Biografías / Biographies
Pedro Pablo Rubens o Pieter Paul Rubens

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. Pinturas. Paintings

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Biografía
(Español)

Alto y de noble porte, tenía las facciones regulares, las mejillas rosadas, el cabello castaño y en los ojos el brillo de una pasión contenida. Su compañía era seductora, su temperamento afable, su conversación grata, su ingenio vivaz y penetrante, su manera de hablar tranquila y juiciosa y el tono de su voz agradable, lo que le hacía elocuente y persuasivo. De esta manera describe Roger de Piles (1699) a Peter Paul Rubens, uno de los grandes genios del Barroco y una de las principales figuras de la Historia del Arte, al reunir en una sola persona singulares dotes artísticas, importantes conocimientos humanísticos, el dominio del latín y varias lenguas modernas y una especial habilidad para la diplomacia, convirtiéndose en ejemplo para un buen puñado de artistas, entre otros el español Velázquez. La familia de Rubens era originaria de Amberes donde su padre, Jan Rubens había alcanzado la posición de magistrado municipal, tras haber estudiado leyes en las universidades de Lovaina, Padua y Roma. Sin embargo, los graves acontecimientos políticos y religiosos que viven los Países Bajos en la década de 1560 llevan al joven Jan al exilio en 1568, debido a las sospechas de calvinismo que recaían sobre él. La familia Rubens -Jan se había casado con Maria Pypelinx y ya habían nacido varios hijos- se trasladó a la ciudad de Colonia donde Jan entró al servicio de Ana de Sajonia, la esposa de Guillermo de Orange. La relación entre Jan y su señora se fue estrechando cada vez más, hasta acabar siendo sorprendidos por Guillermo el Taciturno. El adulterio estaba castigado con la pena de muerte, pero la actuación de doña Maria Pypelinx en esta ocasión fue determinante, consiguiendo que la pena capital fuera conmutada por la cárcel, el pago de una considerable fianza y el exilio. Jan abandonó la prisión y se instaló con los suyos en Siegen, cerca de Colonia, donde nacería Peter Paul el 28 de junio de 1577. Al año siguiente se trasladaron a Colonia, una vez que Jan fue indultado por completo, ciudad en la los Rubens vivieron hasta el fallecimiento del padre de familia, en 1589. Maria Pypelinx y sus hijos regresarían a Amberes al poco tiempo, ya que ninguno había abrazado el calvinismo y nada les ataba a la ciudad alemana, instalándose en el centro de la ciudad flamenca donde su abuelo había prosperado como farmacéutico. El pequeño Peter Paul ya había iniciado su formación en la Escuela Católica y con los jesuitas en Colonia, por lo que continuó sus estudios en Amberes. Frecuentó la Escuela Latina de Rombant Verdonck donde conoció a Balthasar Moretus y se relacionó con los clásicos griegos y latinos, pero esta formación académica duró poco tiempo, ya que en la casa de los Rubens no se nadaba en la abundancia y había que dotar a Blandine, la hija casadera. La escasez económica familiar obligaría a que tanto Philip -el hermano mayor nacido en 1573- como Peter Paul abandonaran los estudios y se ganaran la vida por su cuenta. Philip consiguió una plaza de bibliotecario en Roma, mientras que Peter Paul fue colocado como paje al servicio de la condesa Margarita de la Ligne d´Aremberg, viuda de Felipe de Lalaing, en Oudenaarde. Esta experiencia le serviría de base para aprender las maneras cortesanas que posteriormente le serán tan útiles en sus viajes por Europa. Pero el joven Peter Paul no quiere permanecer mucho tiempo en ese oficio servil, por lo que decide hacerse pintor, aunque desconocemos las razones que le llevaron a esta decisión, apuntando el propio Piles que "no tenían, al principio, otra finalidad que la de aprenderla por gusto". Su primer aprendizaje artístico se inició hacia 1591, siendo su maestro Tobias Veraecht, pintor de paisajes con el que apenas estuvo tiempo. La elección de Veraecht como profesor es bastante sorprendente; la razón debemos buscarla en cuestiones financieras o familiares ya que era un pariente lejano de María Pypelinx. Una vez abandonado el taller de Veraecht, donde permaneció apenas un año, se trasladó al taller de Adam van Noort, "habilísimo pintor de figuras" pero de "conducta abyecta y libertina y humor brutal" por lo que el joven aprendiz abandonó su taller para trasladarse al de Otto van Veen, uno de los mejores maestros activos en ese momento en Amberes y el que más influyó en su estilo juvenil, además de Holbein y Durero, cuyos grabados copiaba desde temprana edad. En 1598, con 21 años, Rubens finaliza su periodo de aprendizaje y supera el correspondiente examen de maestro ante la Guilda de San Lucas de Amberes, corporación en la que se integraría como pintor independiente. Si bien la estancia en el taller de Otto van Veen no fue muy fructífera para el joven pintor, Van Veen inculcó a su discípulo la necesidad de acudir a Italia par realizar un segundo aprendizaje. Peter Paul emprendió ese viaje el 9 de mayo de 1600 con el objetivo de ampliar su formación artística, estudiando las obras del Renacimiento y la escultura clásica. Viajó en compañía de un joven pintor llamado Deodato del Monte y su primera parada fue Venecia, donde conoció a un noble mantuano que le recomendó para trabajar en la corte del duque de Mantua, Vincenzo Gonzaga, curioso personaje sincero protector del arte y de los artistas para cuya familia ya había trabajado Tiziano, Mantegna o Giulio Romano. En la corte de Mantua permanecerá durante casi nueve años, sirviendo al duque tanto en cuestiones artísticas como diplomáticas. En el verano de 1601 Rubens está en Roma, donde estaba trabajando su hermano Philip como bibliotecario. La pintura de Caravaggio llama su atención y se interesa especialmente por la Capilla Sixtina pintada por Miguel Angel y las Stanzias de Rafael. En la Ciudad Eterna tiene la primer oportunidad pública de demostrar sus dotes como pintor, ya que se le encarga la decoración de una capilla de la iglesia de Santa Croce in Gerusalemme de Roma, iglesia de la que había sido cardenal titular el archiduque Alberto de Austria, en estos momentos gobernador de los Países Bajos. El éxito obtenido por Rubens con estas pinturas será grande ya que aunque flamenco se le considera italiano por estilo. En 1602 está de nuevo trabajando en Mantua donde recibe una importante misión al año siguiente. Tiene que realizar un viaje a España para entregar al rey Felipe III y su valido, el duque de Lerma, varios presentes, entre ellos un buen número de copias de los grandes artistas del Renacimiento, Tiziano y Rafael entre otros. El duque de Mantua deseaba con estos presentes conseguir el cargo de almirante de la flota española. Al llegar a Valladolid, Peter Paul realizará el impresionante retrato ecuestre del duque de Lerma, con el que conseguirá gran fama entre los cortesanos españoles, especialmente el marqués de Siete Iglesias, don Rodrigo Calderón, la mano derecha de Lerma. Los éxitos obtenidos permitieron a Rubens recibir ofertas para mantenerse en la corte española pero retornaría al servicio de Vincenzo Gonzaga, posiblemente porque el ambiente artístico español de ese momento no era de su agrado, al tiempo que deseaba continuar con su aprendizaje. Tras un nuevo periodo en Mantua, vuelve a finales de 1605 a Roma donde hace un importante encargo para la iglesia de San Felipe Neri. En estas fechas realizará varios viajes a Génova donde ejecutará un buen número de retratos de la nobleza del lugar, insuflando la frescura y la vitalidad necesaria como para renovar el concepto de retrato aristocrático. Será en 1604 cuando el duque de Mantua realice a Rubens el primer encargo de importancia, la decoración de la iglesia de la Trinidad de Mantua donde pone de manifiesto su admiración por la escuela veneciana integrada por Tiziano, Tintoretto, Veronés o Correggio. Las obras clave de esta estancia italiana serán las pinturas realizadas para el altar mayor de la Chiesa Nuova, la iglesia romana de Santa Maria in Vallicella, encargadas por los Oratorianos a finales de 1606. En octubre de 1608 Rubens regresa de manera urgente a Flandes. La razón será el delicado estado de salud de su madre, doña María Pypelinx, llegando a Amberes cuando la madre ya había fallecido. Si bien Peter Paul se había comprometido a regresar a Mantua, la oferta realizada por los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, gobernadores de los Países Bajos, no puede ser rechazada. Se le ofrece el cargo de "pintor de la casa de sus Altezas Serenísimas", permitiéndole instalarse en Amberes y fijando un sueldo anual de 500 ducados, cobrando aparte las obras pintadas para los gobernadores, al tiempo que se le eximía de impuestos y se le condonaban las deudas establecidas con la Guilda. Al año siguiente de establecerse en Amberes, el 3 de octubre de 1609, Rubens contraía matrimonio con Isabella Brandt, la hija de un alto funcionario municipal llamado Jan Brandt. La novia era catorce años más joven que el pintor pero esto no fue inconveniente para que establecieran una relación perfecta, naciendo de este matrimonio tres hijos: Clara Serena, Albert y Nicolas. Pronto llegarán los primeros encargos importantes entre los que destacan la Adoración de los Magos que hoy conserva el Museo del Prado y dos grandes trípticos para las iglesias de Amberes: La erección y el Descendimiento de la Cruz, obras con las que cosechará un sonoro éxito, poniendo de manifiesto su admiración y dependencia de la escuela italiana, desde los Carracci hasta Caravaggio, pasando por Tiziano, Tintoretto o Miguel Angel. Al poco de instalarse en Amberes se construyó una casa con un gran jardín donde edificaría un espacioso estudio, una amplia biblioteca y una sala para albergar sus colecciones. La casa respondía a las características de la arquitectura y la decoración italianas, estando diseñada por él mismo. En las inscripciones que decoraban el arco del jardín se podía leer: "Dejemos a los dioses el cuidado de procurarnos sus dones y de concedernos lo que más nos conviene, pues ellos quieren a los hombres más de los que más de lo que los hombres se quieren a sí mismos"; "Pidamos la salud del cuerpo y la del espíritu. Un alma fuerte que no tema a la muerte, inaccesible a la cólera y a los deseos vanos". En ambas inscripciones se pone de manifiesto su concepción neoestoica de la vida, en sintonía con buena parte de los humanistas flamencos del momento con los que estableció una estrecha relación: Justo Lipsio, Ludovicus Nonnius o Gaspar Gevaerts. Ya en estas fechas Rubens llevaba un ritmo de vida tremendamente metódico. Se levantaba a las cuatro de la mañana, oía misa y se ponía a trabajar durante unas doce horas, al tiempo que un lector le leía en voz alta las obras de Plutarco, Tito Livio o Séneca. Hacía una comida frugal para que no interfiriera en el trabajo y una vez acabado éste, realizaba un paseo a caballo por los alrededores de Amberes. Regresaba a casa para cenar en compañía de los amigos, disfrutando de las conversaciones.

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Las obras pintadas por Rubens en la década de 1610 todavía presentan una significativa dependencia de la tradición flamenca, aunque las novedades aprendidas en Italia empezarán a tomar fuerza con el paso del tiempo, como podemos observar en el ciclo pintado para los Jesuitas de Amberes (1617-1621) compuesto por dos grandes lienzos de altar y 39 pinturas para las bóvedas de las galerías y las naves laterales, escenas en las que se aprecia claramente su dependencia de las decoraciones de los palacios venecianos pintados por Tiziano, Veronés o Tintoretto. Las 39 pinturas fueron realizadas por el taller, en el que Van Dyck era el principal ayudante. Y es que buena parte de los trabajos realizados por Rubens serían ejecutados por su amplio y fructífero taller ya que, como él mismo dice en 1618 a Carleton, "me encuentro tan sobrecargado de encargos para edificios públicos y colecciones particulares que me resultará imposible aceptar otros nuevos antes de que transcurran varios años". Rubens realizaba los bocetos y sus ayudantes -entre los que se contaban los mejores artistas del momento como Van Dyck, Lucas Vosterman, Paulus Pontius, Jacob Jordaens o Christoffel Jeghers- ejecutaban los trabajos siguiendo las líneas principales marcadas por el maestro, sin perder éste nunca el control sobre el resultado final del producto, ya que siempre retocaba las obras de los ayudantes antes de darlas por finalizadas. También resultará habitual su colaboración con otros artistas, entablando excelentes relaciones con sus colegas. Jan Brueghel de Velours, Paul de Vos, Lucas van Uden o Frans Snyders son algunos de los nombres que habitualmente trabajaban en igualdad de condiciones con Rubens, compartiendo la firma en los trabajos definitivos. La fama alcanzada por la pintura de Rubens rebasó las fronteras de los Países Bajos y le llegaron encargos de diferentes lugares de Europa. Estos encargos iban acompañados de distinciones y honores especiales, como los que recibió del Príncipe de Baviera o del rey Christian de Dinamarca. El primer trabajo importante para una corte extranjera llegará de París, concretamente de la reina madre doña María de Medicis. Se trata de dos ciclos de pinturas destinados a decorar el Palacio del Luxemburgo en París, uno de ellos dedicados a exaltar la memoria del difunto rey Enrique IV -tras muchas demoras no se llegó a realizar, quedando sólo bocetos y esbozos- y el otro ciclo dedicado a glorificar el reinado de María de Medicis, ciclo que se concluiría en el plazo fijado. El contrato se firmó en los primeros meses de 1622 y los veinticuatro cuadros fueron entregados con motivo de la boda por poderes entre Carlos I de Inglaterra y la princesa Enriqueta María de Borbón, en 1625. Rubens asistió a esta boda y allí conoció a un importante e influyente personaje, el duque de Buckingham, pieza fundamental en el próximo viaje que el pintor realice a tierras británicas. Antes de realizar este viaje a París, Rubens había intentado, entre 1623 y 1625, con la ayuda de un pariente residente en Holanda, negociar un tratado de paz entre Flandes y Holanda, negociación que se dio al traste ante la negativa holandesa a alcanzar la paz. Este fracaso llevó a una intensificación de las actividades militares en la zona, tomando Ambrosio de Spinola la plaza fuerte de Breda en 1625, episodio que será inmortalizado por Velázquez en Las Lanzas. Otro de los importantes ciclos realizados por Rubens en 1625 es el diseño de los tapices del Triunfo de la Eucaristía por encargo de la archiduquesa Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos y una de las principales clientes del maestro flamenco. La serie estaba dedicada al convento de las Descalzas Reales de Madrid, donde hoy se pueden ver los originales. En 1626, al poco de regresar de París, Rubens y su familia abandonan Amberes ya que la ciudad sufre una epidemia de peste. Se retiran a Laeken donde poseen una casa de campo, pero Isabella fallece, dejando al pintor viudo y con dos hijos. La pérdida de la esposa le produjo un gran dolor y, posiblemente para olvidar, no dudó en participar en las misiones diplomáticas que le llevarían a España e Inglaterra con el objetivo de que ambos países alcanzaran la paz y se pusiera fin al conflicto que desangraba la economía y las vidas de un buen número de hombres y mujeres de los Países Bajos. Bien es cierto que las conversaciones para alcanzar la paz se habían llevado de manera secreta entre Rubens y Gerbier, un pintor flamenco de la confianza del duque de Buckingham, desde hacía un tiempo pero la oposición del conde-duque de Olivares a poner fin a las hostilidades acabó con estas iniciales conversaciones en papel mojado. Pero a principios del año 1628 don Ambrosio de Spinola convencía a Felipe IV para que se retomaran las conversaciones, aunque el monarca no confiara en un principio en el pintor para tan alta empresa. La llegada de Rubens a Madrid en el mes de agosto provocaría un cambio en la actitud del rey, nombrando a Rubens Secretario del Consejo de Flandes y confiándole las negociaciones con Inglaterra. La estancia del maestro flamenco en la corte española le permitió reencontrarse con la obra de Tiziano y copiar todos los cuadros que poseía la casa real hispánica, según nos narra Pacheco. Este reencuentro con el arte del veneciano permitirá que se produzca un cambio decisivo en la pintura de Rubens, abandonando las formas escultóricas de las obras anteriores para interesarse por un mundo en el que la luz y el color ocupan ahora un papel determinante. Antes de marcharse a Londres, en abril de 1629, también tuvo oportunidad de realizar algunos trabajos, como los retratos ecuestres de Felipe IV y Felipe II o la Inmaculada Concepción para el marqués de Leganés que hoy conserva el Museo del Prado. Durante esta estancia madrileña, Rubens coincidió con el joven Velázquez y fue uno de los impulsores de que el sevillano realizara su inmediato viaje a Italia para ampliar sus conocimientos artísticos. En Londres permaneció un periodo de diez meses pero penas tuvo tiempo para trabajar, a pesar de que Carlos I era un gran amante de la pintura. Recibió todo tipo de honores, entre los que se incluye un doctorado por la universidad de Cambridge, visitó la colecciones de arte y estrechó contactos con anticuarios y humanistas. Cansado de pasar tanto tiempo fuera de casa - "más que ninguna otra cosa en el mundo desearía volver a mi casa y quedarme allí para el resto de mi vida" escribió a su amigo Gevaerts- y con sus deberes diplomáticos casi resueltos -el tratado se firmaría ese mismo año de 1630- embarcó en Dover el 23 de marzo, poniendo fin a su etapa de grandes viajes, habiendo cumplido sus objetivos, tanto personales -fue nombrado caballero por los reyes de España e Inglaterra- como diplomáticos. Un vez en Amberes solicita a la archiduquesa Isabel "como única recompensa a todos mis servicios, que me eximiera de nuevas misiones y me dejara servirla desde mi propia casa. De cuantos favores me ha concedido éste ha sido el que más trabajo me costó obtener". Conseguido esto, su objetivo inmediato será encontrar esposa: "una mujer joven de un familia honrada pero burguesa, pues nadie puede intentar convencerme de que haga una boda cortesana. Me asusta el orgullo, un vicio inherente a la nobleza y en especial en aquel sexo, y por ello quiero elegir a alguien que no se avergüence de verme coger los pinceles. Y a decir verdad, me resultaría difícil cambiar el tesoro de mi libertad por los abrazos de una mujer vieja". La elegida será Hélène Fourment, de dieciséis años, hija de un próspero comerciante de sedas y tapices con el que Rubens tenía una estrecha amistad. Este matrimonio con la joven Hélène supondrá una especie de tónico para el maduro pintor, insuflándole ganas de vivir. Del matrimonio nacerán cinco hijos: Clara Johanna, Frans, Isabella Hélène, Peter Paul y Constancia Albertina, esta última nacida póstumamente. Hélène se convertirá desde ese momento en la principal modelo para el pintor, tanto para las santas como para las Venus. La felicidad conyugal que vive el artista se expresa en cuadros como el Jardín del amor del Museo del Prado o los numerosos retratos protagonizados por su esposa, algunos de ellos acompañada de sus hijos. Uno de los últimos encargos realizados por la archiduquesa Isabel Clara Eugenia será el Tríptico de San Ildefonso para la iglesia de Santiago de Coudenberg de Bruselas. La gobernadora falleció en diciembre de 1633, siendo sustituida en el cargo por el cardenal-infante don Fernando de Austria, hermano menor de Felipe IV. El Concejo de la ciudad de Amberes invitó al nuevo gobernador a que hiciera una entrada triunfal en la villa, siendo Rubens el encargado de organizar los preparativos. En los trabajos de la "Pompa Introitus Ferdinandi" participaron todos los artistas anturpienses -excepto Crayer y Van Dyck- engalanándose la ciudad con cinco arcos triunfales y cuatro tablados que fueron admirados por don Fernando el 17 de abril de 1635, en un recorrido por las calles que duró unas dos horas. Rubens entrará al servicio del nuevo gobernador y le hará un espectacular retrato ecuestre que hoy conserva el Museo del Prado. Sus últimos trabajos para las monarquías europeas estarán relacionados con la Península Ibérica y las Islas Británicas e Inglaterra. Para el rey Carlos I de Inglaterra pintó la decoración del techo de la Banqueting House en el Palacio de Whitehall de Londres, sala que estaría dedicada a exaltar el reinado del difunto Jacobo I. Para Felipe IV de España realiza una de sus decoraciones más importantes: la serie para la Torre de la Parada, pabellón de caza situado en el monte de El Pardo, las cercanías de Madrid. Se le encargaron unos 120 lienzos, de los que 63 tenían como temática la mitología mientras que los demás eran asuntos de cacería, que fueron derivados por Rubens a sus "especialistas": Paul de Vos y Peter Snayers. Los mayoría de los lienzos de la Torre de la Parada se perdieron en 1710, debido al saqueo del pabellón por parte de las tropas del archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesión. De la decoración original sólo se conservan unos cuarenta cuadros, de los que 14 son de asunto mitológico, inspirados éstos en la "Metamorfosis" de Ovidio. Rubens se limitó a pintar los bocetos -los realizó aproximadamente en dos meses- que fueron pasados a lienzo por sus ayudantes Erasmus Quellinus, Theodor van Thulden, Jan Cossiers, Cornelis de Vos y Jacob Jordaens, retocando con sus propias manos estos trabajos antes de enviarlos a Madrid. Los ataques de gota eran cada vez más frecuentes en estos años, por lo que se vería obligado a delegar buena parte del trabajo en el taller en estos últimos tiempos. Hastiado del mundo de la corte y deseando "llevar una vida tranquila junto a mi mujer y mis hijos y no desear otra cosa en el mundo más que vivir en paz" Rubens compra el castillo de Het Steen, en las cercanías de Amberes, y pasa allí cada vez más tiempo, pintando paisajes para su propio goce y disfrute, delegando el trabajo y la organización del taller a Lucas Fayd´herbe. En una carta escrita a su buen amigo Peiresc dice "ahora hace ya tres años que, por la gracia divina, he conseguido recuperar la paz de espíritu tras renunciar a cualquier ocupación distinta a mi amada profesión (...) Me veía perdido en aquel laberinto, acosado día y noche por una sucesión sin fin de preocupaciones urgentes, lejos de casa durante largos meses y obligado a permanecer continuamente en la Corte". Curiosamente, esta última etapa de felicidad y tranquilidad será en la que pinte sus obras religiosas más violentas y crueles, como podemos observar en el Martirio de San Livinio de los Musées Royaux des Beaux Arts de Bruselas. El último trabajo realizado por Rubens sería el lienzo de Andrómeda y Perseo que conserva el Museo del Prado, obra que dejó sin terminar ya que le sorprendió la muerte mientras trabajaba en él. Rubens fallecía en su casa de Amberes el 30 de mayo de 1640, a punto de cumplir los 63 años. El Barroco había perdido al pintor que mejor interpretaría sus premisas, resultando su influencia avasalladora, tanto por la amplia cantidad de artistas que acudieron a su taller como por los grabados que se realizaron de su obra, llegando a todas las cortes europeas y convirtiéndose en pieza fundamental para el aprendizaje de los jóvenes artistas.


Biography

Flemish painter who was the greatest exponent of Baroque painting's dynamism, vitality, and sensuous exuberance. His work is a fusion of the traditions of Flemish realism with the classical tendencies of the Italian Renaissance. Though his masterpieces include portraits and landscapes, Rubens is perhaps best known for his religious and mythological compositions.

Early life

Although Rubens' father, Jan, was born a Roman Catholic, his name had appeared on a list of Calvinists as early as 1566. This accounted for the Rubens family's exile to Germany, where Peter Paul was born. Jan Rubens became a diplomatic agent and adviser to the Protestant princess Anna of Saxony (d. 1577), second wife of William the Silent, who led the resistance to Spanish rule of the Netherlands. An unfortunate pregnancy revealed the intimate extent of the relationship between this princess of the house of Orange-Nassau and Rubens' father. She obtained clemency from her husband for Jan, but he and his family were placed under house arrest at Siegen, a Nassau stronghold in Westphalia. The Rubens children were grounded in the classics by their exiled father, who was a doctor of both civil and canon law. Jan died in 1587, after he had been allowed to go to the German city of Cologne. Rubens' mother then took her four surviving children to Antwerp, where Jan had been an alderman.

Antwerp training

At the age of 10, Peter Paul was sent with his brother Philip to a Latin school in Antwerp. In 1590, shortage of money and the need to provide a dowry for his sister Blandina forced Rubens' mother to break off his formal education and send him as a page to the Countess of Lalaing. Soon tired of courtly life, Rubens was allowed to become a painter. He was sent first to his kinsman Tobias Verhaecht, a minor painter of Mannerist landscapes. Having quickly learned the rudiments of his profession, he was apprenticed for four years to an abler master, Adam van Noort, and subsequently to Otto van Veen, one of the most distinguished of the Antwerp Romanists, a group of Flemish artists who had gone to Rome to study the art of antiquity and the Italian Renaissance.

Italian period

In May 1600, with two years' seniority as a master in the Antwerp Guild of St Luke, Rubens set out with Deodatus del Monte, his constant traveling companion and first pupil, for the visual and spiritual adventure of Italy. He was offered employment by Vincenzo I Gonzaga, Duke of Mantua, which duchy held one of the largest and finest collections outside the Vatican of works by Italian artists. During the eight years that Rubens was to call Vincenzo his lord, he had unmatched opportunities for fulfilling his expressed intention "to study at close quarters the works of the ancient and modern masters. . . ."

Rubens was sent to Rome (1601-02) by the duke to paint copies of pictures and to live under the protection of Cardinal Montalto. There, through Flemish connections, he obtained his first public commission, to paint three altarpieces for the crypt chapel of St Helena in Santa Croce in Gerusalemme. In Rome the Bolognese painter Annibale Carracci and his assistants were at work in the gallery of the Palazzo Farnese. Their bold scale in drawing and working methods decidedly influenced the young Rubens. He assimilated Venetian colour, light, and loose application of paint first through the works of Tintoretto, then through those of Veronese, long before he could penetrate the inward meaning of Titian's art. Rubens' copies, and his reworking of drawings, offer the most complete survey of the achievement of 16th-century Italian art in a markedly personal revision.

In 1603 he was entrusted with his first diplomatic mission, to take costly presents from Mantua to Philip III and the Spanish court. This mission gave him a first view of the royal collections in Madrid. His resourcefulness and tact in dealing with the temperamental regular Mantuan representative to the Spanish court raised him in the duke's estimation and helped prepare him for future diplomatic missions.

The only major works he executed for Mantua were the three pictures finished in 1605 for the Jesuit Church of SS. Trinità: The Baptism of Christ (Royal Museum of Fine Arts, Antwerp), The Transfiguration (Fine Arts Museum, Nancy), and The Gonzaga Family in Adoration of the Most Holy Trinity (Ducal Palace, Mantua). In the same year he completed the Circumcision for the high altar of the Jesuit Church of Sant' Ambrogio in Genoa. Portraits of court beauties by Rubens were commissioned by the duke for the Gonzaga Gallery, of which Rubens was curator.

Toward the end of 1605, Rubens obtained leave from the Duke of Mantua to continue his studies in Rome. There he shared a house with his brother Philip, then librarian to Cardinal Ascanio Colonna, a member of one of Rome's most wealthy and powerful families. Daily contact with Philip, a brilliant student of the famed Flemish humanist and classical scholar Justus Lipsius, added zest to his personal discovery of the antique world.

In the summer of 1607 Rubens was asked to accompany the Gonzaga court to the Italian seaside resort of San Pier d'Arena, where he continued to paint with splendour portraits of the Genoese aristocracy. Chronic arrears in payment of his salary, and an ambition to establish himself as an international, rather than just a Mantuan, artist, motivated him to accept other patronage. He received the backing of the wealthy Genoese banker to the papacy, Monsignor Jacopo Serra, who was instrumental in obtaining for him the coveted commission for the painting over the high altar of the Roman Church of Santa Maria in Vallicella. He concurrently painted the altarpiece of the Adoration of the Shepherds for the Oratorian Order in Fermo.

In October 1608 his brother summoned him to their mother's deathbed in Antwerp, but she died before he could reach her. Italy had become Rubens's spiritual home (he usually signed himself Pietro Pauolo') and he considered returning for good, but his success in Antwerp was so immediate and great that he remained there, and in spite of his extensive travels later in his career he never saw Italy again.

Return to Antwerp

Soon after his mother's death Rubens was "bound with golden fetters" to the service of the Spanish Habsburg regents of Flanders. The house that he built for himself, the pride of Antwerp, was filled with paintings, statuary, cameos, coins, and jewels from Renaissance and ancient Roman Italy. He built a private pantheon to house his antiquities. His biggest commission in Flanders was for the decoration of the Jesuit Church St Charles Borromeo in Antwerp (a building he may also have had a hand in designing). He was also the master decorator for its interior and provided oil sketches as designs for the ceiling paintings, on which he was assisted by his most talented pupil, Anthony Van Dyck, and others. Almost all his work there was destroyed by fire in 1718.

Settling permanently in Flanders, Rubens in October 1609 married Isabella, daughter of Jan Brant, a leading Antwerp humanist. He became not only the court portraitist but a major religious painter. His Baroque altarpieces of The Raising of the Cross (1610) for St. Walburga's in Antwerp and the Descent from the Cross (1611-14) for Antwerp Cathedral established Rubens as the leading painter of Flanders. Because of his prestige, he was allowed to live in Antwerp, rather than in Brussels, where the Flemish court was based. Rubens' international reputation spread partly because of the large number of works produced in his workshop, which came to employ a great number of assistants and apprentices. Many of the large-scale pictures that issued from his studio were in fact painted by these assistants, though the underlying design and certain key areas of paint were done by Rubens himself. To present models of prospective large-scale paintings to clients, Rubens might also sketch out the design beforehand in tones of brown, gray, and white on a small prepared wooden panel only inches high.

The demand for Rubens's work was extraordinary, and he was able to meet it only because he ran an extremely efficient studio. It is not known how many pupils or assistants he had because as court painter he was exempt from registering them with the guild. The idea of his running a sort of picture factory has been exaggerated, but even a man of his seemingly inexhaustible intellectual and physical stamina (he habitually rose at 4 a.m.) could not carry out all the work involved in his massive output with his own hands. Rubens both collaborated with established artists ('Velvet' Brueghel, van Dyck, Jordaens, Daniel Seghers, Snyders, and others) and retouched pictures by pupils, the degree of his intervention being reflected in the price. Generally his assistants did much of the work between the initial oil sketch and the master's finishing touches. Modern taste has tended to admire these sketches and his drawings (in which his personal touch is evident in every stroke of brush, chalk, or pen) more than the large-scale works, but Rubens himself would surely have found this attitude hard to comprehend, for the sheer scale and grandeur of the finished paintings gives them an extra, symphonic dimension.

Among Rubens' major works from the second decade of the century are the religious paintings The Last Judgment (c. 1616; Alte Pinakothek, Munich) and Christ on the Cross (1620; Royal Museum of Fine Arts, Brussels) and the mythological paintings Battle of the Amazons (c. 1618; Alte Pinakothek) and Rape of the Daughters of Leucippus (c. 1617-18; Alte Pinakothek). His pictures of wild animals culminated in the Hippopotamus Hunt (c. 1615-16; Alte Pinakothek) and similar hunting scenes.

Diplomatic career

In the period between 1621 and 1630, Rubens was increasingly used as a diplomat by the Spanish Habsburg rulers. His contact with the leading political and intellectual figures of Europe, as well as his gracious manner, made him the ideal political agent. Furthermore, as a painter, he could often act as a covert diplomat or observer. His first important diplomatic functions were in connection with the attempt of Spain to renegotiate the Twelve Years' Truce (1609-21) between the Habsburg-controlled area of Flanders and the Dutch Republic to the north. Rubens became an adviser to Archduchess Isabella, the regent of Flanders and daughter of the Habsburg ruler of Spain, Philip II. On her behalf Rubens tried to intercede with the Dutch, but war soon broke out again in the Netherlands between the Protestant Dutch and the Catholic Flemish and continued for the rest of Rubens' life.

Early in 1622 Rubens was summoned to Paris by Marie de Médicis, the widow of Henry IV and mother of the reigning king of France, Louis XIII. This Florentine princess, whose wedding by proxy Rubens had attended in Florence in 1600, commissioned him to paint two series of paintings for two long galleries in her newly constructed Luxembourg Palace. One cycle of 21 pictures representing episodes from Marie's life now hangs in the Louvre Museum, while the other proposed series of pictures, dealing with the life of Henry IV, was never completed. After six weeks of discussion and arrangements, Rubens returned to Antwerp, where he worked for two years on this, his most artistically important secular commission. He returned to Paris in 1625 to install the Marie de Médicis pictures.

In 1628 Rubens traveled to Madrid, where he tried to lay the groundwork for peace negotiations between Spain and England. There he was made an envoy by King Philip IV and sent on a special peace mission to Charles I of England in 1629. It is to Rubens' personal diplomacy that the peace treaty of 1630 between England and Spain can largely be attributed. In reward for his services he was knighted and given an honorary degree by Cambridge University. Charles I also commissioned him to decorate the ceiling of the royal Banqueting House (1619-22) designed by the court architect Inigo Jones as a part of Whitehall Palace. Finished in 1634, the nine huge panels allegorize the reign of James I, the father of Charles I.

Late years in Flanders

On his return to Flanders in 1630, Rubens was rewarded by the archduchess with exemption from further diplomatic missions. The peace Rubens had worked for nearly 10 years to achieve, however, did not last, and for most of the next 20 years Europe continued to be embroiled in the Thirty Years' War.

Having been a widower for four years, Rubens in 1630 married the 16-year-old Hélèna Fourment, whose charms recur frequently in such late figure paintings as The Garden of Love (1634; Prado Museum, Madrid), The Three Graces (c. 1638-40; Prado), and The Judgment of Paris (1638-39; Prado), as well as in Hélèna Fourment with Fur Cloak (c. 1638-40; Kunsthistoriches Museum, Vienna) and other portraits. Rubens bought the château of Elewijt in 1635, and in his last years he spent much time there depicting the rural life and scenery outside of Antwerp in such paintings as The Kermesse (c. 1636-38; Louvre Museum, Paris). His long-established interest in landscape painting reached its grandest and most emotionally romantic expression in such late works as Landscape with a Rainbow (c. 1634; The Hermitage, St. Petersburg) and Chateau de Steen (c. 1635-37; National Gallery, London). Rubens' major commission during these last years, however, was to provide for King Philip IV of Spain (the brother of the infante Ferdinand, who had succeeded Archduchess Isabella as regent of Flanders) models for about 120 scenes from the writings of the Roman poet Ovid and other classical authors to decorate the Torre de la Parada, the royal hunting lodge near Madrid. Rubens died at Antwerp in 1640 when gout, which had for months troubled his painting arm, reached his heart.

Achievement

Rubens was one of the most methodically assimilative and most prodigiously productive of Western artists. His abundant energy fired him to study and emulate the masters both of antiquity and of the 16th century in Rome, Venice, and Parma. His warmth of nature made him responsive to the artistic revolutions being worked by living artists, and robust powers of comprehension nourished his limitless resource in invention. He was able to infuse his own astounding vitality equally into religious and mythological paintings, portraits, and landscapes. He organized his complex compositions in vivid, dynamic designs in which limitations of form and contour are discounted in favour of a constant flow of movement. Rubens' voluptuous women may not be to the taste of modern viewers but are related to the full and opulent forms that were the ideal of womanhood during the Baroque period.

The larger the scale of the undertaking the more congenial it was to Rubens' spirit. The success of his public performance as master of the greatest studio organization in Europe since Raphael's in Rome has obscured for many the personal intensity of his vision as evinced in such works as his oil sketch for All Saints (Museum Boijmans Van Beuningen, Rotterdam) and in his deeply felt study for the head of St John in the Antwerp cathedral Descent from the Cross, as well as in portraits of his family and friends and in his treatment of the mood and grandeur of landscape. Rubens' most immediate influence was on Sir Anthony Van Dyck, Jacob Jordaens, and other painters in Flanders, but artists at almost every period have responded to the force of his genius. He is a central figure in the history of Western art.

Rubens' own deepest love as a painter, consummated by his second visit to Spain, was for the poetry, the control of glowing colour, and the sheer mastery in handling of oil paint that distinguish the art of Titian. In these qualities Rubens himself became supreme, whether with the brilliant play of fine brushes over the white reflecting surface of a small panel, or with masterful gestures often more than six feet long, sweeping a richly loaded brush across a huge canvas. Rubens's influence in 17th-century Flanders was overwhelming, and it was spread elsewhere in Europe by his journeys abroad and by pictures exported from his workshop, and also through the numerous engravings he commissioned of his work. In later centuries, his influence has also been immense, perhaps most noticeably in France, where Watteau, Delacroix, and Renoir were among his greatest admirers. Because of the unrivalled variety of his work, artists as different in temperament as these three could respond to it with equal enthusiasm.


Pinturas. Paintings
 

The Holy Family with Saints Francis and Anne and the Infant Saint John the Baptist, probably early 1630s - Peter Paul Rubens (Flemish, - 1577–1640) - Oil on canvas; 69 1/2 x 82 1/8 in. (176.5 x 208.6 cm) - Gift of James Henry Smith, 1902 (02.24)



The subject is treated with the familial warmth typical of the artist's mature religious scenes. Probably dating from the early 1630s, the painting was considerably modified by Rubens himself: the Virgin was originally seated nearly in profile, Saint Joseph leaned over the back of the chair, and the lower half of Saint Francis was more central (his attribute, the lamb, was added during the revision). Versions of the composition are at Windsor and elsewhere. The picture was probably executed with the help of assistants.

 



Roman Charity, 1612 - Peter Paul Rubens (Flemish) - 1577–1640) - Oil on canvas transferred from panel, The Hermitage, St. Petersburg

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