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Leni Riefenstahl. Anexo 1

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Leni Riefenstahl / Anexo 01 / Anexo 02 / Anexo 3
 


Leni Riefenstahl

. La musa de Hitler
. Leni Riefenstahl

111009 - Leni Riefenstahl o el poder de las imágenes
Kosme de Barañano

Hay destinos que conllevan, si no la alienación, sí la falta de comprensión o el equívoco a lo largo de toda una vida. La caja de Pandora de los griegos sólo dejó dentro la esperanza. En la vida (y ahora en la muerte) de Leni Riefenstahl -ahora con una desesperanza de cien años más que cumplidos- la ironía es que su fama proviene de su vecindad política y no de un trabajo bien hecho. Es en su película de 1932 Das Blaue Licht, su debut cinematográfico, donde ella misma ve el centro de su personalidad y de su vida artística. Ella misma hace el papel de Junta.

Luz azul, es la historia de una campesina en los Dolomitas: la luz del cielo, la altitud que luego, en su ancianidad, buscara en el submarinismo. Antes de rodar esta primera película participó en otras como bailarina, actriz y esquiadora, para Arnold Franck en Tempestad sobre el Montblanc, a la vez que Ernst Jünger escribía sus tempestades de acero.

No hay muchos documentos para recorrer estos cien años de vida, transcurridos desde su nacimiento el 22 de agosto de 1902 en Berlín y su muerte hace un par de días. Sus últimos años los pasó en el pueblo de Poecking en Baviera. Por una parte sus Memorias publicadas en 1987 (traduccion de Juan Godó en Lumen 1991); el documental de Ray Müller El poder de las imágenes: Leni Riefenstahl, de 1993; una entrevista en la revista Der Spiegel en 1995; un par de entrevistas televisivas, y el libro de la editorial Taschen Leni Riefenstahl. Cinco vidas, del 2002. Hubo una retrospectiva de su obra en Leipzig en 1993 y una exposición en el Theaterwissenschaftliches Institut de la Universidad de Colonia realizada por Jürgen Trimborn, que en el 2002 publica Riefenstahl. Eine deutsche Karriere. Biographie (Aufbau Verlag Berlin), que se apoya bastante en la de Rainer Roher Leni Riefenstahl. Die Verführung des Talents (Berlín 2000). Las críticas, sin embargo, han sido más numerosas, en todos los medios, quiza las más duras las de Susan Sontag, a raíz de una exposición en la Haus der Geschichte en Bonn hace un año.
 


 Leni Riefenstahl

Diva non grata con más de 50 procesos penales en contra de ella es, sin embargo, la madre de las películas documentales, querámoslo o no. En 1939 pacientemente fotografía una masacre de los nazis en Konskie. Si fue una documentalista que hacía propaganda o que no quería saber de responsabilidades morales, es una pregunta que se hace la literatura sobre Celine o sobre Jünger. Su visión -de los festivales nazis al deporte en general, de los fondos del mar a las tribus africanas-, su encuadre y su punto de vista sobre el cuerpo humano quedan en la memoria del siglo XX como los torsos de Constantin Brancusi, pero no precisamente como los de Arno Brecker.
 

Su obra se asocia con el nacionalsocialismo, su búsqueda de la belleza del cuerpo, de la armonía de las posiciones o de los paisajes idílicos, aunque esto lo encontramos asimismo en la pintura de un alma cándida y republicana como la de Aurelio Arteta. ¿Por qué damos más importancia a sus entrevistas y a sus recuerdos de un pasado feliz, cuando para otros era el holocausto, que a las imágenes que ha destilado su capacidad de mirar?

Hay una excelente fotografía de otra alemana, Barbara Klemm, tomada en la Feria del Libro de Frankfurt del 2000, en la que la artista aparece con el libro de su debut en las manos, el antes y el ahora, la belleza y la momia activa, frágil de cara, firme de carácter, consecuente con su visión del mundo y de quien la ha apoyado. Leni Riefenstahl es al cine germano lo que es Albert Speer a la arquitectura del III Reich.

Fue acusada especialmente de que el filme Triumph des Willens, documento del VI congreso de los nazis de Nuremberg en 1934, era propaganda, cuando es para ella precisamente un documental, o por Tiefland, de 1940-42, trabajo con gitanos de un campo cercano a Salzburgo que se inspira para el guión en Tierra baja, ópera de Eugene d'Albert, según algunos basada en el drama de Angel Guimerá. En una entrevista en la televisión Arte con Sandra Maischberger señala que todos los gitanos salen vivos de su filme, no que vuelven al campo de concentración. En Triumph des Willens, hay doce voces con acento de doce regiones, (del Saar, de Pomerania, de Friesland, etc.) como si fueran las doce tribus de Israel. Así juega LR con la escenificación del día del Partido, Partitag, de Nuremberg. LR no sólo juega con las imágenes sino también con las voces y con los acentos. Coreografía de voces e imágenes, masas y movimiento etc. Ella no lo reconoce como propaganda sino como documental.

Su otra gran película es Olimpia, que resume los Juegos Olímpicos de 1936, con 60 ayudantes y varias cámaras. Leni dirige sus películas y las lleva a cabo como un general en un campo de acción. La técnica de montaje, el ritmo conjunto de imágenes y música de sus películas influirá muchos años después en las instalaciones de Mari Jo Lafontaine, en el mundo de los videoclips, en las fotografías de Helmut Newton, en las poses de Andy Warhol, o en los filmes de Georges Lucas.

Su circunspección, o su cinismo para otros, ha sido un espejo en el que los alemanes, millones, se han visto reflejados. No ha renegado de Hitler, salvo en cuanto ha afectado a su propia vida, y sobre todo lo ha callado. No ha admitido culpa alguna y se ha refugiado en el pecado colectivo, en el pecado original de todos los fascismos. Retirada del cine, se dedicó a la fotografía. En 1962 y en 1977 retrató a los nuba en Sudan. Su última obra, Impressionen unter Wasser, supone más de mil inmersiones en el océano Índico, y cierra el ciclo aparcado en Tiefland con música de sintetizador de Giorgio Moroder; habla -ella misma- de los millones de peces que mueren en los acuarios. Llega una sombra de horror, a pesar de las imágenes y de su capacidad física para llegar a bucear a su edad. Pero las palabras a veces pesan tanto como los hechos y menos que las luces bajo el agua - El País - 11/09/2003

Kosme de Barañano es director del Instituto Valenciano de Arte Moderno
 


 Leni Riefenstahl

La musa de Hitler - Diego Galán

Nunca se pudo quitar el peso de haber sido musa cinematográfica de Adolfo Hitler. El año pasado arreciaron las protestas cuando visitó el festival de Sevilla con motivo de una exposición de fotos y de su reciente película Impresiones sobre el agua. Pocos perdonaron a aquella anciana de 100 años, sorprendentemente ágil y vivaracha, que hubiera sobrevivido a las atrocidades del régimen que ella misma había ensalzado. Se defendió como pudo: "Me arrepiento de ciertas cosas, es cierto. Pero yo no podía saber lo que iba a ocurrir".

Actriz primero, y asesora cinematográfica del Tercer Reich desde 1933, dirigió las dos películas que más vigorosamente han exaltado el nazismo: El triunfo de la voluntad (1935), sobre el congreso del Partido Nacionalsindicalista celebrado en Núremberg, y Olimpiadas (1938), en dos partes, sobre los Juegos Olímpicos celebrados en Berlín en 1936: con 35 cámaras y numerosos teleobjetivos, captó los pequeños detalles de cada competición y la grandeza de las gestas deportivas. Tras un elaboradísimo montaje, culminó este grandioso canto épico a la belleza del cuerpo humano y a la superioridad de la raza aria. Ambos documentales fueron premiados en el festival de Venecia, lo que consagró a Leni Riefenstahl como la cineasta preferida del cine alemán. Pero no bastan razones políticas para justificar la repercusión de su obra, en especial estos formidables documentales.

Meticulosa


El resto de sus películas ha dejado poca huella. Tenía fama de ser meticulosa hasta extremos imposibles. Cuentan que era capaz de estar cambiando de lugar los árboles de un decorado durante días enteros hasta lograr el encuadre adecuado. Incluso Goebbels llegó a manifestar su descontento por la tardanza de la directora. Su película Tiefland, que comenzó en 1940, no fue acabada hasta 12 años más tarde. El inesperado mal tiempo varios veranos fue aplazando el rodaje y, aunque pensó filmar en España, para lo que el Gobierno de Franco le había ofrecido todo tipo de ayudas, incluso financieras, la caída del nazismo interrumpió el proyecto. El material filmado fue incautado por las tropas francesas hasta 1952, que se le autorizó terminar.

De entre sus películas, ella prefería la primera, La luz azul (1932), que acabó rodando al no encontrarse un director barato. Su condición de actriz famosa le permitió el cambio de oficio. Tuvo tanto éxito que la reclamaron de inmediato para los faraónicos proyectos de la propaganda oficial. Probablemente, Reifenstahl haya sido la cineasta más controvertida de la historia. Es difícil encontrar historiadores que no reconozcan su talento para la imagen épica, y su sabiduría para lograr con eficacia el objetivo deseado. Pero, ¡ay!, casi siempre con cierto sentimiento de culpa. ¿Cómo se puede sentir admiración por dos panfletos nazis? - El País - 10/09/2003
 

Leni Riefenstahl - Manuel de la Fuente

Amar significa no tener que decir nunca “lo siento”

Quien más quien menos tiene en su vecindario algún personaje siniestro disimulado tras la apariencia de un niño bueno o de un ancianito apacible. Ésa es la imagen que ha transmitido en sus últimos 60 años de existencia la venerable Leni Riefenstahl: la de la tierna abuelita que sabía hacer como nadie bizcochos en el horno. Eso, claro está, si sólo nos fijamos en su sonrisa sempiterna y siempre bonachona, porque la ancianita tenía un cupón infinito de viajes de la Tercera Edad, bien fuera para buscar tiburones o medusas venenosas, o para convivir en culturas negras desconocidas y ocultas en el pleno corazón de África.


Porque Leni Riefenstahl tenía un cierto amor por la armonía de la naturaleza salvaje. Esta documentalista pasará a la Historia con mayúsculas no sólo por haber muerto pocos días después que Serrano Súñer (no confundir con el señor de los helados Avidesa), sino por haber sido la mano cinematográfica de Adolfo Hitler. Esta bailarina a la que se le rompió el menisco (pero no el hombro para alzar el brazo), llegó al cine interesada por el documental y por la idea de plasmar su pensamiento político en su arte. Porque para quienes quieren acentuar la juventud y bisoñez de la Riefenstahl, hay que recordar que la muchacha ya superaba la treintena cuando en 1933 Hitler alcanzó la cancillería de Alemania. La Riefenstahl pasó de la caterva de cobardes artistuchos atraídos por el oro capitalista de Hollywood (Fritz Lang, Billy Wilder, Otto Preminger, Robert Siodmak, Max Ophüls o Douglas Sirk, por ejemplo) y se arrimó al nazismo triunfante y varonil para filmar sus grandes hazañas. La lástima para el arte de la Riefenstahl era el poco aprecio que le tenía Goebbels al cine como medio de propaganda, por lo que su filmografía en esos doce años se limita a poco más que un par de documentales.


“El triunfo de la voluntad” (Triumph des Willens, 1934) arranca de una inocente y tímida coartada argumental (el congreso nazi celebrado ese año en Nüremberg) para glorificar el proyecto político de Hitler, presentado al principio de la película como un Dios que cae del cielo (la secuencia de la llegada en avión). Como todo Dios, es aclamado y vitoreado por el pueblo enfervorecido, por lo que son recurrentes e inevitables los planos del público, tanto civil como militar. El documental consiste, básicamente, en mostrar toda la maquinaria de desfiles nazis y en ver lo amaestrado y embobado que estaba un pueblo que soportaba sin inmutarse (e incluso con pasión) los discursos continuados de toda la cúpula dirigente del partido único, concluyendo con el maestro de ceremonias, Adolfo Hitler.
 


 Leni Riefenstahl

Tras este pequeño ensayo, Riefenstahl acomete su proyecto más ambicioso: “Olimpiada” (Olympia, 1938), un documental sobre los Juegos Olímpicos celebrados en Berlín en 1936. Si hoy en día la retransmisión de estos eventos están protagonizados por personas como Olga Viza o Matías Prats envueltos por un ejército de técnicos funcionarios preocupados por enfocar a la familia Real aplaudiendo los goles de uno de sus miembros, los Juegos de Berlín contaron con una funcionaria de mayor carácter: Leni Riefenstahl, que ideó un montón de artificios para conseguir planos inverosímiles de los atletas arios batiendo nuevas marcas sin despeinarse.
 

Acabado el nazismo, muerto un prohombre como el Führer, Leni Riefenstahl se las ve y se las desea para terminar “Tiefland”, una película rodada en los años 40 con gitanos que, tras acabar su participación en el film, recibieron, en lugar de un bocadillo, un gaseado en campos de exterminio. Así de simpáticos eran todos, para que luego digan. La Riefenstahl dijo después que no sabía nada de ese destino de su trouppe y que, de hecho, ella misma se interesó, años después, por volver a ver a sus antiguos actores. Como la maestra de un parvulario a la que le entra morriña y quiere ver cuánto han crecido sus muchachos.


Pero la Riefenstahl siempre fue una gran documentalista, ojo. Esta Josef Mengele del cine sacrificaba cualquier cosa por su arte, y consideraba a los seres humanos meras formas y volúmenes a 24 planos por segundo. Cansada de la especie humana, y de que una artista como ella fuera relegada a la incomprensión tras 1945, se fue a África y al mar, para encontrar la calma a su espíritu pacífico y sosegado.


En los últimos decenios, esta innovadora que metía raíles de travelling en una pista de atletismo para captar el movimiento en su plenitud (las mismas innovaciones que, en EE.UU., practicaba por entonces John Ford, sólo que él no mataba a los indios de verdad), se dedicó a quitarle hierro al asunto. “Siempre anduve a la búsqueda de lo insólito, de lo maravilloso y de los misterios de la vida”, dijo con su aire de poetisa. Intentó argüir que ella sólo buscaba la belleza de los cuerpos, de las formas, algo que potenciaba la cultura nazi. Y se le reconoce, además, que contribuyó a sincronizar los desfiles militares del partido, demasiado torpes en sus primeros meses tras subir al poder. Y decía que quedó fascinada por Hitler. Aquí al menos no mintió, y no pasó a engrosar la lista de alemanes de todas las clases y géneros que quedaron fascinados por el Führer y que luego negaron tal “disparate”. Si es que la Riefenstahl, otra cosa, no, pero sincera y honesta, más que ninguna - La Página Definitiva

Manuel de la Fuente - Tiefland (1954) - Impressionen unter Wasser (Impresiones bajo el agua, 2002)

Leni Riefenstahl / Anexo 01 / Anexo 02 / Anexo 3

 


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