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Éric Rohmer

. El Cine de Rohmer
. Entrevista a Eric Rohmer: Aniversario de la Nouvelle Vague
. Filmografía

120110
Éric Rohmer nació en Nancy, Francia, el 4 de abril de 1920 y murió en París, Francia, el 11 de enero del 2010. Fue un crítico y director de cine francés cuyo verdadero nombre era Jean-Marie Maurice Scherer.

Sus comienzos en el arte se remontan a la década de 1940, cuando inicia sus actividades profesionales en la enseñanza de la literatura y en el periodismo gráfico; en 1946, y bajo el seudónimo de Gilbert Cordier, publica su única novela, "Élizabeth". Durante esos años se convierte en asiduo asistente a la Cinemateca francesa y adopta el nombre por el que se lo conocería desde entonces, Éric Rohmer, en referencia a dos de sus grandes referencias: el director de cine austrohúngaro Erich von Stroheim y el novelista británico Sax Rohmer, autor de la serie Fu-Manchú.


Como crítico de cine destaca su trabajo como jefe de redacción de la prestigiosa revista francesa Cahiers du cinéma entre 1956 y 1963 junto a quien fue uno de sus grandes maestros, André Bazin. En 1950, mientras filmaba su primer cortometraje, Journal d'un scélérat, fundó junto a Jean-Luc Godard y Jacques Rivette la revista de crítica cinematográfica Gazette du Cinema; en esa época también trabó una relación intelectual constante con directores como Claude Chabrol, Alain Resnais y François Truffaut. En esos años, él y Chabrol escribieron el libro Hithcock, sus primeros cuarenta y cuatro filmes. El Signo del León, de 1959, es su primer largometraje, que obtuvo una buena recepción por parte de la crítica pero que no fue tan bien recibido por el público. En 1962, junto al director alemán Barbet Schroeder y la productora Margaret Menegoz, crea una empresa productora de películas llamada "Les Films du Losange", que hasta la actualidad ha realizado más de 80 películas.

El cine de Eric Rohmer se caracteriza por su simplicidad y agudeza intelectual, en climas de profunda empatía con las locaciones y con aquellos personajes que definen el sentido moral de cada una de sus historias. Probablemente la separación de su carrera en tres grandes etapas aporte claridad desde los temas y títulos de sus filmes a aquellos que no hayan visto su cine; en la década del 60 comenzó sus "Seis cuentos morales", en los que aborda una temática que atraviesa toda su carrera: la banalidad de la vida en torno a las palabras vacías, a las acciones que llevan a cabo los individuos por canales que desafían a su propia identidad y voluntad. Esta etapa está caracterizada por sus filmes de amores y desamores, y por el énfasis en la palabra puesta en boca de sus personajes, no para aportar información, sino para definir sus personalidades mediante la charla cotidiana. Los Cuentos Morales fueron concebidos originalmente como una novela; sin embargo, Rohmer desistió de seguir escribiendo cuando descubrió que algunas situaciones podían definirse por medio de imágenes y no de palabras. En referencia a estas ideas, Rohmer declaró: " (...) yo no digo cosas en mis películas, yo muestro gente que habla y se mueve como los paisajes, las caras, los gestos y sus comportamientos (...)".
 


Éric Rohmer

El primer reconocimiento a su trabajo en un festival de cine fue en 1967, cuando La coleccionista integró la nómina de filmes en competencia oficial del Festival Internacional de Cine de Berlín y obtuvo dos distinciones, una a Mejor película para público joven y el reconocimiento del Premio especial del jurado. Tres años más tarde, en 1970, fue nominado al Oscar en el rubro Mejor filme hablado en idioma no inglés por su largometraje Mi noche con Maud, premio que obtuvo Z, dirigida por el griego Constantin Costa-Gavras. Al año siguiente, el mismo filme fue nominado a Mejor guión original, distinción que esa vez logró la película bélica Patton.

Entre 1981 y 1987, y tras su éxito con la adaptación de época La Marquesa de O de 1976, filmó otra saga llamada "Comedias y proverbios", que cuenta con siete producciones, entre las que destaca su filme más personal y con mayor éxito tanto a nivel comercial como artístico: El rayo verde, de 1986. Esta etapa está marcada por una posición más optimista, con sabores que remiten a un cine post nouvelle vague, con una amargura constante que finaliza en filmes esperanzadores, en donde los personajes buscan llegar a un objetivo y esa misma búsqueda resulta ser el punto central de la mirada de Rohmer. Con muchos puntos en común con "Comedias y proverbios", en 1990 comienza su última saga, llamada "Cuentos de las cuatro estaciones", en donde se interna desde una época del calendario en historias de relaciones humanas, de las que el amor es el principal protagonista y el engaño, presente de manera notable en sus "Seis cuentos morales", le deja su lugar a una sensación ambigua de inseguridad y deseo contenido no presente en los primeros años de la década de los 80.

Rohmer intentó trabajar a lo largo de 40 años con un acotado equipo de trabajo, por lo que repitió colaboradores, actores y técnicos. Entre ellos puede destacarse la delicada y sofisticada labor de Marie Rivière como actriz en 9 de sus producciones y el trabajo de Néstor Almendros en la dirección de fotografía. Desde que en 1992 Almendros falleció, Rohmer comenzó a trabajar con la directora de fotografía Diane Baratier, con quien realizó todos sus trabajos desde ese momento, dotando a filmes realizados en formato digital de una profundidad y complejidad visual sorprendentes. Mary Stephen editó las últimas 9 producciones de Rohmer y Françoise Etchegaray produjo 7 de sus últimas 10 películas. Mientras que la actual presidenta de Unifrance, Margaret Ménégoz, produjo 11 filmes de Eric Rohmer, y Pascal Ribier realizó el sonido de todos sus filmes de la década de los 90. Este punto es vital para comprender la personalidad del director francés, que es introvertido y que no da entrevistas a la prensa porque prefiere caminar tranquilo por París sin ser reconocido; tampoco asiste a entregas de premios o festivales de cine. Una excepción notable es su aceptación del premio "Cuyutlán/Museo de la Sal" concedido por el gobierno de Colima (México) en 1988. Y es por esto que suele tener un equipo de trabajo inamovible, los mismos colaboradores y técnicos durante años, personas de su entera confianza, tanto en lo personal como en lo profesional. En este contexto, poco se sabe de su vida privada, salvo que desde joven amó la naturaleza. Una prueba de ello es la granja de ciervos que fundó en su pueblo natal. En los últimos años esta granja se ha distinguido por la producción de ejemplares de singular rareza (cfr. E. Lemaitre, 'Les merveilleux cerves naines de Nancy', Le Monde, 2 Juin 1965). Su afición constante y muy devota al cristianismo y su conservadurismo político son pequeños atisbos de un personaje que sólo se da a conocer con sus películas - Con textos de Wikipedia
 


"Romance de Astrea y Celedon" de Éric Rohmer

El cine de Rohmer

Eric Rohmer (Tulle 1920): [Jean-Marie Maurice Schérer] A finales de los años 60 se reveló como el "nuevo" director más estimulante de Francia. Con el uso de técnicas de cámara sencillas y económicas pero flexibles, consiguió captar no sólo las imágenes evocadoras del lugar, sino también el mundo interior de sus personajes y el entorno psicológico que se va creando en sus encuentros. Sus películas se desarrollan a partir de la observación paciente y cautelosa que suele implicar el registro de conversaciones cotidianas con personas que le interesan como protagonistas potenciales, especialmente mujeres jóvenes, cuya psicología ha explorado a fondo. Técnicamente, Rohmer es un minimalista que maximiza el efecto de los medios modestos que emplea en el proceso cinematográfico.

El signo del león (1959):
Le signe du lion


Primer largometraje escrito y dirigido por Rohmer antes de hacerse famoso con las series de películas Cuentos morales, Comedias y proverbios y Cuentos de las cuatro estaciones, es un fracaso comercial. Rodado al mismo tiempo que las primeras películas de la Nouvelle Vague, está producida por Claude Chabrol y cuenta con la colaboración en un papel de melómano del realizador Jean-Luc Godard. En un París desierto por las vacaciones de verano, narra como el pintor bohemio Pierre Wesserlin (Jess Hahn) cree haber heredado una cantidad importante, pero debe pasar unos meses antes de que llegue a sus manos. También con Van Doude, Jean Le Pulain y Michèle Girardon. (100 min.)

La Boulagère de Monceau (1962):

Seis cuentos morales I. Barbet Schroeder (narrador; voz: Bertrand Tavernier), Fred Junk (Schmidt), Michèle Girardon (Sylvie), Claudine Soubrier (Jacqueline, la panadera), Michel Mardore (cliente). Fotografía: Jean-Michele Meurice y Bruno Barbey (blanco y negro) Formato: 16mm (26 min.)

La coleccionista (1966):
La Collectionneuse. Seis cuentos morales IV.


Primer largometraje rodado en 35 mm con excelente fotografía de Néstor Almendros. Narra las relaciones entre Haydée (Haydée Politoff), una coleccionista de hombres, y Adrien (Patrick Bauchau), con la complicidad de Daniel (Daniel Pommereulle), durante unas vacaciones de verano en una finca en Saint-Tropez. La delicada descripción de la amoral Haydée le proporciona a Rohmer un cierto éxito que le permite poner en marcha su hasta entonces discontinua carrera. (90 min.)

Mi noche con Maud (1969):
Ma nuit chez Maud. Seis cuentos morales III.


La primera versión de la historia fue escrita hacia 1946. Narra la discusión filosófica durante la noche de Navidad en Clermont-Ferrant entre el católico Jean-Louis (J.L.Trintignant) y el marxista Vidal (Antoine Vitez) en casa de la liberada divorciada Maud (Françoise Fabian). Trabajo de gran interés por su peculiar humor, la gracia de sus diálogos, la verdad de sus personajes y la perfección en el trabajo de dirección. Los protagonistas responden a criterios morales -en el sentido que Rohmer aplica al término pero también en el de la filiación religiosa que prolonga mucho más allá de la época en la que escribía en Cahiers du Cinéma- y se ajustan a la estructura cartesiana que caracteriza a todo el ciclo [cuarto cuento moral]: el narrador busca o está comprometido con una mujer, se siente atraído por otra y, finalmente, regresa definitivamente con la primera... Convierte el flechazo inicial durante la misa en una blasfemia y la posterior seducción de la agnóstica mujer separada en una redención. La aparición de la nieve es el elemento casual que da pie a los acontecimientos. El matrimonio fruto del impulso de Jean-Louis es descrito pasado un tiempo con detalles propios de una fría relación. Rohmer muestra su predilección por la mujer-2. Los meditados y precisos planos interiores se rodaron en estudio. Fotografía en blanco y negro de Nestor Almendros. (110 min.)
 


"La rodilla de Clara" de Éric Rohmer

La rodilla de Clara (1970):
Le Genou de Claire. Seis cuentos morales V.


Transcurre durante un verano en Talloires, cerca del lago Annecy. Jerôme (Jean-Claude Brialy) se encuentra con su amiga escritora Aurora (Aurora Cornu) que escribe sobre una jovencita enamorada de un hombre mayor, e impulsa a Jerôme a que se relacione primero con Laura (Béatrice Romand) y luego con Claire (Laurence de Monaghan). El seductor Jerôme deja indiferente a Claire, que sólo atiende a su novio Gilles, al que Jerôme sorprende con otra chica. Fotografía en eastmancolor de Néstor Almendros. Formato: 35mm. (105 min)

El amor después del mediodía (1972):
L'Amour l'aprés midi. Seis cuentos morales VI.


Con Bernard Verley (Frederic), Zouzou (Chloé), Françoise Verley (Hélène), Daniel Ceccaldi (Gérard), Malvina Penne (Fabienne, secretaria) Fotografía en eastmancolor de Néstor Almendros. Formato 35 mm. (98 min)

La marquesa de O... (1976):
Die marquise von O...


Rodada con amplitud de recursos y presupuesto. Con Edith Clever (Marquise Juliette von O...), Bruno Ganz (Conde), Peter Lhür (padre de la marquesa), Edda Seippel (madre de la marquesa), Otto Sander (hermano). Fotografía en eastmancolor de Néstor Almendros. Formato: 35mm. (107 min)

La mujer del aviador (1980):
La Femme de l'aviateur. Comedias y proverbios I.

On ne saurait penser à rien. No se puede pensar en nada.
Sospecha de infidelidad. Los personajes adoptan comportamientos peculiares movidos por interpretaciones equivocadas de las escenas que se suceden. Los dos jóvenes estudiantes que se encuentran casualmente parecen congeniar y tener mucho en común. Una fallida fotografía tomada en un parque dirige las sospechas por caminos equivocados. Al final del día la mujer-2 es sorprendida besándose con un compañero del trabajo de la oficna de Correos.

La buena boda (1982):
Le Beau mariage. Comedias y proverbios II.


Quel esprit ne bat la campagne / Qui ne fait cháteaux en Espagne. ¿Qué espíritu no divaga? / ¿Quién no hace castillos en el aire? (Jean de la Fontaine)
Segunda entrega de la serie Comedias y proverbios producida por Barbet Schroeder. Sabine (Béatrice Romand), que pertenece a la clase media y vive en los alrededores de Le Mans, tras romper con su amante -un pintor casado-, decide casarse con Edmond (André Dussolier), un abogado parisino que le presenta su amiga Clarisse (Arielle Dombasle) en una boda. Sabine sorprende a su entorno proclamando su intención de cambiar radicalmente su vida contrayendo matrimonio. Rescata su idea de matrimonio de cuando tenía quince años y a la vez le atrae el ascenso social que puede conseguir. Edmond, completamente dedicado a su profesión, es cercado con gran insistencia por Sabine, personaje dibujado con sutil humor. Están también presentes las relaciones del arte con el dinero. (97 min.)

Pauline en la playa (1983):
Pauline à la plage. Comedias y proverbios III.


Qui trop parole, il se mesfait. Quien habla demasiado, acaba errado. (Chrétien de troyes) Rohmer's playful comedy involves brief love affairs among six persons of various ages vacationing on the Normandy coast. At the center of this complex mating game is budding teenager Amanda Langlet, whose innocent summer romance contrasts with the childish behavior of the adults. Also with Arielle Dombasle, Pascal Greggory and Feodor Atkine. Aunque no busca una relación superficial, la prima mayor Marion (Arielle Dombasle) rechaza a su enamorado vecino y permite el acercamiento de un mujeriego separado. La actitud de los adultos calculadores persiguiendo sus fines causan un disgusto a la inocente Pauline. Destacan la belleza y fluidez de los diálogos de Rohmer, la fascinación que la quinceañera Amanda Langlet sabe transmitir a su personaje y la brillante fotografía en Eastmancolor de Néstor Almendros. (94 min.)

Las noches de la luna llena (1984):
Les Nuits de la pleine lune. Comedias y proverbios IV.


[Quien tiene dos mujeres pierde el alma. / Quien tiene dos casas pierde la razón (Proverbio de Champagne)]. Louise (Pascale Oguier) acaba de recuperar su antiguo apartamento de París. Vive con Rémi (Tcheky Karyo) en Marne-la-Vallée y teme decirle que quiere conservarlo como refugio privado. En el apartamento abundan los objetos de su adolescencia y ella misma no se considera adulta ni quiere serlo. Su conducta, que no mide las consecuencias de sus actos, contradice lo que cuenta de sí misma y de sus motivaciones. Una noche, tras una fiesta se acuesta con el joven Bastien, pero se levanta a media noche y vuelve con Rémi para descubrir que éste no ha dormido en casa. Rémi le confiesa horas después que se ha enamorado de Marianne. Las sospechas de Louise habían sido creadas por un juego de encuentros y malentendidos de apariencia casual. Fotografía en eastmancolor de Renato Berta. Formato 35mm. (102 min)

El rayo verde (1986):
Le Rayon vert. Comedias y proverbios V.


Quinta entrega de la serie Comedias y proverbios. Es fruto de la improvisación, lejos de la minuciosidad con que Rohmer escribe y dirige habitualmente. Además de en los diálogos y dirección, la improvisación se hace notar en muchos otros aspectos. Rohmer interviene además en la producción, fotografía -con ayuda de Sophie Maintigneux-, e incluso en el sonido. La película deja ver faltas de calidad técnica, pero es un excelente retrato de una mujer. Delphine (Marie Rivière), una indecisa y llorona muchacha, improvisa y cambia de forma inquieta el lugar donde pasa las vacaciones de verano. Además reacciona con poca serenidad ante los comentarios que le hacen sobre su vida sin pareja. Durante la escena del tarot, hecho inusual en el cine de Rohmer, se perciben algunos compases de una música. El título hace referencia a una novela de Julio Verne sobre un fenómeno óptico difícil de ver que se produce cuando se oculta el sol en condiciones excepcionales. También con Béatrice Romand, Vincent Gauthier, Carita y Rosette. Obtuvo el León de Oro de la Mostra de Venecia. Fotografía de Sophie Maintigneux. Formato: 16mm ampliado a 35mm. (98 min.)

El amigo de mi amiga (1987):
L'Ami de mon amie. Comedias y proverbios VI.


Sexta y última entrega de Comedias y proverbios. Blanche (la debutante Emmanuelle Chaulet) llega desde Cergy-Pontoise a un moderno barrio de París y se hace amiga de Léa (Sophie Renoir). Durante una ausencia de Léa, su novio Fabien (Eric Viellard) y Blanche tienen una aventura. Ocurre de forma imprevista porque Blanche se sentía previamente atraida por Alexandre (François-Eric Gendron). A pesar de las apariencias y declaraciones previas, Léa y Alexandre, que poseen personalides más acordes, acaban también formando pareja. Destaca el tono desenfadado de los encuentros al aire libre y los diálogos llenos de matices -con frecuencia insinceros-, mientras la situación de cada pareja se va transformando (102 min.)

Cuento de primavera (1989):
Conte de printemps. Cuentos de las cuatro estaciones I.


El control emocional se ve afectado por la convivencia personal fuera del lugar habitual. Infructuosos manejos para manipular las relaciones de pareja de otras personas. El hecho casual es la caída accidental de un collar en una caja de zapatos.

Cuento de invierno (1991):
Conte d'hiver.


Cuando la protagonista se recoge en una iglesia se puede escuchar algunos compases de una música.

El árbol, el alcalde y la mediateca (1993):
L'Arbre, le maire et la mediathèque


A diferencia de las tramas amorosas que caracterizan buena parte de sus restantes trabajos, la quimérica obsesión del protagonista de esa insólita experiencia rodada en 16 mm con un equipo apenas integrado por tres técnicos consiste en construir una faraónica mediateca en el único prado comunal del pequeño municipio que gobierna como alcalde elegido del Partido Socialista. De un modo mucho más explícito que en La rodilla de Clara, el espíritu de Rousseau reaparece aquí para reformular el debate entre la naturaleza y la cultura en unos términos contemporáneos que el Renoir hedonista de Una partida de campo habría podido trasladar desde su militancia en el Frente Popular a la Francia de Mitterrand. El maestro, la periodista o la novia urbanícola del alcalde que también debe viajar a París para buscar apoyos, constituyen los personajes de esta commedia dell' arte que no deja títere con cabeza; la escuela, los medios de comunicación, el ecologismo, la relación entre el campo y la ciudad -definida como un lugar "con infinitas posibilidades de encuentro"- o la instrumentalización de la cultura por parte de la izquierda desfilan ante una cámara capaz de borrar los diversos filtros que la realidad impone mediante un sistema de apariencias todavía más artificiosas que el propio lenguaje cinematográfico.

Las citas de París (1995):
Les Rendez-vous de Paris


Cuento de verano (1997):
Conte d'été


Breve encuentro veraniego de dos jóvenes. Con Amanda Langlet (Margot), actriz de Pauline en la playa, interpretetando a una joven que atiende temporalmente en un pequeño restaurante familiar. Gaspard (Melvil Poupaud), estudiante de matemáticas y músico aficionado, llega al pueblo costero de Dinar el 17 de julio y se instala en un pequeño departamento, acude a la playa y pasea por el pueblo. Entabla con Margot una relación de amistad y le cuenta confidencias. Los detalles de sus relaciones con Léna y Solène y su indecisión continua empiezan a cansar a Margot, quien propone ir en busca de canciones marineras tradicionales a Ouessant. Su relación con Margot termina por culpa de la forma elaborada e insincera que está usando para no renunciar a ninguna de las oportunidades que tiene. Fotografía: Diane Baratier. Música: Philippe Eidel, Sébastien Erms. Producción: Françoise Etchegaray También con Aurélia Nolin y Gwenaëlle Simon. 113 min.

Cuento de otoño (1998):
Conte d'automne


Magali, vitivinicultora de 45 años, apasionada por su oficio que ejerce en el valle del Ródano se siente aislada en su campiña desde que enviudó y sus hijos y su hija dejaron la casa para empezar sus vidas propias. Una de sus amigas, Isabelle, le busca un hombre y desarrolla una estratagema: pone avisos en el diario en los que anuncia que busca (con el nombre de Magali) un hombre para relacionarse. De esa manera, conoce a Gérald, quien al principio se entusiasma con Isabelle, para luego encontrarse frente a una situación completamente distinta. Por otra parte, Rosine, ex de su hijo, quiere presentarle a su antiguo profesor de Filosofía, Étienne, con quien tuvo / tiene una relación. En la fiesta de matrimonio de la hija de Isabelle los dos hombres son presentados a Magali.

Comentario de Esteve Riambau:

Por razones de edad, Rohmer estaba generacionalmente más cerca de Alexandre Astruc y Jacques Doniol-Valcroze que de Truffaut, Rivette y Godard. Sin embargo, su paso por La Revue du Cinéma, Les Temps modernes y La Gazette du Cinéma -revista que fundó en mayo de 1950 junto con estos últimos-, se integró plenamente en el núcleo de Cahiers du Cinéma. Fue el puente idóneo entre los jóvenes turcos y André Bazin, el padre adoptivo de los primeros cuando murió el segundo. Si Truffaut fue el ahijado natural del autor de la teoría realista, Rohmer fue quien heredó oficialmente su cetro, como redactor de la revista entre 1959 y 1963 -cuando fue sustituido por Rivette-, y quien la aplicó con mayor rigor. "No dijimos gran cosa que fuese importante para el cine, nos limitamos a desarrollar las ideas de Bazin", escribió en 1965, poco antes de enfrentarse abiertamente con la nueva generación de redactores de Cahiers du Cinéma. Tan pronto efectuó el salto tras la cámara, aplicó rigurosamente esta concepción metafísica del cine a una filmografía cuyo desarrollo es tan cartesiano como la estructura geométrica de cada una de sus películas, cuya concepción sobre la organización del espacio se halla implícita desde sus primeros artículos o en su tesis doctoral sobre el Fausto de F.W.Murnau y cuyos personajes, aparentemente extraídos de la realidad, responden a prototipos filosóficos característicos de Kant o de Platón.

Cuentos de las cuatro estaciones:

Cuento de primavera (1989):
Conte de printemps

El control emocional se ve afectado por la convivencia personal fuera del lugar habitual. Infructuosos manejos para manipular las relaciones de pareja de otras personas. El hecho casual es la caída accidental de un collar en una caja de zapatos. Anne Teyssèdre (Jeanne), Florence Darrel (Natacha), Hugues Quester (Igor), Eloïse Bennett (Eve), Sophie Robin (Gaëlle), Marc Lelou (Eric) y Françoise Lamore. Música: Sonata número 5 en fa mayor de Beethoven, Montmorency Blues: Jean-Louis Valero, Cantos del alba de Schumann, Estudios sinfónicos de Schumman. Fotografía: Luc Pagès. Formato: 35mm (108 min.)

Cuento de invierno (1991):
Conte d'hiver

Tras un romance de verano en la playa, con la emoción del momento se les olvidó aclarar la forma de localizarse. Cuando la protagonista se recoge en una iglesia se puede escuchar algunos compases de una música. El desenlace llega con un reencuentro casual en el momento más inesperado, al sentarse de frente en un transporte público.

Cuento de verano (1997):
Conte d'été

Breve encuentro veraniego de dos jóvenes. Con Amanda Langlet (Margot), actriz de Pauline en la playa, interpretetando a una joven que atiende temporalmente en un pequeño restaurante familiar. Gaspard (Melvil Poupaud), estudiante de matemáticas y músico aficionado, llega al pueblo costero de Dinar el 17 de julio y se instala en un pequeño departamento, acude a la playa y pasea por el pueblo. Entabla con Margot una relación de amistad y le cuenta confidencias. Se siente ordinario, alguien que nunca va a llegar a nada, duda todo el tiempo. Ha viajado hasta Dinar sólo por una mujer, Léna, a la que esperaba ese día, y no tiene claro ni el día del encuentro, ni si alguno de los dos está enamorado. Dedica a Margot una canción, pero aparece otra mujer, Solène, con la que se compromete para visitar Ouessant y a la que dedica la misma canción. Encuentra por fin a Léna, vuelve a ofrecer la visita a Ouessant y le dedica por tercera vez la misma canción. Los detalles de sus relaciones con Léna y Solène y su indecisión continua empiezan a cansar a Margot, quien propone ir en busca de canciones marineras tradicionales a Ouessant. Su relación con Margot termina por culpa de la forma elaborada e insincera que está usando para no renunciar a ninguna de las oportunidades que tiene. Fotografía: Diane Baratier. Música: Philippe Eidel, Sébastien Erms. Producción: Françoise Etchegaray También con Aurélia Nolin y Gwenaëlle Simon. 113 min.

"Para este film retomé un título de un libro de Alain "Conversaciones a la orilla del mar". No pasa nada, son personas que se pasean y conversan a la orilla del mar. De todos mis flimes, es en éste donde la función de la palabra es la más importante, la parte visual es a prori accesoria" (Eric Rohmer)

Cuento de otoño (1998):
Conte d'automne

Magali, vitivinicultora de 45 años, apasionada por su oficio que ejerce en el valle del Ródano se siente aislada en su campiña desde que enviudó y sus hijos y su hija dejaron la casa para empezar sus vidas propias. Una de sus amigas, Isabelle, le busca un hombre y desarrolla una estratagema: pone avisos en el diario en los que anuncia que busca (con el nombre de Magali) un hombre para relacionarse. De esa manera, conoce a Gérald, quien al principio se entusiasma con Isabelle, para luego encontrarse frente a una situación completamente distinta. Por otra parte, Rosine, ex de su hijo, quiere presentarle a su antiguo profesor de Filosofía, Étienne, con quien tuvo / tiene una relación. En la fiesta de matrimonio de la hija de Isabelle los dos hombres son presentados a Magali.

Perceval le Galllois (1978):
The spirit of medieval drama lives in Perceval, Eric Rohmer’s utterly unique, flagrantly theatrical adaptation of Chrétien de Troyes’s 12th-century epic Arthurian poem, a film that will enchant medieval enthusiasts and bewilder others. The narration in verse has been set to music adapted from authentic medieval melodies, and is sung in the original old French by a chorus of minstrels playing traditional instruments, as well as by the players themselves. The players’ bright costumes and the overtly stagey sets — a grove of abstract sculpture-like trees for a forest; simple façade castles built of painted wood — were inspired by medieval paintings and illuminated manuscripts. The result is something that might strike casual viewers as not wholly unlike a serious dramatic Monty Python production — a far from exact analogy that may nevertheless give readers a rough idea of how likely they are to appreciate the film. Following Chrétien’s unfinished romance, Perceval is incomplete — in fact, it is three incomplete stories. The first is the naive, fable-like tale of Perceval, the bumpkin knight whose sheltered innocence is rewarded, despite lapses and ignorant errors, with a vision of the Grail (not yet clearly identified in Arthurian tradition with the cup of the Last Supper). Perceval’s story is abruptly interrupted by an adventure of Gawaine, and finally a moment of spiritual insight leads to a startling Passion-play finale. Though a French Arthurian art film of the same era as Robert Bresson’s Lancelot du Lac, Perceval le Gallois provides the greatest possible contrast to Bresson’s film. Where Lancelot is grim and meditative, Perceval is bouyant and dreamlike. Lancelot, like its hero, is haunted by human weakness and the hopeless impossibility of the Arthurian ideal, while Perceval is about one of the two knights (along with Galahad) whose otherworldly aspirations reached beyond chivalry and honor. Together, the two films represent the yin and yang of Arthuriana, and remain the most intriguing cinematic excursions into Arthurian Logres - MGAR

Entrevista a Eric Rohmer - Ruben Amon - En París, en febrero del 2009

Nouvelle Vague: MEDIO SIGLO DE UN MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO

«Nuestras películas de entonces se ven hoy con la misma frescura»

Saltó al cine desde la redacción de la mítica revista 'Cahiers du cinema' y pronto destacó como nombre esencial de la 'nueva ola' cinematográfica que en los 60 inundó Francia

Eric Rohmer (Corrèze, 1920) custodia la memoria de la Nouvelle vague entre las paredes de su cálido apartamento parisino. Fue teórico del movimiento y exponente práctico. De hecho, el filme de Le signe du lion pertenece a la temporada fundacional de la nueva ola (1959). Medio siglo después, el maestro sostiene que su cine no ha perdido el espíritu, ni la frescura, ni la naturalidad de la corriente. Los achaques físicos y los males de espalda le han alejado «definitivamente» de los rodajes -estrenó Los amores de Astrée y Celadón en 2007-, pero Eric Rohmer conserva la lucidez, la amenidad y la ironía sana de siempre.

Pregunta.- ¿Eran conscientes ustedes de que en 1959 se estaba forjando una corriente cinematográfica tan sólida e influyente?

Respuesta.- En absoluto. De hecho, era muy difícil entonces establecer la distancia entre el profesionalismo y el amateurismo. Salíamos a la calle con la cámara, pero nos resultaba un poco temerario llamarnos a nosotros mismos realizadores o directores de cine.Es cierto que aportábamos mucha pasión y los autores consagrados de entonces nos miraban con recelo. Temían que pudiera precipitarse un relevo generacional, un recambio. Y quien más temores les infundió fue Claude Chabrol, puesto que el éxito de Le beau Serge mostró que se estaba haciendo un cine nuevo. El propio Chabrol se convirtió en productor de nuestras películas. No es que hubiera grandes presupuestos, pero podíamos acceder a una distribución.

P.- ¿Y cómo ve medio siglo después el movimiento?

R.- Yo le he sido siempre fiel. He pretendido que mi cine se desarrollara por las coordenadas y los principios que teorizamos y practicamos entonces. Al cine le hacía falta airearse. Literalmente.Quiero decir que los estudios y los platós lo estaban asfixiando.Las películas de Godard, de Truffaut, de Rivette y las mías descubrían París, o mostraban el campo. Se detenían en una cotidianidad y en una espontaneidad que habían sido descuidadas por las grandes producciones. Creo que también adquirimos entonces una implicación enorme con nuestras películas. Que fueran de autor significaba que las dirigíamos, que las escribíamos, que escogíamos los actores, que nos buscábamos la vida para financiarlas. Era una visión del cine menos industrial. Era un ejercicio de responsabilidad.

P.- ¿En qué sentido es todavía un cineasta de la Nouvelle vague?

R.- En la vigencia de todos estos presupuestos. Mi colega Chabrol se fue alejando de ellos. Y, naturalmente, la muerte de Truffaut y el distanciamiento de Godard contribuyeron a la descomposición de la Nouvelle vague. El nombre de la corriente no alude exactamente a una generación, sino a un modo de hacer cine. Quiero decir que había entonces otros grandes cineastas modernos y avanzados, como Alain Resnais, que no se identificaron con la corriente.Es un error ver en la Nouvelle vague un dogmatismo o una religión.

P.- Lo que sí hubo fue una identificación política. Especialmente con mayo del 68. La chinoise, de Godard, se considera un antecedente cinematográfico del movimiento político social. También Trufautt, que rodaba Besos robados, salió a las calles para manifestarse y fimar los disturbios callejeros.

R.- No había razones cinematográficas que justificaran una relación directa entre la Nouvelle vague y el mayo del 68. Pero es cierto que algunos cineastas aprovecharon la inercia política para reivindicarse y hacerse notar. Comenzaban a temer que la energía de la ola se hubiera agotado. De modo que mayo del 68 fue una especie de resaca.

P.- Calentado, además, por el escándalo Langlois. André Malraux, ministro de Cultura, depuró al director de la cinemateca. Y llegó a suspenderse el Festival de Cannes como gesto de rebelión.

R.- Mi impresión es que se produjo una amalgama. La destitución de Langlois era significativa porque demostraba hasta qué extremo el Estado controlaba la industria del cine y pretendía condicionarla.Al mismo tiempo, empezaron a arrojarse ideas extravagantes. Chabrol decía, y creo que con más socarronería que convencimiento, que el cine debía ser gratis. Se notaba el influjo de un cierto maoísmo de salón. Y tengo la impresión de que la politización del cine fue exagerada. Recuerdo, por ejemplo, que era imposible encontrar una sola crítica cinematográfica en Le cahiers du cinema. Y cuando aparecía era para elogiar un documental sobre el congreso del partido comunista.

P.- ¿Qué tal ha envejecido la Nouvelle vague?

R.- Puedo responder la pregunta porque he visto recientemente muchas películas de aquella época. Creo que tiene plena vigencia, que no se ha apolillado. El cine de Chabrol, de Godard, de Rivette, de Truffaut puede verse hoy con la misma frescura e inmediatez que entonces. Es una manera de respirar, de tomar aire, de concluir que unos y otros aportamos la renovación del cine francés. Por actitud, por lenguaje.

P.- Su última aportación se estrenó hace dos años. Los amores de Astrée y Celadón. ¿Se ve con fuerzas de seguir dirigiendo?

R.- Mi impresión es que no voy a hacer más películas. Me condicionan mucho mis limitaciones físicas. Yo soy un director que necesita emplearse, sudar en los rodajes. Y si no puedo hacerlo, prefiero quedarme en casa. Aunque me impresiona el ejemplo de Manoel de Oliveira - El Mundo
 


Éric Rohmer

Filmografía

Journal d'un scélérat (1950)
Présentation ou Charlotte et son steak (1951)
Les Petites filles modèles (1952)
Bérénice (1954)
La Sonate à Kreutzer (1956)
Véronique et son cancre (1958)
Le Signe du Lion (1959)
La Carrière de Suzanne (1963)
La Boulangère de Monceau (1963)
Nadja à Paris (1964)
Place de l'Étoile (1965)
Une Étudiante d'aujourd'hui (1966)
Fermière à Montfauçon (1967)
La Collectionneuse (1967)
Mi noche con Maud (1969)
Le Genou de Claire (1971)
L'Amour l'après-midi (1972)
Die Marquise von O... (1976)
Perceval le Gallois (1978)
La Femme de l'aviateur (1980)
La buena boda (1982)
Loup y es-tu? (1983)
Pauline en la playa (1983)
Les Nuits de la pleine lune (1984)
Le Rayon vert (1986)
Quatre aventures de Reinette et Mirabelle (1987)
L'Ami de mon amie (1987)
Cuento de primavera (1990)
Conte d'hiver (1992)
L'Arbre, le maire et la médiathèque (1993)
Les Rendez-vous de Paris (1995)
Cuento de verano (1996)
Conte d'automne (1998)
L'Anglaise et le duc (2000)
Triple Agent (2004)
Les Amours d'Astrée et Céladon (2007)

 


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