|
En marzo de 1977, con 22 años recién cumplidos, el aún
estudiante de Derecho ganó su primer mandato electoral, el de
concejal en el consistorio de Neuilly-sur-Seine, su terruño desde la
infancia y uno de los suburbios más elitistas del extrarradio
parisino. Tremendamente ambicioso y dinámico, Sarkozy no tardó en
llamar la atención de Chirac, que iniciaba ahora su trayectoria como
alcalde de París, y de otro peso pesado del neogaullismo y exponente
de su ala más derechista y soberanista, Charles Pasqua, con cuyo
patronazgo pudo entrar este mismo año en el Comité Central del RPR.
Asimismo, fue nombrado secretario del partido en la circunscripción
de Neuilly-Puteaux. En 1978 se convirtió en delegado nacional de las
juventudes del partido y concluyó sus estudios en Nanterre con la
obtención de la licenciatura en Derecho, tras lo cual prestó el
servicio militar obligatorio.
En 1979 retomó su formación académica en el Instituto de Estudios
Políticos (IEP, también llamado Sciences Po) de París, por el que en
1981 obtuvo un Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Ciencias
Políticas y en base a un trabajo sobre el referéndum de 1969 que de
Gaulle convocó y perdió. Al mismo tiempo, recibió el certificado de
aptitud para ejercer como abogado y, siguiendo los pasos de su
madre, inició la práctica jurídica en un bufete parisino
especializado en derecho inmobiliario.
Sin embargo, la abogacía era para Sarkozy más una capacitación que
un fin profesional. Su verdadera pasión era la política. Presidente
del comité nacional de las juventudes del RPR que hicieron campaña
por Chirac en su infructuoso envite presidencial frente a Mitterrand,
menos de dos años después, en los comicios locales de marzo de 1983,
salió elegido alcalde de Neuilly-sur-Seine en sustitución del
veterano político gaullista Achille Peretti, regidor desde 1947 y
además presidente de la Asamblea Nacional entre 1969 y 1973, el cual
se encontraba enfermo y falleció poco después. Sarkozy tenía 28 años
y ya no iba a separarse del cargo municipal hasta cumplidos los 47,
haciéndolo compatible con sus sucesivas responsabilidades en la
política nacional.
Este mandato le permitió sentarse en el Consejo Regional de Île-de-France,
asamblea territorial que entonces no se elegía directamente. Un
bienio más tarde, en marzo de 1985, añadió una tercera función
representativa, con mandato electoral al igual que la alcadía, la de
consejero general en el cantón de Neuilly-sur-Seine-Nord, uno de los
dos que englobaba la comuna de Neuilly-sur-Seine. De ahí saltó en
1986, el año en que la alianza centroderechista del RPR y la UDF
reconquistó en la Asamblea Nacional la mayoría perdida en 1981 y
Chirac estuvo de vuelta en el Hotel Matignon, a una de las
vicepresidencias del Consejo General de Hauts-de-Seine. En la
asamblea departamental Sarkozy adquirió responsabilidad sobre el
área de Educación y Cultura. En 1987 tuvo un primer servicio de tipo
gubernamental, aunque desde fuera del Ejecutivo, al contratarle el
ministro del Interior, quien no era sino Pasqua, como encargado de
misión y consejero de comunicación en materia de prevención de
riesgos de contaminación química y radiactiva, en una época de
preocupación en toda Europa a raíz del accidente nuclear de
Chernobyl.
Por lo que se refiere a su vida privada, en septiembre de 1982
Sarkozy celebró esponsales con Marie-Dominique Culioli, hija de un
farmacéutico corso, con la que iba a tener dos hijos varones,
Pierre, en 1985, y Jean, en 1987. A la boda fue invitado el padrino
político del novio, Pasqua, quien hizo de testigo. Tras unos años de
convivencia, el matrimonio se fue al traste después de iniciar él un
idilio con Cécilia Ciganer-Albeniz, hija de un exiliado ruso y
biznieta por parte de su madre española del compositor catalán Isaac
Albéniz; poseyendo estudios de Derecho y musicales de piano, Ciganer
había trabajado ocasionalmente de modelo y relaciones públicas antes
de asomarse a la política como ayudante del senador izquierdista
René Touzet.
La relación sentimental entre Sarkozy y Ciganer tuvo un epílogo
harto singular, como fluctuante y borrascosa fue su evolución
posterior: se conocieron el día de agosto de 1984 en que él, con la
potestad que le confería su condición de edil, ofició en el
Ayuntamiento de Neuilly la boda civil de ella con el famoso
presentador televisivo Jacques Martin. Ciganer tuvo dos hijas con
Martin, pero en 1989 se separó de él para irse a vivir con Sarkozy.
Tras conseguir, con no pocas dificultades, sus respectivos
divorcios, la pareja se casó en octubre de 1996. De esta relación
conyugal nació un niño, Louis, en 1997.
2. Desavenencias con Chirac y coartífice del proyecto
UMP
Las elecciones legislativas del 5 y el 12 de junio de 1988,
convocadas por Mitterrand tras ganar en mayo la reelección para un
segundo septenio –Chirac volvió a fallar en la meta de llegar al
Elíseo-, depararon al RPR y la UDF una derrota frente al Partido
Socialista (PS), pero para Sarkozy supusieron su entrada en la
Asamblea Nacional como diputado por la circunscripción sexta de
Hauts-de-Seine, tras lo cual se dio de baja en el Consejo Regional
de Île-de-France y en el Consejo General de Hauts-de-Seine. Este
mismo año accedió a la Secretaría Nacional del RPR como responsable
de Juventud y Formación, teniendo como superior jerárquico al
secretario general Alain Juppé, un político de corte
tecnocrático y liberal. En 1992 ascendió a secretario general
adjunto a Juppé y tomó bajo su responsabilidad la supervisión de las
federaciones territoriales del partido.
Para 1993, año que marcó un antes y un después en su carrera
política, Sarkozy ya conocía al dedillo el entramado administrativo
del Estado galo y la organización del que volvió a ser el primer
partido de Francia. En las legislativas del 21 y el 28 de marzo el
PS de Michel Rocard, Laurent Fabius y el malogrado Pierre Bérégovoy
se desmoronó y la Unión por Francia formada por el RPR y la UDF
conquistó una mayoría más que suficiente para volver a gobernar.
Reelegido en su escaño, Sarkozy se vio, sin embargo, obligado a
dejarlo –por incompatibilidad constitucional- al tocarle un puesto
en el Ejecutivo, el Ministerio del Presupuesto. El 29 de marzo de
1993, con 38 años, tomó posesión de la cartera en el Gabinete
encabezado por Édouard Balladur, colaborador desde antiguo de Chirac,
quien por su parte renunció a ser primer ministro por tercera vez
para preparar esmeradamente la cita con las presidenciales en 1995.
La misión de Sarkozy era, trabajando junto con el ministro de
Economía, el centrista Edmond Alphandéry, controlar del déficit
público, cuyo crecimiento por encima del 3%, en un contexto de
recesión económica y turbulencias monetarias, incumplía
provisionalmente el criterio de convergencia financiera requerido
para participar en la tercera etapa de la Unión Económica y
Monetaria europea. Asimismo, le fue conferida la portavocía del
Gobierno, cometido que, más que el anterior, le convirtió en un
rostro político familiar para los franceses. Entre enero y abril de
1995 ejerció provisionalmente de ministro de la Comunicación, si
bien sólo en funciones, ya que esta titularidad gubernamental ahora
mismo no existía.
Cuando en enero de 1995 Balladur, menospreciando la "candidatura
natural" de Chirac y animado por su alto índice de popularidad,
lanzó su propia postulación presidencial, Sarkozy estuvo entre los
numerosos ministros y dirigentes del RPR que se alinearon tras la
ambición de un hombre que representaba una visión alejada del
gaullismo ortodoxo por ser favorable al liberalismo económico, no
priorizar la cuestión social y defender la integración europea,
aunque avances del calado del Tratado de Maastricht trajeran parejo
un recorte de la soberanía nacional. En una frase que quedó en los
anales de la política francesa por su crudeza, Sarkozy llegó a
referirse a su antiguo patrocinador en estos términos: "El
electroencéfalograma chiraquiano está plano. Ésto no es el Hotel de
la Villa [el Ayuntamiento de París], esto es la antecámara de la
morgue. Chirac está muerto, no le quedan más que tres paletadas". El
fundador del RPR nunca iba a perdonar la deslealtad, rayana en el
ultraje personal, de quien había estado considerado uno de los más
prometedores cachorros del chiraquismo.
Pasqua, a la sazón ministro del Interior, cuyo discurso duro y
populista era idóneo para captar votos en la extrema derecha y el
campo euroescéptico, también llamó a votar por Balladur, pero no
porque compartiera su liberalismo y su europeísmo, sino porque
esperaba ser recompensando, si aquel llegaba al Elíseo, con el
puesto de primer ministro. Entonces, la prensa francesa dio por
hecho que en tal caso su discípulo aventajado, Sarkozy, recibiría
una cartera ministerial de gran peso. Otro escenario que parecía
inevitable era que si Chirac era superado por Balladur en la primera
vuelta y perdía el derecho a disputar el ballotage con el
socialista Lionel Jospin, el presidente interino del partido
desde el año anterior, Juppé, actual ministro de Exteriores y fiel
incondicional de Chirac, no podría evitar ser descabalgado en la
carrera por el liderazgo del neogaullismo, que el ministro del
Interior buscaba sin disimulos.
Pero Sarkozy y Pasqua apostaron por el caballo equivocado. El 23 de
abril de 1995 fue Chirac, dado prematuramente por desahuciado, el
que pasó a la segunda vuelta del 7 de mayo con Jospin, ganador de la
primera vuelta gracias a la división del voto centroderechista. Como
no podía ser de otra manera, Balladur y todos los que le habían
apoyado se sometieron a la disciplina partidista y cerraron filas
con Chirac, pero cuando el veterano estadista se proclamó por fin,
tras dos intentos frustrados, presidente de la República, lo primero
que hizo fue ajustar cuentas con los desafectos: el 18 de mayo Juppé
fue puesto por Chirac al frente de un Gobierno en el que fueron
purgados todos los balladurianos del RPR.
Para Sarkozy comenzaba un período de relegación que dejó en suspenso
su hasta entonces pujante carrera. El 24 de septiembre regresó a la
vida parlamentaria sentándose en el escaño que dos años y medio
atrás había cedido a Charles Ceccaldi-Raynaud, quien aceptó terminar
esta suplencia a cambio de un puesto en el Senado. En noviembre
siguiente, el Consejo Nacional salido de la asamblea partidaria
celebrada a mediados de octubre, la cual supuso para Juppé su
oficialización como presidente del partido y su consagración como
delfín de Chirac, eligió a Sarkozy miembro del Buró Político y
portavoz del RPR. Orgánicamente ya era uno de los barones del
partido, pero su apartamiento del Gobierno limitaba drásticamente su
influjo político.
Sarkozy empezó a sacudirse de esta inercia en la legislatura que
abrieron las elecciones generales del 25 de mayo y el 1 de junio de
1997, las cuales, en un error de cálculo espectacular, fueron
adelantadas por Chirac ante el temor de que si aguardaba hasta la
conclusión del quinquenio en 1998, a tenor del enorme desgaste que
estaba teniendo el Gobierno de Juppé por la impopular reforma de la
Seguridad Social y por la austeridad presupuestaria que requería la
moneda única europea, el oficialismo fuera derrotado por el PS y sus
aliados de la izquierda. Sin embargo, la sanción del electorado, y
muy dura, golpeó ahora: el RPR y la UDF sólo sumaron el 29,9% de los
sufragios y 242 escaños, siendo el registro de los neogaullistas el
15,7% y 134, respectivamente.
Los peores resultados obtenidos por una mayoría presidencial desde
1959 y el inicio, cabía decir que provocado por el jefe del Estado,
de una cohabitación con el Gobierno de la gauche plurielle
liderado por Jospin sumieron en una aguda crisis al RPR, con los
chiraquianos puestos en la picota y el fantasma del cisma
sobrevolando a todos. Juppé dimitió al igual que el secretario
general, Jean-François Mancel. Sarkozy, que había revalidado su
escaño sin dificultad, aunque desde posiciones muy críticas, optó
por la ortodoxia y no iba a secundar la creciente disidencia de su
viejo mentor, Pasqua, quien terminaría por abandonar el partido
antes de formar, en noviembre de 1999, su propia fuerza política de
ideología gaullista soberanista, el Reagrupamiento por Francia (RPF).
Con alguna reticencia, el ex ministro del Presupuesto respaldó la
postulación para reemplazar a Juppé de Philippe Séguin, presidente
de la Asamblea Nacional en la pasada legislatura y barón
procedente del gaullismo más social y popular, así como muy crítico
con las corruptelas que proliferaban en el partido, siendo la más
escandalosa la red de empleos ficticios y sinecuras gestionada por
el Ayuntamiento de París, qué arrojaba dudas sobre la honestidad de
Chirac. El 6 de julio, en una asamblea extraordinaria, Séguin salió
elegido sin dificultad presidente del RPR y Sarkozy fue retribuido
con unos cometidos propios de un secretario general, oficina que por
el momento quedaba vacante: la coordinación y la portavocía del
equipo de transición a otra asamblea extraordinaria, en la cual se
abordaría la refundación del partido, con cambio de nombre y
renovación doctrinal, dejando atrás iconos de la ideología
neogaullista como el culto al Estado y abrazando un reformismo de
tipo liberal y desregulador.
La rehabilitación de Sarkozy en la nueva dirección colegiada del RPR
no había hecho más que comenzar. O al menos así lo parecía. En la
asamblea del 31 de enero y el 1 de febrero de 1998, Séguin, si bien
por los pelos, vio frustrada su plataforma regeneradora ante el
contraataque de chiraquianos y tradicionalistas. Este fiasco no
descolocó a Sarkozy, que ante todo perseguía reconstruir y ensanchar
su coto de poder en la confusa pero vasta constelación del gaullismo.
Por de pronto, resultó elegido secretario general del partido.
La derrota en la batalla doctrinal del RPR dejó irremisiblemente
tocado a Séguin, que el 16 de abril de 1999, hostigado por los
chiraquianos y desvalido por las familias de Balladur y Pasqua,
después de encajar los malos resultados de las elecciones regionales
y cantonales de marzo de 1998, y de causar desconcierto con su
pertinaz rechazo a la adopción del euro, renunció a la presidencia
del partido y también a encabezar la lista conjunta al Parlamento
Europeo del RPR y la Democracia Liberal (DL, el antiguo Partido
Republicano de Giscard, que había abandonado la UDF el año anterior)
de Alain Madelin.
Sarkozy, que, en un requiebro difícil de entender, ya que él era un
liberal sin ambages, había sostenido en la Asamblea Nacional la
línea séguinista en contra del euro con los argumentos -el segundo
no explícito- de que no era cuestión de premiar la política
económica del Gobierno socialista ni de enajenarse algunos puñados
de votos procedentes del euroescepticismo y la ultraderecha de
Jean-Marie Le Pen, se convirtió en el presidente interino del
partido y también en el cabeza de lista del oficialismo para las
elecciones europeas. La primera función le colocaba en una situación
inmejorable para hacerse con las riendas del partido en la próxima
asamblea; la segunda era un legado casi envenenado, con los
socialistas en la cresta de la ola, que podía arruinar aquella
ambición.
En efecto, el 13 de junio la lista Unión por Europa del RPR y la DL,
con el 12,8% de los votos y 12 euroescaños, fue vapuleada por la del
PS y sus adláteres, y lo que fue más humillante, superada en dos
décimas por la lista disidente de Pasqua en alianza con el
Movimiento por Francia (MPF) de Philippe de Villiers, un adalid del
soberanismo euroescéptico procedente de la antigua UDF. La reacción
inmediata de Sarko, como ya era apodado por todo el mundo,
fue renunciar a la presidencia interina del partido reteniendo la
Secretaría General, si bien el Buró Político le confirmó en ambas
funciones. Durante todo el verano Sarkozy se aferró a la esperanza
de un escenario favorable para su pretensión de ganar en noviembre
la elección interna del nuevo presidente del partido; de hecho en
los primeros días de septiembre un cierto número de diputados y
senadores salió a respaldar la aspiración.
Sin embargo, esta expectativa se diluyó por la irrupción en la liza
de otros cuatro candidatos: Michèle Alliot-Marie, alcaldesa de la
localidad vasca de Saint-Jean-de-Luz y no adscrita a ninguna de las
familias gaullistas, aunque próxima a Chirac; el senador Jean-Paul
Delevoye, considerado un hombre de paja del presidente de la
República; Patrick Devedjian, representante del ala liberal y
europeísta; y François Fillon, portador del estandarte republicano,
social y soberanista. El 14 de septiembre el ex ministro del
Interior anunció que se retiraba de la competición "para no ahondar
las divisiones" y que abandonaba la Secretaría General con efecto el
10 de octubre, fecha de inicio de la campaña interna. De paso,
renunció a su asiento en el Parlamento Europeo aduciendo el acúmulo
de mandatos, ya que continuaba siendo alcalde de Neuilly y diputado
de la Asamblea Nacional. El 4 de diciembre, Alliot-Marie, en segunda
votación, se llevó la presidencia del RPR.
Así las cosas, Sarkozy inicio una suerte de travesía en el desierto,
la segunda desde 1995. En los dos años siguientes, las únicas
novedades en su trayectoria fueron la designación, el 3 de mayo de
2000, para presidir el Comité Departamental del RPR en Hauts-de-Seine
y la reelección, el 11 de marzo de 2001, al frente del consistorio
de Neuilly, aunque este proceso electoral era más una rutina que una
prueba. El político no salió de su eclipse hasta las grandes
maniobras preelectorales de la primavera de 2002, que primeramente
desembocaron en la reelección de Chirac para servir un segundo
período de cinco años. Fue el 5 de mayo, cuando el líder
neogaullista trituró a Le Pen, insólito protagonista del
ballotage al desbancar a Jospin, gracias al apoyo en masa que
recibió de todo el arco de votantes que, sin distingo de ideologías,
no podía digerir el auge electoral del caudillo del Frente Nacional.
Entre la primera y la segunda vueltas de las elecciones
presidenciales más traumáticas de la V República, el 24 de abril,
Sarkozy y los demás miembros del Buró Político dieron luz verde a un
proyecto de gran calado estratégico y que venía fraguándose desde
hacía un tiempo gracias a la paulatina asunción de los
planteamientos liberales en las filas neogaullistas: la fundición
orgánica del RPR y de las fuerzas que habían formado parte de la
vieja UDF en un gran partido unitario puesto al servicio de Chirac
pero con la vocación de ser la opción electoral permanente del
centroderecha francés. Nació así la Unión por la Mayoría
Presidencial (UMP), en cuyo seno aceptaron disolverse el RPR, la DL
de Madelin y el Partido Popular por la Democracia Francesa (PPDF)
del ex ministro de Exteriores Hervé de Charette. El Partido Radical
de François Loos y André Rossinot se mostró dispuesto a asociarse,
aunque sin llegar a la disolución por fusión. En cambio, el grupo
mayoritario de la Nueva UDF, la familia democristiana de François
Bayrou, los antiguos centristas socialdemócratas, rehusaron sumarse
y continuaron como opción independiente.
La UMP era un proyecto integrador y tuvo un efecto balsámico en los
rencores y desconfianzas que caracterizaban las relaciones de los
clanes neogaullistas. Chirac había basado su campaña presidencial en
la promesa de una "tolerancia cero" con la delincuencia común y la
inseguridad ciudadana, rampantes en los suburbios y los cinturones
obreros de las grandes ciudades, y que según las encuestas coronaban
la lista de preocupaciones de los franceses junto con las
problemáticas derivadas de la integración social de los inmigrantes.
Sarkozy, con su imagen de hombre de acción y su discurso enérgico en
este campo, le pareció a Chirac idóneo como ministro del Interior,
puesto gubernamental difícil y de desgaste, tanto que también cabía
suponer que el presidente lo que quería en realidad era mantener al
"traidor" de 1995 enredado en la lucha contra el crimen y la
inmigración ilegal para que no pudiera urdir operaciones de
promoción personal dentro de la UMP, que el 17 de noviembre, luego
de aprobar el RPR su transformación por fusión con la DL y el PPDF
(21 de septiembre), iba a celebrar su congreso de constitución con
el nombre definitivo de Unión por un Movimiento Popular, con Juppé
de presidente y Philippe Douste-Blazy de secretario general. En
realidad, fue Sarkozy el que se ofreció a Chirac con la insistencia
del que sabía que tenía vedado el puesto más apetecido, el de primer
ministro.
El 7 de mayo Sarkozy tomó posesión del Ministerio del Interior, la
Seguridad Interior y las Libertades Locales en el Gabinete presidido
por Jean-Pierre Raffarin, uno de los dirigentes de la DL más
próximos al Elíseo y entusiasta del proyecto UMP, sin otra ambición
que la de servir al presidente y al nuevo partido. El 17 de junio
Sarkozy fue confirmado en el cargo a raíz de las elecciones
legislativas celebradas los días 9 y el 16, que otorgaron a la UMP
una confortable mayoría absoluta de 357 escaños con el 33,7% de los
votos. El flamante ministro del Interior, aunque reelegido en su
escaño, se separó de la Asamblea Nacional con arreglo a la ley.
3. Responsable de Interior y rival del primer
ministro Villepin
La titularidad de Interior fue el revulsivo que la carrera política
de Sarkozy necesitaba. Exudando energía y dinamismo, desarrolló una
apretada agenda ministerial que tuvo como puntos estrella la Ley de
Orientación y Programación de la Seguridad Interior (LOPSI, o ley
Sarkozy I), por la que se dotaba de más medios materiales y
humanos a la Gendarmería y la Policía Nacional, y, sobre todo, la
muy polémica Ley de Seguridad Interior (LSI, o Ley Sarkozy II).
Promulgada por la Asamblea Nacional el 18 de marzo de 2003 en una
versión matizada del proyecto original, la LSI tipificaba nuevos
delitos sancionables con penas de prisión y multas, como la
prostitución en vía pública, la mendicidad agresiva o forzada, las
acampadas no autorizadas de gitanos y otros grupos de nómadas y las
amenazas a representantes del orden. También, ampliaba los poderes
policiales para efectuar registros y abrir fichas informáticas de
sospechosos de cometer delitos. Además, el ministro se mostró
favorable al endurecimiento del derecho de asilo en Francia y de
entrada aplicó un programa de repatriación de inmigrantes ilegales
que incluyó las expulsiones forzosas y en bloque de indocumentados a
sus países de origen, muchas veces a través de vuelos programados.
Los acentos represivos y expeditivos de la batería de medidas
lanzada por Sarkozy levantaron duras críticas entre los partidos de
la izquierda, los sindicatos, las ONG y asociaciones de abogados,
que acusaron al ministro de "autoritarismo" y de "declarar la guerra
a los pobres". Sin embargo, los sondeos manifestaban que cerca de
tres cuartas partes de los franceses respaldaban las iniciativas del
departamento de Interior, convirtiendo a su promotor en el político
más popular de Francia, por encima de cualquier dirigente del PS, de
Raffarin y del propio Chirac.
Por otro lado, Sarkozy negoció laboriosamente la puesta en marcha
del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), organismo privado y
pretendidamente representativo concebido como el interlocutor de las
organizaciones musulmanas con el Estado. Activado en mayo de 2003,
el CFCM fue visto como un paso decisivo para la plena integración
del Islam en Francia y superó indemne la controversia por la
adopción en marzo de 2004 de la conocida como ley del laicismo en la
enseñanza pública, que prohibía el uso del velo islámico y otros
símbolos religiosos "ostensibles" en las escuelas de primaria y
secundaria.
Promovida por el entorno de Chirac, esta ley defensora de uno de los
principios cardinales del Estado francés buscaba mantener a raya a
los grupos minoritarios de islamistas radicales que trasladaban su
extremismo ideológico a los centros educativos. El mismo afán de
controlar las actividades proselitistas de los simpatizantes locales
de Al Qaeda podía atisbarse tras la inauguración del CFCM, donde los
clérigos integristas ocuparon una posición predominante desde el
principio, aunque Sarkozy creía tener todo controlado. Sarkozy no
estaba muy conforme con la ley del laicismo, de la que votó a favor
únicamente por disciplina parlamentaria. De hecho, el católico
ministro del Interior era partidario, y así lo venía pregonando en
producción escrita, de enmendar la legislación sobre la separación
estricta de la religión y el Estado para, entre otros cambios,
permitir la financiación de las mezquitas con dinero público, lo que
sería una manera de fiscalizar sus actividades.
Mientras friccionaba con Chirac, marcaba las distancias con Raffarin
-tremendamente erosionado por la movilización sindical contra las
reformas del sistema de jubilaciones y la Seguridad Social- y no
perdía ojo a las actividades partidistas del resucitado Juppé,
Sarkozy empezó a recelar también del ministro de Asuntos Exteriores,
Dominique de Villepin, un chiraquiano acérrimo, sin más
historial político que el de haber sido el secretario general del
Palacio del Elíseo durante siete años, el cual adquirió a comienzos
de 2003 una enorme notoriedad por su elocuente defensa internacional
de la posición francesa contraria a la invasión de Irak por Estados
Unidos.
El pique entre Villepin y Sarkozy comenzó a tomar forma después de
las catastróficas elecciones regionales del 21 y el 28 de marzo de
2004, en las que la UMP y la UDF perdieron frente a las izquierdas
todos los consejos metropolitanos salvo los de Alsacia y Córcega. En
las elecciones cantonales, celebradas al mismo tiempo, Sarkozy ganó
mandato para convertirse, el 1 de abril, en presidente del Consejo
General de Hauts-de-Seine, donde sucedió a Pasqua. Para entonces,
Juppé, el hombre al que Chirac habría querido ver candidateando a su
sucesión en 2007 frente al adversario socialista, llevaba dos meses
fuera de juego tras ser condenado a 18 años de prisión sin
cumplimiento y a 10 años de inhabilitación política por un caso de
financiación ilegal del RPR.
El desastre en las regionales precipitó el 31 de marzo una
remodelación gubernamental que para Sarkozy se tradujo en la
sustitución de la cartera del Interior –que tomó Villepin- por las
de Economía y Finanzas y de Industria. Como responsable económico,
le competía enfrentar la debilidad del crecimiento, el aumento del
paro y el ajuste del déficit público al tope del 3% del PIB
establecido por el Pacto de Estabilidad de la UE. Además, recibió el
título honorífico de ministro de Estado, con la misión de llevar a
cabo la reforma de la Administración conjuntamente con el ministro
de la Función Pública, Renaud Dutreil. Esta acumulación de tareas
convirtió a Sarkozy en el número dos del Gobierno.
Sin embargo, este hijo de inmigrante húngaro de corta estatura y
apretado cabello negro peinado hacia atrás no se conformaba con eso.
La dimisión el 16 de julio, un mes después del nuevo varapalo ante
el PS en las elecciones europeas, de Juppé como presidente de la UMP
y la reserva del brillante Villepin para la jefatura del Gobierno
dejaron al ministro de Economía y Finanzas como el único dirigente
de talla capaz de pilotar el partido del Ejecutivo y revertir sus
fortunas electorales. Prácticamente a regañadientes, ya que esta
promoción ponía a su beneficiario directamente en la rampa de
lanzamiento de la carrera al Elíseo, Chirac aceptó que Sarkozy
liderara la UMP a cambio de su baja en el Gobierno.
El 28 de noviembre la convención de la UMP publicó los resultados de
la votación efectuada por un 54% de los 130.000 militantes del
partido. Sin sorpresas, la candidatura formada por Sarkozy para la
Presidencia, Jean-Claude Gaudin para la Vicepresidencia y Pierre
Méhaignerie para la Secretaría General se impuso con el 85,1% de los
votos a las candidaturas encabezadas por Nicolas Dupont-Aignan y
Christine Boutin. Al día siguiente, Sarkozy cedía el relevo en el
Gobierno a Hervé Gaymard. El 14 de marzo de 2005 estuvo de vuelta en
la Asamblea Nacional, semanas después de ser distinguido por el
presidente de la República como caballero de la Legión de Honor.
El 29 de mayo de 2005, el rotundo rechazo de los franceses al
Tratado de la Constitución Europea en un referéndum que Chirac,
infructuosamente, había intentado no convertir en un plebiscito
sobre su actuación, abrió una crisis de gobierno, selló la varias
veces postergada dimisión de Raffarin y dio nuevas alas a Sarkozy,
que en los sondeos de popularidad aventajaba holgadamente a Villepin,
ahora mismo su principal rival oficioso, si no el único, por la
candidatura presidencial en 2007. Aunque había hecho campaña a favor
del sí a la Constitución Europea, al estar ausente del
Gobierno, Sarkozy salió indemne de un bofetón electoral del que se
apresuró a hacer lecturas en clave de dardos contra la política
europea de Chirac. Según él, el estruendoso no popular del 29
de mayo hacía urgente "repensar y refundar" la construcción europea,
trasladando el motor de la misma desde el eje franco-alemán hasta un
directorio informal de los seis estados miembros más grandes
(Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, España y Polonia), y
poniendo "fronteras" a la UE, que más allá de Bulgaria y Rumanía no
debería admitir a más países. Sarkozy fue explícito en su
escepticismo con el ingreso de Turquía.
Para sustituir a Raffarin, Chirac, que ya apenas podía sostener la
apuesta, hasta ahora sólo especulada, por el tercer mandato
presidencial, podía nombrar a Sarkozy, como un intento de
debilitarlo, ante la incierta situación económica y política que
vivía el país –aunque no estaba claro que en las actuales
circunstancias al presidente de la UMP le interesara este envite, y
desde la perspectiva de Chirac tampoco se antojaba sensato abrir una
especie de cohabitación con el sector crítico de su propio
partido-, a la ministra de Defensa, Alliot-Marie, una personalidad
no polémica y de talante integrador pero sin gancho popular, y a
Villepin, por citar los nombres mejor situados.
Si se decantaba por Villepin, Chirac mandaría entonces un mensaje
político porfiado y continuista, de alguna manera, toda una
declaración de hostilidades a Sarkozy y sus pretensiones, según
venía desgranando en sus libros y discursos, para alarma de los
sectores tradicionales del posgaullismo, de replantear una serie de
principios y hábitos arraigados en el sistema de la V República,
como eran el laicismo estricto del Estado, el peso de los
componentes estatal y social en un modelo de economía de mercado
necesitado de competitividad y las actitudes defensivas frente una
globalización que seguía siendo vista como un ariete cultural del
mundo anglosajón contra la "excepción francesa". En efecto, el 31 de
mayo Chirac entregó la jefatura del Gobierno a Villepin, pero
necesitaba la pegada popular del presidente de la UMP. Así, el 2 de
junio Sarkozy recobró su querida cartera de Interior y de paso la de
Planificación Regional, un refuerzo de competencias que subrayó el
nombramiento también como ministro de Estado. A Sarkozy y a Villepin
les faltó tiempo para enzarzarse en una batalla personal llena de
pullas y opiniones confrontadas que puso de relieve sus respectivas
ambiciones presidenciales.
4. De la revuelta en los suburbios a la nominación
presidencial
La imagen polarizadora de Sarkozy, político que tendía a ser
admirado y jaleado o bien temido y odiado, pero que a nadie dejaba
indiferente, se intensificó con motivo de su actuación durante la
ola de violencia urbana que, comenzada en la periferia de París y
luego extendida a suburbios étnicos de todo el país, tuvo a Francia
sumida en un acongojado vilo en las primeras semanas de noviembre de
2005. Los disturbios estallaron a raíz de la muerte el 27 de octubre
de dos adolescentes, uno de origen tunecino y el otro malí, que
ocultándose en la caseta de un transformador de unos agentes que les
perseguían resultaron fatalmente electrocutados. En la víspera,
Sarkozy, durante una accidentada visita al barrio marginal parisino
de Argenteuil para supervisar in situ la aplicación de las nuevas
medidas contra el vandalismo y la inseguridad ciudadana adoptadas
por el Ministerio, se había referido a los jóvenes violentos como "racaille"
("gentuza") y "gangrena". Su aspereza verbal ya había levantado
ampollas en junio, cuando anunció su disposición a "limpiar" La
Courneuve, una comuna de Seine-Saint-Denis muy castigada por la
delincuencia, con una Kärcher, es decir, con una máquina
barredora por el sistema de agua a presión.
En las jornadas siguientes, noche tras noche, la quema de miles de
vehículos, la destrucción de cientos de comercios, almacenes y
edificios públicos de todo tipo, y los choques con las fuerzas del
orden de grupos de jóvenes que en su gran mayoría eran hijos de
inmigrantes magrebíes y subsaharianos, dando lugar a escenas de
verdadera guerra urbana, aterrorizó a la población y generó
inseguridad hasta el punto de que el Gobierno hubo de declarar el
estado de emergencia y autorizar a las prefecturas departamentales
la imposición del toque de queda en sus áreas si lo consideraban
necesario. El Ministerio del Interior decidió también expulsar del
país a todos los adultos no nacionales que hubieran sido condenados
por participar en actos violentos. Los antidisturbios de la Policía
Nacional, los CRS, practicaron cientos de detenciones.
Sarkozy no fue arropado por los demás miembros del Gobierno y por
Chirac hasta últimos de la primera semana de la crisis, tiempo en el
cual volvió a emplear gruesas palabras contra los revoltosos y se
reafirmó en la necesidad de imponer la ley y restablecer el orden.
Antes y después, el ministro fue abroncado desde la izquierda, que
le exigió la dimisión por haberse comportado como un "pirómano" del
incendio insurreccional con sus "provocaciones verbales", y por
haber ejecutado una reforma policial que apostaba por la persecución
del delincuente en detrimento de la relación de cercanía entre
policías y vecinos. Sin embargo, su insistencia en la "tolerancia
cero" con la delincuencia urbana y su distanciamiento del tono
autocrítico adoptado por Chirac y Villepin, que contextualizaron la
cólera destructiva de los jóvenes franceses inmigrantes de segunda
generación en las carencias sociales, la falta de oportunidades y la
discriminación que campeaban en los degradados suburbios donde
vivían, merecieron el aplauso de la mayoría de la población, según
reflejaron los sondeos demoscópicos.
La larga aunque imparable marcha de Sarkozy hacia la candidatura
presidencial de la UMP consumió sus últimas etapas en 2006, recta
final en la que no faltó un escabroso sobresalto, instigado
seguramente por sus enemigos internos del oficialismo, ni tampoco
una pérdida de fuelle personal. El 12 de enero lanzó todo un alegato
de intenciones con las propuestas de reforzar las funciones
ejecutivas y políticas del presidente y de reformar las
instituciones de una V República que no tenía porqué subir de
ordinal. En marzo se desmarcó ostensiblemente del primer ministro
Villepin, metido con estudiantes y sindicatos en un pulso letal para
su popularidad –y por ende para su ya diluida ambición presidencial-
sobre el Contrato de Primer Empleo (CPE), norma que aplicaba a los
trabajadores de menos de 26 años un período de prueba laboral de 24
meses y permitía su despido sin justificar dentro de ese período; la
promulgación de una versión provisional y desvirtuada del CPE fue
interpretada por todo el mundo como una victoria de Sarkozy.
A finales de abril estalló un descomunal escándalo político cuando
el diario Le Monde publicó la declaración judicial de un
general de los servicios de inteligencia, Philippe Rondot, en la que
aseguraba que en enero de 2004 Villepin, entonces titular de
Exteriores, siguiendo órdenes de Chirac, le había dado instrucciones
para investigar la aparición de Sarkozy en un listado de titulares
de cuentas secretas gestionadas por la sociedad financiera
luxemburguesa Clearstream y destinadas, todo supuestamente, a
atesorar comisiones ilegales por la venta de fragatas de guerra a
Taiwán. El caso se creía cerrado desde que se comprobó que la
inclusión del nombre de Sarkozy y de otros destacados políticos
franceses en esa lista no era más que un montaje para
desacreditarles.
El primer ministro y el presidente negaron con toda vehemencia
cualquier participación en el turbio affaire, pero Sarkozy se
personó como parte civil ante los jueces que llevaban el caso y
reclamó un completo esclarecimiento de la intriga. "Quiero saber
quiénes, cómo y cuándo me metieron en este asunto", exigió el
ministro, que con tono triunfal y vindicativo denunció "las
miserables maquinaciones organizadas por oficinas que intentan
comprometer y por aprendices de conspiradores que pretenden
ensuciar". La polvareda levantada por el caso Clearstream se asentó
antes de que Villepin se viera obligado a dimitir, pero su
precandidatura presidencial no declarada quedó definitivamente
sepultada.
A principios de mayo, un Sarkozy en la cresta de la ola remitió al
Parlamento su proyecto de ley relativo a la inmigración y la
integración, que vinculaba la concesión de permisos de residencia a
las necesidades del mercado laboral, fijando en la práctica un
sistema de cuotas anuales de entrada, restringía el agrupamiento
familiar de los inmigrantes y cerraba la puerta a la nacionalización
inmediata por la vía del matrimonio con un autóctono. Para los
detractores de Sarkozy, el instrumento legal del Ministerio del
Interior presentaba un tinte electoralista y suponía un claro guiño
a los votantes de la extrema derecha.
Tras las vacaciones de verano Sarkozy tuvo que enfrentar el
formidable auge social y mediático de la precandidata socialista
Ségolène Royal, presidenta de la región de Poitou-Charentes, que
le sobrepasó en casi todas las encuestas de intención de voto, amén
del pertinaz vacío que le hacía el chiraquismo. Obligado a
esforzarse en la acción proselitista para llegar con plenitud de
fuerzas a la votación de su candidatura en la UMP a comienzos de
2007, el ministro incidió en la naturaleza "radical" y "rupturista"
de su discurso, y propuso "cuatro revoluciones" y "cinco nuevos
derechos" para "reinventar la República".
Los conceptos de "mérito", "trabajo", "derechos con obligaciones",
"nuevo humanismo", "educación" y "cultura" guiaban un plantel de
propuestas que tenían como medidas concretas la creación de un
"servicio ciudadano" obligatorio de seis meses para los jóvenes, la
creación de 700.000 viviendas protegidas, la fijación de un tope
impositivo del 50% para todas las rentas del trabajo y acciones
positivas para la protección del medio ambiente. Sarkozy renegaba
del adjetivo conservador dirigido a su persona, pero también
de la herencia sesentayochista, por su defensa de la sociedad
igualitaria y el Estado subsidiario a costa de, así lo creía él,
frenar el esfuerzo y la iniciativa individuales. En política
europea, volvió a expresar su confianza en un directorio motriz
formado por los seis estados más grandes de la UE y su rechazo a la
pertenencia plena de Turquía. Además, propuso la elaboración urgente
de un tratado constitucional "simplificado" que por lo menos evitara
la parálisis en el funcionamiento de las instituciones.
El 29 de noviembre Sarkozy hizo oficial su aspiración, basada en una
relación de "confianza y respeto" con los ciudadanos y movida por la
voluntad de transformar a Francia "en un país donde todo pueda ser
posible". La única personalidad de la UMP en condiciones de retar su
precandidatura, la ministra Alliot-Marie, se autodescartó a últimos
de diciembre. Al final, no iba a haber ningún proceso de primarias
competitivo. Nadie salió a hacerle sombra al ministro del Interior,
que el 14 de enero de 2007 fue proclamado candidato en una
multitudinaria asamblea de aclamación a la que asistieron decenas de
miles de militantes: la suya había sido la única precandidatura
ofertada a los 338.000 afiliados llamados a pasar por las urnas
partidarias. Ahora, a Sarkozy le quedaban dos incógnitas por
despejar: si Chirac rehusaría presentar su candidatura
reeleccionista fuera del partido, lo que parecía prácticamente
seguro, y si él sería capaz de ganarle la mano en los sondeos a la
socialista Royal.
Nicolas Sarkozy ha publicado cinco libros: Georges Mandel, le
moine de la politique (1994); Au bout de la passion,
l’équilibre (1995, con formato de entrevista, realizada por el
periodista Michel Denisot); Libre (2001); La République,
les religions, l’espérance (2004, con colaboraciones de Thibault
Collin y Philippe Verdin); y, Témoignage (2006).
El 6 de Mayo del 2007, Sarkozy fue elegido en segunda vuelta para
presidir Francia durante los próximos 5 años. Le ganó a su oponente,
la socialista Ségolàne Roya por alrededor de 6 por ciento.
Francia: Elecciones 2007
Biography
Nicolás Sarkosy - Fuente
Columbia University
(Nicolas Paul Stéphane Sarkozy de Nagy-Bocsa) (nēkōlä'
särkōzē'), 1955–, French politician, b. Paris.
A lawyer and a conservative, Sarkozy was (1983–2002) mayor of
Neuilly, a Paris suburb, and was elected to the National Assembly
from the Hauts-de-Seine dept. in 1988 and reelected in 1993, 1995,
and 1997. Sarkozy served in Premier Balladur's cabinet as budget
minister (1993–94), and as Raffarin's interior minister (2002–04) he
gained a reputation for being tough on crime and immigration. A
longtime member of the neo-Gaullist Rally for the Republic party
(RPR), he joined the new center-right coalition, Union for a Popular
Movement (UMP). He was appointed finance minister in 2004, but
resigned later that year to become UMP party leader. In 2005 he was
again named interior minister. Popular and charismatic, the
energetic Sarkozy has been characterized as a media-savvy American-style
politician; in late 2006 he announced his candidacy for the 2007
French presidential race; he secured the UMP nomination for the post
in Jan., 2007.
Profile: Nicolas Sarkozy -
060507 - Fuente
BBC
France's president-elect Nicolas Sarkozy casts
himself as a moderniser, championing a clean break with the
country's traditional ruling elite.
In a hotly-contested presidential campaign he fought an
intriguing contest with Socialist candidate Segolene Royal.
As a highly combative interior minister and UMP
leader he has sharply divided opinion in France - not least by
adopting a tough stance on immigration.
He famously described young delinquents in the Paris
suburbs as racaille, or "rabble".
That blunt comment - made before the 2005 riots -
encouraged some critics to put him in the same category as far-right
leader Jean-Marie Le Pen.
Integration policy
Mr Sarkozy, 52, pushed through measures to curb
illegal immigration - including deportations - and to integrate
skilled migrants into French society.
But he has also advocated positive discrimination to
help reduce youth unemployment - a challenge to those wedded to the
French idea of equality. His call for state help for Muslims to
build mosques was also controversial.
Correspondents say that one of the big questions now
is whether he will be able to temper his abrasive style to play the
traditional unifying role of the president of France.
Unlike most of the French ruling class, Mr Sarkozy
did not go to the Ecole Nationale d'Administration, but trained as a
lawyer.
The son of a Hungarian immigrant and a French mother
of Greek Jewish origin, he was baptised a Roman Catholic and grew up
in Paris.
One of his main political influences is not French
but British, according to his other biographer, Nicolas Domenach.
"He admires Tony Blair hugely - for many reasons," he
says.
"Tony Blair was able to seduce the media, in the way
Sarkozy does. And Sarkozy looks at how Tony Blair was able to sell
his political ideology."
Mr Sarkozy has called for "a rupture with a certain
style of politics", saying he wants to encourage social mobility,
better schools and cuts in public sector staff.
Rise through the ranks
He served as mayor of the affluent Paris suburb of
Neuilly from 1983 to 2002, then became interior minister. He also
had a brief spell as finance minister in 2004.
"He's hyperactive, he's ambitious, he's a heavy worker, a
workaholic, he never rests," says Anita Hausser, who wrote a
biography of Mr Sarkozy and is political editor at the French
broadcaster LCI.
She says his appeal is simple.
"He was a lawyer, so he seems close to the people,
and he wants to show them that he understands their problems and
that he will solve their problems."
It seems that rather than a new ideology, he is a
pragmatist who will use any solution as long as it works, the BBC's
Caroline Wyatt in Paris says.
Initially a protege of President Chirac, the two fell
out dramatically when Mr Sarkozy backed a Chirac rival for the
presidency in 1995 - a slight that has never been forgotten.
Even those on the left in France admit Mr Sarkozy is
a formidable political force.
He has shown strong protectionist instincts - pouring
state funds into saving the ailing French company Alstom. Yet he
also promises to make the French less scared of economic success.
He is often described as an Atlanticist, but he too
was against the war in Iraq. He is not too keen on the old Franco-German
alliance - but upset new EU members by saying those with lower taxes
than old Europe should not receive EU subsidies.
He has voiced opposition to Turkey's bid to join the
EU.
Twice married, Mr Sarkozy has three children - the
third by his current wife Cecilia. |