Aproximadamente hacia el
1575 comenzó a manifestársele síntomas de paranoia que le llevó en 1577
a huir de la corte, imaginándose que era continuamente perseguido.
Incluso llegó a atacar a un criado con un puñal en una de sus
manifestaciones de desequilibro mental. Regresó a Ferrara en el 1579 y
después de varios ataques violentos, Tasso hubo de ser internado en el
hospital de Santa Ana de Ferrara, donde permaneció siete años. Durante
este periodo, revisó su Jerusalén y la defendió a través de diálogos y
ensayos, a la vez que escribió poemas sueltos.
En julio de 1586, y a raíz
de la intervención del príncipe de Mantua (que reinó entre 1587 y 1612),
a Tasso se le permitió abandonar el hospital. Entonces se marchó a
Mantua, donde compuso una tragedia poética, El rey Turismundo
(1586), para un año después, en 1587, abandonar la ciudad y pasar varios
años sin rumbo fijo, corrigiendo sin cesar su poema épico en función de
las opiniones de sus críticos. Tras su salida del hospital, comenzó una
etapa de frenéticos viajes y establecimiento en varias ciudades de
Italia, lo que de alguna manera contribuyó a una cierta fama relacionada
con su obra poética, que fue valorada. De esta, su poema caballeresco "Jerusalén
liberado" (primera edición en 1580), le aportó un enorme favor del
publico, y incluso partes del mismo fueron musicadas por los mas grandes
compositores de la época como Sigismondo d'India o Claudio
Monteverdi.
El resultado de esa
continua corrección del poema, considerado muy inferior al poema
original, se publicó en Roma en 1593 con el título de Jerusalén
conquistada, y Tasso lo dedicó a su último protector, el cardenal
Cinzio Aldobrandini.
En 1594 se decidió
realizar una ceremonia en la que el poeta sería homenajeado por los
habitantes de Roma. Sin embargo, Tasso murió en esta ciudad el 25 de
abril de 1595, antes de que el acto hubiera tenido lugar. Mucho más
tarde, en el contexto cultural de la Europa de los siglos XVIII y XIX,
Tasso se convirtió en un venerado poeta y simbolizó al genio
incomprendido por el resto de sus contemporáneos.
Torcuato Tasso es sin duda
valorada actualmente como una de las figuras mas importantes de la
literatura italiana y por ello en medios académicos siempre se ha
mostrado una velada hostilidad hacia cualquier intento de plantear o
discutir sobre su homosexualidad.
El primero en afrontar el
tema fue, alrededor de 1887, Angelo Solerti en un artículo de apreciable
honestidad y rigor científico, que ha caído en el olvido.[1]
Más recientemente, con
motivo del cuarto centenario tassiano (1995) no se ha olvidado una
referencia sicológica para señalar la discutible afirmación que Tasso:
|
"sufro por
la ruptura precoz de la relación con su madre (...)
De la carencia de esa relación nace la homosexualidad del
poeta (...) La traumática relación con la madre,
como sucedió en el caso de Pasolini, predispuso a Tasso a la
homosexualidad " [2]. |
El autor de esta poco
iluminada afirmación es un tal Ferruccio Ulivi, escritor católico que
ha planteado su análisis desde un estudio biográfico psicoanalítico
sobre Tasso con el título de "Il fuggitivo". No merece la pena
rebuscar tan superficiales aseveraciones .
Como sea, el hecho es que
se ha ido mostrando el tema y ello llevó a posteriores estudios y hecho
surgir otras voces diferentes. Por ejemplo la de Sandra Giannattasio,
investigadora que ha contribuido en la preparación de la celebración
tassiana.
|
"La
homosexualidad de Tasso (...) está documentada
científicamente en las cartas del poeta. (...)
Tasso tuvo una relación borrascosa con un joven cortesano,
Orazio Orlando, mientras Lucrezia probablemente fue por él
lo que fue para Dante "la mujer de tapadera"...
Y su gesto, atribuido a locura, de acuchillar el siervo que
estaba espiándolo tras una cortina, mientras él desarrollaba
un coloquio amoroso con Lucrezia, fue para mí un modo
paradójico de subrayar una heterosexualidad aparente, y por
lo tanto una "normalidad", inexistente.
Tasso fue víctima de la Contrarreforma, y por cuánto
concierne a sus inclinaciones sexuales, obligado a reprimir,
tanto desde el punto de vista intelectual y artístico,
porque fue empujado a purgar en sentido contrareformistico
su obra mayor, transformándola, en los últimos años, en la
descafeinada "Jerusalén conquistata" [2]
|
Procede examinar las
cartas que documentan, "científicamente", la homosexualidad del poeta.
Se trata mas precisamente de dos cartas que el poeta escribió hacia mayo
de 1576 a monseñor Luca Scalabrino, en Roma.
Hay que señalar un
antecedente referencial de estas cartas: Scalabrino estaba enamorado de
Tasso y lo deseaba con un "amor concupiscible", como nosotros diríamos
hoy, "sexualmente."
El monseñor habló de ello con Orazio Ariosto, (1555-1593, hijo de un
nieto de otro gran poeta italiano, Ludovico Ariosto), de su amor y de su
atracción sexual por Tasso, y Orazio habría comentado tal confesión al
mismo Tasso, quien supo apreciar las circunstancias y al tiempo
recriminó a Sacalabrino la falta de discreción:
|
"usar mejor
el extraordinario secreto de alguno de vuestros cariños o
afectos que para muchos son patentes, no tengáis que
desdeñar luego contra mi si alguna parte de esos comentarios
al azar se transmiten, no habiéndolo yo buscado, ni
habiéndola yo referido..."
[3] |
Ante esta misiva
Scalabrino tiene un atisbo de infarto: estalla en una compresible
histeria y enfado, imaginando que será el centro de la acusación de
sodomita por todo el mundo, escribe una carta insultante a Ariosto,
recriminándole por ser "lenguaraz" y en particular de haber saltado la
discreción por sus comentarios al mismo Tasso, de ser un notorio
propalador de los secreto (la letra no se ha encontrado, pero se puede
adivinar sus estilo por otra carta a Tasso probablemente intimidándole a
tener "la boca cerrada" y la respuesta de Tasso.
Poco a poco los dos amigos
hacen las paces, como demuestra esta carta del poeta.
|
"Su Señoría
en la última suya me pide perdón por no haberme revelado su
amor concupiscible; y por otro lado, que desde la primera
que me ha escrito, de que no me haya revelado este su deseo
carnal, y devuelve muy honesta causa de su secreto y del
silencio usado entonces. Yo, que he deliberado conforme con
aquella deliberación que le hice hace muchos años, de lo que
soy, es decir de tener no sólo Su Señoría por querido y
cordial amigo, hasta más querido y más intrínseco que todos
los otros, y en suma por parte de mi alma, ya no quiere
dejarla largamente en este error y en este engaño. (...)
Sepa pues, que no me ofendí por qué Su Señoría no me
descubriera su amor, secreto al que por ninguna razón
vosotros fuisteis obligados, pero me ofendí porque vosotros
fuerais así gran injuria que el Ariosto planteaseis un no sé
que. Ni sólo os ofendierais, pero a él escribierais de modo
que bien se pudo comprender que vosotros estabais ofendido
gravemente por él. A mí luego escribierais una carta llena
de mucho desprecio, y nada más.
Confeso nos tuvisteis ocasión de dolernos entre vosotros
mismo, que Ariosto hubiera revelado esta confidencia
secreta a mí, y que el dolor me ha obligado a callar mis
propios secretos; pero ciertamente ninguna razón quiso que,
por de sí poca importancia tan abiertamente surgieran de
vosotros palabras tan fuertes a él y a mí mismo contra mi
reputación. El amigo tiene que esconder y aceptar los
defectos del amigo y yo, que soy el más, así lo hago"[4].
|
Scalabrino pudo al poco
tiempo lograr la revancha por su amor no correspondido: el 14 de
diciembre de 1576 Tasso (justo seis meses antes de que estallara sus
crisis paranoica) le confiesa el amor vano que siente por un discípulo,
que le desprecia y maltrata. Según el citado Solerti, que publico por
primera vez la carta que sigue este discípulo no sería otro que el
veinteañero Orazio Ariosto.
Tasso se lamenta:
|
"Él me
trata de mal modo, que no se cuida de dejarme satisfecho: no
le basta con hacerlo de forma que yo pueda hacer constar
[constatar] sino que se jacta ante otros de que me ofenda.
Yo le amo, y ansío amarlo en cualquier mes, porque me dio
una tan gallarda impresión, que el amor hizo mella en mi
ánimo, de manera que ni se puede en pocos días remover, ni
siquiera por ofensas por grave que parezca; incluso espero
que el tiempo curará mi ánimo de esta enfermedad amorosa, y
me tornará nuevamente sano.
Qué cierto es que yo querría no amarlo, porque cuánto es
amable su ingenio y su manera en él universal, pero es en
cambio a mí parecer odiosos su particular proceder hacia mi
[su modo de tratar me]. (...).
Llamo a esto amor y no benevolencia porque, en suma, es
amor: en principio yo no era prudente y no me cuidaba,
porque no logró despertar en mí nadie aquellos apetitos que
suele llevar el amor, ni siquiera en la cama, donde hemos
estado juntos. Pero ahora claramente yo evoco lo que ha sido
o no amigable, pero si honesto amante, porque siento un gran
dolor, no solo por lo poco que me corresponde en el amor,
sino también por no poder hablar con él con aquella
libertad, que teníamos, y su ausencia me aflige enormemente.
Por la
noche no me despierto nunca sin que su imagen no sea la
primera en presentárseme, y dirigiéndome el ánimo
[reflejando en mi ánimo] cuanto yo lo he querido y honrado,
y cuánto él ha escarnecido y ofendido, y, aquello que más me
oprime (pareciéndome demasiado rígido en las resoluciones de
no quererme), yo me aflijo mucho, e incluso dos o tres veces
he llorado amargamente y pienso en esos momentos que Dios no
se acuerda de mí" (...)
[5].
|
Esta bonita y sincera
carta, uno de los pocas cartas antiguas que nos hablan de un amor
homosexual en tono tan sosegado y profundo, es de por si un documento
que elimina cualquier duda. Y no es el único. Porque hay que mencionar
al marqués Giovan Baptista Manso (1569-1645), que en el 1621 preparó una
biografía de Tasso - casi una semi hagiografía, y que dejó escapar
alguna referencia cuando habló de la "continencia" del poeta:
|
"en los
actos fue tan grande su continencia, que aunque se osara
verificar el haber ejercido completamente los carnales
contactos siempre fue de ellos abstenido, sin embargo no
podría afirmarse el conocer cosa en contrario(...)
Pero bien puedo con sagramento [juramento] testimoniar, al
respecto de las operaciones de Venus naturalmente
rechazador fue de cada acto injurioso a la naturaleza [..] y
a las sagradas leyes de la boda y otro tanto distante de
envolverse en las suciedades de estas femine del mundo
[prostitutas]. (...)
Además de eso fui (testigo) de boca de él mismo alentado que
del tiempo de su vuelta del (Hospital) sant'Anna, que en
los años treinta y cinco años de su vida y dieciséis antes
de la muerte, él fue absolutamente casto; de los años
primeros no me habló nunca de modo que no puedo aquí
contar ninguna cosa de cierto "[6]. |
Pues hasta Manso jura, (y
si sintió necesidad de hacerlo es señal que hubieron voces que dijeron
el contrario...) qué Tasso siempre fue casto... ¡durante treinta y cinco
años al menos!
En los años precedentes... no sabe, no puede decir, no puede
garantizar...
Esta prudencia excesiva es
una señal patente de su temor de ser desmentido: ¡Manso en efecto se
demuestra como persona prudente donde pueda falsificar los datos sin
miedo de ser corregido, por ejemplo atribuyendo a Tasso una sarta de
aforismos robada de las vidas de los filósofos griegos! Tratándose de un
homenaje literario, esta falsificación si pudiera haberla asumido sin
necesidad de mostrarse prudente... aun a riesgo de afrontar posibles
desmentidos.
Entonces, lo que surge de los juramentos y de las anécdotas del Manso
sólo es que Tasso detestó las
relaciones sexuales con las mujeres, y a mayor razón la boda.
Manso [7]
muestra a un Tasso que rechaza a los que quisieron que tomara mujer.
A los amigos que quisieron
convencerlo, en Venecia, para que frecuentase la casa de una
"cortesana", diciéndole que si se hubiera divertido no se hubiera vuelto
loco, les contestó que prefería volverse loco antes que frecuentar
femmine
[8].
La explicación de la
aversión por el sexo dado por Tasso. ("quien ha dado al mundo su harina,
no tiene que negarle a Dios al menos el salvado", [9]
es una boutade, no una "explicación." Quizás porque la verdadera
explicación no fue posible darla... siendo sugerida por la poesía de
amor que Tasso dedicó "A un gracioso jovencito" (no se conoce si era
Ariosto u otro chico):
|
Como
llamarte a ti, divinidad o mortal?
Tu que eres bendecido con ese hermoso semblante
divino, y es divino el amor hecho constante,
que, por anidar en mi, dispone el alma.
Amor cierto
es, espíritu de amor, y tal,
que me convierto en amoroso amante,
y el corazón, que semejaba al rígido diamante,
languidecer me siento en cada pulso.
Actúa en
mi, que puedo ser, flecha o saeta:
enlázame en cada nudo: y si me desafía,
tornarme puedo, en la audaz espada de Marte.
Yo
cuestiono tu guerra, o tu otra paz:
reinaré sobre ella; pero la querida
tu Psiche [alma] en la lejanía me sonríe.[10]. |
[1]Angelo
Solerti, Anche Torquato Tasso?, "Giornale storico della
letteratura italiana", IX 1887, pp. 431-440.
[2] Adele Cambria, Torquato Tasso era solo
un gay tormentato, "Il giorno", 28/3/1994, p. 13.
[3] Cesare Guasti, Le lettere di Torquato
Tasso, Rondinelli, Napoli 1856, n. 72, p. 170.
[4]
Cesare Guasti, Le lettere di Torquato Tasso, Rondinelli, Napoli
1856, n. 76, p. 177.
[5]
Angelo Solerti, Anche Torquato Tasso?, "Giornale storico della
letteratura italiana", IX 1887, pp. 439-440.
[6]
Giovan Battista Manso (1569-1645), Vita di Torquato Tasso [1621],
Salerno, Roma 1995, II 3, pp. 212-213.
[7]
Giovan Battista Manso, Op. cit., II 6, p. 241.
[8]
Giovan Battista Manso, Op. cit., II 6, p. 251, apunte 36.
[9]
Giovan Battista Manso, Op. cit., II 6, p. 274, apunte 95.
[10]
En: Luigi Roncoroni, Genio e pazzia in Torquato Tasso, Bocca,
Torino 1896, p. 155.
Resumen tomado de la
excelente pagina amiga en italiano :
http://digilander.libero.it/giovannidallorto/biografie/tasso/tasso.htmll
DOS POEMAS
|
LA AURORA
He aquí murmurar las olas
y tremolar las frondas
al aura matutina y a los arbolitos,
y sobre las verdes ramas los suaves gorriones
cantar suavemente
y apuntar el oriente:
he aquí ya el alba aparece
y se refleja en el mar,
y serena el cielo
y en los campos brotar el dulce hielo
y los altos montes dorar.
Oh bonita y suave Aurora,
el aura es tu mensajera y tú del aura
que se muestra radiante
AL TIEMPO
Viejo y alado
dios, nacido con el sol
con un parto universal y con las estrellas;
Qué destruyes las cosas y las renuevas,
Mientras por torcidas calles vuelas y revuelas;
Mi corazón, que languideciendo y se duele,
Y de las heridas y su espinas y ansias
Después de mil argumentos uno no desarraiga,
No tiene, si no eres tú, quién otro, el cónsul.
Tú de ello plasmas los pensamientos, y das alegre
obligaciones, que esparces las llagas: y eres enavescente
La niebla de donde se llenan los regios claustros.
Y tú la verdad trágica del fondo,
Dónde es sumergida: y sin velo o sombra,
Desnuda y bonita a los ojos ajenos se muestra. |