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Safo de Lesbos

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La visión aristocrática en la poesía de Safo de Lesbos - Arbey Atehortúa Atehortúa

«...mucho
más melodiosa que una lira...
mucho más aúreo que el oro...» - Safo

Safo, la poeta Lesbia de la Grecia Arcaica, es sin duda una de las figuras más importantes entre los líricos de los siglos VII y VI aC. Ella subvierte el paradigma creado por los cantores masculinos, y como un reto a la sociedad eminentemente patriarcal opone un mundo femenino. Su visión aristocrática es lo que la conecta con la estructura de mundo de la Grecia Arcaica.

La poetisa Safo de Lesbos, cuya acmé se ubica en el año 590 a.C. representa una de las estrellas más luminosas en el espacio de la Lírica Griega Arcaica, hecha exclusivamente por figuras masculinas.

Safo no fue por supuesto la única: nombres como Gorgo y Amdrómeda están unidos a ésta por haber sido rivales en la creación de grupos femeninos. Pero de ellas no se conserva obra alguna; este fenómeno contribuye a la particularidad en el panorama lírico griego de la figura de Safo.

El hecho es aún más peculiar si consideramos en términos generales la condición de la mujer en Grecia. La fuerte estructura patriarcal griega relegó a la mujer a la condición de madre de familia y administradora del hogar. El trato con el esposo, e incluso previo al matrimonio era mínimo. Por eso Sócrates llegó a preguntar a un esposo:

«¿Hay alguien con quien hables menos que con tu esposa? (...) Si hay alguno no son muchos»(1).

Pericles predica para la mujer el ideal de la sofrosyne: «una mujer debe tratar de que los hombres no hablen de ella ni para bien ni para mal» (Instrumentos didácticos,1987,22). Pero no en toda Grecia (ni en toda época) la mujer sufrió la misma represión. Si bien en Atenas fue donde más sometida estuvo a su marido, las espartanas gozaron de mayor libertad debido al oficio permanente de los hombres: la guerra. Por otra parte, la normatividad fue más obligada para las mujeres de clase media y alta. Existieron igualmente las llamadas hetairas, mujeres no comprometidas y que gozaban de la sociedad de los hombres.

¿Qué sucede en Lesbos para que surja la figura de Safo? Manuel Rabanal explicitó la condición de la mujer lesbia diciéndonos que ellas alcanzaron cierto grado de cultura, y una mayor libertad que en las demás ciudades estado, para salir y entrar, hablar entre ellas o con hombres, reunirse en tertulias de carácter más o menos religiosos y aún celebrar concursos de belleza.

Geográficamente la ubicación de la isla de Lesbos también facilitó esa mayor libertad femenina. Esta fue un punto de paso entre la Hélade y Asia Menor. Lesbos recibe la influencia de diversas culturas y su gran movimiento poético propició dichos contactos. El mundo sáfico, por ejemplo, es Lidio(2). Es de allí de donde proceden los perfumes, las joyas, los adornos y las mismas discípulas como Anactoria. Es a Egipto hacia donde parte su hermano Caraxo en busca de riqueza.

La situación política de la isla de Lesbos también influyó para que la mujer lesbia, y Safo en particular, gozara de mayor libertad. Ella, después de su destierro en Siracusa durante el gobierno de Mírsilo, regresa a Lesbos bajo la dictadura de Pítaco. Es pues la dictadura en su estado maduro quien gobierna la isla. Bajo la sombra de ésta,y de la esposa de Pítaco en particular, surgen ciertos «grupos femeninos» de dedicación incierta. Lo único claro de ellos es que cultivaron la lírica y cumplieron cierta función ritual y social, como lo fue la creación de epitalamios.

La dictadura lesbia favoreció esta clase de «asociaciones femeninas» y sobre todo porque no trataron abiertamente el tema político como lo hizo Alceo, desterrado durante las tiranías de Mírsilo y Pítaco.

El oficio de Safo, en cuanto a agrupadora, no fue excepcional. La permanente alusión a Gorgo y Andrómeda, directoras de otros grupos, nos demuestra que fue una práctica normal en Lesbos. En el caso de Safo, su condición de mujer sola le pudo haber facilitado la mayor libertad para dedicarse a su oficio: poeta.

Los hechos anteriores explican la mayor libertad de la mujer en Lesbos pero no la particularidad de la figura de Safo. No existe otro nombre femenino en la lírica griega arcaica de tal magnitud. Las razones pueden ser varias partiendo de la explicación del sentido de los grupos femeninos en Lesbos. Manuel Galiano en un ensayo titulado El descubrimiento del amor en Grecia dedica un amplio espacio a esta explicación, descartando las afirmaciones de que eran grupos pedagógicos, tíasos o centros de prostitución. Su propuesta final a la que nos anexamos dice:

«yo lo definiría como una colección de amigas que se reúnen para oir versos sáficos, tal vez para cantarlos, o quizás todo lo más para dedicar sus actividades conjuntas a la interpretación en común de epitalamios compuestos por nuestra poetisa.»(3).

Este tipo de asociaciones indiscutiblemente facilitó el cultivo de la lírica en sectores femeninos.

La ambiguedad sobre el origen y función de estos grupos persiste. Un hecho claro es su marginación del devenir político. La poesía sáfica que contiene la alusión al grupo, a las otras, no habla de Pítaco ni de los personajes de la vida pública, elementos presentes en la estructura de la Lírica Arcaica. Safo deja de lado estos temas y los concernientes al mundo masculino. Por eso, en un conocido poema en el cual el epílogo recuerda a Anactoria, compara la belleza y la actitud de Helena como superior a la areté expuesta por el mundo de la guerra(4) :

Dicen que una tropa de carros unos,

otros que de infantes, de naves otros,

es lo más hermoso en la negra tierra;

ya que todo aquello es

lo que uno ama.

Y es sencillo hacer que cualquiera entienda

esto, pues Helena, que aventajaba

en belleza a todos, a su marido,

alto en honores,

lo dejó y se fue por el mar a Troya,

y ni de su hija o sus propios padres

quiso ya acordarse, pues fue llevada

Los temas, las imágenes y la concepción interiorizada del sentimiento son innovadores en Safo. Ella no se dirige hacia la exterioridad. Es un mundo personal en el cual se llega y se conoce al otro por los colores, las imágenes, las caricias o esa aureola que lo envuelve. Ese otro por lo regular es una mujer. En Safo el mundo brusco, fuerte, masculino en conclusión, da paso al mundo del «ser», del «es» de la figura femenina. Manuel Galiano expone que el tipo de sentimiento en Safo es:

«exclusivamente absorbente, encerrado en aquel pequeño círculo un poco sofocante de menudas delicias y placeres femeninos; un amor del que el varón queda absolutamente eliminado. Más aún, diríamos que hay en el grupo sáfico una tónica general no sólo de indiferencia, sino de aversión hacia el hombre»

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(Galiano, 1957,21).

En el caso de Safo, su condición de mujer sola le pudo haber facilitado la mayor libertad para dedicarse a su oficio: poeta.

Galiano se refiere tanto a la obra de Safo como a su vida personal. Pero aunque la visión de mundo sáfica se hace desde el paradigma femenino, el hombre no es excluido radicalmente. Ya se le compara con los dioses en los epitalamios o ya se le reprocha su modo de ser como se aprecia en poemas personales dedicados a Caraxo, el hermano de Safo. La figura masculina también se nombra para desligitimizarla como modelo. Veamos cómo la obra sáfica considera el orden masculino al estructurar una visión de mundo de carácter aristocrático.

(Safo en su academia, con Alcaeus. Según Lawrence Alma-Tadema - 1881)

El mundo masculino es transgredido por Safo; pero no se asume una actitud de desprecio hacia el varón. En el epitalamio A una mujer (5)  se compara a un hombre con los dioses. Pero sus cualidades son muy distintas al ideal de hombre de la Grecia Arcaica. Este hombre no es un «general alto y bien plantado», ni un excelente rapsoda; es simplemente alguien que escucha a una mujer que habla dulcemente. Su actitud, además, es de reposo pues está sentado.

Me parece igual a los dioses ese

hombre que ahora está frente a ti sentado,

y tu dulce voz a tu lado escucha

mientras le hablas

y tu amable risa; lo cual, te juro,

en mi pecho el alma saltar ha hecho:

pues te miro apenas y mis palabras

ya no me salen

(Rodríguez, 1990, 37)

El hombre creado por Safo es abstracto, ideal. A través de él Safo subvierte la cultura masculina pues opone al hombre de acción un hombre contemplativo.

En este poema el elogio masculino se justifica en parte si consideramos el texto como un epitalamio. En este tipo de canciones hechas exclusivamente para bodas se expresa un elogio para los novios, pero la figura del hombre es un medio para estructurar una isotopía positiva de lo femenino. Es la mujer la que realmente importa. Es ella quien provoca la locura, el sentimiento que desestabiliza, es ella la de la dulce voz y la amable risa.

Esta postura la reafirma Safo en el poema que compara la belleza de Helena (muy superior) con infantes, tropas de carros y naves.

Y es sencillo hacer que cualquiera entienda

esto, pues Helena, que aventaja

en belleza a todos, a su marido,

alto en honores,

lo dejó y se fue por el mar a Troya,

y ni de su hija o sus propios padres

quiso ya acordarse, pues fue llevada

En este poema el mundo se mueve por una mujer: una mujer que aventajaba en belleza a todos, incluso a uno de los más grandes Atridas griegos. La areté se ha trasladado de un mundo heroico al planteado por la isotopía de los perfumes, las flores, los himnos y la belleza física femenina.

(Safo. Según Johann Heinrich Dannecker. Alemania 1758-1841)

1758-1841
Este poema se puede considerar personal pues el fin último es rendirle un homenaje a Anactoria, una de las amigas preferidas de la poeta que ha partido para Lidia. Por esto Safo utiliza una analogía: Helena es su Anactoria. Ambas son bellas y han partido. Helena para Troya y Anactoria para Lidia. Por supuesto se analoga un referente mítico con uno real. La añoranza de Anactoria se evidencia en lo corporal, en cualidades físicas al igual que en el epitalamio anterior.

de ella ver quisiera su andar amable

y la clara luz de su rostro antes

que a los carros lidios o a mil guerreros

llenos de armas.

La analogía está separada por la temporalidad: pasado épico y presente sáfico. Pero el epílogo del poema confirma la estructura en anillo y se homologan esos espacios con el mismo fin: descartar el mundo masculino y exaltar las cualidades femeninas.

Los hombres a los que se refiere Safo son los épicos: Héctor, Paris, Menelao. En la mayoría de los casos se alude a ellos mediante el recurso de la perífrasis. Este recurso es típico de la lírica, pero en algunos poemas Safo lo hace especialmente con las figuras masculinas, sean hombres o dioses. A las mujeres se les nombra en la mayoría de los casos y a los hombres se les alude. Es de alguna forma una manera de restarles importancia:

Safo también se refiere a hombres ideales, sin nombre y sin posibilidadad de identificarlos con referentes reales de la época. Teognis le habla a su amigo Cirno, Arquíloco a Glauco y Anacreonte a Cleóbulo. Pero Safo no se refiere a ningún hombre en particular. Cuando lo hace es una abstracción. Este hecho es un nuevo recurso para estructurar la imagen de mundo desde lo femenina. Por eso las mujeres, sean dioses o mortales, poseen nombre: Helena, Afrodita, Andrómaca y Hera en el nivel mítico y Anactoria, Góngula, Atis en el plano real. Ni siquiera en un poema personal dedicado a Caraxo, su hermano, éste es nombrado, aunque es evidente la recriminación hecha y el llamado a Afrodita para que interceda.

Conceded, Nereidas, y tú, Chipriota,

que mi hermano vuelva hasta aquí sin daño

y que todo aquello que en su alma ansía

sea cumplido;

(Rodríguez,1990,21)

La referencia a las divinidades confirma la visión femenina de Safo. Si bien en Lesbos hubo un templo dedicado a tres divinidades, en varios de los poemas sáficos se aprecia una estractificación, pues se nombra primero a Hera y después a los dioses masculinos (Zeus y Dionisio, por ejemplo). Si consideramos la significación para la lírica de los procesos de combinación y selección confirmamos la importancia de esta gradación. Igualmente, la poesía sáfica abunda en menciones a Afrodita, las Musas y las Nereidas.

El mundo sáfico, en conclusión,es femenino. Esta lectura introduce cierta ambiguedad puesto que Grecia y el siglo VI son masculinos. Safo trasgrede las espectativas en la Grecia Arcaica y Clásica porque permite la exploración de un mundo asumido como espacio íntimo, sensible y pasional: el mundo femenino, el espacio lírico. Por eso, la poesía sáfica está repleta de símbolos que estructuran una isotopía femenina.

Los epitalamios y los poemas personales revisados enumeran muchos de los objetos, olores o flores que se constituyen en símbolos de la poesía sáfica. Manuel Galiano los ha sintetizado así:

«rosas y lirios, melilotos y perifollos, hierba fresca de los prados, manzanos para el dulce reposo de las siestas, guirnaldas de opio (...) vestidos, muchos vestidos teñidos de mil colores (...) tuniquillas, mantos, bellos tocados de cabeza, diademas importadas (...) calzados lidios(...) en la intimidad de los dormitorios , ungüentos y cremas, cajas llenas de perfumes, jabones de tocador...¡Eterno todo ello, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días y mientras haya una mujer en el mundo!»

(Galiano,1959,20)

El poema que retoma como motivo la boda de Héctor y Andrómaca contiene indiscutiblemente una gran cantidad y variedad de elementos propios del mundo sáfico. En éste se habla de la llegada de Andrómaca a la casa de Priamo; es posiblemente un epitalamio por su condición de bienvenida y exaltación a los novios. Nuevamente un tema mítico es reescrito y actualizado para colocarlo al servicio de la época.

(Los poetas Safo y Alcaeus con los liras. Detalle de florero ateniense de arcilla. Cerca de 480 A.C.)

Utilizamos el término de «reescrito» pues la focalización del acontecimiento hecha en la Iliada se realiza enteramente desde la figura de Héctor; en ésta no se celebra la llegada de Andrómaca sino la del hijo de Priamo, precedido de toda su gloria. En el poema de Safo las naves igualmente no son caracterizadas por elementos bélicos sino por un paradigma femenino y la actividad en Ilion gira alrededor del recibimiento de Andrómaca. El poema termina haciendo un elogio a la amada, descartándose por completo una alusión heroica, a no ser la realizada inconscientemente por el oyente al escuchar mencionar a Priamo y a Héctor.

Pero a medida que el poema avanza, ese mundo femenino lo invade todo y ya no es posible ni siquiera la alusión a lo masculino. Las flautas de dulce sonido suenan y las doncellas entonan sagradas canciones.

Los seis últimos versos en la traducción de Juan Manuel Rodríguez Tebal contienen toda la intensidad del acto:

Todo el lugar se llenaba de copas y cráteras;

sándalo, mirra e incienso su olor confundían,

y las mujeres más viejas lanzaban sus gritos

mientras en tono elevado los hombres cantaban

bellos peanes al lírico dios sagitario,

y celebraban cual dioses a Héctor y Andrómaca.

La mujer en la poesía sáfica es asimilada con lo suave y lo perfumado. Todo lo que levita y se opone al mundo rudo del hombre que es descartado de plano. Mientras que en los fragmentos del poema se aprecian dos adjetivos positivos para Andrómaca y un número mayor de términos que conducen al paradigma femenino, no hay ninguna alusión hacia el hombre a parte del enuncio de las naves y un verso que recita: y a los caballos uncían los hombres sus carros. Pero ambas alusiones giran en torno a la bienvenida preparada para Andrómaca.

No hay por supuesto en el poema, ningún verso despreciativo para el hombre: los «bellos peanes» celebran a Héctor y a Andrómaca». El referente mítico está puesto al servicio de un epitalamio, de una ceremonia de unión, en la cual prima el paradigma femenino y el masculino se limita y se pone al servicio del acto en cuestión.

Entre todo ese conjunto de símbolos enumerados, hay dos que merecen especial atención: la diosa Afrodita y la manzana.

Afrodita es un referente constante en la poesía sáfica y especialmente de un conocido himno (Himno a Afrodita) en el cual Safo, como personaje, pide que le sean otorgados los amores de alguien(6) . Afrodita en la mitología griega y según Pierre Grimal es la diosa del amor, la que despierta la pasión, el sentimiento hacia el otro. Pero igualmente es una diosa vengativa, pues ella castigó a las mujeres de Lemnos, impregnándolas de un olor insoportable, hasta el punto de que sus maridos las abandonaron por cautivas tracias. Para Safo Afrodita es la Diosa que concede los favores amatorios, es la confidente, la que intercede, la que acude cuando el sentimiento amoroso conduce a la locura. La manzana también cumple un papel en este sentido. Por medio de ella se realiza la declaración amorosa.

La manzana en la mitología griega está vinculada al origen de los mismos certámenes de belleza: por medio de ella Paris escogió entre Hera, Atenea y Afrodita a la más hermosa. Paris le «arroja» la manzana a Afrodita y esa acción se erige en símbolo de la belleza y la declaración.

En los poemas sáficos la manzana está asociada al culto de Afrodita; un culto que se hace en primavera. Aparece así el tema de la doncellez, de la manzana madura que no pudieron alcanzar los burdos cosecheros.

Como la manzana dulce se colorea

en la rama más alta, la más alta en la más alta,

de ella se olvidaron los cosecheros

de manzanas.

pero no es que la olvidaron,

es que no pudieron alcanzarla.

(Rodríguez Adrados. Frag.78)

La obra sáfica es por lo tanto revolucionaria en cuanto estructura una visión de mundo desde el paradigma femenino, subvirtiendo la mirada masculina de la Edad Arcaica, el mundo heroico, brusco, fuerte, sede su paso a uno sensible, delicado y suave; femenino en conclusión. Pero el elemento auto afirmativo de la obra Sáfica es su posición aristocrática; la poesía de Safo habla de lujos, de una vida llena de comodidades, de un mundo en el cual importa más los desórdenes individuales de carácter erótico que el mismo acontecer histórico. Incluso la misma poeta quiso vivir de esa manera. La renuncia a la lucha política, fenómeno inherente al ejercicio poético de la época, es otra razón de esa postura aristocrática. Es por supuesto lo que proporciona la creación de este tipo de monodia y en ningún momento puede representar un nivel de condena. Incluso ni siquiera en versos donde la poeta se lamenta por no tener con qué «hacerse» de un bello tocado para su hija Cleis:

...pero tú tienes los cabellos

más rubios que una antorcha,

propios para coronas de flores bien lozanas...

No tengo, Cleis, de dónde hacerme

para ti con un tocado multicolor,(...)

(Rodríguez Adrados,1980,372)

Estos versos a nivel biográfico sustentan la pésima situación económica de Safo por ese tiempo. Pero igualmente son versos que a otro nivel retroalimentan el mundo refina do de la aristocracia que opone un lujoso tocado exportado de lidia a las simples cintas de púrpura. Safo no combatió la tiranía, ni expuso los ideales masculinos de la cultura griega. Tampoco le importó las lu chas internas de la Hélade. Ella fue un poco más allá y trató de auscultar la interioridad, lo pasional, el sentimiento. Trató de expresar un concepto de mujer totalmente universal.

NOTAS

(1) Instrumentos didácticos. Eurípides, antología de textos sobre la mujer. Alcalá de Henares, 1987, p. 23.

(2) Es importante resaltar la estrecha relación sostenida por Lesbos con Asia Menor. Estos luchan contra Atenas por el dominio de Sigeo, conquistada finalmente por Pítaco. Creso, del reino de Lidia es uno de los lugares donde se exilia Alceo. Los Lesbios igualmente fundan Eno en Tracia.

(3) GALIANO, Manuel. El descubrimiento del amor en Grecia, Madrid, 1959, p.36.

(4) Poemas tomados de : RODRIGUEZ TEBAL, Juan Manuel.Safo: poemas y fragmentos. Akal-Clásica, Madrid, 1990.

(5) Aunque posee las características de un epitalamio, Francisco Rodríguez Adrados afirma que existen dudas.

(6) Ver: GRIMAL, Pierre. Diccionario de Mitología Griega y Romana. Editorial Paidós, Barcelona, 1990, p.12.


Safo - Graciela Barabino - pizca@cableonline.com.mx

La historia es cíclica y el ser humano poco cambia, pese a las deslumbrantes innovaciones en la ciencia y la tecnología. La Iliada es tan actual hoy como lo fue en su tiempo, prueba de ello: la película de Troya que se estrenó en 2004.

Lo que es muy difícil que se repita es la genialidad de ciertas personas que nunca pasan ni pasarán de moda como es el caso de la gran Safo de Lesbos. “La mujer más famosa de Grecia, más que Helena, más que Aspasia,” según el finado erudito en cultura helénica, doctor Pablo de Ballester, ex-arzobispo de la Iglesia Ortodoxa en México en la década de los ochenta.

Fue Platón quien la llamó la décima musa, por lo tanto, Sor Juana Inés de la Cruz pasa a ser la Undécima.

La Grecia de Safo era el resultado de importantes transformaciones políticas y civiles. Las antiguas monarquías caían una a una y los griegos se liberaban del feudalismo para entrar en el comercio y las conquistas en Asia Menor, Sicilia y la península Itálica.

Se enfrentaron por primera vez en la historia: la democracia y la aristocracia. Los tiranos eran, en ese entonces, los demócratas pues adquirían su autoridad haciéndose ricos y comprando el voto para hacerse del poder y quitárselo a la nobleza... Suena familiar, ¿no les parece?

Eso hizo de muchos poetas pertenecientes a la aristocracia entre ellos Alceo, eterno compañero de Safo, rebeldes al gobierno: auténticos guerrilleros dispuestos a tomar las armas. Y así lo hicieron Alceo y sus hermanos al asesinar al tirano Melancro y los que le siguieron. Safo, poetisa comprometida e inflamada de ideales, se unió a esa lucha política y sufrió las consecuencias: el destierro, del que hablaremos más adelante.

Para comenzar abordaremos su prolífera obra.

Safo no sólo es poetisa de primera magnitud, sino la madre del género lírico, poesía en la que el poeta es la lira. Fue la primera que hizo literatura subjetiva tomando como objeto de su arte su propia interioridad; la primera en vaciar su propia alma en el molde de los versos, para que los demás nos identificáramos o nos disociáramos de ella.

Ese tipo de poesía íntima alcanzó su máxima expresión en la isla de Lesbos y fue escrita en uno de los principales dialectos de la lengua griega: el eólico.

Antes de Safo pululaba la poesía épica que habla de las gestas de los héroes, de los santones patrios, siempre parte de un augusto pasado. Ella fue la primera que se atrevió a hablar de lo que sucedía en su interior y no a su alrededor. Curiosamente hace honor a su nombre, pues en el dialecto eólico Safo significa transparente, traslúcido. Y eso hace ella a través de ese renovador género literario: desnuda su alma, su corazón, su hígado, su sangre que se vuelven tan trascendentales como las gloriosas batallas de un pueblo.

Cabe agregar que las composiciones líricas de los antiguos griegos no se hicieron para ser leídas nada más, sino para ser cantadas y acompañadas por algún instrumento musical ya fuere la flauta, la lira o la cítara. Así, el poeta o la poetisa creaba el poema y también componía la música y, en el caso de Safo, célebre danzante, hasta los pasos de la danza para acompañarla.

La poetisa griega nació en la ciudad de Eresó, una de las cinco principales de la isla de Lesbos, en la Trigésima Quinta Olimpiada, en la segunda mitad del siglo VI antes de Cristo entre 628-568. Es decir, son aproximadamente 2,750 años los que nos separan de ella y unos breves fragmentos poéticos nos identifican con ella para siempre.

Lesbos hoy Mitilene es una de las más orientales islas del archipiélago griego en la región de Eolia, cuya población es tierna y apasionada. Como isla de tránsito, varias culturas la enriquecen.

Safo proviene de familia noble al igual que Alceo. Fue hija de un rico y próspero comerciante de vinos, a la fecha son famosos los vinos lesbios. Su fortuna y aristocracia provenían del saqueo a Troya, pues su progenitor fue de la camada de combatientes vencedores en esa épica guerra. Su madre se llamaba Kleis.

Safo fue la mayor y la única mujer de tres hermanos: Kháraxos que fue amante de la hetaira dórica llamada Rodope; Eurgio y Lárico, quien por su apostura fue nombrado copero del ayuntamiento de Mitilene.

Safo, de piel oscura, enana, fea y velluda, “la de los ojos color violeta”, como le decía Alceo, a los seis años asistió a un drama familiar. Su progenitor, Skamandrónimos, fue llamado a filas para la guerra de diez años entre Lesbianos y Atenienses por la posesión de Sigui, una pequeña colonia cerca del estrecho de los Dardanelos. Duró, pues, la guerra dos olimpiadas y Skamandrónimos murió.

Agotadas las fuerzas de ambos bandos se recurrió al arbitraje de Períandro de Corinto, uno de los siete sabios de Grecia, quien dictó que cada uno se quedara con lo que llevara conquistado. Y así se dio fin a una guerra fútil que cambió la vida de la pequeña Safo, pues al enterarse del fallecimiento de su padre declaró solemne a su madre Kleis: “Puesto que papá murió, yo desde ahora seré tu esposo y seré el padre de mis hermanos.” Repito, era un niña de escasos 6 años de edad, e, increíblemente, ayudó a definir y tomar las riendas de los negocios de su difunto progenitor.

Con el paso del tiempo, fue ella quien hizo prosperar aún más el negocio e introdujo a sus hermanos menores en el conocimiento práctico del mismo.

Al asumir el trono Pítaco, el grupo insurgente al que pertenecían Safo, Alceo, el hermano de Alceo y camaradas, juró ejecutarlo. Entonces, prudente, sabiendo de la conspiración, Pítaco cedió su lugar a un alumno suyo de nombre Mirsilo para que encabezase el gobierno.

A los tres meses, fue asesinado por el grupo de Safo y Alceo. Pítaco de inmediato tomó nuevamente el mando y reprimió el movimiento insurgente. Los mandó arrestar dos horas antes de que intentaran matarlo.

Con todo, el sabio Pítaco no los ejecutó como ellos hubieran hecho con él sino que los ridiculizó en la plaza pública delante de todas las familias lesbias y, finalmente, mostrando su culpabilidad en la conjura, los desterró, pero más bien fue una beca de estudios estilo Luis Echeverría.

A Alceo -el ser que más amó la poetisa después de su madre- lo mandó a Egipto. Esta separación fue trágica para los dos literatos. Al hermano de Alceo a Babilonia, en ese entonces, gobernada por el legendario Nabuconodosor. Safo partió rumbo a Siracusa, Sicilia.

El exilio resultó ser algo positivo para su desarrollo intelectual, pues le permitió viajar más allá del Egeo e ilustrarse con el contacto de otras culturas. Incluso en Siracusa, donde ya se le conocía y se le dio un buen recibimiento, se casó con Cercilas o Kérkilos de Andros, un rico mercader, y tuvo una hija, Kleis, de la que hablaremos más adelante.

Durante seis años, la poetisa de Lesbos se convirtió en el centro del movimiento cultural y artístico en Siracusa al organizar certámenes literarios-musicales, inolvidables recitales y danzas, pues -como ya dijimos- era una excelente danzante.

Así creó el ambiente propicio para, posteriormente, fundar la primera universidad del mundo para mujeres. Ella es pionera en darle a la mujer un sitio de crecimiento, más allá de su función en el hogar como esposa y madre.

Safo esposó a Kérkilos y procreó una hija a la que llamó como su madre, Kleis, que también fue el nombre de su abuela. Sabemos que no amó a Kérkilos como a su colega Alceo, porque su lírica no habla de él. Con todo, le tuvo apego, se dejó querer por alguien mayor que le prodigaba protección y un afecto paterno. Kérkilos -un hombre ya anciano- murió al poco tiempo, heredándole a Safo una inmensa fortuna que ella convirtió en instituciones culturales.

Erigió una casona señorial a la que llamó Museo, es decir, el lugar de las musas. Y siendo contemporánea de Pitágoras, fundó en Siracusa lo que el otro en Crotona: la primera universidad del mundo. En el caso de Safo, un paso adelante, pues encima era únicamente para mujeres.

En verdad esa universidad estaba inspirada en exclusiva para la educación de Kleis, su hija, pero al contratar a las mejores instructoras de diferentes ramas arte, técnica, canto, danza y, por supuesto, literatura las convenció de que ellas también compartiesen esos conocimientos con sus hijas... Fue así que se formó una escuela sistemática a la que bautizó como primera universidad. Por lo que, la primera universidad es fruto del deseo de una madre de educar a su hija.

Su profundo amor maternal se refleja en la siguiente estrofa:

Tengo una hermosa hija
Que tiene para mí
La esplendente belleza de una flor de oro,
Mi amada Kleis,
A la que no cambiaría por todas las riquezas de Lidia,
Ni tan siquiera por la hermosa Lesbos.

A lo largo de su vida, Safo fue centro de varios escándalos. Se le acusó de enamorarse de sus alumnas. Su nombre aunado al de su lugar de origen Lesbos es sinónimo de lesbianismo, pues sin recato ni miramientos no sólo ejerció ese amor que entre los antiguos griegos era olímpicamente aceptable -tanto en hombres como en mujeres-, sino que lo divulgó a los cuatro vientos con su espléndida lírica. Horacio, quien admiró su obra, la llamó “mascula Sappho”, pues aseguraba que la “parte masculina de su carácter explica su amor y la clave para comprender su poesía”.

Son sabidos los nombres de algunas de sus amadas, pues tuvo muchas: Anágora, Eunica, Gongila, Eranna, Telesipa, Andrómeda, Megara, Gorgo, pero su alumna favorita siempre fue Atthis.
Cuando la familia de Atthis decidió retirarla de la enseñanza para casarla con un muchacho, la poetisa -pesarosa por la separación- escribió el doloso poema El Adiós a Atthis.

Igual a los dioses me parece el hombre dichoso que te abraza y te oye en silencio con tu voz de plata y tu sonrisa risueña...
Cuán cara y hermosa era la vida que vivimos juntas.
Pues entonces, con guirnaldas de violetas y dulces rosas cubrías junto a mí tus rizos, ondeantes.
Y con abundantes aromas preciosos y exquisitos ungías tu piel fresca y joven en mi regazo y no había colina ni arroyo ni lugar sagrado que no visitáramos danzando...

Su extravagancia consistía en atreverse a hacer lo que ninguna otra mujer hasta entonces hacía tan abiertamente. Por eso siglos después, el cristianismo la tachó de inmoral, de vida licenciosa y quemó su obra.

Temperamental como todo genio, también enfurecía. Cuando su hermano Kháraxos, que estaba en Egipto, se quiso casar con una mujer bellísima de cascos ligeros llamada Rodopis, los celos la hicieron enloquecer. Escribió:

Doradas Nereidas haced que mi hermano regrese aquí, indemne.
Que todo cuanto su alma desea se realice menos este proyecto...
Que sea el goce de sus partidarios
que sea el quebranto de sus adversarios
que no sea para nosotros motivo de ignominia y que participemos siempre de sus honores.
Que olvide mis furores y las duras palabras de reproche con las que abatí su deseo, más duras para mí de pronunciar que para él oírlas.
Que regrese, y en medio del contento de sus conciudadanos, familiares y amigos, que se olvide de la que nada vale.
Si en verdad desea hallar compañera
haced que ésta, sea digna de su lecho
¡Y tú, oscura perra!
Consíguete otra presa, arrastrando tu hocico por la sucia tierra del bajo Egipto...

Su hermano de todas maneras se casó y se separó. Tal como lo había vaticinado la poetisa. Rodopis quedó como una mujer libre y rica.

Ahora hablemos de su valiente talento. El mérito de Safo es haber ocupado ese espacio íntimo tan inexplorado en aquellos tiempos llenos de epopeyas y héroes mitológicos. Ella osó dejar de lado el mundo rudo y dedicarse a la exploración de la subjetividad, la exaltación de la pasión y el culto a Afrodita, diosa del amor, el placer y los sentimientos sensuales. Ese mundo de las caricias, olores e imágenes que ella describe magistralmente en lenguaje eólico.

Según el finado poeta Manuel Aguilar de la Torre:

Ningún otro poeta de la Grecia antigua alcanzó la perfección y belleza de la poesía creada en Lesbos. Apasionados, violentos, indisciplinados, los eolios de Lesbos fueron maestros del canto, de la música y el amor nunca encontró fuera de esa isla palabra más cálida, más expresiva, más pasional, más bella y más sonora.

Los más altos poetas de esa región son: Terpandro -quien aumentó el número de cuerdas a la lira a siete e hizo posible mayor armonía- Alceo, Safo y Anacreonte -quien pese a ser jonio de Teos- se expresó también en lengua eólica.

Safo escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conservan algunos fragmentos de todos ellos. Entre estos destaca la Oda a Afrodita -citada por el erudito Dionisio de Halicarnaso en el siglo I a.C.- y en pleno siglo XX se descubrió un papiro con seis fragmentos de sus poemas y la Oda a las Nereidas.

La poesía de Safo se caracteriza por la exquisita belleza de su dicción, su perfección formal, su intensidad y su emoción. Inventó el verso hoy conocido como oda sáfica (tres endecasílabos y un adónico final de cinco sílabas).

De sus nueve libros de poemas -muy célebres en la antigüedad- sólo se conservan algunos fragmentos:

De ella ver quisiera su andar amable
Y la clara luz de su rostro antes
Que a los carros lidios o a mil guerreros
Llenos de armas...

La luna luminosa huyó con las Pléyades.
La noche silenciosa ya llega a la mitad
La hora ya pasó y en vela sola en mi lecho, suelto la rienda al llanto sin esperar piedad.

El amor, ese ser invencible, dulce y amargo que desata los miembros, de nuevo acude a mí. El ha agitado mis entrañas como el huracán sacude monte abajo las encinas.
Luchar contra el amor es vano, pues como un niño hacia su madre, vuelo a él.
Mi alma está dividida: algo la detiene aquí, pero algo la hala para en amor vivir...

Vete tranquila.
No te olvides de mí porque sabes, debes saber, que yo estaré siempre a tu lado.
Y si no quieres saberlo, te recordaré lo que tú olvidas: muchas horas felices pasamos juntas; han sido muchas las coronas de violetas, de rosas, de flor de azafrán y ramos de eneldo que junto a mí te ceñiste.
Han sido muchas las veces que bálsamo de mirra y regio ungüento, derramaste sobre mi cabeza. Yo no podré olvidarlo y tú, tampoco.

Cuando Pítaco levantó el castigo y los dejó regresar a Lesbos, Alceo regresó de Egipto refinadísimo y sin querer saber nada de política. Safo tardó más en regresar, pues tenía su Museo al que fue difícil decir adiós y desmontar.

Al morir su gran enemigo Pítaco, uno de los siete sabios de Grecia, Safo declaró en su funeral:

Este hombre que fue mi enemigo, ha sido uno de mis mayores benefactores, porque si no, no hubiera andado yo por esos mundos y siendo mi enemigo me quiso y fue sabio y bueno conmigo. Mientras que otros que están a mi alrededor y en mi sociedad, son mis verdaderos enemigos aunque me sonríen y me saludan cuando nos cruzamos en los caminos.

Y tenía razón, Pítaco fue un gobernante con mucha madurez. Usaba la cabeza y no las vísceras para regir a su pueblo. Hasta sus enemigos Alceo, Anacreonte y demás altos letrados terminaron por respetarlo. No en balde fue uno de los siete sabios de Grecia y para confirmarlo cuenta la leyenda que Creso, de Libia, hizo una bola de oro e inscribió en ella Para el hombre más sabio del mundo y la dio a Tales de Mileto, quien la rechazó en el acto diciendo: “No, no es para mí, yo conozco a otro”. Y así se la pasaron los siete, entre ellos Pítaco quien la llevó a Períandro de Corinto, pero nadie la quiso, porque todos eran sabios. Por fin, la depositaron en el Oráculo de Delfos.

¡Qué lejos están esos tiempos y esos verdaderos monarcas!
Desafortunadamente en la actualidad, Safo sólo simboliza lesbianismo. Se le lee y se le clasifica por su amor a las mujeres y no se explora su otro aspecto como maestra, madre y revolucionaria política. Sólo se alude a su homosexualidad femenina, origen del término lesbianismo y safismo, como ya señalé.

Safo también tuvo amantes hombres. Eso ni se menciona. Lo irónico, no obstante, es que se afirme otra leyenda, que no merece credibilidad alguna. Esa versión sostiene que, tras ser rechazada por el joven marino Faón, se arrojó desde un acantilado en Léucade (una isla de la costa occidental de Grecia). Es decir, vivió enamorada de las mujeres, pero se suicidó por el amor de un hombre.

De su posible suicidio, lanzándose de un acantilado al mar por el amor de un marinero de nombre Faón, don Pablo de Ballester asevera que una mujer de las dimensiones de Safo no se mata porque un hombre no le corresponda sentimentalmente. Desconfía de esa versión, pues –asevera- no corresponde a la personalidad de la décima musa.

En contraste, el finado poeta Manuel Aguilar de la Torre opina que “el trágico fin y por amor de Safo, si es leyenda, es hermoso, si es verdad lo es también. Es un mito a la altura de la gran mujer que fue.”

Sabemos, sin embargo, de una contestación de Safo a una propuesta de matrimonio teniendo ella cerca de medio siglo de edad. Les leeré unos breves extractos que están lejos ser de una mujer enamorada a punto del suicidio:

Si aún fueran capaces mis pechos de dar jugo. Y si mi vientre fuera capaz todavía de volver a concebir, animosa me encaminaría al nuevo tálamo. Pero ya la vejez ha marcado con mil surcos la piel de mi cuerpo y el amor, dador de felicidad y de dolores, ya no revolotea a mi alrededor.
Mas si en verdad me amas, búscate otro lecho digno de un mancebo como eres tú. Yo no podría sufrir, vivir bajo un mismo techo con un hombre tan joven siendo como soy, tan vieja...
Mi piel, marchita, se resquebraja
mi negro pelo se ha tornado blanco
quedan pocos de mis dientes y mis rodillas no soportan ya el peso de este cuerpo
que solía trenzarse con los vuestros en las danzas y retozar sobre el mullido césped al igual que un ligero cervatillo, el más ágil de los seres vivientes.

Y finaliza:

Sólo suplico de los inmortales a los que he honrado en tan alto grado en todos mis versos y cantos y danzas, una oportunidad más de seguir viviendo un poco cerca de los seres y de las cosas que he amado.

Difícil creer, después de leer esas líneas, que pensara suicidarse al estilo Virginia Woolf o Alfonsina Storni. Más bien en sus poemas de última época, se describe a sí misma como una anciana que goza de una vida tranquila, pobre, en armonía con la naturaleza.

Antes de su supuesto suicidio escribió una invocación a Oneiros, el dios de los sueños y hermano de la muerte.

Oneiros, hijo de las sombras de la noche, acude a mí, pósate en mis párpados.
¡Oh, querido dios, qué terrible sufrimiento, qué cruel angustia!
No puedo apartar mi deseo.
Quiero que los inmortales tomen en gracia lo que les he rendido en mis poemas y danzas...

Y agrega:

En una mansión como ésta
en la que tenemos siempre invitadas a las musas, que no deben contristarse con dolor humano y a las que las lágrimas ahuyentan y confunden, no debe haber lamentaciones.
No sería digno de ellas...
Ni de nosotras.

Safo murió a lo 55 años de edad. Sus poemas fueron destruidos por la intolerancia de cristianos y musulmanes que prendieron fuego a la famosa biblioteca de Alejandría. Se consideró literatura impúdica y así nos despojaron de un invaluable e irremplazable patrimonio de la humanidad.

Después del incendio no quedó ni rastro de su poesía hasta que, a principios del siglo XX, unos arqueólogos -que buscaban otra cosa en Egipto- hallaron unos sarcófagos, hechos como de cartón de piedra con unas vendas, en las que había una trascripción de los escritos de la Décima Musa: Oda a las Nereidas y otros seis poemas mutilados que -junto con los extractos rescatados de Oda a Afrodita- son los únicos sobrevivientes de su vasta obra literaria.

Hace aproximadamente 2,750 años ella lo vaticinó: “Después de muerta, no seré jamás olvidada...”

Igual parece a los eternos Dioses
quien logra verse frente a ti sentado.
¡Feliz si goza tu palabra suave,
Suave tu risa!

A mí en el pecho el corazón se oprime
Sólo en mirarte; ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir, y rota
Calla la lengua.

Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo
Presto discurre; los inciertos ojos
Vagan sin rumbo; los oídos hacen
Ronco zumbido.

Cúbrome toda de sudor helado;
Pálida quedo cual marchita yerba;
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte,
Muerta parezco.

(Trad. M. Menéndez Pelayo)

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