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. English Biography

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Emilio Salgari, autor de ciencia ficción

Biografía: Emilio Salgari: el tigre de Verona - 1999 - Fernando Santullo Barrio

Salgari sentía una profunda antipatía por la llamada literatura juvenil de su época, a la que hallaba "insulsa" y "llena de sentimentalismo" que no hacia sino "debilitar cada vez más a la juventud italiana"

El 25 de abril se cumplieron 88 años de la muerte de Emilio Salgari, uno de los autores más leídos de todos los tiempos. Generalmente ignorado por los sectores literarios mas 'cultos', no son pocos los fanáticos de los llamados subgéneros que lo reivindican (un montón de escritores entre ellos) como una de las influencias clave en la cultura popular de los últimos noventa años. Su estilo directo, intenso y fuertemente expresivo, marcó en gran medida el lenguaje de medios como el cine, la novela de acción, el policial y muy especialmente, el estilo eminentemente visual del
comic.

Si la importancia de un artista puede medirse en el impacto de su obra a lo largo del tiempo, especialmente dentro del gusto del público, entonces es claro que Emilio Salgari es un escritor importante. No es menos claro que ese criterio nunca fue relevante para él, cuyo interés casi exclusivo fue ganarse la vida escribiendo sobre cosas que conocía bien. Si esa fue su meta, a la postre también terminaría siendo su utopía ya que, pese a haber sido leído por millones de personas, nunca logró una vida cómoda para sí y para los suyos. Salgari fue, en sus propias palabras, un "galeote de la pluma".

Una de las primeras sorpresas que se presentan al acometer la tarea de escribir sobre Emilio Salgari es la ausencia casi total de información sobre su vida y obra en los ámbitos habituales para cualquier lector. Después de rastrear exhaustivamente la Web, las paginas que aparecen pertenecen a: 1) una escuela italiana que lleva el nombre del popular escritor, 2) una editorial que acaba de sacar a la venta una biografía (disponible sólo en Italia y por supuesto en italiano), 3) algunas entrevistas en donde escritores de distintos pelajes y colores recuerdan haberse iniciado en la lectura con una novela del italiano, y, finalmente, 4) una no muy confiable bibliografía de la obra de Salgari en donde se desglosan sus libros "auténticos" de los "falsos". El resto de las páginas que el buscador despliega no contiene sino menciones laterales al autor.

Recurriendo a la Biblioteca Nacional el problema es mas o menos el mismo. Salvo por la información contenida en un par de vetustas enciclopedias, en donde las fechas de nacimiento de Salgari no coinciden y en donde aparece un breve comentario que señala la escasa calidad de la obra literaria del veronés, el resultado es poco menos que cero.

Tomando en cuenta el impacto de los libros de Salgari en las varias generaciones transcurridas desde que los escribiera (en las se cuentan decenas de escritores que señalan alguna de sus novelas como una de sus primeras e influyentes lecturas), resulta como mínimo llamativo que no haya en el medio información de fácil acceso sobre su vida y obra. De trágico y cruel final, la vida de Salgari es aún hoy una contradicción y en buena medida un enigma que no ha sido objeto de análisis de sus muchos seguidores y críticos.
Mientras en Argentina los rasgos de Salgari resultan visibles en la obra de Germán Oesterheld, Guillermo Saccomano, una multitud de autores de comics y se llevan a cabo seminarios y concursos sobre su obra bajo la batuta de gente como Jorge Rivera y Juan Sasturain, en Uruguay resulta casi imposible hallar literatura crítica sobre la obra de uno de los autores mas leídos de todos los tiempos.

La permanencia

Usualmente calificado como literatura para niños y/o adolescentes, Emilio Salgari es el responsable de varios de los mejores relatos de aventuras jamás escritos. Con su estilo narrativo, que combinaba veloces argumentos con personajes honorables y audaces, fuertemente impregnados por las ideas positivistas de la época, dio vida a uno de los héroes más formidables de todos los tiempos, Sandokán, el Tigre de la Malasia. Contrariamente al destino que el propio Salgari presagiaba para su obra, sus libros no han sido olvidados.

"Nací el de 1863 en Verona, Italia" afirma Salgari en su autobiografía, dato que es desmentido por la Enciclopedia Espasa Calpe de 1926 que asegura que el escritor habría nacido un año antes, un error que se repite en varias de las breves biografías que sobre el autor pueden encontrarse en la Web.

Algo similar ocurre con la información que habitualmente aparece sobre su vida: mientras todas las reseñas de sus libros aseguran que el veronés nunca salió de Italia y que construyó su universo de aventuras en base a las lecturas de los viajes que se llevaron a cabo durante la segunda mitad del siglo XIX, el propio Salgari asegura en su autobiografía que entre los 18 y los 23 años no hizo otra cosa que viajar como capitán de distintos barcos por el Pacifico y que, de hecho, sus personajes más famosos están basados en personas reales que conoció durante esos años. Más todavía, en su versión de los hechos, el portugués Yáñez, compañero inseparable de Sandokán, no sería otro que el propio Emilio Salgari en su versión novelada.

Más allá de la posible controversia sobre las fuentes de sus libros (controversia que se extiende a los libros mismos ya que se supone que varios de los que llevan su firma no fueron escritos por él sino por imitadores) el hecho es que la riqueza expresiva de los textos de Salgari ha superado el paso del tiempo y todavía hoy continua impactando la retina de muchos lectores. ¿Por qué un escritor que no tuvo mas pretensión que, según sus propias palabras, trasladar al papel lo que le había ocurrido en la vida y, eventualmente, ganarse la vida con ello, logra trascender su propia época no precisamente por los elogios de la critica sino por haber permanecido en el gusto de los lectores?

De la misma forma que, algunos años mas tarde, lo haría Dashiell Hammett en la novela policial, Salgari construyó un universo propio, con personajes que llevaban con firmeza la acción, siempre siguiendo arquetipos morales (el bien, el mal, la codicia, la generosidad, el honor), paradigmas que, pese a la distancia que puede existir con un hoy mucho mas ambiguo, en absoluto han perdido su vigencia.

O quizá se deba a que, como señala el periodista español Eduardo Mendicutti a propósito de una reciente reedición de la novela Los cazadores de focas de la Bahia de Baffin, las historias del escritor veronés "las protagonizan piratas, cazadores, balleneros o cowboys que siempre son, según el papel que les corresponda, arrojados, valientes, feroces, fornidos, leales o implacables, pero que siempre tienen con la naturaleza una relación noble y generosa. De ahí que Salgari, hoy, no sea sólo un autor capaz de rejuvenecernos, sino capaz de rejuvenecer el mundo".
 

La vida real

Después de una infancia habitual para el hijo de una familia acomodada de la clase media veronesa, Salgari descubrió en su adolescencia el indomable deseo de vivir aventuras. Muy lejos del futuro que para el tenían planeado sus padres, el joven Emilio decidió estudiar para capitán de barco con el fin de así vivir aventuras en el mar.

Rápidamente cursados, los estudios marinos le abrieron las puertas a un empleo como segundo de bordo de un barco que hacía la ruta del Adriático. Bajo el mando del capitán Valak, borracho y pendenciero, Salgari viviría sus primeras experiencias a bordo, obviamente muy lejanas a las aventuras que su exultante carácter y su poblada imaginación demandaban. A nombre de la goleta Italia Una, el futuro escritor sería testigo de una trágica historia amorosa entre uno de los marineros y su prometida, por lo que, de alguna forma, ya en ese viaje inaugural Salgari encontraría los elementos que años después poblarán su obra: el honor y las lealtades en primer lugar, siempre por delante de los mezquinos intereses personales.

Después de un par de tormentas terribles y algunos peligros corridos como resultado de la desmedida ambición del capitán del barco, Salgari hace una pequeña escala en su hogar materno, sólo para continuar su viaje algunos meses después, enrolándose otra vez como segundo de a bordo en un velero de tres palos comandado por otro capitán difícil y violento. Después de severas discusiones con su jefe, Salgari es despedido en Bombay en donde un misterioso personaje, con quien se cruza en una taberna, le ofrece empleo. En el momento de abandonar ese lugar, Salgari se percata de que su empleador esta siendo seguido, por lo que, habiéndolo puesto sobre aviso, ambos la emprenden a golpes con sus perseguidores. Al decidir aceptar el empleo que le es ofrecido, Salgari da comienzo a la aventura mas grande de su vida.

Rumbo a Mompracem

"Cuando una potencia europea quiere apoderarse de un territorio dominado por un, así llamado, soberano bárbaro, comienza por declarar que es de urgente necesidad civilizar aquel territorio", comenta Salgari a la hora de justificar su unión a las fuerzas de un hombre que marcaría su vida y su obra literaria en forma radical. Porque Sandokán no es imaginario, al menos no enteramente, y muchas de las anécdotas que son narradas en las novelas de Salgari están basadas en sucesos reales. Al menos eso es lo que asegura el novelista en sus memorias, publicadas por la desaparecida editorial catalana Maucci.

Después de abandonar Bombay, Salgari se une a la flota de un rajá que ha sido desposeído de sus propiedades por Inglaterra. Los motivos por los cuales Salgari acepta convertirse en capitán de un barco que Occidente calificaría de pirata son varios: en primer término, la sed de aventuras y riesgos que movía al futuro novelista desde niño; en segundo, un frustrado amor por una jovencita inglesa que lo había llevado a odiar Inglaterra con toda su alma ,y en tercer lugar, la justeza de la causa que defendería. A pesar del aire "occidentalista" que impregna a sus héroes y heroínas, no es menos cierto que las potencias coloniales, especialmente Inglaterra, son mostradas en los libros de Salgari como ávidas y crueles aves de rapiña que saquean el lugar en donde se hayan posado.

Cuando Salgari entra en contacto con el rajá que en sus libros se llamará Sandokán queda de inmediato impresionado por el aura de convicción que ese hombre despide, por lo que sus dudas sobre su papel como capitán en la flota del "Tigre de Mompracem" quedan atrás y comienza una serie de viajes destinados a obtener metales destinados a la fabricación de armas que dispararán contra las tropas británicas.

En medio de esas aventuras, que son narradas por Salgari como una más de sus novelas, conoce a Eva, una valiente joven inglesa de quien queda enamorado al instante, siendo, esta vez sí, correspondido su afecto. Trágicamente, la joven muere víctima de una fiebre tropical y otro tanto ocurre con el joven marino portugués, Campoamor, que se les había unido poco tiempo antes. No es difícil ver quiénes serán ellos en la ficción: Campoamor es parte del Yañez de Salgari, que se completa con el propio escritor y sus correrías en Malasia; la joven Eva no será otra que la Mariana de quien Sandokán quedará para siempre enamorado.

Una brutal tormenta termina con el barco de Salgari y junto a su contramaestre, que en la ficción se llamará Tremal-Naik, y algunos "tigres" sobrevivientes, consiguen llegar a una isla, solo para ser diezmados por las tropas inglesas y holandesas. Salgari logra escapar a duras penas, casi muerto de hambre y debilitado por la fiebre, logrando llegar a la costa en donde es recogido por el barco María, comandado por el capitán Pierre. En ese barco es donde Salgari pasará sus siguientes dos años, en los que no le sucedió "ninguna aventura digna de mención".

Para ese entonces, las fiebres tropicales habían minado la salud del futuro novelista hasta el punto que su sed de aventuras casi había desaparecido. En el puerto de Marsella, Salgari se despide del capitán Pierre y regresa a Italia.

El escritor

Apenas llegado a su país natal, Salgari comienza a considerar la posibilidad de dedicarse a escribir. Sus motivos, tal como cuando se unió al rajá en sus actos de piratería, son varios.
En primer término, Salgari escribió "para dar desahogo al tumulto de impresiones que había coleccionado" durante su "vida peligrosa", como él mismo la llama. Poco a poco, esa "necesidad moral" da paso a la "necesidad material, "en la triste necesidad material de cambiar pan por páginas escritas" diría en sus memorias. En todo momento Salgari tuvo claro que sus correrías por el
Pacifico no serían vistas con buenos ojos en Verona, donde sin duda alguna serían consideradas simples actos de piratería y no una campaña por la liberación de Borneo de manos invasoras. Por eso la versión que el futuro escritor cuenta a sus familiares y amigos de los acontecimientos en los que se ha visto involucrado es necesariamente edulcorada. Es en la ficción en donde Salgari podrá plasmar y multiplicar sus experiencias de riesgo.
En segundo lugar, Salgari tenía una profunda antipatía por la llamada literatura juvenil de su época, a la que hallaba "insulsa" y "llena de sentimentalismo" que no hacia sino "debilitar cada vez más a la juventud italiana".

Para Salgari, los jóvenes italianos "tenían necesidad de libros que templasen en ellos el sentido viril, que los preparasen para una vida de atrevimiento, el sentimiento de la libertad personal, que les infundieran afición a los viajes, a los riesgos, a las hermosas aventuras". Es escribiendo esos libros en donde Salgari encontraría una "compensación espiritual a aquella implacable necesidad de una vida peligrosa" que todavía lo dominaba.

Guiado por este norte Salgari publica su primer libro, Los misterios de la jungla negra, a la vez que ingresa como periodista al diario veronés Arena. Una disputa de bar con otro periodista, este del Adige, diario rival del suyo, termina en un duelo con sable. Salgari saldrá victorioso, dejando una marca indeleble en el rostro de su contendiente, pero debiendo pasar 50 días en la prisión de Peschiera. Por Los misterios de la jungla negra, Salgari recibe la ínfima suma de 50 liras. "¡Comenzaba bien mis negocios editoriales!" apunta sarcástico el escritor en sus memorias.

Después de haber participado en un par de trifulcas de taberna que no duda en calificar de "aventuras", en 1891 el escritor conoce a quien será su compañera de amor y futuro infortunio: Aida Peruzzi, quien en ese entonces era una joven actriz de teatro. Después de casarse, el 30 de enero de 1892, la pareja se traslada a Turin, donde Salgari publica su segunda novela, El rey de la montaña.

La información sobre las fechas de publicación de los libros de Salgari no es menos confusa que la información sobre su vida: algunas versiones afirman que Los misterios de la Jungla negra se publico recién en 1896 y no antes, por lo que El rey de la montaña sería aún posterior a esta fecha. Sin embargo, el propio Salgari fija en 1892 la publicación de su segunda novela, sin aportar datos sobre la fecha de aparición de la primera, aunque probablemente haya sido publicada sobre fines de la década del ochenta.

Es en Génova donde Salgari obtendrá su primer contrato editorial, el primero de varios que no harían sino sumirlo en la ruina económica y espiritual. Como apunta al comienzo de sus memorias, "heme aquí hoy, después de tantas luchas, después de haber publicado un montón de volúmenes, después de hacer la fortuna de, lo menos, dos editores, heme aquí frente a las más serias necesidades de la vida": a pesar de haber sido tremendamente popular en vida, de haber sido leído por millones de jóvenes y adultos, de haber escrito mas de 80 novelas y 100 cuentos en poco menos de veinte años, Salgari nunca tuvo una vida que se pudiera llamar decorosa, mucho menos acorde con sus virtudes literarias y la abundancia de su producción.

El primer contrato editorial obligaba a Salgari a entregar tres novelas cada doce meses, durante varios años, trabajando en exclusiva para esa editorial, cobrando tres mil liras anuales y debiendo someter cada argumento a una revisión previa por parte del editor.

Salgari justifica su decisión, que lo obligó a escribir día y noche para ganar esa cifra predeterminada, por el apremio económico que significaba su creciente familia: "El pan, había que ganarse el pan. El editor me lanzó, es verdad, con deslumbradoras cubiertas, pero vendía ejemplar tras ejemplar y yo... yo me atareaba en emborronar cuartillas y cuartillas para ganar lo indispensable para no morir de hambre".

Según su hijo Nadir, en cambio, la explicación estaba tanto en el difícil carácter de Salgari, que no admitía ningún comentario o consejo sobre sus contratos editoriales, como en su profundo desprecio por el dinero y la perversa situación que lo obligaba a escribir sin cesar: "el, que había triunfado en las selvas y en el mar, debía sucumbir ante las prosaicas necesidades de la vida civilizada" apunta Nadir Salgari en la breve nota final que acompaña las memorias de su padre.

Es llamativo también el hecho de que el padre de Emilio Salgari haya sido un próspero comerciante que llevaba una "vida cómoda", contrastando con un hijo que tenía nula capacidad de comerciar con su propia obra, que despreciaba el dinero y que optó (y finalmente quedó confinado) a vivir una existencia muy lejana a los suaves ritmos burgueses.

Los últimos años

Entre 1890 y 1910, Salgari escribió unas 80 novelas y un centenar de cuentos. Diversas fuentes (no muy confiables páginas Web, es cierto) aseguran que varios libros firmados por Salgari en realidad fueron escritos por imitadores auspiciados por los propios editores que ansiaban sacar aún mas réditos del éxito literario del veronés.

Lo que sí es verdad es que el propio Salgari se imitaba a si mismo con el objeto de publicar bajo un
seudónimo y de esa forma eludir la trampa editorial en la que se encontraba y así aportar algunas liras extra a su hogar. Por cierto, estas maniobras también fueron alentadas por los editores de Salgari, quienes sabían que, aún escribiendo novelas de segunda clase, el escritor resultaba muy superior a su corte de imitadores.

A pesar de su exuberante personalidad y su inagotable cantera de ideas, la psiquis de Salgari comienza a fallar hasta el punto en que en 1910 intenta suicidarse con una cuchillada en el corazón. Ya desde 1908 sus memorias se reducen a angustiados comentarios aislados, a razón de uno por año, no más, y sus textos e ideas inconclusas comienzan a acumularse en su pequeño estudio de Madonna del Pilone, poblado cercano a Turín.

En diciembre de 1910, su amada Aida pierde la razón. Salgari escribe entonces: "he perdido cuanto más tenía de querido, ¡mi Aida! Aquella que todo lo compartió conmigo, aquella que sufrió con mis pesares, mi inspiradora, mi amiga, mi alma... Me siento perder, mi vida declina, ha llegado el fin, ha llegado el fin".

El 25 de abril de 1911, el día siguiente a la ultima anotación en sus memorias, Emilio Salgari sube a las alturas del Val de San Martino y se suicida de una cuchillada en el vientre. Su cuerpo, desgarrado y cubierto de sangre, fue encontrado la tarde de ese mismo día, con el rostro vuelto hacia el cielo.

Emilio Salgari, autor de ciencia ficción - Armando Boix

En 1907 las librerías italianas ofrecían un nuevo libro, LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA (LAS MARAVILLAS DEL AÑO 2000, en la edición española de 1910), novela de ciencia ficción firmada por un autor prolífico: Emilio Salgari. Por aquel entonces el narrador de Verona ya tenía escritas sus más recordadas novelas, verdaderos clásicos como IL RE DELLA PRATERIA (1896), IL CORSARO NERO (1898), LI TIGRI DI MOMPRACEM (1900), LA MONTAGNA DI LUCE (1902) o CAPITAN TEMPESTA (1905). Aunque en ellas había tratado multitud de temas, de la piratería a la aventura colonial, del Far-West a la intriga de capa y espada, nunca se ocupó con anterioridad en una historia de anticipación, pese a haber sido un lector devoto de Jules Verne durante su infancia. ¿Por qué ahora sí? ¿Por qué ese acercamiento a nuevos temas ajenos, en apariencia, a su producción principal? Pudo tratarse de una imposición editorial que le obligara a emplearse en un tema de moda (como veremos) por aquel entonces. Quizá fue pura necesidad de tomar argumentos de cualquier lugar en su lucha constante por producir más y más páginas cada día.

En veinticinco años de carrera literaria su nombre se había popularizado en toda Europa, era leído incluso por la realeza y se le había honrado con el título de caballero. Con tal fama y las enormes tiradas alcanzadas por cada una de sus obras, podríamos imaginar a Salgari como un hombre rico. No era así. Mantenía a duras penas y con largas e intensas jornadas de trabajo a su mujer y sus cuatro hijos, sujeto a sus editores no por un porcentaje sobre ejemplares vendidos, según hoy se acostumbra, sino por un jornal escaso. Su contrato con Donath, su primer editor, le obligaba a entregar tres novelas anuales por un estipendio de 4000 liras, que apenas llegaba para sufragar sus gastos domésticos. Buscando un respiró en su apretada (e injusta) situación económica, en 1906 se había decidido a romper con Donath para acogerse a una más sustanciosa oferta del editor florentino Bemporad, que se comprometía a doblar sus honorarios. La jugada resultó desafortunada, pues Donath denunció por incumplimiento de contrato a Salgari. Condenado a indemnizarle con 6000 liras, nuestro pobre escritor aún salió perdiendo.

La única solución para su cada vez más apurada situación era forzar su maquinaria creativa, produciendo novelas a mayor velocidad, sin concederse ni tiempo para revisar lo escrito. En estas circunstancias publica LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA, junto a otra treintena de novelas que escribirá de 1906 hasta su muerte; obras de bastante menor originalidad que las precedentes, y en su mayoría prolongaciones de los ciclos novelescos de sus héroes más famosos, como Sandokán. En 1909 se produce el primer intento de suicidio, que conseguirá consumar en 1911. La carta que dejó para sus editores es bastante explícita:

    A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o más aún, sólo os pido que, en compensación por las ganancias que os he proporcionado, paguéis los gastos de mi entierro. Os saludo rompiendo la pluma

Pero volvamos a LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA y a su recorrido por el futuro.

De todos los temas clásicos de la ciencia ficción el viaje en el tiempo es el de más moderna incorporación. Historias sobre viajes a la Luna o seres de otros planetas podemos encontrarlas incluso en la literatura de la Antigüedad; una persona logrando trasladarse más allá de la época que le ha tocado vivir no aparece, sin embargo, hasta el siglo XIX. La posibilidad de imaginar tal viaje sólo es concebible en sociedades urbanas y tras la revolución industrial. Con anterioridad, en un mundo básicamente rural e inmovilista, la idea de cambio no era entendida. Uno vivía como lo habían hecho sus padres y, con muy pocas diferencias, como lo hicieron sus abuelos. Por mucho que las personas ilustradas conocieran la existencia en el pasado de otros pueblos y de todo tipo de acontecimientos, persistía la sensación general de que, en su desarrollo cotidiano, el mundo estaba construido de una determinada forma, siempre había sido igual y siempre lo sería. Así, por ejemplo, no es difícil contemplar cuadros representando la pasión de Cristo con infantes romanos empuñando alabardas como un soldado de los tercios de Flandes, o ese otro tan célebre, LA VOCACIÓN DE SAN MATEO, de Caravaggio, en el que el futuro apóstol y sus compañeros de tiempos de los césares visten como gentilhombres del XVI. Y ese concepto de que nada a cambiado llegaba, incluso, a producir efectos retroactivos, como la adjudicación a Arquímedes de la invención del cañón, por Valturio, que no podía entender que el hombre de su época poseyera alguna cosa que los idolatrados romanos no conocieran ya.

Pero en el siglo pasado los cambios sociales y tecnológicos adquirieron una velocidad perceptible por cualquiera en el lapso de una vida. Como canta Don Hilarión en LA VERBENA DE LA PALOMA: Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad. La máquina revoluciona la industria, la mano de obra se desplaza de los campos a las ciudades y todo un carrusel de invenciones van modificando la vida cotidiana: el ferrocarril, la fotografía, el telégrafo..., hasta la máquina de coser. Ante este panorama es fácil entretener la imaginación preguntándose qué nos deparará el futuro, y en la prensa de aquel entonces, como diversión para los lectores, abundan todo tipo de ilustraciones predictivas sobre la vida en el mítico 2000, extrapolaciones de los avances conocidos, como gramófonos conectados vía telefónica con la ópera o el periódico, o utilitarios voladores conducidos por jóvenes damas en miriñaque. Si los primeros intentos literarios de tratar tal tipo de viajes se ciñen a un futuro únicamente personal (el más antiguo que conozco lo describió a principios del siglo XIV el infante don Juan Manuel en DE LO QUE ACONTECIÓ A UN DEÁN DE SANTIAGO CON DON ILLÁN, EL GRAN MAESTRE DE TOLEDO, sobre la ascensión de un clérigo hasta el papado, para acabar descubriendo que todo ha sido un sueño inducido por un hechicero), en el XIX esa inquietud por conocer lo que los tiempos nos deparan se traslada a un nivel más global, a ver dónde pueden conducirnos los grandes movimientos sociales iniciados en la época.

Sin embargo, a la hora de mirar al futuro, surge un problema no de menor importancia: ¿Cómo hacer creíble un viaje en el tiempo? Si en el cuento de don Juan Manuel se echaba mano a la magia, el pensamiento racionalista ha de buscar otros sistemas más convincentes.

Todos experimentados un pequeño viaje en el tiempo cada día, al acostarnos por la noche y descubrir inmediatamente, con los ojos legañosos, que han transcurrido siete u ocho horas sin ser conscientes. Suspender la vida y alcanzar los días venideros mediante un sueño prolongado es, pues, el recurso más inmediato, que ya Washington Irving explotó en RIP VAN WINKLE.

El bibliógrafo E. F. Bleiner en su libro SCIENCE FICTION: THE EARLY YEARS, contabiliza más de cuarenta obras anteriores a 1930 con el tema del durmiente que despierta en el futuro. Listar siquiera una selección sería demasiado prolijo y no es éste el lugar adecuado; señalaré sólo las más famosas e influyentes en el desarrollo posterior del género: LOOKING BACKWARD, 2000-1887 (1888), de Edward Bellamy, NEWS FROM NOWHERE (1890), de William Morris, y WHEN THE SLEEPER WAKES (1899), de H. G. Wells. Todas ellas están escritas por socialistas convencidos que usan de la novela como vehículo para expresar su ideología, y las dos primeras presentan un mundo utópico en el que las diferencias de clases han sido abolidas y el mundo ha entrado en una era de paz y prosperidad; Wells, en cambio, aún compartiendo el mismo pensamiento político de sus predecesores, tenía una visión mucho más pesimista de la condición humana y contradice a Bellamy, en quien se había inspirado directamente, creando una de las primeras distopías de la literatura de anticipación.

Ante estos precedentes la novela de Salgari, de 1907, debe considerarse fruto retardado de esa moda productora de tantas páginas en las prostimerías del siglo anterior. Y aunque el mismo Wells había imaginado una alternativa más acorde con el pensamiento científico en THE TIME MACHINE (1895), con el uso de la tecnología para movernos por el tiempo del mismo modo que nos desplazamos por una dimensión espacial, no es el último en utilizar el recurso del durmiente, que aún gozaría de una larga vida: ARMAGEDDON 2419 AD (1928), de Philip F. Nowlan, y THE MAN WHO AWOKE (1933), de Laurence Manning, son dos de los ejemplos mejor conocidos por el lector español.

En LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA Salgari combina la fórmula casi mágica del largo sueño con un método pretendidamente científico: el doctor Toby descubre en una misteriosa flor egipcia una sustancia que, combinada con la congelación, permite suspender la vida de cualquier ser para poder despertarlo en días venideros. Sus primeros experimentos los realiza con conejos; pero una vez comprobada su eficacia se decide a efectuar una prueba de mayor riesgo y usa el suero en sí mismo y en su joven amigo James Brandok, un millonario americano aburrido que no duda en poner en peligro su vida a cambio de un poco de emoción en su indolente existencia. No haría falta decir que salen triunfantes de su hibernación cuando, en el 2003, un descendiente del científico se decide a seguir las instrucciones de reanimación que éste había dejado; aunque sólo sea por cobrar la fortuna legada para tal fin. A partir de este momento los dos durmientes vagarán por el mundo con el descendiente del doctor como cicerone...

Pero no teman que les desarme el argumento, si tienen alguna intención de leer la novela, porque, aunque quisiera, poco podría contarles. La obra carece casi de trama y se limita a narrarnos, mayoritariamente en forma de diálogo entre los personajes, las presuntas maravillas que Salgari imagina para el próximo siglo. Se convierte así, más que en una narración, en una exposición de ilustraciones realizadas a la manera de Robida, buscando sólo el asombro ante el portento tecnológico y la supuesta sociedad del bienestar que el burgués victoriano imaginaba y más alejada está cada vez de nuestras manos. Ahí se encuentra precisamente la clave de que resulte una obra fallida. Tan limitados objetivos la vuelven perecedera y hoy sólo nos acercamos a ella con curiosidad y, a ratos, con una sonrisa condescendiente, al no lograr suspender en ningún momento la incredulidad del lector. Tal vez a nuestros abuelos les emocionara; pero a estas alturas del siglo a nadie llamará la atención un aparato que proyecta las imágenes de las noticias en tu propia casa o vehículos que se mueven a 150 kilómetros por hora.

Si Salgari la hubiera hecho suya, en lugar de imitar las utopías de sus predecesores, si hubiera aplicado en ella toda su sabiduría como creador de aventuras podríamos estar hablando de una novela puntal, completamente novedosa para la ciencia ficción su época, más preocupada en glorificar el avance humano y levantar escenarios en los que poder desarrollar teorías políticas que en narrar historias emocionantes, como tan bien sabía hacer Salgari. En cambio en LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA las escenas de acción no aparecen hasta el último cuarto del libro, al arribar los protagonistas a una ciudad submarina convertida en presidio y con su posterior naufragio en unas peligrosas islas Canarias (a los residentes en la zona les advertimos sobre el vaticinio de Salgari de una erupción en el Teide que aniquilará a toda su población, con lo cual las naciones decidirán convertir el archipiélago en un parque natural donde recluir las últimas fieras vivas en el mundo).

Con todo, la lectura de esta novela se revela bastante más entretenida que la mayoría de historias de anticipación contemporáneas, quizá gracias a su propia falta de pretensiones. LOOKING BACKWARD, 2000-1887, de Bellamy, por ejemplo, resulta bastante fastidiosa por su contenido demasiado abiertamente panfletario; mientras que LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA es mucho más neutra, en cuanto a mensaje político. No obstante, abundantes pasajes de la historia delatan en Salgari un pensamiento conservador, casi reaccionario, que justificaría la posterior reivindicación que de este autor intentó la Italia fascista. Y lo más estremecedor es comprender su intención de retratar una sociedad perfecta, cuando, para muchos, el mundo que imagina tendría bastante de infernal. Una sociedad que, por muchos juguetes mecánicos puestos a su disposición, continua siendo igual de injusta, en la que el pensamiento es monocolor y cualquier disidente es condenado a un campo de concentración o abiertamente aniquilado.

Ya a las pocas páginas de su inicio se menciona una rebelión anarquista en Cádiz, atajada con rapidez por los bomberos (único cuerpo de seguridad, como en la novela de Bradbury), que les exterminarán sin compasión, pues, como afirma uno de los personajes con absoluto desparpajo, somos demasiados en el mundo. Más tarde explicará:

    Unos chorros de agua electrizada a altísima corriente y se acabó todo. ¡Demonios!... el mundo tiene derecho a vivir sin que se le perturbe. A quien rechista, se le envía al reino de las tinieblas; os aseguro que nadie se queja.

Las ideas liberales no tienen lugar y mucho menos el socialismo (para horror de Bellamy y Morris, si hubieran conocido la novela del italiano), brindándonos Salgari una predicción sobre su destino bastante reconocible en los acontecimientos de la última década:

    Desapareció tras una serie de experimentos que no contentaron a nadie y disgustaron a todos. Era aquella una hermosa utopía que en la práctica no podía dar resultado alguno, resolviéndose, al cabo, en una especie de esclavitud. Así, hemos vuelto a lo viejo, y hoy hay pobres y ricos, dependientes y patronos, como miles de años antes, como ocurrió desde que el mundo comenzó a poblarse.

La falta de oposición no se revela únicamente a nivel ideológico, sino incluso a nivel racial, pues en el mundo futuro de Emilio Salgari la raza blanca detenta todo el poder. Los esquimales casi han desaparecido, agotado sus sustento por la caza abusiva de los animales de la región, y los pocos negros que aparecen desempeñan tareas serviles. Aunque las potencias europeas desmantelaran China como imperio, sólo los asiáticos tienen posibilidad de imponerse, por simple presión demográfica, hecho que los protagonistas mencionan con preocupación.

Insisto que, aunque a nosotros no nos lo parezca, pretende vendernos una utopía, así alguna cosa ha de resultar positiva y una de ellas es la finalización de las guerras. Salgari ya apuntaba la idea de que la proliferación de armas de devastación masiva sería tan aterradora que las guerras se extinguirían al no atreverse nadie a provocarlas. Defendida por otros en nuestro siglo, ha demostrado ser completamente errónea; pero en la ficción del italiano funciona, con lo cual, eliminados los ejércitos, se aligera a la sociedad de una carga onerosa, y ningún recurso es baladí cuando la superpoblación es el mayor problema. Cada rincón del planeta será explotado intensivamente, reconvirtiendo extensiones que antes sólo servían para pastos en tierras cultivables. La conclusión de Salgari es evidente: en el 2000 todos serán vegetarianos.

De toda la obra lo más insatisfactorio es el final. Se nota que su autor no sabía muy bien cómo acabarla, consecuencia evidente del débil hilo argumental que articula toda la historia. Catálogo de prodigios, la muestra puede visitarse en cualquier dirección y acaba cuando dejas la última sala. Resulta triste que Emilio Salgari, adalid del desenlace dramático (vean sino al Corsario Negro abandonando en alta mar a su amada Honorata), no fuera capaz trazar conclusión más atractiva. De este modo no hace sino confirmar la mediocridad de una novela de por sí intrascendente, cuyo interés debe ceñirse a un plano arqueológico como pieza poco conocida de la más primitiva ciencia ficción europea.

 


 

 

 

 
 

 
 

 

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