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. Asesinato de Anastasio Somoza García

Anastasio Somoza García
, jefe de la Guardia Nacional urdió en 1934 un complot para asesinar a Augusto César Calderón Sandino y hacerse con el poder. En 1936 derrocó al presidente Sacasa y se proclamó presidente tras unas elecciones llenas de irregularidades celebradas en 1937

Comenzaba así un largo periodo en la historia de Nicaragua en el cual la familia Somoza se convertiría en la dinastía que explotó y gobernó el país casi sin ningún escrúpulo.

A partir de 1937, Anastasio Somoza dirigió el país con mano de hierro, reformó la constitución y se alió con los Estados Unidos, país que apoyó su régimen dictatorial. Somoza acumuló tierras y riquezas y se hizo dueño de algunas de las empresas más productivas del país. Se atribuye una frase a Somoza cuando fue preguntado acerca de sus muchas fincas y posesiones: "que yo sepa sólo tengo una finca y se llama Nicaragua". Otra frase célebre del presidente Roosevelt sobre Somoza es "Será un hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra".

El hijo de Anastasio Somoza García ("Tacho"), Luis Somoza Debayle, se hizo cargo del poder gracias al control que la familia tenía sobre la Guardia Nacional, único cuerpo armado del país. A la muerte de Luis Somoza en 1967 le sucedió su hermano Anastasio Somoza Debayle ("Tachito"), tras un breve período con algún presidente títere. Anastasio Somoza Debayle gobernó el país hasta que fue derrocado en 1979. La acumulación de riquezas por parte de la familia continuó sin ningún escrúpulo. Cuando en diciembre de 1972 se produjo el terrible terremoto que destruyó Managua, una parte importante de la ayuda internacional fue desviada a los almacenes de la familia y vendida

Los Somoza

1. Anastasio Somoza García (Tacho) Muerte
(Llamado Tacho; 1896-1956) Militar y político nicaragüense, n. en San Marcos y m. en Ancón (Pan.). Hijo de un rico plantador de café, estudió en Estados Unidos. En 1925 participó en la insurrección del general Chamorro que llevó al poder al Partido Liberal. Fue luego diplomático en Costa Rica (1929), director auxiliar de la Guardia Nacional (1932) y después jefe de ésta (1933). En 1937 dirigió un golpe de estado contra el presidente Sacasa y asumió el poder, que ejerció dictatorialmente hasta 1947. Este año asumió el poder su protegido, Leonardo Argüello, al que derribó para imponer a su tío, Román y Reyes. En su calidad de ministro de la Guerra y de jefe de la Guardia Nacional nunca dejó de controlar el poder efectivo, lo que no bastó para que a la muerte de Román y Reyes (1950) se hiciera nombrar presidente interino y en 1951 presidente efectivo. Favorecedor de la política norteamericana en su país, ejerció una represión despiadada contra sus opositores, intentó derrocar al presidente Figueres, de Costa Rica (1954), participó de forma decisiva en la caída del gobierno de Arbenz en Guatemala (1954) y amasó una formidable fortuna personal (poseía una proporción importante de las tierras cultivables de la nación). Herido en un atentado en León, fue trasladado al Hospital Gorgas en la entonces Zona del Canal de Panamá en un avión enviado por el presidente de Estados Unidos, D. W. Eisenhower, pero falleció en ese centro sanitario estadounidense el 21 de septiembre de 1956. Le sucedió en la presidencia, de 1956 a 1963, su hijo Luis Somoza Debayle (1922-68).

2. Anastasio Somoza Debayle (Tachito) Muerte
(1925-80) Político y militar nicaragüense, llamado familiarmente Tachito, n. en León y m. en Asunción (Par.). Hijo de Anastasio Somoza García, a la muerte de éste en 1956 fue nombrado comandante en jefe de la Guardia Nacional y posteriormente elegido presidente de la República para el período 1967-73. En 1971 disolvió el Parlamento, derogó la Constitución, que impedía su reelección presidencial, y emprendió una nueva etapa de gobierno con el apoyo de las Fuerzas Armadas. Tras elaborar una nueva Constitución, convocó elecciones presidenciales en las que Somoza, sin oposición, fue elegido para el período 1974-80. Gobernó de forma autoritaria, eliminando en la práctica la oposición e incrementando notablemente la ya muy considerable fortuna familiar. El descontento popular se materializó en la aparición de la guerrilla, cuya actividad fue aumentando de modo progresivo hasta enfrentarse abiertamente con la Guardia Nacional. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), con la participación de todas las fuerzas antisomocistas, logró en julio de 1979 el control del país obligando a Somoza a exiliarse, primero en Miami y posteriormente en Asunción, donde fue asesinado.
 

1. Asesinato de Anastasio Somoza García (Tacho) - Mercedes Peralta

Rigoberto López Pérez y Anastasio Somoza García: el héroe y el tirano

Las patrullas recorrían la ciudad, sacando de sus casas a algunos amigos del poeta, sospechosos por haber conversado con Rigoberto tras su regreso de El Salvador, de donde vino para ejecutar el plan. Los periodistas Armando Zelaya, Sofonías Mayorga, Luis Aragón y otros no escaparían de la represión

Los recuerdos de la noche que el poeta leonés Rigoberto López Pérez murió ejecutando a Anastasio Somoza García no se han borrado de la mente de los leoneses y menos aún, de quienes fueron después apresados, torturados y procesados con sus familias durante la represión ordenada por Anastasio Somoza Debayle. 

Era el 21 de septiembre de 1956. En la Casa del Obrero se daba una fiesta, tras la convención liberal que proclamaría otra vez a Somoza García como su candidato. 


“Nuestra orquesta Occidental Jazz tocaría en la fiesta. A las tres de la tarde, en las cercanías de la Iglesia San Francisco me encontré con Rigoberto. Yo iba para la Casa del Obrero, él en dirección del parque. Nos saludamos”, recuerda el maestro José Cabrera. 

A las 7:30 p.m., cuando se presentó la orquesta, Rigoberto se aproximó, pero entró después. Saludó a algunas personas. “Sonaba ‘Hotel Santa Bárbara’, cuando oímos disparos y vi caer herido a Somoza, tocándose a la altura del estómago. Entonces se escuchó una ametralladora. Todo mundo se tiró al suelo. Se formó un alboroto, había gente herida. Nunca vi tanto humo por disparos y casquillos de bala en el piso, así mataron al poeta”, recuerda el músico Cabrera. 


Mientras unos militares sacaban cargado a Somoza hacia el Hospital San Vicente, otros prohibían la salida del local, enfilaban a los asistentes hacia el Parque Central, donde serían investigados sus nombres, fotografiados y quedaban bajo las órdenes del jefe de la plaza, coronel Lisandro Delgadillo. 

Ordenes y contraórdenes se escucharían luego, producto de las contradicciones y altanería del teniente de la Seguridad Alesio Gutiérrez y el coronel Delgadillo. 


Las patrullas recorrían la ciudad, sacando de sus casas a algunos amigos del poeta, sospechosos por haber conversado con Rigoberto tras su regreso de El Salvador, de donde vino para ejecutar el plan. Los periodistas Armando Zelaya, Sofonías Mayorga, Luis Aragón y otros no escaparían de la represión. 

La casa de la familia de Rigoberto tampoco escapó de la violencia de la Guardia. A las once de la noche eran sacados de su casa, doña Soledad, Salvador y Emelina, madre y hermanos del poeta. Les recetaron 41 días de cárcel, a pesar que no conocían los planes del poeta, recuerda Emelina, que para entonces tenía quince años. 


“NO PREGUNTÉ” 


Don Juan Sandoval Parajón, tipógrafo, sindicalista y en aquel momento directivo de la Casa del Obrero, sufrió torturas y cárcel por el supuesto de haber participado en la planificación del acto. Lo acusaban de haber introducido el arma utilizada por Rigoberto. 


“Lo juré en 1956 y lo juro en el 2000: yo no fui”, sostiene don Juan. “Mi error quizás fue haber hecho un comentario mientras me tomaba unos tragos la tarde del 21 de septiembre, ante un convencional nagaroteño que se retiraría porque su bus estaba a punto de salir. Le dije: ‘no te vayas que esto se va a poner bueno’ ”. 

Sin embargo, el 19 de septiembre, en la Casa del Obrero, Rigoberto, Edwin Castro y Ausberto Narváez habían realizado una práctica, que don Juan, presente en ese momento, sospechó se trataba de una acción contra Somoza, “pero no pregunté”. 


“Me capturaron junto a Hermógenes Zapata, Juan Somarriba y Carlos Núñez. Nos condujeron al Hospital San Vicente, salimos para Managua a las cinco de la mañana”, recuerda don Juan. 

Fue conducido esposado y amordazado a la Loma de Tiscapa, donde encontró al Dr. Pedro Joaquín Chamorro, Enoc Aguado, Tomás Olivas, Hildebrando Morales y otros: todos fueron torturados. 


CINCO AÑOS POR NADA 


Los Tribunales Especiales o Consejo de Guerra Extraordinario encontraron culpables a 21 reos, a quienes condenaron a cinco años, entre ellos don Rosita Martínez Vargas (90). 

- “Mi delito fue haber acompañado a Edwin Castro a la subestación de energía en Sutiaba para apagar las luces (eso era parte del plan para que Rigoberto pudiera escapar). Creo que no hubo necesidad de hacerlo, pues estando allí una señora nos dijo que si no sabíamos que habían matado a Somoza”. Con ellos estaba Noel Jirón Valladares y Julio Alvarado Ardila. 

- “Me quedé en Zaragoza, en la casa de Julio, porque no se podía pasar para arriba. Traté de irme para Honduras, por Estelí, pero no sabía cómo hacerlo. Mi esposa y mis hijos estaban detenidos y tuve que entregarme para que los dejaran libres”, dice don Rosa “un liberal de pura cepa”, que compartió cárcel y comida con el Dr. Pedro Joaquín Chamorro, “que me invitaba a comer huevos de iguana”. 

- Salió libre el 11 de octubre de 1961.
 
Viernes 10 de Marzo de 2000 |  El Nuevo Diario
La fortuna de Somoza García 
—Karlos Navarro—
Cuando Somoza García subió al poder, solamente tenía una finca de café arruinada. Richard Millet, señala en su libro «Guardianes de la dinastía», que en los tres primeros años de gobierno acumuló una fortuna de $3 a $4 millones. Cuando murió, se calculó que su capital ascendía a $100 millones. Otras fuentes, señalan que las empresas de los Somozas sólo en Nicaragua se calculaba en $400-500 millones. 
Somoza García se enriqueció de diferentes maneras: Exigía un tributo de un centavo y medio por libra de ganado exportado. Obligaba a diversas industrias a pagar contribuciones forzosas. Todos los empleados estatales debían de aportar el cinco por ciento de sus salarios al partido liberal. 

Cuando los medios de comunicación y los partidos de oposición lo acusaban de corrupción, Somoza García siempre se burlaba y exigía pruebas. 

En realidad el General nunca «robó» tierras porque prefería «comprárselas» al propietario legal. El dictador se acercaba a un dueño de una propiedad y le ofrecía un precio, que por lo general era menos de la mitad del valor real, por miedo a ser reprimido el dueño aceptaba y en muchas ocasiones se las regalaba con la esperanza de obtener un favor político. Cualquier dueño que se oponía a vender, Somoza lo hostigaba a través del fisco o tomaba algunas otras medidas de presión hasta que el propietario cedía su propiedad


2. Asesinato de Anastasio Somoza Debayle (Tachito)
- Pinoleros 0704

Los días del dictador estaban contados desde mayo de 1980 cuando el comando guerrillero lo ubicó en Asunción. Cuando Somoza fue localizado, los guerrilleros alquilaron una casa en Avenida España a nombre del cantante español Julio Iglesias. Los guerrilleros supuestamente compraron armamento en el mercado negro del Paraguay y lo embuzonaron cerca de la frontera del lado argentino. Entre las armas se encontraban una bazuka, un M-16 y un Ingram.

La conspiración contra el dictador Anastasio Somoza Debayle surgió de una conversación entre amigos que disfrutaban de cervezas y asados en el restaurante capitalino Los Gauchos, donde Ramón, Santiago y Armando solían reunirse una vez a la semana a recordar la época guerrillera.
 

ERAN ÚLTIMOS DIAS DEL '79


Según el testimonio que los guerrilleros argentinos brindaron a Claribel Alegría y D.J. Flakoll, la posibilidad de que el dictador muriera de viejo en un exilio dorado les provocaba asco.

“Da rabia pensar que ese criminal está gozando de sus millones en Paraguay”- decía Armando-.

— “¡Ah no!, -añadió-, sería una vergüenza histórica permitir que ese asesino se muera tranquilamente en su cama de tanto beber guaro”.

“Ramón”, “Armando”, “Francisco y “Santiago”, habían combatido con la guerrilla sandinista en el Frente Sur “Benjamín Zeledón”, como integrantes de una columna guerrillera de internacionalistas que se enfrentó a la Guardia Nacional en la zona de Rivas y San Carlos, Río San Juan, durante la ofensiva militar contra el régimen somocista.

Al ser derrocado Somoza, los guerrilleros argentinos se reencontraron en la recién bautizada “Plaza de la Revolución” el 19 de julio, en medio del júbilo del pueblo nicaragüense que celebraba el derrocamiento de la dictadura de los Somoza. Las guerrilleras argentinas, Julia, Ana y Susana, llegaron en avión horas después, reuniéndose con sus compañeros por pura casualidad en las cercanías del Hospital Militar de Managua.

Cuando se decidieron a acabar con Somoza Debayle, durante una conversación en Los Gauchos, los guerrilleros argentinos se dedicaron a prepararse militarmente y obtener información de inteligencia sobre los pasos del dictador.


Tras huir de Nicaragua el 17 de julio de 1979, Somoza Debayle –quien se jactaba de comunicarse mejor en inglés que en español–, apenas tuvo tiempo para permanecer en Miami varias horas antes que el ex Presidente Jimmy Carter le hiciera saber que era non grato en ese país. Inició así un peregrinaje que lo llevó a Panamá y finalmente a Paraguay, donde el dictador Alfredo Stroessner le ofreció asilo político.
 

SOMOZA CAMBIO DE DOMICILIO

Según el relato que los guerrilleros hicieron a Flakoll y Alegría, el “Capitán Santiago” estableció las máximas de la operación: “entrar sin levantar sospechas”, “hacer el trabajo sin que te agarren” y “salir sin dejar huella”.

Las dos últimas no le fue posible cumplirlas.

“Ramón”, seudónimo de Enrique Gorriarán Merlo, decidió que los integrantes del comando serían además de él: Julia, Santiago, Susana, Armando y Ana. Julia estaba embarazada de Ramón y así formó parte de la operación. Osvaldo era el séptimo miembro del grupo.

Se dedicaron a obtener documentación falsa que les permitiera entrar a Paraguay sin levantar sospechas, introducir las armas necesarias para la operación y a especializarse en técnicas conspirativas. (Aprender a arreglar encuentros clandestinos, pasar información y órdenes bajo secreto, detectar la vigilancia y escaparse de ella sin levantar la más mínima sospecha, entre otras técnicas).

Establecieron Colombia como centro de entrenamiento, preparándose cada uno de ellos en el uso de la bazuka. De inmediato, procedieron a localizar a Somoza en el Paraguay.

Averiguaron en recortes periodísticos de la época que “Somoza vivía en la Avenida Marisca López en Asunción y que cada vez que aparecía en la ciudad en un limosina con chofer, lo acompañaba invariablemente un Ford Falcon rojo con cuatro guardaespaldas adentro”.

Sin embargo, después confirmaron que Somoza había cambiado de domicilio. Decidieron llamar “Eduardo” a Somoza, después que Susana y Francisco dieran –tras seis días de exploración–, con la casa del dictador en Asunción, capital del Paraguay.

Después que reubicaron la residencia de Somoza en la Avenida España, para los primeros días de julio de 1980, habían logrado establecer un sistema de vigilancia de la residencia, anotar los datos de las matrículas de los vehículos que usaba Somoza y establecer el principal problema de la operación: Somoza tenía una rutina completamente irregular.
 

COMPRAN KIOSKO DE REVISTAS PARA CHEQUEO


Somoza, quien vivía entonces con su amante Dinorah Sampson, tenía a su disposición dos limosinas Mercedes Benz (una blanca y otra azul), un Falcon rojo (para sus guardaespaldas) y un Cherokee Chief, de uso general.

Ramón narró a Alegría y Flakoll que la avenida donde vivía Somoza era muy transitada, no había puestos naturales de observación, por lo que los chequeos tuvieron que efectuarse desde un supermercado, dos estaciones de servicio y un recorrido a pie de diez cuadras y de 45 minutos de duración.

Mientras los guerrilleros dirigidos por Ramón establecían el cerco de vigilancia alrededor de Somoza, otro grupo integrado por los guerrilleros Pedro, Francisco y Osvaldo, se encargaban de trasladar el buzón de armas desde la frontera argentina, el cual después fue embuzonado en casas de seguridad utilizadas por los guerrilleros.

El armamento para la operación incluía una bazuka, un M-16, un Ingram, entre otros, que supuestamente habían sido comprados por los guerrilleros en el mercado negro de armas del Paraguay y embuzonado cerca de la frontera del lado argentino.


Después de cuarenta días de intentar ver a Somoza, Armando logra avistarlo casualmente el 22 de julio de 1980. Como se tenía problemas con el “chequeo del objetivo” Osvaldo ideó comprar un kiosco de venta de revistas a 250 metros de la casa de Somoza, desde donde se mejoró la observación. Allí, Osvaldo vendía revistas pornográficas a los policías con quienes hizo amistad sin que sospecharan de él en lo absoluto.

Antes de que Armando viera a Somoza el 22 de julio, habían visto el Mercedes blanco de Somoza y el Falcon rojo de sus guardaespaldas en varios restaurantes de lujo en Asunción, por lo que estudiaron la posibilidad de efectuar el atentado en dichos lugares. También pensaron alquilar un camión para vender verduras sobre la Avenida España y esconder en el mismo las armas hasta que apareciera el dictador.

Sin embargo, posteriormente descubrieron una entrada trasera a la casa de Somoza por donde también salía su caravana. Pero el 21 de agosto de 1980, Osvaldo no volvió a ver salir a Somoza de su casa desde su puesto de observación en el kiosco de revistas.
 

EN LAS NARICES DEL EJERCITO PARAGUAYO


Cuando el grupo de guerrilleros se dio cuenta que los movimientos de Somoza eran caprichosos por completo, descubrieron que uno de los pocos movimientos previsibles era que “siempre salía de su casa en el Mercedes Benz, continuaba recto por la Avenida España, en vez de doblar a un lado o al otro, en la intersección donde estaban los semáforos”, narraron los guerrilleros a Alegría y Flakoll.

Luego averiguaron que dos de las casas ubicadas sobre la Avenida estaban en alquiler y rentaron una de ellas con la estratagema de que era para Julio Iglesias, quien en su último disco había dedicado tres canciones al Paraguay. De ese modo habían logrado establecer una base operativa sobre la ruta del dictador, rentada por tres meses a $4,500 dólares.

Pero la Avenida España era un nido de víboras, según explicó Ramón a Claribel Alegría y Bud Flakoll: “A 400 metros estaba el Estado Mayor del Ejército, a 300 metros la Embajada Norteamericana. Enfrente de la casa de Stroessner había una custodia de seguridad permanente. Tuvimos que cuidar mucho de cada uno de nuestros movimientos para no despertar la más mínima sospecha”.
 

SOMOZA REAPARECE EN ASUNCION


Después de 21 días de ausencia, Somoza reapareció en su Mercedes Benz azul, escoltado una vez más por el Falcon rojo. Era el 10 de septiembre de 1980.

Los guerrilleros entonces decidieron los últimos detalles: compraron una camioneta Chevrolet para la retirada –la cual no encendía bien cuando estaba fría–, que permitía tener un amplio campo de fuego para quien iría en la tina.

Y para la mañana del 15 de septiembre, cada uno de los guerrilleros estaba listo con sus respectivas armas: Armando con un Fal; Ramón con un rifle M-16 y 30 balas en el cargador, más una pistola Browning 9 milímetros. El arma del Capitán Santiago era un RPG-2, la bazuka.

Según relataron los guerrilleros al matrimonio Flakoll y Alegría, la señal de Osvaldo al ver la caravana de Somoza sería decir el color del auto en que vendría el dictador, vía walkie-talkie. Luego, cada uno de los guerrilleros tendrían que salir de la “Casa de Julio Iglesias” y apostarse en sus respectivos lugares en un lapso de veinte segundos.
 

LLEGO LA "HORA CERO"


El miércoles 17 de septiembre de 1980, después de arreglar el problema de comunicación de los walkie-talkie, ensayar la emboscada a Somoza y acordar encender la camioneta cada hora para que funcionara al momento del escape, los guerrilleros estaban en disposición de avanzar a sus posiciones en un lapso de trece segundos, desde el interior de la “casa de Julio Iglesias”.

La “Hora Cero” llegó a las 10:35 de la mañana del 17 de septiembre de 1980, cuando Osvaldo divisó su caravana desde el kiosco de revistas y transmitió la señal convenida a los guerrilleros a través de los radio-comunicadores.

— “¡Blanco! ¡Blanco!”, dijo.

“Julio César Gallardo, antiguo chofer y guardaespaldas de Somoza, manejaba el Mercedes. Atrás, junto al ex dictador iba Joseph Bainitin, su asesor económico de nacionalidad norteamericana”, narran Alegría y Flakoll.

De acuerdo al plan convenido, Ramón se apostó con su M-16 en el jardín de la “casa de Julio Iglesias”, mientras Armando salió con la camioneta Cherokee al borde de la acera para estar listo a interceptar la caravana de Somoza. El Mercedes Benz de Somoza estaba a unos cien metros detenido por el semáforo en rojo, detrás de unos seis vehículos.

Cuando el semáforo dio luz verde, Armando calculó el tiempo para dejar pasar unos tres vehículos e interceptar el Mercedes, mientras Ramón esperaba para dar la señal de salir a Santiago con la bazuka.

En ese momento, ya no había marcha atrás.
 

FALLO PRIMER BAZUKAZO


Armando irrumpió en la calle con la Cherokee haciendo frenar una Volkswagen Combi. “El Mercedes de Somoza frenó. Ramón escuchó un ruido detrás suyo, se volvió y vio a Santiago luchando con la bazuka. Pensó que se había deslizado, que se había caído; giró sobre sus talones, levantó el M-16 a la altura del hombro y empezó a disparar”, narran Alegría y Flakoll.

El plan inicial señalaba que Santiago dispararía la bazuka primero por si el Mercedes era blindado, pero se le atoró el proyectil y Ramón tuvo que abrir fuego.

Al fallar el primer tiro de la bazuka, Santiago se arrodilló, sacó el proyectil defectuoso y la volvió a cargar, se puso de pie, tomó puntería de nuevo, pero no disparó.

Según el relato de Claribel Alegría y Bud Flakoll, después de la primer ráfaga de M-16, “la limosina de Somoza con el chofer ya muerto, se había ido a la deriva hacia la casa operativa, deteniéndose junto a la cuneta, frente a Ramón, quien metódicamente seguía disparándole al asiento trasero. La limosina no era blindada y cada uno de los tiros entró a través de los cristales rotos de la ventanilla de atrás. Ramón estaba tan cerca del Mercedes que un proyectil de bazuka en ese momento lo hubiera matado”.

Según Ramón, en los siguientes instantes, la custodia de Somoza comenzó a disparar, hasta que le dio la señal a Santiago para que disparara la bazuka.

“La explosión fue impresionante. (El techo y una puerta delantera del Mercedes volaron en pedazos) Pudimos ver el auto totalmente destrozado y la custodia escondida detrás de un murito de la casa de al lado. Ya no tiraban más”, recordó Ramón.


Un testigo, el doctor Julio César Troche dijo minutos después al diario paraguayo ABC, que “escuchamos una fortísima explosión que hizo temblar toda nuestra casa y nosotros aún no queríamos mirar por el riesgo de ser alcanzados por una de las ráfagas que el sujeto enmascarado de la Chevrolet azul, a quien a cada momento se la caía la capucha, repartía a diestra y siniestra. Tras la explosión siguió nuevamente el tiroteo. Después vino el silencio”.

El Mercedes Benz quedó destrozado, los trozos del cadáver del chofer de Somoza quedaron en el pavimento a treinta metros, mientras Somoza y Bainitin quedaron muertos en el asiento de atrás.

Armando, Ramón, Osvaldo y Santiago, huyeron en la camioneta Chevrolet azul, pero a pocas cuadras tuvieron que abandonarla, pues no caminó más. Interceptaron un Mitsubishi-Lancer placas 61915 sobre la calle América, según relató su dueño Julio Eduardo Carbone, al ABC.


La radio comenzó a dar la noticia: “Le dispararon una bomba a un Mercedes Blanco”. Quince minutos después estaba identificada la víctima: Anastasio Somoza Debayle.

Mientras, los guerrilleros huían por rutas alternas. Todos, menos el Capitán Santiago
 


 

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