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120109 - Cidob - Egipto: Muhammad Hosni Sayyid Mubarak, conocido comúnmente como Hosni Mubarak, nació en Kafr-El Meselha el 4 de mayo de 1928. Político y militar, es el actual Presidente de la República Árabe de Egipto desde el 14 de octubre de 1981 cuando sucedió a Anwar el-Sadat tras su asesinato el 6 de octubre del mismo año.

Partido político: HDW

Profesión: Militar

Resumen

Procedente de una familia de la burguesía media, en 1947 ingresó en la Academia Militar Egipcia y se graduó con una titulación en Ciencias Militares. En 1950 se unió a la Academia del Aire en El Cairo, de la que salió como oficial piloto de combate y con otro título de Ciencias de la Aviación. Desde entonces desempeñó diversos mandos en la Fuerza Aérea egipcia, como instructor de vuelo, jefe de escuadrón y comandante de base. (Ver:
Hermandad Musulmana)

Biografía


En 1964 encabezó una delegación militar en la URSS, donde amplió su formación como aviador, y a su vuelta fue nombrado comandante de la Fuerza Aérea de la región occidental, con base en El Cairo, y director de la Academia del Aire, posiciones desde las que asistió impotente a la aniquilación de la casi totalidad de los aparatos egipcios en el ataque sorpresa israelí en el primer día de la Guerra de los Seis Días, el 5 de junio de 1967.

En junio de 1969 fue promovido a jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire y en abril de 1972, dos años después de la muerte de Gamal Abdel Nasser y la llegada a la Presidencia de Anwar as-Sadat, a comandante en jefe del Ejército del Aire, con el rango de vicemariscal. También asumió su primera tarea política como viceministro para Asuntos Militares. En la Guerra de Yom Kippur, entre octubre y noviembre de 1973, el Ejército egipcio, que esta vez atacó primero, volvió a ser derrotado, pero mostró una determinación y una valía desconocidos en 1967.

Mubarak, prestigiado como uno de los "cinco héroes de la travesía del Canal de Suez", fue elevado antes de alcanzarse el alto el fuego el 11 de noviembre a mariscal del Ejército del Aire. El 15 de abril de 1975 Sadat le convirtió en su vicepresidente y en comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, con el rango de teniente-general. Su nombramiento también en 1978 como vicepresidente del oficialista Partido Nacional Democrático (HDW), le confirmó como virtual sucesor del rais.

Mubarak se fogueó en estos años en las cuestiones políticas, de las que apenas tenía experiencia, como enlace ante los gobiernos implicados en las cuestiones de Oriente Próximo, sirviendo a Sadat con absoluta lealtad. Así, hubo de explicar, en especial a los países del bloque comunista, el espectacular viaje de su jefe a Jerusalén en noviembre de 1977, gesto que certificó el viraje egipcio hacia el mundo occidental y su disposición a hacer la paz con Israel.

Tan osada política resultó fatal para Sadat: el 6 de octubre de 1981, mientras presenciaba un desfile militar, un grupo de soldados integristas abrió fuego y arrojó granadas contra la tribuna de autoridades, provocando su muerte y la de otras ocho personas. Mubarak, que estaba sentado a su izquierda, escapó milagrosamente del atentado. Al día siguiente, la Asamblea le proclamó candidato a la Presidencia (la jefatura del Estado recayó interinamente en Sufi Abu Talib), puesto en el que fue confirmado por aclamación plebiscitaria el día 13, con un 99% de síes, y del que tomó posesión el 14. Asimismo, asumió la Secretaría General del HDW y la jefatura del Gobierno, igualmente dejada vacante por Sadat, hasta que el 2 de enero de 1982 Ahmad Fuad Mohieddin fue nombrado para esa función.

En el momento de la asunción de Mubarak, la comunidad internacional expresó dudas sobre su actitud ante un Israel con el que recientemente se había hecho la paz y sobre su capacidad para sobrellevar el absoluto boicot árabe, aplicado precisamente en castigo por aquella decisión, que le había sido reprochada a Sadat como un acto unilateral y una traición a la nación árabe.

Desde los primeros momentos (y ello quedó confirmado para lo sucesivo), se observó que el nuevo rais egipcio carecía del liderazgo y el porte aristocrático de Sadat, y ni de lejos gozaba del carisma del gran conductor de masas que fue Nasser. No obstante y progresivamente, su influencia moderadora y conciliadora se hizo sentir en todos los escenarios de conflicto de la región, con el evidente aprecio de Estados Unidos. Mubarak se convirtió para este país en un puntal de su estrategia de paz regional y en su aliado árabe más confiable. No debe olvidarse que tras el viraje estratégico de Sadat, Egipto se convirtió en 1987 en el primer país árabe en recibir de la Presidencia de Estados Unidos el estatus de Aliado Principal No de la OTAN (MNNA): Israel, precisamente, era el otro país de la región en disfrutarlo, también desde 1987 (Jordania se les sumó en 1996).

La labor exterior de Mubarak, de acuerdo con su personalidad ajena a estridencias y a decisiones erráticas (lo que se aprecia como una virtud en una región que ha sido pródiga en liderazgos controvertidos), ha estado siempre dirigida al apaciguamiento de conflictos y a la recuperación del privilegiado estatus de Egipto en el mundo árabe, una difícil empresa a priori, pero que condujo con éxito total.

Alineado en el campo árabe moderado por su apoyo a Irak contra Irán durante la primera guerra del Golfo (1980-1988, Mubarak obtuvo su primer éxito de importancia el 25 de septiembre de 1984 cuando Jordania anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, lo que fue seguido, el 9 de octubre, con una histórica visita al rey Hussein en Ammán. En noviembre de año siguiente fue Yasser Arafat, presidente de la OLP, quien se sumó al entendimiento y visitó a Mubarak en El Cairo. En realidad, Arafat ya había roto el hielo en diciembre de 1983, cuando lo primero que hizo tras abandonar Líbano fue acudir a entrevistarse con el mandatario egipcio en busca de apoyo frente al acoso feroz a que le sometían Siria y la disidencia radical palestina.

El tercer avance se produjo del 8 al 11 de noviembre de 1987 cuando la Liga Árabe, reunida en Ammán en su XIV Cumbre, autorizó a los estados miembros la reanudación de las relaciones diplomáticas con Egipto, rotas en bloque a raíz del tratado de paz egipcio-israelí y por decisión de la cumbre extraordinaria de la Liga en Bagdad el 31 de marzo de 1979. A partir del 14 de noviembre de 1987 optaron por la reconciliación Marruecos, Kuwait, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Yemen del Norte, Mauritania y Arabia Saudí. Túnez lo hizo el 24 de enero de 1988, Líbano el 17 de agosto de 1989 y, finalmente, Siria el 27 de diciembre de 1989.

El 2 y el 3 de mayo de 1990 Mubarak fue recibido en Damasco por el presidente sirio Hafez al-Assad, como él un antiguo general en jefe de la fuerza área, y del 14 al 17 de julio le devolvió el hospedaje en Alejandría, avanzando en un cierto restablecimiento del eje El Cairo-Damasco, que tan dinámico había sido en el pasado. También en 1989 se reconcilió con el líder libio Muammar al-Gaddafi, con el que se encontró por primera vez en Egipto el 16 de octubre y en Libia el 12 de diciembre. El 24 de marzo de 1990 se produjo en Tobruk un significativo encuentro a tres que rememoró las cumbres Gaddafi-Assad-Sadat de comienzos de los años setenta. Como colofón a este espectacular proceso normalizador, en septiembre de 1990 El Cairo volvió a ser la sede de la Liga Árabe, que en su Cumbre de Casablanca del 23 al 26 de mayo de 1989 había terminado por readmitir a Egipto en su seno.

La recuperación de la solidaridad árabe vino en un momento muy oportuno para Mubarak, con el estallido de la crisis militar en el golfo Pérsico por la invasión irakí de Kuwait. Junto con Siria y Marruecos, Egipto aportó 35.000 soldados a la fuerza panárabe para la protección de Arabia Saudí, que si bien jugó un papel menor en las operaciones militares en la liberación del emirato (enero y febrero de 1991), sirvió para cimentar la nueva amistad con Siria y las monarquías petroleras del Golfo.

Concretamente con Arabia Saudí y Siria, Egipto formó un triángulo vigilante del statu quo posbélico en tan estratégica zona. Por otro lado, del 11 al 16 de mayo de 1990 Mubarak viajó a China y a la URSS, en la primera visita a Moscú de un mandatario egipcio desde 1972, y prosiguió los contactos regulares con los primeros ministros israelíes, práctica inaugurada por su predecesor.

Por otro lado, el presidente George Bush agradeció la significativa aportación egipcia a la alianza de naciones por él liderada contra Irak y tras la contienda anunció la condonación de una parte de la deuda contraída con Estados Unidos (Egipto es tras Israel el segundo receptor mundial de ayuda económica de Estados Unidos). Igual decisión tomaron las monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo.

En la política doméstica, empero, Mubarak ha mostrado los tics autoritarios y el temor a dar cauces de desenvolvimiento a más amplios segmentos de la sociedad civil, tan característicos en los estados árabes. Nunca abierta a contestación, su candidatura a la reelección en la Presidencia cada seis años ha sido simplemente plebiscitada por el electorado tras ser aclamada en la Asamblea Popular. Así sucedió el 5 de octubre de 1987, el 4 de octubre de 1993 y el 27 de septiembre de 1999, con porcentajes lindantes con el 100% de los sufragios (en la última ocasión los síes sumaron el 93,8%). Asimismo, el HDW ha obtenido holgadas mayorías absolutas en las legislativas del 27 de mayo de 1984, 6 de abril de 1987, 29 de noviembre de 1990, 29 de noviembre de 1995, y 18 y 29 de octubre de 2000.

Estos comicios han estado viciados por un fondo de intimidaciones, arrestos de candidatos de la oposición (en especial de la semiclandestina Hermandad Musulmana, histórico movimiento del fundamentalismo sunní que, pese a rechazar la violencia como instrumento político, no está autorizada a registrarse como partido y obviamente no puede presentar listas propias) y acusaciones de fraude. En 1990 varios partidos de la oposición practicaron el boicot y en 1995, aunque no se produjo éste, las denuncias de los abusos tradicionales fueron especialmente airadas.

En esa ocasión, de 444 escaños sometidos a las urnas, 317 fueron para el HDW y sólo seis para el histórico Partido Neo Wafd (liberal) y cinco para el Partido Progresista Unionista Nacional (socialista). 113 escaños fueron a parar a candidatos no adscritos y teóricamente independientes, aunque, como es habitual, todos ellos se unieron al HDW después de constituirse la cámara. En la edición de 2000 el HDW aumentó su representación a los 353 parlamentarios, los "independientes" fueron 35 y el conjunto de liberales e izquierdistas sumó 17 escaños. La Hermandad Musulmana consiguió meter algunos electos como candidatos no adscritos.

Todo ello convierte al sistema político egipcio en uno de los menos evolucionados de entre los estados árabes, sean monarquías o repúblicas, que toleran un pluripartidismo más o menos representativo de la oposición. El pluralismo parlamentario es ciertamente superior en Líbano o Marruecos, mientras que Argelia, y en mucha menor medida Yemen, Mauritania y Túnez (un caso este de hegemonismo bastante similar), al menos permiten más de una candidatura, a veces no meramente testimonial, en las presidenciales.

Aunque a Mubarak se le conocen pocos problemas de salud y su robusto aspecto físico no aparenta su condición de septuagenario, su sucesión se plantea como una de las más problemáticas de Oriente Próximo. En 2000 el asunto seguía siendo una incógnita, a falta de un vicepresidente, delfín oficioso o notable del régimen que presentara el perfil de candidato al uso. En abril de 1989 y enero de 1990 Mubarak destituyó a dos hombres fuertes, respectivamente el mariscal Muhammad Abu Ghazala, ministro de Defensa, y el general Zaki al-Badr, ministro del Interior.

Desde entonces el ejecutivo ha estado dominado por personas de corte tecnocrático, aparentemente sin ambiciones de poder, sin perder el dato de que el Ejército sigue el patrón profesional de no entrometerse en la política diaria, si bien su papel como vigilante discreto será, sin duda, muy importante en la elección del nuevo presidente. Ante este vacío sucesorio, desde finales de los años noventa han sido insistentes las conjeturas de que uno de sus dos hijos, bien el mayor, Gamal -próspero economista, fue nombrado para el secretariado del HDW- o bien el menor, Alaa, podría ser el elegido.

De confirmarse este punto, nunca mencionado por Mubarak, Egipto seguiría la senda de Siria, donde en 2000 Bashar al-Assad reemplazó a su padre fallecido, creando una situación de república dinástica que es paradigma del grado de monolitismo y personalismo de la política regional. El Irak de Saddam Hussein hace años que se mueve en esa dinámica, y en 2000 también la Libia de Gaddafi registró el rápido ascenso del hijo al primer plano de la actualidad.

Se observa, por tanto, en el Egipto de Mubarak un panorama bastante rígido por lo que se refiere a la gestión política interior, y ello se ha presentado, según sea la instancia evaluadora, como causa o consecuencia del disentimiento, frecuentemente violento, de los grupos religiosos islamistas. Al amparo del estado de emergencia vigente todavía desde el asesinato de Sadat, las fuerzas de seguridad han practicado la persecución metódica de sospechosos de pertenecer a grupos terroristas, lo que ha abundado en las detenciones arbitrarias y el procesamiento de civiles por tribunales de excepción militares. Esta situación ha permitido al régimen limitar los derechos civiles, la libertad de culto, la libertad de información y prensa (ampliamente restringida) y, como se apunto arriba, el juego político interno.

El fenómeno integrista en su manifestación armada, representado por la Asamblea Islámica (Al Jama'a Al Islamiyya) y la Jihad Islámica (Al Jihad Al Islami), que pretenden convertir Egipto en un Estado islámico regido estrictamente por el Corán y la Sharía, ha dirigido sus ataques desde 1992 contra importantes personas del Ejército, el poder político y la administración, pero los asesinatos y atentados indiscriminados se cebaron en los objetivos turísticos, en un intento de atacar al Estado donde más le duele: la mala publicidad como país inseguro para el extranjero.

El brutal ataque en Luxor contra turistas occidentales del 17 de noviembre de 1997 causó 67 muertos e hizo tambalear la vital industria del turismo. El 27 de junio de 1995 el propio Mubarak salió milagrosamente ileso de un intento de magnicidio, quizá el más difundido de los varios que ha tenido por su espectacularidad (murieron 12 personas, siete miembros de la escolta y cinco integrantes del comando atacante), en el centro de Addis Abeba, recién terminada su alocución en la cumbre que la Organización para la Unidad Africana (OUA) celebraba en la capital etíope.

Este suceso condujo a un fuerte deterioro de las relaciones con el régimen islámico-militar aupado al poder en Sudán en 1989, ahora acusado de estar detrás del más grave intento de desestabilizar Egipto. Con todo, en 1999 el rais egipcio se reconcilió con su homólogo sudanés, Umar al-Hasan al-Bashir, al constatar su deseo de desvincularse de sus hasta entonces aliados islamistas y de alcanzar un acuerdo de paz con la oposición guerrillera, que él auspiciaba conjuntamente con Gaddafi.

A partir de 1998, como consecuencia del atentado de Luxor, las operaciones policiales han sido más eficaces y la cifra de muertos por actos terroristas ha descendido en comparación con los años más duros de 1992 a 1997. Por ello, el turismo, que junto con la exportación del petróleo, las remesas de los inmigrantes y los derechos de circulación por el Canal de Suez constituye el cuarto pilar que sostiene la economía egipcia, ha experimento una recuperación.

Luego de la fuerte caída de los ingresos del Estado registrada a mediados de los años ochenta, los gobiernos de Mubarak incidieron en las reformas económicas iniciadas en tiempos de Sadat y ahora urgidas por un FMI -con el que las relaciones han sido todo menos apacibles-, para una transición del modelo estatal y planificado a otro más acorde con los principios del libre mercado. Las inevitables reducciones de los subsidios estatales, las alzas sucesivas de los precios y las privatizaciones de empresas del Estado trajeron un fuerte descontento social y abonaron las censuras de los grupos islamistas a los, en su opinión, entreguismo y laxitud occidentales del régimen.

Mediante sucesivos acuerdos con el FMI, Egipto ha ido aplicado duras medidas de desregulación a cambio del saneamiento de su balanza de pagos y de su todavía abultada deuda exterior, cuyos efectos se han reflejado en las variables macroeconómicas. Ahora bien, no obstante esta estabilización y el comportamiento positivo de algunos indicadores sociales, las expectativas de un desarrollo económico capaz de traer bienestar a una población en rápido crecimiento continúan sin ser satisfechas: en 1998 el 45% de la población, esto es, alrededor de 30 millones de personas, seguía bajo el umbral de la pobreza.

En los últimos años Mubarak ha jugado un papel mediador y conciliador de la máxima importancia en las muy difíciles negociaciones entre palestinos e israelíes, en la mayoría de cuyas cumbres y acuerdos ha estado presente, directa o indirectamente. Aunque aliado Arafat y defensor de las tesis de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Israel le considera un interlocutor con el resto de los países árabes, que hasta 1994 ninguno de ellos fuera de Egipto había hecho la paz con él.

Por ejemplo, el 4 de mayo 1994 el rais egipcio fue el anfitrión en El Cairo del acuerdo para el inicio de la autonomía de Gaza y Jericó, conforme a la Declaración de Washington del 13 de septiembre de 1993, y el 4 de septiembre de 1999 hizo lo propio en Sharm el-Sheikh ante Arafat y el primer ministro israelí Ehud Barak para la firma de la aplicación del Acuerdo de Wye, que estipuló nuevas retrocesiones de territorio cisjordano a la soberanía palestina.

Recibió a Barak por primera vez en Alejandría el 9 de julio de 1999, sólo tres días después de tomar posesión como primer ministro (tal es la importancia que Israel concede a las relaciones bilaterales) y desde entonces ha protagonizado cumbres a tres con Arafat, como la celebrada en Sharm el-Sheikh el 9 de marzo de 2000. En otro frente de conflicto, en octubre de 1998 medió ante los presidentes Hafez al-Assad y Süleyman Demirel para tratar de superar la peligrosa tensión sirio-turca a causa del apoyo prestado por Siria al Partido de los Trabajadores del Kurdistán, en lucha contra el Estado turco, lo que incluyó sendas visitas a Damasco y Ankara.

También presidió en la capital del delta las dos últimas cumbres de la Liga Árabe, el 10 de agosto de 1990 y del 21 al 23 de junio de 1996, y la III Cumbre Económica de Oriente Medio y Norte de África, del 12 al 14 de noviembre de 1996, mientras que Sharm el-Sheikh fue el escenario de una cumbre especial de mandatarios para estudiar el fenómeno del terrorismo el 13 de marzo de 1996.

La proyección exterior de Mubarak ha sobrepasado el estrecho marco regional, recordando que Egipto se sitúa en una triple encrucijada: entre los flancos, occidental (africano) y oriental (asiático) del mundo árabe-musulmán; en un sentido más general, a caballo ente dos continentes, y, desde una perspectiva estratégica más económica, como puente entre el mar Mediterráneo y el Océano Índico gracias al Canal de Suez, todo lo cual proporciona al país de las pirámides amplias posibilidades para desarrollar sus relaciones diplomáticas y reforzar su posición internacional.

Por dos veces, en los ejercicios anuales de 1989-1990 y de 1993-1994, Mubarak fue presidente de turno de la OUA, y El Cairo volvió a ser la sede de eventos como la III Conferencia de Naciones Unidas para la Población y el Desarrollo (2-9 de agosto de 1994), la conferencia del Tratado de Pelindaba sobre la desnuclearización de África (11 de abril de 1996) o la Cumbre del Grupo de Países en Desarrollo (G-16), foro de 1989 cuyo objeto es promover la cooperación Sur-Sur y el diálogo con el Grupo de los siete grandes países industrializados (G-7, 11-13 de mayo de 1998). La metrópoli egipcia albergó también la I Cumbre Euro-Africana el 3 y el 4 de abril de 2000.

En el último trimestre de 2000 el mandatario egipcio movilizó toda su influencia y autoridad en el mundo árabe para impedir que el estallido de violencia en la ANP, el resto de la Cisjordania ocupada y Jerusalén arrastrara a una conflagración general en la región. El 16 y 17 de octubre apadrinó en Sharm el-Sheikh una reunión urgente entre Arafat, Barak, el presidente Bill Clinton de Estados Unidos y el rey Abdallah II de Jordania, que fracasó en la obtención de un alto el fuego duradero, y el 21 y 22 presidió en El Cairo una cumbre extraordinaria de la Liga Árabe para analizar la delicada situación. En este foro, al que algunas delegaciones acudieron con los ánimos exaltados y cuyo desenlace iba a ser crucial para el futuro a corto plazo de la crisis, Mubarak dejó clara su doble postura.

Por un lado, acusó en durísimos términos a Israel de ser el culpable de la situación, por su intransigencia en la mesa de negociaciones y por descargar contra los palestinos una violencia desproporcionada. Pero por el otro, silenció las voces de algunos de los presentes que pedían atacar a Israel, descalificando como insensatas aquellas proclamas lanzadas "sin conocer los costes de una guerra". La cumbre concluyó con una condena rotunda a Israel y la petición de un tribunal especial de la ONU para juzgar los "crímenes de guerra" cometidos por este país en las últimas décadas, similar al establecido para Bosnia-Herzegovina y Rwanda.

Por enésima vez, los países occidentales alabaron la prudencia de Mubarak, pero la irritación del rais contra Israel quedó patente con la decisión, el 21 de noviembre, de retirar al representante egipcio en Tel Aviv (en ese momento era el único embajador árabe en Israel), forma de protesta diplomática que sólo se había producido otra vez desde la paz de 1979.

Mubarak ha sido Personalidad del Año 1984 y Hombre del Año 1984, y entre otros cuenta con el premio de los Derechos Humanos Democráticos (1990) y el de la Organización de Naciones Unidas sobre Población (1994). Está en posesión de las siguientes distinciones nacionales egipcias: Condecoración del Nilo, Condecoración de la República, Condecoración del Mérito, Condecoración del Trabajo, Condecoración de las Ciencias y las Artes, Condecoración del Deporte, Condecoración en Memoria del Mérito, Condecoración en Memoria de la Excelencia, Condecoración de la Estrella del Sinaí, Orden de la Estrella del Honor, Medalla de la Estrella Militar, Condecoración Militar de la República, Condecoración Militar por el Coraje y Condecoración Militar del Deber.

(Cobertura informativa hasta 20/3/2001)
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