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. El nacimiento del ángel
. Líder de la vanguardia

110309 - Piazzolla.org - Astor Pantaleón Piazzolla nace el 11 de Marzo de 1921 en Mar del Plata, Argentina, hijo único de Vicente Nonino Piazzolla y de Asunta Mainetti. En 1925, la familia se radica en Nueva York hasta 1936 con un fugaz retorno a Mar del Plata en 1930.

En 1929, cuando Astor tenía 8 años, su padre le regala su primer bandoneón que compra en una casa de empeños por 19 dólares. Estudia el bandoneón un año con Andrés DÁquila y realiza su primera grabación, Marionete Spagnol; un acetato (no comercial) producto de una intervención radiofónica en la Radio Recording Studio de Nueva York el 30/11/1931.

En 1933 toma clases de música con el pianista húngaro Bela Wilda, discípulo de Rachmaninov y del que más tarde dijera "Con él aprendí a amar a Bach". Poco después, conoce a Carlos Gardel que se hace amigo de la familia y con quién toma parte en una escena de la película El día que me quieras en el papel de un diminuto canillita. Esta imagen fílmica posee un valor emblemático en la historia del tango.

En 1936, retorna con su familia definitivamente a la Argentina, a Mar del Planta, en donde comienza a actuar en algunos conjuntos. Y allí hace su segundo gran descubrimiento después del Bach de Bela Wilda, al escuchar por radio al sexteto de Elvino Vardaro, quién años más tarde sería su violinista. Esa forma distina de interpretar el tango lo impacta profundamente y se convierte en su admirador. La inclinación de Astor por el tango y, en especial, por ese tipo de tango que comienza a prender con fuerza en su espírítu y en su ánimo, lo lleva a radicarse en Buenos Aires, en 1938. Tenía solo 17 años.

Alterna en diversos conjuntos de segundo orden hasta que en 1939 concreta su sueño: ingresar como bandoneonísta en una de las grandes orquestas de esos años, la de Aníbal Troilo Pichuco, que fue uno de los mejores intérpretes de bandoneón y a quién Astor reconoce como uno de sus maestros.

Astor siente la necesidad de avanzar musicalmente, y ya siendo el arreglador de la orquesta de Troilo, inicia en 1941 sus estudios musicales con Alberto Ginastera y más tarde, en 1943, estudia piano con Raúl Spivak.. En 1942 se casa con Dedé Wolff y de éste, su primer matrimonio, nacen sus dos hijos: Diana en 1943 y Daniel en 1944. Sus arreglos son demasiado avanzados para la época y terminaron por hacer que Troilo se los corrigiera para no espantar a los bailarines de las pistas.

En 1943, inicia sus composiciones de carácter "erudito" con la Suite para Cuerdas y Arpa y en 1944 deja la Orquesta de A. Troilo para dirigir la orquesta típica que acompaña al cantor Francisco Fiorentino hasta 1946, en donde forma su primera orquesta que disuelve en 1949. Con esta orquesta, de formación similar a las demás orquestas típicas de la época comienza a desarrollar su impulso creador con composiciones y orquestaciones con un mayor criterio armónico y dinámico. Ese tango, del joven y audaz director, más moderno y distinto empieza a provocar las primeras polémicas entre los tangueros clásicos.

En 1946 compone el tango El Desbande, considerado por Piazzolla como su primer tango por poseer una estructura formal diferente y poco después, comienza a componer música para películas.

En 1949 siente la necesidad de disolver la orquesta, apartarse del bandoneón, y casi del tango. Busca algo distinto, otro destino. Sigue estudiando a Bartok y Strawinski, estudia dirección orquestal con Herman Scherchen, escucha mucho jazz. Su búsqueda se hace obsesiva persiguiendo un estilo, una música que no tenga nada que ver con el tango. Todo era muy confuso y Astor decide abandonar el bandoneón para dedicarse a escribir y a profundizar sus estudios musicales. Tenía 28 años.

Entre 1950 y 1954 compone un grupo de obras, claramente distintas ya de la concepción del tango hasta ese momento, y en donde comienza a definir su estilo: Para lucirse, Tanguango, Prepárense, Contrabajeando, Triunfal, Lo que vendrá.

En 1953 presenta la obra Buenos Aires (Tres movimientos Sinfónicos) - compuesta en 1951- en el concurso Fabien Sevitzky. Piazzolla gana el primer premio y la obra es interpretada en la Facultad de Derecho de Buenos Aires por la Orquesta Sinfónica de Radio del Estado con el agregado de dos bandoneones y bajo la dirección del propio Sevitzky. Estalla el escándalo, por las peleas a trompadas que se desencadenaron al finalizar el concierto, debido a la indignación que provocó en cierto sector "culto" del público, la incorporación de dos bandoneones a una orquesta sinfónica.

Uno de los premios que ganó en este concurso, fue una beca otorgada por el gobierno francés para estudiar en París (adonde viaja en 1954), con Nadia Boulanger, considerada en aquellos tiempos como la mejor pedagoga que había en el mundo de la música. Al principio, Piazzolla trata de ocultar su pasado tanguero y de intérprete de bandoneón creyendo que su destino estaba en la música clásica. Este punto de conflicto queda resuelto después de sincerarse ante Boulanger y de interpretar para ella su tango Triunfal. De allí surge una recomendación histórica: "Astor, sus obras eruditas están bien escritas pero aquí está el verdadero Piazzolla, no lo abandone nunca".

Después de este episodio Piazzolla retorna al tango y a su instrumento, el bandoneón. Lo que antes era la música erudita o el tango, ahora ha de ser la música erudita y el tango, pero del modo más eficaz: tratar los recursos de la música erudita con la sangre del tango. En París, compone y graba una serie de tangos con una orquesta de cuerdas francesa y comienza a ejecutar el bandoneón de pié, apoyando una pierna sobre una silla, rasgo que va a caracterizar su puesta en escena.

Cuando Piazzolla vuelve a la Argentina (1955) continúa con la orquesta de cuerdas y además forma un conjunto, el Octeto Buenos Aires, que es el inicio de la era del tango contemporáneo. Con una formación de dos bandoneones, dos violines, contrabajo, cello, piano y guitarra eléctrica, produce innovaciones compositivas e interpretativas que van produciendo una ruptura con el tango tradicional, profundiza un criterio camarístico que se independiza del modelo clásico de la orquesta típica y donde no tienen lugar el cantor y el bailarín. Comienza su revolución solitaria y a ganarse la eterna enemistad de los tangueros ortodoxos, despertando en su contra las más impiadosas críticas. No se desalienta y sigue por el camino que siente más que nunca como suyo, pero los sellos y los medios le hacen un fuerte boicot. En 1958 disuelve el Octeto y la orquesta de Cuerdas y viaja a Nueva York a trabajar como arreglador.

//Jorge Luis Borges y A Piazzolla//

Entre 1958 y 1960 actúa en Estados Unidos, donde realizó la experiencia negativa del Jazz-Tango y donde a raíz de la muerte de su padre, en Octubre de 1959, escribe en Nueva York, su famoso Adiós Nonino. Al retornar, conformó el primero de sus célebres Quintetos, denominado Nuevo Tango (bandoneón, violín, bajo, piano y guitarra eléctrica). El Quinteto fue el conjunto que más perduró y el más querido por Piazzolla; la síntesis musical que expresó mejor sus ideas.

En 1963 estrena bajo la dirección de Paul Klecky: Tres Tangos Sinfónicos (Premio Hirsch) y en 1965 graba dos de sus discos más importantes: Piazzolla en el Philarmonic Hall de New York, que reproduce las obras del concierto con el quinteto en mayo de 1965 en ese sitio; y El Tango de valor histórico producto de su unión con Jorge Luis Borges.

En 1966 se separa de Dedé Wolff. En 1968 inicia su extensa labor con el poeta Horacio Ferrer con quien compone la "operita" María de Buenos Aires; comienza una nueva experiencia: el tango canción. En esa época inicia su pareja con la cantante Amelita Baltar.

En 1969, junto a Horacio Ferrer compone Balada para un loco, presentada en el primer Festival Iberoamericano de la Canción, donde se le concede un polémico segundo premio. Esta obra resultó su primer impacto realmente popular, estrenada por Amelita Baltar con el propio Piazzolla en la dirección de la orquesta.

En 1970, vuelve a París donde compone junto con Ferrer el oratorio El Pueblo Joven, cuyo estreno tiene lugar en Saarbruck (Alemania) en 1971 y en ese mismo año forma el Conjunto 9, actuando en Buenos Aires y en Italia donde graba varios programas para la RAI. Este conjunto fue como un gran sueño para Piazzolla: el conjunto de cámara que siempre quiso tener y donde produjo tal vez su música más elaborada, pero ante la imposibilidad de sostenerlo la realidad lo llevó a su disolución.

En 1972 se produce su primera actuación en el Teatro Colón de Buenos Aires, compartida con otras orquestas de tango. Y en 1973, luego de un período de gran producción como compositor, sufre un infarto que lo obliga a reducir su actividad artística.

Ese mismo año decide instalarse en Italia donde inicia una serie de grabaciones que cubren 5 años, siendo la más célebre Libertango, obra que debe ser considerada como su carta de presentación ante el público europeo.

En estos años forma el Conjunto Electrónico: un octeto constituido por bandoneón, piano eléctrico y/o acústico, órgano, guitarra y bajo eléctricos, batería, sintetizador y violín, que luego fuera sustituido por flauta traversa o saxo. Posteriormente en 1975 se incorpora como cantante José A. Trelles y alternan en el conjunto músicos argentinos y europeos. Este conjunto no tenía nada que ver con los anteriores, y algunos lo consideran como una aproximación al jazz-rock; pero según decía el mismo Piazzolla : "Ahí estaba mi música, tenía olor a tango y no a rock"

En 1974 se separa de Amelita Baltar. Ese mismo año graba con el saxofonista Gerry Mulligan un disco memorable: Summit, con una orquesta de músicos italianos. La música que Piazzolla compone para este disco se caracteriza por el tratamiento exquisitamente melódico del bandoneón y del saxo, sobre una base esencialmente rítmica. En 1975, muere Aníbal Troilo y en su memoria compone la Suite Troileana, obra en cuatro movimientos, que graba con el conjunto electrónico, con la participación de A. Agri en violín.

En 1976 conoce a la que sería su última mujer, Laura Escalada. En diciembre de ese mismo año se lleva a cabo un explosivo concierto en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, donde presenta su obra 500 Motivaciones, escrita especialmente para el conjunto electrónico. En 1977, registra otro memorable concierto en el Olympia de París, con un conjunto similar al anterior, pero con músicos de procedencia más cercana al rock. Esta es la última formación de carácter eléctrico. Piazzolla repentinamente deja de tomar como referencia la sonoridad internacional del tipo Chick Corea y a pesar de que el conjunto electrónico hacía buena música, no lo considera el verdadero Piazzolla. Nace entonces, en 1978, la segunda etapa del Quinteto, la que lo consolidó en los escenarios el mundo. También reinicia una etapa donde se dedica a las composiciones de carácter camarístico y sinfónico.

//A Piazzolla como canillita a la izquierda, junto a Carlos Gardel, en el centro, y a otros actores en el film "El día que me quieras"//

Los próximos diez años son los mejores de Piazzolla en cuanto a su difusión. Se intensifican las giras por todo el mundo: Europa, Sudamérica, Japón y Estados Unidos. En un período que llega hasta 1990, realiza una vertiginosa serie de conciertos, fundamentalmente con el Quinteto, y también como solista de orquestas sinfónicas y de cámara; y en los últimos años con su última formación, el Sexteto, y con Cuartetos de cuerda. Se realizan numerosas grabaciones en vivo de esos conciertos, editadas en CD. Este hecho confirma de algún modo algo que se ha dicho frecuentemente : la música de Piazzolla no existe si no es interpretada por él; lo físico es una característica de su estilo, al que podríamos definir como una estética del cuerpo en estado de música.

 

En 1982 escribe Le Grand Tango, para Cello y Piano dedicada al gran cellista ruso Mtislav Rostropovitch y que fuera estrenada por éste en 1990 en New Orleans y en Junio de 1983 se produce uno de los hechos más significativos de su vida: se presenta con un programa íntegramente dedicado a su música en el Teatro Colón de Buenos Aires, principal escenario de la música clásica de la Argentina. Para la ocasión reagrupa al Conjunto 9 y también interviene como solista con la Orquesta Sinfónica dirigida por Pedro I. Calderón, interpretando su célebre Concierto para Bandoneón y Orquesta.

En 1984 actúa con la cantante Milva, registrando el disco Live at the Bouffes du Nord y en Viena con el Quinteto donde graba el CD Live in Wien. En 1985 es nombrado Ciudadano ilustre de Buenos Aires y estrena el Concierto para Bandoneón y Guitarra : Homenaje a Lieja, con la dirección de Leo Brouwer en el Quinto Festival Internacional de Guitarra en Bélgica.

En 1986 recibe en París el Premio Cesar por la banda sonora del film "El exilio de Gardel" y graba junto a Gary Burton la Suite for Vibraphone and New Tango Quintet, en vivo en el festival de Jazz de Montreux, Suiza. En 1987 graba con la Orquesta de St. Luke's, dirigida por Lalo Schifrin, el Concierto para Bandoneón y Tres Tangos para Bandoneón y Orquesta.

El concierto que tiene lugar en 1987, en el Central Park de New York frente a un público masivo, posee para Piazzolla el valor de una reivindicación histórica. La ciudad donde pasó su infancia, donde quedó subyugado por la música de Bach y el Jazz y donde fracasó en 1958, finalmente le presta atención a su música. Los discos editados en USA en los últimos años de los 80's lo documentan : Tango Zero Hour, Tango Apasionado, La Camorra, Five Tango Sensations (con el Kronos Quartet), Piazzolla con Gary Burton, etc.

En 1988, pocos meses después de grabar el que sería el último disco con el Quinteto (La Camorra), es sometido a una operación de cuatro by-pass cardiovasculares. Poco después, a principios de 1989, forma el que sería su último conjunto: el Sexteto Nuevo Tango de características inusuales: dos bandoneones, piano, guitarra eléctrica, contrabajo y violoncello. Con este conjunto, en el mes de Junio de ese año se presenta en el Teatro Opera de Buenos Aires en el que seria su último concierto en Argentina y realiza un extensa gira por Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y Holanda.

A fines de 1989 disuelve este conjunto y continúa presentándose como solista con cuartetos de cuerdas y orquestas sinfónicas. Hasta que el 4 de Agosto de 1990, en París, sufre una trombosis cerebral. Después de casi dos años de sufrir las consecuencias de esta enfermedad, muere en Buenos Aires el 4 de julio de 1992.

Su obra, compuesta por más de 1000 temas, en la que consigue una singularidad creadora e insoslayablemente argentina, comienza a tener influencias sobre los mejores músicos del mundo y de distintos géneros, como el violinista Gidon Kremer, el chelista Yo-Yo-Ma, el Kronos Quartet, los pianistas Emanuel Ax y Arthur Moreira Lima, el guitarrista Al Di Meola, los hermanos Assad, y numerosas Orquestas de Cámara y Sinfónicas. Una obra que se caracteriza por su potencia estética y su rasgo único, casi solitario. No se parece a ninguna otra música: al escucharla estamos obligados a cuestionar los géneros y empezar por decir: esto es Piazzolla. Impacta y fascina. Se trata de un 'lenguaje' que ha conseguido un estilo inquebrantable. Con elementos dispares y rebeldes (el jazz, la música clásica, la exploración tímbrica) produce una obra única bajo el drástico pulso de su tango.

110309 - El nacimiento del ángel - Texto extraído del libro “Astor Piazzolla, su vida y su obra”. Autores: María Susana Azzi y Simon Collier. Editorial El Ateneo

Astor Piazzolla nació alrededor de las dos de la mañana del viernes 11 de marzo de 1921, en una casa ubicada en la calle Rivadavia 2527 de la ciudad de Mar del Plata, a tres cuadras de la catedral, lo llamaron Astor Pantaleón Piazzolla, único hijo de Vicente Piazzolla y de su esposa, Asunta Manetti. Los padres vivían en un cuarto alquilado que estaba en los fondos de la confitería La Marplatense. "Todos pensamos que era de muy buen augurio que un chico naciera en ese mundo confitado", diría más tarde la madre de Astor. Ese día había nacido el equivalente argentino de George Gershwin o Duke Ellington.

Mar del Plata no hace gala de una gran antigüedad. Declarada formalmente "ciudad" en 1874, su verdadera historia comenzó diez años más tarde, con la llegada del ferrocarril. Sus excelentes playas y su clima saludable comenzaron a atraer a partir de entonces a una creciente población veraniega, y los mejores arquitectos argentinos recurrieron a una encantadora mezcla de estilos en su mayor parte europeos, y la transformaron en el balneario más elegante y atractivo del hemisferio sur. Allí nació, alrededor de las dos de la mañana del viernes 11 de marzo de 1921, en una casa ubicada en la calle Rivadavia 2527, a tres cuadras de la catedral, Astor Pantaleón Piazzolla, único hijo de Vicente Piazzolla y de su esposa, Asunta Manetti.

Los padres vivían en un cuarto alquilado que estaba en los fondos de la confitería La Marplatense, de Ángela Bridarolli. "Todos pensamos que era de muy buen augurio que un chico naciera en ese mundo confitado", diría más tarde la madre de Astor. Una hermana de Asunta, llamada Argentina, cuidó a madre e hijo durante unos días después del nacimiento, hasta que aquella se sintió bien como para levantarse.

Los Piazzolla eran oriundos de Trani, localidad de Puglia, una región bastante pobre de la Italia meridional. El bisabuelo paterno de Astor, Ruggero, había sido marino, y su bisabuela Lucrezia Covelli, costurera. El hijo de Ruggero, Pantaleo, nacido el 30 de octubre de 1855, era también marino, y según la crónica familiar decidió emigrar luego de que su barco naufragara. Fue así uno de los centenares de miles de italianos que emigraron a la Argentina en la década de 1880, cuando alboreaba una era de espectacular prosperidad. (Cuarenta años más tarde, la Argentina ya era el séptimo país del mundo en orden de importancia por su riqueza.) Pantaleo cambió su nombre por Pantaleón y se instaló en Mar del Plata con su esposa Rosa Centofanti, con quien había contraído matrimonio en mayo de 1880. Allí trabajó como marino, pescador, bañero en la playa durante la temporada estival y portero de uno de los teatros de la ciudad. Era alto y rubio, y los marplatenses lo apodaron "el Holandés". Uno de sus aficiones era el tallado de madera, en lo cual era muy experto. Le transmitió esta habilidad a su hijo menor, Vicente, nacido en Mar del Plata el 12 de noviembre de 1893.

Llegado a la adultez, Vicente manejó un negocio muy popular, especialmente en verano. En 1921, respondiendo a una demanda generalizada en Mar del Plata, abrió una bicicletería; pero su verdadera pasión eran las motocicletas, que compraba y vendía. Le vendió una a Astor Bolognini, quien junto con sus hermanos Ennio y Remo estaba haciendo una brillante carrera como violinista en América del Norte. Ennio formó parte de la sección de primeros violines en la Orquesta Sinfónica Filarmónica dirigida por Toscanini; más tarde, Remo llegó a ser concertino de esa misma orquesta. El propio Astor tocó en la Sinfónica de Chicago. La amistad que trabó Vicente con Astor Bolognini fue el motivo de que le pusiera ese nombre a su hijo, quien nunca se sintió muy contento de llevarlo: mucho después le comentaría a su primera esposa que Astor sonaba más como un apellido que como un nombre de pila.

El abuelo materno de Astor, Luis Manetti, que según Enriqueta Bertolami, prima del músico, era "el calco de Astor", había emigrado junto con su esposa Clelia Bertolami desde la ciudad de Lucca, en la Toscana. Llegó a tener éxito como propietario de una quinta importante y aún se lo recuerda en Mar del Plata por haber plantado los árboles de la Plaza Mitre. La situación económica de los Manetti era algo mejor que la de los Piazzolla. La hija de Luis Manetti, Asunta, tenía cuatro años menos que su futuro marido, quien la cortejó durante su servicio militar; se casaron el 11 de octubre de 1918. En retrospectiva, Astor pensaba que habían tenido un matrimonio feliz. Los parientes marplatenses simpatizaban mucho con ellos. La prima segunda de Astor, Ana María Tiribelli, recuerda a Asunta como una mujer "muy amorosa, muy coqueta". Por su parte, Martín Piazzolla (hijo del hermano mayor de Vicente, Ruggero, nacido en Italia) la consideraba "una tía muy buena, muy servicial", y de Vicente dijo que era "un poco nervioso, pero muy bueno... muy trabajador". La hermana de Asunta, Argentina Manetti, aseveraba que los Piazzolla "eran muy inteligentes, todos... Y gente buenísima". Probablemente Astor heredó su temperamento del padre y su contextura física de la madre. Vicente era mucho más alto que su esposa; Astor medía en su adultez un metro setenta de estatura y en muchos aspectos su apariencia era la de un Manetti, aunque carecía de la nariz prominente típica de algunos varones de esta familia.

Años más tarde, la madre de Astor recordaba que de niño "era bueno como un pedazo de pan y nunca lloraba, pero dormía poco". De hecho, los primeros años de Astor fueron terriblemente complicados. Nació con un defecto en la pierna derecha, el pied-bot, por motivos que nunca quedaron bien en claro. A partir de su segundo año fue sometido a reiteradas operaciones quirúrgicas en el Sanatorio Marítimo del barrio de La Perla, con lo cual el problema se subsanó en parte. Los recuerdos más tempranos que Astor tenía de su infancia se referían a esas separaciones de su madre, a los dolores que debió soportar, a que él lloraba a mares. Le quedó para siempre una aversión por los hospitales. Asunta resolvió no tener más hijos, aunque los médicos le decían que no había motivos para ello. "Me hubiera gustado tener más", le confesó más adelante a su nuera.

Alberto Rodríguez Egaña, cirujano principal del Sanatorio Marítimo, fue el que llevó a cabo la última operación y no quiso cobrar por sus servicios. La pierna derecha de Astor quedó algo más delgada que la otra y dos centímetros más corta, pero fuera de eso era razonablemente normal. Sin embargo, esta leve deformidad física lo afectó a Astor toda su vida y siempre fue muy sensible al respecto. Odiaba que lo llamaran "rengo". Según él mismo recordaba, una de las consecuencias de todo esto fue que "a papá se le metió en la cabeza que yo tenía que ser algo grande... Él se propuso que yo hiciera todo lo que me prohibían, para salir adelante, para que no fuera un solitario o un acomplejado. Si me prohibían nadar, él me mandaba a nadar. Si me decían que no tenía que correr, él me mandaba a correr". Viene a la memoria el caso de otro artista, Lord Byron, nacido asimismo con una pierna defectuosa. El poeta W.H. Auden escribió en su "Carta a Lord Byron":

Your mother in a temper cried "Lame Brat!" Posterity should thank her much for that.
"¡Mocoso rengo!", tu madre te grita enfurecida, Tendría que estarle la posteridad agradecida.

Asunta no formaba parte de la clase alta inglesa y jamás se le habría ocurrido gritarle a Astor "¡Mocoso rengo!". De todos modos, la teoría de la creatividad relacionada con una infancia sufrida hoy carece de validez. Pero Vicente tenía razón: sin duda, su hijo llegó a ser algo grande.

 

110309 - Líder de la vanguardia - Texto extraído del libro “Astor Piazzolla, su vida y su obra”. Autores: María Susana Azzi y Simon Collier. Editorial El Ateneo

//Tapa del disco que grabara junto al saxofonista G Mulligan//


La Buenos Aires a la que regresó Piazzolla desde Nueva York se transformaba rápidamente en la década del sesenta. El fermento cultural de esta nueva década, muy dinámica en todas partes del mundo, implicaba un "espacio" potencialmente más amplio para artistas no convencionales como Piazzolla, y este no dudó en aprovecharlo...

El panorama político argentino permanecía incierto: el presidente Arturo Frondizi, elegido por sufragio popular en 1958, fue derrocado por los militares en marzo de 1962, y Arturo Illia, elegido en 1963, sufrió el mismo destino en 1966. Sin embargo, el país resultaba fortalecido por el flujo de inversiones extranjeras y nuevas inquietudes culturales. Mientras tanto, la música de Buenos Aires se veía alterada tanto por tendencias nacionales como internacionales: la música folclórica y el rock-and-roll importado le ganaban cada vez más terreno al tango, que años atrás había reinado supremo. El fermento cultural de esta nueva década, muy dinámica en todas partes del mundo, implicaba un "espacio" potencialmente más amplio para artistas no convencionales como Piazzolla, y este no dudó en aprovecharlo. "Los años sesenta fueron los más lindos que tuvo Buenos Aires", dijo en 1984.

El Instituto Di Telia de la calle Florida (que no duró mucho tiempo) fue un símbolo particularmente elocuente, con sus exposiciones y sus happenings, de la efervescencia cultural de este período, a la cual el propio Piazzolla hizo una reconocida contribución. Juan Carlos Copes señala que él significó para la Argentina "lo que [eran] los Beatles en el mundo". Si bien esta es una comparación exagerada, Piazzolla tuvo sin duda un respetable número de seguidores entre los jóvenes de clase media, que lo consideraban el símbolo de una liberación respecto de las normas culturales que por entonces muchos buscaban.

También la televisión cumplió aquí un papel. Poco después de su regreso, el Canal 9 lo invitó a hacer un programa llamado "Welcome, Mr. Piazzolla". Tanto allí como en algunas presentaciones en radio actuó con un quinteto en el que incluyó el vibráfono, señal de que la influencia de Nueva York no había desaparecido -aunque varias orquestas típicas, en especial la de Osvaldo Fresedo, ya habían utilizado ese instrumento antes-. Al poco tiempo, Piazzolla lo reemplazó por un violín. Sus presentaciones en televisión por Canal 11 en diciembre de 1961 y por Canal 7 al mes siguiente le dieron amplia difusión entre el público, y cada tanto volvería a la pantalla chica. La televisión contribuyó a convertir a Piazzolla en uno de los iconos culturales de la Argentina de los años sesenta.

Pero incluso los iconos culturales tienen que ganarse la vida, y los clubes nocturnos todavía continuaban dándole de comer. Los cambios sociales que se produjeron en Buenos Aires a mediados de siglo implicaron que los cabarets de categoría de años anteriores fueran desapareciendo. El Tibidabo cerró en 1955, el Marabú en 1968. Los nuevos clubes nocturnos que los reemplazaron en la década del sesenta, más chicos, estaban menos destinados a bailar que a escuchar música, ya se tratara de jazz, folklore o tango.

Los que favorecían el tango fueron muy pronto denominados "tanguerías". Gran parte de su clientela estaba constituida por profesionales, intelectuales y estudiantes universitarios; estaban hechos a la medida de Piazzolla. Los fanáticos del tango convencional no se acercaron de inmediato a las tanguerías, preferían las grandes orquestas que habían sobrevivido a la "época de oro", como las de Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Juan D'Arienzo o Alfredo De Angelis, y otras que continuaban actuando en teatros. Troilo, en particular, siguió siendo un ídolo popular como nunca lo sería Piazzolla. Los conservadores adoraban a Troilo. Su actitud hacia Piazzolla era ambigua o directamente hostil y virulenta.

Una vez más, pues, Piazzolla no pudo eludir las controversias: la guerra entre piazzollistas y antipiazzollistas recomenzó. El espíritu combativo del propio Piazzolla a veces agregaba leña al fuego. En abril de 1962, en los estudios de Canal 7 enfrentó a Jorge Vidal, un cantante de tango cuyo estilo "arcaico" le resultaba abominable; los dos hombres se fueron a las manos y fue difícil separarlos. Episodios como estos eran inevitablemente comentados por la prensa. Piazzolla provocaba: daba que hablar.

En mayo de 1965, la importante revista política argentina Primera Plana le dedicó la tapa. Toda publicidad es buena, como le había dado a entender Fabien Sevitzky esa ruidosa noche de 1953 en que estrenó la obra sinfónica en tres movimientos, Buenos Aires. Sin embargo, como había sucedido con el Octeto, todavía había muchos actos de hostilidad hacia él que no cobraban estado público. Su amigo Mario Antelo recuerda que en los años sesenta muchos taxistas se negaban a llevarlo "porque usted destrozó el tango", le decían. Daniel Piazzolla (su hijo) fue asimismo testigo de escenas de ese tipo, pero también de otras en que los taxistas no querían cobrarle: "Maestro, por favor, me ofende...". Piazzolla a veces discutía con los taxistas más recalcitrantes, y su argumento -como le comentó al músico brasileño Oscar Castro-Neves en 1968- era: "Vos podes decir que mi música no es tango, pero no podes decir que no es argentina".

Sin inmutarse en absoluto ante la hostilidad, Piazzolla estaba más resuelto que nunca a promover su propia revolución, el camino que había intentado abrir con el Octeto. A comienzos de los años sesenta un empresario le propuso que reconstituyera la orquesta de 1946 (sus grabaciones se habían reeditado recientemente) a fin de tocar en Rosario para el Carnaval, y le ofreció dos millones y medio de pesos en concepto de honorarios (25.000 dólares). "Gracias, pibe", le contestó impertérrito Astor, "pero estoy en otra cosa".

//A Piazzolla junto a sus padres, Vicente Nonino Piazzolla y Asunta Mainetti//

Lejos estaba de permanecer pasivo ante las controversias que se suscitaban a su alrededor. Le encantaba tratar de educar a los periodistas. A uno de ellos le dijo en abril de 1961 que su obra reflejaba "un Buenos Aires distinto, con problemas nuevos, más activo, más difícil" y a otro le describió su música como "la auténtica expresión musical de este tiempo".

Si era atacado personalmente en la prensa, Piazzolla pegaba duro. Cuando el poeta lunfardo Julián Centeya lo criticó, dijo que sus poemas eran "lamentables". Años más tarde integró una mesa redonda con Centeya y lo denigró sin reparos: "Hablando de cultura, usted cállese la boca". Cada vez que se le presentaba la oportunidad, defendía su revolución musical en foros públicos.

En los primeros meses de 1961 pronunció varias charlas invitado por el Círculo de Amigos del Buen Tango -una especie de imitación porteña del Club de la Guardia Nueva de Montevideo-, en una de las cuales criticó a los músicos Horacio Salgan y Enrique Mario Francini por permitir que su arte se estancara. Su amigo parisino Edouard Pécourt, que en ese momento visitaba entusiasmado Buenos Aires por primera vez, estaba presente y recuerda el vigor con que Piazzolla defendió su posición. Astor tenía bien claro cuál era su mensaje. El tango, dijo, no debía limitarse "al canon de una permanente tradición". Era hora de arrojar por la borda los estereotipos del tango canción de antaño -"el farol, el pañuelo, la daga y el lamento estéril"-.

En una reunión similar realizada en octubre de 1961, hizo escuchar una grabación de su tango "Lo que vendrá" (que fue aplaudida) y se burló de los tradicionalistas: "Todo evoluciona menos el tango. En Brasil la Bossa nova barrió con toda la música anterior, y ellos ahora son muchos. Aquí la cosa es desigual porque nadie se atreve a romper los tabúes. Es la típica actitud argentina: No te metas...” Estalló una feroz discusión. Luis Adolfo Sierra salió en defensa de Piazzolla. Un joven gritó: "¡La juventud está con Piazzolla!". Lo estaba. Y no sólo la juventud, sino un número creciente de los no tan jóvenes.

 


 

 

 

 

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