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Slobodan Milosevic

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Slobodan Milosevic

 

Un oscuro tecnócrata encaramado al liderazgo político - Proyectado al caudillaje de Serbia a partir de Kosovo - Escalada nacionalista y legitimación en las urnas - Apuesta por la guerra contra los nacionalismos centrífugos - Las campañas de Croacia y Bosnia, y la refundación de Yugoslavia - Los instrumentos del arraigo en el poder - Temporal rehabilitación internacional tras Dayton - La deriva autoritaria en el interior - Cierre de círculo en Kosovo - La guerra contra la OTAN y pérdida de Kosovo - Confrontación final con la oposición y derribo del poder - La cuestión del enjuiciamiento - Procesamiento por el Tribunal de La Haya


1. Un oscuro tecnócrata encaramado al liderazgo político
Nació en 1941 en Pozarevac, Republica de Serbia. Hijo de un teólogo (algunas fuentes aseguran que llegó a consagrarse como pope ortodoxo, pero sin llegar a ejercer) nacido en Montenegro y de una maestra de familia acomodada e incondicional de Tito, en 1959 se unió al Partido Comunista Yugoslavo (desde 1963 llamado Liga de los Comunistas Yugoslavos, SKJ) y empezó estudios de Derecho en la Universidad de Belgrado.

Trágicas circunstancias familiares rodearon la juventud de Milosevic: cuando tenía 21 años el padre, separado ya de su esposa, se suicidó de un disparo en la sien cuando trabajaba de maestro en su república de origen; un tío, oficial del Ejército, decidió la misma suerte; y, finalmente, la madre se ahorcó a su vez una década después del suicidio de su marido, cuando su hijo ya estaba casado.

Licenciado como abogado en 1964, dos años después Milosevic inició una carrera en el aparato administrativo de la República Socialista de Serbia, primero como asesor en asuntos económicos del alcalde de Belgrado y luego como jefe del Servicio de Información municipal. Su amistad con Ivan Stambolic, alto dirigente de la Liga de los Comunistas Serbios (SKS, rama republicana de la SKJ), resultó providencial para su rápida promoción como alto servidor público. En 1968 saltó a la compañía energética estatal Technogas, donde ostentó una dirección adjunta antes de convertirse, en 1973, en director general.

En 1978 fue nombrado director general de Beogradska Banka, o Banco Unido de Belgrado, entonces la mayor entidad financiera del país, una responsabilidad que llevó implícitos múltiples desplazamientos a Estados Unidos para asistir a consejos de gobernadores y otras reuniones con agenda financiera. En 1965 Milosevic contrajo matrimonio con su compañera inseparable desde la escuela, Mirjana (Mira) Markovic, hija de partisanos, bien ubicada en la élite comunista (su padre fue ministro del Interior de Serbia en 1945-1946) y que luego impartiría docencia como doctora de teoría marxista en la Universidad de Belgrado. Estrechamente ligada su carrera a la de su marido, Markovic se iba a convertir en su principal asesora y aliada política.

En 1982 Milosevic abandonó Beogradska Banka para dedicarse a la política, en un período de inquietud expectante por el devenir de la República Federativa Socialista de Yugoslavia (SFRJ) tras la muerte de su fundador, el mariscal Tito. En 1983 fue elegido miembro del Presidium del Comité Central de la SKS y al año siguiente presidente del Comité municipal del partido en Belgrado. Siempre siguiendo los pasos de su mentor, Stambolic, el 15 de mayo de 1986 Milosevic le sustituyó en la Presidencia del Comité Central de la SKS, oficina que reunía el verdadero poder político en la república. Se trató de una escalada fulgurante para un hombre que apenas cuatro años antes estaba apartado de cualquier actividad partidista o ideológica relevante y que reunía un perfil de burócrata esencialmente técnico.

El 24 de abril de 1987 marcó un antes y un después en la trayectoria política de Milosevic: entonces comenzó una ambición implacable de poder. Aquel día se enfrentó en la capital de la provincia autónoma de Kosovo, Prístina, a la muchedumbre de serbios que, airados, exigían protección frente a los abusos de los que decían ser objeto por la mayoría albanesa (cuyos miembros integraban tanto los mandos políticos locales como la policía enviada a reprimirlos), a los que prometió que nadie volvería a golpearlos.

Stambolic le había enviado a la agitada provincia para sosegar los ánimos y preservar la legalidad de las instituciones, pero Milosevic lo que hizo fue asumir la reivindicación nacionalista de la minoría serbokosovar, dando con ello prelación a los intereses de Serbia sobre los de Yugoslavia y desequilibrando el delicado juego de pesos y contrapesos entre las repúblicas diseñado por Tito.

Con tan perturbador ariete ideológico, Milosevic se lanzó a la remoción de quienes estorbaban su proyecto personal y nacional. En octubre desató una purga en el SKS y en los medios de comunicación de Serbia, y el 14 de diciembre Stambolic, dejado en minoría en el Comité Central, fue cesado como presidente de la República de Serbia; para sucederle, Milosevic designó a Petar Gracanin, uno de sus partidarios. El 17 de noviembre de 1988 consiguió también las dimisiones de altos responsables de la Liga de los Comunistas Kosovares, acusados de dar pábulo al separatismo albanés, con la secretaria del Comité Central, Kaqusha Jashari, a la cabeza.

2. Proyectado al caudillaje de Serbia a partir de Kosovo
Explotando el victimismo de los serbios, removiendo los traumas de la Segunda Guerra Mundial (cuando esta nacionalidad padeció matanzas de proporciones genocidas a manos de los fascistas croatas) y exacerbando un sentimiento de frustración colectiva por los años de la dictadura comunista y la rampante crisis económica, Milosevic convenció a buena parte de los ciudadanos de que Serbia, la república con más población y una economía más fuerte, había sido sistemáticamente marginada durante el régimen de Tito (a la sazón, un croata) y que ahora numerosos enemigos de dentro y fuera de Yugoslavia conspiraban contra ella.

La retórica nacional-patriótica, si acaso con algunas concesiones a un nebuloso reformismo, sustrajo el verdadero debate, la democratización de las instituciones y la vida pública, a partir de la cual podría renegociarse el futuro de la SFRJ. Aunque su proyecto nacional era excluyente, Milosevic aprovechó los devaneos emancipadores y las exigencias de eslovenos y croatas para encaramarse como paladín de la unidad del Estado, soterrando el discurso de los verdaderos yugoslavistas.

Sin una presencia espectacular ni una oratoria brillante, desenvolviéndose con calma y midiendo el efecto de lo que decía (de hecho, a lo largo de su carrera sólo realizó las comparecencias públicas y discursos que consideraba imprescindibles, prefiriendo el trabajo de puertas adentro), Milosevic acrecentó su inopinado carisma representando al caudillo providencial y confortador. El 19 de noviembre de 1988 convocó a un millón de personas en Belgrado en apoyo de los serbios de Kosovo, en la mayor concentración conocida desde la liberación en la Segunda Guerra Mundial, y les aseguró que irían "a las barricadas, como nuestros antecesores en España", para combatir "por una Serbia unitaria en una Yugoslavia unitaria".

Para entender estas reacciones, debe precisarse que para los serbios, Kosovo, junto con Montenegro, fue donde comenzó el primer Estado medieval serbio, en el siglo XI, y allí se hallaban los principales monasterios ortodoxos, custodios multiseculares de la cultura serbia. Pero el peso demográfico de los serbokosovares había declinado progresivamente hasta constituir sólo el 13% de la población, de acuerdo con el censo de 1981.

El 28 de junio de 1989 la llanura de Gazimestan, cerca de Prístina, congregó a otro millón largo de serbios para conmemorar el 600º aniversario de la batalla de Kosovo Polje ("Campo de Mirlos"), en la que el antiguo reino de Serbia perdió su independencia frente al invasor turco. En tan emocional entorno se evocaron los mitos y agravios, reales o ficticios, de la nación serbia a lo largo de su historia y se formularon las demandas de un mayor control sobre los albaneses y de anexionar la provincia a Serbia.

La Constitución titista de 1974 había sentado las provincias socialistas autónomas de Kosovo al sur y Vojvodina (morada de más de 300.000 húngaros étnicos) al norte, y aunque su rango era inferior al de las repúblicas y quedaban bajo la jurisdicción de Serbia, en la práctica gozaban de competencias similares a las de aquellas y funcionaban como entes paritarios en las instituciones federales. Entretanto, Montenegro y Vojvodina eran escenario de manifestaciones "anti burocráticas" que consiguieron derribar a los liderazgos comunistas locales.

Mientras los demás regímenes ideológicamente afines de Europa Central y Oriental se derrumbaban por las exigencias prodemocracia y un efecto de contagio azuzado por la URSS de Mijaíl Gorbachov, Milosevic se mantuvo impertérrito, movilizando masivas manifestaciones nacionalistas para anticiparse a cualquier demanda indeseada y resuelto a asegurar su continuidad en el poder fundando un régimen híbrido, un nacionalcomunismo que no escatimaba las referencias racistas a los albaneses de Kosovo y los musulmanes del interior de Serbia, concentrados en la región de Sandzak.

El 28 de marzo de 1989 la Asamblea de Serbia aprobó una reforma de la Constitución republicana que reducía drásticamente las autonomías de Kosovo y Vojvodina, incluidas todas las competencias económicas, policiales y educativas, las cuales volvieron a la administración central. Allanando el camino, el 3 de marzo la Presidencia colectiva de la Federación declaró que la situación en Kosovo se había deteriorado tanto que había llegado a constituir una amenaza a la integridad de la SFRJ, lo que hacía necesario la imposición de "medidas especiales".

Los disturbios que estas decisiones generaron en Kosovo dejaron hasta el último día de marzo cerca de 30 muertos, casi todos manifestantes albaneses abatidos por las fuerzas de seguridad. El 8 de mayo siguiente Milosevic coronó su éxito al ser elegido presidente de la República Socialista de Serbia, no teniendo reparos en entregar la jefatura de la SKS a uno de sus asociados, Bogdan Trifunovic. El 13 de noviembre la Asamblea le confirmó como presidente de la república. El mismo año 1989 Milosevic publicó un libro autobiográfico titulado Godina Raspleta (Las consecuencias de los hechos).
 

3. Escalada nacionalista y legitimación en las urnas
El principio del fin de Yugoslavia se escenificó en el XIV Congreso de la SKJ, inaugurado en Belgrado el 20 de enero de 1990. El día 23, cuando la delegación eslovena vio rechazada su moción de convertir la Liga en una estructura confederal de partidos republicanos soberanos, con el socialismo democrático como doctrina, decidió abandonar el congreso, en lo que arrastró a la delegación croata.

El bloque legalista, capitaneado por Milosevi, (En la caricatura de la derecha, por Pismetrovic) advirtió contra el cuestionamiento de la Federación y se limitó a aprobar la eliminación de la cláusula que consagraba el monopolio político de la SKJ (la SKS, por su parte, había aprobado el 17 de diciembre anterior un pluralismo con reservas). Se trató de una medida tardía, pues Eslovenia y Croacia estaban ya esbozando un multipartidismo no excluyente, con el concurso decidido de sus gobernantes comunistas.

Fracasado su intento de mantener la unidad orgánica e ideológica de la SKJ, Milosevic se encontró legitimado para seguir la pauta de las repúblicas occidentales. El 7 de junio de 1990 constituyó el Partido Socialista de Serbia (SPS) a partir de la SKS y la absorción de la pequeña Alianza Socialista del Pueblo Trabajador de Serbia, y el 16 de julio siguiente se hizo elegir su presidente en el primer día del I Congreso. No se trató de una transformación doctrinal como las realizadas por los partidos comunistas del bloque soviético, sino un simple cambio de formas, manteniendo intacto el dogmatismo ideológico y la concepción exclusivista del poder propia de un partido fuerte que se consideraba vanguardia de la sociedad.

El 22 de julio el pluripartidismo fue oficialmente instaurado en Serbia, pero con su hábil movimiento, que no precisó hacer hincapié en el compromiso con la democracia parlamentaria del nuevo partido (y menos aún en una vocación de tipo socialdemócrata, rechazada de plano), Milosevic se aseguró la posición hegemónica de partida en la vida política de Serbia.

A lo largo de 1990 Milosevic dio más argumentos a los que querían apartarse de una SFRJ tolerante con las pretensiones serbias de supremacía. El Gobierno serbio decretó el boicot económico contra Eslovenia, que se encontraba lista para salirse de la Federación, mientras que los serbios de Croacia fueron animados a plantar cara a la derrota independentista de los nuevos gobernantes de la Unión Democrática Croata (HDZ, nacionalista y derechista) elegidos democráticamente en mayo, de modo que el 1 de octubre el llamado Consejo Nacional Serbio proclamó la Región Autónoma Serbia de la Krajina. Finalmente, en Kosovo se puso en marcha un amplio movimiento represivo para acallar las agitaciones de los albaneses, haciendo que las denuncias de discriminaciones por cuestión étnica o religiosa se invirtieron radicalmente.

El 2 de julio la Asamblea kosovar resolvió por aplastante mayoría elevar el estatus provincial al de república, y la reacción fulminante de Belgrado no se hizo esperar: el 5 de julio la Asamblea serbia abrogó la autonomía, disolvió las instituciones y puso la provincia bajo su administración directa.

Lanzados a la clandestinidad, diputados y responsables políticos albaneses, liderados por el intelectual Ibrahim Rugova, proclamaron el 7 de septiembre la República de Kosovo dentro de la Federación yugoslava, punto de partida de una resistencia civil que durante mucho tiempo se atendría a los criterios de no violencia y no cooperación, pese a la multiplicación de actos hostiles contra los albaneses, como el despido de miles de funcionarios, el hostigamiento de intelectuales y activistas sociales, y las trabas a toda expresión cultural en idioma albanés.

El 28 de septiembre Serbia imprimió un nuevo giro de tuerca promulgando una nueva Constitución centralista que remataba la disolución de las instituciones autonómicas provinciales. El texto removió también la condición de socialista de la República de Serbia y abrió el camino para la celebración de las primeras elecciones pluralistas en la república, el 9 y el 23 de diciembre. En las legislativas el SPS se adjudicó una rotunda victoria con 194 de los 250 escaños de la nueva Asamblea Popular (Narodna Skupstina), y en las presidenciales Milosevic fue confirmado con el 65,3% de los votos derrotando a una veintena de candidatos encabezados por Vuk Draskovic, un líder nacionalista genuino que encontró dificultades para perfilarse ante el intrusismo ideológico del dirigente socialista.

4. Apuesta por la guerra contra los nacionalismos centrífugos
Tras su reelección en diciembre de 1990, Milosevic y el SPS ejercieron un monopolio político de hecho sobre toda Serbia, Kosovo y Vojvodina incluidas, y dispusieron de la alianza incondicional de Montenegro, donde los comunistas locales, encabezados por Momir Bulatovic, fueron igualmente confirmados en las urnas al cabo de un somero maquillaje ideológico. Tardíamente, la oposición no comunista se movilizó contra la asunción por el SPS de los medios de comunicación y su evidente vocación hegemónica, pero la protesta nacional del 9 de marzo de 1991 fue contundentemente reprimida por el Ejército con el saldo de dos muertos. El siguiente paso en el cálculo de Milosevic fue hacerse con el control de la Federación, convertirla en un instrumento dúctil a los intereses nacionales de Serbia.

En las negociaciones interrepublicanas de la primavera de 1991, que aparecieron como la última oportunidad para salvar la SFRJ y evitar su desintegración traumática, los representantes de Croacia y Eslovenia en la Presidencia Federal acusaron al bloque serbo-montenegrino de intransigencia y de esconder tras su negativa a una revisión del sistema federal (urgida sobre todo para salvaguardar su soberanía económica y financiera) sus propios proyectos nacionales; bloqueando cualquier posibilidad de arreglo, insistían, se estimulaba una sucesión de actos unilaterales que sólo preludiaban una confrontación de consecuencias impredecibles.

Milosevic replicó que los liquidadores de Yugoslavia eran exclusivamente aquellas dos repúblicas y sus instigadores europeos. Entretanto, proliferaban los choques entre la policía croata y los serbios de la Krajina, que el 28 de marzo declararon su intención de permanecer en la SFRJ si Zagreb se lanzaba a la secesión.

Las maniobras de Milosevic para cooptar la Presidencia colectiva Federal quedaron expuestas cuando el 15 de mayo expiró el mandato anual al frente de la misma del esloveno Janez Drnovsek. El representante serbio, Borisav Jovic (un fiel de Milosevic que entre 1991 y 1992 iba a ostentar nominalmente la presidencia del SPS), se negó a que el croata Stipe Mesic le sucediera conforme a lo previsto en el sistema rotatorio. Mesic pertenecía al HDZ y su colocación en la jefatura del Estado le conferiría una autoridad formal sobre el Ejército Popular Yugoslavo (JNA), perspectiva del todo indeseable para Milosevic. El bloqueo serbio abrió una situación extremadamente confusa y un camino de no retorno en la crisis.

El 25 de junio los parlamentos esloveno y croata proclamaron la independencia y las instituciones federales ordenaron al JNA que cumpliera su misión constitucional de defender las fronteras y parar los choques interétnicos. Se trataba de la guerra civil. El JNA, integrado por reclutas de todas las repúblicas pero con una alta oficialidad mayoritariamente serbia, se enfrentó primero (27 de junio) contra la improvisada Defensa Territorial Eslovena por la posesión de los puestos fronterizos, pero halló una resistencia inesperada y hubo de retirarse.

Los observadores opinaron que los generales yugoslavos, actuando por cuenta del bloque serbio, se detuvieron porque Eslovenia era una república casi monoétnica, no albergaba minorías serbias susceptibles de defender y por tanto no entraba en los planes de Milosevic. La mediación de la Comunidad Europea (CE) consiguió que Eslovenia y la SFRJ firmaran la paz en Brioni, el 7 de julio, y que el bloque serbio levantara el boicot a Mesic, el 30 de junio.

En estas dramáticas jornadas y en las que iban a venir, cobraron visos de realidad las sugerencias de que el presidente serbio perseguía construir una Gran Serbia que englobaría a la república y a los territorios de mayoría serbia en Croacia y Bosnia-Herzegovina, con Montenegro y, quizá, Macedonia (pobladas por mayorías eslavas), como repúblicas satélite. Sin embargo, cómo se articularía esta realidad, si a partir de vínculos confederativos entre los distintos entes o con la anexión pura y simple por Serbia de los territorios en que esa nacionalidad era dominante, era pura conjetura.

La noción de Gran Serbia, esbozada en el Memorándum redactado en septiembre de 1986 por la Academia de Arte y Ciencia de Serbia (y cuya difusión fue entonces prohibida), era inseparable de la homogeneidad étnica, como pronto el rosario de conflictos yugoslavos iba a demostrar. Lecturas racial-nacionalistas aparte, lo que sí estaba claro es que Milosevic, quien nunca se refirió explícitamente a aquel concepto, había decidido ir a la guerra para consolidarse en el poder, canalizando la euforia nacionalista hacia los frentes de batalla

La efímera y casi incruenta guerra de Eslovenia permitió también a Milosevic ensayar el que iba a ser un estilo inveterado en sus tratos con los países occidentales, una de las claves que explican su asombroso arraigo en el poder a pesar de la acumulación de fracasos en Croacia, Bosnia, Kosovo y la propia Serbia: el aplacarles y contentarles con promesas verbales, si acaso con alguna concesión táctica sobre el terreno (invariablemente, una retirada militar), abriendo divisiones decisivas entre duros y blandos, confrontándoles con sus contradicciones, exacerbadas por los intereses nacionales contrapuestos, y, como resultado, desactivando el frente de animosidad en su contra.

En ese punto, la partida volvía a comenzar. Milosevic, que terminó conociendo a fondo las debilidades e inconsistencias de los dirigentes mundiales, lanzaba nuevos envites, cada vez más audaces e inequívocos, provocaba situaciones límite e incendios cuyo eventual sofoco él se reservaba con exclusividad. Así, comprando tiempo, combinando ambigüedad y desafío, no teniendo reparo en mentir y desdecirse de sus anteriores promesas cuantas veces fuera necesario, consiguió que la comunidad internacional le considerara un interlocutor imprescindible para cualquier arreglo de paz en la ex Yugoslavia, ganando legitimidad internacional y, de paso, fortaleciendo su aureola interior de celador de los intereses de Serbia.

Aunque el juego se basaba en una concepción muy cínica, o por utilizar un término más suave, heterodoxa, de los principios que rigen las relaciones diplomáticas (honorabilidad en el cumplimiento de lo pactado, flexibilidad negociadora a cambio de incentivos), los países europeos occidentales, Rusia, Estados Unidos y la ONU en su conjunto se avinieron a participar en él durante años porque, en realidad, no deseaban que Milosevic abandonara la escena.

5. Las campañas de Croacia y Bosnia, y la refundación de Yugoslavia
Croacia, donde habitaba un 11% de serbios, sí figuraba en los planes de Milosevic. Nominalmente todavía eran las autoridades federales las que decidían las medidas a adoptar, y el 27 de julio de 1991 el JNA comenzó a combatir a la Guardia Nacional Croata. Mientras la guerra de Croacia tomaba el cariz de una bárbara campaña de conquista territorial y depuración étnica sólo útil al poder de Serbia (de donde partieron miles de voluntarios nacionalistas), Milosevic y sus colaboradores se las arreglaron para copar las instituciones federales.

El 3 de octubre el bloque serbo-montenegrino dio un golpe de mano por el que apartó a Mesic de la Presidencia colectiva y se arrogó la capacidad de decidir en nombre de Yugoslavia en ausencia de las otras cuatro repúblicas. Branko Kostic, del SPS, asumió el órgano con carácter provisional. Todavía hasta el 5 de diciembre Croacia no retiró a Mesic de la Presidencia, que como institución federal dejó de existir.

El político croata se marchó cubriendo de invectivas a Milosevic, tachándole de "traidor" y de "golpista", y responsabilizándole, junto con la cúpula del JNA, de los desafueros cometidos en su república. El Gobierno Federal de deshizo también luego de que el 21 de noviembre en la Asamblea Federal prosperara una moción de censura impulsada por los diputados serbios y montenegrinos contra el primer ministro Ante Markovic, hallado responsable de "gran parte de la guerra".

Durante meses el presidente serbio asistió a las reuniones internacionales para intentar la paz y suscribió varios documentos de alto el fuego con su homólogo croata, Franjo Tudjman, pero sólo cuando consideró seguros los enclaves de mayoría serbia amputados a Croacia (Kordun, Banija, Lika, Knin, Eslavonia occidental, Baranja y Sirmium occidental, totalizando un tercio del territorio del Estado y agrupados como autoproclamada República Serbia de Krajina -RSK- desde el 19 de diciembre) decidió parar la embestida militar.

El 2 de enero de 1992 se firmó en Sarajevo un alto el fuego, el número quince, que estableció una paz muy volátil. El JNA se retiró de la república, no sin antes dejar convenientemente pertrechados a los serbios locales, y a comienzos de abril empezaron a desplegarse los 14.000 cascos azules de la misión de la ONU, UNPROFOR, interposición que en la práctica iba a apuntalar el hecho consumado. Cuando el 15 de enero las independencias de Eslovenia y Croacia fueron reconocidas por la CE y otros países europeos, lo que quedaba de las instituciones federales acusó a las capitales concernidas de dar muerte a Yugoslavia y de violar el derecho internacional.

El desenlace de la guerra de Croacia se consideró un éxito para los intereses nacionales de Serbia, pero como contrapartida el país había sido castigado con embargos internacionales de carácter parcial (de armas por la ONU y comercial por la CE). Esto no arredró al poder de Belgrado, que siguió adelante con sus planes sobre una reordenación radical de una SFRJ en descomposición.

Macedonia había declarado su independencia en septiembre de 1991, pero no así Bosnia-Herzegovina, donde la realidad triétnica de musulmanes (más tarde se extendería el uso del gentilicio bosniak, para diferenciar sin criterios religiosos esta tercera comunidad nacional bosnia igualmente eslava) serbios y croatas, dispuesta sobre el mapa en áreas mayoritarias con abundantes manchas de leopardo, era un factor de disuasión de decisiones precipitadas que podría dar pábulo a choques interétnicos de incalculable magnitud.

En Bosnia vivían un 32% de serbios frente a un 45% de musulmanes, y su expresión política mayoritaria desde las elecciones de 1990 era el Partido Democrático Serbio (SDS) de Radovan Karadzic. Reproduciendo fielmente las cuotas étnico-religiosas, el SDS era el segundo grupo en la Asamblea republicana luego del Partido de Acción Democrática (SDA) del musulmán Alija Izetbegovic, a la sazón presidente de la Presidencia colectiva en Sarajevo.

Milosevic empezó actuando como en Croacia, alentando el separatismo serbobosnio con financiación y suministros de armas. El 21 de diciembre de 1991 las autoridades de Bosnia occidental sometieron a referéndum la soberanía y acto seguido proclamaron la República Serbia de Bosnia-Herzegovina, que luego, el 12 de agosto de 1992, pasó a llamarse simplemente República Serbia (Republika Srpska, RS), con reclamada capital en la propia Sarajevo pero con las instituciones establecidas en el cercano villorrio de Pale.

Mientras intrigaba con los serbobosnios, Milosevic ofreció al Gobierno de Sarajevo integrarse en una nueva Federación yugoslava reducida, pero éste, en parte porque pensó que recibiría el reconocimiento y garantías internacionales, y en parte porque no se fiaba de la naturaleza igualitaria de esa federación, se lanzó a la independencia. El 29 de febrero de 1992 esta salida se aprobó en un referéndum boicoteado por los serbios y el 3 de marzo tuvo lugar la proclamación.

El régimen de Belgrado puso en marcha la maquinaria propagandística, acusando a los bosniomusulmanes, incitados por potencias extranjeras (desde la guerra de Croacia se insistía en un "complot" orquestado por Alemania y el Vaticano), de confabularse contra Serbia y Yugoslavia y justificando el derecho de los serbobosnios a resistirse a las autoridades nacionalistas de Sarajevo.

El JNA estaba desplegado en Bosnia, que le había servido como retaguardia de sus ofensivas contra Croacia, y oficialmente adoptó una posición neutral en los acontecimientos, si bien no hubo dudas de su papel en la instrucción y aprovisionamiento de los efectivos de la RS, que pudo levantar con suma rapidez un ejército bien pertrechado sin carencia de armas pesadas, desde artillería hasta aviación.

Además, comenzaron a llegar de Serbia voluntarios y unidades paramilitares de partidos y milicias ultranacionalistas, que pronto iban a especializarse en operaciones de limpieza étnica y exterminio contra musulmanes y croatas tras los frentes de batalla. El clima era prebélico y las provocaciones serbias no se hicieron esperar. El 6 de abril el Gobierno bosnio decretó el estado de emergencia en Sarajevo, el 7 la CE y Estados Unidos reconocieron la independencia de la república y el mismo día se produjeron los primeros choques en la capital. Para el 21 de abril Sarajevo quedó cercado casi por completo por las fuerzas de la RS y sometido a fuego de artillería.

Mientras la guerra civil devastaba Bosnia, Milosevic procedió a fundar un nuevo Estado con Serbia y Montenegro, las dos repúblicas que no habían proclamado la independencia. El 27 de abril de 1992 nació la República Federal de Yugoslavia (SRJ) con la pretensión de heredar automáticamente los asientos de la difunta SFRJ en las organizaciones internacionales. Pero la comunidad internacional reaccionó con suma hostilidad: el 12 de mayo la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) suspendió de pertenencia al país, el 30 de mayo el Consejo de Seguridad de la ONU decretó el embargo total contra Serbia y Montenegro y el 19 de septiembre la Asamblea General expulsó a la delegación yugoslava.

El 15 de junio Dobrica Cosic, reputado intelectual de la Academia de Arte y Ciencia de Serbia y coautor del famoso Memorándum, fue elegido presidente de la SRJ con un elenco de atribuciones rayano en lo simbólico. Los medios regionales indicaron que la función del considerado "padre del nacionalismo serbio" no iba a ser otra que la de factótum del verdadero dueño del país.

Puesto que el JNA se retiró oficialmente de Bosnia el 5 de mayo y luego se transformó en las Fuerzas Armadas de Yugoslavia (VJ), Milosevic se permitió tomar la apariencia de un observador exterior de la guerra civil de los bosnios, si acaso mentor y abogado de los serbobosnios, pero no su aliado militar con tropas sobre el terreno.

La comunidad internacional siempre tuvo claro que su ascendencia sobre la RS en todos los aspectos era mucho mayor que la asegurada -un disimulo en el que, todo hay que decirlo, Milosevic no se afanó demasiado en los primeros años-, así que le consideró el factor fundamental para llegar a una solución negociada. A lo largo de 1992 y 1993 Milosevic asistió a las sucesivas reuniones de la Conferencia Internacional de Paz para Yugoslavia, se reunió con estadistas occidentales y recibió la visita en Belgrado de todos los mediadores, enviados especiales y altos representantes designados por los países y organizaciones implicados.

Cuando en mayo de 1993 la intervención militar internacional parecía inminente por la negativa de la RS a aceptar el primer plan de paz Vance-Owen, que establecía una cantonalización de Bosnia con criterios étnicos, Milosevic convocó una "Asamblea Panserbia" en Belgrado para tratar de convencer a sus creaciones de que era hora de consolidar los éxitos militares y asentar el nuevo statuo quo territorial, como sucedió en Croacia en enero de 1992. Pero los serbobosnios querían maximizar las ventajas de la limpieza étnica e insistieron en aumentar sus conquistas antes de firmar nada, creyendo que Milosevic no les iba a abandonar.

El presidente serbio ordenó el "bloqueo" de la RS, pero el suministro de armas y hombres prosiguió. Ahora bien, la insistencia de sus ahijados en Bosnia en continuar la guerra sin represalias de una comunidad internacional sumida en la impotencia le brindó una oportunidad de oro para concretar la Gran Serbia. Así, el 16 de junio de 1993 Milosevic estableció un inesperado pacto con Tudjman (que a su vez acariciaba una Gran Croacia a costa de su vecino, a pesar de que un tercio del Estado estaba segregado) para repartirse Bosnia, propuesta que ninguno de los dos tuvo empacho en ofrecer a los bosniomusulmanes y en notificar a las potencias internacionales para su consideración.

Los bosniomusulmanes deberían contentarse con el 33% del territorio de una entidad de tipo confederal basada en "tres naciones constitutivas" y que luego fue denominada "Unión de Repúblicas Bosnias", según la expresión asumida en el segundo plan de paz internacional, publicado en agosto de 1993. La asamblea serbobosnia de Pale (así como la de los croatas de Herzegovina, también alzados en rebeldía contra Sarajevo con la incitación de Zagreb) dio su visto bueno esta vez, pero la negativa provino ahora desde el Parlamento de Sarajevo.

El tercer plan de paz, el diseñado por el Grupo de Contacto de países implicados, que otorgaba a una entidad serbia el 49% del territorio bosnio, fue virtualmente rechazado por la RS, cuyas tropas tenían el control del 70%, el 20 de julio de 1994 por no adjudicárseles ciertas áreas consideradas de alto interés estratégico. Milosevic pensó que la terquedad belicista de los serbobosnios le estaba arruinando sus planes de un hinterland serbio internacionalmente reconocido, y el 4 de agosto anunció el cierre de las fronteras con la RS y la ruptura de todo vínculo político y económico. Precisó que la medida no iba contra la población, sino contra los líderes de la RS, a los que acusó de anteponer sus "enloquecidas ambiciones políticas" y su "arrogancia cruel" a los "intereses de la vasta mayoría del pueblo serbio".

6. Los instrumentos del arraigo en el poder
Pese a los reveses diplomáticos, el cuestionamiento interno de Milosevic era sumamente débil. En la sociedad serbia había prendido el delirio nacionalista, las teorías de conspiración internacional contra la nación hacían fortuna y los medios de información públicos (en especial la Radio Televisión Serbia) y algunos privados afectos al régimen atizaban el odio étnico y la xenofobia, con partes presentando el genocidio de Bosnia como cometido, no contra los musulmanes, sino contra los serbios, o el bombardeo indiscriminado de la Sarajevo cercada por el Ejército de la RS como una operación para liberar a los serbios allí residentes.

Durante años, en Serbia la verdadera resistencia civil, prodemocrática y antibelicista al mismo tiempo, la representaron movimientos sociales como la organización de estudiantes universitarios Otpor (que justamente significa "resistencia") o Mujeres de Negro contra la Guerra (el más veterano, fundando en octubre de 1991), más algunas autoridades locales, como el ayuntamiento de Cacak. La diminuta Alianza Cívica de Serbia (GSS), presidida por Vesna Pesic, fue el único partido político que articuló un discurso crítico con las atrocidades cometidas en Bosnia en nombre del pueblo serbio.

Los principales partidos de la oposición, el Democrático (DS) de Zoran Djindjic y el Movimiento del Renacimiento Serbio (SPO) de Draskovic, oscilaron entre el compromiso democrático y la denuncia de los excesos interiores y exteriores de Milosevic por un lado, y la asunción de los argumentos populistas de la patria acosada por múltiples enemigos por el otro. Estos posicionamientos obedecían sobre todo a un tacticismo electoral: predicar el pacifismo y el antibelicismo era garantía de fracaso en las urnas.

Aunque el DS, el SPO y otros partidos siempre sostuvieron la opinión de que Milosevic, a pesar de su retórica patriotera, no servía a los intereses nacionales de Serbia sino a los suyos propios (para los cuales los anteriores eran un mero instrumento), en la práctica su marcado diletantismo discursivo, sus personalismos fratricidas y el trajín de estrategias y alianzas inconcluyentes siguieron el juego a Milosevic y sus astutas maniobras para dividirles y neutralizarles.

El SPS se convirtió en una máquina de ganar elecciones, primero en solitario y luego en compañía de la Izquierda Yugoslava (JUL). Fundado el 23 de julio de 1994, la JUL era un grupúsculo marxista animado por antiguos nomenklaturistas de la SKS que terminaría siendo el refugio de particulares enriquecidos en negocios ilegales, alcanzando un poder desmesurado no correspondiente a su peso electoral (más bien nulo) y contribuyendo en buena parte a la imagen pública del núcleo cerrado del poder como un clan de familiares y leales rodeado de secretismo y turbiedades. Su líder, como presidenta del Directorio ejecutivo, era la propia Mira Markovic, siempre inconmoviblemente al lado de su esposo, de suerte que algunos medios hablaron de "dictadura conyugal" en Serbia.

En las primeras elecciones, boicoteadas por la oposición, al Consejo de los Ciudadanos (Vece Gradjana), o cámara baja de la Asamblea Federal (Savezna Skupstina) de la SRJ, el 31 de mayo de 1992, el SPS obtuvo el 61% de los votos y 73 de los 108 escaños reservados a Serbia. El 20 de diciembre del mismo año se celebraron nuevas elecciones legislativas federales y también las segundas legislativas y presidenciales serbias, a las que sí se presentaron el SPO, núcleo de la coalición Movimiento Democrático de Serbia (DEPOS), y el DS. En las primeras, el SPS descendió al 31,4% de los votos y los 47 escaños, y en las segundas su representación se redujo también hasta los 101 diputados.

Se trataba en ambos casos de mayorías simples, pero esta limitación la suplían dos apoyos externos, el incondicional del Partido Democrático de los Socialistas de Montenegro (DPS, la antigua Liga Comunista local) dirigido por Bulatovic y el bastante más fluctuante Partido Radical Serbio (SRS) de Vojislav Seselj, el virulento adalid del ultranacionalismo cuyo expediente de presunto criminal de guerra en los conflictos de Croacia y Bosnia no fue óbice para situarle como líder del segundo partido más votado en la república.

En las presidenciales serbias, Milosevic, con el 56,3% de los votos, se deshizo de seis candidatos encabezados por el primer ministro federal Milan Panic, un financiero de la diáspora serbia en Estados Unidos que llevó una campaña a la americana, captando numerosos votos entre los estudiantes, las clases altas y medias y los grandes centros urbanos. Milosevic, que se negó a participar en un debate televisado con Panic, concentró su propaganda en los no poco populosos medios rurales y en los sectores tradicionalistas y de menor instrucción cultural, donde se le votó masivamente.

Panic, políticamente no adscrito, había sido nombrado al frente del Gobierno yugoslavo el 14 de julio en un intento del SPS de mejorar su imagen internacional. Panic pensó que podría hablar por boca de Yugoslavia sin el concurso de Milosevic y conseguir el levantamiento de las sanciones, pero bien pronto se confrontó con su reducido margen de maniobra y se distanció del régimen. Tras su estéril desafío electoral su suerte estaba cantada: el 29 de diciembre fue destituido por la Asamblea Federal y el 9 de febrero le sustituyó Radoje Kontic, un socialista montenegrino del todo acomodaticio a Milosevic.

La CSCE estimó entre el 5 y el 10% los votos que pudieron estar afectados por claras irregularidades, pero certificó que ello en absoluto cuestionaba la victoria del presidente. Aunque Panic y Draskovic denunciaron que el fraude había sido determinante, lo cierto es que ni en estas elecciones ni en las siguientes Milosevic hubo de echar mano del pucherazo significativo.

Su apoyo popular era incuestionable y su traslación a las urnas se aseguraba a priori, escatimando los espacios de difusión a los partidos opositores con el casi monopolio informativo, sacando provecho de sus contradicciones y ejerciendo medidas de coerción policiales (o extraoficiales, con intimidaciones y agresiones a cargo de sicarios que quedaban impunes) incompatibles con un Estado de derecho.

Con este entramado de pluripartidismo, elecciones e instituciones regulares, Milosevic mantenía la sensación de un Estado democrático y no hacía fácil las simplificaciones sobre una "dictadura" en Serbia. Pero un análisis detenido revelaba que el poder real lo detentaba una urdimbre de camarillas, élites partidistas y fuerzas de seguridad en conexión (sobre todo en los últimos años) con organizaciones de tipo mafioso. Amparadas por el clan gobernante, las tramas corruptas y las economías sumergidas florecieron en tanto Milosevic obtuviera con ellas ventajas políticas.

El mismo hijo de Milosevic, Marko, amasó una considerable fortuna a partir de negocios dudosos y el desvío de fondos no menos sospechosos a cuentas secretas en Suiza, Grecia y la misma Serbia. En 1999 su hermana, Marija, era propietaria de una discoteca en el centro de Belgrado y de la empresa informativa Kosova, consistente en una cadena de televisión y una emisora de radio. A finales de la década, sus detractores convenían en que Milosevic detentaba un poderío financiero que incluía participaciones en diversos medios de comunicación, inversiones inmobiliarias y negocios de variada especie.

En 1992 el pacto SPS-SRS todavía no estaba oficializado, pero la aproximación de Milosevic a Seselj para asegurar la mayoría parlamentaria levantó muchos temores sobre la formación de un frente "social-fascista" en Serbia. El moderado Cosic fue uno de los que advirtió contra esa posibilidad. Como Panic, Cosic se extralimitó en la función de hombre de paja que se esperaba de él, de suerte que el 1 de junio de 1993 la Asamblea Federal le destituyó a su vez con las acusaciones de violar la Constitución al nombrar algunos jueces del Tribunal Supremo y de lanzar iniciativas de paz en Bosnia sin consultar con el legislativo. El 25 de junio le reemplazó Zoran Lilic, descrito como un oficial del SPS de bajo perfil.

En las legislativas serbias del 19 y 26 de diciembre de 1993, el SPS se hizo con el 37,2% de los votos y 123 escaños, con lo que el apoyo parlamentario del SRS se tornó imprescindible. Hasta 1994 el SPS monopolizó los gobiernos de Serbia, presididos sucesivamente por Dragutin Zelenovic, Radoman Bozovic, Nikola Sainovic y -desde marzo de 1994- Mirko Marjanovic, todos hombres de confianza de Milosevic. El minúsculo partido Nueva Democracia (ND) gozó de una cuota ministerial entre 1994 y 1998. En el Gobierno Federal los socialistas siempre compartieron los ministerios con el DPS y, eventualmente, con partidos sensibles a las seducciones del poder. Uno de ellos fue el propio DS, presente en el breve Gobierno Panic de 1992.

7. Temporal rehabilitación internacional tras Dayton
Parece que tras el no de los serbobosnios al plan de paz del Grupo de Contacto Milosevic abandonó definitivamente el sueño de una Gran Serbia. La multiplicación de las dificultades internas por efecto de las sanciones aconsejaba aligerar sus compromisos con la RS y la RSK, y la conclusión de un alto el fuego en Bosnia empezó a ser urgente. 1992 acabó con una hiperinflación del 8.700% y una recesión económica del 11% del PIB. La escasez de petróleo y suministros como consecuencia del embargo había hecho descender bruscamente la producción, condenando al paro técnico a cientos de miles de trabajadores, que se sumaron a los ya numerosos desempleados crónicos.

La situación se tornó muy crítica en el segundo semestre de 1993, cuando la inflación se desbocó hasta alcanzar el índice fantástico del 300 millones % en diciembre (la tasa media anual se situó en el 178.000%). La pesadilla terminó en enero de 1994 con la puesta en circulación del nuevo dínar, convertible y ajustado con el marco alemán, dentro del plan de estabilización financiera elaborado por el director del Banco Nacional de Yugoslavia, Dragoslav Avramovic. 1994 terminó con un 8,6% de inflación y un 4% de crecimiento, pero la primera variable no tardaría en desmandarse de nuevo, hasta sobrepasar la barrera del 100%.

En Bosnia, después de tres meses de extraña calma, la guerra se reanudó en marzo de 1995 con una ofensiva del Ejército de Sarajevo en varios frentes, que prologaría un cambio de rumbo en la guerra. Tras aliarse Izetbegovic y Tudjman, a finales de julio los gubernamentales bosnios, los bosniocroatas y el propio Ejército de Croacia coordinaron ofensivas en Bosnia central que hicieron retroceder a los serbios.

A comienzos de agosto, el Ejército croata reconquistó en una campaña relámpago de cuatro días toda Krajina y Banija, provocando la huida masiva a Serbia de civiles serbios que habían vivido allí durante generaciones y el derrumbe estrepitoso de la RSK. El presidente de la entidad, Milan Martic, puso pies en polvorosa y se refugió en la RS y luego en Serbia. Los serbocroatas sólo retuvieron una autoridad autónoma en Eslavonia oriental, Baranja y Sirmium occidental, pero desde enero de 1996 estos territorios lindantes con Vojvodina quedaron bajo una autoridad de transición de la ONU antes de ser reintegrados a la soberanía del Gobierno de Zagreb en 1998.

Al poco de la Operación Tormenta lanzada por los croatas contra la RSK, el 30 de agosto, en respuesta a la última masacre de civiles en Sarajevo, la OTAN activó contra objetivos serbios en Pale, Sarajevo, Banja Luka y otras ciudades una campaña de bombardeos aéreos sostenidos (Operación Deliberate Force) que duró hasta el 14 de septiembre.

La presión conjunta de los aliados bosnio-croatas, que continuaban progresando en todos los frentes, y de la OTAN desde el aire, forzó a Karadzic y sus colaboradores a retirar el grueso de las armas pesadas del cerco de Sarajevo el 20 de septiembre y a firmar un alto el fuego, el trigésimo séptimo desde el inicio de la guerra, el 11 de octubre, el cual entró en vigor al día siguiente. Milosevic no movió un dedo para defender a los serbios de Croacia y Bosnia ante el acoso general del que eran objeto, pero como los últimos carecían de reconocimiento internacional en la etapa de negociaciones que comenzaba asumió su representación.

A cambio del fracaso en los objetivos nacionales trazados en 1992, Milosevic ganó la aureola, sustentada sobre todo por los diplomáticos internacionales, de "pacificador" de Bosnia y de estadista razonable, una vez que firmó junto con Izetbegovic y Tudjman el acuerdo final de paz en la base Wright-Patterson de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en las afueras de Dayton, Ohio, el 21 de noviembre, al cabo de tres semanas de intensas presiones del Gobierno de Bill Clinton, que les mantuvo prácticamente secuestrados en las instalaciones militares.

El 14 de diciembre de 1995 los tres mandatarios, con la plana mayor del liderazgo internacional de testigo, rubricaron formalmente unos acuerdos que enterraban el sueño de la Gran Serbia, garantizaban la soberanía y unidad territorial de Bosnia y obligaban a los serbios, que salvaguardaron la RS como una entidad con soberanía limitada, a integrarse en las instituciones federales de Sarajevo. El 20 de diciembre los 60.000 soldados de la Fuerza de Implementación de la paz (IFOR) comandada por la OTAN tomaban el relevo a la UNPROFOR en el mantenimiento de la seguridad en toda Bosnia, dando comienzo la Operación Joint Endeavour.

Milosevic sacó grandes ventajas prácticas de Dayton. Al serle reconocido un papel fundamental en la paz de Bosnia, se sintió legitimado para maniobrar con más soltura en la política doméstica. Además, la comunidad internacional le brindó un argumento objetivo con que desarmar a sus opositores: el levantamiento del ostracismo internacional.

Así, el 22 de noviembre de 1995 la ONU aprobó la suspensión progresiva del embargo de armas y el conjunto de sanciones económicas y financieras, y a continuación comenzó un proceso de normalizaciones y reconocimientos diplomáticos, pendiente desde la proclamación de la SRJ en 1992 y que afectó a todos los países del entorno excepto Albania. Ello incluyó a las antiguas repúblicas yugoslavas y las relaciones se formalizaron con Eslovenia el 30 de noviembre de 1995, con Bosnia-Herzegovina el 14 de diciembre de 1995, con Macedonia el 8 de abril de 1996 y con Croacia el 9 de septiembre de 1996. Asimismo, el 16 de mayo de 1996 se firmó un Tratado Básico con Rumanía, país que se había excluido del círculo de hostilidad en la región.

Como colofón, el 1 de octubre de 1996, la ONU anuló totalmente las sanciones y dos días después Milosevic fue recibido de buen talante en el Palacio del Elíseo por el presidente francés Jacques Chirac. Conforme a la línea moderada que las nuevas circunstancias requerían, a finales de noviembre de 1995 Milosevic realizó una purga de elementos "nacionalistas de la línea dura" en el SPS que incluyó a Jovic.

8. La deriva autoritaria en el interior
En las legislativas federales del 3 de noviembre de 1996 la alianza del SPS, la JUL y ND ganó el 42,4% de los sufragios y 64 actas. Aun sumando los 20 escaños del DPS, Milosevic carecía de la mayoría de dos tercios necesaria para sacar adelante la elección del presidente federal y reformas constitucionales que pudieran ser necesarias para cimentar su poder. Una vez más, la asistencia del partido de Seselj iba a resultar determinante.

En la misma jornada, y en una segunda ronda el 17 de noviembre, se celebraron elecciones municipales en Serbia. En esta convocatoria el DS y el SPO, a la que, tras aparcar Djindjic y Draskovic sus diferencias personales y sumárseles el GSS y el Partido Democrático de Serbia (DSS), habían resuelto concurrir unidos bajo la sigla Zajedno ("Unidos"), lo hicieron mucho mejor, pues la concentración del voto urbano les otorgó sensibles mayorías en las principales ciudades del país, incluidas Belgrado, Nis, Kragujevac, Cacak y Novi Sad. En Belgrado Zajedno ganó 60 de los 110 escaños de la asamblea municipal y Djindjic se impuso a su rival del SPS en ambas vueltas.

La reacción de Milosevic, sorprendido por esta derrota en un centro de poder fundamental, fue, simplemente, no reconocer el veredicto de las urnas. Djindjic respondió movilizando a sus seguidores en una campaña sostenida de protestas que fue descrita por los medios internacionales como la más seria contestación del régimen. El 4 de febrero de 1997, tras tres meses de manifestaciones multitudinarias y el dictamen concluyente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE, nuevo nombre de la CSCE), Milosevic transigió, de manera que el 21 de febrero de 1997 Djindjic se convirtió en el primer alcalde belgradense no comunista desde 1945.

Europeos y estadounidenses aumentaron la vigilancia sobre el curso de los acontecimientos en Serbia, pero Milosevic aún disponía de suficiente margen como para salirse con la suya de una manera más sutil: sembrando la discordia entre Djindjic y Draskovic, tentando a este último con cuotas de poder político si rompía la alianza en el ayuntamiento de Belgrado. Zajedno saltó en pedazos y el 21 de septiembre de 1997 el SPS y su satélite neocomunista se encontraron con el SPO cómo único contrincante de la oposición democrática.

Con todo, los milosevistas se hicieron sólo con 110 escaños, seguidos no muy de lejos por el SRS (81 actas). El resonante triunfo de los nacionalistas extremistas no completó la debacle de los demócratas porque Seselj se había enemistado con Milosevic desde que firmó la paz de Dayton y ahora pugnaba por conquistar el poder.

Entre tanto, había tenido lugar una mudanza institucional trascendente. Como su segundo mandato como presidente de Serbia se hallaba próximo a expirar y la Constitución republicana prohibía un tercero (a diferencia del primero, el mandato iniciado en 1992 sí iba a agotar sus cinco años), Milosevic encontró la fórmula para mantenerse en el poder: presentarse a la elección del presidente federal. El hecho de que la oficina tuviera atribuciones de iure muy limitadas (en esencia, la jefatura nominal de las Fuerzas Armadas) no era importante al caso, pues el aspirante, a diferencia de sus anteriores hombres de paja, se encargaría de ejercer su control de facto sobre las demás instituciones federales y las de Serbia.

La elección tuvo lugar el 15 de julio sin sorpresas y el 23 de julio de 1997, a casi un mes de la expiración del mandato de Lilic, Milosevic tomó posesión del puesto para los próximos cuatro años. Automáticamente cesó en la presidencia de Serbia, que hasta la celebración de elecciones generales desempeñó en funciones Dragan Tomic. En los comicios celebrados en varias vueltas del 21 de septiembre al 21 de diciembre, Milan Milutinovic, dirigente del SPS y que como ministro de Asuntos Exteriores había demostrado ser enteramente dócil a Milosevic, arrebató la presidencia a un Seselj que se deshizo en dicterios contra las maniobras del SPS para mantenerle a raya.

El artero cambio de traje institucional para permanecer en el poder terminó por abrir una crisis en Montenegro. El primer ministro del DPS, Milo Djukanovic, se enfrentó al presidente del partido y de la República, Bulatovic, al persistir en su alianza con Milosevic a pesar de su concepto utilitarista de la Federación y de su habilidad para suscitar periódicamente la irritación internacional, todo en perjuicio de los intereses de Montenegro. Djukanovic abrazó un discurso reformista y nacionalista y el 19 de octubre ganó las elecciones presidenciales en Montenegro.

Contra algunos pronósticos alarmistas, Milosevic consintió el relevo de Bulatovic en Podgorica el 15 de enero de 1998, pero resarció a su más fiel aliado, que el 21 de marzo creó su propia formación, el Partido Popular Socialista de Montenegro, SNPCG, proserbio, con el puesto de primer ministro federal el 19 de mayo, un día después de que la Asamblea destituyera a Kontic: dado que el presidente federal era serbio, por ley el primer ministro debía ser montenegrino.

El recambio provocó las iras de las nuevas autoridades montenegrinas, pues Milosevic, al obrar por su cuenta, había subvertido el principio de equidad entre las repúblicas. Djukanovic consideró ilegal la designación de su archienemigo, se negó a reconocer su gobierno y amenazó con boicotear el resto de instituciones de una Federación "herida de muerte por el hegemonismo serbio".

9. Cierre de círculo en Kosovo
Eclipsada por la espectacularidad de las contiendas de Croacia y Bosnia, la crisis de Kosovo se mantuvo durante siete años en un estado de latencia engañoso. El 30 de septiembre de 1991 los albaneses votaron en un referéndum ilegal abrumadoramente a favor de la independencia de Yugoslavia, el 19 de octubre la separación fue proclamada y en las elecciones generales del 24 de mayo de 1992 venció en igual dimensión la Liga Democrática de Kosovo (LDK) de Rugova, quien se convirtió en presidente de la República de Kosovo. Las autoridades serbias invalidaron los comicios e incrementaron las medidas represivas. Las fuerzas de seguridad practicaron redadas de sospechosos de incitar a la subversión armada y cometieron exacciones contra civiles.

Las prohibiciones impuestas sobre los medios culturales y académicos y las discriminaciones laborales obligaron a la comunidad albanesa a dotarse de un sistema educativo y asistencial paralelo, que vino a sumarse al gobierno de Rugova y demás órganos políticos repartidos entre el exilio centroeuropeo y Prístina, donde operaban en un estado de semiclandestinidad y sujetos a un hostigamiento intermitente. Al principio marginales, algunos líderes kosovares, tanto de partidos radicales como de aliados de la LDK en el gobierno de coalición, comenzaron a hablar de separación total, e incluso, de una "Gran Albania" que incluiría a los albaneses de Montenegro y Macedonia.

También apareció un terrorismo kosovar, crecientemente audaz, que atentó contra los cuarteles de la policía serbia y asesinó tanto a civiles serbios como a albaneses considerados "colaboracionistas con el ocupante", levantando temores entre la minoría serbia y alimentando una sangrienta espiral de represalias. Desde 1996, a medida que la represión se acentuaba, Rugova demandó a Milosevic negociaciones directas para resolver la situación, a lo que aquel respondió con la ambigüedad habitual: estaba dispuesto a restituir algunos de los derechos de los albaneses, pero sin precisar la naturaleza y el alcance de la contraoferta.

El 28 de noviembre de 1997, semanas después de celebrar Milosevic en Creta con el primer ministro albanés Fatos Nano, en el marco de la primera cumbre de líderes de Europa del sudeste, una entrevista que fue pródiga en declaraciones positivas, el hasta entonces nebuloso Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) se dio a conocer públicamente con una estética guerrillera, llamando a la población a que abandonara a Rugova, se olvidase de una ayuda exterior que no llegaría y se alzase en armas. El 4 de enero de 1998 el UCK anunció que la "lucha armada por la unificación con Albania" había comenzado, dando la justificación perfecta para que los medios oficialistas de Belgrado vertieran una desaforada propaganda antialbanesa.

Hacia el 28 de febrero la situación era explosiva en diversos puntos de la provincia. Mientras en Prístina eran dispersadas las manifestaciones pacíficas de estudiantes, en el área Srbica-Glogovac-Drenica, baluartes del UCK al oeste de la capital, la policía paramilitar dotada de vehículos blindados, artillería y helicópteros atacó varias localidades "en busca de terroristas y separatistas", dejando una veintena de muertos hasta el 2 de marzo.

El día 5 lanzó una ofensiva militar en toda regla, presentada como una "operación de limpieza" destinada a "restaurar la seguridad". En abril entró en escena sin disimulos el VJ, unos 15.000 soldados, que, reforzado con tanques y aviación, inició otro asalto en la región de Decani, fronteriza con Albania y origen según Belgrado de armamento y de tropas de refresco para la guerrilla.

El 29 de mayo, a raíz del bombardeo y destrucción de varias aldeas en Peja y Decani, el cruce de acusaciones con Tirana subió de tono hasta alcanzar un cariz prebélico en torno al 19 de julio, cuando el VJ arrebató al UCK, en la batalla más intensa de la guerra, su bastión sudoccidental de Orahovac. Justamente esta derrota, más la previa en Belacevac (29 de junio) y la posterior en Junik (16 de agosto, que culminó la mayor ofensiva federal hasta entonces), supusieron la práctica expulsión del UCK de los núcleos urbanos y una merma considerable de su capacidad militar, aunque en absoluto su vencimiento

Los países occidentales, que habían advertido a Milosevic contra una "nueva Bosnia" pero que no habían vinculado el problema kosovar a los acuerdos de Dayton, reaccionaron como en ocasiones anteriores al ritmo de los acontecimientos y abusaron de los avisos de "última oportunidad" antes de intervenir por la fuerza. El poder de Belgrado se mostró desafiante y hábil en ganar tiempo, prodigando la táctica de hacer promesas sin fundamento sobre el terreno. Milosevic declaró que la provincia era "parte integral e inalienable" de Serbia y el conflicto un asunto interno que no admitía injerencias, desoyendo los requerimientos para el respeto de los Derechos Humanos y la restauración de la autonomía.

En el reparto de sensibilidades, Estados Unidos y el Reino Unido favorecieron la acción militar de la OTAN, numerosos países de la UE, con Francia y Alemania a la cabeza, se revelaron más prudentes de lo que sus diatribas sugerían, y Rusia se opuso tajantemente a cualquier intervención no autorizada por la ONU y reeditó un lenguaje catastrofista, en una expresión de solidaridad con Serbia paciente pero no exenta de frustraciones. Además, el conflicto, por su potencial desestabilizador, alarmó a todos los países de la zona.

Albania, además de movilizar su muy precario Ejército, solicitó sin éxito el despliegue de un contingente de la OTAN a lo largo de su frontera para garantizar la seguridad nacional, como la que aportaban a Macedonia los cascos azules de UNPREDEP. Aún intuyendo su ineficacia a tenor de la experiencia, las potencias primero presionaron a Serbia por la vía no militar mediante: la imposición de un embargo de armas (por la ONU, el 31 de marzo), la prohibición de las inversiones (por el G-7, el 9 de mayo), la congelación de los activos yugoslavos en el exterior (por la UE y Estados Unidos, el 8 y 9 de junio) y el boicot a sus compañías aéreas (por la UE, el 7 de septiembre).

Pero la confirmación de que las fuerzas serbias estaban perpetrando atropellos contra la población civil y siguiendo una estrategia de tierra quemada, con la consiguiente oleada de refugiados, obligó a los aliados a amenazar con acciones de castigo militar inminentes. El 11 de junio el Consejo Atlántico aprobó un plan militar con varias opciones de intervención si proseguía la escalada bélica. De ellas se aplicaron con propósito disuasorio las maniobras aéreas Determined Falcon sobre Albania y Macedonia (15 de julio), con participación de 84 aviones de 13 países de la OTAN, y un ejercicio terrestre en Albania (17-21 de agosto) a cargo de 1.700 militares de 14 países de la Asociación para la Paz, Rusia entre ellos.

El 28 de septiembre, coincidiendo con el anuncio por Belgrado del final de las hostilidades, la OTAN informó que los planes de ataques aéreos sobre objetivos militares yugoslavos en Kosovo estaban ultimados, si bien el secretario general, Javier Solana, había precisado que las opciones máximas -extensión de los bombardeos a Serbia y despliegue de tropas terrestres en Kosovo- sólo se considerarían en caso de un "gran derramamiento de sangre". Tanto Estados Unidos como Albania denunciaron la limpieza étnica en curso y Rugova solicitó con urgencia la conversión de Kosovo en un "protectorado internacional", como vía de transición a la independencia plena. Ignorando las advertencias, el 26 de septiembre las fuerzas serbias lanzaron otra embestida en el sudoeste.

El 5 de octubre Richard Holbrooke, enviado especial del presidente Clinton, inició en Belgrado un último intento de persuasión. El día 12 el Consejo Atlántico aprobó la activation order, que dejaba todo a punto para los ataques aéreos. Al día siguiente, comprendiendo que ahora el peligro sí era inminente, Milosevic aceptó las exigencias internacionales: la retirada de sus fuerzas, la supervisión de la misma por la OTAN desde el aire y por 2.000 observadores de la OSCE en tierra, el regreso de los refugiados a sus hogares, el libre acceso de las organizaciones humanitarias y el inicio de conversaciones con los albanokosovares.

La Alianza concedió inmediatamente a Belgrado un plazo de cuatro días para que demostrase con hechos su compromiso verbal antes de bombardear, que fue ampliado el 16 en otros diez días ante la falta de progresos. Finalmente, el 27 la OTAN desactivó su ultimátum al considerar suficiente el grado de cumplimiento de los puntos, si bien mantuvo el dispositivo de vigilancia aérea Eagle Eye.

Comenzó entonces un proceso negociador trufado de incertidumbres. El UCK expresó serias reservas hacia un arreglo del que había sido excluido y advirtió que, puesto que el grueso de las fuerzas serbias permanecía en la provincia, reiniciaría las hostilidades si iba contra él. La LDK consideró insuficiente el borrador del acuerdo interino preparado por los estadounidenses porque contemplaba la restauración del marco autonómico, no la concesión, como mínimo exigido, del estatuto de república yugoslava. Y como se preocupó en recalcar, Belgrado entendió que esa restitución del autogobierno iba a concentrarse en los niveles locales, no en el provincial propiamente.

Tras "salvar" al país del ataque de la OTAN en octubre de 1998, los medios controlados por el poder se lanzaron a una carrera de panegíricos a Milosevic rayanos en el culto a la personalidad. Se acentuaron los rasgos autoritarios del régimen, equiparando las críticas contra sí con actitudes derrotistas o con la traición al Estado.

Los escasos medios de información, audiovisuales o escritos, que habían conseguido mantener una línea independiente, pasaron a ser hostigados sistemáticamente o simplemente clausurados al amparo de la nueva ley del 21 de octubre, que imponía drásticas restricciones a la libertad de información. También, la criminalidad con ramificaciones políticas inició una escalada en forma de atentados, asesinatos, algunas veces enmascarados como accidentes y otras como suicidios, y desapariciones de altos representantes institucionales y dirigentes políticos, tanto en activo como retirados. Del propio Stambolic no volvió a saberse más desde el 25 de agosto de 2000, después de realizar críticas contra su antiguo delfín, aunque la familia no dudó de su rapto y eliminación por sicarios del régimen.

Como la mayoría de las víctimas pertenecían al oficialismo o procedían del universo de organizaciones delictivas que lo habían parasitado, la atemorizada opinión pública especuló con que en el régimen, consciente de los tiempos de dificultad extrema que se avecinaban, o se había desatado una guerra de banderías por el usufructo de los lucrativos negocios ilegales, o núcleos de poder esencialmente políticos estaban saldando viejas cuentas pendientes y de paso advirtiendo contra eventuales deserciones.

Coincidiendo con la nueva ola de exaltación nacionalista, desde comienzos de 1998 Milosevic cerró filas con el binomio SPS-JUL y el SRS, luego de que Seselj aparcara los rencores del último año. El partido de Markovic, que estaba presente en el Gobierno Federal desde el 20 de marzo de 1997, hizo lo propio en el de Serbia el 19 de febrero de 1998 y la formación de Seselj se incorporó a su vez el 24 de marzo siguiente, con aquel como viceprimer ministro. La oposición política y las organizaciones de resistencia cívicas denunciaron que el país, timoneado por Milosevic, se dirigía por la senda "del fascismo, el totalitarismo y la dictadura".

El caso es que al comenzar 1999 Milosevic encontraba grandes dificultades para instrumentar el malestar social en su provecho. Aunque la producción cuantitativamente crecía y la inflación se había reducido a solamente el 35%, la economía estaba de hecho desarticulada por el subdesarrollo de la empresa privada, el traslado de extensas cantidades de bienes y capital a los mercados paralelos no fiscalizados por el Estado y, sobre todo, por el efecto devastador del aislamiento internacional, que además de las sanciones hacía inviable las relaciones normalizadas con el FMI y otras organizaciones crediticias.

Pero no transigir en el dominio interior era lo esencial para Milosevic, así que huyó hacia delante con una nueva y feroz arremetida nacionalista en Kosovo. Para muchos observadores internacionales, resultaba inexplicable la contumacia del líder serbio en dilapidar todo el crédito que como estadista había obtenido en Dayton y en acercarse al abismo político.

10. La guerra contra la OTAN y pérdida de Kosovo
Al comenzar 1999 las negociaciones sobre Kosovo se hallaban en un punto muerto con un trasfondo prebélico de escaramuzas y represalias. El 29 de enero, la constatación de que las fuerzas de seguridad serbo-yugoslavas estaban respondiendo a las emboscadas del UCK con tácticas de guerra sucia -captura y ejecución de civiles y presuntos guerrilleros, destrucción de propiedades de paisanos-, condujo al Grupo de Contacto a ultimar a las partes a que llegaran a un acuerdo político sobre el futuro de la provincia en unas conversaciones que comenzarían en Rambouillet, Francia, el 6 de febrero y que tendrían que terminar en dos semanas.

Las delegaciones iniciaron las discusiones en la fecha convenida, pero, tras dos prórrogas, las terminaron el 23 sin llegar a acuerdo alguno, obligando al Grupo de Contacto a convocar otra conferencia (Rambouillet 2) para el 15 de marzo. Sometidas a fortísimas presiones, las partes estudiaron el documento preparado por el Grupo de Contacto, que, con manifiesta ambigüedad, parecía descartar la independencia de Kosovo al invocar la intangibilidad de las fronteras y negar un referéndum -solicitado por Rugova- sobre la cuestión en el plazo de tres años.

El territorio sería dotado de un "autogobierno interino" con instituciones democráticas y cuyas competencias excluirían la defensa territorial, el comercio exterior, la política internacional, la emisión de moneda, la fijación de impuestos y el control de aduanas. Todo ello sería competencia de las autoridades de Belgrado, que se aseguraba la soberanía sobre la provincia. El UCK debería desarmarse, la presencia militar y policial serbia tendría que reducirse drásticamente y la seguridad del territorio correría a cargo de una fuerza militar de la OTAN similar a la desplegada en Bosnia, KFOR.

La delegación albanesa vio en el plan el resquicio a una independencia a corto o medio plazo, y el 18 de marzo estampó su firma en el documento. La delegación de Belgrado se negó a secundarla por las mismas razones y denunció todo el proceso de Rambouillet como un complot antiserbio reforzado con la amenaza de bombardeos de la OTAN. Milosevic agotó la paciencia de los patrocinadores del evento cuando al día siguiente las fuerzas serbias lanzaron una ofensiva general en las regiones de Drenica, Mitrovica y Vushtrri, que tomó todo el aspecto de una violenta limpieza étnica como las conducidas en Bosnia. El 23 de marzo, luego de fracasar una ultima reunión de emergencia en Belgrado entre Milosevic y Holbrooke, Solana dio la orden de iniciar los ataques aéreos.

Los bombardeos (Operación Allied Force) comenzaron el 24 de marzo con la participación de nueve países aliados y se concentraron en objetivos militares y estratégicos en Kosovo y el resto de Serbia. La secuencia de los hechos de esta guerra presentó similitudes con la campaña internacional contra Irak en 1991 por su invasión de Kuwait.

Yugoslavia quedó a la entera merced de una maquinaria bélica de última tecnología a la que no podía oponer más que una defensa testimonial, y su dirigente improvisó diversas argucias en un intento desesperado de evitar un desenlace que parecía ineludible, aunque todas se redujeron a tres: tácticas de guerra psicológica para abrir fisuras en la coalición agresora, operaciones de guerra real contra la población civil de Kosovo y provocaciones militares a Albania para arrastrar a toda la región a una guerra general.

De inmediato, Belgrado rompió las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania, e intensificó la represión en Kosovo, creando una crisis humanitaria sin precedentes con el éxodo masivo de albaneses a Albania, Macedonia y Montenegro, de la que culpabilizó directamente a los bombardeos de la OTAN. Milosevic explotó a fondo la no autorización expresa por la ONU de los ataques, a los que calificó de "agresión criminal" contra su país, e implicó de su lado a una Rusia extremadamente irritada por una acción unilateral que no contaba con su aprobación. Para exacerbar el sentimiento de solidaridad eslava, la Asamblea Federal votó el 12 de abrir solicitar el ingreso en la unión ruso-bielorrusa, un gesto carente de la menor operatividad.

Cuando a comienzos de abril la OTAN extendió los bombardeos a objetivos económicos de Belgrado, Nis, Novi Sad y otras ciudades de Serbia y las masacres de población civil se tornaron regulares tanto allí como en Kosovo, la OTAN brindó a Milosevic un excelente argumento para contrarrestar su versión de que su acción era esencialmente humanitaria, para detener una violación a gran escala de los Derechos Humanos de los albaneses, y que los "errores" de la aviación aliada no eran tales, sino agresiones premeditadas. La tesis serbia de que la OTAN era la que había traído la desolación y la muerte a Kosovo caló en no pocos sectores de las opiniones públicas de los países aliados, sobre todo en el arco ideológico de los comunistas y la extrema izquierda.

Sin embargo, los aliados, a diferencia de lo sucedido en Bosnia y en el mismo Kosovo durante 1998, mantuvieron una línea monolítica: los bombardeos continuarían hasta que Belgrado no evacuara sus tropas de Kosovo, totalmente, con celeridad y sin subterfugios, una exigencia mucho más draconiana que la presentada en Rambouillet.

Para doblegar a su adversario, la OTAN complementó el asalto aéreo con medidas de presión adicionales, como el endurecimiento de las sanciones hasta el nivel de las vigentes en 1992-1996 (imposición del embargo petrolero por la UE el 26 de abril y del embargo comercial total por Estados Unidos el 1 de mayo), el bloqueo naval del Adriático y de los accesos del Danubio, y la aportación de datos de inteligencia para avalar las acusaciones de que en Kosovo estaba cometiéndose una limpieza étnica a gran escala.

Así, el Gobierno alemán informó que en febrero las fuerzas de seguridad serbias elaboraron un plan denominado Operación Herradura para el vaciado de Kosovo de albaneses, cuyas fases preliminares habían supuestamente comenzado antes de la guerra con la OTAN para acelerarse desde el primer día de ésta. En un sentido general, los gobiernos y los medios de comunicación occidentales se emplearon en una campaña, dirigida a aleccionar a unas ciudadanías desconcertadas y semejante a la desatada contra el irakí Saddam Hussein en 1990 luego de invadir Kuwait, de demonización de Milosevic, calificándole, por primera vez, de "dictador" y "genocida", e inculpándole de todos los estragos padecidos en la ex Yugoslavia desde 1991.

Pero el instrumento de acoso psicológico más contundente, una verdadera espada de Damocles, fue el anuncio el 27 de mayo por el Tribunal Penal Internacional creado por la ONU para procesar los crímenes de guerra en la ex Yugoslavia (TPIY) y con sede en La Haya de la incriminación de Milosevic en tres causas por crímenes contra la humanidad y una causa por crímenes de guerra, todos cometidos en Kosovo. El presidente serbio se convirtió así en el primer mandatario en activo procesado extraterritorialmente por una corte internacional sobre Derechos Humanos. El TPIY levantó también actas por los mismos rangos de delitos a Milutinovic, a Sainovic, al ministro del Interior serbio Vlajko Stojiljkovic y al general Dragoljub Ojdanic, jefe del Estado Mayor del VJ.

Ya el 6 de abril Milosevic ofreció un alto el fuego unilateral en Kosovo, el inicio de conversaciones sobre la restauración de la autonomía con los albaneses y el retorno de los refugiados a cambio del cese de los bombardeos, pero la OTAN replicó con la exigencia de la retirada serbia previa y sin condiciones y la multiplicación de sus ataques aéreos. No fue hasta junio, al reparar en que la OTAN no iba a ceder, que estaba dispuesta a sostener una intervención terrestre en caso extremo y que la totalidad de las instalaciones militares, fabriles y de comunicaciones del país iban a ser destruidas (con el consiguiente riesgo de perder él el poder, o algo peor), cuando Milosevic sondeó la capitulación.

El 3 de ese mes el Gobierno y el Parlamento federales aceptaron incondicionalmente las condiciones de paz redactadas por el G-8, al cabo de unas negociaciones sostenidas en Belgrado entre Milosevic y los enviados especiales de los aliados occidentales y Moscú, respectivamente el presidente finlandés Martti Ahtisaari y el ex primer ministro ruso Víktor Chernomyrdin.

El 9 de junio el VJ suscribió el documento de alto el fuego en Kumanovo, Macedonia, y al día siguiente comenzó a retirarse de Kosovo. Al instante, la OTAN cesó sus ataques y puso en marcha la operación de despliegue terrestre de la KFOR (Operación Joint Guardian) en la provincia, que, a diferencia de la fase bélica precedente, sí fue autorizada por la ONU, al igual que una misión civil bajo su bandera, UNMIK.

El 12 de junio comenzaron a penetrar las avanzadas de la KFOR (en la que iban a participar unos 50.000 soldados de una treintena de países) en Kosovo con el triunfal recibimiento de la población albanesa. El grueso de los 840.000 refugiados que había escapado a los países limítrofes emprendió el retorno. Simultáneamente, tuvo lugar un éxodo contrario, el de decenas de miles de serbios instalados en la provincia desde hacía siglos, siguiendo a los soldados que completaron la evacuación en la fecha convenida el día 20. El UCK se apresuró a tomar sus posiciones y las organizaciones políticas albanesas a recuperar el control institucional de toda la provincia. El 13 se inició la administración interina de Kosovo, cuyos tres pilares civiles ejercidos por la ONU, la OSCE y la UE, más la KFOR en el apartado de seguridad, conformaron de hecho un protectorado internacional que de momento salvaguardaba la soberanía serbia de iure.

La derrota militar del Estado serbo-yugoslavo fue rotunda y humillante. Hubo de abandonar Kosovo a sus enemigos con el precio añadido de enormes daños humanos, más de 500 muertos, y materiales, valorados en no menos de 30.000 millones de dólares, por causa de los bombardeos. La producción nacional se derrumbó y el año conoció una recesión masiva el 19%, tanto más grave cuanto que el descalabro afectaba sobre todo al sector industrial.

El ambiente estaba impregnado de un profundo sentimiento de frustración y hartazgo por tanta calamidad, así que no tardaron en organizarse movilizaciones opositoras en todo el país, que superaron las dimensiones de la campaña de protestas de 1996-1997. Desde principios de julio, partidos y organizaciones de resistencia tomaron las calles con una serie de manifestaciones masivas y sostenidas, exigiendo a Milosevic que rindiera cuentas por el desastre, denunciando la deriva totalitaria de su régimen y advirtiendo contra el proceso de "irakización" al que el país se abocaba.

En efecto, excepto Rusia, los países concernidos multiplicaron los llamamientos a desalojar a Milosevic del poder -sin precisar cómo sería posible tal extremo, si bien Estados Unidos llegó a ofrecer una recompensa de cinco millones de dólares a quien aportara información que facilitara su arresto y traslado a La Haya- como la única solución contra los males que afligían a Serbia y la desestabilización de todos los Balcanes.

Milosevic, impasible, se acorazó recomponiendo su frente partidista con el SRS, que el 12 de agosto regresó al Gobierno serbio luego de su espantada del 14 de junio en protesta por la rendición ante la OTAN. El partido ultraderechista, de paso, entró también en el Gobierno Federal para cubrir la baja dejada por el SPO, que entre el 18 de enero y el 28 de abril había tenido a Draskovic como viceprimer ministro en una habilísima jugada de Milosevic para malquistar a la oposición.

El veleidoso dirigente nacionalista fue apartado del ejecutivo por Milosevic cuando, con sus peticiones de hacer la paz con la OTAN, empezó a regatearle el protagonismo y el autoconcedido monopolio de cualquier interlocución con extranjeros. Tanto en la victoria como en la derrota, el presidente serbio se reservaba administrar las bazas del país.

El 10 de enero de 2000 Djindjic auspició la formación por 16 partidos de una contundente plataforma anti Milosevic, que adoptó el nombre de Oposición Democrática de Serbia (DOS). La más amplia coalición de fuerzas fraguada en el país galvanizó de nuevo las movilizaciones populares, que habían perdido en intensidad desde finales del año anterior, y el 14 de abril de 2001 convocó a 100.000 serbios en exigencia de elecciones anticipadas.

Entretanto, desde Podgorica, Djukanovic, que no había condenado los bombardeos de la OTAN (Montenegro prácticamente salió indemne por una decisión política de los aliados), redoblaba sus llamamientos a redefinir las relaciones con Serbia y el cambio de la Federación a una asociación de tipo confederal, que salvaguardara la soberanía montenegrina como sujeto de Derecho internacional. Si Belgrado no consentía, amenazó, la escisión e independencia de Montenegro serían inevitables.

11. Confrontación final con la oposición y derribo del poder
Milosevic, cuyo mandato vencía en 2001, estaba dispuesto al enfrentamiento definitivo con la oposición. Con la animosidad general contra él dentro y fuera del país, descartó (si es que es llegó a considerar alguna vez esta opción) someter a aquella por la vía represiva, decretando el estado de emergencia e instaurando una dictadura sin tapujos, quizá porque no tenía segura la lealtad de todos los mandos del VJ. Decidió, pues, aceptar el reto de las urnas, donde estaba convencido que podía ganar, como lo había hecho siempre, así que el 27 de julio convocó elecciones federales anticipadas para el 24 de septiembre.

Pero antes, el 6 de julio, la coalición de partidos fieles aprobó en la Asamblea Federal una serie de enmiendas a la Constitución que reforzaban sobremanera los atributos del presidente, dejando a las claras que el titular del cargo deseaba perpetuarse en el poder. En adelante, el jefe del estado yugoslavo sería elegido por sufragio universal en vez de por la Asamblea, bastaría la mayoría simple de votos y no se exigiría un mínimo de participación para validar los comicios.

Esto iba a impedir, teniendo presente el peso demográfico de Serbia en la Federación (el 94% de sus habitantes), la victoria de un candidato montenegrino, pero también a inutilizar un hipotético boicot masivo de la oposición. El mismo Consejo de las Repúblicas (Vece Republika), la cámara alta de la Asamblea Federal, pasaría a ser elegido directamente en lugar de designar sus miembros a partes iguales las asambleas serbia y montenegrina (20 y 20), una medida claramente dirigida contra el partido de Djukanovic, que ya no podría vetar ninguna disposición legislativa.

Más aún, el mandato presidencial podría prolongarse hasta ocho años partiendo de un cuatrienio renovable, y, obviamente, se entendía que esto valía para Milosevic al carecer la enmienda de efecto retroactivo. Los analistas de fuera interpretaron que con la nueva artimaña legal, diseñada para asegurar la reelección de Milosevic, el régimen había dejado atrás los últimos vestigios de pudor legalista y se aprestaba a enrocarse con todas las consecuencias. De hecho, al autócrata sólo le valía ganar, pues su paso a la oposición traería inevitablemente el arreglo de cuentas, su persecución judicial por diversos delitos y quien sabía si su extradición a La Haya.

A Milosevic le habría gustado tener como contrincante al prooccidental Djindjic, al que habría vilipendiado sin recato, pero la DOS eligió como candidato unitario a Vojislav Kostunica, el reservado presidente del DSS, cuyo crédito como demócrata y patriota serbio era grato a buena parte de la opinión pública y, con reservas a falta de otra alternativa, a la comunidad internacional. Milosevic era consciente de la peligrosidad que Kostunica entrañaba, porque el antiguo profesor universitario era uno de los pocos líderes de la oposición que no había dado bandazos ideológicos y se había alejado de los personalismos fratricidas estimulados por el régimen, revelándose como una alternativa de poder factible.

Tan pronto como se anunció su candidatura, Kostunica recibió las adhesiones plenas de los serbios moderados de Kosovo y Bosnia, de la Iglesia Ortodoxa Serbia (que ya hacía tiempo que había abandonado a Milosevic) y, pese al boicot electoral, del Gobierno de Montenegro. En el exterior, sólo la incondicional Bielarús y la un poco menos entusiasta Rusia, apostaron por Milosevic.

Las encuestas se le pusieron en su contra, de manera que Milosevic, bien personalmente, bien a través de sus adláteres, lanzó una nada convincente campaña de desprestigio contra Kostunica, presentándolo como el "candidato de la OTAN" y vaticinando desastres sin cuento para Serbia si éste ganaba. En realidad, antes y durante la campaña, el dirigente de la DOS echó en cara a Milosevic que terminara perdiendo todas las guerras que había emprendido, que dejase a su suerte a los serbios de Croacia y Bosnia, que abriera la puerta, con catastróficas consecuencias, a las sanciones internacionales y los bombardeos de la OTAN, que abandonase Kosovo a los ejércitos extranjeros y que manipulase a su antojo las instituciones de la república y la federación, hasta conducir al país a un callejón sin salida.

Tan pronto como las urnas se cerraron el 24 de septiembre, se hizo evidente que el oficialismo había perdido, pero que Milosevic no iba a aceptarlo. La DOS declaró que había vencido definitivamente tanto en las legislativas como en las presidenciales, y rechazó las cifras finales facilitadas el día 27 por la Comisión Electoral Federal, que, aún reconociendo la victoria del candidato de la oposición -el 48,9% de los votos frente al 38,6% de Milosevic- le obligaba a concurrir a una segunda vuelta, el 8 de octubre, por no alcanzar el preceptivo 50%.

Esta vez a Milosevic no le funcionó la retórica nacionalista. Por primera vez, había errado un cálculo a corto plazo, no había previsto el surgimiento de un candidato fuerte de la oposición y no había calibrado el grado del malestar en la población tras años de privaciones y sufrimientos.

La DOS, respaldada por la comunidad internacional, rechazó la versión del Gobierno Federal y llamó a la movilización en las calles, Kostunica se declaró vencedor y Djindjic convocó la huelga general y la desobediencia civil en Serbia hasta que Milosevic reconociera su derrota. Desde el 29 de septiembre el país fue paralizándose por el cese de la actividad laboral en comercios, fábricas y minas, el abandono de las aulas por los estudiantes y el bloqueo de las vías de comunicación por los transportistas.

La crisis se precipitó del 4 al 5 de octubre cuando el Tribunal Constitucional invalidó, primero parcialmente y luego en su totalidad, la ronda del 24 de septiembre, desconvocando el desempate del 8 de octubre y forzando la repetición de todo el proceso en fecha incierta. Furiosos por la última maniobra dilatoria del régimen, el día 5 por la tarde miles de partidarios de la DOS se echaron a las calles de Belgrado y, tras sostener algunos choques con las fuerzas de seguridad, asaltaron y ocuparon el edificio del Parlamento, los medios de comunicación adictos a Milosevic y otros símbolos del poder.

La sublevación popular, desenlace que se antojaba inopinado en Serbia una década después del desmoronamiento de los regímenes del Este, puso a Milosevic contra las cuerdas. El que en esas horas críticas considerara lanzar un contragolpe y aplastar a los insurrectos es hoy objeto de interrogante, aunque hay evidencias de que el núcleo duro del régimen, representado por Markovic y altos mandos de la Policía serbia, intentó en efecto plantar cara.

La clave era el Ejército, pero ni el ministro de Defensa, Ojdanic, ni el jefe del Estado Mayor, general Nebojsa Pavkovic (promocionados en febrero anterior por Milosevic en la última purga de mandos castrenses y considerados leales sólo a él) movilizaron a unas tropas cuya integración básica por reclutas les convertía en poco fiables. A la confusión general contribuyeron noticias asegurando que Milosevic y su familia se disponían a abandonar el país por vía aérea.

En 5 por la noche Kostunica compareció ante medio millón de enardecidos manifestantes como el "presidente de la Yugoslavia liberada", pero también para pedir calma a los que exigían el arresto inmediato de Milosevic en su residencia en el opulento suburbio belgradense de Dedinje, que fue protegida por fuerzas de seguridad para prevenir incursiones de exaltados. El fantasma de la guerra civil o de un colofón a la rumana se desvaneció al día siguiente, cuando el Tribunal Constitucional confirmó la victoria de Kostunica en la primera vuelta con el 50,2% de los votos frente al 37,2% obtenido por Milosevic, y el alto mando militar informó que "podría trabajar" con las nuevas autoridades.

El mismo día Kostunica visitó a Milosevic y éste le notificó su aceptación del escrutinio, agradeciéndole de paso la "liberación de las responsabilidades del cargo". Los medios aventaron luego la hipótesis de que en este inesperado encuentro, criticado en la DOS, Milosevic había exigido garantías para él y su familia a cambio de reconocer la derrota electoral.

El día 7 Milosevic dejó de ser oficialmente presidente de Yugoslavia al prestar juramento Kostunica en el Asamblea, y después dirigió una alocución por la televisión anunciando su intención de regresar al proscenio político al frente de un SPS revitalizado. A pesar de este intento de hacer borrón y cuenta nueva y de que la DOS aún estaba lejos de completar su control sobre las instituciones, todo indicaba que el otrora todopoderoso dirigente perdía influencia con rapidez en la vida política del país, e incluso sobre su propia gente.

El SPS, tras algunas resistencias de la línea dura milosevista, se resignó a formar un gobierno de amplia coalición en Serbia y a convocar elecciones anticipadas. Además, en su seno surgieron voces, como las de Lilic y Jovic, demandando un cambio de liderazgo, pues el presente carecía de "cualquier noción de la práctica democrática" y estaba "divorciado de la realidad".

También, destacados partidarios de Milosevic en los resortes de fuerza, o desaparecieron de la escena o mudaron sus lealtades: Ojdanic fue descabalgado como ministro de Defensa el 4 de noviembre, cuando se constituyó el nuevo Gobierno Federal de coalición dominado por la DOS y sin ministros del SPS, y el penúltimo día del año fue cesado en el Ejército; el 25 de enero de 2001 fue destituido otro destacado pretoriano del anterior régimen, Rade Markovic, responsable de la seguridad en el Ministerio del Interior de Serbia, nada más asumir el Gobierno de la DOS presidido por Djindjic (vencedor en las legislativas serbias del 23 de diciembre), y el 24 de febrero fue arrestado; en cuanto a Pavkovic, Kostunica no le destituyó a cambio de su colaboración con el nuevo poder democrático.

12. La cuestión del enjuiciamiento
Con el paso de los días, la situación y el destino del mandatario derrocado se tornaron sumamente inciertos. En la DOS surgieron posturas divididas casi inmediatamente sobre la oportunidad de iniciar acciones judiciales en su contra. Algunos preferían procesarle por delitos cometidos en Serbia, pero otros veían insoslayable acceder a la demanda de extradición del TPIY para que respondiera de las imputaciones sobre Kosovo.

Kostunica, pese a que Milosevic le había intentado hurtar las elecciones, era sumamente reacio a lo uno y lo otro; argumentaba la inoportunidad de iniciar acciones legales contra Milosevic por razones de procedimiento, ya que la legislación nacional no permitía la extradición de ciudadanos yugoslavos a tribunales extranjeros, así como políticas, pues tal medida crearía tensión y desestabilizaría la recién conquistada democracia.

Djindjic era partidario de procesarle, pero preferiblemente por tribunales serbios y por delitos cometidos en Serbia. La cuestión era delicada, pues la Unión Europea y Estados Unidos condicionaban el levantamiento total de las sanciones y la liberación de sustanciosas ayudas financieras al envío de Milosevic a La Haya, cuya fiscalía intensificó las requisitorias.

El 25 de noviembre Milosevic se apuntó un tanto al ser reelegido sin oposición presidente del SPS, en un congreso extraordinario del partido en Belgrado al que asistió interrumpiendo brevemente su voluntaria reclusión domiciliaria. Allí aleccionó a sus desorientadas huestes, arremetiendo contra el "envío de héroes serbios a la nueva Gestapo en La Haya" y contra el "genocidio cometido por una parte de la comunidad internacional contra los serbios". En diciembre una televisión de Belgrado difundió una entrevista en la que un Milosevic desafiante aseguró tener la "conciencia limpia" y "dormir bien por las noches".

Al comenzar 2001 se intensificó el debate en la DOS sobre qué hacer con Milosevic. Mientras Kostunica insistía en que su arresto "no figuraba en sus prioridades", varios líderes partidistas y ministros confirmaron que la detención no se haría esperar en cuanto la justicia formulara cargos, aunque la mayoría negó que pudiera ser procesado en La Haya.

El cerco se fue estrechando: el 1 de febrero se impuso a su domicilio una vigilancia de 24 horas para prevenir movimientos de fuga, y a finales de mes la fiscalía de Belgrado inició una investigación sobre las informaciones que le acusaban de transferir 173 kg de oro a Suiza entre el 21 de septiembre y el 2 de noviembre de 2000. El Congreso de Estados Unidos recordó que el 31 de marzo vencía el ultimátum que ligaba la entrega de Milosevic a la justicia internacional con la certificación de la ayuda económica a Serbia

El 1 abril, tras una dramática resistencia de 24 horas planteada por sus guardaespaldas y una nube de incondicionales vociferantes que frustraron con tiroteos y tumultos dos intentos de asalto policial, Milosevic fue detenido. Acompañado por su esposa y su hija, antes de rendirse amenazó, siguiendo la tradición familiar, con suicidarse, lo que indudablemente le habría convertido en un mártir para una parte sustancial de la población, pero esta vez primó el instinto de supervivencia. La Policía se incautó luego de un pequeño arsenal con armas de cierto calibre en la vivienda.

El ex presidente fue internado en la prisión central de Belgrado, en una celda, según los medios, de las destinadas a los delincuentes comunes, en cumplimiento de una orden de detención preventiva de 30 días basada a su vez en las imputaciones de malversación de fondos, corrupción y abuso de poder. A estos cargos se añadió el de resistencia a la autoridad. La rendición de Milosevic sobrevino tras una ardua negociación entre representantes del Gobierno y altos funcionarios del SPS, y según todos los indicios incluyó la garantía de su no procesamiento en La Haya. Así, el 5 de abril el TPIY envió a Belgrado una orden de arresto y traslado, pero el Ministerio de Justicia serbio se negó a tramitarla.

Desde su celda, Milosevic emitió un texto de recurso ante el juez negando la acusación de enriquecimiento personal y explicando que los fondos desaparecidos se destinaron a financiar los ejércitos serbios de Bosnia y Croacia, una inesperada confirmación personal de lo que ya era más que una sospecha general, y de la que La Haya tomó debida nota por si hubiera que abrirle nuevos cargos sobre crímenes de guerra.

Sometido a una muy fuerte presión internacional -sólo esquivada por Rusia-, el Gobierno serbio informó que la justicia local podría ampliar la lista de cargos con los de traición y complicidad en los varios asesinatos políticos cometidos en Serbia en los últimos años y ninguno esclarecido, como el del ministro federal de Defensa, Pavle Bulatovic, impunemente tiroteado en un restaurante de Belgrado el 7 de febrero de 2000, o el del infame jefe paramilitar y criminal de guerra Zeljko Raznatovic, alias Arkan, sucedido el 15 de enero anterior, amén de la más que probable liquidación de Stambolic, ya mencionada. El 7 de abril Milosevic autorizó al ex ministro de Exteriores y vicepresidente del SPS, Zivadin Jovanovic, a coordinar los trabajos del partido en su ausencia.

13. Procesamiento por el Tribunal de La Haya
El Gobierno yugoslavo fue ultimado por los países occidentales para que extraditara a Milosevic a La Haya antes del 29 de junio, cuando se celebraría una conferencia internacional de donantes liderada por la UE. Estados Unidos dejó claro que Belgrado no vería un sólo dólar de su bolsillo si no acataba sus "obligaciones" como Estado miembro de la ONU que era.

En las semanas siguientes, las diferencias dentro de la DOS, y entre ésta y el SNPCG (que continuó en el Gobierno Federal tras la dimisión de Bulatovic), por el destino final de Milosevic avivaron la tensión institucional y amenazaron con polarizar de nuevo a la opinión pública, que se debatía entre la suspicacia nacionalista frente al diktat exterior y el reconocimiento, teñido a veces de un incipiente sentimiento de culpa, de la auténtica dimensión de los crímenes cometidos en Croacia, Bosnia y Kosovo.

Para conciliar la disposición colaboradora con La Haya del Gobierno serbio de Djindjic y el celo legalista de Kostunica y del primer ministro federal Zoran Zizic, que señalaron la imposibilidad de despachar a Milosevic allí por las buenas sobre la base de la legislación vigente (si bien tras esta resistencia en realidad asomaba una repugnancia a que un ciudadano yugoslavo fuera procesado por un tribunal extranjero, por mucho aval internacional que tuviera), el Gobierno Federal elaboró un proyecto de ley por el que cualquier imputado de crímenes de guerra podría ser extraditado al TPIY tras superar el caso el escrutinio de los tribunales nacionales. La fórmula, un tanto alambicada, impedía las extradiciones directas por orden ejecutiva pero satisfacía el reconcomio legal de Kostunica, mientras que el SNPCG de Zizic dio en principio su visto bueno.

No obstante, el 4 de junio los diputados de este partido unieron sus votos a los del SPS y sus aliados para bloquear el borrador en la Asamblea Federal, poniendo a los líderes de la DOS en un serio compromiso ante los interlocutores internacionales y airando muy particularmente a Djindjic, que advirtió que el país no podía supeditar una ayuda financiera vital a la salvaguarda del hombre responsable de sus calamidades, de suerte que la extradición se produciría en los días siguientes "con o sin ley".

El 23 de junio el Gobierno Federal aprobó a instancias de la DOS un decreto-ley que facultaba la extradición de ciudadanos yugoslavos por la vía ejecutiva. Los abogados del ex presidente apelaron al Tribunal Constitucional contra la legalidad de esta normativa y el 28 de junio, para júbilo de los milosevistas, la corte les dio la razón.

La suspensión por el Constitucional, cuyos jueces habían sido nombrados en la etapa milosevista, del decreto hasta estudiar si se ajustaba a derecho precipitó el desenlace del embrollo: el mismo día 28 de junio, una fecha de tanta significación para la historia de Serbia y que vino a marcar el alfa y el omega de Milosevic, 14 de los 15 ministros del Gobierno serbio reunidos de emergencia votaron por proseguir el proceso de extradición puenteando a las instituciones federales.

El Gobierno serbio se declaró competente para asumir determinadas funciones de su homólogo yugoslavo al amparo de sendos artículos de las constituciones de Serbia y Yugoslavia, y dispuso el fulminante traslado de Milosevic en un helicóptero serbio bajo custodia de funcionarios del TPIY desde la prisión central de Belgrado hasta el acuartelamiento estadounidense de la Fuerza de Estabilización de la paz (SFOR, sucesora de la IFOR) en Tuzla, Bosnia, y de ahí en un avión militar británico a la base de la OTAN de Folken, en Eindhoven.

Ya en las primeras horas del día 29 y de nuevo en helicóptero, Milosevic fue conducido, esposado y flanqueado por dos oficiales de la ONU, a la cárcel de máxima seguridad de Scheveningen, en las afueras de La Haya, el habitáculo de los procesados y condenados por el TPIY. Irónicamente, Milosevic iba a compartir reclusión con reos por crímenes de guerra de otras nacionalidades que le combatieron mortalmente en las guerras de Croacia y Bosnia.

El ex mandatario dejó Belgrado sumido en un fenomenal alboroto político, con Djindjic justificando su expeditivo movimiento para "evitar a Serbia la ruina", Kostunica calificando de "ilegal e inconstitucional" la medida -de la que, aseguró, se enteró por los medios de comunicación- y Zizic anunciado su dimisión irrevocable, aun cuando Occidente premió la difícil decisión con una ayuda de 1.300 millones de dólares. Conforme al procedimiento, el 3 de julio Milosevic se sentó en el banquillo del TPIY, sito a 3 km de Scheveningen, que presidía el juez francés Claude Jorda para comunicársele su acta de acusación y su derecho a ser asistido por un abogado.

En la histórica sesión se esperaba de Milosevic una declaración sobre su culpabilidad o no de los cargos que se le imputaban, de momento limitados a la responsabilidad directa en la ejecución de 340 albanokosovares y en la deportación de otros 740.000 a lo largo de 1999, así como a la instigación y planificación de las operaciones de limpieza étnica en Kosovo. Ahora bien, la fiscal general, la suiza Carla del Ponte, pronosticó la ampliación del sumario con delitos de genocidio por atrocidades cometidas en Croacia, Bosnia y Kosovo desde 1991.

Impertérrito y desafiante, Milosevic negó la legitimidad del tribunal, calificó su presencia allí de maniobra de justificación de los "crímenes cometidos por la OTAN contra Yugoslavia" e incluso renunció a la defensa de sus abogados, que llegaron a La Haya como "asesores legales". El juez Richard May asumió para el juicio -cuyo arranque, considerando la complejidad de un sumario susceptible de acumular cargos, podría demorarse en un año-, una petición de "no culpabilidad" en nombre del acusado.

(Cobertura informativa: hasta el 3 de julio de 2001)

Falleció en la cárcel, en circunstancias poco claras, en Marzo del 2006


 

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