.
Asesinato de
Anastasio Somoza García
Anastasio Somoza García, jefe de la Guardia Nacional urdió en 1934
un complot para asesinar a Augusto
César Calderón Sandino
y hacerse con el poder. En 1936 derrocó al presidente Sacasa y se
proclamó presidente tras unas elecciones llenas de irregularidades
celebradas en 1937
Comenzaba así un largo periodo en la historia de
Nicaragua en el
cual la familia Somoza se convertiría en la dinastía que explotó y
gobernó el país casi sin ningún escrúpulo.
A
partir de 1937, Anastasio Somoza dirigió el país con mano de hierro,
reformó la constitución y se alió con los Estados Unidos, país que
apoyó su régimen dictatorial. Somoza acumuló tierras y riquezas y se
hizo dueño de algunas de las empresas más productivas del país. Se
atribuye una frase a Somoza cuando fue preguntado acerca de sus muchas
fincas y posesiones: "que yo sepa sólo tengo una finca y se llama
Nicaragua". Otra frase célebre del presidente Roosevelt sobre Somoza
es "Será un hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra".
El hijo
de Anastasio Somoza García ("Tacho"), Luis Somoza Debayle, se hizo
cargo del poder gracias al control que la familia tenía sobre la
Guardia Nacional, único cuerpo armado del país. A la muerte de Luis
Somoza en 1967 le sucedió su hermano Anastasio Somoza Debayle ("Tachito"),
tras un breve período con algún presidente títere. Anastasio Somoza
Debayle gobernó el país hasta que fue derrocado en 1979. La
acumulación de riquezas por parte de la familia continuó sin ningún
escrúpulo. Cuando en diciembre de 1972 se produjo el terrible
terremoto que destruyó Managua, una parte importante de la ayuda
internacional fue desviada a los almacenes de la familia y vendida
Los Somoza
1. Anastasio Somoza García (Tacho)
Muerte
(Llamado Tacho; 1896-1956) Militar y político
nicaragüense, n. en San Marcos y m. en Ancón (Pan.). Hijo de un rico
plantador de café, estudió en Estados Unidos. En 1925 participó en la
insurrección del general Chamorro que llevó al poder al Partido
Liberal. Fue luego diplomático en Costa Rica (1929), director auxiliar
de la Guardia Nacional (1932) y después jefe de ésta (1933). En 1937
dirigió un golpe de estado contra el presidente Sacasa y asumió el
poder, que ejerció dictatorialmente hasta 1947. Este año asumió el
poder su protegido, Leonardo Argüello, al que derribó para imponer a
su tío, Román y Reyes. En su calidad de ministro de la Guerra y de
jefe de la Guardia Nacional nunca dejó de controlar el poder efectivo,
lo que no bastó para que a la muerte de Román y Reyes (1950) se
hiciera nombrar presidente interino y en 1951 presidente efectivo.
Favorecedor de la política norteamericana en su país, ejerció una
represión despiadada contra sus opositores, intentó derrocar al
presidente Figueres, de Costa Rica (1954), participó de forma decisiva
en la caída del gobierno de Arbenz en Guatemala (1954) y amasó una
formidable fortuna personal (poseía una proporción importante de las
tierras cultivables de la nación). Herido en un atentado en León, fue
trasladado al Hospital Gorgas en la entonces Zona del Canal de Panamá
en un avión enviado por el presidente de Estados Unidos, D. W.
Eisenhower, pero falleció en ese centro sanitario estadounidense el 21
de septiembre de 1956. Le sucedió en la presidencia, de 1956 a 1963,
su hijo Luis Somoza Debayle (1922-68).
2. Anastasio Somoza Debayle (Tachito)
Muerte
(1925-80) Político y militar nicaragüense, llamado
familiarmente Tachito, n. en León y m. en Asunción (Par.). Hijo de
Anastasio Somoza García, a la muerte de éste en 1956 fue nombrado
comandante en jefe de la Guardia Nacional y posteriormente elegido
presidente de la República para el período 1967-73. En 1971 disolvió
el Parlamento, derogó la Constitución, que impedía su reelección
presidencial, y emprendió una nueva etapa de gobierno con el apoyo de
las Fuerzas Armadas. Tras elaborar una nueva Constitución, convocó
elecciones presidenciales en las que Somoza, sin oposición, fue
elegido para el período 1974-80. Gobernó de forma autoritaria,
eliminando en la práctica la oposición e incrementando notablemente la
ya muy considerable fortuna familiar. El descontento popular se
materializó en la aparición de la guerrilla, cuya actividad fue
aumentando de modo progresivo hasta enfrentarse abiertamente con la
Guardia Nacional. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN),
con la participación de todas las fuerzas antisomocistas, logró en
julio de 1979 el control del país obligando a Somoza a exiliarse,
primero en Miami y posteriormente en Asunción, donde fue asesinado.
1.
Asesinato de Anastasio Somoza García (Tacho)
-
Mercedes Peralta
Rigoberto López
Pérez y Anastasio Somoza García: el héroe y el tirano
Las patrullas
recorrían la ciudad, sacando de sus casas a algunos amigos del poeta,
sospechosos por haber conversado con Rigoberto tras su regreso de El
Salvador, de donde vino para ejecutar el plan. Los periodistas Armando
Zelaya, Sofonías Mayorga, Luis Aragón y otros no escaparían de la
represión
Los recuerdos de la noche que el poeta leonés Rigoberto López Pérez
murió ejecutando a Anastasio Somoza García no se han borrado de la
mente de los leoneses y menos aún, de quienes fueron después
apresados, torturados y procesados con sus familias durante la
represión ordenada por Anastasio Somoza Debayle.
Era el 21 de septiembre de 1956. En
la Casa del Obrero se daba una fiesta, tras la convención liberal que
proclamaría otra vez a Somoza García como su candidato.
“Nuestra orquesta Occidental Jazz
tocaría en la fiesta. A las tres de la tarde, en las cercanías de la
Iglesia San Francisco me encontré con Rigoberto. Yo iba para la Casa
del Obrero, él en dirección del parque. Nos saludamos”, recuerda el
maestro José Cabrera.
A las 7:30 p.m., cuando se presentó
la orquesta, Rigoberto se aproximó, pero entró después. Saludó a
algunas personas. “Sonaba ‘Hotel Santa Bárbara’, cuando oímos disparos
y vi caer herido a Somoza, tocándose a la altura del estómago.
Entonces se escuchó una ametralladora. Todo mundo se tiró al suelo. Se
formó un alboroto, había gente herida. Nunca vi tanto humo por
disparos y casquillos de bala en el piso, así mataron al poeta”,
recuerda el músico Cabrera.
Mientras unos militares sacaban
cargado a Somoza hacia el Hospital San Vicente, otros prohibían la
salida del local, enfilaban a los asistentes hacia el Parque Central,
donde serían investigados sus nombres, fotografiados y quedaban bajo
las órdenes del jefe de la plaza, coronel Lisandro Delgadillo.
Ordenes y contraórdenes se
escucharían luego, producto de las contradicciones y altanería del
teniente de la Seguridad Alesio Gutiérrez y el coronel Delgadillo.
Las patrullas recorrían la ciudad,
sacando de sus casas a algunos amigos del poeta, sospechosos por haber
conversado con Rigoberto tras su regreso de El Salvador, de donde vino
para ejecutar el plan. Los periodistas Armando Zelaya, Sofonías
Mayorga, Luis Aragón y otros no escaparían de la represión.
La casa de la familia de Rigoberto
tampoco escapó de la violencia de la Guardia. A las once de la noche
eran sacados de su casa, doña Soledad, Salvador y Emelina, madre y
hermanos del poeta. Les recetaron 41 días de cárcel, a pesar que no
conocían los planes del poeta, recuerda Emelina, que para entonces
tenía quince años.
“NO PREGUNTÉ”
Don Juan Sandoval Parajón,
tipógrafo, sindicalista y en aquel momento directivo de la Casa del
Obrero, sufrió torturas y cárcel por el supuesto de haber participado
en la planificación del acto. Lo acusaban de haber introducido el arma
utilizada por Rigoberto.
“Lo juré en 1956 y lo juro en el
2000: yo no fui”, sostiene don Juan. “Mi error quizás fue haber hecho
un comentario mientras me tomaba unos tragos la tarde del 21 de
septiembre, ante un convencional nagaroteño que se retiraría porque su
bus estaba a punto de salir. Le dije: ‘no te vayas que esto se va a
poner bueno’ ”.
Sin embargo, el 19 de septiembre, en
la Casa del Obrero, Rigoberto, Edwin Castro y Ausberto Narváez habían
realizado una práctica, que don Juan, presente en ese momento,
sospechó se trataba de una acción contra Somoza, “pero no pregunté”.
“Me capturaron junto a Hermógenes
Zapata, Juan Somarriba y Carlos Núñez. Nos condujeron al Hospital San
Vicente, salimos para Managua a las cinco de la mañana”, recuerda don
Juan.
Fue conducido esposado y amordazado
a la Loma de Tiscapa, donde encontró al Dr. Pedro Joaquín Chamorro,
Enoc Aguado, Tomás Olivas, Hildebrando Morales y otros: todos fueron
torturados.
CINCO AÑOS POR NADA
Los Tribunales Especiales o Consejo
de Guerra Extraordinario encontraron culpables a 21 reos, a quienes
condenaron a cinco años, entre ellos don Rosita Martínez Vargas (90).
- “Mi delito fue haber acompañado a
Edwin Castro a la subestación de energía en Sutiaba para apagar las
luces (eso era parte del plan para que Rigoberto pudiera escapar).
Creo que no hubo necesidad de hacerlo, pues estando allí una señora
nos dijo que si no sabíamos que habían matado a Somoza”. Con ellos
estaba Noel Jirón Valladares y Julio Alvarado Ardila.
- “Me quedé en Zaragoza, en la casa
de Julio, porque no se podía pasar para arriba. Traté de irme para
Honduras, por Estelí, pero no sabía cómo hacerlo. Mi esposa y mis
hijos estaban detenidos y tuve que entregarme para que los dejaran
libres”, dice don Rosa “un liberal de pura cepa”, que compartió cárcel
y comida con el Dr. Pedro Joaquín Chamorro, “que me invitaba a comer
huevos de iguana”.
- Salió libre el 11 de octubre de
1961.
Viernes 10 de Marzo de 2000 | El Nuevo Diario
La fortuna de Somoza García
—Karlos Navarro—
Cuando Somoza García subió al poder, solamente tenía una finca de
café arruinada. Richard Millet, señala en su libro «Guardianes de la
dinastía», que en los tres primeros años de gobierno acumuló una
fortuna de $3 a $4 millones. Cuando murió, se calculó que su capital
ascendía a $100 millones. Otras fuentes, señalan que las empresas de
los Somozas sólo en Nicaragua se calculaba en $400-500 millones.
Somoza García se enriqueció de diferentes maneras: Exigía un tributo
de un centavo y medio por libra de ganado exportado. Obligaba a
diversas industrias a pagar contribuciones forzosas. Todos los
empleados estatales debían de aportar el cinco por ciento de sus
salarios al partido liberal.
Cuando los medios de comunicación y
los partidos de oposición lo acusaban de corrupción, Somoza García
siempre se burlaba y exigía pruebas.
En realidad el General nunca «robó»
tierras porque prefería «comprárselas» al propietario legal. El
dictador se acercaba a un dueño de una propiedad y le ofrecía un
precio, que por lo general era menos de la mitad del valor real, por
miedo a ser reprimido el dueño aceptaba y en muchas ocasiones se las
regalaba con la esperanza de obtener un favor político. Cualquier
dueño que se oponía a vender, Somoza lo hostigaba a través del fisco o
tomaba algunas otras medidas de presión hasta que el propietario cedía
su propiedad
2.
Asesinato de Anastasio Somoza Debayle (Tachito)
-
Pinoleros 0704
Los días del dictador estaban contados desde mayo de 1980 cuando el
comando guerrillero lo ubicó en Asunción. Cuando Somoza fue
localizado, los guerrilleros alquilaron una casa en Avenida España a
nombre del cantante español Julio Iglesias. Los guerrilleros
supuestamente compraron armamento en el mercado negro del Paraguay y
lo embuzonaron cerca de la frontera del lado argentino. Entre las
armas se encontraban una bazuka, un M-16 y un Ingram.
La conspiración contra el dictador Anastasio Somoza Debayle surgió de
una conversación entre amigos que disfrutaban de cervezas y asados en
el restaurante capitalino Los Gauchos, donde Ramón, Santiago y Armando
solían reunirse una vez a la semana a recordar la época guerrillera.
ERAN ÚLTIMOS DIAS DEL '79
Según el testimonio que los guerrilleros argentinos brindaron a
Claribel Alegría y D.J. Flakoll, la posibilidad de que el dictador
muriera de viejo en un exilio dorado les provocaba asco.
“Da rabia pensar que ese criminal está gozando de sus millones en
Paraguay”- decía Armando-.
— “¡Ah no!, -añadió-, sería una vergüenza histórica permitir que ese
asesino se muera tranquilamente en su cama de tanto beber guaro”.
“Ramón”, “Armando”, “Francisco y “Santiago”, habían combatido con la
guerrilla sandinista en el Frente Sur “Benjamín Zeledón”, como
integrantes de una columna guerrillera de internacionalistas que se
enfrentó a la Guardia Nacional en la zona de Rivas y San Carlos, Río
San Juan, durante la ofensiva militar contra el régimen somocista.
Al ser derrocado Somoza, los guerrilleros argentinos se reencontraron
en la recién bautizada “Plaza de la Revolución” el 19 de julio, en
medio del júbilo del pueblo nicaragüense que celebraba el
derrocamiento de la dictadura de los Somoza. Las guerrilleras
argentinas, Julia, Ana y Susana, llegaron en avión horas después,
reuniéndose con sus compañeros por pura casualidad en las cercanías
del Hospital Militar de Managua.
Cuando se decidieron a acabar con Somoza Debayle, durante una
conversación en Los Gauchos, los guerrilleros argentinos se dedicaron
a prepararse militarmente y obtener información de inteligencia sobre
los pasos del dictador.
Tras huir de Nicaragua el 17 de julio de 1979, Somoza Debayle –quien
se jactaba de comunicarse mejor en inglés que en español–, apenas tuvo
tiempo para permanecer en Miami varias horas antes que el ex
Presidente Jimmy Carter le hiciera saber que era non grato en ese
país. Inició así un peregrinaje que lo llevó a Panamá y finalmente a
Paraguay, donde el dictador Alfredo Stroessner le ofreció asilo
político.
SOMOZA CAMBIO DE DOMICILIO
Según el relato que los guerrilleros hicieron a Flakoll y Alegría, el
“Capitán Santiago” estableció las máximas de la operación: “entrar sin
levantar sospechas”, “hacer el trabajo sin que te agarren” y “salir
sin dejar huella”.
Las dos últimas no le fue posible cumplirlas.
“Ramón”, seudónimo de Enrique Gorriarán Merlo, decidió que los
integrantes del comando serían además de él: Julia, Santiago, Susana,
Armando y Ana. Julia estaba embarazada de Ramón y así formó parte de
la operación. Osvaldo era el séptimo miembro del grupo.
Se dedicaron a obtener documentación falsa que les permitiera entrar a
Paraguay sin levantar sospechas, introducir las armas necesarias para
la operación y a especializarse en técnicas conspirativas. (Aprender a
arreglar encuentros clandestinos, pasar información y órdenes bajo
secreto, detectar la vigilancia y escaparse de ella sin levantar la
más mínima sospecha, entre otras técnicas).
Establecieron Colombia como centro de entrenamiento, preparándose cada
uno de ellos en el uso de la bazuka. De inmediato, procedieron a
localizar a Somoza en el Paraguay.
Averiguaron en recortes periodísticos de la época que “Somoza vivía en
la Avenida Marisca López en Asunción y que cada vez que aparecía en la
ciudad en un limosina con chofer, lo acompañaba invariablemente un
Ford Falcon rojo con cuatro guardaespaldas adentro”.
Sin embargo, después confirmaron que Somoza había cambiado de
domicilio. Decidieron llamar “Eduardo” a Somoza, después que Susana y
Francisco dieran –tras seis días de exploración–, con la casa del
dictador en Asunción, capital del Paraguay.
Después que reubicaron la residencia de Somoza en la Avenida España,
para los primeros días de julio de 1980, habían logrado establecer un
sistema de vigilancia de la residencia, anotar los datos de las
matrículas de los vehículos que usaba Somoza y establecer el principal
problema de la operación: Somoza tenía una rutina completamente
irregular.
COMPRAN KIOSKO DE REVISTAS PARA CHEQUEO
Somoza, quien vivía entonces con su amante Dinorah Sampson, tenía a su
disposición dos limosinas Mercedes Benz (una blanca y otra azul), un
Falcon rojo (para sus guardaespaldas) y un Cherokee Chief, de uso
general.
Ramón narró a Alegría y Flakoll que la avenida donde vivía Somoza era
muy transitada, no había puestos naturales de observación, por lo que
los chequeos tuvieron que efectuarse desde un supermercado, dos
estaciones de servicio y un recorrido a pie de diez cuadras y de 45
minutos de duración.
Mientras los guerrilleros dirigidos por Ramón establecían el cerco de
vigilancia alrededor de Somoza, otro grupo integrado por los
guerrilleros Pedro, Francisco y Osvaldo, se encargaban de trasladar el
buzón de armas desde la frontera argentina, el cual después fue
embuzonado en casas de seguridad utilizadas por los guerrilleros.
El armamento para la operación incluía una bazuka, un M-16, un Ingram,
entre otros, que supuestamente habían sido comprados por los
guerrilleros en el mercado negro de armas del Paraguay y embuzonado
cerca de la frontera del lado argentino.
Después de cuarenta días de intentar ver a Somoza, Armando logra
avistarlo casualmente el 22 de julio de 1980. Como se tenía problemas
con el “chequeo del objetivo” Osvaldo ideó comprar un kiosco de venta
de revistas a 250 metros de la casa de Somoza, desde donde se mejoró
la observación. Allí, Osvaldo vendía revistas pornográficas a los
policías con quienes hizo amistad sin que sospecharan de él en lo
absoluto.
Antes de que Armando viera a Somoza el 22 de julio, habían visto el
Mercedes blanco de Somoza y el Falcon rojo de sus guardaespaldas en
varios restaurantes de lujo en Asunción, por lo que estudiaron la
posibilidad de efectuar el atentado en dichos lugares. También
pensaron alquilar un camión para vender verduras sobre la Avenida
España y esconder en el mismo las armas hasta que apareciera el
dictador.
Sin embargo, posteriormente descubrieron una entrada trasera a la casa
de Somoza por donde también salía su caravana. Pero el 21 de agosto de
1980, Osvaldo no volvió a ver salir a Somoza de su casa desde su
puesto de observación en el kiosco de revistas.
EN LAS NARICES DEL EJERCITO PARAGUAYO
Cuando el grupo de guerrilleros se dio cuenta que los movimientos de
Somoza eran caprichosos por completo, descubrieron que uno de los
pocos movimientos previsibles era que “siempre salía de su casa en el
Mercedes Benz, continuaba recto por la Avenida España, en vez de
doblar a un lado o al otro, en la intersección donde estaban los
semáforos”, narraron los guerrilleros a Alegría y Flakoll.
Luego averiguaron que dos de las casas ubicadas sobre la Avenida
estaban en alquiler y rentaron una de ellas con la estratagema de que
era para Julio Iglesias, quien en su último disco había dedicado tres
canciones al Paraguay. De ese modo habían logrado establecer una base
operativa sobre la ruta del dictador, rentada por tres meses a $4,500
dólares.
Pero la Avenida España era un nido de víboras, según explicó Ramón a
Claribel Alegría y Bud Flakoll: “A 400 metros estaba el Estado Mayor
del Ejército, a 300 metros la Embajada Norteamericana. Enfrente de la
casa de Stroessner había una custodia de seguridad permanente. Tuvimos
que cuidar mucho de cada uno de nuestros movimientos para no despertar
la más mínima sospecha”.
SOMOZA REAPARECE EN ASUNCION
Después de 21 días de ausencia, Somoza reapareció en su Mercedes Benz
azul, escoltado una vez más por el Falcon rojo. Era el 10 de
septiembre de 1980.
Los guerrilleros entonces decidieron los últimos detalles: compraron
una camioneta Chevrolet para la retirada –la cual no encendía bien
cuando estaba fría–, que permitía tener un amplio campo de fuego para
quien iría en la tina.
Y para la mañana del 15 de septiembre, cada uno de los guerrilleros
estaba listo con sus respectivas armas: Armando con un Fal; Ramón con
un rifle M-16 y 30 balas en el cargador, más una pistola Browning 9
milímetros. El arma del Capitán Santiago era un RPG-2, la bazuka.
Según relataron los guerrilleros al matrimonio Flakoll y Alegría, la
señal de Osvaldo al ver la caravana de Somoza sería decir el color del
auto en que vendría el dictador, vía walkie-talkie. Luego, cada uno de
los guerrilleros tendrían que salir de la “Casa de Julio Iglesias” y
apostarse en sus respectivos lugares en un lapso de veinte segundos.
LLEGO LA "HORA CERO"
El miércoles 17 de septiembre de 1980, después de arreglar el problema
de comunicación de los walkie-talkie, ensayar la emboscada a Somoza y
acordar encender la camioneta cada hora para que funcionara al momento
del escape, los guerrilleros estaban en disposición de avanzar a sus
posiciones en un lapso de trece segundos, desde el interior de la
“casa de Julio Iglesias”.
La “Hora Cero” llegó a las 10:35 de la mañana del 17 de septiembre de
1980, cuando Osvaldo divisó su caravana desde el kiosco de revistas y
transmitió la señal convenida a los guerrilleros a través de los
radio-comunicadores.
— “¡Blanco! ¡Blanco!”, dijo.
“Julio César Gallardo, antiguo chofer y guardaespaldas de Somoza,
manejaba el Mercedes. Atrás, junto al ex dictador iba Joseph Bainitin,
su asesor económico de nacionalidad norteamericana”, narran Alegría y
Flakoll.
De acuerdo al plan convenido, Ramón se apostó con su M-16 en el jardín
de la “casa de Julio Iglesias”, mientras Armando salió con la
camioneta Cherokee al borde de la acera para estar listo a interceptar
la caravana de Somoza. El Mercedes Benz de Somoza estaba a unos cien
metros detenido por el semáforo en rojo, detrás de unos seis
vehículos.
Cuando el semáforo dio luz verde, Armando calculó el tiempo para dejar
pasar unos tres vehículos e interceptar el Mercedes, mientras Ramón
esperaba para dar la señal de salir a Santiago con la bazuka.
En ese momento, ya no había marcha atrás.
FALLO PRIMER BAZUKAZO
Armando irrumpió en la calle con la Cherokee haciendo frenar una
Volkswagen Combi. “El Mercedes de Somoza frenó. Ramón escuchó un ruido
detrás suyo, se volvió y vio a Santiago luchando con la bazuka. Pensó
que se había deslizado, que se había caído; giró sobre sus talones,
levantó el M-16 a la altura del hombro y empezó a disparar”, narran
Alegría y Flakoll.
El plan inicial señalaba que Santiago dispararía la bazuka primero por
si el Mercedes era blindado, pero se le atoró el proyectil y Ramón
tuvo que abrir fuego.
Al fallar el primer tiro de la bazuka, Santiago se arrodilló, sacó el
proyectil defectuoso y la volvió a cargar, se puso de pie, tomó
puntería de nuevo, pero no disparó.
Según el relato de Claribel Alegría y Bud Flakoll, después de la
primer ráfaga de M-16, “la limosina de Somoza con el chofer ya muerto,
se había ido a la deriva hacia la casa operativa, deteniéndose junto a
la cuneta, frente a Ramón, quien metódicamente seguía disparándole al
asiento trasero. La limosina no era blindada y cada uno de los tiros
entró a través de los cristales rotos de la ventanilla de atrás. Ramón
estaba tan cerca del Mercedes que un proyectil de bazuka en ese
momento lo hubiera matado”.
Según Ramón, en los siguientes instantes, la custodia de Somoza
comenzó a disparar, hasta que le dio la señal a Santiago para que
disparara la bazuka.
“La explosión fue impresionante. (El techo y una puerta delantera del
Mercedes volaron en pedazos) Pudimos ver el auto totalmente destrozado
y la custodia escondida detrás de un murito de la casa de al lado. Ya
no tiraban más”, recordó Ramón.
Un testigo, el doctor Julio César Troche dijo minutos después al
diario paraguayo ABC, que “escuchamos una fortísima explosión que hizo
temblar toda nuestra casa y nosotros aún no queríamos mirar por el
riesgo de ser alcanzados por una de las ráfagas que el sujeto
enmascarado de la Chevrolet azul, a quien a cada momento se la caía la
capucha, repartía a diestra y siniestra. Tras la explosión siguió
nuevamente el tiroteo. Después vino el silencio”.
El Mercedes Benz quedó destrozado, los trozos del cadáver del chofer
de Somoza quedaron en el pavimento a treinta metros, mientras Somoza y
Bainitin quedaron muertos en el asiento de atrás.
Armando, Ramón, Osvaldo y Santiago, huyeron en la camioneta Chevrolet
azul, pero a pocas cuadras tuvieron que abandonarla, pues no caminó
más. Interceptaron un Mitsubishi-Lancer placas 61915 sobre la calle
América, según relató su dueño Julio Eduardo Carbone, al ABC.
La radio comenzó a dar la noticia: “Le dispararon una bomba a un
Mercedes Blanco”. Quince minutos después estaba identificada la
víctima: Anastasio Somoza Debayle.
Mientras, los guerrilleros huían por rutas alternas. Todos, menos el
Capitán Santiago