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Slobodan Milosevic |
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Un
oscuro tecnócrata encaramado al liderazgo político -
Proyectado al
caudillaje de Serbia a partir de Kosovo - Escalada
nacionalista y legitimación en las urnas -
Apuesta por la guerra contra los nacionalismos
centrífugos - Las campañas de Croacia y Bosnia, y
la refundación de Yugoslavia - Los
instrumentos del arraigo en el poder - Temporal
rehabilitación internacional tras Dayton - La
deriva autoritaria en el interior - Cierre de
círculo en Kosovo - La guerra contra la OTAN y
pérdida de Kosovo - Confrontación final con la
oposición y derribo del poder - La cuestión del
enjuiciamiento - Procesamiento por el Tribunal de
La Haya
1. Un oscuro tecnócrata encaramado al liderazgo
político
Nació en 1941 en Pozarevac, Republica de Serbia.
Hijo de un teólogo (algunas fuentes aseguran que llegó a consagrarse
como pope ortodoxo, pero sin llegar a ejercer) nacido en Montenegro
y de una maestra de familia acomodada e incondicional de Tito, en
1959 se unió al Partido Comunista Yugoslavo (desde 1963 llamado Liga
de los Comunistas Yugoslavos, SKJ) y empezó estudios de Derecho en
la Universidad de Belgrado.
Trágicas circunstancias familiares rodearon la juventud de Milosevic:
cuando tenía 21 años el padre, separado ya de su esposa, se suicidó
de un disparo en la sien cuando trabajaba de maestro en su república
de origen; un tío, oficial del Ejército, decidió la misma suerte; y,
finalmente, la madre se ahorcó a su vez una década después del
suicidio de su marido, cuando su hijo ya estaba casado.
Licenciado como abogado en 1964, dos años después Milosevic inició
una carrera en el aparato administrativo de la República Socialista
de Serbia, primero como asesor en asuntos económicos del alcalde de
Belgrado y luego como jefe del Servicio de Información municipal. Su
amistad con Ivan Stambolic, alto dirigente de la Liga de los
Comunistas Serbios (SKS, rama republicana de la SKJ), resultó
providencial para su rápida promoción como alto servidor público. En
1968 saltó a la compañía energética estatal Technogas, donde ostentó
una dirección adjunta antes de convertirse, en 1973, en director
general.
En 1978 fue nombrado director general de Beogradska Banka, o Banco
Unido de Belgrado, entonces la mayor entidad financiera del país,
una responsabilidad que llevó implícitos múltiples desplazamientos a
Estados Unidos para asistir a consejos de gobernadores y otras
reuniones con agenda financiera. En 1965 Milosevic contrajo
matrimonio con su compañera inseparable desde la escuela, Mirjana
(Mira) Markovic, hija de partisanos, bien ubicada en la élite
comunista (su padre fue ministro del Interior de Serbia en
1945-1946) y que luego impartiría docencia como doctora de teoría
marxista en la Universidad de Belgrado. Estrechamente ligada su
carrera a la de su marido, Markovic se iba a convertir en su
principal asesora y aliada política.
En 1982 Milosevic abandonó Beogradska Banka para dedicarse a la
política, en un período de inquietud expectante por el devenir de la
República Federativa Socialista de Yugoslavia (SFRJ) tras la muerte
de su fundador, el mariscal Tito. En 1983 fue elegido miembro del
Presidium del Comité Central de la SKS y al año siguiente presidente
del Comité municipal del partido en Belgrado. Siempre siguiendo los
pasos de su mentor, Stambolic, el 15 de mayo de 1986 Milosevic le
sustituyó en la Presidencia del Comité Central de la SKS, oficina
que reunía el verdadero poder político en la república. Se trató de
una escalada fulgurante para un hombre que apenas cuatro años antes
estaba apartado de cualquier actividad partidista o ideológica
relevante y que reunía un perfil de burócrata esencialmente técnico.
El 24 de abril de 1987 marcó un antes y un después en la trayectoria
política de Milosevic: entonces comenzó una ambición implacable de
poder. Aquel día se enfrentó en la capital de la provincia autónoma
de Kosovo, Prístina, a la muchedumbre de serbios que, airados,
exigían protección frente a los abusos de los que decían ser objeto
por la mayoría albanesa (cuyos miembros integraban tanto los mandos
políticos locales como la policía enviada a reprimirlos), a los que
prometió que nadie volvería a golpearlos.
Stambolic le había enviado a la agitada provincia para sosegar los
ánimos y preservar la legalidad de las instituciones, pero Milosevic
lo que hizo fue asumir la reivindicación nacionalista de la minoría
serbokosovar, dando con ello prelación a los intereses de Serbia
sobre los de Yugoslavia y desequilibrando el delicado juego de pesos
y contrapesos entre las repúblicas diseñado por Tito.
Con tan perturbador ariete ideológico, Milosevic se lanzó a la
remoción de quienes estorbaban su proyecto personal y nacional. En
octubre desató una purga en el SKS y en los medios de comunicación
de Serbia, y el 14 de diciembre Stambolic, dejado en minoría en el
Comité Central, fue cesado como presidente de la República de
Serbia; para sucederle, Milosevic designó a Petar Gracanin, uno de
sus partidarios. El 17 de noviembre de 1988 consiguió también las
dimisiones de altos responsables de la Liga de los Comunistas
Kosovares, acusados de dar pábulo al separatismo albanés, con la
secretaria del Comité Central, Kaqusha Jashari, a la cabeza.
2. Proyectado al caudillaje de Serbia a partir de
Kosovo
Explotando el victimismo de los serbios, removiendo los traumas de
la Segunda Guerra Mundial (cuando esta nacionalidad padeció matanzas
de proporciones genocidas a manos de los fascistas croatas) y
exacerbando un sentimiento de frustración colectiva por los años de
la dictadura comunista y la rampante crisis económica, Milosevic
convenció a buena parte de los ciudadanos de que Serbia, la
república con más población y una economía más fuerte, había sido
sistemáticamente marginada durante el régimen de Tito (a la sazón,
un croata) y que ahora numerosos enemigos de dentro y fuera de
Yugoslavia conspiraban contra ella.
La retórica nacional-patriótica, si acaso con algunas concesiones a
un nebuloso reformismo, sustrajo el verdadero debate, la
democratización de las instituciones y la vida pública, a partir de
la cual podría renegociarse el futuro de la SFRJ. Aunque su proyecto
nacional era excluyente, Milosevic aprovechó los devaneos
emancipadores y las exigencias de eslovenos y croatas para
encaramarse como paladín de la unidad del Estado, soterrando el
discurso de los verdaderos yugoslavistas.
Sin una presencia espectacular ni una oratoria brillante,
desenvolviéndose con calma y midiendo el efecto de lo que decía (de
hecho, a lo largo de su carrera sólo realizó las comparecencias
públicas y discursos que consideraba imprescindibles, prefiriendo el
trabajo de puertas adentro), Milosevic acrecentó su inopinado
carisma representando al caudillo providencial y confortador. El 19
de noviembre de 1988 convocó a un millón de personas en Belgrado en
apoyo de los serbios de Kosovo, en la mayor concentración conocida
desde la liberación en la Segunda Guerra Mundial, y les aseguró que
irían "a las barricadas, como nuestros antecesores en España", para
combatir "por una Serbia unitaria en una Yugoslavia unitaria".
Para entender estas reacciones, debe precisarse que para los
serbios, Kosovo, junto con Montenegro, fue donde comenzó el primer
Estado medieval serbio, en el siglo XI, y allí se hallaban los
principales monasterios ortodoxos, custodios multiseculares de la
cultura serbia. Pero el peso demográfico de los serbokosovares había
declinado progresivamente hasta constituir sólo el 13% de la
población, de acuerdo con el censo de 1981.
El 28 de junio de 1989 la llanura de Gazimestan, cerca de Prístina,
congregó a otro millón largo de serbios para conmemorar el 600º
aniversario de la batalla de Kosovo Polje ("Campo de Mirlos"), en la
que el antiguo reino de Serbia perdió su independencia frente al
invasor turco. En tan emocional entorno se evocaron los mitos y
agravios, reales o ficticios, de la nación serbia a lo largo de su
historia y se formularon las demandas de un mayor control sobre los
albaneses y de anexionar la provincia a Serbia.
La Constitución titista de 1974 había sentado las provincias
socialistas autónomas de Kosovo al sur y Vojvodina (morada de más de
300.000 húngaros étnicos) al norte, y aunque su rango era inferior
al de las repúblicas y quedaban bajo la jurisdicción de Serbia, en
la práctica gozaban de competencias similares a las de aquellas y
funcionaban como entes paritarios en las instituciones federales.
Entretanto, Montenegro y Vojvodina eran escenario de manifestaciones
"anti burocráticas" que consiguieron derribar a los liderazgos
comunistas locales.
Mientras los demás regímenes ideológicamente afines de Europa
Central y Oriental se derrumbaban por las exigencias prodemocracia y
un efecto de contagio azuzado por la URSS de Mijaíl Gorbachov,
Milosevic se mantuvo impertérrito, movilizando masivas
manifestaciones nacionalistas para anticiparse a cualquier demanda
indeseada y resuelto a asegurar su continuidad en el poder fundando
un régimen híbrido, un nacionalcomunismo que no escatimaba las
referencias racistas a los albaneses de Kosovo y los musulmanes del
interior de Serbia, concentrados en la región de Sandzak.
El 28 de marzo de 1989 la Asamblea de Serbia aprobó una reforma de
la Constitución republicana que reducía drásticamente las autonomías
de Kosovo y Vojvodina, incluidas todas las competencias económicas,
policiales y educativas, las cuales volvieron a la administración
central. Allanando el camino, el 3 de marzo la Presidencia colectiva
de la Federación declaró que la situación en Kosovo se había
deteriorado tanto que había llegado a constituir una amenaza a la
integridad de la SFRJ, lo que hacía necesario la imposición de
"medidas especiales".
Los disturbios que estas decisiones generaron en Kosovo dejaron
hasta el último día de marzo cerca de 30 muertos, casi todos
manifestantes albaneses abatidos por las fuerzas de seguridad. El 8
de mayo siguiente Milosevic coronó su éxito al ser elegido
presidente de la República Socialista de Serbia, no teniendo reparos
en entregar la jefatura de la SKS a uno de sus asociados, Bogdan
Trifunovic. El 13 de noviembre la Asamblea le confirmó como
presidente de la república. El mismo año 1989 Milosevic publicó un
libro autobiográfico titulado Godina Raspleta (Las
consecuencias de los hechos).
3. Escalada nacionalista y legitimación en las urnas
El principio del fin de Yugoslavia se escenificó en el XIV Congreso
de la SKJ, inaugurado en Belgrado el 20 de enero de 1990. El día 23,
cuando la delegación eslovena vio rechazada su moción de convertir
la Liga en una estructura confederal de partidos republicanos
soberanos, con el socialismo democrático como doctrina, decidió
abandonar el congreso, en lo que arrastró a la delegación croata.
El bloque legalista, capitaneado por Milosevi,
(En la caricatura de la derecha, por
Pismetrovic) advirtió contra el cuestionamiento de la
Federación y se limitó a aprobar la eliminación de la cláusula que
consagraba el monopolio político de la SKJ (la SKS, por su parte,
había aprobado el 17 de diciembre anterior un pluralismo con
reservas). Se trató de una medida tardía, pues Eslovenia y Croacia
estaban ya esbozando un multipartidismo no excluyente, con el
concurso decidido de sus gobernantes comunistas.
Fracasado su intento de mantener la unidad orgánica e ideológica de
la SKJ, Milosevic se encontró legitimado para seguir la pauta de las
repúblicas occidentales. El 7 de junio de 1990 constituyó el Partido
Socialista de Serbia (SPS) a partir de la SKS y la absorción de la
pequeña Alianza Socialista del Pueblo Trabajador de Serbia, y el 16
de julio siguiente se hizo elegir su presidente en el primer día del
I Congreso. No se trató de una transformación doctrinal como las
realizadas por los partidos comunistas del bloque soviético, sino un
simple cambio de formas, manteniendo intacto el dogmatismo
ideológico y la concepción exclusivista del poder propia de un
partido fuerte que se consideraba vanguardia de la sociedad.
El 22 de julio el pluripartidismo fue oficialmente instaurado en
Serbia, pero con su hábil movimiento, que no precisó hacer hincapié
en el compromiso con la democracia parlamentaria del nuevo partido
(y menos aún en una vocación de tipo socialdemócrata, rechazada de
plano), Milosevic se aseguró la posición hegemónica de partida en la
vida política de Serbia.
A lo largo de 1990 Milosevic dio más argumentos a los que querían
apartarse de una SFRJ tolerante con las pretensiones serbias de
supremacía. El Gobierno serbio decretó el boicot económico contra
Eslovenia, que se encontraba lista para salirse de la Federación,
mientras que los serbios de Croacia fueron animados a plantar cara a
la derrota independentista de los nuevos gobernantes de la Unión
Democrática Croata (HDZ, nacionalista y derechista) elegidos
democráticamente en mayo, de modo que el 1 de octubre el llamado
Consejo Nacional Serbio proclamó la Región Autónoma Serbia de la
Krajina. Finalmente, en Kosovo se puso en marcha un amplio
movimiento represivo para acallar las agitaciones de los albaneses,
haciendo que las denuncias de discriminaciones por cuestión étnica o
religiosa se invirtieron radicalmente.
El 2 de julio la Asamblea kosovar resolvió por aplastante mayoría
elevar el estatus provincial al de república, y la reacción
fulminante de Belgrado no se hizo esperar: el 5 de julio la Asamblea
serbia abrogó la autonomía, disolvió las instituciones y puso la
provincia bajo su administración directa.
Lanzados a la clandestinidad, diputados y responsables políticos
albaneses, liderados por el intelectual Ibrahim Rugova, proclamaron
el 7 de septiembre la República de Kosovo dentro de la Federación
yugoslava, punto de partida de una resistencia civil que durante
mucho tiempo se atendría a los criterios de no violencia y no
cooperación, pese a la multiplicación de actos hostiles contra los
albaneses, como el despido de miles de funcionarios, el
hostigamiento de intelectuales y activistas sociales, y las trabas a
toda expresión cultural en idioma albanés.
El 28 de septiembre Serbia imprimió un nuevo giro de tuerca
promulgando una nueva Constitución centralista que remataba la
disolución de las instituciones autonómicas provinciales. El texto
removió también la condición de socialista de la República de
Serbia y abrió el camino para la celebración de las primeras
elecciones pluralistas en la república, el 9 y el 23 de diciembre.
En las legislativas el SPS se adjudicó una rotunda victoria con 194
de los 250 escaños de la nueva Asamblea Popular (Narodna Skupstina),
y en las presidenciales Milosevic fue confirmado con el 65,3% de los
votos derrotando a una veintena de candidatos encabezados por Vuk
Draskovic, un líder nacionalista genuino que encontró dificultades
para perfilarse ante el intrusismo ideológico del dirigente
socialista.
4. Apuesta por la guerra contra los nacionalismos
centrífugos
Tras su reelección en diciembre de 1990, Milosevic y el SPS
ejercieron un monopolio político de hecho sobre toda Serbia, Kosovo
y Vojvodina incluidas, y dispusieron de la alianza incondicional de
Montenegro, donde los comunistas locales, encabezados por Momir
Bulatovic, fueron igualmente confirmados en las urnas al cabo de un
somero maquillaje ideológico. Tardíamente, la oposición no comunista
se movilizó contra la asunción por el SPS de los medios de
comunicación y su evidente vocación hegemónica, pero la protesta
nacional del 9 de marzo de 1991 fue contundentemente reprimida por
el Ejército con el saldo de dos muertos. El siguiente paso en el
cálculo de Milosevic fue hacerse con el control de la Federación,
convertirla en un instrumento dúctil a los intereses nacionales de
Serbia.
En las negociaciones interrepublicanas de la primavera de 1991, que
aparecieron como la última oportunidad para salvar la SFRJ y evitar
su desintegración traumática, los representantes de Croacia y
Eslovenia en la Presidencia Federal acusaron al bloque
serbo-montenegrino de intransigencia y de esconder tras su negativa
a una revisión del sistema federal (urgida sobre todo para
salvaguardar su soberanía económica y financiera) sus propios
proyectos nacionales; bloqueando cualquier posibilidad de arreglo,
insistían, se estimulaba una sucesión de actos unilaterales que sólo
preludiaban una confrontación de consecuencias impredecibles.
Milosevic replicó que los liquidadores de Yugoslavia eran
exclusivamente aquellas dos repúblicas y sus instigadores europeos.
Entretanto, proliferaban los choques entre la policía croata y los
serbios de la Krajina, que el 28 de marzo declararon su intención de
permanecer en la SFRJ si Zagreb se lanzaba a la secesión.
Las maniobras de Milosevic para cooptar la Presidencia colectiva
Federal quedaron expuestas cuando el 15 de mayo expiró el mandato
anual al frente de la misma del esloveno Janez Drnovsek. El
representante serbio, Borisav Jovic (un fiel de Milosevic que entre
1991 y 1992 iba a ostentar nominalmente la presidencia del SPS), se
negó a que el croata Stipe Mesic le sucediera conforme a lo previsto
en el sistema rotatorio. Mesic pertenecía al HDZ y su colocación en
la jefatura del Estado le conferiría una autoridad formal sobre el
Ejército Popular Yugoslavo (JNA), perspectiva del todo indeseable
para Milosevic. El bloqueo serbio abrió una situación extremadamente
confusa y un camino de no retorno en la crisis.
El 25 de junio los parlamentos esloveno y croata proclamaron la
independencia y las instituciones federales ordenaron al JNA que
cumpliera su misión constitucional de defender las fronteras y parar
los choques interétnicos. Se trataba de la guerra civil. El JNA,
integrado por reclutas de todas las repúblicas pero con una alta
oficialidad mayoritariamente serbia, se enfrentó primero (27 de
junio) contra la improvisada Defensa Territorial Eslovena por la
posesión de los puestos fronterizos, pero halló una resistencia
inesperada y hubo de retirarse.
Los observadores opinaron que los generales yugoslavos, actuando por
cuenta del bloque serbio, se detuvieron porque Eslovenia era una
república casi monoétnica, no albergaba minorías serbias
susceptibles de defender y por tanto no entraba en los planes de
Milosevic. La mediación de la Comunidad Europea (CE) consiguió que
Eslovenia y la SFRJ firmaran la paz en Brioni, el 7 de julio, y que
el bloque serbio levantara el boicot a Mesic, el 30 de junio.
En estas dramáticas jornadas y en las que iban a venir, cobraron
visos de realidad las sugerencias de que el presidente serbio
perseguía construir una Gran Serbia que englobaría a la
república y a los territorios de mayoría serbia en Croacia y
Bosnia-Herzegovina, con Montenegro y, quizá, Macedonia (pobladas por
mayorías eslavas), como repúblicas satélite. Sin embargo, cómo se
articularía esta realidad, si a partir de vínculos confederativos
entre los distintos entes o con la anexión pura y simple por Serbia
de los territorios en que esa nacionalidad era dominante, era pura
conjetura.
La noción de Gran Serbia, esbozada en el Memorándum
redactado en septiembre de 1986 por la Academia de Arte y Ciencia de
Serbia (y cuya difusión fue entonces prohibida), era inseparable de
la homogeneidad étnica, como pronto el rosario de conflictos
yugoslavos iba a demostrar. Lecturas racial-nacionalistas aparte, lo
que sí estaba claro es que Milosevic, quien nunca se refirió
explícitamente a aquel concepto, había decidido ir a la guerra para
consolidarse en el poder, canalizando la euforia nacionalista hacia
los frentes de batalla
La efímera y casi incruenta guerra de Eslovenia permitió también a
Milosevic ensayar el que iba a ser un estilo inveterado en sus
tratos con los países occidentales, una de las claves que explican
su asombroso arraigo en el poder a pesar de la acumulación de
fracasos en Croacia, Bosnia, Kosovo y la propia Serbia: el
aplacarles y contentarles con promesas verbales, si acaso con alguna
concesión táctica sobre el terreno (invariablemente, una retirada
militar), abriendo divisiones decisivas entre duros y
blandos, confrontándoles con sus contradicciones, exacerbadas
por los intereses nacionales contrapuestos, y, como resultado,
desactivando el frente de animosidad en su contra.
En ese punto, la partida volvía a comenzar. Milosevic, que terminó
conociendo a fondo las debilidades e inconsistencias de los
dirigentes mundiales, lanzaba nuevos envites, cada vez más audaces e
inequívocos, provocaba situaciones límite e incendios cuyo eventual
sofoco él se reservaba con exclusividad. Así, comprando tiempo,
combinando ambigüedad y desafío, no teniendo reparo en mentir y
desdecirse de sus anteriores promesas cuantas veces fuera necesario,
consiguió que la comunidad internacional le considerara un
interlocutor imprescindible para cualquier arreglo de paz en la ex
Yugoslavia, ganando legitimidad internacional y, de paso,
fortaleciendo su aureola interior de celador de los intereses de
Serbia.
Aunque el juego se basaba en una concepción muy cínica, o por
utilizar un término más suave, heterodoxa, de los principios que
rigen las relaciones diplomáticas (honorabilidad en el cumplimiento
de lo pactado, flexibilidad negociadora a cambio de incentivos), los
países europeos occidentales, Rusia, Estados Unidos y la ONU en su
conjunto se avinieron a participar en él durante años porque, en
realidad, no deseaban que Milosevic abandonara la escena.
5. Las campañas de Croacia y Bosnia, y la refundación
de Yugoslavia
Croacia, donde habitaba un 11% de serbios, sí figuraba en los planes
de Milosevic. Nominalmente todavía eran las autoridades federales
las que decidían las medidas a adoptar, y el 27 de julio de 1991 el
JNA comenzó a combatir a la Guardia Nacional Croata. Mientras la
guerra de Croacia tomaba el cariz de una bárbara campaña de
conquista territorial y depuración étnica sólo útil al poder de
Serbia (de donde partieron miles de voluntarios nacionalistas),
Milosevic y sus colaboradores se las arreglaron para copar las
instituciones federales.
El 3 de octubre el bloque serbo-montenegrino dio un golpe de mano
por el que apartó a Mesic de la Presidencia colectiva y se arrogó la
capacidad de decidir en nombre de Yugoslavia en ausencia de las
otras cuatro repúblicas. Branko Kostic, del SPS, asumió el órgano
con carácter provisional. Todavía hasta el 5 de diciembre Croacia no
retiró a Mesic de la Presidencia, que como institución federal dejó
de existir.
El político croata se marchó cubriendo de invectivas a Milosevic,
tachándole de "traidor" y de "golpista", y responsabilizándole,
junto con la cúpula del JNA, de los desafueros cometidos en su
república. El Gobierno Federal de deshizo también luego de que el 21
de noviembre en la Asamblea Federal prosperara una moción de censura
impulsada por los diputados serbios y montenegrinos contra el primer
ministro Ante Markovic, hallado responsable de "gran parte de la
guerra".
Durante meses el presidente serbio asistió a las reuniones
internacionales para intentar la paz y suscribió varios documentos
de alto el fuego con su homólogo croata, Franjo Tudjman, pero sólo
cuando consideró seguros los enclaves de mayoría serbia amputados a
Croacia (Kordun, Banija, Lika, Knin, Eslavonia occidental, Baranja y
Sirmium occidental, totalizando un tercio del territorio del Estado
y agrupados como autoproclamada República Serbia de Krajina -RSK-
desde el 19 de diciembre) decidió parar la embestida militar.
El 2 de enero de 1992 se firmó en Sarajevo un alto el fuego, el
número quince, que estableció una paz muy volátil. El JNA se retiró
de la república, no sin antes dejar convenientemente pertrechados a
los serbios locales, y a comienzos de abril empezaron a desplegarse
los 14.000 cascos azules de la misión de la ONU, UNPROFOR,
interposición que en la práctica iba a apuntalar el hecho consumado.
Cuando el 15 de enero las independencias de Eslovenia y Croacia
fueron reconocidas por la CE y otros países europeos, lo que quedaba
de las instituciones federales acusó a las capitales concernidas de
dar muerte a Yugoslavia y de violar el derecho internacional.
El desenlace de la guerra de Croacia se consideró un éxito para los
intereses nacionales de Serbia, pero como contrapartida el país
había sido castigado con embargos internacionales de carácter
parcial (de armas por la ONU y comercial por la CE). Esto no arredró
al poder de Belgrado, que siguió adelante con sus planes sobre una
reordenación radical de una SFRJ en descomposición.
Macedonia había declarado su independencia en septiembre de 1991,
pero no así Bosnia-Herzegovina, donde la realidad triétnica de
musulmanes (más tarde se extendería el uso del gentilicio bosniak,
para diferenciar sin criterios religiosos esta tercera comunidad
nacional bosnia igualmente eslava) serbios y croatas, dispuesta
sobre el mapa en áreas mayoritarias con abundantes manchas de
leopardo, era un factor de disuasión de decisiones precipitadas que
podría dar pábulo a choques interétnicos de incalculable magnitud.
En Bosnia vivían un 32% de serbios frente a un 45% de musulmanes, y
su expresión política mayoritaria desde las elecciones de 1990 era
el Partido Democrático Serbio (SDS) de Radovan Karadzic.
Reproduciendo fielmente las cuotas étnico-religiosas, el SDS era el
segundo grupo en la Asamblea republicana luego del Partido de Acción
Democrática (SDA) del musulmán Alija Izetbegovic, a la sazón
presidente de la Presidencia colectiva en Sarajevo.
Milosevic empezó actuando como en Croacia, alentando el separatismo
serbobosnio con financiación y suministros de armas. El 21 de
diciembre de 1991 las autoridades de Bosnia occidental sometieron a
referéndum la soberanía y acto seguido proclamaron la República
Serbia de Bosnia-Herzegovina, que luego, el 12 de agosto de 1992,
pasó a llamarse simplemente República Serbia (Republika Srpska, RS),
con reclamada capital en la propia Sarajevo pero con las
instituciones establecidas en el cercano villorrio de Pale.
Mientras intrigaba con los serbobosnios, Milosevic ofreció al
Gobierno de Sarajevo integrarse en una nueva Federación yugoslava
reducida, pero éste, en parte porque pensó que recibiría el
reconocimiento y garantías internacionales, y en parte porque no se
fiaba de la naturaleza igualitaria de esa federación, se lanzó a la
independencia. El 29 de febrero de 1992 esta salida se aprobó en un
referéndum boicoteado por los serbios y el 3 de marzo tuvo lugar la
proclamación.
El régimen de Belgrado puso en marcha la maquinaria propagandística,
acusando a los bosniomusulmanes, incitados por potencias extranjeras
(desde la guerra de Croacia se insistía en un "complot" orquestado
por Alemania y el Vaticano), de confabularse contra Serbia y
Yugoslavia y justificando el derecho de los serbobosnios a
resistirse a las autoridades nacionalistas de Sarajevo.
El JNA estaba desplegado en Bosnia, que le había servido como
retaguardia de sus ofensivas contra Croacia, y oficialmente adoptó
una posición neutral en los acontecimientos, si bien no hubo dudas
de su papel en la instrucción y aprovisionamiento de los efectivos
de la RS, que pudo levantar con suma rapidez un ejército bien
pertrechado sin carencia de armas pesadas, desde artillería hasta
aviación.
Además, comenzaron a llegar de Serbia voluntarios y unidades
paramilitares de partidos y milicias ultranacionalistas, que pronto
iban a especializarse en operaciones de limpieza étnica y
exterminio contra musulmanes y croatas tras los frentes de batalla.
El clima era prebélico y las provocaciones serbias no se hicieron
esperar. El 6 de abril el Gobierno bosnio decretó el estado de
emergencia en Sarajevo, el 7 la CE y Estados Unidos reconocieron la
independencia de la república y el mismo día se produjeron los
primeros choques en la capital. Para el 21 de abril Sarajevo quedó
cercado casi por completo por las fuerzas de la RS y sometido a
fuego de artillería.
Mientras la guerra civil devastaba Bosnia, Milosevic procedió a
fundar un nuevo Estado con Serbia y Montenegro, las dos repúblicas
que no habían proclamado la independencia. El 27 de abril de 1992
nació la República Federal de Yugoslavia (SRJ) con la pretensión de
heredar automáticamente los asientos de la difunta SFRJ en las
organizaciones internacionales. Pero la comunidad internacional
reaccionó con suma hostilidad: el 12 de mayo la Conferencia de
Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) suspendió de pertenencia al
país, el 30 de mayo el Consejo de Seguridad de la ONU decretó el
embargo total contra Serbia y Montenegro y el 19 de septiembre la
Asamblea General expulsó a la delegación yugoslava.
El 15 de junio Dobrica Cosic, reputado intelectual de la Academia de
Arte y Ciencia de Serbia y coautor del famoso Memorándum, fue
elegido presidente de la SRJ con un elenco de atribuciones rayano en
lo simbólico. Los medios regionales indicaron que la función del
considerado "padre del nacionalismo serbio" no iba a ser otra que la
de factótum del verdadero dueño del país.
Puesto que el JNA se retiró oficialmente de Bosnia el 5 de mayo y
luego se transformó en las Fuerzas Armadas de Yugoslavia (VJ),
Milosevic se permitió tomar la apariencia de un observador exterior
de la guerra civil de los bosnios, si acaso mentor y abogado de los
serbobosnios, pero no su aliado militar con tropas sobre el terreno.
La comunidad internacional siempre tuvo claro que su ascendencia
sobre la RS en todos los aspectos era mucho mayor que la asegurada
-un disimulo en el que, todo hay que decirlo, Milosevic no se afanó
demasiado en los primeros años-, así que le consideró el factor
fundamental para llegar a una solución negociada. A lo largo de 1992
y 1993 Milosevic asistió a las sucesivas reuniones de la Conferencia
Internacional de Paz para Yugoslavia, se reunió con estadistas
occidentales y recibió la visita en Belgrado de todos los
mediadores, enviados especiales y altos representantes designados
por los países y organizaciones implicados.
Cuando en mayo de 1993 la intervención militar internacional parecía
inminente por la negativa de la RS a aceptar el primer plan de paz
Vance-Owen, que establecía una cantonalización de Bosnia con
criterios étnicos, Milosevic convocó una "Asamblea Panserbia" en
Belgrado para tratar de convencer a sus creaciones de que era hora
de consolidar los éxitos militares y asentar el nuevo statuo quo
territorial, como sucedió en Croacia en enero de 1992. Pero los
serbobosnios querían maximizar las ventajas de la limpieza étnica
e insistieron en aumentar sus conquistas antes de firmar nada,
creyendo que Milosevic no les iba a abandonar.
El presidente serbio ordenó el "bloqueo" de la RS, pero el
suministro de armas y hombres prosiguió. Ahora bien, la insistencia
de sus ahijados en Bosnia en continuar la guerra sin represalias de
una comunidad internacional sumida en la impotencia le brindó una
oportunidad de oro para concretar la Gran Serbia. Así, el 16
de junio de 1993 Milosevic estableció un inesperado pacto con
Tudjman (que a su vez acariciaba una Gran Croacia a costa de
su vecino, a pesar de que un tercio del Estado estaba segregado)
para repartirse Bosnia, propuesta que ninguno de los dos tuvo
empacho en ofrecer a los bosniomusulmanes y en notificar a las
potencias internacionales para su consideración.
Los bosniomusulmanes deberían contentarse con el 33% del territorio
de una entidad de tipo confederal basada en "tres naciones
constitutivas" y que luego fue denominada "Unión de Repúblicas
Bosnias", según la expresión asumida en el segundo plan de paz
internacional, publicado en agosto de 1993. La asamblea serbobosnia
de Pale (así como la de los croatas de Herzegovina, también alzados
en rebeldía contra Sarajevo con la incitación de Zagreb) dio su
visto bueno esta vez, pero la negativa provino ahora desde el
Parlamento de Sarajevo.
El tercer plan de paz, el diseñado por el Grupo de Contacto de
países implicados, que otorgaba a una entidad serbia el 49% del
territorio bosnio, fue virtualmente rechazado por la RS, cuyas
tropas tenían el control del 70%, el 20 de julio de 1994 por no
adjudicárseles ciertas áreas consideradas de alto interés
estratégico. Milosevic pensó que la terquedad belicista de los
serbobosnios le estaba arruinando sus planes de un hinterland
serbio internacionalmente reconocido, y el 4 de agosto anunció el
cierre de las fronteras con la RS y la ruptura de todo vínculo
político y económico. Precisó que la medida no iba contra la
población, sino contra los líderes de la RS, a los que acusó de
anteponer sus "enloquecidas ambiciones políticas" y su "arrogancia
cruel" a los "intereses de la vasta mayoría del pueblo serbio".
6. Los instrumentos del arraigo en el poder
Pese a los reveses diplomáticos, el cuestionamiento interno de
Milosevic era sumamente débil. En la sociedad serbia había prendido
el delirio nacionalista, las teorías de conspiración internacional
contra la nación hacían fortuna y los medios de información públicos
(en especial la Radio Televisión Serbia) y algunos privados afectos
al régimen atizaban el odio étnico y la xenofobia, con partes
presentando el genocidio de Bosnia como cometido, no contra los
musulmanes, sino contra los serbios, o el bombardeo indiscriminado
de la Sarajevo cercada por el Ejército de la RS como una operación
para liberar a los serbios allí residentes.
Durante años, en Serbia la verdadera resistencia civil,
prodemocrática y antibelicista al mismo tiempo, la representaron
movimientos sociales como la organización de estudiantes
universitarios Otpor (que justamente significa "resistencia")
o Mujeres de Negro contra la Guerra (el más veterano, fundando en
octubre de 1991), más algunas autoridades locales, como el
ayuntamiento de Cacak. La diminuta Alianza Cívica de Serbia (GSS),
presidida por Vesna Pesic, fue el único partido político que
articuló un discurso crítico con las atrocidades cometidas en Bosnia
en nombre del pueblo serbio.
Los principales partidos de la oposición, el Democrático (DS) de
Zoran Djindjic y el Movimiento del Renacimiento Serbio (SPO) de
Draskovic, oscilaron entre el compromiso democrático y la denuncia
de los excesos interiores y exteriores de Milosevic por un lado, y
la asunción de los argumentos populistas de la patria acosada por
múltiples enemigos por el otro. Estos posicionamientos obedecían
sobre todo a un tacticismo electoral: predicar el pacifismo y el
antibelicismo era garantía de fracaso en las urnas.
Aunque el DS, el SPO y otros partidos siempre sostuvieron la opinión
de que Milosevic, a pesar de su retórica patriotera, no servía a los
intereses nacionales de Serbia sino a los suyos propios (para los
cuales los anteriores eran un mero instrumento), en la práctica su
marcado diletantismo discursivo, sus personalismos fratricidas y el
trajín de estrategias y alianzas inconcluyentes siguieron el juego a
Milosevic y sus astutas maniobras para dividirles y neutralizarles.
El SPS se convirtió en una máquina de ganar elecciones, primero en
solitario y luego en compañía de la Izquierda Yugoslava (JUL).
Fundado el 23 de julio de 1994, la JUL era un grupúsculo marxista
animado por antiguos nomenklaturistas de la SKS que terminaría
siendo el refugio de particulares enriquecidos en negocios ilegales,
alcanzando un poder desmesurado no correspondiente a su peso
electoral (más bien nulo) y contribuyendo en buena parte a la imagen
pública del núcleo cerrado del poder como un clan de familiares y
leales rodeado de secretismo y turbiedades. Su líder, como
presidenta del Directorio ejecutivo, era la propia Mira Markovic,
siempre inconmoviblemente al lado de su esposo, de suerte que
algunos medios hablaron de "dictadura conyugal" en Serbia.
En las primeras elecciones, boicoteadas por la oposición, al Consejo
de los Ciudadanos (Vece Gradjana), o cámara baja de la Asamblea
Federal (Savezna Skupstina) de la SRJ, el 31 de mayo de 1992, el SPS
obtuvo el 61% de los votos y 73 de los 108 escaños reservados a
Serbia. El 20 de diciembre del mismo año se celebraron nuevas
elecciones legislativas federales y también las segundas
legislativas y presidenciales serbias, a las que sí se presentaron
el SPO, núcleo de la coalición Movimiento Democrático de Serbia (DEPOS),
y el DS. En las primeras, el SPS descendió al 31,4% de los votos y
los 47 escaños, y en las segundas su representación se redujo
también hasta los 101 diputados.
Se trataba en ambos casos de mayorías simples, pero esta limitación
la suplían dos apoyos externos, el incondicional del Partido
Democrático de los Socialistas de Montenegro (DPS, la antigua Liga
Comunista local) dirigido por Bulatovic y el bastante más fluctuante
Partido Radical Serbio (SRS) de Vojislav Seselj, el virulento adalid
del ultranacionalismo cuyo expediente de presunto criminal de guerra
en los conflictos de Croacia y Bosnia no fue óbice para situarle
como líder del segundo partido más votado en la república.
En las presidenciales serbias, Milosevic, con el 56,3% de los votos,
se deshizo de seis candidatos encabezados por el primer ministro
federal Milan Panic, un financiero de la diáspora serbia en Estados
Unidos que llevó una campaña a la americana, captando
numerosos votos entre los estudiantes, las clases altas y medias y
los grandes centros urbanos. Milosevic, que se negó a participar en
un debate televisado con Panic, concentró su propaganda en los no
poco populosos medios rurales y en los sectores tradicionalistas y
de menor instrucción cultural, donde se le votó masivamente.
Panic, políticamente no adscrito, había sido nombrado al frente del
Gobierno yugoslavo el 14 de julio en un intento del SPS de mejorar
su imagen internacional. Panic pensó que podría hablar por boca de
Yugoslavia sin el concurso de Milosevic y conseguir el levantamiento
de las sanciones, pero bien pronto se confrontó con su reducido
margen de maniobra y se distanció del régimen. Tras su estéril
desafío electoral su suerte estaba cantada: el 29 de diciembre fue
destituido por la Asamblea Federal y el 9 de febrero le sustituyó
Radoje Kontic, un socialista montenegrino del todo acomodaticio a
Milosevic.
La CSCE estimó entre el 5 y el 10% los votos que pudieron estar
afectados por claras irregularidades, pero certificó que ello en
absoluto cuestionaba la victoria del presidente. Aunque Panic y
Draskovic denunciaron que el fraude había sido determinante, lo
cierto es que ni en estas elecciones ni en las siguientes Milosevic
hubo de echar mano del pucherazo significativo.
Su apoyo popular era incuestionable y su traslación a las urnas se
aseguraba a priori, escatimando los espacios de difusión a los
partidos opositores con el casi monopolio informativo, sacando
provecho de sus contradicciones y ejerciendo medidas de coerción
policiales (o extraoficiales, con intimidaciones y agresiones a
cargo de sicarios que quedaban impunes) incompatibles con un Estado
de derecho.
Con este entramado de pluripartidismo, elecciones e instituciones
regulares, Milosevic mantenía la sensación de un Estado democrático
y no hacía fácil las simplificaciones sobre una "dictadura" en
Serbia. Pero un análisis detenido revelaba que el poder real lo
detentaba una urdimbre de camarillas, élites partidistas y fuerzas
de seguridad en conexión (sobre todo en los últimos años) con
organizaciones de tipo mafioso. Amparadas por el clan gobernante,
las tramas corruptas y las economías sumergidas florecieron en tanto
Milosevic obtuviera con ellas ventajas políticas.
El mismo hijo de Milosevic, Marko, amasó una considerable fortuna a
partir de negocios dudosos y el desvío de fondos no menos
sospechosos a cuentas secretas en Suiza, Grecia y la misma Serbia.
En 1999 su hermana, Marija, era propietaria de una discoteca en el
centro de Belgrado y de la empresa informativa Kosova, consistente
en una cadena de televisión y una emisora de radio. A finales de la
década, sus detractores convenían en que Milosevic detentaba un
poderío financiero que incluía participaciones en diversos medios de
comunicación, inversiones inmobiliarias y negocios de variada
especie.
En 1992 el pacto SPS-SRS todavía no estaba oficializado, pero la
aproximación de Milosevic a Seselj para asegurar la mayoría
parlamentaria levantó muchos temores sobre la formación de un frente
"social-fascista" en Serbia. El moderado Cosic fue uno de los
que advirtió contra esa posibilidad. Como Panic, Cosic se
extralimitó en la función de hombre de paja que se esperaba
de él, de suerte que el 1 de junio de 1993 la Asamblea Federal le
destituyó a su vez con las acusaciones de violar la Constitución al
nombrar algunos jueces del Tribunal Supremo y de lanzar iniciativas
de paz en Bosnia sin consultar con el legislativo. El 25 de junio le
reemplazó Zoran Lilic, descrito como un oficial del SPS de bajo
perfil.
En las legislativas serbias del 19 y 26 de diciembre de 1993, el SPS
se hizo con el 37,2% de los votos y 123 escaños, con lo que el apoyo
parlamentario del SRS se tornó imprescindible. Hasta 1994 el SPS
monopolizó los gobiernos de Serbia, presididos sucesivamente por
Dragutin Zelenovic, Radoman Bozovic, Nikola Sainovic y -desde marzo
de 1994- Mirko Marjanovic, todos hombres de confianza de Milosevic.
El minúsculo partido Nueva Democracia (ND) gozó de una cuota
ministerial entre 1994 y 1998. En el Gobierno Federal los
socialistas siempre compartieron los ministerios con el DPS y,
eventualmente, con partidos sensibles a las seducciones del poder.
Uno de ellos fue el propio DS, presente en el breve Gobierno Panic
de 1992.
7. Temporal rehabilitación internacional tras Dayton
Parece que tras el no de los serbobosnios al plan de paz del
Grupo de Contacto Milosevic abandonó definitivamente el sueño de una
Gran Serbia. La multiplicación de las dificultades internas
por efecto de las sanciones aconsejaba aligerar sus compromisos con
la RS y la RSK, y la conclusión de un alto el fuego en Bosnia empezó
a ser urgente. 1992 acabó con una hiperinflación del 8.700% y una
recesión económica del 11% del PIB. La escasez de petróleo y
suministros como consecuencia del embargo había hecho descender
bruscamente la producción, condenando al paro técnico a cientos de
miles de trabajadores, que se sumaron a los ya numerosos
desempleados crónicos.
La situación se tornó muy crítica en el segundo semestre de 1993,
cuando la inflación se desbocó hasta alcanzar el índice fantástico
del 300 millones % en diciembre (la tasa media anual se situó en el
178.000%). La pesadilla terminó en enero de 1994 con la puesta en
circulación del nuevo dínar, convertible y ajustado con el marco
alemán, dentro del plan de estabilización financiera elaborado por
el director del Banco Nacional de Yugoslavia, Dragoslav Avramovic.
1994 terminó con un 8,6% de inflación y un 4% de crecimiento, pero
la primera variable no tardaría en desmandarse de nuevo, hasta
sobrepasar la barrera del 100%.
En Bosnia, después de tres meses de extraña calma, la guerra se
reanudó en marzo de 1995 con una ofensiva del Ejército de Sarajevo
en varios frentes, que prologaría un cambio de rumbo en la guerra.
Tras aliarse Izetbegovic y Tudjman, a finales de julio los
gubernamentales bosnios, los bosniocroatas y el propio Ejército de
Croacia coordinaron ofensivas en Bosnia central que hicieron
retroceder a los serbios.
A comienzos de agosto, el Ejército croata reconquistó en una campaña
relámpago de cuatro días toda Krajina y Banija, provocando la huida
masiva a Serbia de civiles serbios que habían vivido allí durante
generaciones y el derrumbe estrepitoso de la RSK. El presidente de
la entidad, Milan Martic, puso pies en polvorosa y se refugió en la
RS y luego en Serbia. Los serbocroatas sólo retuvieron una autoridad
autónoma en Eslavonia oriental, Baranja y Sirmium occidental, pero
desde enero de 1996 estos territorios lindantes con Vojvodina
quedaron bajo una autoridad de transición de la ONU antes de ser
reintegrados a la soberanía del Gobierno de Zagreb en 1998.
Al poco de la Operación Tormenta lanzada por los croatas
contra la RSK, el 30 de agosto, en respuesta a la última masacre de
civiles en Sarajevo, la OTAN activó contra objetivos serbios en Pale,
Sarajevo, Banja Luka y otras ciudades una campaña de bombardeos
aéreos sostenidos (Operación Deliberate Force) que duró hasta
el 14 de septiembre.
La presión conjunta de los aliados bosnio-croatas, que continuaban
progresando en todos los frentes, y de la OTAN desde el aire, forzó
a Karadzic y sus colaboradores a retirar el grueso de las armas
pesadas del cerco de Sarajevo el 20 de septiembre y a firmar un alto
el fuego, el trigésimo séptimo desde el inicio de la guerra, el 11
de octubre, el cual entró en vigor al día siguiente. Milosevic no
movió un dedo para defender a los serbios de Croacia y Bosnia ante
el acoso general del que eran objeto, pero como los últimos carecían
de reconocimiento internacional en la etapa de negociaciones que
comenzaba asumió su representación.
A cambio del fracaso en los objetivos nacionales trazados en 1992,
Milosevic ganó la aureola, sustentada sobre todo por los
diplomáticos internacionales, de "pacificador" de Bosnia y de
estadista razonable, una vez que firmó junto con Izetbegovic y
Tudjman el acuerdo final de paz en la base Wright-Patterson de la
Fuerza Aérea de Estados Unidos en las afueras de Dayton, Ohio, el 21
de noviembre, al cabo de tres semanas de intensas presiones del
Gobierno de Bill Clinton, que les mantuvo prácticamente secuestrados
en las instalaciones militares.
El 14 de diciembre de 1995 los tres mandatarios, con la plana mayor
del liderazgo internacional de testigo, rubricaron formalmente unos
acuerdos que enterraban el sueño de la Gran Serbia,
garantizaban la soberanía y unidad territorial de Bosnia y obligaban
a los serbios, que salvaguardaron la RS como una entidad con
soberanía limitada, a integrarse en las instituciones federales de
Sarajevo. El 20 de diciembre los 60.000 soldados de la Fuerza de
Implementación de la paz (IFOR) comandada por la OTAN tomaban el
relevo a la UNPROFOR en el mantenimiento de la seguridad en toda
Bosnia, dando comienzo la Operación Joint Endeavour.
Milosevic sacó grandes ventajas prácticas de Dayton. Al serle
reconocido un papel fundamental en la paz de Bosnia, se sintió
legitimado para maniobrar con más soltura en la política doméstica.
Además, la comunidad internacional le brindó un argumento objetivo
con que desarmar a sus opositores: el levantamiento del ostracismo
internacional.
Así, el 22 de noviembre de 1995 la ONU aprobó la suspensión
progresiva del embargo de armas y el conjunto de sanciones
económicas y financieras, y a continuación comenzó un proceso de
normalizaciones y reconocimientos diplomáticos, pendiente desde la
proclamación de la SRJ en 1992 y que afectó a todos los países del
entorno excepto Albania. Ello incluyó a las antiguas repúblicas
yugoslavas y las relaciones se formalizaron con Eslovenia el 30 de
noviembre de 1995, con Bosnia-Herzegovina el 14 de diciembre de
1995, con Macedonia el 8 de abril de 1996 y con Croacia el 9 de
septiembre de 1996. Asimismo, el 16 de mayo de 1996 se firmó un
Tratado Básico con Rumanía, país que se había excluido del círculo
de hostilidad en la región.
Como colofón, el 1 de octubre de 1996, la ONU anuló totalmente las
sanciones y dos días después Milosevic fue recibido de buen talante
en el Palacio del Elíseo por el presidente francés Jacques Chirac.
Conforme a la línea moderada que las nuevas circunstancias
requerían, a finales de noviembre de 1995 Milosevic realizó una
purga de elementos "nacionalistas de la línea dura" en el SPS que
incluyó a Jovic.
8. La deriva autoritaria en el interior
En las legislativas federales del 3 de noviembre de 1996 la alianza
del SPS, la JUL y ND ganó el 42,4% de los sufragios y 64 actas. Aun
sumando los 20 escaños del DPS, Milosevic carecía de la mayoría de
dos tercios necesaria para sacar adelante la elección del presidente
federal y reformas constitucionales que pudieran ser necesarias para
cimentar su poder. Una vez más, la asistencia del partido de Seselj
iba a resultar determinante.
En la misma jornada, y en una segunda ronda el 17 de noviembre, se
celebraron elecciones municipales en Serbia. En esta convocatoria el
DS y el SPO, a la que, tras aparcar Djindjic y Draskovic sus
diferencias personales y sumárseles el GSS y el Partido Democrático
de Serbia (DSS), habían resuelto concurrir unidos bajo la sigla
Zajedno ("Unidos"), lo hicieron mucho mejor, pues la
concentración del voto urbano les otorgó sensibles mayorías en las
principales ciudades del país, incluidas Belgrado, Nis, Kragujevac,
Cacak y Novi Sad. En Belgrado Zajedno ganó 60 de los 110
escaños de la asamblea municipal y Djindjic se impuso a su rival del
SPS en ambas vueltas.
La reacción de Milosevic, sorprendido por esta derrota en un centro
de poder fundamental, fue, simplemente, no reconocer el veredicto de
las urnas. Djindjic respondió movilizando a sus seguidores en una
campaña sostenida de protestas que fue descrita por los medios
internacionales como la más seria contestación del régimen. El 4 de
febrero de 1997, tras tres meses de manifestaciones multitudinarias
y el dictamen concluyente de la Organización para la Seguridad y la
Cooperación en Europa (OSCE, nuevo nombre de la CSCE), Milosevic
transigió, de manera que el 21 de febrero de 1997 Djindjic se
convirtió en el primer alcalde belgradense no comunista desde 1945.
Europeos y estadounidenses aumentaron la vigilancia sobre el curso
de los acontecimientos en Serbia, pero Milosevic aún disponía de
suficiente margen como para salirse con la suya de una manera más
sutil: sembrando la discordia entre Djindjic y Draskovic, tentando a
este último con cuotas de poder político si rompía la alianza en el
ayuntamiento de Belgrado. Zajedno saltó en pedazos y el 21 de
septiembre de 1997 el SPS y su satélite neocomunista se encontraron
con el SPO cómo único contrincante de la oposición democrática.
Con todo, los milosevistas se hicieron sólo con 110 escaños,
seguidos no muy de lejos por el SRS (81 actas). El resonante triunfo
de los nacionalistas extremistas no completó la debacle de los
demócratas porque Seselj se había enemistado con Milosevic desde que
firmó la paz de Dayton y ahora pugnaba por conquistar el poder.
Entre tanto, había tenido lugar una mudanza institucional
trascendente. Como su segundo mandato como presidente de Serbia se
hallaba próximo a expirar y la Constitución republicana prohibía un
tercero (a diferencia del primero, el mandato iniciado en 1992 sí
iba a agotar sus cinco años), Milosevic encontró la fórmula para
mantenerse en el poder: presentarse a la elección del presidente
federal. El hecho de que la oficina tuviera atribuciones de iure muy
limitadas (en esencia, la jefatura nominal de las Fuerzas Armadas)
no era importante al caso, pues el aspirante, a diferencia de sus
anteriores hombres de paja, se encargaría de ejercer su control de
facto sobre las demás instituciones federales y las de Serbia.
La elección tuvo lugar el 15 de julio sin sorpresas y el 23 de julio
de 1997, a casi un mes de la expiración del mandato de Lilic,
Milosevic tomó posesión del puesto para los próximos cuatro años.
Automáticamente cesó en la presidencia de Serbia, que hasta la
celebración de elecciones generales desempeñó en funciones Dragan
Tomic. En los comicios celebrados en varias vueltas del 21 de
septiembre al 21 de diciembre, Milan Milutinovic, dirigente del SPS
y que como ministro de Asuntos Exteriores había demostrado ser
enteramente dócil a Milosevic, arrebató la presidencia a un Seselj
que se deshizo en dicterios contra las maniobras del SPS para
mantenerle a raya.
El artero cambio de traje institucional para permanecer en el poder
terminó por abrir una crisis en Montenegro. El primer ministro del
DPS, Milo Djukanovic, se enfrentó al presidente del partido y de la
República, Bulatovic, al persistir en su alianza con Milosevic a
pesar de su concepto utilitarista de la Federación y de su habilidad
para suscitar periódicamente la irritación internacional, todo en
perjuicio de los intereses de Montenegro. Djukanovic abrazó un
discurso reformista y nacionalista y el 19 de octubre ganó las
elecciones presidenciales en Montenegro.
Contra algunos pronósticos alarmistas, Milosevic consintió el
relevo de Bulatovic en Podgorica el 15 de enero de 1998, pero
resarció a su más fiel aliado, que el 21 de marzo creó su propia
formación, el Partido Popular Socialista de Montenegro, SNPCG,
proserbio, con el puesto de primer ministro federal el 19 de mayo,
un día después de que la Asamblea destituyera a Kontic: dado que el
presidente federal era serbio, por ley el primer ministro debía ser
montenegrino.
El recambio provocó las iras de las nuevas autoridades
montenegrinas, pues Milosevic, al obrar por su cuenta, había
subvertido el principio de equidad entre las repúblicas. Djukanovic
consideró ilegal la designación de su archienemigo, se negó a
reconocer su gobierno y amenazó con boicotear el resto de
instituciones de una Federación "herida de muerte por el hegemonismo
serbio".
9. Cierre de círculo en Kosovo
Eclipsada por la espectacularidad de las contiendas de Croacia y
Bosnia, la crisis de Kosovo se mantuvo durante siete años en un
estado de latencia engañoso. El 30 de septiembre de 1991 los
albaneses votaron en un referéndum ilegal abrumadoramente a favor de
la independencia de Yugoslavia, el 19 de octubre la separación fue
proclamada y en las elecciones generales del 24 de mayo de 1992
venció en igual dimensión la Liga Democrática de Kosovo (LDK) de
Rugova, quien se convirtió en presidente de la República de Kosovo.
Las autoridades serbias invalidaron los comicios e incrementaron las
medidas represivas. Las fuerzas de seguridad practicaron redadas de
sospechosos de incitar a la subversión armada y cometieron
exacciones contra civiles.
Las prohibiciones impuestas sobre los medios culturales y académicos
y las discriminaciones laborales obligaron a la comunidad albanesa a
dotarse de un sistema educativo y asistencial paralelo, que vino a
sumarse al gobierno de Rugova y demás órganos políticos repartidos
entre el exilio centroeuropeo y Prístina, donde operaban en un
estado de semiclandestinidad y sujetos a un hostigamiento
intermitente. Al principio marginales, algunos líderes kosovares,
tanto de partidos radicales como de aliados de la LDK en el gobierno
de coalición, comenzaron a hablar de separación total, e incluso, de
una "Gran Albania" que incluiría a los albaneses de Montenegro y
Macedonia.
También apareció un terrorismo kosovar, crecientemente audaz, que
atentó contra los cuarteles de la policía serbia y asesinó tanto a
civiles serbios como a albaneses considerados "colaboracionistas con
el ocupante", levantando temores entre la minoría serbia y
alimentando una sangrienta espiral de represalias. Desde 1996, a
medida que la represión se acentuaba, Rugova demandó a Milosevic
negociaciones directas para resolver la situación, a lo que aquel
respondió con la ambigüedad habitual: estaba dispuesto a restituir
algunos de los derechos de los albaneses, pero sin precisar la
naturaleza y el alcance de la contraoferta.
El 28 de noviembre de 1997, semanas después de celebrar Milosevic en
Creta con el primer ministro albanés Fatos Nano, en el marco de la
primera cumbre de líderes de Europa del sudeste, una entrevista que
fue pródiga en declaraciones positivas, el hasta entonces nebuloso
Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) se dio a conocer públicamente
con una estética guerrillera, llamando a la población a que
abandonara a Rugova, se olvidase de una ayuda exterior que no
llegaría y se alzase en armas. El 4 de enero de 1998 el UCK anunció
que la "lucha armada por la unificación con Albania" había
comenzado, dando la justificación perfecta para que los medios
oficialistas de Belgrado vertieran una desaforada propaganda
antialbanesa.
Hacia el 28 de febrero la situación era explosiva en diversos puntos
de la provincia. Mientras en Prístina eran dispersadas las
manifestaciones pacíficas de estudiantes, en el área Srbica-Glogovac-Drenica,
baluartes del UCK al oeste de la capital, la policía paramilitar
dotada de vehículos blindados, artillería y helicópteros atacó
varias localidades "en busca de terroristas y separatistas", dejando
una veintena de muertos hasta el 2 de marzo.
El día 5 lanzó una ofensiva militar en toda regla, presentada como
una "operación de limpieza" destinada a "restaurar la seguridad". En
abril entró en escena sin disimulos el VJ, unos 15.000 soldados,
que, reforzado con tanques y aviación, inició otro asalto en la
región de Decani, fronteriza con Albania y origen según Belgrado de
armamento y de tropas de refresco para la guerrilla.
El 29 de mayo, a raíz del bombardeo y destrucción de varias aldeas
en Peja y Decani, el cruce de acusaciones con Tirana subió de tono
hasta alcanzar un cariz prebélico en torno al 19 de julio, cuando el
VJ arrebató al UCK, en la batalla más intensa de la guerra, su
bastión sudoccidental de Orahovac. Justamente esta derrota, más la
previa en Belacevac (29 de junio) y la posterior en Junik (16 de
agosto, que culminó la mayor ofensiva federal hasta entonces),
supusieron la práctica expulsión del UCK de los núcleos urbanos y
una merma considerable de su capacidad militar, aunque en absoluto
su vencimiento
Los países occidentales, que habían advertido a Milosevic contra una
"nueva Bosnia" pero que no habían vinculado el problema kosovar a
los acuerdos de Dayton, reaccionaron como en ocasiones anteriores al
ritmo de los acontecimientos y abusaron de los avisos de "última
oportunidad" antes de intervenir por la fuerza. El poder de Belgrado
se mostró desafiante y hábil en ganar tiempo, prodigando la táctica
de hacer promesas sin fundamento sobre el terreno. Milosevic declaró
que la provincia era "parte integral e inalienable" de Serbia y el
conflicto un asunto interno que no admitía injerencias, desoyendo
los requerimientos para el respeto de los Derechos Humanos y la
restauración de la autonomía.
En el reparto de sensibilidades, Estados Unidos y el Reino Unido
favorecieron la acción militar de la OTAN, numerosos países de la
UE, con Francia y Alemania a la cabeza, se revelaron más prudentes
de lo que sus diatribas sugerían, y Rusia se opuso tajantemente a
cualquier intervención no autorizada por la ONU y reeditó un
lenguaje catastrofista, en una expresión de solidaridad con Serbia
paciente pero no exenta de frustraciones. Además, el conflicto, por
su potencial desestabilizador, alarmó a todos los países de la zona.
Albania, además de movilizar su muy precario Ejército, solicitó sin
éxito el despliegue de un contingente de la OTAN a lo largo de su
frontera para garantizar la seguridad nacional, como la que
aportaban a Macedonia los cascos azules de UNPREDEP. Aún intuyendo
su ineficacia a tenor de la experiencia, las potencias primero
presionaron a Serbia por la vía no militar mediante: la imposición
de un embargo de armas (por la ONU, el 31 de marzo), la prohibición
de las inversiones (por el G-7, el 9 de mayo), la congelación de los
activos yugoslavos en el exterior (por la UE y Estados Unidos, el 8
y 9 de junio) y el boicot a sus compañías aéreas (por la UE, el 7 de
septiembre).
Pero la confirmación de que las fuerzas serbias estaban perpetrando
atropellos contra la población civil y siguiendo una estrategia de
tierra quemada, con la consiguiente oleada de refugiados, obligó a
los aliados a amenazar con acciones de castigo militar inminentes.
El 11 de junio el Consejo Atlántico aprobó un plan militar con
varias opciones de intervención si proseguía la escalada bélica. De
ellas se aplicaron con propósito disuasorio las maniobras aéreas
Determined Falcon sobre Albania y Macedonia (15 de julio), con
participación de 84 aviones de 13 países de la OTAN, y un ejercicio
terrestre en Albania (17-21 de agosto) a cargo de 1.700 militares de
14 países de la Asociación para la Paz, Rusia entre ellos.
El 28 de septiembre, coincidiendo con el anuncio por Belgrado del
final de las hostilidades, la OTAN informó que los planes de ataques
aéreos sobre objetivos militares yugoslavos en Kosovo estaban
ultimados, si bien el secretario general, Javier Solana, había
precisado que las opciones máximas -extensión de los bombardeos a
Serbia y despliegue de tropas terrestres en Kosovo- sólo se
considerarían en caso de un "gran derramamiento de sangre". Tanto
Estados Unidos como Albania denunciaron la limpieza étnica en curso
y Rugova solicitó con urgencia la conversión de Kosovo en un
"protectorado internacional", como vía de transición a la
independencia plena. Ignorando las advertencias, el 26 de septiembre
las fuerzas serbias lanzaron otra embestida en el sudoeste.
El 5 de octubre Richard Holbrooke, enviado especial del presidente
Clinton, inició en Belgrado un último intento de persuasión. El día
12 el Consejo Atlántico aprobó la activation order, que
dejaba todo a punto para los ataques aéreos. Al día siguiente,
comprendiendo que ahora el peligro sí era inminente, Milosevic
aceptó las exigencias internacionales: la retirada de sus fuerzas,
la supervisión de la misma por la OTAN desde el aire y por 2.000
observadores de la OSCE en tierra, el regreso de los refugiados a
sus hogares, el libre acceso de las organizaciones humanitarias y el
inicio de conversaciones con los albanokosovares.
La Alianza concedió inmediatamente a Belgrado un plazo de cuatro
días para que demostrase con hechos su compromiso verbal antes de
bombardear, que fue ampliado el 16 en otros diez días ante la falta
de progresos. Finalmente, el 27 la OTAN desactivó su ultimátum al
considerar suficiente el grado de cumplimiento de los puntos, si
bien mantuvo el dispositivo de vigilancia aérea Eagle Eye.
Comenzó entonces un proceso negociador trufado de incertidumbres. El
UCK expresó serias reservas hacia un arreglo del que había sido
excluido y advirtió que, puesto que el grueso de las fuerzas serbias
permanecía en la provincia, reiniciaría las hostilidades si iba
contra él. La LDK consideró insuficiente el borrador del acuerdo
interino preparado por los estadounidenses porque contemplaba la
restauración del marco autonómico, no la concesión, como mínimo
exigido, del estatuto de república yugoslava. Y como se preocupó en
recalcar, Belgrado entendió que esa restitución del autogobierno iba
a concentrarse en los niveles locales, no en el provincial
propiamente.
Tras "salvar" al país del ataque de la OTAN en octubre de 1998, los
medios controlados por el poder se lanzaron a una carrera de
panegíricos a Milosevic rayanos en el culto a la personalidad. Se
acentuaron los rasgos autoritarios del régimen, equiparando las
críticas contra sí con actitudes derrotistas o con la traición al
Estado.
Los escasos medios de información, audiovisuales o escritos, que
habían conseguido mantener una línea independiente, pasaron a ser
hostigados sistemáticamente o simplemente clausurados al amparo de
la nueva ley del 21 de octubre, que imponía drásticas restricciones
a la libertad de información. También, la criminalidad con
ramificaciones políticas inició una escalada en forma de atentados,
asesinatos, algunas veces enmascarados como accidentes y otras como
suicidios, y desapariciones de altos representantes institucionales
y dirigentes políticos, tanto en activo como retirados. Del propio
Stambolic no volvió a saberse más desde el 25 de agosto de 2000,
después de realizar críticas contra su antiguo delfín, aunque la
familia no dudó de su rapto y eliminación por sicarios del régimen.
Como la mayoría de las víctimas pertenecían al oficialismo o
procedían del universo de organizaciones delictivas que lo habían
parasitado, la atemorizada opinión pública especuló con que en el
régimen, consciente de los tiempos de dificultad extrema que se
avecinaban, o se había desatado una guerra de banderías por el
usufructo de los lucrativos negocios ilegales, o núcleos de poder
esencialmente políticos estaban saldando viejas cuentas pendientes y
de paso advirtiendo contra eventuales deserciones.
Coincidiendo con la nueva ola de exaltación nacionalista, desde
comienzos de 1998 Milosevic cerró filas con el binomio SPS-JUL y el
SRS, luego de que Seselj aparcara los rencores del último año. El
partido de Markovic, que estaba presente en el Gobierno Federal
desde el 20 de marzo de 1997, hizo lo propio en el de Serbia el 19
de febrero de 1998 y la formación de Seselj se incorporó a su vez el
24 de marzo siguiente, con aquel como viceprimer ministro. La
oposición política y las organizaciones de resistencia cívicas
denunciaron que el país, timoneado por Milosevic, se dirigía por la
senda "del fascismo, el totalitarismo y la dictadura".
El caso es que al comenzar 1999 Milosevic encontraba grandes
dificultades para instrumentar el malestar social en su provecho.
Aunque la producción cuantitativamente crecía y la inflación se
había reducido a solamente el 35%, la economía estaba de
hecho desarticulada por el subdesarrollo de la empresa privada, el
traslado de extensas cantidades de bienes y capital a los mercados
paralelos no fiscalizados por el Estado y, sobre todo, por el efecto
devastador del aislamiento internacional, que además de las
sanciones hacía inviable las relaciones normalizadas con el FMI y
otras organizaciones crediticias.
Pero no transigir en el dominio interior era lo esencial para
Milosevic, así que huyó hacia delante con una nueva y feroz
arremetida nacionalista en Kosovo. Para muchos observadores
internacionales, resultaba inexplicable la contumacia del líder
serbio en dilapidar todo el crédito que como estadista había
obtenido en Dayton y en acercarse al abismo político.
10. La guerra contra la OTAN y pérdida de Kosovo
Al comenzar 1999 las negociaciones sobre Kosovo se hallaban en un
punto muerto con un trasfondo prebélico de escaramuzas y
represalias. El 29 de enero, la constatación de que las fuerzas de
seguridad serbo-yugoslavas estaban respondiendo a las emboscadas del
UCK con tácticas de guerra sucia -captura y ejecución de civiles y
presuntos guerrilleros, destrucción de propiedades de paisanos-,
condujo al Grupo de Contacto a ultimar a las partes a que llegaran a
un acuerdo político sobre el futuro de la provincia en unas
conversaciones que comenzarían en Rambouillet, Francia, el 6 de
febrero y que tendrían que terminar en dos semanas.
Las delegaciones iniciaron las discusiones en la fecha convenida,
pero, tras dos prórrogas, las terminaron el 23 sin llegar a acuerdo
alguno, obligando al Grupo de Contacto a convocar otra conferencia (Rambouillet
2) para el 15 de marzo. Sometidas a fortísimas presiones, las partes
estudiaron el documento preparado por el Grupo de Contacto, que, con
manifiesta ambigüedad, parecía descartar la independencia de Kosovo
al invocar la intangibilidad de las fronteras y negar un referéndum
-solicitado por Rugova- sobre la cuestión en el plazo de tres años.
El territorio sería dotado de un "autogobierno interino" con
instituciones democráticas y cuyas competencias excluirían la
defensa territorial, el comercio exterior, la política
internacional, la emisión de moneda, la fijación de impuestos y el
control de aduanas. Todo ello sería competencia de las autoridades
de Belgrado, que se aseguraba la soberanía sobre la provincia. El
UCK debería desarmarse, la presencia militar y policial serbia
tendría que reducirse drásticamente y la seguridad del territorio
correría a cargo de una fuerza militar de la OTAN similar a la
desplegada en Bosnia, KFOR.
La delegación albanesa vio en el plan el resquicio a una
independencia a corto o medio plazo, y el 18 de marzo estampó su
firma en el documento. La delegación de Belgrado se negó a
secundarla por las mismas razones y denunció todo el proceso de
Rambouillet como un complot antiserbio reforzado con la amenaza de
bombardeos de la OTAN. Milosevic agotó la paciencia de los
patrocinadores del evento cuando al día siguiente las fuerzas
serbias lanzaron una ofensiva general en las regiones de Drenica,
Mitrovica y Vushtrri, que tomó todo el aspecto de una violenta
limpieza étnica como las conducidas en Bosnia. El 23 de marzo,
luego de fracasar una ultima reunión de emergencia en Belgrado entre
Milosevic y Holbrooke, Solana dio la orden de iniciar los ataques
aéreos.
Los bombardeos (Operación Allied Force) comenzaron el 24 de
marzo con la participación de nueve países aliados y se concentraron
en objetivos militares y estratégicos en Kosovo y el resto de
Serbia. La secuencia de los hechos de esta guerra presentó
similitudes con la campaña internacional contra Irak en 1991 por su
invasión de Kuwait.
Yugoslavia quedó a la entera merced de una maquinaria bélica de
última tecnología a la que no podía oponer más que una defensa
testimonial, y su dirigente improvisó diversas argucias en un
intento desesperado de evitar un desenlace que parecía ineludible,
aunque todas se redujeron a tres: tácticas de guerra psicológica
para abrir fisuras en la coalición agresora, operaciones de guerra
real contra la población civil de Kosovo y provocaciones militares a
Albania para arrastrar a toda la región a una guerra general.
De inmediato, Belgrado rompió las relaciones diplomáticas con
Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania, e intensificó la
represión en Kosovo, creando una crisis humanitaria sin precedentes
con el éxodo masivo de albaneses a Albania, Macedonia y Montenegro,
de la que culpabilizó directamente a los bombardeos de la OTAN.
Milosevic explotó a fondo la no autorización expresa por la ONU de
los ataques, a los que calificó de "agresión criminal" contra su
país, e implicó de su lado a una Rusia extremadamente irritada por
una acción unilateral que no contaba con su aprobación. Para
exacerbar el sentimiento de solidaridad eslava, la Asamblea Federal
votó el 12 de abrir solicitar el ingreso en la unión
ruso-bielorrusa, un gesto carente de la menor operatividad.
Cuando a comienzos de abril la OTAN extendió los bombardeos a
objetivos económicos de Belgrado, Nis, Novi Sad y otras ciudades de
Serbia y las masacres de población civil se tornaron regulares tanto
allí como en Kosovo, la OTAN brindó a Milosevic un excelente
argumento para contrarrestar su versión de que su acción era
esencialmente humanitaria, para detener una violación a gran escala
de los Derechos Humanos de los albaneses, y que los "errores" de la
aviación aliada no eran tales, sino agresiones premeditadas. La
tesis serbia de que la OTAN era la que había traído la desolación y
la muerte a Kosovo caló en no pocos sectores de las opiniones
públicas de los países aliados, sobre todo en el arco ideológico de
los comunistas y la extrema izquierda.
Sin embargo, los aliados, a diferencia de lo sucedido en Bosnia y en
el mismo Kosovo durante 1998, mantuvieron una línea monolítica: los
bombardeos continuarían hasta que Belgrado no evacuara sus tropas de
Kosovo, totalmente, con celeridad y sin subterfugios, una exigencia
mucho más draconiana que la presentada en Rambouillet.
Para doblegar a su adversario, la OTAN complementó el asalto aéreo
con medidas de presión adicionales, como el endurecimiento de las
sanciones hasta el nivel de las vigentes en 1992-1996 (imposición
del embargo petrolero por la UE el 26 de abril y del embargo
comercial total por Estados Unidos el 1 de mayo), el bloqueo naval
del Adriático y de los accesos del Danubio, y la aportación de datos
de inteligencia para avalar las acusaciones de que en Kosovo estaba
cometiéndose una limpieza étnica a gran escala.
Así, el Gobierno alemán informó que en febrero las fuerzas de
seguridad serbias elaboraron un plan denominado Operación
Herradura para el vaciado de Kosovo de albaneses, cuyas fases
preliminares habían supuestamente comenzado antes de la guerra con
la OTAN para acelerarse desde el primer día de ésta. En un sentido
general, los gobiernos y los medios de comunicación occidentales se
emplearon en una campaña, dirigida a aleccionar a unas ciudadanías
desconcertadas y semejante a la desatada contra el irakí
Saddam Hussein en
1990 luego de invadir Kuwait, de demonización de Milosevic,
calificándole, por primera vez, de "dictador" y "genocida", e
inculpándole de todos los estragos padecidos en la ex Yugoslavia
desde 1991.
Pero el instrumento de acoso psicológico más contundente, una
verdadera espada de Damocles, fue el anuncio el 27 de mayo por el
Tribunal Penal Internacional creado por la ONU para procesar los
crímenes de guerra en la ex Yugoslavia (TPIY) y con sede en La Haya
de la incriminación de Milosevic en tres causas por crímenes contra
la humanidad y una causa por crímenes de guerra, todos cometidos en
Kosovo. El presidente serbio se convirtió así en el primer
mandatario en activo procesado extraterritorialmente por una corte
internacional sobre Derechos Humanos. El TPIY levantó también actas
por los mismos rangos de delitos a Milutinovic, a Sainovic, al
ministro del Interior serbio Vlajko Stojiljkovic y al general
Dragoljub Ojdanic, jefe del Estado Mayor del VJ.
Ya el 6 de abril Milosevic ofreció un alto el fuego unilateral en
Kosovo, el inicio de conversaciones sobre la restauración de la
autonomía con los albaneses y el retorno de los refugiados a cambio
del cese de los bombardeos, pero la OTAN replicó con la exigencia de
la retirada serbia previa y sin condiciones y la multiplicación de
sus ataques aéreos. No fue hasta junio, al reparar en que la OTAN no
iba a ceder, que estaba dispuesta a sostener una intervención
terrestre en caso extremo y que la totalidad de las instalaciones
militares, fabriles y de comunicaciones del país iban a ser
destruidas (con el consiguiente riesgo de perder él el poder, o algo
peor), cuando Milosevic sondeó la capitulación.
El 3 de ese mes el Gobierno y el Parlamento federales aceptaron
incondicionalmente las condiciones de paz redactadas por el G-8, al
cabo de unas negociaciones sostenidas en Belgrado entre Milosevic y
los enviados especiales de los aliados occidentales y Moscú,
respectivamente el presidente finlandés Martti Ahtisaari y el ex
primer ministro ruso Víktor Chernomyrdin.
El 9 de junio el VJ suscribió el documento de alto el fuego en
Kumanovo, Macedonia, y al día siguiente comenzó a retirarse de
Kosovo. Al instante, la OTAN cesó sus ataques y puso en marcha la
operación de despliegue terrestre de la KFOR (Operación Joint
Guardian) en la provincia, que, a diferencia de la fase bélica
precedente, sí fue autorizada por la ONU, al igual que una misión
civil bajo su bandera, UNMIK.
El 12 de junio comenzaron a penetrar las avanzadas de la KFOR (en la
que iban a participar unos 50.000 soldados de una treintena de
países) en Kosovo con el triunfal recibimiento de la población
albanesa. El grueso de los 840.000 refugiados que había escapado a
los países limítrofes emprendió el retorno. Simultáneamente, tuvo
lugar un éxodo contrario, el de decenas de miles de serbios
instalados en la provincia desde hacía siglos, siguiendo a los
soldados que completaron la evacuación en la fecha convenida el día
20. El UCK se apresuró a tomar sus posiciones y las organizaciones
políticas albanesas a recuperar el control institucional de toda la
provincia. El 13 se inició la administración interina de Kosovo,
cuyos tres pilares civiles ejercidos por la ONU, la OSCE y la UE,
más la KFOR en el apartado de seguridad, conformaron de hecho un
protectorado internacional que de momento salvaguardaba la soberanía
serbia de iure.
La derrota militar del Estado serbo-yugoslavo fue rotunda y
humillante. Hubo de abandonar Kosovo a sus enemigos con el precio
añadido de enormes daños humanos, más de 500 muertos, y materiales,
valorados en no menos de 30.000 millones de dólares, por causa de
los bombardeos. La producción nacional se derrumbó y el año conoció
una recesión masiva el 19%, tanto más grave cuanto que el descalabro
afectaba sobre todo al sector industrial.
El ambiente estaba impregnado de un profundo sentimiento de
frustración y hartazgo por tanta calamidad, así que no tardaron en
organizarse movilizaciones opositoras en todo el país, que superaron
las dimensiones de la campaña de protestas de 1996-1997. Desde
principios de julio, partidos y organizaciones de resistencia
tomaron las calles con una serie de manifestaciones masivas y
sostenidas, exigiendo a Milosevic que rindiera cuentas por el
desastre, denunciando la deriva totalitaria de su régimen y
advirtiendo contra el proceso de "irakización" al que el país se
abocaba.
En efecto, excepto Rusia, los países concernidos multiplicaron los
llamamientos a desalojar a Milosevic del poder -sin precisar cómo
sería posible tal extremo, si bien Estados Unidos llegó a ofrecer
una recompensa de cinco millones de dólares a quien aportara
información que facilitara su arresto y traslado a La Haya- como la
única solución contra los males que afligían a Serbia y la
desestabilización de todos los Balcanes.
Milosevic, impasible, se acorazó recomponiendo su frente partidista
con el SRS, que el 12 de agosto regresó al Gobierno serbio luego de
su espantada del 14 de junio en protesta por la rendición ante la
OTAN. El partido ultraderechista, de paso, entró también en el
Gobierno Federal para cubrir la baja dejada por el SPO, que entre el
18 de enero y el 28 de abril había tenido a Draskovic como
viceprimer ministro en una habilísima jugada de Milosevic para
malquistar a la oposición.
El veleidoso dirigente nacionalista fue apartado del ejecutivo por
Milosevic cuando, con sus peticiones de hacer la paz con la OTAN,
empezó a regatearle el protagonismo y el autoconcedido monopolio de
cualquier interlocución con extranjeros. Tanto en la victoria como
en la derrota, el presidente serbio se reservaba administrar las
bazas del país.
El 10 de enero de 2000 Djindjic auspició la formación por 16
partidos de una contundente plataforma anti Milosevic, que adoptó el
nombre de Oposición Democrática de Serbia (DOS). La más amplia
coalición de fuerzas fraguada en el país galvanizó de nuevo las
movilizaciones populares, que habían perdido en intensidad desde
finales del año anterior, y el 14 de abril de 2001 convocó a 100.000
serbios en exigencia de elecciones anticipadas.
Entretanto, desde Podgorica, Djukanovic, que no había condenado los
bombardeos de la OTAN (Montenegro prácticamente salió indemne por
una decisión política de los aliados), redoblaba sus llamamientos a
redefinir las relaciones con Serbia y el cambio de la Federación a
una asociación de tipo confederal, que salvaguardara la soberanía
montenegrina como sujeto de Derecho internacional. Si Belgrado no
consentía, amenazó, la escisión e independencia de Montenegro serían
inevitables.
11. Confrontación final con la oposición y derribo
del poder
Milosevic, cuyo mandato vencía en 2001, estaba dispuesto al
enfrentamiento definitivo con la oposición. Con la animosidad
general contra él dentro y fuera del país, descartó (si es que es
llegó a considerar alguna vez esta opción) someter a aquella por la
vía represiva, decretando el estado de emergencia e instaurando una
dictadura sin tapujos, quizá porque no tenía segura la lealtad de
todos los mandos del VJ. Decidió, pues, aceptar el reto de las
urnas, donde estaba convencido que podía ganar, como lo había hecho
siempre, así que el 27 de julio convocó elecciones federales
anticipadas para el 24 de septiembre.
Pero antes, el 6 de julio, la coalición de partidos fieles aprobó en
la Asamblea Federal una serie de enmiendas a la Constitución que
reforzaban sobremanera los atributos del presidente, dejando a las
claras que el titular del cargo deseaba perpetuarse en el poder. En
adelante, el jefe del estado yugoslavo sería elegido por sufragio
universal en vez de por la Asamblea, bastaría la mayoría simple de
votos y no se exigiría un mínimo de participación para validar los
comicios.
Esto iba a impedir, teniendo presente el peso demográfico de Serbia
en la Federación (el 94% de sus habitantes), la victoria de un
candidato montenegrino, pero también a inutilizar un hipotético
boicot masivo de la oposición. El mismo Consejo de las Repúblicas
(Vece Republika), la cámara alta de la Asamblea Federal, pasaría a
ser elegido directamente en lugar de designar sus miembros a partes
iguales las asambleas serbia y montenegrina (20 y 20), una medida
claramente dirigida contra el partido de Djukanovic, que ya no
podría vetar ninguna disposición legislativa.
Más aún, el mandato presidencial podría prolongarse hasta ocho años
partiendo de un cuatrienio renovable, y, obviamente, se entendía que
esto valía para Milosevic al carecer la enmienda de efecto
retroactivo. Los analistas de fuera interpretaron que con la nueva
artimaña legal, diseñada para asegurar la reelección de Milosevic,
el régimen había dejado atrás los últimos vestigios de pudor
legalista y se aprestaba a enrocarse con todas las consecuencias. De
hecho, al autócrata sólo le valía ganar, pues su paso a la oposición
traería inevitablemente el arreglo de cuentas, su persecución
judicial por diversos delitos y quien sabía si su extradición a La
Haya.
A Milosevic le habría gustado tener como contrincante al
prooccidental Djindjic, al que habría vilipendiado sin recato,
pero la DOS eligió como candidato unitario a Vojislav Kostunica, el
reservado presidente del DSS, cuyo crédito como demócrata y patriota
serbio era grato a buena parte de la opinión pública y, con reservas
a falta de otra alternativa, a la comunidad internacional. Milosevic
era consciente de la peligrosidad que Kostunica entrañaba, porque el
antiguo profesor universitario era uno de los pocos líderes de la
oposición que no había dado bandazos ideológicos y se había alejado
de los personalismos fratricidas estimulados por el régimen,
revelándose como una alternativa de poder factible.
Tan pronto como se anunció su candidatura, Kostunica recibió las
adhesiones plenas de los serbios moderados de Kosovo y Bosnia, de la
Iglesia Ortodoxa Serbia (que ya hacía tiempo que había abandonado a
Milosevic) y, pese al boicot electoral, del Gobierno de Montenegro.
En el exterior, sólo la incondicional Bielarús y la un poco menos
entusiasta Rusia, apostaron por Milosevic.
Las encuestas se le pusieron en su contra, de manera que Milosevic,
bien personalmente, bien a través de sus adláteres, lanzó una nada
convincente campaña de desprestigio contra Kostunica, presentándolo
como el "candidato de la OTAN" y vaticinando desastres sin cuento
para Serbia si éste ganaba. En realidad, antes y durante la campaña,
el dirigente de la DOS echó en cara a Milosevic que terminara
perdiendo todas las guerras que había emprendido, que dejase a su
suerte a los serbios de Croacia y Bosnia, que abriera la puerta, con
catastróficas consecuencias, a las sanciones internacionales y los
bombardeos de la OTAN, que abandonase Kosovo a los ejércitos
extranjeros y que manipulase a su antojo las instituciones de la
república y la federación, hasta conducir al país a un callejón sin
salida.
Tan pronto como las urnas se cerraron el 24 de septiembre, se hizo
evidente que el oficialismo había perdido, pero que Milosevic no iba
a aceptarlo. La DOS declaró que había vencido definitivamente tanto
en las legislativas como en las presidenciales, y rechazó las cifras
finales facilitadas el día 27 por la Comisión Electoral Federal,
que, aún reconociendo la victoria del candidato de la oposición -el
48,9% de los votos frente al 38,6% de Milosevic- le obligaba a
concurrir a una segunda vuelta, el 8 de octubre, por no alcanzar el
preceptivo 50%.
Esta vez a Milosevic no le funcionó la retórica nacionalista. Por
primera vez, había errado un cálculo a corto plazo, no había
previsto el surgimiento de un candidato fuerte de la oposición y no
había calibrado el grado del malestar en la población tras años de
privaciones y sufrimientos.
La DOS, respaldada por la comunidad internacional, rechazó la
versión del Gobierno Federal y llamó a la movilización en las
calles, Kostunica se declaró vencedor y Djindjic convocó la huelga
general y la desobediencia civil en Serbia hasta que Milosevic
reconociera su derrota. Desde el 29 de septiembre el país fue
paralizándose por el cese de la actividad laboral en comercios,
fábricas y minas, el abandono de las aulas por los estudiantes y el
bloqueo de las vías de comunicación por los transportistas.
La crisis se precipitó del 4 al 5 de octubre cuando el Tribunal
Constitucional invalidó, primero parcialmente y luego en su
totalidad, la ronda del 24 de septiembre, desconvocando el desempate
del 8 de octubre y forzando la repetición de todo el proceso en
fecha incierta. Furiosos por la última maniobra dilatoria del
régimen, el día 5 por la tarde miles de partidarios de la DOS se
echaron a las calles de Belgrado y, tras sostener algunos choques
con las fuerzas de seguridad, asaltaron y ocuparon el edificio del
Parlamento, los medios de comunicación adictos a Milosevic y otros
símbolos del poder.
La sublevación popular, desenlace que se antojaba inopinado en
Serbia una década después del desmoronamiento de los regímenes del
Este, puso a Milosevic contra las cuerdas. El que en esas horas
críticas considerara lanzar un contragolpe y aplastar a los
insurrectos es hoy objeto de interrogante, aunque hay evidencias de
que el núcleo duro del régimen, representado por Markovic y altos
mandos de la Policía serbia, intentó en efecto plantar cara.
La clave era el Ejército, pero ni el ministro de Defensa, Ojdanic,
ni el jefe del Estado Mayor, general Nebojsa Pavkovic (promocionados
en febrero anterior por Milosevic en la última purga de mandos
castrenses y considerados leales sólo a él) movilizaron a unas
tropas cuya integración básica por reclutas les convertía en poco
fiables. A la confusión general contribuyeron noticias asegurando
que Milosevic y su familia se disponían a abandonar el país por vía
aérea.
En 5 por la noche Kostunica compareció ante medio millón de
enardecidos manifestantes como el "presidente de la Yugoslavia
liberada", pero también para pedir calma a los que exigían el
arresto inmediato de Milosevic en su residencia en el opulento
suburbio belgradense de Dedinje, que fue protegida por fuerzas de
seguridad para prevenir incursiones de exaltados. El fantasma de la
guerra civil o de un colofón a la rumana se desvaneció al día
siguiente, cuando el Tribunal Constitucional confirmó la victoria de
Kostunica en la primera vuelta con el 50,2% de los votos frente al
37,2% obtenido por Milosevic, y el alto mando militar informó que
"podría trabajar" con las nuevas autoridades.
El mismo día Kostunica visitó a Milosevic y éste le notificó su
aceptación del escrutinio, agradeciéndole de paso la "liberación de
las responsabilidades del cargo". Los medios aventaron luego la
hipótesis de que en este inesperado encuentro, criticado en la DOS,
Milosevic había exigido garantías para él y su familia a cambio de
reconocer la derrota electoral.
El día 7 Milosevic dejó de ser oficialmente presidente de Yugoslavia
al prestar juramento Kostunica en el Asamblea, y después dirigió una
alocución por la televisión anunciando su intención de regresar al
proscenio político al frente de un SPS revitalizado. A pesar de este
intento de hacer borrón y cuenta nueva y de que la DOS aún estaba
lejos de completar su control sobre las instituciones, todo indicaba
que el otrora todopoderoso dirigente perdía influencia con rapidez
en la vida política del país, e incluso sobre su propia gente.
El SPS, tras algunas resistencias de la línea dura milosevista, se
resignó a formar un gobierno de amplia coalición en Serbia y a
convocar elecciones anticipadas. Además, en su seno surgieron voces,
como las de Lilic y Jovic, demandando un cambio de liderazgo, pues
el presente carecía de "cualquier noción de la práctica democrática"
y estaba "divorciado de la realidad".
También, destacados partidarios de Milosevic en los resortes de
fuerza, o desaparecieron de la escena o mudaron sus lealtades:
Ojdanic fue descabalgado como ministro de Defensa el 4 de noviembre,
cuando se constituyó el nuevo Gobierno Federal de coalición dominado
por la DOS y sin ministros del SPS, y el penúltimo día del año fue
cesado en el Ejército; el 25 de enero de 2001 fue destituido otro
destacado pretoriano del anterior régimen, Rade Markovic,
responsable de la seguridad en el Ministerio del Interior de Serbia,
nada más asumir el Gobierno de la DOS presidido por Djindjic
(vencedor en las legislativas serbias del 23 de diciembre), y el 24
de febrero fue arrestado; en cuanto a Pavkovic, Kostunica no le
destituyó a cambio de su colaboración con el nuevo poder
democrático.
12. La cuestión del enjuiciamiento
Con el paso de los días, la situación y el destino del mandatario
derrocado se tornaron sumamente inciertos. En la DOS surgieron
posturas divididas casi inmediatamente sobre la oportunidad de
iniciar acciones judiciales en su contra. Algunos preferían
procesarle por delitos cometidos en Serbia, pero otros veían
insoslayable acceder a la demanda de extradición del TPIY para que
respondiera de las imputaciones sobre Kosovo.
Kostunica, pese a que Milosevic le había intentado hurtar las
elecciones, era sumamente reacio a lo uno y lo otro; argumentaba la
inoportunidad de iniciar acciones legales contra Milosevic por
razones de procedimiento, ya que la legislación nacional no permitía
la extradición de ciudadanos yugoslavos a tribunales extranjeros,
así como políticas, pues tal medida crearía tensión y
desestabilizaría la recién conquistada democracia.
Djindjic era partidario de procesarle, pero preferiblemente por
tribunales serbios y por delitos cometidos en Serbia. La cuestión
era delicada, pues la Unión Europea y Estados Unidos condicionaban
el levantamiento total de las sanciones y la liberación de
sustanciosas ayudas financieras al envío de Milosevic a La Haya,
cuya fiscalía intensificó las requisitorias.
El 25 de noviembre Milosevic se apuntó un tanto al ser reelegido sin
oposición presidente del SPS, en un congreso extraordinario del
partido en Belgrado al que asistió interrumpiendo brevemente su
voluntaria reclusión domiciliaria. Allí aleccionó a sus
desorientadas huestes, arremetiendo contra el "envío de héroes
serbios a la nueva Gestapo en La Haya" y contra el "genocidio
cometido por una parte de la comunidad internacional contra los
serbios". En diciembre una televisión de Belgrado difundió una
entrevista en la que un Milosevic desafiante aseguró tener la
"conciencia limpia" y "dormir bien por las noches".
Al comenzar 2001 se intensificó el debate en la DOS sobre qué hacer
con Milosevic. Mientras Kostunica insistía en que su arresto "no
figuraba en sus prioridades", varios líderes partidistas y ministros
confirmaron que la detención no se haría esperar en cuanto la
justicia formulara cargos, aunque la mayoría negó que pudiera ser
procesado en La Haya.
El cerco se fue estrechando: el 1 de febrero se impuso a su
domicilio una vigilancia de 24 horas para prevenir movimientos de
fuga, y a finales de mes la fiscalía de Belgrado inició una
investigación sobre las informaciones que le acusaban de transferir
173 kg de oro a Suiza entre el 21 de septiembre y el 2 de noviembre
de 2000. El Congreso de Estados Unidos recordó que el 31 de marzo
vencía el ultimátum que ligaba la entrega de Milosevic a la justicia
internacional con la certificación de la ayuda económica a Serbia
El 1 abril, tras una dramática resistencia de 24 horas planteada por
sus guardaespaldas y una nube de incondicionales vociferantes que
frustraron con tiroteos y tumultos dos intentos de asalto policial,
Milosevic fue detenido. Acompañado por su esposa y su hija, antes de
rendirse amenazó, siguiendo la tradición familiar, con suicidarse,
lo que indudablemente le habría convertido en un mártir para una
parte sustancial de la población, pero esta vez primó el instinto de
supervivencia. La Policía se incautó luego de un pequeño arsenal con
armas de cierto calibre en la vivienda.
El ex presidente fue internado en la prisión central de Belgrado, en
una celda, según los medios, de las destinadas a los delincuentes
comunes, en cumplimiento de una orden de detención preventiva de 30
días basada a su vez en las imputaciones de malversación de fondos,
corrupción y abuso de poder. A estos cargos se añadió el de
resistencia a la autoridad. La rendición de Milosevic sobrevino tras
una ardua negociación entre representantes del Gobierno y altos
funcionarios del SPS, y según todos los indicios incluyó la garantía
de su no procesamiento en La Haya. Así, el 5 de abril el TPIY envió
a Belgrado una orden de arresto y traslado, pero el Ministerio de
Justicia serbio se negó a tramitarla.
Desde su celda, Milosevic emitió un texto de recurso ante el juez
negando la acusación de enriquecimiento personal y explicando que
los fondos desaparecidos se destinaron a financiar los ejércitos
serbios de Bosnia y Croacia, una inesperada confirmación personal de
lo que ya era más que una sospecha general, y de la que La Haya tomó
debida nota por si hubiera que abrirle nuevos cargos sobre crímenes
de guerra.
Sometido a una muy fuerte presión internacional -sólo esquivada por
Rusia-, el Gobierno serbio informó que la justicia local podría
ampliar la lista de cargos con los de traición y complicidad en los
varios asesinatos políticos cometidos en Serbia en los últimos años
y ninguno esclarecido, como el del ministro federal de Defensa,
Pavle Bulatovic, impunemente tiroteado en un restaurante de Belgrado
el 7 de febrero de 2000, o el del infame jefe paramilitar y criminal
de guerra Zeljko Raznatovic, alias Arkan, sucedido el 15 de
enero anterior, amén de la más que probable liquidación de Stambolic,
ya mencionada. El 7 de abril Milosevic autorizó al ex ministro de
Exteriores y vicepresidente del SPS, Zivadin Jovanovic, a coordinar
los trabajos del partido en su ausencia.
13. Procesamiento por el Tribunal de La Haya
El Gobierno yugoslavo fue ultimado por los países occidentales para
que extraditara a Milosevic a La Haya antes del 29 de junio, cuando
se celebraría una conferencia internacional de donantes liderada por
la UE. Estados Unidos dejó claro que Belgrado no vería un sólo dólar
de su bolsillo si no acataba sus "obligaciones" como Estado miembro
de la ONU que era.
En las semanas siguientes, las diferencias dentro de la DOS, y entre
ésta y el SNPCG (que continuó en el Gobierno Federal tras la
dimisión de Bulatovic), por el destino final de Milosevic avivaron
la tensión institucional y amenazaron con polarizar de nuevo a la
opinión pública, que se debatía entre la suspicacia nacionalista
frente al diktat exterior y el reconocimiento, teñido a veces
de un incipiente sentimiento de culpa, de la auténtica dimensión de
los crímenes cometidos en Croacia, Bosnia y Kosovo.
Para conciliar la disposición colaboradora con La Haya del Gobierno
serbio de Djindjic y el celo legalista de Kostunica y del primer
ministro federal Zoran Zizic, que señalaron la imposibilidad de
despachar a Milosevic allí por las buenas sobre la base de la
legislación vigente (si bien tras esta resistencia en realidad
asomaba una repugnancia a que un ciudadano yugoslavo fuera procesado
por un tribunal extranjero, por mucho aval internacional que
tuviera), el Gobierno Federal elaboró un proyecto de ley por el que
cualquier imputado de crímenes de guerra podría ser extraditado al
TPIY tras superar el caso el escrutinio de los tribunales
nacionales. La fórmula, un tanto alambicada, impedía las
extradiciones directas por orden ejecutiva pero satisfacía el
reconcomio legal de Kostunica, mientras que el SNPCG de Zizic dio en
principio su visto bueno.
No obstante, el 4 de junio los diputados de este partido unieron sus
votos a los del SPS y sus aliados para bloquear el borrador en la
Asamblea Federal, poniendo a los líderes de la DOS en un serio
compromiso ante los interlocutores internacionales y airando muy
particularmente a Djindjic, que advirtió que el país no podía
supeditar una ayuda financiera vital a la salvaguarda del hombre
responsable de sus calamidades, de suerte que la extradición se
produciría en los días siguientes "con o sin ley".
El 23 de junio el Gobierno Federal aprobó a instancias de la DOS un
decreto-ley que facultaba la extradición de ciudadanos yugoslavos
por la vía ejecutiva. Los abogados del ex presidente apelaron al
Tribunal Constitucional contra la legalidad de esta normativa y el
28 de junio, para júbilo de los milosevistas, la corte les dio la
razón.
La suspensión por el Constitucional, cuyos jueces habían sido
nombrados en la etapa milosevista, del decreto hasta estudiar si se
ajustaba a derecho precipitó el desenlace del embrollo: el mismo día
28 de junio, una fecha de tanta significación para la historia de
Serbia y que vino a marcar el alfa y el omega de Milosevic, 14 de
los 15 ministros del Gobierno serbio reunidos de emergencia votaron
por proseguir el proceso de extradición puenteando a las
instituciones federales.
El Gobierno serbio se declaró competente para asumir determinadas
funciones de su homólogo yugoslavo al amparo de sendos artículos de
las constituciones de Serbia y Yugoslavia, y dispuso el fulminante
traslado de Milosevic en un helicóptero serbio bajo custodia de
funcionarios del TPIY desde la prisión central de Belgrado hasta el
acuartelamiento estadounidense de la Fuerza de Estabilización de la
paz (SFOR, sucesora de la IFOR) en Tuzla, Bosnia, y de ahí en un
avión militar británico a la base de la OTAN de Folken, en
Eindhoven.
Ya en las primeras horas del día 29 y de nuevo en helicóptero,
Milosevic fue conducido, esposado y flanqueado por dos oficiales de
la ONU, a la cárcel de máxima seguridad de Scheveningen, en las
afueras de La Haya, el habitáculo de los procesados y condenados por
el TPIY. Irónicamente, Milosevic iba a compartir reclusión con reos
por crímenes de guerra de otras nacionalidades que le combatieron
mortalmente en las guerras de Croacia y Bosnia.
El ex mandatario dejó Belgrado sumido en un fenomenal alboroto
político, con Djindjic justificando su expeditivo movimiento para
"evitar a Serbia la ruina", Kostunica calificando de "ilegal e
inconstitucional" la medida -de la que, aseguró, se enteró por los
medios de comunicación- y Zizic anunciado su dimisión irrevocable,
aun cuando Occidente premió la difícil decisión con una ayuda de
1.300 millones de dólares. Conforme al procedimiento, el 3 de julio
Milosevic se sentó en el banquillo del TPIY, sito a 3 km de
Scheveningen, que presidía el juez francés Claude Jorda para
comunicársele su acta de acusación y su derecho a ser asistido por
un abogado.
En la histórica sesión se esperaba de Milosevic una declaración
sobre su culpabilidad o no de los cargos que se le imputaban, de
momento limitados a la responsabilidad directa en la ejecución de
340 albanokosovares y en la deportación de otros 740.000 a lo largo
de 1999, así como a la instigación y planificación de las
operaciones de limpieza étnica en Kosovo. Ahora bien, la
fiscal general, la suiza Carla del Ponte, pronosticó la ampliación
del sumario con delitos de genocidio por atrocidades cometidas en
Croacia, Bosnia y Kosovo desde 1991.
Impertérrito y desafiante, Milosevic negó la legitimidad del
tribunal, calificó su presencia allí de maniobra de justificación de
los "crímenes cometidos por la OTAN contra Yugoslavia" e incluso
renunció a la defensa de sus abogados, que llegaron a La Haya como
"asesores legales". El juez Richard May asumió para el juicio -cuyo
arranque, considerando la complejidad de un sumario susceptible de
acumular cargos, podría demorarse en un año-, una petición de "no
culpabilidad" en nombre del acusado.
(Cobertura informativa: hasta el 3 de julio de 2001)
Falleció en la cárcel, en circunstancias poco claras, en Marzo del
2006
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