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Surrealismo: fuerza opuesta a la lógica para abrir ventanas
íntimas.
Magritte rompe en algún momento con una cierta coherencia perceptiva
que es distinguible en parte de su obra. Surrealismo : Triángulo
temido del cual se afirma nadie regresa. Es tiempo de todos los
tiempos venideros. La mancha sanguinolenta se convirtió en
paréntesis que ratifica lo mismo en muerte, destrucción,
humillación, abandono y soledad entre tantas soledades. El tiempo es
de todos los tiempos que hoy exudan aún las balas sangrantes del
monstruo que aún muerto siguió matando energías, siguió sembrando
depresiones, siguió enrareciendo la atmósfera con su aliento
mortecino y putrefacto...y aún sigue.
Magritte vigente lo es en cuerpo y espíritu porque aún hoy nos
rodean los mismos síntomas de destrucción sin pendejadas. Magritte
en su conjunción de elementos opuestos y contradictorios encontró un
proyecto expresivo capaz de conflictuar las relaciones entre el arte
y la realidad y el problema de la no realidad en el arte.
Magritte conflictúa la denominación de los elementos presentes en
cada cuadro alterando los esquemas occidentales que paralizan el
pensamiento reduciendo el potencial cognoscitivo por la vía de una
especie de objetualización de la experiencia en unidades sonoras,
arbitrarias y codificadas.
Son "observatorios" para una exploración lúdica de ida y vuelta, son
"cartografía" arbitraria de un universo sin puntos cardinales. Son
naves seductoras que despegan y aterrizan pertinaces movidas por la
propulsión fantástica de las emociones íntimas y, son también,
"espejos" que reflejan, cómplices, el tinglado complejo de
voluntades y deseos múltiples para cerrar la "pinza" de un juego
interno nada nuevo.
Cada obra se mece colgada en el tendedero de las provocaciones
múltiples, esperando y generando respuestas y discursos que ya no
están en la palabra pero que están ahí oreándose bajo los rayos
simbólicos de un sol cultural que las vitamina, fortaleciendo esa
toma de placer estético que se excita "tan callando".
En la azotea de los resultados, la experiencia notifica los
elementos, lo elemental, lo primitivo y lo primero. Queda claro de
nuevo que están ahí prendidos con pinzas las prendas más íntimas de
la vida sintetizando misterios y formas en cada forma sincerada
consigo mismo al saberse prenda íntima también.
Malabareamos gustosos con símbolos de frescura incontable mientras
nos dejamos sorprender por los lengüetazos intensos de la obra que
se hace pertinente para atraparlos en el laberinto carruselesco de
esas imágenes que nos arropan.
Es ése uno de los grandes chistes, de los grandes humores, que
enseñan enseñando con sus paradojas, sus contradicciones y su
necedad. Es como aplaudir a una manos que se quitan los guantes para
aplaudir. Es como meter la cabeza a una caja de espejos y
sorprendernos por el realismo de la imagen.
Si por algo entonces se mueven las palancas de un lenguaje trenzado
siempre con la sorpresa, es porque se parece al amor curioso este de
exponernos en la conjunción de verbos balbuceados siempre, capaces
de poner en comunión ese conjunto de prendas íntimas, que tanto se
parecen a nosotros.
La pintura le ofrece a Magritte un reducto que se subordina a las
necesidades más íntimas de su fantasía transgresora, revolviéndose
en la hierba fresca del paisaje más frondoso donde florecen las
metamorfosis.
Surrealismo: bofetada perenne en el rostro de la historia.
No hay en Magritte, según dicen algunos, una intencionalidad
ideológica de orden político dispuesta en contra de los esquemas
sociales, y sin embargo se mueve...esa contundencia que avanza sobre
lo profundo del hombre, reordenando principios de comprensión en
torno as los estímulos hechizantes de una sensibilidad que busca
encontrarse con las fuentes permanentes de la locura creadora; ahí
emanan nuevas revoluciones.
Magritte se encuentra con elementos de aparente intrascendencia e
insignificancia para enfrentarlos al reto de la fantasía. Aún en
medio de la aparentemente escasa significación poética, la obra de
Magritte funde lo racional con lo irracional en actos creadores
donde metáfora y paradoja se unen.
Surrealismo: martillazo en los Guevos de dios.
Magritte produce sobresaltos estéticos en el observador común movido
por la idea de generar „una acción consciente contra lo real a favor
de una transformación de la vida‰. La realidad ha de morderse la
cola una y otra vez hasta que el cansancio venza a los que la
aplauden. Magritte obliga a la gallina a confrontarse con el huevo
en su eterna polémica. Magritte pinta un espejo que mira a otro
espejo perturbándolo todo con una sagacidad que es puntual a su
tiempo y al nuestro. Acto de cración que en su núcleo posee la
potencia de un discurso estético hasta hoy vigente, poseedor de
verdades aún no devaluadas ni refutadas con suficiente poder
fantástico.
La obra de Magritte hace de la realidad caricatura de ambigüedades
en donde todo y nada son la misma cosa, arriba y abajo no interesan.
Magritte fue impulsor del surrealismo belga junto a Paul Delvaux;
colaboró como ilustrador en varias revistas europeas y realizó
exposiciones individuales en galerías importantes, pero fue eso y
mucho más.
Surrealismo: hachazo en el pene del siglo XIX.
René Francois Ghislain Magritte, fecha de nacimiento 21 de noviembre
1898.
Filiación : surrealista. Fecha de defunción 15 agosto 1967;
consigna, contemporáneo.
En la obra de Mgritte los objetos se aíslan de sus funciones
transgrediendo también el contexto, lo ajeno se une provocando
atmósferas insólitas en las que todo se vuelve posible. Se fertiliza
la imaginación alcanzando con placer el fruto prohibido del
pensamiento que sabe hacerse distinto en la cama tibia de la locura
más nutritiva.. El pensamiento se disuelve en fantasía, se acurruca
en los brazos de un aventurero experto capaz de modificarlo todo a
fuerza de transgredir el tiempo y espacio. Dándose probaditas de
aventura en cada obra. Magritte conjuga dispositivos mentales
arbitrarios obligándonos a identificar a la irrealidad en el juego
al final importante que pone a bailar incluso a la reiteración.
Surrealismo: urna fantástica donde el amor vota.
Magritte consiguió obligar a los objetos y a los sujetos a violentar
sus factores idiomáticos para trasladarlos a otros factores
idiomáticos integrando objetos y emociones discordantes. Es Magritte
vigente, es Magritte de hoy.
Instituto de Investigaciones sobre la Imagen
www.universidadabierta.edu.mx
Reportaje
LA OBRA DE MAGRITTE
forma parte de las imágenes de las vanguardias artísticas que han
logrado penetrar el inconsciente colectivo del siglo XX. Junto a las
deconstrucciones cubistas de
Picasso y Braque, o
las paradojas visuales como los relojes blandos de Salvador Dalí,
las perturbadoras imágenes de Magritte pertenecen a esa categoría
visual que, con los años, ha saltado de las telas y esculturas
expuestas en museos al universo de la publicidad mediática o los
vídeo-clips musicales. Pese a su renombre mundial, la obra de
Magritte sólo es conocida en España de un modo fragmentario. Para
celebrar el centenario del artista belga, la Fundación Joan Miró de
Barcelona acoge una amplia exposición retrospectiva.
El imperio de las luces - R Magritte - 1959
- Óleo sobre lienzo (Foto de la derecha)
Pintó una serie de variaciones
de “El imperio de las luces” en las cuales exploró
el aspecto simultáneo del día y de la
noche. En la porción superior de la composición muestra el cielo de
la luz del día con la luz del sol en las nubes,
mientras que en la parte baja representa obviamente la noche, con la
luz de la farola y sus reflejos. Sin embargo, su capacidad para
combinar día y noche es tal que todo parece estar en armonía y la
combinación forma una representación visual completa.
Escuchemos al propio Magritte hablar de su obra: ”un lugar nocturno
bajo un cielo luminoso, en El imperio de las luces
plasmé diversas ideas: un paisaje nocturno y un cielo tal como lo
vemos de día. El paisaje lo asociamos con la noche y el cielo con el
día. Yo creo que esta simultaneidad del día y de la noche tiene el
poder de asombrarnos y cautivarnos. A este poder lo llamo poesía".
Las creaciones mentales visualizadas por Magritte, mezcla de
desarmante ingenuidad y ominosa premonición de mundos paralelos, son
ya un icono de nuestra época. Árboles con ventanas, cielos azules en
los que las nubes adquieren forma de pájaros, retratos de mujer con
el rostro cubierto por un lienzo o aparentes contrasentidos como un
vaso de agua con un paraguas debajo nos resultan extrañamente
familiares, acaso porque ya están impresas en nuestros circuitos
cerebrales. Sea como fuere, René Magritte fue el primer navegante en
aguas del surrealismo que pescó para la posteridad esas visiones
encantadas y encantadoras. La capacidad de incitación y el misterio
de su obra, en un siglo en que al arquetipo de artista renovador
suele corresponderle una existencia turbulenta, es aún más
desconcertante a partir de la biografía del surrealista belga,
caracterizada por la apacibilidad y la continuidad. Aparte del
traumatismo que sin duda alguna representó el suicidio de su madre
cuando Magritte contaba 13 años, su existencia transcurrió a salvo
de los avatares personales que marcaron la trayectoria de otros
artistas contemporáneos, y tampoco puede decirse que le afectaran
demasiado los tránsitos de la historia, pues la temprana edad le
mantuvo alejado de los horrores de la Primera Guerra Mundial y,
durante la Segunda, su obra continuó exhibiéndose y motivando
trabajos teóricos incluso bajo la ocupación alemana de su país.
Magritte nació en la localidad belga
de Lessines el 21 de noviembre de 1898. Su padre, Léopold, era
sastre y comerciante y su madre, Régine, había trabajado como
modista antes de contraer matrimonio. El artista, pues, vino al
mundo en el seno de una familia media acomodada, aunque en modo
alguno pudiente, que en los primeros años de su vida cambió varias
veces de lugar de residencia. Sus dos únicos hermanos, Raymond y
Paul, nacerían respectivamente en 1900 y 1902 y sobre todo este
último sería compañero y colaborador de su hermano artista durante
toda la vida.
El 24 de febrero de 1912, cuando
Magritte no había cumplido aún 14 años, su madre se suicidó
lanzándose a las aguas del río Sambre. No está claro si Régine tomó
su fatal decisión impulsada por la infelicidad conyugal o como
consecuencia de un trastorno mental agudo. Su cuerpo no fue hallado
hasta tres semanas más tarde: lo extrajeron de las aguas con la
camisa doblada sobre la cabeza, ocultándole el rostro. La frecuente
aparición en las pinturas posteriores de Magritte de personajes con
el rostro oculto por un lienzo ha sido directamente relacionada por
los críticos con ese luctuoso suceso en la infancia del artista,
pero no existen pruebas de que se tratara de una asociación
consciente.
LA INFANCIA
En realidad, son varios los
acontecimientos de la niñez de Magritte cuyo influjo puede
detectarse en su producción plástica. Por ejemplo, dio sus primeras
clases de dibujo en el umbrío altillo de una tienda de dulces de
Châtelet, donde residió temporalmente su familia. En esa clase de
dibujo, constelada de formas misteriosas y penetrada de los aromas
de bombones y pasteles, Magritte era el único alumno varón. Más
adelante, en Bruselas y al margen de la guerra que asolaba toda
Europa, Magritte produjo sus primeras obras de influencia
impresionista y poco después comenzó a estudiar en la Académie des
Beaux Arts de la capital belga, donde tuvo como profesores de
pintura a los artistas Emile Vandamme-Sylva, Constant Montald y
Gisbert Combaz. Poco antes, en una feria en Charleroi ha conocido a
la que será su esposa, Georgette Berger. Ella tiene 12 años y él 15.
No volverán a encontrarse hasta siete años más tarde y se casarán en
1923.
En 1918 y 1919 vieron la luz pública
las primeras obras de Magritte. Su primera venta es el diseño de un
cartel para la marca de sopas Derbaix. La revista de arte Au volant,
que editan Victor y Pierre Bourgeois, publicó dibujos suyos y la
recién inaugurada sala Centre d'Art de Bruselas acogió su primera
exposición de proyectos para carteles. A partir de entonces,
Magritte entra de lleno en el singular ambiente de las nacientes
vanguardias artísticas belgas, que reciben la temprana influencia de
los futuristas italianos, los incipientes surrealistas franceses y
el movimiento dadaísta. A través de un amigo, el músico E. L. Mesens,
Magritte conoce al compositor Erik Satie y a Tristan Tzara, uno de
los impulsores del dadaísmo. En ese periodo, la pintura de Magritte
registra las influencias del purismo y el cubismo y se halla en la
línea de pintores como los franceses Férnand Léger y Delaunay. En
1923, el año de su matrimonio, comienza a participar en exposiciones
colectivas internacionales. Se siente profundamente impresionado por
el descubrimiento de la obra de Giorgio de Chirico, uno de cuyos
cuadros, El canto del amor, le hace estallar en lágrimas. El influjo
del arte metafísico y post-simbolista de De Chirico será lentamente
reelaborado por Magritte y no se notará en su obra hasta años más
tarde.
EL
SURREALISMO
A partir de los primeros años veinte,
tanto la producción de obra como la difusión de Magritte
experimentan una aceleración. Sus contactos con los vanguardistas
franceses, como Francis Picabia, se intensifican y crece el núcleo
de artistas, escritores y músicos belgas alineados con las nuevas
corrientes creativas. A partir de 1925, Magritte comienza a pintar
en un estilo inconfundiblemente surrealista, con potentes
influencias de De Chirico y Max Ernst, de quien toma la idea de
trabajar con papeles pegados sobre los cuadros. Entre 1926 y 1930, a
raíz de un contrato con la galería Le Centaure de Bruselas, Magritte
pintará 280 telas, una cuarta parte de su producción pictórica
total. El 24 de agosto de 1928 fallece en Bruselas su padre, Léopold.
La relación de Magritte con los
surrealistas, sobre todo con André Breton, experimentará a partir de
entonces una serie de altibajos que continuarán hasta 1947, en que
el pintor belga será excomulgado por el Sumo Pontífice surrealista,
que condenará un escrito de Magritte titulado El surrealismo a pleno
sol en el que apunta una concepción más optimista del surrealismo
futuro, con la palabra "placer" como punto clave. Entretanto, la
fama de Magritte ha cruzado el Atlántico y su reputación se afianza
en Estados Unidos a través de exposiciones como la individual de la
galería neoyorquina Julien Levy, o la colectiva organizada por
Alfred Barr en el flamante Museo de Arte Moderno de Nueva York,
titulada Fantastic Art. Dada. Surrealism.
Durante esos años de plenitud entre
mediados de los treinta y finales de los cincuenta, René Magritte
consolida, investiga y expande su peculiar universo plástico. Es la
etapa de sus Metamorfosis, ejemplificada en cuadros como In memoriam
Mack Sennet (1936), Le Grand Siècle (1954) o los ocho grandes
cuadros realizados en 1953 para la decoración mural del casino de la
localidad belga de Knokke, que el artista titulará Le domaine
enchanté (El territorio encantado). Un texto escrito por Magritte en
1958 a propósito de su cuadro Les vacances de Hegel esclarece su
aproximación cada vez más filosófica y metafísica hacia sus imágenes
y ayuda a comprender sus fuentes de inspiración y su método de
trabajo: "¿Cómo podía mostrar un vaso de agua en un cuadro de forma
que no fuera indiferente, ni fantasioso, ni arbitrario, ni débil,
sino -osemos decirlo- genial? (sin falsa modestia). Empecé por
dibujar muchos vasos de agua, siempre con un solo trazo para el
vaso: al cabo de 100 o 150 dibujos, el trazo se fue ensanchando y
adoptó la forma de un paraguas; después situé el paraguas dentro del
vaso y, para acabar, debajo del vaso, que es la solución exacta a la
pregunta inicial: ¿Cómo pintar un vaso de agua con genio? Después
pensé que a Hegel (otro genio) le habría interesado este objeto, que
tiene dos funciones opuestas: no querer agua (rechazarla) y quererla
(contenerla). Se habría sentido seducido, creo, o divertido (como en
vacaciones) y por eso titulé el cuadro Les vacances de Hegel".
Los últimos 10 años de vida de René
Magritte estuvieron jalonados de exposiciones retrospectivas en todo
el mundo (en Dallas y Houston en 1960-61; en Knokke en 1962; en el
MOMA neoyorquino en 1965 y en Chicago, Pasadena y Berkeley en 1966;
Rotterdam y estocolmo en 1967), honores y estudios sobre su vida y
su obra. Pese a la fama y el reconocimiento mundiales, Magritte
padeció hasta el final dificultades financieras y siguió llevando
junto a su esposa la existencia tranquila de siempre. En enero de
1967 tuvo la idea de realizar esculturas a partir de ocho de sus
cuadros. Su último viaje fue en la primavera de ese año a la
fundición Gibiesse de Verona (Italia), donde corrigió y firmó los
moldes en cera de sus obras. Las versiones originales en bronce no
las vería nunca, porque falleció el 15 de agosto de 1967 a causa de
un cáncer de páncreas, llevándose a la tumba el secreto profundo de
su obra única y fascinante. |