3
"Poseer algo es a menudo un maldito estorbo"
Pound fue un hombre tan independiente que
casi nadie pudo tratarlo lo suficiente sin distanciarse de él - con
excepción de Thomas Stearns Eliot, que era salvajemente imperturbable.
Ezra Pound fue, desde el principio, una especie de nómade. Nació el 30 de
octubre de 1885 en el remoto poblado de Hailey, en el estado de Idaho,
literalmente en lo más profundo del Oeste americano, donde su padre había
ido a supervisar el funcionamiento de una mina de propiedad de la familia. A
los seis meses de edad se fue de allí para siempre. A los 21 años hizo su
primer viaje solitario a Europa, y a lo largo de su vida estuvo establecido
- voluntariamente o a la fuerza - en Londres, Paris, Rapallo, Washington
D.C. y Venecia. Cuando Mary Moore, una de sus eternas novias americanas, le
preguntó en 1909 cuándo volvía a casa, le respondió: "No tengo casa".
Muchos años después, T.S. Eliot se refería a
esta característica de Pound: "en aquella época, [Pound] parecía un
intruso [con] una suerte de resistencia contra todo lo que fuera crecer
dentro de un entorno. En América, sin duda habrá parecido siempre a punto de
irse al extranjero; en Londres, siempre parecía a punto de cruzar el Canal".
Pound mismo exaltaba este deseo de andar
ligero de ataduras. "Poseer algo es a menudo un maldito estorbo. Fue a
partir de mis padres, que poseían una casa, que me di cuenta, y luché
durante años por no poseer nada que no se pudiese poner en una valija. Nunca
logré realmente bajar a menos de dos valijas. Lo cual es un estorbo y
realmente un estigma de la pobreza. Cuando se tiene un adecuado poder
adquisitivo, uno puede poseer menos".
Su efecto en el mundo puede medirse directamente en relación con esta
independencia, pues es difícil encontrar otro personaje del siglo XX que
haya pasado por 87 años de vida sin entrar en prácticamente ningún
compromiso que le apartase de seguir su propio camino. Como primera
consecuencia, se llenó de enemigos. Pero esa independencia también le
permitió - o le compelió - a explorar muchas sendas que nadie más había
recorrido, y a formarse un punto de vista propio sobre casi todos los temas.
A la larga, era inevitable que creara escuela.
4 Editando al totem
Pound ha exasperado la intertextualidad hasta
un punto que ningún otro autor conocido ha llegado, Borges probablemente
incluido. Su práctica literaria incluyó, casi desde el primer día, una
manipulación constante de los textos de otros. Y el resultado ha sido no
sólo la ya citada metabolización de miles de textos ajenos en el propio, de
modo que no se distinguen uno de otro, sino incluso la transformación
radical de la obra de quienes se ponían a su alcance. Primera consecuencia
de lo último: la obra de Pound está firmada por Pound sólo en un porcentaje
menor.
Esta inclinación no era, en Pound, particularmente respetuosa de nada
establecido. En 1913, el ya consagrado William B. Yeats confió al joven Ezra
unos poemas para que se imprimieran en la revista Poetry de Chicago,
de la cual éste era corresponsal. Ezra creyó que los textos tenían unos
cuantos defectos, y procedió a corregirlos. Envió las versiones editadas a
Poetry, y Yeats sólo las vio cuando ya se habían publicado. El
escándalo que armó Yeats fue mayúsculo. Pero al poco tiempo, cuando las
aguas se calmaron, el poeta irlandés empezó a ver que las correcciones de
Pound tenían sentido. En las siguientes ediciones de sus Collected Poems
mantuvo las versiones editadas por Pound. En carta a una de sus amigas,
lady Gregory, dice Yeats que Pound "me ayudó a volver a lo definido y
concreto".
Según Humphrey Carpenter - cuya definitiva biografía de Pound, de 1000
páginas, publicada por Delta en Nueva York en 1990, hemos consultado
extensivamente para estos apuntes-, "la 'reeducación' de Yeats, (...)
convenció a Pound de que tenía derecho a editar cualquier poesía, publicada
o por publicar".
5
'A punto de caer en el centro de la turba'
La vida literaria de Pound comienza en
Londres, en 1908. Antes de eso, quedan años de formación en Pennsylvania, y
una tesis de doctorado en Nueva York sobre la figura del gracioso en Lope de
Vega. Pound, un perfecto desconocido, comienza a buscar algún modo de darse
a conocer en la capital inglesa. Aparece en escena Ford Madox Hueffer. Ya es
el año 1909. Según el endiablado estilo epistolar de Pound, "(Ford) had
all his faults, like his moustache, out in front where everyone cd/see,"
y era "au fond a serious character as J.J. the Reverend Eliot and even
ole Unc Wm/ the yeAT were NOT" ("Ford tenía todas sus fallas, como su
bigote, allí adelante, donde todo el mundo podía verlas", y era "en el fondo
un personaje serio, como incluso James Joyce, el Reverendo Eliot, y el Tío
viejo William Yeats no lo eran").
Ford fue el apoyo de Pound en sus inicios en
Londres, y cuando se piensa en el carácter demasiado directo y brusco de
Pound, es muy probable que sin la suerte de 'amortiguación' que Ford
proveía, la carrera de Pound en el establishment literario británico no
habría siquiera despegado del piso.
El 3 de febrero del 1909, Pound - que de hecho, en Londres sólo conocía a
Ford, a su editor Elkin Mathews y al director del Politécnico -, escribe
exaltadamente a William Carlos Williams "Estoy a punto de caer en el centro
de la turba que hace las cosas aquí." Es en esa época que es presentado a la
señora Olivia Shakespear, "indudablemente, la señora más exquisita de
Londres". La suerte de Pound fue admirable en este caso, pues su
principal objetivo en Londres era conocer a Yeats, a quien admiraba por
encima de todos los demás poetas del momento. Shakespear, una aristocrática
dama 25 años mayor que Pound era de hecho, y desde 1895, la amante de Yeats.
Fue gracias a ella que Pound llegó por primera vez, en abril de 1909, a las
habitaciones del bardo irlandés, en el 18 Woburn Buildings. Allí Yeats
dirigía, todos los lunes, un salón en que se reunían algunos escritores -
pero en general, sus admiradores. A comienzos de 1910 llegan a Pound rumores
de que Yeats comienza a hablar bien de él. Le llega una frase de Yeats, que
notifica a sus padres: "No hay una generación de poetas jóvenes. Ezra
Pound es un volcán solitario".
A mediados de noviembre de 1909 Pound conoció a un joven maestro de escuela
de Croydon: David Herbert (D.H.) Lawrence. Comenzó de inmediato una difícil
amistad. Pound admiraba la poesía de Lawrence: "Pienso que aprendió el
tratamiento correcto de los temas modernos antes que yo", escribió mucho
después.
6 "Mr Ezequiel Tom, from Montana"
El joven poeta T.E. Hulme reunía en el café
Tour Eiffel del Soho, los jueves de tardecita, a un grupo de escritores que
constituían una secesión del tradicional Poet's Club londinense. El jueves
22 de abril de 1909, Pound llegó por primera vez a ese cenáculo, invitado
por Hulme. Un miembro del grupo, llamado Flint, recuerda esa primera y
memorable ocasión: "(Ezra Pound) debe haber olvidado, o nunca se enteró, de
la excitación con la que los clientes de las demás mesas le oyeron declamar
su Sestina: Altaforte... qué fuerte vibraba la mesa en resonancia con
su voz".
Hacía una semana que Personae, el tercer libro de Pound, había sido
publicado, y una serie de reseñas fueron apareciendo en esos días, mostrando
que Londres comenzaba a tomar cuenta del joven americano. Pero el
reconocimiento principal apareció en una nota satírica en el Punch, el 23 de
junio. Allí se anuncia que "Mr. Welkin Marsh (exactamente lo opuesto de
Long Jane's)" (o sea, Elkin Mathews -el editor de Pound-, opuesto a John
Lane´s - otro editor -)" anuncia que ha asegurado para el mercado inglés los
palpitantes trabajos del nuevo poeta de Montana (U.S.A.), Mr. Ezequiel Tom,
que es la cosa más señalable en la poesía desde Robert Browning.
Mr. Ton, que ha dejado América para residir
por un tiempo en Londres y ha impreso su personalidad en los editores
ingleses, publicistas y lectores, es por muy lejos el nuevo poeta en curso,
sea lo que sea lo que pueda decirse en otra parte. Ha triunfado, donde todos
los demás han fracasado, al desarrollar una mezcla de la imaginería del
salvaje Oeste, el vocabulario de Wardour Street, y el siniestro abandono de
la Italia de los Borgia."
Exagerandolo todo, Pound reportó a su íntimo amigo de la adolescencia,
William Carlos Williams: "Estoy, después de ocho años de martillar contra
impenetrable diamante, volviéndome repentinamente algo así como un suceso".
7 "Escribir lírica & hablar con mis
amigos"
En situación económica precaria, mientras
vivía en Londres, Pound creyó que podía obtener dinero a través de la prosa,
por lo que se planteó un proyecto de novela, que consistió en una tarde o
dos de trabajo desesperado y frenético para conseguir unas 30 páginas, que
procedió a quemar. "Soy hombre y mortal, el poder femenino de la
perseverancia está más allá de mi" escribió por entonces a una amiga. 50
años más tarde volvería sobre el tema: "una vez escribí el principio de
una novela. Era horrible." También en esos días, a su madre: "tú
sabes que nunca fingí amar el trabajo o creer en su dignidad. Nunca hago
voluntariamente nada que no sea escribir lírica & hablar con mis amigos."
8 "Mr. Pound conoce muy poco de la lengua
italiana"
En 1910 Pound vuelve a Italia, y en Sirmione,
junto al lago de Garda, trabaja en una traducción, los Sonnets and
Ballate of Guido Cavalcanti - publicado finalmente en 1912 -. Se trata
de uno de los mayores fracasos de Pound. Cuando apareció, el crítico Arundel
del Re escribió "o bien Mr. Pound conoce muy poco sobre la lengua
italiana, o carece completamente del juicio crítico necesario al traductor".
Carpenter señala que incluso la primera línea de la canción que es
considerada la pieza más importante, la tomó como "Donna mi pregna"
en lugar de "Donna mi prega", por lo cual tradujo, horriblemente, "A
lady impregnates me" (literalmente, "Una dama me preña"), en
lugar de "A lady entreats me" ("Una dama me ruega"). En su
momento, Pound protestó y relativizó la crítica, pero años más tarde
reconoció a Joyce: "Una vez hice una mala traducción de Cavalcanti".
9 Exterminando la sífilis
El 15 de junio de 1910, Ezra Pound decide
retornar a los Estados Unidos. Su primera temporada en Londres había
terminado, y no tenía planes concretos de regresar. Los objetivos de Ezra en
ese entonces eran, explícitamente, dedicarse a ser un hombre de empresa,
como su abuelo y su padre. Dijo a D.H. Lawrence, cuando éste lo fue a
despedir: "Habiendo tenido todas las experiencias posibles para un hombre
pobre, debo proceder ahora a conquistar riquezas, y explorar el otro
hemisferio".
Cuando llegó, casi inmediatamente se ligó con un hombre de negocios de
lóbrega reputación, llamado Frank 'Baldy' Bacon. Bacon, en principio, vendía
seguros, y tenía una oficina en el distrito comercial de New York. Pound fue
a visitar a William Carlos Williams a New Jersey, con la siguiente propuesta
-narrada así por Williams: "me propuso...que compráramos una gran
cantidad de '606', el nuevo arsénico anti-sifilítico que Ehrlich acababa de
anunciar al mundo, y que fuéramos inmediatamente con él a las costas del
norte de África para venderlo. Entre nosotros, yo con mi título de médico y
mi experiencia, y él con sus inclinaciones a la sociabilidad, podríamos,
dijo, sacar limpio un millón de dólares tratando a los viejos ricachones -
presumiblemente destruidos por la enfermedad - y retirarnos a nuestros
disfrutes literarios en un plazo, como mucho, de un año".
Ese plan es lo único que se conoce de la efímera carrera de millonario de
Ezra Pound. Ya el 22 de febrero del 1911 se embarca, a bordo del 'Mauretania',
de vuelta a Londres, diciendo adiós a cualquier ulterior intento de vida
'normal' en su patria.
10 Ford inventa a Pound...
En julio de 1911, Ezra publica Canzoni,
dedicado a Olivia y su hija Dorothy Shakespear - ésta última, ya prometida
de Pound -. Otro intento fallido, que es recibido con pésima crítica. En
todo caso, el desastre de Canzoni parece haber tenido un resultado
magnífico. A partir de allí, el poeta comenzó a explorar nuevos caminos
estilísticos. El resultado no tardaría en aparecer, el año de 1912, con el
invento del imaginismo.
Para ese tránsito, fue fundamental un desconocido viaje a un pueblo
universitario al norte de Alemania, hecho por Pound a invitación de Ford
Madox Hueffer. "Mi dirección luego del 1 de Agosto es c/o F.M. Hueffer,
15 Friedrichs Strasse, Giessen, a/L, Alemania", escribió a Dorothy
Shakespear en el verano de 1911. En esa estadía conjunta, Pound llevó a Ford
un ejemplar de Canzoni, esperando aprobación, y lo que obtuvo en
cambio fue un escándalo. Ford le mostró su opinión de Canzoni,
literalmente, tirándose al piso y simulando los retorcimientos de agonía que
le provocaba el nuevo intento lingüístico de Pound.
"Ford...sintió los errores [en Canzoni]
hasta el punto de rodar (físicamente, y si usted lo mira como mero esnobismo
superficial, ridículamente) por el piso de su cuartel general temporario en
Giessen", contó Ezra luego. Pero a continuación, hubo una conversación
entre Ford Madox Hueffer y Ezra Pound que el último no dejó de agradecer -
incluso lo hizo explícitamente varias veces en los años siguientes - por el
resto de su vida. Las ideas que Ford expuso entonces están en la base del
imaginismo, que luego Pound 'inventaría' aparentemente de la nada, y
explican casi todo acerca del estilo directo que es la marca distintiva y el
aporte de buena parte de la mejor poesía inglesa y norteamericana del siglo
XX, after Pound.
Esas ideas se resumen aproximadamente en este párrrafo, que Ford publicó
luego en 1913: "Yo he sido incapaz de hacerlo: tal vez soy demasiado
viejo, o he nacido demasiado tarde -lo que ustedes quieran. Pero aquí está
el punto: yo prefiero leer una pintura en verso de las emociones y el
entorno de una anarquista de Goodge Street, antes que recapturar las
canciones que cantaban las sirenas. Eso, a fin de cuentas, es todo lo que
François Villon estuvo haciendo con la vida de su tiempo, y yo siento que
nuestro tiempo estaría cumpliendo su deber con la posteridad mucho más
eficazmente, si hiciese algo de este tipo".
Pound comentaba luego: "preferiría hablar de poesía con Ford Madox
Hueffer que con cualquier otro hombre en Londres (...) Mr. Hueffer cree en
entregar la cosa exactamente. Desnudar las palabras de toda "asociación" en
beneficio del significado preciso". Ya se verá cómo todo esto es
imaginismo en estado puro.
11 ...y Pound inventa el imaginismo
El cuarto libro de Ezra Pound, Ripostes,
incluye un curioso epílogo, compuesto por los pomposamente calificados Complete
Poetical Works of T.E. Hulme. Se trata de 5 poemas, breves, algo en el
estilo de los haiku japoneses. Es mencionado aquí, simplemente porque fue
precisamente en el prefacio a esos poemas de Hulme que Pound comenzó a
hablar de la escuela de los 'Imaginistas', incluyendo bajo ese misterioso
rótulo a los no menos ignotos "descendientes de la olvidada escuela de
1909" (¿?). Nadie supo jamás a quién se refiere Pound en ese prefacio.
Vista la situación, Pound no pudo menos que inventar una nueva escuela
poética.
Fue a propósito de unos poemas de su joven y reciente amigo Richard
Aldington, que envió a la revista Poetry, que escribió: "es el
trabajo de uno de des imagistes, un grupo de ardientes helenistas que están
desarrollando interesantes experimentos en el vers libre; tratan de lograr
en inglés cierta sutileza de cadencias del tipo de las que Mallarmé y sus
seguidores han estudiado en Francia". Por supuesto, no había ningún
grupo - Aldington no constituía por entonces, ni nunca después, un grupo en
sí mismo - ni se veían 'ardientes helenistas' en todas las esquinas de
Londres. Simplemente, admitió Pound después, con una impunidad intelectual
que siempre le fue característica, "el nombre fue inventado para lanzar a
H.D. y a Aldington antes que cualquiera de ellos tuviera material como para
un volumen propio". Faltaba encontrar más acólitos para la flamante
idea. La segunda, fue H.D- - Hilda Doolitle, su ex novia de la adolescencia
en Pennsylvania, que estaba pasando una temporada en Londres.
Junto con los de H.D., Pound envió a Chicago algunos de sus propios poemas,
en donde se veía que el imaginismo podía dar, en manos de un poeta de
verdad, obras maestras. Él llamó Contemporania a esa colección de
textos que envió a Poetry en 1912. Entre ellos, estaba incluido, por
ejemplo, el archifamoso díptico "En una estación del Metro".
La antología des Imagistes sería publicada, finalmente, en Estados
Unidos en marzo de 1914, y en Londres al mes siguiente. La integran: H.D.,
Richard Aldington, F.S. Flint, Skipwith Cannell, Amy Lowell, William Carlos
Williams, D.H. Lawrence, James Joyce, Ford Madox Hueffer, Allen Upward, John
Cournos, y Ezra Pound. Hay allí al menos tres de los mayores escritores en
lengua inglesa del siglo -Lawrence, Joyce y Williams-, reunidos por mérito
exclusivo del cuarto de ellos. En Estados Unidos, podría afirmarse que el
libro fue recibido con estrépito. Se parodiaron los poemas, y hasta se
publicaron sin citar la fuente con notas irónicas al pie. En Londres, el
interés fue menor, pero también cundió el desprecio.
12 Un tal Joyce...
Ezra acepta, en el otoño de 1913, una
invitación de Yeats para pasar una temporada en una cabaña en Sussex. Allí,
donde "trabajábamos, y nos reuníamos a conversar todas las tardes",
Pound, que seguía buscando gente que encajara en una proyectada antología de
los imaginistas, pregunta a Yeats si hay algo parecido a un poeta imaginista
en toda Irlanda. Yeats le dice que 'hay un tipo' del que recuerda un buen
poema, llamado "I hear an Army Charging upon the Land". El tipo se llamaba
James Joyce.
Yeats no pudo encontrar el libro de Joyce, que era el primero y único que
había publicado. Pound investiga. Descubre que Joyce vive en un sitio tan
remoto como Trieste, según el dato que le pasa su viejo editor Elkin Mathews.
El 15/12/1913 le escribe una primera carta: "Estimado señor: Mr Yeats me
ha estado hablando de su trabajo como escritor. Estoy conectado
informalmente con un par de revistas nuevas y carentes de pecunio ("The
Egoist"...y "The cerebralist"...) ...También junto poemas para un
par de revistas americanas que pagan precios tope... (...) Dado que no sé en
qué consiste su obra actualmente, puedo solamente ofrecerme a leer lo que
usted mande... Yo soy bonae voluntatis, - no en último término debido
a que puedo ser de alguna utilidad para usted, así como usted puede serlo
para mi. De acuerdo a lo que W.B.Y. dice, imagino que tenemos un par de
odios en común - pero ese es un lazo de lo más problemático para una
presentación. Suyo sinceramente, Ezra Pound."
A Joyce, que estaba aproximadamente muerto de hambre con su mujer y dos
hijas en Trieste, la carta puede haberle provisto de algún género de
esperanza. La contestó de inmediato. Él se había ido de Irlanda a los 22
años, y el poemario Chamber music -Música de cámara- era su único
libro édito a la fecha. Desde 1905 había estado mandando a la prensa, sin
éxito, unas historias breves llamadas Dubliners -Dublineses-. Esto le
había frustrado también en la continuación de su primera novela, que por
entonces se llamaba Stephen Hero.
Joyce explicó a Pound su situación con Dubliners. Dos editores habían
firmado contrato de publicación, y luego lo había deshecho debido a que
Joyce se negaba a permitirles modificar el texto. A esta altura, le mandó a
Pound el primer capítulo de su Retrato del artista adolescente -el
nuevo título de Stephen Hero.
Exactamente el día del cumpleaños 32 de Joyce, el 2 de febrero de 1914, la
primera entrega del "Retrato..." apareció en The Egoist. Joyce le
escribió a Yeats: "Nunca voy a poder agradecerle lo suficiente que me
haya puesto en relación con Ezra Pound, que es, sin duda, un obrero del
milagro"
13 Torbellinos vorticistas
A principios de 1914, el escritor y pintor
Wyndham Lewis estaba iniciando una nueva revista, Blast. Según la
definió Pound en carta a sus padres en esos días, "la más inteligente
revista de Londres. Ustedes la detestarían".
Lewis era, también de acuerdo a Pound, el más talentoso de todos los
miembros de 'la pandilla', com la llamaba Ezra. A Ernest Hemingway, que lo
conoció, le disgustaba, y dijo que tenía los ojos "de un violador
fracasado". Lewis había tomado la idea de BLAST de los cubistas.
Marinetti estuvo en Londres en 1913. En ese caldo de cultivo, surgió el
próximo hito vanguardista inventado por Pound. Se llamó vorticismo, y
apareció un día que Ezra y Dorothy habían sido invitados al Rebel Art Centre
un sábado a la hora del té. Lewis les llevó al fondo y les mostró sus
pinturas. Casi inmediatamente al lanzamiento del movimiento, el Rebel Art
Center murió, debido a que su patrona, Kate Lechmere, fue "robada de la
cama de Lewis por T.E.Hulme", según informa Carpenter. Lewis intentó
asesinar a Hulme, pero fracasó.
14 ...y un tal Eliot
Corría la guerra, a la cual Pound se mantuvo
tan ajeno como le fue posible, en su condición de extranjero en Gran
Bretaña. En septiembre de 1914, el poeta norteamericano Conrad Aiken, que
había conocido a Pound un tiempo antes, y a quien Pound no prestó demasiada
atención, fue a visitarlo a su casa del 5 Holland Place Chambers, para
hablarle de algunos poetas norteamericanos jóvenes que le interesaba
promover en Poetry y otras revistas en las que Ezra tenía influencia. "Me
habló de literatura Norteamericana" recordó luego Pound, "pero no me
lo comí". (Favorito de Aiken era Edwin Arlington Robinson, que a Ezra no
le interesó.) Cuando Aiken se iba del apartamento, Pound le preguntó "pero
¿no hay nadie DIFERENTE, alguien de Harvard, por ejemplo?" -"Oh,
bueno, está Eliot" dijo Aiken. -"¿Quién es Eliot?" -"Un chico
de Harvard que hace cosas divertidas. De hecho, está en Londres ahora, de
modo que puedes verlo si quieres." Pound le pidió que arreglara una
cita.
En esos días, Eliot y Pound se conocieron, y Eliot le dio a Pound a leer la
Canción de J. Alfred Prufrock. El 30 de setiembre del 14, Ezra escribió a
Harriet Monroe: "[Eliot] me ha traído el mejor poema que he tenido o
visto de un escritor norteamericano. RUEGA A DIOS QUE NO SEA UN ÉXITO ÚNICO.
(...)"
15 "Como hojas en otoño"
En 1920, se muda a París con su mujer Dorothy.
Entre las primeras personas que trata están Francis Picabia y Jean Cocteau.
Al correr los meses va ampliando su círculo: Anatole France, Gide, Valéry,
Sylvia Beach - escritora, y dueña de la librería 'Shakespeare & Co.'-, y un
conjunto de americanos -entre los que estaba Hemingway- que llegaban "como
hojas en otoño" según Pound. El más interesante de ellos, probablemente, e.e.
cummings, que tenía 17 años cuando conoció a Pound, y aún en 1957 aseguraba
que Ezra era el verdadero revolucionario de la poesía inglesa.
El 2 de febrero de 1922 - aparentemente, todos los acontecimientos
literarios de la vida de Joyce ocurrieron en alguno de sus cumpleaños - se
presentó la primera edición completa del Ulysses. El escritor
invitado para hacer la presentación fue Valéry Larbaud, por lo cual Pound
declinó concurrir. A estas alturas ya estaba bastante irritado por el
entusiasmo que estaba despertando el libro.
16 Pound escribe La tierra baldía...
En su camino a una cura de descanso en
Lausanne - exhausto por el contínuo estado de postración de su mujer Viviane
-, Eliot estuvo en Paris en noviembre de 1921. Allí mostró a Ezra Pound un
largo poema, llamado He Do the Police in Different Voices. Al mes
siguiente, se lo conocía como The Waste Land -La Tierra Baldía-, el
más importante poema en la vida de Eliot. Cuando se presentó en París,
considerándo terminada la composición, Ezra estuvo en completo desacuerdo, y
aparentemente le hizo una larga serie de comentarios al respecto. Eliot
partió a Lausanne, y allí prácticamente reescribió el poema entero,
agregando además una nueva sección.
Ezra aprobó lo que Eliot había hecho en Lausanne, y consideró el poema una
obra de arte. Lo envió para publicar en el medio norteamericano en el que
colaboraba por entonces, Dial, pero además hizo otra cosa: le
presentó a Eliot a un editor americano, que firmó allí mismo un contrato
para publicarlo en libro.
Eliot recordó con posterioridad: "le puse delante, en París, el
manuscrito de un poema que tendía al caos llamado La tierra baldía,
que dejó sus manos, reducido a más o menos la mitad de su tamaño original,
en la forma en que aparece impreso".
Para completar su invención de genios de ese año, Pound se encarga de Ernest
Hemingway. Este fue a Paris buscando desarrollar su incipiente carrera
literaria. Conoce a Pound, y este le consigue un contacto para que publique
la colección de historias breves En nuestro tiempo. Fue el lanzamiento
literario de Hemingway.
17 Un puñado de ideas
En 19... Ezra Pound y Dorothy Shakespear inauguran una
nueva época, mudándose a la pequeña Rapallo, cerca de Génova, en la costa
occidental italiana. Allí comienza Pound a interesarse cada vez más en la
economía, y llega a desarrollar una especie de teoría, basada en las ideas
acerca del crédito social del olvidado economista Douglas.
En 1932 Pound pasa una temporada con Marinetti en Roma. Es a través del
creador del futurismo que comienza a acercarse a Mussolini. Finalmente se
arregló una entrevista entre ambos, que ocurrió a las 17:30 del lunes 30 de
enero de 1933, en el Palazzo Venezia de Roma.
El propósito de Pound era hacer un retrato del dictador para la prensa
americana. Pero también entregó a Mussolini un texto de 18 páginas que
resumía sus recetas económicas. Obviamente, el efecto en Mussolini fue igual
a cero. Por la misma época, publicó un panfleto con esas mismas ideas,
llamado ABC de la Economía, cuyo principal objetivo, que era ser
comprensible para una amplio tipo de públicos, no fue alcanzado. "Es
cierto -trataba de justificar Pound a propósito de las críticas a ABC
of Economics- no procedo de acuerdo con la lógica aristotélica, sino de
acuerdo con el método ideogramático, que reúne a la vez todos los
componentes necesarios a un pensamiento".
Evidentemente, no se trata de un buen método para exponer pensamiento
económico, en el caso en que este existiera y fuese sólido, cosa que deja
enormes dudas en Pound, que no habia tenido ninguna formación especializada
en el asunto.
18 Pound speaking!
En abril de 1939, Pound se embarca para América en
una misión delirante: Entrevistarse con Roosevelt y convencerlo de que
cambiara el rumbo de la economía norteamericana y, acaso, evitara la guerra.
el método ideado para llegar al presidente era simple y maravilloso: llamar
por teléfono a la Casa Blanca, y pedir una entrevista. Se alojó, al
principio, en la casa neoyorquina de Cummings y su esposa, quienes
rápidamente huyeron de un huésped con ideas tan definitivas. Entonces Pound
fue a Washington. Llegó a entrevistarse con varios legisladores, a
someterlos a la escucha de alguno de sus panfletos económicos -y a la
mayoría de ellos les dedica, luego, versos vitriólicos en diferentes
Cantares. Llamó por teléfono varias veces a la Casa Blanca, pero
Roosevelt nunca lo recibió.
A la vuelta a Rapallo se desató la guerra. Ezra Pound ofreció sus servicios
al gobierno italiano para montar una serie de emisiones radiales que
llevaran a los americanos a apreciar y simpatizar con el fascismo. Después
de insistir durante DOS AÑOS, finalmente le fue concedido. La primera
emisión fue en enero de 1941. La idea general de Pound era que las guerras
eran creadas por la codicia de los usureros y los fabricantes de armamento.
Cuando Estados Unidos entró en la guerra (diciembre de 1941)
Pound decidió seguir emitiendo con su propio nombre. Independientemente de
toda otra consideración, Pound necesitaba esas audiciones para vivir. Las
dos casas que mantenía le hacían sobrevivir en una condición económica nada
holgada.
El 26 de julio de 1943, una corte federal de los Estados Unidos acusó a Ezra
Pound de adherir a los enemigos de los Estados Unidos. En otras palabras,
traición. La pena iba desde 5 años de prisión y U$S 10.000, a la silla
eléctrica.
Pound pasó agosto en Rapallo, viendo qué sucedía. En septiembre, los aliados
tomaron Roma. Por esos días, un empleado del Minculpop -el Ministerio de
Cultura Popular- romano recuerda haber visto a Pound deambulando por las
desiertas oficinas, en busca de los manuscritos de sus charlas radiales.
Pound le dijo que si los encontraba, podría exhibir el contenido como prueba
de su inocencia...
19 Mr Steel
Entonces, Pound decidió escapar. Inició un viaje solitario
al norte, con un huevo duro, pan y uvas en su mochila, que le proveyó una
amiga de su segunda mujer Olga Rudge, llamada Nora Naldi. Caminó de Roma a
Rieti - setenta y cinco kilómetros -, luego tomó un tren a Bologna, de allí
otro a Verona, y finalmente siguió caminando, hasta que llegó a Gais, Tirol,
donde vivía su hija Maria. Volvió luego a Rapallo. Finalmente, dos
partisanos le arrestaron el 3 de mayo de 1945, en la casa de Olga Rudge, en
San'Ambroggio. Ezra estaba trabajando en textos de Confucio.
Después de dos meses de desparición, la familia de Pound se enteró
finalmente de que estaba a tres kilómetros de Rapallo, en un campo al aire
libre de rehabilitación llamado "Centro de Entrenamiento Disciplinario"
(iniciales en inglés: DTZ), al norte de Pisa. El campo
estaba dedicado a asesinos, cobardes, desertores, y militares
recalcitrantes. Algunos de ellos esperaban su traslado a América para ser
juzgados por cortes federales. Alrededor del perímetro corría una alambrada
eléctrica, salpicada de torres con centinelas armados de ametralladoras.
Los prisioneros estaban sometidos a un programa de "reentrenamiento" de 14
horas diarias, calificado por el ejército como "más duro que la lucha en el
frente mismo".
Los delincuentes más peligrosos, algunos de los cuales eran además
considerados 'magos del escape', eran encerrados bajo medidas de extrema
seguridad, en jaulas de metal. El poeta Ezra Pound fue destinado a una de
esas jaulas. En realidad, un oficial algo obnubilado, de nombre Steele
(significa acero), a cargo entonces del campo, dispuso redoblar las
condiciones de seguridad de la jaula de Pound.
La noche antes de su arribo, guardias del campo cortaron con sopletes la
malla de acero normal de esa celda, y la sustituyeron por una de acero
pesado airstrip, llamado así porque se usaba para emplazar pistas de
aterrizaje improvisadas durante la guerra. Más tarde, para justificar este
tratamiento, enviaron a Washington un comunicado indicando que las medidas
se habían tomado para prevenir "escape o suicidio" del recluso. Entre los
oficiales a cargo, la mayoría muy jóvenes, nadie sabía exactamente quién era
Ezra Pound. Entre los demás presos, luego de la noche de los sopletes, se lo
empezó a ver como un fenómeno. Se llegó a decir que los crímenes de guerra
de los que se lo acusaba llenaban 12 carillas.
Pound entró a la jaula, de 1.80 por 2 metros, a las tres de la tarde del 24
de mayo de 1945.
Se le dio ropa de preso, y se le permitió conservar consigo tan sólo el
texto chino de Confucio, un pequeño diccionario inglés-chino, y una
Biblia.
"Ha, yo era un criminal peligroso... Ellos pensaban que yo era un salvaje
peligroso y me tenían miedo. Tuve un guardia noche y día (...) Los soldados
venían a la jaula a mirarme. Algunos me traían comida. El viejo Ez era la
atracción de la feria."
Cuando llovía, el agua entraba por los cuatro costados. A Pound no se le
dio, como al resto de los prisioneros, una tela para portegerse, pues las
órdenes eran que estuviera a la vista las 24 horas del día. Uno de los
guardias recuerda: "El volumen de Confucio estaba a su lado contínuamente,
y el prisionero leía durante horas, o simplemente se sentaba y se arreglaba
la barba hirsuta, mirando el camino hacia Pisa, y a la gente, o algún ganado
que pasaba ocasionalmente". Después de tres semanas en la jaula, se le
sacó para un examen médico. Se le diagnosticó confusión mental y
claustrofobia. Tenía los ojos inflamados por la falta de sueño, el polvo y
el sol. Se le diagnosticaron gotas, y se le trasladó a una tienda, fuera de
la zona de jaulas. Había pasado en ella casi un mes.
20 Rapsoda aéreo
Según el relato de un oficial francés que fue testigo
directo, en el avión que lo transportaba, fuertemente custodiado, a Estados
Unidos, para ser juzgado y, probablemente, ejecutado, "Ezra estaba
callado, vestido con la sucia ropa del prisionero. En la madrugada, cuando
estabábamos en medio del Atlántico, la gruesa capa de nubes se rompió por
primera vez, y el sol empezó a brillar. De golpe, Pound saltó del asiento y,
mirando el tremendo mar que rielaba allá abajo, entró en éxtasis, se
transformó en un pájaro recién liberado de la jaula, un hombre recién
escapado de un profundo y oscuro agujero. Empezó a caminar por el pasillo
declamando poesía al estilo de un rapsoda." Ese fue el primer viaje en
avión de Ezra Pound.
21 "El más grandioso bufón y mentiroso en este
negocio"
Al abrirse el proceso, fue solicitada la opinión de
algunas personas sobre Pound. William Carlos Williams fue una de esas
personas. Su respuesta resume la gran complejidad del asunto, y la
dificultad para encasillar a Ezra Pound en cualquier compartimento mental
preconcebido:
"No puedo escribir sobre Ezra Pound con serenidad. Cuando pienso en la
insensibilidad de alguna de sus cartas durante los últimos seis o siete
años, alegres comentarios acerca de 'carne fresca en las estepas rusas' o la
guerra de España como algo 'no más importante que el desecado de algunos
pantanos llenos de mosquitos en el África profunda', 'Hitler el mártir' y
todo eso -quiero incluso olvidar que alguna vez lo conocí. Su vicioso anti-semitismo
y otras cosas lo han hecho descender en mi mente más allá de lo que nunca
creí posible... Pero esa no es toda la historia...Ezra Pound es uno de los
poetas más competentes de nuestra lengua... Él es, también, debe ser dicho,
el más grandioso bufón y mentiroso en este negocio. Ustedes no pueden
permitirse tomar demasiado en serio a una persona como esta - y sin embargo,
es un hombre importante... Sus estupideces, unidas a su arrogante autoestima
le han derribado - pero tratar de hacer un criminal de él por esto es quedar
expuestos a la acusación de estarnos moviendo por una estupidez aún mayor
que la que pretendemos enfrentar... Ezra Pound...visto como una suerte de
amenaza para América, comparado con alguna de las enfermas mentes realmente
importantes entre las que vivimos, mencionemos por ejemplo a la prensa...es
infantilismo puro. Él, simplemente, no es peligroso, mientras que ellos...
no quiero ser demasiado duro con ellos... Como poeta, Ezra ha ganado una
suerte de derecho de decir lo que piensa, tal como lo ha hecho...Cuando
ellos encierren al hombre, espero que le den acceso a libros, y suficiente
papel...Sería el más grandioso aborto de la justicia, de la justicia humana,
matar a este hombre."
22 "Un hombre desgraciado, con su fama en el futuro"
Pound fue declarado "mentalmente insano, no apto para
ser juzgado", y fue encerrado en el asilo para enfermos mentales St.
Elizabeth, Washington. Detrás de una puerta de hierro negra, con nueve
pequeños agujeros, en tres filas de tres. El inventario de los bienes de
Pound al momento de su reculsión es prolijo: 1 frasco de café instantáneo, 1
caja de galletitas, 7 pañuelos, 4 toallas, 11 camisetas, 2 pares de
pantuflas, 1 pijama, 6 pares de medias, 1 par de zapatos, 1 mochila de
lienzo, 1 bastón de caña, 2 trapos de piso, 2 camisas, 1 par de
calzoncillos, 1 sweater azul, 1 portafolio, 1 billetera, 2 artículos
de toilet.
Permaneció en ese lugar durante 12 AÑOS.
Ezra lo bautizó, luego, "el pozo del infierno". Los reportes dicen que no
daba trabajo, que comía regularmente sin quejas, que se las arreglaba para
dormir bien. Recibía el periódico diariamente, un poco de leche extra, y
helados con frecuencia. Conversaba muy raramente con alguno de los demás
pacientes, y jamás estuvo en problemas con ninguno de ellos. Otros informes
apuntan que "a veces en la noche se ve luz en su pieza. A menudo parece
canturrear"... y otro "a veces se le oye entonando una especie de
vaga tonada".
En esa reclusión trabajó en Confucio, y luego tradujo la
Trachiniae de Sófocles. Un crítico escribió, no sin cierto humor, que "Mr.
Pound se resiste a reconocer la sintaxis griega como un factor determinante"
para su traducción. También de ese período es su Memoria de Gaudier-Brzeska
El 20 de febrero de 1949, los diarios anunciaron que se le había concedido
el premio Bollingen -dotado de U$S 10.000 - por The Pisan Cantos. Los
votos a favor reunían a nombres impresionantes: Robert Lowell, W. H. Auden,
William Carlos Williams, T.S. Eliot, Allen Tate, Conrad Aiken.
En los años siguientes comenzó una campaña por la libertad de Pound. Además
de sus dos mujeres y su hija, participaron muchos escritores norteamericanos
e ingleses: Archibald MacLeish, Robert Frost, Eliot, Hemingway... En 1956
lee, desde el manicomio, algunos de sus poemas y 8 Cantares para la
BBC.
Ezra fue liberado, y abandonó los Estados Unidos el 30 de junio de 1958.
Había salido de St .Elizabeth en un auto, el 6 de mayo anterior, junto a una
joven y bella mujer, Marcella Spann, que bajo el rótulo de 'secretaria
personal' le acompañaría, junto a sus dos mujeres, hasta el año próximo.
Viajó a Génova. A su llegada el puerto estaba lleno de reporteros. Dijo que
le gustaría besar el suelo italiano, pero que veía sólo cemento. "Denme
una pradera", pidió. También dijo que el mejor lugar para vivir dentro
de los Estados Unidos era un manicomio.
En
1959 Pound le propuso matrimonio a Marcella Spann, a orillas del lago de
Garda, pero la propuesta no prosperó, y la relación se interrumpió.
Después de su fracaso con Marcella Span, Pound quedó al cuidado de Dorothy y
de su hija Mary, pero entró en un período de profunda depresión. Según sus
amigos, hablaba con mucha frecuencia acerca de morir o de volverse realmente
loco, y decía que estaba absolutamente exhausto. "Estoy reducido a
fragmentos".
En 1963, Ezra comenzó a quedarse completamente silencioso. "No he entrado
en el silencio; el silencio me capturó".
Su hija Mary observó que no era, en absoluto, que él estuviera perdido, sino
que estaba completamente lúcido. De golpe, se había negado a emitir
cualquier palabra trivial. Simplemente, se negaba a entrar en cualquier
conversación que él considerase sin importancia.
23 Un solo ojo, azul
El día de su cumpleaños 87, después de la celebración,
Ezra se sintió mal y se acostó. Al día siguiente dijo que el malestar
continuaba. El médico ordenó una internación. Se proveyó una ambulancia para
llevarlo hasta la góndola que lo transportaría, pero Ezra se negó y caminó
firmemente hasta la nave. Pasó la noche en el hospital en compañía de Olga.
Al día siguiente, por la tarde, Olga salió a buscar algunos pijamas limpios.
Cuando ella se fue, Ezra empezó a dormitar, y falleció. Un solo ojo, azul,
había quedado abierto. Según el informe médico, la muerte - debido a una
"obstrucción intestinal" - fue a las 8 de la noche del 1 de noviembre de
1972.
* Publicado originalmente en Insomnia
Nº 46
Pónganse incómodos: habla Ezra Pound
- Juan Sasturain
Se edita por primera vez en castellano
Jefferson y/o Mussolini, el revulsivo texto de 1933 que pone en
discusión, nuevamente, la figura pública, las ideas económicas y las
posturas políticas de Ezra Pound. Juan Sasturain aprovecha la
oportunidad para revisar la trayectoria de este genio no manipulable y
uno de los mayores poetas del siglo XX.
A
casi setenta años de su publicación original en Inglaterra, se
acaba de traducir por primera vez uno de los pocos textos
importantes que restaba conocer de Pound: Jefferson y/o
Mussolini, subtitulado “L’idea statale. El fascismo como lo he
visto”, escrito hacia 1933 en Rapallo, y que pasó por “más de
cuarenta editores” –según el reiterado testimonio del poeta
metido en ideólogo– antes de aparecer en Londres dos años
después. El Calafate Ediciones lo publica ahora acompañado de
otro folleto de tema económico, Crédito social. Un impacto,
también de 1935. Ambos textos han sido traducidos, prologados y
largamente anotados por Domingo Arcomano, autor, además, de un
Epílogo para argentinos en que desarrolla su propia conjunción y
paralelo: Saúl Taborda y Ezra Pound. Un anticapitalismo
filosófico. Cuando todavía se espera la aparición, en Cátedra de
España, del cuarto tomo de la prolijísima edición anotada de los
Cantos –o Cantares, según gusto y decisión del Viejo Ez– esta
publicación argentina constituye, por muchos motivos, un raro
acontecimiento editorial. Bienvenido, porque Pound no estará
-saludablemente– de moda, pero quién duda que mantiene su
absoluta vigencia. Y estos textos están en el origen de la zona
más polémica de su pensamiento.
Un genio, varias figuras
En primera instancia, cabe subrayar que Ezra Pound fue un poeta
extraordinario y un no menos extraordinario personaje que se
movió y dejó su marca durante medio siglo largo. Empezando por
la pinta inconfundible. Esa manera siempre armada de poner el
cuerpo, la ropa, la barba, el pelo en llamas, el ceño fruncido,
la mirada recelosa. Elegante hasta los límites del disfraz.
Vestido siempre de poeta raro en las fotos, desde las de locuaz
muchacho oscuro en Londres, a las de viejito más oscuro aún en
Venecia al final, de sombrero aludo y capa negra –casi Bela
Lugosi, vampiro retirado–, cuando ya se había callado y proponía
“dejemos hablar al viento” para que titulara el último Onetti.
Sin embargo, la primera foto que muchos vimos de él era y sigue
siendo espantosa. Es la que está en la excelente y primera
antología argentina, la de Viola Soto para Fabril, de comienzos
de los ‘60: un impresionante primer plano de la cara contraída
en un puñado de arrugas, como la palma de una mano entrecerrada.
Es la de carnet de loco. De cuando se comió una docena de años
de encierro en un hospicio de Washington tras evitar ser juzgado
por traición a la patria por el contenido de sus transmisiones
“antinorteamericanas” desde Radio Roma durante la Segunda
Guerra. Ya entonces, en términos de conocimiento público, Pound
no era un gran poeta, ni siquiera un supuesto perverso ideólogo.
Era todo un caso. Un caso político derivado en caso judicial que
encontró su equívoca salida como caso clínico: el diagnóstico de
insanIa le evitó la condena pero no la reclusión.
Y la reclusión no evitó la poesía: los Cantares pisanos
–escritos durante el primer tramo de su cruel cautiverio en
Pisa, antes de ser repatriado– son uno de los tramos más
convincentes de su poema monumental. Publicados en 1948 por New
Directions, fueron distinguidos al año siguiente con el Premio
Bollingen de poesía por un jurado que integraban Eliot, Auden,
Lowell y Conrad Aiken entre otros pesos pesado. Pero mientras
Cummings y W.C. Williams aplaudían, hubo muchos que no pudieron
soportar semejante reconocimiento oficial a un traidor. Pero qué
se podía esperar de un traductor consuetudinario, hubieran dicho
los refraneros italianos... El tironeo crítico entre la unánime
admiración por su poesía y el cuestionamiento de sus elecciones
políticas no ha cesado ni cesará. Y está bien que así sea: es un
caso abierto y ejemplar. Lo que resiste todas las tensiones es
el poderoso cuerpo de su obra: Pound es demasiado sólido y rico
como para necesitar lecturas indulgentes que “perdonen sus
pecados” oanatemas apocalípticos que lo descalifiquen desde
posiciones de dudosa corrección ideológica.
Pound, el rayo que no cesa
Hay un libro de Hugh Kenner, The Pound era, que desde el título
destaca el peso relativo del monstruo sobre la literatura de su
tiempo. Durante más de medio siglo XX, Pound incidió con obra,
gestión e influencia directa sobre otros autores, en los cambios
que revolucionaron la poesía de lengua inglesa de los dos lados
del Atlántico. Hay un antes, un durante y un después de él. Para
bien de todos no dejó nada ni dónde ni cómo estaba.
Es que Pound, ese amplio ademán, tiene algo o mucho de salvaje.
Cuando arranca, parte del desierto. Sin padres acreedores ni
deberes por hacer -sólo reconoce antes a otro salvaje, Whitman,
con el que hace pretenciosas paces casi de salida– carece de
todo, pero por eso es capaz de eludir del necio provincialismo
francés o inglés, autosuficientes, cerrados en una rica pero
pesada tradición con anteojeras. Como su amigo Eliot, Pound
viene de un suburbio cultural, el medioeste norteamericano
–nació en Hailey, Idaho, en 1885– y como y con su amigo Eliot,
cuando llega el momento salen a buscar con hambre y sin
prejuicios un centro y una tradición que no encuentran ni
alrededor ni a sus espaldas. Primero será Nueva York, después,
Europa.
Juntos –con el desmelenado Ezra de ideólogo y bandera– encararán
la poesía universal como quien asalta un supermercado o, mejor,
como quien se sirve de todos los platos en un tenedor libre. De
la poesía china a los trovadores provenzales y del elegíaco
Propercio latino a Guido Cavalcanti y el dolce stil nuovo, Pound
traduce, imposta la voz, se disfraza -Personae (“máscaras”) es
el título ejemplar de uno de sus primeros libros-, recorre todos
los registros, renueva, desde el imaginismo o el vorticismo, las
formas y los conceptos de la poesía de su tiempo. Pero lo hace a
su modo.
Porque Pound no fue –no tenía esa cabeza– un agitador pateador
de tableros a la manera de los surrealistas. Lo suyo era y sería
otro tipo de ruido. Creía en la necesidad de lo nuevo pero
conocía la tradición occidental como para no aceptar como
novedad cualquier experimento aparatoso. Creía en el rigor, no
en la tramposa espontaneidad. Creía en operaciones de cirugía
mayor –su intervención sobre el texto original de La tierra
baldía es ejemplar al respecto– y no vacilaba ante los injertos.
Cortaba y pegaba usando la totalidad de un sistema literario
ampliado más allá de los límites habituales, estableciendo
contrastes, paralelos y homologías inéditas. Leía y hacía leer;
escribía y hacía escribir. Ayudó y motivó para que los demás,
como él, se interesaran por el lejano Confucio y por el
demasiado próximo James Joyce.
Además, cruzó creativamente fronteras habituales entre las
artes. No sólo compuso, a su manera, piezas musicales e incluso
una ópera a partir de textos de Villon, sino que se ocupó de la
pintura y escultura de su tiempo –compartió movimientos y
manifiestos con sus amigos Gaudier-Brzeska y Brancusi– y buscó
homologías lejanas y mecanismos de expresión más allá de las
formas estandarizadas de la literatura occidental de su tiempo.
En la operación más audaz, siguiendo las investigaciones del
sinólogo Ernest Fenollosa, tradujo poemas y produjo textos
propios buscando una equivalencia expresiva a los ideogramas
chinos. Así, en Cathay es indiscernible lo que encuentra Pound
de lo que pone. Y el resultado final es extraordinario.
A la hora de la apuesta final como poeta, se propuso una meta
desmesurada (nunca mejor dicho) acorde con su pretensión. Por
eso, naturalmente, los Cantares que escribió a lo largo de más
de cuarenta años son el monumental testimonio de un fracaso;
pero un bellísimo, impresionante fracaso, como han señalado
Fondebrider y otros, equivalente a los empeños de Babel.
Siintentó, de algún modo, una nueva versión de la Commedia en un
mundo mucho más complejo que el dantesco, dio cuenta única del
Infierno multiforme de su tiempo pero se perdió en iras y
sintió, sobre el final, que había equivocado el camino –”que
perdí mi centro / peleando con el mundo”– a la hora de cantar el
Paraíso. De ahí se pueden entender los gestos últimos, exentos
de soberbia, apenas fragmentos balbucidos entre la disculpa y la
desolación: “He intentado escribir el Paraíso / Que nada se
mueva / dejemos hablar al viento / ése es el Paraíso. / Que los
dioses perdonen / lo que he hecho / Que aquellos que amo traten
de perdonar / lo que he hecho”, dice el último segmento conocido
del cantar CXX, publicado en 1972, el mismo año de su muerte.
Pero nada había que disculparle al viejo Ez. Sólo admirar,
agradecer la desmesura.
El predicador sin religión
Es que Pound siempre (se) pensó en grande o, mejor, pensó
totalidades inteligibles, su vida incluida. Y la vocación
admonitoria y el ímpetu docente a menudo se imponían por sobre
los contenidos o los temas en cuestión. Como crítico sagaz y
analista de la historia literaria y del pensamiento, escribió
durante los años 30 sintomáticos manuales –El ABC de la lectura,
Cómo leer, Guía de la Kultura (sic)– en los que rompía el
corpus, desechaba a mansalva y iluminaba zonas y autores
olvidados; brillante, a veces arbitrario, Pound invitó y obligó
a “hacerlo todo nuevo” revisando la burocrática tradición en
términos de beneficio de inventario para volver a armar sistemas
más fieles o veraces, separando lo auténtico de la copia o la
mentira. Esa voluntad de interpretar lo dado hasta forzar un
sentido nuevo y original sería una constante en todos los
órdenes del pensamiento y la acción de Pound que lo llevaría
lejos. A veces, demasiado, ya que lo suyo nunca fueron las
relaciones públicas.
Porque no se detuvo allí. Didáctico, mesiánico, Pound se sentía
capaz de -y destinado a– explicar o poco menos el funcionamiento
de un mundo contemporáneo injusto y desordenado que somete la
labor del artista -porque de ahí partió siempre–, la creatividad
y el trabajo del hombre en general a la tiranía fraudulenta del
dinero. Como había hecho con la poesía, leyó la historia –China,
el Renacimiento italiano, su propia experiencia norteamericana–,
comparó situaciones y contextos y sacó conclusiones. Tenía
espíritu de cruzado y desafueros de fanático; pero jamás lo
movió el cálculo o el interés personal. Al contrario: las
relaciones públicas nunca fueron su fuerte. En general siempre
calculó mal, a contrapelo del poder y de los ganadores. Y eso se
paga caro; con usura.
La usura, precisamente
El celebérrimo Canto XLV expone mejor que ningún otro texto de
Pound, incluso los programáticos, su concepción del poder
corrosivo y desnaturalizador de la usura sobre la producción
artística y el trabajo en general: “La usura herrumbra el cincel
/ herrumbra al artesano y su artesanía / carcome el hilado en el
telar / nadie aprendió a tejer el oro en su molde; / la usura
gangrena el azur y deja el carmesí sin recamar / el esmeralda no
encuentra ningún Memling / la usura mata al niño en el útero /
aplaza el galanteo del muchacho / ha llevado la apatía al lecho,
yace / entre el recién casado y su desposada / CONTRA NATURA /
Han traído putas a Eleusis. / Los cadáveres se aprestan para el
banquete / por orden de la usura”. Esto escribía Pound en la
tercera recopilación de su segmentada obra mayor: A draft of
Cantos XXI-LII, de 1935. En ese mismo año, en Londres mismo,
publicaba este Jefferson y/o Mussolini que se acaba de traducir
al castellano por primera vez. Es la obra –por sobre todas las
cosas– no de un fascista (siempre lo negó) sino de un
norteamericano disconforme con la traición al sueño igualitario
de sus ancestros.La tesis del libro es simple y provocadora:
mutatis mutandis, el poeta que vive en Rapallo desde hace diez
años –y que vivirá otros tantos, hasta que se lo lleven
enjaulado– establece un paralelo entre el pensamiento de
Jefferson y Van Buren, arquetipos entre los padres fundadores de
la que siente desnaturalizada revolución norteamericana, y el
pensamiento y la acción económica y social del Duce. Pound parte
de la existencia de un enemigo común (y universal) en la
sociedad occidental contemporánea, el voraz capitalismo
financiero, y subraya los puntos en común de los que considera
patriotas y estadistas que piensan antes que nada en sus
respectivos pueblos. Tal cual su mirada. De política, de
regímenes de gobierno, ni hablar.
A menos de un lustro del estallido de la guerra que devastará a
Europa y pondrá a su patria frente a frente y armas mediante con
su país de elección, Pound aún cree que puede (y debe) ser
escuchado. Está (clínicamente) obsesionado. Ya ha hablado con el
Duce –patética situación...– como intentará hacerlo con
Roosevelt en 1939 sin resultado. Colocado en ese lugar de
profeta incomprendido, entrará en una espiral de desatinos que
lo llevarán a las transmisiones de Radio Roma, al facilismo
antihebraísta, a la desconexión paranoica.
La edición preparada por Domingo Arcomano está a la altura del
desafío. No es, no podría ser, una mirada académica sino
literalmente tendenciosa. Polémica pero exhaustiva, comentada
“del lado de Pound” y contra la “intelligentzia”, se trenza en
las polémicas abiertas desde siempre. Así, descalifica con vigor
y ligereza a los que señalan la mácula del antisemitismo de
Pound –caen desde Brodsky y Gelman en la volteada– y no pierde
oportunidad de establecer paralelos y referencias al contexto
nacional: como el viejo Ez, Arcomano se da el gusto y la osadía
ideológica de conjuntar circunstancias y pensamientos distantes,
al acoplar a Pound con Saúl Taborda, pensador argentino, unidos
por su “anticapitalismo filosófico”.
Las virtudes mayores de esta edición están, sin duda, en dos
aspectos poco frecuentes y que suelen tender al desborde: la
pasión por un lado; el cuidado de las notas y la prolijidad de
las referencias por otro. No queda nada sin aclarar ni nombre
propio o circunstancia sin ser explicada. Y eso se agradece.
Desde los ejemplares textos evocativos de James Laughlin -editor
de Pound en New Directions y amigo personal– reunidos en sus
Ensayos fortuitos que no disfrutábamos tanto con noticias del
Viejo Ezra.