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Julio Cortazar Vida y Obra

Julio Cortazar habla de "El perseguidor" y de Charlie Parker

«Ha pasado mucho tiempo, y no muchos recuerdan cómo era, ni siquiera aquellos que estuvieron ahí y vieron lo que ocurría y quienes compartieron noche tras noche el misterioso encanto creado por las conversaciones, la risa, el maquillaje, el polvo, el perfume, el dulce, el alcohol y la comida, todo mezclado y cocinado como un filete en el fogón de un restaurante y llevado a un momento de difícil significado por los timbres y acentos de los instrumentos musicales en el Minton's Playhouse. Fue un momento excepcional, y el mundo estaba moviéndose con el cambio»

Así describía, desde la nostalgia, el novelista afroamericano Ralph Ellison el ambiente del lugar que marcó un lugar destacado en la historia de la música del siglo XX. Con el añadido de que lo que albergó el Minton's fue el surgimiento de una revolución musical de la misma importancia que las protagonizadas por Mozart o Beethoven. Nada menos. Una revolución cuyo nombre se resume esta vez en el de Charlie Parker, muerto hace 50 años, el 12 de marzo de 1955, a los 35 años de edad. La misma fecha que, diez años antes, más precozmente aún, Ana Frank.

Claro está, la cita de Ellison sirve para iniciar un relato de una vida, una semblanza que quiere, más que homenajear una figura, hacerlo con un género muy querido y con una época. El final, trágico, de esta historia, lo retrata Allen Ginsberg en su gran poema 'Aullido': «He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientos histéricas desnudas, / arrastrándose de madrugada por las calles de los negros buscando el pico rabioso, / ángeles rebeldes quemando por la vieja conexión celestial hacia la dinamo estrellada en la maquinaria de la noche, / que pobres y andrajosos y ojerosos y colocados se pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de agujeros flotando sobre las azoteas de las ciudades contemplando el jazz». Este poema, sintomático y casi manifiesto generacional del movimiento beat, está fechado entre 1955 y 1956, justamente cuando Parker había consumado su drama de autodestrucción y genialidad.

Reflejo del pasado

Esta turbulenta y veloz vida no es sino reflejo de otras anteriores, como la del primer verdadero compositor de jazz, Billy Burden, que pasó 24 años en un manicomio tras reiteradamente fracasadas curas de desintoxicación y muerto; como Edgar Allan Poe, durante un acceso de delirium tremens; o como la del primer gran jazzista blanco, Bix Beiderbecke, anárquico e inseguro, alcohólico y depresivo, o contrapartida de la de Jelly Roll Morton, autoproclamado inventor del jazz y que fue toda su vida un extraordinario juerguista y putañero, o el reverso trágico por voluntario de Chick Webb, disputador con Benny Goodman del título de rey del swing y muerto, de tuberculosis ósea, a los 30 años, o un paralelo de la cada vez más viva Billie Holiday, rebelde con causa y paradigma del sacrificio estéril por muy hermosos que sean sus síntomas o sus frutos.

Pero vayamos a la historia, a los hitos de caída y redención de Charlie Parker entre su nacimiento y muerte, entre el 29 de agosto de 1920 y el 12 de marzo de 1955. Parker había sido el hijo de un bailarín de claqué y cocinero de trenes, también alcohólico, que dejó a la familia cuando Charlie tenía 11 años, y que a los 13 recibió el regalo materno de un saxofón con el que tocó en locales oscuros de su natal Kansas City, ciudad clave en la evolución del blues y de sus derivados, justo cuando comenzó a estudiar tal vez innecesariamente música en el Lincoln College.

Al calor de las melodías nuevas de Lester Young y de Ben Webster, a los 15 años recibió Parker el carné de músico profesional que le permitió formar parte del sindicato de músicos de Kansas al tiempo que, artista adolescente, se casó, por fuerza mayor, con una antigua compañera del colegio. Para entonces, Parker además de padre precoz era un consumado catador de marihuana y alcoholes intensos, también de benzedrina disuelta en café para favorecer un insomnio que era, en él, propicio para la música. El día de Acción de Gracias de 1936 un accidente de coche le partió la columna y varias costillas, mató a su mejor amigo y le hizo adicto a la morfina primero y a la heroína más tarde. También le hizo divorciarse.

Son los años 30 los del triunfo del swing encarnado en Benny Goodman, tiempos de música optimista que intenta vencer a la gran depresión, tiempos de consumo creciente que consagra un tipo de música, destinada al baile y la celebración, que llevó a decir a Duke Ellington que el jazz es música y el swing sólo negocio.

Con todo, el swing se combinó con el blues en Kansas City y fueron los músicos de allí los que, en el crisol de Nueva York, a donde llega Parker como polizón de un tren de carga en el verano de 1939, cambiaron para siempre la historia del jazz. Así, imaginemos a Parker con 19 años trabajando como lavaplatos en un club en el que actuaba el pianista Art Tatum, al que admiraba, y experimentando en diciembre de ese año el gran deslumbramiento, su epifanía, en el Minton's, donde acudía la noche de un lunes, día en el que Teddy Hill, ex director de banda y propietario del local de Harlem, en la calle 118, ofrecía comida y bebida gratis para los músicos que quisieran actuar gratis en el local. Esa noche, Parker descubrió que se podía improvisar no sobre una melodía, sino sobre los acordes de la misma, con la misma libertad de la pintura abstracta. Parker conocía muy bien que toda música es abstracta y que, como las matemáticas, no necesita a los humanos sino para crearlas y admirarlas y que por la eternidad, toda la eternidad, pueden, y de hecho lo hacen, existir sin nosotros. En el Minton's Playhouse, Charlie Parker redescubrió, inventó una vez más, la música. «Cobré vida. Podía volar», diría más tarde. Para entonces, se vendían más de 40 millones de discos de Estados Unidos, en Europa la gente había comenzado a morir y aún quedaban unos meses para que Norteamérica entrara en el conflicto y el jazz representara, más que nunca, los valores de la democracia y la libertad.

Duelos de saxo

Mientras llegaba la guerra, el Minton's fue testigo de los duelos de saxo entre Lester Young y Ben Webster, peleando como perros y llamando después a sus madres para contar la hazaña, y será escenario de la música del trompetista Roy Eldridge, dueño de un sonido duro y desgarrado que Parker también asimilará hasta forjar lo que, desdeñoso, llamará 'música china' el cantante Cab Calloway, cansado del aceleramiento y el vértigo de esa música que invadía a Parker, dueño de un fraseo único que fijará en discos a partir de 1942 acompañado por Dizy Gillespie, trompetista y cómplice de la revolución que levantará Parker y de la que Parker será víctima.

La llama arde rápido; Charlie Parker tocó con Miles Davis, con Gillespie, ahondó en su adicción a la heroína, contempló cómo la vida es breve y es largo el arte, y la echó al garete, siendo ya conocido como Bird e incluso Yarbird, ave de corral, en referencia a sus maneras tímidas, a sus movimientos acelerados y huidizos. También experimentó un regreso de dos años a Kansas City como músico con prestigio, y fue expulsado del ejército a finales de 1942 por su drogodependencia. Este hombre, que será el protagonista, bajo nombre ficticio, de uno de los cuentos más importantes de Julio Cortázar, 'El perseguidor', sentía ya que el tiempo quedaba suspendido mientras hacía música, que la inmortalidad habita en lo fugaz. En una entrevista, Cortázar refiere cómo llegó a elegir a Parker como su protagonista: «Tenía que ser un individuo que respondiera a características muy especiales. Es decir, todo eso que sale de 'El perseguidor': un individuo que al mismo tiempo tiene una capacidad intuitiva enorme y que es muy ignorante, primario. Es muy difícil crear un personaje que no piensa, un hombre que no piensa, que siente. Que siente y reacciona en su música, en sus amores, en sus vicios en su desgracia, en todo. Y en ese momento murió Charlie Parker. Yo leí en un diario una pequeña biografía suya -creo que era de Charles Delonnay- en la que se daba una serie de detalles que yo no conocía. Por ejemplo, los períodos de locura que había tenido, cómo había estado internado en Estados Unidos, sus problemas de familia, la muerte de su hija, todo eso. Fue una iluminación. Terminé de leer ese artículo y al otro día o ese mismo día, no me acuerdo, empecé a escribir el cuento. Porque de inmediato sentí que el personaje era él; porque su forma de ser, las anécdotas que yo conocía de él, su música, su inocencia, su ignorancia, toda la complejidad del personaje, era lo que yo había estado buscando».

Poco comprometido

La adicción hizo que Parker faltara a sus compromisos, que Gillespie, que le consideraba «la segunda mitad de mi compás», rechazara volver a actuar o grabar con él, palabra a la que pocas veces faltará. Testimonio de esta crisis es la grabación del tema 'Lover man' del 29 de julio de 1946, que recoge cómo el saxo apenas se sostenía en las manos crispadas de Charlie, víctima del alcohol y las drogas; entraba a destiempo, no mantenía el tempo, pero hay momentos sublimes, enternecedores, emocionantes, en esa torpe y tristísimo grabación de la que Bird saldrá para una cura de desintoxicación en Hospital de Camarillo, en California, del que saldrá siete meses después para iniciar la etapa más brillante y final, de cuatro años, en la que el reconocimiento de esa nueva música crispada, el be bop, no basta para distraer su declive íntimo. A pesar de que en 1949 se abrió el neoyorquino club Birdland en su honor y en 1949 realizó su primera gira europea, tras el prematuro matrimonio e incluso uno segundo, celebrado en Tijuana con Doris Sydnor en 1949, mantuvo una relación con la bailarina Chan Richardson, con la que le dio tiempo a tener un hijo, Baird, y una hija, Pree, y a ver cómo Pree moriría de neumonía en 1954, afectándole de forma definitiva esta pequeña y completa muerte.

Intentos de suicidio

Como bien lo atestigua la película de Clint Eastwood, con un impresionante Forrest Whitaker como protagonista, la locura y el delirio tóxico serán sus compañeros definitivos entre intentos de suicidio y fallidos intentos de usar la música como tabla de salvación.

El 5 de marzo de 1955 actuó desastrosamente en el Birdland en la que fue su última aparición. Cuatro días después, sintiéndose cerca del colapso, se refugió en casa de la baronesa Pannonica de Koenigswarter. Allí, hace 50 años, murió el día 12 de marzo mientras veía un show cómico en la televisión. El informe médico habló de neumonía, de cirrosis, de infarto, de un hombre que aparentaba 60 años y que no había llegado a cumplir los 35.

En 'Aullido', Allen Ginsberg resumirá esta vida veloz y disparatada y necesaria: «Y se alzaron reencarnados en las ropas espectrales del jazz en la sombra de la trompeta dorada de la banda y tocaron por amor el sufrimiento de la desnuda mente de América en un llanto de saxofón eli eli lamma lamma sabachtani que hizo temblar las ciudades hasta la última radio». O como llegó a decir Miles Davis, «la Historia del Jazz se puede contar en cuatro palabras: Louis Armstrong, Charlie Parker».

Quizás el mejor retrato de Parker corresponda una vez más a Ralph Ellison, que supo captarlo en sus poliédricas contradicciones: «Charlie Parker extendió los límites de la contradicción humana fuera de toda creencia. Era simpático y odioso, considerado y cruel; robaba a los amigos y benefactores y tomaba prestado sin límite. Pero sin embargo era generoso hasta lo absurdo. Podía ser muy cariñoso con músicos jóvenes o completamente aplastante en su desprecio por su inaptitud. Era pasivo, y sin embargo rápido para sacar una navaja y meterse en una pelea. Era muy dado a extremos de tristeza y masoquismo, capaz de los excesos más asombrosos y de la disciplina física más exigente»

Charlie Parker, 50 años después: el aullido del perseguido

1955, un infarto arrebató la vida al célebre músico con apenas 35 años. Pese a su juventud, dejó un extenso legado y pasó a la historia como un mito, protagonista de una revolución musical equiparable a las de Mozart o Beethoven

La última actuación de Charlie Parker en público fue en el famoso club de jazz de Nueva York "Birdland", siete días antes de su inesperada muerte el 12 de marzo de 1955 en casa de su amiga la baronesa Paronnica de Koenigswarter.

El médico que lo examinó y confirmó su fallecimiento causado por un ataque cardíaco, escribió en el certificado de defunción que Parker tenía unos 55 años de edad. Nunca se imaginó que el músico era 21 años más joven.

Una intensa y atormentada vida artística, crisis existenciales provocadas en parte por el racismo, el abuso del alcohol y las drogas, así como un comportamiento errático en su vida personal y familiar, lo llevaron a un final prematuro.

Sin embargo, como ha sucedido con innumerables genios, el legado artístico que dejó Parker es inconmensurable.

Junto con el trompetista Dizzy Gillespie y otros músicos como Thelonious Monk, Bud Powell y Max Roach, fue el forjador de una revolución radical en el jazz (creó el llamado estilo "be-bop"), que echó las bases del jazz moderno.

Todavía hoy los jóvenes estudiantes de música transcriben sus solos, nota por nota, para desentrañar y asimilar a fondo ese espíritu creativo que ha influido a todos los saxofonistas posteriores a Parker.

Un virtuoso del saxo alto y un fértil compositor, Charlie Parker impresionó a músicos, público y críticos de su tiempo con su estilo profundo, tenso y complejo, que algunos han descrito como el barroco del jazz.

De allí en adelante, en gran medida, el jazz dejó de ser bailable para convertirse en música de concierto. Todo esto a mediados del siglo XX, cuando Parker ignoraba que iba a pasar a ser la figura más importante de una revolución musical que cambiaría el rostro del jazz hasta el día de hoy.

Cortázar, Kerouac y otros

Pero la influencia no sólo la tuvo sobre el mundo musical.

El escritor argentino Julio Cortázar, un gran amante del jazz, se inspiró en un momento de la vida de Charlie Parker para escribir su famoso cuento "El perseguidor".

En él, Cortázar describe un momento de crisis existencial en un pequeño cuarto de un hotel, en el que el personaje termina prendiéndole fuego a la habitación.

En un juego de palabras muy propio del escritor, Cortázar llama a su personaje Johnny Carter, que suena como Charlie Parker, pero que, también, es la mezcla de los nombres y apellidos de otros dos saxofonistas altos de la época: Johnny Hodges y Benny Carter.

Además de Cortázar, otros autores como Jack Kerouac y Leroi Jones también se han inspirado en la vida y obra de Charlie Parker.

Lo mismo sucede con el escritor catalán Miguel Mas Ferrà, cuya novela "El pájaro del paraíso" -que relata la historia de un saxofonista, Horaci Borges, un músico de jazz que se mueve entre Barcelona y Nueva York- tiene como inspiración la problemática existencial que agobió a Charlie Parker.

Mas Ferrà dice haber sido profundamente impresionado por la película "Round Midnight", que narra la historia del saxofonista Dexter Gordon, y, naturalmente, por "Bird", de la que hablaremos más abajo.

Sonidos aislados

El documentalista Gary Giddins recibió numerosos galardones por su película titulada "Celebrando a Bird: el triunfo de Charlie Parker", realizada en 1987, un documental substancial sobre la vida de Parker que, para los estudiosos, tendrá vigencia por muchos años.

Leyenda

El hecho de que escritores y cineastas se hayan inspirado en la figura de Charlie Parker ilustra, en parte, la importancia de este saxofonista en la historia reciente del jazz.

Hay músicos jóvenes de jazz que dicen haber recibido la influencia de John Coltrane, otro genio del saxofón, posterior a Parker.

Pero Coltrane, así como Cannonball Adderley, Phil Woods, y otros saxofonistas, no podrían haber desarrollado sus estilos sin las bases que Parker dejó sentadas.

A pesar de su corta y agobiada vida, este músico pudo "gozar" de la admiración, fama y reconocimiento antes de su muerte.

Durante sus giras por Europa, fue aclamado por público y críticos. En algunas capitales su recibimiento fue multitudinario. Los europeos lo recibieron con los brazos abiertos, cosa que no sucedía todo el tiempo en su propio país.

No obstante, hacia el final de su carrera, Parker ya se había transformado en una leyenda en vida a ambos lados del Atlántico.

Jazz latino

La discografía de Charlie Parker es vasta y gran parte de ella ha sido reeditada en discos compactos, permitiendo su continuo descubrimiento por parte de las nuevas generaciones de músicos, estudiosos y amantes del jazz.

A pesar de los altibajos de los últimos años de su vida, Parker tocó en los principales clubes de jazz y en las grandes salas de concierto, tanto en Europa como en su país, dejando una profunda huella en la historia de la producción artística de esa época.

Otro aspecto que interesa particularmente a los latinoamericanos, es que tanto Charlie Parker como Dizzy Gillespie fueron los pioneros de la fusión entre el jazz y la música afro-cubana, que hoy se conoce como "jazz latino".

Aunque no son muchas, las grabaciones de Parker con la orquesta de Machito son también legendarias. Y las colaboraciones con Chico O'Farrill, Mario Bauzá y Chano Pozo a fines de los años 40, también.

Después de haber sufrido muchas instancias de discriminación racial, desde pequeño hasta sus últimos días, Parker no alcanzó a ver el desarrollo del movimiento por los derechos civiles en su país, que comenzaría muchos años después.

El mismo año en que murió, recién la Corte Suprema de los Estados Unidos aprobaba, en medio de gran controversia, la integración racial en las escuelas, lo que marcaba un primer paso en la lucha contra la discriminación. Pero todavía quedaba mucho por hacer en ese campo.

No obstante, Charlie Parker se transformó en un ídolo que derribó fronteras de raza entre los músicos de su generación y entre quienes han hecho pasar al jazz en forma madura y robusta hacia el siglo XXI.

Ese médico que en 1955 pensó que a su muerte Parker tenía 21 años más, tampoco se imaginó que su música pasaría al siglo siguiente con una vitalidad insospechada.

Julio Cortazar habla de "El perseguidor" y de Charlie Parker

JC: Vos sabés que en "El perseguidor" hay un episodio en donde Johnny cuenta cómo el tiempo queda abolido. Bueno, eso es absolutamente autobiográfico. Y además no solo me sucedía en la época en que escribía "El perseguidor" -y que en ese momento, en el orden del cuento me vino bien, entró esa intuición que tiene Johnny- sino que me sigue sucediendo. Por ejemplo, hace tres o cuatro días volví por el lado de la Place d'Italie, en el metro, y tenía que llegar hasta aquí, a la Gare de l'Est. Estaba en un estado de cansancio, de mala salud, como sabés, y muy distraído. Los estados de distracción (eso que se llama distracción) son para mí estados de pasaje, favorecen ese tipo de cosas. Cuando estoy muy distraído, en un momento dado es ahí por donde me escapo.
Bueno, el otro día me pasó exactamente lo mismo en el metro. Entré en el metro, me senté, el metro echó a andar y yo empecé a pensar. Era el final de una conversación con un amigo; seguí pensando, le di vueltas a la cosa y aparecieron episodios del pasado, una serie de imágenes. El solo hecho de que yo te lo esté contando así ya está llevándonos unos cuantos segundos, ¿no? Pero eso siguió y siguió. Yo no tenía ningún control de tipo temporal, simplemente estaba perdido en una meditación. Y en un momento determinado sentí el golpe de los frenos, el tren se detenía. Miré la estación, suponiendo que ya debía estar muy cerca de la Gare de l'Est. Y era la primera estación después de aquella en que yo lo había tomado.

OP: Que si no me equivoco se llama Campo Formio.

JC: Sí. Es decir, se trata exactamente del mismo episodio de Johnny. Con un poco de trabajo yo podría reconstruir todo lo que pensé. Y te aseguro que en nuestro tiempo, en el que podemos medir con este reloj, eso nos llevaría por lo menos diez minutos. Y yo sé perfectamente que entre esas dos estaciones hay un minuto. Entonces, hay una especie de superposición de tiempos diferentes, que yo no puedo utilizar. Ojalá pudiera utilizarlos. Lo he pensado muchas veces con nostalgia, porque si yo pudiera multiplicar mi tiempo sería casi como ganar una especie de inmortalidad.

.......................

OP: Exactamente. Ahora bien, si pasamos de estos cuentos tuyos a "El perseguidor" se nota como una especie de ruptura. Tú dijiste en otra entrevista que no es ahí que tuviste por primera vez conciencia del peso, de la gravitación de un personaje, pero sí que en este cuento lo que importa es el personaje, que empezaste a tener una mayor visión existencial de la literatura. Lo que puede parecer paradójico es que tú no conociste al personaje en cuestión, a Charlie Parker.

JC: No, yo no lo conocí personalmente, aunque sí estéticamente, porque me tocó vivir en el momento en que Charlie Parker renovó completamente la estética del jazz y después de un período en que nadie creía y la gente estaba desconcertada por un sistema de sonidos que no tenía nada que ver con lo habitual, se dieron cuenta de que allí había un genio de la música. Y entonces la anécdota de ese cuento es la siguiente: a mí me perseguía desde hacía varios meses una historia, un cuento largo, en el que por primera vez yo me enfrentaba con un semejante. Porque la verdad es que, como decís vos, hay una ruptura en "El perseguidor".
En todos los cuentos precedentes, los personajes pueden estar vivos, pueden comunicarle algo al lector, pero si se analiza bien -es como en los cuentos de Borges- los personajes son marionetas al servicio de una acción fantástica.

OP: Son cuentos de situaciones.

JC: Claro. Cuentos en los que los personajes están situados, cada uno de ellos, pero no son lo determinante del cuento. Con una que otra excepción. Antes de "El perseguidor" yo ya había escrito algunos cuentos que no tienen nada de fantástico , que son muy humanos, como "Final del juego". Eso ya eran caminos que se me iban abriendo. Pero la primera vez que se me planteó eso que vos llamás existencial -y es cierto-, es decir el diálogo, el enfrentamiento con un semejante, con alguien que no es un doble mío, sino que es otro ser humano que no está puesto al servicio de una historia fantástica, en la que la historia es el personaje, contiene al personaje, está determinada por el personaje, fue en "El perseguidor".
¿Por qué fue Charlie Parker? Primero porque yo acababa de descubrirlo como músico, había ido comprando sus discos, lo escuchaba con un infinito amor, pero nunca lo conocí personalmente. Me perseguía la idea de ese cuento y al principio con la típica deformación profesional, me dije: "Bueno, el personaje tendría que ser un escritor, un escritor es un tipo problemático". Pero no me decidía porque me parecía aburrido, me parecía un poco tópico tomar un escritor.
Pensé en un pintor, pero tampoco me entusiasmaba mucho. Tenía que ser un individuo que respondiera a características muy especiales. Es decir, todo eso que sale de "El perseguidor": un individuo que al mismo tiempo tiene una capacidad intuitiva enorme y que es muy ignorante, primario. Es muy difícil crear un personaje que no piensa, un hombre que no piensa, que siente. Que siente y reacciona en su música, en sus amores, en sus vicios en su desgracia, en todo.
Y en ese momento murió Charlie Parker. Yo leí en un diario una pequeña biografía suya -creo que era de Charles Delonnay- en la que se daba una serie de detalles que yo no conocía. Por ejemplo, los períodos de locura que había tenido, cómo había estado internado en Estados Unidos, sus problemas de familia, la muerte de su hija, todo eso. Fue una iluminación. Terminé de leer ese artículo y al otro día o ese mismo día, no me acuerdo, empecé a escribir el cuento. Porque de inmediato sentí que el personaje era él; porque su forma de ser, las anécdotas que yo conocía de él, su música, su inocencia, su ignorancia, toda la complejidad del personaje, era lo que yo había estado buscando.

OP: Lo que habías estado persiguiendo. El perseguidor eras vos.

JC: Sí. Pero si yo no hubiera leído esa biografía o esa necrológica de Charlie Parker, tal vez no hubiera escrito el cuento. Porque estaba muy perdido, no encontraba al personaje.

OP: Un escritor en busca de su personaje. Pero además, por lo que yo sé, tuviste otras dificultades.

JC: Hubo una doble dificultad. La primera me concierne a mí. Yo empecé a escribir "El perseguidor" profundamente embalado y escribí casi de un tirón toda la primera secuencia, esa que transcurre en la pieza del hotel, cuando Bruno va a visitar a Johnny y lo encuentra enfermo, con Dédée. Eso toma unas veinte páginas, es bastante largo. Bruno le deja algún dinero y se va, se mete en un café y trata de olvidarse, con la ambivalencia típica del personaje. Y ahí me bloqueé. Al otro día quise seguir el cuento y nada. Releí las veinte páginas y nada. Quedé totalmente bloqueado, me era imposible seguir.
Entonces metí todo eso en un cajón y pasaron tres meses, una cosa muy excepcional en mi trabajo de cuentista, porque a mí los cuentos me salen de un tirón. Pasaron tres meses, entonces, me dieron un contrato en las Naciones Unidas, en Ginebra. Tenía que pasarme tres meses en una pensión y me puse a sacar papeles. Entre ellos iban esas veinte páginas, pero yo no me di cuenta. Metí todo en una maleta y me fui. Hasta que un día, en la pensión, buscando no sé qué papel, salió eso. Después de tres meses vos te releés como si eso que estás leyendo fuera de otro, ¿no? Leí, y seguí, seguí, terminé las veinte páginas, me senté a la máquina, puse una hoja y en tres días terminé el cuento.
Nunca me he podido explicar la razón del bloqueo y mucho menos la razón de que haya podido empalmarlo. Pero creo que si yo no contara esto nadie se daría cuenta de que el cuento estuvo interrumpido.

OP: Yo creo que no hay ninguna censura y los críticos no han dicho nada al respecto.

JC: Las censuras son literarias, cada capítulo está escrito en un tiempo de verbo diferente. Está hecho a propósito, porque son alusiones musicales. Y salió así hasta el final. En cuanto a la segunda dificultad a la que aludiste, ocurrió que a mí el cuento me gustó mucho. Por esa época me fui a Buenos Aires y se lo di a leer a un amigo a quien yo le tenía plena confianza, era uno de esos lectores privados que tienen muchos escritores. Lo leyó y como era un tipo que no tenía pelos en la lengua me dijo: "Tiralo".
"Tiralo; es demasiado largo", me dijo. Y agregó: "No tiene sentido".
Bueno, tuve la debilidad de desobedecerle y me traje el cuento de vuelta a París. Y entonces lo leyó Aurora (Aurora Bernárdez, la primera mujer de Cortázar) y le gustó enormemente. Esto no quiere decir que yo consulte mucho a otras personas; tal vez se trate de una extraña vanidad. Pero una vez que yo he conseguido lo que creo que tengo que conseguir, me importa un bledo que les guste o no les guste. De todos modos, lo di a leer a dos o tres personas. Ese cuento dio lugar a otro cuento largo, Las armas secretas, ahí ya se armó el libro y se publicó.

OP: Onetti me dijo que había sido uno de los primeros lectores de "El perseguidor" y que de inmediato te escribió una carta -él, que suele escribir muy pocas cartas- declarándote su total entusiasmo.

JC: Onetti hizo mucho más que eso. Esto que te voy a contar lo supe por Dolly Muhr (Dorotea Muhr, la mujer de Onetti). Onetti leyó "El perseguidor", se fue al cuarto de baño de su casa y rompió el espejo de un puñetazo.

OP: Exactamente. Onetti nos contó eso un día a mi mujer y a mí, allá en Montevideo. Fue esa secuencia -vos empezás esa parte del cuento abriéndola con esa sola palabra, "secuencias"- de la muerte de Bee, la hija mayor de Johnny y Lan.

JC: Nadie ha tenido una reacción que me pueda conmover más.

De "Los cuentos: un juego mágico", charla con Omar Prego Gadea del libro La fascinación de las palabras, Bs. As., Alfaguara, 1997

H.G.M.: ¿Vio la película El Perseguidor que se hizo sobre un cuento suyo?

J.C.: Sí, la vi en un festival europeo. En esa película me gustó mucho la banda sonora. Entonces yo no sabía que el que tocaba era el Gato Barbieri, porque el Gato no tenía en aquel momento la justa fama que consiguió después. Yo sabía que había dos hermanos Barbieri, que uno había hecho los temas y el otro, los había tocado, pero no los conocía. Cuando vi la película, la música me impresionó, porque yo me estaba temiendo que se hiciese un simple pastiche de Charlie Parker. Puesto que el personaje, en alguna medida, encarnaba a Charlie Parker, los Barbieri tuvieron la extraordinaria habilidad y la honestidad de hacer una música muy original y que, al mismo tiempo, tenía un estilo. Era un homenaje, pero no un pastiche.

De "La vuelta a Julio Cortázar en 80 preguntas", entrevista por Hugo Guerrero Marthineitz


En "El perseguidor" de Las armas secretas y en Los premios pero sobre todo en "El perseguidor", hay una especie de final de una etapa anterior y comienzo de una nueva visión del mundo: el descubrimiento de mi prójimo, el descubrimiento de mis semejantes. Hasta ese momento era muy vago y nebuloso. Fíjate, me di cuenta muchos años después que si yo no hubiera escrito "El perseguidor", habría sido incapaz de escribir Rayuela."El perseguidor" es la pequeña Rayuela. En principio están ya contenidos allí los problemas de Rayuela. El problema de un hombre que descubre de golpe, Johnny en un caso y Oliveira en el otro, que una fatalidad biológica lo ha hecho nacer y lo ha metido en un mundo que él no acepta, Johnny por sus motivos y Oliveira por motivos más intelectuales, más elaborados, más metafísicos. Pero se parecen mucho en esencia. Johnny y Oliveira son dos individuos que cuestionan, que ponen en crisis, que niegan lo que la gran mayoría acepta por una especie de fatalidad histórica y social. Entran en el juego, viven su vida, nacen, viven y mueren. Ellos dos no están de acuerdo y los dos tienen un destino trágico porque están en contra. Se oponen por motivos diferentes


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