|
Nació en México (Mixcoac) el 31 de marzo de 1914
Octavio Paz Lozano. Este conocido poeta y ensayista, pasó su niñez
muy vinculado a la biblioteca de su
abuelo Ireneo Paz. Publicó sus primeros poemas en el diario El
Nacional y en la revista Barandal cuando tenía 17 años. Estudió en la
facultad de Derecho de la UNAM y una vez terminados sus estudios
universitarios, decidió dedicarse a la literatura.
En 1933 se publica su primer poemario, " Luna silvestre " . Al que
siguieron: ¡No pasarán! (1936), " Raíz del hombre " y " Bajo tu clara
sombra y otros poemas sobre España " (1937), "Entre la piedra y la
flor " (1941); varios de ellos recogidos en " A la orilla del mundo "
(1942).
Contrae matrimonio con la escritora Mexicana Elena Garro en 1937 y en
este mismo año asiste junto con su esposa al Congreso de Escritores
Antifascistas en Valencia
(España). De regreso en México participó en la fundación de El
Popular, periódico de la izquierda mexicana. En 1942 conoce a Victor
Serge, Benjamin Péret y a Jean Malaquais, intelectuales que ejercieron
una influencia importante en la evolución de sus ideas políticas.
Le otorgan una beca Guggenheim con la cual tiene la posibilidad de
vivir durante un año en Estados Unidos Durante su estancia en Estados
Unidos profundiza en s la poesía del modernismo angloamericano
(1943-1945), al tiempo que ingresa al Servicio Exterior Mexicano
(1944) y cumple misiones diplomáticas en los Estados Unidos
(1944-1945).
Debido a su trabajo con el Servicio Exterior Mexicano y es enviado a
París en 1945 donde permanece hasta 1951. A través del poeta
surrealista Benjamín Péret conoce a André Breton. Se hace amigo de
Albert Camus y otros intelectuales europeos e hispanoamericanos del
París de la Posguerra. Cuando regresó a México inició una intensa
actividad cultural traducida en la fundación de las revistas Taller
(1939) y El Hijo Pródigo (1943) y en la creación de grupos artísticos
y teatrales.
Durante la década de 1950 publica tres libros fundamentales: "Libertad
bajo palabra" (1949), considerado por el propio Paz su "verdadero
primer libro"; " El laberinto de la soledad " (1950), retrato personal
en el espejo de la sociedad mexicana; ¿Águila o
sol? (1951), libro de prosa de influencia surrealista.
Durante 1952 y 1953 estuvo con el Servicio de Relaciones Exteriores
entre Nueva Delhi, Tokio y Ginebra. Cuando regresa a México donde le
es concedida una beca de El Colegio de México para escribir un ensayo
sobre la experiencia y la revelación poéticas, titulado más tarde " El
arco y la lira " (1956), su esfuerzo más riguroso por elaborar una
poética.
En 1954 publica " Semillas para un himno ". Toma parte en la aventura
teatral Poesía en Voz Alta, iniciada en 1956, al lado de Juan José
Arreola, Juan Soriano, Elena Garro, Leonora Carrington, entre otros.
Por esta época se divorcia de Elena Garro. De este periodo es la obra
dramática " La hija de Rappaccini "(1956). También es nombrado
director de Organismos Internacionales del Servicio Exterior Mexicano
(1956). En 1957 publica el libro de ensayos " Las peras del olmo ",
donde se incluye el legendario estudio " Poesía de soledad y poesía de
comunión". En este mismo año ve la luz su gran poema " Piedra de sol "
(1957), y los libros de poesía " La estación violenta "(1958), mundo
deslumbrante y telúrico, identificado con el espíritu del autor y
expresado en un lenguaje de gran violencia expresiva, que debía tanto
al surrealismo como a la mitología azteca. Éstas y otras obras fueron
recogidas en 1960 en Libertad bajo palabra que junto con el ensayo "
El laberinto de la soledad "(1950), conformaron una reflexión sobre
las raíces espirituales mexicanas. Publica en 1962 " Salamandra "
(1962).
Su labor como embajador continúa en la India entre 1962 y 1968. Su
estancia en este país se refleja en su literatura. Publica sus libros
de poesía con influencia oriental: " Viento entero "(1965), " Blanco "
(1967), " Discos visuales " (1968), "Ladera este " (1969). En este
periodo publica sus reflexiones sobre los poetas López Velarde, Darío,
Pessoa y Cernuda en el volumen Cuadrivio, así como los libros de
ensayo: " Los signos en rotación " (1965), " Puertas al campo "
(1966), " ClaudeLévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo ", " Corriente
alterna " (1967), " Marcel Duchamp o el castillo de la pureza " (1968)
y " Conjunciones y disyunciones " (1969), importante revisión de los
usos y costumbres en Oriente y Occidente. Todos estos libros muestran
el crisol de sus intereses: la poesía experimental y la antropología,
Japón y la India, el arte mesoamericano, la política y el estado
contemporáneos. En esa época contrae matrimonio con Marie José Tramini.
En 1968 renunció a su puesto de embajador en la India debido a los
asesinatos cometidos por el Gobierno de México, el 2 de octubre de ese
año, cuando cargó el Ejército contra manifestantes universitarios.
Viaja a Inglaterra, donde es profesor invitado de la Universidad de
Cambridge (1970-1971). Por entonces publica su ensayo Posdata (1970),
que contiene su revisión del 68 mexicano a través de "Olimpiada y
Tlatelolco" y "Crítica de la pirámide", y los libros de poesía "
Topoemas " (1971) y " Renga " (1972). Nuevamente en México, funda con
otros intelectuales Plural (1971-1976), y más tarde, Vuelta
(1976-1998), revistas primordialmente literarias y artísticas "pero
abiertas al aire del tiempo, atentas a los problemas y temas de la
vida y la cultura de nuestros días, sin excluir a los asuntos
públicos".
En la década de los 70' destacan los libros de ensayo " El signo y el
garabato " (1973), " Los hijos del limo: del romanticismo a la
vanguardia" (1974) y el volumen donde recoge sus traducciones de
poemas del inglés, francés, portugués, sueco, chino y japonés: "
Versiones y diversiones " (1974). En 1975 publica el libro de poesía
Pasado en claro, suerte de itinerario biográfico y poético, y en 1976
Vuelta, que incluye el esencial poema "Nocturno de San Ildefonso". De
1978 es el volumen El ogro filantrópico: historia y política
1971-1978, y de 1979 sus reflexiones sobre literatura y poesía que
llevan por título In/Mediaciones.
En los 80' destacan el fundamental estudio sobre Sor Juana Inés de la
Cruz o las trampas de la fe (1982), " Sombras de obras ", " Tiempo
nublado " (1983), " Hombres en su siglo y otros ensayos " (1984), el
volumen que recoge sus principales entrevistas y conversaciones:
Pasión crítica (1985). En 1987 aparece Árbol adentro, último libro de
poemas publicado en vida del autor, contiene la imprescindible "Carta
de creencia". De 1988 es la edición de sus primeros escritos en prosa:
" Primeras letras " (1931-1943) y de 1989 el compendio de su poesía
reunida: " Obra poética (1935-1988) ".
En la década de los noventa continúa la publicación de libros de
ensayo sobre poesía, política e historia ( " La otra voz: Poesía y fin
de siglo " ; " Pequeña crónica de grandes días", 1990; " Convergencias
", 1991; " Al paso ", 1992; " Itinerario ", 1993). Mención aparte
requieren sus estudios " La llama doble: Amor y erotismo ", " Un más
allá erótico: Sade " (1994) y " Vislumbres de la India " (1995).
La obra de Octavio Paz ha sido reconocida internacionalmente y
muestra de ellos son los múltiples premios obtenidos por este escritor
entre los que hay que destacar: Premio del Festival de Poesía de
Flandes (1972), el Premio Jerusalén de Literatura (1977), el Gran
Águila de Oro del Festival Internacional del Libro (Niza, 1979), el
Premio Miguel de Cervantes (1982), el Internacional Menéndez Pelayo
(1987), el Premio Alexis de Tocqueville (1989), el Premio Nobel de
Literatura (1990) (siendo el primer primer mexicano en ser distinguido
con el premio Nobel), el Premio Príncipe de Asturias (por la revista
Vuelta, 1993) y la Gran Cruz de la Legión de Honor de Francia (1994).
En Ciudad México el 19 de abril de 1998 muere a los 84 años de edad
una de las figuras intelectuales de mayor renombre y uno de los
grandes poetas de la lengua castellana
Biografía de Octavio
Paz
Fuente Enciclopedia de México
Nació en Mixcoac, Ciudad de México, en 1914; murió en la misma
ciudad el 19 de abril de 1998. Desde su temprana juventud ha hecho
trabajos de literatura. En 1937 viajó a España. Con
Efraín Huerta y otros fundó en 1938 la revista de poesía y crítica
Taller, que agrupó a los escritores jóvenes y publicó
traducciones de algunos textos importantes de la poesía universal
moderna. En 1940, en compañía de Octavio G. Barreda,
Xavier Villaurrutia,
Alí Chumacero y otros, participó en la fundación de la revista
El Hijo Pródigo. Recibió la beca de la Fundación Guggenheim en
1945. Ingresó al Servicio Exterior y vivió en París de 1946 a 1952,
donde participó en las actividades del movimiento surrealista. Con
Leonora Carrington, Juan Soriano y Juan José Arreola organizó el grupo
de teatro Poesía en Voz Alta. En 1959 regresó a París. En 1962 fue
nombrado embajador ante el gobierno de India, cargo al que renunció
como protesta por la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968. De
1971 a 1976 dirigió la revista Plural, desde 1976 hasta su
muerte dirigió la revista Vuelta. En 1990 recibió el
Premio
Nobel de literatura.
De los escritores nacidos después de 1914, ninguno posee, como él,
la capacidad necesaria para establecer contacto con el lector a través
de los distintos géneros que practica. Al leer sus poemas, se olvida
el ámbito de la costumbre y se ingresa en el del asombro de vivir.
Entre Paz y los poetas anteriores existen, por lo menos en apariencia,
diferencias que de tan mayúsculas dan la impresión de rupturas (de
todos ellos, sólo
Tablada y
Pellicer son poetas de su misma familia). A partir de sus primeros
poemas, el tono y la actitud dan la espalda a las maneras
tradicionales de escribir poemas: rompe con la mesura, con la fineza,
con la técnica de trabajar el poema como si fuera una miniatura, con
el tono crepuscular y la gris tristeza autóctona. Poeta de todas las
horas, quizá prevalezca en sus poemas la madurez del día, madurez
gozosa que se identifica con el encuentro y el abrazo nupcial de la
pareja. Paz es el poeta de las nupcioas: en sus textos líricos copulan
el cielo y la tierra, el hombre y la mujer, los animales, los astros,
las plantas, las palabras, y copulan alegre y satisfactoriamente. El
amor (el erotismo) es, entre las formas de aprender y comprender, la
más lúcida y la más válida, quizá la úica. Y a través de ella, Paz
descubre y puebla un mundo en el que el hombre y la mujer luchan , se
despedazan y surgen nuevamente de sus cenizas. Su erotismo abarca,
incluso, al lenguaje; para él existen palabras masculinas y palabras
femeninas, y de su conjugación nace el poema. Es más, en numerosos
poemas suyos aparecen versos varones y versos hembras: colocados unos
después de otros, su proximidad se vuelve explosiva. Esta técnica
(porque en el fondo se trata de una técnica) le permite obtener que
los efectos exasperantes se tornen lujuriosos y, después, cumplido el
rito del amor, se vuelvan plácidos y tiernos. Satisfecho el deseo, a
la compañía sucede la soledad, como a la noche el día.
El Paz de los libros recientes no difiere esencialmente del Paz de
la adolescencia y los inicios de la madurez. Poeta de una gran
sabiduría, hace creer al lector que los versos llegan a él por arte de
magia. Sin embargo, la explicación es sencilla: Paz es un poeta en
estado de gracia. A sus más de ochenta años, aún contempla el mundo
con asombro. La frescura y la novedad son sus compañeros inseparables.
El Paz ensayista no desmerece ante el poeta: libros como El arco y
la lira o El laberinto de la soledad, por ejemplo, figuran
entre las obras más sólidas y bellas escritas no sólo en México sino
en lengua española.*
La traducción de los poemas al inglés proviene de The Collected
Poems of Octavio Paz, 1957-1987, editado por Eliot Weinberger. La
traducción francesa de "Piedra de sol" que aquí se presenta proviene
de Liberté sur parole, Editions Gallimard, París, 1971, la
traducción es de Benjamin Péret, quien la publicó por vez primera en
1966. "Toucher", proviene de D'un mot á l'autre, traducción de
Jean-Claude Masson, Galimard, París, 1980. "Fraternité" y "Entre s'en
aller et rester", L'arbre parle, traducción de Frédéric Magne,
Gallimard, París, 1990
Octavio Paz. El
hombre y su obra
Patricio
Eufraccio Solana
Fuente Proyecto
Ensayo Hispánico
|
Nota introductoria
Escribir
un estudio introductoria sobre la totalidad de la obra de un
poeta y ensayista de la talla de Octavio Paz, siempre resulta
ser una tarea imposible. De ahí que necesariamente, los intentos
de esta naturaleza terminan siendo un recorrido incompleto,
parcial, de la vida creativa de estos seres. La intención del
actual trabajo no es la de abarcarlo todo. El presente estudio
se circunscribe a una parte de la obra ensayística de Octavio
Paz y pretende mostrar al lector algunos aspectos de sus ensayos
que he encontrado a través de los años dedicados a estudiarlo.
Unos años antes de su muerte y a partir de ella,
la figura y, sobre todo, la obra de Octavio Paz está tomando su
dimensión real en la poesía, el ensayo y la intelectualidad
mundial del siglo XX. Trabajos como el actual pretenden
contribuir a esa tarea.
Breve semblanza
Octavio Paz es el poeta mexicano más prestigiado y
controvertido de la segunda mitad del siglo XX. Nace en la
ciudad de México en 1914, cuando el país se encuentra en plena
lucha revolucionaria. Pasa parte de su niñez
en los Estados Unidos y en su vida adulta vive en Francia y la
India debido a su actividad como diplomático mexicano. Es
galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1990. Muere en
la ciudad de México en abril de 1998.
Su vida familiar se polariza entre dos figuras: su abuelo
Irineo Paz, escritor, intelectual y allegado al gobierno de
Porfirio Díaz y, su padre, Octavio Irineo Paz, simpatizante de
la Revolución Mexicana y cercano a Emiliano Zapata.
La vida y la obra de Paz fueron y son motivo de atención y
crítica.
En sus primeros años, los libros de Octavio Paz fueron
alabados en forma casi unánime. Aún hoy, el llamado "primer Paz"
es considerado por algunos críticos como el mejor. En contraste,
para otros autores la obra de su madurez es la que lo define
como gran poeta y ensayista. La crítica, en general, se ha
centrado en algunos de sus libros como los ensayos El
laberinto de la soledad y El arco y lira y los libros
poéticos Libertad bajo palabra, Ladera Este, y
El mono gramático. Aún está por realizarse el estudio
sistemático de su obra conjunta. Salvo excepciones como El
laberinto de la soledad y Libertad bajo palabra, es
pobre la difusión de sus libros. Todavía hoy no es posible
contar con la edición total de sus Obras Completas.
Paz y su siglo
El historiador y ensayista Enrique Krauze, uno de los más
avanzados discípulos de Octavio Paz, lo ha definido como
hombre de su siglo. Esta definición, aplicable a más de uno
de los intelectuales del siglo XX, puede entenderse en varias
formas; como hombre cuya vida inicia y termina en este periodo o
bien, como un intelectual que dedicó su esfuerzo reflexivo y
creador a escribir sobre el siglo XX y los hombres y mujeres que
lo habitaron; o, también, como un crítico que analiza con
elementos perspectivos de este siglo las creaciones de siglos
anteriores. Para el caso de Octavio Paz caben estas tres
posibilidades interpretativas de la definición de Krauze, puesto
que vivió y nació en este siglo, también dedicó la mayor parte
de su obra reflexiva crítica (con excepciones como el libro
Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, y sus
ensayos sobre algunos clásicos como Quevedo), a ensayar sobre
temas y personajes de este siglo; y, asimismo, a reflexionar,
con la mirada del Siglo Veinte, sobre acontecimientos y autores
del pasado.
La posición crítica de Octavio Paz, equilibrada entre la
tradición y la ruptura, se presenta para algunos autores como el
arquetipo intelectual de este periodo. Como ejemplo de esta
visión está la española Fanny Rubio, para quien Octavio Paz es
el gran intelectual, sin par en su momento, en lengua española;
en contrapunto, para otros autores como el mexicano Antonio
Alatorre, Paz representa el prototipo del anti-intelectual,
más preocupado por su persona que por su pensamiento.
A partir de su ensayo El laberinto de la soledad,
publicado al mediar el siglo, Octavio Paz se convierte en una
voz buscada y escuchada en México. Pero su obra no se inicia en
los años cincuenta del siglo XX, sino antes.
Si hemos de atender a sus palabras, Octavio Paz escribe
poesía desde niño y reflexiones de tipo ensayístico desde la
adolescencia. Un recorrido a través de su obra necesariamente
habría que dividirlo en varias etapas y géneros. En cuanto a las
primeras, deben considerarse las etapas juveniles en las que
gravita alrededor de revistas literarias como Barandal y
Taller, y, en su madurez, en publicaciones como el
suplemento cultural Plural (del periódico Excélsior)
y la revista Vuelta, de la que fue su fundador y director
hasta el final.
En cuanto a los géneros literarios, su obra se desarrolla en
la poesía y el ensayo. Escribió una pieza teatral, La hija de
Rappacinni, que el propio Paz denomina como "poema
dramático".
El primer Paz
Enrico Mario Santi recopila los primeros escritos de Octavio
Paz, en un libro titulado Primeras letras (1931-1943)1.
Es un periodo que abarca una veintena de años de gran
importancia en la vida literaria de Paz, pues en estos textos se
encuentra ya la simiente de algunos de sus ensayos más logrados
y famosos. El caso más notable lo constituye el texto Poesía
de soledad y poesía de comunión, fechado en 1943 en la
ciudad de México, y que se constituye en el antecedente del
ensayo El arco y la lira; primero de la trilogía2
en donde Paz expone su poética.
El Paz de Primeras letras, es un joven impetuoso,
combativo y, por momentos, irreverente, que anda en busca del
tono y sentido de su voz. Un dato relevante de este libro es que
algunas de las inquietudes intelectuales tratadas en sus días
juveniles (la crítica pictórica y poética, el Ser del mexicano y
la política), se constituirán en los grandes temas de sus años
de madurez. De ahí que en las páginas de Primeras letras
logren hallarse las primicias de estos temas.
Primeras letras se realizó bajo la mirada crítica del
propio Paz. Enrico Mario Santi revela en el prólogo su intención
primaria de incluir todo el material que había hallado, sin
embargo, al discutirlo con Paz, éste decidió excluir algunos de
los textos y revisar otros más3.
La temática de Primeras letras se concentra en tres
vertientes: la crítica literaria y poética de los autores que
está leyendo en esos momentos (como Carlos Pellicer o Quevedo);
la búsqueda del Ser de mexicano, y sus inquietudes
intelectuales personales, como el erotismo (Sade: un más allá
erótico) o la teoría poética (Poesía de soledad y poesía
de comunión).
El contexto en que se enmarca esta etapa creativa de Octavio
Paz, coincide con varios sucesos y circunstancias como: el
momento más brillante del grupo poético mexicano
Contemporáneos; el contundente influjo de Alfonso Reyes en
el mundillo intelectual de México; el sonado impacto del libro
de Samuel Ramos: El perfil del hombre y la cultura en México;
la efervescencia intelectual del mundo hispánico como
consecuencia de la Guerra Civil Española, y su matrimonio con
Elena Garro.
Este primer Paz ensayista, encuentra su correspondiente
poético en los libros: Luna silvestre (1933); ¡No
pasarán! (1936); Raíz del hombre (1937); Bajo tu
clara sombra y otros poemas sobre España
(1937), y A la orilla del mundo (1942).
En 1945 se irá a París como funcionario menor de la Embajada
mexicana.
Paz en su laberinto
de liras, peras y otredades
Al publicarse en 1950 El laberinto de la soledad,
Octavio Paz alcanza fama y reconocimiento nacional y se inicia
su ascenso internacional. Este libro es heredero indiscutible de
la labor que realiza el grupo Hiperión de filósofos
mexicanos a finales de la década de los cuarenta de este siglo,
sobre la Identidad y el Ser del mexicano o , como ellos llamaban
a su trabajo: "La búsqueda de una filosofía mexicana auténtica".
En los ensayos que forman El laberinto de la soledad,
se evidencia una creciente madurez prosística de Paz y una
definición, casi total, de su discurso narrativo. En estos
momentos Paz es ya un hombre que se acerca a los cuarenta años
de vida, con un caudal poético de varios libros y una
trayectoria modesta, pero sólida, como crítico.
La temática del libro no es, de ninguna manera, original, ni
para esa época ni, muchos menos, para el momento actual, sin
embargo, aún en nuestros días resulta deslumbrante la forma en
que son tratados algunos de los sub
temas, como el relativo a las máscaras con las que el
mexicano se resguarda del mundo. Son los años
en que Paz se manifiesta con un gran deseo y pujanza creativa.
El laberinto de la soledad, marca el inicio de sus libros
ensayísticos integrales que se caracterizarán por la elección de
un tema para reflexionarlo en sus diferentes facetas. Esta
característica se ahondará en la trilogía poética que inicia con
El arco y la lira y Los signos en rotación4,
continúa con Los hijos del limo y termina con La otra
voz.
Así como en El laberinto de la soledad el ser del
mexicano es lo central de la reflexión, en El arco y la lira
y sus dos ensayos complementarios, la reflexión versa alrededor
de la poesía, el fenómeno poético y el poema.
El arco y la lira se publica a mediados de la década de
los cincuenta. A la escritura de este libro le preceden dos
estadías en sendos países orientales: la India y el Japón. Al
primero de ellos regresaría más tarde como embajador. Estas
estancias, a decir del propio Paz en su libro Vislumbres de
la India, son ricas en experiencias de vida y de copiosas
lecturas. Se gestan en estos años los libros de poesía
Semillas para un himno y Piedra de sol.
El arco y la lira inicia a Paz en un campo nuevo: la
teoría crítica. El libro se fundamenta en tres preguntas que Paz
se hace sobre la poesía: "¿hay un decir poético —el poema—
irreducible a todo otro decir?; ¿qué dicen los poemas?; ¿cómo se
comunica el decir poético?".
El arco y la lira representa uno de los textos más
controvertidos de Octavio Paz. Desde su aparición es motivo de
análisis acucioso ya que se trata de un texto en el que un poeta
reflexiona teóricamente sobre la poesía y la propone como una
forma de vida. Esta óptica Paz la ha asimilado de la corriente
surrealista de André Breton. En el continente europeo el
surrealismo era algo maduro, pero en América apenas comenzaba a
dar frutos. De ahí que el libro levanta polémica sobre sus
conceptos. En esos momentos México es un país con incipientes
aspiraciones cosmopolitas y los creadores ávidos de
internacionalismo encuentran en Paz a su representante. La
publicación de El arco y la lira coloca nuevamente a Paz
en el centro de la vida intelectual de México. A partir de ese
momento, conceptos como tiempo, ritmo, origen
y , sobre todo, otredad, quedan ligados a Paz.
Durante 1957 Paz publica un libro más de poesía: La
estación violenta, y el ensayo: Las peras del olmo.
Las peras del olmo es una compilación de la actividad que
Paz ha desarrollado en el periodismo literario. En la
advertencia a la primera edición aclara: "Durante más de quince
años —aunque nunca de manera continua— he practicado en diarios
y revistas el periodismo literario y artístico. Los textos
reunidos en este volumen son una selección de esa labor".
Éste es un libro editado como consecuencia de la fama
renovada que le acarreó El arco y la lira. Se compone de
dos partes, la primera dedicada a la poesía mexicana y, la
segunda, titulada Otros temas, agrupa una variedad de
reflexiones disímbolas tanto en las fechas en que son escritas
como en la temática tocada5. Tres elementos
destacan en este libro: 1) la aparición de un breve ensayo sobre
Sor Juana Inés de la Cruz, en el que se encuentran los esbozos
de lo que será el extenso ensayo, Sor Juana Inés de la Cruz o
las trampas de la fe, sobre la poeta monja del barroco
mexicano, 2) la publicación del texto antecesor de El arco y
la lira, titulado Poesía de soledad y poesía de comunión,
y 3) el que la variedad temática de la segunda parte incluye
crítica pictórica, en este caso sobre Rufino Tamayo y Pedro
Coronel; una aproximación a la literatura oriental en Tres
momentos de la literatura japonesa, y un texto sobre el
cineasta surrealista Luis Buñuel, en el que Paz asegura que los
filmes La edad de oro y El perro andaluz: "señalan
la primera irrupción deliberada de la poesía en el arte
cinematográfico".
En estos años (1956), publica su única pieza teatral: La
hija de Rappaccini. La obra se basa en un cuento homónimo,
Rappaccini’s Daugther, de Nathaniel Hawthorne, publicado
en el libro Moses From an Old Manse en 1846. El cuento de
Hawthorne, considerado por Nedda G. De Anhalt, como un brillante
estudio sobre la locura y la maldad, se basa, a su vez, en un
relato originalmente escrito en francés: Beatrice: où la
Belle Empoisonneuse, de M. de l’Aubépine, que, asimismo,
proviene de una leyenda india.
Según apunta Anhalt, tanto el cuento de Hawthorne como la
pieza teatral de Paz, conservan los elementos del relato
francés, en el que un joven italiano, Giovanni Guasconti, llega
a Padua para continuar con sus estudios, alojándose en una
habitación de un antiguo palacio que mira hacia el jardín de
Rappaccini, por donde pasea Beatriz. El amor surge entre ambos
jóvenes que, con tal de conservarlo, se disponen a retar a la
muerte. En la obra de Paz, al final sólo Beatriz llega al
sacrificio amoroso, pues el joven, llamado aquí Juan, traducción
castellana de Giovanni, desiste a la muerte. En la última
escena, Rappaccini y Juan lloran por distintas razones la
pérdida de Beatriz. El amor, uno de los temas centrales de la
poesía de Paz, aparece en la obra como algo no consumado por el
temor de uno de los amantes a la integración total y definitiva
con el otro; condición esencial de los amores trágicos y, por
ello, heroicos.
En 1959, aparece la segunda edición de El arco y la lira,
a cargo del Fondo de Cultura Económica. Esta nueva edición ha
sido revisada minuciosamente por Octavio Paz, quien le suprime
algunas partes y le añade otras. En esta revisión y pulimento
del texto se privilegia lo poético del discurso ensayístico. En
comparación, la segunda edición y subsecuentes, seducen y
encantan más al lector. Como un hábil y amoroso maestro
jardinero, Paz limpia la copa y tronco del árbol ensayístico. El
resultado es notable.
El final de los años cincuenta se presentan para Paz radiante
y de buen augurio para su regreso a la diplomacia y en 1962 es
nombrado embajador de México en la India. El "joven poeta
bárbaro"6 de los años cincuenta, regresaría al
país de Gandhi como un sólido intelectual a encontrarse con una
época creativa fructífera y dichosa y, también, con Marie José,
la mujer más importante en su vida. |
|
India: el segundo
nacimiento
Octavio Paz no duda en calificar sus años en la India como
memorables7. Y lo son, pues durante ellos
encuentra el amor en Marie José y su creatividad se concreta en
tres de sus libros fundamentales de poesía y en cinco ensayos8.
En 1963 comenzará a recibir premios. El primero, el Premio
Internacional de Poesía de Knokke le Zoute, de Bélgica, que ya
habían recibido Saint-John Perse y Jorge Guillén.
Asimismo, es el momento en que se definen su imagen de
intelectual y humanista preocupado por las luchas sociales y
firme crítico de los llamados "regímenes totalitarios". También
es la época en que se presentan los movimientos sociales de
finales de la década de los sesenta y que en México, de manera
particular, llegaron a ser trágicos por la desmesurada represión
gubernamental, orillando a Octavio Paz a condenar los hechos y,
consecuentemente, a renunciar a su cargo como diplomático
mexicano. Finalmente, será en los últimos años de los sesenta
cuando se inicia su peregrinar por las universidades mundiales,
particularmente las estadounidenses, impartiendo cátedras y
conferencias.
La estancia en la India lo marca profundamente. Un recorrido
por su poemas de esos años nos muestra el influjo presente en
los temas y títulos de ellos. Paz dirá que lo vivido en la India
fue "una educación sentimental, artística y espiritual". El
cambio alcanza a las raíces vitales de su existencia.
La viveza del cambio se encuentra en la poesía de esos días;
de manera particular en el libro Ladera Este, publicado
en 1969. En contraparte, la prosa (poética en este caso), sobre
la India debió esperar varios años más, hasta 1974, cuando
aparece El mono gramático.
Es el momento cuando en la obra de Octavio Paz comienzan a
aproximarse los discursos poético y prosístico. No es la primera
vez, pero si la más clara, en que la prosa y la poesía se
aproximan en el discurso de los textos o poemas.
Para la poesía esto supone una prosificación que obliga a un
fluir discursivo en donde la cadencia del ritmo ya no se marca
con los cortes de verso, sino en el interior del poema. Ello
provoca que las imágenes aparezcan como un fluido continuo más
que como una sucesión de cuadros léxicos; fluir que, sin
embargo, conserva la imagen de un río en el que las hojas caídas
de los árboles son, al mismo tiempo, imagen individual que nos
habla de algo (las hojas mismas, el otoño, la desnudez del
bosque) e imagen colectiva que con el agua y las hojas, nos dice
algo sobre el tiempo y el movimiento.
Por su parte, la prosa se ritma con cadencia reconocible de
poema. La imagen así lograda danza y su contenido traspone los
márgenes del discurso intelectual abordando los terrenos de la
magia imaginativa poética. El ejercicio de interpretación del
mundo que supone el ensayo, se transforma en un ejercicio
ritmado, sujeto, por ello, a las características del ritmo
elemental descrito por Paz en El arco y la lira.9
Marie José
Para Octavio Paz, Marie José es La Mujer; la
contraparte elemental de todo Hombre; la oportunidad
temporal de completar el Ser. En 1964, de camino hacia
Bélgica para recibir el premio Knokke le Zoute, se detiene unos
días en París. Marie José y Octavio se habían conocido
fugazmente en la India y en París se reencuentran. Paz recuerda
así aquel momento:
Una mañana —azar, destino, afinidades electivas o como
quiera llamarse a esos encuentros— me crucé con Marie José.
Ella había dejado Delhi unos meses antes y yo ignoraba su
paradero, como ella el mío. Nos vimos y, más tarde,
decidimos volver juntos a la India. Recuerdo que una noche,
un poco antes de mi salida de París, le conté a André Breton
mi sorprendente encuentro y él me contestó citándome cuatro
versos de un misterioso poema de Apollinaire (La gitana):
Sabiendo que nos condenamos
en el camino nos amamos;
lo que nos dijo la gitana
lo recordamos abrazados.
Nosotros, Marie José y yo, no obedecimos al oráculo de
una gitana y nuestro encuentro fue un reconocimiento (...)
En el encuentro de amor los dos polos se enlazan en un nudo
enigmático y así, al abrazar a nuestra pareja, abrazamos a
nuestro destino. Yo me buscaba a mí mismo y en esa búsqueda
encontré a mi complemento contradictorio, a ese tú que se
vuelve yo: las dos sílabas de la palabra tuyo...
(Vislumbres de la India, OC, v, X, p. 376)
Marie José y Paz se casaron en los jardines de la Embajada
Mexicana en la India.
Marie José es una mujer atractiva, de mirada inteligente,
suaves maneras y firme carácter. El amor que Octavio Paz le
profesaba iba más allá de dedicarle sus libros de poesía y
llegaba al punto de permanecer pendiente de ella. Una anécdota
narrada por Tulio Demicheli, uno de los colaboradores de la
revista Vuelta, ilustra esta amorosa preocupación. La
labor de Demicheli en la revista lo obligaba a consultar con Paz
el índice de cada número de Vuelta. Regularmente lo hacía
en forma telefónica, pero en ocasiones se presentaba ante el
poeta. Una de esas ocasiones tan pronto fue recibido, Paz le
indicó que lo siguiera a la afueras del edificio donde habitaba:
Y salimos —cuenta Demicheli. No era normal que a Paz le
diera por ir de paseo a tratar los asuntos de la revista.
¿Será un virus peripatético —pensé? No, esa criatura genera
debate y controversia, anima la conversación y Paz no decía
palabra: ni preguntó por Vuelta, ni especulaba sobre
tema alguno, sólo estaba nervioso y mudo. Dimos una vuelta
alrededor del edificio de (la avenida) Reforma. Increíble:
el poeta escudriñaba los parterres del jardín, se agachaba,
miraba por debajo de los coches y, cada vez, se impacientaba
más. Por fin, me decidí:
— Dígame, Octavio, ¿qué busca?
Primero me miró como si yo debiera saberlo o, al menos,
haberlo adivinado; y luego, respondió:
— El gato. Se ha escapado el gato de Marie-Jo. ¿Se da
cuenta?
— No. Digo: sí, claro...
Debió sentirse raro. Insistió:
— ¿No sabe cuánto quiere Marie-Jo a su gato? Pues ha
desaparecido. ¿Comprende? No está. El gato no está en la
casa. He revisado todos los rincones, bajo la cama, en la
biblioteca, en todas las recámaras, en la sala, y el gato no
está. Tulio, tenemos que encontrarlo Anduvimos una hora
larga en pos del gato...10
Hoy, Marie José, es la llama viva del espíritu del poeta y el
alma de la Fundación Octavio Paz.
La última embajada
En México, una labor privilegiada para los intelectuales es
el servicio diplomático. Si no todos, buena parte de ellos
aprecia esta labor y se acoge a ella de buen grado. No son pocos
los intelectuales mexicanos que han hecho carrera diplomática.
Alfonso Reyes, José Gorostiza y el propio Octavio Paz, son tan
sólo un ejemplo de ello. El Servicio Exterior Mexicano les
permite a los intelectuales el contacto con la élite de otros
países y una vida decorosa, que en ocasiones raya en el glamour.
Las buenas maneras, el cultivo de la tolerancia y el
refinamiento, son actitudes que gustan a los intelectuales y que
florecen en los consulados y embajadas del mundo.
Octavio Paz comienza su labor diplomática en París hacia
1945. Seis años después sería enviado a la India. Así lo relata:
Un día el embajador de México (en Francia) me llamó a su
oficina y me mostró, sin decir palabra, un cable: se
ordenaba mi traslado. La noticia me conturbó. Y más, me
dolió. Era natural que se me enviase a otro sitio pero era
triste dejar París. La razón de mi traslado: el gobierno de
México había establecido relaciones con el de la India, que
acababa de conquistar su Independencia (1947) y se proponía
abrir una misión diplomática en Delhi. Saber que se me
destinaba a ese país, me consoló un poco: ritos, templos,
ciudades cuyos nombres evocaban historias insólitas,
multitudes abigarradas y multicolores, mujeres de
movimientos de felino y ojos obscuros y centelleantes,
santos, mendigos...11
Tan sólo unos meses después de su llegada es nuevamente
trasladado. Va a Japón y después reside unos años en México. En
1962, es nombrado embajador en la India, labor que desarrollará
durante los siguientes seis años. Octavio Paz describe esa época
como "un periodo dichoso" en el que lee profusamente y escribe
varios libros de poesía y ensayo, y se reencuentra y casa con
Marie José.
Durante 1968 en varios países los estudiantes universitarios
protagonizan movimientos políticos que desembocan en
enfrentamientos con la policía. En México, el movimiento
estudiantil es fuertemente reprimido. Un par de semanas antes de
escenificarse los XV Juegos Olímpicos, el gobierno mexicano,
presidido por Gustavo Díaz Ordaz, lanza al ejército contra los
estudiantes. Octavio Paz, en su calidad de embajador, forma
parte de ese gobierno y en los primeros momentos del conflicto
estudiantil colabora proporcionando información y opiniones al
respecto. En una comunicación fechada el 6 de septiembre de 196812,
Octavio Paz detalla al Secretario de Relaciones Exteriores de
México sobre las condiciones que presenta el movimiento
estudiantil, en la India en particular y en el mundo en general;
condiciones que atribuye a la latencia de demandas sociales
irresueltas, al crecimiento demográfico y al acceso mayoritario
de jóvenes a la educación universitaria. En el documento señala:
El desarrollo económico y su consecuencia más inmediata
—la movilidad social— permiten pensar que, gradualmente, la
población subdesarrollada será absorbida e incorporada. En
efecto, el sector desarrollado crece día a día y disminuye
el subdesarrollado. Todo es problema de tiempo: una
evolución demasiado lenta o una suspensión de la movilidad
social, pondría en crisis la estructura misma de la sociedad
mexicana... Los problemas del sector desarrollado son muy
distintos y su resolución no implica un cambio de la
estructura social sino una reforma. Esta reforma, según se
verá, tendría principalmente por objeto adaptar nuestro
sistema político a las nuevas condiciones creadas por el
desarrollo económico, entre las cuales destacan el
nacimiento de una clase media (a la cual pertenecen los
estudiantes) y crecimiento del proletariado urbano. Desde el
punto de vista sumariamente expuesto en el párrafo anterior,
los disturbios estudiantiles de México presentan analogías y
diferencias con los de los jóvenes de París, Chicago, Milán,
Tokio y Berlín Occidental. Puede decirse que forman parte de
nuestro desarrollo: son la prueba de que hemos progresado y
el precio que tenemos que pagar por ese progreso.
Diez días antes del inicio de los Juegos Olímpicos, en el
barrio de Tlaltelolco, en la Plaza de las Tres Culturas,
ubicada a un costado del edificio de la Secretaría de Relaciones
Exteriores, el ejército mexicano atacó a los estudiantes y
personas en general, que ahí realizaban un mitin. Al acto se le
conoce como "La matanza de Tlaltelolco". La indignación y
condena a esta acción resulta general. Muchas son las
reacciones; una de ellas, la pública renuncia de Octavio Paz a
su cargo como embajador de México en la India.
En una carta fechada el 4 de octubre de 1968 y clasificada
como "confidencial y personal", Octavio Paz le dice al
Secretario de Relaciones Exteriores:
Anoche, por la BBC de Londres me enteré de que la
violencia había estallado de nuevo (en México). La prensa
india de hoy confirma y amplía la noticia de la radio: las
fuerzas armadas dispararon contra la multitud, compuesta en
su mayoría por estudiantes. El resultado: más de veinticinco
muertos, varios centenares de heridos y un millar de
personas en la cárcel. No describiré a usted mi ánimo. Me
imagino que es el de la mayoría de los mexicanos: tristeza y
cólera. Desde hace veinticuatro años pertenezco al Servicio
Exterior de México. He sido canciller, secretario de
Embajada, Consejero, Ministro y Embajador. No siempre, como
es natural, he estado de acuerdo con todos los aspectos de
la política gubernamental pero esos desacuerdos nunca fueron
tan graves o tan agudos para obligarme a un examen de
conciencia (...) Es verdad que el país ha progresado. Sobre
todo en su sector desarrollado, constituido tal vez por más
de la mitad de la población; también lo es que la clase
obrera ha participado, aunque no en la medida deseable y
justa, en ese progreso y que ha surgido una nueva clase
media. Pero este adelanto económico no se ha traducido en lo
que, me parece, debería haber sido su lógica consecuencia:
la participación más directa, amplia y efectiva del pueblo
en la vida política. Concibo esa participación como un
diálogo plural entre el gobierno y los diversos grupos
populares. Es un diálogo que, de antemano, acepta la
crítica, la divergencia y la oposición. Pienso no solo en el
proceso electoral y en otras formas tradicionales y
predominantemente políticas, tales como la pluralidad de
partidos. Todo esto es importante pero no les menos que ese
diálogo se manifieste, diariamente, a través de los medios
de información y discusión: prensa, radio, televisión. Ahora
bien, sea por culpa del Estado o de los grandes intereses
económicos que se han apoderado en nuestro país de esos
medios, el diálogo ha desaparecido casi por completo de
nuestra vida pública. Basta leer a la prensa diaria y
semanal de México en estos días para sentir rubor: en ningún
país con instituciones democráticas puede encontrarse ese
elogio casi totalmente unánime al Gobierno y esa condenación
también unánime a sus críticos. No sé si estos últimos
tengan razón en todo; estoy cierto de que no tienen acceso a
los medios de información y discusión. Esta es, a mi juicio,
una de las causas, tal vez la más importante, de los
desórdenes de estos días (...) Ante los acontecimientos
últimos, he tenido que preguntarme si podía seguir sirviendo
con lealtad y sin reservas mentales al Gobierno. Mi
respuesta es la petición que le hago llegar: le ruego que se
sirva ponerme a disponibilidad, tal como lo señala la Ley
del Servicio Exterior Mexicano. Procuraré evitar toda
declaración pública mientras permanezca en territorio indio.
No quisiera decir aquí, en donde he representado a mi país
por más de seis años, lo que no tendré empacho en decir en
México: no estoy de acuerdo en lo absoluto con los métodos
empleados para resolver (en realidad: reprimir) las demandas
y problemas que ha planteado nuestra juventud.
El 16 de octubre, Octavio Paz recibe un telegrama aceptándole
su renuncia. Durante los siguientes tres años no regresará a
México.
El compromiso de la
crítica: Posdata, Plural y Vuelta
El hecho insólito de que un funcionario mexicano renunciara a
su gobierno por razones de conciencia, le proporciona a Octavio
Paz una posición privilegiada como crítico. Su voz crítica
crece. Paz vive los años subsecuentes a su renuncia como
conferencista y profesor invitado en diversas universidades del
mundo, particularmente las norteamericanas. El libro Posdata,
es un ejemplo de este cambio en la vida del poeta.
Posdata nace como el desarrollo y ampliación de lo
apuntado en una conferencia que pronuncia en la Universidad de
Texas en Austin, el 30 de octubre de 1969. La fecha y tema de la
conferencia aluden y conmemoran el primer aniversario de la
"Matanza de Tlaltelolco"; el libro, según lo señala Paz en la
nota introductoria, pretende ser una reflexión sobre lo ocurrido
en México desde que escribió El laberinto de la soledad,
de ahí el título de: Posdata.
Los tres capítulos del libro aluden a momentos de la historia
mexicana, a los que Octavio Paz intenta encontrarles ecos y
correspondencias. El libro se hilvana a partir de la propuesta
inicial de explicar/entender lo sucedido en 1968 en México. El
análisis histórico que realiza Paz se fundamenta en relacionar
la toma de conciencia de un sector social: los estudiantes,
sobre las desigualdades y abusos de una forma de gobierno
totalitaria e impositiva, donde la democracia es materia de
discurso y no de acciones gubernamentales. La toma de conciencia
da vida a la crítica y ésta a la demanda, que toma cuerpo en la
protesta y la manifestación pública. Las frases de ese momento
histórico encuentran su correspondencia en los acciones e
inacciones de los gobiernos mexicanos emanados de una revolución
inconclusa y crecientemente traicionada. A todo ello Octavio Paz
le encuentra raíces que penetran en la historia antigua de
México.
Octavio Paz, al igual que otros intelectuales, no es el
inventor de la crítica, pero, sin duda, es uno de sus ejecutores
de mayor peso y aprecio en esos momentos. A tal grado se
corporeiza la crítica en su espíritu que se transforma en una de
sus premisas, impulsándolo a afirmar que el sello distintivo del
siglo XX es la modernidad y de ésta, la crítica se constituye en
su instrumento más importante.
Posdata se publica por vez primera en 1970, a dos años de
la matanza de Tlaltelolco, un año después de la conferencia en
Austin y en las postrimerías de su regreso a México.
En 1971 México tiene un nuevo presidente. Octavio Paz,
regresa al país. ¿Se ha olvidado Tlaltelolco? No; y en refuerzo
de su memoria el 10 de junio de ese año —día de Corpus Christi—,
el gobierno mexicano entrante repite una acción represiva
similar a la del 2 de octubre de 68. Esa tarde, Octavio Paz —en
compañía de Carlos Fuentes y José Alvarado— daba un recital de
poesía en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de
la UNAM. Se suspende cuando llega la noticia de esta nueva
masacre. Julio Scherer, a la sazón director general del
periódico Excélsior, invita a Octavio Paz a encabezar una
revista semanal de opinión. La idea no satisface a Paz, quien le
propone la creación de una revista mensual de cultura. Así nace
Plural, cuyo contenido se centra en la crítica de las
letras, el arte, el pensamiento y la política. La revista vive
hasta julio de 1976, cuando el periódico es aplastado por
instrucción del presidente Luis Echeverría.
Después de la caída de Plural, Octavio Paz y una
pléyade de intelectuales y artistas se agrupan para formar la
revista Vuelta. El primer número aparece el 1 de
diciembre de 1976. Esta es la revista con mayor solidez,
difusión y prestigio de las creadas por Paz.
Por extrañas razones fincadas en temores y estrecheces de
criterio y tolerancia, los gobiernos en México ejercen una mayor
censura a los periódicos que a las revistas. De ahí que sea en
éstas donde pueden encontrarse los mejores ejemplos de libertad
crítica. En ese sentido, Vuelta se instituye como un
sitio donde la crítica florece. Los variados intereses críticos
de Paz le proporcionan a la revista un carácter
multidisciplinario e internacional, pues no sólo es una revista
de crítica literaria y poética, sino que en ella pueden
encontrarse artículos y colaboradores de varias artes y
disciplinas del saber humano.
Como lógica consecuencia, la revista adquiere un sitio
relevante en la sociedad mexicana y al paso de los años ella
misma es motivo de crítica. De los argumentos que se esgrimen
contra Vuelta en los últimos años, los más repetidos son
el que poco a poco se va transformando en un grupo intelectual
cerrado a la autocrítica; el que sean adoradores irredentos de
Paz y de sus conceptos y criterios; una ambición desmedida por
el control intelectual de México; su sospechosa proximidad con
gobernantes y personas o grupos empresariales poderosos; y una
creciente intolerancia.
En 1996, al cumplir la revista 20 años de vida, se produce un
cisma en su seno. Durante esos años, el éxito de la revista se
le atribuye a dos personas: al propio Octavio Paz y a Enrique
Krauze. De este último se asegura que es el pilar financiero de
Vuelta; gracias a sus buenas artes la revista es
rentable. En el 96, Enrique Krauze se separa de Vuelta
para fundar su propia empresa editorial. Los rumores se desatan.
Dos de ellos cobran fuerza en los corrillos: el grupo Vuelta
se desgaja por incompatibilidad de intereses; Octavio Paz está
muy enfermo y su liderazgo se debilita.
Finalmente, al morir Paz, la dueña mayoritaria de las
acciones de Vuelta es su viuda Marie José, quien decide
cerrar la revista. De esa forma, ninguno de sus colaboradores
será el heredero intelectual directo de Paz.
Los últimos
peldaños
Al fundar Vuelta, Paz es un hombre de sesenta años. Su
reconocimiento y fama son mundiales. Aún los legos lo conocen y
libros como El laberinto de la soledad, se transforman en
lectura obligatoria para los alumnos de ciertos niveles
escolares. Ya no sólo es un autor leído en ciertos círculos,
sino que ahora se le estudia con mayor aprecio. Se multiplican
los artículos y monografías sobre su obra; crece y se
especializa la crítica de sus libros y aumentan sus biógrafos.
Paz participa y conduce, como figura central, reuniones de
intelectuales y artistas. Se le rinden homenajes y se le otorgan
premios. En 1990 recibe el Premio Nobel.
Continúa escribiendo hasta el fin de su vida, primordialmente
ensayos. Destacan tres de ellos: el extenso sobre la vida y obra
de Sor Juana Inés de la Cruz; sus reflexiones sobre el erotismo
y el amor; y su libro último, sobre la India.
El libro Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe,
resulta ser un ensayo de características monumentales. En su
versión de las Obras Completas, abarca un sólo volumen de
626 páginas, que consta de un prólogo y seis grandes apartados.
Para Octavio Paz este libro representa una obsesión ensayística
de más de treinta años. En algún prólogo, Paz relata que en
1950, a petición de la revista Sur y con motivo del
tercer centenario del nacimiento de sor Juana, escribe un breve
ensayo, pie de cría del dilatado libro posterior. El
planteamiento estructural del libro es histórico, biográfico y
crítico literario de Sor Juana.
Este ensayo demanda un lector dedicado, acucioso y constante.
Escrito en la buena prosa que caracteriza al poeta, el libro no
es simple pues se enfrenta, cuestiona y, no en pocas ocasiones,
descalifica a una bibliografía que abarca trescientos años y
varios idiomas; desde el padre jesuita Diego Calleja hasta
Dorothy Schons.
Octavio Paz se pregunta en el prólogo sobre la intención y
sentido de su ensayo:
¿En qué sentido me parece válida la tentativa de insertar
la doble singularidad de sor Juana, la de su vida y la de su
obra, en la historia del mundo: la sociedad aristocrática de
la ciudad de México en la segunda mitad del siglo XVII?
Líneas adelante responde: "No basta con decir que la obra de
sor Juana es un producto de la historia; hay que añadir que la
historia también es un producto de esa obra".
En estos pasajes se develan los ejes del ensayo: vida-obra e
historia-sociedad. Sor Juana poeta, mujer, monja, política,
ensayista, cortesana y polemista, se desborda en las profusas
páginas de este ensayo.
El amor, el erotismo y la literatura se despliegan en su
ensayo La llama doble.
A los cuarenta y seis años, Octavio Paz escribe un breve
ensayo sobre Sade en el que se aproxima a la sexualidad, al
erotismo y al amor. Ya en la India, intenta fallidamente retomar
el tema. Pasan los años y el proyecto se empolva. Ya encauzado
en la tarea de compilar toda su obra, el deseo (y la vergüenza,
asegura), de terminar ese ensayo lo obligan a escribirlo. Ya es
un hombre de casi ochenta años y el tema le produce escozor y
dudas: "¿no era un poco ridículo —se pregunta—, al final de mis
días, escribir un libro sobre el amor? ¿O era un adiós o un
testamento?". Vence las dudas y escribe el libro. El título
resulta más que atractivo. En el prólogo, Paz explica su
significado:
Según el Diccionario de autoridades la llama es
"la parte más sutil del fuego, que se eleva y levanta a lo
alto de la figura piramidal". El fuego original y
primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del
erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul
y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de
la vida.
La llama doble: ¿adiós o testamento? Desde la primera
ocasión en que leí el prólogo, medité sobre ello: ¿puede
pensarse como un adiós o como un testamento un ensayo sobre el
amor y sus afluentes: el erotismo y la sexualidad, escrito a los
ochenta años? ¿Un adiós a qué; un testamento dirigido a quién?
Si Paz siempre se asumió poeta, ¿por qué su testamento o adiós
llega a pensarlo como ensayo?
Lo más sencillo es aceptar que sólo es una frase y que detrás
de ella no existe nada más, pero me resulta difícil imaginar que
Paz, tan consciente de sus palabras, "sólo" escribió esta frase
para llenar un espacio tipográfico. Así que prefiero indagar en
ella.
Encuentro dos explicaciones; una que llamaré
"mundana-testimonial" y otra que denominaré "poético-literaria".
En la primera, el Paz que miro es un hombre enfrentado a su
conciencia y su historia. Ha vivido amando y necesita contar los
pormenores del amor como esencia vital del mundo. No basta con
cantar el amor, hay que contarlo; dar fe de él. ¿Qué nos cuenta?
¿De qué nos da fe? Creo entender que nos invita a pensar que el
amor existe y es real, sexual y erótico y que apela al mundo y
su cotidianidad.
Habrá quien interprete el texto como una explicación del
proceso de amar; acaso hasta le encuentre destinatario y piense
que se dibuja en él a ésta o a aquélla persona. Yo no lo creo
así.
Pienso que el ensayo también puede entenderse tanto como una
afirmación: "así amo yo, Octavio Paz"; como una hipótesis: "así
aman los seres humanos, desde antes y hasta siempre"; como un
mandato: "así debe amarse"; como una nostalgia: "así amamos";
que como una premonición: "así amaremos".
En síntesis, como un clamor de su paso amoroso por la vida
mundana. Un intento de explicar el amor desde la humanidad.
En la interpretación poética-literaria, encuentro a Octavio
Paz pleno de literatura. Un Paz ya conocido de antes, de
siempre, aquél que explica la vida a través de las
manifestaciones literarias de los hombres. En este caso, el amor
es analizado en y desde la literatura. Ejemplo de ello lo
constituye la reflexión sobre el amor cortés.
En Paz el amor cortés es algo más que el testimonio de una
época, es una fórmula de vida que trasciende su tiempo e
historia permitiéndonos encontrar su rastro en nuestros días. Es
acaso ya como una huella genética amorosa de nuestro ser
adquirida después del florecimiento de las cortes y que ha
encontrado en la literatura la forma idónea de procrearse, dando
con ello testimonio indeleble de su persistencia. Es, asimismo,
puente literario entre la creación y la vida; entre el hombre y
sus capacidades para amar.
La llama doble es, también, un recorrido crítico por
libros y poemarios donde el amor es posible. Con ello nos dice
que el amor no puede ser patrimonio de la vida, sino que es
dominio de la creación. El amor se analiza, corteja y loa en
este ensayo.
Ya en los últimos peldaños, Octavio Paz escribe un ensayo
sobre su época en la India. Lo titula Vislumbres..., es
decir, entrevisión; casi, adivinación. El título no es fortuito
pues el discurso y su contenido tienen la textura de una
ensoñación; de la duermevela del poeta que en un instante
aléphico vive y revive en su mirada soñolienta una existencia
dichosa.
Vislumbres de la India, es un ensayo de vaivenes; a ratos
deslumbrante y, en otros, impregnado de terrenalidad paciana.
Como ejemplo de ello el primer capítulo resulta asombroso en su
discurso, el cual pasa de la narración a la poesía en forma
decidida y brillante; quiero decir que el discurso brilla por la
fuerza de las imágenes que logra. Sin embargo no todo es así, al
cabo que los párrafos pasan el discurso retoma un cauce
narrativo con leve sabor de crónica. No obstante, se conserva el
fundamento del ensayo de ser la interpretación de una realidad;
la India que vemos en él es la de Paz. Un Paz enamorado, poeta,
diplomático y gozoso de contar con la gracia de vivir esos años
de fecunda creación y buenas compañías.
El Premio Nobel
En 1990, Octavio Paz es galardonado con el Premio Nobel de
Literatura. Tal distinción remueve celos y orgullos. La figura
de Paz alcanza dimensiones megatónicas en el mundillo
intelectual mexicano y latinoamericano; más en el primero. Se
radicalizan los bandos en pacianos y antipacianos.
Se le venera y denosta al mismo tiempo, pero nadie lo ignora.
Todo aquel que desea crecer busca su cobijo nobélico o se
declara en franca rebeldía antipaciana. A muchos, su actitud les
rinde frutos.
En el texto que Octavio Paz lee en la ceremonia de recepción
del Premio Nobel, plantea varias vertientes de reflexión. A mi
juicio destacan tres: la aparición en el siglo XX de "las
literaturas de América"; la búsqueda de la modernidad, y, el
probable fin y mutación de la Edad Moderna.
Al inicio de su discurso, Octavio Paz asegura que las
"lenguas son realidades más vastas que las entidades políticas e
históricas que llamamos naciones". Con ello, Paz, por ser un
autor en lengua española, pretende hacer suya la tradición que
ésta alberga; de tal suerte, que ya no es un poeta y ensayista
mexicano del siglo XX, sino un heredero y continuador de los
hombres que pretenden hacer, de la literaria, una tradición
transcontinental y una continuidad histórica. Con esta
interpretación, Paz se suma a una historia que incluye a los
poetas y escritores de mayor influjo en lengua española.
Asimismo, se ubica como partícipe del renacimiento americano de
la literatura en el siglo XX, que abarca desde el Modernismo
dariano con que se abre el siglo, hasta las manifestaciones de
antecedente surrealista que con diversos nombres florecieron en
América y que ahora moribundas asoman sus cuencas vacías al
siguiente milenio. Por ese hecho, Paz ya no es temporalidad de
hombre sino historicidad literaria americana. En él se cumple su
sentencia: "La gran novedad de este siglo, en materia literaria,
ha sido la aparición de las literaturas de América", acto que,
para cumplirse, demanda la aparición de los escritores
americanos de este siglo.
En lo tocante a la Modernidad, Paz dirá en su discurso Nobel:
"quería ser (un poeta) de mi tiempo y de mi siglo. Un poco
después esta obsesión se volvió idea fija: quise ser poeta
moderno. Comenzó mi búsqueda de la modernidad".
Como tantos antes y ahora, Paz se sumerge en el concepto de
modernidad para explicarse su temporalidad y sentido histórico;
como ellos, al poco descubre que la modernidad es un concepto
atemporal, ageográfico y ahistórico y, por ello, multivalente.
Al percatarse de la mutabilidad que tiene implícita el término
"modernidad", Paz lo define como un "concepto equívoco". Creo
que su definición no es precisa, pues el concepto define un
acción evolutiva y por ello cambiante y nunca fija. Modernidad y
moderno, no califican una época sino una acción, acaso una
intención: la evolución como norma del sentido. Mayor acierto
logra Paz al asegurar que:
La modernidad es una palabra en busca de su
significado[...] La modernidad ha sido una pasión universal.
Desde 1850 ha sido nuestra diosa y nuestro demonio. En los
últimos años se ha pretendido exorcizarla y se habla mucho
de la «postmodernidad». ¿Pero qué es la postmodernidad sino
una modernidad aún más moderna?
Destaca en la reflexión de Paz que, buscando la modernidad,
retrocede hacia los orígenes. Con ello afirma la teoría de la
continuidad en la que para existir un presente y, por ende, un
futuro, debió haber un pasado. Adquiere, así, sentido su
historia en la Historia; es un hombre porque hubo hombres; es y
será poeta porque antes de él existieron los poetas y la poesía.
No es una isla sino un continente que por momentos está
aparentemente separado por los mares, pero en el fondo y esencia
del ser se continúa, conjurando la soledad. Al final no está
solo. La modernidad no lo rebasa, lo acuna e impulsa hacia lo
permanente.
El probable fin y mutación de la Edad Moderna se me presenta
como un reto reflexivo de alta densidad.
Octavio Paz cuestiona el concepto de "postmodernidad"
considerándolo inadecuado pues designa una "modernidad más
moderna", cosa imposible por tautológica. De ahí que al
sugerirnos el fin y la mutación de la Edad Moderna, no pretende
señalarnos tan sólo el derrumbe de una época, sino también la
necesidad de una reconceptualización del futuro, comenzando con
una redimensión del lenguaje. "La crítica del mundo comienza con
la crítica del lenguaje", dice en alguno de sus textos,
señalando la íntima relación entre la lengua y las acciones
humanas. Con ello parece decirnos: "somos lo que decimos; el
decir impulsa el hacer". Pero ¿llegamos al final de una época
lingüística? ¿Se ha agotado el lenguaje de ésta época y
necesitamos otro? ¿Todo esto nos lleva necesariamente a una
mutación? Para entender, necesito hablar sobre la vida de la
lengua.
No hay duda que las lenguas son vida, entendida ésta como un
proceso dinámico compuesto de varios estratos y diferentes
funciones que se complementan. Entre los estratos se encuentra
un núcleo sólido formado por las palabras que designan a las
cosas perennes e inmutables y la forma básica en que las
combinamos para formar oraciones. "Árbol" o la esencia de los
conceptos: sujeto, verbo y predicado, no se
vería afectada por una crítica del lenguaje como la propuesta
por Paz, puesto que ésta no se refiere a lo función utilitaria
de la lengua. Paz se refiere al valor conceptual, a la
significación y sentido que le atribuimos a aquellas acciones
que nos permiten ser.
Entendida así, una crítica del lenguaje nos obligaría a
redefinir los contenidos y alcances de la lengua hecha reglas y
normas para la convivencia. Un buen ejemplo de esto lo
constituye el concepto "democracia".
Nadie en su sano juicio considera condenable a la democracia;
sin embargo, son diversas sus interpretaciones y limitados sus
alcances. Criticar, es decir, sopesar las interpretaciones y
limitaciones del concepto en la práctica, es lo que interpreto
de la propuesta de Paz. La humanidad, para subsistir, necesita
de compromisos y estos de conceptos que funcionen como pilares
de aquéllos. Algunos de los conceptos detrás de los compromisos
humanos se han deslavado y necesitan reemplazo. Paz lo
ejemplifica con el concepto "progreso" como motor del "bienestar
colectivo". No hay duda que hubo una época en que se creyó, a
pie juntillas, en la íntima relación que existía entre progreso
y bienestar colectivo. Hoy, el "progreso", alma y motor de la
industrialización, ha resultado en un cada vez más dudoso
bienestar colectivo y en un creciente deterioro de los
equilibrios naturales del planeta. Este ejemplo sirve de
paradigma para todos los campos de interés del hombre.
En este sentido, no sólo encuentro válida, sino atinada la
propuesta de Paz en su discurso.
Epílogo
El ensayo es para mí la más completa de las manifestaciones
literarias, puesto que permite la conjunción en su discurso de
la sensibilidad de la poesía y la reflexión crítica de la razón.
Hay en él un culto, acaso un reencuentro o reconciliación, con
lo Sapiens del Hommo Spiritualis que somos.
Escribir y leer un ensayo es entrar y posesionarse de la mente
sensible, crítica y comprometida que forma el ser humano del
escritor y, al mismo tiempo, es permitir la entrada y posesión
de nuestro ser por el ensayista.
Como en ningún otro de los géneros literarios, el ensayo es
fusión entre los seres que se encuentran a través del discurso.
Jamás será igual la vida después de encontrarse con los ensayos
de Borges o de Alfonso Reyes, de Germán Arciniegas o del propio
Octavio Paz. La vida cambia para siempre después de leer un
texto ensayístico de alguno de estos seres. Sé que los poetas
dicen que algo así sucede con la poesía y quizá es cierto que el
alma se libera entre los versos, pero en el ensayo sucede algo
más que una liberación momentánea, se produce una necesidad de
libertad permanente, una perenne búsqueda de la esencia del ser;
una sed inagotable por el deleite que producen el comprender y
el interpretar: por el saber. El sentido del ser encuentra en el
ensayo la posibilidad de comprensión y a él se sujeta.
Tiene el ensayo otra virtud: no pretende ser verdad
colectiva; le basta con ser verdad individualizada. Después de
todo, en el mundo no hay más que individuos.
Los ensayos de Octavio Paz son una de las verdades
individuales de este mundo. Reconocerse en ellas nos permite
saber que los individuos de distintas latitudes y épocas han
sido y son constantes en su búsqueda del ser. Que han estado
aquí y, espero, continuarán estando, con la irrenunciable tarea
de comprendernos.
Notas
- Enrico Mario Santi describe en el prólogo titulado
"Recargo", el contenido de este libro: "Nuestro libro se
divide en cuatro secciones, aparte de nuestros prólogos [uno
de Paz y otro de Santi] y mi introducción. La primera,
‘Vigilias: Diario de un soñador’, recoge los capítulos del
diario íntimo de Paz que fue publicado entre 1938 y 1945 más
los dos poemas en prosa inéditos que forman parte de la misma
colección. La segunda, ‘Libros y autores’, recoge 36 textos
sobre literatura, arte, política y moral. La tercera,
‘Testimonios’, recoge 5 ensayos y 2 respuestas a encuestas que
tratan exclusivamente sobre poesía. Esta tercera sección es el
centro y meollo del libro. En la cuarta sección, ‘Novedades
(1943)’, se recogen 27 de las 28 columnas que Paz escribió ese
año para el diario capitalino del mismo nombre. Las fuentes
que añado al final del texto, así como la introducción al
principio, tienen la intención de aclarar datos que pueden
resultar imprecisos, además de situar la primera época de Paz.
La bibliografía al final, que cubre la prosa publicada entre
1931 y 1943, da una imagen relativamente completa de la
producción de esos años". (P. 11).
- La trilogía se constituye por los libros: El arco y la
lira, Los hijos del limo y La otra voz.
- Esta práctica de Octavio Paz de revisar sus textos ya
publicados, se presenta como una constante en su vida
creativa. Con ello, Paz se constituye en un lector crítico de
sí mismo. Lector más que autorizado para rectificar sus obras
en las diferentes ediciones. Uno de los casos más notables de
estas rectificaciones son las realizadas a El arco y la
lira, en cuyas ediciones posteriores ya no aparecen
grandes párrafos presentes en la primera edición.
- Si bien en su primera edición, tanto El arco y la lira
como Los signos en rotación aparecen separados, a
partir de la segunda Octavio Paz decide integrarlos como un
sólo libro.
- Existen escritos como Poesía de soledad y poesía de
comunión que escribe a finales de los años treinta,
impulsado por el ámbito de la Guerra Civil Española y Tres
momentos de la literatura japonesa, fechado en 1954, y que
escribe después de sus correrías orientales.
- "En aquel tiempo (1951, su primera llegada a la India) yo
era un joven poeta bárbaro. Juventud, poesía y barbarie no son
enemigas: en la mirada del bárbaro hay inocencia, en la del
joven apetito de vida y en la del poeta hay asombro".
Vislumbres de la india, México: Fondo de Cultura
Económica, 1996, p. 363.
- "Once años más tarde, en 1962, regresé a Delhi como
embajador de mi país. Permanecí un poco más de seis años. Fue
un periodo dichoso: puede leer, escribir varios libros de
poesía y prosa, tener unos pocos amigos a los que me unían
afinidades éticas, estéticas e intelectuales, recorrer
ciudades desconocidas en el corazón de Asia, ser testigo de
costumbres extrañas y contemplar monumentos y paisajes. Sobre
todo, allá encontré a la que hoy es mi mujer, Marie José, y
allá me casé con ella. Fue un segundo nacimiento". OC,
v. 10; p. 369.
- Poesía: Viento entero (1965), Blanco (1967)
y Ladera Este (1968). Ensayo: Cuadrivio (1965),
Los signos en rotación (1965), Claude Lévi-Straus o
el nuevo festín de Esopo (1967), Corriente alterna
(1967) y Marcel Duchamp o el castillo de la pureza
(1968).
- Como señalé, ésta no es la primera ocasión en que la prosa
y la poesía aproximan sus márgenes. Ya en ¿Águila o sol?,
la poesía se prosifica; sin embargo, en estos momentos sucede
lo contrario, en El mono gramático la prosa se poetiza.
En este texto y en cualquier otro del tipo, no resulta
sencillo dilucidar qué fue lo que sucedió, si la prosificación
de la poesía o la poetización de la prosa, no obstante,
comparando los libros del periodo, Ladera Este y El
mono gramático, parecen existir diferencias, indicios de
su concepción. Reitero que esto no es claro, complicándose,
aún más, debido a que el propio Octavio Paz, en la
distribución definitiva de sus Obras Completas, coloca
a El mono gramático en el volumen de poesía. Hace lo
mismo con La hija de Rappaccini, al cual denomina
poema dramático. De ahí la dificultad de su análisis
discursivo.
- Tulio H. Demicheli. "El poeta asustado como un niño", en
Vuelta, mayo de 1998, número 258, año XXII, p. 55.
- Op., cit., p. 358.
- Los textos completos de los que extraje éstos y los
subsecuentes fragmentos, aparecieron publicados en el No. 256
de la revista Vuelta, marzo de 1998.
Patricio Eufraccio Solano
Universidad Nacional Autónoma de México
Marzo de 2000 |
|