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| Biografías Emilio Salgari |
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. Biography
(English) Salgari sentía una profunda antipatía por la llamada literatura juvenil de su época, a la que hallaba "insulsa" y "llena de sentimentalismo" que no hacia sino "debilitar cada vez más a la juventud italiana" El 25 de abril se cumplieron 88 años de la muerte de Emilio Salgari, uno de los autores más leídos de todos los tiempos. Generalmente ignorado por los sectores literarios mas 'cultos', no son pocos los fanáticos de los llamados subgéneros que lo reivindican (un montón de escritores entre ellos) como una de las influencias clave en la cultura popular de los últimos noventa años. Su estilo directo, intenso y fuertemente expresivo, marcó en gran medida el lenguaje de medios como el cine, la novela de acción, el policial y muy especialmente, el estilo eminentemente visual del comic.
Si la importancia de un artista
puede medirse en el impacto de su obra a lo largo del tiempo,
especialmente dentro del gusto del público, entonces es claro que
Emilio Salgari es un escritor importante. No es menos claro que ese
criterio nunca fue relevante para él, cuyo interés casi exclusivo
fue ganarse la vida escribiendo sobre cosas que conocía bien. Si esa
fue su meta, a la postre también terminaría siendo su utopía ya que,
pese a haber sido leído por millones de personas, nunca logró una
vida cómoda para sí y para los suyos. Salgari fue, en sus propias
palabras, un "galeote de la pluma". Una de las primeras sorpresas que se
presentan al acometer la tarea de escribir sobre Emilio Salgari es
la ausencia casi total de información sobre su vida y obra en los
ámbitos habituales para cualquier lector. Después de rastrear
exhaustivamente la Web, las paginas que aparecen pertenecen a: 1)
una escuela italiana que lleva el nombre del popular escritor, 2)
una editorial que acaba de sacar a la venta una biografía
(disponible sólo en Italia y por supuesto en italiano), 3) algunas
entrevistas en donde escritores de distintos pelajes y colores
recuerdan haberse iniciado en la lectura con una novela del
italiano, y, finalmente, 4) una no muy confiable bibliografía de la
obra de Salgari en donde se desglosan sus libros "auténticos" de los
"falsos". El resto de las páginas que el buscador despliega no
contiene sino menciones laterales al autor. Tomando en cuenta el impacto de los libros
de Salgari en las varias generaciones transcurridas desde que los
escribiera (en las se cuentan decenas de escritores que señalan
alguna de sus novelas como una de sus primeras e influyentes
lecturas), resulta como mínimo llamativo que no haya en el medio
información de fácil acceso sobre su vida y obra. De trágico y cruel
final, la vida de Salgari es aún hoy una contradicción y en buena
medida un enigma que no ha sido objeto de análisis de sus muchos
seguidores y críticos. La permanencia
Usualmente calificado como literatura para
niños y/o adolescentes, Emilio Salgari es el responsable de varios
de los mejores relatos de aventuras jamás escritos. Con su estilo
narrativo, que combinaba veloces argumentos con personajes
honorables y audaces, fuertemente impregnados por las ideas
positivistas de la época, dio vida a uno de los héroes más
formidables de todos los tiempos, Sandokán, el Tigre de la Malasia.
Contrariamente al destino que el propio Salgari presagiaba para su
obra, sus libros no han sido olvidados. |
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La vida real Después de una infancia habitual para
el hijo de una familia acomodada de la clase media veronesa,
Salgari descubrió en su adolescencia el indomable deseo de vivir
aventuras. Muy lejos del futuro que para el tenían planeado sus
padres, el joven Emilio decidió estudiar para capitán de barco
con el fin de así vivir aventuras en el mar. Rumbo a Mompracem "Cuando una potencia europea quiere
apoderarse de un territorio dominado por un, así llamado,
soberano bárbaro, comienza por declarar que es de urgente
necesidad civilizar aquel territorio", comenta Salgari a la hora
de justificar su unión a las fuerzas de un hombre que marcaría
su vida y su obra literaria en forma radical. Porque Sandokán no
es imaginario, al menos no enteramente, y muchas de las
anécdotas que son narradas en las novelas de Salgari están
basadas en sucesos reales. Al menos eso es lo que asegura el
novelista en sus memorias, publicadas por la desaparecida
editorial catalana Maucci. El escritor Apenas llegado a su país natal, Salgari
comienza a considerar la posibilidad de dedicarse a escribir.
Sus motivos, tal como cuando se unió al rajá en sus actos de
piratería, son varios. Para Salgari, los jóvenes italianos
"tenían necesidad de libros que templasen en ellos el sentido
viril, que los preparasen para una vida de atrevimiento, el
sentimiento de la libertad personal, que les infundieran afición
a los viajes, a los riesgos, a las hermosas aventuras". Es
escribiendo esos libros en donde Salgari encontraría una
"compensación espiritual a aquella implacable necesidad de una
vida peligrosa" que todavía lo dominaba. Los últimos años Entre 1890 y 1910, Salgari escribió
unas 80 novelas y un centenar de cuentos. Diversas fuentes (no
muy confiables páginas Web, es cierto) aseguran que varios
libros firmados por Salgari en realidad fueron escritos por
imitadores auspiciados por los propios editores que ansiaban
sacar aún mas réditos del éxito literario del veronés. En 1907 las librerías italianas ofrecían un nuevo libro, LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA (LAS MARAVILLAS DEL AÑO 2000, en la edición española de 1910), novela de ciencia ficción firmada por un autor prolífico: Emilio Salgari. Por aquel entonces el narrador de Verona ya tenía escritas sus más recordadas novelas, verdaderos clásicos como IL RE DELLA PRATERIA (1896), IL CORSARO NERO (1898), LI TIGRI DI MOMPRACEM (1900), LA MONTAGNA DI LUCE (1902) o CAPITAN TEMPESTA (1905). Aunque en ellas había tratado multitud de temas, de la piratería a la aventura colonial, del Far-West a la intriga de capa y espada, nunca se ocupó con anterioridad en una historia de anticipación, pese a haber sido un lector devoto de Jules Verne durante su infancia. ¿Por qué ahora sí? ¿Por qué ese acercamiento a nuevos temas ajenos, en apariencia, a su producción principal? Pudo tratarse de una imposición editorial que le obligara a emplearse en un tema de moda (como veremos) por aquel entonces. Quizá fue pura necesidad de tomar argumentos de cualquier lugar en su lucha constante por producir más y más páginas cada día. En veinticinco años de carrera literaria su nombre se había popularizado en toda Europa, era leído incluso por la realeza y se le había honrado con el título de caballero. Con tal fama y las enormes tiradas alcanzadas por cada una de sus obras, podríamos imaginar a Salgari como un hombre rico. No era así. Mantenía a duras penas y con largas e intensas jornadas de trabajo a su mujer y sus cuatro hijos, sujeto a sus editores no por un porcentaje sobre ejemplares vendidos, según hoy se acostumbra, sino por un jornal escaso. Su contrato con Donath, su primer editor, le obligaba a entregar tres novelas anuales por un estipendio de 4000 liras, que apenas llegaba para sufragar sus gastos domésticos. Buscando un respiró en su apretada (e injusta) situación económica, en 1906 se había decidido a romper con Donath para acogerse a una más sustanciosa oferta del editor florentino Bemporad, que se comprometía a doblar sus honorarios. La jugada resultó desafortunada, pues Donath denunció por incumplimiento de contrato a Salgari. Condenado a indemnizarle con 6000 liras, nuestro pobre escritor aún salió perdiendo. La única solución para su cada vez más apurada situación era forzar su maquinaria creativa, produciendo novelas a mayor velocidad, sin concederse ni tiempo para revisar lo escrito. En estas circunstancias publica LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA, junto a otra treintena de novelas que escribirá de 1906 hasta su muerte; obras de bastante menor originalidad que las precedentes, y en su mayoría prolongaciones de los ciclos novelescos de sus héroes más famosos, como Sandokán. En 1909 se produce el primer intento de suicidio, que conseguirá consumar en 1911. La carta que dejó para sus editores es bastante explícita:
Pero volvamos a LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA y a su recorrido por el futuro. De todos los temas clásicos de la ciencia ficción el viaje en el tiempo es el de más moderna incorporación. Historias sobre viajes a la Luna o seres de otros planetas podemos encontrarlas incluso en la literatura de la Antigüedad; una persona logrando trasladarse más allá de la época que le ha tocado vivir no aparece, sin embargo, hasta el siglo XIX. La posibilidad de imaginar tal viaje sólo es concebible en sociedades urbanas y tras la revolución industrial. Con anterioridad, en un mundo básicamente rural e inmovilista, la idea de cambio no era entendida. Uno vivía como lo habían hecho sus padres y, con muy pocas diferencias, como lo hicieron sus abuelos. Por mucho que las personas ilustradas conocieran la existencia en el pasado de otros pueblos y de todo tipo de acontecimientos, persistía la sensación general de que, en su desarrollo cotidiano, el mundo estaba construido de una determinada forma, siempre había sido igual y siempre lo sería. Así, por ejemplo, no es difícil contemplar cuadros representando la pasión de Cristo con infantes romanos empuñando alabardas como un soldado de los tercios de Flandes, o ese otro tan célebre, LA VOCACIÓN DE SAN MATEO, de Caravaggio, en el que el futuro apóstol y sus compañeros de tiempos de los césares visten como gentilhombres del XVI. Y ese concepto de que nada a cambiado llegaba, incluso, a producir efectos retroactivos, como la adjudicación a Arquímedes de la invención del cañón, por Valturio, que no podía entender que el hombre de su época poseyera alguna cosa que los idolatrados romanos no conocieran ya. Pero en el siglo pasado los cambios sociales y tecnológicos adquirieron una velocidad perceptible por cualquiera en el lapso de una vida. Como canta Don Hilarión en LA VERBENA DE LA PALOMA: Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad. La máquina revoluciona la industria, la mano de obra se desplaza de los campos a las ciudades y todo un carrusel de invenciones van modificando la vida cotidiana: el ferrocarril, la fotografía, el telégrafo..., hasta la máquina de coser. Ante este panorama es fácil entretener la imaginación preguntándose qué nos deparará el futuro, y en la prensa de aquel entonces, como diversión para los lectores, abundan todo tipo de ilustraciones predictivas sobre la vida en el mítico 2000, extrapolaciones de los avances conocidos, como gramófonos conectados vía telefónica con la ópera o el periódico, o utilitarios voladores conducidos por jóvenes damas en miriñaque. Si los primeros intentos literarios de tratar tal tipo de viajes se ciñen a un futuro únicamente personal (el más antiguo que conozco lo describió a principios del siglo XIV el infante don Juan Manuel en DE LO QUE ACONTECIÓ A UN DEÁN DE SANTIAGO CON DON ILLÁN, EL GRAN MAESTRE DE TOLEDO, sobre la ascensión de un clérigo hasta el papado, para acabar descubriendo que todo ha sido un sueño inducido por un hechicero), en el XIX esa inquietud por conocer lo que los tiempos nos deparan se traslada a un nivel más global, a ver dónde pueden conducirnos los grandes movimientos sociales iniciados en la época. Sin embargo, a la hora de mirar al futuro, surge un problema no de menor importancia: ¿Cómo hacer creíble un viaje en el tiempo? Si en el cuento de don Juan Manuel se echaba mano a la magia, el pensamiento racionalista ha de buscar otros sistemas más convincentes. Todos experimentados un pequeño viaje en el tiempo cada día, al acostarnos por la noche y descubrir inmediatamente, con los ojos legañosos, que han transcurrido siete u ocho horas sin ser conscientes. Suspender la vida y alcanzar los días venideros mediante un sueño prolongado es, pues, el recurso más inmediato, que ya Washington Irving explotó en RIP VAN WINKLE. El bibliógrafo E. F. Bleiner en su libro SCIENCE FICTION: THE EARLY YEARS, contabiliza más de cuarenta obras anteriores a 1930 con el tema del durmiente que despierta en el futuro. Listar siquiera una selección sería demasiado prolijo y no es éste el lugar adecuado; señalaré sólo las más famosas e influyentes en el desarrollo posterior del género: LOOKING BACKWARD, 2000-1887 (1888), de Edward Bellamy, NEWS FROM NOWHERE (1890), de William Morris, y WHEN THE SLEEPER WAKES (1899), de H. G. Wells. Todas ellas están escritas por socialistas convencidos que usan de la novela como vehículo para expresar su ideología, y las dos primeras presentan un mundo utópico en el que las diferencias de clases han sido abolidas y el mundo ha entrado en una era de paz y prosperidad; Wells, en cambio, aún compartiendo el mismo pensamiento político de sus predecesores, tenía una visión mucho más pesimista de la condición humana y contradice a Bellamy, en quien se había inspirado directamente, creando una de las primeras distopías de la literatura de anticipación. Ante estos precedentes la novela de Salgari, de 1907, debe considerarse fruto retardado de esa moda productora de tantas páginas en las prostimerías del siglo anterior. Y aunque el mismo Wells había imaginado una alternativa más acorde con el pensamiento científico en THE TIME MACHINE (1895), con el uso de la tecnología para movernos por el tiempo del mismo modo que nos desplazamos por una dimensión espacial, no es el último en utilizar el recurso del durmiente, que aún gozaría de una larga vida: ARMAGEDDON 2419 AD (1928), de Philip F. Nowlan, y THE MAN WHO AWOKE (1933), de Laurence Manning, son dos de los ejemplos mejor conocidos por el lector español. En LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA Salgari combina la fórmula casi mágica del largo sueño con un método pretendidamente científico: el doctor Toby descubre en una misteriosa flor egipcia una sustancia que, combinada con la congelación, permite suspender la vida de cualquier ser para poder despertarlo en días venideros. Sus primeros experimentos los realiza con conejos; pero una vez comprobada su eficacia se decide a efectuar una prueba de mayor riesgo y usa el suero en sí mismo y en su joven amigo James Brandok, un millonario americano aburrido que no duda en poner en peligro su vida a cambio de un poco de emoción en su indolente existencia. No haría falta decir que salen triunfantes de su hibernación cuando, en el 2003, un descendiente del científico se decide a seguir las instrucciones de reanimación que éste había dejado; aunque sólo sea por cobrar la fortuna legada para tal fin. A partir de este momento los dos durmientes vagarán por el mundo con el descendiente del doctor como cicerone... Pero no teman que les desarme el argumento, si tienen alguna intención de leer la novela, porque, aunque quisiera, poco podría contarles. La obra carece casi de trama y se limita a narrarnos, mayoritariamente en forma de diálogo entre los personajes, las presuntas maravillas que Salgari imagina para el próximo siglo. Se convierte así, más que en una narración, en una exposición de ilustraciones realizadas a la manera de Robida, buscando sólo el asombro ante el portento tecnológico y la supuesta sociedad del bienestar que el burgués victoriano imaginaba y más alejada está cada vez de nuestras manos. Ahí se encuentra precisamente la clave de que resulte una obra fallida. Tan limitados objetivos la vuelven perecedera y hoy sólo nos acercamos a ella con curiosidad y, a ratos, con una sonrisa condescendiente, al no lograr suspender en ningún momento la incredulidad del lector. Tal vez a nuestros abuelos les emocionara; pero a estas alturas del siglo a nadie llamará la atención un aparato que proyecta las imágenes de las noticias en tu propia casa o vehículos que se mueven a 150 kilómetros por hora. Si Salgari la hubiera hecho suya, en lugar de imitar las utopías de sus predecesores, si hubiera aplicado en ella toda su sabiduría como creador de aventuras podríamos estar hablando de una novela puntal, completamente novedosa para la ciencia ficción su época, más preocupada en glorificar el avance humano y levantar escenarios en los que poder desarrollar teorías políticas que en narrar historias emocionantes, como tan bien sabía hacer Salgari. En cambio en LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA las escenas de acción no aparecen hasta el último cuarto del libro, al arribar los protagonistas a una ciudad submarina convertida en presidio y con su posterior naufragio en unas peligrosas islas Canarias (a los residentes en la zona les advertimos sobre el vaticinio de Salgari de una erupción en el Teide que aniquilará a toda su población, con lo cual las naciones decidirán convertir el archipiélago en un parque natural donde recluir las últimas fieras vivas en el mundo). Con todo, la lectura de esta novela se revela bastante más entretenida que la mayoría de historias de anticipación contemporáneas, quizá gracias a su propia falta de pretensiones. LOOKING BACKWARD, 2000-1887, de Bellamy, por ejemplo, resulta bastante fastidiosa por su contenido demasiado abiertamente panfletario; mientras que LE MERAVIGLIE DEL DUEMILA es mucho más neutra, en cuanto a mensaje político. No obstante, abundantes pasajes de la historia delatan en Salgari un pensamiento conservador, casi reaccionario, que justificaría la posterior reivindicación que de este autor intentó la Italia fascista. Y lo más estremecedor es comprender su intención de retratar una sociedad perfecta, cuando, para muchos, el mundo que imagina tendría bastante de infernal. Una sociedad que, por muchos juguetes mecánicos puestos a su disposición, continua siendo igual de injusta, en la que el pensamiento es monocolor y cualquier disidente es condenado a un campo de concentración o abiertamente aniquilado. Ya a las pocas páginas de su inicio se menciona una rebelión anarquista en Cádiz, atajada con rapidez por los bomberos (único cuerpo de seguridad, como en la novela de Bradbury), que les exterminarán sin compasión, pues, como afirma uno de los personajes con absoluto desparpajo, somos demasiados en el mundo. Más tarde explicará:
Las ideas liberales no tienen lugar y mucho menos el socialismo (para horror de Bellamy y Morris, si hubieran conocido la novela del italiano), brindándonos Salgari una predicción sobre su destino bastante reconocible en los acontecimientos de la última década:
La falta de oposición no se revela únicamente a nivel ideológico, sino incluso a nivel racial, pues en el mundo futuro de Emilio Salgari la raza blanca detenta todo el poder. Los esquimales casi han desaparecido, agotado sus sustento por la caza abusiva de los animales de la región, y los pocos negros que aparecen desempeñan tareas serviles. Aunque las potencias europeas desmantelaran China como imperio, sólo los asiáticos tienen posibilidad de imponerse, por simple presión demográfica, hecho que los protagonistas mencionan con preocupación. Insisto que, aunque a nosotros no nos lo parezca, pretende vendernos una utopía, así alguna cosa ha de resultar positiva y una de ellas es la finalización de las guerras. Salgari ya apuntaba la idea de que la proliferación de armas de devastación masiva sería tan aterradora que las guerras se extinguirían al no atreverse nadie a provocarlas. Defendida por otros en nuestro siglo, ha demostrado ser completamente errónea; pero en la ficción del italiano funciona, con lo cual, eliminados los ejércitos, se aligera a la sociedad de una carga onerosa, y ningún recurso es baladí cuando la superpoblación es el mayor problema. Cada rincón del planeta será explotado intensivamente, reconvirtiendo extensiones que antes sólo servían para pastos en tierras cultivables. La conclusión de Salgari es evidente: en el 2000 todos serán vegetarianos. De toda la obra lo más insatisfactorio es el
final. Se nota que su autor no sabía muy bien cómo acabarla,
consecuencia evidente del débil hilo argumental que articula
toda la historia. Catálogo de prodigios, la muestra puede
visitarse en cualquier dirección y acaba cuando dejas la última
sala. Resulta triste que Emilio Salgari, adalid del
desenlace dramático (vean sino al Corsario Negro
abandonando en alta mar a su amada Honorata), no fuera
capaz trazar conclusión más atractiva. De este modo no hace sino
confirmar la mediocridad de una novela de por sí intrascendente,
cuyo interés debe ceñirse a un plano arqueológico como pieza
poco conocida de la más primitiva ciencia ficción europea. Emilio Salgari (August 21, 1862 – April 25, 1911) was a writer of action adventure swashbucklers and a pioneer of science fiction in Italy. Salgari was born in Verona. After a failed attempt to become a naval officer he turned his passion for exploration and discovery to writing. He wrote more than two hundred adventure stories and novels, setting his tales in exotic locations, with heroes from a wide variety of cultures. While extremely popular in Italy, Portugal and Spanish speaking countries (known as the Italian Jules Verne, although his works were usually more about cliffhanger adventures than speculative or scientific fiction), he remains less known in the rest of the world. Sandokan: The Tigers of Mompracem and Sandokan: The Pirates of Malaysia are at present the only titles available in English. The deeds of the fictitious Sandokan seem to be loosely based on the exploits of Libau, a Dayak chieftain resisting James Brooke from his hideout at Mount Sandok in Sarawak. Though his characters achieved an almost immortal fame, and Mr. Salgari had millions of readers, he never attained the financial success and stability he deserved. His publishers, taking advantage of his poor business skills, left him almost destitute. Overwhelmed by creditors and family misfortunes, he committed suicide in Turin, on April 25, 1911. In one last act, drawn from his vast research and imagination, he slit his throat and stomach, in the ceremonial suicide of the Japanese samurai. But though the dreamer was gone, his books continued to sell and many owe their love of adventure, reading and writing to the characters and stories he created. Composers Pietro Mascagni and Giacomo Puccini were contemporary fans; later Umberto Eco and Federico Fellini would read Salgari to explore the world. Sergio Leone, one of the fathers of the spaghetti western, got his first glimpse of the outlaw hero in the pages of Mr. Salgari's books. Mr. Salgari is particularly popular in Latin America. Isabel Allende, Gabriel Garcia Marquez, Pablo Neruda, Luis Sepulveda, Octavio Paz and Carlos Fuentes all devoured his works in their youth. Che Guevara first read of boarding raids, jungle warfare and battles against injustice in Mr. Salgari's adventure novels. Guevara read 62 of Mr. Salgari's books causing his biographer Paco Ignacio Taibo II to remark that one could see that Che's anti-imperialism was "salgariano in origin." Several of Mr. Salgari's novels were adapted for the big screen, Vitale De Stefano being the first to direct some of Salgari's pirates in the early 1920s. Lex Barker appeared as the tiger hunter Tremal-Naik in the 1955 B-movie The Mystery of The Black Jungle, while Sandokan was played by muscle man and Hercules star Steve Reeves in Sandokan the Great and The Pirates of The Seven Seas. Ray Danton took his turn playing the pirate in Luigi Capuano's Sandokan Against the Leopard of Sarawak (aka Throne of Vengeance.) and later reprised the role along with most of the original cast in Sandokan Fights Back (aka The Conqueror and the Empress). It wasn't until 1976 that the quintessential Sandokan was cast, Kabir Bedi played the Tiger of Malaysia and took Europe by storm. He later reprised the role in the late 90s in a series of sequels. Though popular with the masses, Emilio Salgari was shunned by
critics throughout his life and for most of the 20th century. It
wasn't until the late 1990s that his writings began to be
revisited and new translations appeared in print. The first Sandokan adventure appeared in serial form in the La Nuova Arena in 1883, and was published as Le tigri di Mompracem in 1900. The tale proved so popular, the characters so intriguing, that it spawned a legion of sequels, pitting Sandokan and Yanez against a variety of enemies: Rajah James Brooke, Governor of Sarawak, better known as The Exterminator for the merciless way he hunted down pirates; the Thugs of the Kali cult in the Indian Sunderbands, and a variety of petty dictators and colonial powers. Salgari's pen transformed the bloodthirsty pirate into a noble warrior, a kind of Malay Robin Hood, imbuing his characters with a strong sense of idealism, passion, and loyalty. Emilio Salgari The Italian Jules Verne
Writer of action adventure swashbucklers and a pioneer of science fiction in Italy, Emilio Salgari was born in Verona on August 21, 1862, to a family of modest merchants. When his dream to captain his own vessel and explore the world was shattered by poor marks at a naval institute in Venice, he turned his passion for exploration and discovery to writing. Though Mr. Salgari wrote more than a hundred adventures set in distant and exotic lands, he only managed to sail the seas once — a short cruise along the shores of the Adriatic. Sandokan (La Tigre della Malesia) first appeared in serial form in the La Nuova Arena in 1883 and 1884. The novel brought fame but very little financial success. A gifted imagination and abysmal financial skill would remain constants in his life. In 1892 he married Ida Peruzzi, an actress, with whom he had four children. Offered a contract by the Speirani publishing house, the family moved to Turin where Mr. Salgari wrote around 30 works between 1892 and 1898. In 1897, King Umberto of Italy bestowed him with the title of "Chevalier of the Crown." In 1898 the family moved once again, this time to Genoa, to work with the publisher Anthony Donath. Despite his popularity and the success of his works, his poor business skills prevented him from obtaining any kind of financial stability. His wife had gone insane during the course of their marriage and caring for her drove him further into debt. Overwhelmed by creditors and family misfortunes, he committed suicide in Turin, on April 25, 1911. In one last act, drawn from his vast research and imagination, he slit his throat and abdomen, imitating the ceremonial suicide of the Japanese samurai. He left behind two letters — one addressed to his children and another, dripping with contempt, to his publishers, whom he asked to pay for the cost of his funeral. All in all, he wrote more than two hundred adventure stories and novels, many of which are considered to be classics for both adults and young readers. Set in exotic locations, with heroes from a wide variety of cultures, Mr. Salgari used his powerful imagination to bring the wonders of the world to the doorstep of generations of readers. Though unknown to the English-speaking world, his works have been translated into seven languages and twenty-six of his novels can be found in the U.S. Library of Congress. |
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