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Su obra
Mientras que Freud prácticamente se autocensuró, en 1928 Reich se
atrevió a entrar en el Partido Comunista Austriaco (PCA). Rápidamente
demostró ser un militante muy activo. Estaban convencido, como
marxista decidido, que la única forma de emprender una acción efectiva
contra el sistema capitalista era a través de la actividad política
organizada por los propios trabajadores en los centros de trabajo. Ese
mismo año Reich, junto con otros médicos de izquierdas, fundó la
Asociación Socialista para la Consulta e Investigación Sexual. El
objetivo de esta asociación era crear los primeros centros clínicos
para tratar las cuestiones psicológicas de los trabajadores y
aceptarles en ellos como pacientes, en lugar de tratar a los aburridos
burgueses que eran los clientes naturales de los freudianos.
Hay que tener en cuenta que Reich no tenía una postura utópica sobre
la cuestión de cómo curar las enfermedades psicológicas de las masas.
Esto quedó demostrado en su creencia de que la neurosis y los
desórdenes emocionales estaban provocados por una estructura social
determinada que es capitalista y autoritaria, de la misma forma, su
conclusión, científicamente correcta, era la necesidad de derrocar al
capitalismo y construir una sociedad socialista, eliminando de la
sociedad estas características negativas también se eliminarían esos
desórdenes psicológicos.
La nueva asociación de investigación de Reich contaba con una larga
lista de pacientes, su tamaño les permitió realizar estudios
minuciosos, consistentes y frecuentes. Naturalmente esto tuvo
beneficios inmediatos en los pacientes obreros. Gracias al análisis de
un gran número de casos clínicos, mucho mayor que los utilizados por
los freudianos para sustentar su trabajo, Reich proporcionó un apoyo
estadístico excepcional a sus investigaciones y conclusiones. Sus
obras posteriores incluían observaciones y casos que eran
incomparablemente mayores que las de sus “competidores”.
Estas experiencias también le proporcionaron a Wilhelm Reich una
comprensión inmediata de muchos problemas sociales. Por ejemplo, el
elevado número de embarazos no deseados, que aumentaba como resultado
de un período de “desarrollo demográfico” forzoso. Sus experiencias
con los trabajadores también fortalecieron su oposición a la absurda
idea del trabajo clínico aséptico que era el método de los demás
“profesionales” de la época. Creía que era innecesario y que no tenía
valor para considerar la cuestión de las relaciones entre la
enfermedad mental y sus posibles causas sociales.
Reich escribió lo siguiente sobre las experiencias de aquella época: “En
la mayoría de los casos apenas teníamos ninguna razón para dar a las
personas un diagnóstico médico adecuado. Todo lo contrario, utilizar
esa herramienta, es decir, ocultarlo detrás de eso, significa cerrar
los ojos frente al problema principal. Eso habría sido realmente
estúpido, más que criminal, para la madre y el niño para... aquellas
mujeres, aquellas chicas eran totalmente incapaces de amar a un niño,
cuidarle, ayudarle a crecer y no destruir su vida. Todas aquellas
mujeres, sin excepción, estaban extremadamente desordenadas desde un
punto de vista emocional. Toda ellas, una vez más sin excepción,
tenían unas relaciones angustiosas (si las tenían) con el hombre que
las causaba el problema. Eran frígidas, destrozadas por la
explotación, sádicas en lo profundo de su conciencia o abiertamente
masoquistas... en la mayoría de los casos tenían otros tres o seis
niños o incluso criaban a los hijos de otra persona. Odiaban a sus
hijos incluso antes de nacer. Bastante a menudo eran golpeadas por
maridos alcohólicos. Odiaban a los niños que les rodeaban. Hablar del
‘sagrado amor materno’ frente a un sufrimiento tan criminal habría
resultado ser criminal”.
Estas espantosas condiciones llevaron a Reich a realizar un profundo
análisis del efecto de la moralidad burguesa sobre el desarrollo
psicológico de las mujeres. De esta forma Reich proporcionó una
contribución científica importante a la cuestión de la “liberación de
la mujer”. En esta cuestión polemizó abiertamente contra los
contemporáneos “especialistas de la higiene sexual”, que
explícitamente alababan la castidad femenina antes del matrimonio. Uno
de los “especialistas” escribía: “Debemos dar nobleza y cultivar la
castidad femenina como la mayor riqueza nacional, en realidad gracias
a la castidad femenina podemos tener una garantía segura de quienes
son realmente los padres de nuestros hijos, de que estamos trabajando
y esforzándonos por nuestra propia sangre. Sin esta garantía no hay
posibilidad de llevar una vida familiar íntima y sana, que a su vez es
el pilar indispensable para la prosperidad de la nación y la
población... Si las mujeres no se dedican a sus hombres es más
peligroso que si los hombres no se consagran a sus mujeres... ”. (Max
Von Guber. Higiene des Geschlechtslebens dargestellt fur Manne’r
[Vida de higiene sexual para los hombres]. Stuttgart. 1930.).
Aunque seguramente no era la intención de su autor, este pasaje es
realmente una confirmación clara de las ideas que Engels defendió en
su obra clásica El origen de la familia, la propiedad privada y el
estado. Reich lo expresó con sus propias palabras al escribir: “...
la consecuencia más inmediata de la propiedad privada es el interés
por la castidad antes del matrimonio y la fidelidad marital al marido”.
Esta consecuencia de la propiedad privada hace que la relación sexual
entre hombres y mujeres deje de existir como una cuestión que implique
sólo la vida sexual y las elecciones personales de los individuos, y
consiguientemente, se convierte en una institución donde las mujeres
están condenadas a sufrir las más grandes restricciones, presiones y
desigualdades. Esto fue confirmado por las estadísticas clínicas. En
realidad, en ese momento, no menos del 90 por ciento de las mujeres
tenían alguna variedad de desorden sexual, comparado con “sólo” el 60
por ciento de los hombres. Estas cifras eran tremendas e impactantes,
cambiando la definición de “normalidad” y haciendo que los desordenes
sociales fueran considerados en un problema de masas.
Sobra decir que estas condiciones horribles no preocupaban a los
higienistas sexuales nazis que plantaban teorías como “el instinto
natural femenino a la monogamia”. De acuerdo con este tipo de basura
las mujeres sólo son capaces de tener satisfacción sexual cuando
tienen entre 20 y 25 años de edad y sólo si sus relaciones sexuales
tienen como objetivo la concepción de un niño, y por supuesto, según
estas teorías, todo esto es por razones “naturales”.
No es sorprendente que en estas cuestiones existiera una relación muy
fuerte entre este tipo de teoría y las posiciones de la Iglesia. La
Iglesia a lo largo de la historia ha sido la principal productora de
los principios ideológicos de las clases dominantes. Siempre ha jugado
un papel crucial al servicio del Estado y en ese momento el propio
Estado sólo podía ayudar marchando junta a ella en la defensa de una
de las instituciones fundamentales de la sociedad burguesa: el
matrimonio. La existencia misma del matrimonio como institución de la
sociedad burguesa prohíbe cualquier posibilidad de resolver las
consecuencias de la moralidad basada en la represión, ya sean las
consecuencias psicológicas (distintos tipos de neurosis y desórdenes
sexuales) o físicas (por ejemplo el aborto). En realidad, el fin de la
moralidad burguesa, que sería la única solución real a estos
problemas, necesariamente socavaría “valores” como la “virginidad
antes del matrimonio” y la fidelidad marital. Consecuentemente, el
matrimonio se liberaría de su papel tradicional de imponer el respeto
injusto y el control exclusivo del hombre. Este papel se evidencia,
por ejemplo, en la idea de que si una mujer es fiel nunca tendrá que
sufrir un aborto, como si el problema de un aborto fuese sólo la
fidelidad marital.
“Si encontramos una manera de esterilizar temporalmente a las
mujeres y con la posibilidad de repetirlo, a través de medios
internos, sería absolutamente obligatorio extender estas técnicas y
hacerlas disponibles, para garantizar... un beneficio... para la
higiene, pero también cuidar la terrible amenaza que plantearía sobre
el orden sexual y la moral, o incluso sobre la vida y la civilización
en general”. (Max Marcuse. Matrimony: Its Psysiology,
Psychology, Higiene and Eugenetics. A Biological Book on Marriage.
Berlin/Köln. 1927).
La prohibición del aborto y los métodos contraceptivos impide a la
mujer tener el control de su propia vida y cuerpo, de este modo su
esfera más personal de la vida es puesta bajo la autoridad de la
necesidad de la moralidad burguesa y así conseguir mantenerla
subyugada. El propósito último de estas prohibiciones es preservar las
instituciones burguesas y así defender y mantener la propiedad privada
capitalista. Incluso aunque la idea de la familia basada en el “santo
matrimonio” hoy en día está en una crisis profunda, las líneas
anteriores siguen siendo vigentes. La moralidad burguesa está en
crisis. Las precarias condiciones en las que se encuentran todas las
esferas de la vida son obra del propio capitalismo. Todo está sometido
a cambios repentinos; la nueva “palabra de Dios” es la “flexibilidad”
y el nuevo dios de este mundo es el dios “Capital”. Las cuestiones del
aborto y la contracepción han hecho surgir una nueva cuestión: que
tanto la “palabra de Dios” bíblica como la “nueva palabra de un nuevo
dios” burgués constituyen igualmente contradicciones teológicas de la
ideología dominante.
Núcleo teórico y polémica con los freudianos
Al principio de este artículo explicamos cómo el psicoanálisis
freudiano se perdió en un callejón sin salida después de 1926, dando
un rodeo equivocado para justificar la aproximación a la realidad
social que Freud y la SIP en conjunto dieron en ese momento porque
buscaban disociarse de la crítica social. En este punto, sin embargo,
debemos regresar a esta cuestión porque es importante examinar este
proceso con mayor detalle. La negativa de los freudianos a relacionar
las condiciones sociales con los desórdenes mentales como la “causa” y
el “efecto”, les obligó a adaptarse a esa situación elaborando un gran
número de postulados increíblemente reaccionarios. Esta nueva
perspectiva no podía explicar adecuadamente ninguno de los problemas
psicológicos que debía resolver. Freud tuvo que inventar la teoría del
“instinto muerte” como una forma de explicar los orígenes de
estos problemas. Según esta nueva concepción el instinto muerte era un
impulso primitivo y autodestructivo, llevando al individuo a una
condición primordial de inercia, una condición donde todas las cosas
tienden a concluir.
Como los métodos de terapia freudianos dependen de estos postulados
teóricos equivocados, cuando se llevaban a la práctica no tenían
efectos positivos significativos sobre los pacientes.
Consiguientemente los freudianos llegaron a la conclusión de que el “principio
de autodestrucción” era innato a todo ser humano, era una
necesidad inconsciente de castigo luchando contra la necesidad
natural de placer. Por lo tanto, para los freudianos la neurosis se
convertía en una condición biológica del ser humano. Sobre la base de
esa lógica la vida de los individuos estaba marcada para siempre por
un “masoquismo primario”. Esta era la razón por la cual los
pacientes se “resistían” al tratamiento y seguían enfermos. ¡Según los
freudianos era porque los pacientes estaban biológicamente obligados a
oponerse a la recuperación de sus desórdenes! Reich continuó
defendiendo la idea de que los pacientes estaban enfermos y
desequilibrados debido a su temor a recibir castigo por actuar según
sus impulsos sexuales naturales. Los creyentes en el “instinto
muerte” crecían en número y prestigio, su fama y aceptación estaba
muy cerca de la que disfrutan los seguidores modernos de la teoría del
Big Bang. Los freudianos buscaban desviar el pensamiento psicológico
de las ideas originales de la necesidad de prevenir socialmente la
neurosis a través de una reforma comprensiva de las reglas y prácticas
del comportamiento, y desviarlo también de la necesidad de cambiar las
instituciones sociales que creaban e influían en las neurosis.
En 1931 Freud publicó su obra Enfermedad de la civilización. En
esta obra defiende que la civilización como conjunto fue construida
sobre la represión sexual y la sublimación de los impulsos
sexuales. Con esto quiere decir que la represión es necesaria para la
creación, para el mantenimiento y el progreso de la civilización; que
la represión es un requisito previo para la estructura social, que la
humanidad debe renunciar y debe aprender a sublimar sus
impulsos primitivos para desviar la atención y la energía hacia
objetivos sociales aceptables. Estas líneas representan una total
capitulación ante el idealismo y la moralidad burguesa. No preconiza
otra cosa que el mismo tipo de vida sumisa y servil que ha defendido
siempre la religión organizada para enloquecer a las masas y
someterlas durante siglos a la subyugación y explotación. Reich
comentó esta obra de Freud y le criticó por no tener en cuenta las
cuestiones de “si” o “hasta que punto” la realidad de las condiciones
sociales eran o no racionales; si estaban estructuradas sobre la base
de servir a las necesidades de la humanidad y avanzar en su felicidad,
en lugar de estar estructuradas sobre la base del mantenimiento de la
opresión y la explotación del hombre por el hombre. Como marxista
Reich era plenamente consciente de que la “civilización” a la
que hacía referencia Freud no era otra cosa que un período particular
entre otras muchas épocas que colectivamente constituyeron el
desarrollo humano a través de diferentes etapas de organización
social. Reich tenía claro que Freud estaba intentado formular
conclusiones generales sobre la naturaleza absoluta de la psique
humana a partir de una sola etapa transitoria e históricamente
determinada de la civilización. Y lo que es peor, Freud planteaba una
actitud pesimista, insistiendo en la inercia de cualquier sociedad.
Una generalización similar se encuentra en la base teórica del célebre
“complejo de Edipo” de Freud. El complejo depende de la
existencia de la familia organizada sobre una base monógama
particular, un fenómeno que fue el resultado de las condiciones
sociales y etapas históricas específicas. El complejo de Edipo intenta
explicar el desarrollo de la personalidad sexual del individuo
haciendo referencia a las personalidades sexuales de los padres (en un
proceso dialéctico donde la experiencia, y no la biología, es el
factor determinante), pero lo hace con sólo una referencia a la
naturaleza relativa (y no a la absoluta) de esta forma particular de
familia. De este modo la teoría freudiana del complejo de Edipo no
puede explicar plenamente todas las cuestiones implícitas. Aunque
dentro de esta teoría la sexualidad de los niños juega un papel éste
permanece indeterminado en todo el complejo de Edipo. Es decir, para
Freud en los deseos contrarrestantes ante la muerte del padre del
mismo sexo y la atracción sexual hacia el padre de sexo contrario es
donde reside todo el perfil psicológico del individuo adulto.
La imposibilidad del niño de satisfacer esos deseos es consecuencia de
la estructura social y cultural que impone la represión de este
comportamiento. El acto de represión por sí mismo influye en el
desarrollo de la personalidad del individuo a través del proceso que
Freud denominó como “sublimación del impulso primitivo”. Esta
represión es necesaria para desarrollar una vida social civilizada,
equilibrada y sana, en las condiciones actuales de la sociedad. Pero
mientras este proceso de “sublimación” (que a propósito es impuesto
sobre el niño externamente por la sociedad en la que ha nacido)
permite a Freud explicar el desarrollo de las características
psicológicas del niño en una “sociedad civilizada” (es decir,
organizada alrededor de la familia monógama), no se puede utilizar
para desarrollar terapias que traten la neurosis que la moralidad
autoritaria repetidamente impone a los individuos adultos. Por eso
cualquier método terapéutico que derive de la perspectiva de Freud no
será más que paliativo para la represión de los impulsos, para que
nunca se pueda cuestionar la necesidad social de la represión. En su
lugar se acepta la represión aunque sea la causa última de la
neurosis.
Además, la posibilidad en términos prácticos de subliminar uno de
estos impulsos a través de los medios de la actividad creativa del
individuo es un concepto que podría aplicarse sólo a una pequeña capa
de la sociedad. No se podría aplicar a la gran mayoría de la sociedad,
a las masas alienadas. Estos individuos no tienen forma alguna de
poder obtener satisfacción a través de otras actividades que no sean
sus ocupaciones habituales. La posibilidad de desviar las energías
sexuales hacia actividades creativas y de este modo “eliminar” las
tensiones sexuales no se puede cumplir en una sociedad que impone la
represión. La sublimación efectiva de estos impulsos depende de la
libertad de elegir la actividad de desahogo. Pero esto es un
privilegio del que disfruta una pequeña minoría, la elite, aquellos
que han conseguido realizar precisamente la vida que quieren y
aquellos que simplemente no tienen que preocuparse por la subsistencia
material. Para todos los demás, la aplastante mayoría de la población,
la palabra “sublimación” está desprovista completamente de cualquier
valor terapéutico. Tratar el tema de la sublimación sin hacer
referencia a las cuestiones sociales y económicas es simplemente
abstraerse de la realidad que la produce.
La expulsión de la SIP
Ahora está claro para el lector que la naturaleza fundamental de las
diferencias que separaban a Reich de las ideologías esotéricas
aceptadas por la SIP no podía tener otro resultado que no fuera su
inevitable expulsión de la sociedad, algo que ocurrió en 1934. La
razón “formal” de la expulsión fue la militancia política de Reich.
¡Esto resultaba bastante irónico porque el PCA le había expulsado un
año acusándole de “psicólogo burgués”! La acusación del PCA llegó
durante la lucha por la “cultura proletaria” y en la que no cabía la
psicología a la que definía como un “modo de vida burgués” (¡en el
caso de los freudianos era correcto!). El resultado de esta lógica fue
que la psicología no podía ser marxista. Pero las razones reales de la
expulsión de Reich se encuentran naturalmente en otra parte.
La primera razón fue la publicación en 1933 de la obra de Reich La
psicología de masas del fascismo. Esta obra también le acarreó
problemas en la SIP precisamente porque este grupo intentaba no entrar
en conflicto con los nazis. En cuanto al PCA la preocupación de la
dirección estalinista era que Reich había descrito y analizado algunas
de las particularidades del carácter de masas del fascismo, por
ejemplo el culto a la personalidad, y aunque Reich hacia referencia al
fascismo sus críticas podían aplicarse perfectamente al estalinismo y
sus métodos.
Reich y Trotsky
Fue en este período cuando Reich se aproximó a las ideas de Trotsky.
Reich estaba convencido de la “corrección fundamental” de los escritos
de Trotsky sobre al ascenso del nazismo en Alemania. La peor
catástrofe de la historia de la política alemana ocurrió en 1933 y
abrió los ojos de Reich y muchos otros a la naturaleza
antirrevolucionaria del estalinismo. Reich pronto entró en contacto
con refugiados de la Oposición de Izquierdas y después escribió una
carta a Trotsky en la que le proponía una colaboración a largo plazo.
En esa carta, escrita en octubre de 1933, Reich decía lo siguiente: “Estoy
convencido de que su punto de vista es fundamentalmente correcto y
sigo con atención el trabajo y las actividades de la Oposición de
Izquierdas”. (M. Konitzer. Reich. Erre Emme. p. 178 en la
edición italiana).
Reich era consciente de que Trotsky había mostrado interés en las
conquistas y el desarrollo de la ciencia psicológica. Trotsky pensaba
que las primeras teorías de Freud eran totalmente materialistas,
aunque el propio Freud mantenía una visión filosófica idealista.
Trotsky estaba convencido de que el psicólogo ruso Pavlov habría
integrado y sintetizado sus teorías con los hallazgos de Freud. En un
discurso pronunciado en Copenhague en 1932 Trotsky dijo que “gracias
al genio de Sigmund Freud el psicoanálisis ha levantado la tapadera de
lo que poéticamente se definía como el alma humana”. La respuesta
de Trotsky a la propuesta de colaboración de Reich fue que debería
esperar y también confesó su falta de conocimiento personal sobre las
cuestiones psicoanalíticas.
La discusión comenzó a principios de 1936 pero desgraciadamente no fue
el “esperado” punto de partida para un trabajo de colaboración. En
esta época las ideas de Reich ya habían empezado a degenerar. En 1936
Reich emprendió la tarea de ampliar la aplicación de las leyes
psicoanalíticas a las cuestiones de la política y la sociología.
Aunque la identificación de Reich con las ideas marxistas se hizo más
fuerte éste siempre minimizó y subestimó la necesidad de la
construcción de un partido revolucionario y negaba explícitamente la
necesidad de una Internacional. Como más tarde escribió en su
autobiografía: “Según mi opinión el proyecto de Trotsky para crear
la Cuarta Internacional fue algo completamente inútil que llevó al
fracaso”. (W. Reich. The Individual and the State).
Este tipo de ambigüedad impidió que Trotsky y Reich llegaran a algún
tipo de colaboración útil. Aquí podemos observar la contradicción
fundamental del pensamiento de este científico austriaco incluso en
ese que fue su mejor período. Aunque sus argumentos “técnicos” son
consistentes con una perspectiva materialista, sus ideas “políticas”
tienden a rechazar y contradecir el deber que cada marxista tiene:
defender fielmente las ideas revolucionarias dentro del partido,
defenderlas de cualquier tipo de degeneración a manos de los
burócratas. Reich no sentía la necesidad de hacer una crítica
“política” contra el estalinismo. Esto pudo deberse a su concepto
erróneo de lealtad al partido. Otra posibilidad es la propia historia
personal de Reich, hay que tener en cuenta que entró al partido cuando
se había iniciado ya el proceso de “estalinización”.
Si tenemos en consideración este hecho comprenderemos mejor la actitud
contradictoria de Reich. Esto fue confirmado por su autobiografía.
Aunque Reich criticó firmemente afirmaciones tan simplistas como: las
“personas son por naturaleza reaccionarias” contrarrestándolas con las
“personas son por naturaleza revolucionarias”, aunque expresó
correctamente su análisis en términos dialécticos examinando las
relaciones entre el comportamiento humano y las condiciones sociales y
económicas, en cambio fracasó porque siempre limitó su análisis a los
términos y al lenguaje psicológicos. En realidad su explicación del
fascismo como una neurosis de masas, presentando por un lado a los
demagogos fascistas y por el otro a las masas agachadas, no permite
comprender adecuadamente los aspectos políticos del fascismo nazi como
un instrumento extremo de represión de clase contra el proletariado y
sus organizaciones políticas. Parece que Reich creía que el
materialismo dialéctico sólo se podía aplicar a la psicología y no a
la política.
En las obras de Reich sobre el trastorno de la familia monógama en la
experiencia soviética (que fueron las obras que contribuyeron
fundamentalmente a sus expulsiones), hacía referencia a la obra de
Trotsky de 1923, Problemas de la vida cotidiana, e insinuaba
algunas de las ideas recogidas por Engels El origen de la
familia... Reich se centraba en los aspectos más progresistas de
la experiencia social creyendo que era como una conquista incomparable
incluso aunque se enfrentara con enormes dificultades materiales:
“... El principio de la revolución sexual con la disolución de la
familia actual; la sustitución de la estructura familiar patriarcal
por la colectiva socialista; la creciente implicación del marido o la
esposa en funciones públicas; el acceso de los hijos y las hijas a
colectivos y la subsiguiente competencia de las relaciones sociales
con las familiares; la transferencia de la responsabilidad de los
hijos de los padres a la sociedad y la colectivización del cuidado de
los hijos”.
Reich se dio cuenta que el estalinismo significaba el desbaratamiento
de estos procesos. En 1934 en la URSS repentinamente se volvió a
introducir (como parte del llamado “nuevo curso”) el culto a la
familia patriarcal y las leyes contra la homosexualidad. Estas
reformas contrarrevolucionarias contrastaban con las leyes que Lenin
había defendido en diciembre de 1917, es decir, la “anulación del
matrimonio” y el “matrimonio civil, registro civil de hijos”. Estas
leyes decían que el marido ya no era el cabeza de familia y que las
mujeres tenían la completa autodeterminación material y sexual,
incluido el derecho del individuo a elegir su nombre, domicilio y
ciudadanía.
Migraciones, paranoia, prisión y muerte
Incluso antes de su expulsión de la SIP, Reich tuvo que irse a
Dinamarca debido a la hostilidad que existía contra él dentro del
entorno en el que trabajaba. Pero pronto tuvo que huir a Suecia,
después a Noruega y finalmente, en 1939, a EEUU donde,
afortunadamente, era un perfecto desconocido. Desgraciadamente,
mientras que sus primeros años en EEUU transcurrieron en relativa
calma su obra pronto provocó en todas partes una hostilidad abierta.
Se le hizo imposible seguir adelante con sus estudios y trabajo. Las
insoportables condiciones le llevaron a la paranoia. No tardó mucho
tiempo en que sus fanáticos vecinos le denunciaran a la policía por su
extraño comportamiento. La policía investigó su pasado y pronto “salió
a la luz” el contenido “inmoral” de sus escritos. En el curso de sus
investigaciones la policía finalmente descubrió el origen marxista de
su pensamiento.
Este proceso de intimidación duró unos años durante los cuales Reich
se atrevió a continuar escribiendo. Desgraciadamente, algunos aspectos
de sus ideas derivaron en teorías pseudocientíficas, también conocidas
como “teorías del período orgonómico”. Tristemente estas teorías son
mucho más conocidas que las anteriores. Su excesivo énfasis en la
energía sexual le llevó a creer que ésta podría medirse físicamente e
incluso sería visible a través de unos aparatos específicos (los “orgonoscopios”).
La creencia absoluta en la existencia de una “energía positiva” (el “orgon”)
le introdujo en un marco teórico que comenzó a rezumar misticismo.
Abandonó cualquier punto de vista materialista y comenzó a creer en
cosas como el origen del universo a partir de los orgonos, a través de
un orgasmo primordial alcanzado entre dos entidades orgónicas
primitivas, ¡un Big Bang sexual! Esta capitulación ante el idealismo
es aún más impactante cuando se compara con sus principios científicos
materialistas y dialécticos, sólo se puede explicar debido a su
completo alejamiento de la realidad. El proceso se intensificó debido
a su cada vez mayor aislamiento político y científico, en los últimos
años de su vida este aislamiento alcanzó el punto de persecución
personal.
Es esencial distinguir claramente entre sus dos períodos. El primero
va de 1919 a 1938, y el segundo de 1938 a 1957. También es importante
considerar el hecho de que rescribió sus primeras obras haciendo
cambios severos. En realidad, en su segundo período, Reich revisó y
abrevió sus obras anteriores. En algunos casos alteró definiciones y
consideraciones secundarias, pero en otros casos cambió completamente
sus ideas.
Un ejemplo contundente es el prólogo de 1946 a la tercera edición de
Psicología de masas del fascismo. En esa edición Reich
contradice totalmente lo que había escrito años antes. Ahora describía
el fascismo como la “expresión políticamente organizada de la
estructura de la personalidad media”, que es un componente
orgánico del hombre común, de acuerdo con el esquema de tres partes
que había escrito años antes. En esa teoría Reich había dividido la
vida psicológica de hombres y mujeres en pisos biológicos
formados por instintos, un piso inconsciente donde la moralidad
autoritaria engendra perversión por su represión de los instintos
biológicos y finalmente un piso consciente donde los
subproductos de la moralidad reprimían aquellos instintos productores
de la neurosis y desórdenes físicos. En su último análisis, el
fascismo ya no es un fenómeno político o incluso una “neurosis de
masas”, ¡sino algo inherente a la humanidad! Esta idea era más
acientífica y pesimista que el “instinto muerte” de Freud contra el
que el propio Reich había luchado años antes.
Sólo las ediciones de su primer período pueden ser consideradas
consistentes con la visión materialista dialéctica. Las ideas de Reich,
como las de su mentor Freud, siguieron un sendero descendente. La
causa principal parece ser la misma en ambos casos, es decir, la
negativa a sostener una crítica política. En el caso de Reich fue la
negativa a oponerse al estalinismo lo que le llevó en primer lugar a
revisar sus teorías y después abandonarlas.
El pronunciado contenido sexual de la teoría orgonómica le dio una
reputación de pervertido sexual. En los juicios se añadió la acusación
de “complot comunista”. Desesperado, Reich intentó defenderse
rechazando su pasado comunista e intentado aparecer incluso como más
anticomunista que sus perseguidores. Al final, fue totalmente incapaz
de defenderse debido a su hundimiento suicida en la ideología
idealista de la clase dominante, terminando por equiparar el comunismo
con el estalinismo. Finalmente se volvió totalmente desquiciado y
paranoico. Después de años de juicios fue enviado a prisión. Murió
poco después en 1957
Traducción de
Marxism and Psychoanalysis: Notes on Wilhelm Reich’s Life and Works
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