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. Apuntes biográficos

10 - Torcuato Tasso, poeta italiano (Sorrento, 1544 - Roma, 1595). Su obra marca la culminación de la poesía renacentista italiana y anuncia el desarrollo posterior de la misma, sobre la que ejerció una enorme influencia.

Hijo de Bernardo Tasso, su infancia se vio ensombrecida por el destierro de su padre a la caída de Ferrante Sanseverino, por la muerte de su madre y por constantes desplazamientos que lo llevaron a Urbino, Venecia, Padua y Bolonia. Entró al servicio del cardenal Luis de Este, a quien acompañó a París (1570-1571), y del duque Alfonso II (1572). Su primera obra, el poema caballeresco Reinaldo (1562), marca el paso de la imitación de Ariosto a una concepción más original de la poesía. En 1573 montó para una fiesta cortesana una representación de Aminta, fábula pastoril que se publicó en 1580. La redacción de su obra maestra, el poema épico Jerusalén libertada, fue iniciada en 1559 y cuando creyó haberla finalizado, en 1575, el poema le pareció poco ortodoxo y lo envió a Escipión de Gonzaga para que lo examinase. Empezó entonces una época crítica para el poeta, en la que trataba de salvar la libertad de su temperamento frente a las limitaciones que le imponían los críticos aristotélicos clásicos. Su vida fue desde ese momento una alternancia trágica de períodos de locura y momentos de lucidez: llegó incluso a rehacer el poema con el título de Jerusalén conquistada (1593), muy inferior al original. Su situación se fue agravando, y sus violencias, injurias y extravagancias obligaron al duque Alfonso II a hacerlo encerrar en el asilo de Santa Ana, en el que permaneció durante siete años (1579-1586). Después de residir en Mantua, Roma y Nápoles, cuando iba a ser coronado poeta en el Capitolio, murió en el convento de Sant'Onofrio. Es autor, además, de la canción A las princesas de Ferrara, escrita durante su reclusión en el asilo; de la tragedia El rey Turismundo (1587); de unos Discursos sobre el arte poética (1566) y Discursos del poema heroico (1595); y de una colección de Versos (1593), que representan el último gran momento de la poesía italiana del Renacimiento.

 

Apuntes biográficos

Torcuato (Torquato) Tasso, hijo del poeta y literato Bernardo Tasso, nació el 11 de marzo de 1544, en Sorrento. Después de estudiar leyes en la universidad de Bolonia, en 1560 se trasladó a Padua para continuar sus estudios de derecho y filosofía en la universidad de aquella ciudad. Allí fue donde compuso su primer poema épico, Reinaldo (1562). En 1565 entró al servicio del cardenal Luigi d'Este, y se fue a vivir a Ferrara, donde llegó a ser un admirado miembro de la corte de Alfonso II, duque de Ferrara, y hermano del cardenal. La familia Este es conocida por su mecenazgo artístico; ya en el siglo XV, los duques de Ferrara habían apoyado el talento de los grandes poetas Ludovico Ariosto y Matteo Maria Boiardo. En 1570-1571 se trasladó a Paris con el séquito del cardenal.

En 1572 fue acogido en la Corte de Alfonso II d'Este, duque de Ferrara, que no apreciaba sus dotes literarias y en el 1576 lo nombró historiador ducal.

En 1573, Tasso terminó su obra de teatro de estilo pastoril Aminta (1580), una lírica idealización de la vida cortesana. Su representación durante una fiesta de la corte en 1573 obtuvo un enorme éxito e, incluso en nuestros días, está considerada como una de las mejores obras en su género. 

En 1575 Tasso finalizó su poema épico sobre la Primera Cruzada, Jerusalén liberada (1581). Obra cumbre de la tradición literaria renacentista; en ella Tasso intenta reavivar la poesía épica clásica y reconciliarla con las exigencias religiosas de la Contrarreforma. Antes de publicar su trabajo, Tasso pidió su opinión a notables críticos contemporáneos suyos y, aún así, tuvo una acogida poco favorable, lo cual, unido a un golpe que recibió en la cabeza, hizo concebir al poeta la idea de que estaba siendo perseguido.
 

Aproximadamente hacia el 1575 comenzó a manifestársele síntomas de paranoia que le llevó en 1577 a huir de la corte, imaginándose que era continuamente perseguido. Incluso llegó a atacar a un criado con un puñal en una de sus manifestaciones de desequilibro mental. Regresó a Ferrara en el 1579 y después de varios ataques violentos, Tasso hubo de ser internado en el hospital de Santa Ana de Ferrara, donde permaneció siete años. Durante este periodo, revisó su Jerusalén y la defendió a través de diálogos y ensayos, a la vez que escribió poemas sueltos.

En julio de 1586, y a raíz de la intervención del príncipe de Mantua (que reinó entre 1587 y 1612), a Tasso se le permitió abandonar el hospital. Entonces se marchó a Mantua, donde compuso una tragedia poética, El rey Turismundo (1586), para un año después, en 1587, abandonar la ciudad y pasar varios años sin rumbo fijo, corrigiendo sin cesar su poema épico en función de las opiniones de sus críticos. Tras su salida del hospital, comenzó una etapa de frenéticos viajes y establecimiento en varias ciudades de Italia, lo que de alguna manera contribuyó a una cierta fama relacionada con su obra poética, que fue valorada. De esta, su poema caballeresco "Jerusalén liberado" (primera edición en 1580), le aportó un enorme favor del publico, y incluso partes del mismo fueron musicadas por los mas grandes compositores  de la época como Sigismondo d'India o Claudio Monteverdi.

El resultado de esa continua corrección del poema, considerado muy inferior al poema original, se publicó en Roma en 1593 con el título de Jerusalén conquistada, y Tasso lo dedicó a su último protector, el cardenal Cinzio Aldobrandini. 

En 1594 se decidió realizar una ceremonia en la que el poeta sería homenajeado por los habitantes de Roma. Sin embargo, Tasso murió en esta ciudad el 25 de abril de 1595, antes de que el acto hubiera tenido lugar. Mucho más tarde, en el contexto cultural de la Europa de los siglos XVIII y XIX, Tasso se convirtió en un venerado poeta y simbolizó al genio incomprendido por el resto de sus contemporáneos.

Torcuato Tasso es sin duda valorada actualmente como una de las figuras mas importantes de la literatura italiana y por ello en medios académicos siempre se ha mostrado una velada hostilidad hacia cualquier intento de plantear o discutir sobre su homosexualidad. 

El primero en afrontar el tema fue, alrededor de 1887, Angelo Solerti en un artículo de apreciable honestidad y rigor científico, que ha caído en el olvido.[1]

Más recientemente, con motivo del cuarto centenario tassiano (1995) no se ha olvidado una referencia sicológica para señalar la discutible afirmación que Tasso:

"sufro por la ruptura precoz de la relación con su madre  (...) De la carencia de esa relación nace la homosexualidad del poeta (...)  La traumática relación con la madre, como sucedió en el caso de Pasolini, predispuso a Tasso a la homosexualidad [2].

El autor de esta poco iluminada afirmación es un tal  Ferruccio Ulivi, escritor católico que ha planteado su análisis desde un estudio biográfico psicoanalítico sobre Tasso con el título de "Il fuggitivo". No merece la pena rebuscar tan superficiales aseveraciones .

Como sea,  el hecho es que se ha ido mostrando el tema y ello llevó a posteriores estudios y hecho surgir otras voces diferentes. Por ejemplo la de  Sandra Giannattasio, investigadora que ha contribuido en la preparación de la celebración tassiana.

"La homosexualidad de Tasso (...) está documentada científicamente en las cartas del poeta. (...) 
Tasso tuvo una relación borrascosa con un joven cortesano, Orazio Orlando, mientras Lucrezia probablemente fue por él lo que fue para Dante  "la mujer de tapadera"... 
Y su gesto, atribuido a locura, de acuchillar el siervo que estaba espiándolo tras una cortina, mientras él desarrollaba un coloquio amoroso con Lucrezia, fue para mí un modo paradójico de subrayar una heterosexualidad aparente, y por lo tanto una "normalidad", inexistente.
Tasso fue víctima de la Contrarreforma, y por cuánto concierne a sus inclinaciones sexuales, obligado a reprimir, tanto desde el punto de vista intelectual y artístico, porque fue empujado a purgar en sentido contrareformistico su obra mayor, transformándola, en los últimos años, en la descafeinada "Jerusalén conquistata" 
[2]

Procede examinar las cartas que documentan, "científicamente", la homosexualidad del poeta. 
Se trata mas precisamente de dos cartas que el poeta escribió hacia mayo de 1576 a monseñor Luca Scalabrino, en Roma.

Hay que señalar un antecedente referencial de estas cartas: Scalabrino estaba enamorado de Tasso y lo deseaba con un "amor concupiscible", como nosotros diríamos hoy, "sexualmente." 
El monseñor habló de ello con Orazio Ariosto, (1555-1593, hijo de un nieto de otro gran poeta italiano, Ludovico Ariosto), de su amor y de su atracción sexual por Tasso, y Orazio  habría comentado tal confesión al mismo Tasso, quien supo apreciar las circunstancias y al tiempo recriminó a Sacalabrino la falta de discreción: 

"usar mejor el extraordinario secreto de alguno de vuestros cariños o afectos que para muchos son patentes, no tengáis que desdeñar luego contra mi si alguna parte de esos comentarios al azar se transmiten, no habiéndolo yo buscado, ni habiéndola yo referido..." [3]

 Ante esta misiva Scalabrino tiene un atisbo de infarto: estalla en una compresible histeria y enfado, imaginando que será el centro de la acusación de sodomita por todo el mundo, escribe una carta insultante a Ariosto, recriminándole por ser "lenguaraz" y en particular de haber saltado la discreción por sus comentarios al mismo Tasso, de ser un notorio propalador de los secreto (la letra no se ha encontrado, pero se puede adivinar sus estilo por otra carta a Tasso probablemente intimidándole a tener "la boca cerrada" y la respuesta de Tasso.

Poco a poco los dos amigos hacen las paces, como demuestra esta carta del poeta.

"Su Señoría en la última suya me pide perdón por no haberme revelado  su amor concupiscible; y por otro lado, que desde  la primera que me ha escrito, de que no me haya revelado este su deseo carnal, y devuelve muy honesta causa de su secreto y del silencio usado entonces. Yo, que he deliberado conforme con aquella deliberación que le hice hace muchos años, de lo que soy, es decir de tener no sólo Su Señoría por querido y cordial amigo, hasta más querido y más intrínseco que todos los otros, y en suma por parte de mi alma, ya no quiere dejarla largamente en este error y en este engaño. (...)
Sepa pues, que  no me ofendí por qué Su Señoría no me descubriera su amor, secreto al que por ninguna razón vosotros fuisteis obligados, pero me ofendí porque vosotros fuerais así gran injuria que el Ariosto planteaseis un no sé que. Ni sólo os ofendierais, pero a él escribierais de modo que bien se pudo comprender que vosotros estabais ofendido gravemente por él. A mí luego escribierais una carta llena de mucho desprecio, y nada más.
Confeso nos tuvisteis ocasión de dolernos entre vosotros mismo, que  Ariosto hubiera revelado esta confidencia secreta a mí, y que el dolor me ha obligado a callar mis propios secretos; pero ciertamente ninguna razón quiso que, por de sí poca importancia tan abiertamente surgieran de vosotros palabras tan fuertes a él y a mí mismo contra mi reputación. El amigo tiene que esconder y aceptar los defectos del amigo y yo, que soy el más, así lo hago"
[4].

Scalabrino pudo al poco tiempo lograr la revancha por su amor no correspondido: el 14 de diciembre de 1576 Tasso (justo seis meses antes de que estallara sus crisis paranoica) le confiesa el amor vano que siente por un discípulo, que le desprecia y maltrata.   Según el citado Solerti, que publico por primera vez  la carta que sigue este discípulo no sería otro que el veinteañero Orazio Ariosto.   

Tasso se lamenta:

"Él me trata de mal modo, que no se cuida de dejarme satisfecho: no le basta con hacerlo de forma que yo pueda hacer constar [constatar] sino que se jacta ante otros de que me ofenda.
Yo le amo, y ansío amarlo en cualquier mes, porque me dio una tan gallarda impresión, que el amor hizo mella en mi ánimo, de manera que ni se puede en pocos días remover, ni siquiera por ofensas por grave que parezca; incluso espero que el tiempo curará mi ánimo de esta enfermedad amorosa, y me tornará nuevamente sano.
Qué cierto es que yo querría no amarlo, porque cuánto es amable su ingenio y su manera en él universal, pero es en cambio a mí parecer odiosos su particular  proceder hacia mi [su modo de tratar me]. (...).
Llamo a esto amor y no benevolencia porque, en suma, es amor: en principio yo no era prudente y no me cuidaba, porque no logró despertar en mí nadie aquellos apetitos que suele llevar el amor, ni siquiera en la cama, donde hemos estado juntos. Pero ahora claramente yo evoco lo que ha sido o no amigable, pero si honesto amante, porque siento un gran dolor, no solo por lo poco que me corresponde en el amor, sino también por no poder hablar con él con aquella libertad, que teníamos, y su ausencia me aflige enormemente.

Por la noche no me despierto nunca sin que su imagen no sea la primera en presentárseme, y dirigiéndome el ánimo [reflejando en mi ánimo] cuanto yo lo he querido y honrado, y cuánto él ha escarnecido y ofendido, y, aquello que más me oprime (pareciéndome demasiado rígido en las resoluciones de no quererme), yo me aflijo mucho, e incluso dos o tres veces he llorado amargamente y pienso en esos momentos que Dios no se acuerda de mí" (...) [5].

Esta bonita y sincera carta, uno de los pocas cartas antiguas que nos hablan de un amor homosexual en tono tan sosegado y profundo, es de por si un documento que elimina cualquier duda. Y no es el único. Porque hay que mencionar al marqués Giovan Baptista Manso (1569-1645), que en el 1621 preparó una biografía de Tasso - casi una semi hagiografía, y que dejó escapar alguna referencia cuando habló de la "continencia" del poeta:

"en los actos  fue tan grande su continencia, que aunque se osara verificar el haber ejercido completamente los  carnales contactos siempre fue de ellos abstenido, sin embargo no podría afirmarse el conocer  cosa en contrario(...)
Pero  bien puedo con sagramento [juramento] testimoniar, al respecto  de las operaciones de Venus naturalmente rechazador fue de cada acto injurioso a la naturaleza [..] y a las sagradas leyes de la boda y otro tanto distante de envolverse en las suciedades de estas femine del mundo [prostitutas]. (...)
Además de eso fui (testigo) de boca de él mismo alentado que del tiempo de su vuelta del (Hospital)  sant'Anna, que en los años treinta  y cinco años de su vida y dieciséis antes de la muerte, él  fue absolutamente  casto; de los años primeros no me habló nunca de modo que no  puedo aquí contar  ninguna cosa de cierto "
[6].

Pues hasta Manso jura, (y si sintió necesidad de hacerlo es señal que hubieron voces que dijeron el contrario...) qué Tasso siempre fue casto... ¡durante treinta y cinco años al menos!
En los años precedentes... no sabe, no puede decir, no puede garantizar...

Esta prudencia excesiva es una señal patente de su temor de ser desmentido: ¡Manso en efecto se demuestra como persona prudente donde pueda falsificar los datos sin miedo de ser corregido, por ejemplo atribuyendo a Tasso una sarta de aforismos robada de las vidas de los filósofos griegos! Tratándose de un homenaje literario, esta falsificación si pudiera haberla asumido sin necesidad de mostrarse prudente... aun a riesgo de afrontar posibles desmentidos.
Entonces, lo que surge de los juramentos y de las anécdotas del Manso sólo es que Tasso detestó las relaciones sexuales con las mujeres, y a mayor razón la boda.

Manso  [7] muestra a un Tasso que rechaza a los que quisieron que tomara mujer. 

A los amigos que quisieron convencerlo, en Venecia, para que frecuentase la casa de una "cortesana", diciéndole que si se hubiera divertido no se hubiera vuelto loco, les contestó que prefería volverse loco antes que frecuentar femmine [8]

La explicación de la aversión por el sexo dado por Tasso. ("quien ha dado al mundo su harina, no tiene que negarle a Dios al menos el salvado",  [9] es una boutade, no una "explicación." Quizás porque la verdadera explicación no fue posible darla... siendo sugerida por la poesía de amor que Tasso dedicó "A un gracioso jovencito" (no se conoce si era Ariosto u otro chico):

Como llamarte a ti, divinidad o mortal? 
Tu que eres bendecido con ese hermoso semblante 
divino, y es divino el amor hecho constante, 
que, por anidar en mi, dispone el alma.

Amor cierto es, espíritu de amor, y tal, 
que me convierto en amoroso amante, 
y el corazón, que semejaba al  rígido diamante, 
languidecer me siento en cada pulso.

Actúa en mi, que puedo ser, flecha o saeta:
enlázame en cada nudo: y si me desafía, 
tornarme puedo, en la audaz espada de Marte.

Yo cuestiono tu guerra, o tu otra paz: 
reinaré sobre ella; pero la querida 
tu Psiche [alma] en la lejanía me sonríe.
[10].

[1]Angelo Solerti, Anche Torquato Tasso?, "Giornale storico della letteratura italiana", IX 1887, pp. 431-440.

[2] Adele Cambria, Torquato Tasso era solo un gay tormentato, "Il giorno", 28/3/1994, p. 13.

[3] Cesare Guasti, Le lettere di Torquato Tasso, Rondinelli, Napoli 1856, n. 72, p. 170.

[4] Cesare Guasti, Le lettere di Torquato Tasso, Rondinelli, Napoli 1856, n. 76, p. 177.

[5] Angelo Solerti, Anche Torquato Tasso?, "Giornale storico della letteratura italiana", IX 1887, pp. 439-440.

[6] Giovan Battista Manso (1569-1645), Vita di Torquato Tasso [1621], Salerno, Roma 1995, II 3, pp. 212-213.

[7] Giovan Battista Manso, Op. cit., II 6, p. 241.

[8] Giovan Battista Manso, Op. cit., II 6, p. 251, apunte 36. 
 

[9] Giovan Battista Manso, Op. cit., II 6, p. 274, apunte 95.

[10] En: Luigi Roncoroni, Genio e pazzia in Torquato Tasso, Bocca, Torino 1896, p. 155.

Resumen tomado de la excelente pagina amiga en italiano : http://digilander.libero.it/giovannidallorto/biografie/tasso/tasso.htmll

DOS  POEMAS

LA AURORA

He aquí murmurar las olas
y tremolar las frondas
al aura matutina y a los arbolitos,
y sobre las verdes ramas los suaves gorriones
cantar suavemente
y apuntar el oriente:
he aquí ya el alba aparece
y se refleja en el mar,
y serena el cielo
y en los campos brotar el dulce hielo
y los altos montes dorar.
Oh bonita y suave Aurora,
el aura es tu mensajera y tú del aura
que se muestra radiante

AL TIEMPO

Viejo y alado dios, nacido con el sol
con un parto universal y con las estrellas;
Qué destruyes las cosas y las renuevas,
Mientras por torcidas calles vuelas y revuelas;
Mi corazón, que languideciendo y se duele,
Y de las heridas y su espinas y ansias
Después de mil argumentos uno no desarraiga,
No tiene, si no eres tú, quién otro, el cónsul.
Tú de ello plasmas los pensamientos, y das alegre
obligaciones, que esparces las llagas: y eres enavescente
La niebla de donde se llenan los regios claustros.
Y tú la verdad trágica del fondo,
Dónde es sumergida: y sin velo o sombra,
Desnuda y bonita a los ojos ajenos se muestra.
 


 

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