Biografías / Biographies
Marilyn Monroe (Norma Jean Baker)

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. Biography (English)
.
Prayer for Marilyn Monroe (English) Ernesto cardenal
. Marilyn Monroe (English) - Time

. Oración por Marylin Monroe (Español) - Ernesto cardenal
. Hola, Muñeca (Español)

Biografía - (Español)
Marilyn Monroe también es conocida como Norma Jean Baker, pero su verdadero nombre era Norma Jean Mortenson (el apellido de su padrastro). Nacida en Los Ángeles en 1926, su madre, Gladys Baker, era una mujer muy frágil que nunca le desveló el nombre de su padre. La infancia de la entonces Norma Jean fue bastante dura, su madre la dejó al cargo del matrimonio Bolender hasta que cumplió 7 años. Entonces, Gladys se llevó a su hija a vivir a una pequeña casa que había comprado. Un año más tarde, Gladys era internada en un sanatorio psiquiátrico aquejada de esquizofrenia paranoica, Marilyn siempre estuvo obsesionada con la idea de haber heredado esta enfermedad, idea que se reforzó cuando fue internada en varios hospitales a causa de sus terribles "depresiones".

Norma pasó por casa de sus abuelos, el orfanato y varias familias adoptivas, teniendo una dura adolescencia que le llevó a contraer matrimonio en 1942 con James Dougherty, uno de sus vecinos que trabajaba en una fábrica de material aeronáutico. La propia Norma empezó su carrera laboral revisando paracaídas en una fábrica -los Estados Unidos habían entrado en guerra hacía poco tiempo-.

Un fotógrafo la descubrió en 1944 causalmente, cuando realizaba un artículo sobre la contribución femenina a la economía de guerra y la revista "Yank" le propuso convertirse en modelo. El mundo del glamour era más seductor que la empresa de paracaídas, por lo que Norma no dudó en iniciar su carrera como modelo de la mano de Emmeline Snively quien le sugirió un cambio de color en su cabello. Su salto a la fama será rápido y en 1945 será conocida como "el sueño de los fotógrafos". Al año siguiente el jefe de reparto de la Fox, Ben Lyon, queda deslumbrado ante su belleza y la contrata por 125 dólares semanales, sugiriendo un cambio de nombre. El elegido será Marilyn Monroe, Marilyn por la actriz de éxito en ese momento Marilyn Miller y Monroe por su familia materna. Al poco tiempo rodaría su primera secuencia para un largometraje pero se cortó de la cinta final.

Su matrimonio no funciona y en 1946 se divorcia. Sus primeros papeles llegan en 1948, trabajando en secuencias de las películas "Scudda Hoo! Scudda-hay" y "Dangerous year", cantando su primera canción en "Ladies of the chorus". En el verano de 1949 acepta posar desnuda para un calendario realizado por el fotógrafo Tom Kelley, foto que posteriormente sería elegida para el primer número de la revista "Playboy". John Huston le ofrece un pequeño papel en "La jungla del asfalto" (1950), papel que le abrirá las puertas a su participación como actriz secundaria en "Eva al desnudo", película protagonizada por Bette Davies y Anne Baxter. El mito Marilyn empieza a funcionar iniciando un periodo de éxito en el que interpreta nada menos que once películas hasta su papel en "Los caballeros las prefieren rubias" de Howard Hawks y "Cómo casarse con un millonario" de John Negulesco, obras en las que el personaje de rubia seductora que conquista a los hombres con su espectacular cuerpo e ingenuidad acabará triunfando. Su vida sentimental avanza tan rápido como su carrera cinematográfica: el representante Johnny Hide, el director Elia Kazan o el ídolo del béisbol Joe Di Maggio, con quien se casará el 14 de enero de 1954, unión que sólo durará nueve meses. Marilyn ha llegado a la cresta de la ola al rodar "La tentación vive arriba" película en la que la escena de su falda blanca levantada por el aire de las rejillas del metro se convierte en uno de los hitos del cine. Sus declaraciones a la prensa no son menos explosivas, afirmando que no usa ropa interior y que su única prenda para dormir son unas gotas de "Chanel nº 5". Con su visita a las tropas norteamericanas en Corea conseguirá uno de sus mayores éxitos.

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Pero el mito erótico desea cambiar su imagen en el cine y empieza a prepararse como actriz. Para ello no duda en estudiar arte dramático en el prestigioso Lee and Paula Strasberg´s Actors Studio e incluso fundar su propia productora, la Marilyn Monroe Productions, asociada al fotógrafo Milton Green.

(Con su marido, el escritor norteamericano Arthur Miller, en la foto de la derecha)

Uno de los primeros trabajos de la productora será "Bus Stop" de John Logan, película con la que Marilyn cosechó importantes críticas como actriz dramática. Este año de júbilo será el de su tercer matrimonio. El elegido es el dramaturgo Arthur Miller, que escribiría para ella "The Misfits". El éxito de "Bus Stop" conduciría al rodaje de "El príncipe y la corista" dirigida y protagonizada por Sir Laurence Olivier. Entre ambas estrellas hubo grandes problemas, llegando Olivier a tildar a Marilyn de "amateur profesional". En 1959 Marilyn rueda una de sus obras más conocidas, "Con faldas y a lo loco" de Billy Wilder, compartiendo cartel con Jack Lemon y Tony Curtis. El año siguiente se estrena "El multimillonario" siendo Yves Montand su compañero de reparto. Entre ambos parece que hubo algo más que trabajo, apuntándose a un profundo enamoramiento de la actriz hacia el galán francés. En enero de 1961 el matrimonio con Arthur Miller se rompe y Marilyn interpreta su última obra "Vidas rebeldes" de John Huston, curiosamente el director con el que debutó "oficialmente" en Hollywood. Por estas fechas surge un nudo de intrigas en torno a su presunta relación con el presidente John F. Kennedy y su hermano Robert, siendo famosa la canción pública que dedicó al presidente. Si bien Marilyn es la mujer más famosa del mundo cada vez se siente más sola. El miedo a las depresiones -estaba obsesionada con haber heredado la enfermedad de su madre- la llevarían a depender de los barbitúricos y del alcohol, siendo ingresada en algunas ocasiones. Sus éxitos cinematográficos le permitirán ser galardonada en 1962 con el Globo de Oro pero en la madrugada del 5 de agosto de 1962 su cuerpo sin vida se encuentra en su casa de Brentwood, víctima de un letal cóctel de barbitúricos. A las 3:30 de la madrugada se la declara oficialmente muerta y el informe de la policía lo califica como "probable suicidio". Alrededor de este hecho todavía hoy se sigue escribiéndose, apuntándose a un asesinato en el que se señala a la mafia, la CIA o el FBI como presuntos verdugos del mito erótico de los 50. Joe Di Maggio se encargó del funeral y Marilyn fue enterrada en el Westwood Memorial Park de Los Ángeles

Oración por Marylin Monroe - Ernesto Cardenal - (English version)

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...

Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
                                                                se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
                                                                       ¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
           porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
           la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
            ¡contesta Tú al teléfono!

 

110606 - Hola, Muñeca - Rodrigo Fresán

El mes pasado, Marilyn Monroe hubiera cumplido 80 años. Pero el que sí los cumplió fue Hugh Hefner y los festejó a lo grande. Lo más curioso es que no sólo la efeméride los une: el Sr. Playboy ya compró el nicho al lado del de la diva para pasar la eternidad a su lado.

El mes pasado, Marilyn Monroe hubiera cumplido 80 años. Pero el que sí los cumplió fue Hugh Hefner y los festejó a lo grande. Lo más curioso es que no sólo la efeméride los une: el Sr. Playboy ya compró el nicho al lado del de la diva para pasar la eternidad a su lado.
 

Hace un par de jueves, Marilyn Monroe habría cumplido 80 años. A los fanáticos y/o adictos a los números redondos, la efeméride pareció conmoverlos o hacerlos sentirla como algo digno de importancia. A mí, la verdad sea dicha, me parece un poco terrible esa insistencia un tanto sádica de los vivos (quizá se trate de la más irracional de las envidias) de obligar a los muertos a seguir cumpliendo años y, de algún modo, continuar envejeciendo por las décadas de las décadas, amen u odien. Hoy son los menos quienes dicen “lleva muerto X años” y más los que se escudan con un “tendría X años”. Ahora que lo pienso, es probable que todo esto no sea más que otro de los múltiples síntomas de esa enfermedad mortal conocida como tanatofobia o “miedo a morirse”.
Y ya que estamos en plan sincero y confesional, voy a decirlo ahora para explicarlo más adelante: nunca me cayó bien Marilyn Monroe.


Primera foto conocida de la actriz. En el reverso se lee: “Yo cuando era muy pequeña”.

AQUÍ

Lo que no impidió que –por prepotencia de trabajo– me diera una vuelta por el Palau Robert, a un par de calles de mi casa, donde se presenta la exposición Marilyn y el cine. Allí, Maite Mínguez Ricart y Lluís de Val –coleccionistas españoles de memorabilia y parafernalia marilynesca desde que tenían quince años y hoy matrimonio orgulloso y dueño del que para muchos es el botín rubio más exhaustivo del mundo– exhiben sus trofeos. La muestra promocionaba también el libro/catálogo adhoc titulado Marilyn íntima (RBA), firmado por Víctor Fernández y con un prólogo muy breve de Paul Preston –apenas unas líneas– para que al fantasma de Marilyn no le cueste demasiado memorizarlo, supongo. Mínguez y Val, durante la inauguración, se mostraron orgullosos pero –como todo coleccionista– insatisfechos: todavía les falta el Golden Globe de 1960 y lo que consideran la figurita más difícil del álbum: el vestido casi cosido al cuerpo que su heroína llevó en 1962 para cantarle el “Ha...ppy Birth... Day... Mister... Pressssidentttt” a JFK.


Copia única del célebre vestido flotante diseñado por William Travilla para la secuencia clave de "La comezón del séptimo año". El original volvió al estudio terminada la película y fue adquirido por la actriz Debbie Reynolds.

Y hay algo de tumba antigua y egipcia en todo esto. El concepto de que sean las pertenencias las que cuentan la historia del alma ausente. Y paseándome por las vitrinas –abriéndome paso entre la multitud– y viendo las más de 200 piezas, sucede algo interesante que quizá sea mérito de la diva: los artefactos –vestidos de película, fotos de bebé, agendas privadas, los vasos rituales de la ceremonia matrimonial con Arthur Miller, un cenicero de corte étnico adquirido en Cuernavaca donde ella ponía a dormir sus pastillas para dormir, la balanza en la que se pesaba todas las noches, peines, cigarreras, gafas, postales– funcionan más como accesorios de Barbie que salió de farra que como mementos mori de estrella fugaz. Marilyn Monroe no funciona bien como carne de museo porque parece cada vez más viva con cada hora que pasa y con cada minuto que se la ha dejado de ver viva o en vivo o en directo. Lo mismo ocurre con James Dean, con quien Marilyn Monroe tiene más de un punto en común. La muerte joven y trágica, sí; la compulsión un tanto idiota de atribuirles talentos exagerados. Ya se sabe: Marilyn Monroe era una actriz genial pero no la dejaron desarrollarse salvo en ese santuario para intensos que siempre será el Actor’s Studio (y ay ay ay esa foto tan triste que la muestra en traje de baño y “concentrada” en el Ulises de James Joyce); James Dean era un sublime intérprete a la hora de los bongós y, seguro, no demoraría en ser un gran poeta o pintor. Pero lo que más los une es el monstruoso talento para fotografiar mucho mejor de lo que actuaban. De este modo un James Dean caminando por Times Square o una Marilyn Monroe congelada in situ y con la falda levantada por el aliento subterráneo del metro siempre valdrán más y funcionarán mejor –un Oscar al Mejor Poster por cabeza– que todos esos tics llorones y risibles mohines en la pantalla que tanto daño les han hecho a los chicos sensibles y metódicos y a las rubias automática e indiscriminadamente taradas desde entonces y para siempre. Ni siquiera Madonna –una Marilyn fría y cerebral y vengativa y cabalística– ha conseguido debilitar la fortaleza del cliché oxigenado.

Es así como Marilyn Monroe –hueca y rellena al mismo tiempo, aterrorizada en vida por cada gramo que engordaba y por la memoria de su madre loca y una infancia dickensiana– es alimento perfecto para sus miles de reinterpretadores. Lista interminable que incluye a Andy Warhol, Norman Mailer, Charly García, Truman Capote, Joyce Carol Oates, el Tommy de Ken Russell/The Who, el Arthur Miller de la vengativa After the Fall, el Michael Chabon de Wonder Boys (ese abriguito de la discordia que no está en la colección de Mínguez & Val), James Ellroy, Elton John (que le cambió la letra a “Candle in the Wind” para adecuarla a la “English Rose” en el funeral de Lady Di) aquel momento inolvidable de Wayne’s World, uno de los mejores episodios de la nunca del todo bien ponderada serie Crime Story, Melanie Griffith, Anne Nicole Smith y, ahora mismo, cualquier chica de provincia que sueña con conquistar Hollywood mientras se tiñe de rubio platinado.

El mito de Marilyn Monroe –secreto y exhibicionista al mismo tiempo– no ha dejado de crecer y de fortalecerse y elijo al azar una entre las 17.200.000 entradas y sumando en Google y leo esto: “¿Por qué Marilyn Monroe es hot y cool y Elizabeth Taylor no? Respuesta: Porque Monroe está muerta, imbécil”. Y es verdad: hoy Marilyn Monroe sería carne de reality-show, ese género que, involuntariamente, casi inventó allá lejos y hace tiempo.

YACE


Agendas personales y la mesa de luz tal como fue encontrada por la policía el día de su muerte.

Y una de esas casualidades que tanto fascinan y tan útiles le han resultado a Paul Auster (quien se llevó el premio Príncipe de Asturias el mismo día en que Marilyn Monroe cumplió sin cumplir, sin llegar a tiempo, según era su costumbre, 80 años y también el mismo día en que murió Rocío Jurado, cuya coqueta lápida le resta dos años de edad y quien a partir de ahora seguirá soplando más cirios que velitas) hizo que la misma semana de las renovadas pompas fúnebres de Marilyn Monroe y la inauguración de la muestra llegara a Barcelona otro extraño pasajero. Así, las ocho décadas de Marilyn Monroe –portada del número 1 de Playboy, 500 dólares por los derechos de reproducción del desnudo de “Mona Monroe” para un almanaque de garaje e inventar ahí mismo el concepto de centerfold, de poster central desplegable– coincidieron con las verticales y erectas ocho décadas de Hugh Hefner. El Gran Conejo –y un puñado de conejitas neumáticas posmarilyn– pasó por Barcelona para armar una de las fiestas mundiales con las que, durante todo el 2006, celebrará el milagro de su vigencia y, supongo, del Viagra. El festejo fue en la Casa Batlló, diseñada por Gaudí, y hoy propiedad de una célebre fábrica de chupetines ibéricos. ChupaChups, se llaman. Muy apropiado. Y a no olvidarlo: en Los caballeros las prefieren rubias –para muchos su mejor película– Marilyn Monroe dice aquello de: “Es la historia de mi vida: a mí siempre me toca la parte del chupetín llena de pelusa”. Y no es azar que sus dulces iniciales sean M & M. Y sépanlo: Hugh Hefner tiene comprado desde hace tiempo el nicho del Westwood Memorial Park ubicado junto a la estrella “para dormir a su lado”. Y Richard F. Poncher, inquilino que yace en la tumba de encima de Marilyn Monroe desde 1986, siempre estuvo enamorado de la actriz y pidió, como última voluntad, ser enterrado boca abajo “para así poder pasar la eternidad contemplando a la estrella”.

NORMA JEAN MORTENSON

El crítico del New Yorker Anthony Lane comentó, certero, que “la Industria Marilyn está tan embebida de sus crack-ups –agitando a la pobre mujer escuchamos el inconfundible sonido que hace un frasco de somníferos– que se nos hace difícil el ver que su pathos es, en realidad, de tercera clase y que sólo funciona gracias a su contexto y a alguna que otra escena en alguna que otra película”. De acuerdo: sentir pena por Marilyn Monroe –considerarla una víctima del sistema– es tan absurdo como tenerle lástima a cualquier otra celebridad que hizo lo que se le cantó hasta que le falló la voz. Mucho peor la pasaron los también disfuncionales y suicidantes Van Gogh y Nick Drake y John Kennedy Toole.

Vasos con iniciales utilizados por Marilyn Monroe y Arthur Miller para su boda siguiendo el rito judío.

Y tal vez el gran factor que vuelve a Marilyn Monroe algo inolvidable –o imposible de olvidar aunque se quiera– haya sido su talento en vida para organizar el casting de sus días como un sinfín de personajes secundarios de primera (los Kennedy, Frank Sinatra, Joe Di Maggio, Arthur Miller, los ya de salida Clark Gable y Montgomery Clift, y mi favorito absoluto: el artista torturado y mediocre pero perfecto y discreto confidente y rufián Peter Lawford quien, profético de rebote, la presentó en aquella velada cumpleañera y presidencial de 1962 como “the late Marilyn Monroe”, jugando con el adjetivo que equivale tanto a llegar tarde como a estar muerta y con quien, dicen, habló por teléfono antes de quedarse dormida para siempre) y una vida más allá de la muerte rebosante de teorías conspirativas, biografías demenciales y conjuras varias que, en cualquier momento, la señalarán como descendiente directa del linaje de Jesucristo. Es decir: Marilyn Monroe como perfecta fábula más o menos moralizante, como noche mil y dos, como Código M. M.

(1926-1962)


Marilyn Monroe en la balanza: su peor enemiga hasta el último día.

Del otro lado, aquí, está la realidad. Una joven de pueblo chico que tenía la fantasía de ir desnuda a la iglesia “para que Dios y todo el mundo me vieran; tenía que apretar los dientes y sentarme encima de mis manos para evitar desnudarme”. Una mujer que llegó a ser el sueño húmedo de la humanidad, pero que no podía conciliar el sueño ni conservar sus parejas: la rubia los prefería caballeros, pero no hubo caso salvo con el deportivo y fóbico a Hollywood y ultraceloso Joe Di Maggio, tal vez el único que la quiso en serio y de verdad. Una actriz graciosa en películas buenas, una mala actriz en películas excelentes y –muy de tanto en tanto, en una escena suelta o en un impar número musical– el raro milagro de la autoparodia elegante y el reírse con ganas de sí misma y, sí, la súbita y tan deseada desnudez ascendiendo a chispazo de algo que pudo ser y nunca fue fuego. Porque la verdad es que a ella no le interesaba que fuera: Marilyn Monroe llegaba tarde a las filmaciones, había que darle guiones “especiales” que sólo contuvieran sus parlamentos para que “no se confundiera” y es sabido que cuando Billy Wilder (quien ya le había informado que el culo de Tony Curtis era mejor que el de ella, a lo que ella respondió: “Pero mis tetas son mejores que las de Tony Curtis”) le dijo, después de la toma número 83 de una sola línea de diálogo, que no se preocupara, Marilyn Monroe lo miró fijo con sus ojos de Bambi estrábico y encandilado por las luces del set y le preguntó con esa vocecita de juguete tonto: “¿Preocuparme de qué?”.
 

 

Y eso y esto es más o menos todo: anécdotas, trapos, pelusa de chupetín, objetos personales elevados a reliquias históricas, y la admirable imposibilidad de decirle “adiós, muñeca”.

Las ilustraciones de estas páginas salen del libro Marilyn íntima de Víctor Fernández


Biography - Source Marilyn Monroe

Marilyn Monroe personified Hollywood glamour with an unparalleled glow and energy that enamored the world. Although she was an alluring beauty with voluptuous curves and a generous pout, Marilyn was more than a '50s sex goddess. Her apparent vulnerability and innocence, in combination with an innate sensuality, has endeared her to the global consciousness. She dominated the age of movie stars to become, without question, the most famous woman of the 20th Century.

She was born Norma Jeane Mortenson on June 1, 1926 in Los Angeles, California, to Gladys Baker. As the identity of her father is undetermined, she was later baptized Norma Jeane Baker. Gladys had been a film cutter at RKO studios, but psychological problems prevented her from keeping the job and she was eventually committed to a mental institution.

Norma Jeane spent most of her childhood in foster homes and orphanages until 1937, when she moved in with family friend Grace McKee Goddard. Unfortunately, when Grace's husband was transferred to the East Coast in 1942, the couple couldn't afford to take 16-year-old Norma Jeane with them. Norma Jeane had two options: return to the orphanage or get married.

On June 19, 1942 she wed her 21-year-old neighbor Jimmy Dougherty, whom she had been dating for six months. "She was a sweet, generous and religious girl," Jimmy said. "She liked to be cuddled." By all accounts Norma Jeane loved Jimmy, and they were happy together until he joined the Merchant Marines and was sent to the South Pacific in 1944.

After Jimmy left, Norma Jeane took a job on the assembly line at the Radio Plane Munitions factory in Burbank, California. Several months later, photographer David Conover saw her while taking pictures of women contributing to the war effort for
Yank magazine. He couldn't believe his luck. She was a "photographer's dream." Conover used her for the shoot and then began sending modeling jobs her way. The camera loved Norma Jeane, and within two years she was a reputable model with many popular magazine covers to her credit. She began studying the work of legendary actresses Jean Harlow and Lana Turner, and enrolled in drama classes with dreams of stardom. However, Jimmy's return in 1946 meant Norma Jeane had to make another choice- this time between her marriage and her career.

Norma Jeane divorced Jimmy in June of 1946, and signed her first studio contract with Twentieth Century Fox on August 26, 1946. She earned $125 a week. Soon after, Norma Jeane dyed her hair blonde and changed her name to Marilyn Monroe (borrowing her grandmother's last name). The rest, as the saying goes, is history.

Marilyn's first movie role was a bit part in 1947's
The Shocking Miss Pilgrim. She played a series of inconsequential characters until 1950, when John Huston's thriller The Asphalt Jungle provided her with a small but influential role. Later that year, Marilyn's performance as Claudia Caswell in All About Eve (starring Bette Davis) earned her further praise. From then on Marilyn worked steadily in movies such as: Let's Make It Legal, As Young As You Feel, Monkey Business and Don't Bother to Knock. It was her performance in 1953's Niagara, however, that delivered her to stardom. Marilyn played Rose Loomis, a beautiful young wife who plots to kill her older, jealous husband (Joseph Cotten).

Marilyn's success in
Niagara was followed with lead roles in the wildly popular Gentlemen Prefer Blondes (co-starring Jane Russell) and How to Marry a Millionaire (co-starring Lauren Bacall and Betty Grable). Photoplay magazine voted Marilyn the Best New Actress of 1953, and at 27 years old she was undeniably the best-loved blonde bombshell in Hollywood.

On January 14, 1954, Marilyn married baseball superstar Joe DiMaggio at San Francisco's City Hall. They had been a couple for two years, after Joe asked his agent to arrange a dinner date. "I don't know if I'm in love with him yet," Marilyn said when the press got word of their relationship, "but I know I like him more than any man I've ever met." During their Tokyo honeymoon, Marilyn took time to perform for the service men stationed in Korea. Her presence caused a near-riot among the troops, and Joe was clearly uncomfortable with thousands of men ogling his new bride.

Unfortunately, Marilyn's fame and sexual image became a theme that haunted their marriage. Nine months later on October 27, 1954, Marilyn and Joe divorced. They attributed the split to a "conflict of careers," and remained close friends.

Marilyn was ready to shed her "shallow blonde" image by 1955. It had gotten her into the spotlight, but now that she had the opportunity and experience, Marilyn wanted to pursue serious acting. She took a hiatus from Hollywood and moved to New York City to study under Lee Strasberg at his Actors' Studio. In 1956, Marilyn started her own motion picture company, Marilyn Monroe Productions. The company produced
Bus Stop and The Prince and the Showgirl (co-starring Sir Laurence Olivier). These two films allowed her to demonstrate her talent and versatility as an actress. Marilyn received further recognition for 1959's Some Like It Hot, winning a Golden Globe for Best Actress in a Comedy.

On June 29, 1956, Marilyn wed playwright Arthur Miller. The couple met through Lee Strasberg, and friends reported she made him "giddy." While they were married, Arthur wrote the part of Roslyn Taber in 1961's
The Misfits especially for Marilyn. The movie co-starred Clark Gable and Montgomery Clift. Sadly, the marriage between Marilyn and Arthur ended on January 20, 1961, and The Misfits was to be Marilyn's (and Gable's) last completed film.

At the 1962 Golden Globes, Marilyn was named female World Film Favorite, once again demonstrating her widespread appeal.

Sadly, in a shocking turn of events on the early morning of August 5, 1962, 36-year-old Marilyn died in her sleep at her Brentwood, California home. The world was stunned. Marilyn's vibrant spirit and beauty made it impossible to believe she was gone. On August 8, 1962, Marilyn's body was laid to rest in the Corridor of Memories, #24, at Westwood Memorial Park in Los Angeles, California.

During her career, Marilyn made 30 films and left one,
Something's Got to Give
, unfinished. She was more than just a movie star or glamour queen. A global sensation in her lifetime, Marilyn's popularity has extended beyond star status to icon. Today, the name "Marilyn Monroe" is synonymous with beauty, sensuality and effervescence. She remains an inspiration to all who strive to overcome personal obstacles for the goal of achieving greatness.

Prayer for Marilyn Monroe - Ernesto cardenal - (English version) - Jonathan Cohen

Lord
receive this young woman known around the world as Marilyn Monroe
although that wasn't her real name
(but You know her real name, the name of the orphan raped at the age of 6
and the shopgirl who at 16 had tried to kill herself)
who now comes before You without any makeup
without her Press Agent
without photographers and without autograph hounds,
alone like an astronaut facing night in space.

She dreamed when she was little that she was naked in a church

before a prostrated crowd of people, their heads on the floor
and she had to walk on tiptoe so as not to step on their heads.
You know our dreams better than the psychiatrists.
Church, home, cave, all represent the security of the womb
but something else too …
The heads are her fans, that's clear
(the mass of heads in the dark under the beam of light).
But the temple isn't the studios of 20th Century-Fox.
The temple—of marble and gold—is the temple of her body
in which the Son of Man stands whip in hand
driving out the studio bosses of 20th Century-Fox
who made Your house of prayer a den of thieves.

Lord
in this world polluted with sin and radioactivity
You won't blame it all on a shopgirl
who, like any other shopgirl, dreamed of being a star.
Her dream just became a reality (but like Technicolor's reality).
She only acted according to the script we gave her
—the story of our own lives. And it was an absurd script.
Forgive her, Lord, and forgive us
for our 20th Century
for this Colossal Super-Production on which we all have worked.
She hungered for love and we offered her tranquilizers.
For her despair, because we're not saints
                                              Psychoanalysis was recommended to her.
Remember, Lord, her growing fear of the camera
and her hatred of makeup—insisting on fresh makeup for each scene—
and how the terror kept building up in her
and making her late to the studios.

Like any other shopgirl
she dreamed of being a star.
And her life was unreal like a dream that a psychiatrist interprets and files.

Her romances were a kiss with closed eyes
and when she opened them
she realized she had been under floodlights
                                      as they killed the floodlights!
and they took down the two walls of the room (it was a movie set)
while the Director left with his scriptbook
                                                      because the scene had been shot.
Or like a cruise on a yacht, a kiss in Singapore, a dance in Rio
the reception at the mansion of the Duke and Duchess of Windsor

all viewed in a poor apartment's tiny living room.

The film ended without the final kiss.
She was found dead in her bed with her hand on the phone.
And the detectives never learned who she was going to call.
She was
like someone who had dialed the number of the only friendly voice
and only heard the voice of a recording that says: WRONG NUMBER.
Or like someone who had been wounded by gangsters
reaching for a disconnected phone.

Lord
whoever it might have been that she was going to call
and didn't call (and maybe it was no one
or Someone whose number isn't in the Los Angeles phonebook)

You answer that telephone!

Marilyn Monroe - Source Time
She sauntered through life as the most delectable sex symbol of the century and became its most enduring pop confection -

Monday, June 14, 1999
How much deconstruction can one blond bear? Just about everyone has had a go at Marilyn Monroe. There have been more than 300 biographies, learned essays by Steinem and Kael, countless documentaries, drag queens, tattoos, Warhol silk screens and porcelain collector's dolls. Marilyn has gone from actress to icon to licensed brand name; only Elvis and James Dean have rivaled her in market share. At this point, she seems almost beyond comment, like Coca-Cola or Levi's. How did a woman who died a suicide at 36, after starring in only a handful of movies, become such an epic commodity?

Much has been made of Marilyn's desperate personal history, the litany of abusive foster homes and the predatory Hollywood scum that accompanied her wriggle to stardom. Her heavily flashbulbed marriages included bouts with baseball great Joe DiMaggio and literary champ Arthur Miller, and her off-duty trysts involved Sinatra and the rumor of multiple Kennedys. The unauthorized tell-alls burst with miscarriages, abortions, rest cures and frenzied press conferences announcing her desire to be left alone. Her death has been variously attributed to an accidental overdose, political necessity and a Mob hit. Her yummily lurid bio has provided fodder for everything from a failed Broadway musical to Jackie Susann's trash classics to a fictionalized portrait in Miller's play After the Fall. Marilyn's media-drenched image as a tragic dumb blond has become an American archetype, along with the Marlboro Man and the Harley-straddling wild one. Yet biographical trauma, even when packed with celebrities, cannot account for Marilyn's enduring stature as a goddess and postage stamp. Jacqueline Onassis will be remembered for her timeline, for her participation in events and marriages that mesmerized the planet. Marilyn seems far less factual, more Cinderella or Circe than mortal. There have been other megablonds of varying skills, a pinup parade of Jean Harlow, Carole Lombard, Jayne Mansfield, Mamie Van Doren and Madonna — but why does Marilyn still seem to have patented the peroxide that they've passed along?

Marilyn may represent some unique alchemy of sex, talent and Technicolor. She is pure movies. I recently watched her as Lorelei Lee in her musical smash, "Gentlemen Prefer Blondes." The film is an ideal mating of star and role, as Marilyn deliriously embodies author Anita Loos' seminal, shame-free gold digger. Lorelei's honey-voiced, pixilated charm may be best expressed by her line, regarding one of her sugar daddies, "Sometimes Mr. Esmond finds it very difficult to say no to me." Whenever Lorelei appears onscreen, undulating in second-skin, cleavage-proud knitwear or the sheerest orange chiffon, all heads turn, salivate and explode. Who but Marilyn could so effortlessly justify such luscious insanity? She is the absolute triumph of political incorrectness. When she swivels aboard a cruise ship in clinging jersey and a floor-length leopard-skin scarf and matching muff, she handily offends feminists, animal-rights activists and good Christians everywhere, and she wins, because shimmering, jewel-encrusted, heedless movie stardom defeats all common morality. Her wit completes her cosmic victory, particularly in her facial expression of painful, soul-wrenching yearning when gazing upon a diamond tiara, a trinket she initially attempts to wear around her neck. Discovering the item's true function, she burbles, "I always love finding new places to wear diamonds!" Movies can offer a very specific bliss, the gorgeousness of a perfectly lighted fairy tale. Watching Marilyn operate her lips and eyebrows while breathlessly seducing an elderly millionaire is like experiencing the invention of ice cream.

Marilyn wasn't quite an actress, in any repertory manner, and she was reportedly an increasing nightmare to work with, recklessly spoiled and unsure, barely able to complete even the briefest scene between breakdowns. Only in the movies can such impossible behavior, and such peculiar, erratic gifts, create eternal magic — only the camera has the mechanical patience to capture the maddening glory of a celluloid savant like Monroe. At her best, playing warmhearted floozies in Some Like It Hot and Bus Stop, she's like a slightly bruised moonbeam, something fragile and funny and imperiled. I don't think audiences ever particularly identify with Marilyn. They may love her or fear for her, but mostly they simply marvel at her existence, at the delicious unlikeliness of such platinum innocence. She's the bad girl and good girl combined: she's sharp and sexy yet incapable of meanness, a dewy Venus rising from the motel sheets, a hopelessly irresistible home wrecker. Monroe longed to be taken seriously as an artist, but her work in more turgid vehicles, like "The Misfits," was neither original nor very interesting. She needs the tickle of cashmere to enchant for the ages.

Movies have lent the most perishable qualities, such as youth, beauty and comedy, a millennial shelf life. Until the cameras rolled, stars of the past could only be remembered, not experienced. Had she been born earlier, Marilyn might have existed as only a legendary rumor, a Helen of Troy or Tinker Bell. But thanks to Blockbuster, every generation now has immediate access to the evanescent perfection of Marilyn bumping and cooing her way through that chorine's anthem, Diamonds Are a Girl's Best Friend, in Gentlemen Prefer Blondes. Only movie stars have the chance to live possibly forever, and maybe that's why they're all so crazy. Madonna remade Diamonds in the video of her hit Material Girl, mimicking Marilyn's hot-pink gown and hot-number choreography, and the sly homage seemed fitting: a blond tribute, a legacy of greedy flirtation. Madonna is too marvelously sane ever to become Marilyn. Madonna's detailed appreciation of fleeting style and the history of sensuality is part of her own arsenal, making her a star and a fan in one. Madonna wisely and affectionately honors the brazen spark in Marilyn, the giddy candy-box allure, and not the easy heartbreak.

Marilyn's tabloid appeal is infinite but ultimately beside the point. Whatever destroyed her — be it Hollywood economics or rabid sexism or her own tormented psyche — pales beside the delight she continues to provide. At her peak, Marilyn was very much like Coca-Cola or Levi's — she was something wonderfully and irrepressibly American.

Paul Rudnick, author of The Most Fabulous Story Ever Told, writes for stage and screen.

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