Puede advertirse que Poincaré mostró su universalidad al descubrir
conexiones hasta entonces no sospechadas entre distintas ramas de las
Matemáticas,
por ejemplo entre los grupos (continuos) y álgebra lineal.
Antes de continuar con el relato de su vida, recordaremos uno de los rasgos
más característicos de Poincaré. Pocos matemáticos han tenido una visión
filosófica tan amplia como Poincaré y ninguno le ha superado en el don de
exponer con claridad. Probablemente siempre estuvo profundamente interesado
en las implicaciones filosóficas de la ciencia y de la Matemática, pero tan
sólo en 1902, cuando su grandeza como matemático estaba más allá de toda
duda, se sintió atraído por lo que pudiera llamarse la vulgarización de la
Matemática, y se dejó llevar con un sincero entusiasmo por la idea de
compartir con los no profesionales la significación e importancia humana del
tema. Su preferencia por lo general frente a lo particular le ayudó para
exponer ante los inteligentes profanos aquellos temas cuyos alcances
matemáticos van más allá de la importancia técnica. Hace 20 ó 30 años podía
verse en los jardines y en los cafés de París a obreros y vendedores leyendo
ávidamente algunas de las obras maestras populares de Poincaré, en su
edición barata. Las mismas obras, en ediciones más cuidadas, se encontraban
sobre la mesa de trabajo de cualquier hombre culto. Estos libros fueron
traducidos al inglés, al alemán, al español, al húngaro, al sueco y al
japonés. Poincaré hablaba en lenguaje universal, fácilmente comprensible, de
la Matemática y de la ciencia, y su estilo, muy peculiar, pierde mucho en la
traducción.
(Jules Henri Poincaré a las 18 años, en la foto de la
derecha)
Por el mérito literario de sus obras de vulgarización Poincaré recibió el
máximo honor a que un escritor francés puede aspirar: ser miembro de la
Sección literaria del Instituto. Algunos envidiosos novelistas han dicho
rencorosamente que Poincaré obtuvo esta distinción, única para un hombre de
ciencia, debido a que una de las funciones de la Academia literaria es la
constante redacción de un diccionario de la lengua francesa, y el universal
Poincaré era, sin duda, el hombre que podría ayudar a los poetas y a los
autores dramáticos en su lucha para decir al mundo lo que son funciones
automorfas. La opinión imparcial, basada en un estudio de los trabajos de
Poincaré, está de acuerdo en que el matemático merecía esa distinción. Muy
afín a su interés por la filosofía de la Matemática es su preocupación por
la psicología de la creación matemática. ¿Cómo realizan los matemáticos sus
descubrimientos? Poincaré nos narra más tarde sus propias observaciones
sobre este misterio en una de las más interesantes descripciones de los
descubrimientos personales que haya podido ser escrita. Según Poincaré los
descubrimientos matemáticos suelen tener lugar después de un largo tiempo de
ardua labor. Igual que en la literatura, según dice Dante Gabriel Rosetti,
se necesita "cierta cantidad de trabajo cerebral fundamental" antes de que
pueda madurar un poema, en la Matemática no se producen descubrimientos sin
un profundo trabajo preliminar, pero esto no es, en modo alguno, todo lo
necesario. Todas las "explicaciones" para proporcionar una receta en cuya
virtud un ser humano pueda llegar a crear resultan sospechosas. La excursión
de Poincaré a la psicología práctica, como algunas otras en la misma
dirección, no llegó a proporcionar el vellocino de oro, pero al menor
sugiere que tal cosa no es completamente mítica, y podrá algún día
encontrarse el medio para que los seres humanos sean aún más inteligentes y
capaces de comprenderse a sí mismos.
La herencia intelectual de Poincaré por ambos lado era satisfactoria. Tan
sólo nos remontaremos a su abuelo paterno. Durante la campaña napoleónica de
1814, su abuelo, que tenía 20 años, fue agregado al hospital militar en
Saint-Quentin. Establecido en Rouen, en el año 1817, se casó, y tuvo dos
hijos: León Poincaré, nacido en 1828, que fue médico distinguido y miembro
de una Facultad de medicina, y Antoine, que llegó a ser inspector general
del Departamento de caminos y puentes. Henri, hijo de León, nació el 29 de
abril de 1854, en Nancy, Lorena, y llegó a ser el mejor matemático de los
primeros años del siglo XX; uno de los dos hijos de Antoine, Raymond,
estudió leyes, y desempeñó la presidencia de la República Francesa durante
la primera guerra mundial. El otro hijo de Antoine fue director de educación
secundaria. Un tío abuelo, que siguió a Napoleón en la campaña de Prusia,
desapareció y jamás se oyó hablar de él después de la derrota de Moscú.
De este árbol genealógico podría deducirse que Henri tendría que heredar
cierta capacidad administrativa y política; pero no ocurrió así, salvo en su
primera infancia, época en que inventaba los juegos para sus hermanas y
amigos. En estos juegos su desempeño era limpio y escrupuloso, y cuidaba de
que cada uno de los compañeros fuera fiel al papel que le correspondía. Esta
es quizá la prueba más concluyente de que Poincaré era constitucionalmente
incapaz de comprender los más sencillos principios de administración que su
primo Raymond aplicó intuitivamente.
La biografía de Poincaré fue escrita detalladamente por su compatriota
Gaston Darboux (1842-1917), uno de los principales geómetras de los tiempos
modernos, en 1913 (el año siguiente a la muerte de Poincaré). Alguna cosa
puede haber escapado al autor de este libro, pero parece que Darboux,
después de referirse a la madre de Poincaré, diciendo que "procedía de una
familia del distrito del Meuse cuyos padres vivieron en Arrancy, y era una
persona muy buena, muy activa y muy inteligente", no llega a mencionar su
nombre de soltera. Es posible que los franceses hayan hecho suya la doctrina
de las tres K, recordada al ocuparnos de Dedekind, debido a la influencia
que pudiera dejar Alemania en Francia desde 1870 a 1914. Sin embargo, de una
anécdota narrada por Darboux, sería posible deducir que su nombre de familia
puede haber sido Lannois. Sabemos que la madre dedicó toda atención a
la educación de sus dos hijos pequeños, Henri y su hermana menor (cuyo
nombre no se menciona). La hermana contrajo matrimonio con Emile Boutroux, y
fue madre de un matemático que murió joven.
En parte debido a los constantes desvelos de la madre, el desarrollo mental
de Poincaré fue extraordinariamente rápido. Aprendió a hablar muy
precozmente, pero también de modo defectuoso, debido a que pensaba con tanta
rapidez que no podía trasladar el pensamiento a la palabra. Desde su
infancia su coordinación motora fue precaria. Cuando aprendió a escribir, se
descubrió que era ambidextro, y que podía escribir o dibujar tan
defectuosamente con su mano izquierda como con su mano derecha. Poincaré
jamás se cuidó de esta torpeza física. A este respecto será también
interesante recordar que cuando Poincaré fue reconocido como el más grande
matemático y vulgarizador de la ciencia de su tiempo, se sometió a los
tests Binet, haciendo el desagradable descubrimiento de que si se
hubiera tratado de un niño, en lugar de ser el famoso matemático que era,
los tests habrían demostrado que se trataba de un imbécil. Cuando tenía
cinco años Henri sufrió un fuerte ataque de difteria complicado con
parálisis laríngea, que persistió durante nueve meses. Este accidente dio
lugar a que durante largo tiempo fuera delicado y tímido, pero después sacó
fuerzas de flaqueza para dedicarse a los bruscos juegos propios de los niños
de su edad.

Su diversión principal era la lectura, donde por primera vez se mostró su
desusado talento. Una vez leído un libro, cosa que hacía con increíble
velocidad, quedaba para siempre en su memoria, y podía citar la página y la
línea donde se narrara un determinado acontecimiento. Conservó esta poderosa
memoria toda su vida. Esta rara facultad, que Poincaré comparte con Euler,
quien también la poseyó en menor grado puede ser llamada memoria visual o
del espacio. En la memoria temporal, la capacidad para recordar con
extraordinaria precisión una serie de sucesos acaecidos largo tiempo antes,
era también extraordinariamente potente. Sin embargo, Poincaré suele
calificar su memoria como "mala". Su defectuosa visión física contribuyó
quizá a una tercera peculiaridad de su memoria. La mayoría de los
matemáticos parece que recuerdan los problemas y fórmulas en su mayor parte
de un modo visual, pero Poincaré los recordaba casi totalmente de un modo
auditivo. Incapaz de ver distintamente la pizarra cuando era estudiante, se
sentaba lejos y retenía lo que oía de un modo perfecto sin tomar notas: una
hazaña fácil para él, pero incomprensible para la mayor parte de los
matemáticos. Sin embargo, también debió tener una poderosa memoria de la
"visión interna", pues gran parte de su obra, como una buena parte de la de
Riemann, fue del tipo que supone una fácil intuición del espacio y una aguda
representación psíquica. Su incapacidad para usar hábilmente sus dedos
constituyó un obstáculo para los trabajos de laboratorio, y es de lamentar
que cierta parte de sus estudios de física matemática no hayan estado tan
cercanos a la
realidad como hubiera ocurrido de haber dominado el arte de la
experimentación. Si Poincaré hubiera sido en ciencia práctica lo que fue en
la ciencia teórica, hubiera añadido un cuarto miembro al incomparable trío
Arquímedes, Newton y Gauss.
No todos los grandes matemáticos han sido soñadores tan "distraídos" como la
fantasía popular gusta de suponer. Poincaré fue una de las excepciones, pero
sólo en cosas de poca importancia. A muchas personas, que en modo alguno
pertenecen a la categoría de sabios abstraídos, les ocurre lo mismo, y no
son pocos los mortales que después de haber comido en el restaurante guardan
en su bolsillo el dinero con que debían pagar su cuenta.
Algunas de las "distracciones" de Poincaré quizá tienen una interpretación
diferente. En una ocasión (Darboux no narra la historia, pero debería
haberlo hecho, pues ilustra el carácter algo brusco de Poincaré en los
últimos años), un distinguido matemático, se trasladó desde Finlandia a
París para conversar con Poincaré de problemas científicos. éste no abandonó
su estudio para saludar al visitante cuando la sirvienta le notificó su
llegada, sino que continuó paseando de un lado a otro, como era su costumbre
cuando se dedicaba a la Matemática, durante tres largas horas. Durante este
tiempo, el desconfiado visitante permaneció sentado en la sala próxima,
separado del maestro tan sólo por unas delgadas cortinas. Finalmente, las
cortinas se separaron durante un momento y apareció en la habitación la
cabeza de búfalo de Poincaré. " Vous me dérangez beaucoup " (me
molestáis extraordinariamente) explotó aquella cabeza, y desapareció. El
visitante tuvo que renunciar a la entrevista, que era exactamente lo que
deseaba el "abstraído" profesor.
Los estudios primarios de Poincaré fueron brillantes, aunque la Matemática
no fuera la disciplina que atrajera al principio su interés. Su primera
pasión fue la historia natural, y toda su vida continuó siendo amante de los
animales. La primera vez que tomó un rifle en sus manos se disparó
accidentalmente y mató a un ave sin que él se lo propusiera. Este accidente
le afectó tanto que en su vida ulterior (salvo la época del servicio
militar) se negó a tocar un arma de fuego. A la edad de nueve años dio la
primera demostración de lo que iba a ser uno de sus mayores triunfos. El
maestro de composición declaró que un breve ejercicio, original en su forma
y en su fondo, que el joven Poincaré había compuesto constituía "una pequeña
obra maestra", y lo conservó como uno de sus tesoros. Pero también aconsejó
a su discípulo que fuera más convencional, más estúpido, si deseaba causar
una buena impresión en los profesores de la escuela. Apartándose de los
juegos bruscos propios de sus compañeros, Poincaré inventó los suyos.
También fue un infatigable bailarín. Como aprendía sus lecciones con tanta
facilidad como respiraba, empleó la mayor parte de su tiempo en diversiones
y en ayudar a su madre en las tareas de la casa. En esa fase precoz de su
carrera Poincaré ya mostró algunas de las más notables características de su
facilidad para abstraerse del mundo. Frecuentemente se olvidaba de comer, y
casi nunca recordaba si había o no desayunado.
La pasión por la Matemática se bosquejó en la adolescencia o poco antes
(cuando tenía 15 años). Desde el principio mostró una particularidad que
duró toda su vida: hacía sus operaciones matemáticas mentalmente, mientras
paseaba inquieto, y sólo acudía al papel después de una madura meditación.
La charla, ni los ruidos le perturbaban cuando estaba trabajando. En su vida
ulterior escribió sus trabajos de un tirón, sin volver a leer lo que había
escrito, o limitándose a tachar algunos párrafos. Cayley componía también
sus trabajos de esta forma, y probablemente Euler hacía lo mismo. Algunos de
los trabajos de Poincaré muestran signos de una composición apresurada, y él
mismo decía que jamás había terminado un trabajo sin lamentarse de los
errores de forma o de fondo. Muchos hombres que se han distinguido
intelectualmente han tenido la misma sensación. La afición de Poincaré por
los estudios clásicos, donde sobresalió, le enseñó la importancia que para
un trabajo tiene la forma y la sustancia.
La guerra franco-prusiana estalló en Francia en 1870, cuando Poincaré tenía
16 años. Aunque era demasiado joven y demasiado débil para un servicio
activo, Poincaré participó de todos los horrores, pues Nancy, donde vivía,
sufrió la ola de la invasión, y el joven acompañó a su padre en sus visitas
al hospital. Más tarde, pasando terribles dificultades, volvió con su madre
y hermana a Arrancy para ver lo que había sucedido a sus abuelos paternos,
en cuyos espaciosos jardines habían transcurrido, durante las vacaciones
escolares, los días más felices de su infancia. Arrancy estaba cerca del
campo de batalla de Saint-Privat. Para llegar a la ciudad hubieron que pasar
a través de campos desiertos y quemados, sufriendo un "frío glacial". Al fin
llegaron a su destino, encontrando que la casa había sido saqueada, "no sólo
de las cosas de valor sino también de las cosas sin valor", siendo además
profanada en la forma bestial bien conocida por los franceses durante la
guerra de 1914. Los abuelos carecían de todo, y el alimento les era
proporcionado por una pobre mujer que se había negado a abandonar las ruinas
de su casucha y que insistía en compartir con ellos su modesta pitanza.
Poincaré jamás olvidó esto, ni tampoco olvidó la larga ocupación de Nancy
por el enemigo. Fue durante la guerra cuando aprendió alemán. ávido de saber
lo que los alemanes decían de Francia y de sí mismo, Poincaré aprendió su
lengua. Lo que vio y lo que aprendió de los relatos oficiales de los propios
invasores le hicieron un ardiente patriota, pero, lo mismo que Hermite,
jamás confundió la Matemática de los enemigos de su país con sus actividades
más prácticas. Su primo Raymond, en cambio, jamás podía decir algo acerca de
les Allemands sin reprimir un grito de odio. En el gran libro del
infierno donde constan los balances de los odios de un patriota frente a los
de un patriota alemán, Poincaré puede ser colocado frente a Kummer, Hermite
frente a Gauss, para obtener así el perfecto cero implicado en la famosa ley
"ojo por ojo, diente por diente".
Siguiendo la habitual costumbre francesa, Poincaré aprobó sus primeros
grados (bachiller en letras y en ciencias) antes de especializarse. Esos
exámenes tuvieron lugar en 1871, cuando tenia 17 años, y estuvo a punto de
ser reprobado en Matemática. Llegó tarde y azorado fracasó en una prueba tan
extraordinariamente sencilla como es obtener la suma de una progresión
geométrica convergente. Pero su fama le había precedido. "Cualquier
estudiante que no fuera Poincaré hubiera sido reprobado", declaró el
presidente del Tribunal.
Luego se preparó para los exámenes de ingreso en la Escuela de ingenieros de
Montes, donde asombró a sus compañeros al obtener el primer premio en
Matemática sin haberse molestado en tomar apuntes. Sus compañeros,
creyéndole un farsante, le quisieron someter a una prueba, encargando a un
estudiante de cuarto año que le presentara un problema matemático que les
parecía particularmente difícil. Sin una aparente meditación Poincaré
encontró la solución con rapidez, y siguió paseando, dejando cariacontecidos
a sus burlones compañeros que se preguntaban: "¿Cómo ha hallado la
solución?" No son pocos los que se han hecho la misma pregunta en otras
condiciones similares de la carrera Poincaré. Jamás parecía meditar cuando
sus colegas le presentaban una dificultad matemática: "la réplica venía como
una flecha".
Al terminar este año pasó, ocupando el primer lugar, a la Escuela
Politécnica. Varios son los relatos que se conservan de su examen. Unos
dicen que cierto miembro del Tribunal, prevenido de que el joven Poincaré
era un genio matemático, suspendió el examen durante tres cuartos de hora,
para idear alguna difícil cuestión, una refinada tortura. Pero Poincaré la
resolvió sin dificultad, y el inquisidor "felicitó cariñosamente al alumno,
comunicándole que había obtenido la máxima calificación". Los resultados
obtenidos por Poincaré frente a sus atormentadores parecen indicar que los
profesores franceses de Matemática habían aprendido algo desde que
arruinaren la vida de Galois y estuvieron a punto de hacer lo mismo con la
de Hermite.
En la Politécnica, Poincaré se distinguió por su brillantez en la
Matemática, por su extraordinaria incompetencia en todos los ejercicios
físicos, incluyendo la gimnasia y las artes militares, y por su manifiesta
incapacidad para dibujar algo que se pareciera a algún objeto terrenal o
celestial. Esto era muy grave: Un cero en el examen de ingreso, aun que se
tratara del dibujo, significaba ser expulsado de la Escuela. Los jueces
estaban desconcertados: "...un cero es eliminatorio. En las restantes cosas
(salvo el dibujo), Poincaré carece de rival. Si es admitido, será el
primero: pero, ¿puede ser admitido?". Para que Poincaré fuera admitido los
buenos jueces posiblemente colocaron un punto decimal antes del cero y un 1
después de él.

A pesar de esta ineptitud para los ejercicios físicos, Poincaré era
extraordinariamente popular entre sus compañeros. Al final del año
organizaron una exhibición pública de sus obras artísticas, cuidadosamente
rotuladas en griego: "esto es un caballo..." y así sucesivamente. Pero la
incapacidad de Poincaré para el dibujo también tuvo su lado serio cuando
estudió Geometría; entonces perdió el primer lugar, ocupando el segundo
puesto.
Al dejar la Politécnica en 1875, teniendo 21 años, Poincaré ingresó en la
Escuela de Minas, con la intención de ser ingeniero. Sus estudios técnicos,
aunque fielmente realizados, le dejaban ciertas horas de ocio que dedicaba a
la Matemática, y mostró lo que había dentro de él abordando un problema
general de ecuaciones diferenciales. Tres años después presentó una tesis
sobre el mismo tema, pero refiriéndose a una cuestión más difícil y más
general, a la Facultad de Ciencias de París, para aspirar al grado de doctor
en ciencias matemáticas. "Vi clara, e inmediatamente, dice Darboux que fue
llamado a examinar la obra, que la tesis era superior al tipo ordinario y
merecía ampliamente ser aceptada. Seguramente contenía resultados
suficientes para proporcionar material a algunas buenas tesis. Pero debo
declarar, para que se tenga una idea exacta de cómo Poincaré trabajaba, que
muchos puntos necesitaban correcciones o explicaciones. Poincaré era un
hombre dominado por la intuición. Una vez que llegaba a la cima, jamás
volvía sobre sus pasos. Quedaba satisfecho pasando a través de todas las
dificultades, y dejaba a los demás el trabajo de pavimentar las carreteras
destinadas a conducir más fácilmente hasta la meta. Voluntariamente se
sometió a hacer las correcciones que parecían necesarias, pero me explicó
que tenía entonces otras muchas ideas en su cabeza, y que ya estaba ocupado
con algunos de los grandes problemas cuyas soluciones nos pensaba dar".
Así, el joven Poincaré, como Gauss, se veía invadido, por un enjambre de
ideas que llenaban su mente, pero, a diferencia de Gauss, su lema no era
"Poco, pero maduro". Es una cuestión que queda por resolver si un hombre de
ciencia creador que guarda los frutos de su labor tanto que algunos de ellos
se estropean es más útil para el progreso de la ciencia, que los hombres
impetuosos, que esparcen todo lo que cosechan, verde o maduro, para que la
semilla pueda madurar si el terreno es apropiado o deshacerse cuando se
trata de frutos endebles. Algunos piensan que es mejor lo primero, otros lo
segundo. Como cualquier decisión está más allá de los criterios objetivos,
dejamos a cada uno con su propia opinión.
Poincaré no estaba destinado a ser ingeniero de Minas, aunque durante su
aprendizaje demostró que tenía al menos el valor para serlo. Después de la
explosión de una mina, que produjo 17 víctimas, formó parte de la cuadrilla
de salvamento. Pero la profesión no le resultaba agradable, y aprovechó la
oportunidad de dedicarse a la Matemática cuando su tesis y sus primeros
trabajos así lo permitieron. Su primer cargo académico lo obtuvo en Caen, el
1 de diciembre de 1879, como profesor de Análisis matemático. Dos años más
tarde (teniendo 27 años) pasó a la Universidad de París, donde en 1886 fue
ascendido al ser encargado del curso de mecánica y física experimental (esto
último parece extraño dada la dificultad de Poincaré para los trabajos de
laboratorio). Salvo con ocasión de sus viajes a los congresos científicos
europeos y de su visita a los Estados Unidos, en 1904, para pronunciar
conferencias en la exposición de St. Louis, Poincaré permaneció en París,
como cabeza de la Matemática francesa.
El período creador de Poincaré se abre con su tesis de 1878 y termina con su
muerte en 1912, cuando estaba en la cumbre de su capacidad. En este lapso
relativamente breve de 34 años acumuló tal cantidad de trabajos que parece
increíble si consideramos las dificultades que entrañan la mayor parte de
ellos. Suman casi 500 trabajos sobre nuevas Matemáticas, tratándose
en muchos casos de extensas memorias, y más de 30 libros, que se refieren
prácticamente a todas las ramas de la física matemática, de la física
teórica y de la astronomía teórica que existían en su época. No contamos
aquí sus trabajos clásicos sobre la filosofía, de la ciencia y sus ensayos
de vulgarización. Para dar una adecuada idea de esta inmensa labor sería
necesario ser un segundo Poincaré, y, por tanto, elegiremos dos o tres de
sus obras más célebres para hacer de ellas una breve descripción.
El primer triunfo de Poincaré tuvo lugar en la teoría de ecuaciones
diferenciales, a las cuales aplicó todos los recursos del Análisis, que
dominaba de un modo absoluto. Esta primera elección indica las inclinaciones
de Poincaré hacia las aplicaciones de la Matemática, pues las ecuaciones
diferenciales han atraído a enjambres de investigadores desde los tiempos de
Newton, debido, principalmente, a que tienen gran importancia para la
exploración del Universo físico. Los matemáticos "puros" algunas veces
gustan imaginar que todas sus actividades son dictadas por sus propios
gustos, y que las aplicaciones de la ciencia no tienen interés para ellos.
De todos modos, algunos de los más puros entre los puros han dedicado sus
vidas a las ecuaciones diferenciales, que aparecieron primeramente al
trasladar las situaciones físicas al simbolismo matemático; y son
precisamente estas ecuaciones, sugeridas en el terreno práctico, las que
constituyen el núcleo de la teoría. Una ecuación particular sugerida por la
ciencia puede ser generalizada por los matemáticos, y entonces ser devuelta
a los científicos (con frecuencia sin una solución que ellos puedan usar)
para ser aplicada a nuevos problemas físicos, pero en primero y último
término el motivo es científico. Fourier resume esta tesis en un párrafo
famoso que irrita a ciertos tipos de matemáticos, pero que Poincaré hizo
suyo y siguió en gran parte de su obra.
"El estudio profundo de la naturaleza, declara Fourier, es la fuente más
fecunda del descubrimiento de los matemáticos. Este estudio no sólo tiene la
ventaja de excluir cuestiones vagas y cálculos vanos al ofrecer una meta
definida a la investigación, sino que es también un medio seguro de moldear
el Análisis y de descubrir aquellos elementos de él que es esencial conocer
y que la ciencia debe siempre conservar. Estos elementos fundamentales son
los que se repiten en todos los fenómenos naturales". A lo cual alguien
puede replicar: No hay duda, pero ¿qué hacemos con la Aritmética considerada
en el sentido de Gauss? Sin embargo, Poincaré siguió el consejo de Fourier,
lo creyera o no -y hasta sus investigaciones en la teoría de números fueron
más o menos remotamente inspiradas por otras más o menos cercanas a la
Matemática de la ciencia física.
Las investigaciones sobre ecuaciones diferenciales le llevaron, en 1880,
cuando Poincaré tenía 26 años, a uno de sus más brillantes descubrimientos,
una generalización de las funciones elípticas (y de algunas otras). La
naturaleza de una función periódica (uniforme) de una sola variable ha sido
explicada repetidamente en capítulos anteriores, pero al referirnos a lo que
hizo Poincaré podemos repetir lo esencial. La función trigonométrica sen
z tiene el período 2 p , o sea,
sen ( z + 2 p ) = sen z ; es decir, cuando la variable
z aumenta en 2 p , la función seno de z toma su valor inicial.
Para una función elíptica, E(z), existen dos períodos
distintos, o sea p l y p 2 , tal que
E(z + p 1 ) = E(z), E(z + p 2 ) =
E(z) y Poincaré encontró que la periodicidad es simplemente un
caso especial de una propiedad más general: el valor de las funciones se
restablece cuando la variable es reemplazada por una cualquiera de una
infinidad numerable de transformaciones lineales de sí misma, y todas
estas transformaciones forman un grupo. Algunos símbolos aclararán este
juicio.
Supongamos que z se sustituye por
.
Entonces, para una
infinidad numerable de series de valores de a, b, c, d,
existen funciones de z , es decir F(z) es una de ellas tal que
Además, si a l , b l , c l
, d l y a 2 , b 2
, c 2 , d 2 son dos series
cualesquiera de valores de a, b, c, d, y si z se reemplaza por
y luego por
, dando por ejemplo
entonces no sólo tenemos
sino también
Además, la serie de todas las sustituciones

(la flecha se lee "es reemplazada por") que deja el valor de F(z)
invariable como justamente se explica forma un grupo: el resultado de
la sucesiva realización de dos sustituciones en la serie

está en la serie; existe una "sustitución idéntica" en la serie, o sea z' ®
z (aquí a = 1 , b = 0
, c = 0 , d = 1 ); y, finalmente, cada sustitución tiene
una "inversa" única, es decir, para cada sustitución en la serie existe otra
única que, si se aplica a la primera, producirá la sustitución idéntica. En
resumen, utilizando la terminología de los capítulos anteriores, vemos que
F(z) es una función que es invariante en un grupo infinito de
transformaciones lineales. Obsérvese que la infinidad de sustituciones
es una infinidad numerable, como primero se enuncia: las sustituciones
pueden ser contadas 1, 2, 3,... y no son tan numerosas como los
puntos de una línea. Poincaré construyó realmente tales funciones, y
desarrolló sus propiedades más importantes en una serie de trabajos a partir
de 1880. Tales funciones son llamadas automorfas.
Sólo necesitamos hacer aquí dos observaciones para indicar lo que
Poincaré consiguió con esta maravillosa creación. Primero, su teoría
comprende la de las funciones elípticas como un caso particular. Segundo,
como dijo el distinguido matemático francés George Humbert, Poincaré
encontró dos memorables proposiciones que "le dieron las claves del cosmos
algebraico".
Dos funciones automorfas invariantes en el mismo grupo están relacionadas
por una ecuación algebraica.
Inversamente, las coordenadas de un punto sobre cualquier curva algebraica
se pueden expresar por medio de funciones automorfas y, por tanto, por
funciones uniformes de un parámetro.
Una curva algebraica es aquella cuya ecuación es del tipo P(x, y) =
0, donde P(x,y) es un polinomio en x e y . Como un
simple ejemplo, la ecuación del círculo cuyo centro está en el origen, (0,
0), y cuyo radio es a, es x 2 + y 2
= a 2 . De acuerdo con la segunda "clave" de
Poincaré debe ser posible para expresar x, y como funciones
automorfas de un solo parámetro, t. Esto es; si x = a cos t e
y = a sen t , entonces, elevando al cuadrado y sumando eliminaremos
t (puesto que cos 2 t + sen 2 t =
1), y encontramos x 2 + y 2 = a
2 . Pero las funciones trigonométricas cos t, sen t
son casos especiales de funciones elípticas, que, a su vez, son casos
especiales de funciones automorfas.
La creación de esta vasta teoría de funciones automorfas fue una ele las
muchas cosas asombrosas que Poincaré hizo en el Análisis antes de cumplir
los 30 años. Tampoco dedicó todo su tiempo al Análisis, pues también
atrajeron su atención la teoría de números, algunas partes del álgebra y la
astronomía matemática. Al principio dio a la teoría gaussiana de las formas
cuadráticas binarias (véase capítulo sobre Gauss) una forma geométrica,
particularmente atractiva para aquellos que como Poincaré prefieren el
método intuitivo. Esto, como es natural, no fue todo lo que hizo en
Aritmética superior, pero las limitaciones del espacio impiden nuevos
detalles.
Una labor de este calibre no podía pasar inadvertida. A la desusada edad de
32 años (en 1887), Poincaré fue elegido miembro de la Academia. Su
proponente dijo algunas cosas muy atinadas acerca de él, pero la mayor parte
de los matemáticos suscribieron principalmente esta verdad: "la obra de
Poincaré está por encima de todo elogio, y nos recuerda inevitablemente lo
que Jacobi escribía de Abel: que había planteado cuestiones que antes de él
no había sido imaginadas. Debe, en efecto, reconocerse que hemos sido
testigos de una revolución en Matemática comparable en cualquier respecto a
la que tuvo lugar hace medio siglo con la aparición de las funciones
elípticas".
Dejar la obra de Poincaré en la Matemática pura en este momento, es como
levantarse de un banquete inmediatamente después de haberse sentado ante la
mesa, pero debemos ocuparnos ahora de otra faceta de su universalidad.
Desde el tiempo de Newton y sus sucesores inmediatos la astronomía ha
proporcionado generosamente a los matemáticos más problemas que los que
podía resolver. Hasta finales del siglo XIX las armas usadas por los
matemáticos en su estudio de la astronomía fueron prácticamente simples
perfeccionamientos de las inventadas por Newton mismo, Euler, Lagrange y
Laplace. Pero a través del siglo XIX, particularmente después de que Cauchy
desarrollara la teoría de funciones de una variable compleja y de las
investigaciones de dicho autor y de otros sobre la convergencia de las
series infinitas, la labor de los matemáticos puros ha ido acumulando un
enorme arsenal de armas todavía no ensayadas. Para Poincaré, a quien el
Análisis le resultaba tan fácil como el pensar, este vasto cúmulo de
Matemática todavía no utilizado, le parecía muy adecuado para emplearlo en
una nueva ofensiva contra los problemas sobresalientes de la mecánica
celeste y de la evolución planetaria. Eligió las armas que le parecieron
mejores, las perfeccionó, inventó otras nuevas y atacó la astronomía teórica
en una forma tan amplia como no había sido atacada durante un siglo.
Modernizó el ataque; en efecto su campaña fue tan extraordinariamente
moderna para la mayoría de los especialistas en mecánica celeste que hasta
en nuestros días, cuarenta años o más después de que Poincaré inició su
ofensiva, pocos han dominado sus métodos, y algunos, incapaces de tender su
arco, insinúan que son inútiles para un ataque práctico. De todos modos, a
Poincaré no le faltaron continuadores, cuyas conquistas hubieran sido
imposibles para los hombres de la era anterior a él.
El primer gran triunfo de Poincaré (1889) en astronomía matemática se debió
a un fracasado ataque al problema de n cuerpos. Para n = 2el
problema había sido completamente resuelto por Newton; el famoso problema de
tres cuerpos (n = 3 ) será mencionado más tarde; cuando n
supera a tres, algunas de las reducciones aplicables al caso n = 3
pueden ser realizadas.
Según la ley newtoniana de la gravitación, dos partículas de masas m, M
a la distancia D , se atraen entre sí con una fuerza proporcional

Imaginemos n partículas materiales distribuidas de cualquier manera
en el espacio; las masas, los movimientos iniciados y la distancia recíproca
de todas las partículas se suponen que son conocidas en un determinado
instante. Si se atraen de acuerdo con la ley newtoniana, ¿ cuáles serán
sus posiciones y movimientos (velocidades) después de un determinado tiempo?
Para los propósitos de la astronomía matemática las estrellas de un
grupo o de una galaxia o de un grupo de galaxias se pueden considerar como
partículas materiales que se atraen de acuerdo con la ley newtoniana. El
problema de n cuerpos se reduce, en una de sus aplicaciones, a
preguntarse cuál será el aspecto del cielo dentro de un año o dentro de un
billón de años, aceptándose que tenemos datos suficientes de observación
para describir ahora la configuración general. El problema, como es natural,
se complica extraordinariamente por la radiación, las masas de las estrellas
no permanecen constantes durante millones de años; pero una solución
completa del problema de n cuerpos en su forma newtoniana
probablemente daría resultados de una exactitud suficiente para todos los
fines humanos, la raza humana probablemente se extinguirá antes de que la
radiación pueda provocar inexactitudes observables.
Este era sustancialmente el problema propuesto para el premio ofrecido por
el rey Oscar II de Suecia, en 1887. Poincaré no resolvió el problema, pero
en 1889 le fue otorgado el premio por un tribunal compuesto por Weierstrass,
Hermite y Mittag-Leffler, como recompensa a su discusión general de las
ecuaciones diferenciales de la dinámica y a su estudio sobre el problema de
los tres cuerpos. Este último es de ordinario interés considerado como el
caso más importante del problema de n cuerpos, pues la Tierra, la
Luna y el Sol proporcionan un ejemplo del caso n = 3. A este
respecto, Weierstrass escribía a Mittag-Leffler: "Podréis decir a vuestro
soberano que esta obra no da la solución completa de la cuestión propuesta,
pero, de todos modos, tiene tal importancia que su publicación inaugurará
una nueva era en la historia de la mecánica celeste. El objeto que Su
Majestad se proponía al plantear la cuestión puede, por tanto, considerarse
que ha sido alcanzado". Para no ser menos que el rey de Suecia, el gobierno
Francés hizo a Poincaré caballero de la Legión de Honor, una distinción
menos generosa que las 2.500 coronas y la medalla de oro del rey sueco.
Ahora podemos referir algunas particularidades de la reciente historia del
problema de los tres cuerpos. Desde los tiempos de Euler ha sido considerado
como uno de los problemas más difíciles en todo el campo de la Matemática.
Enunciado matemáticamente, el problema se reduce a resolver un sistema de
nueve ecuaciones diferenciales simultáneas (todas lineales y de segundo
orden). Lagrange consiguió reducir este sistema a uno más sencillo. Como la
mayoría de los problemas físicos, la solución no hay que esperarla en
términos finitos; si existe una solución será dada por series
infinitas. La solución existirá si esas series satisfacen las ecuaciones
(formalmente) y además convergen para ciertos valores de las variables. La
dificultad central es demostrar la convergencia. Hasta 1905 se habían
encontrado diversas soluciones especiales, pero no se pudo demostrar la
existencia de alguna que pudiera ser llamada general.
En 1906 y 1909 se produjo un considerable avance en el lugar donde menos se
esperaba: un país que los refinados europeos todavía consideran hoy como
relativamente civilizado, especialmente por su terca costumbre de pagar sus
deudas, y que muchos americanos despreciaban, creyendo que se hallaba en las
mismas condiciones que en la Edad de Piedra, hasta que Paavo Nurmi corrió en
los Estados Unidos. Exceptuando tan solo el caso raro en que los tres
cuerpos chocan simultáneamente, Karl Frithiof Sundman, de Helsingfors,
utilizando métodos analíticos debidos al italiano Levi-Civita y al francés
Painlevé, con una ingeniosa modificación original, demostró la
existencia de una solución en el sentido antes descrito. La solución de
Sundman no se adapta al cálculo numérico ni tampoco proporciona muchas
informaciones referentes al verdadero movimiento, pero este no es el punto
que aquí interesa: un problema que no se creía fuera soluble, resultaba que
lo es. Muchos se han esforzado desesperadamente en demostrar esto. Cuando la
prueba fue dada, no faltó quien se apresuró a señalar que Sundman no había
hecho nada de particular, pues no había resuelto más problema que el
planteado. Este tipo de crítica es tan común en Matemática como en
literatura y en arte, y muestra, una vez más, que los matemáticos son seres
humanos como cualesquiera otros.
La obra más original de Poincaré en astronomía matemática queda resumida en
su gran tratado Les méthodes nouvelles de la mécanique céleste (tres
volúmenes, 1892, 1893, 1899). Este tratado fue seguido por otra obra en tres
volúmenes (1905, 1910) de una naturaleza de más inmediata utilidad,
Leçons de mécanique céleste, y un poco más tarde por la publicación de
su curso de conferencias Sur les figures d'équilibre d'une masse fluide,
y de un libro de crítica histórica Sur les hypothéses cosmogoniques.
De la primera de estas obras, Darboux (secundado por muchos otros)
declara que inicia, en efecto, una nueva era en la mecánica celeste, y que
es comparable a la Mécanique céleste de Laplace, y a la primera obra
de D'Alembert sobre la precesión de los equinoccios. Darboux dice:
"Siguiendo el camino de la mecánica analítica abierto por Lagrange... Jacobi
estableció la teoría que parecía ser una de las más completas en la
dinámica. Durante cincuenta años vivimos de los teoremas del ilustre
matemático alemán, que los aplicó y estudió desde todos los puntos de vista,
pero sin añadir nada esencial. Fue Poincaré quien conmovió por primera vez
estas rígidas estructuras donde la teoría parecía estar encastillada;
abriendo nuevas perspectivas y nuevas ventanas al mundo externo. Introdujo o
utilizó, en el estudio de los problemas dinámicos, diferentes conceptos: El
primero, que ha sido mencionado antes, y que, de todos modos, no es
aplicable únicamente a la mecánica, consiste en las ecuaciones de
variación, o sea ecuaciones diferenciales lineales que determinan
soluciones de un problema muy cercano a una solución dada; el segundo, el de
los invariantes integrales, que pertenecen enteramente a él y
desempeñan un papel capital en estas investigaciones. Nuevos conceptos
fundamentales pueden añadirse a estos, especialmente los referentes a las
soluciones llamadas periódicas, según las cuales los cuerpos cuyo movimiento
es estudiado vuelven después de cierto tiempo a sus posiciones iniciales y a
sus velocidades relativas originales".
Esto último inició un nuevo y completo campo de la Matemática, la
investigación de las órbitas periódicas: dado un sistema de planetas
o de estrellas, con una completa determinación de las posiciones iniciales y
de las velocidades relativas de todos los miembros del sistema en una cierta
época, se quiere determinar en qué condiciones el sistema volverá a su
estado inicial en una época posterior, y cómo continuará repitiendo
indefinidamente el ciclo de sus movimientos. Por ejemplo, ¿es el sistema
solar de este tipo recurrente?, o si no lo es, ¿estará aislado y no sometido
a perturbaciones por la acción de los cuerpos externos? No hay ni que decir
que el problema general no ha sido aun completamente resuelto.
Gran parte de las investigaciones astronómicas de Poincaré fue más bien
cualitativa que cuantitativa, como corresponde a un hombre guiado por la
intuición, y esta característica le condujo, como a Riemann, al estudio del
Análisis situs. Sobre este tema publicó seis famosas memorias que
revolucionaron la cuestión, tal como se planteaba en su época. El trabajo
sobre el Análisis situs, a su vez, fue fácilmente aplicado a la Matemática
de la astronomía.
Ya hemos aludido a la obra de Poincaré sobre el problema de los cuerpos
fluidos en rotación de manifiesta importancia en cosmogonía, donde se acepta
que si los planetas fueran suficientemente iguales, tales cuerpos podrían
ser considerados como si realmente lo fueran sin incurrir en absurdos. Tenga
o no importancia esta cuestión para la matemática del problema, es indudable
que tiene interés por sí misma. Algunos párrafos de los trabajos de Poincaré
indicarán más claramente que cualquier otra aclaración la naturaleza de la
Matemática que él introdujo en esta difícil cuestión.
"Imaginemos un cuerpo fluido (en rotación) que se contrae por enfriamiento,
pero con suficiente lentitud para permanecer homogéneo y para que la
rotación sea la misma en todas sus partes.
"Al principio la forma será aproximadamente la de una esfera, y la figura de
esta masa se hará un elipsoide de revolución que se aplastará cada vez más
hasta que en un cierto momento se transformará en un elipsoide con tres ejes
desiguales. Más tarde la figura cesará de ser un elipsoide y tomará forma de
pera, hasta que al fin la masa, estrangulándose cada vez más, se separará en
dos cuerpos diferentes y desiguales.
"La hipótesis precedente seguramente no puede ser aplicada al sistema solar.
Algunos astrónomos han pensado que puede ser verdadera para ciertas
estrellas dobles, y que las estrellas dobles del tipo de la Beta de la Lira
pueden presentar formas de transición análogas a aquellas de que hemos
hablado".
Luego sugiere hacer una aplicación a los anillos de Saturno, y pretende
haber demostrado que los anillos sólo pueden ser estables si su densidad
supera 1/16 de la de Saturno. Podemos recordar que estas cuestiones no
quedaron completamente establecidas hasta el año 1935. En particular, un
ataque matemático más drástico sobre el pobre y anciano Saturno pareció
demostrar que no había sido vencido por los grandes matemáticos, incluyendo
a Clerk Maxwell, que le habían sometido a estudio en los últimos setenta
años. Una vez más debemos dejar el banquete apenas gustados algunos platos,
y pasar a la voluminosa obra de Poincaré en física matemática. Aquí su
estrella no fue tan buena. Hubiera podido aprovechar su magnífico talento de
haber nacido treinta años más tarde, o si hubiera vivido 20 años más. Tuvo
la desgracia de actuar cuando la física había llegado a uno de sus repetidos
remansos y Poincaré se hallaba totalmente saturado con las teorías del siglo
XIX cuando la física comenzó a recobrar su juventud después de que Planck,
en 1900, y Einstein, en 1905, realizaron la difícil y delicada operación de
injertar al cuerpo decrépito su primer par de nuevas glándulas, y por ello
Poincaré apenas pudo hacer otra cosa que digerir el milagro antes de su
muerte en 1912. Durante toda su vida Poincaré parecía absorber los
conocimientos a través de sus poros sin un esfuerzo consciente. Como Cayley,
no sólo fue un creador fecundo, sino también un profundo erudito. Su campo
de acción era probablemente más amplio que el de Cayley, pues Cayley jamás
pretendió comprender todo lo que se estaba haciendo en su época en
Matemática aplicada. Esta erudición única puede haber sido una desventaja al
tratarse de una cuestión de ciencia viva opuesta a la clásica.
Todo lo que se cocía en el puchero de la física era comprendido
instantáneamente por Poincaré, que hacía de tales resultados el tema de sus
investigaciones puramente matemáticas. Cuando fue inventada la telegrafía
sin hilos, estudió el problema y planteó su matemática. Mientras otros
ignoraban la obra de Einstein sobre la teoría (especial) de la relatividad o
la consideraban como una simple curiosidad, Poincaré ya estaba atareado con
su matemática, y fue el primer hombre de ciencia de prestigio que comprendió
lo que era Einstein y la significación de la nueva era que él preveía aunque
y a no pudiera intervenir Lo mismo ocurrió cuando Planck formuló su teoría
de los cuantos. Las opiniones, como es natural, difieren, pero a la
distancia se comienza a comprender que la física matemática fue para
Poincaré lo que Ceres para Gauss, y aunque Poincaré cumplió en el campo de
la física matemática una labor, suficiente para labrar la reputación de
media docena de hombres, no era una cuestión para la que hubiera nacido, y
la ciencia habría logrado aún más de él de haberse dedicado simplemente a la
Matemática pura. En efecto, sus trabajos astronómicos no son nada
extraordinarios. Pero la ciencia ya había sido bien servida, y un hombre del
genio de Poincaré puede tener sus diversiones.
Pasemos ahora a la última fase de la universalidad de Poincaré, para la que
tenemos espacio: su interés por la racionalización de la creación
matemática. En 1902 y 1904, el periódico matemático suizo L'Enseignement
Mathématique abrió una encuesta para conocer los hábitos de trabajo de
los matemáticos. Se enviaron cuestionarios a buen número de matemáticos, de
los cuales respondió un centenar. Las respuestas a las preguntas y un
análisis de las opiniones generales fueron publicadas, finalmente, en 1912.
(quien desee penetrar en la "psicología de los matemáticos" encontrará
muchas cosas interesantes en esta obra única, y numerosas confirmaciones de
los conceptos a que Poincaré había llegado independientemente antes de
conocer los resultados del cuestionario. Algunos puntos de interés general
pueden ser referidos antes de citar las opiniones de Poincaré.
El interés precoz por la Matemática de quienes más tarde llegaron a ser
grandes matemáticos ya ha sido frecuentemente mencionado en los capítulos
anteriores. A la pregunta "¿en qué período... y en qué circunstancias empezó
usted a ocuparse de la Matemática?" 93 replicaron a la primera parte. De
ellos 35 dijeron que antes de los 10 años; 43 entre los 11 y los 15; 11
entre los 16 y los 18; 3 entre los 19 y 20, existiendo un rezagado que
comenzó a los 26.
Además, quien tenga amigos matemáticos se habrá dado cuenta de que algunos
de ellos gustan trabajar en las horas de la mañana (conozco un matemático
muy distinguido que comenzaba su labor a la inhumana hora de las cinco de la
madrugada), mientras otros no hacen nada hasta después del crepúsculo. Las
contestaciones a este punto indican una curiosa tendencia, posiblemente
significativa, aunque existen numerosas excepciones: los matemáticos de las
razas del norte prefieren trabajar por la noche; en cambio los latinos
prefieren la mañana. Entre los trabajadores nocturnos la prolongada
concentración provoca muchas veces insomnio, y por ello, al pasar los años,
se ven obligados, aunque con repugnancia, a trabajar por las mañanas. Félix
Klein, que trabajaba día y noche cuando era joven, indicó una vez una forma
posible de resolver esta dificultad. Uno de sus discípulos americanos se
quejaba de no poder dormir pensando en la Matemática: "¿No podéis dormir?,
replicó Klein: ¿para qué está el cloral?" Sin embargo, este remedio no puede
ser recomendado, y probablemente no habrá sido ajeno al trágico derrumbe de
Klein.
Probablemente, la parte más importante de las respuestas se refería a si
debe darse la preferencia a la inspiración o al trabajo tenaz como fuente de
los descubrimientos matemáticos. La conclusión es que "los descubrimientos
matemáticos, pequeños o grandes... jamás han nacido por generación
espontánea. Siempre presuponen un terreno sembrado de conocimientos
preliminares y bien preparado por el trabajo, consciente y subconsciente".
Quienes, como Thomas Alva Edison, declaran que el genio es 99 de
transpiración y 1 % de inspiración no son contradichos por quienes inviertan
las cifras; ambos, tienen razón. Hay quienes insisten sobre el trabajo
tenaz, otros lo olvidan completamente con la emoción del descubrimiento
aparentemente repentino, pero ambos, cuando analizan sus impresiones admiten
que sin el intenso trabajo y sin un destello de "inspiración", no se habría
hecho el descubrimiento. Si bastase el trabajo, ¿cómo es que muchos glotones
de la áspera labor, que parecen conocer todo lo que se ha escrito acerca de
alguna rama de la ciencia y son excelentes críticos y comentadores, ,jamás
llegan a hacer un descubrimiento? En cambio, quienes creen en la
"inspiración" como el único factor en el descubrimiento o la invención,
científica o literaria, pueden encontrar muy instructivo el examen de
algunas de las primeras redacciones de los poemas "completamente
espontáneos" de Shelley, que han sido conservadas y reproducidas, o leer las
versiones sucesivas de cualquiera de las grandes novelas con que Balzac
amargaba a su enloquecido editor.
Poincaré expone sus conceptos sobre el descubrimiento matemático en un
ensayo publicado en 1908 y reproducido en su Science et Méthode. La
génesis del descubrimiento matemático, dice, es un problema que podría
interesar profundamente a los psicólogos, pues es la actividad en la que la
mente humana parece deber menos al mundo externo, y comprendiendo el proceso
del pensamiento matemático podemos llegar a lo que hay más esencial en la
mente del hombre.
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¿Cómo es posible, se pregunta Poincaré, que existan personas que no
comprenden la Matemática? "Esto nos sorprendería, o más bien podría
sorprendernos si no estuviéramos habituados a ello". Si la Matemática está
basada únicamente sobre las reglas de la lógica, como todas las mentes
normales aceptan y sólo algún loco niega (según Poincaré), ¿cómo es posible
que haya muchas personas impermeables a la Matemática? A esto podría
responderse que no se han emprendido experimentos demostrativos de que la
incompetencia matemática sea lo normal en el ser humano. "Y además, pregunta
Poincaré, ¿cómo es posible el error en Matemática?" Alexander Pope responde:
"Errar es humano", lo cual es una solución tan poco satisfactoria como
cualquier otra. La química del sistema digestivo puede tener alguna relación
con todo esto, pero Poincaré prefiere una explicación más sutil, que no
puede ser comprobada alimentando el "cuerpo vil" con haxix y alcohol.
"La respuesta me parece evidente" declara Poincaré. La lógica tiene muy poco
que ver con el descubrimiento o la invención, y la memoria interviene con
sus ardides. La memoria, sin embargo, no es tan importante como parecería.
Su propia memoria, confiesa Poincaré, era mala: ¿"Por qué entonces no me ha
abandonado en un difícil razonamiento matemático en que la mayor parte de
los jugadores de ajedrez (cuya memoria se supone excelente) se perderían?
Evidentemente debido a que era guiado por el curso general del razonamiento.
Una demostración matemática no es una simple yuxtaposición de silogismos;
trátase de silogismos dispuestos en cierto orden, y el orden es más
importante que los elementos mismos". Si se tiene la "intuición" de este
orden la memoria no hace falta, pues cada silogismo va tomando
automáticamente su lugar en la sucesión.
La creación matemática, sin embargo, no consiste simplemente en hacer
combinaciones de cosas ya conocidas: "Cualquiera puede hacer esto, pero las
combinaciones así practicadas serían infinitas en número, y la mayor parte
de ellas completamente desprovistas de interés: Crear consiste precisamente
en evitar las combinaciones inútiles y realizar aquellas que son útiles y
que constituyen tan sólo una pequeña minoría. Invención es discernimiento,
selección". Pero, ¿no se ha repetido esto mismo millares de veces? ¿Qué
artista no sabe que la selección, un algo intangible, es uno de los secretos
del triunfo? Estamos exactamente donde nos hallábamos antes de que la
investigación comenzara.
Para concluir esta parte de las observaciones de Poincaré podemos señalar
que mucho de lo que dijo está basado sobre una suposición que podrá ser
cierta, pero para la cual no existe una partícula de prueba científica.
Simplemente acepta que muchos de los seres humanos son matemáticamente
imbéciles. Aunque se aceptara esto, no necesitamos admitir sus teorías
puramente románticas. Pertenecen a la literatura inspirada y no a la
ciencia. Pasando a otras cosas menos discutidas, citaremos los famosos
párrafos en que Poincaré describe cómo se produjo en él una de sus más
grandes "inspiraciones". Nos referimos a su teoría de la creación
matemática. Dejaremos al lector que juzgue por sí mismo.
Poincaré señala que no es necesario que sean comprendidos los términos
técnicos para seguir su narración. Lo que tiene interés para el psicólogo no
es el teorema, sino las circunstancias.
"Durante 15 días luché para demostrar que no pueden existir funciones
análogas a aquellas que yo llamé desde entonces funciones fuchsianas;
entonces era muy ignorante. Todos los días me sentaba ante la mesa de
trabajo, donde permanecía una hora o dos. Intentaba gran número de
combinaciones y no llegaba a ningún resultado. Una noche, contra de mi
costumbre, tomé café negro. No pude dormir, y las ideas invadían mi mente,
pareciendo que chocaban, hasta que, por así decir, un par de ellas se
reunieron para formar una combinación estable. Por la mañana establecí la
existencia de una clase de funciones fuchsianas, derivadas de las series
hipergeométricas. Tan sólo tuve que escribir los resultados, lo que me llevó
algunas horas.
"Luego deseé representar esas funciones por el cociente de dos series; esta
idea era perfectamente consciente y elaborada; la analogía con las funciones
elípticas me guiaba. Me pregunté cuáles debían ser las propiedades de estas
series si es que existían, y sin dificultad construí las series que llamé
thetafuchsianas.
"Más tarde dejé Caen, donde estaba viviendo a la sazón, para participar en
un viaje geológico organizado por la Escuela de Minas. La preparación del
viaje me hizo olvidar mis trabajos matemáticos. Llegado a Coutances tomamos
un ómnibus para realizar una excursión. En el instante de poner el pie en el
estribo surgió una idea al parecer desligada de mis pensamientos anteriores
que me habían preparado para ella, la de que las transformaciones que había
usado para definir las funciones fuchsianas eran idénticas a las de la
Geometría no euclidiana. No realicé la comprobación, pues no tenía el tiempo
necesario, y en el ómnibus reanudé una conversación interrumpida; pero, a
pesar de ello, tuve la sensación de su certeza. Al volver a Caen comprobé
los resultados para satisfacer mi conciencia.
"Entonces emprendí el estudio de ciertas cuestiones aritméticas sin
progresar aparentemente, y sin sospechar que tales cuestiones podrían tener
alguna relación con mis estudios anteriores. Disgustado con los resultados
obtenidos deseé pasar algunos días a orillas del mar, pensando en alguna
otra cosa. Un día, mientras paseaba por la costa, surgió la idea con las
mismas características de espontaneidad, brevedad y seguridad absoluta, la
de que las transformaciones de las formas cuadráticas ternarias indefinidas
eran idénticas a las de la Geometría no euclidiana.
"Al volver a Caen reflexioné sobre este resultado y deduje sus
consecuencias; el ejemplo de las formas cuadráticas me mostraba que existían
otros grupos fuchsianos aparte de los correspondientes a las series
hipergeométricas. Vi que podía aplicarlos a la teoría de las funciones
thetafuchsianas, y que por tanto existían funciones thetafuchsianas
diferentes de las derivadas de las series hipergeométricas, las únicas que
yo conocía hasta entonces. Como es natural, me entregué a la tarea de
construir todas estas funciones. Llevé a cabo una serie sistemática y, una
después de otra, fueron cayendo vencidas. Existía, sin embargo, una que aun
se mantenía, y cuya caída irse llevaría a la conquista de toda la posición.
Pero todos mis esfuerzos tan sólo sirvieron para familiarizarme con la
dificultad que era sin duda importante. Toda esta obra fue perfectamente
consciente.
"En este momento me dirigí a Mont-Valérien, donde tenía que prestar mi
servicio militar. Me veía, pues, sometido a diferentes preocupaciones. Un
día, mientras cruzaba el bulevar, se me apareció repentinamente la solución
de la dificultad que me había detenido. No comencé a trabajar
inmediatamente, y sólo después de terminado mi servicio militar me dediqué a
la cuestión. Tenía todos los elementos, y sólo necesitaba reunirlos y
ordenarlos. Así pude escribir mi memoria definitiva de un tirón y sin
dificultad".
Otros muchos ejemplos de este tipo podían encontrarse en su obra, así como
en la obra de otros matemáticos, como puede verse en L'Enseignenaent
Mathématique. De sus experiencias deduce que esta "iluminación repentina
es un signo manifiesto de un largo trabajo subconsciente anterior". Y
Poincaré procede a elaborar su teoría de la mente subconsciente y de su
intervención en la creación matemática. La obra consciente es necesaria,
como una especie de disparador que hace explotar la dinamita acumulada que
el subconsciente ha estado acumulando. No emplea estas palabras, pero lo que
dice significa lo mismo. Mas, ¿qué se gana para la explicación racional si
siguiendo a Poincaré encomendamos a la mente subconsciente las actividades
que deseamos emprender? Dotar a este misterioso agente con un tacto
hipotético que le capacite para discriminar entre las "extraordinariamente
numerosas" combinaciones posibles presentadas para su examen, y
tranquilamente decir que el "subconsciente" rechaza todas excepto las
combinaciones "útiles" debido a que tiene un sentimiento de simetría v de
belleza, resulta tan sospechoso como resolver el problema inicial dándole un
nombre más expresivo. Quizá sea esto lo que Poincaré supone, pues él definió
una vez la Matemática como el arte de dar el mismo nombre a diferentes
cosas; de modo que aquí podría haber redondeado la misma cosa. Parece
extraño que un hombre que podía quedar satisfecha con tal "psicología" de la
invención matemática fuese completamente escéptico en cuestiones religiosas.
Después del brillante desliz de Poincaré en la psicología, se puede permitir
a los escépticos que no crean en nada.
Durante la primera década del siglo XX la fama de Poincaré aumentó con
rapidez, y fue considerado, especialmente en Francia, como un oráculo en
todas las cuestiones matemáticas. Sus opiniones sobre toda clase de
cuestiones, desde la política a la ética, eran ordinariamente rectas y
breves, siendo aceptadas por la mayoría. Como sucede casi invariablemente
después de la muerte de un gran hombre, la asombrosa reputación de Poincaré
durante su vida pasó por un período de eclipse parcial en la década
siguiente. Pero su intuición para lo que probablemente iba a ser de interés
para la generación venidera ha quedado justificada. Para citar un ejemplo,
entre muchos, diremos que Poincaré fue un vigoroso opositor a la teoría de
que toda la Matemática se podía escribir con los conceptos más elementales
de la lógica clásica; algo más que la lógica se necesita para producir la
Matemática. Aunque no fue tan lejos como va la escuela intuicionista, parece
haber creído que, al menos, algunos conceptos matemáticos preceden a la
lógica; y si una ciencia se deriva de la otra, es la lógica la que procede
de la Matemática, y no al contrario.
Salvo la enfermedad que le atormentó durante sus últimos cuatro años, la
atareada vida de Poincaré fue tranquila y feliz. Todas las sociedades doctas
del mundo le colmaron de honores, y en 1906, teniendo 52 años, alcanzó la
más alta distinción posible a un hombre de ciencia francés, la presidencia
de la Academia de Ciencias. Ninguno de estos honores modificó su carácter, y
Poincaré siguió siendo humilde y sencillo. Sabía que no tenía rival en los
años de su madurez, pero también podía decir, sin una sombra de afectación,
que no sabía nada comparado con lo que podía saber. Tuvo un matrimonio feliz
del que nacieron un hijo y tres hijas que le proporcionaron una gran dicha,
especialmente durante su infancia. Su mujer era biznieta de étienne Geoffroy
Saint-Hilaire, el enemigo del belicoso anatómico Cuvier. Una de las pasiones
de Poincaré era la música sinfónica.
Durante el Congreso Matemático Internacional de 1908, celebrado en Roma,
Poincaré no pudo leer, debido a una enfermedad, su interesante (aunque
prematuro) discurso sobre El futuro de la física matemática. Padecía
hipertrofia de la próstata, de la que fue tratado por los cirujanos
italianos, y pensó que había quedado completamente curado. Al volver a París
reanudó su labor tan enérgicamente como antes. Pero en 1911 comenzó a tener
el presentimiento de que no viviría mucho, y el 9 de diciembre escribió al
editor de una revista matemática preguntándole si aceptaría un trabajo no
terminado, contrariamente a la costumbre corriente, sobre un problema que
Poincaré consideraba de la mayor importancia: "...a mi edad quizá no me sea
posible resolverlo, pero los resultados obtenidos, capaces de llevar a
muchos investigadores por nuevos e inesperados caminos, me parecen llenos de
promesas, a pesar de las desilusiones que me han causado, y no me puedo
resignar a sacrificarlos..." Empleó la mayor parte de dos estériles años
intentando vencer sus dificultades.
Una prueba del teorema que se planteaba le había capacitado para hacer un
notable progreso en el problema de los tres cuerpos, en particular le había
permitido demostrar la existencia de una infinidad de soluciones periódicas
en casos más generales que los hasta entonces considerados. La prueba
deseada fue obtenida poco después de la publicación de la "Sinfonía
Inconclusa" de Poincaré por un joven matemático americano, George David
Birkhoff (1884).
En la primavera de 1912 Poincaré recayó en su enfermedad, siendo sometido a
una segunda operación el 9 de julio. La operación dio buen resultado, pero
el 17 de julio, Poincaré murió repentinamente de una embolia, mientras le
estaban curando. Tenía 59 años y se hallaba en la cima de su capacidad, "el
cerebro viviente de las ciencias racionales", según las palabras de Painlevé.
La Conjetura de Poincaré -
Fernando García pastor -
fgpastor@profes.net
La Conjetura de Poincaré es uno de los problemas más importantes de la
Topología Geométrica; si medimos esta importancia por la gran cantidad
de intentos fallidos realizados por los matemáticos a lo largo de la
historia para demostrarla, incluido el propio Poincaré y por la enorme
producción de artículos sobre la cuestión, hasta el punto que Brittenham
se refiere a este interés irrefrenable como la enfermedad de Poincaritis:
una vez enfermos, continúan tratando de probar la conjetura de
Poincaré durante aproximadamente 20 años. Ha habido una gran cantidad de
topólogos famosos que han sido atacados por esta enfermedad (...) como
R. H. Bing, John Stallings, John Hempel, y C. D. Papakyriakopoulos.
Para explicar la Conjetura de Poincaré vamos a servirnos de la situación
siguiente: Si colocamos una goma elástica sobre la superficie de una
manzana podemos desplazarla sin romperla y sin que deje de estar en
contacto con la superficie de la misma hasta que se encoja en un punto.
En cambio, si intentamos hacer lo mismo con una rosquilla o un donut
(superficie de un toro), no conseguiremos encogerla hasta llevarla a un
punto a no ser que cortemos la goma o la rosquilla. Las superficies que
se comportan como la manzana se denominan simplemente conexas, la
superficie rosquilla no es una de ellas. Esta propiedad puede explicarse
también diciendo que las superficies simplemente conexas no
poseen huecos u orificios, por ejemplo, un plano.
Por otra parte, la Topología es una disciplina que estudia las
propiedades de las superficies que no son alteradas por deformaciones
continuas, este concepto topológico puede explicarse de manera intuitiva
si consideramos los objetos hechos de un material elástico, que puede
ser estirado, contraído o retorcido, pero no rasgado ni roto. Con este
criterio un plano puede deformarse hasta convertirse en un paraboloide
de revolución y, un elipsoide, un balón hinchado o deshinchado, la
superficie de la Tierra o de una manzana en una esfera. Para la
Topología estas superficies son homeomorfas (esencialmente
iguales). En cambio un donut no puede deformarse de la forma descrita
anteriormente para convertirse en una esfera.
Antes de que Jules Henry Poincaré (1854-1912) enunciase su conjetura, ya
se conocía que la superficie de la esfera es la única superficie de
dimensión 2 cerrada y simplemente conexa. En 1904, este famoso
matemático francés conjeturó que el resultado obtenido para la esfera en
el espacio de dimensión 3 tenía uno análogo para la esfera de dimensión
3 (conjunto de puntos de un espacio de 4 dimensiones que se encuentran a
la misma distancia del centro) en el espacio de dimensión 4.
La Conjetura puede expresarse en términos más precisos a partir del
concepto de variedad diferenciable o simplemente variedad (para
referirnos a las superficies), que surge de la aplicación del concepto
de función diferenciable a la Geometría: "toda variedad de dimensión 3
cerrada y simplemente conexa es homeomorfa a la esfera de dimensión
tres", es decir, la esfera de dimensión 3 es la única superficie cerrada
sin “agujeros”.
El problema se generalizó para espacios de cualquier dimensión (n+1) y,
aunque parezca sorprendente, fue demostrada para todas las dimensiones
excepto para dimensión 4; Erik Christopher Zeeman para n=5 en1925,
Stephen Smale para n≥7 en 1930, John R. Stallings para n=6 en 1962 y
Michael Hartley Freedman para n=4 en 1951.
La solución de Grigori Perelman
En noviembre de 2002 corrió el rumor en Internet de que Grigori Perelman
(“Grisha”) había publicado en arXiv una solución a la Conjetura; arXiv
es un sistema electrónico y automático de distribución de artículos de
investigación (preprint) en diversos campos (física, matemáticas,
etc.) sin revisión editorial, lo que reduce ampliamente el coste.
En efecto, después de ocho años de trabajo en solitario, el 11 de
noviembre de 2002, Perelman publicó un preprint anunciando una
demostración de la Conjetura de Geometrización de Thurston, propuesta
por el matemático William Thurston en 1946 y que implica a la de
Poincaré. Más tarde, el 10 de marzo de 2003 publicó algunas mejoras a su
trabajo.
En abril de 2003 realizó un ciclo de conferencias en el Massachussets
Institute of Technology, a las que asistieron más de cien matemáticos
incluidos los de más prestigio internacional como John Nash, premio
Nobel que inspiró la película “Una Mente maravillosa” y Andrew Wiles que
probó el Último Teorema de Fermat.
Para poder optar al premio es necesario que publique su trabajo en una
revista científica y supere dos años de revisiones de la comunidad
matemática. No obstante, James Carlson, presidente del Instituto Clay
afirmó que aunque el trabajo ha sido publicado en Internet podrá optar
al premio si transcurrido el plazo anteriormente mencionado no se
encuentra fallo alguno en su demostración.
La demostración de la Conjetura podría ayudar a comprender la forma del
cosmos o a catalogar todas las formas tridimensionales del universo.
Bibliografía
Brittenham, M.,
The Poincaré Conjecture: Its Past, Present, and Future
Perelman, G.,
The
entropy formula for the Ricci flow and its geometric applications,
arXiv e–Print Archive, 11 de noviembre de 2002.
Perelman, G.,
Ricci
flow with surgery on three–manifolds, arXiv e–Print Archive, 10 de
marzo de 2003.