Google

Avizora - Atajo Google


 

Avizora Atajo Publicaciones Noticias

Biografías

Biografías
Bertrand Arthur William Russell

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

- Pensar filosófico de Habermas
- Llamado a los jueces del mundo
-
¿Qué es un crimen de guerra?
- Delitos internacionales y principio de...
- La filosofía y su relación con la cultura

 

Google

Avizora - Atajo Google

 


Bertrand Arthur William Russell

Bertrand Russell / Anexo 01 / Anexo 02

.
Bertrand Russell y la filosofía
. El pensamiento matemático de Bertrand Russell
.
Tribunal Russell

111009 - M Carmen Márquez García - Bertrand Arthur William Russell nació a la acostumbrada edad de 0 años el 18 de mayo de 1872, y murió a la insólita edad de 97 años el 2 de febrero de 1970. Durante casi un siglo vivió una vida asombrosamente rica y turbulenta, alcanzando fama como filólogo y crítico social, como escritor y educador, como miembro de la Cámara de los Lores y como interno de la cárcel de Brixton. Enseñó en muchos de los más prestigiosos centros del mundo, desde Cambridge hasta Harvard y Berkeley. Ganó un premio Nobel, se casó cuatro veces y tuvo numerosas aventuras sentimentales. Fue vilipendiado por su agnosticismo ateo y por su defensa del sexo extra matrimonial. Una lista de las personas con las que trató a lo largo de su vida es como un "Quién es quién" de la civilización occidental.

Una de las cosas sorprendentes de Russell era su extraña mezcla de inconformidad y conformidad, de valores tradicionales y chocante radicalismo. En algunos aspectos parecía en gran manera un producto de la clase alta británica; en otros, parecía un eterno enemigo de la sociedad establecida. Hay fotografías en que aparece a la cabeza de manifestaciones antibélicas vistiendo un traje con chaleco y reloj de bolsillo. Aunque su promesa de "no respetar a las personas respetables" debió marcarle como traidor a su clase social, Bertrand Russell tenía unos antecedentes inigualablemente respetables.
 
Su abuelo Jhon Russell había sido primer ministro de la Reina Victoria de 1846 a 1852 y de nuevo de 1865 a 1866. Bertrand, que viviría lo suficiente para ver a los humanos paseando por la Luna, recordaba cuando se sentaba en las rodillas regias de Victoria durante las visitas de ésta a la mansión de su abuelo. Claramente, el joven Bertie nació en los más altos escalafones de la sociedad británica decimonónica.
 
Sin embargo, la vida puede resultar cruel incluso para los poderosos. Russell perdió a sus padres a la edad de cuatro años. Como consecuencia, fue criado por su abuela, quién decidió educarlo no en la escuela, sino en casa con preceptores. El brillante y sensible joven pasó así gran parte de su juventud entre viejos en la taciturna mansión ancestral de Pembroke Lodge, privado de las alegrías despreocupadas de la infancia. Según su propio relato, fue un joven solitario y reprimido que pasó demasiado tiempo cavilando. Caviló sobre el bien y el mal, y en más de una ocasión contempló la posibilidad del suicidio.
        

Pero de esta infancia solitaria Russell comprendió una lección que le acompañaría hasta el final de su vida. Se trataba del pasaje bíblico favorito de su abuela -"No seguirás la multitud de los que obran mal"-, palabras que servirían para caracterizar la vida de Russell.
Llegado el tiempo, Bertie dejó Pembroke Lodge y marchó al Trinity College, en Cambridge, la misma institución que acogió al joven  Isaac Newton, más de dos siglos antes. Con su pobre preparación y su intensidad intelectual, pasó por Cambridge como un bicho algo raro, aunque cuajó bien en la vida académica y sobre todo las matemáticas cautivaron su atención.
 
Fue un flechazo. Russell se vio tremendamente inepto para las ciencias físicas o experimentales, pero las matemáticas -algo impersonal que, en sus propias palabras, podía amar sin ser  amado en  reciprocidad- se convirtieron en una obsesión. Para  Russell, las matemáticas ofrecían una única vía para la certeza y perfección.  "Me desagradaba el mundo real -confesaba-, y busqué refugio en el mundo ucrónico, sin cambio ni corrupción ni el fuego fatuo del progreso"
. Con este espíritu, escribió este ditirambo a las matemáticas, un tributo cuyo exceso está atemperado sólo por la elocuencia:

    La vida real, para la mayoría de los hombres, es un perpetuo compromiso, en gran manera secundario, entre lo ideal y lo posible; pero el mundo de la razón pura no conoce compromisos, ni limitaciones prácticas, ni barreras par ala actividad creativa que engloba en espléndidos edificios la apasionada aspiración por lo perfecto de la que brotan todas las grandes obras. Lejos de las personas buenas, lejos incluso de los lastimosos hechos de la naturaleza, las generaciones han creado poco a poco un cosmos ordenado, donde puede morar el pensamiento puro como en su natural casa, y donde uno, al menos, de nuestros impulsos más nobles puede escapar del triste exilio del mundo de los hechos.

Como se puede barruntar de las palabras, los aspectos utilitarios de las matemáticas tenían para Russell poco atractivo. Su pasión era por una suerte más pura, más ascética, de razonamiento matemático. En su Introducción a la Filosofía Matemática, Russell describía las dos grandes y contrarias direcciones del pensamiento matemático: "La más familiar... es constructiva, y va hacia una complejidad gradualmente creciente: de los números enteros a las fracciones, números reales y números complejos, de la suma y multiplicación a la diferenciación e integración y a las matemáticas superiores. La otra dirección, menos familiar, avanza... hasta una abstracción y simplicidad lógica cada vez mayor". Esta otra dirección, el movimiento que se aleja de las aplicaciones y complejidad y va hacia los fundamentos y la simplicidad, caracterizaba para Russell a la filosofía matemática. Y aquí es donde se encontraba intelectualmente en su casa.
 
Su trabajo sobre los fundamentos de las matemáticas fue realizado en Cambridge, primero como estudiante y luego como un miembro de Trinity College. En su empresa se le unió Alfred North Whitehead, un reputado profesor de lógica cuya colaboración con Russell se prolongaría durante décadas de disensiones académicas y personales. Durante al verano de 1900, una época de "intoxicación intelectual", Russell realizó importantes avances en lógica matemática. Fue un período intenso y apasionante para el intelectual de 28 años, quien más tarde recordaría que "empecé a mí mismo que por fin ahora había hecho algo que valía la pena y era consciente de que debía procurar no tirarme a la calle sin haberlo puesto por escrito"
.

En 1903 Russell publicó un libro de 500 páginas, Los principios de las matemáticas, y más tarde él y Whitehead escribieron los enormes tres volúmenes de los Principia Mathematica que aparecieron en 1910, 1912 y 1913. Éste fue su intento definitivo de reducir todas las matemáticas a las ideas básicas e irrefutables de la lógica. Los Principia estaban tan llenos de símbolos lógicos con exclusión de palabras inglesas que el historiador de las matemáticas, Ivor Grattan-Guinness describió acertadamente una página típica como si fuera semejante a "papel pintado".   

La implacable exactitud de estos volúmenes agotó las reservas de Russell, Whitehead y , posiblemente de cualquiera con la paciencia de leerlos. También arruinó sus bolsillo, pues poquísimos lectores decidieron comprar una publicación tan horrorosa. "Ganamos cada uno menos de 50 libras en 10 años", confesó Russell. Pero lo peor es que no está claro que Russell y Whitehead hubieran logrado su misión de reducir todas las matemáticas a la lógica. Lo que estaba claro era que habían producido una obra que sondeó los fundamentos de las matemáticas hasta profundidades inigualadas.

En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el cuarentón Bertrand Russell había establecido una marca en la filosofía matemática. Cualquier coetáneo podía haber sospechado que Russell pasaría sus restantes años explorando más a fondo arcanos teoremas de la lógica. Pero esa sospecha había sido infundada, ya que la vida de Russell estaba a punto de desplazarse en notables e inesperadas direcciones.
 
Muchas fuerzas, internas y externas, le impulsaron, pero la más importante de ellas fue la insensatez de la Primera Guerra Mundial. Russell, al igual que muchos intelectuales británicos, observó cómo una generación entera de jóvenes fue barrida en la carnicería bélica. Repentinamente, la marcha de los símbolos lógicos por una página perdió su importancia. Confesó que, frente a la guerra, "el trabajo que he realizado es muy pequeño e irrelevante para este mundo en el que nos encontramos viviendo"
.

Bertrand Russell se zambulló en la refriega. Su activismo antibélico le llevó a ser detenido en 1916 y despedido de Cambridge con pérdida de su pasaporte. Esto último le costó perder un puesto es Harvard que andaba esperando. Pero nada de esto silenció sus denuncias mordaces de un esfuerzo de guerra que cada día era más trágico, por lo que resultaba inevitable que sobreviniera un conflicto posterior que estaba latente. Esto ocurrió en 1918, cuando Russell fue detenido de nuevo y encarcelado durante 6 meses en la prisión de Brixton. El vástago de la nobleza se convirtió así en un preso de conciencia


Bertrand Arthur William Russell

Pero no fue sólo su postura antibélica la que le acarreó dificultades con la clase dirigente británica. Al menos tuvo otros dos posicionamientos en contra de valores tradicionales. Uno fue su agnosticismo público. Russell criticó no sólo ciertas religiones, sino la religión en general. Era una persona que creía de todo en la supremacía de la razón y consideraba que la teología conducía a la humanidad en direcciones contradictorias e infortunadas. Sus denuncias eran cortantes, poderosas y violentas. Escribió, por ejemplo, que "cuanto más intensa había sido la religión en un período cualquiera y más profundo había sido el pensamiento dogmático, tanto mayor había sido la crueldad".

Atacaba a la Iglesia Católica regularmente por su prohibición del control de natalidad, y fue poco más amable con las otras denominaciones cristianas. A los que veían la mano de Dios en el diseño de nuestro universo, preguntaba Russell: "¿Pensáis que si se os concediera la omnipotencia y la omnisciencia y millones de años para perfeccionar vuestro mundo, no habríais producido algo mejor que el Ku Klux Klan o los Fascistas?"
. Sus puntos de vista se pueden resumir en sus respuestas a la pregunta de qué es lo que a él particularmente le gustaba de este mundo: "Las matemáticas y el mar, y la teología y la heráldica, las dos primeras cosas porque son humanas, las dos últimas porque son absurdas". Quizá es posible que, cuando se anunció que había muerto en un viaje a China, una revista religiosa publicara en un editorial poco caritativo que "a los misioneros se les podía perdonar el que hayan suspirado aliviados al oír las noticias de la muerte del señor Russell".

Pero si sus opiniones religiosas fueron controvertidas, también lo fueron sus opiniones sobre el sexo y el matrimonio. Había poco fundamento en estricta educación para predecir tamaña heterodoxia. A los 22 años se casó con Alys Pearsall Smith, una cuáquera americana que vivía en Inglaterra. Alys insistió en contraer un matrimonio según el rito cuáquero, a lo que accedió Bertie con su tacto característico: "No te vayas a creer que realmente me importa una ceremonia religiosa...; Cualquier ceremonia religiosa me fastidia"
.
 
Al principio, su matrimonio prometía ser eterno, pero en cuestiones del corazón Bertrand Russell tenía poca estabilidad. Un día a comienzos de 1902, mientras paseaba en bicicleta cerca de Cambridge, Russell se dio cuenta de que no amaba a su esposa.

Al constatar esto, inició una serie de aventuras románticas que abarcarían medio siglo y que enredaría a este hombre lógico en un comportamiento que pareció a todo el mundo abiertamente irrazonable. Al parecer se encaprichó de Evelyn Whitehead, la esposa de la persona con la que estaba escribiendo los Principia Mathematica. Tuvo una larga y duradera aventura con Lady Ottoline Morrell, una dama muy conocida de la alta sociedad inglesa y esposa de un político prominente. Tuvieron numerosos encuentros clandestinos en habitaciones de oscuros hoteles. Todo ello resultaba totalmente indecoroso para una persona de talla internacional.

Mientras todo esto ocurría, se divorció de Alys y se casó con Dora Black en 1912. Sobre el papel, su matrimonio duró hasta 1935, pero en 1929 Russell escribía de su segunda mujer: "Ni ella ni yo hacíamos ningún fingimiento de fidelidad conyugal". En estas circunstancias, apenas pudo resultar sorprendente que Dora tuviera un hijo de otro en 1930. pero cuando tuvo un segundo niño con el mismo hombre, aquello fue bastante para Russell, quien pidió el divorcio.

Esto preparó el camino para su tercer matrimonio con Helen Patricia Spence, que duró de 1936 hasta 1952. Entonces, a la edad de 80 años se casó con Edith Finch, una profesora de inglés en Bryn Mawr, y así encontró una compañera con la que pudo pasar felizmente sus últimos años.

Tal conducta dentro y fuera del matrimonio reportó a Bertrand Russell numerosas situaciones comprometidas, especialmente porque siempre estaba dispuesto a discutir sus puntos de vista sobre el sexo, la castidad, la contracepción y temas semejantes. En 1940, en un célebre caso  se le excluyó de un puesto de profesor en el City College de Nueva York por orden de la comunidad religiosa y el alcalde Fiorello LaGuardia. Se dijo que Russell no era apto para enseñar, ya que sus puntos de vista se oponían a la religión y aprobaba la promiscuidad. Con claro espíritu de clase, observó en cierta ocasión que los matemáticos enamorados eran iguales que cualquier otro enamorado "excepto, quizá, en que el ocio de la razón los hace ser apasionados hasta el exceso"
. Bertrand Russell claramente pasó ocioso un tiempo considerable.

0703 - Tribunal Russell - Luis T Díaz Müller

El Tribunal Russell destinado a juzgar los crímenes de guerra cometidos por el gobierno de los Estados Unidos en Vietnam y el Sudeste Asiático constituyó, en mi opinión, un Tribunal Moral, con importantes fundamentos jurídicos.
En efecto, el Tribunal Russell incorpora todo el Derecho de Núrenberg sus deliberaciones y conclusiones. Se equivocan quienes, por ganas de figuración o simple ignorancia, pretenden que el Tribunal Russell no tuvo fundamentos jurídicos. Constituido a instancias de Sir Bertrand Russell, filósofo y matemático inglés, Premio Nobel de la Paz, el Tribunal que lleva su nombre tuvo sesiones importantes principalmente en Estocolmo (Suecia). Su presidente ejecutivo fue el filósofo Jean-Paul Sartre. Entre sus miembros destacados pueden mencionarse: Simona de Beauvoir, Lelio Basso, Lázaro Cárdenas, Isaac Deutscher, Deter Weiss, entre otros [24]. El Tribunal Russell funcionó mediante un sistema de Comisiones, Sesiones Plenarias del Tribunal, y un importante Banco de Datos. Como expresó Sir Bertrand Russell en la Sesión Inaugural: "no representamos a ningún estado ni podemos dictar sentencias ejecutorias". La pregunta central que se formuló el Tribunal fue: ¿Por qué esta guerra de Vietnam? [25]
Los objetivos del Tribunal (16 de noviembre de 1966) fueron:
1) Estudiar las causas por las cuales la guerra de Vietnam enfrentó al más poderoso y rico Estado del mundo en una nación de campesinos pobres;
2) Se trata de una guerra al margen del Derecho Internacional;
3) Por violación de los Principios de Nürenberg;
4) En interés de la Humanidad.
Las preguntas que se formuló el Tribunal Russell apuntan en la dirección de establecer los Crímenes contra la Humanidad:
- ¿Ha habido AGRESIÓN en el sentido del Derecho Internacional?
- ¿Ha habido experimentación de armas nuevas o proscritas?
- ¿Ha habido bombardeos de objetivos de carácter civil?
- ¿Han sido sometidos los prisioneros vietnamitas a tratos crueles, inhumanos o degradantes?
- ¿Se han creado campos de trabajos forzados?
- ¿Se han cometido actos de Genocidio?
Se estableció un sistema de pruebas orales y escritas. En la intervención de J. Paul Sartre, se planteó directamente la existencia de "Crímenes de Guerra" por parte de los gobiernos de los Estados Unidos, Corea del Sur, Nueva Zelandia y Australia. Como se sabe, la Francia del general De Gaulle se opuso abiertamente (en forma oficial) a la guerra de Vietnam. Sin embargo, la Francia degaullista no permitió que el Tribunal Russell sesionara en París. Sartre recordó la vinculación directa entre el Pacto Briand-Kellog (la proscripción del uso de la fuerza - 1928), y el Tribunal Russell. El filósofo francés recordó que nunca se condenó a los Aliados por los bombardeos de Dresde o Hiroshima. Recordó el ejemplo paradigmático de Auschwitz [26], recordando que la idea del Tribunal era constituir un Tribunal independiente, con fuerza moral, basado en el Derecho de Núremberg.
La Comisión jurídica estuvo presidida por el Dr. Luis Mantarasso (Francia). Se establecieron las penas conforme al Artículo 6º del Estatuto de Nürenberg: 1) Crímenes contra la Paz; 2) Crímenes de Guerra; 3) Crímenes contra la Humanidad; y, 4) Genocidio.
Una de las preocupaciones centrales del Tribunal-Russell fue la caracterización del "Crimen de Agresión". De acuerdo con la Resolución nº 599 de la Asamblea General, de 31 de enero de 1952.
En efecto, como señaló el Dr. Lellio Basso, la guerra de Vietnam constituyó una "agresión americana". De acuerdo con las siguientes características:
a) Plan concertado para atacar los derechos fundamentales del pueblo vietnamita;
b) Intervención política y militar para construir arbitrariamente un Estado separado de Vietnam del Sur a pesar de los acuerdos de Ginebra;
c) La participación directa de los Estados Unidos en el Sur.
d) Los ataques contra Vietnam del Norte;
e) Se trató, afirmó el Senador Dr. Lellio Basso de una Guerra de Agresión contra un pueblo que defiende sus derechos fundamentales, su derecho a la autodeterminación, y que se niega a someterse a la ley del más fuerte;
f) Negativa oficial del gobierno de Estados Unidos para aceptar o rechazar los cargos que se le imputan; [27]
g) En la guerra de Vietnam se cometieron los delitos de Crímenes contra la Paz, violación del Pacto Briand-Kellogg, violación del Artículo 2º de la Carta de la ONU;
h) Violación de los Acuerdos de Ginebra de 1954;
i) Bombardeos aéreos, navales y terrestres de objetivos civiles que revisten un carácter masivo, sistemático y deliberado: bombardeos a la población civil;
j) Represión injustificada a la población; experimentación de armas nuevas; sometimiento de los prisioneros vietnamitas a tratos inhumanos, prohibidas por las leyes de la guerra, y particularmente tortura y mutilación.
El Tribunal-Russell debe entenderse en relación con el Proceso a los Criminales de Guerra japoneses en Extremo Oriente (Tokio: 1946-1948), bajo la Administración del general Mc-Arthur.
Un tema que aparece, a propósito de la guerra de Vietnam, es el asunto de la Responsabilidad del Estado [28]. En breve, se trata de establecer la responsabilidad internacional de un Estado por acciones ilícitas, contrarias a la legalidad internacional: es el caso de objetos lanzados al espacio (Tratado de Washington, 1972); o la responsabilidad por los actos cometidos por los ejércitos en campaña (IV Convención de La Haya de 1907): ¿Y la Responsabilidad por guerras de agresión?
Sin embargo, debe tenerse claro que la responsabilidad internacional de los Estados es totalmente distinta de la Responsabilidad Penal de los Individuos. Así, por ejemplo, el Consejo de Seguridad estableció un Tribunal Especial por violaciones graves del Derecho Humanitario en el territorio de la Antigua Yugoslavia (Res. 827 de 1993), y para el caso de Ruanda (res. 995 de 1994).

 

Pero también pasó trabajando un tiempo considerable. Durante estos años de controversias siguió siendo un escritor prolífico, que produjo volúmenes de crítica social, tratados de educación e incluso artículos periodísticos de divulgación. Parece un poco incongruente, y sin embargo este activista social se encontró escribiendo de vez en cuando para la revista Glamour y apareciendo como un famoso invitado en un programa de radio de la BBC. Parte de su aceptación popular de debió al hecho de que, a pesar de sus puntos de vista, Bertrand Russell fue una personalidad genuinamente fascinante. En parte fue debido indudablemente al hecho de que sobrevivió a sus enemigos.
       
Otros dos aspectos de su vida merecen mencionarse. Uno fue su permanente disgusto por el sistema político comunista. En un tiempo en el que muchos intelectuales aplaudieron el ascenso del comunismo como la salvación de la humanidad, Russell, como de costumbre, nadó contra corriente. Sobre unos bases puramente intelectuales, dio dos sucintas razones para oponerse a la filosofía de Karl Marx: "una, que era confuso, y la otra, que su pensamiento estaba casi enteramente inspirado en el odio"
.
       
El desdén de Russell por el comunismo iba derecho a sus fuentes, ya que había conocido a Lenin personalmente durante una visita a Moscú en 1920 y había vuelto decepcionado. Su juicio fue tan severo como el del más duro político occidental cuando describía el estado soviético como "un asilo de lunáticos homicidas donde los celadores son los peores"
. Durante la Segunda Guerra Mundial, que personalmente apoyó, se preguntaba si el enemigo de Inglaterra  Hitler era realmente peor que su aliado Stalin.
       
El otro rasgo sorprendente de Russell fue sus dotes como escritor. Como se ha dicho. escribió sobre muy diversos temas. Pero bien fueran temas filosóficos (por ejemplo, "Nuestro conocimiento del mundo externo como un campo para el método científico en filosofía") o tratados críticos ( por ejemplo, "Un esbozo de las tonterías intelectuales") o livianos relatos populares (por ejemplo, "Si te enamoras de un hombre casado"), su escritura era fresca, provocadora y comprometedora.
       
Y su estilo tenía un instinto innegable, aunque particularmente teñido con un toque de su mordaz sarcasmo. Cuando escribía sobre la clasificación de la gula como pecado, Russell reflexionaba: "Es un cierto pecado vago, pues es difícil decir dónde el interés legítimo por el alimento cesa y se empieza a incurrir en culpa. ¿Es malo comer algo nutritivo? En ese caso, caeríamos en un riesgo de condenarnos cada vez que comemos una almendra salada"
. Ridiculizaba  a los defensores de los derechos de los animales cuando escribía: "Un igualitario decidido... se verá forzado a considerar a los monos iguales a los seres humanos. ¿Y por qué pararse en los monos? No sé cómo va a oponerse a una razón a favor del voto de las ostras".

Y una vez difirió la escritura de una autobiografía porque: "Tengo una cierta vacilación a empezar... demasiado pronto... por miedo de que algo importante no haya sucedido todavía. Supongamos que terminara mis días como presidente de México; la biografía parecería incompleta si no mencionara este hecho".

Su talento para la escritura fue reconocido de la manera más pública  imaginable cuando Bertrand Russell recibió el Premio Novel de Literatura en 1950. Pero, al describir su fórmula para escribir con éxito, Russell dejaba desazonados a los profesores de redacción:

    Mi profesor me dio varias reglas sencillas, de las que sólo recuerdo dos: "Pon una coma cada dos palabras y nunca uses ''y'' excepto al principio de una sentencia". Su consejo más enfático era que siempre había que reescribir. Lo intenté a conciencia, pero me encontré mi primer borrador era casi siempre mejor que el segundo. Este descubrimiento me ha ahorrado una enorme cantidad de tiempo.

A lo largo de su vida, desde sus investigaciones matemáticas hasta su encarcelamiento, desde sus numerosas aventuras amorosas hasta su Premio Nobel, Russell se codeó con una notable serie de personas interesantes e influyentes. Su padrino fue Jhon Stuart Mill. Hemos dicho que en una ocasión se sentó en las rodillas de la Reina Victoria. Más tarde gozó de la amistad de Jhon Maynard Keynes, William James y H. G. Wells. Conoció a los escritores Beatrix Potter, D. H. Lawrence, George Bernad Shaw, Joseph Conrad, Aldous Hexley y Rabindranath Tagore. Discípulo suyos fueron Ludwing Wittgenstein y T. S. Eliot. En Rusia entrevistó a Lenin y Trotsky. Y cuenta que a sus clases de 1920 en Pekín asistieron dos jóvenes notablemente radicales, Mao Tse-Tung y Cho En-lai. Tuvo numerosos amigos, desde Albert Einstein hasta Peter Sellers y Winston Churchill. Con respecto a éste último, contaba Russell que una noche cenando en una fiesta "Winston me pidió me pidió que explicara el cálculo diferencial en dos palabras, lo que hice a su satisfacción".

Y por si estas relaciones con los grandes no fueran adecuadas, Russell ocupó en el Trinity College las habitaciones en las que en otro tiempo residió Isaac Newton. Aunque temperamentalmente Russell y Newton no podían ser más diferentes, estos dos ingleses tuvieron cada uno una inteligencia enormemente poderosa y los dos hicieron avanzar las matemáticas de su tiempo hasta nuevas fronteras.


Bertrand Arthur William Russell

Bertrand Russell y la filosofía - Manuel Claps

Por la comunidad de problemas y por el modo de tratarlos, Bertrand Russell es un continuador de la perdurable tradición británica que defiende una de las visiones fundamentales de la realidad, quizá la más sincera: el empirismo. Pero lo es con algunas variantes.

Si bien su formación matemática le impide ser un empirista radical, su amor por la experiencia le impide ser un platónico y en consecuencia adopta un empirismo limitado, un empirismo que llamaríamos metódico, y que más que una teoría es una hipótesis. Su vasta obra (alrededor de cuarenta títulos) se puede dividir en tres sectores que corresponden a sus intereses fundamentales: uno lógico-matemático (que es el de mayor importancia), otro filosófico-epistemológico y un tercero político-social. Toda ella es encomiable por el modo cómo está pensada y escrita. Revela el itinerario de una vida dedicada a lo búsqueda de la verdad y está jalonada por prólogos leales y generosos.

La simpatía que provoca la personalidad de Russell radica quizá en dos causas; su nunca desmentida inteligencia y la firmeza de su conducta de hombre. Es un espíritu libre en el sentido nietzscheano y ha sabido practicar esa libertad aun contra toda una nación embanderada en una guerra de imperialismos. Por sostener sus ideas ha padecido la incómoda cárcel, enseñando que la filosofía no exime sino que obliga a mantener las convicciones en la práctica.

En la obra de Russell hay dos maneras distintas de entender el dominio de la filosofía. En Los Problemas de la Filosofía (1912), éste no se diferencia en nada de la concepción clásica. Comprende los problemas tradicionales y se reconoce el carácter de real incertidumbre del conocimiento que se puede adquirir acerca de ellos. Esta misma concepción reaparece —como era lógico esperarlo— en Historia de la Filosofía Occidental (1945).

Pero en Nuestro Conocimiento del Mundo Externo (1914) la actitud no es la misma; los problemas se precisan y el método es otro. Este segundo modo de entender la filosofía constituye su manera característica de concebirla y de practicarla y responde a una tendencia que desde la crisis de los grandes sistemas reaparece periódicamente bajo diversas formas.

Si no existieran estas razones serviría el consejo del Profeta que el mismo Russell recuerda: si dos textos del Corán son incompatibles, el último debe ser tomado por verdadero. Esta concepción que llamaremos diferencial del conocimiento filosófico intenta convertirlo en un conocimiento científico.

Dos impulsos humanos fundamentales han engendrado al primero; uno que informa la actitud mística, y otro que propende a la actitud científica. La filosofía se ha desarrollado por la unión o el conflicto de estos dos impulsos. A lo largo de la historia y debido al enorme progreso de la ciencia, la separación entre los dos modos de conocer ha ido aumentando y la filosofía se ha convertido en una tierra de nadie entre la ciencia y la religión. Se trata de abordar esta tierra y de ocuparla.

Una tentativa fracasada de conquista fue el positivismo. Utilizando su experiencia se puede reanudar la tarea. (Esta empresa —asumida con excesiva limitación— tiene un nombre en la filosofía contemporánea: neopositivismo.) Pero es en otros filósofos donde se debe buscar una continuación de aquel intento, una satisfacción de aquella exigencia que reclamara Comte con su lenguaje patético y por momentos eficaz. Ellos son, por ejemplo, Husserl, Bergson, Whitehead y el mismo Russell.

La tentativa de convertir a la filosofía en ciencia trae como primer resultado una limitación de su dominio, una reducción de sus pretensiones. Representa un adelanto parecido al que Galileo introdujo en la física; la sustitución de amplias generalidades no probadas, que sólo se acreditan por cierto ruego a la imaginación, por resultados parciales, detallados y verificables.

El éxito logrado por algunos lógico-matemáticos en el tratamiento de problemas que parecían irresolubles —como los del número, el infinito, el espacio y el tiempo— ha hecho pensar a Russell que el mismo método se podía aplicar a otros problemas de la filosofía, como el del mundo externo, el de la causalidad, y el de la libertad.

Este método en especial es el lógico-analítico aplicado por Frege, a algunos problemas lógico-matemáticos. (Su comentario por Russell puede verse en Los Principios de la matemática, Apéndice A.)

Los problemas tradicionales al ser considerados de este modo se descomponen en una serie de subproblemas que hay que resolver previamente. El estudio de la lógica se transforma en el estudio central de la filosofía: proporciona un método de investigación exactamente en la forma en que la matemática provee de método a la física. Pero no se trata de reeditar la tentativa de Hegel; no es la lógica clásica la que va a servirnos sino una lógica esencialmente analítica, una lógica mejor. Una de las tareas de ésta es la de explicitar las formas lógicas implícitas en el discurso y establecer una teoría general de ellas, teniendo el cuidado de evitar toda presuposición ontológica. Aplicando una terminología tomada de la fisicoquímica denomina las proposiciones, atómicas, moleculares, etc. Y a su teoría, atomismo lógico. (Teoría que va a ser desarrollada hasta el nihilismo por su amigo y discípulo Wittgeinstein.)

Así concebidos el método y el objeto de la filosofía, ésta se parecerá cada vez más a la ciencia. Bergson lo ha expresado inmejorablemente: El filósofo deberá resignarse, como el científico, a no estudiar más que un corto número de problemas; sólo con esta condición obtendrá resultados duraderos. Otros filósofos continuarán su labor y así la filosofía, como la ciencia, se hará en colaboración y progresará indefinidamente, en lugar de tejerse, y destejerse sin cesar como la tela de Penélope. La unidad de la filosofía ya no será la de una cosa hecha como la de un sistema metafísica; será la unidad de una continuidad, de una curva abierta que cada pensador prolongará, tomándola en el punto que otros la dejaron.

Así la filosofía tendrá de la ciencia —de las más abstractas ciencias— el método y la precisión que implica, pero un objeto diferente, Se establece una autonomía condicionada, en cierto modo, del conocimiento filosófico ya que éste aspira a resultados que las otras ciencias no puedan aprobar ni desaprobar. Russell insiste también sobre el aspecto puramente intelectual de la filosofía, definiéndola en un pasaje como el entendimiento teórico del mundo como un todo.

La vinculación de Russell con la filosofía es lateral. No posee una visión metafísica fundamental, como su amigo Whitehead. (Esto explica en parte los diversos cambios de posición frente a los distintos problemas que se advierten a lo largo de su obra, debidos, por otra parte, a su posición de hombre de ciencia que no vacila en abandonar una posición cuando la cree equivocada.)

Fiel a una de sus concepciones de la filosofía ha tratado problemas determinados. Su aporte más importante al pensamiento contemporáneo radica en su obra lógica y matemática: los famosos Principia Mathematica (en colaboración con Whitehead) y Los Principios de la Matemática.

Su tarea en cuanto investigación de las relaciones lógicas y de la significación se asemeja a la de Husseri, y en cuanto intento de restablecer las relaciones entre la ciencia y la filosofía, a la de Bergson y de Whitehead.

Se puede decir de él lo que se ha dicho de Loche: desarrolló las líneas de pensamiento que mantuvieron a la filosofía al ritmo de la época. En este sentido el pensamiento de Russell será uno de los más característicos de nuestro tiempo - Espacio Latino - Número Año 2 Nº 10-11
Setiembre - diciembre 1950

 


Bertrand Arthur William Russell

El pensamiento matemático de Bertrand Russell - Jorge Ludlow *

Evaluar la obra matemática de Russell resulta una tarea un tanto subjetiva, prematura y demanda niveles de conocimiento interdisciplinarios profundos.

Pero describir estos problemas y explicarlos, tocando algunos temas relevantes de su obra, aún cuando anecdótico e incompleto resulta instructivo y a ello dedicaré mi ponencia.

Resulta subjetiva, pues haciéndome eco de James Newman puedo afirmar que "como tantas otras personas de mi generación he aprendido tanto de Russell que no puedo, tanto por concordancia como por discordancia, adquirir la objetividad necesaria".

Resulta prematura, pues el mismo Russell en fecha reciente en su libro "La evolución de mi pensamiento filosófico" afirma: "Considero que la aritmética es desde el punto de vista matemático mi contribución más importante a la obra y continúa: Lamento que la teoría aritmética de las relaciones haya permanecido ignorada por tanto tiempo". Es de sospecharse que la anterior afirmación sea acertada y que aún quedan en Prencipia Matemática una obra, tantas veces citada, tan pocas veces consultada y rara vez leída y estudiada, técnicas matemáticas y resultados profundos y valiosos que aún no se aprovechan y asimilan.

Resultado delicado y comprometedor pues Russell trabaja constantemente sobre temas de fronteras interdisciplinarias, y basado en su confianza en que Las matemáticas y la lógica son indistinguibles hace matemáticas especiales, hace lógica y aún filosofía y todo esto solo al trabajar sobre matemáticas.
Le he llamado matemáticas especiales. Veamos en que sentido es afirmación tal, y para ello debemos contemplar el panorama de dicha disciplina en 1900.

En tal fecha confluía la información a la Facultad de Ciencias de París, la cual por ello podemos ver como el centro mundial, y en la cual Poincaré, aún ocupando la cátedra de Astronomía, era ya el más notable de sus coetáneos y afirmaba en el Congreso Mundial de 1900, -después de una extensa crítica de la lógica por la que sentía aversión-: "En el Análisis (matemático) de hoy en día si nos tomamos la molestia de ser rigurosos lo único que nos puede engañaron silogismos o llamamientos a la intuición del número puro. Hoy día (1900) podemos decir que se ha alcanzado el rigor absoluto."
En dicho congreso David Hilbert de la Universidad de Gotinga plantearía los veintitrés problemas futuros de las matemáticas que han influenciado profundamente a los matemáticos de la primera mitad del siglo, y afirma a su programa para demostrar que los axiomas (de matemáticas) no son contradictorios; o sea demostrar que basándose en dichos axiomas no se puede llegar a contradicciones.
Otros asistentes y ponentes: Drach, Liendelof, Podua, Zeuthen, Hermite, Lindeman, Mitag-Leffer, Volterra, bendixson, Minkowski, Whiticheed, Darboux, Cortan, Niewayalawski, Hadamard, manuel Stampa y Peano.

Ambas afirmaciones han resultado ser ilusorias coincidiendo casi con dicha fecha (Russell que llama a dicho año: "el más importante de mi vida intelectual"), Russell quien asiste al Congreso Mundial de Filosofía en París, en el cual le impresiona el hecho de que en todas las discusiones Peano y sus discípulos tenían una precisión de la que otros carecían. Russell dice. "le pedí que me diese sus obras, cosa que afortunadamente hizo". Basándose en él, desarrolla su trabajo sobre relaciones, series, cardinales y ordinales y el intento de reducir la aritmética a la lógica.

Frege había hecho gran parte de este trabajo; pero en esa fecha Whitehead y él lo ignoraban.
En 1901 encuentran la paradoja sobre las clases que no son miembro de ellos mismos; le escribe Frege quien siente demolida la obra de su vida. Trabajan cuatro años más sin poder hacer ningún progreso debido a las contradicciones, antinomias y paradojas que llevaban o se obtenían de laso bras de Frege, Peano y Cantor.

Y solo en 1905 encuentra que un problema diferente le sugiere una nueva técnica y se lanza a probar que la lógica y las matemáticas son una sola disciplina. Dicho trabajo culmina con la publicación de los tres tomos de Principia.

Esta tesis de que la lógica y las matemáticas son una sola disciplina la mantiene aún en Introduction to Mathematical Philosophy, escrita, al menos parcialmente, en la cárcel, ya que como otros hombres de genio y carácter, también Russell padeció las injusticias y arbitrariedades de un régimen.

Por cierto que el argumento que usa Russell en Introduction to Mathematical Philosophy para defender su tesis es débil: "Si aún existe alguno que no admita la identidad de la lógica y las matemáticas, podemos retarlo a qe nos indique en que punto en las definiciones sucesivas y deducciones en Principia ellos consideran que termina la lógica y se inician las matemáticas. Será obvio entonces que cualquier respuesta debe ser arbitraria".

Aquí Russell olvida que dicha área común existe entre todas las disciplinas quién puede afirmar pues, donde empieza la Física y donde terminan las matemáticas; donde termina la Física y se inicia la Química; donde acaba ésta y se inicia la Biología.

Dicho sea de paso, el análisis de la teoría de conjuntos puede ayudar a resolver ciertos problemas de los llamados universales y aclarar la diversidad de opiniones entre nominalistas, platonistas y conceptualistas. Pues sabemos, un platonista está convencido de que correspondiendo a cada proposición bien definida (monádica) existe siempre un conjunto o clase que comprenda todas las entidades que satisfacen la proposición y solo a ellos y que tal conjunto es una entidad por su propio derecho con un estado ontológico similar al de sus elementos.

Claro que no pretendo ni remotamente afirmar si son o no comunes, sólo indico que tienen intersección no vacía. Pero parece que estamos olvidando el punto que es de primera importancia en la obra matemática de Russell. Aparte de la ya mencionada aritmética de las relaciones podemos indicar brevemente algunos aspectos notables.

El primero por su importancia actual es la vigorosa crítica y revisión que hace a las obras de Cantor, Frege y Peano, así como desarrollos sobre estos. Sus trabajos le permiten depurarlas, en gran parte, de contradicciones y con ello permite que la Teoría de Conjuntos ocupe el lugar preeminencia que le corresponde como antecedente natural de la Aritmética, la Topología y la Probabilidad.

Aparte de esta labor crítica, Russell encuentra que la axiomatización de las Matemáticas requiere del Axioma de Fundación y el Axioma Multiplicativo. Entonces, resumiendo, al analizar la obra de Russell en Matemáticas nos encontramos un profundo contraste. Por un lado un estudiante de Matemáticas, inclusive un investigador, puede pasar toda su vida estudiando intensamente Matemáticas sin encontrar explícitamente la obra de Russell, o si acaso, lo encuentra mencionado como el autor de una antinomia.

Por otra parte, Russell no ha dejado teoremas ni avances notables en las fronteras de lo desconocido, no es un innovador; es un crítico de la infraestructura, es un matemático que invade los abismos de la lógica y la filosofía (Simmons); pero si las matemáticas son básicamente conjuntos, relaciones, y funciones cual se piensa actualmente, toda la estructura de la matemática actual descansa en su ayuda por su análisis en Cantor.

Russell, hace matemática aplicada, pero aplicada especialmente a la lógica y a la filosofía y funda la metodología para la crítica permanente de las matemáticas.

Dice Göbdel, "aún Poincaré siempre opuesto a la lógica matemática, la cual primero llama estéril y después acepta. ya no es estéril, genera contradicción". Aún Poincaré aceptaría en la actualidad el fecundo desarrollo de la lógica matemática como prueba suficiente de su fecundidad.

Hay otros aspectos de Russell, profundos e interesantes como su actividad matemática y que o requiere técnica especial ni simbolismo; "Cuatro puntos de sus teorías son de tal importancia que ellos solos bastan para probar que es un hombre de suprema inteligencia; pero que critica libremente en todo lo que considera inadecuado con tal intensidad, que un observador superficial puede considerar esa crítica constante y casi obsesiva". Russell; el proceso; quien cambia de opinión sistemáticamente en problemas de filosofía quizás por su creciente madurez.

Russell; el antitético -lo mismo dice de Marx.
Russell; el analista lógico.
Russell; el joven viejo.
Russell; el contemporáneo.
Russell; el universitario, hasta pocos días antes de su muerte.
Pero dejamos que estos temas los traten otros con mayor profundidad y conocimiento.

(*) El Ing Ludlow era profesor de la facultad de Química de la UNAM. Conferencia dictada en la Mesa Redonda sobre Bertrand Russell celebrada en el Auditorio justo Sierra, CU. 1971.

Artículo recopilado de "Revista Matemática". Número 9. Segunda Serie. Noviembre - Febrero de 1970- 1971. Sociedad Matemática Mexicana.

Bertrand Russell / Anexo 01 / Anexo 02

 


AVIZORA.COM
Política de Privacidad
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com