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0305 - Harold Pinter nació en1930 en Londres. Hijo de un sastre judío,
vivió su infancia en un barrio del East End habitado por
familias obreras y trabajadores inmigrantes, experiencia que estaría
presente en muchas de sus obras escénicas. Ingresó con una beca de
estudios en la Royal Academy of Dramatic Art y en 1950 publicó
una entrega poética titulada Poetry London.
Creo que la política, nuestra
conciencia política nuestra inteligencia política no han desaparecido,
porque si lo han hecho, estamos condenados. O no puedo vivir así. Me
han dicho tan a menudo que vivo en un país libre, que se van a enterar
si soy libre.
Harold Pinter.
Hizo una gira teatral por Irlanda (1951-52), que repetiría más tarde
por otras regiones del país (1954-57), esta vez trabajando él mismo
como actor con el nombre de David Baron. En 1957 publicó su primer
drama, The Room (La habitación), al que seguirían The Birthday
Party (La fiesta de cumpleaños, 1958), The Caretaker (El vigilante,
1959), The Lover (El amante, 1963), Landscape (Paisaje, 1967), Silence
(1969), One for the Road (La última copa, 1984), etc.
La obra de Pinter, mezcla de realismo y misterio, no lleva explícito
mensaje alguno moralizante, sino que más bien trata de reflejar un
mundo amenazante y violento que nace de la propia naturaleza humana y
de las contradicciones de nuestra sociedad.
Además de sus trabajos para el teatro, Pinter ha escrito guiones
televisivos y cinematográficos: The Servant, de J. Losey, 1963; The
Pumpkin Eater, de J. Clayton, 1964; Accident, de J. Losey, 1967; The
Quiller Memorandum, de M. Anderson, 1967; French Lieutenant's Wife, de
K. Reisz, 1981.”
Para muchos dramaturgos, teóricos, historiadores, intelectuales la
base suprema esencial de la política radica en, básicamente, conservar
el juicio (mínimo exigido) del sentido común. Este juicio que deviene
Kantiano, viene aparejado al periodo de la ilustración Europea. Harold
Pinter no escapa de esta lógica de sentido aplicado, una vez más desde
las vanguardias hacia acá y especialmente desde la II Guerra Mundial
hasta nuestros días. Hay una forma muy desarrollada en el teatro de
los años 60, en el otro extremo de la Europa Occidental, léase
(Francia, Inglaterra, Italia) debido a su sentido de la tradición en
la que cobró fuerza, la alta comedia, el teatro del absurdo, el teatro
cargado de los signos de la politicidad. Surgía en la escena y en los
textos esta imagen Arendtiana sobre el resplandor político. La
lista es extensa y no podemos al menos dejar fuera a: Eugéne Ionesco,
Samuel Beckett, Jean Paul Sartre, Albert Camus, Arnold Wesker, Darío Fo, etc. Y con ellos “La lección”, “Esperando a Godot”, “Nekrasov”,
“Las moscas”, “Las manos sucias”, “Calígula”, “El malentendido”, “La
cocina de los ángeles”, “La muerte accidental de un anarquista” etc.
El teatro político de Harold Pinter tiene que ver profundamente con
razones éticas y estéticas, por ello es un teatro que siguiendo una
tradición de pensamiento se vincula con “la realidad”, esta tradición
que como hemos visto está implicada con Erwin Piscator, le da cualidad
de significado a la materia dramatúrgica usada por Harold Pinter. El
tratamiento de lo político está aquí muy demarcado por (como decíamos
antes, una cuestión ética) porque Pinter a un modo Shakespeare,
nos asegura que es la política la que huele mal. No simplemente por
ella misma, sino por los mecanismos y los procedimientos que utilizan
los estados y en el peor de los casos los gobiernos para articular las
matanzas. El problema político en el teatro de Harold Pinter es
histórico pero también le concierne a los individuos a sus pareceres.
Todo lo político se va resumiendo en situaciones concretas, actos
sencillos, con gente sencilla que se va descargando de si misma las
responsabilidades. Pinter asegura que el problema de la política es un
problema de responsabilidades no sólo de los otros sino de todos. Y se
plantea el tema de la lucha de clases a través de aquellos que
detentan el poder, ya no como en Brecht o Piscator a través de los
desclasados, de la prole. Pero aquí las clases se posesionan de un
sistema cerrado de accionar porque a excepción de algunas de sus
obras, las clases nunca se enfrentan.
Carlos Dimeo es Director, Editor,
Escritor e Investigador de teatro Latinoamericano, es actualmente
Profesor en el Postgrado de Teatro Latinoamericano de la Universidad
Central de Venezuela, Profesor en el Postgrado de Literatura
Venezolana en la cátedra de Teatro Venezolano en la Universidad de
Carabobo y Profesor de pregrado y postgrado en la Universidad
Pedagógica Experimental Libertador de Maracay.
Además director de Dramateatro Agrupación y Director de la revista de
investigación teatral Dramateatro revista digital
http://www.dramateatro.arts.ve
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El dramaturgo británico Harold
Pinter,
fue galardonado con el premio Nobel de Literatura 2005.
"La administración norteamericana es una
bestia sedienta de sangre"
Harold Pinter, activo
defensor de los derechos humanos, H Pinter comparó a George W. Bush
con los nazis y llamó al primer ministro británico Tony Blair "asesino
de masas" por invadir Irak.
Harold
Pinter es uno de los más prestigiosos dramaturgos contemporáneos de la
lengua inglesa. Impresionan las directas e impactantes palabras de
este humanista que se opone a la Guerra Mundial permanente de Bush
Parte del discurso pronunciado al recibir un título
honorario de la Universidad de Turín, Italia:
A principios de año, fui operado de cáncer. La cirugía y sus efectos
me provocaron una pesadilla. Sentí que no podía nadar bajo agua en un
interminable, oscuro y profundo océano. Pero no me ahogué y me alegro
de estar vivo. Sin embargo, supe que emerger de una pesadilla personal
era entrar en una pesadilla pública infinitamente más avasallante: la
pesadilla de la histeria, la ignorancia, la arrogancia, la estupidez y
la beligerancia norteamericanas; la nación más poderosa que el mundo
ha conocido, lidiando la guerra contra el resto del mundo. “Si no
están con nosotros, están contra nosotros”, ha dicho el presidente
George W. Bush.
También ha dicho: “No permitiremos que las peores armas del mundo
permanezcan en manos de los peores líderes del mundo”. Dices bien.
Mírate en el espejo amiguito. Ése eres tú.
Estados Unidos está desarrollando, en este momento, avanzados sistemas
de “armamentos de destrucción en masa” y se prepara para usarlos donde
crea necesario. Ellos tienen más armas que las que pueda amasar el
resto del mundo. Ellos han rechazado todos los acuerdos
internacionales sobre armas químicas y biológicas, denegando la
inspección de sus propias fábricas de armamentos. La hipocresía tras
sus declaraciones públicas y sus acciones es casi un chiste.
Estados Unidos cree que las tres mil muertes de Nueva York son las
únicas muertes que cuentan, las únicas muertes que importan. Son
muertes “americanas”. Las otras muertes son irreales, abstractas, de
ninguna consecuencia, según ellos. Las tres mil muertes causadas por
ellos en Afganistán nunca se mencionan. Los cientos de miles de niños
iraquíes muertos, gracias a las sanciones norteamericanas y británicas
que los han privado de medicamentos esenciales, nunca se mencionan.
Los efectos del uranio reducido, usado por Estados Unidos en la Guerra
del Golfo, nunca se mencionan. Los niveles de radiación en Iraq son
alarmantes. Nacen bebés sin cerebro, sin ojos, sin genitales. Donde
van los oídos tienen la boca o el recto, lo que mana de esos orificios
es sangre. Las 200 mil muertes causadas en Timor Oriental en 1975 por
el gobierno indonesio que Estados Unidos inspiró y apoyó, nunca se
mencionan. Las 500 mil muertes en Guatemala, Chile, El Salvador,
Nicaragua, Uruguay, Argentina y Haití...
La atrocidad cometida en Nueva York era predecible e inevitable. Fue
un acto de retaliación contra las manifestaciones sistemáticas del
terrorismo de Estado ejercido por Estados Unidos a lo largo de muchos
años, en todas partes del mundo.
En Gran Bretaña, el público ha recibido la advertencia de estar
vigilante y preparado para potenciales actos terroristas. El lenguaje
mismo que se usa es descabellado. ¿Cómo se materializará esa
vigilancia pública? ¿Usando una bufanda sobre la boca para filtrar los
gases venenosos? Sin embargo, cualquier ataque terrorista sería
inevitable consecuencia de la despreciable y vergonzosa sumisión de
nuestro Primer Ministro a Estados Unidos. Al parecer ya fue
interceptado un ataque de gas venenoso en el metro de Londres. Pero
ese tipo de acción aún podría perpetrarse.
Miles de escolares usan el metro a diario. Si ocurriera un ataque de
gas que los matara, toda la responsabilidad recaería sobre nuestro
Primer Ministro. Es innecesario aclarar que el Primer Ministro no
viaja en metro.
La guerra contra Iraq constituye, de hecho, un plan de asesinato
premeditado contra miles de civiles para supuestamente librarlos de su
dictador. Estados Unidos y Gran Bretaña prosiguen un curso de acción
que sólo conducirá a una escalada de violencia a través del mundo y a
la catástrofe. Es obvio, sin embargo, que Estados Unidos está inflado
de ganas de atacar Iraq. Creo que ellos lo harán, no sólo para tomar
control del petróleo iraquí, sino porque la actual administración
norteamericana es, en estos momentos, una bestia sedienta de sangre.
Las bombas son su único vocabulario. Muchos norteamericanos están
horrorizados ante la postura de su gobierno, pero parecen estar
desvalidos.
A menos que Europa reúna la solidaridad, la inteligencia, el valor y
la voluntad para resistir al poder de Estados Unidos, Europa misma se
hará merecedora de la declaración de Alexander Herzen: “Nosotros no
somos los médicos, nosotros somos la enfermedad”.
Publicado el 11 de diciembre de 2002
en Londres, en el Daily Telegraph |