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Manuela Sáenz
Frank Rodríguez
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Manuela Sáenz, brasa y agua - Semblanza Simón Bolívar  Vida y Obra - Comunidad Suramericana de Naciones
01 - Nace en Quito en 1797, y muere en Paita (Perú) el 23.11.1856

Amante de Simón Bolívar, fue reconocida por él mismo (25.9.1828) como "Libertadora del Libertador". Fueron sus padres Simón Sáenz Vergara, español, y María Joaquina Aizpuru, ecuatoriana. Su infancia transcurrió en Quito, donde rápidamente se hicieron sentir los ideales de los movimientos independentistas, organizándose grupos revolucionarios. En tal sentido, Manuela y su madre se identificaron con la gesta emancipadora; no así su padre quien permaneció fiel a la Corona española, por lo que fue hecho preso al estallar dicho movimiento, aunque posteriormente recuperó su libertad al ser sofocado en 1810. Debido a su apoyo al proceso de independencia americano, Manuelita fue internada en el convento de Santa Catalina donde aprendió a leer, escribir y rezar. Según una leyenda que circuló por mucho tiempo, siendo muy joven fue raptada del convento por un oficial de nombre Fausto D'Elhuyar; lo cual no obstante ha sido desmentido por la historiografía.

En 1817 contrajo matrimonio con Jaime Thorne, comerciante inglés, rico y mucho mayor que ella; trasladándose con él a vivir a Lima (Perú) entre 1819 y 1820. A pesar de ser éste un país donde el sentimiento independentista no se había manifestado, en poco tiempo el prestigio de Simón Bolívar y su triunfo en la liberación de la Nueva Granada (1819) le gana entusiasmados adeptos a su causa, entre ellos Manuela Sáenz, quien se convierte en miembro activo de la conspiración contra el virrey del Perú, José de la Serna e Hinojosa (1820); y que al declararse la independencia del Perú (1821) se confiesa admiradora de José de San Martín. Los servicios de Manuela a la causa de emancipación fueron reconocidos al otorgársele, en 1822, la condecoración llamada "Caballeresa del Sol", consistente en una banda blanca y encarnada con una pequeña borla de oro y una medalla cuya inscripción decía "Al patriotismo de las más sensibles".

Luego de separarse de su marido, en 1822 viaja a Quito acompañada de su padre para visitar a su madre; conociendo en este lugar a Bolívar, cuando éste hizo su entrada triunfal a dicha ciudad el 16 de junio de 1822. En Quito surge un estrecho vínculo afectivo entre Bolívar y Manuela, derivado de sus conversaciones y coincidencias acerca de la campaña libertadora. Ella no sólo concibe idealmente la independencia latinoamericana, sino que toma parte activa en la guerra: monta a caballo, maneja las armas, es capaz de sofocar un motín en la plaza de Quito. En 1823 Bolívar parte al Perú donde se le une semanas más tarde Manuelita, quien lo acompaña durante la campaña libertadora de dicha nación, permaneciendo en su cuartel general algunas veces, o en Lima y en Trujillo en otras ocasiones. De los momentos en que estuvieron alejados, se han conservado algunas de las cartas de amor que el Libertador le escribió expresándole cuanto la extrañaba, tal como la siguiente epístola del 20 de abril de 1825 en la que le dice: "Mi bella y buena Manuela: Cada momento estoy pensando en ti y en el destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor. Lo veo bien, y gimo de tan horrible situación por ti; por que te debes reconciliar con quien no amabas; y yo porque debo separarme de quien idolatro¡¡¡ Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo".

Durante los primeros meses de 1825, hasta abril, y luego cuando Bolívar regresa del Alto Perú (Bolivia) a partir de febrero de 1826, reside con él en el palacio de la Magdalena, cerca de Lima. Cuando Bolívar sale del Perú en septiembre de 1826, Manuela permanece en Lima, donde persiste en la defensa del ideario bolivariano después de la reacción contra el Libertador en enero de 1827, por lo que es apresada por los adversarios de Bolívar y enviada al destierro (1827), dirigiéndose a Quito y luego a Bogotá, donde se establece en 1828. Al enterarse Bolívar de la situación de Manuelita, la llama a su lado y viven en la residencia que hoy es llamada Quinta de Bolívar. Para este tiempo se hacen manifiestas las intrigas contra la autoridad de Bolívar, que llevan a Pedro Carujo entre otros, el 25 de septiembre de 1828, a intentar asesinarlo, conspiración fallida gracias a la rapidez con que Manuela hizo huir a Bolívar por una ventana del Palacio de Gobierno; es a partir de este acontecimiento que se le llama Libertadora del Libertador, calificativo que le dio el propio Bolívar. En 1830, encontrándose en Guadas (Colombia) se entera de la muerte de Bolívar, por lo que se traslada de inmediato a Bogotá donde manifiesta públicamente de palabra y por la imprenta su adhesión a los ideales del Libertador. Perseguida por el gobierno que sucedió en abril de 1831 al general Rafael Urdaneta en Bogotá, finalmente es expulsada por considerársele conspiradora.

Encontrándose en Kingston (Jamaica), donde pasa un año, escribe al general Juan José Flores, entonces presidente del Ecuador, quien le envía un salvoconducto y así intenta regresar a su país; pero en Guaranda (Ecuador) en octubre de 1835, es informada que no puede entrar a Quito, pues sus credenciales no son válidas al perder Flores el poder. Asimismo, sus bienes fueron confiscados en Colombia. Ante estas circunstancias se instala en Paita, al norte del Perú, donde por necesidad económica abre un comercio relacionado con la producción de tabacos. En 1847 su marido es asesinado en Pativilca. Durante esta última etapa de su vida, fue visitada en el puerto de Paita por personajes tales como Herman Melville (autor de Moby Dick), Simón Rodríguez y Giuseppe Garibaldi (patriota italiano). En 1856, contrae difteria, enfermedad que acaba con su vida; su cadáver fue incinerado a fin de evitar contagio en la población, lo mismo que sus pertenencias, entre ellas gran parte de la correspondencia de Bolívar para ella, que guardaba celosamente. En agosto de 1988, fue localizado el lugar donde se encontraban los restos de Manuela Sáenz en el cementerio de aquella población. La identificación fue posible gracias a que se encontró la réplica de la cruz que siempre portaba la cual la identificaba como la compañera del Libertador

Nace en Quito en 1797
Muere en Paita (Perú) el 23.11.1856

Amante de Simón Bolívar, fue reconocida por él mismo (25.9.1828) como "Libertadora del Libertador". Fueron sus padres Simón Sáenz Vergara, español, y María Joaquina Aizpuru, ecuatoriana. Su infancia transcurrió en Quito, donde rápidamente se hicieron sentir los ideales de los movimientos independentistas, organizándose grupos revolucionarios. En tal sentido, Manuela y su madre se identificaron con la gesta emancipadora; no así su padre quien permaneció fiel a la Corona española, por lo que fue hecho preso al estallar dicho movimiento, aunque posteriormente recuperó su libertad al ser sofocado en 1810. Debido a su apoyo al proceso de independencia americano, Manuelita fue internada en el convento de Santa Catalina donde aprendió a leer, escribir y rezar. Según una leyenda que circuló por mucho tiempo, siendo muy joven fue raptada del convento por un oficial de nombre Fausto D'Elhuyar; lo cual no obstante ha sido desmentido por la historiografía.

En 1817 contrajo matrimonio con Jaime Thorne, comerciante inglés, rico y mucho mayor que ella; trasladándose con él a vivir a Lima (Perú) entre 1819 y 1820. A pesar de ser éste un país donde el sentimiento independentista no se había manifestado, en poco tiempo el prestigio de Simón Bolívar y su triunfo en la liberación de la Nueva Granada (1819) le gana entusiasmados adeptos a su causa, entre ellos Manuela Sáenz, quien se convierte en miembro activo de la conspiración contra el virrey del Perú, José de la Serna e Hinojosa (1820); y que al declararse la independencia del Perú (1821) se confiesa admiradora de José de San Martín. Los servicios de Manuela a la causa de emancipación fueron reconocidos al otorgársele, en 1822, la condecoración llamada "Caballeresa del Sol", consistente en una banda blanca y encarnada con una pequeña borla de oro y una medalla cuya inscripción decía "Al patriotismo de las más sensibles".

Luego de separarse de su marido, en 1822 viaja a Quito acompañada de su padre para visitar a su madre; conociendo en este lugar a Bolívar, cuando éste hizo su entrada triunfal a dicha ciudad el 16 de junio de 1822. En Quito surge un estrecho vínculo afectivo entre Bolívar y Manuela, derivado de sus conversaciones y coincidencias acerca de la campaña libertadora. Ella no sólo concibe idealmente la independencia latinoamericana, sino que toma parte activa en la guerra: monta a caballo, maneja las armas, es capaz de sofocar un motín en la plaza de Quito. En 1823 Bolívar parte al Perú donde se le une semanas más tarde Manuelita, quien lo acompaña durante la campaña libertadora de dicha nación, permaneciendo en su cuartel general algunas veces, o en Lima y en Trujillo en otras ocasiones. De los momentos en que estuvieron alejados, se han conservado algunas de las cartas de amor que el Libertador le escribió expresándole cuanto la extrañaba, tal como la siguiente epístola del 20 de abril de 1825 en la que le dice: "Mi bella y buena Manuela: Cada momento estoy pensando en ti y en el destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor. Lo veo bien, y gimo de tan horrible situación por ti; por que te debes reconciliar con quien no amabas; y yo porque debo separarme de quien idolatro¡¡¡ Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo".

Durante los primeros meses de 1825, hasta abril, y luego cuando Bolívar regresa del Alto Perú (Bolivia) a partir de febrero de 1826, reside con él en el palacio de la Magdalena, cerca de Lima. Cuando Bolívar sale del Perú en septiembre de 1826, Manuela permanece en Lima, donde persiste en la defensa del ideario bolivariano después de la reacción contra el Libertador en enero de 1827, por lo que es apresada por los adversarios de Bolívar y enviada al destierro (1827), dirigiéndose a Quito y luego a Bogotá, donde se establece en 1828. Al enterarse Bolívar de la situación de Manuelita, la llama a su lado y viven en la residencia que hoy es llamada Quinta de Bolívar. Para este tiempo se hacen manifiestas las intrigas contra la autoridad de Bolívar, que llevan a Pedro Carujo entre otros, el 25 de septiembre de 1828, a intentar asesinarlo, conspiración fallida gracias a la rapidez con que Manuela hizo huir a Bolívar por una ventana del Palacio de Gobierno; es a partir de este acontecimiento que se le llama Libertadora del Libertador, calificativo que le dio el propio Bolívar. En 1830, encontrándose en Guadas (Colombia) se entera de la muerte de Bolívar, por lo que se traslada de inmediato a Bogotá donde manifiesta públicamente de palabra y por la imprenta su adhesión a los ideales del Libertador. Perseguida por el gobierno que sucedió en abril de 1831 al general Rafael Urdaneta en Bogotá, finalmente es expulsada por considerársele conspiradora.

Encontrándose en Kingston (Jamaica), donde pasa un año, escribe al general Juan José Flores, entonces presidente del Ecuador, quien le envía un salvoconducto y así intenta regresar a su país; pero en Guaranda (Ecuador) en octubre de 1835, es informada que no puede entrar a Quito, pues sus credenciales no son válidas al perder Flores el poder. Asimismo, sus bienes fueron confiscados en Colombia. Ante estas circunstancias se instala en Paita, al norte del Perú, donde por necesidad económica abre un comercio relacionado con la producción de tabacos. En 1847 su marido es asesinado en Pativilca. Durante esta última etapa de su vida, fue visitada en el puerto de Paita por personajes tales como Herman Melville (autor de Moby Dick), Simón Rodríguez y Giuseppe Garibaldi (patriota italiano). En 1856, contrae difteria, enfermedad que acaba con su vida; su cadáver fue incinerado a fin de evitar contagio en la población, lo mismo que sus pertenencias, entre ellas gran parte de la correspondencia de Bolívar para ella, que guardaba celosamente. En agosto de 1988, fue localizado el lugar donde se encontraban los restos de Manuela Sáenz en el cementerio de aquella población. La identificación fue posible gracias a que se encontró la réplica de la cruz que siempre portaba la cual la identificaba como la compañera del Libertador

Manuela Sáenz

 

Manuela Sáenz, brasa y agua - Osvaldo Bayer

Manuela Sáenz es toda una mujer. De esas que de pronto paran el mundo, o lo modifican. Están en el frente. Sin dejar de ser mujeres discuten como hombres, no, como hacen los hombres, sin dejar de ser mujeres; más, siendo más mujeres aún que las demás. No se callan, no retroceden, dicen su verdad, que es la verdad. Si hay que vestirse de soldado para alcanzarla, pues sí se disfrazan. Y llegan. Manuela Sáenz es compañera de su gran amor. Compañera de Bolivar. Y está todo dicho. Entre los dos nace el amor, y es compartido, vivido, sentido. Un amor en la guerra, en el desencuentro, pero también en la paz, cuando hay prados verdes, pájaros y flores, muchas flores.

Pero no podremos explicar la fuerza y el valor de esta mujer si no leemos el libro de Elsa Bruzzone. La autora la acompaña y la comprende. Aprende su idioma y con las palabras de ella la comprende, la describe y la hace comprender. Ese es el placer del lector (hablo por mí), pero me parece que toda lectora se regocijará, en los buenos, y en los malos momentos. En los buenos, porque ven toda su grandeza de amante; en los malos, porque se ve cómo crece, cada vez más mujer. Creo que en Manuela Sáenz, los hombres podemos llegar a conocer a la mujer que nunca entendimos ni quisimos entender. ¡Qué fuerza para todo, sin dejar de ser lo misterioso, la debilidad plena de fuerza. Al revés del hombre, de la fuerza llena de debilidad.
Y después, la enorme tristeza, la soledad plena. Que no es derrota, que es consecuencia.

Ella es tan fuerte como él, porque entiende toda la grandeza del Libertador. No lo molesta. Lo sigue y lo ayuda. Y lo muerde de puro amor y rabia cuando lo ve caer en la superficialidad del amorío banal. Allí es hembra y lo derrota una y cien veces al don Juan Libertador. Si ella está allí, la banalidad tiene que desaparecer.

Por eso, la autora describe en toda su profundidad la palabra y la calidad de amante. Manuela es solamente amante. Pero llega a la sublimación de ese ser amante. No es ni madre ni eduacadora, es amante. Y se llega aquí a toda la profundidad que llega a tener ese ser amante. Una real mujer puede llegar a ser "sólo" amante y crear algo nuevo, imbatible, generoso, indescriptible. Bello. Fue nada menos que la amante. Palabra de hierro y de flores. No es la mujer de, y la amante. No, es sólo la amante. Y llega a alturas desconocidas.

Uno llega a admirar a esta mujer y a amarla. Comprender su grandeza que no es de gloria ni de lauros, es de carne y es de alma. Los hombres se preguntarán: hay mujeres así: sí, en la Manuela de Elsa Bruzzone encontramos algo que nos llena de admiración y de pensamientos profundos acerca de la mujer, como ser.

Lo demás lo va a encontrar leyendo esto, todo diálogo, todo curiosidad, todo profundidad.
Manuela, brasa y agua, nos dice Neruda. Fuego y calma, en un personaje femenino. Es una mujer, Manuela Es la mujer que nunca quisieron reconocer los hombres. Se nos adelanta. Es la mujer que Bolívar merece, o mejor, es la mujer que empuja a Bolívar, que lo hace Bolívar. Que la historia de la liberación merece. Una la ve pasar y detenerse frente al retrato de Zapata, de Sandino, del Ché. Manuela Sáenz latinoamericana hasta los tuétanos. La vemos ahí, cuando comienza la montaña y el río y el paisaje siempre preparado contra la sumisión y la vileza. En ese tiempo latinoamericano todo coraje y música.

Manuela Sáenz, personaje para la canción liberadora de los pueblos. La Mujer, nuestra Mujer. Brasa y agua. La caricia para ella, los besos para sus ojos, el aplauso para su figura a caballo en busca de la libertad.

En este libro la vamos a conocer profundamente. Fue escrito por una mujer. Justo. Un hombre la hubiera comprendido degradándola a figura y forma. A Manuela Sáenz sólo la puede comprender otra mujer. Y la autora de este libro ha sabido hacerlo. Lo femenino sabe de este misterio, de esta grandeza.

Semblanza de Manuela Sáenz - Elsa María Bruzzone

Manuela decía que Bolívar no era un hombre del siglo XIX. Ella tampoco perteneció a ese siglo.
En la Mañana de su vida, conoció desde muy niña el desprecio de su familia materna y de la pacata e hipócrita sociedad quiteña pues fue el fruto de la pasión prohibida que envolvió a Simón Saénz Vergara, su padre, hombre casado, y a Joaquina de Aispuru, su madre, soltera. Será la Bastarda, jamás Manuela.

Sus grandes amigos son su hermano José María, con quien un día caminará embanderados ambos en la misma lucha, en los mismos sueños, y sus compañeros de juegos: los hijos de los esclavos y los peones que trabajan en la hacienda materna y quienes, le han enseñado a amar a los humildes y desposeídos, a las plantas, a toda la naturaleza, a montar a caballo a horcajadas y a fumar a escondidas. De ellos, sus preferidas son Jonathás y Nathán, ambas esclavas, negras, las que permanecerán a su lado hasta el final de sus días.

Crece oyendo hablar de libertad, igualdad y fraternidad y de la "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano", pues su madre ha abrazado la causa patriota y conspira activamente a favor de ella. A los doce años, mientras presencia el suplicio de los miembros de la Primera Junta de Gobierno de Quito, se promete a sí misma dedicar su vida a la causa de la independencia y fiel a su juramento, participa a los quince años, junto a su madre y el pueblo quiteño, en la defensa de la ciudad asediada por el ejército realista.

Es una mujer de una gran cultura. Habla, lee y escribe en inglés y francés. Lee a los autores griegos y romanos en su propia lengua. Conoce las obras de los filósofos y pensadores de su época. Une a ello, una gran belleza y extraordinaria sensualidad, nervios de acero, manejo de pistolas y espadas. Su lema: "yo no vivo de los prejuicios de la sociedad." Le gusta vestir de hombre y usa la varonil agua de verbena. No conoce términos medios ni grises. "Amo u odio" "Amiga de mis amigos, enemiga de mis enemigos" repite siempre. Camina siempre al borde del abismo.

A los veinte años se casa con un comerciante inglés, James Thorne. No lo ama. Jamás lo amará. Vio en su matrimonio la posibilidad de alejarse de Quito, de dejar atrás la maledicencia y las burlas. Su matrimonio fracasa irremediablemente. En un intento desesperado por salvarlo, su esposo le propone mudarse a Lima. Manuela acepta encantada.

Brilla en los salones de la Perricholi. Jonathás y Nathán le informan de los sentimientos del pueblo. Conspira activamente con los patriotas limeños y espía para ellos. De noche, vestida con sayo y manto, a veces de hombre, pega proclamas revolucionarias en las paredes de las casas, desafiando a la autoridad del virrey y burlando a los guardias enviados para prenderla. Se hizo leyenda. Nadie supo que era ella.

Desembarcado el Ejército Libertador del Sur al mando de San Martín en Perú, Manuela trabaja para él. Sus hermanos eran oficiales del Batallón Numancia, ala de élite del ejército español. Los oficios de Manuela dan resultado. El Batallón, con sus 996 hombres, se pasa a las filas patriotas. Más tarde, se convierte en amiga, confidente, colaboradora y espía de San Martín, quien, por los servicios prestados a la causa patriota, la condecora con la " Orden de Caballeresa del Sol" y le encarga ultimar los preparativos para la reunión que mantendrá con Bolívar en Guayaquil.

En el Mediodía de su vida, conocerá a Bolívar. Manuela llega a Quito en vísperas de la batalla de Pichincha. Colabora activamente con el ejército patriota. Se hace amiga de los oficiales de Bolívar. Por ser mujer, le es denegado su pedido de participar en el combate pero se le asigna la misión de cuidar a los heridos.

El 16 de junio de 1822, Manuela y Bolívar se encuentran por primera vez y partir de esa noche sus vidas y destinos se encadenan para siempre. Amor de encuentros y desencuentros, de peleas y reconciliaciones, de huidas y fugas, de loca pasión y grandes tormentas. Manuela confunde en su amor a Bolívar, su amor a la causa de la independencia y la libertad.

Juntos levantarán ejércitos y pueblos. Seguirá a Bolívar en su campaña libertadora. Por el coraje demostrado en combate, ascenderá a capitán en Junín y a coronel en Ayacucho, por pedido expreso de los oficiales del Libertador y de la tropa, que aunque a veces la ha maldecido, la respeta y la ama. En Bolivia conocerá a Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, y nacerá entre ambos una profunda y entrañable amistad.

Verá el fracaso del Congreso de Panamá y el comienzo del fin del sueño de unidad. Y alejado Bolívar del Perú, será apresada y desterrada por los enemigos de su hombre.

En la Tarde de su vida, se reencontrará con Bolívar en Bogotá. Lo encuentra enfermo, cansado, avejentado. Sólo sus ojos negros permanecen encendidos como siempre. El es Presidente de Colombia y Santander Vicepresidente. Pero la amistad entre ambos se ha roto para siempre. Manuela le da paz y alegría. Lo tranquiliza, lo calma, lo anima. Escucha sus confidencias. Es la compañera fiel. La amiga sincera y leal.

Manuela y Bolívar asisten al triunfo del regionalismo y el provincialismo y a la disolución de la Convención de Ocaña. Ella sigue luchando por los ideales de ambos. El odio hacia Manuela se intensifica. Pero también el de ella hacia los enemigos de su hombre. Lanza en manos desbarata castillos de fuego artificiales con caricaturas de Bolívar y suyas, y, en ausencia del General, fusila en forma simbólica, a Santander por traidor. Salva dos veces la vida de Bolívar y muestra su ternura, porque era una mujer muy tierna, suplicando el perdón para los conjurados , ocultando en su casa a muchos de ellos y no dando testimonio durante el juicio.

La Gran Colombia se ha roto. Pronto Ecuador y Perú se enfrentarán por Guayaquil. Cansado, muy cansado, enfermo, muy enfermo, Bolívar renuncia al mando supremo. Decide marcharse de Bogotá. Manuela se niega a acompañarlo. Siente que debe cuidarle las espaldas. ¡Demasiadas víboras han salido de sus nidos! Promete alcanzarlo pronto. Manuela lucha ferozmente contra sus enemigos. Sólo recados verbales unen a los amantes o cartas que les alcanzan amigos. Ya no volverán a verse. El 17 de diciembre de 1830, la vida del Libertador se apaga. Manuela está sola para siempre.

En la Noche de su vida, conocerá el destierro y elegirá para vivir sus últimos años, a Paita, un pequeño pueblito pesquero del norte peruano, cercano a la frontera con Ecuador. Allí todos la aman, respetan y veneran. Manuela está siempre junto a los que la necesitan: los enfermos, las prostitutas, los niños, los jóvenes en tiempos de leva, los marineros de los barcos balleneros sublevados contra sus crueles capitanes (uno de ellos, Herman Melville, futuro autor de "Moby Dick", de escasos veintiún años en 1841, la recordará años después en el ocaso de su vida). Recoge animales heridos y abandonados a los que bautiza con el nombre de los que ella cree no fueron fieles a Bolívar. Su compasión y ternura resaltan como nunca. Su Diario refleja su angustia, su desaliento, pero también su inmenso amor por Bolívar y su orgullo por ello. Mientras tanto continúa librando la batalla por la reivindicación de Bolívar. Y triunfa..

Allí, en Paita, recibe el homenaje de quienes llegan para verla: Carlos Holguín, García Moreno, Ricardo Palma, José Joaquín Olmedo, el general Antonio de la Guerra, Andrés Melgar, Giuseppe Garibaldi, entre tantos otros que la historia no registra. Muchos llegan por curiosidad. Manuela no habla del Libertador con ellos. "La Historia no se la cuenta ¡se la hace!" Y allí en Paita se reencontrará con Simón Rodríguez y la encontrará la muerte, disfrazada de difteria, un 23 de noviembre de 1856, a las seis de la tarde.

Sus restos son arrojados a una fosa común. Su casa y cosas quemadas. Pero el general Antonio de la Guerra logra salvar el baúl donde Manuela guardaba sus tesoros más preciados: las cartas, sus Diarios, su traje de coronel, su espada, pistolas y la orden de Caballeresa de Sol. A la muerte del general , los documentos son entregados al gobierno colombiano quien decide que que las cartas íntimas, Diarios y documentos de Manuela y Bolívar, permanezcan ocultos.

Durante la guerra chileno - peruana, un incendio destruye la partida de defunción de Manuela. Se pierde todo indicio de la fosa común donde fue enterrada. Caen el silencio y el olvido sobre ella. Manuelas desaparece.. La historia oficial, escrita por los vencedores, la oculta, la niega, la ignora.

Pero Manuela, aún muerta, da batalla. Se encuentra en el cementerio de Paita una placa con la leyenda grabada: "Aquí yacen los restos de Manuela Saénz". Se excava el lugar y aparece la fosa común. Sólo resta un paso: identificar los despojos mortales de Manuela y llevarlos junto a los del Libertador Simón Bolívar para que aquel pedido "ven para estar juntos, ven" y aquella promesa "te alcanzaré pronto mi amor" se cumplan y la justicia brille al fin


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