|
|
|
Biografías |
|
Contenidos disponibles en español y en inglés - Availables resources in spanish and english - Compilador / Compiler: Jorge Tobías Colombo
06 - La sublevación del mestizo José Gabriel Condorcanqui, quien protestaba contra las injusticias de los corregidores y reclamaba para sí el título de Inca heredado de una hija de Felipe Túpac Amaru, dio origen a uno de los episodios más horrendos -quizás el más horrendo- entre todos los crímenes perpetrados en América. Los espíritus tolerantes del siglo XVIII debieron estremecerse ante la ordalía de sangre y crueldad en la que «ilustrados» funcionarios españoles se comportaron peor que el más sanguinario de los salvajes. Ya en el siglo XVI, el virrey Toledo había intentado sin éxito borrar el recuerdo y la imagen del Inca alegando que ella «vendrá a criar yerba de libertad". Esto era tan cierto que, dos siglos después, el científico y perspicaz viajero que fue Alexander von Húmboldt observaba que «dondequiera que ha penetrado la lengua peruana, la esperanza de la restauración de los incas ha dejado huellas en la memoria de los indígenas que guardan recuerdo de su historia nacional» . También a los funcionarios les preocupaba esta evidencia. Después de una conspiración que hubo en Lima en 1750, el virrey conde de Superunda opinaba que no debía permitirse a los indios hacer en las fiestas sus mascaradas y bailes como era costumbre, porque las reducían «a una representación de sus antiguos reyes, a sus trajes, estilo y comitiva, cuya memoria los entristece y no deponen algunos sin lágrimas las vestiduras e insignias de sus primeros monarcas". Este sentimiento, renovado en las obras de teatro que representaban con frecuencia, unido a la explotación de que eran objeto por parte de los corregidores del siglo XVIII, explica la rapidez con la que pueblos enteros se alistaron tras la figura del carismático mestizo después de siglos de opresión y pasividad. José Gabriel Túpac Amaru, como eligió llamarse este «portavoz de los indios ante los blancos», era quinto nieto del último Inca y como tal reclamó para sí a los 22 años el título de cacique de los pueblos de Surimana, Pampamarca y Tangasuca. Había hecho sus estudios en el colegio jesuita para hijos de caciques del Cuzco donde aprendió, entre otras cosas, la historia sagrada, como lo prueban sus frecuentes alusiones a la Biblia. No es aventurado pensar que la historia de Moisés salvando a su pueblo israelita de la esclavitud en que lo tenían los egipcios lo haya alentado a realizar idéntica misión entre los suyos, apoyándose también, quizás, en las teorías del jesuita Francisco Suárez sobre la soberanía del pueblo. Tres o cuatro veces, en sus declaraciones, identifica la tiranía de los corregidores con la del faraón egipcio, pero es en su respuesta al sádico juez Mata Linares donde mejor se percibe esta posible identificación: «siendo descendiente de los incas, como tal, viendo que sus paisanos estaban acongojados, maltratados, perseguidos, él se creyó en la obligación de defenderlos, para ver si los sacaba de la opresión en que estaban. Palabras éstas que recuerdan casi textualmente los razonamientos de Moisés cuando decide salvar a su pueblo del despotismo egipcio, y también cuando recuerda que: «Un humilde joven con el palo y la honda y un pastor rústico 45libertaron al infeliz pueblo de Israel del poder de Goliat y faraón: fue la razón porque las lágrimas de estos pobres cautivos dieron tales voces de compasión, pidiendo justicia al cielo, que en cortos años salieron de su martirio y tormento para la tierra de promisión. Mas al fin lograron su deseo, aunque con tanto llanto y lágrimas. Mas nosotros, infelices indios, con más suspiros y lágrimas que ellos, en tantos siglos no hemos podido conseguir algún alivio; y aunque la grandeza real y soberanía de nuestro monarca se ha dignado librarnos con su real cédula, este alivio y fatiga se nos ha vuelto mayor desasosiego, ruina temporal y espiritual. Será la razón porque el faraón que nos persigue, maltrata y hostiliza no es uno solo, sino muchos, tan inicuos y de corazones tan depravados como son todos los corregidores, sus tenientes, cobradores y demás corchetes: hombres por cierto diabólicos y perversos [...] que dar principio a sus actos infernales seria santificar... a los Nerones y Atilas de quienes la historia refiere sus iniquidades... En éstos hay disculpas porque, al fin, fueron infieles; pero los corregidores, siendo bautizados, desdicen del cristianismo con sus obras y más parecen ateos, calvinistas, luteranos, porque son enemigos de Dios y de los hombres, idólatras del oro y de la plata. No hallo más razón para tan inicuo proceder que ser los más de ellos pobres y de cunas muy bajas". |
|
|
Boleslao Lewin, en su ya clásica obra sobre Túpac Amaru, afirma que su programa social fue claro y explícito desde un principio. No así el político, que fue variando a medida que se desarrollaban los acontecimientos. Cuando se acerca por primera vez a las autoridades españolas, en 1777, lo hace con un coherente programa de reivindicaciones; en primer lugar; conseguir la eliminación de la mita, sobre todo la minera, que si siempre había sido dura, con la disminución de los indígenas era imposible de sobrellevar. «Entonces morian los indios y desertaban -afirma en el memorial de diciembre de 1777- pero los pueblos eran numerosos y se hacia menos sensible; hoy, en la extrema decadencia en que se hallan, llega a ser imposible el cumplimiento de la mita porque no hay indios que las sirvan y deben volver los mismos que ya la hicieron...". Denuncia los esfuerzos inhumanos a que son obligados, los largos y peligrosos caminos que deben andar para llegar hasta allí "más de doscientas jornadas de ida y otras tantas de vuelta" y propone que, en lugar de los indios, trabajen en las minas "el copioso número de trabajadores establecidos en dicho cerro de Potosí". Pedía también la extinción de los obrajes, verdaderas cárceles donde se obligaba a adultos, viejos y hasta a niños a tejer y a hacer otras "granjerías " sin descanso. Las mayores acusaciones, sin embargo, estaban dirigidas a los corregidores, quienes, para poder conservar sus vidas lujosas e incrementar aún más los dividendos, obligaban a los indios a comprar toda clase de objetos inútiles, quedándose ellos con parte de la ganancia obtenida. La sabia legislación indiana había prohibido a los corregidores de indios comerciar con ellos, pero desde mediados del siglo XVIII esta prohibición pasó a ser letra muerta. Es así que, como decía Túpac Amaru, «nos botan alfileres, agujas de Cambray, polvos azules, barajas, anteojos, estampitas y otras ridiculeces como éstas. A los que somos algo acomodados nos botan terciopelos, medias de seda, encajes, hebillas, ruan y cambrayes, como si nosotros los indios usáramos de estas modas españolas. Y en unos precios exorbitantes, que cuando llevamos a vender no volvemos a recoger ni la veinte parte de lo que hemos de pagar...". Es decir, que seguían recurriendo a los cascabeles y cuentas de colores de comienzos de la Conquista. Algunos funcionarios reales veían y denunciaban este estado de cosas pero no se tomaba ninguna medida seria, quizás porque la Corona no podía pagar de otro modo a los corregidores que debían cobrar su sueldo de lo que sacaban a los indios. Viendo que sus peticiones no tenían eco, Túpac Amaru comenzó a preparar la insurrección haciendo acopio de armas de fuego, vedadas a los indígenas. Al mismo tiempo trataba de atraer a criollos y mestizos a su causa con desparejo resultado. La ocasión se presentó cuando el obispo criollo Moscoso excomulgó al corregidor de Tinta, Arriaga, individuo particularmente odiado por los indios. El 4 de noviembre de 1780, Túpac Amaru, con su autoridad de cacique de tres pueblos, mandó detener a Antonio de Arriaga, y lo obligó a firmar una carta donde pedía a las autoridades dinero y armas y llamaba a todos los pueblos de la provincia a juntarse en Tungasuca, donde estaba prisionero. Le fueron enviados 22000 pesos, algunas barras de oro, 75 mosquetes, mulas, etcétera. El 10 de noviembre, ejecutado Arriaga en la horca, según Túpac Amaru «en nombre del rey", comienza la mayor sublevación de América, cuyos ecos llegaron hasta los virreinatos de Nueva Granada y Río de la Plata, provocando nuevas insurrecciones en las que perdieron la vida más de 100.000 personas. «Desde el día diez -dice un documento de la época citado por Pedro de Ángelis- empezó a escribir cartas a diferentes caciques, mandándoles que prendiesen a sus corregidores, tenientes y demás dependientes, y dando órdenes para que se embargasen sus bienes. Estas cartas iban acompañadas de los edictos que habían de publicar dichos caciques en sus respectivas provincias, promulgando que se acabarían los pechos de repartimientos, aduanas y mitas de Potosí con el exterminio de los corregidores. Seguido por un entusiasta ejército de indios, empezó a recorrer pueblos y ciudades destruyendo a su paso los obrajes, símbolo de opresión, y emitiendo proclamas que modificaban su discurso según fueran dirigidas a los indios y a los esclavos, a los sacerdotes o a los criollos. A los primeros les prometía que «quedarán libres de la servidumbre y esclavitud en que estaban", insistiendo en que su misión consistía en abolir los abusos y terminar con los corregidores, que él era el libertador del reino y el restaurador de los privilegios otorgados a sus antepasados por los Reyes Católicos. A los clérigos les aseguraba que «sólo pretendo quitar tiranías del reino, y que se observe la santa y católica ley, viviendo en paz y quietud", recalcando en una carta al obispo Moscoso «V. S. Ilma. no se incomode con esta novedad ni perturbe su cristiano fervor. Ni la paz de los monasterios, cuyas sagradas vírgenes e inmunidades no se profanarán de ningún modo, ni sus sacerdotes serán invadidos con la menor ofensa de los que me siguieren... ". El 23 de diciembre de 1780 se dirige especialmente a los criollos en una proclama donde hace saber que «viendo el yugo fuerte que nos oprime con tanto pecho [impuestos] y la tiranía de los que corren con este cargo, sin tener consideración de nuestras desdichas, y exasperado de ellas y de su impiedad, he determinado sacudir el yugo insoportable y contener el mal gobierno que experimentamos de los jefes que componen estos cuerpos, por cuyo motivo murió en público cadalso el corregidor de Tinta, a cuya defensa vinieron de la ciudad del Cuzco una porción de chapetones, arrastrando a mis amados criollos, quienes pagaron con sus vidas su audacia. Sólo siento lo de los paisanos criollos, a quienes ha sido mi ánimo no se les siga ningún perjuicio, sino que vivamos como hermanos y congregados en un cuerpo, destruyendo a los europeos" . Las respuestas a estas proclamas fueron inmediatas y distintas. En las calles de Arequipa y del Cuzco aparecieron pasquines en favor y en contra del rebelde. Como España estaba en guerra con Gran Bretaña, se decía para desprestigiar al famoso mestizo que había tomado contacto con los ingleses. Entre la crítica y la admiración, un diario de Arequipa describía así, en enero de 1781, la figura del insurrecto y sus seguidores. El testigo destaca los elementos incaicos de su vestimenta e insinúa la presencia de dos ingleses entre sus hombres. "El ejército era muy considerable, y fuera de la infantería llevaba sobre mil hombres de caballería, españoles y mestizos, con fusiles, y al lado izquierdo y derecho de Túpac Amaru iban dos hombres rubios y de buen aspecto, que parecían ingleses. Túpac Amaru iba en un caballo blanco, con aderezo bordado de realce, su par de trabucos naranjeros, pistolas y espada, vestido de azul de terciopelo, galoneado de oro; su cabriolé en la misma forma, de grana, y un galón de oro ceñido en la frente. Su sombrero de tres vientos, y encima del vestido, su camiseta o unco, semejante a un roquete [casulla] de obispo, sin mangas, ricamente bordado, y en el cuello una cadena de oro, y en ella pendiente un sol del mismo metal, insignias de los príncipes, sus antepasados." La revuelta tuvo repercusión en toda la América hispana: desde el Río de la Plata hasta Colombia, Venezuela y aun Panamá y México, pero no todos los movimientos tuvieron las mismas características. Aunque después de su muerte los criollos utilizaron la figura de Túpac Amaru como símbolo, el suyo fue un movimiento esencialmente indígena: se unieron a él hasta los chiriguanos y los mocovíes nómades del Chaco salteño. En febrero de 1781 se levantaron Chuquisaca y Oruro, en marzo Tupiza, Puno, La Paz y Jujuy, donde decían «Ya tenemos rey Inca". Unos 5000 indios en una extensión de 1500 kilómetros, de Salta al Cuzco, se dispusieron a seguir al rebelde. En Oruro, donde hubo mucha participación de mestizos, se fijó en abril del 81 este pasquín:
Y en marzo de 1781 fijaron en la puerta de la Audiencia de Charcas:
Como fácilmente se ve en estos versos, mestizos y criollos protestaban sobre todo por la política impositiva de Carlos III. En la ciudad de Mendoza quisieron quemar su retrato «intentando dar a un vecino doscientos pesos... para quemarlo a favor del rebelde Túpac Amaru inca, y los dependientes de este rebelde, dando por bien hechas las atrocidades que han hecho". También el movimiento de los comuneros de Nueva Granada, esencialmente antiimpositivo, tomó elementos de los tupamaristas, pero con predominio criollo. "El día 16 de marzo de 1781, día de mercado, se presentaron en la plaza del Socorro unos cuantos hombres... vociferando que no pagarían los impuestos"; ante la intervención del alcalde que trataba de disuadirlos, "una mujer llamada Manuela Beltrán se acercó a la puerta de la casa donde estaba fijado en una tabla el edicto del Visitador y al grito de 'Viva el rey y muera el mal gobierno!', desgarró el edicto y volvió pedazos la tabla entre los vivas y aplausos de la multitud". Sucesos semejantes ocurrieron en distintas ciudades de Nueva Granada, con la diferencia de que en algunos pueblos se añadía al repudio por los impuestos algo mucho más grave: el reconocimiento de Túpac Amaru como nuevo rey. «¡Que viva el rey inca y muera el rey de España y todo su mal gobierno y quien saliese en su defensa!», gritaban en Silos, mientras en los llanos de Casanare y pueblos aledaños, un criollo, don Javier de Mendoza, se ponía a la cabeza de los indios sublevados en mayo del mismo año y hacía jurar a Túpac Amaru como rey de América. Es posible, sin embargo, que los comuneros de Nueva Granada, en su mayoría criollos, hubieran tomado el nombre del Inca para atraer a su causa a los indios del lugar. Si Túpac Amaru hubiera podido tomar la ciudad del Cuzco, otro rumbo hubieren seguido los acontecimientos. Quizás hubiera podido negociar una paz digna y obtener un indulto. Pero el ilustre peruano no quería que corriera tanta sangre y el tiempo que empleó en cartas al obispo y al cabildo de la ciudad para que se rindieran fue aprovechado por sus enemigos para enviar refuerzos considerables que hicieron imposible una victoria de los insurrectos. Con la llegada al Cuzco del visitador general José Antonio de Areche y el inspector general José del Valle encabezando un ejército compuesto de 17 116 hombres armados, la situación se desequilibró en perjuicio de los rebeldes. Lo más importante, sin embargo, fueron las medidas políticas adoptadas por los jefes realistas: se prohibiría el reparto (comercio obligatorio) de los corregidores y se indultaría con un perdón general a todos los comprometidos en la insurrección, exceptuando a los cabecillas. Estas medidas lograron que muchos desertaran o pasaran a las filas realistas. Túpac Amaru intentó todavía dar un golpe de mano atacando primero, pero el ejército realista fue advertido por un prisionero escapado y el golpe fracasó. La noche del 5 al 6 de abril se libró la desigual batalla entre los dos ejércitos. Según un parte militar «fueron pasados a cuchillo más de mil y derrotado el resto enteramente". Al verse perdido Túpac Amaru intentó fugar: «viendo todo perdido -sigue contando el parte militar del 8 de abril- envió orden a su mujer e hijos de que huyesen como pudiesen y se arrojó a pasar un río caudaloso a nado, lo que logró. Pero a la otra banda el coronel de Langui, que lo era por su orden en este pueblo, por ver si indultaba su vida, le hizo prisionero y le entregó a los nuestros... lo mismo que a su mujer, hijos y demás aliados... A las seis de la mañana de este mismo día se condujo prisionero a Francisco Túpac Amaru, tío de José Gabriel, y a otro cacique llamado Torres, famosos capitanes del rebelde. El primero traía vestiduras reales, de las que usaban los Incas, con las armas de Túpac Amaru bordadas de seda y oro en las esquinas". Túpac Amaru y los suyos quedarían expuestos a las fieras, que se cobrarían con creces los momentos de humillación y miedo que debieron pasar por su causa. «El viernes 18 de mayo de 1781, después de haber cercado la plaza con las milicias de esta dudad del Cuzco... y cercado la horca con el cuerpo de mulatos y huamanguinos, arreglados todos con fusiles y bayonetas caladas, salieron de la Compañía nueve sujetos que fueron: José Verdejo, Andrés Castelo, un zambo, Antonio Oblitas (el verdugo que ahorcó al general Arriaga), Antonio Bastidas, Francisco Túpac Amaru; Tomasa Condemaita, cacica de Arcos; Hipólito Túpac Amaru, hijo del traidor; Micaela Bastidas, su mujer, y el insurgente, José Gabriel. Todos salieron a un tiempo, uno tras otro. Venían con grillos y esposas, metidos en unos zurrones, de estos en que se trae la yerba del Paraguay, y arrastrados a la cola de un caballo aparejado. Acompañados de los sacerdotes que los auxiliaban, y custodiados de la correspondiente guardia, llegaron al pie de la horca, y se les dieron por medio de dos verdugos, las siguientes muertes. «A Verdejo, Castelo, al zambo y a Bastidas se les ahorcó llanamente. A Francisco Túpac Amaru, tío del insurgente, y a su hijo Hipólito, se les cortó la lengua antes de arrojarlos de la escalera de la horca. A la india Condemaita se le dio garrote en un tabladillo con un torno de fierro... habiendo el indio y su mujer visto con sus ojos ejecutar estos suplicios hasta en su hijo Hipólito, que fue el último que subió a la horca. Luego subió la india Micaela al tablado, donde asimismo en presencia del marido se le cortó la lengua y se le dio garrote, en que padeció infinito, porque, teniendo el pescuezo muy delgado, no podía el torno ahogaría, y fue menester que los verdugos, echándole lazos al cuello, tirando de una a otra parte, y dándole patadas en el estómago y pechos, la acabasen de matar. Cerró la función el rebelde José Gabriel, a quien se le sacó a media plaza: allí le cortó la lengua el verdugo, y despojado de los grillos y esposas, lo pusieron en el suelo. Le ataron las manos y pies a cuatro lazos, y asidos éstos a las cinchas de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo que jamás se ha visto en esta dudad. No sé si porque los caballos no fuesen muy fuertes, o porque el indio en realidad fuese de hierro, no pudieron absolutamente dividirlo después que por un largo rato lo estuvieron tironeando, de modo que lo tenían en el aire en un estado que parecía una araña. Tanto que el Visitador, para que no padeciese más aquel infeliz, despachó de la Compañía una orden mandando le cortase el verdugo la cabeza, como se ejecutó. Después se condujo el cuerpo debajo de la horca, donde se le sacaron los brazos y pies. Esto mismo se ejecutó con las mujeres, y a los demás les sacaron las cabezas para dirigirlas a diversos pueblos. Los cuerpos del indio y su mujer se llevaron a Picchu, donde estaba formada una hoguera, en la que fueron arrojados y reducidos a cenizas que se arrojaron al aire y al riachuelo que allí corre. De este modo acabaron con José Gabriel Túpac Amaru y Micaela Bastidas, cuya soberbia y arrogancia llegó a tanto que se nominaron reyes del Perú, Quito, Tucumán y otras partes... "Este día concurrió un crecido número de gente, pero nadie gritó ni levantó la voz. Muchos hicieron reparo, yo entre ellos, de que entre tanto concurso no se veían indios, a lo menos en el traje que ellos usan, y si hubo alguno, estarían disfrazados con capas o ponchos. [..] Habiendo hecho un tiempo muy seco y días muy serenos, aquel día amaneció entoldado, que no se le vio la cara al Sol, amenazando por todas partes a llover. Ya la hora de las 12, en que estaban los caballos estirando al indio, se levantó un fuerte refregón de viento y tras éste un aguacero que hizo que toda la gente, aun las guardias, se retirasen a toda prisa. Esto ha sido causa de que los indios se hayan puesto a decir que el cielo y los elementos sintieron la muerte del Inca, que los inhumanos e impíos españoles estaban matando con tanta crueldad." Ese día la naturaleza mostró ser mas piadosa que los hombres. Nunca en la historia de América los representantes de la Justicia obraron con tanta saña llegando, como en una maldición bíblica, hasta a arrojar sal en los pueblos donde tenía el inca sus posesiones. Mucho temor deben haber tenido algunos españoles del Cuzco, quienes, según un testimonio contemporáneo citado por Ángelis, no sólo se refugiaban en las iglesias sino que 'pedían a los sacristanes les franqueasen las bóvedas para sepultarse vivos". Sentir miedo y que sea público es algo que los soberbios jamás perdonan. El miedo pasado y la «repulsión a la idea de que los "bárbaros" pudieran.
Extractado del libro "Las mil y una historias de América", de Lucía Gálvez, editorial Norma. 1999.
After escaping from his jail, the Saxsayhuaman fortress, Manco Capac organized an army and attacked Cuzco in 1536. So began the belated resistance to the Spanish conquest in South America. Firing red-hot stones with slings the resistance set their occupied sacred city, Cuzco, afire. The Spaniards retreated to the Saxsayhuaman fortress, where their force of 200 with superior armaments held off Manco Capac's force of 40,000 to 50,000. The Incans were unable to adapt to the Spanish weapons. Although they captured some firearms, they were unable to use them. Due to the onset of planting season many of the rebels abandoned the uprising. Manco Capac's forces prematurely ended the siege and altered their strategy. They moved to Ollantaytambo to wage a war of attrition on the conquerors. When driven from Ollantaytambo the Incas retreated to the more remote and difficult to access Vitcos, a town in the rugged and nearly impenetrable Vilcabamba Andes. From their remote mountain location Manco Capac directed the harassment of the Europeans, making it impossible for the Spaniards to establish settlements anywhere in southern Peru. Meanwhile, Paullu was crowned puppet Inca in Cuzco.
Sayri Tupac, a five-year-old, witnessed his father's murder and succeeded him. Prince Philip of Spain wrote to Sayri Tupac in 1552 acknowledging that Manco Capac's actions had been provoked. Prince Philip pardoned Sayri Tupac for all crimes since his accession. Prince Philip also asked the Viceroy to negotiate with the Incas. In 1557 Sayri Tupac abandoned his father's struggle for independence and accepted the offer of the Spaniards to return to Cuzco. He departed Vilcabamba province without the royal insignia. His half-brother, Titu Cusi, and the military commanders were using Sayri Tupac as a guinea-pig, to test the real intentions of the Spanish. In Cuzco Sayri Tupac received a special dispensation from Pope Julius III in order to consecrate his marriage to his sister Cusi Huarcay. The Spaniards were pleased that the Inca was now a Christian and that the rebellion had been ended. In 1561 the young Inca suddenly died of poisoning. Just as suddenly Vilcabamba was again ruled as a separate native state. Another of Manco Capac's sons, Titu Cusi, became the Inca from 1560 to 1571, usurping his younger half-brother, Manco Capac's legitimate son Tupac Amaru. Titu Cusi made Tupac Amaru a priest and the custodian of Manco Capac's body in Vilcabamba. Negotiations to lure Titu Cusi to Cuzco failed. Titu Cusi initially renewed raiding and encouraged native uprisings while governing the independent neo-Inca state from Vilcabamba. Bernabé Cobo reported that Titu Cusi "set himself to doing the Christians as much harm as he was able. . . (he) killed travelers. As a result there was no safe place in the districts of Cuzco or Huamanga, and no one could travel from place to place without an escort." (Cobo 240) Peru's new Governor-General Lope García de Castro accused the Inca of urging uprisings in Chilé and Argentina. After discovering a possible concerted rebellion in Peru he wrote to the King, "there has been much carelessness in this kingdom. The Indians have been allowed to have horses, mares and arquebuses, and many of them know how to ride and shoot an arquebus very well." (García de Castro 60) Governor-General Castro ordered the confiscation from all Indians of horses and Spanish weapons. A resurgence of native religion was also occurring. The Spaniards viewed the existence of Vilcabamba and a non-Christian Inca as a continuing threat to their security. The Spaniards openly threatened to conquer Vilcabamba. Titu Cusi, in order to enhance his son Quispe Titu's chances of succession, wished to see him marry his cousin Beatriz Clara Coya, the daughter of two of Manco Capac's legitimate children. This desire and the threats of conquest caused Titu Cusi to renew negotiations with the Spanish. Titu Cusi's father had been killed and his mother, sister and cousin had been raped by Spaniards. He had been imprisoned, collared like a dog and ransomed for a trunk of gold. He wrote of his suspicion that the Spaniards had poisoned his brother, Sayri Tupac. Yet, during his administration, Titu Cusi moved towards the less bellicose position of coexistence. Envoys were admitted to Vilcabamba and negotiations initiated. The peace treaty of Acobamba was signed in 1566. Titu Cusi gave orders to end raiding and killing of Spaniards. In 1567 Titu Cusi declared his allegiance to the King of Spain. On July 9 in a special ceremony the Inca performed rites to the Sun and "placed his hand on the ground and [swore] to keep the peace" declaring that he "placed himself of his own free will . . . under the power and strength of the kings of Spain." (Coleción 275) Titu's brothers, including Tupac Amaru, made the same submission. As agreed by treaty Titu Cusi allowed two Augustine monks and a corregidor (royal administrator) into Vilcabamba. Quispe Titu was baptized on July 20, after instruction. King Philip requested a papal dispensation so Quispe Titu and his cousin Beatrice Coya could marry, which was granted.In 1570 Friar Diego Ortiz became a close companion to the Inca. When Titu fell ill and suddenly died Diego Ortiz, who was nearby, was blamed with poisoning him. Friar Ortiz was tortured and killed. Tupac Amaru, a legitimate son of Manco Capac, emerged as the next ruler. Tupac Amaru had grown up in the Incan convent of Vilcabamba, the so-called religious university of the Incas. He was favored by the native religious and military leaders. Unlike Quispe Titu, Tupac Amaru was an adult. And he opposed Christianity and the Spanish occupation. In Vilcabamba all signs of Christianity were quickly destroyed and churches were leveled. The few Spaniards were killed and the borders closed to further incursions. The Spaniards in Cuzco knew nothing of what had transpired. Two envoys sent were each in turn not allowed to enter the province and failed to contact the Inca. Also, the Spaniards had failed to send the tributes promised to the Inca in the treaty of Acobamba. A third envoy was killed by an Indian captain at the border, and this incident became known in Cuzco. King Charles, in 1549, had decreed that conquest expeditions were to engage in fighting only in self-defense because, in good conscience, their underlying authority stemmed from a papal edict to convert the pagans. Using the justification that the Incas had "broken the inviolate law observed by all nations of the world regarding ambassadors" (Murua 1, 246) the new Viceroy, Francisco de Toledo, decided to attack and conquer Vilcabamba. His proclamation of war was published on April 14, 1572. Two weeks later ten soldiers with artillery and firearms took possession of the bridge of Chuquichaca, the entrance to Vilcabamba province on the Urubamba River. By late May Toledo had assembled 250 Spanish soldiers and 2,000 Indian warriors. On June 1, the first engagement of the war commenced in the Vilcabamba valley. The natives "advanced with their lances, maces, and arrows with as much spirit, brio and determination as the most experienced, valiant and disciplined soldiers of Flanders" (Salazar 4, 832) against the firearms and artillery for hours, then retreated. On the 23rd of June the fort of Huayna Pucará surrendered to Spanish artillery fire. Tupac Amaru had left for Vilcabamba the previous day. On June 24, 1572 the invaders occupied Vilcabamba, the last free Inca city. The city was found deserted and sacked. The houses of the Inca had been burned. All food stores had been destroyed and were still smoldering. Inca Tupac and a party of about 100 had escaped into the jungle in various directions the day before. Three groups of pursuing Spanish soldiers returned. One group had captured Tuti Cusi's son and pregnant wife. A second returned with prisoners and a million in gold, silver and emeralds, which was divided between the soldiers and priests. The third group returned with Tupac Amaru's two brothers, other relatives and several of his generals. The Inca and his commander remained at large. A group of forty hand-picked soldiers set out to pursue them. They followed the Masahuay river for 170 miles, where they found an Inca warehouse with quantities of gold and the Inca's tableware. Captured Chunco Indians reported that Tupac was down river in Momorí. Expedition leader García de Loyola ordered the building of five rafts and pursued the Inca, surviving turbulent rapids en route. At Momorí they discovered that Tupac had escaped by land. They followed with the help of the Mamarí Indians, who advised which path the Inca had followed and reported that Tupac was slowed by his wife, who was about to give birth. After a fifty mile march they saw a campfire around nine o'clock at night. They found Tupac Amaru and his wife warming themselves. They assured them that no harm would come to them and secured their surrender. Tupac Amaru was arrested. The captured were marched into Cuzco on Sept. 21. Tupac Amaru was "held by a chain of gold round his neck" (Salazar 30, 278). The victors also brought the mummified remains of Manco Capac and Titu Cusi and a gold statue of Punchao, a representation of the Incan lineage containing the mortal remains of the hearts of the deceased Incas. The final stage of the conquest began in the prison where the attempt to indoctrinate and convert Tupac and his fellow captives to Christianity was undertaken. In a mere two days and nights they were instructed by a small army of proselytizers in all that was necessary for their baptism. At the same time they were tried and convicted. The five Native generals received a summary trial at which nothing was said in their defense. They were sentenced to hang. Several who died of the severe torture they received were nonetheless hung. The "trial of the Inca was hurried and was manifestly unjust." (Hemming 445) Tupac Amaru was convicted of the murder of Friar Diego Ortiz and others, of which he was certainly innocent. Tupac Amaru was sentenced to be beheaded. Numerous clerics, convinced of Tupac Amaru's innocence, pleaded to no avail, on their knees before the Viceroy Toledo, that the Inca be sent to Spain for a trial instead of being executed. An eyewitness report from the day recalls that Tupac Amaru was led through the streets of Cuzco between Father Alonso de Baranza and Father Molina, who instructed him for the benefit of his soul. Vega Laoiza has him riding a mule with hands tied behind his back and a rope around his neck. Gabriel Oviedo and Baltasar de Ocampo report great crowds and the Inca surrounded by 400 guards with lances. In front of the main cathedral in the central square of Cuzco a black-draped scaffold had been erected. The plaza was so densely crowded for the spectacle that the chief officer of the court rode down many people to clear a path. Reportedly 10,000 to 15,000 witnesses were present. Tupac Amaru mounted the scaffold with Bishop Agustín de la Corunna. The "multitude of Indians, who completely filled the square, saw that lamentable spectacle [and knew] that their lord and Inca was to die, they deafened the skies, making them reverberate with their cries and wailing." (Murúa 271) Murúa, writing in Spanish reported:
Tupac Amaru calmly raised his hands and silence and motionlessness fell upon the densely packed crowd. Several versions survive of the Inca's speech. In one report Tupac spoke and implored the crowd to never curse their children for bad behavior, but only to punish them, for once he had annoyed his mother and she cursed him with an unnatural death. The priests convinced him that his death was the wish of God. He asked forgiveness of everyone and told the Viceroy he would pray to God for him. Bishop Popoyán and some priest implored the Viceroy to send Tupac Amaru to Spain to be tried by the king. The viceroy, Francisco de Toledo ordered Juan de Soto, his servant and law officer of the court through the crowd to the center of the spectacle. He galloped furiously to the gallows with the Viceroy's order that the Inca's head be cut off at once, crushing many people in the crowd. In another report, based on Salazar, the Inca is reported to have renounced Incan religion and admitted to the crowd that he had become a Christian. He reportedly stated that everything the Incas had said about their relationship to the Sun was false. It is likelier that a priest delivered this message from the gallows. Another eyewitness, Juan Quispe Kuro, reports that Tupac Amaru's last request was that he be allowed to say good-bye to his young children, who ascended the gallows with dignity and hugged their father. As reported by Baltasar de Ocampa and Friar Gabriel de Oviedo, Prior of the Dominicans at Cuzco, both eyewitnesses, the Incas last words were, "Ccollanan Pachacamac ricuy auccacunac yahuarniy hichascancuta." "Mother Earth, witness how my enemies shed my blood." By one account Tupac Amaru placed his head on the block. The executioner took Tupac's hair in one hand and severed his head in a single blow. He raised his head in the air for the crowd to view. At the same time all the bells of the many churches and monasteries of the city were rung. A great sorrow and tears were brought to all the native peoples present. The military leader of the Incan army, Wallpa Yupanki was also decapitated, two generals were hung and the hands of three other resistors were chopped off, according to Guillon's recounting. Toledo also ordered the burning of the mummies of the Incas. Baltasar Ocampo reports that Tupac Amaru's severed head was impaled on a lance near the gallows. At night the Incan people began to gather in the plaza. In the early morning Juan del la Serna observed this practice, considered idolatrous worship. The Viceroy then ordered the head buried with the body. A pontifical mass was celebrated for the Inca's soul and all the clergy of the great city took part in the funeral. Tupac Amaru's mortal remains are buried in the Church constructed upon the remains of the Coricancha, the Incan monument to the Sun which had housed the mummies of his ancestors. Nearly forty years after the conquest of Peru began with the execution of Atahuallpa, the conquest ended with the execution of his nephew. A roundup of Incan descendants was soon initiated by the Viceroy. Several dozen, including Tupac Amaru's three-year-old son, were banished to Mexico, Chilé, Panama and elsewhere. King Philip overturned some of the banishments. Toledo ruled Peru with a harshness never before known. He wrote a large volume of laws, including "Any Indian who makes friendship with an Indian woman who is an infidel, is to receive one hundred lashes, for the first offense..." and "Indians shall no longer use surnames taken from the moon, birds, animals, serpents, or rivers, which they formerly used." In Cuzco on Sept. 18, 1589, the last survivor of the original conquerors of Peru, Don Mancio Serra de Leguisamo, wrote in the preamble of his will the following in parts:
According to Spanish records the 'number of souls under their jurisdiction' fell from about 1.5 million in 1561 to 600,000 in 1796 (including European descendants). Prior to 1561 it is estimated more than 75% of the native population perished due to small pox, measles and influenzas introduced by the Europeans. Famines also took their toll due to the disruptions of economic and social life. In some provinces fully two-thirds of the population was conscripted to work in silver mines, where most perished. By 1800, the population was reduced to one-tenth the aboriginal level, if not far less. In 1780 Tupac Amaru's great-grandson, José Gabriel Condorcanqui, better known as Tupac Amaru II, led the first major Incan uprising against the Spaniards in two centuries. His rebellion was suppressed, he was captured and sentenced to be tortured and put to death. After his torture he was killed by being drawn and quartered on the main plaza in Cuzco in 1781, in the same place as his namesake had been beheaded. Other regional revolts followed. Thereafter all the descendants of the Incas were once again traced and many were executed. A group of ninety were sent to Spain where most died in prisons. When the Creole (mestizo) aristocracy of Peru won independence from Spain the Indians suffered even greater atrocities, particularly the loss of community lands. A system of chattelism was imposed in exchange for the right to live on haciendas and maintain a few animals. Agrarian reform was not initiated in Bolivia until 1953. In Peru in 1969 a revolutionary military junta decreed a land reform law. This author, as a Peace Corps worker in the Peruvian Ministry of Agriculture, participated in the liberation of several haciendas. At Hacienda Sollocota the enslavement of 100 native Incan families ended when the junta presented them title to their ancestral lands. On that day, during a great celebration with traditional music and dancing, one of those given ownership stated to this author, "We have waited four hundred years for our freedom, and today we are free."
BIBLIOGRAPHY: Coleccíon de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiquas posesiónes españoles de Ultramar, ed. Angel de Altolaguirre y Duvale and Adolfo Bonilla y San Martin, 25 vols., Madrid, 1885-1932, vol.15. In Hemming. García de Castro, Lope, Despatch, Lima, Mar. 6, 1565, Gobernantes del Perú, cartas y papeles, Siglo xvi, Documentos del Archivo de Indias, Coleción de Publicaciones Históricas de la Biblioteca del Congreso Argentino, ed. Roberto Levillier, 14 vols., Madrid, 1921-6. In Hemming. Guillen Guillen, Edmundo, La Guerra de Reconquista Inka, Historica epica de como Los Incas lucharon en Defensa de la Soberanía del Perú ó Tawantinsuyu entre 1536 y 1572, Primera edición, ímpeso en Lima, El Perú. Hemming, John, The Conquest of the Incas, Harcourt, Brace, Jovanovich, Inc., New York, 1970. Markham, Sir Clements, The Incas of Peru, Second Edition, John Murray, London, 1912. Métraux, Alfred, The History of the Incas, Translated from the French by George Ordish, Pantheon Books, New York, 1969. Mura, Martín de, Historia General del Perú, Orígin y descendencia de los Incas (1590 - 1611), ed. Manuel Ballesteros-Gaibrois, 2 vols., Madrid, 1962, 1964. In Hemming. Ocampa, Baltasar de, Descripción de la Provincia de Sant Francisco de la Vitoria de Vilcapampa (1610). Trans, C. R. Markham, The Hakluyt Society, Second Series, vol. 22, 1907. In Hemming. Salazar, Antonio Bautista de, Relación sobre el periodo del gobierno de los Virreyes Don Francisco de Toledo y Don García Hurtado de Mendoza (1596), Coleción de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y colonization de las posesiones espanolas en América y Oceanía sacadas en su mayor parte de Real Archivo de Indias, 42 vols., Madrid, 1864-84. In Hemming. Titu Cusi Yupanqui, Inca Diego del Castro, Relación de la conquista del Perú y hechos del Inca Manco II; Instrución el muy Ille. Señor Ldo. Lope García de Castro, Gouernador que fue destas rreynos del Pirú (1570), Coleción de libros y documentos referentes a la historia del Perú, ed. Carlos A. Romero and Horacio H. Urteaga, two series, 22 vols., Lima, 1916-35. In Hemming. Valladolid, 29 April 1549, Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispano-América, ed. Richard Konetzke, 4 vols., Madrid, 1953. In Hemming. Vargas Ugarte, Ruben, Historia del Perú, Virreinato (1551-1600), Lima, 1949, p. 258. ACKNOWLEDGEMENTS: Many of the translations in this article are quoted from the work of John Hemming. Hemming's work, Conquest of the Incas, is both a major work of excellent scholarship and an enthralling narrative. I highly recommend the book to those seeking further authoritative information and greater detail about one of the most tragic genocides in human history. I receive many inquiries due to this page, and I direct most of them to Hemming's publications. Thanks are extended to Tom Shoemaker for his editing help and to Peruvian native Frank Fernandez for comments and a helpful correction. NOTES: Aug. 2006. I received a careful review of a passage in the article from Manuel J. Inguanzo. I had written, "At the age of eight or nine Beatriz Clara Coya, the daughter of Sayri Tupac and heiress to his great estates, was wedded to Cristóbal Maldonado and then raped by him to give greater force to the wedding claim. This was done in an attempt to secure her inheritance." Manuel noted, other histories do not report this marriage actually taking place, and he kindly provided the further details. Manuel Inguanzo, summarizing Spanish language histories he found on the topic, reported, "The royal child was raised by the nuns of the convent of Santa Clara in Cuzco until she was eight years old, when her mother took her to the house of Arias Maldonado, an influential conquistador. In that household, plans were laid our to marry her to Cristobal, brother of Arias Maldonado. ... It was even murmured that Cristobal Maldonado had raped the child Beatriz Clara in order to force a marriage to take place. ... Titu Cusi Yupanqui, as a condition to abandon the refuge in Vilcabamba, which had been so irritating to the Spanish crown, wanted the authorization of the marriage of his son Quispe Tito to the girl... doña Beatriz was returned to the convent where she stayed until she turned 15 years old, when at the behest of the viceroy Francisco de Toledo, she indicated her preference for"marriage. The viceroy Toledo gave her in marriage to a captain in his retinue, Martín García de Loyola, as a reward for having captured and taken in chains to Cuzco Tupac Amaru..." Sources: Diccionario histórico-biográfico del Perú. Tomo segundo, Manuel de Mendiburu Lima, Imprenta de J. Francisco Solis, 1876, and http://www.cervantesvirtual.com, entry: Doña María Coya de Loyola Inca. |
|
AVIZORA |