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Trasladado a comienzos de 1929 desde Rangoon a la isla de Ceylán, el
cónsul-poeta deja atrás a su amante birmana, y continúa una vida en
que la soledad y la pobreza son las compañías más constantes.
En medio de un clima asfixiante y en condiciones de vida bastante
precarias, el poeta se esfuerza por dar continuidad a su trabajo
poético.
En estos días escribe la mayor parte de los poemas que integrarán la
primera parte de un libro para el cual ya tiene nombre. Se llamará
Residencia en la tierra.
Luchando con las palabras, la tarea resulta inhumana para el poeta que
quiere extraer del idioma lo que tal vez no existe, lo que resulta
indecible: imágenes, sonidos, asociaciones; palabras que comuniquen la
desesperada percepción de un joven extranjero que se siente naufragar
sin auxilio posible entre la multitud.
(Neruda a los 20 años, en la foto de la derecha)
En carta a Héctor Eandi de fecha 24 de abril de 1929, le confidencia:
"Le iré escribiendo hoy día, y bebiendo, a medida; de qué otra manera
llenar este inmedible vacío de distancia e intimidad? Mañana corregiré
esta carta cuya puntuación y ortografía irán desapareciendo más y más,
siento que se llenará de alcohol y de pensamientos confusos como en
una verdadera compañía. [...] Tengo miedo, a veces, de que en mis
cartas no haya tanta nobleza como para sostener su respuesta. Me he
criado inválido de expresión comunicable, me he rodeado de una cierta
atmósfera secreta, y sufro una verdadera angustia por decir algo, aún
solo conmigo mismo, como si ninguna palabra me representara, y
sufriendo enormemente por ello. Hallo banales todas mis frases,
desprovistas de mi propio ser.
Bueno, desearía abrazarlo más bien, en esta gran desierta hora, y que
tomáramos juntos este terrible whisky tropical."
Este podría ser uno de esos desolados días en que Neruda trata de
escribir lo que nadie antes ha escrito.
En junio de 1930 vuelve a ser trasladado, en lo que parece una mejoría
en su situación, ya que se trata de un doble consulado en Java y
Singapur.
En Java contrae matrimonio (diciembre de 1930) con una criolla
holandesa-javanesa de nombre María Antonia Hagenaar.
Tras un buen comienzo laboral y matrimonial en Java, y cuando se
ilusiona con la expectativa de un posible traslado a España, el
gobierno de Chile suspende su cargo y le ordena regresar al país.
Este obligado cese en sus funciones es parte de la grave recesión
económica que se ha desencadenado en todo el mundo después del
desplome de la Bolsa de New York en 1929. En el distante Chile, la
crisis del salitre y el coletazo de la recesión internacional afectan
seriamente a todos los sectores.
El viaje de retorno a Chile se produce en febrero de 1932, y debido a
restricciones presupuestarias Neruda y su mujer se ven obligados a
utilizar un lento e incómodo buque de carga que tarda 60 días en
llevarlos hasta Puerto Montt.
Es a bordo de este barco que escribe el extenso y famoso poema "El
fantasma del buque de carga", de inclusión obligada en toda antología
de su obra.
Después de un breve paso por Temuco, la pareja se traslada a la
capital en donde el poeta espera asentarse y conseguir un nuevo
trabajo. En Santiago a duras penas obtiene un mínimo empleo, que no es
otra cosa que "una ayudita" que se le ofrece para sacarlo de su
forzada cesantía.
Sobre este tema, escribe a su amigo argentino Héctor Eandi:
"Mi situación de dinero es más que mala. Sólo el placer de mi llegada
reciente no me hace salir precipitadamente a buscar un país con menos
bancarrota y menos miseria. Voy a tratar de salir de Chile a
principios del Otoño próximo.
Mis años de servicio en el cuerpo consular y las mil miserias que allí
me royeron los huesos no me sirvieron de nada. Volví a Chile sin un
centavo, sin puesto y sin desahucio. Ahora recién me han puesto de
bibliotecario de una biblioteca que no existe, con un sueldo que casi
tampoco existe."
Así pasarán los meses, llega 1933 y el poeta todavía se encuentra a la
espera de que lleguen tiempos mejores
CONSULADOS EN ARGENTINA Y ESPAÑA. EL IMPACTO DE LA GUERRA CIVIL
ESPAÑOLA (1933 - 1939)
En octubre de 1933 -después de largas y dificultosas gestiones- Neruda
consigue ser designado cónsul adjunto en Buenos Aires, un cargo que
junto con reintegrarlo al servicio diplomático le permite salir de la
angustiosa situación laboral y económica en que se encontraba desde su
regreso de Oriente.
(María Antonieta Haagenar, otro de los amores de
Beruda, en la foto de la derecha)
Los ocho meses que dura su permanencia en Buenos Aires son muy
agitados. Toma contacto con muchas de las principales figuras del
ambiente literario y cultural y conquista el afecto de numerosos
amigos y amigas.
La excepcional circunstancia de que Federico García Lorca llegue
también a Buenos Aires en estos días hace posible el encuentro de los
dos poetas y el comienzo de una gran amistad.
García Lorca ha sido invitado a Buenos Aires en 1933 para que sea
testigo de uno de sus mayores éxitos teatrales fuera de España: las
primeras representaciones en América Latina de su pieza Bodas de
Sangre, obra ya consagrada en los escenarios hispanos.
Agasajados por el mundo social y cultural de Buenos Aires, Neruda y
García Lorca reciben el homenaje del PEN Club argentino y durante este
acto pronuncian a dos voces el célebre discurso Al alimón con el que
rinden -a su vez- un homenaje a Rubén Darío.
En mayo de 1934 Neruda debe abandonar Buenos Aires puesto que se ha
cumplido su gran ambición de ser trasladado a España, en donde
ejercerá funciones consulares, primero en Barcelona y luego en Madrid.
Instalado en Madrid, y contando ya con la amistad de García Lorca,
Neruda toma paulatino contacto con los otros grandes poetas de la
llamada generación del 27: Alberti, Aleixandre, Altolaguirre, Gerardo
Diego y Miguel Hernández, entre otros.
El 18 de agosto de 1934 María Antonia Hagenaar da a luz una niña que
recibe los nombres de Malva Marina Trinidad.
La alegría de recibir a la criatura se ve enturbiada por graves
complicaciones durante el parto y la niña se ve afectada por una
enfermedad incurable que causará su fallecimiento en 1942, poco
después de haber cumplido los ocho años.
Entre tanto, la poesía de Neruda comienza a ganar cada vez mayor
reconocimiento y difusión.
En 1935 se publica en Madrid un folleto que lleva por título Homenaje
a Pablo Neruda de los poetas españoles, que incluye sus Tres Cantos
Materiales, acompañados de un saludo suscrito por los principales
representantes de la poesía hispana.
Los firmantes de este homenaje son: Rafael Alberti, Federico García
Lorca, Gerardo Diego, Manolo Altolaguirre, Vicente Aleixandre, León
Felipe, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo y
Juan Panero, Miguel Hernández, Luis Cernuda, Luis Rosales, Arturo
Serrano Plaja y J. A. Muñoz.
En la trayectoria de Neruda, el contacto con España -con su pueblo, su
cultura y sus poetas- tendrá un carácter determinante.
Aquí se publican los dos volúmenes de Residencia en la tierra, (1935),
obra que le permitirá darse a conocer en los círculos literarios de
España y Francia, estableciendo lo que significa el comienzo de su
definitiva consagración internacional.
En este período dirige la revista Caballo verde para la poesía, y
colabora con la revista Cruz y Raya.
En Madrid le sorprende el estallido de la Guerra Civil Española, y
estos hechos tendrán en él un testigo acongojado y solidario, que no
vacilará en adoptar una abierta posición de apoyo al legítimo Gobierno
de la República y de vehemente condena a sus agresores.
El asesinato de Federico García Lorca, los atroces bombardeos aéreos
sobre la indefensa ciudad de Madrid y la valiente y desigual lucha que
el improvisado ejército popular emprende contra la maquinaria bélica
de Franco le llevan a componer los primeros poemas del futuro libro
España en el corazón, que tendrá un tremendo impacto al ser publicado
en Chile en 1937.
En otra abierta demostración de su respaldo a la República, Neruda
participa en un acto conmemorativo del 12 de Octubre que se efectúa en
la ciudad de Cuenca, dando pública lectura a su poema "Canto a las
madres de los milicianos muertos".
Por su abierto apoyo a la causa republicana, el poeta es acusado por
los franquistas de faltar a la prescindencia política a la que le
obliga su calidad de cónsul, ante lo cual el gobierno chileno
-aduciendo falta de garantías para el funcionamiento del Consulado en
Madrid- opta por clausurarlo. De esta tajante manera Neruda se queda
sin Consulado y, por consiguiente, sin empleo.
En medio de un país en guerra, sin trabajo y sin perspectivas, llega
la hora en que el poeta debe tomar graves decisiones. Su ya
quebrantada relación conyugal con María Antonia Hagenaar llega a su
fin, dejando en su reemplazo una unión de hecho con Delia del Carril,
una argentina de gran simpatía y belleza a quien ha conocido en Madrid
y con la que establece una relación que se mantendrá por muchos años.
En su deseo de agotar las gestiones para que se le asigne otro cargo
consular en Europa, Neruda decide trasladarse a París en donde se
propone seguir trabajando en favor de la causa Republicana. Colabora
en la organización del Congreso Mundial de Escritores antifascistas,
(Valencia, 1937) y junto a Nancy Cunard crean e imprimen la revista
Los poetas del mundo defienden al pueblo español.
(Delia del Carril, uno de los amores de Neruda en
la foto de la derecha)
Forzado finalmente a regresar a su patria, llega a Chile a fines de
1937 y de inmediato se da a la tarea de organizar la Alianza de
Intelectuales de Chile, organismo que se propone reunir a los
intelectuales y artistas antifascistas en torno a grandes objetivos
sociales, políticos y culturales.
Funda la revista Aurora de Chile, publicación que junto con coordinar
la ayuda y defensa de la causa de los Republicanos españoles en Chile
y otros países entrega su más decidido apoyo a la campaña presidencial
del abanderado del Frente Popular, don Pedro Aguirre Cerda.
El triunfo del Frente Popular y la llegada al gobierno del Presidente
Pedro Aguirre Cerda permite que Chile -junto con México y Cuba- sea
uno de los pocos países que aceptan recibir en su territorio a una
parte de los millares de españoles que tras la derrota de la República
sufren los padecimientos de los campos de refugiados en Francia.
Aguirre Cerda designa a Neruda cónsul encargado de la inmigración
española (1939), con sede en París, con la misión de traer a Chile un
contingente de refugiados españoles, en especial técnicos y
trabajadores calificados.
Neruda logra embarcar en el Winnipeg a unos dos mil españoles
-hombres, mujeres, niños- que llegan a Chile en septiembre de 1939.
Sobre este tema escribirá más tarde:
"Los embarcamos finalmente en el Winnipeg. En el mismo sitio de
embarque se juntaron maridos y mujeres, padres e hijos, que habían
sido separados por largo tiempo y que venían de uno y otro confín de
Europa o de África. A cada tren que llegaba se precipitaba la multitud
de los que esperaban. Entre carreras, lágrimas y gritos, reconocían a
los seres amados que sacaban la cabeza en racimos humanos por las
ventanillas. Todos fueron entrando al barco. Eran pescadores,
campesinos, obreros, intelectuales, una muestra de la fuerza, del
heroísmo y del trabajo. Mi poesía en su lucha había logrado
encontrarles patria. Y me sentí orgulloso."
El poeta regresa a Chile a fines de 1939 convertido en una figura muy
popular, no sólo por su trabajo poético sino también por su labor en
favor de los refugiados españoles, y por el polémico sesgo político
que continuaba imprimiendo a muchas de sus actuaciones
EL POETA Y SU ACTIVIDAD POLÍTICA: DEL SENADO AL EXILIO
(1940 - 1950)
Finalizada su misión del Winnipeg y gracias a sus excelentes
relaciones con el presidente Aguirre Cerda, Neruda estaba en
condiciones de solicitar y obtener la mejor destinación para dar
continuidad a su carrera consular. En julio de 1940 se embarca hacia
México, en donde ha sido nombrado Cónsul General.
Neruda elige México por muchas razones. Una de las más importantes es
la admiración que siente por este gran país, que se ha convertido en
refugio y protección para millares de personas obligadas a emigrar,
primero debido a la Guerra Civil Española y luego ante la ola de
persecuciones raciales desencadenada por Hitler en Europa.
Especialmente notable ha sido la política de puertas abiertas con que
el Gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas ha acogido a número
superior a 20.000 refugiados republicanos españoles.
Pero México es también para Neruda un deslumbramiento que comienza con
la riqueza y diversidad de su geografía, el imponente legado
precolombino y la activa vida cultural del momento, fuertemente
influenciada por la presencia de grandes figuras del exilio español.
En este contexto tan vital como variado, el poeta chileno traba
amistad con los principales representantes de las artes y las letras
mexicanas, reencuentra a varios de sus amigos españoles y participa en
más de una polémica.
Enorme importancia tendrá, por otra parte, la aguzada percepción del
ser y sentir americanos que Neruda afirma o reafirma en México y que
complementa entre 1940 y 1943 con visitas a otros países (Guatemala,
Cuba, Colombia, Perú). De todos estos contactos surgen elementos que
resultarán de vital importancia en la gestación y desarrollo del
futuro Canto General.
Neruda permanece en su puesto de Cónsul General en México hasta agosto
de 1943, fecha en que abandona este cargo y renuncia definitivamente a
la carrera consular.
Durante este período ha tenido un serio conflicto con la Cancillería
chilena, por haber concedido una visa a su amigo el gran muralista
Siqueiros para que viajara a Chile. Todo indica que Neruda había
actuado en plena concordancia con las autoridades de México y Chile,
pero aún así será objeto de una dura sanción administrativa:
suspensión de sus funciones por un mes sin goce de sueldo.
Conflictivo también será el poema que escriba y lea en los funerales
de la madre del líder comunista brasileño Luis Carlos Prestes, en que
alude al dictador Getulio Vargas en términos que serán considerados
ofensivos e injuriosos. Neruda no perdona al dictador brasileño su
negativa para que Prestes salga por pocos días de prisión para viajar
a Ciudad de México y asistir a los funerales de su madre. El episodio
da lugar a la protesta formal del Gobierno del Brasil, que mantendrá
una sostenida presión para que el poeta y cónsul sea removido de su
cargo.
Acerca de su renuncia a la carrera consular, escribe en sus memorias:
"El Ministerio se apresuró a aceptar el fin voluntario de mi carrera.
Mi suicidio diplomático me proporcionó la más grande alegría: la de
poder regresar a Chile."
En el viaje de regreso a Chile Neruda visita el Perú y sube a conocer
las alturas de Macchu Picchu, contacto telúrico y vibración ancestral
que madurarán más tarde en el poema homónimo, uno de los grandes
momentos de su poesía americanista.
Instalado otra vez en Chile, en 1945 se le otorga el Premio Nacional
de Literatura por una obra tan extensa como variada, que ha conseguido
traspasar ampliamente las fronteras de su patria y que lo sitúa ya
entre los principales poetas de la lengua castellana.
En este mismo año de 1945 es elegido senador por las provincias de
Tarapacá y Antofagasta, con el apoyo del Partido Comunista. Desde el
comienzo de su vida parlamentaria hace notar que no se convertirá en
un literato que hace política sino que será un político que llega al
Senado con el deber de defender los derechos e intereses de los
trabajadores.
No son tiempos fáciles los que se avecinan, y poco tardará Neruda en
entrar en conflicto con el gobierno del presidente Gabriel González
Videla.
Como resultado de la tensa situación político-social que se vive en
Chile en este período y a raíz de la persecución que González Videla
ha desatado contra el partido comunista, Neruda emprende una violenta
campaña en que lo acusa de traicionar sus compromisos con los
trabajadores y fustiga desde el Senado a este gobernante que los
comunistas habían ayudado a elegir.
Más adelante, estando el Senado en receso y debido a la censura de
prensa que le impide expresar en Chile sus opiniones sobre el
conflicto, Neruda hace publicar en Venezuela un documento titulado
Carta íntima para millones de hombres. Se trata de un feroz ataque en
que denuncia la política demagógica, represiva y antipopular de
González Videla.
Los resultados no se hacen esperar. A requerimiento del Gobierno se
inicia un proceso judicial en contra del senador Neruda, cuyo primer
paso es conseguir su desafuero para que luego pueda ser procesado "por
injurias al Presidente de la República".
En sesión del Senado del día 6 de enero de 1948, Neruda hace uso de la
palabra para insistir en sus denuncias contra González Videla y
pronuncia un extenso y virulento discurso titulado: "Yo acuso".
El 3 de febrero de 1948 la Corte Suprema aprueba el desafuero de
Neruda como Senador y acto seguido (día 5) los Tribunales de Justicia
ordenan la detención del poeta para procesarlo por injurias al
Presidente de la República.
Previendo este resultado, Neruda ya ha optado por pasar a la
clandestinidad, y gracias a la solidaridad de muchas personas comienza
a vivir oculto, trasladándose continuamente de domicilio y eludiendo
el cerco policial que lo rastrea por todo el país. Esta situación se
prolonga durante un año, y es un período difícil y azaroso en que
escribe la mayor parte del Canto General.
Para poner fin a esta situación y portando una cédula de identidad
falsa a nombre de Antonio Ruiz Lagorreta. Neruda opta por salir de
Chile, y en febrero de 1949 abandona el país cruzando la cordillera a
caballo rumbo hacia Argentina por la región austral. La travesía se
convierte en un episodio de ribetes novelescos. En compañía de Jorge
Bellet, Víctor Bianchi y tres arrieros Neruda consigue eludir el cerco
policial, arribando sin novedad a la frontera después de sortear
grandes dificultades y peligros.
Tras breve paso por San Martín de Los Andes y Buenos Aires, portando
un pasaporte cedido por su amigo Miguel Ángel Asturias -a la sazón
representante diplomático de Guatemala en Argentina- el poeta se
embarca en Uruguay rumbo hacia Europa, iniciando lo que será un
prolongado exilio.
Llega de incógnito a París y protegido por varios amigos -entre ellos
Picasso- regulariza su situación y sus papeles lo cual le permite
aparecer públicamente el 25 de abril en la sesión de clausura del
Primer Congreso Mundial de Partidarios de la Paz.
Desde Europa emprende numerosos viajes y en 1949 regresa a México como
delegado al Congreso Latinoamericano de Partidarios de la Paz. Durante
la estadía en México cae enfermo y debe guardar cama por un largo
tiempo, aquejado de una severa tromboflebitis. Aun así se propone
publicar aquí en Ciudad de México la primera edición del Canto
General, para lo cual cuenta con la decisiva colaboración gráfica y
editorial del pintor español Miguel Prieto y la ayuda de varios de sus
amigos mexicanos, entre ellos los célebres pintores Diego Rivera y
David Alfaro Siqueiros, que realizan las "guardas" que acompañan el
volumen.
La primera y suntuosa edición del Canto General se termina de imprimir
el 25 de marzo de 1950, y la segunda es una versión facsimilar, de
menor tamaño, editada poco después bajo el sello de Ediciones Océano.
En Chile, entre tanto, casi en forma simultánea se publica una edición
clandestina del Canto General con ilustraciones de José Venturelli. Es
toda una proeza editorial, que en medio de la represión política
imperante en Chile consigue movilizar a decenas de personas para dar a
conocer esta obra de tan fuerte contenido político y tan dura
condenación a su presidente.
A fines de 1950 Neruda se despide de México, país querido y admirado
como pocos, con el cual ha tenido y mantendrá un poderoso vínculo
espiritual y fraternal.
Intentando resumir su afecto por México, escribe:
"Me complace la diversidad terrenal, la fruta terrestre diferenciada
en todas las latitudes. No resto nada a México, el país amado,
poniéndolo en lo más lejano a nuestro país oceánico y cereal, sino que
elevo sus diferencias, para que nuestra América ostente todas sus
capas, sus alturas y sus profundidades. Y no hay en América, ni tal
vez en el planeta, país de mayor profundidad humana que México y sus
hombres. A través de sus aciertos luminosos, como a través de sus
errores gigantescos, se ve la misma cadena de grandiosa generosidad,
de vitalidad profunda, de inagotable historia, de germinación
inacabable."
Desde México, y después de una breve estadía en Guatemala el poeta
emprende lo que será una extensa serie de viajes por Europa y Asia.
En lo que respecta a su cargo senatorial, éste ya no le pertenece. Con
fecha 4 de julio de 1950 se ha emitido en Santiago el dictamen del
Tribunal Calificador de Elecciones, que declara definitivamente electo
a Radomiro Tomic en la vacante dejada por Neruda, por "haberse
ausentado del territorio de la República con infracción del artículo
31 de la Constitución Política del Estado."
LOS AÑOS DE MADUREZ Y UNA OBRA MÚLTIPLE Y VARIADA
(1951 - 1963)
Al continuar su exilio europeo, Neruda visita Italia, en 1951, y
ofrece recitales en Florencia, Turín, Génova, Roma y Milán.
Al año siguiente -y después de otros viajes intermedios que lo llevan
incluso a Mongolia y China- regresa a Italia para radicarse por algún
tiempo en Capri.
Durante este período se afianza su relación afectiva con Matilde
Urrutia, su gran amor de la madurez.
Se trata de una amistad que venía desde 1946, y que después de
esporádicos contactos (primero en Chile y luego en México) tendrá su
culminación en la isla de Capri, en los primeros meses de 1952.
Sobre aquellos días -que equivalen a una Luna de Miel- Neruda escribe:
"Matilde y yo nos recluíamos en nuestro amor. Hacíamos largas
caminatas por Anacapri. La pequeña isla dividida en mil pequeños
huertos tiene un esplendor natural demasiado comentado pero
tiránicamente verídico. Entre las rocas, donde más azotan el sol y el
viento, por la tierra seca, estallan plantas y flores diminutas,
crecidas exactamente en una gran composición de jardinería. Este Capri
recóndito, al que uno entra sólo después de largo peregrinaje y cuando
ya la etiqueta de turista se le ha caído de la ropa, este Capri
popular de rocas y minúsculas viñas, de gente modesta, trabajadora,
esencial, tiene un encanto absorbente. Ya uno está consubstanciado con
las cosas y la gente; ya a uno lo conocen los cocheros y las
pescadoras; ya uno forma parte del Capri oculto y pobre; y uno sabe
donde está el buen vino barato y donde comprar las aceitunas que comen
los de Capri. [...] Trabajaba toda la mañana y por la tarde Matilde
dactilografiaba mis poemas. Por primera vez vivíamos juntos en una
misma casa. En aquel sitio de embriagadora belleza nuestro amor se
acrecentó. No pudimos ya nunca más separarnos.
Terminé allí de escribir un libro de amor, apasionado y doloroso, que
se publicó luego en Nápoles en forma anónima: Los versos del capitán."
Durante este tiempo, Neruda escribe no sólo Los versos del capitán.
Al calor del afecto que ha encontrado en todos los países visitados
durante su exilio, concibe y escribe un extenso poemario titulado Las
uvas y el viento. La gente, los paisajes, la historia reciente de
muchas naciones de Europa y Asia encuentran interpretación poética en
este libro, uno de los menos conocidos de su vasta producción.
Entre tanto, la situación política en Chile ha cambiado, y las
gestiones de amigos y simpatizantes de Neruda hacen posible que se
retire la demanda judicial (con orden de captura) que existía en su
contra, con lo cual el poeta ya puede volver a pisar suelo chileno.
El 12 de agosto de 1952 regresa a Chile, y es recibido en Santiago con
un gran acto público de imponentes caracteres.
En julio de 1954, y para festejar el cincuentenario de su nacimiento,
sus amigos y simpatizantes se dan a la tarea de organizar una semana
completa de actos culturales y festejos, a los que asisten destacados
artistas, poetas e intelectuales de América y Europa.
Por otra parte, y como uno de los actos preliminares de esta
celebración, a fines de 1953 Neruda ha hecho donación a la Universidad
de Chile de su valiosa biblioteca y de su colección de caracolas
marinas.
Designado Conservador de la "Colección Neruda" por la Universidad de
Chile, Jorge Sanhueza escribirá un informe en que señala: "En dos
salas especiales situadas en el local de la Biblioteca Central de la
Universidad de Chile (Patio Izquierdo de la Casa Universitaria), se
encuentra instalada desde el mes de abril de 1956 la valiosísima
biblioteca que el poeta donara a la Universidad en diciembre de 1953 y
la inapreciable colección malacológica, tenida por la más completa
dentro de las colecciones de propiedad privada en su género. El número
de obras que forman la primera es de seis mil quinientos cincuenta
volúmenes físicos y mil revistas literarias más o menos. Completan
esta biblioteca, numerosos manuscritos de diversos escritores,
especialmente de las grandes figuras de la literatura francesa del
siglo XIX. La colección malacológica la forman aproximadamente unos
40.000 ejemplares de prácticamente todas las especies de caracoles
marinos conocidos."
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(Neruda y su casa en Isla Negra, en las fotos) |
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En el aspecto literario, y sorprendiendo una vez más a críticos y
lectores con una nueva y deslumbrante faceta de su poesía, Neruda
inicia en 1954 su notable serie de Odas elementales, destinadas a
elogiar la sencilla y trascendente belleza de las cosas más simples y
comunes, que se transfiguran al contacto con la palabra poética.
Con breves intervalos aparecen los siguientes libros:
= Odas elementales (1954)
= Nuevas odas elementales (1956)
= Tercer libro de las odas (1957)
= Navegaciones y regresos (1959)
Con estas odas emotivas, sugerentes, juguetonas el poeta conquista
nuevos lectores y obtiene el aplauso de la crítica, que celebra la
versatilidad de su obra y la capacidad que demuestra para estar
siempre innovando y extendiendo su ya amplio registro temático.
Los años '50 marcan una etapa de madurez y consolidación en la vida y
obra de Neruda, y aunque efectúa varios viajes de corta duración sus
preferencias le inclinan a residir preferentemente en su apacible
refugio de Isla Negra.
Corroborando lo anterior, nos confiesa en su libro de memorias: "Los
años transcurridos entre agosto de 1952 y abril de 1957 no figurarán
detalladamente en mis memorias, porque casi todo ese tiempo lo pasé en
Chile y no me sucedieron cosas curiosas ni aventuras capaces de
divertir a mis lectores."
Esta afirmación no es del todo exacta, ya que una de las cosas
"curiosas" de este tiempo es su detención en Buenos Aires (1957), en
momentos en que permanecía enfermo, en cama, en la casa de su amigo
argentino Raúl Aráoz Alfaro, esposo de Margarita Aguirre. Llevado a la
penitenciaría, el poeta debió permanecer todo un día en prisión, hasta
que gestiones diplomáticas obtuvieron su liberación.
Otro hecho digno de mención de estos años es su separación definitiva
de Delia del Carril (1955), lo cual produce encontradas reacciones
entre los amigos de la pareja. Muchos son los amigos y amigas que
toman partido en favor de Delia, y se producen distanciamientos
notorios entre el poeta y algunos de sus más antiguos amigos, entre
ellos, Tomás Lago.
En 1957 es elegido Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile.
En 1962 es elegido Miembro Académico de la Facultad de Filosofía y
Educación de la Universidad de Chile. El discurso de recepción estuvo
a cargo de Nicanor Parra.
La producción nerudiana del período 1951-1963 es bastante amplia, y
además de los libros ya mencionados, comprende los siguientes títulos:
= Estravagario (1958)
= Cien sonetos de amor (1959)
= Canción de gesta (1960)
= Las piedras de Chile (1961)
= Cantos ceremoniales (1961)
= Plenos poderes (1962)
LOS ÚLTIMOS AÑOS Y LA CONSAGRACIÓN DEL PREMIO NOBEL (1964 - 1973)
Convertido en figura pública de gran relieve y con su nombre
mencionado insistentemente como candidato al Premio Nobel, Neruda ve
llegar su cumpleaños número 60 con una obra sólida, variada y de
alcance universal.
Para festejar este cumpleaños, publica en 1964 los cinco volúmenes de
su Memorial de Isla Negra, un notable conjunto de poemas testimoniales
y autobiográficos con los que consigue trazar un gran mosaico de
personajes y situaciones, de cosas vistas y vividas.
Al año siguiente viaja a Europa, y durante su permanencia en el viejo
continente se le concede el título de Doctor Honoris Causa en
Filosofía y Letras de la Universidad de Oxford, (junio de 1965),
título y honor académico que se otorga por primera vez a un escritor
latinoamericano.
En junio de 1966 viaja a los Estados Unidos para participar como
invitado de honor en la Reunión del PEN Club Internacional.
En esta oportunidad, la Biblioteca del Congreso, en Washington, le
invita a grabar una selección de sus poemas para el Archivo de la
Palabra.
En forma paralela, Neruda ofrece recitales de su poesía en Washington
y Nueva York, recibiendo una extraordinaria acogida por parte del
público norteamericano.
Contrastando enormemente con estos éxitos, la nota discordante la
ponen los escritores e intelectuales cubanos, que dan a la publicidad
una Carta Abierta en que acusan a Neruda de haberse "dejado
instrumentalizar por los EE.UU". Herido por lo que considera una torpe
e infundada acusación, Neruda responde:
"En Estados Unidos y en todas partes he sido escuchado y respetado
sobre la base inamovible de lo que soy y seré siempre: un poeta que no
oculta su pensamiento y que ha puesto su vida y su obra al servicio de
la liberación de nuestros pueblos."
De regreso a Chile, Neruda es objeto de otros homenajes que pocos años
antes hubiesen sido impensables. En agosto de 1969, la Universidad
Católica de Chile le confiere el grado académico de Doctor Scientiae
et Honoris Causa.
Al mes siguiente, el Senado de la República lo condecora con la
Medalla de Plata que se concede a los Hijos Ilustres de Chile.
Simultáneamente, y en la fase preliminar de las Elecciones
Presidenciales de 1970, el poeta es proclamado pre-candidato a la
Presidencia de la República, como abanderado del Partido Comunista. Se
trata de una etapa previa a la designación del candidato único de la
Unidad Popular. Una vez conseguido el consenso interno, Neruda y los
otros pre-candidatos retiran sus postulaciones y la Unidad Popular
elige como su abanderado al Dr. Salvador Allende.
El triunfo electoral de la Unidad Popular permite que en marzo de 1971
Neruda sea designado embajador de Chile en Francia.
Poco después, el 21 de octubre de 1971, la Academia Sueca da a conocer
una noticia que es recibida en Chile con enorme alborozo y general
beneplácito. El Premio Nobel de Literatura de este año ha sido
concedido al poeta chileno Pablo Neruda.
En París, desde la sede de la embajada de Chile, Neruda envía un
emotivo saludo a sus compatriotas y amigos, agradeciendo los
centenares de mensajes de felicitación que ha recibido.
El 10 de diciembre de 1971, se efectúa en Estocolmo la ceremonia de
premiación, y Neruda recibe de manos del rey Gustavo Adolfo el máximo
galardón literario del mundo.
A fines de 1972, invocando razones de salud, Neruda presenta su
renuncia como embajador de Chile en Francia.
Para celebrar el regreso del poeta a Chile, el 5 de diciembre de 1972
se efectúa un acto masivo en el Estadio Nacional. En este momento el
Presidente Allende se encuentra en Nueva York, asistiendo a la
Asamblea General de las Naciones Unidas, por lo cual es el Vice-Presidente
de la República, el General Carlos Prats quien le da la bienvenida a
nombre del Gobierno.
En los días subsiguientes, feliz de estar en su patria pero inquieto y
angustiado por la tensa situación política y social que se vive en el
país, el poeta se recluye en su casa de Isla Negra y aunque reduce el
ritmo de sus actividades y compromisos, continúa trabajando
esporádicamente en la redacción de sus memorias.
El 11 de septiembre de 1973 se produce el golpe militar, el presidente
Salvador Allende muere en La Moneda y Chile entra en un largo período
de dictadura.
Para un hombre como Neruda, que en la España de 1936 ha sido testigo
directo del clima de odios, violencia y muerte que ha rodeado la
Guerra Civil Española, lo que ocurre ahora en Chile no puede dejar de
causarle un impacto demoledor. Él ya sabe lo que viene. Y se duele y
se conduele por su patria y por su gente.
En estas circunstancias, el Presidente de México Luis Echeverría pone
a su disposición un avión especial y les ofrece a él y Matilde la
hospitalidad y el amparo del pueblo mexicano. Neruda agradece pero
decide esperar. No se siente todavía en condiciones de viajar.
Pocos días después su estado de salud se agrava notoriamente y debe
ser trasladado de urgencia a Santiago.
Internado en la Clínica Santa María de la capital, el 23 de septiembre
de 1973 muere Pablo Neruda, a los 69 años de edad.
Temiendo que sus funerales se convirtieran en un gran estallido de
protesta y rebeldía, la dictadura dispuso un enorme dispositivo de
seguridad para vigilar la marcha del cortejo. En un ambiente de
tensión y duelo colectivo, una gran multitud acompañó los restos
mortales del poeta hasta el Cementerio General, ignorando la
interminable fila de soldados fuertemente armados que se alineaban a
todo lo largo del recorrido y, ya en el recinto del Cementerio,
desafiantes gritos en homenaje a Neruda y Allende se elevan de entre
la multitud.
Debido a las graves circunstancias del momento, Matilde Urrutia acepta
el ofrecimiento de una familia amiga, y Pablo Neruda es sepultado en
un mausoleo privado en donde permanece por poco tiempo.
Poco después sus restos son trasladados a un simple nicho en uno de
los Patios del Cementerio General, en donde nunca faltaron unos
claveles y algunas improvisadas inscripciones de recuerdo y homenaje.
Matilde Urrutia, su viuda, le sobrevivió algunos años (+1985), y se
hizo del coraje necesario para impedir que el legado de Neruda fuera
dispersado, robado o destruido.
Consiguió dar forma legal a la Fundación Pablo Neruda y se esforzó por
hacer publicar las memorias del poeta y sus libros inéditos de poesía,
en una época en que ni siquiera se permitía en Chile la circulación de
Confieso que he vivido.
Con el retorno de la democracia y transcurridos 19 años desde su
fallecimiento, recién el 12 de diciembre de 1992 pudo cumplirse el
deseo de Neruda -expresado ya en 1950, en uno de los versos del Canto
General- de que su cuerpo fuese sepultado en Isla Negra, frente al mar
Pacífico que tanto amó.
Los actos programados para esta ocasión por la Fundación Neruda,
tuvieron varias etapas. El día viernes 11 de diciembre fueron
exhumados de sus tumbas en el Cementerio General los restos de Pablo y
Matilde, y trasladados para un velatorio ceremonial en el Salón de
Honor del ex Congreso Nacional.
En este lugar, al día siguiente en la mañana, se efectuó una ceremonia
oficial, en la que pronunciaron discursos Juan Agustín Figueroa,
Volodia Teitelboim, Jorge Arrate, Enrique Silva Cimma y un
representante de la SECH.
En la tarde del sábado 12, los féretros fueron trasladados a Isla
Negra, en donde se efectuó la ceremonia final, en la que el único
orador fue el Presidente de la República, Patricio Aylwin.
Fue ésta una gran y solemne despedida. Sobria y grandiosa al mismo
tiempo.
Pero es del caso recordar que uno de los rasgos más acentuados en el
carácter de Neruda fue su afán de estar y participar en todo, de
saberlo todo y conocerlo todo.
De aquí que no quisera ser dejado al margen de algo tan importante
como una despedida final, y en varios de sus poemas es él quien toma
la iniciativa y opta por despedirse a su manera.
De una de sus obras más singulares, un conjunto de glosas autógrafas
recogidas en el libro Geografía de Pablo Neruda -y publicado en España
en fecha coincidente con la de su muerte- he aquí la página titulada
"Me voy del libro..."
"Me voy. Me voy del libro, de los libros. De este y de los otros.
Tengo prisa.
Me esperan en Longaví, en Lautaro, en Parral, cerca de algunos ríos,
en aldeas, en cines, en escuelas pequeñitas como naranjas. No tengo
ninguna prisa: llegaré a todas partes.
Me iré caminando y silbando, me iré de primaveral, de negro, me iré
lloviendo por todas partes, me iré cantando. Es decir no me voy.
No me voy a ninguna parte. Hasta luego!
Me quedo aquí, contigo, en esta puerta, en esta silla, en esta
estación de trenes feroces, en este hangar habitado por el invierno.
Tengo una campana, un fuego, un trozo de madera color de ámbar para
ti, para nosotros, para todos.
Quiero que veas, oigas y toques mi regalo: mi canto.
Adiós, querido amigo, querida amiga. Cómo te llamas?"
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