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El Autor y su Obra.
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Quevedo en Internet
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Enlaces de interés
1. El Autor y su Obra
Trayectoria vital de Francisco de
Quevedo.
Nació en Madrid, el 17 de
septiembre de 1580. Sus padres, Pedro Gómez de Quevedo y María de
Santibáñez, ocupaban puestos de confianza en la corte. Quevedo cursó
los primeros estudios con los jesuitas, y después fue estudiante en la
renacentista Universidad de Alcalá de Henares. Prosiguió sus estudios
de Teología y Patrística en la Universidad de Valladolid, donde se
había trasladado la corte (1600). En esta época se supone que inició
su amistad con Pedro Téllez Girón, más tarde duque de Osuna.
Cuando tenía veinte años
comienzan a popularizarse sus romances satíricos, sus letrillas (Poderoso
Caballero) y sus chispeantes Cartas del caballero de la
Tenaza, lo que le granjean temprana fama de hombre ingenioso y
procaz. Quevedo empieza a frecuentar la vida literaria y a interesarse
por la política. Conoce a Cervantes, inicia su amistad con Lope de
Vega, y mantiene correspondencia con el humanista flamenco Justo
Lipsio sobre temas filosóficos. En esta etapa vallisoletana destaca la
animadversión entre el joven Quevedo y el grave y no menos ingenioso
Góngora.
En 1613 Quevedo traduce, tras
una aguda crisis religiosa, el Heráclito cristiano, y poco
después las Lágrimas de Hieremías castellanas.
Siempre al servicio del duque
de Osuna, a partir de 1615 comienza un largo periplo por Italia como
embajador de Sicilia y Roma: espiando en Niza al duque de Saboya,
huyendo fugitivo a Génova... En 1615 vuelve a Madrid con donativos
reales y la misión diplomática de obtener el virreinato de Nápoles
para su protector. Lo consigue, y en 1617 Felipe III otorga a don
Francisco el hábito de la Orden de Santiago.
Las acusaciones contra el duque
de Osuna por el asunto de la Conjuración de Venecia lo hacen caer en
desgracia y arrastran consigo a Quevedo, que sufre difamaciones y
amenazas. Desengañado de la política, Quevedo se retira a la Torre de
Juan Abad, donde reanuda su quehacer literario (Política de Dios,
gobierno de Cristo. Vida de Fray Thomás de Villanueva, poemas a
Lisi). Tras una breve estancia en la prisión de Uclés en 1621, es
confinado nuevamente en la Torre, donde sigue escribiendo.
La muerte de Felipe III y la
ascensión al poder del conde-duque de Olivares precipitan la caída de
Osuna. Quevedo es llamado a declarar en el proceso contra éste, donde
se venteó el escándalo de los sobornos y se dieron a conocer las
cartas intercambiadas entre el propio Quevedo, el acusado y varios
favoritos y nobles cortesanos. Quevedo es absuelto, pero en 1622, por
un real decreto de puño y letra de Felipe IV, es desterrado otra vez a
la Torre de Juan Abad. Enfermo de «tercianas malignas» consigue
permiso para trasladarse a Villanueva de los Infantes. Regresa a la
Corte, y vuelve a relacionarse con el mundillo literario y político.
Con el tiempo aumentan los
enemigos de Quevedo. Tras escribir la primera parte del Marco
Bruto aparece El Rómulo. Se recrudecen los ataques
contra Quevedo y su obra: en la Apología al Sueño de la
Muerte se le moteja de borracho; en la letrilla Pata-coja
se ridiculizan sus defectos físicos y su vida sexual. El resentido
Pacheco de Narváez denuncia la Política de Dios, el
Buscón y otras obras a la Inquisición. Quevedo contraataca con
una Perinola que sólo consigue aumentar la inquina de sus
enemigos.
Presiones diversas, intereses
políticos, compromisos económicos le llevan en 1634 a contraer
matrimonio con doña Esperanza de Mendoza, viuda de Fernández Liñán de
Heredia y señora de Cetina. Es un enlace infortunado y breve.
Retirado en la Torre de Juan
Abad, inicia con su amigo Sancho de Sandoval una apasionante
correspondencia, que no interrumpe hasta su muerte. Realiza una
traducción de un apócrifo de Séneca, escribe el Epícteto...
En 1635 se publica en Valencia el máximo y más feroz de los ataques
lanzados por los enemigos de Quevedo: el libelo titulado El
tribunal de la justa venganza, erigido contra los escritos de
Francisco de Quevedo, maestro de errores, doctor en desvergüenzas,
licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades, catedrático de
vicios y protodiablo entre los hombres.
A partir de 1637 la vida de
Quevedo discurre, pacíficamente, entre la Torre de Juan Abad y Madrid.
Lee mucho, escribe siempre y estudia constantemente. Pero no se
desentiende de la actualidad política, como prueban sus cartas.
En diciembre de 1639 es
detenido en casa del duque de Medinacelli y encerrado en la prisión de
San Marcos de León, donde permanecerá cuatro años, hasta la caída del
conde-duque de Olivares. Las protestas de inocencia de Quevedo no son
escuchadas hasta junio de 1644, cuando parece demostrarse que se
ignora el motivo de su detención. Mientras, ha seguido trabajando en
sus poemas, epístolas y obras morales.
Cansado, viejo y enfermo, se
traslada a Villanueva de los Infantes. No deja de pensar en su obra:
dicta capítulos del Marco Bruto y proyecta, por primera vez,
una recopilación de sus poemas que nunca podrá realizar, pues la
muerte le sobrevino el 8 de septiembre de 1645.
A requerimiento del editor
Pedro Coello, don José González de Salas se encargó de recoger la
mayor parte de los poemas quevedescos dispersos, publicándolos en 1648
en Madrid bajo el título de El Parnaso español, monte en dos
cumbres dividido, con las nueve musas. En 1670 aparece en la
Imprenta Real de Madrid Las tres Musas últimas castellanas.
Segunda parte del Parnaso español, cuya edición, tan nefanda y
descalificable como la de Salas, corrió a cargo del sobrino y heredero
del poeta, don Pedro Aldrete
La imagen de Quevedo.
Quevedo ofrece una doble
imagen: la de un cortesano que lucha y hace protestas de
independencia, que se vincula estrechamente con el poder y en otras
ocasiones es perseguido por éste. Aparece como cortesano más o menos
ambicioso, más o menos intrigante, lo que constituye la «máscara» para
camuflar su celosa intimidad. Pocos datos precisos tenemos en torno a
su formación intelectual, sus relaciones afectivas, sus vivencias
paraliterarias. Esto se sustituyó con lo más exterior de su
personalidad. Y se creó una leyenda alrededor del personaje burlón y
sarcástico, falaz inventor (y protagonista él mismo) de chistes
malsonantes, anécdotas jocosas, chascarrillos, juegos de ingenio y
burla... Mas, junto a la «imagen» del hombre procaz y chistoso surgió
otra que lo coronaba de una aureola romántica. Sus exegetas, más
sujetos a la devoción que a la verdad histórica, se encargaron de
fabricar para Quevedo una vida llena de aventuras heroicas y
apasionantes conjuras.
La realidad es que Quevedo es
un hombre del cual mucho se ignora y mucho se discute todavía. Sin
embargo, la historia nos habla de un hombre angustiado, estoico seco y
solitario, un lector voraz de los clásicos, un trabajador apasionado y
vitalista, una inteligencia superdotada y un maravilloso poeta. La
razón de la virulencia de sus ataques de misántropo responde
seguramente a una hipersensibilidad que sufre la constante amenaza de
la herida. Como hombre del barroco, Quevedo plasmó su espíritu
desgarrado por medio de un lenguaje hermético, que envuelve su timidez
en el cinismo y la acritud, falseando su pudor con una máscara procaz.
Su forma de entender el mundo se filtra en una particular visión del
desengaño muy barroca y muy en consonancia con su trayectoria vital.
Obra literaria de Quevedo.
Quevedo es más una literatura
que un hombre, así lo definió Borges. Su obra es difícil e imposible
de constreñir en unos moldes preestablecidos, por su amplitud y
diversidad. Quevedo lo probó todo: la versatilidad y amplitud de sus
temas sólo es comparable a la riqueza de su vocabulario, ya que probó
todos los géneros literarios.
El teatro es lo menos logrado y
popular de su producción, pero escribió algún que otro entremés
interesante.
Más trascendencia corresponde a
su prosa. Difícil es clasificarla correctamente. Si algo singulariza a
nuestro autor es que, escribiera lo que escribiese, a todo trataba por
igual. Cuidaba la expresión y la inventiva, ya fuera un elogio a vuela
pluma o un tratado doctrinal, un prólogo de circunstancias o una
traducción clásica, un juguete satírico o una carta al amigo... Sin
embargo, hay obras que destacan entre las demás: obras festivas como
las Premáticas, el Libro de todas las cosas y las
Cartas del caballero de la Tenaza; obras satírico-morales
como los Sueños, el Discurso de todos los diablos,
La fortuna con seso y la hora de todos; obras de crítica
socio-literaria como la Aguja de navegar cultos, La Perinola,
Cuento de cuentos, La culta latiniparla; obras ético-políticas
como España defendida y los tiempos de ahora, Política de
Dios, la Vida de Marco Bruto; y tratados ascéticos como
La cuna y la sepultura, Virtud militante, Providencia de
Dios. Sin olvidar su única novela: el Buscón.
Quizás lo más destacado y
valioso, lo mejor de toda la producción literaria de Quevedo es, junto
con el Buscón, los Sueños y La hora de todos,
su poesía.
En sus poemas amorosos Quevedo
usa procedimientos para resquebrajar la anquilosis de los tópicos del
petrarquismo. Son poemas de una gran densidad conceptual, por lo que
muchas veces el amor no está tratado como punto de término sino que lo
usa como pretexto, como evasión de la temporalidad. Destaca «Amor
constante más allá de la muerte».
En sus poemas metafísicos se
refleja la preocupación de nuestro autor por la «muerte de ultratumba»
más que por la vida eterna. Quevedo enlaza con la corriente neoestoica
del Barroco, heredera de la filosofía de Séneca. El tono grave de
estos poemas no rechaza la expresión coloquial y los vocablos
extrapoéticos, produciendose impactos emocionales que podemos ver en
«¡Ah de la vida!... ¿Nadie me responde?».
También en los poemas
religiosos la lengua empleada por Quevedo está desprovista de todo
juego de artificio rimbombante, logrando una intensidad y una eficacia
desconocida hasta entonces (a excepción de Aldana). Es en los salmos y
poemas sacros donde se encuentran sus poemas más «agónicos» y
angustiados. Destaca el Salmo IX, «Cuando me vuelvo atrás a ver los
años», de tono mesurado y pesimista.
Hasta en sus traducciones en
verso: Anacreonte, Epícteto, Phocílides, Las lágrimas de Hieremías,
el Heráclito cristiano... su especial forma de traducir
-recreando, adaptando, retocando- nos permite descubrir aquí también
su pensamiento metafísico.
Sólo poco antes de su muerte
Quevedo habla de publicar su obra poética. Edita poemas ajenos, nunca
los propios. Los errores cometidos por Salas y Aldrete, la falta de
rigor de Astrana, la imposibilidad de que Fernández-Guerra diera a luz
el material archivado dejando la tarea al desaforado Janer... todo
esto ha contribuido al desconocimiento del mayor poeta español de la
Edad de Oro.
En la obra de Quevedo lo
importante no es la originalidad de sus temas, sino el proceso de
radicalización y profundización en los tópicos tradicionales. No fue
un innovador, sino un revolucionario de las letras. Con su obra no
inventó nada nuevo, pero construyó uno de los edificios literarios más
impresionantes de la lengua castellana.
2. Quevedo en Internet
Página de Quevedo.
Francisco de Quevedo y Villegas.La página
está a cargo de Miguel A. Gómez Segade y Santiago Fernández Mosquera,
en el servidor de la Universidad de Santiago de Compostela. Francisco
de Quevedo en todos sus aspectos, desde bibliografía reciente hasta
materiales relacionados con el escritor, avances de próximas
publicaciones, información sobre congresos o reuniones y la
posibilidad de ampliar contactos con otros quevedistas e
investigadores sobre el Siglo de Oro. Información y enlaces de interés
sobre la literatura del Siglo de Oro
Datos biográficos.
Textos literarios en línea.
Bibliografía y estudios sobre
Quevedo.
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Amplia bibliografía clásica y
reciente en la
web de Quevedo de la Universidad de Santiago de Compostela.
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Novedades bibliográficas y últimas
publicaciones de la
web de Quevedo de la Universidad de Santiago de Compostela.
3. Enlaces de interés.
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Centro virtual Cervantes.
Oteador. Literatura.
-
Parnaseo. Servidor
destinado a los estudiosos de la literatura española. Alberga
secciones como Lemir, dedicada a la literatura española medieval y
renacentista; Ars Theatrica, que se ocupa del estudio del teatro
español; o Facsímiles de obras literarias españolas. Ofrece también
direcciones de catálogos electrónicos de bibliotecas, y listas de
enlaces con otras páginas de literatura.
-
Poesía en español. Desde el
Romancero hasta el siglo XX. Enlaces con otras páginas de
literatura.
-
Sonetos del Siglo de Oro español
(Golden Age Spanish Sonnets)
Biografía de Quevedo
Nació en Madrid en el mes de septiembre de 1580. Su padre, hombre
culto e inteligente, secretario de la princesa María de Austria,
fallecería al poco tiempo.
Físicamente sufría una leve cojera por deformación de los
pies y su exagerada miopía lo obligaba a llevar anteojos.
Estudia, con la alta sociedad de su tiempo, en el colegio
Imperial de los jesuitas. Posteriormente ingresa a la universidad de
Alcalá de Henares, donde conoce al duque de Osuna. En esta época se
imprime su primer soneto, un elogio a Lucas Rodríguez, y aparecen sus
primeras obras en prosa. Destaca por su viva inteligencia, aprendiendo
diversas lenguas: griego, latín, árabe, hebreo, francés e italiano. Se
le considera en su tiempo como el español que más idiomas extranjeros
hablaba.
En los primeros años del siglo XVII pasa a estudiar a la
universidad de Valladolid, coincidiendo con la salida de las prensas
de la primera parte de Don Quijote de la Mancha de
Cervantes.
Pedro Espinosa incluye en su antología "Flores de
poetas ilustres" algunos poemas de juventud de Quevedo. Por
esa época, el autor satírico que sería después, ha empezado a componer
sus primeros escritos jocosos o burlescos.
Entre 1603 y 1608 escribe la que sería su obra cumbre
"El buscón". En la misma época traduce a Anacreonte y trabaja
en dos colecciones de poemas.
Su amigo de colegio, el duque de Osuna, es nombrado virrey de
Sicilia, y Quevedo parte con él al sur de Italia, como su consejero. A
este alto funcionario le dedicará un relato: "El mundo por de
dentro". Al caer en desgracia el duque, Quevedo sufre las
consecuencias políticas del cambio, siendo encarcelado en Uclés
(Cuenca) y más tarde, aquejado de enfermedad grave, es llevado a su
finca, la Torre de Juan Abad. Aprovecha para preparar en su
confinamiento "Política de Dios y gobierno por Cristo". Restablecida
su salud y levantada la condena de privación de libertad vuelve a la
actividad política.
En 1623 se desplaza a Andalucía en calidad de cronista en la
expedición de defensa contra los ingleses.
Al morir Felipe III, Felipe IV asciende al trono de España y
nombra al conde-duque de Olivares como una de las personas de más
confianza de su Consejo. Francisco de Quevedo se apresura a dedicarle
a este nuevo e importante funcionario su "Epístola satírica y
censoria" con clara intención de ganarse su aprecio y volver a
la actividad política bajo su protección.
Mientras tanto, vuelve a recluirse, esta vez voluntariamente,
en su Torre de Juan Abad y aprovecha para dar a la imprenta textos
escritos con anterioridad. En 1631 publica algunas de las obras
burlescas de su juventud, bajo el título de "Juguetes de la
niñez y travesuras del ingenio".
Escribe un libelo satírico titulado "El chitón de las
tarabillas" (en el que defiende la desastrosa política
monetaria del conde-duque de Olivares), que le hace ganar el aprecio
de Felipe IV que le nombra su secretario.
Coincidiendo con la grave crisis económica que desencadenó la
política del conde-duque, cae en desgracia por segunda vez, debido a
las intrigas de la Corte y en 1639 es detenido y encarcelado
nuevamente, esta vez en el convento de San Marcos de León, donde pasa
mil penurias durante cuatro años.
Dentro de su obra satírica se encuentran "La culta
latiniparla", "Epístola del caballero de la tenaza" y "Los sueños".
Estos últimos comprenden los siguientes relatos: "El
sueño de las calaveras", "El alguacil alguacilado", "Las zahurdas de
Plutón", "El mundo por de dentro", "Visita de los chistes" y "La hora
de todos y la Fortuna con seso".
Su contemporáneo Cervantes, nos legó una obra que, al crecer
en prestigio y fama, ensombreció la persona del autor; en cambio con
Quevedo ocurre exactamente lo contrario: su fuerte personalidad hizo
que su obra se viera desdibujada, ante su propia leyenda.
Quevedo ha sido uno de los grandes genios de la literatura en
habla castellana, Borges lo compara con Mallarmé y Joyce. Su capacidad
para valerse del lenguaje es difícilmente superable.
La primera biografía que se escribe sobre Francisco de
Quevedo es la de Pablo Antonio de Tarsia, en 1663, donde ya se resalta
el carácter satírico de gran parte de su obra. Al decir de J.M. Blecua,
su vida osciló entre una visión sarcástica o burlesca de la realidad,
y una visión muy estoica y senequista de la existencia. Fue capaz de
cultivar una poesía popular, a ratos chocarrera y tabernaria, satírica
y burlesca, al mismo tiempo que escribía una poesía llena de belleza
formal, o prosa culta y metafísica. Buena muestra de este segundo
aspecto de su obra, serían "La cuna y la sepultura", "La
política de Dios" y muchos sonetos profundos y trascendentes.
Quevedo es el máximo representante de la corriente
"conceptista", frente al "culteranismo" de Góngora, que no se libró de
algún poema satírico.
Pero lo que es verdaderamente interesante en Quevedo es su
lenguaje casi moderno, utilizando vocablos, a diferencia de Cervantes,
que no se han quedado obsoletos, que se continúan utilizando con toda
su fuerza expresiva. Su lectura, por tanto, se hace fácil, y su estilo
sorprendente por lo actual.
Valgan algunos ejemplos que hoy pueden ser oídos en cualquier
patio de colegio, bar o parada de autobús: "mojones" ("el culo hace
mojones"), "pendejos" ("población de pendejos"), "gorreros"
("gorreros, hospedándose más de lo que fuere razón en casa de los
amigos"), "a escote" ("niño/ que concebistes a escote/ entre más de
veinte y cinco") y otros muchos que podríamos seguir citando.
Igualmente se encuentran en su prosa vocablos que se mantienen en
determinadas zonas de Andalucía y América, perfectamente actualizados,
como "cabe" por zancadilla, "coima" por soborno, etc.
Quevedo era un hombre desengañado de muchas cosas, entre
otras de las mujeres, a las que deseaba alegres, pero a ser posible
"sordas y tartamudas". Muchas veces se refiere a ellas de forma
despectiva y a juzgar por su temática, más que frecuentar círculos
familiares, conoció los ambientes prostibularios y marginales de su
época, a los que llegaba atraído por el sexo pero dominado por su
misoginia.
Fallece en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) en 1645
Cronología -
Fernando Cabo Aseguinolaza
1580. Nace, probablemente, el 17 de septiembre en
Madrid Francisco de Quevedo Villegas. Es bautizado el día 26 del mismo
mes en la Iglesia de San Ginés. Son sus padres Pedro Gómez de Quevedo
y María de Santibáñez, ambos oriundos del valle de Toranzo en la
Montaña. Los cónyuges ocupan puestos de confianza en la corte, el
primero como escribano de cámara de la reina Ana y secretario
particular del príncipe e infantes. Francisco es el tercero de seis
hermanos.
1586. Muere su padre. María de Santibañez será
tutora de sus hijos hasta su muerte en el año 1600.
1594. Tras haber pasado posiblemente por las aulas
del Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid, estudia en el
Colegio de la Compañía en Ocaña, beneficiándose de la ayuda económica
que había obtenido del monarca su abuela Felipa de Espinosa.
1596. Comienza estudios de artes en la Universidad
de Alcalá de Henares. Obtendrá tres años más tarde el grado de
bachiller y, poco después, el de licenciado en 1600, año en el que
inicia estudios de Teología en la misma universidad. Se ha supuesto
que en estas fechas se inicia la amistad con Pedro Téllez Girón, más
tarde duque de Osuna.
1601. Prosigue sus estudios, al parecer, en la
Universidad de Valladolid, ciudad a la que se había trasladado la
corte.
1602. Tras dos años bajo la tutela de Andrés de
Ozaeta, el escritor, junto a sus hermanos menores, estará a cargo de
Agustín de Villanueva, residente en la corte de Valladolid, hasta
1605. Villanueva, casado con Ana Díez de Villegas, pariente de
Quevedo, tenía en la época el cargo de Secretario del Rey. Uno de sus
hijos, Jerónimo (1594), llegaría a ocupar el puesto de protonotario de
Aragón y a ser uno de los hombres más influyentes bajo el reinado de
Felipe IV. En este período, Quevedo comienza a hacerse un nombre en el
mundo de las letras. Algunos poemas suyos aparecerán recogidos en las
Flores de poetas ilustres de Pedro de Espinosa. Entre 1604 y
1605 mantiene correspondencia con Justo Lipsio.
1606. De regreso a la corte de Madrid, Quevedo
vuelve también a su ciudad natal, donde probablemente recibe órdenes
menores y se integra en la vida literaria de la corte.
1609. Escribe España defendida. Comienzan sus
pleitos para obtener el señorío de La Torre de Juan Abad.
1610. Se le niega el permiso para publicar el
Sueño del juicio final por "chabacano e imprudente".
1613. Viaja a Palermo para ponerse al servicio del
duque de Osuna, Virrey de Sicilia entre los años 1610 y 1616.
1614. Se desplaza a Niza, Génova y Madrid, siguiendo
instrucciones de su protector.
1615. Viaja desde Palermo a Madrid como portador del
donativo votado por el parlamento de Sicilia. Además, y en calidad de
hombre de confianza de Osuna, intriga en la corte, acudiendo incluso
al soborno, para asegurar el nombramiento del Duque como Virrey de
Nápoles. Estos hechos serán investigados, implicando a Quevedo, en
1621, tras la caída en desgracia del Duque.
1616. El duque de Osuna ocupa su nuevo cargo de
Virrey de Nápoles, en donde encontraremos también a Quevedo a partir
de septiembre.
1617. Se desplaza en misión diplomática a Roma. Poco
después viaja una vez más a Madrid para llevar el donativo del
parlamento napolitano y cuidar de los intereses del Duque. Felipe III
le concede el hábito de Santiago.
1618. Se inicia el declive político del duque de
Osuna. Quevedo regresa desde Nápoles a España de manera definitiva.
1621. Muerte de Felipe III y subida al trono de
Felipe IV. Proceso contra Pedro Téllez Girón, que salpica a Quevedo.
Se convierte en Señor de la Torre de Juan Abad, villa manchega sobre
la que había heredado ciertas rentas y cuya jurisdicción vende ahora
el Consejo de Castilla. Precisamente a esta villa había sido
desterrado poco antes del cambio de reinado y de que comenzase el
procedimiento legal contra el Duque. También conoce la cárcel en Uclés
durante un breve período. Sufrirá un nuevo destierro en sus posesiones
manchegas como consecuencia del proceso judicial contra su antiguo
protector. En los Grandes anales de quince días relata la
confusión de las jornadas inmediatas a la muerte de Felipe III.
1624. Viaja junto a la corte a Andalucía. En una de
las etapas alberga a Felipe IV en su residencia de La Torre de Juan
Abad. El 25 de septiembre muere en prisión el duque de Osuna.
1626. Acompañando de nuevo a la corte, se desplaza a
Aragón a principios de año. Unos meses más tarde, aparecen impresas
sin autorización en Zaragoza dos obras suyas: Política de Dios
y El Buscón.
1628. Nuevo destierro en sus posesiones de La Torre
de Juan Abad como consecuencia de su defensa del patronato único de
Santiago Apóstol.
1629. Escribe anónimamente El chitón de las
tarabillas, en apoyo de la política del conde-duque de Olivares, a
quien elogia asimismo en otros escritos.
1631. Tras alguna denuncia ante la Inquisición, y la
proliferación de ediciones piratas, publica Juguetes de la niñez,
obra en la que se recogen, junto a otros nuevos, textos anteriores de
carácter burlesco y satírico que aparecen ahora revisados y
censurados. También se publican ahora las ediciones de las obras
poéticas de Fray Luis de León, con dedicatoria a Olivares (redactada
en 1629), y Francisco de la Torre.
1632. Antonio Juan Luis de la Cerda, duque de
Medinaceli, con quien pocos años antes había iniciado una amistad que
marcará la última etapa de la vida del escritor, le representa en las
capitulaciones matrimoniales con Esperanza Mendoza, señora de Cetina.
Contraerán matrimonio en 1634, pero se separarán pocos meses más
tarde. Recibe el nombramiento de Secretario del Rey.
1633. La hostilidad hacia el conde-duque de Olivares
es ya evidente. Redacta en julio el acerbo memorial Execración
contra los judíos, que es, además de la más rotunda muestra de su
antisemitismo, un ataque frontal a la política del valido.
Posiblemente comienza también ahora la escritura de La Hora de
todos.
1634. Publica La cuna y la sepultura y la
traducción de La introducción a la vida devota de Francisco de
Sales. En esta época desarrolla una gran actividad literaria; de
entre 1633 y 1635 datan obras como De los remedios de cualquier
fortuna, el Epicteto, Virtud militante, Las
cuatro fantasmas, la segunda parte de Política de Dios, la
Visita y anatomía de la cabeza del cardenal Richelieu o la
Carta a Luis XIII.
1635. Se publica el libelo contra Quevedo titulado
Tribunal de la justa venganza.
1639. El 7 de diciembre es detenido en casa del
duque de Medinaceli y conducido al convento de San Marcos de León,
donde permanecerá encarcelado hasta junio de 1643, cinco meses después
de la caída de Olivares. En este tiempo escribe La Rebelión de
Barcelona y Providencia de Dios.
1644. En noviembre, con su salud muy deteriorada, se
retira a La Torre de Juan Abad. Publica el Marco Bruto y La
caída para levantarse. Prepara en este tiempo la edición de su
poesía, que aparecerá póstumamente por González de Salas en 1648.
1645. El 8 de septiembre muere en Villanueva de los
Infantes, adonde se había desplazado a principios de este año.