Google

Avizora - Atajo Google


 

Avizora Atajo Publicaciones Noticias Biografías

Biografías
Sophie Scholl

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

- República de Weimar
- Unión Soviética (URSS)
- Segunda Guerra Mundial
- Adolfo Hitler
- Carlos Marx

 

Google

Avizora - Atajo Google

 


Sophie Scholl

. English Biography

. El ejemplo de Sophie Scholl

301008 - Raoul Wallemberg - Margie Burns - Sophie Scholl y La Rosa Blanca
 
El 22 de febrero de 1943, a la edad de 21 años Sophie Scholl fue ejecutada por disposición de la Corte Popular de Alemania, por haberse involucrado en La Rosa Blanca, una organización que redactaba en forma secreta panfletos que pedían el final de la guerra y denunciaban enfáticamente los actos de barbarie de los nazis.

En mayo de 1942 las tropas alemanas se encontraban en los campos de batalla de Rusia y del Norte de África, mientras que unos estudiantes de la Universidad de Munich asistían a clases en las que compartían su amor por la medicina, la teología y la filosofía, así como su aversión hacia el régimen nazi.


Hans Scholl, Alexander Schmorell y Sophie Scholl formaban el núcleo de este grupo de amigos. Dentro de la misma universidad se contaban dos estudiantes de medicina, Willi Graf y Jurgen Wittgenstein, quienes habían prestado servicios en un hospital militar en 1939, conjuntamente con Hans, el hermano mayor de Sophie, y Christoph Probst, un soldado casado y padre de tres niños, quienes se unieron a La Rosa Blanca.

Sophie Scholl nació el 9 de mayo de 1921 en Forchtenberg am Kocher, un pueblo del que su padre, Robert Scholl, era el alcalde. A los 12 años Sophie se unió a las Juventudes Hitleristas, pero luego se desilusionó. El arresto de su padre por haberse referido a Hitler frente a un empleado suyo como "El Flagelo de Dios", le causó una profunda impresión. Para la familia Scholl la palabra "lealtad" significaba obedecer los dictados del corazón."Lo que quiero para ustedes es vivir con rectitud y libertad de espíritu, sin importar lo difícil que esto resulte", le dijo el padre a su familia.

Cuando en 1942 comenzó la deportación masiva de judíos, Sophie, Hans, Alexander y Jurgen se dieron cuenta de que había llegado el momento de la acción. Compraron una máquina de escribir y una copiadora. Hans y Alex escribieron el primer panfleto con el encabezamiento: "Panfletos de La Rosa Blanca", mientras que su texto decía que "nada es tan indigno de una nación como el permitir que sea gobernada sin oposición por una casta que ha cedido a los bajos instintos... La civilización occidental debe defenderse contra el fascismo y ofrecer una resistencia pasiva antes de que el último joven de la nación haya derramado su sangre en algún campo de batalla".

Los miembros de La Rosa Blanca trabajaron día y noche en secreto, produciendo miles de panfletos que eran despachados a estudiosos y médicos desde sitios no detectables dentro de Alemania. Sophie compraba papel y estampillas de correo en sitios diferentes para que sus actividades no llamaran la atención.


Hans y Sophie Scholl


En 1933 Hitler fue electo Canciller de Alemania, Muchos alemanes que se sentían incómodos con los desvaríos antisemitas del Partido Nazi se dieron cuenta de la habilidad de Hitler para canalizar el orgullo en una nación humillada.

El segundo panfleto de La Rosa Blanca leía: "Desde la conquista de Polonia 300.000 judíos han sido asesinados, un crimen contra la dignidad humana... Los alemanes alientan a los criminales fascistas cuando carecen de un sentimiento que clame a la vista de semejantes acciones. Es preferible el fin del terror antes que un terror sin fin".

Hans, el hermano de Sophie, sirvió dos años en el ejército y estudió medicina en la Universidad de Munich. Luego en 1942 se desempeñó como médico en el frente oriental con Alex, Willi y Jurgen. Jurgen transportó montones de panfletos a Berlín. El viaje era peligroso. "Los trenes estaban repletos de policía militar. Si uno era un civil y no podía probar que había logrado una prórroga, se lo llevaban de inmediato", recordaba. Nadie en los Estados Unidos puede comprender lo que es vivir bajo una dictadura absoluta. El partido controlaba las noticias, la policía, las fuerzas armadas, el sistema judicial, las comunicaciones, la educación, las instituciones tanto culturales como religiosas.

El tercer panfleto pedía: "Sabotage en las fábricas de armamento, periódicos, ceremonias públicas y del Partido Nacional Socialista... Convencer a las clases más bajas de lo insensato que es continuar la guerra, donde confrontamos la esclavitud espiritual a manos de los nacional-socialistas".

Las leyes de Nuremberg de 1935 exigían la expulsión de cualquiera que no fuera ario, declarándose a los judíos como no-ciudadanos. La prensa internacional había comenzado a informar sobre castigos corporales en las calles, por lo que Hitler trasladó los actos de crueldad de las ciudades a los campos de concentración.

El 9 de noviembre de 1938 se arrestó y golpeó a 30.000 judíos, y las Fuerzas de Asalto quemaron 191 sinagogas durante la "Noche de los Cristales Rotos" (Kristallnacht), lo que provocó el éxodo de 200.000 judíos hacia el campo.

Cuando a Alexander Schmorell se le pidió que hiciera un juramento a Hitler pidió que se lo diera de baja en el Ejército. Willi Graf se pasó a la resistencia pasiva, al igual que el resto, luego de servir como asistente médico en Yugoslavia. Fue asignado a la Segunda Compañía de Estudiantes en Munich, donde conoció a Sophie, Hans, Alexander, Christoph y Jurgen. Christoph Probst era el único miembro de La Rosa Blanca que estaba casado y tenía hijos, de modo que los demás trataron de protegerlo.

En el cuarto folleto escribieron: "Le pregunto a usted como cristiano si duda en la esperanza de que algún otro levante su brazo para defenderlo... Para Hitler y sus seguidores ningún castigo guarda relación con la magnitud de sus crímenes".

Luego de la derrota de los alemanes en Stalingrado en 1943 y la exigencia de Roosevelt de que las fuerzas del Eje se rindieran incondicionalmente, la invasión aliada estaba ya muy próxima.

Esa noche Hans, Willi y Alexander escribieron "Libertad" y "Abajo Hitler" y dibujaron cruces swásticas tachadas en algunos edificios de Munich.

Su profesor de filosofía, Kurt Huber, se mostró shockeado cuando se enteró de las atrocidades cometidas por el Estado en Alemania, y trabajó en la edición de los últimos panfletos de La Rosa Blanca. También se sintió motivado para dar conferencias sobre temas prohibidos, tales como los escritos del filósofo judío Spinoza.

Cada folleto era más crítico de Hitler y el pueblo alemán que el anterior. El quinto decía que "Hitler está llevando al pueblo alemán hacia el abismo. Siguen ciegamente a sus seductores hacia la ruina... ¿Hemos de ser para siempre una nación odiada y rechazada por toda la humanidad?

La Gestapo había estado buscando a los autores de los panfletos desde que apareciera el primero. A medida que el lenguaje de los folletos se hacía más vehemente, redoblaron sus esfuerzos. Arrestaron a personas ante la menor sombra de sospecha.


Sophie Scholl


Sophie y Hans llevaron una valija llena de los folletos finales escritos por el Profesor Huber a la Universidad, y los dejaron en los corredores para que los estudiantes los encontraran y los leyesen.

Jakob Schmidt, un empleado de maestranza de la Universidad y miembro del Partido Nazi, vio a Sophie y a Hans con los folletos y los denunció. Fueron llevados bajo arresto a la Gestapo. El "interrogatorio" de Sophie fue tan cruel que apareció ante el tribunal con una pierna rota. El 22 de febrero de 1943 Sophie, Hans y Christoph fueron condenados a muerte por el Tribunal del "Pueblo", que había sido creado por el Partido Nacional Socialista para eliminar a los enemigos de Hitler.

Las últimas palabras que Hans Scholl gritó desde la guillotina fueron: "¡Viva la Libertad!".

En un gesto sin precedentes de los guardias, Christoph Probst fue autorizado a pasar unos momentos a solas con Hans y Sophie antes de que fueran ejecutados. Luego de meses de interrogatorios por parte de la Gestapo para obtener los nombres de sus camaradas, Willi fue ejecutado. Su pensamiento final fue: "Ellos continuarán lo que nosotros hemos comenzado".

Alexander Schmorell fue arrestado en un refugio antiaéreo y ejecutado en Munich. Kurt Huber fue uno de los acusados en el juicio del Tribunal Popular contra La Rosa Blanca. Los sobrevivientes recuerdan las últimas palabras de Huber, una reafirmación de su postura humanitaria.

Jurgen Wittenstein fue interrogado por la Gestapo pero no pudieron probar su participación, de modo que lo dejaron en libertad. Consiguió ser transferido al frente, más allá del control nazi, y resultó ser el único sobreviviente. Luego de la guerra se trasladó a los Estados Unidos, donde obtuvo el título de doctor, y recibió un premio del Gobierno de Alemania Occidental por su valor.

"¿Cómo podemos esperar que prevalezca la justicia cuando casi no hay gente que se brinde individualmente en pos de una causa justa", dijo Sophie. "Un día tan lindo, tan soleado, y debo irme", continuó diciendo, "pero, ¿qué importa mi muerte, si a través nuestro miles de personas se despiertan y comienzan a actuar?"

"La Rosa Blanca es una página radiante en los anales del Siglo Veinte. El coraje de nadar contra la corriente de la opinión pública, aún cuando el hacerlo era equivalente a un acto de alta traición, y el convencimiento de que la muerte no era un precio demasiado alto a pagar por seguir los dictados de la conciencia", escribe Clara Zimmerman en "La Rosa Blanca: su Legado y su Desafío".

Existen doscientas escuelas alemanas que llevan el nombre de los Scholl, y hay políticos como el anterior alcalde de Nueva York, David Dinkins, que invocan sus nombres y visitan sus tumbas.

Con el auge de la limpieza étnica en Bosnia y la violencia que se ejerce en Alemania contra los extranjeros, el aniversario de las ejecuciones es un recordatorio poderoso. Inge Aicher-Scholl, la hermana de Sophie Scholl, escribió: "Tal vez el heroísmo genuino resida en decidirse a defender con tosudez las cosas de todos los días, las terrenales, las inmediatas".

BIBLIOGRAFÍA

"Murieron para derrotar al Reich", por Gabriella Gruder-Poni.
New York Times, Junio 12 de 1993.
"Una visión desde dentro de La Rosa Blanca", German Life, Mayo 31 de 1997.
"La historia de La Rosa Blanca: la notable vida de Sophie Scholl", por Elizabeth Applebaum.
Baltimore Jewish Times, 24 de noviembre de 1995.
"La Rosa Blanca, Su legado y su desafío", por Clara Zimmerman.
www.bruderhof.com
Rescuers, Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Traducción: Josefina Prytyka de Duschatzky
 


Hans y Sophie Scholl

El ejemplo de Sophie Scholl - Osvaldo Bayer

En esta época, en que la tendencia general es llevarnos a la superficialidad y a un pérfido consumismo ocurren hechos que nos hacen exclamar: no es así, no todo está vendido, hay seres humanos que comienzan a marchar en dirección contraria o dejan pasar la corriente y construyen su propio mundo. ¿Quién no se quedó sorprendido, increíblemente sorprendido en Alemania, cuando se publicó el resultado de una encuesta de la revista femenina para modas y temas generales del mundo del espectáculo más vendida en este país? La encuesta pedía a sus lectoras votar por la mujer más importante del siglo que acaba de finalizar. Y, oh sorpresa, no triunfó ni la Madre Teresa ni Lady Di ni Madonna, como esperaban todos, sino una joven mujer llamada Sophie Scholl. ¿Quién?, se habrán preguntado los poco informados. Sí, Sophie Scholl, aquella joven de veintidós años, estudiante universitaria de Medicina que en plena guerra, en 1943, en la ciudad de Munich, arrojó volantes contra la guerra en el propio patio de la universidad exigiendo de inmediato la paz. Sophie Scholl, esa hermosa joven, se dijo, en plena matanza mundial, alguien tiene que empezar, no todos debemos quedarnos con la boca abierta aguantando los crímenes nazis y la muerte enfrente de toda la juventud. La mala suerte de Sophie fue que el portero de la casa de estudios la observó y la denunció. Se ordenó juicio y este ángel salvador sin alas pero de hermosísimo rostro fue condenada a muerte y decapitada 48 horas después. Uno no puede imaginarse escena de más horror. Su inteligente cabeza rodó por el suelo. Mientras las clases en la universidad siguieron dándose y todo el mundo no vio ni oyó ni movió la lengua en la protesta.

Los volantes arrojados contenían un mensaje pleno de coraje civil: “Compañeras, compañeros: nuestro pueblo está estremecido por la muerte de nuestros soldados en Stalingrado. Trescientos treinta mil jóvenes ha arrojado a la muerte y la perdición un dictadorzuelo, sin sentido e irresponsable. ¿Queremos acaso dejar en manos de un grupo inmoral de un partido, en sus bajos instintos, al resto de nuestra juventud? ¡Nunca jamás! Ha llegado el día de la rendición de cuentas ante nuestra juventud de la más infame tiranía que ha sufrido nuestro pueblo. En nombre de la juventud alemana exigimos del Estado de Adolf Hitler la libertad personal, el bien más costoso, en la que él nos mintió en la forma más baja”. Y su última frase dirá: “El nombre de Alemania queda manchado para siempre si la juventud alemana no se levanta, no destruye a sus tiranos y no levanta una nueva Europa del espíritu. Estudiantas, estudiantes: nos está mirando el género humano. Marquemos el camino hacia el Honor y la Libertad”.

Al grupo libertario de Sophie pertenecían también su hermano, Hans, y los estudiantes Willi Graf, Alexander Schmorell y Christoph Probst –todos los cuales murieron guillotinados– y llevaba el hermoso nombre de “La rosa blanca”. 
Se conserva un curioso documento escrito por el policía que interrogó a Sophie Scholl, cuando fue detenida. Ese funcionario de la Gestapo se llamaba Robert Mohr. Dice textualmente: “Lo que ocurrió nunca me había sucedido en 26 años de servicio. Sophie Scholl se esmeró en cargar toda la culpa sobre sus hombros y así salvar a su hermano.

Ambos, tanto Sophie como Hans, eran conscientes de las consecuencias que tendría su accionar y a pesar de todo guardaron una actitud hasta el final que puede calificarse de única”. Hasta el miembro de la Gestapo quedó sorprendido por la decisión y valentía de los jóvenes.
Un detalle: Sophie y su hermano no fueron torturados antes de recibir la muerte, despiadada ya de por sí. Nos hace pensar esto en que los chicos adolescentes de La Noche de los Lápices, de La Plata, fueron humillados hasta el hartazgo antes de “desaparecer”. Por obra y gracia de generales argentinos católicos como Camps. Los verdugos de Munich eran bestias, pero los nuestros llegaban hasta el borde de la más corrupta de las cobardías en la tortura de detenidos.

Después de enterarme de que Sophie Scholl había sido elegida como la mujer del siglo leí las declaraciones del general argentino Martín Balza sobre el mal proceder de sus compañeros de uniforme durante la época de desaparición de personas. Dijo “sentir vergüenza ajena por los miembros del ejército, por los actos aberrantes que se cometieron durante el terrorismo de Estado”. Y a la sustracción de menores que realizaron hombres de ese mismo ejército, la marina de guerra, la aeronáutica y la policía la calificó de “monstruosa”. Muy bien, lo que los organismos de derechos humanos denunciaron cuando Balza estaba en servicio, él lo confirma ahora. Pero la pregunta que cabe es: ¿qué hizo contra esos crímenes que se cometían al lado de él? Nada, fue avanzando sin perder un solo año de ascensos, hasta que llegó a general y a jefe del Estado Mayor, el cargo máximo. ¿Qué pasó en todos esos años: miró al costado, no oyó ni siquiera ningún comentario, no vio nada, no percibió nada? Se calló la boca. Todos los crímenes que cometieron sus colegas fueron posibles porque los hombres uniformados como Balza se callaron la boca. Permitieron con su silencio que se torturara en los mismos cuarteles y que los desaparecidos desaparecieran. Y ahora, como los cardenales, piden disculpas, muchos años después. Un accionar que siempre da ganancias personales. Los crímenes se realizaron en medio del silencio de toda la cofradía tanto militar como eclesiástica, salvo muy contadas excepciones.

Dos seres: Sophie Scholl, que con sus veintidós años arroja volantes contra la tragedia y se juega por entero. Y un general que como Pilatos se lavó las manos durante toda su carrera y ahora comienza a hablar, ya retirado y en época distinta. Dos procederes. Lo bueno para el ser humano es saber que si bien hay gente como Camps, asesinos natos; y gente como Balza, que bien se balancea para quedar siempre bien acomodada, existen mártires bellos que hacen lo que deberíamos hacer todos, Sophie.

¿Por qué no reaccionó Balza ante ese saber de los “actos aberrantes del terrorismo de Estado” (son sus palabras) cuando era el jefe máximo y no se dedicó a descubrir hasta el último de los criminales? No, todo se deslizó y se fue cubriendo con viveza: se hicieron autocríticas suaves, poco a poco, para que los que pedían justicia se fueran conformando. Después de sus palabras el general Balza tiene la obligación ética de decir todo lo que vio y sabe, quiénes fueron los grandes criminales y los que ayudaron a los crímenes, sabe todo, porque estuvo diez años al frente del ejército, tiempo suficiente para llegar a saber dónde está hasta el último desaparecido. Tiene el deber de ofrecerse a la Justicia, y decir todo lo que vio, oyó y calló. Si hace eso cumplirá con su deber de ser humano íntegro, pero jamás podrá explicar su silencio en los años del oprobio y cuando tuvo el mando superior.

En los que sí vamos a creer toda la vida es en seres del coraje civil de una Sophie Scholl. Cuando estuvimos en la Universidad de Munich no pudimos dejar de llorar pensando en su hermosa cabeza caída en el suelo, plena de ideas, de bellezas, de sueños, de valentía, una verdadera madre de la vida. A casi sesenta años de su sacrificio, la vemos muchas veces en los amaneceres, venir por los caminos, acomodándose sus cabellos sueltos caídos como lluvia temprana sobre esa frente llena de nobleza y de suprema bondad.

 


 

AVIZORA.COM
Política de Privacidad
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com