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León Trotsky /
Anexo 1 /
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Jorge Tobías Colombo
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- Christian Castillo - SUS
PRIMERAS ARMAS
Trotsky (cuyo verdadero nombre era León Davidovich Bronstein) había
nacido en Yanovka, Ucrania, en 1879. Desde muy joven participó
activamente en los núcleos en que se organizaba la joven clase
obrera rusa en el vasto imperio zarista. En 1897 es organizador de
la Unión de Obreros del Sur de Rusia y fundador del periódico «Nashe
dielo» (Nuestra causa). Al año siguiente será detenido y luego
enviado al destierro en Siberia, de dónde escapará a Europa. Allí se
sumará a los emigrados rusos que editaban la «Iskra» (La Chispa),
que era el órgano que buscaba centralizar la actividad política de
los distintos grupos del Partido Obrero Social Demócrata Ruso (POSDR),
nombre que tomaban en ese entonces los marxistas en Rusia. Entre los
miembros del Consejo de Redacción de Iskra estaban los iniciadores
del marxismo en Rusia, como Plejánov, Vera Zasúlich y Mártov; y
Lenín, que pertenecía a una segunda generación de marxistas
rusos.(...). (Ver: Trotsky a
70 años de su asesinato: pasado, presente... ¿futuro?)
En 1903, durante su segundo Congreso realizado en Londres, el POSDR
sufre una escisión entre dos fracciones: los «bolcheviques»
(mayoría), encabezados por Lenín , y los «mencheviques» (minoría).
Inicialmente esta división se daba ante lo que parecía un punto
secundario del estatuto, pero encerraba toda una concepción sobre el
tipo de organización que había que construir para poder derrotar al
régimen zarista: si un partido laxo o una organización centralizada
de militantes, apta para desenvolverse ante los cambios bruscos
revolucionarios y contrarrevolucionarios de la situación política.
Trotsky en ese entonces no capta la profundidad de esta divergencia
y va durante años a buscar la «unidad entre las fracciones», a pesar
de que con el tiempo sus diferencias con los mencheviques, que
sostenían que los trabajadores tenían que formar un bloque con la
burguesía liberal rusa en la lucha contra el zarismo, se volvían
irreconciliables. Es que los revolucionarios tenían que hacer frente
a una nueva época, la del imperialismo, signada por las crisis, las
guerras y las revoluciones, que se oponía a la de la relativa
estabilidad y desarrollo económico que había vivido la Europa
capitalista tras la derrota del levantamiento revolucionario de la
Comuna de París en 1871. Esas condiciones habían permitido un
desarrollo evolutivo de la socialdemocracia alemana, incubando a su
vez presiones crecientemente reformistas en su seno, que se
expresarían en toda su magnitud con el estallido de la primera
guerra mundial, cuando los socialdemócratas permitirían con su voto
favorable a los créditos de guerra, la entrada de Alemania en el
conflicto. Trotsky deducía que desde el punto de vista de las
condiciones mundiales de la nueva época imperialista, que abría una
contradicción creciente entre la internacionalización de la economía
y los estados nacionales, Rusia no se hallaba en condiciones de
vivir una revolución burguesa, del tipo de las se habían dado en los
siglos anteriores en las potencias europeas. Esta tarea
correspondería a la clase obrera. Los mencheviques razonaban en
sentido inverso, mecánicamente, viendo que Rusia y la clase obrera
debían repetir las etapas de desarrollo que se habían dado en Europa
occidental. De ahí concluían que los trabajadores debían ir a la
rastra de la burguesía liberal.
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Trotsky, Lenin y Kamenev |
EL
«ENSAYO GENERAL» DE 1905
En 1905 una oleada de huelgas terminó en un levantamiento revolucionario
de los obreros de San Petersburgo y Moscú contra el régimen zarista. El
mismo fue encabezado por el Soviet (Consejo) de diputados obreros.
Trotsky, que fue su presidente, señalaba de esta manera el papel del
soviet: «El consejo organizaba a las masas, dirigía las huelgas
políticas y las manifestaciones, armaba a los obreros...era, o al menos
aspiraba a ser, un órgano de poder. (...) [El soviet] ligaba la lucha
por el poder a la dirección inmediata de toda la actividad social
autónoma de las masas obreras; frecuentemente incluso se encargaba de
solucionar conflictos entre los representantes individuales del capital
y el trabajo (...) El consejo de los diputados obreros ha convertido en
una realidad la libertad de prensa. Ha organizado patrullas callejeras
para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Se apoderó más o menos
de correos, telégrafos y los ferrocarriles. Ha intentado instaurar la
obligatoriedad de la jornada de trabajo de ocho horas. Al paralizar con
el movimiento huelguístico el Estado absolutista, introdujo su propio
orden democrático en la vida de las clases trabajadoras de las
ciudades.»1 Este primer embate de los obreros rusos fue sin embargo
contenido por el régimen, que disolvió el soviet. Trotsky fue
encarcelado y deportado nuevamente a Siberia, pero logró huir a
Finlandia.
Los hechos de 1905 fueron todo un anticipo, un verdadero «ensayo
general» de lo que sería la Revolución Rusa de 1917. Precisamente el
genio teórico de Trotsky se puso de manifiesto a la hora de poder captar
en los acontecimientos de 1905 cuál sería la dinámica que tomaría la
próxima revolución. Trotsky señalaba que la burguesía liberal rusa era
incapaz de encabezar la lucha revolucionaria contra el régimen
autocrático, que tenía como eje, no sólo el derrocamiento del régimen
político sino, fundamentalmente, el problema agrario, es decir, la
liquidación de la propiedad terrateniente. La expansión imperialista del
capitalismo mundial había creado condiciones particulares para el
desarrollo del capitalismo en Rusia, combinando la existencia de
fábricas modernas y una clase obrera concentrada en las ciudades con el
mayor de los atrasos en el campo, a la vez que un régimen político
heredado del feudalismo. El proletariado ruso, pese a ser minoritario,
tenía el suficiente peso social y político para encabezar a los
campesinos en la lucha contra el zarismo. Pero, una vez en el poder, no
se detendría ante los límites de la propiedad burguesa. Lo que comenzaba
siendo una revolución democrática se transformaba sin solución de
continuidad en revolución socialista. En esto consistía según Trotsky el
carácter permanente de la revolución, que explicita en su fenomenal
trabajo Resultados y perspectivas. Contra esta posición los mencheviques
sostenían que los trabajadores debían secundar a la burguesía liberal en
la lucha contra el zarismo, ya que aún Rusia no estaba madura para la
conquista del poder por parte de los trabajadores. La revolución no
debía consistir más que en la transformación de Rusia en un régimen del
tipo de los existentes en Europa Occidental.
LA REVOLUCIÓN RUSA DE 1917
Esta diferencia se planteó a pleno cuando las condiciones de incremento
excepcional en las penurias de las masas producidas por la Primera
Guerra Mundial, empujaron a los trabajadores y campesinos nuevamente a
la revolución. En febrero cae el zar y se erigen soviets por toda Rusia.
Los mencheviques forman parte de un gobierno provisional junto con el
partido de la burguesía y del partido que aglutinaba a la gran mayoría
de los campesinos, los «socialistas revolucionarios». Pero ninguna de
las demandas de las masas son satisfechas por el nuevo régimen.
Las anteriores diferencias entre Lenín y Trotsky son zanjadas ante la
perspectiva común que adoptan frente al curso que debe seguir la
revolución. Ambos se oponen al gobierno provisional y sostienen que hay
que luchar porque los soviets tomen el poder, perspectiva tras la que
Lenin reorienta al partido bolchevique en las «Tesis de Abril». En julio
Trotsky y sus seguidores se fusionan con los bolcheviques. Trotsky
jugará un papel central en la preparación de la insurrección que
conducirá a la instalación de un gobierno obrero y campesino en Rusia, y
luego en el gobierno soviético. Será Comisario del Pueblo de Relaciones
Exteriores y luego organizará el Ejército Rojo durante la guerra civil.
La revolución rusa había triunfado según el esquema previsto por Trotsky.
La burguesía era incapaz de lograr «el pan, la paz y la tierra» por el
que las masas habían volteado al zarismo. Después de unos meses de
desarrollo de un período de «doble poder» (con el gobierno provisional
expresando a la burguesía y los soviets el poder obrero) las masas
obreras y campesinas, con el partido bolchevique al frente, se hicieron
del poder en un país económicamente atrasado de ciento cincuenta
millones de habitantes. Nadie en ese entonces entre los comentaristas de
las clases dominantes opinaba que los bolcheviques podrían mantenerse en
el poder más que algunas semanas. Sin embargo, los bolcheviques
mostraron a los trabajadores de todo el mundo que era posible conquistar
el poder y que los obreros tomaran en sus manos las riendas de su propio
destino. En el prefacio de su famoso libro «Diez días que estremecieron
al mundo», en enero de 1919, el periodista revolucionario norteamericano
John Reed decía: «Después de un año entero de existencia del gobierno
soviético, sigue estando de moda llamar ‘aventura’ a la insurrección
bolchevique. Sí, fue una aventura y por cierto una de las aventuras más
sorprendentes a que se ha arriesgado jamás la humanidad, una aventura
que irrumpió como una tempestad en la historia al frente de las masas
trabajadoras y lo puso todo a una carta en aras de la satisfacción de
sus inmediatas y grandes aspiraciones. Estaba ya listo el aparato para
repartir las grandes haciendas de los latifundistas entre los
campesinos. Se habían constituido ya los comités de empresa y los
sindicatos para poner en marcha el control obrero en la industria. En
cada aldea, ciudad, distrito y provincia existían Soviets de diputados
Obreros, Soldados y Campesinos, dispuestos a asumir la administración
local. Piensen lo que piensen algunos sobre el bolchevismo, es
indiscutible que la Revolución Rusa constituye uno de los
acontecimientos más grandes de la historia humana y la exaltación de los
bolcheviques es un fenómeno de importancia mundial.» No se equivocaba.
Trotsky fue con Lenín uno de los grandes dirigentes de esta hazaña.
Esperaban que la ola revolucionaria se extendiese a Alemania y el resto
de Europa, y que de esta manera la clase obrera occidental fuese en su
ayuda. Sin embargo, las revoluciones y levantamientos de fines de la
primera guerra mundial no terminaron en triunfos revolucionarios para la
clase obrera europea y el estado obrero ruso quedó aislado y enfrentado
a una devastadora guerra civil y la invasión de catorce ejércitos
imperialistas. Estas serían las bases sobre las que se iría asentando
una casta burocrática surgida de las entrañas de la propia revolución,
cuyo principal exponente sería
Stalin. Enfrentando este proceso la
personalidad de Trotsky cobraría una relevancia aún mayor que la que
tuvo al frente de la insurrección de Octubre. Pero esto lo
desarrollaremos en una próxima nota.
1 León Trotsky, «El consejo de los diputados obreros y la revolución».
Christian Castillo es Miembro del Comité
Editorial de Estrategia Internacional.
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