple vista parecen alejados? "Es una vocación y como tal inexplicable -contestó-. Tal vez me venga de niño, por cosas que en La Rioja me contaba mi abuela".

Según recordaba, su abuela lo hacía dormir con anécdotas del Chacho Peñaloza o de Facundo Quiroga. Incluso él mismo leyó Facundo a los seis años.

FUNCIONARIO

Luna volvería a la actividad política recién en 1986 al aceptar el ofrecimiento del por entonces intendente de la Ciudad, Julio César Saguier, quien lo nombró Secretario de Cultura.

"Me peleé con algunos rockeros porque no les dejaba hacer recitales. Quedaba todo sucio", recordó. Es que a Falucho le gustaba principalmente la música clásica -Schubert y Mozart- y el jazz.

Precisamente la música fue otro de sus grandes amores. Empezó como hobby, mientras practicaba zambas y milongas en la guitarra, y con los años se consagró nada menos que con composiciones inolvidables como la Misa Criolla o Alfonsina y el Mar, ambas realizadas junto con Ariel Ramírez. La recientemente fallecida Mercedes Sosa, quizá opuesta ideológicamente a Luna, lo mencionaba con orgullo cada vez que entonaba Alfonsina, uno de sus caballitos de batalla.

En 1996 recibió el título de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Todavía fumaba, a pesar de haber sido operado del corazón.

Trabajó hasta sus últimos meses. "No me tomo vacaciones. No creo ni que sean útiles ni que vengan bien. Lo que hago sí es interrumpir un poco la rutina". Se iba entonces a su chacra de Capilla del Señor pero solía llevarse pilas de libros para leer, muchos de ellos de Historia.

¿Los argentinos no tenemos memoria?, le preguntaban esperando un no. Sin embargo, el creía que sí: "Felizmente, estamos de acuerdo en que cualquier gobierno de facto es malo y ése es un gran aprendizaje".

-¿Felipe Pigna es su heredero?

-No. Mi único heredero es el pueblo - La Prensa
 

0409 - Guido Carelli Lynch - Félix Luna y la defensa del mito
 

Controvertido, el hombre que durante años lideró la divulgación histórica en la Argentina, dice que el revisionismo terminó. Y que Perón era "elemental".

Seis meses meses es poco tiempo, pero a veces puede ser una eternidad. Es un lugar común que se aprende rápido y Félix Luna, a sus 85 años lo sabe bien. Hace seis meses, en el mismo sillón, "el Doctor" o Fa lucho –según corresponda– había advertido sobre las consecuencias inminentes de la crisis económica mundial y su impacto en el país. También, sobre otra verdad de puño un tanto más costumbrista: "El mundo se puede caer, pero en la Argentina cuando hay un problema la gente sale corriendo a comprar dólares", se ufanaba. Tres meses tardó el argentino en lanzarse al espejismo verde que alguna vez Perón flameó con desprecio desde el balcón de la Rosada. Tres meses más tarde la psicosis política postergó ¿afortunadamente? el des enlace. "Es una maniobra más (el adelantamiento de las elecciones) porque evidentemente en octubre todo iba a estar mucho más deteriorado", dice el mismo Luna me dio año después, aunque mucho más serio, antes de advertir que no es "profeta ni augur".

Sonría, argentino, seis meses son los que faltan hasta octubre. Pero en seis meses otros panoramas mejoran según por donde se los juzgue. Ricardo Alfonsín, por ejemplo convive con su duelo y con el envión político del lustre de la muerte. Es con esa "vocación necrofílica" argentina a través de la cual Luna explica el mito de Perón, y la "emotividad" con la que ahora describe sus sensaciones en el sepelio del patriarca radical.

"Lamentablemente esos reconocimientos siempre se dan cuan do los protagonistas desaparecen, pero, bueno (se consuela), siempre es algo". No habla de él, claro, este ciudadano ilustre porteño. Se refiere otra vez a Raúl Alfonsín, uno de los blancos más insultados en tiempos de democracia y política televisada, dos situaciones de las que fue vital protagonista por vocación y circunstancia. "El gobierno de Alfonsín tuvo muchos errores puntuales, pero nos enseñó a vivir en democracia de nuevo, ¿no es poca cosa, no?", cuestiona Luna. Se refiere primero al "error grande", que significó no prestar le su debida importancia al plano económico; una prueba suficiente para descreer que la democracia alcance para "comer, educar y curar". Contrapone luego la madurez social, para que ningún trasnocha do haya reclamado "orden militar" en vez de las instancias constitu­cionales que en 2001 resolvieron el vacío de poder que atravesaba a un país que –recuerda Luna– parecía desintegrarse. "No es poca cosa, ¿no?", insiste el autor de Breve historia de los argentinos , título que ayuda a considerarlo entre los divulgadores más importantes de la Historia Nacional.

Hechos y discursos

Luna habla pausado, siempre parco y un poco impaciente, desde el mismo sillón en su despacho donde funciona, desde hace 42 años "Todo es Historia". Detrás de él, una caricatura hace lo imposible y hermana a Alberdi y Sarmiento, dos pilares del antinómico pensamiento argentino. A un metro, Leandro N. Alem no se dobla ni se rompe en otro afiche, que testimonia el orgullo radical que "el doctor" todavía profesa.

Habla Luna y sus palabras salen envueltas de una seguridad casi dogmática, desde "la verdad", desde donde –cuenta– también ejerce su pasión. "Yo me ubicaría en la historia predominante. Ahí –en la Academia Nacional de Historia, de la que soy miembro– está más o menos la verdad. Pueden haber habido exageraciones en algún momento, pero en líneas generales ahí está la verdadera historia", señala tajante, en tiempos en los que máximas absolutas parecen haber cedido a la inseguridad de la angustia contemporánea.

Ya no sorprende a nadie y mucho menos a Félix Luna que Alfonsín ayer fuera un canalla y hoy, "el padre de la democracia". Tampoco que Frondizi fuese derrocado y después considerado el único esta dista de la historia nacional por la UCR, Macri, Kirchner y también por Luna. El abandonó precisa mente la política, porque conoce las lecturas históricas circunstanciales, necesariamente sesgadas y, la mayoría de las veces, oportunistas, que acompañan la lucha partidaria."Todos los gobiernos hacen una utilización política de la historia. Lo hizo Perón, por ejemplo, cuando creó el arquetipo falso del 'estanciero oligarca y haragán', un estereotipo que caló hondo en el imaginario colectivo, pero que evidentemente ya era falso en esa época", recuerda Luna.

-Ese arquetipo del estanciero oligarca, a propósito del conflicto entre el gobierno y el sector agropecuario, parece más vigente que nunca.

-El gobierno ha dejado de lado lo de oligarca. Sabe que el trabajo en el campo es riguroso, riesgoso y necesita de tecnología. Ya pasó el tiempo en que el estanciero se iba tres meses a París.

-Por estos días también se lo compara con el enfrentamiento del campo con Alfonsín, que provocó la recordada silbatina que le propinaron en 1988 en la Sociedad Rural.

-(Minimizando) La Rural tuvo contacto con casi todos los gobiernos. A (Hipólito) Yrigoyen también lo silbaron. Cada generación de trabajadores rurales piensa que está pasando por el peor momento y después siguen otros momentos peores. Es bastante normal esa especie de complejo de que todo anda mal, pero la principal diferencia entre el 88 y ahora son las retenciones, que son muy altas.

Luna dice lo que piensa, sin reparar en que sus argumentos son los mismos que hacen suyos sectores más interesados en la política que en la historia. "Los juicios que se impulsan por los delitos de lesa humanidad son parciales, porque no se establecen los juicios del otro lado, a los guerrilleros (no todos) que también estaban de alguna manera en el gobierno. Con lo de Rucci podrían abrirse y ojalá que así sea, porque sería más equitativo", dispara frío antes de excusar se, porque no es "experto" sobre esos temas.

Cuando Luna habla no cabe esperar opiniones "políticamente correctas". En política los discursos suelen ser cambiantes. Sin embargo, uno, el de la liturgia peronista goza de excelente salud, a juzgar, claro, por la proliferación de can­didatos oficialistas y acérrimos opositores.

-¿Cómo explica la vigencia de la figura de Perón en el discurso político?

-(Hace un silencio, el más largo de la entrevista que repite ahora y seis meses antes, como si bus cara las palabras adecuadas) Es muy difícil saberlo. Por un lado, la personalidad misma de Perón, el movimiento que creó y la adhesión popular que construyó, colaboran. Era un hombre que trataba de ser seductor, que ponía diferentes discos según el interlocutor que tenía. A mí no me sedujo ni me convenció. Me pareció que se manejaba con lugares comunes. Perón era un señor con una ideología muy elemental.

Sin anestesia describe al líder, sin anestesia también sufrió la rigurosidad del régimen. No se percibe rencor en sus palabras, el tiempo parece haber aquietado las pasiones del pasado, de la historia vieja.

Reniega de los mitos Félix Luna. Primero de los de ayer, como las ideas falsamente institucionalizadas con las que se crió, esa que dice que Rosas fue un tirano absoluto; o la época colonial, total mente estéril. Reniega también de los mitos de hoy, los que están de moda. Abriga esperanzas, no obstante, de que la fiebre de best sellers históricos pase rápido. "El público es mucho más sabio de lo que se cree y todo lo que sea un exceso va pasando".

-¿Por qué cree que tiene tanto éxito la vocación de desmitificar la historia?

-Siempre existió la idea de des mitificar la historia. Sin embargo, muchas veces los mitos no son tales, entonces no hay nada que desmitificar. Otros se olvidan del contexto, pretenden criticar a los personajes con los criterios de hoy y se olvidan de cómo se pensaba en esa época. Las consignas y los problemas de una época determinada son las que van forjan do a los personajes. No se puede juzgar a un inquisidor del siglo XVI con los criterios de hoy, pero comprendiendo el contexto de la época, el poder de la religión como herramienta política, uno entiende, no justifica, pero entiende. Y lo mismo pasa con Roca. No hubo ningún plan distinto al que Roca propuso respecto de los indígenas. Nadie propuso mandar maestros, curas, ni dijo "hagamos escuelas". En ese tiempo se creía que había razas inferiores, que el progreso tenía un costo y que ese costo había que pagarlo.

-¿Y cuáles de esas ideas equivocadas persisten en el imaginario colectivo?

-La de Rosas, la idea de un San Martín mestizo, que ha tenido sus adeptos. La idea de un Mitre que no fue sino un personero de intereses británicos. La idea de la llamada década infame, que no fue infame salvo en el aspecto electoral, pero en otros fue brillan te. Hay una especie de tono populista que atraviesa toda la escuela argentina y que a veces se apodera de procesos y de personajes.


Controvertido, igual que un instante antes, pero mucho menos polémico, suena Luna cuando se explaya sobre el estado actual de la historiografía nacional. "Hacer historia en Argentina es cada vez más complicado, algunos archivos son directamente inaccesibles y la falta de difusión y las tiradas muy pequeñas son otro problema grave", describe. No obstante, es optimista frente al cuadro de situación que, según él, atraviesa a una nueva camada de investigadores. "En este momento no existen cuestionamientos importantes. La escuela revisionista está terminada. El revisionismo peronista como el de José María Rosa desapareció porque cumplió su visión, que fue imbuir al peronismo de determinadas ideas. El marxista está ata do a la parcialidad de su ideología. Por otra parte, está el camino mayor de la historia, la verdadera, que avanza con nuevos testimonios, y ejecutada por una nueva camada de buenos historiadores".

-Pero no deja de ser cierto que la historia la escriben los gana dores. ¿O también se trata de un mito?

-La historia la escriben los gana dores, pero también los vencidos. Si no, fijate todo lo que se ha escrito sobre los indígenas en tiempos de la conquista, gracias a testi­monios escritos u orales. Hoy se puede hacer y leer completamente una historia de los perdedores con tanto rigor como se puede hacer la historia de los vencedores.

Sólo queda tiempo para una última sentencia, tan fría como la de hace seis meses. "Argentina es un país sólido, importante, que tiene riquezas naturales, pero está en manos de un gobierno muy ineficaz, sin visión. Eso tiene que cam­biar. Y creo que las circunstancias mismas harán cambiar al gobierno o harán cambiar el gobierno", dice Luna, manso, ante un escenario turbulento de seis meses o menos - Revista Enie / Clarín

 


 

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