Biografías
Ezra Loomis Pound
Aldo Mazzuchelli
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. Pónganse incómodos: habla Ezra Pound

1885-1972: un roto manojo
de espejos (I)*

Sólo una cosa puede haber ido más fuerte en Pound que su independencia de criterio: su legendario egocentrismo, que en el plano intelectual posibilitó sus más espectaculares logros de originalidad, y sus más infames caídas más allá de los suburbios de todo sentido común.

'A broken bundle of mirrors'
E. Pound, Near Périgord

'Fu miglior fabbro del parlar materno'
Dante, Purgatorio, Canto 26

En el año 1961, a los 76 años de edad, después de, entre otras cosas, haber estado un mes expuesto al clima en una jaula de acero pesado, haber descubierto y promovido a unas diez de las principales figuras de la literatura de este siglo, no haber poseído nada que no se pudiera guardar en dos valijas de viaje, haber convivido con dos mujeres a la vez durante décadas, haber pasado 12 años encerrado en un manicomio, haber tratado de cambiar las ideas económicas de Roosevelt y de Mussolini, haberse comido dos tulipanes de los adornos de la mesa de una cena para llamar más la atención que William Butler Yeats, haber cambiado - tal vez inventado - la poesía del siglo XX, haber fracasado esplendorosamente en su propósito de escribir una nueva Divina Comedia, y haber retado a duelo en Londres en 1912 a un rival poético - quien le propuso, al elegir las armas, que se bombardearan mutuamente con los ejemplares no vendidos de sus respectivas obras en verso -, Ezra Pound estaba profundamente deprimido. Le dijo a un visitante, de los que ya por esa época iban a contemplar a la leyenda viviente: "soy un hombre reducido a fragmentos".

1 "Tenía ideas"

La madre de Pound, Isabel Weston, refirió una vez con lacónico desprecio a su padre Harding, quien las había abandonado a ella y su madre y vivió luego una vida azarosa, terminando sus días en un asilo: "Tenía ideas".

Ezra debe haber heredado esos genes, pues su independencia intelectual fue siempre de la mano con otro rasgo absolutamente marcado: su permanente - y muchas veces increíblemente molesto - deseo de convencer a otros de algo.

En su primera juventud, Pound daba clases de literatura. Enseguida, en Londres, se dedicó durante más de 10 años a imponer sus preferencias literarias en el mundo. El resultado es conocido: Mr. James Joyce, Mr. Thomas S. Eliot, Mr. D.H. Lawrence, Mr. William Carlos Williams, Miss H.D., Mr. Robert Frost, Mr. Vachel Lindsay... Luego, en Paris, Hemingway, e.e. cummings, John dos Passos, Marianne Moore... En la década del 30, ya en Italia, su afán catequizador se mudó a un súbito interés en la economía, y una furiosa cruzada contra la usura, que le condujo a convertirse en un predicador político radial, desde Roma, durante la guerra, y luego a la prisión en un manicomio en Washington D.C..

Pound era lo mismo que sus ideas, y creía que una idea existía solamente si era aplicada. No sólo fue siempre un hombre de acción, sino acaso lo más alejado a un teórico que pueda concebirse: "Pero haber hecho en lugar de no hacer nada / eso no es vanidad", escribió en el Canto LXXXI.

Sólo una cosa puede haber sido más fuerte en Pound que su independencia de criterio: su legendario egocentrismo, que en el plano intelectual posibilitó sus más espectaculares logros de originalidad, y sus más infames caídas más allá de los suburbios de todo sentido común.

En 1909, vivía en Londres, y hubo una cena en honor de D.H. Lawrence. Ernest Rhys, un personaje que frecuentaba el grupo en esa época, describe la comida como "una cena de fiesta que incluyó a Lawrence, Ford [Madox Hueffer] y Yeats. Este último acaparaba la atención de tal modo que Ezra pudo haber sentido que no estaba dándosele el lugar que le correspondía. Entonces...viendo la mesa de la cena adornada con tulipanes rojos en vasos, tomó una de las flores, y procedió a masticarla. Como Yeats, absorto en su monólogo, no se dio cuenta de esta extraña conducta, y el resto de nosotros éramos demasiado educados como para tomar nota, Ezra, habiéndolas encontrado de su gusto, hizo lo mismo con una segunda flor".

Pero cuenta en su haber con un rasgo enormemente destacado: su talento como juez y editor de la obra de otros, en la que, con absoluta seguridad, y medido por sus logros prácticos, no hay nadie que se le acerque en todo el siglo. En una carta al poeta Archibald MacLeish, en 1926, dice Pound al respecto: "A menudo encuentro gente que NO es capaz de reescribir. Hacen algo, y luego les viene parálisis, e imaginan que no puede ser escrito de ningún otro modo. Y como Ford lo ha dicho muy bien: hay siempre cuarenta maneras de decir CUALQUIER COSA y la primera es, en general, equivocada."

2 "He intentado escribir el Paraíso"

Es al caos a lo que más se parece el orden de la vida de Pound. Los fragmentos que componen su eternamente en movimiento y frágilmente monumental obra son 'un roto manojo de espejos'. Todo el tiempo están esbozándose y disolviéndose en ella, como reflejos de luces que se ven un momento y luego no se mantienen, antiguos textos, estilos perdidos que se intenta resucitar, alusiones a otras obras, a actitudes humanas, a personajes históricos o ignotos... demostraciones hechas a medias y que luego no se retoman jamás.

Al principio de su vida, Pound trató de adaptar antiguas formas - líricos griegos, trovadores provenzales - a la lengua inglesa moderna, y exploró, fundamentalmente desde 1912, las posibilidades del ritmo interno dentro de una forma libre, y un tratamiento de 'la cosa en sí', despojada de ornamentos, en un lenguaje que recurría frecuentemente a imágenes visuales.

Pero ya en 1916 - sin abandonar lo anterior - sus objetivos se ampliaron, y puso manos a la obra de un proyecto que había concebido en 1905: los Cantares.

A mediados de setiembre del año 16, escribió en una carta: "estoy trabajando en un poema cryselefantino de largo inconmensurable que me ocupará durante los próximos cuarenta años, salvo que me aburra". Y en otra carta a un editor, John Quinn, dice estar escribiendo "la obra de mi vida en versos (...) trabajo en un nuevo poema largo (realmente L A R G O, interminable, leviatánico)". Finalmente, en entrevista al Paris Review ya en 1960: "Hay seis siglos que no han sido empacados todavía. (...) Se trata de manejar todo el material que quedó afuera de la Divina Commedia".

Los Cantares no le ocuparon cuarenta, sino cincuenta años. El intento de Pound fue, de algún modo, 'editar' e incluir en un largo encadenamiento, todo lo que consideraba bello y valioso en el mundo del pasado y del presente, desde partituras musicales hasta fragmentos de la obra de economistas olvidados, pasando por Homero o Safo, y aludiendo constantemente a personajes de su propia historia privada -a menudo llamando a éstos por pseudónimos que sólo él conocía. 'Cortar y pegar' fragmentos tras fragmentos.

Su lucidez acerca de las imposibilidades de la traducción le llevaron, además, a incluir los fragmentos en su lengua original, lo que agrega una dificultad más a la recepción del texto. El resultado es un extraño desafío para el lector, que es capaz de ver la belleza invencible de muchos pasajes, mientras pierde la referencia a menudo y de modo insoluble.

Eliot se refirió a esto con palabras menos complacientes: "[En algunos pasajes de los Cantares] parece como si el autor estuviese tan irritado con sus lectores, debido a que estos no conocen todo acerca de alguien mencionado..., que él rehusa iluminarlos en absoluto al respecto".

En 1957 ya se publicó en Berkeley, California, una guía de lectura de los Cantares que consta de 7 500 ítems, y acumula unas 17 000 referencias.

Ironías de la literatura, sus Cantares, que él pensó debían ser la culminación de la modernidad, cerrando y fijando un discurso que estipulara y conservara lo valioso para las generaciones venideras, tienen algo inevitablemente 'posmoderno', y en lugar de clausurar una época literaria, la abren en una explosión de alusiones de imprecisa resolución.
La definitiva provisoriedad de los Cantares es una demostración del valor de lo frágil, una especie de pensamiento débil llevado a versos, y la obra entera se convierte en el comentario de un erudito al borde del códice de todos los tiempos. "En el futuro -dijo Pound con candoroso optimismo- los Cantares serán entendidos aún por los niños de escuela." Eso no se ha cumplido aún, pero tal vez el poema sobresalta menos ahora, que los lectores se han acostumbrado a enfrentarse con obras de arte en donde lo único definitivo es lo provisorio.

George Grosz Vida y obra - Textos sobre Arte - Ray Bradbury Vida y Obra - Edgar A Poe por J Luis Borges

 

 

 


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3 "Poseer algo es a menudo un maldito estorbo"

Pound fue un hombre tan independiente que casi nadie pudo tratarlo lo suficiente sin distanciarse de él - con excepción de Thomas Stearns Eliot, que era salvajemente imperturbable.

Ezra Pound fue, desde el principio, una especie de nómade. Nació el 30 de octubre de 1885 en el remoto poblado de Hailey, en el estado de Idaho, literalmente en lo más profundo del Oeste americano, donde su padre había ido a supervisar el funcionamiento de una mina de propiedad de la familia. A los seis meses de edad se fue de allí para siempre. A los 21 años hizo su primer viaje solitario a Europa, y a lo largo de su vida estuvo establecido - voluntariamente o a la fuerza - en Londres, Paris, Rapallo, Washington D.C. y Venecia. Cuando Mary Moore, una de sus eternas novias americanas, le preguntó en 1909 cuándo volvía a casa, le respondió: "No tengo casa".

Muchos años después, T.S. Eliot se refería a esta característica de Pound: "en aquella época, [Pound] parecía un intruso [con] una suerte de resistencia contra todo lo que fuera crecer dentro de un entorno. En América, sin duda habrá parecido siempre a punto de irse al extranjero; en Londres, siempre parecía a punto de cruzar el Canal".

Pound mismo exaltaba este deseo de andar ligero de ataduras. "Poseer algo es a menudo un maldito estorbo. Fue a partir de mis padres, que poseían una casa, que me di cuenta, y luché durante años por no poseer nada que no se pudiese poner en una valija. Nunca logré realmente bajar a menos de dos valijas. Lo cual es un estorbo y realmente un estigma de la pobreza. Cuando se tiene un adecuado poder adquisitivo, uno puede poseer menos".

Su efecto en el mundo puede medirse directamente en relación con esta independencia, pues es difícil encontrar otro personaje del siglo XX que haya pasado por 87 años de vida sin entrar en prácticamente ningún compromiso que le apartase de seguir su propio camino. Como primera consecuencia, se llenó de enemigos. Pero esa independencia también le permitió - o le compelió - a explorar muchas sendas que nadie más había recorrido, y a formarse un punto de vista propio sobre casi todos los temas. A la larga, era inevitable que creara escuela.


4 Editando al totem

Pound ha exasperado la intertextualidad hasta un punto que ningún otro autor conocido ha llegado, Borges probablemente incluido. Su práctica literaria incluyó, casi desde el primer día, una manipulación constante de los textos de otros. Y el resultado ha sido no sólo la ya citada metabolización de miles de textos ajenos en el propio, de modo que no se distinguen uno de otro, sino incluso la transformación radical de la obra de quienes se ponían a su alcance. Primera consecuencia de lo último: la obra de Pound está firmada por Pound sólo en un porcentaje menor.

Esta inclinación no era, en Pound, particularmente respetuosa de nada establecido. En 1913, el ya consagrado William B. Yeats confió al joven Ezra unos poemas para que se imprimieran en la revista Poetry de Chicago, de la cual éste era corresponsal. Ezra creyó que los textos tenían unos cuantos defectos, y procedió a corregirlos. Envió las versiones editadas a Poetry, y Yeats sólo las vio cuando ya se habían publicado. El escándalo que armó Yeats fue mayúsculo. Pero al poco tiempo, cuando las aguas se calmaron, el poeta irlandés empezó a ver que las correcciones de Pound tenían sentido. En las siguientes ediciones de sus Collected Poems mantuvo las versiones editadas por Pound. En carta a una de sus amigas, lady Gregory, dice Yeats que Pound "me ayudó a volver a lo definido y concreto".

Según Humphrey Carpenter - cuya definitiva biografía de Pound, de 1000 páginas, publicada por Delta en Nueva York en 1990, hemos consultado extensivamente para estos apuntes-, "la 'reeducación' de Yeats, (...) convenció a Pound de que tenía derecho a editar cualquier poesía, publicada o por publicar".

5 'A punto de caer en el centro de la turba'

La vida literaria de Pound comienza en Londres, en 1908. Antes de eso, quedan años de formación en Pennsylvania, y una tesis de doctorado en Nueva York sobre la figura del gracioso en Lope de Vega. Pound, un perfecto desconocido, comienza a buscar algún modo de darse a conocer en la capital inglesa. Aparece en escena Ford Madox Hueffer. Ya es el año 1909. Según el endiablado estilo epistolar de Pound, "(Ford) had all his faults, like his moustache, out in front where everyone cd/see," y era "au fond a serious character as J.J. the Reverend Eliot and even ole Unc Wm/ the yeAT were NOT" ("Ford tenía todas sus fallas, como su bigote, allí adelante, donde todo el mundo podía verlas", y era "en el fondo un personaje serio, como incluso James Joyce, el Reverendo Eliot, y el Tío viejo William Yeats no lo eran").

Ford fue el apoyo de Pound en sus inicios en Londres, y cuando se piensa en el carácter demasiado directo y brusco de Pound, es muy probable que sin la suerte de 'amortiguación' que Ford proveía, la carrera de Pound en el establishment literario británico no habría siquiera despegado del piso.

El 3 de febrero del 1909, Pound - que de hecho, en Londres sólo conocía a Ford, a su editor Elkin Mathews y al director del Politécnico -, escribe exaltadamente a William Carlos Williams "Estoy a punto de caer en el centro de la turba que hace las cosas aquí." Es en esa época que es presentado a la señora Olivia Shakespear, "indudablemente, la señora más exquisita de Londres". La suerte de Pound fue admirable en este caso, pues su principal objetivo en Londres era conocer a Yeats, a quien admiraba por encima de todos los demás poetas del momento. Shakespear, una aristocrática dama 25 años mayor que Pound era de hecho, y desde 1895, la amante de Yeats. Fue gracias a ella que Pound llegó por primera vez, en abril de 1909, a las habitaciones del bardo irlandés, en el 18 Woburn Buildings. Allí Yeats dirigía, todos los lunes, un salón en que se reunían algunos escritores - pero en general, sus admiradores. A comienzos de 1910 llegan a Pound rumores de que Yeats comienza a hablar bien de él. Le llega una frase de Yeats, que notifica a sus padres: "No hay una generación de poetas jóvenes. Ezra Pound es un volcán solitario".

A mediados de noviembre de 1909 Pound conoció a un joven maestro de escuela de Croydon: David Herbert (D.H.) Lawrence. Comenzó de inmediato una difícil amistad. Pound admiraba la poesía de Lawrence: "Pienso que aprendió el tratamiento correcto de los temas modernos antes que yo", escribió mucho después.

6 "Mr Ezequiel Tom, from Montana"

El joven poeta T.E. Hulme reunía en el café Tour Eiffel del Soho, los jueves de tardecita, a un grupo de escritores que constituían una secesión del tradicional Poet's Club londinense. El jueves 22 de abril de 1909, Pound llegó por primera vez a ese cenáculo, invitado por Hulme. Un miembro del grupo, llamado Flint, recuerda esa primera y memorable ocasión: "(Ezra Pound) debe haber olvidado, o nunca se enteró, de la excitación con la que los clientes de las demás mesas le oyeron declamar su Sestina: Altaforte... qué fuerte vibraba la mesa en resonancia con su voz".

Hacía una semana que Personae, el tercer libro de Pound, había sido publicado, y una serie de reseñas fueron apareciendo en esos días, mostrando que Londres comenzaba a tomar cuenta del joven americano. Pero el reconocimiento principal apareció en una nota satírica en el Punch, el 23 de junio. Allí se anuncia que "Mr. Welkin Marsh (exactamente lo opuesto de Long Jane's)" (o sea, Elkin Mathews -el editor de Pound-, opuesto a John Lane´s - otro editor -)" anuncia que ha asegurado para el mercado inglés los palpitantes trabajos del nuevo poeta de Montana (U.S.A.), Mr. Ezequiel Tom, que es la cosa más señalable en la poesía desde Robert Browning.

Mr. Ton, que ha dejado América para residir por un tiempo en Londres y ha impreso su personalidad en los editores ingleses, publicistas y lectores, es por muy lejos el nuevo poeta en curso, sea lo que sea lo que pueda decirse en otra parte. Ha triunfado, donde todos los demás han fracasado, al desarrollar una mezcla de la imaginería del salvaje Oeste, el vocabulario de Wardour Street, y el siniestro abandono de la Italia de los Borgia."

Exagerandolo todo, Pound reportó a su íntimo amigo de la adolescencia, William Carlos Williams: "Estoy, después de ocho años de martillar contra impenetrable diamante, volviéndome repentinamente algo así como un suceso".

7 "Escribir lírica & hablar con mis amigos"

En situación económica precaria, mientras vivía en Londres, Pound creyó que podía obtener dinero a través de la prosa, por lo que se planteó un proyecto de novela, que consistió en una tarde o dos de trabajo desesperado y frenético para conseguir unas 30 páginas, que procedió a quemar. "Soy hombre y mortal, el poder femenino de la perseverancia está más allá de mi" escribió por entonces a una amiga. 50 años más tarde volvería sobre el tema: "una vez escribí el principio de una novela. Era horrible." También en esos días, a su madre: "tú sabes que nunca fingí amar el trabajo o creer en su dignidad. Nunca hago voluntariamente nada que no sea escribir lírica & hablar con mis amigos."

8 "Mr. Pound conoce muy poco de la lengua italiana"

En 1910 Pound vuelve a Italia, y en Sirmione, junto al lago de Garda, trabaja en una traducción, los Sonnets and Ballate of Guido Cavalcanti - publicado finalmente en 1912 -. Se trata de uno de los mayores fracasos de Pound. Cuando apareció, el crítico Arundel del Re escribió "o bien Mr. Pound conoce muy poco sobre la lengua italiana, o carece completamente del juicio crítico necesario al traductor".

Carpenter señala que incluso la primera línea de la canción que es considerada la pieza más importante, la tomó como "Donna mi pregna" en lugar de "Donna mi prega", por lo cual tradujo, horriblemente, "A lady impregnates me" (literalmente, "Una dama me preña"), en lugar de "A lady entreats me" ("Una dama me ruega"). En su momento, Pound protestó y relativizó la crítica, pero años más tarde reconoció a Joyce: "Una vez hice una mala traducción de Cavalcanti".

9 Exterminando la sífilis

El 15 de junio de 1910, Ezra Pound decide retornar a los Estados Unidos. Su primera temporada en Londres había terminado, y no tenía planes concretos de regresar. Los objetivos de Ezra en ese entonces eran, explícitamente, dedicarse a ser un hombre de empresa, como su abuelo y su padre. Dijo a D.H. Lawrence, cuando éste lo fue a despedir: "Habiendo tenido todas las experiencias posibles para un hombre pobre, debo proceder ahora a conquistar riquezas, y explorar el otro hemisferio".

Cuando llegó, casi inmediatamente se ligó con un hombre de negocios de lóbrega reputación, llamado Frank 'Baldy' Bacon. Bacon, en principio, vendía seguros, y tenía una oficina en el distrito comercial de New York. Pound fue a visitar a William Carlos Williams a New Jersey, con la siguiente propuesta -narrada así por Williams: "me propuso...que compráramos una gran cantidad de '606', el nuevo arsénico anti-sifilítico que Ehrlich acababa de anunciar al mundo, y que fuéramos inmediatamente con él a las costas del norte de África para venderlo. Entre nosotros, yo con mi título de médico y mi experiencia, y él con sus inclinaciones a la sociabilidad, podríamos, dijo, sacar limpio un millón de dólares tratando a los viejos ricachones - presumiblemente destruidos por la enfermedad - y retirarnos a nuestros disfrutes literarios en un plazo, como mucho, de un año".

Ese plan es lo único que se conoce de la efímera carrera de millonario de Ezra Pound. Ya el 22 de febrero del 1911 se embarca, a bordo del 'Mauretania', de vuelta a Londres, diciendo adiós a cualquier ulterior intento de vida 'normal' en su patria.

10 Ford inventa a Pound...

En julio de 1911, Ezra publica Canzoni, dedicado a Olivia y su hija Dorothy Shakespear - ésta última, ya prometida de Pound -. Otro intento fallido, que es recibido con pésima crítica. En todo caso, el desastre de Canzoni parece haber tenido un resultado magnífico. A partir de allí, el poeta comenzó a explorar nuevos caminos estilísticos. El resultado no tardaría en aparecer, el año de 1912, con el invento del imaginismo.

Para ese tránsito, fue fundamental un desconocido viaje a un pueblo universitario al norte de Alemania, hecho por Pound a invitación de Ford Madox Hueffer. "Mi dirección luego del 1 de Agosto es c/o F.M. Hueffer, 15 Friedrichs Strasse, Giessen, a/L, Alemania", escribió a Dorothy Shakespear en el verano de 1911. En esa estadía conjunta, Pound llevó a Ford un ejemplar de Canzoni, esperando aprobación, y lo que obtuvo en cambio fue un escándalo. Ford le mostró su opinión de Canzoni, literalmente, tirándose al piso y simulando los retorcimientos de agonía que le provocaba el nuevo intento lingüístico de Pound.

"Ford...sintió los errores [en Canzoni] hasta el punto de rodar (físicamente, y si usted lo mira como mero esnobismo superficial, ridículamente) por el piso de su cuartel general temporario en Giessen", contó Ezra luego. Pero a continuación, hubo una conversación entre Ford Madox Hueffer y Ezra Pound que el último no dejó de agradecer - incluso lo hizo explícitamente varias veces en los años siguientes - por el resto de su vida. Las ideas que Ford expuso entonces están en la base del imaginismo, que luego Pound 'inventaría' aparentemente de la nada, y explican casi todo acerca del estilo directo que es la marca distintiva y el aporte de buena parte de la mejor poesía inglesa y norteamericana del siglo XX, after Pound.

Esas ideas se resumen aproximadamente en este párrrafo, que Ford publicó luego en 1913: "Yo he sido incapaz de hacerlo: tal vez soy demasiado viejo, o he nacido demasiado tarde -lo que ustedes quieran. Pero aquí está el punto: yo prefiero leer una pintura en verso de las emociones y el entorno de una anarquista de Goodge Street, antes que recapturar las canciones que cantaban las sirenas. Eso, a fin de cuentas, es todo lo que François Villon estuvo haciendo con la vida de su tiempo, y yo siento que nuestro tiempo estaría cumpliendo su deber con la posteridad mucho más eficazmente, si hiciese algo de este tipo".

Pound comentaba luego: "preferiría hablar de poesía con Ford Madox Hueffer que con cualquier otro hombre en Londres (...) Mr. Hueffer cree en entregar la cosa exactamente. Desnudar las palabras de toda "asociación" en beneficio del significado preciso". Ya se verá cómo todo esto es imaginismo en estado puro.

11 ...y Pound inventa el imaginismo

El cuarto libro de Ezra Pound, Ripostes, incluye un curioso epílogo, compuesto por los pomposamente calificados Complete Poetical Works of T.E. Hulme. Se trata de 5 poemas, breves, algo en el estilo de los haiku japoneses. Es mencionado aquí, simplemente porque fue precisamente en el prefacio a esos poemas de Hulme que Pound comenzó a hablar de la escuela de los 'Imaginistas', incluyendo bajo ese misterioso rótulo a los no menos ignotos "descendientes de la olvidada escuela de 1909" (¿?). Nadie supo jamás a quién se refiere Pound en ese prefacio. Vista la situación, Pound no pudo menos que inventar una nueva escuela poética.

Fue a propósito de unos poemas de su joven y reciente amigo Richard Aldington, que envió a la revista Poetry, que escribió: "es el trabajo de uno de des imagistes, un grupo de ardientes helenistas que están desarrollando interesantes experimentos en el vers libre; tratan de lograr en inglés cierta sutileza de cadencias del tipo de las que Mallarmé y sus seguidores han estudiado en Francia". Por supuesto, no había ningún grupo - Aldington no constituía por entonces, ni nunca después, un grupo en sí mismo - ni se veían 'ardientes helenistas' en todas las esquinas de Londres. Simplemente, admitió Pound después, con una impunidad intelectual que siempre le fue característica, "el nombre fue inventado para lanzar a H.D. y a Aldington antes que cualquiera de ellos tuviera material como para un volumen propio". Faltaba encontrar más acólitos para la flamante idea. La segunda, fue H.D- - Hilda Doolitle, su ex novia de la adolescencia en Pennsylvania, que estaba pasando una temporada en Londres.

Junto con los de H.D., Pound envió a Chicago algunos de sus propios poemas, en donde se veía que el imaginismo podía dar, en manos de un poeta de verdad, obras maestras. Él llamó Contemporania a esa colección de textos que envió a Poetry en 1912. Entre ellos, estaba incluido, por ejemplo, el archifamoso díptico "En una estación del Metro".

La antología des Imagistes sería publicada, finalmente, en Estados Unidos en marzo de 1914, y en Londres al mes siguiente. La integran: H.D., Richard Aldington, F.S. Flint, Skipwith Cannell, Amy Lowell, William Carlos Williams, D.H. Lawrence, James Joyce, Ford Madox Hueffer, Allen Upward, John Cournos, y Ezra Pound. Hay allí al menos tres de los mayores escritores en lengua inglesa del siglo -Lawrence, Joyce y Williams-, reunidos por mérito exclusivo del cuarto de ellos. En Estados Unidos, podría afirmarse que el libro fue recibido con estrépito. Se parodiaron los poemas, y hasta se publicaron sin citar la fuente con notas irónicas al pie. En Londres, el interés fue menor, pero también cundió el desprecio.

12 Un tal Joyce...

Ezra acepta, en el otoño de 1913, una invitación de Yeats para pasar una temporada en una cabaña en Sussex. Allí, donde "trabajábamos, y nos reuníamos a conversar todas las tardes", Pound, que seguía buscando gente que encajara en una proyectada antología de los imaginistas, pregunta a Yeats si hay algo parecido a un poeta imaginista en toda Irlanda. Yeats le dice que 'hay un tipo' del que recuerda un buen poema, llamado "I hear an Army Charging upon the Land". El tipo se llamaba James Joyce.

Yeats no pudo encontrar el libro de Joyce, que era el primero y único que había publicado. Pound investiga. Descubre que Joyce vive en un sitio tan remoto como Trieste, según el dato que le pasa su viejo editor Elkin Mathews. El 15/12/1913 le escribe una primera carta: "Estimado señor: Mr Yeats me ha estado hablando de su trabajo como escritor. Estoy conectado informalmente con un par de revistas nuevas y carentes de pecunio ("The Egoist"...y "The cerebralist"...) ...También junto poemas para un par de revistas americanas que pagan precios tope... (...) Dado que no sé en qué consiste su obra actualmente, puedo solamente ofrecerme a leer lo que usted mande... Yo soy bonae voluntatis, - no en último término debido a que puedo ser de alguna utilidad para usted, así como usted puede serlo para mi. De acuerdo a lo que W.B.Y. dice, imagino que tenemos un par de odios en común - pero ese es un lazo de lo más problemático para una presentación. Suyo sinceramente, Ezra Pound."

A Joyce, que estaba aproximadamente muerto de hambre con su mujer y dos hijas en Trieste, la carta puede haberle provisto de algún género de esperanza. La contestó de inmediato. Él se había ido de Irlanda a los 22 años, y el poemario Chamber music -Música de cámara- era su único libro édito a la fecha. Desde 1905 había estado mandando a la prensa, sin éxito, unas historias breves llamadas Dubliners -Dublineses-. Esto le había frustrado también en la continuación de su primera novela, que por entonces se llamaba Stephen Hero.

Joyce explicó a Pound su situación con Dubliners. Dos editores habían firmado contrato de publicación, y luego lo había deshecho debido a que Joyce se negaba a permitirles modificar el texto. A esta altura, le mandó a Pound el primer capítulo de su Retrato del artista adolescente -el nuevo título de Stephen Hero.

Exactamente el día del cumpleaños 32 de Joyce, el 2 de febrero de 1914, la primera entrega del "Retrato..." apareció en The Egoist. Joyce le escribió a Yeats: "Nunca voy a poder agradecerle lo suficiente que me haya puesto en relación con Ezra Pound, que es, sin duda, un obrero del milagro"

13 Torbellinos vorticistas

A principios de 1914, el escritor y pintor Wyndham Lewis estaba iniciando una nueva revista, Blast. Según la definió Pound en carta a sus padres en esos días, "la más inteligente revista de Londres. Ustedes la detestarían".
Lewis era, también de acuerdo a Pound, el más talentoso de todos los miembros de 'la pandilla', com la llamaba Ezra. A Ernest Hemingway, que lo conoció, le disgustaba, y dijo que tenía los ojos "de un violador fracasado". Lewis había tomado la idea de BLAST de los cubistas. Marinetti estuvo en Londres en 1913. En ese caldo de cultivo, surgió el próximo hito vanguardista inventado por Pound. Se llamó vorticismo, y apareció un día que Ezra y Dorothy habían sido invitados al Rebel Art Centre un sábado a la hora del té. Lewis les llevó al fondo y les mostró sus pinturas. Casi inmediatamente al lanzamiento del movimiento, el Rebel Art Center murió, debido a que su patrona, Kate Lechmere, fue "robada de la cama de Lewis por T.E.Hulme", según informa Carpenter. Lewis intentó asesinar a Hulme, pero fracasó.

14 ...y un tal Eliot

Corría la guerra, a la cual Pound se mantuvo tan ajeno como le fue posible, en su condición de extranjero en Gran Bretaña. En septiembre de 1914, el poeta norteamericano Conrad Aiken, que había conocido a Pound un tiempo antes, y a quien Pound no prestó demasiada atención, fue a visitarlo a su casa del 5 Holland Place Chambers, para hablarle de algunos poetas norteamericanos jóvenes que le interesaba promover en Poetry y otras revistas en las que Ezra tenía influencia. "Me habló de literatura Norteamericana" recordó luego Pound, "pero no me lo comí". (Favorito de Aiken era Edwin Arlington Robinson, que a Ezra no le interesó.) Cuando Aiken se iba del apartamento, Pound le preguntó "pero ¿no hay nadie DIFERENTE, alguien de Harvard, por ejemplo?" -"Oh, bueno, está Eliot" dijo Aiken. -"¿Quién es Eliot?" -"Un chico de Harvard que hace cosas divertidas. De hecho, está en Londres ahora, de modo que puedes verlo si quieres." Pound le pidió que arreglara una cita.
En esos días, Eliot y Pound se conocieron, y Eliot le dio a Pound a leer la Canción de J. Alfred Prufrock. El 30 de setiembre del 14, Ezra escribió a Harriet Monroe: "[Eliot] me ha traído el mejor poema que he tenido o visto de un escritor norteamericano. RUEGA A DIOS QUE NO SEA UN ÉXITO ÚNICO. (...)"

15 "Como hojas en otoño"

En 1920, se muda a París con su mujer Dorothy. Entre las primeras personas que trata están Francis Picabia y Jean Cocteau. Al correr los meses va ampliando su círculo: Anatole France, Gide, Valéry, Sylvia Beach - escritora, y dueña de la librería 'Shakespeare & Co.'-, y un conjunto de americanos -entre los que estaba Hemingway- que llegaban "como hojas en otoño" según Pound. El más interesante de ellos, probablemente, e.e. cummings, que tenía 17 años cuando conoció a Pound, y aún en 1957 aseguraba que Ezra era el verdadero revolucionario de la poesía inglesa.

El 2 de febrero de 1922 - aparentemente, todos los acontecimientos literarios de la vida de Joyce ocurrieron en alguno de sus cumpleaños - se presentó la primera edición completa del Ulysses. El escritor invitado para hacer la presentación fue Valéry Larbaud, por lo cual Pound declinó concurrir. A estas alturas ya estaba bastante irritado por el entusiasmo que estaba despertando el libro.

16 Pound escribe La tierra baldía...

En su camino a una cura de descanso en Lausanne - exhausto por el contínuo estado de postración de su mujer Viviane -, Eliot estuvo en Paris en noviembre de 1921. Allí mostró a Ezra Pound un largo poema, llamado He Do the Police in Different Voices. Al mes siguiente, se lo conocía como The Waste Land -La Tierra Baldía-, el más importante poema en la vida de Eliot. Cuando se presentó en París, considerándo terminada la composición, Ezra estuvo en completo desacuerdo, y aparentemente le hizo una larga serie de comentarios al respecto. Eliot partió a Lausanne, y allí prácticamente reescribió el poema entero, agregando además una nueva sección.

Ezra aprobó lo que Eliot había hecho en Lausanne, y consideró el poema una obra de arte. Lo envió para publicar en el medio norteamericano en el que colaboraba por entonces, Dial, pero además hizo otra cosa: le presentó a Eliot a un editor americano, que firmó allí mismo un contrato para publicarlo en libro.

Eliot recordó con posterioridad: "le puse delante, en París, el manuscrito de un poema que tendía al caos llamado La tierra baldía, que dejó sus manos, reducido a más o menos la mitad de su tamaño original, en la forma en que aparece impreso".

Para completar su invención de genios de ese año, Pound se encarga de Ernest Hemingway. Este fue a Paris buscando desarrollar su incipiente carrera literaria. Conoce a Pound, y este le consigue un contacto para que publique la colección de historias breves En nuestro tiempo. Fue el lanzamiento literario de Hemingway.

17 Un puñado de ideas

En 19... Ezra Pound y Dorothy Shakespear inauguran una nueva época, mudándose a la pequeña Rapallo, cerca de Génova, en la costa occidental italiana. Allí comienza Pound a interesarse cada vez más en la economía, y llega a desarrollar una especie de teoría, basada en las ideas acerca del crédito social del olvidado economista Douglas.
En 1932 Pound pasa una temporada con Marinetti en Roma. Es a través del creador del futurismo que comienza a acercarse a Mussolini. Finalmente se arregló una entrevista entre ambos, que ocurrió a las 17:30 del lunes 30 de enero de 1933, en el Palazzo Venezia de Roma.

El propósito de Pound era hacer un retrato del dictador para la prensa americana. Pero también entregó a Mussolini un texto de 18 páginas que resumía sus recetas económicas. Obviamente, el efecto en Mussolini fue igual a cero. Por la misma época, publicó un panfleto con esas mismas ideas, llamado ABC de la Economía, cuyo principal objetivo, que era ser comprensible para una amplio tipo de públicos, no fue alcanzado. "Es cierto -trataba de justificar Pound a propósito de las críticas a ABC of Economics- no procedo de acuerdo con la lógica aristotélica, sino de acuerdo con el método ideogramático, que reúne a la vez todos los componentes necesarios a un pensamiento".

Evidentemente, no se trata de un buen método para exponer pensamiento económico, en el caso en que este existiera y fuese sólido, cosa que deja enormes dudas en Pound, que no habia tenido ninguna formación especializada en el asunto.

18 Pound speaking!

En abril de 1939, Pound se embarca para América en una misión delirante: Entrevistarse con Roosevelt y convencerlo de que cambiara el rumbo de la economía norteamericana y, acaso, evitara la guerra. el método ideado para llegar al presidente era simple y maravilloso: llamar por teléfono a la Casa Blanca, y pedir una entrevista. Se alojó, al principio, en la casa neoyorquina de Cummings y su esposa, quienes rápidamente huyeron de un huésped con ideas tan definitivas. Entonces Pound fue a Washington. Llegó a entrevistarse con varios legisladores, a someterlos a la escucha de alguno de sus panfletos económicos -y a la mayoría de ellos les dedica, luego, versos vitriólicos en diferentes Cantares. Llamó por teléfono varias veces a la Casa Blanca, pero Roosevelt nunca lo recibió.

A la vuelta a Rapallo se desató la guerra. Ezra Pound ofreció sus servicios al gobierno italiano para montar una serie de emisiones radiales que llevaran a los americanos a apreciar y simpatizar con el fascismo. Después de insistir durante DOS AÑOS, finalmente le fue concedido. La primera emisión fue en enero de 1941. La idea general de Pound era que las guerras eran creadas por la codicia de los usureros y los fabricantes de armamento. Cuando Estados Unidos entró en la guerra
(diciembre de 1941) Pound decidió seguir emitiendo con su propio nombre. Independientemente de toda otra consideración, Pound necesitaba esas audiciones para vivir. Las dos casas que mantenía le hacían sobrevivir en una condición económica nada holgada.

El 26 de julio de 1943, una corte federal de los Estados Unidos acusó a Ezra Pound de adherir a los enemigos de los Estados Unidos. En otras palabras, traición. La pena iba desde 5 años de prisión y U$S 10.000, a la silla eléctrica.
Pound pasó agosto en Rapallo, viendo qué sucedía. En septiembre, los aliados tomaron Roma. Por esos días, un empleado del Minculpop -el Ministerio de Cultura Popular- romano recuerda haber visto a Pound deambulando por las desiertas oficinas, en busca de los manuscritos de sus charlas radiales. Pound le dijo que si los encontraba, podría exhibir el contenido como prueba de su inocencia...

19 Mr Steel

Entonces, Pound decidió escapar. Inició un viaje solitario al norte, con un huevo duro, pan y uvas en su mochila, que le proveyó una amiga de su segunda mujer Olga Rudge, llamada Nora Naldi. Caminó de Roma a Rieti - setenta y cinco kilómetros -, luego tomó un tren a Bologna, de allí otro a Verona, y finalmente siguió caminando, hasta que llegó a Gais, Tirol, donde vivía su hija Maria. Volvió luego a Rapallo. Finalmente, dos partisanos le arrestaron el 3 de mayo de 1945, en la casa de Olga Rudge, en San'Ambroggio. Ezra estaba trabajando en textos de Confucio.

Después de dos meses de desparición, la familia de Pound se enteró finalmente de que estaba a tres kilómetros de Rapallo, en un campo al aire libre de rehabilitación llamado "Centro de Entrenamiento Disciplinario"
(iniciales en inglés: DTZ), al norte de Pisa. El campo estaba dedicado a asesinos, cobardes, desertores, y militares recalcitrantes. Algunos de ellos esperaban su traslado a América para ser juzgados por cortes federales. Alrededor del perímetro corría una alambrada eléctrica, salpicada de torres con centinelas armados de ametralladoras.

Los prisioneros estaban sometidos a un programa de "reentrenamiento" de 14 horas diarias, calificado por el ejército como "más duro que la lucha en el frente mismo".
Los delincuentes más peligrosos, algunos de los cuales eran además considerados 'magos del escape', eran encerrados bajo medidas de extrema seguridad, en jaulas de metal. El poeta Ezra Pound fue destinado a una de esas jaulas. En realidad, un oficial algo obnubilado, de nombre Steele (significa acero), a cargo entonces del campo, dispuso redoblar las condiciones de seguridad de la jaula de Pound.

La noche antes de su arribo, guardias del campo cortaron con sopletes la malla de acero normal de esa celda, y la sustituyeron por una de acero pesado airstrip, llamado así porque se usaba para emplazar pistas de aterrizaje improvisadas durante la guerra. Más tarde, para justificar este tratamiento, enviaron a Washington un comunicado indicando que las medidas se habían tomado para prevenir "escape o suicidio" del recluso. Entre los oficiales a cargo, la mayoría muy jóvenes, nadie sabía exactamente quién era Ezra Pound. Entre los demás presos, luego de la noche de los sopletes, se lo empezó a ver como un fenómeno. Se llegó a decir que los crímenes de guerra de los que se lo acusaba llenaban 12 carillas.

Pound entró a la jaula, de 1.80 por 2 metros, a las tres de la tarde del 24 de mayo de 1945.
Se le dio ropa de preso, y se le permitió conservar consigo tan sólo el texto chino de Confucio, un pequeño diccionario inglés-chino, y una Biblia.
"Ha, yo era un criminal peligroso... Ellos pensaban que yo era un salvaje peligroso y me tenían miedo. Tuve un guardia noche y día (...) Los soldados venían a la jaula a mirarme. Algunos me traían comida. El viejo Ez era la atracción de la feria."

Cuando llovía, el agua entraba por los cuatro costados. A Pound no se le dio, como al resto de los prisioneros, una tela para portegerse, pues las órdenes eran que estuviera a la vista las 24 horas del día. Uno de los guardias recuerda: "El volumen de Confucio estaba a su lado contínuamente, y el prisionero leía durante horas, o simplemente se sentaba y se arreglaba la barba hirsuta, mirando el camino hacia Pisa, y a la gente, o algún ganado que pasaba ocasionalmente". Después de tres semanas en la jaula, se le sacó para un examen médico. Se le diagnosticó confusión mental y claustrofobia. Tenía los ojos inflamados por la falta de sueño, el polvo y el sol. Se le diagnosticaron gotas, y se le trasladó a una tienda, fuera de la zona de jaulas. Había pasado en ella casi un mes.

20 Rapsoda aéreo

Según el relato de un oficial francés que fue testigo directo, en el avión que lo transportaba, fuertemente custodiado, a Estados Unidos, para ser juzgado y, probablemente, ejecutado, "Ezra estaba callado, vestido con la sucia ropa del prisionero. En la madrugada, cuando estabábamos en medio del Atlántico, la gruesa capa de nubes se rompió por primera vez, y el sol empezó a brillar. De golpe, Pound saltó del asiento y, mirando el tremendo mar que rielaba allá abajo, entró en éxtasis, se transformó en un pájaro recién liberado de la jaula, un hombre recién escapado de un profundo y oscuro agujero. Empezó a caminar por el pasillo declamando poesía al estilo de un rapsoda." Ese fue el primer viaje en avión de Ezra Pound.

21 "El más grandioso bufón y mentiroso en este negocio"

Al abrirse el proceso, fue solicitada la opinión de algunas personas sobre Pound. William Carlos Williams fue una de esas personas. Su respuesta resume la gran complejidad del asunto, y la dificultad para encasillar a Ezra Pound en cualquier compartimento mental preconcebido:
"No puedo escribir sobre Ezra Pound con serenidad. Cuando pienso en la insensibilidad de alguna de sus cartas durante los últimos seis o siete años, alegres comentarios acerca de 'carne fresca en las estepas rusas' o la guerra de España como algo 'no más importante que el desecado de algunos pantanos llenos de mosquitos en el África profunda', 'Hitler el mártir' y todo eso -quiero incluso olvidar que alguna vez lo conocí. Su vicioso anti-semitismo y otras cosas lo han hecho descender en mi mente más allá de lo que nunca creí posible... Pero esa no es toda la historia...Ezra Pound es uno de los poetas más competentes de nuestra lengua... Él es, también, debe ser dicho, el más grandioso bufón y mentiroso en este negocio. Ustedes no pueden permitirse tomar demasiado en serio a una persona como esta - y sin embargo, es un hombre importante... Sus estupideces, unidas a su arrogante autoestima le han derribado - pero tratar de hacer un criminal de él por esto es quedar expuestos a la acusación de estarnos moviendo por una estupidez aún mayor que la que pretendemos enfrentar... Ezra Pound...visto como una suerte de amenaza para América, comparado con alguna de las enfermas mentes realmente importantes entre las que vivimos, mencionemos por ejemplo a la prensa...es infantilismo puro. Él, simplemente, no es peligroso, mientras que ellos... no quiero ser demasiado duro con ellos... Como poeta, Ezra ha ganado una suerte de derecho de decir lo que piensa, tal como lo ha hecho...Cuando ellos encierren al hombre, espero que le den acceso a libros, y suficiente papel...Sería el más grandioso aborto de la justicia, de la justicia humana, matar a este hombre."

22 "Un hombre desgraciado, con su fama en el futuro"

Pound fue declarado "mentalmente insano, no apto para ser juzgado", y fue encerrado en el asilo para enfermos mentales St. Elizabeth, Washington. Detrás de una puerta de hierro negra, con nueve pequeños agujeros, en tres filas de tres. El inventario de los bienes de Pound al momento de su reculsión es prolijo: 1 frasco de café instantáneo, 1 caja de galletitas, 7 pañuelos, 4 toallas, 11 camisetas, 2 pares de pantuflas, 1 pijama, 6 pares de medias, 1 par de zapatos, 1 mochila de lienzo, 1 bastón de caña, 2 trapos de piso, 2 camisas, 1 par de calzoncillos, 1 sweater azul, 1 portafolio, 1 billetera, 2 artículos de toilet.
Permaneció en ese lugar durante 12 AÑOS.

Ezra lo bautizó, luego, "el pozo del infierno". Los reportes dicen que no daba trabajo, que comía regularmente sin quejas, que se las arreglaba para dormir bien. Recibía el periódico diariamente, un poco de leche extra, y helados con frecuencia. Conversaba muy raramente con alguno de los demás pacientes, y jamás estuvo en problemas con ninguno de ellos. Otros informes apuntan que "a veces en la noche se ve luz en su pieza. A menudo parece canturrear"... y otro "a veces se le oye entonando una especie de vaga tonada".

En esa reclusión trabajó en Confucio, y luego tradujo la Trachiniae de Sófocles. Un crítico escribió, no sin cierto humor, que "Mr. Pound se resiste a reconocer la sintaxis griega como un factor determinante" para su traducción. También de ese período es su Memoria de Gaudier-Brzeska
El 20 de febrero de 1949, los diarios anunciaron que se le había concedido el premio Bollingen -dotado de U$S 10.000 - por The Pisan Cantos. Los votos a favor reunían a nombres impresionantes: Robert Lowell, W. H. Auden, William Carlos Williams, T.S. Eliot, Allen Tate, Conrad Aiken.

En los años siguientes comenzó una campaña por la libertad de Pound. Además de sus dos mujeres y su hija, participaron muchos escritores norteamericanos e ingleses: Archibald MacLeish, Robert Frost, Eliot, Hemingway... En 1956 lee, desde el manicomio, algunos de sus poemas y 8 Cantares para la BBC.

Ezra fue liberado, y abandonó los Estados Unidos el 30 de junio de 1958. Había salido de St .Elizabeth en un auto, el 6 de mayo anterior, junto a una joven y bella mujer, Marcella Spann, que bajo el rótulo de 'secretaria personal' le acompañaría, junto a sus dos mujeres, hasta el año próximo. Viajó a Génova. A su llegada el puerto estaba lleno de reporteros. Dijo que le gustaría besar el suelo italiano, pero que veía sólo cemento. "Denme una pradera", pidió. También dijo que el mejor lugar para vivir dentro de los Estados Unidos era un manicomio.

En 1959 Pound le propuso matrimonio a Marcella Spann, a orillas del lago de Garda, pero la propuesta no prosperó, y la relación se interrumpió.
Después de su fracaso con Marcella Span, Pound quedó al cuidado de Dorothy y de su hija Mary, pero entró en un período de profunda depresión. Según sus amigos, hablaba con mucha frecuencia acerca de morir o de volverse realmente loco, y decía que estaba absolutamente exhausto. "Estoy reducido a fragmentos".

En 1963, Ezra comenzó a quedarse completamente silencioso. "No he entrado en el silencio; el silencio me capturó".

Su hija Mary observó que no era, en absoluto, que él estuviera perdido, sino que estaba completamente lúcido. De golpe, se había negado a emitir cualquier palabra trivial. Simplemente, se negaba a entrar en cualquier conversación que él considerase sin importancia.

23 Un solo ojo, azul

El día de su cumpleaños 87, después de la celebración, Ezra se sintió mal y se acostó. Al día siguiente dijo que el malestar continuaba. El médico ordenó una internación. Se proveyó una ambulancia para llevarlo hasta la góndola que lo transportaría, pero Ezra se negó y caminó firmemente hasta la nave. Pasó la noche en el hospital en compañía de Olga. Al día siguiente, por la tarde, Olga salió a buscar algunos pijamas limpios. Cuando ella se fue, Ezra empezó a dormitar, y falleció. Un solo ojo, azul, había quedado abierto. Según el informe médico, la muerte - debido a una "obstrucción intestinal" - fue a las 8 de la noche del 1 de noviembre de 1972.

* Publicado originalmente en Insomnia Nº 46


Pónganse incómodos: habla Ezra Pound - Juan Sasturain

Se edita por primera vez en castellano Jefferson y/o Mussolini, el revulsivo texto de 1933 que pone en discusión, nuevamente, la figura pública, las ideas económicas y las posturas políticas de Ezra Pound. Juan Sasturain aprovecha la oportunidad para revisar la trayectoria de este genio no manipulable y uno de los mayores poetas del siglo XX.

A casi setenta años de su publicación original en Inglaterra, se acaba de traducir por primera vez uno de los pocos textos importantes que restaba conocer de Pound: Jefferson y/o Mussolini, subtitulado “L’idea statale. El fascismo como lo he visto”, escrito hacia 1933 en Rapallo, y que pasó por “más de cuarenta editores” –según el reiterado testimonio del poeta metido en ideólogo– antes de aparecer en Londres dos años después. El Calafate Ediciones lo publica ahora acompañado de otro folleto de tema económico, Crédito social. Un impacto, también de 1935. Ambos textos han sido traducidos, prologados y largamente anotados por Domingo Arcomano, autor, además, de un Epílogo para argentinos en que desarrolla su propia conjunción y paralelo: Saúl Taborda y Ezra Pound. Un anticapitalismo filosófico. Cuando todavía se espera la aparición, en Cátedra de España, del cuarto tomo de la prolijísima edición anotada de los Cantos –o Cantares, según gusto y decisión del Viejo Ez– esta publicación argentina constituye, por muchos motivos, un raro acontecimiento editorial. Bienvenido, porque Pound no estará -saludablemente– de moda, pero quién duda que mantiene su absoluta vigencia. Y estos textos están en el origen de la zona más polémica de su pensamiento.

Un genio, varias figuras
En primera instancia, cabe subrayar que Ezra Pound fue un poeta extraordinario y un no menos extraordinario personaje que se movió y dejó su marca durante medio siglo largo. Empezando por la pinta inconfundible. Esa manera siempre armada de poner el cuerpo, la ropa, la barba, el pelo en llamas, el ceño fruncido, la mirada recelosa. Elegante hasta los límites del disfraz. Vestido siempre de poeta raro en las fotos, desde las de locuaz muchacho oscuro en Londres, a las de viejito más oscuro aún en Venecia al final, de sombrero aludo y capa negra –casi Bela Lugosi, vampiro retirado–, cuando ya se había callado y proponía “dejemos hablar al viento” para que titulara el último Onetti.
Sin embargo, la primera foto que muchos vimos de él era y sigue siendo espantosa. Es la que está en la excelente y primera antología argentina, la de Viola Soto para Fabril, de comienzos de los ‘60: un impresionante primer plano de la cara contraída en un puñado de arrugas, como la palma de una mano entrecerrada. Es la de carnet de loco. De cuando se comió una docena de años de encierro en un hospicio de Washington tras evitar ser juzgado por traición a la patria por el contenido de sus transmisiones “antinorteamericanas” desde Radio Roma durante la Segunda Guerra. Ya entonces, en términos de conocimiento público, Pound no era un gran poeta, ni siquiera un supuesto perverso ideólogo. Era todo un caso. Un caso político derivado en caso judicial que encontró su equívoca salida como caso clínico: el diagnóstico de insanIa le evitó la condena pero no la reclusión.
Y la reclusión no evitó la poesía: los Cantares pisanos –escritos durante el primer tramo de su cruel cautiverio en Pisa, antes de ser repatriado– son uno de los tramos más convincentes de su poema monumental. Publicados en 1948 por New Directions, fueron distinguidos al año siguiente con el Premio Bollingen de poesía por un jurado que integraban Eliot, Auden, Lowell y Conrad Aiken entre otros pesos pesado. Pero mientras Cummings y W.C. Williams aplaudían, hubo muchos que no pudieron soportar semejante reconocimiento oficial a un traidor. Pero qué se podía esperar de un traductor consuetudinario, hubieran dicho los refraneros italianos... El tironeo crítico entre la unánime admiración por su poesía y el cuestionamiento de sus elecciones políticas no ha cesado ni cesará. Y está bien que así sea: es un caso abierto y ejemplar. Lo que resiste todas las tensiones es el poderoso cuerpo de su obra: Pound es demasiado sólido y rico como para necesitar lecturas indulgentes que “perdonen sus pecados” oanatemas apocalípticos que lo descalifiquen desde posiciones de dudosa corrección ideológica.

Pound, el rayo que no cesa
Hay un libro de Hugh Kenner, The Pound era, que desde el título destaca el peso relativo del monstruo sobre la literatura de su tiempo. Durante más de medio siglo XX, Pound incidió con obra, gestión e influencia directa sobre otros autores, en los cambios que revolucionaron la poesía de lengua inglesa de los dos lados del Atlántico. Hay un antes, un durante y un después de él. Para bien de todos no dejó nada ni dónde ni cómo estaba.
Es que Pound, ese amplio ademán, tiene algo o mucho de salvaje. Cuando arranca, parte del desierto. Sin padres acreedores ni deberes por hacer -sólo reconoce antes a otro salvaje, Whitman, con el que hace pretenciosas paces casi de salida– carece de todo, pero por eso es capaz de eludir del necio provincialismo francés o inglés, autosuficientes, cerrados en una rica pero pesada tradición con anteojeras. Como su amigo Eliot, Pound viene de un suburbio cultural, el medioeste norteamericano –nació en Hailey, Idaho, en 1885– y como y con su amigo Eliot, cuando llega el momento salen a buscar con hambre y sin prejuicios un centro y una tradición que no encuentran ni alrededor ni a sus espaldas. Primero será Nueva York, después, Europa.
Juntos –con el desmelenado Ezra de ideólogo y bandera– encararán la poesía universal como quien asalta un supermercado o, mejor, como quien se sirve de todos los platos en un tenedor libre. De la poesía china a los trovadores provenzales y del elegíaco Propercio latino a Guido Cavalcanti y el dolce stil nuovo, Pound traduce, imposta la voz, se disfraza -Personae (“máscaras”) es el título ejemplar de uno de sus primeros libros-, recorre todos los registros, renueva, desde el imaginismo o el vorticismo, las formas y los conceptos de la poesía de su tiempo. Pero lo hace a su modo.
Porque Pound no fue –no tenía esa cabeza– un agitador pateador de tableros a la manera de los surrealistas. Lo suyo era y sería otro tipo de ruido. Creía en la necesidad de lo nuevo pero conocía la tradición occidental como para no aceptar como novedad cualquier experimento aparatoso. Creía en el rigor, no en la tramposa espontaneidad. Creía en operaciones de cirugía mayor –su intervención sobre el texto original de La tierra baldía es ejemplar al respecto– y no vacilaba ante los injertos. Cortaba y pegaba usando la totalidad de un sistema literario ampliado más allá de los límites habituales, estableciendo contrastes, paralelos y homologías inéditas. Leía y hacía leer; escribía y hacía escribir. Ayudó y motivó para que los demás, como él, se interesaran por el lejano Confucio y por el demasiado próximo James Joyce.
Además, cruzó creativamente fronteras habituales entre las artes. No sólo compuso, a su manera, piezas musicales e incluso una ópera a partir de textos de Villon, sino que se ocupó de la pintura y escultura de su tiempo –compartió movimientos y manifiestos con sus amigos Gaudier-Brzeska y Brancusi– y buscó homologías lejanas y mecanismos de expresión más allá de las formas estandarizadas de la literatura occidental de su tiempo. En la operación más audaz, siguiendo las investigaciones del sinólogo Ernest Fenollosa, tradujo poemas y produjo textos propios buscando una equivalencia expresiva a los ideogramas chinos. Así, en Cathay es indiscernible lo que encuentra Pound de lo que pone. Y el resultado final es extraordinario.
A la hora de la apuesta final como poeta, se propuso una meta desmesurada (nunca mejor dicho) acorde con su pretensión. Por eso, naturalmente, los Cantares que escribió a lo largo de más de cuarenta años son el monumental testimonio de un fracaso; pero un bellísimo, impresionante fracaso, como han señalado Fondebrider y otros, equivalente a los empeños de Babel. Siintentó, de algún modo, una nueva versión de la Commedia en un mundo mucho más complejo que el dantesco, dio cuenta única del Infierno multiforme de su tiempo pero se perdió en iras y sintió, sobre el final, que había equivocado el camino –”que perdí mi centro / peleando con el mundo”– a la hora de cantar el Paraíso. De ahí se pueden entender los gestos últimos, exentos de soberbia, apenas fragmentos balbucidos entre la disculpa y la desolación: “He intentado escribir el Paraíso / Que nada se mueva / dejemos hablar al viento / ése es el Paraíso. / Que los dioses perdonen / lo que he hecho / Que aquellos que amo traten de perdonar / lo que he hecho”, dice el último segmento conocido del cantar CXX, publicado en 1972, el mismo año de su muerte. Pero nada había que disculparle al viejo Ez. Sólo admirar, agradecer la desmesura.

El predicador sin religión
Es que Pound siempre (se) pensó en grande o, mejor, pensó totalidades inteligibles, su vida incluida. Y la vocación admonitoria y el ímpetu docente a menudo se imponían por sobre los contenidos o los temas en cuestión. Como crítico sagaz y analista de la historia literaria y del pensamiento, escribió durante los años 30 sintomáticos manuales –El ABC de la lectura, Cómo leer, Guía de la Kultura (sic)– en los que rompía el corpus, desechaba a mansalva y iluminaba zonas y autores olvidados; brillante, a veces arbitrario, Pound invitó y obligó a “hacerlo todo nuevo” revisando la burocrática tradición en términos de beneficio de inventario para volver a armar sistemas más fieles o veraces, separando lo auténtico de la copia o la mentira. Esa voluntad de interpretar lo dado hasta forzar un sentido nuevo y original sería una constante en todos los órdenes del pensamiento y la acción de Pound que lo llevaría lejos. A veces, demasiado, ya que lo suyo nunca fueron las relaciones públicas.
Porque no se detuvo allí. Didáctico, mesiánico, Pound se sentía capaz de -y destinado a– explicar o poco menos el funcionamiento de un mundo contemporáneo injusto y desordenado que somete la labor del artista -porque de ahí partió siempre–, la creatividad y el trabajo del hombre en general a la tiranía fraudulenta del dinero. Como había hecho con la poesía, leyó la historia –China, el Renacimiento italiano, su propia experiencia norteamericana–, comparó situaciones y contextos y sacó conclusiones. Tenía espíritu de cruzado y desafueros de fanático; pero jamás lo movió el cálculo o el interés personal. Al contrario: las relaciones públicas nunca fueron su fuerte. En general siempre calculó mal, a contrapelo del poder y de los ganadores. Y eso se paga caro; con usura.

La usura, precisamente
El celebérrimo Canto XLV expone mejor que ningún otro texto de Pound, incluso los programáticos, su concepción del poder corrosivo y desnaturalizador de la usura sobre la producción artística y el trabajo en general: “La usura herrumbra el cincel / herrumbra al artesano y su artesanía / carcome el hilado en el telar / nadie aprendió a tejer el oro en su molde; / la usura gangrena el azur y deja el carmesí sin recamar / el esmeralda no encuentra ningún Memling / la usura mata al niño en el útero / aplaza el galanteo del muchacho / ha llevado la apatía al lecho, yace / entre el recién casado y su desposada / CONTRA NATURA / Han traído putas a Eleusis. / Los cadáveres se aprestan para el banquete / por orden de la usura”. Esto escribía Pound en la tercera recopilación de su segmentada obra mayor: A draft of Cantos XXI-LII, de 1935. En ese mismo año, en Londres mismo, publicaba este Jefferson y/o Mussolini que se acaba de traducir al castellano por primera vez. Es la obra –por sobre todas las cosas– no de un fascista (siempre lo negó) sino de un norteamericano disconforme con la traición al sueño igualitario de sus ancestros.La tesis del libro es simple y provocadora: mutatis mutandis, el poeta que vive en Rapallo desde hace diez años –y que vivirá otros tantos, hasta que se lo lleven enjaulado– establece un paralelo entre el pensamiento de Jefferson y Van Buren, arquetipos entre los padres fundadores de la que siente desnaturalizada revolución norteamericana, y el pensamiento y la acción económica y social del Duce. Pound parte de la existencia de un enemigo común (y universal) en la sociedad occidental contemporánea, el voraz capitalismo financiero, y subraya los puntos en común de los que considera patriotas y estadistas que piensan antes que nada en sus respectivos pueblos. Tal cual su mirada. De política, de regímenes de gobierno, ni hablar.
A menos de un lustro del estallido de la guerra que devastará a Europa y pondrá a su patria frente a frente y armas mediante con su país de elección, Pound aún cree que puede (y debe) ser escuchado. Está (clínicamente) obsesionado. Ya ha hablado con el Duce –patética situación...– como intentará hacerlo con Roosevelt en 1939 sin resultado. Colocado en ese lugar de profeta incomprendido, entrará en una espiral de desatinos que lo llevarán a las transmisiones de Radio Roma, al facilismo antihebraísta, a la desconexión paranoica.
La edición preparada por Domingo Arcomano está a la altura del desafío. No es, no podría ser, una mirada académica sino literalmente tendenciosa. Polémica pero exhaustiva, comentada “del lado de Pound” y contra la “intelligentzia”, se trenza en las polémicas abiertas desde siempre. Así, descalifica con vigor y ligereza a los que señalan la mácula del antisemitismo de Pound –caen desde Brodsky y Gelman en la volteada– y no pierde oportunidad de establecer paralelos y referencias al contexto nacional: como el viejo Ez, Arcomano se da el gusto y la osadía ideológica de conjuntar circunstancias y pensamientos distantes, al acoplar a Pound con Saúl Taborda, pensador argentino, unidos por su “anticapitalismo filosófico”.
Las virtudes mayores de esta edición están, sin duda, en dos aspectos poco frecuentes y que suelen tender al desborde: la pasión por un lado; el cuidado de las notas y la prolijidad de las referencias por otro. No queda nada sin aclarar ni nombre propio o circunstancia sin ser explicada. Y eso se agradece. Desde los ejemplares textos evocativos de James Laughlin -editor de Pound en New Directions y amigo personal– reunidos en sus Ensayos fortuitos que no disfrutábamos tanto con noticias del Viejo Ezra.

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